22.2.12

Slumdog Millionaire y el chantaje emocional



Es éste el típico caso de que una película que se ha hecho muy famosa no la ves, y aunque sepas de qué va no llegas a enterarte muy bien de toda la vaina. Es decir: sabía por encima que era en la India y que tenía que ver con el juego ¿Quién quiere ser millonario?, que en España se llamó 50 x 15 en su etapa más famosa, pues el premio constaba de 50 millones de las antiguas pesetas si conseguías responder las 15 preguntas correctamente. También, vagamente, recordaba haber leído algo sobre los niños actores que habían interpretado la película, y cierta polémica sobre ellos y sus padres.

Es innegable que la película está muy bien hecha, muy bien rodada, el director es el señor Boyle, un tipo muy solvente, y que en general la película tiene una factura estupenda. Sin embargo comparte características con un concepto que poco a poco voy desarrollando y que todavía está por definir de forma completa, y es el de caca de luxe. Es caca, pero de lujo. Como la he visto de forma completamente fenomenológica, sin ningún prejuicio ni idea preconcebida y apenas sabía de lo que iba los elementos de luxe no me impiden ver la caca que hay debajo.

La película empieza in media res, en mitad del asunto, en el momento en el que al protagonista, héroe existencial y avatar de la fuerza del destino, está siendo torturado en una comisaría de policía de nuestro presente, después de que se nos comunique que es el finalista de ese famoso concurso televisivo. Poco después sabremos que le están dando candela y descargas eléctricas porque el presentador del programa se malicia que el tipo es un tramposo y que quiere timar a la cadena. Líbreme el firmamento de saber en detalle cuáles son las corruptelas y el estado de la policía de Bombay a ese respecto, pero se me hace un poco cuesta arriba aceptar por las buenas que un presentador de televisión, por famoso que sea, pueda llamar a sus amigos policías y mandar que torturen a uno de sus concursantes para que confiese que hace trampa, y que la policía colabore porque sí, sin olvidar el escándalo que las emisoras rivales podrían montar de enterarse de semenjante trato a los concursantes de un programa tan conocido. Además, la verdad, me imagino esto en España y no soy capaz de pensar en Carlos Sobera haciendo semejante canallada.
"Di que no".

Lo inverosímil aumenta cuando los mismos policías, después de que al chico por tan poco grave delito le hayan dado igual tratamiento que los vietnamitas a Rambo, lo tratan a continuación de modo casi afable y lo invitan a un té mientras cuenta su historia y cómo ha podido responder a las preguntas del concurso. E incluso hay un momento en el que él mismo se enfada y agrede a uno de los policías, que lo lógico es que lo hubiesen matado allí mismo, por ejemplo. Y, sobre todo, una vez pasado el trance el chico vuelve al programa como quien dice como si nada hubiese pasado. Yo igual es que me tomo muy a mal la idea de que me torturen colgado de un gancho, pero como mínimo el muchacho podría haber saltado contra el presentador e intentar arrancarle los ojos delante de todo el mundo. Y cuando se convierta fugazmente en una celebridad en todo el país, ¿no va a contar lo que le han hecho, y no se va a enterar nadie? Sinceramente, no le veo ni pies ni cabeza. Sé que es otro país, otra cultura y que las relaciones de poder son muy distintas a pesar de que sea la democracia más poblada del mundo, pero me sigue pareciendo todo muy raro e inverosímil. No el hecho de que torturen a alguien en una comisaría, pero sí el contexto en el que sucede todo y luego su nula influencia en el resto de la narración.

Respecto a todo lo demás, desde la primera escena, estamos ante un argumento estándar de una de las típicas colaboraciones de Paulo Coelho en prensa. Vamos a ver una fábula o parábola sobre el poder del bien, la fuerza del destino y que el amor lo puede todo. Igual que en el concurso, nada más empezar, se nos propone una pregunta justo en la primera escena, y es el interrogante de por qué Jamal, el protagonista, está a punto de ganar ese importante premio que lo sacará de la miseria en la que ha vivido toda su vida, y en la que sigue viviendo un importante porcentaje de población del país que ávidamente contempla el televisor esperando que ocurra el milagro y se opere la magia del destino. Igual que en la forma en que se presentan las preguntas del concurso, al espectador se le plantea si el chico está a punto de ver realizado su sueño porque sabía todas las respuestas por ser muy listo, por pura casualidad, o es que estaba escrito y así lo ha determinado el destino.

Recordemos la frase más conocida, e infame, de Paulo Coelho: "Cuando tú quieres una cosa, todo el universo conspira para que realices tu deseo".

A pesar de todo la película, como ya he dicho, está magníficamente bien hecha, pero en mi caso no puedo evitar que el rechazo sea automático desde el primer momento que percibo la caca de luxe, y ya antes de ver el cartel de la película veo que es una película de ésas de "buen rollo", flagüerpágüer y qué requeteprecioso es el amol. "La película de hacerlo sentir a uno bien de la década". El opio del pueblo en una de sus muchas presentaciones modernas, podríamos decir. No tengo nada en contra de las películas vitalistas, de buen rollo, fantasía y que todo se arregla con buen humor y una canción, de veras, soy incluso aficionado a los musicales de Fred Astaire y de Gene Kelly y a esos tecnicolores saturados de tonos pastel donde todo el mundo es bueno, ingenioso y hasta al peor de los personajes te aparecería invitarlo a copas, pero esto es otra cosa: puro chantaje emocional, sensiblería y la razón por la que Crepúsculo y otras bazofias se están convirtiendo en el horizonte cultural de muchas personas.

Tampoco se puede negar que tiene cosas muy buenas. Los niños y adolescentes que interpretan a los personajes principales, así como los que los encarnan de adultos, están realmente bien, y Freida Pinto es realmente guapa, como también vimos en Inmortals. La ambientación, magnífica, sin duda. La película tiene ritmo y todos los flashbacks en los que vemos por qué Jamal tiene la respuesta a las preguntas que le hacen están perfectamente contados mientras vemos su vida, la pérdida de su madre en una escena que mucha gente no comprenderá ni de lejos (conflictos entre musulmanes e hindúes), su vida y la de su hermano entre las chabolas y como niños de la calle al servicio de las mafias de pedigüeños, etc. Los personajes principales, claro, no pueden sino caerte bien, de tan arquetípicos: lo dos hermanos son en cierto modo Caín y Abel, el niño puro e inocente en el que sólo cabe el amor, su hermano mayor que protege al pequeño y que se va endureciendo con la vida que lleva, aunque luego se sacrificará por los demás, y la niña guapísima que, por ser guapísima, pues le tienen que salir bien las cosas. No sé si todos estos elementos estaban presentes ya y en la misma intensidad en la novela de la que sale todo, pero da la impresión de que tan exagerado no es.

Ante estas cosas, la caca de luxe, uno se siente dividido, porque no sabe a qué carta quedarse. He visto películas indias que básicamente son más o menos lo mismo: el chico humilde que sale de la nada, el amor imposible que supera todos los obstáculos, un malo que haría llorar a Darth Vader, y al final el destino se impone y la parejita, como en un cuento de hadas o de las Mil y Una Noches, termina triunfando, el mal es derrotado y la película, después de flipantes números musicales que hacen que todo dure unas tres horas como poco, termina y tan amigos. Es todo tan exagerado, tan absurdo y maniqueo, que en cierto modo tiene sentido, del mismo modo que en las comedias románticas o musicales antes citadas todos son tan molones y las situaciones tan inverosímiles que lo más natural del mundo es que de repente suene música y todo el mundo se ponga a cantar y bailar una elaborada coreografía. Mary Poppins y Cantando bajo la lluvia las podemos considerar puras fantasías escapistas, mundos irreales de color, pero en ningún momento ocultan lo que son, ni pretenden darte más mensaje que durante un par de horas, en la oscuridad de un cine, puedes fliparlo, literalmente, en colores. Y aquí paz y después gloria, te gusta o no y tan amigos.

No niego que quizá vea esta película con algo de mala leche, pero hasta cierto punto comparto la crítica de uno de los actores más famosos de la India, al que precisamente en Slumdog Millionaire el niño Jamal pide un autógrafo. La película es occidental y cuenta la típica historia que podemos encontrar en las películas más populares de la India, pero lo hace desde una perspectiva que en cierto modo va a hacer sentirse bien al espectador occidental, en ese sentido tan receptivo a ese tipo de historias como cualquier otro del mundo. Es un poco como el catetismo interno del espectador americano medio: sólo entiende la película o acepta verla si está en las claves que comprende, si está en inglés y si ocurre en su sagrado solar patrio, de ahí que, y es una tendencia que va a peor además de por otras razones, sea imposible que una película no americana, o anglófona no americanizada, tenga algo que hacer en el mercado interno de los Estados Unidos, lo que explica la compra de guiones de películas extranjeras y que los adapten de aquella manera para seguir mirándose el ombligo. Por un lado esta crítica, que es una "película india no india", es válida, pero también es lógico que adaptemos unas coordenadas culturales a otras. Quizá lo extraño es que es una película india no india pero que no se sabe lo que quiere ser.

Lo que quizá me incomoda más es el tono documental, o de "cinema vérité" que este producto británico intenta imprimirle a la película, con niños actores salidos de los poblados de chabolas y que casi parece inducir a que después de verla te hagas socio de Save the Children, aunque luego todo sea, en el fondo, nada más que una paulocoelhada de mil pares de narices que, repito, en un universo de color y fantasía y sin pretensiones sería mucho más tolerable. Sinceramente creo que una cosa se da de bofetadas con la otra, y eso es lo que termina definiendo esto como caca de luxe. ¿Estoy ante una película realista y de denuncia social, ante una pura fábula, o ante nada porque los dos efectos se anulan mutuamente? Por un lado nos muestra la dureza de una sociedad de niños mendigos y de las mafias que los explotan, de acuerdo, ¿pero la solución es ser un elegido del destino, ser alguien especial al que le pasan cosas especiales? ¿El niño al que ciegan para que gane más dinero cantando no ha nacido con el karma adecuado, o la estrella bajo la que nació no era la correcta? Por si fuera poco la película termina, para que no quede duda, respondiendo la pregunta que ella misma se hacía al principio, por si no te habías dado cuenta tú solo con todo lo que has visto hasta entonces: sí, es el destino, que no quepa duda. Para eso, que me llamen tonto directamente.

Y digo yo: si todo es una lotería kármica, ¿dónde está el buen rollo y por qué esta película debería hacerme sentir bien conmigo mismo y con el universo? ¿Me hace sentir mejor en Navidad que alguna gente gane el gordo de la lotería, que otro que no soy yo haya ganado y quizá el próximo año, si vuelvo a comprar un décimo, podré optar de nuevo a ser el ganador? Eso sin contar que los protagonistas son musulmanes, y que tampoco hay ninguna interpretación hindú o budista sobre la rueda de la vida, con lo que, de forma totalmente ajena a la película, podríamos especular que Jamal después de múltiples encarnaciones virtuosas recibe la recompensa a su vida recta y pura, y que algunas almas están destinadas a encontrarse una y otra vez según algunas creencias orientales, como vimos en La vida y la muerte me están desgastando y Tiempos de arroz y sal. Cuando vemos esas maniqueas y fantasiosas películas indias que cité antes, debemos tener en cuenta que el imaginario cultural del espectador es muy distinto del que tenemos nosotros, igual que sus ideas de pecado o retribución. Pero la película es occidental y en principio orientada al público occidental, y nuestra visión del destino y de la predeterminación es o bien católica o bien protestante, y bajo ambas la película, a pesar de su buen rollo, es un tanto ominosa: si te toca salvarte, o si eres guapo, si tu historia de amor está abocada a realizarse porque así lo quieren los hados, o realmente eres el protagonista de esa película maravillosa que crees que es tu vida y no un secundario porque todavía no te hayas dado cuenta, quizá serás feliz al final del tercer acto y todas las venturas te serán dadas por añadidura como corresponde al emperador de todas las cosas, y en caso contrario... gracias por jugar, y siga intentándolo en el próximo turno, si es que lo hay.

Los griegos sabían (y vaya si lo siguen sabiendo), que el destino sólo acaba en tragedia, y que es imposible escapar de él.

Por eso, cuando uno ve la película y se da cuenta de éstas y otras cosas, no deja de sentirse en cierto modo culpable, por las dosis de "pensamiento Alicia" con las que tiene que luchar. El chantaje emocional es claro. ¿Acaso la historia no es bonita? Pues sí, mucho, pero a pesar de lo que crea mucha gente la función del arte no es "lo bonito" en tanto que kitsch, sino la verdad y la belleza, y éstas a veces presentan una naturaleza atroz. Obviamente todos sentimos simpatía cuando de vez en cuando un premio de azar recae en la típica familia necesitada, y durante un momento podemos, a pesar de nuestro racionalismo, pensar y fantasear que el universo ha repartido momentáneamente un poco de justicia y que la balanza se ha equilibrado un tanto. ¿Acaso le parece a uno mal que los buenos triunfen y sean felices, del modo que sea? Tampoco creo que ésta sea la intención de la película, pero la miseria que se ve, los conflictos religiosos que acaban con muertos y la desprotección de la infancia poco tienen que ver, y ni mucho menos se solucionan, con una fantasía sobre el destino y el poder del amor verdadero que todo lo vence.

Vuelvo a repetir que me están vendiendo dos cosas que no pegan ni con cola. Tenemos capacidad de sobras para entender y disfrutar con una película de buenos y malos donde triunfa la inocencia y el amor sin necesidad de que nos chantajeen emocionalmente con un retrato de la miseria para mortificar un poco nuestra conciencia culpable, digo yo. De ahí que diga que esa dimensión de la película, la que muestra tímidamente ese mundo miserable, luego se da de bofetadas con la parte fantasiosa y de cuento de hadas. Más si, tal como se sabe, los mismos niños protagonistas y que salieron de las chabolas volvieron a ellas con una cantidad no excesivamente generosa, y por mucho que el destino los eligiese como intérpretes de unos protagonistas de una película en la que dos de sus personajes sí terminaron siendo millonarios, viviendo felices y comiendo perdices.

-SuperSantiEgo

16.2.12

Inmortals. El problema ya no es que sea mala, sino que casi ni nos sorprende

En primer lugar habría que recordar que seguramente el motivo de conservar el títalo original sea para no liarse con Los inmortales, que fue como se llamó en España Highlanders, porque hace más de veinticindo años ni el tatoide sabía lo que era un habitante de las tierras altas de Escocia, además de que si uno se fija sólo es uno, y sólo un rato.


Así que inmortales. Bueno. Como todos sabemos, es de los productores de 300, pinícula que en este blog dio bastante que hablar y con la que nos reímos mucho. Probablemente ésta tenga menos valores cinematográficos, si es que su antecesora tenía realmente alguno, pero bueno, hay cosas que en cierto modo la salvan, si no de sí misma porque eso es imposible, por lo menos de la ridiculez absoluta. En primer lugar no tiene la pretenciosidad de 300 al reescribir, como le sale del cinganillo, un hecho de la historia bien conocido, sino que reintrepeta en clave molona al estilo del Jólibud esteroideo de la actualidad unos cuantos mitos. Diréis que los destroza y se mingita y defeca en ellos, y no os podría llevar la contraria, pero oye, son mitos, historias ancestrales que, aunque se merecen un respeto, están en cierto modo para ser reinterpretadas y reescritas. En este caso no muy bien que digamos, pero al menos no ponemos a los espartanos en cueros proclamando la democracia representativa, algo sólo a la altura de que en la versión de Robin Hood de Ridley Scott nuestro buen arquero fuese hijo de Pablo Iglesias.

Eso sí: como no se pueden reprimir, nos dicen que estamos allá como por el 1200 a C, en Grecia. A qué decir ninguna fecha, digo yo que qué falta hacía, pero bueno, casi es lo de menos si tenemos en cuenta que Grecia es Mordor. Así: Mordor. Porque eso parece Mordor, no nuestra amada Hélade. Feo, desierto y agreste, y como siempre, no sabemos si es al amanecer, al anochecer ni nada, iluminación tenebrosa que de paso nos permite hacer avanzar el guión como nos dé la gana. Por supuesto, todo esto se debe a la famosa "corrección de color", que viene a ser una chapuza infame que, a estas alturas, dudo mucho que vaya a abandonar este arte. Efectivamente: todo plano parece rodado a través de una bolsa de orina, porque todo tiene un color ocre; vamos, como a meao. Todo es color pipí: la tierra, el cielo, las caras de la gente, y las Puertas de Mordor, Morannon, que también salen en la película. Igual que Gondor tenía que cruzar las Puertas de Mordor si quería invadirlo, por lo visto para entrar en Grecia hay que cruzar una muralla similar que casualmente está al lado del Tártaro donde tienen en cana a los titanes. Cuidadín con los griegos micénicos.

Todo, absolutamente todo, está en un precipicio, o caída de muchos metros. En un momento, sin saber muy bien cómo, el mar está lleno de petróleo, y en una violación flagrante de la dinámica de fluidos una ola del copón hace que el barco no se mueva mientras sí lo hace el resto del mar, y no afecta apenas a los protagonistas, que, eso sí, terminan cubiertos de petróleo, que al momento se sacan con una duchita a tiempo. Después de la escena del pozo de brea de El último gran héroe no sé cómo alguien tiene vergüenza de poner algo así, pero nuevamente ya ni nos damos cuenta, con el callo que estamos haciendo en nuestra maltratada sensibilidad estética de ver tales cosas. Eso sin contar que, en el colmo de la sutileza, el amigo Poseidón, para hundir un único barco, se marca un tsunami en una acción que deja pequeño lo de "matar moscas a cañonazos", sin olvidar que debió suponer, y es mucho suponer, que la gente a la que iba a salvar iba a salir indemne de tal burrada. Es como se hacen los guiones ahora: primero nos imaginamos las escenas molonas, luego ya les buscamos hueco en la trama.

Empezando un poco por el principio: los titanes, que no son los titanes que conocemos sino unos tipos con quemaduras de tercer grado, se encuentran encerrados en una especie de cubo con rayos láser atrapados por unas barras cual muñequitos del futbolín, con la peculiaridad de que muerden la barra. Hasta cierto punto tiene algo de original, pero nos percatamos de que muerden nada menos que una barra de hierro corrugado. Hierro corrugado, colega. Con todos ustedes, una inanimada barra de hierro corrugado:

En esta pinícula van a pasar cosas muy graves, deduce uno ya desde la primera escena. En fins: que Teseo vive en un sitio inverosímil que son... tres casas, más o menos, allá en un precipio para que se maten los niños cuando jueguen a la pelota, y la entrada a un templo protegido por una laberinto, siendo el templo un sitio la mar de raro en el que cuatro escaleras elevadas confluyen, cual si fueran diseñadas por un arquitecto satánico, de modo que ocultan y protegen una cabeza enorme hecha de poliexpán blanco, sobre la que ponen velitas, que como eso arda la que se va a montar. La madre de Teseo, como es madre soltera, es puteada por el resto de las acólitas (¡Puta!, le dicen sus compañeras cuando la empujan), mientras su hijo corta leña, adivinadlo, al borde de un precipicio, mientras charla animadamente en medio de una bruma de orina con John Hurt, que tiene cara de necesitar pagar el alquiler de ese mes aceptando cualquier papel sin importar lo abyecto que éste sea, y que cual Obi Wan ha entrenado al muchachote para que sea un ninja jedi de provecho el día de mañana.

La cuestión es que hay un rey muy malo que, por aquello de que le ha ido muy mal en la vida, dedice vengarse del mundo liberando a los titanes, momento el cuál en el que los dioses podrán volver a intervenir en los asuntos humanos. ¿Por qué? ¿Dónde está la lógica de todo esto? Porque el guionista dice que es así y pa chulo chulo, su pirulo. Nuevamente, aquí casi nadie parece griego, sino que como suele ser habitual desde hace muchos años, todo tiene un extraño parecido con la Era Hibórea o de la panda de Humungus: gente con armas chungas, máscaras y armaduras sacadas de la portada de un disco de Meat Loaf o de Manowar, y a correr. Para su vengativa venganza, como suele ser habitual, reúne objetos mágicos que busca en templos, todos ellos al borde de un precipicio, y busca también al oráculo para que le diga dónde está el arco superpoderoso de la muerte, que son cuatro muchachas que hablan en algún idioma desconocido, vaya usted a saber por qué, y que son cuatro porque sólo una de ellas es la verdadera y las otras están para despistar. Todos en la película ignoran las verdades del mundo más elementales, porque está claro como el agua que sólo puede ser... la más guapa.

Mike Rourke hace de tipo arrastrado, acabado y amargado. Vamos, de sí mismo. Lo borda. Sale un traidor, y lo capan como se solía hacer en la Era Hibórea, otra cosa no os puedo decir. La peña del rey Hiperión, ése tan malo, son conocidos como los heráclidas, aunque que yo recuerde en ningún momento los llaman dorios, y sobre todo porque su comportamiento y apariencia es más bien propios de aesir o cimmerios, o la panda de Humungus. Para que sepamos lo malo que es Hiperión, no tiene perros, sino hienas. Hienas. Cágate. Ya es moral. Aunque quizá sea una reivindicación de una animalico tierno y cariñoso que ha tenido una inmerecida mala fama.

La cuestión es que llegan a la inverosímil aldea o templo de Teseo, al borde de un precipicio, ay que han matado a mi mamá, y los mandan a unas no sé si minas, penitenciaría o qué coño en medio de uno de los desiertos de Mordor, o del Nuncanada de Corben, que consiste en una especie de minipatio nazarí con piscina y un refugio nuclear, además de estación metereológica; es la explicación más razonable que se me ha ocurrido. A todo esto ya nos hemos enterado de que John Hurt es Zeus, y hemos visto que el Olimpo y los dioses están diseñados por John Galiano o alguien por el estilo. Ridículos a más no poder, pero si me comparas esto con los olímpicos que parecían poco menos que Los Caballeros del Zodíaco casi que los prefiero así.

Tampoco voy a contar mucho más. Destaquemos lo bueno que aunque no mucho lo hay. Hay un par de escenas que quizá ofrecen algo novedoso, y es cuando los dioses se piñan. En primer lugar aparece Ares, disfrazado de Moctezuma, para ejercer un ilegal deus ex machina, y se pone a dar candela con una maza a unos pobrecitos humanos a los que hace algo que sólo se puede expresar con un verbo en gallego: los esmendrella. Los hace fosfatina, los revienta, no deja de ellos casi ni el recuerdo. En cierto modo, aunque la escena tiene la sutileza de limpiarse el ojete con papel de lija, muestra cómo sería el hipotético enfrentamiento entre un ser humano y un dios: que te esmendrella. Y, como Ares ha intervenido cuando no debe, Zeus lo castiga. Vale. ¿Y por qué no hizo lo mismo con Poseidón cuando se lanzó a una aceleración de 5g contra el mar? La única explicación es que hecha la ley hecha la trampa, y que ante el juzgado del Destino o del Caos podría alegar que sólo estaba dándose un chapuzón, y que sus consecuencias indirectas no importan. Por ejemplo.

Posteriormente, cuando los dioses ataviados con unas armaduras de plástico a las que han echado spay dorado se enfrentan a los titanes, se muestra esa dimensión de violencia extrema con los titanes, a los que dan matarile de forma bastante gore. No es que sea gran cosa, pero oye, algo es algo. Del mismo modo la escena de lucha en ese inverosímil corredor de Morannon tiene un par de planos logrados, así como hacen gracia los demócratas griegos, que están allí como unos siete siglos antes de su hora y que "quieren parlamentar", cuando todo el mundo sabe que en esta vida la mitad de las cosas se arreglan solas, y la otra mitad, a hostias, y sobre todo que en el segundo caso los efectos especiales molan mucho más. Teseo se marca un discurso patriótico sobre la tiranía y el modo de vida grecoamericano, se nota que el chico ha ido a clases de coaching de motivación de personal, y consigue que los patriotas griegos, que habían escapado como gallinas a la primera de cambio un rato antes, vuelvan a sus puestos como guardianes de Mordor.

El final es de mucha vergüenza ajena pero se redime un poco cuando el hijo de Teseo, que ha tenido con la oráculo a la que de repente le picó el chichi y decidió perder la virginidad con el héroe, oye hablar sobre su padre de boca de John Hurt, y vemos cómo el mito tal como lo conocemos ahora es en realidad una deformación de "lo que realmente sucedió", artificio narrativo plenamente legítimo que en este caso es además todo un canto al progreso, pues comprobamos cómo de una historia sin pies ni cabeza ni por dónde cogerla sin embargo se evoluciona a una serie de mitos de alto contenido simbólico que han inspirado a la humanidad desde hace más de dos mil años. Por cierto que la leyenda del Minotauro y el laberinto se supone que deriva del enfrentamiento que acabamos de ver, con Teseo peleando en ese laberinto con un fulano que luce un alucinante y disfuncional yelmo en forma de cabeza de toro y que... bueno, no ha visto nadie para luego contarlo, así que me imagino que la leyenda nacería de ver luego las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Por último, también sin venir a cuento, veremos esa escena a cámara lenta en la que aparecen un montón de titanes y dioses peleándose en los cielos. Su sentido es claro: a alguien se le ocurrió que molaría un montón, sobre todo para ponerla en el tráiler, y luego ya se buscaría un sitio donde ponerla en la película.

Por si os ha gustado, aquí tenéis la crítica de El País y la de Fotogramas.

-SuperSantiEgo

14.2.12

Porque los viajes en el tiempo molan mucho

Casualmente he visto recientemente dos pinículas sobre viaje en el tiempo, y como se me quedó en el tintero hablar de una que vi hará cosa de un año, me he decidido a comentar las tres al alimón, alimón, el Atleti campeón, y de paso hacemos lo que mejor se nos da en ente bló, que es teorizar temerariamente.
Ante todo, y en aras de la verdad científica, dejemos claro lo que es una paradoja temporal, y para eso nada mejor que sus leáis estos ambos los dos pareja de artículos, que os lo van a dejar todo muy clarito. Y si no, da igual. Los Problemas Filosóficos del Viaje en el Tiempo. Análisis de las Paradojas del Viaje en el Tiempo.

Las películas a tratar serán  FAQ About Time Travel, Los Cronocrímenes y O Homem do Futuro, esta última brasileña, así que además contribuimos a nuestra confesada intención de hablar de filmografías exóticas, que no es que lo sea mucho pero ya se sabe que todo lo que no sea de Jólibud o el propio ombligo casi casi que lo es.


FAQ tiene muchas cosas a su favor. En primer lugar, los personajes principales son interpretados por Chris O'Dowd, uno de los actores principales de la inconmensurable The It Crowd, y por Anna Faris, rubia canija por la que siento un afecto especial hasta el punto de haber visto El Oso Yogi porque salía ella. Los protagonistas de esta solvente coproducción BBC-HBO son tres subempleados británicos, dos de ellos bastante frikis y uno en especial interesado en los viajes en el tiempo, mientras que un tercero ejerce un poco de escéptico oficial del grupo. Es, desde luego, una excelente comedia, y las paradojas y bucles temporales están más que bien resueltos, de modo que, casi siempre en este tipo de películas, y ya desvelada toda la trama, se agradece un segundo visionado para comprobar que, efectivamente, todo casa, todo se cierra correctamente y todo está en su lugar.

Dentro de las historias de viaje en el tiempo, estamos ante una historia no determinista, ya que el futuro no es rígido y se supone que se puede cambiar burlando la causalidad. El argumento principal puede recordarnos a Las locas aventuras de Bill y Ted, otra película de culto en la que también hay un viaje en el tiempo y los Bill y Ted del final de la película aparecen al principio de la misma para desear buena suerte a sus dobles de un rato antes. Igualmente estos tres personajes, en el pub donde transcurre la mayor parte de la película, descubren cuál será su futuro y el impacto que tendrán en él unas anotaciones casuales en una libreta, verdadero mcguffin de la historia, y las implicaciones para el futuro de esa genial idea provoca que ese momento con tres pringadillos en un pub sea uno de los puntos focales de la historia humana, y por tanto vigilado por unos misteriosos agentes temporales del futuro.

En resumen, una película francamente divertida, más si consideramos que añade el asunto de viajes en el tiempo.


En el caso de Los Cronocrímenes, estamos sin embargo con una película mucho más seria, solemne incluso y con tono de suspense, y por momentos de terror psicológico, donde se nos presentan tres bucles temporales que se envuelven unos a otros, y ante una explicación completamente determinista del viaje en el tiempo, con una causalidad fuerte entre las tres versiones temporales del mismo personaje: Héctor 1, Héctor 2 y Héctor 3. Es el caso de un bucle cerrado, parecido al que se ve en el caso de Misfits, donde dos personajes viven eternamente un bucle cerrado, una burbuja temporal.

Los lectores de ciencia ficción probablemente no se sorprendan ante esta película, porque semejantes piruetas ya se han contado en algunos casos, en las que la causalidad queda completamente establecida: Héctor 1 se convierte en Hector 2, éste en Héctor 3 y por último Héctor 3 toma el lugar de Héctor 1 cuando el bucle se cierra. En una selección de relatos de viaje en el tiempo, editada hace muchos años por Bruguera en unos pequeños libros de bolsillo, aparecía un personaje que recibía su propia visita y le encargaba una serie de acciones absurdas que sin embargo tienen lógica cuando los acontecimientos se van desarrollando, y como ésta hay otras historias parecidas que siguen una lógica semejante. El bucle, como una cinta de Moebius, no tiene ni inicio ni final: como si fuera un dios sin principio ni fin, más que él mismo, no tiene explicación posible, igual que en el caso del inventor que recibe la visita de él mismo desde el futuro y le da los planos de la máquina del tiempo, que él construye para posteriormente entregárselos a sí mismo en el pasado. ¿Quién hizo realmente los planos? Nadie. Es como si el mismo concepto de máquina del tiempo burlase nuestra lógica, e incluso cuando se forma un bucle de causalidad fuerte, como es el caso de esta película, el misterio de la misma existencia del bucle permanece.

Aunque la historia por tanto no es original, eso no resta en nada mérito al guión y dirección de Nacho Vigalondo. Hacer una historia así, y que todo case, es hacer encaje de bolillos, y aunque uno no sea el primero en hacer encaje de bolillos, hacer encaje de bolillos tiene mucho mérito. Otro acierto de la película, además de su ritmo, es la elección del personaje principal, un maduro y ya fondón Karra Elejalde que en sus sucesivas encarnaciones de sí mismo representa perfectamente a un antihéroe temporal, la persona del común que se ve metido en una circunstancia abrumadora y que sale de ella acojonado, y sobre todo al final, con un fatalismo absoluto al haber visto a la Moria, el destino, la inexorabilidad, cara a cara. La película en ese sentido es rigurosamente determinista.


La última película es también la más reciente, y tiene un tono mucho más ligero. El protagonista, e involuntario viajero en el tiempo, es un brillante físico teórico que está buscando una energía alternativa, y que se ve proyectado veinte años en el pasado, cuando incluso los actuales reais no existían y la moneda brasileña era el cruzeiro, lo que da lugar a una divertida escena. El protagonista en este caso sí llegará a conocerse a sí mismo, a su versión veinte años más joven, e intentará romper la línea temporal que lo convirtió en la persona amargada que es ahora, pues fue humillado en público por la que en su propio tiempo es una importante supermodelo.

En cierto modo, la paradoja temporal es mixta en este caso, ya que por un lado el tiempo es maleable, se puede romper la línea temporal de acontecimientos, pero por otro lado, en una especie de efecto de subir la apuesta, una vez rota la línea el protagonista se arrepiente de ello y decide restaurarla tal como era, aunque en el último giro de la película se ve si eso es realmente cierto, de modo que queda en el aire si la causalidad se rompe o el estado intermedio de futuro alternativo sólo es un rebote de esa causalidad que al final se impone.

Como he leído en algunas críticas del país de origen, ciertamente tiene algo de Regreso al futuro y de Peggy Sue se casó, sin olvidar un pequeño homenaje a Terminator, pero nuevamente eso no dice mucho del resultado final, que desde luego a mí me ha parecido muy entretenido, y nada sorprendente viniendo de una filmografía, la brasileña, que no por desconocida en general deja de ser abundante y de importancia. La narración es solvente y ágil, y los actores, muy conocidos en su país, lo hacen francamente bien, y excepto una de ellos dan bastante bien el pego en sus papeles de veinte y de cuarenta años, sobre todo porque ellos mismos están en una edad intermedia.

Me imagino que aquí no la estrenarán, pero no es inverosímil que la terminen emitiendo en alguna televisión, o que llegue de alguna otra manera.

-SuperSantiEgo