Es éste el típico caso de que una película que se ha hecho muy famosa no la ves, y aunque sepas de qué va no llegas a enterarte muy bien de toda la vaina. Es decir: sabía por encima que era en la India y que tenía que ver con el juego ¿Quién quiere ser millonario?, que en España se llamó 50 x 15 en su etapa más famosa, pues el premio constaba de 50 millones de las antiguas pesetas si conseguías responder las 15 preguntas correctamente. También, vagamente, recordaba haber leído algo sobre los niños actores que habían interpretado la película, y cierta polémica sobre ellos y sus padres.
Es innegable que la película está muy bien hecha, muy bien rodada, el director es el señor Boyle, un tipo muy solvente, y que en general la película tiene una factura estupenda. Sin embargo comparte características con un concepto que poco a poco voy desarrollando y que todavía está por definir de forma completa, y es el de caca de luxe. Es caca, pero de lujo. Como la he visto de forma completamente fenomenológica, sin ningún prejuicio ni idea preconcebida y apenas sabía de lo que iba los elementos de luxe no me impiden ver la caca que hay debajo.
La película empieza in media res, en mitad del asunto, en el momento en el que al protagonista, héroe existencial y avatar de la fuerza del destino, está siendo torturado en una comisaría de policía de nuestro presente, después de que se nos comunique que es el finalista de ese famoso concurso televisivo. Poco después sabremos que le están dando candela y descargas eléctricas porque el presentador del programa se malicia que el tipo es un tramposo y que quiere timar a la cadena. Líbreme el firmamento de saber en detalle cuáles son las corruptelas y el estado de la policía de Bombay a ese respecto, pero se me hace un poco cuesta arriba aceptar por las buenas que un presentador de televisión, por famoso que sea, pueda llamar a sus amigos policías y mandar que torturen a uno de sus concursantes para que confiese que hace trampa, y que la policía colabore porque sí, sin olvidar el escándalo que las emisoras rivales podrían montar de enterarse de semenjante trato a los concursantes de un programa tan conocido. Además, la verdad, me imagino esto en España y no soy capaz de pensar en Carlos Sobera haciendo semejante canallada.
![]() |
"Di que no". |
Lo inverosímil aumenta cuando los mismos policías, después de que al chico por tan poco grave delito le hayan dado igual tratamiento que los vietnamitas a Rambo, lo tratan a continuación de modo casi afable y lo invitan a un té mientras cuenta su historia y cómo ha podido responder a las preguntas del concurso. E incluso hay un momento en el que él mismo se enfada y agrede a uno de los policías, que lo lógico es que lo hubiesen matado allí mismo, por ejemplo. Y, sobre todo, una vez pasado el trance el chico vuelve al programa como quien dice como si nada hubiese pasado. Yo igual es que me tomo muy a mal la idea de que me torturen colgado de un gancho, pero como mínimo el muchacho podría haber saltado contra el presentador e intentar arrancarle los ojos delante de todo el mundo. Y cuando se convierta fugazmente en una celebridad en todo el país, ¿no va a contar lo que le han hecho, y no se va a enterar nadie? Sinceramente, no le veo ni pies ni cabeza. Sé que es otro país, otra cultura y que las relaciones de poder son muy distintas a pesar de que sea la democracia más poblada del mundo, pero me sigue pareciendo todo muy raro e inverosímil. No el hecho de que torturen a alguien en una comisaría, pero sí el contexto en el que sucede todo y luego su nula influencia en el resto de la narración.
Respecto a todo lo demás, desde la primera escena, estamos ante un argumento estándar de una de las típicas colaboraciones de Paulo Coelho en prensa. Vamos a ver una fábula o parábola sobre el poder del bien, la fuerza del destino y que el amor lo puede todo. Igual que en el concurso, nada más empezar, se nos propone una pregunta justo en la primera escena, y es el interrogante de por qué Jamal, el protagonista, está a punto de ganar ese importante premio que lo sacará de la miseria en la que ha vivido toda su vida, y en la que sigue viviendo un importante porcentaje de población del país que ávidamente contempla el televisor esperando que ocurra el milagro y se opere la magia del destino. Igual que en la forma en que se presentan las preguntas del concurso, al espectador se le plantea si el chico está a punto de ver realizado su sueño porque sabía todas las respuestas por ser muy listo, por pura casualidad, o es que estaba escrito y así lo ha determinado el destino.
Recordemos la frase más conocida, e infame, de Paulo Coelho: "Cuando tú quieres una cosa, todo el universo conspira para que realices tu deseo".
A pesar de todo la película, como ya he dicho, está magníficamente bien hecha, pero en mi caso no puedo evitar que el rechazo sea automático desde el primer momento que percibo la caca de luxe, y ya antes de ver el cartel de la película veo que es una película de ésas de "buen rollo", flagüerpágüer y qué requeteprecioso es el amol. "La película de hacerlo sentir a uno bien de la década". El opio del pueblo en una de sus muchas presentaciones modernas, podríamos decir. No tengo nada en contra de las películas vitalistas, de buen rollo, fantasía y que todo se arregla con buen humor y una canción, de veras, soy incluso aficionado a los musicales de Fred Astaire y de Gene Kelly y a esos tecnicolores saturados de tonos pastel donde todo el mundo es bueno, ingenioso y hasta al peor de los personajes te aparecería invitarlo a copas, pero esto es otra cosa: puro chantaje emocional, sensiblería y la razón por la que Crepúsculo y otras bazofias se están convirtiendo en el horizonte cultural de muchas personas.
Tampoco se puede negar que tiene cosas muy buenas. Los niños y adolescentes que interpretan a los personajes principales, así como los que los encarnan de adultos, están realmente bien, y Freida Pinto es realmente guapa, como también vimos en Inmortals. La ambientación, magnífica, sin duda. La película tiene ritmo y todos los flashbacks en los que vemos por qué Jamal tiene la respuesta a las preguntas que le hacen están perfectamente contados mientras vemos su vida, la pérdida de su madre en una escena que mucha gente no comprenderá ni de lejos (conflictos entre musulmanes e hindúes), su vida y la de su hermano entre las chabolas y como niños de la calle al servicio de las mafias de pedigüeños, etc. Los personajes principales, claro, no pueden sino caerte bien, de tan arquetípicos: lo dos hermanos son en cierto modo Caín y Abel, el niño puro e inocente en el que sólo cabe el amor, su hermano mayor que protege al pequeño y que se va endureciendo con la vida que lleva, aunque luego se sacrificará por los demás, y la niña guapísima que, por ser guapísima, pues le tienen que salir bien las cosas. No sé si todos estos elementos estaban presentes ya y en la misma intensidad en la novela de la que sale todo, pero da la impresión de que tan exagerado no es.
Ante estas cosas, la caca de luxe, uno se siente dividido, porque no sabe a qué carta quedarse. He visto películas indias que básicamente son más o menos lo mismo: el chico humilde que sale de la nada, el amor imposible que supera todos los obstáculos, un malo que haría llorar a Darth Vader, y al final el destino se impone y la parejita, como en un cuento de hadas o de las Mil y Una Noches, termina triunfando, el mal es derrotado y la película, después de flipantes números musicales que hacen que todo dure unas tres horas como poco, termina y tan amigos. Es todo tan exagerado, tan absurdo y maniqueo, que en cierto modo tiene sentido, del mismo modo que en las comedias románticas o musicales antes citadas todos son tan molones y las situaciones tan inverosímiles que lo más natural del mundo es que de repente suene música y todo el mundo se ponga a cantar y bailar una elaborada coreografía. Mary Poppins y Cantando bajo la lluvia las podemos considerar puras fantasías escapistas, mundos irreales de color, pero en ningún momento ocultan lo que son, ni pretenden darte más mensaje que durante un par de horas, en la oscuridad de un cine, puedes fliparlo, literalmente, en colores. Y aquí paz y después gloria, te gusta o no y tan amigos.
No niego que quizá vea esta película con algo de mala leche, pero hasta cierto punto comparto la crítica de uno de los actores más famosos de la India, al que precisamente en Slumdog Millionaire el niño Jamal pide un autógrafo. La película es occidental y cuenta la típica historia que podemos encontrar en las películas más populares de la India, pero lo hace desde una perspectiva que en cierto modo va a hacer sentirse bien al espectador occidental, en ese sentido tan receptivo a ese tipo de historias como cualquier otro del mundo. Es un poco como el catetismo interno del espectador americano medio: sólo entiende la película o acepta verla si está en las claves que comprende, si está en inglés y si ocurre en su sagrado solar patrio, de ahí que, y es una tendencia que va a peor además de por otras razones, sea imposible que una película no americana, o anglófona no americanizada, tenga algo que hacer en el mercado interno de los Estados Unidos, lo que explica la compra de guiones de películas extranjeras y que los adapten de aquella manera para seguir mirándose el ombligo. Por un lado esta crítica, que es una "película india no india", es válida, pero también es lógico que adaptemos unas coordenadas culturales a otras. Quizá lo extraño es que es una película india no india pero que no se sabe lo que quiere ser.
Lo que quizá me incomoda más es el tono documental, o de "cinema vérité" que este producto británico intenta imprimirle a la película, con niños actores salidos de los poblados de chabolas y que casi parece inducir a que después de verla te hagas socio de Save the Children, aunque luego todo sea, en el fondo, nada más que una paulocoelhada de mil pares de narices que, repito, en un universo de color y fantasía y sin pretensiones sería mucho más tolerable. Sinceramente creo que una cosa se da de bofetadas con la otra, y eso es lo que termina definiendo esto como caca de luxe. ¿Estoy ante una película realista y de denuncia social, ante una pura fábula, o ante nada porque los dos efectos se anulan mutuamente? Por un lado nos muestra la dureza de una sociedad de niños mendigos y de las mafias que los explotan, de acuerdo, ¿pero la solución es ser un elegido del destino, ser alguien especial al que le pasan cosas especiales? ¿El niño al que ciegan para que gane más dinero cantando no ha nacido con el karma adecuado, o la estrella bajo la que nació no era la correcta? Por si fuera poco la película termina, para que no quede duda, respondiendo la pregunta que ella misma se hacía al principio, por si no te habías dado cuenta tú solo con todo lo que has visto hasta entonces: sí, es el destino, que no quepa duda. Para eso, que me llamen tonto directamente.
Y digo yo: si todo es una lotería kármica, ¿dónde está el buen rollo y por qué esta película debería hacerme sentir bien conmigo mismo y con el universo? ¿Me hace sentir mejor en Navidad que alguna gente gane el gordo de la lotería, que otro que no soy yo haya ganado y quizá el próximo año, si vuelvo a comprar un décimo, podré optar de nuevo a ser el ganador? Eso sin contar que los protagonistas son musulmanes, y que tampoco hay ninguna interpretación hindú o budista sobre la rueda de la vida, con lo que, de forma totalmente ajena a la película, podríamos especular que Jamal después de múltiples encarnaciones virtuosas recibe la recompensa a su vida recta y pura, y que algunas almas están destinadas a encontrarse una y otra vez según algunas creencias orientales, como vimos en La vida y la muerte me están desgastando y Tiempos de arroz y sal. Cuando vemos esas maniqueas y fantasiosas películas indias que cité antes, debemos tener en cuenta que el imaginario cultural del espectador es muy distinto del que tenemos nosotros, igual que sus ideas de pecado o retribución. Pero la película es occidental y en principio orientada al público occidental, y nuestra visión del destino y de la predeterminación es o bien católica o bien protestante, y bajo ambas la película, a pesar de su buen rollo, es un tanto ominosa: si te toca salvarte, o si eres guapo, si tu historia de amor está abocada a realizarse porque así lo quieren los hados, o realmente eres el protagonista de esa película maravillosa que crees que es tu vida y no un secundario porque todavía no te hayas dado cuenta, quizá serás feliz al final del tercer acto y todas las venturas te serán dadas por añadidura como corresponde al emperador de todas las cosas, y en caso contrario... gracias por jugar, y siga intentándolo en el próximo turno, si es que lo hay.
Los griegos sabían (y vaya si lo siguen sabiendo), que el destino sólo acaba en tragedia, y que es imposible escapar de él.
Por eso, cuando uno ve la película y se da cuenta de éstas y otras cosas, no deja de sentirse en cierto modo culpable, por las dosis de "pensamiento Alicia" con las que tiene que luchar. El chantaje emocional es claro. ¿Acaso la historia no es bonita? Pues sí, mucho, pero a pesar de lo que crea mucha gente la función del arte no es "lo bonito" en tanto que kitsch, sino la verdad y la belleza, y éstas a veces presentan una naturaleza atroz. Obviamente todos sentimos simpatía cuando de vez en cuando un premio de azar recae en la típica familia necesitada, y durante un momento podemos, a pesar de nuestro racionalismo, pensar y fantasear que el universo ha repartido momentáneamente un poco de justicia y que la balanza se ha equilibrado un tanto. ¿Acaso le parece a uno mal que los buenos triunfen y sean felices, del modo que sea? Tampoco creo que ésta sea la intención de la película, pero la miseria que se ve, los conflictos religiosos que acaban con muertos y la desprotección de la infancia poco tienen que ver, y ni mucho menos se solucionan, con una fantasía sobre el destino y el poder del amor verdadero que todo lo vence.
Vuelvo a repetir que me están vendiendo dos cosas que no pegan ni con cola. Tenemos capacidad de sobras para entender y disfrutar con una película de buenos y malos donde triunfa la inocencia y el amor sin necesidad de que nos chantajeen emocionalmente con un retrato de la miseria para mortificar un poco nuestra conciencia culpable, digo yo. De ahí que diga que esa dimensión de la película, la que muestra tímidamente ese mundo miserable, luego se da de bofetadas con la parte fantasiosa y de cuento de hadas. Más si, tal como se sabe, los mismos niños protagonistas y que salieron de las chabolas volvieron a ellas con una cantidad no excesivamente generosa, y por mucho que el destino los eligiese como intérpretes de unos protagonistas de una película en la que dos de sus personajes sí terminaron siendo millonarios, viviendo felices y comiendo perdices.
-SuperSantiEgo