24.12.11

Un año más, Feliz Pastafaridad

Y como siempre, la misma imagen, cuyo origen se detalló el primer año.


Este año, además, celebremos también Kwanzaa, para festejar todos nuestros orígenes africanos.

Y si no, que cada uno celebre lo que le dé la real gana, para qué discutir.

Da igual, porque al fin y al cabo acabaréis todos de un modo u otro como en la Saturnalia:

-SuperSantiEgo

8.12.11

Libro: El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss

Hace años, cuando estaba de estudiante en Santiago DC, existió una asociación de juegos de estrategia y rol llamada Graal, en la que además, como ya he contado, hicimos un fanzine llamado Edda. En ella nos reunimos muchos aficionados a lo que, entonces, todavía no se llamaba frikismo. En cierto modo viendo a mucha de la gente que había por allí no sólo supe el friki que quería llegar a ser, sino también el friki que, sin duda, no quería llegar a ser. Lo mío, me dije entonces, era ser un friki cartesiano. Básicamente, mi frikismo es profundamente herético respecto a lo que uno se suele encontrar por ahí.

Entre las discusiones más habituales una de ellas era la pureza del juego del rol, y una de las prácticas piadosas que considerábamos imprescindible es que el personaje tuviese un trasfondo, una historia previa o background. Los masters, habitualmente, se lo pedían a los jugadores, y por regla general casi nunca se los daban. De entre los distintas historias que la gente confeccionaba para sus personajes hubo una que se hizo legendaria, y no me extrañaría que entre algunos de mis papeles viejos hubiese una copia de él, ya que todos lo terminamos leyendo de lo... ¿malo que era? Bueno, no exactamente malo. Era tan malo que quizá ya era bueno. Era de un personaje de Vampiro. La mascarada, entonces un juego novedoso que no sabíamos que era el comienzo de los vampiros existencialistas que llevan emponzoñando la cultura occidental desde hace dos décadas. La narración en cuestión, básicamente, conseguía en algo que es casi anatómicamente imposible, una autolamida de glande en toda regla, en la que el personaje se inventaba un pasado en el que, por decirlo de forma modesta, era alguien que podía decir aquello de "Dios no está por encima de mí y yo no estoy por debajo de Él". Sencillamente acojonante. Al tipo le pasaba de todo, y siempre conseguía ser más poderoso, tener más prestigio y admiradores en todo el submundo del juego, objetos mágicos, y toda cuanta exageración se pueda imaginar.

La obra de Patrick Rothfuss es básicamente eso pero en una novela de unas tres mil páginas, tirando por lo bajo. En realidad, se podría decir de esta segunda parte que es más, mucho más de lo mismo, que lo que ya dije en la primera. Quizá peor porque se diluye el efecto de novedad y además los hallazgos de la primera parte aquí están menos presentes, y más lo que menos me gustó. Por un lado sorprende la audacia de escribir una primera novela de más de tres mil páginas, pero por lo mismo no sorprende nada que le costase encontrar un editor, ya que ni siquiera es una trilogía como tal, ni cada una de las partes está presentada con su presentación, nudo y desenlace, sino que básicamente se mete la tijera y se da por terminada la narración donde cae. Y cuando digo que encontró un editor, es sólo que encontró alguien dispuesto a imprimírsela, distribuirla y promocionarla, porque la figura del editor, lo que era realmente un editor en origen, parece que ya se ha perdido: alguien que ejercía como crítico implacable de la obra por publicar y que encabronaba al autor hasta que éste reconocía que cierto capítulo era flojo, sobraba, o que tal cosa u otra eran inadmisibles. Según parece, la novela de Doctor Jeckyl y Mr Hyde es la segunda escritura de la misma historia. De eso ya casi no queda. Esta obra tan extensa, sin duda, habría mejorado mucho si alguien le hubiese dicho que llega un momento en que lo que nos cuenta es poco más o menos igual de risible que la presentación de personaje que cité antes, que había que cambiar algunas cosas y sobre todo que hay que meter la tijera.

Por otro lado esto lleva a pensar también en otras cosas. Como he hablado alguna vez, parece que se está aposentando, irresistiblemente, toda una cultura adultescente, no ya sólo en los patrones de consumo de entretenimiento sino también, y esto es más grave, en la forma de ver la realidad como un videojuego en la que los malos están ahí para ser vencidos, o como en un tercer acto de película en el que los que siguen el camino recto terminan ineludiblemente venciendo al mal, que se desmorona como en Star Wars, ESDLA, Tron o V de Vendetta en una maravillosa resolución del conflicto, el EPIC WIN. En resumidas cuentas, la visión pop de la realidad.

Hace poco decía un escritor que se estaba borrando en literatura la línea entre literatura juvenil y adulta. Esto es más grave todavía si lo miramos en el mundo de habla inglesa donde hay un género, tipo de literatura o como queramos llamarlo, que más o menos se corresponde con lo que aquí llamamos literatura juvenil, y que se denomina young adult, literatura para jóvenes adultos, que se supone dirigidas a un público entre catorce y veintinún años, y que quizá por tener el término "adulto" incluido sea incluso más equívoco. Sinceramente no me termina de caber en la cabeza como la saga de Crepúsculo, paradigma de este tipo de literatura, puede interesarle a alguien que sea mínimamente adulto, aunque quizá sí adultescente. Es decir, libros escritos por adolescentes emocionales e intelectuales para lectores emocional e intelectualmente inmaduros, tengan éstos quince o cicuenta años. Fantasías románticas o en este caso de poder protagonizadas por héroes que, como en un videojuego, van encontrando tesoros, objetos mágicos y otros personajes que los ayudan en su misión, sin que haya nunca la más mínima duda de que terminará consiguiendo su objetivo, sencillamente, porque él lo vale. No hay nada malo en la adolescencia, todos tenemos que pasar por ella, pero parece que mientras que para algunos es despabilarse y empezar a ver el mundo un poco como es, con todas sus ventajas y problemas, para otros es enquistarse en un mundo egomaníaco y narcisista en el que todo el mundo está contra uno y sólo conspira para evitar que uno, el protagonista del mundo que todo lo merece, sea legítimamente feliz sin preocupaciones ni problemas. Mucha gente, en sus protestas existenciales que tanto abundan en la red, no hacen sino preguntarse esto: ¿dónde está mi papel protagónico que me merezco por derecho, y que a todo el mundo en la tele le toca?, ¿dónde mi EPIC WIN donde todo estalla y llega la catarsis?

Es la ética y la estética del videojuego. Mientras que en todos los juegos hasta hace unas décadas casi siempre había un contrincante de verdad que no se dejaba ganar por las buenas, ahora todo está pensado para la satisfacción del consumidor, que es ganar, aunque en el fondo la victoria esté amañada. Tanto es así que ya hay mucha gente que se queja de que los juegos, muchas veces no particularmente baratos, no sólo se juegan en muy pocas horas, sino que además llegan a ser insultantemente fáciles de pasar, porque todo está planeado para evitar el esfuerzo y la frustración. Las mentes inmaduras, por cierto, tienen una baja tolerancia a la frustración. Con esto desde luego no estoy diciendo que todos los videojuegos sean así, pero basta ver algunos de los superventas, su estética y su forma de juego, y algunas de las críticas que reciben, para ver que muchas veces son paseos triunfales matando a todo lo que se mueve, y que hay jugadores que ante la más mínima dificultad dicen que el juego es, así de simple, una mierda. Así se las ponían a Fernando VII, y eso. Lo que pasa es que, igual que el rey según parece no se daba cuenta de que le dejaban ganar, algunos jugadores tampoco son conscientes de que su catárquico EPIC WIN está amañado desde el principio. En el caso de una novela, el protagonista estupefantástico, con el que se idetifica ese autor y lector adultescente, obtendrá todo lo que se proponga por el mismo método de ser, sencillamente, el protagonista principal que satisface esa forma de ver la realidad.

En la crítica al primer libro hablé del fan fiction y del concepto de Mary Sue, dejando claro que el gran protagonista de este libro, Kvothe, es uno de este tipo de personajes: marisabidilla, perfecto, todo le sale bien, falsamente inmodesto, y sobre todo profundamente irreflexivo, aunque presuma de lo contrario. Es un arquetipo del fan fiction, pero desde luego es aplicable a personajes originales, un Canon Sue. De hecho hay que recordar que fan fiction es un término que ha cambiado de significado con el tiempo, ya que ahora hace referencia, sobre todo, a la literatura de fans en la que se aprovechan como escenario los principales universos de fantasía o ciencia ficción, pero en origen era literatura de los fans, pero referida también a lo que ellos mismos escribían como aficionados al crear sus propias historias. El término aficionado no es malo en sí mismo, ya que todo el mundo, de un modo u otro, empieza de aficionado en algunas labores artísticas, e incluso Vargas Llosa, cuando ganó un premio con La ciudad y los perros, era en ese momento un aficionado y esa obra la de un aficionado, aunque ahora se considere una obra clásica y él haya ganado el Premio Nobel. Es una distinción, sin embargo, que a veces es clara cuando uno se enfrenta a ciertas obras que se cuelgan en la red, que son, independientemente de la edad del que las escribe o del tiempo que lleve haciéndolo, obras de aficionado: excesivo entusiasmo y precipitación, servilismo ante los clichés más obvios de un género, descarado fanservice, personajes inverosímiles o ridículos y otros indicios de una gran impericia y falta de asimilación de los más elementales rudimentos de contar una historia coherente de forma legible. Hay incluso escritores de una gran notoriedad que, por muchos millones que hayan ganado o se dediquen profesionalmente a ello, en el fondo nunca han dejado de ser eso, unos aficionados, aquí ya con cierto tono peyorativo. Stephen King, aunque su obra no me hace mucho ¡tilín! no es ni de lejos un escritor aficionado porque sabe lo que hace, pero no puedo decir lo mismo de Dan Brown, Stephanie Meyer o Cory Doctorow, el único escritor vivo que si divides la calidad de sus libros por su precio obtienes  indeterminación.

Algunas de estas impresiones, que empezaron al leer la primera parte, se agudizan al leer la segunda. Tengamos en cuenta que en primer lugar no es una trilogía, sino una novela muy larga editada en tres partes, así que la segunda parte acaba como la primera: como el culo. De hecho, se puede decir que no ha pasado nada. Nada en absoluto, porque no se ha resuelto nada. ¿Nada en 1200 páginas? Nada de lo importante. Pasan muchas cosas, pero nada en realidad, sólo un continuo suceder de anécdotas, viajes y experiencias en las que el personaje va demostrando que Dios no está por encima de él y él no está por debajo de Dios. Patrick Rothfuss se ha diseñado una videoaventura en la que él, y nosotros como lectores hacemos el papel de los que ven cómo juega, mueve a su muñeco, que se podría decir que está haciendo una "partida perfecta", encuentra todos los tesoros, descubre todos los escondrijos secretos y siempre tiene la réplica perfecta en cada situación.

La segunda parte empieza obviamente donde "terminó" la primera: Kvothe está en la Universidad aprendiendo para llevar a cabo su venganza contra los seres malvados que mataron a su familia. Obviamente, como es la leche, lo hace casi todo bien. Sigue en relaciones con un personaje que, básicamente, es como él pero en chica, una enigmática moza que no se sabe bien lo que es, pero se dedica a flirtear con muchos señores de posibles a los que siempre les da calabazas. Nunca me ha quedado claro si es una puta o no, pero si no lo es no entiendo cómo alguien se puede creer que pueda tener tan engatusados a los hombres sin darles a probar cacho. No sé si los rendidos admiradores de Rothfuss tienen una explicación para este personaje, pero de tan enigmático, y superbello y superperfecto y supertodo yo sólo puedo darle al final la etiqueta de "zorra calientapollas", y más cuando el que se supone que el casto amor que siente Kvothe por ella, que lo trata como a su puta emocial, yo sólo podría definirlo como "pagafantismo bochornoso". Yo tengo mis sospechas de quién es en realidad, porque de hecho en su presentación general el mismo Kvothe dice algo que lo hace pensar. Tengo yo demasiada mili en la vida para creerme a estos dos personajes y el tonteo que se traen entre ellos, o que me importe lo más mínimo.

Kvothe se las ingenia para meterse en un par de problemas gordos, que siempre los soluciona porque tiene grandes amigos, y cual Steve Jobs crea un gadget de gran impacto tecnológico. Después, los personajes hada madrina que no falten, un noble, admirador suyo por sus artes musicales, lo envía a una misteriosa misión a un lejano país para ponerse al servicio de un importante aristócrata que está forrado, y al que, siendo tan listo el protagonista, le presta importantes servicios por los que, se supone, él le estará eternamente agradecido. De paso, lo envía como jefe a una misión comando para destruir a un grupo de forajidos que roban los impuestos. Brillante, señor aristócrata: poner a un adolescente, sin ningún tipo de preparación militar y del que sólo conoces sus disposiciones intelectuales, al frente de una expedición de alto riesgo. Obviamente, el protagonista, que para eso lo es, lo borda, e incluso cuando el experimentado grupo de exploradores la caga él es el que soluciona todo porque le sale un crítico en la tabla de hechicería y claro, pasa lo que se espera. De vuelta, se encuentran a una legendaria princesa de las hadas, y pasa una temporada en su compañía, aunque nadie "normal" ha vivido para contarlo. Pero claro, si eres el superprota... no sólo te quedas allí y luego te deja marchar, sino que además de no morir te da superregalos y, de paso, el mozo por fin cata hembra con lo que sería el equivalente de una supermodelo, que lo convierte en un amante excepcional, pero ya sabemos que el muchacho es que cosa que emprende, cosa que domina, y a partir de ahí tendremos que soportar que nos explique de vez en cuando lo bien que se le da darle a la mandanga. Aquí volví a tener otra impresión de que esto ya me sonaba. Efectivamente: Kvothe es Fernando Sánchez Dragó, porque todo lo hace bien, todo tiene un significado maravilloso cuando él está por medio, cual en novela de Paulo Coelho el universo se pone de parte de los guapos para que éstos consigan sus objetivos, y por supuesto en cuanto se despierta su virilidad no hay fembra que consiga resistirse a su magnetismo.

De vuelta al mundo real, en el que sólo ha pasado un día, se reúne con sus perdidos expedicionarios, y uno de ellos empieza a enseñarle ninjutsu. Bueno, es otra cosa porque lo llaman de otro modo, pero básicamente el mercenario pertenece a una especie de finougrios por su aspecto de tipos nórdicos, el raro idioma que se gastan y por su sistema de vida socialdemócrata basado en el estado del bienestar, aunque su idea de la concepción igual a la de los trobriandeses de Mallinowski descoloca un poco. Termina yéndose con él a su país para aprender ese ninjutsu, que obviamente no enseñan a nadie, pero a él sí, faltaría más. Después de muchas páginas donde vemos lo listo, lo espabilado y lo hábil que es, aprende bastante, suponemos, no para ser un verdadero ninja, pero sí para estar muy por encima de cualquier guerrero ordinario. Naturalmente, le dan la espada más chula que tienen, la de más solera y renombre. Podéis creérmelo: exactamente igual que en esa presentación de personaje, que también le daban la superespada.

De regreso, se encuentra con una troupe de Edena Ruh, que son sencillamente los cíngaros de este mundo de fantasía, y que se dedican a la música y el teatro. El personaje principal es un Ruh, y perteneció a una de estas comitivas de artistas donde aprendió todas sus artes, hasta que llegaron los malvados demonios conocidos como Chandrian y se cargaron a todos menos a él, que tenía entonces once años. Pues bien: imaginaos que en todos y cada uno de los relatos de Conan cuando está a punto de morir, de desfallecer o lo que fuera, el buen bárbaro se dice :"¡Soy un cimmerio! ¡A un cimmerio no se le hace esto!", y que por puro orgullo, mala uva, voluntad y pundonor nacionalista, le diese la vuelta a la tortilla. Pues eso es lo que hace continuamente el personaje: todo lo explica porque es un Ruh, por su orgullo, por su herencia, por lo mucho que aprendió de sus padres y patatín patatín. Algo así. Al poco se da cuenta de que en realidad son renegados de su propio pueblo o impostores, que además han secuestrado a dos muchachas, y cual si fuera un Steven Seagal o Chuck Norris, de noche se los carga sin piedad arrogándose las funciones de juez, jurado y verdugo, aprovechando las nuevas habilidades de combate que ha adquirido recientemente. Aquí Rothfus se se mete en un cenagal ético gratuitamente, porque cual partidario de rama dura de la pena capital texana, o discípulo aventajado de Frank Miller, no sólo exculpa por completo a su personaje de semejante carnicería, sino que además luego otros personajes le van dando la razón y palmaditas en la espalda. Entre la escabechina que hizo anteriormente con los bandidos y los tirititeros renegados, su cuenta de bajas empieza a parecerse ya a la de Terminator.

Luego, Kvothe vuelve a la Universidad, e igual que en los otros lares donde ha ido después de ser desflorado por el hada, allá donde va triunfa como la cocacola, e incluso una amiga le dice lo fascinante que lo encuentra a él, a Fernando Sánchez Dragó Kvothe, delante incluso de su novio. Mientras todo esto pasa, por supuesto, el yo maduro del personaje ha hecho unas cuantas interrupciones para que se vaya enredando más la subtrama del tiempo presente de la narración, y de paso nos recuerda siempre que no está contando más que la puritita verdad verdadera, y que en realidad se siente muy incómodo por su gran fama, y que sinceramente me da mala espina como genuina falsa modestia que el autor proyecta en el personaje.

Mil doscientas páginas, y no pasa nada. Sí, pasan un montón de cosas, pero en realidad nada. Nada de substancia. Las situaciones se van sucediendo y el personaje, por sus santos cojones (soy un Ruh), o por una potra de camello (la suerte de los elegidos por el destino), va superando pantallas y pantallas de la videoaventura mientras recoge conocimientos y objetos que, suponemos, conseguirá que cumpla su ansiada venganza, a la vez que descubre, por si faltaba algo, una especie de conspiración templaria que a saber en qué acaba.

¿Que por qué esto le gusta a la gente o por qué me lo he leído yo? Bueno, es que malo no es. Si uno rebaja un poco las expectativas de leer algo realmente con enjundia es una novela entretenida, el personaje va sorteando obstáculos, ocurren cosas, y a pesar de lo prolijo de todo lo que se cuenta, pues es divertido de leer a pesar de lo inverosímil del personaje y de sus peripecias. De pequeños nos quedábamos mirando a veces cómo un amigo se pasaba un buen rato jugando a una maquinita, ¿no? Funcionó en las novelas de caballerías, funcionó con la literatura pulp, funcionó con Rocambole y Arsenio Lupín y sigue funcionando con las interminables telenovelas de amores desgraciados y personajes estereotipados, con los combates repetitivos de decenas de capítulos del anime que utilizan continuamente los mismos planos y con tantas otras formas de narrativa. Yo lo leo por pura curiosidad y porque además de que hay que leer de todo tengo cierto interés por saber si al final el narrador se revelará como un verdadero mentiroso, es decir, un narrador no confiable, cosa que dudo, o si habrá un mínimo de coherencia en el desenlace de la historia o todo será un inmenso chof. Como novela extensa, está claro que con semejante volumen una articulación mínimante literaria es imposible, y recordemos que en dos mil páginas ha pasado muy poco tiempo y siguen contándonos la primera juventud del personaje, y que todavía no ha sido ni expulsado de la Universidad. Como obra conjunta, o como novela río, no le veo equilibrio ni orden de ningún tipo. Es decir: ni la más mínima capacidad de síntesis. Lo mismo se podría haber contado, con mucha más agilidad, en quinientas páginas, y sinceramente hay algunas de las peripecias y lugares que visita que se podrían eliminar por completo. Ahora bien: tiene un montón de páginas, y son fáciles de leer. Por eso me río tanto cuando algunos auguran que el futuro de la literatura es el microrrelato o al novela de cien páginas. ¿En el mundo de los culebrones, las series en las que todos los capítulos son iguales o en las que no pasa nada de nada a la vez que se enrolla un argumento que al final no va ninguna parte, como en Perdidos, y la gente se lo traga todo tan contenta? Lo dudo. Lo raro es que no volvamos al folletín decimonónico.

Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero Margaret Mitchel, en su nada despreciable Lo que el viento se llevó, en mil páginas nos contaba una guerra entera, la posguerra y la evolución completa de varios personajes, sin echar mano de ningún deus ex machina. Aunque quizá esta obra aquí analizada recuerde a otra, Scaramouche, de Sabatini, un clásico de las novelas de aventuras y modélica de ese género que demuestra en unas 300 páginas que no hay por qué echar mano de interminables peripecias una detrás de otra ni a extrañas capacidades del protagonista, del mismo modo que Mark Twain es la prueba de que la literatura con protagonistas niños o adolescentes no tiene ni mucho menos que no ser del interés de los adultos y puede tratar con amenidad y altas dosis de buena literatura temas como la amistad, el deber y la libertad. Aunque probablemente os sonará la versión cinematográfica protagonizada por Stewart Granger, absolutamente maravillosa, ésta no es fiel en nada a la novela. Algún día querría hablar de la novela, su adaptación, bastante fiel, en el cine mudo, y la posterior en tecnicolor, pero para resumir se podría decir que es uno de los prototipos de historia de "La Venganza", en el que un personaje principal decide perfeccionarse y someterse a cualquier sacrificio para conseguir ver retribuida la deuda moral que otra persona ha adquirido con él, por regla general cobrándosela en sangre. Os sonará porque es el argumento de infinidad de películas, e incluso en ocasiones, sin venir a cuento, se fuerza esa narrativa en adaptaciones de otro tipo de obras, como en el caso de las dos versiones cinematográficas de Conan o en esa surrealista película que se llamaba El mosquetero, donde lo primero que hace el malo vestido de negro es matar al padre de D'Artagnan para que éste empiece a buscar su venganza. Me costó oír bien la película porque el continuo sonido de los huesos de Dumas en la tumba no me dejaba concentrarme.

Pues bien: la historia original de Scaramouche es la de un joven que emprende el camino de la venganza, y para ello se convierte en bufón no con unos cíngaros, sino con una compañía de la Comedia del Arte, en espadachín, e incluso en revolucionario durante la Revolución Francesa para conseguir esa venganza, anteponiendo su objetivo a cualquier relación o interés político, y actuando siempre como un taimado actor. Por eso una cosa os digo: simpático, lo que se dice simpático, no lo es mucho, y en ocasiones es un personaje un tanto siniestro. Es un ser sumido en su sed de venganza, y trágico, porque sabe cuál es el precio a pagar por su obsesión. El final no os lo voy a contar, pero es realmente muy superior a lo que se suele ver, que es a Jean Claude, Steve o Chuck metiéndole un misil por el culo al malvado en la resolución del tercer acto que conduce a la catarsis del EPIC WIN. Aunque ya casi se ha olvidado, los héroes tienen principalmente un significado sacrificial y trágico.

Espero que esto no acabe del mismo modo.

-SuperSantiEgo

4.12.11

Película: In Time. Bonny & Clyde se encuentran con el inspector Javert.

La verdad es que se esperaba algo más del guionista de El show de Truman y creador de Gattaca, pero me imagino que, cansado de hacer cosas como la segunda película citada y que sea un fracaso a veces uno decide, simplemente, hacer un producto más estandarizado y anodino que, quizá, sea más del agrado del público.

Estamos, igual que en Gattaca, ante una fábula distópica. No es necesario, ni mucho menos, buscarle explicación a lo que no lo tiene. Es un futuro o sociedad alternativa distópica establecida, como mínimo desde hace más de cien años, en la que nadie aparenta más de veinticinco y la única riqueza y unidad monetaria que uno posee es su tiempo de vida, que puede consultar continuamente en su resultón reloj verde del antebrazo. Igual que en Gattaca, el futuro (se supone), no tiene grandes avances tecnológicos, no veremos ni un teléfono móvil, ni nada extraño más allá de los elementos que nos sitúan en ese mundo desconocido. Por un lado se quita de problemas con los grandes decorados o efectos especiales, y por otro le da un aire intemporal que ha hecho que Gattaca, por ejemplo, no haya envejecido ni lo más mínimo.

Como supuesta alegoría de la sociedad anarcocapitalista y de la deshumanización por la posesión del dinero, hasta el punto de que éste se convierte, literalmente, en tiempo de vida, empieza más o menos bien, aunque con el maniqueísmo lógico. El muchacho, un pobre proletario que trabaja en una fábrica poco más que decimonónica, y amigo de Leonard el de The Big Bang Theory, conoce a un ricacho que le cede graciosamente una enorme fortuna antes de permitir que su vida se extinga en una forma de suicidio. Aunque uno intenta poner de su parte y comprender que lo que está viendo es eso, una fantasía y una fábula o parábola, todo es demasiado excesivo en ese mundo que, para causar con nosotros cierta empatía, al menos tenemos que creérnoslo un mínimo, y a mí me cuesta. Eso de que, sólo con tocarse, cada uno pueda vampirizar el tiempo del otro mediando sólo, parece, la fuerza de la voluntad, o la burrada de que no haya tampoco el más mínimo mecanismo de seguridad que evite hacer transferencias cuando le quede a uno menos de una hora de vida es, sencillamente, una sociedad que vive en la chapuza. Sin contar que todo el mundo estaría medio loco perdido porque, sencillamente, casi todos viven al día, es decir, ganando el tiempo suficiente para vivir un día más. Eso no hay psique que lo resista.



La película, que nos mantiene de momento interesados mientras nos presenta esa sociedad, cae luego en los tópicos más habituales de los personajes molones. El chico proletario, rico y con la idea de la venganza en la mente, se traslada a los barrios altos donde la gente posee literalmente milenios o eones con los que puede aspirar a vivir una vida de lujos para siempre, sin saber cómo ni por qué aprende de la noche a la mañana cómo comportarse entre los ricos sin que se note demasiado, va al casino a hacer una jamesbondiada de manual y por supuesto se liga a la hija de uno de los tipos más ricos del planeta. Todo esto hasta que aparece el personaje interpretado por el irlandés Cillian Murphy, un veterano Guardián del Tiempo, una organización que ejerce de policía y gestapo de esa sociedad, y que se convertirá en el perseguidor del muchacho huido y su, de momento, rehén, la hija guapísima y riquísima, que al poco se enamora de secuestrado, sufre de Síndrome de Estocolmo, toma conciencia de la injusticia del sistema de los medios de cronoproducción, y con su nuevo churri se dedica a ejercer de Robin Hood, robando tiempo a mansalva en un mundo en el que, parece, las medidas de seguridad son una birria, porque de un salto de guión a otro, algunos bastante forzados, los protagonistas se mueven a su antojo sin que les pase nunca nada. Ya sabéis: aunque seas un don nadie si tu causa es justa ante los ojos de Dios, de repente sabes disparar, haces persecuciones de alta velocidad en coche y eres capaz de escapar de policías con decenas de años de experiencia, o te libras de una situación de alto peligro con una coordinación y rapidez de reflejos que ríase usted de un G.I. Joe.

La parte de la película en la que ejercen de Bonny y Clyde es la más floja, y las buenas intenciones del principio se diluyen. De hecho podría haberse convertido en toda una metáfora de la imposibilidad del ser humano para organizarse y crear un Estado justo, pero apenas amaga. El millonario y padre de la muchacha llega a decirlo: les vas a hacer más mal que bien. Y en cierto modo es así: al aumentar la "masa cronomonetaria" de forma tan abrupta, lo único que se consigue en esa sociedad es que la gente abandone su trabajo, una inflación galopante y que, pudiendo como dije antes, vampirizarse el tiempo de forma tan sencilla, el hombre se convierta todavía más en un lobo para el hombre. Pero eso, se ve poco. Mucho mensaje social, pero en el fondo poquito y sin meterse demasiado en materia para que no se vean los fallos de la idea que se sostiene con alfileres.

El personaje del guardián del tiempo funciona, pero es lógico, ya que es un personaje sacado de otra obra bien conocida: Los miserables, de Victor Hugo. Es nada menos que Javert, el rigorista de la ley que persigue a su presa de forma denodada no por odio, sino porque su única creencia es el statu quo que da sentido a su vida. Se da a entender, en cierto modo, que con su autoridad podrían incluso procesar a esos multimillonarios. Tanto es su encono que éste terminará siendo su perdición en un giro de guión bastante abstruso que no sólo se ve venir, sino que además da un poco de vergüenza ajena cuando llega. Cuando tu causa es justa ante los ojos de Dios no sólo te conviertes de repente en un agente secreto, sino que además Él ciega a tus enemigos por poderosos que éstos sean, parece.


En general, una película bastante floja. Como última curiosidad, sólo diré que levantándonos de las butacas del cine y empezando a comentar algunas cosas de la película los tres coincidimos en lo curioso que la protagonista, en todo momento y a lo largo de todas las persecuciones, luzca siempre unos preciosos tacones, para presumir hay que sufrir y eso, y que saliendo ya por el vomitorio oímos que comentaban lo mismo otros espectadores. Mal asunto cuando uno se da cuenta incluso de esos detalles.

-SuperSantiEgo

2.12.11

Un relato mío en una selección de relatos fantásticos: Contos Estraños

Pues eso, que uno de mis relatos, O Home e a Súa Lágrima, fue escogido para participar en el nº0 de Contos Estraños, un libro o antología de relatos que se pueden definir dentro del amplio abanico de literatura fantástica, y que se supone, esperemos, que tendrá continuidad en el tiempo.

Es, por tanto, un intento de hacer algo parecido a lo que serían las conocidas revistas de las que salieron tantos y tantos autores tan bien conocidos. Por supuesto, está claro, el nombre escogido no es más que la traducción de Weird Tales. Aunque no tengo nada contra la literatura pulp, tampoco hay que exagerar con el término, ya que la literatura pulp no fue un movimiento literario ni nada parecido, sino una forma de editar, bastante estajanovista, de la que los mismos autores que se podrían definir como tales escaparon en cuanto que tuvieron ocasión. Las revistas que sobrevivieron a la época, como la misma Analog, no se puede decir ahora que editen literatura pulp, y siempre que se sepa de lo que se está hablando no hay problema. Lo digo porque es muy fácil identificar pulp con el grupo de autores que han sobrevivido en el tiempo porque eran buenos y su obra ha perdurado, pero pulp también fueron las men's sweat magazines, y tócate el nardo Mari Pili.

No digo que no sea un fenómeno literario interesante, y por ejemplo la literatura LGTB empezó prácticamente en ese medio, pero también debemos comprender que ni toda la literatura popular fue pulp en los Estados Unidos, que es donde se puede hablar con propiedad de este tipo de literatura, ni toda la literatura fantástica y sus autores surgieron de esas revistas. En España no es correcto, por tanto, hablar de que las "novelitas de a duro" o bolsilibros fuesen literatura pulp, porque aunque fuesen fenómenos similares no son equiparables ni asimilables. Por ahí por la web adelante hay alguna gente que pretende hacer un revival neopulp considerando el pulp primigenio prácticamente como una especie de movimiento literario con una carga programática que casi parece que hubiesen sido la Generación del 27, pero no es más que una impresionante empanada mental de vieiras. Algún día hablaré de ellos, porque e una panda de veras curiosa.

Éstos son, por tanto, relatos fantásticos escritos en Galicia, pulp en el mejor sentido de la palabra, y que homenajea con su título a una de sus cabeceras más conocidas, Weird Tales, donde escribieron gente como Lovecraft, Howard y Ashton Smith. Y esto es lo que yo hice:

Les envié una foto un tanto manipulada y la biografía, e igual que al resto de los autores me pusieron un pie de foto coñero. Me parece bien. Tanto, que cuando los coja van a morir entre horribles sufrimientos.

El relato ya estaba hace tiempo publicado en Feedbooks, por certo, con su portada conceptual y todo:

-SuperSantiEgo

Un meu relato nunha escolma de relatos fantásticos: Contos Estraños

Pois iso, que un dos meus relatos, O Home e a Súa Lágrima, foi escollido para participar no nº0 de Contos Estraños, un libro ou antoloxía de relatos que se poidan definir dentro do amplo abano de literatura fantástica, e que se supón, esperemos, que terá continuidade no tempo.

É, por tanto, un intento de facer algo semellante ao que serían as coñecidas revistas das que saíron tantos e tantos autores tan ben coñecidos. Por suposto, está claro, o nome escollido non é máis que a traduzón de Weird Tales. Embora non teño nada contra a literatura pulp, tampouco hau que esaxerar co termo, xa que a literatura pulp non foi un movimento literario nen cousa semellante, mas unha forma de editar, bastante estajanovista, da que os mesmos autores que se poderían definir como tais escaparon canto que tiveron ocasión. As revistas que sobreviveron á época, como a mesma Analog, non se pode dicer agora que editen literatura pulp, e sempre que se saiba do que se está falando non hai problema. Dígoo porque é moi fácil identificar pulp coa manchea de autores que sobreviveron no tempo porque eran bons e a súa obra perdurou, mais pulp tambén foron as men's sweat magazines, e manda carallo na Habana con elas.

Non digo que non sexa un fenómeno literario interesante, e por exemplo a literatura LGTB comezou practicamente nese medio, mais tambén debemos comprender que nen toda a literatura popular foi pulp nos Estados Unidos, que é onde se pode falar con propiedade deste tipo de literatura, nen toda a literatura fantástica e os seus autores xurdiron desas revistas. En España non é correcto, portanto, falar de que as "novelitas de a duro" ou bolsilibros fosen literatura pulp, porque embora fosen fenómenos semellantes non son equiparábeis nen asimilábeis. Por aí pola web adiante hai algunha xente que pretende facer un revival neopulp considerando o pulp primixenio practicamente como unha especie de movimento literario cunha carga programática que case parece que fosen a Xeración Nós, mais non é máis que unha impresionante empanada mental de vieiras. Algún día falarei deles, porque é unha xentiña curiosa de veras.

Estes son, portanto, relatos fantásticos escritos na Galiza, pulp no mellor senso da palabra, e que homenaxea co seu título unha das súas cabeceiras máis coñecidas, Weird Tales, onde escribiran xente como Lovecraft, Howard e Ashton Smith. E isto é o que eu fixen:

Envieilles unha foto un tanto manipulada e a biografía, e igual que ao resto dos autores puxéronme un pé de foto chusqueiro. Paréceme ben. Tanto, que cando os colla han morrer entre horríbeis sofrimentos.

O relato xa estaba hai tempo publicado en Feedbooks, por certo, coa súa portada conceitual e todo:

-SuperSantiEgo

12.11.11

Ellos gritaron mi nombre, versión manuscrita

Tengo la manía de pasar a formato digital mis manuscritos, aunque por razones obvias esto es cada vez menos frecuente. Pero como por azar este relato se escribió a mano, aquí está la versión en pdf del manuscrito.
Sí, yo también me pregunto cómo a veces entiendo mi propia letra.

2.11.11

Cómic: Holy Terror, de Frank Miller


Cómo se te va la olla, Frank.


En muchos casos grandes artistas no dan lo mejor de sí mismos hasta alcanzar la plena madurez, con lo que dejan impresionantes obras de juventud y colosales obras de madurez. En el caso de Miller, quién sabe por qué, parece que ha ido de mal en peor. Ya la misma portada delata que estamos ante una obra en la que la sutileza, lo que se dice la sutileza, no va a ser la protagonista.
Antes
Después
También habría que recalcar que este proyecto, que data ya de diez años ha, en principio iba a ser para DC y que el protagonista iba a ser Batman. Como no se llegó a un acuerdo, y como DC muy sabiamente debió decir "Yo a este señor no lo conozco de nada", el proyecto acabó siendo totalmente independiente con Miller desatado. Y salir no sale Batman, pero como se suele decir, como si lo fuera: Fixer es el mismo Batman de Dark Knight, pero más pasado todavía de vueltas, y en vez de ir acompañado por Catwoman, lo hace por un personaje calcado a ella.

Que Miller ha sido uno de los más destacados autores de comics de los últimos años no lo duda nadie. Yo pertenezco a la generación que, siendo chaval, un día fue al quiosco a comprar su Spider-man quincenal de ediciones Forum y, como en ese momento tenía 95 pts para gastarme en otro, se compró uno más de un personaje que ya conocía y que, bueno, pues también tenía su gracia y se llamaba Daredevil. Creo que era el nº6, para ser exactos. Era un cómic de superhéroes, pero tenía algo distinto. Como más mala baba, una visión dura del mundo, y el dibujo era "rarito", pero muy atractivo, y salían personajes malvadísimos como Bullseye que acojonaban de verdad, y había una mala que había sido la novia del prota, y un montón de ninjas místicos que se llamaban La Mano, posteriormente homenajeados con las Tortugas Ninja, que se enfrentaban a la banda del Pie. Vamos, qué os voy a contar que no sepamos: el Daredevil de Miller es la leche.

Posteriormente haría Ronin, que tiene su gracia pero no me termina de parecer redondo, porque se le va un poco la historia y termina por no controlarla, aunque la mezcla de misticismo, orientalismo de todo a cien y rollo ciberpunk tiene sus buenos momentos. Eso sí: cada vez que recuerdo la escena de "tachi, tachi", le dan de tortas hasta decir basta y luego vuelve con la "tachi", la señala y les enseña lo que puede hacer con una tachi, es que me parto.

Dark Knight es la perfección. No hay duda de por qué 1986, con esta obra y Watchmen, se considera que hay un punto de inflexión que, se supone, separa la Edad de Bronce de los comics de superhéroes con lo que se llama la Edad Contemporánea, divisiones que como siempre tienen sus mil problemas. Poco a poco, además de seguir colaborando con los personajes tradicionales de Marvel y DC, se centraría en sus trabajos más personales, como Sin City, cuyas primeras historias me parecen realmente buenas y donde equilibra la experimentación y un estilo de dibujo muy personal, evolución de tendencias que ya había mostrado volcándose en el expresionismo, con historias duras y muy marcadas por un sentido trágico de la existencia. También, atraído por Hollywood, colaboraría en el guión de Robocop 2, aunque eso acabó como el rosario de la aurora, y hace poco vio cómo se hacía una meritoria adaptación de Sin City con Robert Rodríguez, mientras él por su cuenta se dedicó a perpetrar la que puede que sea la más ridícula adaptación de un cómic que se haya hecho, y para más inri nada menos que The Spirit, apuntando bien alto a la hora de mear contra el viento. No sé que es más grave, que la película sea más que mala o la prepotencia de someter estética y conceptualmente la labor de su amigo Will Eisner a sus propias manías, incluida la forma de escribir el nombre del personaje principal en el cartel de la película.


Pero ahí con esa película ya nos hemos ido a 2008, y las alarmas de que Miller, por decirlo de una forma suave, ya se le estaba yendo la flapa, eran más que evidentes, y ya desde Hard Boiled algunos empezamos a sospechar que estaba tirando por la calle del medio poniendo tiros y más tiros y olvidándose de contar algo, sometiéndolo todo a un efectismo cada vez más simple que, eso sí, seguía siendo alabado por sus incondicionales, dispuestos a reírle todas las gracias. 300, siempre lo diré, es una obra meritoria, pero ya tiene un no sé qué que empieza a preocupar, y como suele ser habitual en estos casos luego obras posteriores hacen bueno el propio análisis que veía que eso andaba cojo. Está bien que uno tenga su propia ideología y visión del mundo, o que tenga un estilo propio que en algunos momentos alcance el verdadero feísmo, pero terminar haciendo historias infantiles y simplonas con una visión del mundo propia de un mitin del Tea Party, o acabar en el puro manierismo del propio estilo es una cosa muy distinta. Las alarmas empiezan a saltar por todas partes: la serie de Sin City cada vez es más floja, All Star Batman es algo absolutamente inenarrable que tienen que dejar de publicarla a la chita callando, y bueno, la película que hizo el solo sin ayuda de nadie para darse el gran josconcionazo ahí está para demostrar que Miller se encuentra totalmente fuera de control.

Holy Terror confirma todo esto: la simplificación del mensaje y, lo que es incluso más grave, la simplificación de la propuesta artística, llegando a unos niveles de manierismo ridículo. Miller, La Mano molaba. Molaba mucho. Lobezno cargándose a los ninjas de La Mano era algo acojonante, de verdad. Pero que los ninjas molen no quiere decir que los tengas que poner donde no se debe, sopa incluida. Los persas malvados ninjas no eran de recibo ni pintaban nada, y menos todavía que el retrasado de Snyder los convirtiese en orcos, que molan en ESDLA pero nada más. Que ya me pongas a los terroristas islámicos que sean ninjas también... hombre, no me jodas. ¿Qué ejemplo le estamos dando a todos esos frikis, que están creciendo con una visión totalmente equivocada de lo que es la verdadera molonidad? Del mismo modo, si ya hubo cierta chirigota con el famoso Jerjes convertido en drag queen con piercings por todas partes, peor lo vamos a ver ahora si el jefe de los terroristas es ni más ni menos que uno de esos persas malvados, vestido como un sátrapa del s V a. C en un ciudad de los Estados Unidos. No-me-jodas-Frank.

La novela gráfica interpretada por este sosias de Batman y su compañera, con sus sesiones de matar a todo lo que se mueve y donosas sesiones de tortura, la verdad, da un poco de vergüenza ajena tanto por la simplicidad de todo lo que plantea como por la misma ejecución de la obra, tan en falso blanco y negro como la historia que propone. Cuando se encuentra al, suponemos, superhéroe del Moshad, su mentor, que va con dos churris japonesas mellizas también ninjas, no pude sino recordar a Austin Powers, y al ver que él lleva pintada en azul la estrella de David en la cara, es que no sabe uno ya donde meterse. Que el cómic sea en blanco y negro, con algunas veladuras de colores, no justifica que la historia sea tan parcial y manierista. De acuerdo que todo se resume a veces en una simple historia de los buenos contra los malos, el bien contra el mal, pero no se puede ser tan parcial, tan obvio y tan escorado en un tipo de discurso que, de tan seguro de su rectitud, prescinde ya de toda sutileza o incluso de inteligencia, como le pasa a todos los discursos extremistas que saben que, al hablar al convencido, pueden decir cualquier barbaridad.

Desde el punto de vista artístico, tampoco es que estemos demasiado boyantes. Por lo menos para mí, tiene todos los tics del Miller que menos me ha ido gustado a lo largo de los años. Aúna todo lo malo del DK2 y todo lo de parte de Sin City. Sé que hay mucho incondicional que desde el primer momento está dispuesto a tragarse todo lo que Miller les eche, sea bueno o malo, pero no es mi caso. Sé que es su visión personal del mundo, y sus manías estéticas, y que él cree que debe hacerlo así, pero eso no significa que me guste o lo tenga que aceptar sin más, porque por esa regla de tres todo vale, vale todo, todo es igual y nada es mejor porque todo se adecua ontológicamente consigo mismo y con su intención, pero me la sopla porque, como se suele decir, eso no justifica que uno gaste una hora de su tiempo en ello. Incluso hay cosas que están de más o que sencillamente Miller se olvida de contarnos, y ya tiene mérito en una novela gráfica de 120 páginas, aunque casi todas ellas sean ilustraciones a página completa. Por ejemplo sale un comisionado de policía que es, obviamente, el Comisario Gordon, aparece un par de páginas y... hasta el epílogo nada, no lo volvemos a ver. ¿Qué utilidad tiene, aparte de ocupar un par de páginas enormes? Y así todo: planos a página completa del pseudoBatman y la pseudoCatwoman corriendo por las ruinas, todo muy expresionista y macarra, planos de malos y buenos, y personajes reales de la política que no alcanzo a saber si le caen bien o mal. En total, el típico cómic de "superhéroe salva el día" que se puede contar perfectamente en 24 páginas sin ofender a la inteligencia, y que Miller nos cuenta en 120 con una pretenciosidad ideológica y formal que no hay por dónde cogerlas.

Creo que lo hemos perdido para siempre.

-SuperSantiEgo

27.10.11

Libro: La guerra interminable, de Joe Haldeman

Otro clásico de la ciencia ficción del que quizá se ha hablado de más, y no precisamente adecuadamente, lo que conlleva que genere expectativas que luego conducen a cierta decepción.


Ǝ espóileres.

Pasa por ser un clásico de la ciencia ficción de temática militar, y se la suele comparar con Tropas del espacio de Heinlein, otro clásico que también suscita cierto debate tanto por su ideología como por su misma calidad literaria. Supuestamente, Tropas del espacio es pro militarista, mientras que La Guerra Interminable es todo lo contrario. Aunque quizá una lectura de la obra de Heinlein tantos años después de hacerlo cuando era adolescente podría hacerme cambiar de opinión tampoco la recuerdo tan militarista, y ni mucho menos facha perdida como se ha llegado a decir, pues tiene su punto de ironía y mala uva, aunque desde luego presenta un mundo machote de machotes enfundados en grandes armaduras mientras dan chicharrón a una especie de infestación de cucarachas gigantes. En la obra de Haldeman también tendremos a tipos enfundados en mortales armaduras dando chicharrón a una especie de la que apenas se sabe nada, los taurinos. Del mismo modo que la obra de Heinlein no me parece tan militarista, la de Haldeman no me parece tan antibelicista, y sobre todo lo primero que uno se pregunta es que, si tan antibelicista es, por qué se dedica, casi la totalidad de la novela, a narrarnos una serie de hazañas bélicas futuristas, eso sí, no demasiado heroicas.

La obra tiene ciertos valores, eso es indudable. Los seres humanos, básicamente, son en cierto modo el menor factor de la novela, aunque de forma paradójica como explicaré luego. Haldeman comete un error bastante habitual en este tipo de obras, que para cuando se editó, 1976, ya debería haber estado más que superado, y es poner fechas, aunque bueno, es bastante común y hay gente que sigue cayendo, todo es comprensible. El protagonista, William Mandella, nace en 1975, el fin de la Guerra del Vietnam, y sus primeros jefes, ya en el espacio profundo, son veteranos de esa guerra. Qué manía de poner fechas, hombre. Luego queda mal, y en la posible adaptación que dicen que va a hacer Ridley Scott supongo que tendrán que poner fechas más alejadas para que eso resulte creíble. Se puede aceptar, de acuerdo, un avance tecnológico tan espectacular en apenas veinticinco años, pero como se verá luego al analizar el final, se ve que la intención de relacionar esa guerra con la guerra interminable está desde el principio ahí.

Hay un punto de originalidad en que los soldados, entre los que se encuentra Mandella, sean todos ellos poco menos que genios, de CIs elevadísimos y todos con carreras científicas, además de jóvenes y en perfecta forma. Mientras que en las guerras anteriores la típica carne de cañón es muchas veces la hez de la sociedad, en la supertecnificada guerra del futuro hasta el pelón más arrastrado tiene que ser poco menos que un genio para sobrevivir en unos entornos tan hostiles como el espacio, planetas helados y armas que, muchas veces, pueden causar la muerte del recluta con más facilidad que el enemigo, y que para ser operadas correctamente hay que ser un lumbreras. Otra cosa graciosa y que llama la atención es que el número de soldados que lucha contra la humanidad es poco menos que ridículo, en comparación con cualquier guerra del pasado y de la enorme cantidad de habitantes que tiene entonces la Tierra. Además la guerra es tan cara, y absorbe tan monstruosidad de recursos, que apenas si se consigue mantener toda la infraestructura necesaria para que esos pocos seres humanos continúen la guerra.

Tampoco nos equivoquemos: la mayor parte de la novela es, primero, el proceso de aprendizaje del protagonista para llegar a ser soldado, y después la descripción de las distintas escaramuzas, muy poco heroicas y más bien ridículas, que constituyen su poco gloriosa hoja de servicios, con lo que él mismo reconoce que su mayor mérito para ascender y continuar en la guerra es sencillamente haber sobrevivido. Quizá éste sea uno de los primeros errores de la novela: el personaje principal no es ni un héroe, por propia voluntad o por accidente, ni un cínico que reconoce que sólo va a lo suyo y todo le da igual. Haldeman, como tantos otros escritores de "ciencia ficción dura" es extraordinariamente frío al escribir y apenas si sabemos lo que le pasa al protagonista por la cabeza, lo que contrasta con todo lo que ocurre a su alrededor, una guerra en la que él no es sino un peón sin ningún control de lo que sucede y por otro lado una humanidad que cambia a medida que evoluciona la guerra. Haldeman, eso sí, nos demuestra que es físico de carrera, así que nos explicará con todo lujo de detalles los problemas de acelerar y desacelerar a velocidades relativistas, las escalas logarítmicas de los visores de la armadura, los efectos de las temperaturas extremas, y tantos y tantos detalles más de ese subgénero o forma de entender la ciencia ficción. Algunas cosas sí que tienen gracia, pero están poco explotadas, como por ejemplo que, precisamente por esas dilataciones temporales, que abarcan más de mil años de evolución tecnológica, se pudieran llegar a dar combates entre los dos bandos pero de distintas épocas, con las consiguientes desventajas en armamento. Aparece esto brevemente, pero nada más.

Estupendo: ¿y los personajes qué? La narración en primera persona es eso, fría. Es a través de las opiniones del protagonista que entendemos esa guerra y cómo va cambiando la humanidad metida en esa guerra sin fin. Y sinceramente parece en muchas ocasiones que a ese protagonista le da un poco lo mismo ocho que ochenta, y sólo le molesta o le joroba lo que le pase directamente a él y como mucho a su novia. Sí, le molesta ser un peón en un guerra que ni le va ni le viene, pero tampoco es que reflexione demasiado sobre él mismo, sobre la propia guerra y desde luego no mucho cuando el mismo ser humano va cambiando ante sus ojos. Sinceramente, creo que ni Haldeman se atrevió a ello, ni se le pasó por la imaginación, ni posiblemente creyó que pudiera hacerlo, y dadas las críticas tan favorables de esta novela en el núcleo duro de los aficionados incombustibles del género, tampoco su público habitual esperaba nada parecido.

Uno de los aspectos que más se suele citar de esta novela es precisamente esa humanidad que se va transformando. Después de su primera campaña, antes de reengancharse y ser ascendido a teniente, Mandella vuelve a la Tierra más de veinte años objetivos después de su marcha, con lo que su madre ha envejecido y su hermano menor le recuerda a su padre, mientras que él apenas si es un poco mayor. Después de una revolución causada por el hambre y la inestabilidad política la Tierra tiene una enorme cantidad de población que se mantiene en un desempleo estructural constante, se dedica a ver la holovisión y recibe las noticias de un gobierno mundial que manipula la información y que sigue manteniendo la guerra contra los taurinos por el control de los colapsares, una especie de agujeros negros que comunican casi instantáneamente dos puntos muy lejanos en el espacio. Esta combinación de saltos instantáneos y viajes de efectos relativistas lo veremos repetido en la saga de Hiperión. La Tierra, en esa época no tan lejana para el mismo soldado Mandella, ha cambiado mucho, hay grandes megaciudades, los ancianos no tienen derecho a asistencia médica, y para controlar la población el omnívodo gobierno mundial ha promovido la homosexualidad entre la mayor parte de la población.

La verdad es que no tengo nada contra la ciencia ficción dura, y tampoco es que preconice como algunos lo de una ciencia ficción humanística que ahonde únicamente la especulación social y psicológica de los personajes, porque también puede ser un coñazo, pero en este caso está claro que Haldeman se siente mucho más cómodo dando la murga con explicaciones de si un misil impactará tantos segundos o minutos después, e incluso poniendo listas de cosas que no vienen a cuento y tablas de probabilidad, que construyendo unos personajes que sean poco más que una fachada y que reacionen de forma humana y creíble ante todo lo que les está pasando. La crítica social, así, queda bastante diluida porque la evolución de esa sociedad humana no se explica, sino que se da por dirigida por ese poder mundial que hace y deshace, que sepamos, lo que le da la gana, sin que el narrador se moleste demasiado en lo que está ocurriendo, y por lo que vemos y se nos da a entender el conjunto de la humanidad acepta todos esos cambios, o por lo menos las elipsis narrativas así lo dan a entender. Y, la verdad, es que es un poco increíble lo que nos cuenta. Lo de convertir por las buenas a toda la sociedad humana en homosexual con la excusa de controlar la población en un entorno tecnológico capaz de crear prótesis perfectas, eliminar el cáncer sin problemas y luego de llegar a producir clones, sinceramente, creo que son ganas de matar moscas a cañonazos y sobre todo crear algo de polémica, que quizá lo fuera hace cuarenta años pero que en nuestro mundo donde un homosexual declarado ha llegado a ser casi primer ministro de Irlanda pues no causa el mismo efecto. No dudo que la propuesta no fuera novedosa o algo rompedora en el género en aquella época, pero en tal caso la obra ha envejecido un poco mal, como podría ser el caso de otra obra que ha comenté hace poco. ¿No sería más fácil, digo yo, hacer a la gente estéril permanente o definitivamente, que cada uno le dé alegría al cuerpo con lo que quiera, promoviendo en todo caso la bisexualidad, en vez de intentar controlar algo tan complejo como la sexualidad humana? ¿Y desde cuando la homosexualidad implica no querer tener hijos? De hecho esos nuevos seres humanos dicen que sienten repugnancia tanto por la heterosexualidad como por la reproducción clásica, así que no tiene mucho sentido hacer algo redundante. Es el problema de la ciencia ficción dura, que es dura para algunas ciencias, por regla general la que domina el autor, y en lo demás nos permitimos cualquier licencia. Es el problema de la suspensión de la credibilidad: sé que me está colando una tecnología imposible o hipotética, como los saltos por agujeros negros o naves relativistas, y lo acepto como premisa de la novela y del género en la que se enmarca, pero me resulta mucho menos creíbles esos cambios en la raza humana que se ven poco menos que de pasada.

Tampoco es que me queje demasiado, pero aunque pueda aceptar como tesis principal del libro que esa humanidad evoluciona así, sin que se me den más explicaciones, el efecto puede ser contraproducente al presentárseme un mundo y una interpretación del ser humano en el que la plasticidad humana es tal que la misma noción de libertad pierde sentido, y por tanto es imposible o mucho menos creíble toda crítica a la manipulación de la historia o al militarismo. Si el poder omnívodo es capaz de modificar así a la humanidad, sin que ésta sea capaz de defenderse, o sin que se nos explique ningún movimiento de resistencia a esa transformación, y dejar que se convierta todo el mundo en clones sin familia de raza indefinida, pues todo lo demás pierde fuerza. Al dárseme ese escenario sin crítica ni explicación, sólo como una situación establecida, pues me podrá parecer más o menos exótico lo que veo, pero mi capacidad de juicio o bien se ve mermada porque tengo que especular sobre lo que ha acontecido en ese mundo para cambiar, o tengo que echar mano a otras obras conocidas. En principio la humanidad parece que se ha convertido en una sociedad que poco tiene que envidiar a una posible mezcla de las distopías de Huxley y Orwell, pero no debemos olvidar que éstas nos parecerán repugnantes tanto por compararlas con nuestro mundo y con cómo querríamos que fuese, como por la visión discordante y contestararia de Winston Smith y del Salvaje, mientras que William Mandella, sinceramente, a veces parece que simplemente pasaba por allí, y una vez muerta su madre y sabiendo que no volverá a ver a su hermano parece que le da todo un poco igual, y que acepta esa alienación histórica y de su propia especie que está evolucionando a algo distinto, con bastante aburrimiento, y sólo se refugia en los recuerdos de su propia época y en la poca gente que ha sobrevivido de ella gracias a los efectos relativistas, sobre todo su novia.

El final, por desgracia, refuerza la impresión de algunas cosas que ha ido dando la novela mientras uno la lee. Eso sí, se ve el absurdo de que, después de volver de su tercera "gloriosa" misión, que les ha llevado unos 700 años objetivos, al volver se encuentren que, obviamente, la guerra ha terminado hace más de doscientos años, noticia que les da el único clon repetido del ser humano que queda, y que responde al nombre de Hombre. Se nos explica después, y nos lo tendremos que creer, que una vez llegado a ese estado la humanidad por fin pudieron comunicarse con los taurinos, que de siempre fueron clones naturales de un mismo individuo, y claro, "entre clones se entendieron", y así se deja. Sin comentarios. Y entonces uno comprende por qué los primeros jefes del protagonista fueron veteranos del Vietnam, ya que éstos y el resto de los militarotes al encontrarse con los taurinos no fueron capaces de entenderse con ellos y claro, disparar primero y si eso parlamentar después. La humanidad y los taurinos, al poder comunicarse por primera vez, lo primero que hacen es preguntarse que por qué fueron atacados, y en cuento son capaces de hablarse se echan las manos a la cabeza y se dan cuenta de que todo no fue sino una malentendido causado por esos espadones reaccionarios, y la guerra termina. Mira por dónde al final todo tenía una solución de lo más habermasiana.

Sinceramente, me parece una explicación y un final bastante infantiles. Si me permitís la comparación, es tan burdo como el final de American Beauty, en el que el personaje homófobo, hipermilitarista y autoritario es no sólo una caricatura unidimensional desde el principio, sino que además luego sabemos que es todo eso por ser un homosexual reprimido. Hombre, no... esas cosas a estas alturas no... La explicación general de lo que ocurre en la novela no es mucho más compleja, y viene a resumir un par de postulados jipis bastante ramplones: un estado totalitario dedicado únicamente a perpetuarse y a la guerra. Curiosamente cuando toda la humanidad es igual y no hay ninguna diferencia entre los individuos, se llega al verdadero pacifismo, que además se presupone eterno.

¿Que es una novela antimilitarista o antibelicista? Pues... como dije antes es una de las favoritas de los partidarios de la ciencia ficción militar, que precisamente se dedica a contar hazañas bélicas en el espacio, y los esfuerzos del autor se centran sobre todo en ese aspecto. Si os cuento que incluso hay un juego de tablero de la novela, pues imaginaos. Si lo comparamos con obras realmente antibelicistas, podríamos decir que se queda pero que muy por debajo, y lo siento si la gente cree que la comparación es odiosa pero independientemente del género las novelas son lo que son por su calidad. No os quejéis: un amigo mío es mucho más hellraiser que yo a la hora de criticar Tropas del espacio o El juego de Ender. En Sin novedad en el frente Erich María Remarque nos cuenta los efectos de la guerra en la mente de los soldados y los efectos devastadores en las familias, cómo éstas pasan de la euforia de los desfiles a la desesperación de ver destruidas sus vidas, y el final con el soldado en la trinchera oyendo cantar al pajarillo es desolador. Jonnhy cogió su fusil, ni qué contar, y Senderos de gloria le puede quitar a uno las ganas de por vida de ir a una guerra. Guerra y paz, La delgada línea roja... o experiencias de la guerra y el genocidio vistos como un apocalipsis bíblico en Los cuarenta días del Musa Dagh. Pero oye, como novela de diversión sobre tipos que viajan en el tiempo en una guerra absurda y nada heroica, si el género te gusta, pues me parece correcta.

Desde luego, eso es innegable, esta novela es la revancha de Haldeman a su vuelta de la Guerra del Vietnam, y de ahí que esté eso tan forzado de que a sólo veinte años de finalizar esa guerra, en un entorno científica y tecnológicamente hiperavanzado, los mismos veteranos de esa guerra y de otras que se presuponen cercanas en el tiempo sean los que comiencen, por pura cabezonería y ansias de pegar tiros, una interminable guerra de más de mil años que cambia por completo a la humanidad. No niego su derecho a ello ni sus experiencias en la guerra, pero eso no lo convierte automáticamente, ni mucho menos, ni en un buen crítico político o social ni en un agudo analista de la mente humana. Otros ejemplos de revanchas literarias ante situaciones políticas también han sido comentados en este blog , como la de Philip Roth sobre el presidente Nixon, que precisamente tuvo que abandonar la presidencia poco antes de que se publicase la novela que dio fama a Haldeman.

Por si fuera poco, una vez acabada la guerra, se nos reserva un final feliz algo pastelero que, por lo menos a mí, me sobra por completo. Mandella, separado de su novia antes de su tercera misión, es consciente de que terminarán desfasados como mínimo un siglo en el mejor de los casos, así que asume que nunca volverán a verse. Sin embargo ella ha llegado antes que él, y emprende un viaje con otros compañeros a velocidad relativista hasta que él llegue, de modo que se reúnen en uno de los planetas paradisíacos en los que han ido a retirarse los pocos seres humanos que quedan del remoto pasado, siendo Mandella el único superviviente que queda desde que empezó la guerra. Por si fuera poco, se supone que a otros de los supervivientes se les puede cambiar también la sexualidad así como quien no quiere la cosa, como si fuera la cosa más fácil del mundo: la ciencia ficción dura lo es para lo que le conviene o busca la verosilimitud cuando le apetece. Y, por si fuera poco, al final Mandala y su novia tienen un niño. Supongo que cuando hagan la película sonarán violines. Y sobre la película, sencillamente me espero lo peor, por mucho que, como siempre, la gente se acuerde de que Ridley Scott es el director de Blade Runner cuando les interesa, pero obvian cuando les conviene que perpetró la que quizá sea más bochornosa adaptación de la leyenda de Robin Hood cargándose de paso un guión que prometía mucho.

Aunque la novela no me ha disgustado del todo, tiene sus cosas buenas y reconozco que tengo cierta tolerancia con el género, como ya expliqué en su momento cuando hablé de Tau cero, lo que no me impide ver ciertas falencias. Pero bueno, todos tenemos nuestras contradicciónes: Supernatural me parece una chuminada y después de la primera temporada de Dexter aquello no hay por dónde cogerlo, pero las sigo viendo. A pesar de esto como ya he dicho no creo que sea necesario que el autor nos demuestre lo muy bien que sabe cómo funciona la dinámica de fluidos cuando luego tira por la calle del medio para explicarnos todo lo demás, desde la programación hipnótica para convertirte en un salvaje soldado a la misma sexualidad, que como ya he dicho poco controlaría a la población, ya que el instinto de perpetuarse y tener prole no está sólo asociado sólo con ella.

Por otro lado, supongo que también hay un público que se siente cómodo con este tipo de narraciones un tanto desangeladas, donde se exponen cansinamente descricpciones más propias de un manual de referencia que de una novela, y donde los valores realmente literarios poco menos que podrían molestar, e incluso cuando de jovencito era un apasionado de la astronomía más de una vez leyendo este tipo de novelas pensaba que para saber cómo funcionaba una estrella ya me leía otro tipo de libros. No olvidemos que hay una serie de autores que escriben los llamados tecnothrillers, donde durante páginas y páginas se rellena con información sobre misiles, satélites, prolijas descripciones del funcionamiento interno de agencias de inteligencia reales o imaginarias e interminables explicaciones farragosas que poco o nada contribuyen a la narración y su desarrollo. Y hay gente a la que eso le encanta, y le da igual luego que el protagonista pueda tener el mismo carisma o personalidad que el palo de una escoba, que los diálogos no tengan ni pies ni cabeza o que las situaciones se resuelvan de la forma más estrambótica posible. En una sociedad en la que cada vez está más de moda autodiagnosticarse como "Asperger" para darse bula a uno mismo para ser un maleducado, tener nula empatía por los demás y no mirarse más que al ombligo y atender sólo a la propia complacencia intelectual y estética, por limitadas que éstas sean, tampoco es de extrañar. Que tampoco me parece mal y cada cual tiene sus vicios, pero en todo caso hay que sentirse hasta cierto punto orgulloso o como mínimo indulgente con ellos como una debilidad de carácter propia de todo ser humano, no defenderlos como puras virtudes. Nunca me consideré virtuoso por fumar y nunca he pretendido serlo más por haber dejado de hacerlo.

Por otro lado a todo esto podría añadírsele que ésta es, en cierto modo, la primera parte de una trilogía, aunque con reservas, del mismo modo que Star Wars es la primera parte de una trilogía porque existieron dos partes posteriormente, no porque se ideara así. La supuesta segunda parte es La paz interminable, que no es propiamente una continuación. La que sí que es propiamente una continuación es Forever free, La libertad interminable o Libre por siempre, con críticas mucho menos elogiosas y donde parece que Haldeman demuestra que en ocasiones los escritores de ciencia fición no tienen ni arreglo ni enmienda. Como ya comenté en su momento, los finales tanto de El mundo del Río como de Hiperión terminan derivando a un misticismo que lo mínimo que se puede decir es que... me rompe las pelotas. En este caso Haldeman también intenta ejercer de gurú, y el resultado es el esperado, cuando por allí termina apareciendo Dios y otras cosas que, como se suele decir, no son de recibo. Luego me critican algunos porque me gusta la saga de Dune; hombre, al menos es coherente y tiene un componente místico desde el principio que nunca oculta, y una cosa es que haya emperadores deificados y otra que aparezca Ahura Mazda por ahí tan tranquilo.
 La novela fue adaptada al cómic en 1988, y hay edición española en tres tomos en el típico formato cartoné que hace todo tan poco asequible. No está mal como adaptación, y curiosamente no es una obra americana como se podría esperar, sino que fue realizada en holandés en 1988, y si alguna queja tengo es que el personaje principal es exactamente como en la novela: inexpresivo. Las fechas están actualizadas respecto a la novela y se adelantan un poco, pero claro, nuevamente pasan un par de décadas y se va todo al carajote. Por una vez, y sin que parezca que sirva de precedente, el autor de la novela quedó encantado con la adaptación. El mismo Haldeman se encargó de guionizar una continuación que sirve de puente con Forever Free, que leeré en breve en cuando me traigan de play.com en un tomo que incluye las tres novelas, aunque como ya se ha dicho la segunda se mete ahí más por similitud del título que otra cosa.


Como otro dato curioso Haldeman en la tercera parte de la novela introduce un sistema de enseñanza avanzado con el que al futuro mayor Mandella le enseñan toda la cultura militar del mundo en un sistema de realidad virtual, algo sin duda novedoso en las fechas en que fue escrita. Posteriormente Haldeman escribiría una novela sobre este tema, Viejo siglo XX, en el que se recrea por medio de la realidad virtual el siglo XX para estudiarlo y simular la vida en él. Como curiosidad, lo compré a precio de saldo, otro más si recordáis otros casos que he mencionado, porque me costó 3 lurus de los 19 que pone en portada. Pertenece a la colección Ómicron de Libros del Atril, que sólo alcanzó 16 títulos y como se ve tuvo que ser saldada. Ahora esa editorial, visto lo que hay, publica libros de otra laya. Que poquito nos queda.


-SuperSantiEgo

25.10.11

Sobre el novísimo Universo DC

Después de haber leído ya unos números y empezar a ver por dónde van los tiros en general, creo que ya se puede empezar a hacer una valoración sobre qué es lo que nos podemos esperar de esta refundación, refundición o reestructuración del famoso Universo DC. Desde luego la valoración no es demasiado positiva, eso ya lo adelanto.
Nuevo universo DC, donde todos los personajes han sido substituidos por su versión poochie.
Como con todo, lo difícil es situarse un poco en el contexto tanto de lo que es el mismo géneros de superhéroes como la industria del cómic, en seria crisis desde hace más de cinco años en todo el mundo, y sobre todo los cambios en el gusto del público.

Lo primero que habría que recordar es que el Universo DC es en algunos aspectos la casa de tócame roque, y en muchos aspectos ése siempre ha sido unos de sus principales atractivos. También tiene fama de ser, por méritos propios, una especie de lugar donde, no se sabe muy bien cómo, terminan recalando exiliados de otros universos de ficción, por regla general por absorción de empresas. De ese modo en DC se han "naturalizado" personajes que pertenecían a otras compañías, como el mismo Capitán Marvel o Shazam, adquirido después de que la misma DC acusase a Fawcett por plagio, que ya es tener morro, los superhéroes de la Charlton (Blue Beetle, Question, Captain Atom), los de Archie y ya últimamente los de Milestone, un sello que se editaba bajo DC pero que se establecía en una continuidad diferente donde los superhéroes eran afroamericanos. Lo último es que la línea WildStorm se integre en una misma y única continuidad, así que tendremos todavía más cachondeo a la vista, empezando porque esos personajes eran originalmente de otro universo que también acabó como el rosario de la aurora, el primitivo proyecto que fue Image. Otra cosa se le podrá achacar a DC, pero no que no sean integradores. Es un poco como Zárágózá durante las fiestas del Pilar o Cádiz durante el Carnaval: nadie es extranjero si tiene ganas de divertirse. DC es el melting pot de los personajes, o si lo queréis más clásico y con resonancias gastronómicas, E pluribus, unum.

Respecto a la reestructuración y los inevitables "reconteos" de los orígenes y principales aventuras de los personajes más destacados, no debemos olvidar que son parte de la misma esencia del género, como dejó bien claro Alan Moore en su interpretación de Supremo, ese personaje que se encontraba con todas las encarnaciones pasadas de sí mismo, siendo él, la última, nunca la definitiva sino sencillamente la más reciente. Mi generación, por ejemplo, conoció fundamentalmente al Superman que se suele llamar de Tierra 1, uno de los más longevos, pero éste ya era en muchos aspectos un personaje distintos del original que había sido creado más de veinte años antes. Si nos ponemos puristas, sólo las versiones originales de los personajes serían las correctas, y sólo las que fueron creadas por los creadores originales, lo que sin ir más lejos dejaría muy mal parado a Batman, con un creador reconocido que casi es el que menos aportó al personaje.

La historia del Universo DC es por tanto bastante complicada y azarosa, y aunque el Universo Marvel también tiene sus complicaciones y sus retrocontinuidades, algunas para pegarse un tiro o pegárselo a alguien, lo de DC es un poco para echarle de comer aparte. Lo de crear universos paralelos o continuidades alternativas tampoco es exclusiva de DC. Precisamente Marvel, en una decisión propia de figurar con pleno derecho en la antología del disparate, hizo una jugada a mediados de los noventa que, alguna relación debe tener, acabó con la compañía en plena quiebra. Alarmada por los cambios de los gustos del público y por el éxito de Image, fundada precisamente por sus autores señeros un tanto díscolos, no tuvo mejor idea que hacer un retconeo a lo bestia con los famosos e infames "volúmenes 2", precisamente encargándoselos a los antiguos desertores y a otros de su cuerda. El resultado es de todos conocidos: las versiones de Los Vengadores, de Los Cuatro Fantásticos y del Capitán América sólo se puede calificar de bochornosas, y han quedado para la historia del género como un despropósito sin igual. Prácticamente Marvel tuvo que pedir perdón, envainársela, prometer que Poochie se iba a su planeta y que nunca más volvería y hacer una "vuelta a los orígenes" en toda regla para volver a ganarse al público, y éste se lo agradeció infinito.
Oprobio.
Vergüenza
Abominación
Hace diez años, Marvel de nuevo, hizo una jugada llamada Ultimate (definitivo), un universo nacido de cero pero con los personajes de siempre: un Spider-man definitivo, unos Vengadores (Ultimates) definitivos, unos Cuatro Fantásticos definitivos, y todo definitivo. La idea no era mala porque venía a ser lo mismo que el infame "volumen 2" pero recordando las sabias palabras de Eugenio d'Ors, al que siempre agradeceremos que nos dejase bien claro que los experimentos se hacen con gaseosa, así que si el invento no terminaba de funcionar, pues bueno, el daño estaba localizado, y como llegaron a indicar algunos si la nueva continuidad se demostraba más potente y atractiva para el público podría llegar a darse el caso de que eclipsase o incluso substituyese a la original.
También somos poochies, pero en cesta aparte por si tocamos demasiado los huevos.
El resultado fue heterogéneo: había cosas que estaban mejor pensadas, los orígenes de los personajes no eran tan ingenuos y, por ejemplo Spider-man no era mordido por una araña radiactiva, sino por una modificada genéticamente, y los Cuatro Fantásticos mutaban por su exposición a la Zona Negativa, no por los rayos cósmicos. Bueno, básicamente eran más molones, algo más agresivos, los tebeos eran más caros y mostraban las tendencias imparables del cómic del género de superhéroes en esos primeros años 2000, con la famosa "narrativa descomprimida", eufemismo de "en cada número no pasa nada o casi nada", lo que hace prácticamente insufrible seguir una colección mes a mes. La línea Ultimate, conocido es, no llegó nunca a eclipsar a la tradicional, y aunque con sus virtudes nunca dejó de ser lo que todo el mundo percibía, una copia o un reflejo. Una copia legal y autorizada, por supuesto, pero no por eso otra cosa que una copia de otra cosa que seguía en marcha, el universo Marvel tradicional. Al final las versiones "definitivas" y el universo "definitivo" fueron víctimas de la bajada de ventas que sigue padeciendo el cómic, y se preparó un apocalipsis que cerrase la línea, aunque no "definitivamente", ya que una cosa es que la línea en general flojease y otra que algunas colecciones pudiesen salvarse, que es lo que ha ocurrido. El Ultimate Spider-man (ahora un chico afrolatino) y otras pocas colecciones continuarán mientras tengan lectores, pero el universo Ultimate parece que ha naufragado en general.
¡Dejarme solo, cohone, que puedo yo con todos!
Y justo entonces a DC se le ocurre hacer lo mismo, pero sin red de seguridad. Durante años se rumoreó que iba a hacer algo parecido, e incluso hizo experimentos en esa línea con los All-Star y el más reciente Earth One. Pero no nos engañemos: las circunstancias son muy diferentes ahora que hace quince años, y no digamos ya con las de 1986, cuando DC hizo lo mismo que ha hecho ahora y, reconozcámoslo, lo hizo muy bien y salió para delante. Recordemos que DC a finales de los años setenta estaba un tanto anquilosada, y que lanzó, también entonces, la famosa "Explosión DC", un montón de nuevas colecciones para recuperar cuota de mercado que salió por así decirlo... un pan como unas hostias, hubo que cerrar un montón de ellas y salió justo lo contrario que lo que se esperaba, con lo que hubo la mucho más famosa "Implosión DC", de la que obviamente Marvel tomó ventaja hasta que DC decidió echar un órdago con sus conocidas Crisis en Tierras Infinitas. La jugada, arriesgada, era también sencilla: tomaremos de los personajes sus rasgos básicos y esenciales, lo pondremos todo a partir de cero o de casi cero y, ahí estaba la madre del cordero, contaremos para ello con los mejores autores del momento. Efectivamente: la maxiserie que redefinió el Universo DC fue creada por Wolfman y Pérez, aunque si uno lo piensa no hacía ninguna falta, porque se podía hacer sin inventarse semejante apocalipsis, pero lo importante es lo que vino luego. Para reformar a la así llamada Santísima Trinidad de DC, se contó con tres autores que en ese momento estaban en lo mejor de sus carreras: Frank Miller, que había dejado al mundo acongojado con el Dark Knight, creó el origen y la interpretación definitiva de Batman, un personaje que luego continuó varias décadas con una interpretación sombría en ocasiones un poco agobiante por repetitiva, John Byrne hizo una vuelta salvaje de Superman a los orígenes despojándolo de toda la parafernalia de personajes de los tiempos anteriores (muy divertidos en su momento, pero su tiempo ya había pasado), y George Pérez convirtió por primera vez a Wonder Woman en un personaje interesante de leer por cualquier aficionado a los comics. En general, aunque con ciertos lógicos altibajos, la refundación de DC funcionó maravillosamente, aunque como todo en esta vida no terminó de funcionar a largo plazo y hubo continuas semirefundaciones y reinterpretaciones, algunas con más fortuna que otras.

Lo que ha hecho DC en este año de 2011 viene a ser lo mismo que hizo en 1986, y del mismo modo que en ese año se refundió y reestructuró todo el legado que provenía de la Edad de Plata, se ha hecho lo mismo con otros veinticinco años de historia de los personajes. Pero, como digo, las circunstancias son muy, muy diferentes. Mientras que la recreación de las Crisis y el así llamado universo post-Crisis fue meditado y pensado largo tiempo, y nada se dejó a la imaginación, y aun así hubo fallos e incoherencias, el nuevo Universo DC parece todo lo contrario: apresurado, mal contado y completamente deslavazado. Mientras que entonces se contó con algunos de los mejores autores y con otros que estaban despuntando, ahora en la mayor parte de los casos nos encontramos con gente que parece que ha aceptado todas las indicaciones que les vienen de arriba sin rechistar, por absurdas que sean. Por si fuera poco como nos encontramos en esta era de narración descomprimida para hacernos una idea cabal de cómo ha cambiado cada personaje nos vamos a tirar la mitra.
De momento a Batman ahora le gustan las mujeres, parece. Debe estar pasando por una fase.
Una de dos: o les sale bien la jugada, que lo dudo mucho, o consiguen que esto funcione, pero lo dudo. Como se suele decir: esto ya no tiene remedio, ¿verdad? Mucho me temo que así sea. Lo que no se atrevió a hacer Marvel, substituir toda una línea temporal y de historia por otra, lo hizo DC en su día, y le salió bien, pero mucho me temo que en este caso se pueden caer con todo el equipo.

La cuestión fundamental es ésa: los comics, y en particular los de superhéroes, ya no son un negocio, o mejor dicho ya no lo son como lo eran hace décadas. Hace sólo veinte, o treinta años, lo importante era eso, vender tebeos, y para vender tebeos había que hacer buenos tebeos que enganchasen a los lectores de tebeos. Hoy, tanto Marvel como DC son propiedad de dos conglomerados de entretenimiento, Disney y Warner, que saben perfectamente que donde menos se gana es vendiendo tebeos, y que las tiradas actuales son ridículas en comparación con las de hace sólo veinte o veinticinco años. Lo importante son los productos licenciados, las adaptaciones a películas y videojuegos, y todo lo demás. Los personajes icónicos de los superhéroes apenas facturan un 5% en eso tan antiguo de vender comics, así que no es de extrañar que sea una división que vaya manga por hombro. De hecho, se termina poniendo al personaje original al servicio de interpretaciones en ocasiones, espurias, de ahí la absurda y totalmente inútil idea de forzar la entonces ya tocada continuidad de Superman para hacerla coincidir con algunas cosas de Smallville, con la fatua pretensión de que los muchos espectadores terminasen leyendo los tebeos, idea idiota donde la haya y que no sólo no consiguió lo que pretendía sino que no hizo embarullar más las cosas. Pero los que mandan, como siempre, son los de arriba, y el lector de comics, ya que cada vez da menos dinero, menos va a ver atendidas sus demandas, por lo menos en este tipo de personajes que pueden verse devorados por su propio éxito en otros medios más pujantes.

El error de este "nuevo" universo es que está hecho pensando en gente, o posibles lectores, a los que no les gustan los tebeos, y además están hechos por profesionales que están muy por debajo de las expectativas que todavía tienen algunos lectores veteranos. Cada vez da más la impresión de que los que siguen valiendo algo en esa forma de expresión artística, por lo menos en los EEUU, cada vez son más reacios a trabajar en esas circunstancias tan poco favorables.

Podría explicar lo que no me gusta de cada una de las series que he leído, pero tampoco podría decir mucho más en claro. Desde luego hay cosas que no, así no se va a ninguna parte ni se consigue nada. En dos números de la JLA prácticamente sólo ha habido hostias sin demasiado sentido, el primer número de Supergirl es, eso, hostias, el primero de Catwoman, pues vale, echa un polvo con Batman, y en general todo muy flojo, falsamente molón, nadie tiene derecho a estar gordo, y eso sí, con apabullantes coloreados por ordenador que no consiguen ocultar que no hay un rumbo fijo y no se sabe a dónde se quiere llegar. De otras colecciones después de leído el primer número sólo puede uno pensar que de qué puñetas va o qué pasa ahí. Lo de Green Arrow no tiene nombre: la gracia del personaje es que es un cuarentón progre perdido, así que si le quitan eso se queda en otra copia de Batman. En el de Wonder Woman me quedé a cuadros al ver que pasaba por allí lo que parecía un extraterrestre azulado vestido inexplicablemente con un uniforme inglés de la Primera Guerra Mundial, hasta que resultó ser Hermes, y tantas cosas más en las otras colecciones que le hacen a uno exclamar un sonoro "pero qué coño pasa aquí".
Molonidad nivel experto.
Erotismo no subliminal.
Probablemente todo se resuma en la nueva interpretación de Superman, el primero de los superhéroes y como yo suelo decir uno de los más difíciles de tratar hasta el punto de que es tan difícil hacer una buena historia de él como fácil hacer una mala de Batman. Las dos series clásicas, Action y Superman, narrarán los inicios del personaje por un lado y por otro tal como es ahora, por primera vez con un diseño de uniforme que rompe con la visión del personaje en muchas décadas. Lo primero que nos tendrán que explicar, espero, es a santo de qué Superman necesita ir con armadura, pero bueno, ésos son los riesgos de dejar a Jim Lee rediseñar un personaje, algo que en su caso debería estar prohibido por ley. En la serie de Action, guionizada por Morrison, vemos algo que es curioso, porque efectivamente es una vuelta a los orígenes: Superman todavía no vuela, y no lucha contra superamenazas sino contra mafiosos comunes. Será una vuelta a los orígenes, no hay duda, pero la pregunta es si eso ahora tiene mucho sentido. Y lo de este personaje, precisamente, demuestra la improvisación de toda esta movida de nuevo universo y que hace pensar que ha sido todo hecho sin demasiada lógica: hace sólo un año se nos presentaba una miniserie donde se volvía a contar el origen de Superman de forma "definitiva", sólo para echarlo por tierra con esta nueva versión. Naturalmente eso no importa gran cosa, ya que cada uno de los orígenes, de éste al de Birthright, Man of Steel de Byrne o todos los demás tal como fueron contados en su momento no son realmente los "definitivos", sino según la teoría de Moore sencillamente el último en ser contado, y pueden ser disfrutables cada uno por separado y según sus méritos sin tener encima la obsesión de si es o no la versión "oficial" que en ese momento marca la editorial poseedora de los derechos del personaje.
¡Cuidao que voy y no freno por nadie!
La impresión que me llevo en general es algo parecido a la misma aparición del universo Image hace ya justo casi veinte años, que se presentó como alternativa a los otros dos universos superheroicos tradicionales, con su coloreado por ordenador, entonces novedoso, sus continuos pin-ups y posturitas, y sobre todo, en general, sin pies ni cabeza, hasta el punto que lo que ha sobrevivido de él ha sido gracias a personal contratado para hacer de aquello algo mínimamente legible. Una de las cosas que llamaba la atención de esos comics era que todo parecía ocurrir en medio de la nada o de extrañas instalaciones secretas que poco o nada tenían que ver con el mundo real. Pues algo así recuerda a estos primeros números del nuevo universo DC: parece ocurrir en un mundo en el que difícilmente nos puede llegar a interesar lo que vemos, y si lo mejor que nos pueden ofrecer para caracterizar bien a los personajes es la bochornosa escena de "Jo, papá, ¿no vas a venir nunca a verme jugar al football?" entonces es que tenemos un problema.

Si la jugada es en general, como sospechamos algunos, intentar atraer a los comics a los que generan actualmente ese 95% de ganancias, no creo que sea la estrategia más sensata, porque sencillamente no creo que ni de la forma anterior ni con ésta se conviertan en consumidores de comics. El que es lector irá a ver Iron Man 3 aunque no le terminase de gustar la segunda parte, pero el que espectador que vio las películas de X-Men y las disfrutó como películas de acción huirá despavorido cuando vea que tiene que hacer poco menos que un doctorado para entender lo que ha ocurrido en los últimos veinte años en el subuniverso mutante de Marvel.

Sinceramente no sé si el género de superhéroes ha tocado fondo o no, pero en general es cada vez más difícil encontrar algo que valga la pena leer. Como dije antes, parece que todo autor que valga la pena prefiere contar otras cosas por su cuenta, a veces tangencialmente con seres poderoros o sencillamente historias fantásticas y de ciencia ficción, con las que tan estrechamente está emparentado ese género que puede que haya entrado definitivamente en decadencia o sencillamente está cambiando a una forma con la que algunos nos sentimos cada vez menos cómodos. Desde que nacieron las editoriales independientes y el género de superhéroes pasó a ser cada vez menos hegemónico, y los sistemas de distribución mejoraron considerablemente, el tipo de historias se ha diversificado, así que no hay obligación ninguna, como nunca la hubo, de leer historias de superhéroes, o de seguir farragosas continuidades con un espíritu erudito y enciclopédico muchas veces agotador. El que quiere meterse en estos fregados, todo hay que decirlo, es porque quiere.

Otro problema que tienen los comics actualmente es, desde luego, el precio. Se han encarecido extraordinariamente. No olvidemos que hace sólo veinte años los comics normales, los de batalla, apenas si costaban todavía 75 centavos, y que poco después subieron a 1 dólar, y que se imprimían en un papel malísimo, con manchas de tinta y, en general, una pobre impresión. Por eso durante los años ochenta se experimentó con nuevos formatos, se intentó importar con poca fortuna el concepto europeo de novela gráfica hasta adoptarlo a las ediciones prestige, y había unas ediciones en mejor papel llamadas baxter, hoy desaparecidas pues desde la irrupción en el mercado de Image los comics pasaron rápidamente a 1'95, y no han parado de subir hasta ponerse ya entre los 2'99 y los 3'99. Cierto es que la media de edad del lector y comprador de comics ha subido mucho con lo que también tienen un mayor poder adquisitivo, pero no son precios para generar afición, y menos con unos requisitos de entrada como el fanatismo por los personajes y estar dispuesto a estudiarse su historia, que muy poca gente está dispuesta a soportar.

Por último, una cuestión a respecto de los nuevos comics digitales, ya que DC con esta nueva refundación pasa a venderlos en paralelo tanto en papel como en formato digital. No me convence por una sencilla razón, y es que no sólo el formato digital es ridículamente caro en comparación con la copia física en papel, sino que creo que no se entiende el cambio que puede suponer, y además favorecer, las suscripciones baratas digitales. Por un lado, como ya indiqué, estamos en un tiempo de ridícula narrativa descomprimida que ha convertido poco menos que en obsoleto el concepto de número mensual. Eso tenía sentido en los tiempos en que en tres o cuatro números, como mucho, te contaban una historia completa de principio a fin, pero parece que eso ya ha pasado de moda completamente, o sencillamente es que no quieren o no saben hacerlo ya. 52 colecciones nuevas, así, del tirón. Si alguien tiene curiosidad por leerlas todas, se tiene que gastar unos 150 dólares, que no es ningún chiste. Marvel ya ha creado un sistema de tarifa plana mensual en el que se podrán leer todos los comics de catálogo de la editorial cuando los tengan todos digitalizados, o como suelo decir yo de broma por cinco cochinos dólares al mes podrás leer tebeos Marvel hasta que te sangren los ojos. Lo que no es serio es que si uno se compra en digital los doce números de Camelot 3000 le salgan al mismo precio o casi más caro que la edición en tapa dura. Algunas colecciones y series clásicas puede que DC o Marvel no les vaya a sacar demasiado rendimiento en papel, pero si las vende por colecciones completas a un precio redondo malo será que la gente no se las descargue. Tienen un catálogo inmenso que está ahí muerto de risa, y que podrían sacar bajo un nuevo formato.

Creo que ése es el camino, y además por supuesto hay que poner sagas clásicas en abierto para captar nuevos lectores. Desde luego, eso es innegable, siempre habrá compradores y coleccionistas de comics que celebrarán toda cuanta edición especial, muñequito y cachivache aparezca con la sana intención de vaciarles los bolsillos, pero también existe el lector de comics, el que fundamentalmente quiere leer, y además suele querer leer mucho. Los comics en tableta tipo iPad o Android se ven más que aceptablemente bien, ya sea online o por medio de archivos jpg, así que es absurdo no poner a estas alturas la posibilidad, razonablemente barata, de que el devorador de comics pueda saciar su vicio tanto de comics nuevos como de catálogo a un precio más que razonable, y aunque consistiera en hacerse la competencia a uno mismo por medio de ese nuevo formato mejor eso que perder clientes. La cuestión es ésa: leerlos. Si luego quieres tener figuritas y ediciones especiales, o las colecciones guardadas en plástico y cajas especiales, pues también te proporcionaremos tu droga favorita, no te preocupes.

En definitiva sobre el nuevo universo DC, que aún tenemos que esperar un poco para ver si es sólo una nueva vuelta de tuerca a los personajes, o un desastre cocinado mal y a toda prisa donde cada uno de los personajes clásicos ha sido substituido por su correspondiente poochie.

-SuperSantiEgo