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Lo primero que habría que decir es que el trailer es considerablemente engañoso en el sentido de que al ver la película se espera uno un tono mucho más de comedia negra o pasada de vueltas, que luego aparece en algunas pinceladas en el metraje, pero que no es el tono general de la película. En segundo lugar, en efecto, la película es considerablemente más fiel a la novela que la versión de 1987 interpretada por el Chuache, que mantenía el título original y poco más que la premisa, así que en este caso la secuencia de los acontecimientos de la novela se respetan notablemente, con una considerable actualización tecnológica ya que tenemos que entender que esto sucede en el nebuloso "futuro cercano", y de hecho la novela se sitúa en... 2025, que, dejádmelo comprobar en un momentito... sí, es el año en el que estamos ahora. Lo que en 1987 era una pura especulación informática, la creación de un deepfake que fuese indistinguible de un vídeo real por medio de un mapeado de los rasgos faciales, y que ya vimos incluso en series de la época como V, a día de hoy es una pura realidad. Por eso quizá lo que peor haya envejecido es que esta distopía se articulaba también como una crítica de la entonces omnipresente televisión, igual que podría haberlo hecho en su momento Bradbury en Farenheit 451, algo que quizá haya quedado un poco desfasado porque a día de hoy la televisión lineal, en abierto y gratuita está en completa decadencia y ya se especula con su desaparición tal como la conocemos en no demasiado tiempo. Esto lo compensa la película con una tecnología un poco retro en algunos detalles, como la grabación por cintas.
Por supuesto a lo que no es nada fiel la película a la historia original es al espíritu del libro. Glen Powell luce un cuerpo danone esculpido en gimnasio que nos tenemos que creer que puede ser mantenido por un trabajador precario en un mundo económicamente distópico donde las condiciones de trabajo son completamente insalubres y seguro que tener una alimentación mínimamente decente debe estar al alcance de la élite a la que está claro que él no pertenece. Mientras que la sordidez de la novela era extrema, el protagonista estaba ya muy acabado físicamente y su mujer era en efecto prostituta, aquí su pareja no es nada de eso y se nos va a dar el enésimo héroe de acción que zafará de explosiones en el último momento y que será balaceado por tiradores más malos que los stormtroopers de la armadura blanca, que no aciertan ni de casualidad. De por medio, algún chascarrillo, aunque repito que el trailer prometía que iba a haber más.
Homenaje a Chuache... porque se lo merece.
Entendámonos: como peli de acción y de ambientación futurista casi ciberpunk sin duda se puede decir que cumple sin problemas y se deja ver, pero tampoco es tan gran cosa, porque nuevamente como en el caso de La larga marcha tampoco estamos ante un producto demasiado brillante en origen ni que aporte demasiado a un género, el distópico, que ya había especulado con este tipo de entretenimientos salvajes en un futuro éticamente degenerado. He de reconocer que hay cosas que se entienden entre poco y mal, como el caso de los otros dos fugitivos que escapan a la vez que nuestro protagonista, que no pueden ser más... tontos. Es decir, entiendo que hay gente que es cazurra, pero nuevamente aquí todo el mundo conoce las reglas del juego y estos dos anormales de algún modo milagroso deben creer que pueden sobrevivir haciendo lo mismo que hace ese tipo de jugador que siempre cazan a los pocos días, por lo que actuar así es poco menos que un suicidio, y además aportan entre poco y nada al desarrollo del argumento y no es que funcionen demasiado como alivio cómico. Del mismo modo si el protagonista llega a sobrevivir más tiempo tanto en la novela como en esta película es porque tiene la fortuna de encontrarse, por pura casualidad, con la gente justa que va a ayudarlo y ponerlo a salvo por oposición al statu quo, un poco de deus ex machina sí que hay para que Richards salga indemne cuando está claro que el concurso está amañado desde el primer momento y es imposible que pueda ganar. Respecto a la escena en la que Michael Cera tiene el protagonismo absoluto, muy divertida, pero no se entiende nada y se ve que está ideada de forma completamente independiente, ni se entiende por qué hace lo que hace ni cómo los malos prácticamente se teletransportan en cuestión de segundos para no romper el ritmo de la película y para justificar toda esa escena en la casa con sus trampas, así que se nota todo muy forzado, simplemente cuando les llega su momento en la película los personajes se activan para cumplir su función, se inmolan y pasamos a la siguiente escena.
Por supuesto es el final lo que descalabra por completo las ideas tanto de la novela como del planteamiento inicial de la película para convertirlo todo en un producto de acción bastante indistinguible de cualquier otro. La novela pertenece al género distópico y a ese tipo de películas tan setenteras de ciencia ficción oscura y opresiva donde todo acababa no mal, sino peor, igual que en muchos títulos ochenteros del género que eran morralla de videoclub y bajo presupuesto, y que no temían terminar con un final absolutamente nefasto como si quisieran echarle un pulso a El planeta de los simios. La distopía, para serlo, necesita desesperación y tragedia para que sea el espectador el que quiera negar ese futuro ominoso y terrible con el que se nos amenaza, y por lo tanto ese mal cuerpo que te deja la historia que acabas de ver te obligue a cambiar y a querer hacer algo para que esa profecía que te han puesto delante nunca llegue. Aquí sencillamente nos encontramos por enésima vez con la idea de que todo se arregla... a hostias. Que no es sea un pensamiento demasiado desencaminado a veces, pero todos sabemos que no estamos en condiciones de marcarnos como si nada un Bruce Willis en Die Hard, y que en esas circunstancias no solo no sobreviviríamos un mes, sino apenas quince minutos. Así que donde la novela terminaba como era de esperar, con el protagonista que se sacrifica, ya herido mortalmente, contra el rascacielos de la emisora desde la que se organizan esos reality shows tan bárbaros, aquí se inventan un final feliz prorrevolucionario en el que nos tenemos que creer que por medio de fanzines impresos en casa (podrían ya puestos incluso haber puesto una vietnamita), la revolução llegará a nuestras vidas. La novela de King acaba de forma completamente desoladora y sin más solución que una venganza bastante burra que no sabemos qué consecuencias va a tener a largo plazo en ese mundo, mientras que la película nos dice que llegado el momento si te has sabido mantener en forma sin convertirte en un mileurista con panza podrás demostrar tu heroísmo, derribarás al Estado represor por medio de cabriolas, de giros de trama inesperados y sobre todo por la impenetrable armadura argumental que te pongan los encargados de hacer el guion si creen que todo tiene que acabar bien por narices, aunque eso sea poco menos que imposible de creer.
Por último, y como ya hemos hablado de cosas que pueden ser plagios o no, y que en muchos casos todo el mundo recicla ideas generales que no siempre se sabe de dónde han salido o quién fue el primero en tenerlas, esta novela y película tienen un argumento inicial que aparece en un relato de Robert Sheckley, un maestro de la ciencia ficción del que en este blog hemos hablado en varias ocasiones. Bueno, pues tiene un relato, The Prize of Peril, de 1958, que tiene una premisa calcada a la obra de King, y que ha sido adaptada dos veces en película, una en francés en 1983 y otra en alemán en 1970.
Haciendo memoria, supongo que vi por primera vez esta película en un famoso ciclo de películas sobre Marlon Brando que pusieron en la televisión pública cuando esta se dedicaba a ser un verdadero ente al servicio de la difusión cultural, y además emitía estas películas, lo recuerdo bien, a un horario bastante razonable que me permitían madrugar al día siguiente porque si la memoria no me falla por aquel entonces cursaba yo 3º de BUP. Creo que me las vi todas, todas me gustaron porque sin duda todas eran peliculones y quizá la que luego haya visto más veces sea esta, una película que te levanta el ánimo y te reconcilia con la vida aunque sepas que, como todas las comedias puras y de buen rollo, sea más falsa que un duro de cuatro pesetas hecho de madera.
Con el tiempo esta película ha arrastrado cierta polémica, lo que es absolutamente compresible, ya que tenemos a un Marlon Brando, en un papel cómico poco habitual en él, en el que interpreta a un habitante de Okinawa que representa al típico personaje encantadoramente picaresco y que pese a su pátina de joven poco espabilado ante los invasores useños en realidad oculta una profunda sabiduría (oriental, por supuesto), y es a su vez conocedor del secreto de la existencia feliz. Desde luego que estamos ante un yellowface de manual, y veremos desplegarse todos los tópicos del exotismo facilón de las películas de la época, como podremos verla también en La taberna del irlandés, pero es que es una comedia en estado puro donde también los personajes de los blancos son puras parodias de sí mismos, arquetipos humanos tontorrones a más no poder: el jefazo militar ridículo, el voluntarioso oficial que termina fascinado por una cultura extraña, y su amigo que en el fondo no aspira a ser otra cosa que un buen jardinero, no un médico militar.
Si quisiera emparentar esta película espiritualmente con otra, sin duda la hermanaría con El hombre tranquilo, otra película que bordea el realismo mágico en la que como decimos también los que no somos andaluces, "To er mundo é güeno", algo parecido a lo que veremos en la televisiva Doctor en Alaska (Nothern Exposure). Hay conflicto, desde luego, pero solo para que los personajes actúen torpemente y desarrollen y muestren su gran humanidad, y se presenta sin complejos un mensaje ramplón tan falso como convincente en lo que dura la farsa: la belleza del mundo rural, la sencillez de la vida simple en el campo y la pureza de espíritu de las gentes que viven fuera del mundo supuestamente civilizado, lejos de sus prisas y de su competitividad.
A ver: sabemos que es mentira, pero necesitamos que de vez en cuando alguien nos diga beatus ille y que nos olvidemos de que, si hemos leído al menos un libro de antropología, la vida en las comunidades campesinas de subsistencia puede ser poco menos que un infierno si te sales un 0'1% de lo que se considera apropiado. Así pues esa película y su visión de Okinawa, igual que la Irlanda soñada e imaginada por John Ford como tierra arcádica de la que precisamente huyeron sus antepasados, se debe ver como lo que es: una fábula fantasiosa que poco o nada tiene que ver con la realidad, comedia en el sentido estricto de la palabra, pura evasión, fantasía y escapismo en la que igual que en el teatro al final todos los equívocos se resuelven, los virtuosos reciben su recompensa por serlo y reina la paz y la concordia.
Eso no quiere decir, desde luego, que no se pueda analizar la película, de forma puramente externa, como un producto de su tiempo, pero tampoco nos debe afectar su goce una vez hayamos entendido de dónde proviene. Desde luego es criticada por lo ya citado anteriormente, pero como he intentado recalcar esa misma ingenuidad de los personajes y sus acciones es algo completamente premeditado y afecta a todos los personajes por igual. Desde luego desde nuestro punto de vista actual el yellowface y la idealización absurda de una cultura ancestral puede ser censurable, pero no debemos olvidar por eso mismo el contexto histórico en el que se filma una película basada en una novela de solo unos pocos años antes. Okinawa, aunque parte de Japón, y solo devuelta a ese país completamente en 1972 después de una larga ocupación, siempre ha sido, por así decirlo, el verso suelto de lo japonés, digamos que son un poco como los vascos o los escoceses de ese país, por decir algo, pero al espectador de 1956 esas sutilezas le debían de decir poco, ya que lo importante aquí, y en lo que deberíamos fijarnos, es la fecha y entender que apenas diez años antes estaban los marines muriendo a millares en todas esas islas del Pacífico, Hiroshima y Nagasaki fueron borradas del mapa nucelarmente y el sentimiento antijaponés era en los Estados Unidos comprensiblemente muy intenso, que se lo digan si no a George Takei, que en su infancia pasó una temporada en un campo de internamiento en California, y recordemos cómo en Donnie Brasco el personaje de Johnny Depp improvisa un discurso de odio contra los japoneses y todo el mundo lo acepta sin problemas. Que solo diez años después de acabada la guerra se haga una película en la que los japoneses aparecen como encantadores seres humanos llenos de buena voluntad y capacidad de hacer el bien dice mucho más y mejor de esta película que cualquiera de sus defectos accesorios, que nadie niega que pueda tener.
Además, solo un año después, el mismo Brando interpretaría otro peliculote, Sayonara, que en este caso es un drama que trata de los impedimentos que ponía el ejército para que los soldados iuesei no contrajesen nupcias con japonesas, lo que las convertiría a todos los efectos en sus legítimas esposas y por tanto se las podrían haber llevado de vuelta a los EEUU cuando quisieran, y de hecho se lo impedían. Que podríamos decir que estas dos películas forman parte de un continuo ideológico en el que Estados Unidos quiere "humanizar" a sus anteriores enemigos a marchas forzadas porque necesita tener un polo industrial capitalista y un títere ideológico en la zona en el marco de la Guerra Fría y de la Guerra de Corea desde el que mantener una sólida presencia militar en esa parte del mundo, y sí, lo que queráis, ya sabemos que nada es inocente, pero también sabemos que los dramas históricos de Shakespeare son pura propaganda dinástica de los reyes ingleses, y no por eso dejan de ser buenos. Se pueden discutir las dos cosas, sin problemas.
La película en cuestión empieza con Sakini, Marlon Brando, que habla al público y tiene uno de los mejores monólogos de la historia del cine, y en el que se muestra una profunda sabiduría antropológica mezclada con un considerable fatalismo histórico, que se sintetiza en esa tremenda frase de "Okinawa ser muy afortunada. Cultura venir a nosotros, no tener que salir a buscarla". Aunque he dicho que le película es fundamentalmente una parábola amable en la que no hay ningún personaje malvado ni con malas intenciones, el guion tira con bala en más de una ocasión, y en gran medida se ridiculizan los intentos absurdos de "democratizar" las regiones agrícolas de un país que tiene sus propios ritmos, tradiciones y formas de entender lo que es productivo, de modo que al final de la película cuando se organicen en una cooperativa para fabricar brandy, y el coronel se entere de que participan todos solidariamente de los beneficios, exclama de inmediato: "¡Eso es comunismo!" Es un chiste muy bueno, y sin duda solo en una comedia de este tipo se podría hacer, porque estamos hablando de la década de la caza de brujas en Hollywood, el cine anticomunista y el macartismo.
Sobre el argumento, poco se puede contar porque en realidad es una serie de peripecias que conducen a los personajes occidentales a darse de bruces con una resistencia pasiva de los nativos, liderados por el liante de Sakini que tiene la ventaja de hablar los dos idiomas. Los militares de las fuerzas de ocupación se ven superados por la belleza del paisaje y por la sencillez de esos isleños idealizados que solo aspiran a tener una casa de té, lo que aquí habría sido un casino de provincias, en el que socializar y disfrutar de las danzas de las geishas, igualmente idealizadas casi hasta la caricatura. Como vengo diciendo desde el principio, todo es un cuento, una fantasía, y por eso igual que empiza con Marlon Brando que rompe la cuarta pared y se dirige al público, como si todos los personajes supieran que son parte de un teatrillo, la película terminará con el mismo Sakini que cierra la historia con un acta est fabula, y vuelve a repetir el tema central de la película, que es "Todo lo que empieza siendo verdad, siempre verdad. Dolor hacer a hombre pensar, y pensar hacer a hombre sabio. Y sabiduría hacer vida soportable".
En definitiva una de esas películas que se pueden ver en defensa propia cuando la realidad se pone un poco cuesta arriba e insoportable, y que consiguen la magia de que durante dos horas aparezca ante nosotros no como es realmente es una vida que hay que soportar, sino como una mágica y maravillosa en la que todo er mundo é güeno.
Hace unos pocos años, con la muerte del tito Stan Lee, ya hablamos un poco de la dicotomía que existe en la creación y evolución del Universo Marvel en los comics, y que sigue enfrentando a distintos historiadores y opinadores del medio.
Pues bien, a la hora de analizar esta película no puedo sino recordar esas discusiones y que, aunque la película no es un tostón, ni está hecha a la remanguillé como algunas de las última películas del UCM, le falta lo que he puesto en el título, y aunque supuestamente intenta capturar el espíritu de esa primera gloriosa etapa del vol 1 de Los 4 Fantásticos, no lo consigue ni de lejos, tiene que recurrir a algunas jugadas muy de tahúr en el guion y en general la ves y de acuerdo, no te sientes estafado ni que has perdido el tiempo por completo, pero como siempre y dado el material de origen con el que contaban no han sabido exprimirle en absoluto el jugo, da la impresión de que han jugado siempre sobre seguro y en ningún momento han arriesgado lo más mínimo, con lo que el resultado viene a ser un poco soso de argumento, personajes y resolución.
Y eso es bastante grave en una película que se pretende adaptación de lo que se considera una obra maestra del cómic, la etapa Lee-Kirby de los años 60, los creadores de los personajes, considerada también como la fusión perfecta del cómic de superhéroes y el de ciencia-ficción.
Sin volver a entrar en la discusión de quién es más responsable de que esos números sean una obra maestra, si la visión comercial y contenida de Lee o la imaginación desbordante de Kirby al que se le iba la olla de una manera magistral, está claro que la película falla en reflejar la grandiosidad, grandilocuencia y capacidad de maravilla de los lápices de Kirby, que además imprimía dramatismo y tensión en cada viñeta, e incluso ahora que para algunos su arte parece que ha envejecido algo mal consultar cualquiera de sus títulos es ver a personajes con la boca abierta y el ceño fruncido a la vez que declaman su dolor ante las injusticias sufridas o el cumplimiento del deber, no hay en ninguna viñeta una mano que no esté crispada en un puño ni un personaje que no esté en un escorzo forzado, y cuando están quietos se nota de todos modos que están a punto de hacer algo de un momento a otro. En el caso de la llegada de Galactus esto es palmario porque hasta el último momento en los comics todo el mundo se toma muy en serio que la Tierra va a ser el entrante, plato principal y postre de ese monstruo del espacio que nunca fue traducido en ninguna parte como Alberto el Hambriento, es una leyenda internetil, así que nunca encontraréis una viñeta real en la que realmente lo llamen así.
Se vienen para fechas cercanas varios crossovers Marvel/DC porque dineros, pero nunca habrá güevines para hacer el que todos querríamos ver: el enfrentamiento entre Galactus el Devorador de Mundos y Mr Nebula el Decorador de Mundos.
Como digo la película funciona, pero a medio gas, y sobre todo deja la impresión de que está un poco hecha para no cagarla después de los fiascos últimos de títulos anteriores, así que se han aferrado a la fórmula que saben que no falla, pero que por eso mismo no tiene ningún riesgo y por tanto no hace justicia a los comics originales. La impresión es la de una retirada a los cuarteles de invierno, cumplir un poco expediente, hacer lo que sabemos que sale bien y esperamos a que la gente vuelva a recuperar la fe que antes nos tenía. Por eso todo está aceptable más que bien. Recuerda a lo que algunos profesores decían a los padres de algunos alumnos cuando hablaban con ellos: "Su nene hace lo justo para aprobar, pero no se esfuerza lo más mínimo". Eso cuando se está adaptando a La Revista de Comics Más Grande del Mundo, como muy modestamente la bautizó Lee, no es aceptable. ¿Dónde se ve aquí o se vislumbra siquiera aquello de "Larger than life"? Hay que salir a ganar en cada partido, Marvel.
¿El supuesto retrofuturismo? Bueno, aceptamos barco. En realidad después de sesenta años su lectura es muy distinta a la que se tenía hace décadas, cuando eso tenía su lógica. Cuando un relee los comics de Marvel de los años 60 y 70, hay algo claro: ese mundo no era el nuestro, pues con la existencia de científicos locos y no tan locos los progresos tecnológicos eran completamente fantasiosos, y en 1961 eran Reed y su gente los que pretendían llegar primero a la luna antes que los malvados comunistas. En las páginas de esos comics además de magia que desafiaba a la razón había una ciencia asombrosa en la que existían los clones, los robots, las inteligencias artificiales, y tecnologías que en algunos casos hemos superado y en otros todavía esperamos con alegría, como los coches voladores. En los comics de esa época ya los superhéroes se comunicaban por videoconferencia, algo que ahora es común, y aunque veíamos que las Industrias Stark o la tecnología de Los 4 Fantásticos manejaban artefactos imposibles teníamos que creernos sin embargo que en ese mundo la gente seguía hablando por teléfono fijo, y que el programa espacial de la NASA iba al mismo ritmo del nuestro mientras que los Vengadores cada dos por tres se montaban en su Quinjet e iban a otro sistema solar como Pedro Pascal por su casa. No era retrofuturismo, sino simple futurismo que a veces acertó y otras veces ha quedado como ejemplo de que incluso los mejores visionarios algunas no se las vieron venir, como ese ejemplo que pongo yo de la Fundación de Asimov en la que no solo no existe nada parecido a un PC, sino que una alumna de instituto le dicta su trabajo de clase a viva voz a una máquina de escribir que hace clac clac clac. En esta peli tenemos en por tanto un claro retrofuturismo que estéticamente retrotrae más o menos a esa década del siglo pasado, ma non tropo, no vemos teléfonos móviles y la tecnología de fantasía que usan los superhéroes, aparte de la pedazo nave espacial con capacidad de salto hiperlumínico que se necesita para que el guion vaya por donde es necesario, parece un poco anticuada a nuestros ojos como esa mezcla de disco de vinilo y laser disc, todo es un poco pop-art con pinceladas de op-art, pero nada que canse la vista o la ofenda. Desde luego, no hay ninguna diferencia social con nuestro mundo, no tenemos relaciones de noviazgo o matrimonio estereotípicamente ridículas como aparecían en esos comics en la época en la que fueron escritos, y damos por hecho que la lucha por los derechos civiles ya ha sucedido, si es que en algún momento se dio. Es algo puramente estético, aunque tampoco esperábamos mucho más.
Para mí, sinceramente, lo peor son los personajes, y a diferencia de lo que ha dicho otra gente nunca he visto en esta película a los personajes de los comics, ya que todos me parecen tremendamente descafeinados y faltos de dramatismo, porque se les olvidan algunos de los traumas y obsesiones que sí muestran claramente en los comics. Sí, Susan Storm es una mamá luchona, muy líder y todo eso, pero no sabemos cómo ni por qué, el bigote de Reed Richards tiene poco que decirnos, la Cosa es idéntica a la de los comics por primera vez pero carece por completo del patetismo de cualquier otra versión, y Johnny deja de ser un ligoncete descarado y gamberrete, lo que lo deja un poco en nada. Tienen todos el carisma justo para pasar el día, aunque se supone que son los héroes más grandes de la Tierra.
Si pasamos ya al argumento propiamente dicho, por lo menos para mí, apenas si hay sensación de peligro o urgencia. Y aquí es cuando tenemos que hablar de que los 4 Fantásticos ya tuvieron dos películas, en 2005 y en 2007, y pese a que muchos piensan lo contrario yo creo que aunque se nota cierta falta de presupuesto y los cgis canten un poco a veces (como en esta última en algunas ocasiones, no lo neguemos), creo que como adaptación no solo no tienen nada que envidiarles, sino que en muchos aspectos lo hace bastante mejor en algunos momentos: el fantasticar mola más, la Cosa tenemos la ventaja de que es expresiva porque la interpreta un humano, Jessica Alba enseña cacho moderadamente y Johnny Storm es un gilipollas adorable al que le gustan las zagalas más que a un tonto un lápiz, y por supuesto vemos el necesario pique y rifirrafe que se trae en todo momento con Ben Grimm, vaciles y bromas que en esta última versión se echan más en falta que Marco a su madre. Es como si Marvel hubiese tomado nota de que a veces su humor es un poco tontorrón y se hubiera pasado de frenada, de 100 a 0, y tampoco es eso. No digo que estas dos otras adaptaciones lo hagan mejor ni que sean una maravilla, ni mucho menos, pero como pelis de chupers para pasar el rato valen como cualquier otra y no son denostables ni mucho menos, ni palidecen con algunos bodrios que nos hemos papoteado tan tranquilos solo porque vienen distribuidos por Disney.
Que ahora el heraldo de Galactus sea una mujer es irrelevante, pero es que si volviese a ser un hombre, como ya estaba bien muy bien hecho en 2007, habría sido literalmente calcado, se habría notado mucho. Y lo que se nota mucho también es que mientras que en 2007 Norrin Radd transmitía una majestad alienígena y ominosa, porque además tenía muchos más minutos en pantalla y le daba tiempo a lucirse más y a hacer más cosas virgueras, su contrapartida como Shalla-Bal queda mucho más desdibujada, ya que hay que darle más espacio a Galactus. Literalmente, porque aquí de nuevo, como en los comics, y a diferencia de la película de 2007 en la que era una nube de piedras y polvo, es un gigante. Pero por muy gigante que sea para hacerlo encajar en la película y en las mínimas expectativas de guionista, productores y director, lo han nerfeado hasta unos extremos increíbles solo para poder dar final a la película sin acudir a lo que podría haber sido un exceso apocalíptico y trágico que hubiese hecho justicia a las locuras visuales y de guion a la que nos tenía acostumbrados Kirby con la ayuda de Lee (versión de los seguidores de Kirby). Ya sé que no tiene que ser como en los comics, pero en estos una imagen canónica de Galactus es la de él a su rollo haciendo sus cosas de devorador de mundos y varios superhéroes de primer nivel atacándolo o intentando llamar su atención, y Galactus que ni se entera de que están a su alrededor, así de bestia es el personaje. Dicho de otra manera: vencer a Galactus empujándolo como en una riña a la puerta de una discoteca... pues no sé yo. Y que todo se resuelva con un pequeño deus ex machina y con la traición del heraldo por el despertar de su conciencia, pero nuevamente todo muy suave y con miedo a desmelenarse, al final te dices: pues vale. Eso sin contar que el hombre más listo del planeta no llega él solito a la conclusión de que no gana nada al decir que Galactus les prometió salvar la Tierra a cambio de su hijo, podría haberse callado y eso que tenía adelantado y un problema menos; y la subtrama de la teletransportación podría haber contado con un asesor científico medio decente, porque el concepto de "ahorrar energía" en ese contexto no tiene ningún sentido. ¿Ahorrar cómo y para qué? ¿Meten en algún sitio esa energía ahorrada de algún modo para luego liberarla toda a la vez cuando hace falta? Creo que cualquier estudiante de bachillerato de ciencias entiende que no es eso a lo que se están refiriendo.
¿Cómo? ¿Que hubo otra peli del grupo en 2015? Ni idea, oyes, primera noticia. La de 1994 sí la conocía, pero esa no, no creo que exista.
Hace diecinueve años (jo, qué viejos sois ya) hablamos del intento de Warner por estirar la continuidad del Superman de Christopher Reeve, y hace once de cómo nació el intento de crear un universo DC cinematográfico que nos dio más penas que glorias, la verdad sea dicha, y que termina, para dejarnos un buen sabor de boca, con un tipo comiéndose una cucaracha.
Así que Warner decidió, después de malgastar más de diez años, confiar en un frikardo de marca mayor que había hecho en Marvel algunas de las películas más gamberras y con personalidad propia, y aprovechando que había sido cancelado un tiempo por el típico quítame allá esas pajas le dieron oportunidad de hacer Suicide Squad, que era las risas. A ver, que el señor estuvo en La Troma y además en su Porno para los que no les gusta el porno se reservó para sí mismo interpretar al mecánico que le va a "arreglar el motor" a Sasha Grey. Lo dicho, un frikardo que es muy friki, sabe lo que quieren los frikis y que va a ser el von Neumann de este nuevo universo DC cinematográfico del que ya hemos visto la primera temporada del Pacificador y la serie animada de Creature Commandos.
La versión que tenemos aquí es bastante clasicota si consideramos que la versión Post-Crisis ya es clásica después de cuarenta años, pero hay bastantes reminiscencias del Superman de la Silver Age, y el tono es muy de tebeo clásico de Superman, en el que Metrópolis es una ciudad donde puede ocurrir cualquier cosa y sus ciudadanos deben considerar que te invadan los extraterrestres o algo parecido es lo que ellos llaman un martes cualquiera. Desde luego la fotografía es luminosa y colorida y recuerda a los colores brillantes de los comics, así que el Superman que veremos en pantalla es perfectamente compatible con el Superman actual, lo que me da pie a hablar de una circunstancia del personaje de los comics ahora mismo, que es como mínimo graciosa. Veréis: fieles a los principios troskistas fundacionales de DC, se tomaron muy en serio aquello de la revolución constante, lo que hizo que en 2011 les diese por hacer un borrón y cuenta nueva que a nivel planetario fue contestado con un irónico "Qué podría salir mal". De ahí nació un renacidísimo universo DC del que yo di mi opinión al considerar que todos y cada uno de sus personajes había sido substituido por su versión poochie. Bueno, obviamente en la misma DC tenían la mejor información posible al respecto, así que apenas cinco años después digamos que hicieron un "aquí no ha pasado nada, circulen" y a veces con fuegos artificiales y a veces a la chita callando fueron reintegrando las aventuras pasadas en la continuidad oficial hasta más o menos restaurar a los personajes como habían sido antes, más o menos dependiendo del caso. En el caso de Superman esto era un poco complicado porque su versión poochie de los Nuevos 52, además de ser más joven, no llevar los calzoncillos por fuera y que se había hecho más que mimitos con Wonder Woman, no terminaba de convencer a nadie. Así que DC hizo lo impensable, una jugada tan loca y desquiciada que por pura justicia poética terminó saliendo bien. Resumiendo: restauraron una copia de seguridad y substituyeron al personaje que había estado en activo hasta entonces por su versión estable más reciente. Es decir: por el típico birlibirloque de guionista puesto de peyote y de las consabidas dimensiones paralelas, de bolsillo y demás, el Superman que había estado en activo de 1986 a 2011 reapareció, seguía casado con Lois Lane, tenía un hijo y por supuesto los gayumbos por fuera, y cuando el Superman Nuevos 52 murió (lo formatearon a bajo nivel y como con el Poochie de Los Simpson prometieron que nunca más volvería) la antigua versión tomó su lugar, con la triquiñuela de que además recibió todos los recuerdos de la versión que acababa de fallecer (se actualizó con los parches correspondientes, podríamos decir), así que por medio de un evidente "lo hizo un mago" volvimos a tener un Superman de una mayor edad, padre de familia y que no parecía salido de una sitcom de jovenzuelos californianos. ¿Cómo os habéis quedado si no sabíais de esta jugada maestra? Porque en su momento yo me quedé a cuadros.
Para entrar ya en harina está claro que Gunn quiere separarse por completo de la malhadada versión de Snyder y declararse una continuación espiritual, dentro de lo posible, de las películas que empezaron en los años 1970, de ahí la descarada copia del título inicial que recuerda a los de esas películas, y sobre todo los títulos finales que son ya idénticos. La música, sin embargo, es un poco quiero y no puedo, amaga continuamente los acordes de la banda sonora de John Williams, pero nunca termina de arrancar y queda todo un poco interruptus, y a veces se echan de menos esas fanfarrias y ese leitmotiv que define a la perfección al personaje. Entiendo que no se puede utilizar la música de esas otras películas por diversas razones, pero al oír ese intento que nunca llega a cuajar todo queda algo descafeinado.
Desde luego empezar, y muy a lo bestia, in media res sin tapujos, y que el espectador en este Capítulo I del nuevo universo cinematográfico tenga que dar por entendidas muchas, muchas cosas, permite no perder el tiempo en cansinas historias de origen que se supone que el que más o el que menos ya tiene más que conocida: más o menos te harás una idea de qué es un Linterna Verde, y que hay superhéroes y esas cosas, que para eso llevamos casi veinte años viendo películas de este género. Quizá sea una decisión un tanto arriesgada, pero funcionar funciona a la hora de dar más tiempo a otras partes de una trama, que por otro lado no puede ser más elemental, tomada directamente de los comics: Lex Luthor odia a Superman por pura envidia y no solo quiere acabar con él, sino que además quiere ser visto como un héroe. El guion de la película lo entiendes si sabes cómo funciona un botijo, así de simple es.
En definitiva me ha gustado sin llevarme al entusiasmo, y tendría para mí un notable alto. Todo funciona razonablemente bien, el hecho de que aunque sea una película dedicada a un personaje aparezcan más superhéroes como si nada refuerza la idea de un universo superheroico, y el reparto está muy bien conseguido. Tener tiene más de una idea boba y de pata de banco, pero esa es la tónica en los mismos comics de superhéroes, a los que les perdonamos casi todo porque los dibujos con muy lindos, y aquí la ilusión visual que buscamos se consigue perfectamente: no solo crees que un hombre puede volar, sino que entiendes, o quieres entender, que liberan un Stitch por ahí y en unas horas se ha convertido en un kaiju tan grande como un edificio, y tantas otras cosas que tu suspendida incredulidad ignora porque ha decidido querer ignorarlas.
Desde luego la película no es perfecta, y si nos ponemos tiquismiquis la Fortaleza de la Soledad se me queda un poco corta, parece un salón muy grande en vez de un sitio enorme que se supone que está lleno de maravillas, quién es Ultraman se ve un poco a la legua y quizá Hawkgirl ejerciendo de Harry el Sucio es pasarse más de un pueblo. Krypto es un perrete que se hace de querer, aunque no sea tan inteligente como un humano igual que en los comics antiguos, Guy Gardner es absolutamente hostiable como nos lo esperábamos de él, y Mr Terrific además de ser hierático y supertinteligente sufre cuando le rompen sus juguetes tecnológicos porque son muy caros. Jimmy Olsen termina siendo clave para la solución de toda la aventura, y el Planet es lo que uno esperaría del primer periódico de una ciudad como Metrópolis. Lo de Superman ejerciendo de pacificador universal es algo que se ha explorado en más de una ocasión en los comics e incluso en una de las películas, también se ha hecho con otros personajes, y la conclusión viene a ser siempre la misma: muchas veces es peor el remedio que la enfermedad. Ya se base en la guerra Rusia-Ucrania o Israel-Palestina, el conflicto en la película, que es clave, queda muy difuminado y en algún momento incluso ridículo, con esa panda de desarrapados que se van a enfrentar a un ejército bien equipado. Sobre lo menos bueno, está claro que a veces hay momentos de descarada exposición, como cuando los robots se cuentan entre ellos cosas que saben desde siempre, para que se entere el espectador, o cuando los secuaces de Luthor comentan sin venir a cuento la estrategia que están llevando a cabo, que obviamente tienen más que sabida y no es necesario expresar en ese momento. Son momentos un poco torpes de guion. Por ejemplo: ¿qué pinta esa niña despistada con cara de estar dando un paseo tan tranquila en medio de una lucha épica? No, que ando por aquí a ver si ocurre algo morrocotonudo y el protagonista de la película me salva y de paso lo ponemos en el tráiler.
Respecto a algunas críticas que se le hicieron a la película antes incluso de que se estrenase, todo infundado. Lois Lane es intrépida, algo cargante y agresiva a veces, pero es que siempre ha sido así en los comics y en las distintas adaptaciones, y respecto a la breve aparición de Supergirl, que es poco más que un cameo, tampoco me parece que ejerza de niñata malcriada que se cree el centro del mundo, su aparición es tan corta que no cabría todo eso, simplemente su presencia redondea la idea de que estamos ante un universo de ficción complejo y detallado que se nos irá revelando en los años sucesivos. Sencillamente Superman mira a su prima fiestera con la condescendencia de un adulto que comprende a una adolescente, y sólo le falta decir lo del Fary: "Deja a los chavales que camelen y le den a la mandanguita". Algo más polémica es la idea, que veremos si cambian luego, de que Superman ha sido enviado por sus padres para ser el dictador del planeta, algo que también ha sido explorado en algunas historias alternativas, en las que a algún kriptoniano poco menos que a su palacio le llegaban volquetes de concubinas. Es curioso también porque se completa un extraño círculo de influencias: el origen de Son Goku es en parte una parodia y homenaje al de Superman, ya que lo envían en una cápsula desde su planeta precisamente para eso, para conquistar planetas llenos de gente débil, y ahora parece como si el mismo origen de Superman tomase esa idea prestada de vuelta.
También algo que se le puede achacar a la película es una crítica a James Gunn en general. Porque James Gunn es un frikazo, se formó en La Troma, es un gamberro y todo lo que uno quiera, pero eso no quita que sea un tremendísimo MOÑAS de marca mayor, un moñas absoluto cuando quiere y sin ocultarlo. Sólo hay que ver algunas escenas de la trilogía de Guardianes de la Galaxia, o la serie de Creature Commandos, que eran absolutamente lacrimógenas y melodramáticas, como si antes de escribir Gunn se hubiese metido unas rayas de las páginas trituradas de Los miserables. Es muy moñas el hombre, y aunque aquí por momentos parece algo comedido despunta esa ñoñería sentimental, que desde luego está en las antípodas de la propuesta grandilocuente de Snyder, y aunque el Superman de Donner también tenía su dosis de ñoñez la equilibraba con una epicidad que se salía de toda escala.
En definitiva, bien. Por supuesto que se toma muchas libertades narrativas, pero no son arbitrariedades fruto de la precipitación y de la impericia narrativa, sino que se basan en los tropos y licencias del mismo género, que prima siempre la fantasía y la espectacularidad sobre todo lo demás. Algo que cuando se hace mal es un desastre, pero cuando se hace bien como es el caso te deja con muy buen sabor de boca.
Lo bueno del cine clásico es que, aunque hayas visto mucho, se hicieron tantísimas películas que siempre te quedarán por ver, algunas muy buenas, otras medio regulares, pero siempre como mínimo interesantes por un motivo u otro.En este caso es Capitán de Castilla, peli de aventuras de 1947 que aunque aquí se vea el trailer en blanco y negro es en colorinchis saturados de la época, y que como era de esperar trata de Españita, en particular de la conquista de México... más o menos. No es ni de lejos una grandísima película, pero coño, está nada menos que Henry King dirigiendo, no uno de los directores más grandes de la época pero sí un profesional que siempre te sacaba una buena película, y sobre todo brillan sus protagonistas: Tirone Pógüer, pronunciado así como lo habrían hecho nuestros ancestros cuando esta película se estrenó, que interpreta a un hidalgo inventado, y el gran César Romero, estadounidense si bien hijo de español y cubana, que da vida a Hernán Cortés.
El guion es la adaptación de una novela de aventuras de gran éxito publicada un par de años antes, y tiene dos partes bien diferenciadas en las que se mezclan hechos históricos más o menos bien reflejados y algunos despropósitos y lugares comunes de la época, y que todavía siguen vigentes.
La primera parte se desarrolla en Españita, en los tiempos de Carlos I, y aparecen típicos lances medievalizantes que nos podemos encontrar en cualquier película de la época, da igual que sea en España, Francia o Inglaterra: va la moza a lavar al río (literal), se encuentra con los lacayos del noble de turno y estos le azuzan a los canes por pura diversión e insinúase que además tienen intenciones más aviesas. Menos mal que llega el noble noblote que no ha interiorizado del todo las diferencia de clase o estamento para desfacer el entuerto, pues aunque entonces el Quijote no se había escrito estamos en la época de máxima popularidad de las novelas de caballerías. Esta primera parte tiene el marchamo de "no me he leído un libro de Historia en mi puta vida, o si lo he hecho me ha entrado por un oído y me ha salido por otro". Es cierto que en la época lo de los estudios de historia social no se estilaba mucho e incluso en tratados serios te podías encontrar con muchas cosas que hoy sabemos que eran barbaridades, pero aun así provocan cierta vicisitud al verlo. Por ejemplo cuando un noble le recrimina a otro que le diera unas cuantas patadas en el culo a esos lacayos que se pasaron de la raya. Por muy siglo XVI que sea ir por ahí estuprando mozas no era legal, y el noble en cuestión le habría dicho a nuestro héroe Tirone Pogüer que por él como si los hubiese matado: por hideputas, por no saber comportarse a su servicio y por no saber enmascarar su baja nacencia de villanos.
Porque claro, en el malo de la película se centra todo el grueso de la Leyenda Negra, eso que está tan de moda. Por un lado, como ya dije, hay un poco de todo de "el pasado era arbitrario y te iban dando puñaladas por la calle", que es propio de las películas de la época y que da un poco igual en qué zona de Europa transcurra, y luego hay ciertos detalles específicos con España. ¿Sobre la conquista de América? Qué va, en esta época el indigenismo todavía estaba como mucho en pañales, y en las películas del oeste se mataba a sioux y comanches con total liberalidad, así que no van por ahí los tiros. Por un lado hay un indio esclavo que ha escapado de su malvado amo, el pérfido noble que es el malo de la película, y al que Tirone Pogüer ayuda a escapar a la vez que protege la honra de la moza, y que sabremos que ha vuelto a América... ocho nabos, porque no entiendo cómo. ¿Se planta en Sevilla un indio al que están buscando y se embarca por las buenas en un barco? No se lo cree nadie, Hulio. El padre del protagonista, no os lo perdáis, es tope de woke para la época, y dice sin venir a cuento que "la tripulación de Colón era la hez de la sociedad y gente sacada de la cárcel". Buenooo... Esto es un mito muy arraigado, tanto que treinta años después lo veremos repetido en el capítulo dedicado a Colón en la serie Érase una vez... el hombre. Obviamente los marineros de la época era gente bragada y de armas tomar en general, no licenciados por Salamanca, pero todas las expediciones de la época elegían cuidadosamente a su tripulación por la cuenta que les tenía (ya sabéis, no morirse y eso), así que la tripulación de Colón no era peor que cualquiera que en aquellos días navegase por el Mediterráneo o el Báltico. A día de hoy, por si no lo sabéis, las tripulaciones de la marina mercante a nivel mundial siguen teniendo la misma fama, si no peor, de estar compuesta por gente huida de la justicia y con la que mejor no tener problemas. Hay cosas que nunca cambian.
Por otra parte la película se hace un taco importante confundiendo en todo momento a la Santa Hermandad y el Santo Oficio, y el malo aprovecha que el padre del prota es así como medio tibio en algunas opiniones para encerrarlo y juzgarlo por la Inquisición, sin que en ningún momento lleguemos a ver ni a un cura, ya que la Liga Católica de la Decencia presionó para rebajar el tono de la novela, así que no se entiende nada. Sí, más de veinte años de los Monty Python existía el mito de la Inquisición Española, que no fue ni mejor ni peor que en otras partes de Europa, en algunos casos incluso mucho más indulgente o leve, pero tras varios siglos de repetir la misma mentira se ha vuelto en una realidad incontestable. Lo gracioso es que nos lo muestran como un sistema en el que arbitrariamente (no, en la Edad Media y Moderna había sistemas judiciales complejos y que garantizaban derechos) se puede meter a alguien de sangre noble en la cárcel por las buenas con falsas acusaciones y sin testigos. Eso, sencillamente, no pasaba. Y coger a una niña de doce años, también noble, y darle tormento porque sí, tampoco. Pero bueno, estamos en una peli de aventuras de la época, y uno de los tropos del Jólibud de entonces consideraba que durante siglos en el viejo continente eso era lo más normal del mundo. Pues no, no lo era. No es que se viviera de lujo o no se cometieran injusticias, eso está claro, pero ese nivel de pitorreo, pues tampoco.
También hay que decir que si bien el malo es un español (en la película siempre se usa el término castellano) y el sistema al que representa es la España de Carlos I, que curiosamente es uno de los reyes y reinados más "europeos" que hemos tenido, aunque España a ese nivel no era ni más ni menos bárbara que la Francia o Imperio de su tiempo, también son castellanos los personajes de Tirone Pogüer y su juicioso y antiimperialista padre, y también aparecen muy bien reflejada la bondad o falta de mala intención de otros muchos personajes españoles. Una cosa por la otra.
Hay, eso sí, un momento muy interesante en la transición de la primera a la segunda parte, en el que Tirone Pógüer consigue tener a su merced al fementido felón que ha causado la ruina de su familia y de su nombre, y le ofrece no matarlo a cambio de que precisamente él, que va de defensor de la pureza de la fe y encausa a los demás como agente de la Inquisición, renuncie a su fe en Dios, a lo que el malvado y cobarde personaje obviamente accede, solo para que nuestro Tirone le ensarte el pecho con la espada, pues como es lógico el perseguido Tirone quiere matarlo, pero asegurarse igualmente que arderá por toda la eternidad en el Infierno al haber muerto en pecado mortal. Eso es vengarse a mala sangre, y como Tirone es en el fondo una buena persona y buen cristiano esa muerte la lleva en la conciencia cuando se escapa a América con unos amigos.Que bueno, nos lo vamos a creer. Que estamos por 1520, y viajar a América no era ni mucho menos tan sencillo, prácticamente miraban con lupa quién iba. El otro mito es que a América llevamos a lo peor de cada casa, pero eso no tiene ninguna lógica, es una proyección histórica falsa porque en un siglo, el XVI, España apenas pudo mandar al nuevo mundo unas 250.000 personas, y casi todo el mundo tenía que estar más que bien cualificado y tener una función y algo que ofrecer para no convertirse en una carga o en un foco de problemas. Lo que les hubiese faltado a los gobernadores militares y civiles de aquellos lugares, que se les hubiesen llenado con gente sin oficio ni beneficio recién salidos de la Casa de Monipodio. Por eso mismo, por si fuera poco, si eras un fugado de la justicia, como es el caso de Tirone y sus amigos, no entrabas en un barco a través de la Casa de Contratación sino a lo mejor con una cantidad de sobornos desorbitada, y este no sería el caso pues escapan con una mano delante y otra detrás.Así que a América que se va Tirone, un amigo y la moza lavandera, que responde al nombre de... Catana. Yo no he conocido a ninguna Catana en mi vida, y desconozco si era un nombre popular en el siglo XVI, pero me da a mí que no, y es una invención, como tantas otras, de Samuel Shellabarger, el autor de la novela original. Al menos se apellida Pérez, algo es algo. El prota y el malo se llaman respectivamente "de Vargas" y "de Silva", los primeros nombres hispanos que le sonaban al autor de la novela.
Así que lo hizo un mago y nos creemos que aparecen en Cuba, y empieza la segunda parte de la película en la que tenemos a Hernán Cortés interpretado por un vivaracho y vital César Romero casi tan enérgico como cuando fue el Guasón en la serie de Batman. Esta segunda parte, no nos vamos a engañar, es un poco de sainete, tiene sus lances aventurescos propios del género, bastante bien resueltos, y desde luego sigue con la tónica que no discute en ningún momento la misión civilizadora de la cultura occidental, bajo cualquiera de sus denominaciones, y su derecho a imponerse sobre los salvajes, ya sea con el séptimo de caballería en el Oeste, con los lanceros ingleses en la India o, como es el caso, con los conquistadores españoles reclamando todo lugar donde se hacía el "requerimiento", te entendiesen los indígenas o no lo que les estuvieras diciendo. Aunque en la primera parte no hemos visto ni a un cura en esta segunda sí saldrá un monje evangelizador, igualito a los de Marcelino Pan y Vino, que anda haciendo de Pepito Grillo a Cortés y a todo hijo de vecino recordándoles que todo lo que se haga es por llevar la palabra de Cristo a los gentiles, que eso del oro y las tierras es lo de menos, a lo que todos le responden que sí, claro, cómo no, en eso que tú dices estamos pensando, no en otra cosa.
Pese a todo, y que es una película para todos los públicos donde no vamos a ver gente en fila esperando a ser sacrificada como en Apocalypto, ni a los españoles y sus aliados cargándose a quien se les ponga por delante, la película bajo esa capa descafeinada y amable sí muestra más o menos la esencia de lo que ocurrió históricamente: Cortés se muestra como un tipo ambicioso que quiere enriquecerse y ganar gloria, incluso actuando por cuenta propia y sin ninguna directriz del gobernador de Cuba, aparece con bastante exactitud la importancia que tuvo Malintzin, la Malinche o como la llaman siempre en la película "doña Marina", y ya vemos cómo Cortés la corteja mucho, o como dirían en la época "la trata con donaire y con mucho halago hacia su persona".
De todos modos no creáis que iremos a ver la conquista de Tenochtitlan, qué va. En realidad la película acaba cuando Cortés va a verse por primera vez con Moctezuma, así que solo veremos su encuentro con otros pueblos que serán sus aliados y con algunos embajadores mexicas, y podemos ver cómo se insinúa que en el ejército comandado por el extremeño los españoles eran solo una pequeña parte del total, y el resto eran "indios auxiliares", como se los denominaba entonces. De hecho hay un momento bastante jocoso en el que Cortés le pregunta a doña Marina si tal pueblo es amistoso o belicoso con los extraños, y ella responde: "A veces son amistosos... y a veces son belicosos". Vamos, que Malintzin era algo gallega. Entre los asuntos políticos y guerreros, y el regreso del malvado de la película, que sobrevivió de milagro a la estocada mortal de necesidad, se desarrolla otro aspecto fundamental que es el romance entre el jienense Tirone y Catana, que además comparten toda una escena musical bailando... ¿qué coño iban a bailar sino flamenco, lechones? Por supuesto también nuestro prota se encontrará con su antiguo amigo indígena al que había ayudado a escapar, si es que en las películas de esta época no daban puntada sin hilo, y mira que uno pensando que toda América era grande de narices pero al final es un pañuelo, y por supuesto podrá devolverle el favor cuando más lo necesite, y ya sobre cómo el sufrido mesoamercano volvió a su casa tampoco me lo voy a preguntar demasiado, porque sé que nadie me lo va a explicar. Vale que la película es larga, 2:20 horas, pero no dejan de pasar cosas y relleno no tiene.
¡Arsa, arsa!
En definitiva una película de aventuras más que clásica, una banda sonora muy buena que ganó el Oscar, y que me suena a mí que ha sido no solo fuente de inspiración de muchas otras fanfarrias, sino que la han plagiado descaradamente mil veces, y un espectáculo con mucha luz y color que en su fantasía contrasta y mucho con el canon actual en el que todo, desde el siglo VI hasta como mínimo el XVIII, era indefectiblemente de color marrón oscuro, negro o gris.
Hoy toca parlotear de una película cuya fuente literaria, la novela Erasure, ya fue comentada en este nuestro bló familiar de periodicidad variable. Aquí nos encontramos con su adaptación cinematográfica, más o menos fiel, que aporta algunas cosillas de su propia cosecha. El resultado es francamente notable, y se nota que hay un guion bien pensado y trabajado.
Quizá la primera tentación sería decir que estamos ante una película, quizá de las pocas, abiertamente anti-woke, ese término que yo nunca uso porque ese tipo de pensamiento, cuya versión posmopop, infantilizada y adaptada para que la pueda hacer tiktoks sobre ello, cuando yo estudiaba, la llamábamos con términos mucho más precisos como "basura infumable", "pensamiento más blando que la caca de pavo" o sencillamente "efectos de un derrame cerebral severo". Y lo que no solemos encontrar ahora ni siquiera es la mierda buena original y sin cortar, que ya tenía delito, sino como ya digo su versión apta para que cualquiera se ponga a soltar sofismas y revolcarse en la "generalización sobre el propio caso" en la última red social de moda, dos minutos y a correr. Que uno ya tiene una edad, y lo de hacerse el guay soltando lapidariamente con gesto interesante "la culpa de todo la tiene la sociedá" ya lo escuché hace mucho tiempo.
Así que no, la película no es anti-woke porque eso ni siquiera es realmente posible, en todo caso es un análisis de la hipocresía de lo bienpensante, y de la codescendencia. Aun así abre con una escena, no presente en el libro original, que sí parodia perfectamente algunos de los más lamentables episodios que nos han llegado desde las universidades de los EEUU, donde se ha cumplido a rajatabla la famosa frase de Marty McFly en la que desde los ahora idealizados años ochenta se preguntaba que qué nos pasaba en el futuro, si nos habíamos vuelto gilipollas o qué. Pues básicamente, en algunos casos, sí. De ahí que en esta escena el protagonista, un afroamericano profesor de literatura, es interpelado por una alumna ya que ha escrito en la pizarra "la palabra con n", vamos, lo que viene a ser nigger, y eso la ofende profundamente. El profesor, con toda la razón del mundo, le dice que allí todos son mayorcitos, que están hablando de un período histórico determinado, y que si él puede soportarlo siendo negro, que nadie tiene por qué darle lecciones sobre tolerancia. Episodios parecidos a este se han dado y están documentados, así que en este caso sí se puede decir que la película empieza tirando con bala desde el minuto uno. La alumna se marcha llorando de clase muy tiggereada, porque el episodio le causa mucha ansiedá y trauma, y como es de esperar al profesor le cae encima el buenrollismo de todo el claustro porque... ha dicho Jehová.
Como no nos cansamos de repetir algunos, ni las películas de Monty Python ni 1984 de Orwell son manuales de instrucciones, sino historias que nos advierten sobre el absurdo del totalitarismo y de sus contradicciones. Obviamente la escena de "ha dicho Jehová" muestra que no se puede mencionar un tabú ni siquiera para explicarlo, que es en el fondo algo muy estúpido, y que sin embargo nos hace pensar que probablemente un cura en un colegio religioso no tenga ningún problema para amonestar a un niño que se haya cagado en Dios diciéndole "No vuelvas a decir me cago en Dios". Si el niño le echase en cara al cura que ha dicho lo mismo que él el señor cura padre payo le recordará que peca el que tiene en su ánimo pecar, que las palabras en sí mismas no tienen pecado alguno, sino que peca quien las utiliza para blasfemar, como sería el caso del niño, mientras que repetirlas para afear a alguien su acción no tendrían ninguna intención de ofender a Dios, sino todo lo contrario. Creo que está claro: no es lo mismo llamar a alguien hijo de puta, o maricón, que citar esas palabras para explicar por qué está mal referirse a alguien usando esas palabras. Pues no, no creo que esté tan claro, porque como ya he explicado ha habido varios casos en los que a alguna gente se le ha buscado la ruina solo por citar las palabras prohibidas. Pues sí, nos hemos vuelto algo gilipollas en el futuro. El primer paso es reconocerlo.
Y no creo que esto tenga una solución fácil, ni que vaya a ser sencillo desandar este peligroso camino. Recordemos que en las universidades de allá hay una verdadera caza de brujas por ejemplo con los disfraces de Jálogüin, sobre cuáles pueden ser válidos o no dependiendo de si hay o no apropiación cultural o sexualización, o si llevas rastas o aros en las orejas, mientras que la recientemente destituida Claudine Gay, una mujer negra rectora de Harvard y una pija de manual educada en escuelas y universidades privadas, y que seguramente no haya visto nunca ni de lejos a un racista genuino de Alabama desde los restaurante de Nueva York en los que se come tostadas de aguacate ecológico a 20 táleros, en una audiencia del Congreso donde se trató el tema del rampante antisemitismo en algunas universidades, que ya tiene que ser la cosa grave para que te llamen del Congreso a ver qué coño está pasando, dijo una frase que quedará para la posteridad: "Depende del contexto". Ponerte un disfraz sin ánimo de ofender a nadie pero que los demás se ofendan, pecado capital, eres peor que Hitler como le decía a Homer otro personaje cuando lo pillaba fumando, pero decir muy en serio en medio de un campus universitario que hay que acabar con todos los judíos, como ha llegado a ser el caso... ya tal, como diría Rajoy. Y no puedo estar más de acuerdo: no es lo mismo decir me cago en Dios sintiéndolo que nombrar esas mismas palabras en alusión a una blasfemia, y para decir que no se debe usar la palabra nigger hay que pronunciar la palabra nigger. El contexto es muy importante porque así, por ejemplo, sabemos que Rudyard Kipling no era nazi aunque en las primeras ediciones de sus libros aparezcan impresas sauvásticas, ya que el señor conocía la cultura de la India y ganó el Premio Nobel en 1907, mucho antes de que el señor pintor austríaco con bigote fuese cabo. Lo malo es que en esto, como en todo caso, se aplica la ley Romanones, más implacable incluso que la de la gravedad en su cumplimiento, así que para los contextos nuevamente, a conveniencia: “A los amigos, el culo. A los enemigos, por el culo, y a los indiferentes, la legislación vigente”
Respecto a la adaptación en esencia es completamente fiel al espíritu del libro. El protagonista es plenamente consciente de que él es negro y conoce los problemas que su gente ha tenido y tiene en los EEUU, pero eso no implica que él deba comportarse de una manera u otra, que deba tener unos intereses u otros y que no vea con cierta ojeriza a los miembros de su raza que impostan ciertas actitudes y que se victimizan porque saben que de ahí sacarán tajada. Igual que en la novela el protagonista se enfrenta a la paradoja de "cuanto peor, mejor", pues cuanto peor escriba, él que siempre ha tenido un refinado estilo, y cuanto más maleducado y zafio parezca, más despertará la admiración de la gente que, pensándose los más antirracistas del mundo, lo juzgarán únicamente por ser miembro de una raza a la que proteger y ayudar de forma paternalista y condescendiente. Por otro lado, se desarrolla un poco más la historia familiar del personaje, y las sucesivas tribulaciones por las que tiene que pasar explican en parte que se meta en esa farsa que se le escapa de las manos. Igual que en el libro, el final se deja abierto, o indefinido, e incluso se intenta dar cierta salida a la historia de amor con la vecina.
También se ha estrenado hace poco una de las últimas películas interpretadas por nuestro señor y salvador Nicolas Cage, que está que no para, que ya he visto más cosas anunciadas de él. Y de eso que nos alegramos, porque nunca podremos tener suficiente de Nicolas Cage en nuestras vidas.
En este caso el viejo Nic interpretará a un profesor universitario más bien anodino que sin ninguna explicación empieza a aparecer en los sueños de la gente, en principio simplemente como mero observador, el famoso "pasaba por aquí". También se ha dicho de esta película que trata sobre la llamada cultura de la cancelación, pero no me lo parece en absoluto: el profesor no hace absolutamente nada reprobable para que lo censuren, simplemente se enfrenta a lo que conocemos como una situación kafkiana, esto es, incomprensible y absurda de la que no hay forma de salir. Sí trata, en cierto modo, de la viralidad de internet, de la fama efímera y absurda y cómo esta siempre atrae a un conjunto de personas incapaces de controlar sus impulsos o que van a querer sacar rédito de las desgracias ajenas. Cuando la situación degenere, como era de esperar, y la naturaleza de los sueños en los que aparece el personaje se vuelva sexual o violenta, entonces es cuando todo se vuelve mucho más turbio y enfermizo, sobre todo en el mundo de la vigilia donde el personaje de Cage será rechazado por la sociedad sin haber hecho nada en unas circunstancias sobre las que no tiene el más mínimo control. Uno de los principios básicos del derecho es Cogitationis poenam nemo patitur, El pensamiento no delinque, pero eso solo tiene sentido legal, nadie detiene a Nicolas Cage por las imágenes que los demás tienen de él en sus mentes o fantasía, pero eso no impide que el mundo lo condene al ostracismo y lo trate con una violencia cada vez menos contenida.
Lo más reseñable es desde luego la primera parte de la película, con el desarrollo de la premisa, que está muy bien, y desde luego la actuación de Nicolas Cage, que como ya sabemos es uno de los más perfectos ejemplos de belleza viril del planeta, y que aquí por medio de su lenguaje corporal y sus miradas de perrito abandonado compone a un ser completamente anodino y gris, e incluso dentro de ese registro consigue un rango de actuación memorable por ejemplo al hacer dos interpretaciones completamente distintas de sí mismo entre la versión en la que aparece en la fantasía de una chica y luego en el amago de repetición de esa misma escena en la vida real. Lo peor, pues... que como estamos ante una situación profundamente kafkiana... ¿qué es lo que pasa con las historias kafkianas? Pues lo mismo que supo de primera mano el mismo Kafka, que no hay manera de saber acabarlas, o por lo menos no de forma satisfactoria, se mete uno en un pitote argumental y luego no sabe cómo salir de él. Una solución obvia es la salida trágica, en la que una vez destruida identidad social del protagonista este opta por el suicidio, que no digo que hubiese sido la mejor, pero la verdad es que creo que cualquier cosa habría funcionado incluso mejor que lo que se nos ofrece, que es una explicación vagamente cienciaficcionera que se apaña con un lapidario "el dualismo tenía razón, Jung tenía razón" (no, no la tienen). Eso priva al protagonista y a su historia de la excepcionalidad que propone de inicio la premisa, y deja el camino libre para un final agridulce y medio buenrollista que bueno, como se decía en Los Simpson, "es un final y ya".
Cuando fui a ver esta segunda película animada de Spíderman (yo ahora sólo lo escribo así, como forma de resistencia anticolonial), me llamó la atención que además de los avances se nos recordase que estaban a la venta y en vídeo bajo demanda las pelis de la Sony sobre el personaje, que recordemos que todavía lo tiene pillado. Y desde que volvimos a ver a Tobey Maguire y Andrew Garfield interpretando al personaje y compartiendo película con la actual iteración de Peter Parker, pues ya sabemos lo que siempre hemos sabido, y que tan bien expresó Alan Moore al decirnos que todas las historias son imaginarias, así pues no es necesario obsesionarse con qué es canon o qué pertenece o no a la línea oficial de un universo compartido. De hecho ahí tenemos el ejemplo más claro: el universo Marvel de los comics y su universo cinematográfico son por así decirlo dos realidades diferentes, y nos tiene que importar entre poco y nada. Sobre todo si lo que se pretende es convencernos, y tampoco cuesta mucho, de que el lote de películas que no son del todo parte del UCM lo son de forma indirecta, así que no habría motivo para no meter las pelis anteriores de Spíderman, así como los bodrietes de Los 4 Fantásticos o las del Motorista Fantasma en el mismo saco, y seguir haciendo dinerete con ellas. Todo vale para el convento, o en este caso para las poco saneadas arcas de Disney. No sé si es inclusión forzada o no, pero es inclusión, o sencillamente meter cosas en el saco para que abulte más, eso según lo interprete cada uno.
Uno de los mejores chistes que se han escrito del personaje: "Creo que JJJ me odia... porque soy negro".
En el caso de Miles Morales tenemos otro ejemplo, ya que fue el segundo Spíderman del Universo Ultimate, una idea buena y mala que acabó como tenía que acabar, mal, con un apocalipsis, de modo que ahora ese personaje y otros forman parte del universo clásico con continuidad desde 1961. Lo curioso es que se incide mucho, por lo menos en los comics, que su nombre de héroe es el que es, y desde luego su popularidad ha crecido desde el 2011 que fue creado, pero para saber de quién se habla siempre se tiene que decir Miles Morales, Spíderman, y lo mismo reza para el hijo adolescente de Supermán, que se supone que se llama así también pero para identificarlo es necesario decir igualmente que es Jon Kent, si no en quien vas a pensar es en su padre. Sobre el caso del personaje doble combo, afroamericano y latino, se dice que fue tanto un intento de crear un personaje más moderno y políticamente correcto como un homenaje a Obama o tantas cosas más, pero lo importante es que si el personaje ha perdurado y ya lleva dos películas a sus espaldas debe ser por algo, y probablemente sea porque es es un personaje atractivo y bien escrito.
En el caso de esta última película de Marvel, sólo podemos decir una cosa mala, y es que ya sabíamos, aunque me enteré casi el mismo día en que vi la película, que acabaría como el mismo orto, pues se trataba de uno de esos casos de primera parte de una peli cuya segunda parte tendrás que esperar un año para ver. Son las reglas del juego, y aunque a uno no le gusten sabe a lo que va, así que en efecto la película termina con un soberano chof. Que ya sabemos que no es algo nuevo en el cine y que existieron los seriales, y El imperio contraataca tiene cuarenta años, no es nada nuevo, pero no termina de ser un poco una tomadura de pelo. Otra cosa mala, y eso ya es aparte de los méritos de la película, es que nos hemos enterado de las prácticas más bien turbias de la producción de la película hecha a matacaballo y con gente a la que se le impuso unas condiciones laborales cercanas a la de los siervos de la gleba, y eso de por sí es desagradable de pensar y sobre todo hace pensar que ya parece que no hay sitio al que escapar de la neofeudalización a la que nos quieren someter. En fin, malos rollos. Mejor hablar de otra cosa.
Por lo demás, si nos atenemos a lo que la película es por sí misma, sólo se puede decir que es la polla con cebolla. Estéticamente es un gozo plano a plano y escena a escena que nos lleva a ese final poco satisfactorio pero que a la vez nos deja con ganas de más. Incluso si prescindimos del hecho de que el protagonista es una copia modificada del personaje original y la coprotagonista una versión de un personaje amargamente llorado por los aficionados a los comics desde nada menos que 1973 la cantidad de referencias de todo tipo que podemos ver en pantalla a la historia del personaje es abrumadora y se llega incluso a la microrreferencia, de modo que sólo podrás pillarlas todo poco menos que si eres un erudito del lanzarredes. Sin embargo eso no impide ni por asomo que la película se entienda, simplemente tienes que aceptar el hecho de que existe un multiverso con multitud de versiones de un mismo personaje, incluidas las de imagen real que ha hecho Sony, pues como bien se ha hecho notar salen imágenes de Maguire y Garfield, pero no del actual Spíderman integrado por puro interés, y en calidad de jugador cedido, al UCM. En cuanto al malo es memorable, pasa de ser una especie de villano algo patético de los que Spíderman tiene alguno, y que sirve para hacer humor con ellos, a convertirse en una amenaza temible que se guía no por una ambición absurda, sino por puro despecho al verse despreciado y minusvalorado por todos, y cuando se nos revela a lo que será por así decirlo "el nuevo malo" tampoco es que nos sorprendamos demasiado pero seguro que en la segunda parte dará mucho juego.
Gerry Conway, si te metes de noche por un callejón oscuro ten cuidado que no esté yo por ahí con un cuchillo para hacerte la morición, porque te vas a enterar. Ni olvido ni perdón.
Todo funciona, cada universo tiene su propia paleta de colores y su textura en un ejercicio de preciosismo formal que completa las ya muy buenas decisiones de la primera parte, que ya por sí misma fue una magnífica adaptación del lenguaje de los comics al cinematográfico por medio de la animación. Y es que yo, alguna vez lo he comentado en este bló familiar, ya lo sabéis, soy en parte detractor de las películas de superhéroes en imagen real. A ver, algunas están muy bien, pero siempre va a fallar algo y siempre habrá un problema irresoluble que nunca se arreglará hasta no llegar a la pura imagen de síntesis por medio del cgi. Tanto en un cómic, como en un dibujo animado, un trazo o un píxel de un bosque y el de una nave espacial están al mismo nivel, un personaje puede volar o moverse de forma inhumana y eso es real al mismo nivel que camina por la calle, y esa es una magia que de momento no se consigue del todo con la mal llamada imagen real. Por eso experimentos tan locos como este sólo pueden funcionar por medio de la animación, y un concepto tan friki y supuestamente especializado dentro del mundo de la fantasía como el multiverso puede ser aceptado por el conjunto de los espectadores. Obviamente si leíste hace casi cuarenta años las Crisis en Tierras Infinitas, hace más de veinte entendiste perfectamente la jugada del Universo Ultimate o sabes que Moorcok hizo mangas y capirotes con ese concepto en sus novelas del Guerrero Eterno, que Elric conoció a Conan en los comics, que la idea ya aparece habitualmente en relatos de ciencia ficción desde los años 1930, y que incluso hubo series de televisión en las que un conjunto de personajes vagaban de una realidad a otra buscando la suya de origen, pues no te vas a sorprender, pero probablemente en general no es una idea demasiado común en la ficción, y eso que hasta en la literatura más meinstrim las ucronías han sido utilizadas incluso por autores como Chabon en El sindicato de policía yiddish.
Y mientras Marvel, o casi mejor dicho Sony, triunfa con su cinta de animación, DC vuelve a las andadas con su hasta ahora última película del renqueante Snyderverso, que empezó mal, nunca terminó de funcionar y obviamente tenía que acabar todavía peor. De todos modos a mí la película, sin dejar de darme cuenta de que es un calamitoso accidente de trenes y una película que quizá nunca debió suceder, aunque se note que podría haber salido un título más que aceptable en otras circunstancias o en una realidad alternativa (guiño, guiño) donde no se hizo tanta marcha atrás ni hubo tantas malas decisiones, pues en general me ha gustado moderadamente, y bastante como pura experiencia friki. Quizá es porque, en el fondo, pensaba que había que ver lo positivo de que, a cada película nueva que vemos de esta travesía por el desierto que empezó hace diez años, toda una década perdida, más cerca estamos de que todo se vaya a tomar por saco y cual patéticos mendicantes nos podamos arrastrar hacia el creador de la trilogía de Guardianes de la Galaxia mientras le imploramos: "Ayúdanos, James Gunn. Eres nuestra única esperanza". Que ya verás luego tú si, pero de momento la ilusión no nos la quita nadie. Es decir: debemos celebrar que se estrene Flash porque eso significa que estamos más cerca de que termine esta pesadilla sin orden ni concierto que ha sido el DCCU.
La película, buena... lo que se dice buena... no es. Pero tampoco es horrible. Incluso si la comparas con la serie del Arrowverso, cuyas últimas temporadas ya fueron cada vez más meh, no hay por dónde cogerla, y eso que los efectos especiales de la serie eran obviamente... pues los del Arrowverso, más no se les podía pedir, y aun así se las apañaron para montarse una versión crossover bastante decente de las Crisis en Tierras Infinitas y una versión de la saga Flashpoint, en la que se basa también la película, bastante aceptable y comprensible. Incluso en las Crisis tuvieron la buena idea de que el Barry Allen de la serie se encontrase con su versión de este DCCU que pronto va a a desaparecer, elegante detalle que la película no tuvo la cortesía de devolver, esperemos que por problemas de agenda o de otro tipo y no por prepotencia o sencillamente porque en ese sindiós que fue la producción de esta película nadie se acordó de que habría estado bien que saliese también el Arrowverso, que pese a sus muchas carencias al menos siempre supo a lo que jugaba y abrazó desde el minuto uno sus limitaciones y que el género que adaptaba era sobre todo para pasárselo bien sin complicaciones, para hacer referencias chorras y para meter fanservice y cosas bastante molonguis como poner en el momento justo la canción de Queen que ya en origen parecía cachondearse del mismo personaje de Flash Gordon.
La película no funciona y los efectos especiales, en efecto, hay momentos en los que parecen estar a medio hacer. Las comparaciones son odiosas, pero a veces hay que hacerlas, y las dos escenas de Mercurio/Quicksilver en las películas de los X-Men de 2014 y 2016 corriendo más rápido que una explosión le dan sopas con onda a lo que veremos en Flash, donde no sé si querían hacer un efecto de hipervelocidad novedoso, homenajear el estilo de Carmine Infantino al dibujar al personaje o, sencillamente y lo más probable, sencillamente es que no daban para más y así ha quedado la cosa. Sin embargo por momentos la película sí me funciona y como digo se entrevé la película que podría haber sido. Aunque el personaje principal es un Flash bastante idiota desde su primera aparición en el DCCU, en este caso te crees que el mismo actor hace dos versiones de la misma persona con bastante soltura, aunque como pensé yo desde el primer momento quizá el ser medio esquizofrénico le ayuda bastante a la hora de prepararse este tipo de personajes, el juego de las distintas versiones de los Batman no he podido evitar que me hiciera gracia y otras circunstancias que se han criticado a mí me parecen perfectamente válidas dentro del género, como que de repente Batman sepa de líneas temporales entrelazadas a las que da explicación con un plato de espagueti, porque cosas más raras saben o son conscientes de ellas por arte de birlibirloque, o que de repente a su avanzada edad y con un aspecto físico deplorable en cero coma se vuelva a convertir en una eficiente máquina de dar hostias como panes aunque crujiéndole las articulaciones, que es lo mismo que pasaba en el Dark Knight de Miller y ahí no nos pusimos tan tiquismiquis. Superwoman funciona, aunque hay un par de escenas que no sabes si va o viene, la escena tipo Frankestein es un poco de juzgado de guardia y la explicación del determinismo del multiverso, igual que aparece en la cinta de Marvel con "acontecimientos que deben suceder y son inevitables" está bastante peor explicada. La historia de Flashpoint es demasiado compleja para poder meterla en una película y el resultado es claramente precipitado, y no hay tiempo ni ganas de saber quién y por qué quiere matar a Maribel Verdú. Al menos por momentos se nota que la película es consciente de sus incapacidades y casi decide burlarse de sí misma con un humor un tanto tontorrón que por desgracia terminará desentonando con los momentos épicos... por llamarlos algo, porque tampoco están excesivamente bien llevados y en el caso de la inevitable tragedia y muerte de algunos de los personajes quizá esperábamos algo más solemne o memorable. El final es tan chanante, con todas las esferas de las distintas realidades colisionando y todas las múltiples referencias apelotonadas a toda prisa incluso con la aparición estelar de nuestro señor y salvador Nicolas Cage da entre penita y emoción profunda, supongo a unos u otra sensación dependiendo de su estado de ánimo o con qué pie se hayan levantado ese día.
Como ya he mencionado anteriormente, el tropo del multiverso o de las dimensiones paralelas es ya muy viejo, e incluso ha aparecido en películas como Julia y Julia, Hombre de familia con nuestro señor y salvador Nicolas Cage, y hasta si me apuráis en Qué bello es vivir. En el caso de los comics de superhéroes, sin entrar en complicaciones, se considera que el concepto de multiverso, sobre todo en DC, empieza con el famoso Flash de dos mundos, en el que la versión del personaje de la Edad de Plata que tanto le gustaba a Frederic Wertham porque iba vestido de rojo como los comunistas y el mismísimo Diablo, se encontraba con la versión primigenia del personaje, creado veinte años antes en la Edad de Oro... y como se suele decir el resto es historia. De hecho como homenaje a este personaje Flash siempre ha sido, por así decirlo, uno de los catalizadores de las Crisis y de los distintos choques entre realidades y distintas facetas del multiverso, de modo que incluso Flashpoint fue el punto de partida para el ¿malogrado? Nuevo Universo DC que empezó en 2011, y que yo definí en su momento como que se caracterizaba porque todos los personajes se habían visto substituidos por su respectiva versión poochie, nueva continuidad esta en la que básicamente han tenido que ir dando marcha atrás cambiándolo todo para que todo quedase má o meno como antes y en la que incluso tuvieron que buscar en un disco duro la última versión estable de Supermán para restaurar al personaje, sé que dicho así suena muy absurdo pero de verdad que eso y no otra cosa es lo que hicieron.
Tanto en un caso como en otro, ya sea en los comics, en las series o en los universos cinematográficos compartidos, se nos está comunicando un mensaje que en el fondo ya conocemos: todo es Canon. Sí, el UCM es oficialmente la Tierra-199999, mientras el Ultimate era Tierra-1610 y el clásico de toda la vida en el que se han publicado muchos miles de comics es la Tierra-616. Pero, como hemos visto y discutido, el multiverso hace que en el fondo todo, absolutamente todo, sea canon en alguna parte. En la misma versión en serie de las Crisis en Tierras Infinitas ya veíamos que existían las distintas realidades, y que la de las películas de Batman que empezaron con Tim Burton tomaba por nombre la fecha en la que se estrenó la primera película, 1989. Nuevamente, de alguna manera, todo es Canon, e incluso de forma muy reciente en Star Trek se ha hecho un apaño para que las Guerras Eugenésicas, que se suponía que tenían lugar en el siglo XX, se trasladen al XXI, de modo que la serie original sigue siendo canon aunque la Enterprise de los años 60 comparada con la versión actual sea como comparar un Seat 600 con un Ferrari. Lo contrario de lo canónico es lo apócrifo, que siempre suele ser mucho más caótico y divertido, y aunque hay un tiempo para la ortodoxia lo nuevo, original y cachondo suele surgir de la disidencia y la heterodoxia, que incluso con el tiempo puede convertirse a su vez en una nueva ortodoxia. No vivimos tanto tiempo como para que eso nos deba importar.
Lo cual nos lleva a la Doctrina Moore, que incluso ha aparecido en Los Simpson, y que complementa a las ya comentadas en este blog Doctrina Mazzuchelli y Doctrina Morrison. La Doctrina Moore es incluso más simple y lapidaria: "Esta es una historia imaginaria. ¿No lo son todas?"
Así pues hagamos caso a Sony que nos dice que sigamos viendo las pelis de los Spíderman que ya fueron y que están, por así decirlo, fuera de continuidad, sigamos viendo las películas en las que un Michael Keaton mucho más joven le parte la madre a Jack Nicholson sin importarnos quién interpreta al personaje ahora y hagamos lo mismo con los comics, pues ya hemos visto que más de una vez lo que hoy se consideraba canon ha terminado por ser desechado, así que qué más da. Tan irreal es una historia como la otra, todas son falsas o tan reales como queramos creer en ellas. El Quijote de Avellaneda o Los Anillos del Poder no son malos por no ser canon, sino porque son eso, malos. Todo es Canon en algún lugar del Multiverso, así que en realidad, en el fondo, nada es Canon, todo es una ilusión y todas las historias que nos contamos son imaginarias. Así pues, ¡Sigan Viendo!