31.12.09

Resumen del año que termina

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30.12.09

Microrrelato: El peón y la dama

El peón y la reina vivían un amor imposible. El peón luchó duramente por todo el tablero, sin mirar nunca atrás, para agradar a su dama, pero por desgracia, cuando consiguió él mismo acceder a la realeza, descubrió que no era lesbiana.

 -SuperSantiEgo

28.12.09

Quousque tandem abuteris, Marvel, patientia nostra?

<Por si hubiere alguno que no ha entendido el título en latino, le pongo aquí la traducción: "¿Hasta cuándo, Marvel, abusarás de nuestra paciencia?".

No te molestes en responder, Marvel, que ya lo hago yo mismo: hasta que un día asaltemos vuestras oficinas centrales y os colguemos de las farolas. Qué huevazos los vuestros: una miniserie de cuatro números en las que podemos ver las
Secret Wars de 1985 nada menos que desde el punto de vista de Spider-man, y la verdad es que no me extraña porque yo siempre he pensado que el muchacho en toda la serie limitada lo más que hacía era eso, estar por ahí haciendo un poco el mico y hala, de repente se le ocurre ponerse un traje negro y ya la hemos liado. Eso, lo del traje simbionte.
Proyecto para camiseta:
"Estuve en una Guerra Secreta en otro planeta para salvar el Universo
y lo único que me traje de recuerdo fue esta mierda de traje simbionte."
Sí, Peter: ¿pero y lo que te ahorrabas en fluido araña y en detergente?

¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Miniseries desde el punto de vista de Lobezno y de Mr Fantástico? ¿De una piedra del camino? ¿De los calzoncillos del Doctor Muerte? Yo pido que hagan una miniserie desde el punto de vista de Magneto, que era el que mejor se lo pasaba de todos porque hasta se zumbaba a la Avispa, que dado su nombre lo de zumbar no se le da nada mal.


¿Lo siguiente? Pues la versión Marvel de
Rashomon, por supuesto.

Bueno, ahora en serio: sarna con gusto no pica. Como hablaba con un amigo el otro día, por lo menos yo no detecto en el mundillo de los comics la mala baba que se produce respecto a otras formas industriales de producir bienes de consumo ligados al ocio que, en cierta manera, son cultura. Sinceramente, yo no acepto las acusaciones de "es que en la música nos han hecho tragar mucha mierda", o que el cine son sólo cuatro taquillazos impuestos. No sólo es falso, sino que como se suele decir, esos taquillazos o grandes éxitos también permiten proyectos más arriesgados o menos rentables, que no es lo mismo que sean deficitarios. Ya sabéis lo de Spielberg: siempre dice que hace cosas como
Parque Jurásico, en las que también cumple como un señor porque por encima de todo es un profesional, para luego hacer cosas como La lista de Schindler. Una cosa no quita la otra. Yo no creo que nunca le pongan a nadie una pistola en la sien para que escuche a Bisbal, y no recuerdo a nadie que me forzase a leer los primeros truñacos de la Dragonlance cuando era adolescente.

En el campo literario, de poco vale acusar a las editoriales de desastres como los de Harry Potter, Crepúsculo o Dan Brown. Su parte de culpa tendrán, pero el público es el que se "deja" engañar y es la crítica la que ha hecho dejación de funciones y se dedica a comentar las solapas como mucho. Con no leerlos, o pitorrearse de ellos en el caso de hacerlo, asunto arreglado. Vale que la pérfida industria editorial ha creado a Dan Brown, pero también nos permitió leer a Torrente Ballester, y muchos de los editores que descubrieron a escritores maravillosos o les dieron la primera oportunidad actuaron en ocasiones contra corriente y como verdaderos héroes. El que crea que una obra maestra de forma espontánea y natural se impone a un público maravillado que automáticamente la va a reconocer como tal es que no conoce la historia de publicación de
Cien años de soledad.

Los aficionados a los comics creo que en eso tenemos las ideas muy claras. ¿Que a veces nos han vendido mieeeeeeerda infame? Pues y tanto, pero al menos nos reímos un rato. En cierto modo creo que por eso admiramos todos tanto a
Rob! El tío será lo que es y hace lo que hace, pero de algún modo sabemos que el es un frikazo como nosotros, se hace fotos con todo el que se le acerca, te agrega al Facebook como amigo y no como admirador y en el fondo se nota que le gusta lo que hace. McFarlane será mejor y habrá ganado más pelas, pero no pocas veces habla y sube el pan. En cierto modo nos atrae el voluntarismo del verdadero aficionado, lo mismo que también nos fascina de la versión idealizada de Ed Wood que creó Tim Burton: la pureza e inociencia del verdadero entusiasmo.

Eso tampoco quita nada de su culpabilidad a la industria editorial. Lo que se hizo en España con los autores de unos personajes que fascinaron a varias generaciones de niños fue sencillamente criminal, además de meterse en un atolladero creativo que provocó una severa crisis en el sector nacional y no supo atraer a los nuevos lectores. En los EEUU todos sabemos lo que pasó, y que hasta hace cuatro días como quien dice los trataban poco menos que como a escoria.


Así con los comics como con todo. No nos vayamos a hacer los dignos, mirar alrededor como si por fin nos diésemos cuenta de lo que pasa y digamos: "¡Horrorizado acabo de darme cuenta de que en este local se juega!"


Y una petición más, si pudiere ser: esos títulos...

-SuperSantiEgo

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26.12.09

Los juguetes como reflejo del cambio social

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23.12.09

Películas portadoras de valores eternos: Avatar o Los Pitufos con conexión USB contra el Imperio de la SGAE

La película no sé si la he entendido muy bien. Primero al entrar me dieron unas gafas. Iba a decirles de que no, que yo ya tenía las mías y además graduadas, pero era tal la marea de gente entrando que apañé lo que me daban. Luego vi que todo el mundo se las ponía, y como me dijo mi abuela donde fueres haz lo que vieres y calladita la boca, y más en el cine. Así que me las puse. Se veía un poco más oscuro, pero no me importó, porque hizo que en la película se viese todo como aquella vez que mi primo Pepe me dio una pastilla de color raro y amanecí en pelotas tumbado en una playa. Otra vez me dieron a elegir entre una pastilla roja y otra azul, pero ahora no recuerdo cuál de las dos me tomé.
También, cuando en la película pasaban cosas raras, se encendía un motor o algo, el asiento se meneaba, con lo cuál algunos al salir de la proyección corrieron a las letrinas víctimas del síndrome del zurullo mareado. Una mujer, con los ojos brillantes, respondió cuando su marido le preguntó si le había gustado la película: “Sí, la película también me ha gustado. Oye, ¿costará mucho uno de esas butacas para casa?” Otro joven, más gráfico, dijo que, de haber tenido una botellita de aceite cerca de la entrepierna, en ese momento tendría el escroto a rebosar de mayonesa.

Cuántos son los avances de la ciencia, y qué humildes debemos sentirnos ante ellos.

La película me ha gustado, pero como siempre el espectador atento debe entender mucho más allá de lo que en la superficie nos muestran los cineastas. Estamos en el año 2154, y por lo que podemos colegir y por cómo es el mundo en esa fecha, el partido republicano lleva mandando muchos años y ya nadie se acuerda de Obama ni de Zapatero, porque de talante y Alianza de Civilizaciones, ni mijita. La letra a los pueblos inferiores o menos desarrollados políticamente, se les mete con calzador sea como sea, y lo de la Guerra de Irak para conseguir recursos naturales en comparación una coña. No, éstos no tienen armas de destrucción masiva… pero son azules, que es peor. Por lo tanto, hostiables. El protagonista también da que pensar: es un marine que se ha quedado parapléjico, pero a pesar de ser un héroe nadie le arregla la columna aunque hay tecnología médica de sobra, y como lo de vender cupones de la ONCE no da para mucho ve llegada su oportunidad cuando muere su hermano gemelo para el que habían hecho un avatar con el que interactuar con la especie dominante de la luna Pandora (la de todos los dones), así que para allá se va, literalmente, con el petate al hombro.

Allí se encuentra con Sigourney Weaver, y una de dos: o para ella no pasan los años, o es que siempre tuvo cara de vieja, y yo la verdad es que voto por lo segundo. Me imagino que no habrá quedado nada satisfecha con la película, porque su avatar de color azul, sinceramente, es bastante más atractivo que ella.
Bueno, me imagino que ya sabéis todos de qué va esta vaina: el tipo queda fascinado por la cultura tribal de esta gente que vive en plena comunión con la naturaleza, y básicamente son como los indios: se pintan el cuerpo, hablan con un Manitú o Gaia que representa a toda la fuerza de lo vivo, y al final el tipo comprende que los intereses de su raza son horrorosos porque no quieren sino explotar los recursos naturales de la luna, masacrando a los pitufos de tres metros en el proceso si es necesario. Vamos, que es Bailando con lobos pero con pitufos, y así lo han entendido los creadores de South Park, por ejemplo, e igualmente hay reminiscencias de La selva esmeralda, de Pocahontas e incluso de El Último samurai, que más de uno rebautizó como Bailando con samurais.


Básicamente esto es lo que nos está diciendo James Cameron: que a mediados del s XXII sigue habiendo pérfidas multinacionales de nivel planetario que siguen sin hacer contrato fijo a la gente y no se bajan del modelo colonial del s XIX, mientras que vaya uno a donde vaya siempre se encontrará a un cabronazo promilitarista que piensa con el cañón de la pistola y que siente desprecio por todo el que sea intelectual o científico y no se dedique a la industria del armamento. De paso, según parece, hasta nos hemos cargado casi el planeta,  menudo panorama, y tendríamos mucho que aprender de esos buenos salvajes que viven en total armonía con la naturaleza, así que consideran que todo es un flujo de energía vital entre las distintas formas de vida. Por eso, cuando cazan un animal, le dan las gracias por proveerlos de sustento a ellos y a la tribu, aunque no se ve que cuando un animal los cace a ellos digan que sin rencores y de buen rollo, a veces nosotros os comemos y otras nos toca chupar las del pulpo, es lo que hay, chico. Supondremos que es así. Oyes, que se han comido a tu hijo. Ah, vale, qué se le va a hacer: espero que les aprovechase.

Bueno, en parte esta interpretación de la película es así, no se puede negar, pero creo que esa interpretación simplista oculta otra mucho más profunda y fundamental de la que le puede obtener enseñanzas mucho más importantes, y además de plena actualidad.

Lo importante es que Pandora viene a ser, según nos dan a entender, un enorme ser vivo autoconsciente a cierto nivel, en el que las criaturas dotadas de plena conciencia son los humanoides Na’vi, nuestros pitufotes de tres metros. Es decir: las plantas fosforescentes que hacen que de noche eso parezca una discoteca, los animales y los Na’vi están conectados en una red global… por la que se enchufan por medio de una especie de conexión USB que tienen en la coleta. Te enchufas al caballo, y conduces al caballo; te enchufas al bicho que vuela, y conduces al bicho que vuela, y también se pueden conectar todos en serie a la red global, donde descargan actualizaciones y drivers nuevos, o acceden a Archive.org. Si se conectan entre ellos pues… ¡ejem!, lo que estáis pensando, me imagino. A la red global la llaman Eywa, que en su lengua es Gaia, pero en el fondo no está demasiado avanzada porque wifi todavía no tienen.

¿Veis por dónde van los tiros? Estamos hablando de una sociedad de seres libres e iguales que comparten por medio de una conexión global sus conocimientos, experiencias y amor por el medio en el que viven… que fíjese usted por dónde… qué casualidad… está creado íntegramente por ordenador. La naturaleza idílica, edénica y perfecta, son unos CGI del copón. No sé si es ironía, que el mundo funciona al revés o que yo doy más de mí. Sí señor: los pitufotes son una panda de geeks que creen en la cultura libre y en vivir de forma altruista en la esfera de datos, mientras se lo pasan en grande en actividades lúdicas tipo videojuego, como ir en plan ninja o comando en medio de la selva, volar en bicho volador haciendo cabriolas y cosas así.

¿Y quiénes son los malos? Pues los defensores de un modelo obsoleto de negocio, una panda de mineros que lo único en lo que piensan es en crear productos para luego comercializarlos en exclusiva, en vez de participar en una sociedad abierta en la que fluya libremente el conocimiento y toda experiencia sea compartida por todos y pase al acervo de la raza, al que luego se accede por medio de un árbol que debe estar hecho de fibra óptica porque no veas cómo brilla, y que debe ser el equivalente de un firewire, porque descargas datos que no veas.

Ni más ni menos: los malos representan a la SGAE. Ya, también tienen ordenadores, y tecnología, pero la usan de forma egoísta y en su propio beneficio, y creen en la guerra preventiva: primero prohibir las cosas, por si acaso.

¿Veis cómo las películas no hay que entenderlas en su primera capa de significación, sino que hay que profundizar? En realidad es una sociedad primitiva y bárbara la que se enfrenta a una más avanzada, pero sólo el espectador ingenuo ve que es la sociedad humana la más poderosa, empezando porque los muy cenutrios quieren hacer un bombardeo con un montón de paquetes de explosivos atados con cuerdas y un detonador por tiempo. Por eso, cuando Eywa se rebota, ¿al final quién es el que gana? Y si gana, es mejor, son los buenos los que ganan, todos lo sabemos. Todos los pitufotes internautas conectados por USB se rebelan, leen un #manifiesto a sus compañeros para defender sus derechos fundamentales y su modo de vida y ahí se monta la de Dios es Cristo. Por eso el momento culminante de la película es cuando el malo, que es malo porque es malo-malo, malo por el simple gusto de ser malo y con plena dedicación a la maldad, desenfunda un cuchillo gigante porque va enfundado en una armadura (marca de la casa, porque recuerda a la de Aliens), y se pelea con el bueno. Muchos han dicho que ésa es una escena ridícula. Pudiera ser el caso, pero no porque Cameron lo equilibra con el siguiente y original diálogo entre el bueno y el malo:

-¡Déjalo! ¡Ya habéis perdido!
-¡No mientras yo siga respirando!
-¡Esperaba que dijeras eso!

Qué chispeante.

Del mismo modo, Cameron demuestra saber lo que quiere el público cuando vemos cómo intentan hacer un back up de Sigourney Weaver, pero comprueban que el soporte original está corrupto y no pueden recuperar los datos antes de que se produzca el shutdown definitivo. Bueno, ya sabemos cómo va a acabar la película y que James Cameron aprobó Guión 101, pero a lo mejor es lo que queremos. Igualmente cuando la chica dice “Hay algo que es la poshya y que sólo lo han hecho unos pocos en toda la historia”, ¿alguien duda que el héroe va luego y lo hace del tirón? Pues claro que sí. No queremos sobresaltos, que ya nos están meneando la silla y más inseguridades podrían llenarnos de zozobra.

Algunos han dicho que esta película no es que sea mucho arroz para tan poco pollo, sino que es una tonelada de arroz para una pastilla de caldo de pollo, y quizá tengan razón, pero quién sabe si no es la certificación del signo de nuestro tiempo: la fascinación ante la nada, pero no por nada sino por lo grande que es. Será nada, pero es mucha nada. Es nada, pero es enorme, grandísima, un prodigio tan vacío  como inútil, el alarde de no decir nada nuevo, no contar nada original ni profundo o que no cause irrisión sino simplemente ser un cascarón enorme lleno de aire, nada, y que como todo gran arte refleje fielmente lo que somos.

Por eso, para ver esa nueva realidad, necesitamos ponernos delante unas lentes que deformen nuestra visión y nos permitan captarla en toda su gloria, y como ya no sabemos conmovernos solos ni los demás saben cómo hacerlo, tienen que sacudirnos el culete.

21.12.09

La maldad según Terry Pratchett

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17.12.09

Películas supuestamente infantiles que conducen a nuestros niños a la progresía y el comunismo

A mí no me gusta ser alarmista, utilizar metáforas floridas ni hacer aseveraciones categóricas, insultantes o poco contrastadas, pero está claro como el diamante para el que no sea un completo idiota que por medio de las famosas películas para niños o infantiles penetra en el tejido social desde las edades más susceptibles un  hedor progresista que amenaza con socavar nuestra fibra moral como una dolorosa caries, de modo que si no paramos esto a tiempo la destrucción de nuestra sociedad es inminente.

Empecemos por el caso de Los Pitufos, ya sobradamente conocido pero que nunca está de más recordar.  Se consituyen en una sociedad cerrada de pares, todos ellos dedicados a tareas comunales en un sistema de producción primitiva bajo la tutela de un señor de barba blanca vestido de rojo que supuestamente da a cada uno según sus necesidades, mientras que su enemigo, el mago Gargamel, no piensa sino en el avance de la ciencia y la forma de producir oro. Vamos, no me voy a molestar ni en expresar en voz alta la única conclusión lógica que tiene esto: nuestros niños están siendo adoctrinados en lo que usted y yo estamos pensando.

marx340c

Ni Papá Pitufo ni Papá Noel. El mismo. Ustedes dejen ver Los Pitufos a sus hijos, pero cuando les rebanen el cuello de oreja a oreja por la noche, a mí no me vengan con que no los he avisado.

Pero esto no es nada si lo comparamos con otras aberraciones ideológicas que pueblan nuestras pantallas desde hace años, extendiendo mensajes subversivos bajo la inocente apariencia de fábulas con animalitos.

Ant Bully.

Un niño es miniaturizado y se integra en una sociedad de hormigas, donde aprende las bondades del trabajo duro e interioriza  la necesidad de una clase ilustrada dirigente que domine al conjunto del proletariado, que no debe cuestionar nunca su status, sino seguir ciegamente las directrices de esa élite revolucionaria que garantiza la igualdad de todos y la prosperidad de la especie.

No, venga, en serio: ¿quién escribió la historia original en la que luego se inspiró este guión? ¿Lenin?

Bee Movie.

Si el anterior ejemplo ya era indicativo de cómo la entomología y el cine no se deben mezclar nunca (excepto quizá en Fase IV, donde los insectos aparecían como lo que son, unos comunistas de mierda), esto ya es el acabose.

Ojito con lo que voy a decir, que se explica solo: las abejas toman conciencia de clase, empiezan a percibirse a sí mismas como clase privada de los frutos de su trabajo y reclaman tomar en sus propias manos los medios de producción para así  superar su estado de alienación económica y derribar a la clase explotadora, el hombre. Una vez conseguido su objetivo e instauradas las colmenas como modernos koljós, las abejas emprenden una labor de expansión de sus ideas revolucionarias a otras especies víctimas del imperialismo capitalista, como las vacas, desposeídas de las plusvalías generadas por la leche.

¿Qué será lo siguiente? ¿Juicios por genocidio contra los carniceros? ¿De verdad queremos que esto sea lo que vean nuestros niños?

Happy Feet.

Lo mejor para el final. Yo sí que tendría felices los pinreles si se me pusiesen en fila a los que hicieron y a los que disfrutaron de esta película, y les pudiese dar a cada uno cien patadas en la boca. ¡Rojos! ¡Ecolojetas de mierda! ¡Vazura!

Los pingüinos… ¡que-se-jo-dan! ¿No los llaman los pájaros bobo? Pues que se extingan como el Dodo, que se llamaba así por eso, porque era tonto del culo. Ya hace mucho que se extinguió el pingüino boreal, así que sus primos del sur que se apliquen el cuento. A ver si aprendemos: si los animales no pueden sobrevivir en el mundo tal como lo hemos modificado los seres humanos, no es nuestro problema. ¿Que no hay peces en el mar? Pues que se busquen un trabajo como nosotros y los compren en la tienda, como hacemos los demás que nos tenemos que ganar la vida. Ya está bien de tontería, leñe.
¡Que hubiesen evolucionado como evolucionamos nosotros, que nuestro trabajo nos costó! Australiana tenía que ser la película. ¿Vosotros conocéis algo bueno que haya salido de allá? Pues como yo. ¿Y quién escribió el guión? ¿Al Gore, que ese mismo año hizo de Una verdad incómoda?

Si queréis estar cómodos, sacaos el palo del culo y buscaos un trabajo honrado, ¡gandules!

16.12.09

A veces la Realidad mete miedo

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15.12.09

Camisetas gafapasta para esta Navidad

¿Eres gafapasta? ¿Fotocopiabas las imágenes de tus libros de filosofía y literatura en el Instituto para pegar las fotos de tus ídolos en la carpeta?
¡Por fin camisetas con las que puedes dejar claro al mundo cuáles son tus aficiones!

Modelo Ensayo sobre la ceguera
ensayosobreceguera
En riguroso color blanco “ceguera Saramago”, con Pantone resgistrado. ¡Rechaza imitaciones!

Modelo Moby Dick 1
ensayosobreceguera
En riguroso color blanco “Moby Dick”, con Pantone resgistrado. ¡Rechaza imitaciones!

Modelo Moby Dick 2 (frente y espalda)
mobydick2

Modelo Crítica de la Razón Pura
razonpura

Modelo Rojo y Negro
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Modelo Proudhon
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Modelo Nietzsche
nietzsche

Modelo Sarte
nausea

Modelo La peste
lapeste

Tratada con agentes químicos especiales, una mezcla exclusiva que hará que apestes allá donde vayas. No se le va el pestazo por mucho que la laves ni aunque la metas en lejía. ¡Garantizado!

Modelo Quijote en Comic Sans
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14.12.09

Federico el Grande de Prusia y Parmentier: dos formas de entender el mundo

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13.12.09

Eran otros tiempos

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12.12.09

Películas portadoras de valores eternos: Luna nueva, o Vampiritos de Swarovsky contra Hombres-lobo de Corporación Dermoestética

Tal como hemos mencionado anteriormente, una obra de arte se muestra en todo su calado y relevancia aprehendida en su propio contexto. Por tanto en el visionado de Luna nueva no se debe actuar de forma vergonzante yendo a un cine un tanto apartado en a saber qué lejano lugar de la ciudad en una sesión poco concurrida donde, esperemos, no nos vea ningún vecino, y en el caso de que nos pillen al salir disimular hábilmente como si hubiese sido una sala X. Por tanto, para gozar de esta película en todo su esplendor nos desplazamos a un concurrido centro comercial un sábado por la tarde a la sesión a la que  iba a asistir toda la chavalada.

Ya en la cola, fui reconocido por dos amigos, que muy amablemente me preguntaron qué película iba a ver, ya que en el caso de ser la misma podríamos verla juntos y luego ir a tomar algo.

-Luna nueva -les dije con toda naturalidad, para pasmo y pánico de los dos.

-Claro -dijo uno-. Debes haber venido con una sobrinita, ¿no?

-No, no. Tengo mucho interés en verla. Dicen que es muy buena.

Me disculparán ustedes estos pequeños arranques sibaritas, pero no lo puedo evitar  y a veces me permito el pequeño capricho de épater la bourgeoisie. Ni que decir tiene que ya no hicieron nuevo intento de quedar luego para tomar algo conmigo, claro.

Ya dentro del cine me dediqué a contemplar a la muchachada para empaparme de la experiencia, mientras procuraba pasar lo más desapercibido posible y no perturbar el fenómeno observado. Unos chicos comentaban la película anterior en ausencia de sus acompañantes femeninas que se habían ausentado para comprar chuches, pero bajando la voz por el incidente de días pasados: un mozo en medio de la proyección se dedicó a hacer algunos comentarios jocosos, y en una estremecedora escena fuenteovejunística en la oscuridad del cine, entre los flashes de la proyección y momentos de pánico, falleció, tal como dictaminó el forense, “por la ingestión de un número indeterminado de hostias incompatibles con la vida”. Uno de los chicos, desafiando al peligro, llegó a decir: “Lo que tiene uno que hacer para llegar a tocar un poco de teta”. Aparte de lo impropio del término, y de que no sé la poca televisión ven estos muchachos que no saben qué es “llegar a la primera base”, me dio pie sin embargo para pensar sobre lo importante de este tipo de películas para el mantenimiento de las buenas costumbres, favorecer la sana amistad entre los sexos, contribuir a la felicidad de los pueblos y, a la postre, asegurar la perpetuación de la especie.
Con ese pensamiento confortando la inquietud estética que bullía en mi pecho empezó la película, y con ella el romance y la magia.

La película abre con una magistral escena que reflexiona sobre la mortalidad del ser humano entroncando de lleno con la tradición medieval de la meditatio mortis: Bella, consciente de su mortalidad, se cuestiona en un entorno onírico su relación con lo transcendente representado por la apolínea figura de su novio, el vampiro Edward.  Recordamos entonces que uno de los hechos más criticados de esta nueva versión del mito del vampiro, injustamente comprendida,  se centra en que estos seres de la noche no se muestran de día no para evitar ser consumidos por el astro rey, sino para hurtar de la visión y crítica de los demás su naturaleza luminosa, su brillo interior que, en una metáfora bellísima, representa la superioridad moral, ética y estética, en la que tan bien reflejados se ven los seguidores de esta apasionante saga.
Es el cumpleaños de Bella, y después de esa atroz pesadilla en la que se ve vieja al lado de su amado, su padre tiene la crueldad de decirle que ya es muy mayor y que tiene una cana, a lo que ella acude rauda al espejo a ver si es verdad. He aquí otra buena caracterización del personaje, pues ésa es la típica preocupación de una chica de dieciocho años recién cumplidos: que le salga una cana. Podría haber sido peor: que le dijese que le estaba saliendo un grano. Bella se va al instituto y luego aparece su amado vampiro, que  después de salir del coche se dirige hacia ella en imagen ligeramente ralentizada mientras suena intensa música de rock and roll. Si esto no es hacer buen cine, apaga y vámonos.

A todo esto más de uno dirá que los actores no están en su papel, o incluso algunos dirían: “¿Papel? ¿Qué papel? ¡Será un pósit como mucho!”, pero la elección de actores, sin ser la perfecta, no está mal. La actriz que interpreta a la protagonista tiene cara de pan quemao, de acuerdo, y pone la misma cara de estar oliendo mierda y de ausencia total de ánimo cuando hace de chica feliz completamente enamorada de su novio que cuando éste la abandona y de la deja sumida en la más absoluta depresión. ¿Y qué problema hay? Es que el personaje es así.

Respecto al vampiro protagonista, gracias al maquillaje espectral y a la certeza del actor de “yo esto lo hago por dinero y con el mínimo esfuerzo”, no llega a saber uno si padece el sida, el tifus, el cólera morbo o sencillamente si sufre de desnutrición por no haber comido un buen bocadillo de jamón en toda su vida. Y todavía más: tal como se dice en la primera película los vampiros éticos a cuya familia pertenece se consideran a sí mismos una especie de vegetarianos porque sólo toman sangre de animales, y como bien explica él mismo con ello nunca se sienten del todo satisfechos, como un ser humano que se alimentase exclusivamente de tofu. Probad vosotros a vivir unas cuántas décadas comiendo sólo tofu, y ya me contaréis si no se os pondría la misma cara de asco y hastío que muestra este personaje, además de tener unas infinitas ganas de no seguir viviendo y un aspecto enfermizo y demacrado, propio de todo personaje romántico, como debe ser. Sí, se pasa toda la película con cara de nada, pero eso es porque es el alma gemela de su novia, que presenta un perpetuo rictus de estar oliendo a mierda. Eso es emparejar bien a los personajes. Además de Greta Garbo se dice de su interpretación de La Reina María Cristina de Suecia que se la ve genial porque no deja de presentar esa “cara de nada”, así que, ¿por qué no va a ser magistral la interpretación de este gran actor? Un poco de coherencia, por favor.

Ya juntos en el instituto asisten en clase de literatura a una proyección de Romeo y Julieta. ¿Está insinuando con esto la autora que el amor entre Bella y Edward es tan transcendente e inmortal como el de los amantes de Verona? Desde luego, ¡porque ya lo creo que lo es! Bella quiere nada menos que él la transforme para poder estar siempre juntos, quiere que la haga una mujer vampiro, quiere que la haga vampiro y que la haga mujer.

Sabremos también de los Vulturis, la nobleza dentro de los vampiros, que velan porque se mantenga la gran mascarada que es la existencia de los vampiros, y con los que el amado de Bella ya tuvo sus movidas. Pero, oh, también es casualidad, los vampiros vegetarianos se tienen que mudar para ocultar que no envejecen y seguir manteniendo esa mascarada. Ya que tienen que vivir en sitios muy nublados para no andar brillando de día se deduce que se van a vivir… a Galicia, por ejemplo, que como ya dijo Torrente Ballester en la Crónica del rey pasmado, es tierra de meigas y mala gente, así que no resaltarían demasiado. Para evitar que Bella se quiera ir con él, a pesar de que ya es mayor de edad y podría hacerlo legalmente, el vampiro decide renunciar a su amor y no romper una unidad familiar bien consolidada. Para ello, le dice a Bella… que ya no la quiere… y ella se lo cree. ¿Por qué se lo cree así, sin más, en vez de sospechar la añagaza? Pues… porque se lo dice Edward. Vamos a ver: son personajes que viven un amor trágico, como Romeo y Julieta, Tristán e Isolda, los amantes de Teruel o Abelardo y Eloísa. Nadie dice que tengan que ser inteligentes, digo yo. No lo van a tener todo, pues entonces serían demasiado perfectos y ya no serían los grandes personajes que son.

Ante el dolor de su pérdida, la chica se pierde por el bosque, dándole un disgusto a su padre que no veas. ¡Eso no se hace, mujer! Por eso estas películas transmiten valores: porque nos muestran lo que no hay que hacer. He ahí su vigencia. Pero no hay problema: la encuentra un indio que va a lo pecho lobo por medio del bosque, y como todos sabemos que los indios son gente muy rara a nadie le extraña ni le parece raro que haya un indio en calzonas en medio del bosque con la rasca que hace.

Y claro, Bella se hunde en su angustia interior, lo que se percibe en un bellísimo plano-secuencia circular alrededor de la chica, que mira desconsolada por una ventana mientras pasan los días y los meses. Estamos probablemente ante el plano-secuencia más largo de la historia del cine: dura desde octubre a diciembre. En ese tiempo, Bella envía sentidos correos electrónicos a Alice, su amiga y hermana de Edward, y aunque todos son devueltos por el servidor (cuando esa gente desaparece lo hace en serio, que hasta borra sus cuentas de Gmail), ella sigue purgando insaciable su corazón al silencio de la Red, que no responde a sus plegarias así como no lo hacía nadie con K. cuando éste llamaba por teléfono al Castillo.  Conmovedor, como los terrores nocturnos de Bella ante el profundo vacío existencial que consume su alma. A estas alturas la mitad del cine ya lloraba. No, dejadme ser sincero con vosotros y abriros mi corazón: llorábamos.

En medio de una melancólica canción vemos cómo la chica se precipita en los abismos de la depresión, y que se aleja de sus amigos causando lógica preocupación en su padre, que no alcanza a comprender lo que pasa.  De mala gana accede a salir un poco con su amiga Jessica, que es esta chica tan maja y que está muy rica:

Lo mismo debe pensar el actor protagonista porque aquí lo vemos comiéndole la oreja:

Pues se va al cine con su amiga, y he aquí una buena caracterización del personaje, prefiere ver películas de zombis o de acción mejor que las más femeninas de género romántico, que podrían recordarle su amor perdido: Meg Ryan y Sandra Bullock pueden ser armas emocionales de destrucción masiva. Al salir del cine con su amiga, en un arrebato para quitarse de encima al fantasma (con perdón) de su vampiro preferido, se acerca a un grupo de moteros de pinta de muy mal vivir, pero es en ese mismo momento en el que cree ver la imagen espectral del fantasma de su novio, que le advierte que no debe hacerlo.  Sin embargo ella desarrolla rápidamente la teoría de que es por medio de la sensación de peligro que consigue evocar esa imagen evanescente del vampiro, y se da una vuelta con el motero a toda pastilla… sin ninguna consecuencia, porque los moteros mal encarados en el fondo son unos pedazos de pan, quizá un poco excéntricos y poco más. Esta película nos ayuda a librarnos de los estereotipos sociales. Montaos en la moto de cualquiera, chicas, nunca sabéis dónde podéis encontrar al amor de vuestra vida o a vuestro mejor amigo.

Bella se convierte así en adicta a los deportes de alto riesgo, y busca a uno de sus amigos de la reserva india para que la ayude a reparar unas motos. El chico se supone que tiene dieciséis años, pero está más cuadrado que los que entrenaban con Rocky Balboa en el gimnasio, lo que nos transmite un mensaje positivo de que una vida saludable y al aire libre permite alcanzar la excelencia física. En la reserva hay un grupo de indios que se dedican a eso, a ir por el bosque en calzonas y a pecho lobo, aunque el amigo de Bella no pertenece a ellos. Una vez arreglada la moto, Bella consigue volver a ver al vampiro luminoso que le da sabios consejos gracias a estamparse contra el suelo, y diréis que es ridículo todo lo que vosotros queráis, pero en La Guerra de las Galaxias bien que os gustó, panda de frikis hipócritas.

A Bella la invita a ir al cine un chico fofo y torpe, nada que ver con su gallardo vampiro, y acude también el indio del pelo largo y que arregla motos. Tanto es así que cuando están viendo Trompazos en el cine (en la que se oye el grito de Wilhelm, por cierto, cinefilia para los connosieurs) el chico que no da la talla siente que se le escandaliza la digestión y que no aguanta tanta violencia. El indio aprovecha entonces para extender las alas cual aguilucho lagunero, pero ella le dice que sólo lo quiere como amigo, y hay un momento en el que parece que se ensaya “la cobra”, con lo que estamos ni más ni menos que ante una película intertextual que enlaza con nuestra más reciente cultura. El chico indio, al darse cuenta de que es ni más ni menos que un… sí, amigos míos: ¡un pagafantas!, la toma con el pusilánime, y al retenerlo ella y agarrarlo le dice que a su contacto está… ardiendo. “Claro”, debe pensar él: “Con lo quemao que voy…”
 Tanto monta como monta tanto.

El pagafantas (dejadme que lo llame así a partir de ahora), desaparece de la vida de Bella para nuevo desconsuelo de la muchacha, que ve perdido así su casto y platónico amor. Sin embargo se lo encontrará algún tiempo después, y lo primero que le pregunte será: “¿Te has cortado el pelo?” A pesar de su nerviosismo y turbación la muchacha consigue fijarse en ese detalle, pasándole desapercibido sin embargo el hecho de que se lo ha encontrado vagando por el bosque vestido sólo en calzonas en medio de un aguacero. Pero bueno, las costumbres de los indios son otras y no debemos juzgarlas a la ligera, con lo que la película vuelve a darnos un mensaje positivo. Pero el reencuentro no es como ella esperaba, pues su pagafantas la rechaza porque quiere ir a jugar con su amigo Joselito y su amigo Manolito, que lo esperan en medio del bosque vestidos sólo en calzonas, y además parece saber que Bella ha sido manceba de un chupasangre y que no le gustan un pelo las juntaderas de su amiga, a la que ha borrado incluso del Facebook.

En la búsqueda de su amado Bella se encuentra con uno de los enemigos de la familia de su novio, mientras Edward le da consejos desde su proyección ectoplásmica (¡en Star Wars os gustaba, hipócritas!)  y hay una pequeña discrepancia de opiniones que termina con lo más natural del mundo: un intento de asesinato, truncado en el último momento por una jauría de lobos hipertrofiados que se ponen a perseguir al vampiro. Después del incidente el pagafantas se presenta en casa de Bella vestido sólo en calzonas, cosa perfectamente natural a estas alturas de la película, porque ya hemos asumido que los indios vuelven a vestir todos, más o menos, como en las películas de John Wayne. Ante la visión de semejante cuerpo serrano y/o danone, Bella se ofrece a escaparse con él a donde sea, y afrontar juntos lo que les depare el futuro. Pero él no quiere.

Al día siguiente Bella le devuelve la visita, pero completamente vestida, y aunque entra en la habitación del pagafantas no lo despierta, sino que en el momento que ve a la tribu de indios en calzonas se va a encararse con ellos para echarles en cara el lavado de cerebro que han hecho en su pobre amigo. Que si tal, que si cual, conflicto racial y se escapa una hostia a uno de los indios en calzonas, que se lo toma un poco a mal, se convierte en hombre lobo y se dispone a arrancarle la cabeza a la chica para lavar su honor, mancillado ante tan grave afrenta y olvidando por completo lo de que manos blancas no ofenden. Los otros dos indios en calzonas no sólo no lo retienen, sino que hacen gesto de echarse atrás y permitir que el asunto se dirima justamente entre una chica de cincuenta kilos y un licántropo de ochenta. Menos mal que llega el pagafantas y se enfrenta al hombre lobo revelando también su propia naturaleza de licántropo, porque si no la película acababa allí mismo.

Mientras los dos hombres lobo se pelean, y como no tiene otra cosa que hacer, Bella se va confiadamente a una cabaña con los mismos que la dejaban a merced de una bestia sedienta de sangre: allí vive la novia del jefe de la manada de hombres lobo que en forma humana van en calzonas todo el día. Esa novia en particular tiene la cara desfigurada, pues el jefe en una ocasión que se enfadó con ella y se transformó le soltó un zarpazo, probablemente porque no le tenía la comida hecha a tiempo o no limpió bien el suelo. Esas cosas ocurren, el amor es así y nadie tiene nada que decir sobre lo que pasa en la intimidad de una pareja. Poco después aparecen por allí, tan colegas y como si no hubiese pasado nada, los dos que hace un rato peleaban a muerte, pero nuevamente humanos y supongo que después de haber ido a casa a por unas calzonas nuevas, porque cuando se transforman en lobo se les rompen igual que al Increíble Hulk. El que antes se transformó frente a ella con ánimo de arrancarle la cabeza da el asunto por zanjado con una breve sonrisa, un guiño amistoso y un simple: “Lo siento”. Si eso no es un mensaje de buen rollo y de alabanza a la virtud del perdón, ya me explicaréis qué lo es.

Conmocionada ante esto, Bella se decide a lanzarse desde un alto acantilado a ver si vuelve a ver a Obi Wan, mientras la vampira mala que quiere comerse a Bella desde la anterior película escapa de los lobos que quieren que se la coma el tigre. Bella es salvada por el pagafantas y en su casa se encuentra con Alice, la hermana de Edward que tiene sueños premonitorios y ha visto que parecía que intentaba suicidarse, por lo que ha ido a visitarla. El pagafantas en ese momento ve llegado la oportunidad de dejar de serlo, pero cuando está a punto de conseguir que ella no le haga la cobra Edward llama y ligeramente chinado el pagafantas aprovecha para confirmarle sus temores de que ella ha muerto. Edward llama directamente a la casa de Bella, al fijo, y no a su hermana, porque parece que ahí nadie sabe lo que es un móvil ni le interesa. ¿Fallo argumental o metáfora perfecta sobre la obcecación a la que nos conduce el amor? Vamos, seamos serios: lo segundo.

Alice y Bella llegan inmediatamente a la conclusión de que esto provocará que Edward no quiera seguir viviendo y vaya a visitar a los Vulturis para desafiar su autoridad y hacer que lo maten. Las dos toman un avión y llegan a Italia. Porque he ahí otra genialidad de la autora de esta saga: cualquiera puede poner a la élite de los vampiros en ciudades alfa como Nueva York, en la hermosa París o la bella Roma, pero hay que tener mucho valor para poner de forma creíble a unos sofisticados y decadentes vampiros en Volterra, pequeña ciudad toscana que sólo cuenta con 11.000 habitantes, menos que Betanzos. Y allí llega Bella en el último momento, y salva a su novio in extremis, justo cuando él está a punto de mostrarse en toda su brillante hermosura ante todo el mundo en un festival religioso y proclamar: “¡Miradme! ¡Brillo! ¡Soy un vampiro de Swarovsky!”

-Pero… tú me dijiste que ya no me querías…

-Te mentí… pero tú me creíste con tanta rapidez…

¿Diálogo idiota? Sí: ¿pero quién a esa edad no ha protagonizado alguno de ese tipo? Diálogo naturalista por tanto, que refleja cómo hablan dos adolescentes descerebrados de nuestro tiempo. ¿Que él tiene ciento nueve años? Bueno, pero está en el instituto todavía, que es lo que importa. Eres tan viejo como lo es tu espíritu y tu corazón.

A continuación van a ver a los Vulturis, entre los que está Dakota Faning pintada como una puerta, nuevo momento de homenaje cinéfilo porque recuerda a Jodie Foster en Taxi Driver. Bajan en un ascensor en el que, en vez del habitual hilo musical de un centro comercial, se escucha ópera. ¿Son o no son sofisticados los vampiros de Volterra? ¡Eso es glamour! Después de una pelea con ellos, la pareja se compromete a que Bella se convertirá en un vampiro, ya que sus extraordinarias habilidades son codiciadas por los vampiros aristócratas. ¿Por qué se pelean con los Vulturis? Para que Bella no se convierta en vampiro o la maten, no queda claro. ¿A qué acuerdo llegan con ellos para salvarse? A que al final, la convertirán en vampiro. ¿Que no lo entendéis? Bueno, si no sabéis entender las sutilezas de esta historia es vuestro problema, anda que no hay gente que dice que no entiende el Ulises de Joyce. Aún así Edward no está nada convencido, así que al final se produce una votación entre la familia de vampiros vegetarianos a ver si quieren convertirla. Valores democráticos, señores: pocas películas tienen el valor de defenderlos de forma tan honesta.
La película se cierra con el último enfrentamiento entre el vampiro y el hombre lobo que después de volver a transformarse en humano sigue depilado. O cuando van a buscar unas calzonas nuevas también aprovechan para volverse a depilar o los tratamientos de Corporación Dermoestética son la leche. Por último, Edward accede a transformar a Bella, pero sólo a cambio de una condición: que antes, se casen.
Bella, que ya estaba dispuesta a irse de su casa y abandonarlo todo para estar por siempre a su lado, queda sin embargo impresionada ante la petición, e igual que todo el cine apenas si puede emitir un:

-Jarllll…

9.12.09

Series de televisión con transfondos como mínimo curiosos

Dexter.
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Empezó siendo una serie sobre un psicópata de manual: frío, calculador, sin sentimientos humanos por nadie, ni siquiera por su familia cercana a la que reconoce que le tiene un cierto apego, pero más que nada por la costumbre. Mantiene, como todo psicópata, una máscara de cordialidad y buen rollito para que nadie sospeche de él y de su Oscuro Pasajero. Ha evolucionado hacia un personaje que podría interpretar sin problemas Brendan Fraser: amigo de sus amigos, abnegado y amante padre de familia y buen tipo en general. Lo único un poco raro en su persona, que mantiene vívidas conversaciones con su padre muerto y que le gusta asesinar de forma horrible a psicópatas como él, pero que hacen daño a gente buena, mientras que él viene a ser algo así como el malo de los malos. Cuando el Carnicero de Milwaukee, Jarabo, el Sacamantecas y el Caníbal de Rostov miran debajo de la cama, es para ver si está Dexter Morgan.

Fringe.
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Una serie sobre investigaciones ultrasecretas realizadas por un genio que ha estado encerrado en un manicomio durante casi veinte años y que sabe cosas muy raras y muy chungas que hacen que Expediente X sea un juego de niños. Lo ponen bajo custodia de su hijo, un bala perdida que tiene bastantes cuentas pendientes con las autoridades, y en vez de hacerlo trabajar en un laboratorio de máxima seguridad se monta uno digno del Profesor Bacterio en el sótano de la universidad. Y aunque investiga con cosas peligrosísimas y rarísimas, a nadie se le ocurre poner unas elementales normas de seguridad, o unos guardias, o lo mínimo para que no entre allí como Pedro por su casa el primero que se presente. La primera vez puede tener un pase, pero después ya no.

Ha salido Leonard Nimoy, pero muy poco. Hace el papel del antiguo compañero del tipo chalado, y actualmente vive en un universo paralelo del que quizá salen unos tipos calvos muy raros. Se le está poniendo una cara con la edad que empieza a sospechar uno si de verdad no es medio extraterrestre.  El actor que hace de científico loco es el mismo que interpretaba a de Denethor en El Señor de los Anillos. Luego que no se queje si lo encasillan.

True Blood.
true-blood
Un mundo donde los vampiros han “salido del ataúd” hace dos años, y se alimentan, si quieren, de una sangre sintética, igual que en Vampiros en la Habana. Parece que a todo el mundo no le parece mal, excepto a los ultracristianos que quieren, obviamente, cepillárselos a todos. Al fin y al cabo es normal: sólo han estado asesinando a gente en orgías de sangre, sexo y violencia desde hace miles de años. ¿Por qué nos lo íbamos a tomar a mal, igual que sigan considerándose mejores que los humanos, mantener un bárbaro sistema de justicia paralela, ser capaces de anular la voluntad de los demás por hipnosis y arrogarse el derecho de seguir alimentándose de donadores involuntarios o de convertir a otra gente en vampiros por las bravas? Después hablan algunos de si respetar a la gente de otras culturas y religiones que vienen a vivir a nuestra sociedad, pero que acepten primero los principios éticos de nuestro mundo para empezar. Pues aquí sin problemas: multiculturalismo a raudales.
Además, la sangre de los vampiros es mágica, en ciertas cantidades regenera por completo el organismo humano o sirve como una droga que ríase uno del LSD. Esto convierte a los vampiros, una minoría, en algo más valioso que los percebes, e incluso relativamente fáciles de cazar porque se conocen sus debilidades, pero tampoco es algo que se explore mucho lo de vampiros vampirizados por los humanos. Algunos de ellos dicen lo de “nunca debimos salir de Valladolid del ataúd”, y razón no les falta porque cualquier día les cuesta un disgusto.
Tampoco parece que haya ningún plan del gobierno para acabar con ellos si se ponen chulitos, y ya podemos preguntarnos si a China o a Rusia les parece bien tener a unos tipos que han acumulado tales cantidades de poder y dinero, que no nos lo van a decir. En este caso ni siquiera estamos ante el famoso “el mundo parece que es los Estados Unidos y nada más”, sino que ni eso, todo se centra en el romance de una camarera sureña en un pueblo perdido de Luisiana con el vampiro de sus mil amores, que además de tener buena planta cree en Dios y es un patriota americano, al que la muchacha puede presentar sin problemas a su abuela. En los libro parece ser que se profundiza algo en los problemas de integración de los vampiros y cómo hay países que no los consideran ciudadanos, eso sí. Sobre las posibles implicaciones históricas de tener a testigos directos de importantes hechos del pasado, ni palabra. Lo importante es que ellos se quieren tanto…

Dollhouse.
dollhouse
Aunque la serie prometía no me extraña que la hayan cancelado, que el señor Whedon empieza a parecer que tiene algo de malaje ya con sus proyectos.
La idea inicial no está mal: una poderosa multinacional llamada Rossum en honor de Los robots universales de Rossum, de Karel Capek, mantiene un entramado de casas de muñecas donde viven los muñecos, personas que voluntariamente y para librarse de quién sabe qué problemas han firmado un contrato por cinco años, durante los que se les borrará la memoria para introducirles luego personalidades reales o inventadas y cumplir todo tipo de misiones, desde sexuales a incursiones ninja, según los caprichos de los multimillonarios que contraten sus servicios. Las distintas personalidades se almacenan en anodinos discos duros extraíbles y hay un malo al que se le descargaron un montón a la vez y que está más pasado de vueltas que el Joker.
Hasta ahí bien, si no fuera por el nimio detalle de que todos los que están metidos en el ajo apenas si tienen la más mínima duda moral sobre si lo que están haciendo está bien o mal; aunque, eso sí, parece que se muestran muy preocupados por la salud de los seres humanos a los que mandan a sesiones sadomaso (sólo si el muñeco es el activo), o a misiones que más de una vez se tuercen. Incluso en un episodio, bastante bueno, donde vemos cuáles serán los efectos de esa tecnología en el futuro y que mandará al mundo a un aspecto no muy distinto que al que se ve en Terminator, esos mismos personajes parece que siguen diciéndose: “Jo, no pensábamos que estuviéramos haciendo algo malo. ¿Yo qué sabía?”. Del mismo modo parece que les causa consternación enterarse de que una de las muñecas está allí contra su voluntad y víctima de una venganza, pero no tuvieron reparos para convertirla en muñeca cuando la vieron loca perdida en una institución psiquiátrica.  No, si con la pasta que decís que os están pagando, como para no pensárselo mucho, yo os entiendo.
Sobre el derecho a copia privada de las distintas personalidades o si es lícito o no descargárselas por P2P si no es con ánimo de lucro, la SGAE todavía no se ha posicionado.
Naturalmente todo esto no quiere decir que estas cuatro series sean malas, nada de eso, ya que tienen sus muchos seguidores bien ganados. Pero cuando uno mira con cierta mala uva algunas de las implicaciones de sus propuestas argumentales no dejan de parecer algunos detalles chocantes como poco.