Probablemente José Saramago alcanzó en vida lo que podríamos denominar el "Nirvana literario": escribir lo que te dé la gana y al que no le guste que arree. Si eso no es una de las definiciones de la felicidad, muy lejos no debe andar.Aunque es un autor que me gusta y admiro, y considero que Ensayo sobre la ceguera es tremenda, tampoco es que me haya gustado todo lo que he leído de él. Memorial del convento también me parece extraordinaria y con una mala leche tremenda, pero El año de la muerte de Ricardo Reis no me hizo demasiado tilín y La balsa de piedra cuando se pone "iberista" es poco menos que incomprensible y no sé lo que pretende.
Ambas sus dos últimas obras están escritas con la peculiar ortografía que adoptó el buen señor, en el que los diálogos no se marcan con saltos de párrafos, los nombre propios no llevan mayúscula y se hace que todo quede fluido. Naturalmente, Saramago lo hace sabiendo lo que hace y cómo, de manera que nunca se presta a confusión lo que escribe a pesar de estas licencias. Que quede claro: cuando Saramago se niega a poner mayúsculas y comas es porque primero sabe muy bien dónde ponerlas y sabe muy bien por qué las quita. No confundamos ser Faulkner con escribir en HOYGAN.
He de reconocer que El viaje del elefante no me ha entusiasmado demasiado. A pesar de ello se puede apreciar la ironía del autor, y cómo a su avanzada edad y con mucha sabiduría a cuestas ve el mundo con una gran ternura y comprensión. Incluso los personajes poderosos o prepotentes no dejan de ser esclavos de las circunstancias y son cautivos de sus miedos y de las apariencias, aunque eso no quita que los verdaderos héroes del relato sean el elefante y su cuidador, un indio que llegó a Portugal para cuidar al animal y que se encarga de conducirlo en su periplo hasta Austria, cuando al rey Maximiliano le endosan el regalito. Aunque pueda ser difícil de creer, está basado en un hecho histórico, ya que efectivamente el buen rey Juan III de Portugal no tuvo mejor idea que hacer ese regalo a Maximiliano de Austria por su boda. Hace falta tener mala leche con la parentela para hacer algo así, pero bueno. Sí, en Vietnam hubo un episodio parecido, llevado al cine por Disney.
Quizá su ob
ra postrera, Caín, recupere al Saramago con más mala uva. ¿Que no os gustó El evangelio según Jesucristo y casi me hacéis la vida imposible por ello? Pues unos años después me dieron el Nobel y ahora os coméis esto.Curiosamente, y que me perdone el buen señor desde los abismos de la Fuerza, me recordó incluso un poco a un bodrio de película como Año uno, en el que también salía una versión bastante chusca del conflicto entre Caín y Abel. Saramago nos cuenta básicamente el Génesis completo desde la perspectiva de Caín, el primer asesino y también el primer rebelde y el primer malteísta, ya que obviamente ateo no porque se tira unas largas parrafadas con Dios, con el que llega a un particular acuerdo de responsabilidad compartida respecto a la muerte de Abel, de modo que en su vagar Caín va recorriendo a lo largo del tiempo, adelante y atrás, los episodios más conocidos del Génesis (de largo el libro más divertido de la Biblia), asiste al Sacrificio de Isaac, a la caída de la Torre de Babel, al suplicio de Job y al diluvio universal, siempre bajo una perspectiva única: que sabe que Dios es caprichoso y cruel, y que por mucho que quiera convencerlo de lo contrario no hay escritura recta con unos renglones tan torcidos.
Cuando uno se acerca al final, se pregunta cómo Saramago va a dar por terminada la novela, y la verdad es que ese final, que no os voy a contar, no puede ser más acertado. Menuda sincronización la de don José: escribe ese final y al poco se muere.
-SuperSantiEgo
2 comentarios:
Tengo las dos pendientes. Las anteriores las fui devorando según salían, pero estas, desde que me las regalaron, ahí están en la estantería. Ya me pondré.
Y bueno, la verdad es que casi creo que el mejor libro de la biblia es más bien Las Revelaciones, pero eso es cuestión de gustos... Lo mismo que el final de Caín, que me pareció más bien apresurado.
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