Así pues leyendo Las aventuras del buen soldado Svejk, y algo sobre el tipo de literatura en el que se enmarca, descubrí que existía el "Svejk soviético", que es esta novela, y donde el soldado patán, simplón pero en el fondo con una sabiduría elemental a toda prueba, se llama Iván Chonkin.
Aunque el personaje nos recordará inevitablemente a Svejk, es una obra bastante diferente, y mejor acabada que su predecesora, que como ya se discutió quedó inacabada con la muerte de su autor. Sobre el autor de ésta, Vladímir Voinóvich, nos habla el recientemente fallecido Horacio Vázquez-Rial en el prólogo de esta edición, adaptación de la que hizo la editorial Noger en 1976. Además de una vida bastante variopinta, gracias a Voinóvich se pudo rescatar, también con la ayuda del físico Sajarov, el manuscrito de unos de los éxitos editoriales más grandes de los últimos años, Vida y destino de Vassili Grossman. También compuso el himno de los astronautas soviéticos.
En 1974 Voinóvich editó en París esta novela, después de que el manuscrito de las aventuras del soldado Chonkin se paseasen por la antigua URSS clandestinamente en forma de hojas de multicopista, el samizdat, todo un género en ese país. A nuestro buen amigo de las cejas (para cejas las de Brézhnev ríase usted de las de Zapatero) le sentó tan mal que, igual que a otros artistas e intelectuales, a Voinóvich se le negó la nacionalidad soviética, y éste, ya instalado en Berlín y donde ha seguido viviendo hasta ahora, le dijo que se la metiesen donde tuviesen a bien metérsela.
La novela, satírica y que no deja títere con cabeza, se centra en esas aventuras de Iván Chonkin, un muchacho sin verdadera familia que ha hecho del Ejército Rojo su hogar, y que poco antes de la invasión de los alemanes y la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundia es elegido por sus superiores, que lo tienen en poca o nula estima, para realizar una misión absolutamente idiota: le dan una hogaza de pan y un trozo de salchichón y lo dejan en medio de un campo al lado de una aldea para que guarde un avión que se vio obligado a hacer un aterrizaje de emergencia, y que tampoco nadie se va a llevar ni tocar por la cuenta que les trae, aunque a alguien se le ocurre que poner a un simple a su lado es una gran idea. Entre lo tonta que es la misión, que nadie se acuerda de Chonkin y luego con el comienzo de la guerra, el soldado termina por buscarse la vida e integrándose en el pueblecito, se amanceba con una chica que le pone ojitos y empieza a comportarse como un campesino más, aunque nunca sin quitarle un ojo al avión, que traslada cerca de la casa de su amada. Los campesinos, una comunidad rural, se muestran como lo que son: un grupo de gente sin demasiada formación, bastante envidiosos de lo poco más que ellos que pueda tener el vecino, y sobre todo con un espíritu capitalista a toda prueba, ya que cuando uno de ellos recibe información privilegiada del estallido de la guerra corre al economato del pueblo para hacerse con todas las pastillas de jabón y cajas de cerillas, para luego, suponemos, revendérselo todo a los demás vecinos a alto precio cuando empiece el inevitable racionamiento.
Además de la vida en el pueblo agrícola, en el que vemos que el comunismo llegó a Rusia pero nunca caló en las clases humildes que seguían con sus esquemas de pensamiento tradicionales (por eso Lenin casi los liquida), nos enteraremos de cómo funcionan algunas de las clásicas instituciones soviéticas, como el ejército y la KGB, a la que nunca se cita por ese nombre, sino con eufemismos o perífrasis. Aunque las situaciones a veces son hilarantes, no deja uno de pensar en que lo que se transmite a pesar del tono jocoso es verdadera inseguridad y miedo: nadie, por mucho poder que tenga, se sabe a salvo, y todos están a la que saltan y temerosos de que cualquier indiscreción pueda delatarlos como los traidores que en realidad no son, o que cualquier palabra pueda ser interpretada como sediciosa o antirrevolucionaria. De hecho el mismo Stalin, hasta el fin de su vida, sintió la misma inseguridad según sus biógrafos, y sólo por medio del terror absoluto que infundía en sus más directos colaboradores y que sobrevivieron a las temibles purgas se ganó una adhesión completa. También esos funcionarios y espías internos quedan retratados como personajes abyectos, pero no tanto por la aplicación del mal puro o de los excesos de celo al aplicar y defender una ideología, sino por un mal sordo y cutre, mezquino y patéticamente arribista, lo que se llama la banalidad del mal, un servil deseo de agradar a los que están un peldaño por encima del propio escalafón, una necesidad de medrar a toda costa y con cualquier pequeña traición aunque el beneficio real sea casi inapreciable. Tanto es así que en una de las escenas más ridículas y absurdas del libro, en el que el mismo ejército ha detenido por error a un teniente de la KGB creyendo que es un miembro de la Gestapo, e interrogado en alemán macarrónico por un miembro del ejército que el tipo de la KGB confunde con un alemán, el nivel de bochorno es absolutamente dantesco.
Aquí esta escena en la película checa que se hizo sobre la novela en 1994. Hasta sin entender un carajo tiene gracia:
La novela se va así enredando entre la vida rural del soldado Chonkin, que aunque protagonista no deja de ser sólo uno de los muchos personajes y el punto focal de todo lo que va sucediendo y complicándose, y los primeros momentos de la guerra, la confusión de su misión con una de espionaje, y una intervención en el propio pueblo que acaba en desastre. La novela termina de forma un tanto abrupta con la detención del soldado Chonkin, aunque hay dos continuaciones no publicadas en español y que me tendré que leer en inglés, así como Moscú 2042, una distopía también satírica escrita en 1986 en la que el alter ego del autor viaja en el tiempo y se encuentra con un estado soviético evolucionado y que naturalmente es un absurdo detrás de otro.
Sobre la edición de Libros del Asteroide, nada que reseñar, a no ser que la traducción, adaptada de la de Noger, es muy buena, por lo menos en lo que es el nivel de español, porque desde luego si de adecua o no al texto original no tengo forma de saberlo; al leerlo no hay nada raro, todo suena bien y hay un léxico cuidado sin caer en ningún anacronismo lingüístico. Naturalmente, tendremos siempre el problema de que los giros más coloquiales en ruso tienen que ser traducidos a giros equivalentes en español, y en este caso como la edición es española, al español de España, ya que en ese nivel lingüístico no hay español neutro ni académico que valga, de modo que a algún lector de fuera de la Península le tendrá que sonar algo localista "Y tú cierra el pico, ¿entendido? Y no lo despegues sin que yo no te haya dado permiso, no sea que te parta los morros". Sin duda hubiese quedado más neutro "Y tú mantén cerrada la boca, ¿entendido? Y no la abras sin que yo te haya dado permiso, so pena de que te agreda físicamente", pero dudo que en el original ruso no utilizasen un registro chusquero que no hay forma de reflejar más que en una variedad concreta de español, porque un registro coloquial por definición no sólo no puede ser neutro, sino que no sólo varía de país en país, sino incluso dentro de cada región de un país. Lo contrario es llegar a ridículos como aquel mexicano que se quejaba de la traducción de esa novela de Murakami que tanto me gustó, pues decía que en vez de "follar" se podría utilizar "hacer el amor" o "tener sexo", curiosas elecciones pues aunque todo se refiere al coito o cópula seguramente la primera sea la traducción más precisa (aunque sirva fundamentalmente para España), de algún término un tanto soez similar en japonés que signifique chingar, joder, garchar, culiar, etc, y que desde luego no puede reflejar la primera opción planteada, que es un calco eufemístico y hortera del francés que es una innovación de poco más de medio siglo, ya que originalmente en español hacer el amor significaba "hacer la corte", y desde luego tampoco la deliverante grosería de traducir "have sex" con el Google translator. También no sé por qué cuando los hablantes americanos de español se quejan de esto dicen que "parece que los personajes son de Madrid", cuando nada más lejos de la realidad. Si ese oficial ruso hubiese sido de Madrid y castizo habría dicho "Y tú a achantar la mui, ¿estamos? Y como te me soliviantes te arreo con toa la mano abierta que te desgracio". Pero bueno, es como la manía de asociar la palabra "coño" con España, como si en la República Dominicana, Cuba y Venezuela no se oyese continuamente. Es un problema que no tiene solución: si un personaje habla de forma demasiado coloquial o barriobajera en una lengua al traducir su discurso a otra jamás podremos hacerlo de forma neutra o académica porque para empezar el original no tiene ninguna neutralidad que conservar, y si malo puede ser poner a un negro del Bronx hablando como si fueran gitanos de Las 3000 Viviendas de Sevilla (cosa que tampoco recomendaría nunca) peor sería reflejar que habla ebonics por medio de un español gramaticalmente perfecto y de vocabulario intachable. Lo dicho: es un problema insoluble, y menos cuando se entienden las cosas mal desde el principio. De hecho del foro en donde leí esa queja alguien ponía como ejemplo esa frase y comparaba el español del prologuista, el argentino Vazquez-Rial, como mucho más universal. Mal empezamos si no entendemos lo principal. Bueno, es normal que en el prólogo de un libro se utilice un registro culto y mucho más estándar, pero el traductor se enfrenta a reflejar en un idioma las maldiciones, palabras groseras o coloquialismos tabernarios de una lengua en otra, y eso, repito, no cambia siquiera de un país a otro, sino de una región a otra dentro de un mismo país.
A mí, por ejemplo, me suena mucho más ridículo cuando en las series estadounidenses que no son para cable y que tienen que mantener cierto decoro hablan de "penis and vagina" y el eufemismo-tontada de "have sex", y más todavía cuando lo veo en español doblado o subtitulado, porque parecen entre ñoños y tarados. ¡¿Pero quién habla así en el mundo real, a no ser que vaya al médico?! Como decía el sargento Arensivia de Historias de la Puta Mili cuando un soldado le dijo que "Es que me escuece el pito": "Soldado, si algo os enseñamos en el ejército es a hablar en correcto castellano, ¡y a eso se le llama polla! ¡¿Entendido?! ¡POLLA!" En Pesadilla en la cocina para los Estados Unidos los tacos de Gordon Ramsey se cambian por un pitido, pero en España Chicote dice "a tomar por culo" y no pasa nada. Es decir: cuando vemos a los personajes de Cómo conocí a vuestra madre hablar como internistas de "pene" y "vagina" no sólo estamos traduciendo de un idioma a otro, sino que en este caso estamos trasladando la autocensura lingüística del país de origen, y que por lo menos en España no sería necesaria. ¿Es eso traducir bien? Porque habría que pensarlo. Tampoco digo de cambiarlo y hacerlos hablar como habla la gente normalmente en inglés en un bar tomándose unas copas, con los equivalentes de follar, polla y coño, pero es otro ejemplo de cómo nada es tan inocente, simple e inocuo como parece en un principio. Además yo es que para estas cosas soy muy raro. Me vi la versión argentina de 1953 de El Conde de Montecristo, y si para empezar puedo aceptar que toda esa gente no hable francés, sino que todos milagrosamente se expresen en español y además no haya colores, lo que menos me extraña es el ocasional yeísmo con rehilamiento, que hablen con un acento que no suelo escuchar por la calle o que no digan "vosotros" para la segunda forma del plural. Todos lo demás son tonterías y tener la sensibilidad hermenéutica de una ameba.
Claro que no todo iba a ser perfecto en esta edición, e inexplicablemente se cae en un par de guanabismos ridículos que seguro que al que los cometió le parecerán la cosa más natural del mundo, pero que no dejan de ser sino eso, guanabismos de la peor especie. Ya en la página en la que se nos informa del nombre del traductor, el ISBN y lo demás se nos informa del título original de la obra, escrito en cirílico, que me parece muy bien, y a continuación la traducción en inglés. Me recordó un concurso de televisión que vi hace poco en el que el presentador decía a una de las concursantes: "Ladies first", y a continuación añadía "Las damas primero", a lo que la concursante respondía, no sin cierto tonillo, "Gracias por la traducción", en donde se adivinaba un elidido "idiota" que venía a continuación, y que a pesar de ser mudo todo el mundo percibió. Primero idiota por tirarse el moco guanabí de decirlo en inglés sin venir a cuento, y después doble idiotez por ofrecer la innecesaria traducción. Pues aquí lo mismo. Vale, ¿me pueden explicar los de la editorial qué sentido o necesidad hay en poner un título en inglés de una novela escrita en ruso en su traducción al español? La misma, supongo, que luego hay en la solapa de poner el resto de los títulos de las novelas inéditas en español, también en inglés. Vamos, de lucirse. Ya sabéis, como ésos que ponen un cuadro en sus blogs y al pie de éste muy ufanos el título: "Liberty leading the People". Claro, claro. Y se creen listos y todo, y cuidado con decirles nada que todavía quieren tener razón.
Por último dejo para el final la que creo que es la más hilarante de todas las escenas, aunque no destriparé nada. Por un lado Chonkin conocerá en el koljós a un investigador aficionado, que siguiendo las doctrinas de Lysenko y otras de su invención desea crear la superplanta alimenticia de aprovechamiento completo, y al que algunas de las simplezas de Chonkin sumen en unos complejos dilemas morales e ideológicos. Al final será este personaje, el biólogo aficionado, el que leerá una perdida misiva, que aunque nosotros sabemos quién la escribió realmente, él confundirá con otro origen, lo que lo dejará absolutamente preocupado y confuso, y que es ésta: "En el caso de mi muerte, sólo deseo que se me considere miembro del Partido".
-SuperSantiEgo