28.12.10

Tron. Ayer y hoy




Aunque
Tron se supone que debería ser una de mis películas generacionales, y podría haberla visto en su momento de estreno, no la vi sino bastantes años después y ya mayorcito. Recuerdo vagamente de algunos compañeros que la vieron e incluso quizá de algo en la tele, pero poco más. No olvidemos que no fue precisamente un éxito comercial, aunque rápidamente pasó a considerarse dentro de esa nebulosa categoría de "película de culto".

La verdad es que se lo han pensado para hacer una segunda parte. Para que nos hagamos una idea, la chica estupenda que protagoniza la segunda parte, Olivia Wilde, nació dos añitos después que se estrenase la película original. Y les ha salido esto:




La verdad es que a la película la han vapuleado un poco, pero es que tampoco daba para mucho más. La película original tiene su gracia, visualmente sigue siendo impactante todavía hoy y sólo hay que obviar pequeños fallos de guión como no preguntarse a santo de qué ponen una consola de comandos justo enfrente de un letal rayo láser que te fulmina y te lleva a una rejilla o red cuyo origen nunca nos explican. Está ahí y listo, y hay programas de interés compuesto que resulta que hablan y esas cosas. Mejor no menearlo ni buscarle demasiado sentido. Más o menos cuela, y no ofende a la razón. Que a estas alturas ya es decir mucho, con la que está cayendo.


Quizá lo que me ha llamado la atención de esta secuela es que anda un poco perdida. Es lógico: han pasado muchos años y muchos matrix y señores de los anillos de por medio. También sorprende que no sean un poco más fieles tanto a su universo y como a su estética, aunque nuevamente tampoco la base sea demasiado sólida, porque por mucho que sea un mundo "digital", es completamente analógico: todo va por análogos, desde los personajes humanos y sus programas a las relaciones de poder que se forman en ese mundo. Estéticamente se entiende que ese mundo haya evolucionado con el tiempo, así que entiendo que ya no usen esos horribles sombreros de la primera película, pero se pierde por completo esa atmósfera marciana e irreal, con esa filmación en blanco y negro sobre la que se pintaba con infografía arcaica o animación tradicional, y las armaduras con circuitos impresos que brillaban molaban de lejos mucho más que los monos iluminados que llevan ahora, dónde va a parar. Esta nueva versión parece menos "mundo digital" que la anterior. La infografía moderna simula tan bien el mundo real que casi estropea el resultado final.


Sobre el argumento, bueno, algo trillado pero resuelto con cierta solvencia y mucha mecánica: el doble malvado que usurpa al original. Los de los "isos", cogido por los pelos, la teoría de la inteligencia espontánea en ese mundo digital está por estar, y Jeff Bridges ejerce descaradamente de maestro Obi Wan con una pseudomística en la que menos mal que no profundizan demasiado, porque es un poco sonrojante. Sobre CLU, o CLU 2.0 porque el original muere en la primera parte, hay que reconocer que da cosica a veces por cuanto parece un verdadero sosias del personaje original. Supongo que no consiguieron hacerlo mejor y por eso da
esa sensación de desasosiego, pero desde luego fuera premeditado o no consigue un efecto positivo en la película: dar mal rollo.

Naturalmente, la vi en 3D. Al menos es 3D de verdad, no hinchado. La verdad es que creo que habría disfrutado lo mismo con una dimensión menos, porque aunque no molesta, tampoco aporta gran cosa. Eso sí: el truqui de que al principio la película sea en el mundo real y por tanto en 2D, y al pasar al mundo cyberdigital sea en 3D es un recurso un poco tonto, e incluso cuando luego vuelven al mundo real ni me acuerdo si hacen trampa y siguen en tres dimensiones, o vuelven a dos, como sería lo coherente. Hay, eso sí, la típica escena de "te tiro algo a la cara", cuando CLU de un manotazo tira lo que hay encima de la mesa contra la cámara, como esa emotiva escena en la que Brendan Frasier se lava los dientes y nos escupe desde la pantalla. En fin.


Como comentario final, pues que mucha gente pidió que volviese a aparecer Cindy Morgan, hermosa actriz de la que luego poco más se supo, y a la que ni ponen un momento en la mesa del consejo de dirección al principio, que ya ves lo que les habría costado. Es lo que hay: a Jeff Bridges vale la pena rejuvenecerlo y hacen lo mismo un momento con Bruce Boxleitner en su breve aparición como Tron, además de salir los dos como maduritos interesantes y bien conservados, pero parece ser que para la señora no había espacio. Sobre el personaje de Tron, su papel en la película y lo que le pasa al final, reiniciado incluido, pues veremos si hay tercera parte o qué quieren hacer.

-SuperSantiEgo

24.12.10

Feliz Pastafaridad

Está repetido, pero qué más da. Me vale para todos los años, ¿no?
-SuperSantiEgo

18.12.10

Libro: El Necronomicón, de "H. P. Lovecraft"

Algunos al ver el título de la entrada habréis pensado, con razón, que de que puñetas va esto. Obviamente, El Necronomicón no existe. Bueno, sí, en realidad sabemos que sí existe, pero que es muy difícil encontrar una copia, y allá tú cuando lo leas. Por eso, también he puesto en el título el nombre de H. P. Lovecraft entre comillas.

En realidad se trata de una recopilación de relatos y otros materiales de los Mitos de Chtulhu, que por si algún despistado todavía no lo sabe es el corpus literario creado por Lovecraft y algunos de sus seguidores, primero en vida de él y luego después de su muerte. Es por lo tanto una antología, donde, más o menos, El Necronomicón sale o se deja ver un poco en los relatos. En algunos se deja ver tan poco que casi se podría decir que como mucho se asoma.


Como toda antología, tiene un antólogo, un señor que se dedica a reunir el material y, en ocasiones, hace un prólogo o algo parecido. Probablemente recordaréis esa faceta de Asimov, que mandaba a algún machaca a reunir cuentos de los que se acordaba, o le daban una lista de relatos, él hacía algún comentario ingenioso sobre cada uno de ellos totalmente desprovisto de spoilers (el Buen Doctor era un caballero), y arreando.
Sin más complicaciones y sin necesidad de hacer el tonto.

Bueno, pues aquí tenemos a un listillo que se dedica a joder la antología y, de paso, lucir palmito. El señor responde al nombre de Robert M. Price, que me sonaba menos que el de Chindasvisto hasta que una oportuna visita a San Google me aclaró quién era el payo. Si queréis buscadlo vosotros mismos, pero para que os hagáis una idea es crítico bíblico, ex sacerdote y actualmente ateo cristiano, lo que demuestra que en este mundo tiene que haber de todo. Que en su página personal sobre sus labores académicas incluya la siguiente imagen tampoco me ayuda a que me caiga bien.
Probablemente algunos me habréis oído decir una de mis frases preferidas, la de "El posmodernismo todo lo que toca lo convierte en mierda", así que imaginaos lo que es leer el ensayo introductorio con el señor citando a Derrida e intentado demostrar que Lovecraft mola porque es muy profundo en términos deconstruccionistas, y de paso citando a Roland Barthes y su "El autor no existe", un crítico cuyos libros deberían llevar el símbolo de riesgo biológico bien claro en la portada. Claro, listo, el autor no existe y por eso nos cuelan el nombre de Lovecraft en la portada, aunque suyas sólo son unas pocas páginas, y por eso Lovecraft ha conseguido que su apellido se convierta en un adjetivo con significado claro en buena parte de las lenguas (lovecraftiano), algo que muy pocos, como Kafka, han conseguido. A lo de "El autor no existe" la única respuesta digna es "El autor no existe, la cuchara no existe, madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle".

El resto de los relatos no se puede decir que causen pavor, pero el prólogo sí, os lo garantizo. Luego empiezan los relatos, cada uno con una glosa perfectamente prescindible del antólogo. La verdad es que el primero,
El pergamino terrible, es muy malo, no sé cómo se les ocurrió la peregrina idea de incluirlo porque es un fanfiction malo de pan pedir, pero luego la cosa mejora, hay un relato de Silverberg y otro de Frederick Pohl, y para mi gusto el mejor es El muro de Settler, que está bastante bien conseguido.

Y así llegamos a la página 177 de las 437 que tiene el libro. Lo que viene después es malo de narices. Vamos a ver, si es que hasta lo pone en el prólogo y es de sobras conocido para el que conozca la obra de Lovecraft: El Necronomicón, por definición, no puede existir. Es uno de los McGuffin fundamentales de la obra de Lovecraft, y cuando sus apóstoles o besaculos le insistían para que lo escribiese de verdad me imagino al pobre Howie poniendo los ojos en blanco antes de explicarles que entonces se rompería todo el encanto, que ya sabemos todos desde el principio que el huevo está vacío y aquí sí que no se engaña a nadie, que la gracia está en poner pequeños pasajes y saber luego lo que pasa a los que lo leen de verdad, y que en todo caso se podría hacer, según el mismo Lovecraft, una versión expurgada, pero de las partes más anodinas y sin peligro, y que entonces no tendría gracia. Por eso, porque Lovecraft era un tipo listo, nunca escribió El Necronomicón.


"Niño, no metas los dedos en el enchufe, que te da calambre y llorarás. Niño, no metas los dedos que te va a dar calambre. Entiendes lo que te digo y lo que te pasará si metes los dedos en el enchufe, ¿verdad?" "Sí, papá. ¡UAAAAAAHHH!" "Niño, ¿has metido los dedos en el enchufe?" "Sí, papá. Y me ha dado calambre." "¿Por qué has metido los dedos en el enchufe, si sabías lo que iba a pasar?" "Nosssé."


Pues aquí lo mismo: igual que cuando papá sale de la habitación el niño mete los dedos en el enchufe a ver si es verdad que da calambre, es morirse Lovecraft y una panda de idiotas se pone a escribir versiones de
El Necronomicón. De paso, para disimular, dicen que son "apócrifas". ¿Pues si son apócrifas para qué las quiero? Si tuviesen gracia, aún, pero si me presentan una especie de remedo de estilo de Las mil y una noches con un árabe no se sabe si loco pero sí algo afásico contando chorradas de forma cansina, pues me dan los siete males. Si os lo dijo Lovecraf: ¿para qué hacerlo, si va a salir una tontería? ¿Qué necesidad hay de demostrar empíricamente lo que ya dijo el padre del invento? El huevo está vacío, todos lo sabemos y lo aceptamos, estamos conformes, así que no hay necesidad de romperlo para ver que dentro no hay nada. A vosotros sí que se os tenía que merendar Cthulhu, y yo le pago el vino y los postres.

Y así llegamos a la página 327, donde están las ¡cinco! únicas páginas que son de Lovecraft, supongo que para justificar poner su nombre en la portada. Después un breve ensayo de un supuesto discípulo de Abdul Alhazred, y el señor Robert M Price, mi nuevo héroe, se reserva nada menos que unas ochenta páginas para hacer lo que se supone que es una enorme gracieta o genialidad, que es escribir un ensayo soporífero con jerga posmoderna estructuralista como si El Necronomicón existiese de verdad, con bibliografía inventada a pie de página, referencias y todo lo demás. Vamos, algo que incluso cuando es en serio y sobre algo que te interesa suele ser un peñazo, pero en este caso sobre una soplapollez y sin ningún sentido. ¿Os acordáis del falso ensayo científico de Asimov sobre la tiomotilina resublimada, una substancia que no existe? Era corto, simpático y el jodío tenía gracia para escribir esas cosas, hay que reconocerlo. Bueno, pues esto es justo al revés. Eso no se lo traga ni Umberto Eco jarto de pastis.


Te odio, Robert M Price. Mucho. Te odio más. Así ardas en el infierno de los cristianos ateos.

Respecto a la traducción, muy normalita, y con un fallo garrafal que no entiendo. Vamos a ver: eón es una palabra de origen griego que no tiene ningún problema, y siempre se ha traducido así "strange aeons": extraños / desconocidos / ignotos eones. ¿A qué viene traducirlo como "evo", empezando porque no es lo exactamente lo mismo? Dios es eterno, no tiene principio ni fin, mientras que las almas y los ángeles son eviternos, tienen principio pero no fin. De acuerdo que "evo" es "d
uración de tiempo sin término" y podría ser sinónimo de eón pero A) Siempre se ha traducido "aeon" por "eón", la tradición también cuenta, además de ser una buena traducción y B) No es de recibo estar leyendo a Lovecraft y que de vez en cuando te venga a la cabeza la imagen del actual presidente de Bolivia.

"Y tras evos desconocidos, incluso la muerte puede morir". No, por ahí no paso.

Así pues, si os prestan el libro ya sabéis que hay unos relatos bastante majos, que hay un capullo de por medio diciendo chorradas y que hay una parte que podría valer como una curiosidad a descargarse de Internet si uno es muy completista de los Mitos de Cthulhu, pero que para ocupar la mitad de un libro ni de coña.


Para terminar, y para conjurar el que todo lo que toca la infección posmoderna todo lo convierte en mierda, comentaré brevemente los que, a mi modo de ver, constituyen los mejores puntos de la obra de Lovecraft:


Lo primero no está dentro de la obra de Lovecraft sino de forma implícita. Aunque él ya jugaba a ser no más que un simple intérprete de unos textos y conocimientos prácticamente olvidados, entre sus seguidores, y sobre todo su público, hay una especie de consenso de integrar al propio Lovecraft y a su obra en los mismos Mitos de Cthulhu, lo que me parece que no sólo es un espléndido homenaje, sino una forma de dar una completa coherencia a su obra. Me explico: en muchas ocasiones el ente de ficción, cuando ha alcanzado la fama, queda excluido del marco de referencia donde se mueve, de modo que las películas de James Bond se desarrollan, por así decirlo, en un mundo exactamente igual al nuestro (bueno, con más tías buenas por metro cuadrado), pero en el que no existen las novelas ni películas de James Bond, y por eso cuando dice lo de "Mi nombre es Bond... James Bond", la gente no se parte de risa a su alrededor. Del mismo modo en el Universo Marvel no existen lógicamente los comics de superhéroes (bueno, sí existen, pero nos entendemos), y así en general. Sin embargo en la interpretación de los Mitos de Cthulhu cualquier autor, por el hecho de citar los Mitos y El Necronomicón, no se excluye ni él mismo ni a su obra de los Mitos, sino que puede citar a los autores anteriores como referencias perfectamente válidas, y puede pasar a formar parte él mismo como referencia de esos mitos. Los Mitos no son menos ciertos porque haya ficción sobre ellos, ya que la ficción es en cierto modo una forma de documentarlos y de transmitirlos. ¿Qué va a haber sobre esos seres sino mitos y leyendas? En cierto modo esto también transmite una inseguridad muy interesante: el saber que los Mitos son ficción no inmuniza contra ellos, que sean un mundo imaginario no nos protege ya que en varios relatos el hecho de saberse los protagonistas lectores externos no los libra de verse atrapados. Esto se refleja muy bien en En la boca del miedo, película con sana mala uva lovecraftiana y de final totalmente delirante e incomprensible en el buen sentido, como debe ser. También vi una película de ambiente lovecraftiano en el que unos niños eran marcados de pequeños, y luego de mayores iban siendo reclamados por criaturas asquerosas del otro lado del espejo, pero ahora no me acuerdo del título.



Hay una novela gráfica que, me parece, es en cierto modo la culminación de todo esto, y que por lo menos para mí podría considerarse canónica. En principio iba a ser el guión de una película, pero como no pudo ser se convirtió en novela gráfica. Consistía poco más que en la biografía de Lovecraft, pero dando por hecho que no sólo él tenía, heredada de su padre, una auténtica copia de
El Necronomicón, sino que toda su obra era una forma de dar a conocer solapadamente al mundo el peligro que le acechaba, y en cierto modo detenerlo, ya que mientras la gente siguiese leyendo su obra y recitando los conjuros que había en sus relatos, los Primigenios seguirían manteniéndose a raya. Supongo que es aventurado pensar esto, pero creo que a Lovecraft le habría encantado no sólo ver su obra integrada de forma autoreferencial en sus propios Mitos, sino además esta reinterpretación en particular de él como verdadero conocedor de primera mano de esos escritos. Por lo que sabemos y por sus cartas, estos juegos y referencias entre sus relatos y los de sus seguidores le encantaban.

El segundo punto a resaltar de la obra de Lovecraft, y que me parece tan importante que no entiendo cómo algunos no lo han terminado de pillar, es que todo pivota, gira y se desarrolla a través de una completa negatividad, tanto conceptual como literaria. Lo importante no es lo que se dice, sino lo que no se dice, o lo que es más grave: lo que no se puede decir aunque se quiera, lo que no hay forma humana de decir ni de expresar. De ahí que el concepto "lovecraftiano", por lo menos yo así lo entiendo, es un intento del lenguaje de suplir esa falla, ya que Lovecraft nos habla de algo que es "unspeakable", aquello que no se puede decir, indecible y por lo tanto inaudito, aquello que es inenarrable.
Lo lovecraftiano no es el horror, es lo que está después, no es el grito ante el horror sino quedarse sin voz ante algo que está más allá del horror, y como no podemos ni nombrarlo nos tenemos que inventar una palabra para superar ese límite, y lo llamamos "lovecraftiano". No hay mejor legado o posteridad que el diccionario, hacerse uno con el mismo lenguaje. El horror lovecraftiano es aquello que está más allá de la razón, de la geometría razonable de nuestros sentidos, un abismo tan oscuro y profundo que daña la mente sólo al intentar comprenderlo, algo tan denso que atrapa todo pensamiento y voluntad. El Necronomicón no destruye el espíritu del que lo lee por contener narraciones de torturas abominables o descripciones de seres maléficos, que también, sino fundamentalmente porque es un libro que habla de cosas que la mente humana no puede asimilar ni comprender, una sabiduría impía no por sus contenidos, sino por su estructura que afecta a la percepción, y por lo tanto al propio ser de aquél que accede a ella, que no es que se vuelva loco en un sentido estricto de la palabra, sino que se ve afectado por la naturaleza esencialmente aberrante y multidimensional del Universo, ya que lo básico de nuestra existencia y su percepción, el espacio y el tiempo, no son más que eso, ilusiones en las que fundamentamos eso que llamamos cordura. Los que se adentran en los Mitos de Cthulhu no pierden la razón ni se vuelven locos, pero como no tenemos palabras para expresar lo que realmente les ha sucedido es así como los catalogamos.

Por un lado, Lovecraft puede ser interpretado, si se me permite, como una versión un tanto libre de la primera filosofía de Wittgenstein, que nos decía que de aquello de lo que no se puede hablar, mejor es estar callado, aunque terminó reconociendo que, lo quiera o no, el ser humano es en buena medida darle a la húmeda, así que de todos modos, tenga sentido o no o sea el lenguaje una escalera o una barra de bomberos que luego hay que retirar, es inevitable intentarlo; y Lovecraft, aunque habla de lo que es indecible, inenarrable, no puede evitar seguir dando vueltas alrededor de ese incognoscible que nos atrae, pero que si nos acercamos demasiado nos atrapa y devora, tanto en su esencia íntima expresada en el párrafo anterior como en la otra interpretación que podría relacionar el famoso terror cósmico ateo con el existencialismo más negativo: el ser consciente de la soledad del ser humano en un Universo en el que le ha tocado vivir, de casualidad, en una época de relativa calma, que su gloria es efímera ya que de un modo u otro "ellos volverán", que no hay protección posible ni transcendencia personal o colectiva, e igual que el viajero del tiempo de H. G. Wells contempló el final del mundo donde nada ni nadie se lamentaba porque el ser humano hubiese dejado de existir sin dejar huella ni ningún recuerdo perdurable, saber que todo, de un modo u otro y por muchos miles de años que se sigan leyendo las obra de Lovecraft para mantenerlos al otro lado de la puerta, el tiempo juega a favor de aquéllos que saben que terminarán por volver, que pueden esperar incontables eones si hace falta a que ante ellos claudique la muerte, y que al final todo, no importa qué, habrá sido para todos nosotros en vano.

-SuperSantiEgo

14.12.10

Libro: Conan, de Robert E. Howard

Para relajar después del tocho chino que me tragué y sabiendo las duras pruebas literarias que dentro de poco tendré que enfrentar por decisión propia, pues decidí relajarme un poco releyendo a uno de los reyes del pulpo. Así que me leí los dos primeros, según la antigua colección de Martínez Roca, la de los lomos amarillos para entendernos, y que seguro que muchos recordaréis, y que vienen a ser Conan y Conan el Cimmerio.
Conan preocupado por el futuro del euro.

Bueno, pues muy bien. Vamos a ver, que Howard nunca pretendió hacer otra cosa que escribir relatos de un tipo que iba por el mundo dando mandobles y matando a todo lo que se ponía por delante. Hay que partir de ahí. Literariamente, parece que ni lo intenta, y en eso se aleja de algunos coetáneos suyos como Lovecraft y Ashton Smith, y sobre todo el primero intentaba darle un acabado y pulido lo más resultón. Como dice L Sprage de Camp en el prólogo: "Cuando están bien escritos, estos relatos proporcionan la diversión más pura que puede ofrecer una novela de cualquier género. Están concebidos fundamentalmente para divertir, no para educar, elevar el espíritu ni convertir a nadie a ninguna fe o ideología." Howard en su estilo es como el mismo Conan con su hacha y el resto de sus personajes: expeditivo y sin miramientos. Va a lo que va. De todos modos llega un momento en que se hace un poco cargante: se puede aceptar el consabido "se le heló la sangre en las venas" una vez por relato, pero varias veces en el mismo... Otrosí causa cierta sorpresa que un personaje, que ve a otro a la distancia, se dé cuenta de su hedor, menuda pituitaria, o que Conan reducido a galeote en una sentina infecta y con una dieta poco menos que de subsistencia, en quince días se haya puesto más fuerte y aumentado su musculatura. Ya, es de ser pejiguero, pero no soy culpable de saber que una persona obligada a un sobreesfuerzo físico y con una ingesta deficiente de proteínas lo que hace es consumir sus propios músculos hasta quedar hecho una piltrafa.

Sobre los argumentos, tampoco nos encontraremos con ninguna sorpresa: básicamente Conan va de aventuras por la Era Hibórea luchando, bebiendo y jincando con cuanta fembra placentera se le ponga por delante, que en aquella época las mujeres no se cortaban al encontrar tan vigoroso machote. También llega un momento en el que uno dice: jo, mira que son cortos estos libros y lo de la estatua/momia/ídolo que vuelve a la vida se repite como el ajo, del mismo modo que sabemos que todo acompañante o medio amigo de Conan tiene menos futuro que el de la camisola roja en un episodio de Star Trek, porque palman del tirón.

Sobre las posibles lecturas ideológicas de Conan, me parece que sería buscar donde no hay. Todo tiene su mensaje, desde luego, pero hasta cierto punto el universo de Howard es a ese respecto más simple que el asa de un cubo: igual que en la naturaleza no hay posibilidad para la discusión moral, Conan vive en un mundo, la Edad Hibórea, regida por la ley del más fuerte, donde sobrevive el más cachas, y tanto él como muchos de sus habitantes parecen haber aceptado eso tanto para lo bueno como para lo malo. Te mato, pues mejor para mí; me matas, pues qué se le va a hacer. De todos modos Conan mantiene, dentro de lo que cabe, un cierto código del honor: no se aprovecha de los que son notoriamente más débiles que él, no fuerza a ninguna mujer y... poco más. Conceptos como la palabra dada, los pactos y otras debilidades propias de los pueblos civilizados no entran del todo dentro de su mentalidad de bárbaro, y aunque con el tiempo llegue a conocer esas civilizaciones y sus costumbres nunca dejará de ser en el fondo un bárbaro de las estepas sin más lealtades que la simpatía personal. En cierto modo Howard presenta una versión perversa del mundo rousseniano, pero en vez del buen salvaje tenemos al buen bárbaro, un estado prístino del ser humano en el que no imperan la paz y los buenos afectos, sino la lucha de todos contra todos y la pura voluntad de poder de imponerse a los demás por la violencia, la vida luchando contra ella misma en una orgía de muerte y destrucción en la que pueblos más jóvenes y vigorosos eliminan los vestigios de civilizaciones pasadas para luego ser a su vez borradas cuando entren en decadencia. Es curioso observar también la idea que tiene Howard de la evolución, ignoro si por no entender sus rudimentos o simplemente porque él quería expresarlo así literariamente: hay razas que, pasado su momento de gloria, involucionan a estados casi simiescos, mientras que algunas tribus lejanas y apenas reconocibles como humanas se supone que con el tiempo llegarán a serlo. La Era Hibórea es, por así decirlo, la famosa Edad de Oro, pero una versión violenta y heroica, en la que el más humilde de entre los hombres sería mejor y más fuerte y noble que el mejor de nuestra época, tal como el mismo Howard expresó en su ciclo de la memoria racial, en la que hombres del presente tenían visiones de esos lejanos antepasados rubios, de elevada estatura y con cuerpos fibrosos capaces de enfrentarse sin temor a cualquier raza inferior o monstruo que sobrevivió a una edad ya olvidada.

El pequeño Conan a punto de saber que en la Era Hibórea no hay leyes contra el trabajo infantil.

De estos dos libritos destacaría el que quizá es el mejor relato, La reina de la costa negra, donde además de saber que lógicamente las capitanas piratas andan mundo adelante prácticamente como Crom las trajo al mundo, tenemos este interesante diálogo:

"-¿Cómo son los dioses de tu pueblo? Nunca te he oído hablar de ellos.
-El dios principal es Crom, que vive en una gran montaña. Pero de nada vale invocarlo. Le importa muy poco si los hombres viven o mueren. ¡Es mejor callar que reclamar su atención, ya que suele enviar desdichas y no fortuna! Es implacable y sin compasión, pero infunde poder para luchar y matar en el momento de nacer. ¿Qué más puede pedir un ser humano?
-¿Y cómo es vuestro mundo, más allá del río de la muerte? -insistió ella.
-En el culto de mis gentes no hay esperanza aquí ni en el más allá -respondió Conan-. En este mundo los hombres luchan y sufren en vano, y sólo encuentran placer en el torbellino enloquecedor de la batalla; una vez muertos, sus almas entran en un reino gris, lleno de nubes y azotado por vientos helados, donde vagan tristes y melancólicas durante toda la eternidad.
Belit se estremeció y dijo:
-Por mala que sea la vida, es mejor que semejante destino. ¿Tú qué crees, Conan?
El cimmerio se encogió de hombros una vez más y dijo:
-He conocido muchos dioses. Quien niegue su existencia está tan ciego como el que confía en ellos con una fe desmesurada. Yo no busco nada después de la muerte. Puede que exista la oscuridad de la que hablan los escépticos nemedios, o el reino helado y nebuloso de Crom, o las llanuras nevadas o los grandes salones de piedra del Valhalla de los habitantes de Nordheim. No lo sé, ni me importa. Que me dejen vivir intensamente mientras viva; quiero saborear el rico jugo de la carne roja y sentir el sabor ácido del vino en mi paladar, gozar del cálido abrazo de una mujer y de la jubilosa locura de la batalla cuando llamean las azules hojas de acero; eso me basta para ser feliz. Que los maestros, los sacerdotes y los filósofos reflexionen acerca de la realidad y la ilusión. Yo sólo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella, por consiguiente, es una realidad para mí. Estoy vivo, me consume la pasión, amo y mato; con eso me doy por contento."


Conan, de un plumazo, ha dado con la clave del idealismo, y en dos patadas ha creado un sistema vitalista y existencialista de corte positivo. Y esto nos hace recordar por supuesto
esto otro, la famosa oración a Crom por parte del Chuache en el mejor papel de su carrera, con ese maravilloso acento bárbaro que le salía tan natural porque era así como hablaba entonces.

Digamos que todo esto lo refleja muy bien: Howard propone un mundo bruto, pero bruto como él solo, donde la vida es un continuo deporte de alto riesgo. Bruto, sí, pero sincero. Tampoco hay que darle demasiadas vueltas ni buscas extraños mensajes donde no los hay, aparte de esa visión un tanto violenta y radicalmente nihilista de la vida. Naturalmente, también es una propuesta completamente tramposa que apela al egoísmo y narcisismo del lector: dado que estas obras, e incluso todo el género, no son en el fondo sino típicas fantasías de poder adolescente, es fácil identificarse con el héroe dotado por el autor de todas las cualidades y valores, como el mismo Conan dice que hace Crom con los humanos, mientras que el resto de los personajes, poco más o menos, vienen a ser comparsas, muñecos a los que matar y
que están poco más que de relleno. Si Conan tiene la profundidad psicológica de un fraggel, el resto de personajes ya os lo podéis imaginar. Vale que, como nos dice Sprage de Camp no sea sino pura literatura escapista, pero toda obra literaria se basa en una serie de ideas y valores, estén explícitos o no, y aunque no sea la intención del autor en principio, siempre comunica y presenta de algún modo su visión del mundo, del ser humano y de algunas ideas. De todos modos, si alguna carga reaccionaria tiene el personaje y su mundo, es tan simplona y elemental que hay que ser muy cenutrio para no verla.

Sobre el legado de Howard, creo que le ocurre justo al contrario de lo que a su maestro y amigo Lovecraft: lo que aportaron los epígonos y seguidores de Lovecraft no es gran cosa, mientras que los que reinterpretaron la obra de Howard, en especial Conan, le dieron una dimensión realzada. Al cambiar de medio, de la literatura al cómic y el cine, el personaje y sus aventuras adquieren una fuerza que apenas si se ve en el original. De hecho, al leer estos relatos no nos queda otro remedio que apoyarnos en la imaginería que desde principios de los setenta creó para el personaje Marvel, como Barry Windsor smith y sobre todo John Buscema. Howard apenas si se molesta en explicarnos cómo son esas ciudades y templos de ensueño, porque sencillamente apenas si describe con cuatro pinceladas.


Aun así, y considerando que el personaje en principio ya está libre de derechos y cualquiera podría escribir algo sobre él como se podría hacer con los tres mosqueteros de Dumas, es poco probable que nadie se escape del esquema "Conan mata a monstruos y a todo el que se le pone por delante". No creo que nadie se ponga a escribir una enrevesada novela sobre las intrigas en los palacios de Aquilonia, en los que un ya maduro rey Conan medita por sus pasillos sobre la futilidad de las acciones humanas y de la soledad del ser humano, y comprueba que ante la falsedad y la traición no hay hacha que valga. Probablemente los primeros en crucificar al autor de semejante osadía serían los fanboys de turno guardianes de la ortodoxia.



-SuperSantiEgo

12.12.10

Monopoemas, unidades poéticas monosemánticas o poética cuántica discreta

Ah, la poesía. ¿Cómo no amarla? Vivo poyeya.

La poesía no tiene buen predicamento, corren malos tiempos para la lírica y poeta rima con profeta y proxeneta. ¿Por qué? Porque la poesía no se adapta a los nuevos tiempos. Debe haber, también, una nueva forma de poesía. Todo va a cambiar.


Desde este blog, observatorio de nuevas tendencias culturales, proponemos la asunción de dejar de echarle vino al porrón y ponernos a construir una nueva poesía acorde con los disonantes tiempos que vivimos: el monopoema compuesto por una unidad poética monosemántica, o dicho en palabras más accesibles y menos técnicas, la poética cuántica discreta. Reducir la poemática a sus
quanta, a su unidad mínima de significación aprehensible como hecho elemental y atómico.

Vivimos en un tiempo en el que básicamente no se sabe leer poesía. El lector medio intenta leer a Neruda como si fuera una novela de Ken Follet y pasa lo que pasa. El monopoema puede ayudar a capturar ese espíritu poético perdido, ya que en esa unidad semántica única se concentra todo el sentido de esa unidad, depositaria de generaciones de expresiones y experiencia. Al aprehender el espíritu lector ese sentido en ausencia de cualquier otro, el sentido se manifiesta en toda su intensidad por medio de la introyección que realiza el propio lector, que, por decirlo en términos stanislavskianos, aporta sus propias vivencias y emociones a la compresión del
quantum poético que el poeta le ofrece.

Pongamos un ejemplo sencillo:


SOLEDAD

Como se ve es un monopoema equilibrado, denso y con mucha fuerza a la vez, pero sin abandonarse a la sensiblería y con un cierto grado de deliberada ligereza. Se lee de un simple vistazo, y sus consecutivas lecturas ofrecen una rima interna muy conseguida que provoca la introspección del lector, que aporta y evoca el sentimiento de soledad de forma mucho más intensa y eficiente que otros trabajos mucho más sencillos como
La balada de la cárcel de Riding. Claro, con tantas palabras y versos, cualquiera. Lo realmente meritorio es depurar el sentimiento hasta dejarlo en su unidad mínima de significación, libre de todo ropaje accesorio que distraiga del tema prinicipal. El quantum poético, la unidad discreta y mínima de significación, es mucho más intensa desde todos lo puntos de vista imaginables.

Por supuesto, esto no es una habilidad que se pueda adquirir de un día para otro, ni siquiera habiendo sido practicante de formas arcaicas de poesía. La investigación de cada monopoema, poema discreto o cuántico, conlleva un duro esfuerzo y sufrimiento hasta conseguir el resultado adecuado. Probablemente mucho advenedizo quiera presentarse como un monopoeta prolífico y producir varios en un día, pero precisamente para eso está la crítica, para discernir entre lo que no es sino puro exhibicionismo y artificio, y una obra realmente coherente, definitiva y perdurable en el tiempo y en el corazón de las futuras generaciones.


-SuperSantiEgo

25.11.10

Libro: La vida y la muerte me están desgastando, de Mo Yan

Algo innegable a la hora de realizar una tarea artísitica es que se refleja el mundo en el que se vive, y lo quiera uno o no está inmerso en la cultura a la que pertenece. Incluso negándola, o queriendo escapar de ella, se termina hablando de ella. En el caso occidental eso supone que buena parte de las obras, por ejemplo literarias, tienen un profundo transfondo judeocristiano, e incluso se ha hablado, con toda lógica, de que los autores de origen judío actuales, sean creyentes o completamente secularizados, recurren una vez tras otra a esa especie de imaginario colectivo que aprendieron desde pequeños: la idea del mesianismo, el regreso al hogar ancestral, etc. En el caso del mundo cristiano, todo viene a ser al final el concepto de liberación, sacrificio, redención, etc, con los matices católicos o protestantes que uno vaya dejando por el camino. Da igual que el autor sea creyente o no: lo que escriba será a favor o en contra de, pero ese algo está presente.

Obviamente, China es otro mundo. Por eso, por lo menos para mí, su literatura, como casi toda la oriental, suena literalmente a chino, incluso en autores en los que se percibe una fuerte influencia de la literatura occidental. En el caso de
Mo Yan, se le ha comparado a García Márquez e incluso a Kafka, y algo hay. Tampoco es que me haya quedado muy clara la influencia, sobre todo en el caso del segundo autor, pero quizá un poso.

Si en occidente continuamente aparece la figura de la autoinmolación, o la redención, en China nos aparecerá de una manera diferente. Porque allí creen en la reencarnación, y aunque no crean en ella es la referencia más directa que tienen, como aquí la retribución en el cielo o en el infierno después de la muerte. Por eso una constante en la literatura oriental es la narrativa en la que varios personajes, arquetípicos, van encontrándose, enfrentándose o conociéndose a través de distintas encarnaciones, donde se aman, se hacen daño y cambian sus relaciones de amistad o parentesco, como ya conté cuando hablé de
Tiempos de arroz y sal, novela escrita por un occidental pero con este esquema.

En el caso de esta extensa obra de Mo Yan, escrita según parece a matacaballo en poco más de un mes (qué bruto eres, macho) el protagonista en Ximen No, un terrateniente que muere fusilado con la llegada al poder de los comunistas, y que desciende al infierno (chino), donde el señor Iama lo devuelve a la tierra convertido en burro. A través de distintas reencarnaciones como buey, cerdo, perro y mono, verá la evolución de China durante más de cincuenta años, a través de las vidas de sus familiares y conocidos, desde los tiempos de la implantación del colectivismo a la Revolución Cultural y la llegada de la nueva economía de corte capitalista y las modas occidentales. Excepcionalmente su alma, aunque encarnada en cuerpos animales y por tanto capaz de seguir sus instintos, recuerda sus pasadas vidas y conserva el don del raciocinio.


No es de extrañar que a Mo Yan lo quieran más bien poco desde el gobierno chino, porque más de una vez se ve que tira con bala y a dar. Dentro de la saga familiar, que recuerda a la de los Buendía hasta cierto punto, la figura central es la de Rostro Azul, Lan Lian, uno de los labriegos de Ximen Nao e hijo adoptivo suyo, que se obceca en no unirse a la comuna y seguir siendo campesino independiente, hasta llegar a ser el único de toda China, y que seguirá labrando su mísero acre de tierra aunque todos lo abandonen, incluida su familia. Los tiempos de arengas revolucionarias y de la Revolución Cultural suenan bastante ridículas, como las obras de teatro de motivos revolucionarios, y se ve cómo los más convencidos de todos luego a la hora de la verdad se pasan a convertirse en capitostes de una sociedad capitalista que garantizaba la prosperidad y el lucro sin tasa de la cleptocracia que había antes.


Sobre las reencarnaciones que tienen mayor peso en la narración, y de las que más sabremos, serán la del burro y el cerdo, aunque las otras también serán testigo del ocaso familiar y de la evolución de esa pequeña aldea del norte de China, trasunto de aquélla en la que creció el mismo Mo Yan, que aparece como un personaje secundario más en la narración desde que era un niño, y cuyas obras sobre esa aldea se citan continuamente en la novela. Vamos, que autorreferencias por todos lados.


La verdad es que no está nada mal, aunque quizá se me hizo un poquitín prolijo, y las situaciones pierden algo de novedad aunque el autor se las apaña bastante bien para seguir haciendo que la historia sea atractiva. Los personajes son humanos, aunque vemos por sus reacciones y algunas actitudes que hay diferencias culturales muy claras entre ellos y nosotros, y las relaciones de amor, odio y orgullo están tratadas con maestría.



Y ahora hablemos de la traducción, que puede ser catalogada fácilmente con dos palabras: una mierda. Así, sin paliativos. En primer lugar habría que aclarar que no porque sea una traducción indirecta a través de una lengua puente. De acuerdo que hay pocos traductores de lenguas un tanto exóticas y que no pueden dar abasto con todo, y que cuando no queda otro remedio es lo que hay, pero hay que cuidar lo que se hace. Desde luego mi crítica no va por ahí porque si nos ponemos puristas los grandes autores rusos nunca los habríamos conocido hasta hace poco, ya que casi siempre nos llegaron en un primer momento por traducciones francesas, que muchas veces los mismos autores sancionaban como buenas y canónicas. Si esta novela no se puede traducir directamente del chino, o es complicado, o un traductor chino-español te da hora para dentro de diez años, pues aceptamos barco como animal acuático y si se tiene que traducir de la versión en inglés, pues de acuerdo, me vale. De todos modos aquí tenéis
un documento que precisamente analiza la traducción de esta novela desde este punto de vista.

Si hay que traducir de otra lengua, pues se hace, pero no seáis tan cutres. La verdad es que no tenía ni idea, porque una de las primeras cosas que hacen estos señores tan cucos es no decirte que hay una lengua puente, cosa que tenemos derecho a saber, así como el nombre del traductor original, según parece un conocido sinólogo al que el traductor español no le hace justicia ni de lejos. Repito, no tenía ni idea de que éste era el caso, pero ya nada más empezar empecé a maliciármelo cuando leí un “se te acusa de haber sido causa de disturbios”. Que sí, que disturbar y disturbio existen en español, pero lo que suelen causar las personas son altercados o tumultos, del mismo modo que
Do not disturb no se traduce como No disturben.

Y a partir de ahí... ay a partir de ahí lo que hay. Porque a cada cual mejor. No sólo hay un descuido considerable en el idioma, con cosas como “anhelosamente”, paralabra que rivaliza en cacofonía con su gemela “anhelantemente”, sino que nos encontramos con que un perro recibe un “tributo”, que vale que los gañanes que hacen fansubs y el bloguero medio de Internet no sepa que eso en español es “homenaje”, pero en un traductor profesional es para echar chispas, sin olvidar que uno ha pagado religiosamente sus 20 lereles. Luego cuando el
agitprop digital empiece a decir que no hacen falta traductores, que la Comunidad puede substituirlos sin problemas, que no se quejen, porque a este paso las traducciones amateur no se van a distinguir mucho de un trabajo profesional. La cosa ya se pone calentita cuando nos dice que el jefe de una fábrica es "Chino". Yo me quedé estupefacto. ¿Un chino que se llama Chino? Qué curioso, me dije, antes de que se me cayera el mundo encima al darme cuenta de que se les había colado un gentilicio en mayúscula, con un par.

Después nos agasajan con esta frase: "Cuando eso sucede, el perro entra corriendo, le agarra por la ropa con los dientes y le arrastra hacia de la tienda". Supongo que pedir hacer una traducción panhispánica sin leísmos a un libro que mete tantas veces la pata ya sería pedir mucho, pero ya puestos lo de que no sobren palabras tampoco estaría de más. Ya, es un error, pero cuando uno está leyendo tan tranquilo la buena cortesía gramatical y una ortografía como debe ser, imperceptible, te ayudan a enfrascarte en la lectura, que si se ve entorpecida por tales patadas al diccionario, gramática y sintaxis en particular, pues te cortan un poco el rollo.


Para el final me guardo esta maravillosa frase cuando habla de una cacería de jabalíes: "En aquella época, el nivel de vida de los seres humanos estaba mejorando y el pueblo, que se había cansado de comer alimentos domésticos, iba en busca de un
juego salvaje y comestible". Chispún. La orquitis me duró una semana. Sí señor, como debe ser. Vale que es perfectamente legítimo utilizar todas las herramientas modernas que a uno le faciliten el trabajo, pero siempre que sepa utilizarlas y no sea peor el remedio que la enfermedad. Utilice usted todos los traductores automáticos o los "substituir todo" que quiera en el procesador de textos, pero que yo no me dé cuenta al leer que después apenas si nos hemos molestado en repasar. Vergüenza para el traductor, para el editor y no para el que revisó el texto antes de publicarlo porque ese señor está claro que no existió. "Juego", me sueltan. Con dos bien puestos.

Por si fuera poco, incluso la traducción del título me resulta sospechosa, ya que es literalmente la de la versión inglesa, que a su vez se supone que refleja más o menos bien el original,
Shengsi Pilao, aunque me queda la duda de si en español no tendremos alguna frase hecha o dicho que traduzca mejor el sentido de esa expresión en chino, como "La vida puede conmigo" o algo semejante. Otra cosa que me llamó la atención es que se hablase de Pekín, no de Beijing, término que se está oyendo cada vez más desde luego no porque nos importe cómo los chinos recomienden escribir el nombre de su capital, sino por la sencilla razón de que de vez en cuando en alguna película se cuela algún Malaysia o Cambodia, cosas más idiotas todavía, o cada vez haya más guanabís a los que se les hace el culito gaseosa escribiendo Copenhagen.

No sé yo cómo con estos ejemplos le puede decir uno nada a esos creadores de
fansubs y traducciones aberrantes de comics que se creen que hacen algo importante traduciendo a la pata la llana, y se atreven a poner diálogos en los que la personas hablan sin distinguir género, y se cuelan todos los "eventualmente", "mi punto" y "todo el tiempo" del mundo, o se visitan "mercados de pulgas". Menudo ejemplo, señores traductores y editores. Luego os quejaréis de que alguien os está cavando la tumba. Vosotros, cuando vais sonámbulos.

-SuperSantiEgo

13.11.10

Scott Pilgrim. Gastemos dinero sin saber cómo ni por qué

Ya sé, que no se debe comparar el cómic con la película y tal y cual. Pues de todos modos lo voy a hacer, porque es la única forma de entender esto. Vamos a ver: si el cómic está bien, aunque sin pasarse, es divertido y de alguna manera tiene sentido, ¿por qué se empeñan en hacerlo todo al revés en la película, de paso gastarse una cantidad absurda de dinero y, ya que estamos, no recuperarlo?

Pues porque no se tienen las ideas claras. La verdad es que de esta película se han dicho muchas chorradas, desde los que han decidido finiquitar el séptimo arte en aras de la llegada de la era del videojuego como único lenguaje narrativo válido, a verdaderas flipadas
que la verdad es que dejan el listón muy alto.



En primer lugar analicemos el origen, un cómic la mar de resultón que se titula precisamente Scott Pilgrim, y que además de lo que aparece en la película tiene un montón de cosas más que lo hacen interesante, mientras que, repito, la película se ha dedicado a gastar dinero a espuertas en lo que probablemente era menos atractivo, y que en la obra original sí tiene su lógica. Sí, es un cómic en el que a veces se ponen a darse tortazos como en una película de superhéroes y hay "momentos videojuego", pero la chicha, lo importante, está en otra parte. La cuestión es que mientras que en el cómic esos elementos se integran perfectamente en el conjunto, como ocurría por ejemplo en la versión de Adam Warren de Gen 13, en la película se convierten en el eje y motor de toda la acción y en la excusa de, se supone, crear una película ultramoderna que sea, básicamente, un paso de pantalla a otro en una especie de Street Fighter, mientras el héroe se va dando de leñazos con los siete exnovios de la chica protagonista.
Lo que puede llegar a parecer incluso lógico y con sentido en un tebeo luego en imagen real no tiene casi gracia.

No sólo es que esas referencias y esas inclusiones de un mundo fantástico donde ocurran esas cosas se integra perfectamente en el mundo dibujado, sino que en una película de imagen real se convierte en poco menos que un mundo virtual o alternativo tan poco creíble que lo que pasa en la pantalla... bueno, te divierte un poco y te entretiene, ves los leñazos y piensas en lo bien que está hecha la postproducción, pero lo que pasa ahí te importa un pito y no hay la más mínima emoción ni tensión narrativa. Que no es que aburra ni dé mucho asco, pero sales del cine pensando eso, que no sabían por dónde querían ir y que han terminado haciendo la adaptación de un videojuego que no existe. No nos engañemos: digan lo que digan, en general los videojuegos no dan para grandes historias precisamente por el mismo concepto de juego y
la teoría de juegos. Los videojuegos suele ser un esquema muy simple de ganar-perder, 1-0 y pare usted de contar, mientras que otro tipo de juegos, como los de rol o los wargames, tienen una complejidad mayor, se producen dilemas complejos y fases de negociación con puntos de equilibrio. No me entendáis mal, no es una descalificación a los videojuegos, porque pasa lo mismo con el ajedrez: será un juego fascinante y complejo, pero desde el punto de vista matemático a ese respecto no es más que eso, uno gana y el otro pierde, un conjunto de reglas y nada de "historia" detrás, una pura abstracción bélica, y Buscaminas será divertidísmo pero adaptarlo sería imposible, aunque algunos han dicho que su adaptación oficiosa incluso ganó un Oscar. Street Fighter no tenía historia detrás ni falta que le hacía, así que cuando filmaron la película se la tuvieron que inventar. Respecto a los MMORPG, podrán tenerla, pero en cuanto a la dinámica del juego apenas si suele tener importancia. Volviendo a Streer Fighter, que no pasa de ser una peli de aventurillas con algún buen momento, ¿habría sido mejor hora y media de tediosos combates uno tras otro, sin apenas argumento ni sentido, puro artificio técnico y nada más, igual que ver cómo alguien echa una partida? Quizá a alguna gente eso ya la satisfaga completamente, pero en este caso a mí pasada la primera novedad de las hostias todo se hace un poco repetitivo, y aunque tiene cierta gracia que la vida allí parezca un videojuego y en ella jueguen también a los videojuegos, al final curiosamente parece que, en el momento preciso, ahí de repente todo el mundo sabe kung-fú por inspiración divina. Pero no te lo crees y te da un poco igual, y en el metraje las escenas de acción y despiporre con acrobacias y cables se apelotonan, mientras que en la historia original pasaban muchas cosas y anécdotas entre un combate y otro. En Tron sí que te lo crees y te importa cómo y por qué se enfrentan los personajes en esos combates, mejor dosificados, pero aquí sinceramente en ningún momento te puedes meter en lo que te propone la película; no por absurdo (Gen 13 de Warren y Tron son completamente delirantes), sino porque está presentado de una manera poco convincente.

Lo más gracioso de todo esto es que esas exageraciones y excesos, en papel y con unos monigotes no precisamente muy realistas, todo parece "real", e integrado, mientras que en imagen real da una imagen completamente irreal y falsa con la que es muy difícil conectar. Es como los tebeos de Mortadelo y Filemón: pueden estar bien, pero en unas historias donde se tiran pianos a la cabeza, se achicharan con lanzallamas y en el fondo nunca pasa nada y nunca hay consecuencias te puedes reír, pero nunca sentir verdadera empatía por los personajes. Bugs Bunny y los dibujos de la Warner, o Tom y Jerry, nunca engañaron a nadie ni pretendieron transmitir ningún tipo de pathos o conflicto. Fijémonos también en que esos cortos, donde muchas veces sólo primaba la coreografía de las persecuciones y golpes, eran eso, cortometrajes, tenían un tempo bien fijado y medido, y que cuando se ha querido alargar el formato los resultados no han sido muy satisfactorios, como también ocurrió con las películas en imagen real de Mortadelo y Filemón.

No es que la película sea completamente mala, pero como ya digo me recordó un poco a cuando de pequeños pasábamos una tarde de fin de semana en unos salones recreativos, jugando alguna partida y viendo cómo jugaban los demás. Si comparamos, y debemos hacerlo, el cómic con la película, se han quedado con lo más accesorio, con lo más caro, probablemente con lo que les hacía pensar menos para trasladarlo a la pantalla, y tirando millas, a gastar dinero como en
The lovely bones. Por cierto que todo el mundo repite continuamente lo de "estética manga" del cómic, pero aunque algo pueda tener, no digo que no, yo lo que veo es el típico estilo un tanto underground, la verdad. Que tengan los ojos redondos y sea en blanco y negro no lo convierte en un manga.

Respecto a la "originalidad" de la película, no la veo por ningún lado. Cartelitos indicadores de cosas los hemos visto en montones de sitios, Sin City y Dick Tracy reflejaban en pantalla a la perfección la estética, la iluminación y la rugosidad del tebeo, y en la serie de Batman ya veíamos onomatopeyas. Y lo peor de todo, y que creo que hace que la película se dispare en un pie desde el primer momento: Michael Cera no crea bien el personaje y sobre todo no pega como chico enrollado y de cierto éxito, y se limita a componer nuevamente el personaje de pringado que ya hizo en
Supersalidos y Juno. Con esa cara tampoco le queda mucha más opción, también es cierto.

En resumidas cuentas: han hecho una adaptación imposible de un material al que no han sabido sacarle el jugo, cuando con mucho menos dinero y tomando mejor las ideas originales podría haberles salido algo con más sentido. Sin embargo, supongo que intentando atraer la atención de la crítica y de parte del público, se han centrado en lo que probablemente sea lo menos substancial, y les ha salido el tiro por la culata. Pensad las cosas un poco mejor antes de poneros a gastar el dinero, anda.

-SuperSantiEgo

28.10.10

Nocillero no. Lo siguiente

Me preguntaban en la entrada anterior que qué era un nocillero. Pues es difícil de decir claramente, y se podría arreglar con un "Google es tu amigo", pero como uno no es un desagradable pues lo va a intentar explicar con un ejemplo:

Artículo a leer. Sírvase seguir leyendo después. Yo le espero echándome un piti virtual.

Pues eso es un nocillero posmoderno hijo del pensamiento débil. Palabrería como nuestro amado
G Sanz, lo que importa es que parezca importante, sesuso y profundo, y aunque un charco apenas cubra si las aguas están turbias bien pueden parecer abisales: pangeico, topomaquia, batalla de lugares simbólicos, tecnología literaria punta, frases que podría haber firmado Vattimo, como "El mundo ha cambiado: es discontinuo, metamórfico; la información es fragmentaria y problemática, y la narrativa más precisa es la mutante, la que ha comprendido eso y sabe reflejarlo estructuralmente." Cien años llevamos con estas chorradas, desde las vanguardias mal digeridas, y lo que nos queda según parece. Dada no significa nada. No, ya, si ya lo sabíamos. Pero qué hartitos nos tienen a algunos esta gente.

"No se puede hablar sobre genoma o globalización en una novela a lo Galdós. Es como hacer astrofísica con gafas, en vez de con telescopio." Símiles cientifistas que no vienen a cuento, y sobre todo la demostración de que los posmo son no sólo los nuevos metafísicos, sino también los nuevos gnósticos: ya que el objeto de nuestro estudio es mágico, oscuro, tenemos que ir hacia él por lo más oscuro, aprehender noeticamente lo literario en sí debe ser por medio de una tecnología de la mente que consiga transcender nuestra propia finitud para alcanzar lo inefable, que por su propia naturaleza no puede ser comunicado; esto es, la mirada ciega a lo incognoscible que nos atenaza en la cárcel del ser abriéndonos una puerta a aquello que, por no poder ser verbalizado, niega e imposibilita la misma labor literaria a la vez que la faculta, de modo que la literatura es una escalera por la cual ascendemos a una posición metaliteraria, y como tal escalera una vez alcanzado nuestro objetivo debemos dejarla atrás.


Efectivamente, si uno no entiende ni por asomo, ni por lo más remoto, ni el genoma, ni la globalización, ni mucho menos el mundo en el que vive, siempre puede hablar así y disimular su infinita cutrez mental e intelectual.
Ya que la realidad es cambiante, poliédrica y metamórfica (vamos, que no tenemos ni puta idea de nada, y como estudiar sociología, antropología y análisis del discurso es muy cansado, pues cachondeo), y eso lo aceptamos así porque nos interesa y nos viene muy bien, pues proclamamos unilateralmente que esa es la medida de todas las cosas. Y tan campantes. Y además como todo vale, vale todo, nada se puede comprender ni saber, ni hay nada más allá de la pura intersubjetividad del hype, pues tanto da que da lo mismo, el cambalache, todo es igual, nada es mejor (excepto nosotros, que somos muy humildes e intuitivos y al menos sabemos que el mundo es cambiante, poliédrico y metamórfico), lo mismo es un burro que un gran profesor, lo mismo un sabio que un director del Instituto Cervantes en Alburquerque, y tanto da En busca del tiempo perdido que Nocilla lab. Juego revuelto, y ganancia de pescadores.

O eso, o es que a estos pobres incomprendidos no los entendemos en sus dinámicas de convergencia, que también podría ser.

Anda, si se me ha olvidado al final explicar lo que es un nocillero. Bueno, otra vez será.


La única contestación sensata al "todo vale" es el vale-tudo:




-SuperSantiEgo

Microrrelato con doble lectura

-Cariño, si me hiciera emo, ¿me seguirías queriendo?

-No. Dejaría de quererte.

-Gracias. Es lo que quería oír.

27.10.10

Libro: Invisible, de Paul Auster. Leer prescindiendo de todo hype.

El problema de leer algo por encima de la media provoca a veces que se crea que uno lo ha leído o lee todo, y muy a mi pesar me temo que he de volver a los abismos de la Fuerza con bastantes libros, obras maestras y grandes autores de los que no llegaré ni a conocer el nombre.

Pues no, no había leído nada de Paul Auster y no sabía muy bien ni de qué palo iba el caballero, aunque alguna noticia tenía de que estaba bastante bien considerado el el lar patrio y que alguna vez se había pasado por aquí a comer jamón de bellota y chumar Mahou. Aunque no siempre lo hago, a veces me documento un poco sobre lo que estoy a punto de leer, pero depende mucho de los casos y de las circunstancias, y esta vez tocó que no, y la verdad es que creo que voy a seguir haciéndolo porque así uno tiene una experiencia al menos bastante "pura" dentro de lo que cabe, del mismo modo que el otro día discutía con @Multimaniaco que se empieza a hacer frecuente que algunos aficionados a los comics se nieguen a saber de las nuevas series o números nada más que existen y quiénes son los autores, porque los portales de sobreinformación dan tal cantidad de avances y hype que llega un momento que sencillamente te descangallan toda la emoción y la novedad. Muerte al hype y al expolio.

¿Que qué me ha parecido Invisible? Pues no sé si es por haber leído antes al sesudo y profundo Thomas Mann de La montaña mágica, y ya sabemos que las comparaciones son odiosas y el contraste muy malo, pero es que me ha parecido nada. Bueno, no. Malo, tampoco. Nada. Que me ha dado igual como que me ha dado lo mismo.

Después de acabar el libro, me he tomado lo que se suponía era el primer plato, y he ido al hype. Es decir: me he leído las primeras reseñas antes de que el libro fuera publicado el año pasado, y algunas de las típicas críticas hechas con la solapa y como mucho la nota de prensa de la editorial. Y se encuentra uno con el típico hype, pero de manual: antes de que nadie hubiese leído una sola línea, ya se hablaba de una nueva obra maestra, y se había filtrado que había erotismo del fuerte y novedosas técnicas literarias que iban a dejar pasmados al personal. También me entero que este autor está considerado autor de narrativa "posmoderna", término que a los que tenemos un corazón templado a golpe de positivismo, falsacionismo y filosofía del lenguaje poco menos que nos hace estremecer el ídem. Precisamente ya empieza uno a hacer sonar todas las alarmas con esto y la aparición de tan nefasto palabro: aquello que no es nada, que no se define, que nunca se concretiza, tiene la posibilidad de ser cualquier cosa, pero precisamente por eso no pasa de ser nada, por muchas etiquitas "post" que le pongamos, ya que el hueco que se renuncia a cubrir con algo de substancia es invadido por el hype, la pose, la pura palabrería y la promoción. Le pasó a la filosofía posmoderna, y le pasa a todo arte posmoderno, que a fuerza de no querer ser arte, ni filosofía, sino quién sabe qué coño quieren ser, vaya si terminan consiguiendo, vive Papá Pitufo, no ser arte, o no ser filosofía. Básicamente es hype, darle vueltas a las cosas mil veces y no dejar claro nunca jamás qué demonios hay dentro del huevo, pero que creamos que el huevo tiene algo dentro y que es muy importante. Lo importante al final no es lo que hay dentro del huevo, sino dudar incluso si el huevo existe, y ya puestos meditar sobre tu propia naturaleza intrínseca de huevo(n).

La única forma de luchar contra ellos, no lo neguemos, es decirles que no nos importan ellos y su huevo precisamente ni un huevo, y que dejen de joder la marrana tocándonos a nosotros precisamente los kínder.

Reconstruyendo el hype de nuestro caso en particular, veremos que es de manual. Igual que los medios de comunicación emperazon a decir meses antes de estrenarse Avatar que era una obra maestra, antes de que nadie leyese esta novela estaba claro que era una gran obra, rompedora y genial. Es lógico que a un autor ya conocido se le conceda cierto crédito cuando da al público una nueva obra, pero como su propio nombre dice es eso, un crédito, avanzamos una cierta cantidad de expectativas y confianza en quien ya nos ha demostrado su valía, pero no es ni un cheque en blanco ni mucho menos un préstamo a fondo perdido. Aquí queremos chicha. A pesar de que nos quieran vender esta historia como algo muy complejo, Invisible no deja de ser una narración lineal de un personaje, desde sus veinte años hasta su muerte, en la que él es el narrador, y en el que otro narrador compila los textos que ha dejado su ya fallecido amigo y les da cierto acabado. Al final, aparece un tercer personaje narrador, una mujer, que intenta cerrar la historia. Hay tres partes bastante diferenciadas, pero aunque nos quieren vender como un artificio formal poco menos que rompedor que ese narrador-escritor utilice tres formas personales diferentes, primera, segunda y tercera persona, no deja de ser el mismo, mientras el narrador-amigo no deja de ser un poco el personaje demiurgo que explica la existencia del texto completo. En la segnda parte de la vida de este joven a finales de los años sesenta nos contarán también el incesto del protagonista con su hermana, parte de la que Auster según parece está muy orgulloso, y que incluso leía en voz alta en las presentaciones. Por último un personaje secundario de la narración, una chica ya convertida en una mujer madura, termina por medio de su diario, que presta al narrador-amigo, de contar la historia.

Pero es que tampoco hay mucho que contar. Se supone que todo ese supuesto artificio formal y las distintas versiones de la historia, que tampoco se excava mucho en ello, muestran una sensación de que la verdad, si existe, es invisible, inaprehensible, polifacética. Muy posmo, sí: así todo cabe en cualquier parte. Por supuesto, cuando el narrador-amigo habla con la hermana del narrador-escritor, le dice que nanai, que eso es una fantasía enfermiza de su hermano que no puede comprender, y del mismo modo el personaje que ejerce a modo de némesis del protagonista queda difumindo, o bien un mero defensor de su propia vida o un brutal asesino, un peligroso fascista o un agente doble del bloque comunista. La novela no te lo aclara, porque aunque se lee con facilidad y no es muy extensa, como casi todas las de Auster, se supone que debes llegar a tus propias conclusiones. La solución no existe y es indeterminada, invisible.

Da la impresión de que Auster "ha pensado el libro seriamente" pero no se ha molestado demasiado en reflejar eso en lo que ha escrito, y nos deja el trabajo a los demás de llegar a las mismas conclusiones que él, pero con tan pocas constantes y tal multitud de variables cada uno puede llegar a donde quiera... a no ser que se deje guiar por factores externos, y ahí es donde entra el hype, la construcción externa de lo que ya no es una obra literaria, sino un complejo fenómeno literario donde la obra literaria, a este paso, va a ser algo superfluo, igual que muchas veces la música de algunos grupos es lo de menos respecto a otros valores que representan, encarnan y explotan.

Tampoco es que quiera ofender a los muchos rendidos admiradores de la obra de Auster, pero lo único que se me ocurre decir es: no, vamos, ¿va en serio? Una narración en primera, segunda y tercera persona... ¿una técnica innovadora? Bueno, después de que la gente crea que Pulp Fiction es la primera película contada de esa forma, es que ya me creo cualquier cosa. Innovaciones formales son el Cuarteto de Alejandría y Pedro Páramo, pero esto es de chiste. Que no es que el señor escriba mal, la narración es fluida y ágil, pero esto no tiene nada del otro jueves, parece más un ejercicio bastante estéril y que no aporta gran cosa, la verdad. Respecto a lo "invisible" de la verdad, pues a mí esto ya me lo han contado muchas más veces y sobre todo mucho mejor, y de manera que parece que se me cuenta algo, no que el narrador, de tan posmoderno, tampoco sepa de qué está hablando realmente. Sin ir más lejos, En el bosqu
e, de Ryūnosuke Akutagawa, que dio lugar a la película Rashomon. En muchísimas menos páginas y en una película de metraje no excesivo se nos dan distintas y excluyentes versiones de una misma historia por parte de sus participantes, y queda claro que la verdad es inaprensible.

Sobre la escena del incesto: no, vamos, ¿va en serio? Porque mira que es blandurria, ¿eh? Vamos, que follan, o al menos él dice que follan, y luego se separan y listo. Ni drama, ni sentimientos más allá de algo de pena, ni nada, como por cierto casi el resto de la novela, donde todo parece con sordina pese a que se supone que hay grandes amores y sentimientos enfrentados. Como ellos mismos dicen según la versión del hermano, quisieron hacerlo, no se arrepintieron, no se sintieron mal por ello y no hicieron mal a nadie, así que punto pelota. Vale, ¿entonces para qué me lo cuentas? Además, desde Sade en el XVIII y Apollinaire a principios del XX, escribir una burrada sexual en literatura es poco menos que imposible, así que aunque quizá en su país de origen sí consigue escandalizar a la burguesía, aquí en la vieja, decadente y de vuelta de todo Europa creo que lo único que se nos ocurre decir es: no, vamos, ¿va en serio? Si el incesto, en este caso real y con consecuencias, aparece incluso en una saga de fantasía de consumo masivo, como Canción de hielo y fuego.

Muy posmoderno todo, ya lo creo. Bastantes citas cultas y referencias a grandes escritores, y a la vez según parece en cada una de sus obras Auster refleja su pasión por el baseball, guiños a la cultura popular y a los deportes de masas. Otro paralelismo con el pensamiento posmoderno: abrumarte con analogías científicas, utilizar palabras altisonantes y frase enrevesadas, pero nada tiene lógica, ni sentido, ni pasa de ser terrorismo intelectual. Del mismo modo Auster pretende que creas que estás ante algo que es la leche porque se cita a Dante, a oscuros poetas provenzales, amores incestuosos, oh París lalá en el 68, y acabe todo con una escena sin venir a cuento, llena de absurdeces de unos personajes que terminan siendo absurdos y que todo termine con una imagen que parece sacada de una película de David Lynch. Como en uno y otro caso uno se pare un momento y piense realmente en lo que le están contando no puede sino decir:
no, vamos, ¿va en serio? En cierto modo es ni más ni menos que eso: no quiere ser una gran obra, ni experimentar, ni ser escandalosa. Es experimentación para los que no quieren experimentación y escándalo para los que no quieren escándalo, un nicho de mercado a medio camino entre el más zafonio bestseller y la literatura de calidad, un ersatz de las dos cosas que puede pasar como literatura intelectual de calidad sin renunciar a ser un extraordinario éxito de ventas ni ser atacado por ello. No tiene que ser nada, le basta con parecerlo, y dejar que el hype haga su trabajo. Lo importante es lo que parece, no lo que es. No hace daño leerlo, pero no leerlo tampoco. A mí así a palo seco y sin haber sido nunca seguidor de la zapatilla de este hombre es la impresión que me da, el famoso cubito de caldo para dar sabor a un saco de arroz, la nada, pero una nada perfectamente empaquetada, y muy grande. No es nada y por eso cada uno puede hacer por sí mismo la labor de cerramiento: no hay nada en realidad, pero tú construyes lo que hay, si es que realmente tienes ganas de hacerlo y entras en el juego.

Siguiendo con el concepto de posmoderno, precisamente estaríamos por tanto no ante un pensamiento débil, sino ante una literatura débil hija de ese pensamiento de la flojera, donde todo es posible, pero nada es posible porque en el fondo nada se pretende ni intenta, más allá de ser, de estar por estar, de ocupar un espacio y de tener presencia, de mantener una ficción autoconvencida y no dar realmente nada a cambio, como en Fin, de Monteagudo, también muy posmoderna, ni El Jarama ni It, sino todo lo contrario. Al final, sí, has leído unas cuántas páginas, pero como cuando uno oye a los posmo, ¿qué? Sí, qué: ¿esto de qué coño va? No, vamos, ¿va en serio?

No, no he leído a ningún nocillero. Y miedo me da hacerlo.

Por último, no creáis que soy el único que cree que todo esto huele a cuerno quemado. En el New Yorker le tiran con bala y a dar.

No sé. Quizá algún día me ponga con la Trilogía de Nueva York, que dicen que es lo mejor que tiene, pero ya veremos.

-SuperSantiEgo

26.10.10

Libro:La montaña mágica, de Thomas Mann.

Lo bueno de no estar obligado a hacer críticas académicas es que uno se lo pasa muy bien pensándolas. Quizá no tengan mucho valor crítico, pero desde luego pueden incitar a cierta creatividad para el que se cree que escribe y esas cosas.

Yo resumiría la novela en sí misma y respecto a las vicisitudes de su protagonista con un "Jo, no pensaba que iba para tanto". Hans Castorp se va a un sanatorio de visita tres semanas y se tira siete largos años, y Thomas Mann decide escribir un relato o novela corta y se encuentra con que escribe una novela de mil páginas, considerada como "obra monumental" y una de las cumbres de la novelística alemana. En mi particular denominación de estas obras, titanovela. "Igual me he pasao", pensó el tito Tomás cuando vio cómo se acumulaban las páginas. Traquilo, señor Mann, nosotros se lo agradecemos.
Permitidme que, al contrario de como suelo hacer, haga primero la crítica de esta obra según el espíritu de nuestro tiempo, la Teoría de la Molonidad:

Me abuuuuuuuuuurro. Aquí no pasa nada. Se tiran todo el tiempo en una montaña pero nadie hace nada. Bueno, algunos se mueren pero no los mata nadie. Se tiran todo el rato hablando y el narrador especulando sobre lo que sienten o piensan los personajes, pero nada más. Al final hay un duelo, pero es una mierda, y cuando justo al final hay una escena de guerra... ¡se acaba!

Si lo que te gusta es leer novelas de Warhammer 40K, ésta probablemente no sea tu lectura recomendada. Básicamente no pasa nada en mil páginas. O si: la gente llega y se va, se conocen, hablan, recuerdan cosas, viven, dejan pasar la vida... Parece mentira, pero a estas alturas habrá que empezar a defender que estas cosas también son perfectamente válidas. También hay que tener en cuenta que Mann intenta retratar y fijar de forma novelada el mismo sentimiento subjetivo del tiempo, de ahí el carácter temporal no lineal de la novela. La narración es lineal menos unas pocas excepciones, pero lo que no es lineal es el ritmo interno, que se va acelerando. El primer día de estancia en el sanatorio de Hans Castorp se dilata, parece eterno, pues todavía lleva internamente el "tiempo de la llanura", opuesto al tiempo y a la percepción del tiempo que se tiene en el sanatorio, y a medida que se adapta al tiempo de la montaña, al tiempo encantado y mágico de su residencia, la cronología deja de tener sentido y se acelera, de modo que los últimos años pasan a ser un monótono día detrás de otro sin apenas variaciones, y en el que se cuentan sólo las anécdotas más interesantes.

El personaje principal es un joven de buena familia que acaba de terminar sus estudios de ingeniería naval, y que antes de incorporarse a su primer puesto de trabajo va a visitar a su primo, enfermo de tuberculosis, en Davos, Suiza, y pasar así con él unas tres semanas en régimen de visita. Sin embargo en una revisión rutinaria se le detecta un posible foco de infección, y decide quedarse una temporada más, que se convierte en siete años. Se dice, con razón, que esta novela es un Bildunsroman invertido. Si en ese género el joven se construía a través del viaje y los distintos encuentros con personas, aquí el joven se queda quieto en el mismo sitio, y a pesar de sus encuentros y diálogos con distintos personajes parece que sigue en su estado voluble e indeterminado en el que empieza. Hans Castorp es en cierto modo un cobarde existencial, que va buscando excusas para no reintegrarse en el mundo adulto y quiere seguir indefinidamente en un ambiente calmado y sin riesgos, en una enfermedad que le permita no tener responsabilidades ni obligaciones. Salvando las distancias, es una especie de nini del pasado: ni sigue estudiando, ni trabaja, ni hace nada de provecho más que pasear, leer y charlar con sus amigos. En el mundo moderno Hans Castorp se dedicaría a tocarse las narices, a chatear todo el día con su cacharritos y otras actividades edificantes.

Naturalmente en tantísimas páginas hay sitio para muchísimos personajes. Femenino, sólo tiene uno importante, Clavdia, una rusa liberada por mor de la enfermedad, ya que su precario estado de salud le permite llevar una vida intinerante de balneario en balneario, lejos de su patria y de su marido. Es reflejado como un personaje bastante frívolo, y cuando narra su paso por España hace notar que sus habitantes le pareció que eran medio negros, lo que inmediatamente me hizo pensar en la escena entre Christopher Walken y Dennis Hopper. Y, bueno, señora, ya sabe lo que dicen de los negros... ¡ejem! En su caso, la enfermedad la libera, del mismo modo que la afección, más imaginada que otra cosa, de Hans, lo libera a él de dedicarse realmente a vivir, centrándose en exclusiva en estar enfermo, con cierto parecido al protagonista de Trainspotting: ser heroinómano te quita de todos los problemas menos uno, conseguir heroína, y para Hans ser un enfermo crónico lo libera de la vida, del paso del tiempo y de sus obligaciones de buen burgués, como ser un miembro productivo de la sociedad y tomar decisiones: sólo tiene que preocuparse de que lo cuiden, de tomarse la temperatura varias veces al día, de reposar y de dejar pasar el tiempo en pos de una curación que en el fondo no se desea pues acabaría con esa muelle vida contemplativa y completamente decadente. Él y otros personajes, como todos hemos vivido en mayor o menor medida al haber estado enfermos, se pliegan a cierto comportamiento infantil y se dejan llevar ante la figura autoritaria de los médicos, que ejercen ante ellos como adultos que cuidan de personas que no pueden decidir por sí mismas, siempre con la sospecha por parte del lector de que además de ser un verdadero sanatorio es un sacacuartos y una bonita jaula de oro en la que la alta sociedad se deja un muy buen dinero en una actividad a medio camino entre los hábitos higiénicos y el ocio, parecido a lo que ahora vivimos con los spas, curas de reposo y talasoterapias varias: la preocupación excesiva por la salud, o el hacerse el delicado, es una constante en ciertos estratos sociales, y queda incluso de buen tono. Mann tampoco tiene tiempo para ello, pero todos recordamos que en otras obras de la época la tuberculosis no era tan clemente con el que no tenía dinero para poder dedicarse a guardar reposo y comer buenos alimentos. Otros personajes sin embargo no están nada de acuerdo con su enfermedad. Uno de ellos es Joachim, el primo de Hans que ha visto así interrumpida una prometedora carrera militar, y que se marchará a continuarla a pesar de que quizá no se encuentre completamente repuesto, de modo que su arrojo le terminará costando la vida. Tampoco la acepta bien uno de los personajes tardíos de la novela, el holandés Mynheer Peeperkorn, amante de Clavdia, cuyo vitalismo no puede soportar su enfermedad y la inminente decrepitud provocada por el paso del tiempo.

Dos de los personajes más importantes de la novela son Settembrini y Naphta (este nombre en algunos países americanos deben considerarlo bastante chocante), un italiano masón, librepensador y partidario de la globalización como se entendía en aquel tiempo, y un suizo, judío de origen pero converso al jesuitismo, que simboliza el pensamiento caduco, reaccionario, intransigente y totalitario, como un presagio del nazismo en alza, ya que la novela se terminó en 1924. Por si fuera poco, Settembrini y Naphta son compañeros de piso, como Epi y Blas. Sobre ellos recaen los diálogos más filosóficos de la novela, mientras intentan seducir el pensamiento de Hans como si fueran Erasmo y Lutero, y Hans por momentos parece que está del bando del último que le ha calentado la oreja. El enfrentamiento final entre estos dos enemigos íntimos es un vaticinio de lo que conducirá a la Primera Guerra Mundial, mientras que la fecha de publicación de la novela parece indicar que el mismo Mann, como algunos de los escritores de su época, se temían que el mundo se enzarzase de nuevo en una guerra de grandes proporciones. Por su parte, Mann no era ni mucho menos un antisemita, evoluciónó a posturas claramente democráticas, su esposa era de ascendencia judía y en esta novela se trata con ironía cómo un personaje germanófilo suscrito a revistas de supremacía aria va buscando un balneario donde no se permita el paso a los judíos. La novela fue criticada, por ésta y otra razones, por los nazis.

La novela tiene otros puntos interesantes, además de los literarios. La medicina de la época (1907-1914 aproximadamente), es reconocible como moderna, aunque obviamente a nosotros nos pueda parecer algo bárbara, hay referencias a nuevos avances, a teorías modernas sobre la microbiología y la patología, y curiosamente el médico que es partidario del psicoanálisis también es el que se encarga de montar una sesión de espiritismo. También aparecerán inventos nuevos y maravillosos, como el fonógrafo. Y un detalle que a día de hoy nos puede parecer poco menos que chocante: un balneario especializado en la cura de tuberculosos y otras enfermedades del pulmón, y ahí todo el mundo fumando como carreteros. Vamos, ni una sola indicación a que sea malo, a que no se deba hacer en un hospital, ni nada parecido, desde los enfermos a los médicos dale que te pego e incluso recomendándose marcas.

Mann es considerado en buena medida como un punto de unión entre la narración literaria del s XIX y del XX. Se le debe considerar un escritor plenamente contemporáneo, pero sin abandonar del todo algunos hábitos narrativos del XIX, más presentes en sus primeras obras. Una de las cosas que más me llamó la atención ahora que la he releído, es que el narrador, aunque omnisciente, no es un narrador puramente demiúrgico e impersonal, sino que se implica, hace digresiones, excursos, opina y en ocasiones juzga a los protagonistas, aunque proclame que en ningún momento lo va a hacer. Es un juego que ya indica que la literatura en el s XX empieza a reconocerse a sí misma como un metalenguaje, un puro artificio que no hay que ocultar ni negar, sino celebrar como lo que es.

Esto explica, a mi juicio, el final de la novela. ¿Cómo dar final a una novela de esta naturaleza? Pues en cierto modo el narrador toma cartas en el asunto, igual que las circunstancias históricas deciden acabar con las condiciones de vida que hacían posible esa burbuja apartada del tiempo normal. Estalla la Primera Guerra Mundial, una conmoción de tal calibre que Hans Castorp tiene que reaccionar y tomar la decisión de hacer algo, y que no es otra cosa que cumplir el destino de su primo, convertirse en soldado e ir a una guerra que sacude a la indolente Europa en su sueño adocenado, de modo que finiquita ese mundo decimonónico en que el continente parecía haberse aposentado igual que los protagonistas de la novela. El narrador, Mann, nos describe en las últimas páginas a Castorp en el frente, evocando las canciones que escuchaba en el fonógrafo, y se despide de su protagonista deseándole buena suerte, pero desentendiéndose de su destino, sobre el que no quiere seguir indagando, y manifestando quizá, como Pirandello y Unamuno, el carácter de máscara, de constructo literario, de los personajes. Mutatis mutandis, algo parecido al final de La chaqueta metálica, con los soldados saliendo fuera de plano, y cuya suerte no conoceremos una vez cerrada la pequeña ventana a un mundo imaginario que nos han abierto los autores.

Como pura especulación literaria, podríamos también relacionar, aunque sea por oposición, esta novela y su ambientación con su contemporáneo e igualmente escritor en lengua alemana Franz Kafka. Desde luego ni por asomo la novela tiene nada de kafkiano, ya que no hay influencia alguna, pero Hans se encuentra en cierto modo inmerso en unas circunstancias en las que se deja llevar, en una atmósfera paradójicamente enfermiza, ya que se supone que conduce a la salud. No es, desde luego, una simple víctima de unas circunstancias que no puede controlar, como los héroes kafkianos, y cuando se da la irrupción del mundo real en ese mundo apartado y con sus propias leyes, la racionalidad se impone aunque sea por medio de una guerra. Supongo, por suponer, que en un final kafkiano de esta novela el personaje se quedaría indefinidamente en el sanatorio, envejeciendo lentamente, pero con el ánimo decidido todos los días de comunicar la dirección al día siguiente que se va a ir, o que incluso llegara a decirlo todos los días pero luego por una u otra razón terminase quedándose. Pero bueno, sólo es una fantasía literaria.

Si queréis saber datos más sobre esta obra, en la Wiki el artículo es bastante bueno.

-SuperSantiEgo