6.3.13

Amanecer Colorao (2012). Descubriendo los encantos del Socialismo Juche

Remake, o mejor refrito, del que se viene hablando desde hace tiempo, y que en casi todo el mundo no suscitaba más comentario que: "a santo de qué". Pues eso: a santo de qué tenían que hacer un refrito de esta película, y sobre todo a santo de qué hacerlo para que al final salga algo así.

Sobre la película original, ya hablé en su momento, como película conocida que no había llegado a ver en su época y que recuperaba entonces para verla. En resumen, es una película correctita, tiene algún momento bueno y, como se suele decir, para el planteamiento tan exagerado del que parte podría haberles salido algo muchísimo peor, además de que como ya indiqué tiene incluso algún detalle simpático o irónico. Como curiosidad está bien, y refleja un cierto tipo de películas que se realizaron en el último tramo de la Guerra Fría.



El problema de este refrito es que ni siquiera es eso, sino un recalentado que ya ha perdido su sabor original por completo o, como siempre decía mi madre, un recuelo, nombre que se daba en la España de la posguerra al café utilizado dos veces, y que como puede uno imaginar ya poco podía saber al producto genuino. Del mismo modo los guionistas han hecho un remake en muchos aspectos tan "fiel" a un original al que no hacía ninguna falta ser fiel que parece que estás viendo la misma película, pero algo peor hecha y totalmente fuera de contexto, que tiene delito. Y no se puede hacer la misma película otra vez treinta años después, porque han pasado tantas, tantas cosas en el mundo, que esto ya no hay por dónde cogerlo ni siendo muy generosos. Si el planteamiento de la película original, ni su resultado, tampoco es que dieran lugar a una película magistral, ni mucho menos, no sé, plantéatelo de otra manera: cachondéate de verdad de los regímenes comunistas, a la vez que te burlas del consumismo o de la sociedad capitalista contemporánea, intenta darle la vuelta a las ideas, haz algo que llame la atención, pero no me hagas exactamente la misma película cambiando a unos malos creíbles por unos totalmente imposibles de creer.



Vamos a ver: aunque es un tema muy serio y a nadie le gustaría estar en un campamento de prisioneros de Corea del Norte que se ven desde los satélites, y a todos nos estremecen las historias de ese país, la figura del dictador norcoreano, el Amado Líder, no deja de tener su encanto. Perverso, lo reconozco, pero su encanto malvado. Ese Kim Jong Il, aficionado a hacerse sus propias películas de monstruos gigantes, su origen mítico que parece escrito por Stan Lee, su padre que los vigila a todos eternamente desde el cielo, y ese hijo que ha dejado al cargo de todo y que tiene cara de pan quemao nos producen cierta gracia, aunque, repito, no deja de ser un placer morboso al que nos entregamos porque estamos muy lejos de su influencia, y podemos darnos el lujo de ser sarcásticos.

Naturalmente, y como todos sabemos, en lo que sueñan los coreanos al irse a la cama tras rezar a sus líderes amados, es en ataques nucleares contra los Estados Unidos, no al ritmo de de decadente rock and roll, sino de una suave melodía popular coreana que seguro plagió Michael Jackson.



La película, eso sí, empieza de forma gloriosa. Igual que en su modelo del que calca, los títulos de crédito nos contextualizan un poco lo que está pasando, que viene a ser que la actual crisis económica se agudiza todavía más, de ahí que empiecen a sucederse acontecimientos muy graves, como el triunfo de los ultranacionalistas en Rusia y la adopción de ciertas políticas expansivas que recuerdan al período soviético, con lo que se refuerza la relación con otros países como Corea del Norte. Como ejemplo se oyen voces de locutores que hablan de la crisis griega, de que es imposible condonar la deuda, y que lo mismo está pasando... ¡en España! Para demostrar la ruina del país primero nos ponen la siguiente imagen:

¡Oh, Santo Cristo de Medinaceli! ¡Alguien vende un bajo comercial! ¡Vamos a morir todos! Por si fuera poco, aquí nada de 555 ni nada parecido, el teléfono de un ciudadano ahí en una película. Pero esto no es lo mejor, porque a continuación vemos esto:

¡Una oficina del Instituto Nacional de Empleo! Pero no una cualquiera, no. ¡Es la de Vallecas! Sí, la que está al lado del Mercadona donde compráis los sanjacobos! De Madrid al Cielo y de Vallekas al Puto Infierno, colega.

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Después de esos simpáticos títulos de crédito la verdad es que todo decae mucho. La escena de los CGIs con los aviones y los paracaidistas es de vergüenza ajena, desde luego, de tan mal hecha que está y con esas capas y cortapegas tan chapuceros. De acuerdo que no se centren en más que en "nos invaden y eso", pero es que no sabemos apenas nada de nada, sólo que la invasión no es completa y que hay focos de fuerte resistencia, tanto de lo que queda del ejército como de la heroica gente con el derecho constitucional a tener un arsenal en casa, porque en la película es lo que parece. Del otro lado del mundo, suponemos, en Albania los más viejos del lugar se dicen: "¿Veis? Lo sabíamos. Algún día llegaría". Del resto del mundo, igual que en su predecesora, lo mismo, o incluso menos: no se dice nada de nada. No sé, vale que un EMP provoque un apagón en casi todo el país, pero los submarinos nucleares que están en alta mal habrán desatado el infierno en las naciones agresoras, ¿no? Ah, no, no ha pasado nada. E, igual que en su modelo, nos preguntamos a santo de qué hay semejante despliegue de los malos en una ciudad de provincias cualquiera, con la fantasmada de los paracas en pleno día. Que eso ya no se hace, hombre... y menos de esa manera.

Por lo demás, pues ya lo he dicho: unos chavales de instituto, liderados por un marine de permiso, que a la sazón viene a ser el marido de Elsa Pataki, y unos norcoreanos que van poniendo por la ciudad unos carteles de simpatiquísimos, a la vez que descuidan las más elementales normas de seguridad para que unos desarrapados que se ocultan en el bosque les puedan hacer unos ataques terroristas de lo más majo, mientras organizan actos de propaganda al lado de sus amigos chinos y rusos. Curiosamente, se insinúa que los que han dado la tecnología y la base a los norcoreanos son los rusos y chinos, pues en Corearriba por no tener no tienen ni internet ni móviles como en Coreabajo, pero los malos malosos son ellos en esta película, vaya usted a saber por qué extraño deseo de los productores, porque por ejemplo la costa este dicen que está dominada por rusos, con el juego que han dado siempre los rusos como malos. La verdad, yo eché de menos, y mucho, una delegación cubana, que los cubanos han mantenido el tipo todos estos años y serían ahora unos malos tan buenos como lo fueron entonces, y como mínimo se merecen un reconocimiento y un respeto por ello, aunque sólo sea como premio a la constancia y que por mucha enemistad que haya del roce siempre nace el cariño. Por supuesto cuando el marine que se parece a Thor los arenga recuerda a su tropa que él estuvo en Irak y que allí eran los buenos porque estaban garantizando la paz, pero ahora que juegan en casa para defender su país, serán los malos, y que tienen que aprender de técnicas de guerrilla como la de el Viet Cong. Y uno se dice: y tan tranquilo que se ha quedado después de decirlo. Todo lo demás, pues os lo podéis imaginar: tiros, oh no te mueras, te dije que no sé que... Hay una escena buena, sí, cuando recuerdan las cosas que echan de menos por vivir en el bosque, y uno de ellos dice que jugar al Call of Duty. Modern Warfare, y otro le replica que a eso es lo que están jugando ellos ahora pero de verdad, y que es una puta mierda. Ya, sin pokes, sin poder volver a empezar cuando te matan y todo eso. Qué puta es la guerra.



Oportunidad perdida de rehacer algo con un poco más de garra, ironía o mala leche, para construir un producto inane, facilón y que ni siquiera ofende por su simplicidad ideológica porque no da ni para eso, y ni estrenarla el día de acción de gracias convenció a nadie para ver algo que no auguraba nada bueno. Incluso palidece si lo comparas con el original porque en éste al menos había la escena del juicio sumario contra un traidor, y acababa con cierta lógica con todos ellos muertos, eso sí, muy heroicamente, mientras que aquí hay un encendido "Hasta la victoria siempre, compañeros. Capitalismo o muerte".

Así que ya sabéis: sigamos todos la senda de nuestros bienamados y caros Líderes, compremos la funda para el iPad de nuestros amores que demuestre nuestra adhesión al Socialismo Juche y preparémonos todos para cuando Corea del Norte convenza a países mucho más importantes que ella de que le cedan alegremente recursos y tecnología para ser la punta de lanza de la conquista mundial, no te jode.


-SuperSantiEgo

1.3.13

Black Mirror. El oscuro espejo en el que nos miramos



La verdad es que el género de la ciencia ficción me es muy querido, y aunque no es el momento ni el lugar, también hay que reconocer que todo lo que se presenta bajo ese concepto viene no a ser estrictamente ciencia ficción. De todos modos yo no soy en absoluto partidario de la división estanca y estricta de los géneros, ni siquiera de los géneros como tales, así que si alguien dice que Flash Gordon es ciencia ficción, así como otras conocidas obras que difícilmente entrarían en el saco, la verdad es que tampoco tuerzo el gesto. De hecho, no está de más recordarlo, la definición original del inventor del término ya era mala de por sí, y además era estrictamente eso, una especie de relatos donde se mezclaba lo propiamente narrativo con especulaciones sobre ciencia real. El mismo Asimov de esta definición se cachondeaba bastante, y admitía que salían relatos bastante plúmbeos.


Si nos atenemos a una definición más amplia y dicharachera, que es mi opción, y nos fijamos también en los padres del género, y sobre todo nos despojamos de prejuicios y criterios espurios, quizá la ciencia ficción más pura, y probablemente más interesante, es la que, escapando de las limitaciones temporales y de la realidad social e histórica tal como la conocemos, discute sobre la realidad humana llevando sus argumentos a lugares o circunstancias que ponen al comportamiento humano tal como lo conocemos ante retos que bien todavía no se han planteado o bien que es muy improbable que sucedan. La ciencia ficción así es, en muchos casos, un exponente de los famosos gedankenexperiment, los experimentos mentales a los que son tan dadas las disciplinas teóricas, como la filosofía de la mente y del lenguaje, el razonamiento moral y ético, etc. Por eso mismo, del mismo modo que nos sorprendemos cuando una persona que creíamos sensata con ejemplos de la vida cotidiana se revela como un verdadero criptofascista o un partidario del triaje brutal de la humanidad a poco que lo pongamos en una tesitura un poco fuera de lo común, a más de un escritor de ciencia ficción, o guionista de conocidas películas, se les ve el plumero a la mínima, y proponen tan anchos en tiempos futuros sociedades militaristas que desquiciarían al más pintado espartano, o justifican, sin cortarse lo más mínimo, el exterminio de razas enteras para que la humanidad consiga espacio vital. Pero claro, como es en el futuro...


Afortunadamente, Black Mirror es ciencia ficción de la buena. Pero de la güena de verdad: plantea en sus mejores capítulos escenarios de ciencia ficción realmente magníficos, y la resolución que da de ellos varía de lo bueno a lo brillante, sin caer nunca en soluciones de una simplicidad estúpida ni desde luego con moralinas que ofendan la razón del espectador. En sus dos temporadas, de tres capítulos cada una, se plantean estas situaciones que, desde luego, nos recordarán al tono de The Twilight Zone, y por supuesto a las Visiones Peligrosas que en los ya lejanos años sesenta intentaron precisamente hacer eso, dejarse de la complacencia de las historias que da igual que sean en el reino de las hadas que en el espacio profundo y lanzar una mirada al verdadero abismo que nos devuelve la mirada, y que somos nosotros mismos. Actualmente uno de esos abismos es el del uso, abuso o incertidumbre derivada de los avances de la moderna tecnología, en especial las nuevas tecnologías de la información, de las cuales el título de la serie es metáfora: el espejo oscuro que son las pantallas de los televisores, ordenadores y todo tipo de dispositivos móviles que nos rodean continuamente, y que ya son omnipresentes.


Como es prácticamente imposible no destripar el argumento de los capítulos para comentarlos, será necesario, como es habitual, decir que el que no haya visto esto o espere hacerlo en el futuro, que considere si quiere seguir leyendo o no.


The National Anthem


El primer capítulo, y que es el que llamó más la atención cuando se estrenó la serie, es uno de los más controvertidos, paradójicamente. Se desarrolla en un mundo exactamente igual al nuestro, sólo que como es habitual el primer ministro tiene un nombre distinto y el miembro de la casa real que está secuestrado para que el terrorista pueda hacer sus demandas es inventado. La exigencia del terrorista es, sencillamente, que el primer ministro tiene que practicar el bestialismo en directo en todas las televisiones del país, en concreto con una cerda. Digo que es paradójico porque, cuando tanto el capítulo como la serie se refieren a los posibles abusos de los medios de comunicación, la tecnología que llevan aparejados, así como la publicidad y la manipulación del público, parece como si este capítulo y su temática despertaran el morbo del espectador, y que ésa fuera precisamente su función, pareja al morbo de los ciudadanos del mundo en ese capítulo ante la idea de ver al premier británico mojando el churro en bacon fresco. De hecho, durante varias semanas, mientras se hacía popular, se conocía a Black Mirror como "esa serie en la que un terrorista hace que un tío se folle a una cerda, pero una cerda de verdad", lo que por lo menos en España quedaba a veces un poco difuso porque el lenguaje machista a veces no permite saber de qué se está hablando.


A pesar de su popularidad, la verdad es que aunque interesante lo encuentro algo flojo. No sólo por lo inverosímil de su resolución, pues ya sabemos que simple y llanamente "no se negocia con terroristas", sino por la motivación de ese terrorista, que es un poco extraña y en el vacío, aunque mejor eso que no el pitote mental que se montan algunos para justificar la saga de Saw y de las acciones de su protagonista (lo que os dije antes de que algunos demuestran lo mal que tienen la cabeza al explicar según qué cosas).


15 million merits


El segundo episodio nos traslada sin embargo a un mundo alternativo, o futuro, en el que vemos que gente joven, vestidos todos con un anodino chándal gris, tiene una tarea en apariencia absurda: pedalear varias horas al día, lo que se traduce en méritos convertibles en comida, en pequeñas comodidades en los cubículos en los que viven rodeados de pantallas que ríase usted de lo que hacía la esposa de Montang en Farenheit 451, en evitar la publicidad ommipresente en una especie de sistema freemium, en distintos accesorios para sus avatares, y llegado el momento, si pueden ahorrar mucho, comprar una participación en un concurso de talentos que es una parodia de X-Factor, Tú sí que vales u otros parecidos, y que te puede dar acceso a convertirte en estrella de uno de los se supone miles de canales temáticos que hay en ese mundo y que no tienes más remedio que ver en tu cubículo, a no ser que pagues para no hacerlo. Otra parodia de los modernos concursos de televisión, recordémoslo, se ve en la primera temporada del nuevo Doctor Who, en la que el Doctor se encuentra nada menos que en una edición futura de Gran Hermano, también en un mundo con miles y miles de canales de televisión. Por supuesto, la sombra de Orwell y de Huxley están presentes en este capítulo claramente, pero en el mejor de los sentidos, como una lección bien aprendida y no como una burda referencia.


Obviamente, estamos ante una distopía alegórica o simbólica, ya que nunca se nos explica, ni es posible hacerlo, cómo funciona realmente ese mundo, o qué significan los méritos al pedalear, que tanto pueden ser la energía que producen (más bien poca), o sencillamente un sistema de tener a la gente entretenida y con buena salud, pues los que no consiguen mantenerse en un peso normal y engordan se convierten en parias sociales obligados a tareas serviles. En este mundo tan extraño veremos cómo se desarrolla una historia más de amistad que de amor entre el chico, que quiere que su amiga cumpla su sueño de convertirse en cantante en uno de esos canales, y la chica que cuando consigue cantar frente al jurado gracias a los millones de créditos que le presta su amigo se encuentra con que, cual si fuesen un Risto Mejide, le dicen que no lo hace mal del todo, pero que no pueden convertirla en lo que ella quiere, aunque como es mona pueden hacer que sea estrella porno, lo que también la sacará de esa vida de pedalear sin fin. La chica accede, para desconsuelo del protagonista, que enfurecido y arruinado tendrá que ver forzosamente en lo que se ha convertido el talento de su amiga. Conseguirá volver a reunir una fortuna para ser él quien se presente, y después de un paripé en el concurso consigue su objetivo que es decir ante una audiencia mundial el asco que le da el mundo, y que es un loco furioso y que no quiere seguir soportándolo, igual que hizo Howard Beal en Network, un mundo implacable. Lo que ocurre, precisamente igual que en esa película, es que el monstruo, el Moloch contra el que se enfrenta un hombre airado y colérico, no lo aplasta, sino que lo integra como un espectáculo más. En un mundo en donde todo ya es diversión y espectáculo alguien ladrando a la cámara y diciendo lo mierda que es el mundo y soltando las verdades del barquero es sólo un payaso más, y esto es lo que le ofrecen: abandonar él mismo el mundo de la biciestática y convertirse, en cierto modo, en el bufón del Sistema, y por supuesto gozando de los beneficios que esto conlleva. Igual que antes sus amiga, se conforma y adapta, admite su papel en el mundo y al acabar el episodio, contemplando lo que ha conseguido, podemos imaginarnos que interiormente admite que ama al Gran Hermano.


El capítulo está bien, pero ya desde él a uno se le clava la espinita de pensar que quizá el formato se queda un poco pequeño. Desde luego las historias se adaptan al presupuesto, no hay efectos especiales ni nada parecido, pero echa uno en falta un poquito por un lado quizá unos medios más generosos, y quizá también un poco más de metraje, pues mientras que en algún episodio puede uno pensar que quizá sobra, puede llegar a echarse en falta en otros.


The Entire History of You


Para mi gusto, y con diferencia, el mejor de los seis episodios hasta ahora. El planteamiento es un mundo similar al nuestro, pero en el que existe una tecnología que consiste en un pequeño implante tras la oreja, "el grano", que almacena todas las vivencias y recuerdos del portador, y que puede revivirlas y recuperarlas a su antojo por medio de una interfaz gráfica que se presenta ante sus ojos, y que controla con un mando a distancia. El capítulo trata, por supuesto, de cómo afectaría esto al ser humano, a su conciencia de sí mismo, y a sus relaciones con los demás. ¿Cómo se puede vivir con la posibilidad de recuperar con toda claridad y definición las charlas con alguien que ya ha muerto, cómo superar un error o una equivocación si puedes estar dándole vueltas una y otra vez, o cómo perdonar a alguien que te ha fallado? Esto se ve de forma bastante divertida cuando el invitado de una fiesta explica, proyectando sus recuerdos en uno de los televisores, lo enfadado que está por la mala calidad de una alfombra en una carísima habitación de un hotel de lujo, y que "tendrá de por vida con él ese mal recuerdo". Ya no existe tampoco el "no, yo no dije eso exactamente, lo recuerdas mal", sino que cual estenógrafo en el congreso cualquiera que haya oído tus palabras puede proyectarlas en cualquier lugar para desdecirte.


El ser humano se define, en parte, por sus vivencias y recuerdos, que constituyen su identidad, pero también es igualmente importante la capacidad de aprender, de olvidar y de asimilar esos errores, y en cierto modo de olvidarse y no obsesionarse con ellos hasta superarlos, del mismo modo que sería muy poco recomendable estar recordando continuamente un momento importante de tu vida que ocurrió en el pasado, lo que te incapacitaría para apreciar lo que se puede conseguir en el presente y en el futuro. Somos seres lineales limitados por el fluir del tiempo y obligados a avanzar; así pues, ¿qué pasaría si de repente tuviésemos la memoria de Giles, pero con un acceso inmediato a cualquiera información de nuestra vida?


Claro que, hábilmente, el capítulo no va exactamente de eso, sino que invierte el planteamiento: ¿cómo veríamos a los demás, que tienen igual que nosotros esa capacidad de revivir el pasado, echarnos en cara cualquier error, y rememorar momentos felices y emocionantes... en los que nosotros no hemos estado? Uno de los momentos clave es precisamente cuando el protagonista y su esposa se encuentran en plena coyunda, y vemos que los dos están en fase de recuerdo, reviviendo como si fuera una película porno un polvo particularmente intenso al poco de conocerse, en plena pasión de los primeros tiempos. La obsesión del protagonista será ésa precisamente: ¿cómo puede estar seguro de los sentimientos de su mujer por él, cuando ella puede, en cualquier momento, recordar y revivir una de sus antiguas relaciones con otro hombre, que ahora sigue siendo parte de su círculo de amistades? ¿Cómo puede existir la secuencialidad del amor, primero amaba a otro, y luego a él, cuando esa secuencialidad se desvanece por ese milagro tecnológico? ¿Es posible así la fidelidad, o dejar de amar a un cónyuge muerto? Los celos, cada vez mayores, y la inseguridad del propio protagonista, son los que no sólo acabarán con el matrimonio, sino que además lo llevarán a la conclusión lógica: quitarse él mismo el dispositivo, desconectarse de su pasado omnipresente y acabar con las dudas.


No sólo el planteamiento es brillante, sino que además está muy bien rodado, se mantiene la tensión en todo momento y el actor principal está magnífico. También es, quizá, el que plantee de forma más descarnada y evidente el problema de la propia identidad humana al apoyarse esa identidad en una tecnología que cambia completamente la forma de verse a sí mismo al ser humano y de entender al otro.


Hay rumores de que Robert Downey jr está interesado en convertir el episodio en un fíchur flim, y a ver lo que sale de ahí.

Be Right Back


El primer episodio de la segunda temporada también trata sobre qué es la realidad, y la persona. Toma como base el mito de Sosias, que después ha sido reescrito y reinterpretado multitud de veces, y por supuesto también por la ciencia ficción. Es también un tema común en la filosofía de la mente, como el caso del filósofo zombi (acepción antigua), un ser que actúa y se comporta como un ser humano, pero que carece por completo de verdaderos procesos mentales, ya que son puramente mecánicos y carece de lo que, de momento, consideramos que es la mente. También es, por supuesto, el caso de la Prueba de Turing: ¿en qué momento no podremos distinguir el comportamiento humano del de una máquina? Y si llegase a darse el caso, ¿podríamos distinguir realmente una diferencia esencial entre el comportamiento propiamente humano y el de una máquina que lo simula, y no sería entonces la máquina tan humana como un ser humano? Si estáis pensando en los robots de Asimov también acertáis, con ese tremendo diálogo entre los dos robots casi apagados en un almacén, cuando uno pregunta al otro cuál es el mejor ser humano que ha conocido y éste le responde: tú. Las personalidades creadas o recreadas por ordenador también son una constante en la ciencia ficción, desde el tiempo en el que las computadoras eran enormes cacharros que ocupaban habitaciones enteras, y existen desde personalidades creadas desde cero, como las de las novelas de Lazarus Long de Heinlein y tantas otras, a recreaciones de personajes históricos o antiguos seres humanos, como es el caso de Einstein en la novela Pórtico de Frededick Pohl, o tantas que se producen en la holocubierta de Star Trek, hasta el punto de que el Moriarty de ficción llega a tomar conciencia de sí mismo y se convierte en un ser autónomo, o incluso, con el tiempo, el médico holográfico de Voayager termina desarrollando una compleja personalidad y quiere vivir su propia vida siguiendo sus intereses personales, con lo que se llega a plantear los derechos de las personalidades sintéticas. Uno de los últimos ejemplos lo tenemos en la serie Caprica, el spin off fallido de Galactica donde el cristo de los cylon comienza precisamente por un padre que, destrozado por haber perdido a su hija, la recrea virtualmente a partir de todos los recuerdos y registros que ha dejado ella tras de sí. Ítem más: hay quien defiende que el "Cielo" será una simulación de realidad virtual en el que una superconciencia computacional que ha alcanzado la Singularidad y una potencia de cálculo casi infinita recreará todos los posibles estados de conciencia posibles de todos los seres humanos posibles, la resurrección digital de los muertos. De veras, no me lo estoy inventando.


Este capítulo plantea este mismo problema: en un mundo con una tecnología bastante superior a la nuestra, aunque todavía reconocible, una joven viuda se encuentra ante la posibilidad de que se cree un sosias de la personalidad de su marido a través de todas sus intervenciones y rastros que ha dejado en las distintas redes sociales. Aunque al principio renuente, empieza a chatear con la simulación de su marido muerto, posteriormente incluso habla con él continuamente por teléfono y, al final, pagando una bonita suma, lo recrea en un cuerpo sintético, hasta el punto de que tiene con él un simulacro de lo que fue la vida con su esposo ya fallecido. En algunas cosas es incluso mejor, porque el robot siempre es amable y complaciente, pero no es capaz de encontrar en él lo que constituiría verdadera humanidad, ni la genuina personalidad de su marido. Para ella no pasa la Prueba de Turing fundamental, que es reconocerlo como a un ser humano en concreto: sabe que es un zombi, un programa tecnológico que sólo obedece a estímulos y respuestas por medio de complejísimos algoritmos. Quizá el ser humano no sea más que eso, opinan algunos científicos y filósofos, y que lo que consideramos personalidad diferenciada y libre albedrío sólo sea el epifenómeno ilusiorio de una máquina biológica extremadamente compleja, pero por eso mismo, porque la máquina que es el golem, el sosias, no consigue emular la realidad perdida, al final ella decide que debe deshacerse del clon tecnológico de su marido pidiéndole que se autodestruya. La resolución de esta petición, que no os voy a decir, y de cómo ella cae en su propia trampa y en la paradoja de la inteligencia artificial, concluye esta parábola sobre lo que es o no el ser humano, o cómo se diluye esa definición frente a una hipotética tecnología que todavía vemos muy lejana, pero inquietantemente posible.


White Bear


Uno de los más flojos, y que también suena a algo conocido. Una mujer despierta en una habitación extraña para ella, y al salir de la casa se encuentra con personas que no tienen más interés en ella que grabarla continuamente con los teléfonos móviles, mientras que los que no se dedican a eso son de dos tipos: unos que parece que son unos psicópatas que quieren matar a todo lo que se mueve, y otros que parecen normales y mantienen un recuerdo del mundo como era antes, que es el segundo grupo en cuyo lugar se encuentra la protagonista, que como es de esperar las pasa canutas para huir de ellos, con la angustia y el terror correspondiente de despertarte sin saber quién eres, dónde estás y que todo lo que te rodea se parece a La matanza de Texas. Al final, descubrirá que todo lo que ha vivido no es sino el castigo por un horrible crimen, que la ha hecho merecedora de una tortura mental continua en una especie de parque de atracciones en la que ella es el máximo reclamo, y al que acuden esos mirones con sus cámaras, mientras que los perseguidores y los que intentan ayudarla son miembros del parque temático y representan el mismo papel cada día. Al final de la jornada, sometida al escarnio público, se la devuelve a su lugar de partida, y se le borra la memoria para que al día siguiente pueda reproducirse el espectáculo.


Los castigos recurrentes y extraordinarios para crímenes extraordinarios también son una constante en la literatura fantástica, y no dejan de ser una especie de infierno en vida, hasta el punto de que uno puede preguntarse si los que infligen el castigo, como en este caso, no se convierten también en monstruos que disfrutan de forma tan sádica haciendo sufrir a una persona día tras día en una Disneylandia del terror, pues los que montan el espectáculo como los que se lo pasan bien con él parece que están en un divertido parque de atracciones, y puede llegar uno a preguntarse si un crimen horrible no es sino la excusa de uno igual de horrendo por lo sistemático, consciente y premeditado.


The Waldo Moment


De rabiosa actualidad tras el buen resultado de Beppe Grillo y su programa con tufillos de ideologías con nombres muy feos, y que también nos recuerda al auge de la antipolítica en todos los países europeos, con petición de soluciones "nuevas" a los graves problemas que estamos sufriendo y que cualquiera que conozca un poco la historia europea sospecha que no son sino soluciones muy viejas y que ya nos llevaron pero que a muy mal traer, y que corremos el riesgo de repetir porque ya nos hemos olvidado cuáles fueron sus resultados. También podemos recordar al "Movimiento de Juan Nadie", de la película de Capra, donde un hombre de paja representa las aspiraciones del hombre medio, hasta que el movimiento se corrompe al entrar en él intereses espurios que intentan manipularlo, y desde luego también El estado de la Unión, la película protagonizada por Spencer Tracy en la que un grupo de inspiración fascista quiere dar un golpe de estado encubierto aprovechando la elección presidencial al crear un movimiento populista.


Este capítulo también se desarrolla en un mundo exactamente igual al nuestro, y la tecnología de captura de movimiento que produce el personaje de Waldo es conocida desde hace años. Lo importante de este personaje imaginario es su participación, en primer lugar poco más que como reclamo publicitario, en la campaña electoral, troleando a destajo, con la coartada del humor bestia y con sus declaraciones de que todo es una mierda y, como él mismo, una farsa, para regocijo de un electorado desencantado que decide seguir la broma... hasta el momento en el que todo se va de las manos y, al aumentar la capacidad de llegar al público y de influir realmente en él, el mismo poder al que supuestamente se está contestando decide utilizar ese nuevo fenómeno a su favor, y transformar el descontento de los Juan Nadie que siguen a Waldo en un movimiento político que se ajuste a sus intereses. Nuevamente, la alegoría es clara: el poder, el verdadero poder, tiene una capacidad de absorción de impactos casi infinita, y muchas veces le resulta mucho mejor readaptarse, reinventarse y fagocitar a la oposición, que el duro trabajo de oponerse realmente a ella.


En definitiva, y para terminar, una magnífica serie en la que incluso los capítulos más flojos son interesante y provocan preguntas en el espectador, hecha sin alardes técnicos pero ajustados a los argumentos a tratar, y sobre todo que intentan ser eso, un reflejo de lo que puede ser una inquietante realidad en un futuro que quizá no nos quede más remedio que afrontar algún día.



-SuperSantiEgo