26.7.13

La purga de Benito


Estamos ante una película de ficción especulativa, dentro de la variante de especulación histórica y sociológica, aunque también oiremos hablar de ella como de una película de ciencia ficción tomando el término de forma muy laxa: en un futuro cercano, 2022, en unos Estados Unidos que han "renacido" con unos nuevos padres fundadores, se permite una noche al año que la gente dé rienda suelta a sus impulsos más salvajes de modo que cualquier delito cometido en las doce horas de La Purga no será investigado ni penado. En este futuro distópico se supone que esto ha conseguido una gran estabilidad social y económica para el país.

Lo primero que uno piensa al ver el principio de la película es que todo esto ya le suena. Desde La lotería a otras variantes, en las que se consigue una paz social a cambio de víctimas sacrificiales o de períodos de salvajismo que sólo se toleran en un tiempo determinado, los relatos fantásticos o de ciencia ficción están llenos con esa idea, hay un episodio de Star Trek TOS que trata de eso mismo e incluso hay ejemplos jocosos como El día del apaleamiento de Los Simpson que inciden en ella. Sobre la utilidad real de ese tipo de medidas y una posible base sociológica o psicológica que avalase esa utilidad, obviamente, mejor no tomárselo demasiado en serio, aunque siempre hay gente que se cree todo lo que ve o lo que lee.

Aunque en principio se apuntan a las verdaderas motivaciones de esa Purga y de sus "efectos beneficiosos", aproximadamente en el minuto uno y con lo que vemos de la familia protagonista queda claro que es exactamente lo que se oye en la televisión en una de las primeras escenas: "Es una Purga de los ricos contra los pobres". Efectivamente: los ricos se parapetan en sus mansiones como si fuese a llegar la Tercera Guerra Mundial y lo raro es que todavía quede vivo algún indigente o persona tirada por la calle que no consiga encontrar aunque sea un miserable refugio durante esas doce horas. En realidad ni Purga ni leches: es una guerra de todos contra todos, y el que se puede permitir una mejor seguridad, se organiza mejor y tiene mayor potencia de fuego, gana.

Otra cosa que uno llega a pensar es que la película es un poco anticuada en su planteamiento. Durante los años setenta y ochenta uno de los tópicos de la ciencia ficción era que el futuro sería o bien un hervidero nuclear o, en el mejor de los casos, un sitio realmente chungo en el que dominarían las bandas y la violencia estaría a la orden del día. Tenía lógica: las películas de la inseguridad ciudadana y de las bandas de esa época recogían lo que era una preocupación real de la sociedad, que no sólo era propia de Estados Unidos sino que se ve también en la filmografía española, por ejemplo. Así que extrapolando se llegaba a la conclusión de que en veinte o treinta años poco menos que tendría que salir uno a la calle con la recortada para sobrevivir en un mundo lleno de ultraviolencia tipo La naranja mecánica. Pues bien: resulta que no ha sido así. De hecho, aunque pueda parecer lo contrario y nos sobresaturen con violencia, algunos tiros y persecuciones por medio de la televisión y el yutubo, la violencia en general ha disminuido en las sociedades avanzadas, así como los crímenes violentos. Es lo que dicen las cifras. Las razones son muchas, algunas tan controvertidas como la idea de que el aborto libre permitió que las familias pobres controlasen su natalidad.

De todos modos, entendamos esto como lo que es realmente, dentro del terreno de la fábula, en este caso política y moral. Como digo, el comienzo es prometedor, pero el hecho de que la familia protagonista sea la de unos ricachones que se encierran a que pase la Purga, mientras que la apoyan en público y en privado como método de corrección de la sociedad, pues para empezar no nos va a hacer que nos caigan demasiado simpáticos, la verdad. Por si fuera poco los tópicos sobre los hijos adolescentes, y que el argumento se desarrolle de modo que a poco listo que sea uno sepas en todo momento lo que va a pasar, pues tampoco hace que el interés por lo que pasa en la pantalla crezca demasiado. Todo es previsible: "No, que sólo vengo a hablar". Sí, claro, y yo soy tonto y me lo creo. Cuando llegan los malos, tenemos otro brochazo bastante gordo de crítica social, si la queremos llamar así: son unos chicos blancos con uniforme de universidad privada que buscan a un negro para purgarlo, y como de repente la familia pasa a activar la conciencia igual que con un botón activa o desactiva el sistema de seguridad, pues los niños pijo / fresas / chetos asaltan la casa y todo se convierte en una película de acción y muerte en interiores oscuros, donde los problemas planteados al principio de la película desaparecen ante la simple supervivencia y el no dejar que maten a tu familia. Por si fuera poco en ese momento, cuando se convierte en una película de "asaltar la casa", uno vuelve a tener la impresión de que eso ya lo ha visto antes y además en fecha reciente, como en Los extraños.

El giro final del argumento se ve venir a la legua. Los guionistas deberían saber que, además de no ser menos listos que ellos, también tenemos mucha mili encima en lo que es ver películas, y que sabemos que, en un conjunto autocontenido como es una película, todo está por algo y, como se suele decir, no se debe dar puntada sin hilo. En el caso de una película de suspense, desde la primera escena que oyes a la mamá hablar con una vecina, que le dice algunas cosas con cierto "tonillo", ya sabes lo que va a pasar sin sombra de duda.

Para los tres millones de dolores que ha costado, y con una recaudación de más de setenta, amenazan ya con segunda parte, aunque no tengo ni idea de qué van a hacer, la verdad.


-SuperSantiEgo