Para empezar a irnos por las ramas, tomemos como punto de partida el siguiente ejemplo: todos hemos tenido la experiencia de integrarnos en un grupo de amigos, o de compañeros de trabajo, que se conocen entre ellos desde hace bastante tiempo, tienen por tanto un pasado común y un conjunto de referencias que se dan por sabidas. Es entonces uno el nuevo, el que no se entera. En el primer caso, cuando uno se acopla a un grupo de amigos ya existente, es normal que en muchas ocasiones no se entere de la misa a la media de lo que están hablando, porque sencillamente eso que cuentan y que tanto les gusta recordar ocurrió cuando ni siquiera los conocías. Por tanto cuando rememoran una graciosísima anécdota incomprensible para ti, y se echan a reír, puedes quedarte con la típica cara de lelo al contemplar un cuadro de Kandisnky, reírte tú también como un imbécil como si entendieras de qué va la vaina, arriesgándote a que se den cuenta y que te pregunten que a santo de qué te ríes, o, caso más recomendable, sonreír diplomáticamente mientras recuerdas el mejor capítulo de tu serie de dibujos animados favorita.
A continuación os voy a proponer el siguiente experimento mental, basado en parte en la experiencia: imaginaos que entráis en uno de estos foros donde escritores aficionados ponen, para que todo el mundo pueda leerlos, sus poesías y relatos. Imaginemos que, es un decir, sabemos coreano, y que traducimos un magnífico relato escrito en coreano el año pasado y que ha obtenido varios premios y elogiosas críticas, y que todavía no se ha traducido a ninguna lengua, así que podemos hacerlo pasar como nuestro. Ponemos en el foro ese magnífico relato, que sabemos que es bueno, y esperamos a ver lo que pasa. Lo más seguro es que o bien no tengamos muchos comentarios, que no obtenga más que indiferencia, o que sencillamente lo ninguneen bastante. Algo que nos llamará bastante la atención porque a poco que investiguemos en esos foros veremos que verdaderos despropósitos, o sencillamente cosas que hacen sangran los ojos, obtienen bonitas críticas y palabras de ánimo, a la vez que piden a los autores que sigan así y publiquen más cosas. ¿Extraño? Ni lo más mínimo. Sigamos con el experimento, rebobinemos como si lo anterior no hubiese ocurrido y antes de publicar nuestro ignorado cuento traducido, hagamos una visita a fondo por el foro, localicemos a los usuarios más activos e influyentes (usuarios alfa), sobre todo si además son autores, y empecemos una sistemática campaña de dar coba y de lustrar traseros a base de lengüetazos, aunque al menos ni siquiera habrá que leer las obras que alabaremos, ya que no es ni necesario: con poner el comentario laudatorio hay más que suficiente. A continuación, una vez hayamos conseguido hacernos de notar y conseguido nuestro verdadero objetivo, que es crear una red social (en el sentido correcto y estricto del término), anunciaremos humildemente la publicación de nuestro relatillo traducido que hacemos pasar como nuestro. A ver si adivináis lo que pasa entonces. Pues eso, lo que estáis pensando. De hecho no hace falta ser un lince para, nada más entrar en un sitio así, ver que en realidad todo se reduce un poco a eso, a un concurso de popularidad, que en realidad por muchos usuarios que haya son un puñado de personas los que marcan tendencias, y que todo no deja de ser eso, una red de intercambio de dones, como os dirá un sociólogo o antropólogo. En este caso, lo que se intercambia es eso, popularidad y apoyo, los dones son lamidas de ojete y pasadas de mano por el lomo, y se recibirán más o menos en función de la jerarquía y prestigio, antigüedad en el sitio, y tiempo invertido en obtener la reciprocidad de esos dones.
No me entendáis mal: no es que sea algo malo, pero es que el mundo funciona así en buena medida. Dentro de unos límites, es lo que hay, y hay que aprender a vivir con ello. ¿La calidad del relato? ¿La calidad intrínseca, decís? Bueno, es importante, pero como se suele decir primero para que te lo lean tienes que caer simpático a la gente a la que quieres convencer para que invierta su tiempo en lo que tú has hecho. La idea de que "las cosas buenas destacan por sí mismas", muy popular en internet donde se supone que todo funciona de forma igualitaria, equitativa y espontánea, no es más que una bonita fantasía que se da con el muro de la realidad, pero bueno, cada uno es libre de creer eso o en extraterrestres si así les canta el culo. Y a poco que uno se fije esto ocurre en todas partes y de forma parecida. En las empresas hay empleados grises, muy capaces pero con débiles relaciones y redes sociales, que son carne de despido a la primera de cambio, mientras que otros bien relacionados, pero menos productivos, y en ocasiones incluso tóxicos, parecen gozar de un áurea de intocabilidad, sin necesidad siquiera de ser el sobrino del jefe por parte de la mujer de éste, personaje más invulnerable que Chupermán. No es magia, son unas intangibles pero férreas cadenas que unen a los individuos, y que se representan en esa forma de redes. En cierto modo, cuantas más relaciones tengas y más sólidas sean éstas, más posibilidades tienes de prosperar y menos de caer en el ostracismo o la marginación social, laboral o económica, pues tu red social representada de este modo es también una red de seguridad y protección.
En el caso de nuestro experimento mental en esos foros hay un elemento mayor de distorsión: un alto porcentaje de los participantes son escritores. Mientras que en el universo de una literatura abierta hay muchísimos más lectores que escritores, en esos foros nos encontraremos que casi casi la mayor parte de los lectores son también escritores, y que todos coluden por la obtención de esos dones, las pasadas de mano por el lomo y las palabras de apoyo. Volviendo al caso general, es lógico que en el mundo de la literatura, como en el de cualquier actividad profesional o lúdica, sean éstas el aeromodelismo o la práctica de la abogacía, todos los que participan en un mundillo se conozcan, se hagan favores y creen redes de amistad, de solidaridad y de obtención de favores. Repito: es normal, no puede ser de otro modo, y lo único malo es cuando se crean las camarillas, las cuchipandis y el amiguismo para favorecer al propio grupo en tanto que grupo, y no por sus méritos dentro de esa actividad. Algo que también es inevitable, porque somos humanos y no ángeles. Una cosa es saber que exista eso y que es inevitable, y otra aprobarlo cínicamente y pensar que gane el que mejor sepa dar las puñaladas traperas mientras en voz alta se alaba el juego limpio y la libre concurrencia.
Hay varios sitios en Internet donde podéis encontrar ese tipo de mapa de relaciones, y ver quién está relacionado con quién por el mundo adelante.
Ese tipo de redes existe, es necesaria y el mundo funciona así. En cuestiones laborales se nota mucho, y de ahí que sea muy habitual oír lo de "este mundo es muy pequeño", porque en seguida te das cuenta de que efectivamente lo es y los nodos principales de los que surgen las relaciones más importantes no son tantos. Conocer esos nodos, identificarlos y saber conectarse con ellos es fundamental. Repito: no es inmoral, ni malo, ni de mala gente. Es lo que hay, y es bueno aprovecharse de esa red siempre que uno aporte algo a ella, de modo que las relaciones favorezcan a todos y todos salgan ganando en un juego de relaciones de suma positiva. El ejemplo de una red de relaciones socialmente ineficiente, estéril y que no cumple más objetivo que nutrirse a sí misma sin producir nada realmente útil, como si fuese un cáncer, es el del funcionariado de tipo apparátchik en la nomenklatura del PCUS, que hacía que la URSS en general fuese algo así como el camarote de los hermanos Marx, pero sin ninguna gracia. En muchas empresas actuales de la actividad privada ocurre lo mismo, tampoco nos engañemos: hay gente que por mucho que intenten explicártelo no sabes ni lo que hacen, ni por qué están donde están, no pasaría nada si desapareciesen o incluso las cosas andarían mejor, pero nada, ahí siguen creando malentendidos, desviando recursos necesarios en otras partes y, como se dice popularmente, sin otra cosa que hacer que joder la marrana todo el día.
Bien: una vez reservadas las yemas mezcladas con el azúcar, pasemos a batir las claras.
En alguna ocasión he citado en este blog una frase que no me acuerdo dónde la oí ni de quién era, pero que me pareció muy acertada, y es que los escritores que más estragos han hecho en la literatura del siglo XX fueron Faulkner, Kafka y Proust, aunque no recuerdo bien si en realidad a quien se citaba era a Musil; tampoco importa porque la lista se puede agrandar sin problemas. Los estragos se referían no a la calidad de su obra y a sus aportaciones, indiscutibles, a la literatura universal, sino al impacto que habían tenido sus obras, y ellos mismos como figuras consagradas, sobre algunos escritores posteriores, que digamos que después de leerlos se quedaron tontos, alelaos, y así siguieron para los restos vagando sin rumbo por el resto de su vida mientras intentaban asimilar lo que habían leído. Como ya he comentado, a mí Kafka me parece ante todo una singularidad literaria irrepetible, e intentar imitarlo es tan estúpido como querer morir de tuberculosis como él, ya que con su muerte se llevó el secreto de escribir algo verdaderamente kafkiano, y nadie ha sabido replicar la fórmula exacta con éxito igual que no se sabe cómo hacerlo con la de la cocamola o cómo crear verdadero acero de Damasco. Faulkner, otro tanto: más de uno ha intentado ser él, o incapaz de desentrañar su genio ha escrito quién sabe qué en extraños pueblos y regiones imaginarias, y así de tantos otros. Yo añadiría a la lista, y sólo por citar a uno, a Borges, cuyo impacto en algunas mentes débiles y sugestionables produce efectos en algunos casos bochornosos, de modo que nunca me oiréis hablar mal de Borges ni consentiré que alguien lo haga en mi presencia, pero cuando un borgeano penitente e impenitente se pone a hablar de Borges me levanto y me voy, porque para oír tonterías y hablar de mensajes sublimes más allá de la comprensión humana me quedo con Pitita Ridruejo y los Misterios de Fátima, tanto por el contenido como por el tono, en ambos aspectos mucho más comedida la buena señora. Tengo en cartera la relectura de una novela "borgeana" de la que espero hacer una análisis grandioso, y espero que Tolkien me dé fuerzas para acometer semejante empeño.
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Mi amigo Pepe al intentar relacionar Las babas del diablo con El jardín de senderos que se bifurcan. O al intentar casar con lógica todas las películas de El planeta de los simios. |
En tiempos más modernos, sin duda podemos añadir a la lista de autores que hacen que exploten algunas cabezas a los máximos exponentes de ciertas tendencias posmodernas, y entre los que están los dioses de todo hipster que se precie: David Foster Wallace y Thomas Pynchon, de quien también comenté un libro. Hace unos años sólo se hablaba de Keruac, creo recordar, drogas, rollo beatnik, posar haciéndose el rockero y todo eso, y ahora les toca a éstos ser los que dominan el pensamiento de más de uno que por lo visto no tiene otra cosa que hacer que meditar sobre ellos día y noche con cada aliento y cada potencia de su espíritu. Independientemente de su calidad literaria, los dos tienen todas las papeletas para convertirse en ídolos ya de principio: uno, al igual que Salinger, ha decidido que nos va a aguantar a todos Rita la Cantaora, porque lo que es él no, y se ha dado a la fuga del mundanal ruido, y el otro se suicidó joven con un "ahí queda eso" después de un romántico historial de depresiones, medicación y una vida descompensada. Como se suele decir, tanto en unos casos como en otros, los más antiguos como los más modernos, es como para responder: "Yo no tengo la culpa de que hayas leído a X y que te haya sentado muy malamente". No, en serio: es el equivalente de escuchar al adolescente o postadolescente de 30-40 años que cree que la música se inventó hace diez años cuando él empezó a martillearse los tímpanos con el grupo El sabañón de Chindasvisto, que en sus letras parecen estar hablándole directamente a él, como si conociesen íntimamente su ser, como si resumiesen en cada acorde toda la existencia humana. Lo gracioso es que ese fenómeno, el del megaventilador, el admirador rendido, incondicional e irracional, que ya era grave que existiese en ese ámbito, se haya traspasado a otros, y aunque desde luego no es un fenómeno nuevo parece extenderse: ahora algunos escritores tienen sus correspondientes groupies (en origen referido a muchachitas hipergámigas que buscaban el hieros gamos con sus dioses vivientes) o mejor dicho beliebers, en honor a las mozas con el estro agitado que siguen a don Justino. Las declaraciones no dejan dudas: "Fulanito (Proust, Dan Brown, Cervantes) refleja la esencia íntima de la realidad y se comunica de tú a tú con el alma del lector a un estrato místico." Es un fenómeno que ya afecta incluso a figuras como a Dawkins, que tiene una legión de seguidores de ese tipo.
Pues sí: Faulkner, Borges, Pynchon... tienen beliebers, verdaderos creyentes, los true believers que cuando lo decía de broma Stan Lee era muy gracioso por lo que tenía de irónico y cachondo, pero que cuando lo oyes decir en serio a un marvelzombi pierde todo su encanto, y no deja de ser la misma expresión. Y algunos, ahora mismo, ya sean de ese tipo de figuras consagradas o de la literatura más popular, como Palaniuk, R.R. Martin o Pratchett, también, y aunque el fenómeno no es tan intelectual ni deriva tanto hacia la erudición académica, también participa un poco del fenómeno, con un conjunto de gente deseosa de recibir una contestación a uno de sus comentarios en los blogs personales de los autores, una mención en Tuiter que les haga sentir especiales por el resto de su vida o cualquier cosa que se parezca a por ejemplo en las procesiones de Semana Santa tocarle el manto a la Santísima Virgen.
Todo esto se resume en expresiones como la de Francisco Umbral cuando se refirió a Proust diciendo "Después de Proust no debería haber escrito nadie más", cosa que él sin embargo hizo, y mucho, y sentencias equivalentes que podréis encontrar por ahí a montones y que conceden al semidiós en el que proyectamos nuestra fe artística o literaria en el producto definitivo y la calidad de "Profeta de cierre", como muy bien dijeron de sí mismos Mahoma o Hegel, por aquello de que sabían que antes de ellos había habido otros y asegurarse así de que después de ellos no pudiese haber nadie que luego les enmendase la plana o añadiese un "bueno, y si..." Si, ya sé, no les sirvió de nada, pero al menos lo intentaron.
Dicho de otra manera: No semos dignos.
No semos dignos.
Por supuesto no hay nada malo en escuchar a Alice Cooper o a Aerosmith, o en leer a Borges o a Pynchon, y pasarlo estupendamente... pero en ser un capullo sí. Incluso está dentro de la libertad individual que en la intimidad del hogar se extienda una esterilla y te humilles e inclines para declarar tu completa sumisión y devoción frente al póster o fotografía del ídolo cultural de tu elección, pero a los que sólo los vemos como a seres humanos con un talento bien aprovechado, lo que sin duda merece respeto y consideración, que nos dejen en paz. No es que no lo entendamos, ni no comprendamos la altura de lo que hacen, sino que igual es que somos normales o sencillamente no somos unos anormales. No es cuestión de ser o no ser digno, es cuestión de no tener ni que plantearse semejante burricie.
Como hemos hablado aquí en varias ocasiones, la República de las Letras está ya más acabada que aquélla que le dio nombre. Los asaltos por parte de los bárbaros y las rencillas internas a ver quién se queda con ella para ponerla a su servicio en ver de ser su servidor hace mucho que han resultado en que no sea sino sombra de lo que fue, y reconocerse como ciudadano de dicha república ya es para pocos motivo de orgullo, ni causa admiración a los que la miran desde fuera. La venalidad y convertirlo todo en un espectáculo campan a sus anchas, y como no me cansaré de repetir "Todo se puede fingir". Las editoriales clásicas publican libros con portadas que hasta hace no muchos años no serían dignas ni para una novela juvenil, y eso por no hablar del contenido. Por si fuera poco, nuevas editoriales han aparecido para añadir no una sino varias puntillas a un mundo, el editorial, que quiere suicidarse de la forma menos gloriosa posible. A algunas de estas nuevas editoriales, por sus obras podremos conocerlas, aunque en muchos casos ya casi ni falta hace porque la verdad es que se las ve venir de lejos. De lejos no: se las ve venir antes de que hayan salido de casa y sepan incluso a dónde deciden ir. Son unas editoriales majísimas de cuchipandis, donde se reúnen los nuevos editores, los nuevos autores y los nuevos críticos, que a veces son tres en uno en su divinidad. Han descubierto que, fundamentalmente, el negocio editorial, ése tan serio y con su tan merecido prestigio de otros tiempos, no se adapta a los modernos, donde lo importante, lo fundamental, lo esencial, es... lo habéis adivinado ya, pues en este blog familiar que es el vuestro, nunca nos cansaremos de hablar de la más relevante realidad de nuestra era:
Así pues, aunque con excepciones, si queremos identificar a una editorial mazo innovadora, joven, dinámica y comprometida con su tiempo, lo más seguro es que nos encontremos que tiene algún nombre en inglés del tipo Churro Books, Ajoarriero Books, o algo que sea con books. En el caso de esta novela, quien se encarga de publicarla es Jekyll and Jill, que además luce por logotipo uno de esos insectos llamados pececillos de plata que encontramos a veces en periódicos o libros, aunque supongo que en la editorial lo llamarán cariñosamente silverfish. Tal como podemos ver en el blog Patrulla de salvación, que en general goza de mi simpatía, y que lo explica muy bien en líneas generales, las letras patrias están llenas de editores y escritores españoles traumatizados por no haber tenido la oportunidad de ejercer su magisterio en el Soho o en Manhattan, donde sin duda estarían haciéndole la dura competencia a Martin Amis y a Michael Chabon. Bueno, cuando no se puede ser algo, siempre se puede fingir, para eso está el guanabismo, y si no puedes ser Springstein, Madonna o Mailisaurus, siempre te puedes disfrazar de ellos. O ponerle un presioso nombre en inglés a tu editorial, o el título a tu libro: Culito Fresco, Pavofrío, La Noche Chupa, cosas así que lo hacen todo muy cool'o, fresquísssssimo. Y si alguien no lo entiende o protesta, QUE SE JODA, no queremos mariquitas en nuestro regimiento que no sepan hablar inglés, como la publicidad sin traducir que lo primero que deja muy claro es que no le interesa el segmento de población que no alcanza unos mínimos de excelencia existencial.
Después de esto alguno me dirá que no hay nada de malo en saber inglés. Bueno, es que no tiene nada de malo, igual que no lo tiene saber francés o saber sánscrito; e incluso diría más apuntando a una idea descabellada que se me acaba de ocurrir a vuelapluma: no tiene nada malo saber español, y a más de un wikipedista o escritor en español le recomendaría de buena fe que empezase a aprenderlo. De hecho, buena parte de mi familia por parte de padre, de primera o segunda generación, habla inglés, y por eso mismo no alcanzo a comprender cómo mis tíos después de haber estado viviendo en un país anglófono más de cincuenta años, desde los tiempos de los Rolling y los Beatles, hablan como personas normales, mientras que el desorejado que se ha pasado allí a lo sumo un año vuelve como poseído por una especie de Síndrome de Toutette, aquejado por tanto de anglotourettia, un fenómeno compulsivo por el que retornan transfigurados después de su estancia en algún país extranjero y tienen que demostrar, cada cinco minutos, sin poder evitarlo y de forma explosiva, que han aprendido otro idioma. Lo que expliqué el otro día: si hay una cosa que se llama capital cultural, y dentro de éste el capital lingüistico, algunos, como si fuesen nuevos ricos que se arremangan para mostrar su rólex y aparcan el Mercedes delante de casa con un cartel luminoso que pone "Tengo un Mercedes", pues demuestran su catetismo, que ellos confunden con cosmopolitismo aunque sea cosmopaletismo, con la anglotourettia. Lo podréis comprobar con alguna gente: en cuanto aprenden una palabra nueva o concepto que ellos creen interesante y ósom, lo repiten diecisiete veces seguidas, aunque tengan que buscar una excusa o forzar el tema que se lo permita, cuando no llegan a extremos del tipo "Mi perro, que en inglés se dice dog, es un pastor alemán". Entre ellos funciona, y parece que por desgracia con muchos otros también, mientras una mayoría silenciosa y mejor educada se calla las ganas de decirles directamente: "Me la trae pendulante que sepas inglés, comemierda del orto". De esto había un chiste divertidísimo, cuando el emigrante volvía con su cochazo al pueblo y se encontraba con su amigo de la infancia que seguía destripando terrones. "Oye, que cochazo tienes". "Nuevecito, un Mercedes". "Menudo traje, qué elegante". "Los tengo a docenas". "Y te has puesto un clavel en la solapa". "¿Clavel? Esto se llama heliotropo, ignorante". "¿Heliotropo?" Saca un papel y un lápiz roñoso del mono de trabajo y pregunta: "¿Cómo se escribe?" "¿Que cómo se...? ¡Que sí, hombre, que claro que es un clavel!" Menudos superfucker están hechos todos, rompiendo con la pana al decir sus palabros en inglés mostrando a todos que son de ósomnidad.
Vamos a ver: prácticamente todos los grandes escritores del mundo, así como sus editores, sabían y leían varios idiomas, y algunos incluso llegaron a escribir en más de uno en el caso de los escritores, lo que tiene no poco mérito. No sólo es normal en el caso de un escritor leer en varios idiomas, sino deseable. Pero nuevamente una cosa es que usted sepa un idioma, y otra que sea gilipollas y sienta un inexpresable picor en el ojete que le obligue a mostrarlo impúdicamente cada cinco minutos. Unamuno ya sabía danés cuando leyó a Kierkegaard, pero no andaba diciendo tonterías en danés a la mínima para demostrarlo, ni necesitaba decir angst en vez de angustia para molarse a la peñuqui. Ya sabéis: cosas de tener personalidad en vez de tener que fingirla. Y al final todo ese esfuerzo de glamuuur, ¿para qué? Para al final terminar hablando como la
Una de las editoriales más conodidas de esta nueva hornada de escritores y editores pijipsteranglotourettianos es Alpha Decay, que ni una, ni una sola vez, lo he oído pronunciar "correctamente" a nadie, ni una. ¿Qué tiene que ver el conceto de desintegración alfa con lo que publican, y que por cierto así en español daría un buen nombre para una editorial especializada por ejemplo en ciencia ficción? Pues nada, absolutamente nada, vive Rutherford, pero está en inglés, y con eso llega y mola, con erótico resultado. Alfa Dikei, por cierto, ha publicado un libro de ensayos sobre Batman, por aquello de que todos somos ya superposmodernos de la leche. Ya sabéis: es lo mismo que se publica gratis en El blog de JC y en ADLO!, pero sin haber entendido nada ni comprender de lo que se está hablando, al contrario que en esos blogs, y con mucha palabra altisonante, además de una foto de Batman chupándosela a Robin, que además es del muy gafapastil Terry Richardson (literal, siempre las lleva), el mismo que le hace las fotos a Kate Upton y los vídeos a Mailisaurus. Que sí, que hasta tiene un ensayo de Žižek, uno de mis ídolos (sobre todo en lo estético; pero no en su teoría de la estética, ¿eh?, sino él en persona), pero en fin, como si te quieres leer también La seducción del inocente, ya puestos. Y es que veréis, el sobreanálisis y el exceso hermenéutico tienen su gracia, hasta los dotados de mayor templanza pueden caer en él, pero sobre todo es algo mucho más viejo de lo que creemos, y no por viejo menos caduco o más respetable.
Sólo si eres muy, muy valiente, pulsa en la imagen y ve al enlace.
Yo en particular le tengo un especial cariño al libro sobre el Pato Donald. Aparte de por el libro como tal, que es de lo mejorcito que puede leer uno si quiere saber cómo no se debe pensar sobre cultura y análisis crítico de la realidad, con perdón del señor Monedero, me resulta entrañable que precisamente Mickey y Donald fuesen las némesis de todo cuanto progre había hace unos treinta o cuarenta años, hasta el punto que creo recordar que en uno de sus más brillantes párrafos Fernando Vizcaíno Casas narraba cómo los protagonistas de una de sus novelas allá por los 70 u 80 "quemaban simbólicamente muñecos del Pato Donald frente a la embajada de los Estados Unidos", mientras ahora los intelectuales orgánicos interneteros, supuestamentre hiperprogres e izquierdistas, lo que proclaman es que cualquiera debería tener oportunidades de negocio y enriquecimiento con esas figuras del acervo cultural, y sitios como Nodo50, dedicados a la contrainformación y la insurgencia anticapitalista, incluye en sus páginas un artículo abanico que nos explica la completa genealogía del personaje. El frikismo es como el ácido sulfúrico: lo disuelve todo.
Bueno, esto es para que os hagáis una idea del panorama de las editoriales molonas, de los editores molones y de sus más molones autores. También se definen en cierta medida estas editoriales y sus productos en que, si hace veinte años se introduce el paradigma de rockero en la figura del escritor español, en este caso estos nuevos productos editoriales posmo incluyen elementos propios de la culturilla más friki, hiperconsumista, coleccionista o popi, de modo que hay libros con cajitas raras, "regalan" postales, sus presentaciones pueden recordar más a la de un perfume que otra cosa y, la verdad, a mí sólo me provocan la misma pregunta: "Pero el libro, eso que se lee, ¿está bien o no?" Porque esto iba de libros, ¿no? A no ser que estemos algunos muy equivocados y resulte que no, que no hemos entendido nada y nos lo van a tener que explicar. A mí en particular no me vuelve a pillar, y hace tiempo que he empezado a ignorar sistemáticamente cualquier cosa que sea evidentemente guanabismo o que insinúe que porque le dan una capa de pintura a algo no sé lo que está debajo o debo contentarme con un guiño, callarme la boca y seguir el juego para poder integrarme en el grupo ahora que he pillado el truco. En cierto modo, no sé, es que da bajona: vas a una librería, encuentras un libro de la editorial Chachi Books, que se titula Tender Merry Watermelon Extasys y claro, cuando lo tienes en la mano... jo, resulta que no es un book, que lo miras y es un libro, la editorial dice que hace books pero no, son libros como los que tienes en casa, lo vuelves a mirar pero no, es un libro, y por si fuera poco, joder, está en español; igual luego te ponen alguna golosina dentro con bonitas y excitantes palabras en inglés, como el título, pero no, resulta que es un libro, ¡un puto libro cuando esperabas que fuera un book como te prometían!, y no contentos con eso está en español. Así no. Del mismo modo sistemáticamente he ido dejando de leer a todas esas personas que creen que cuando escriben no deben respetar la gramática ni la semántica de la lengua en la que escriben, en ese caso el español, y que creen, por ejemplo, que "evidence" se traduce como evidencia y además en singular, y que luego ponen la excusa de que es que leen todo en inglés y claro, jiji, pues eso. Pues muy bien, jiji, majo, pero si no sabes expresarte en la lengua que has aprendido y usado desde pequeño y en la que se supone que has tenido una educación formal a todos los niveles, pues no sé, igual te va a parecer raro, pero oyes, mira, como mínimo me pregunto qué puñetas vas a entender al leer en otro idioma, y si además te haces la picha un lío a la mínima y no distingues un significado de otro cuando el fondo de la cuestión es crear significados o darles sentido, pues casi mejor lo dejamos, me voy a la fuente original y paso de lo que tienes en la cabeza, que no está demasiado bien ordenado y falla por la base, así que por sistema no me fío de nada de lo que dices. En serio: me parece algo tan lógico como la idea de clausurar la Wikipedia en español entera y que el no lea inglés que le pase el Google Translator a los artículos en inglés, porque al menos así no tendríamos que soportar que alguien diga o piense en serio que lo otro es español correcto. Sinceramente no entiendo qué manía tiene la gente de aprender un idioma cuando lleva más de veinte o treinta años hablando otro todo el día y todavía no le terminado de cogerle el aire a ése.
Pero no creáis que esto sólo se da en las editoriales de nuevo cuño invadidas por el espíritu de la molonidad, sino que está afectando a las de toda la vida, que ya empiezan a hacer cosas raras, hablan de Twin Books y cosas como tener las Meditaciones de Marco Aurelio en una colección llamada Great Ideas de la editorial Taurus porque se basan en la de Penguin, lo que me hace sospechar que no se ha traducido del griego, aunque sepa que no es verdad. Lo dicho: si se quieren suicidar van por el mejor camino posible, porque con cada una de ésas tonterías lo que están diciendo a la gente, si es que ésta tiene algo de criterio y dos dedos de frente para entenderlo, es que compren books con lo fácil y rápido que es ahora con Amazon, y que se dejen de copias, fachadas y guanabismos varios, porque cuando uno se quiere drogar hace falta ser muy imbécil para hacerlo con metadona. No sé: es como cuando uno piensa en las famosas novelas de a duro o bolsilibros, escritas casi siempre todas con pseudónimos anglosajones que no engañaban a nadie, y que siempre tenían por protagonistas a tipos que se llamaban Jack y que tenían novias que se llamaban Susan, y mientras que eso era lógico en las novelas del oeste, por razones lógicas, luego ocurría lo mismo en las de género de terror, ciencia ficción o espionaje, pues como bien es sabido nada interesante puede pasarle en Soria a alguien llamado Paco, y lo importante sólo ocurre en Nueva York o a lo sumo en Londres a gente que se llama Jack, y sólo nos lo puede contar otra gente que se apellida Smith o similar, como parece que quieren seguir haciéndonos pensar algunos escritores neopulp que mejor emplearían el tiempo cavando su propia tumba, y a los que va a leer Rita, porque siguiéndoles el juego lo que es yo no creo que alguien que se apellida Pérez o Ramírez pueda contarme una buena historia, por mucho que sus personajes se llamen Michael o Sarah. Recuerdo el estupor de creo que era Harlan Ellison cuando le dieron un libro de relatos de ciencia ficción alemana y constató que pasaba lo mismo, los protagonistas eran siempre anglos, lo que le hizo pensar antes que nada que esoos autores pensaban que en el futuro su nación y sus descendientes no iban a existir, o que no tenían ningún interés por salir al espacio. Luego nos extrañaremos de lo que nos pase, aunque ahí hay que decir que el caso de La saga de los Aznar es una excepción y se cita al autor por su verdadero nombre, porque lo de los pseudónimos extranjeros era una política editorial. Del mismo modo por alguna extraña razón cuando nos quieren vender teléfonos móviles salen afroamericanos bailando en medio de alguna ciudad inequívocamente useña a pesar de que sabemos que ese contrato no tendrá allá cobertura, y ahora con la crisis como no están las empresas para hacer según qué gastos nos han puesto un anuncio en pleno Callao-Gran Vía con un policía neoyorquino o de Los ángeles, con su camisa de manga corta, su placa y su gorra. Que ya es casualidad que ese señor veranee en pleno Madrid con el uniforme puesto, digo yo.
Dicho todo esto, preparémonos para juntar todos los ingredientes del pastel. Como yo no soy un relativista ni creo en ninguna forma de pensamiento blanducho, creo necesario contextualizar las cosas, además de que es mucho más divertido. En el actual mundo editorial español hay por lo tanto una serie de escritores y críticos, en ocasiones las dos cosas a la vez, que orbitan alrededor de ciertas editoriales y que se mueven alrededor de ciertos blogs y foros, y que se pueden considerar un grupo más o menos organizado de concesión de favores, de modo que las críticas y reseñas positivas se cruzan de manera bastante endogámica, lo que no deja de ser legítimo pero tampoco deja de ser sospechoso, y que participan en mayor o menor medida en esa nebulosa ideología de narrativa mutante (cambiante, indefinida, yo-qué-se), radioontológica o como sea que la llamen esta semana, y que viene a consistir en que todo vale, vale todo, y te parto la cara con el vale-tudo, un dos tres, me viste pero ahora ya no me ves, ironía de la ironía que lo ironiza todo, y sobre todo y fundamentalmente hablar de uno mismo aunque uno no tengas nada que decir ni que contar, que eso es lo importante, ser consciente de ello con lo que ya tienes algo que decir sobre la propia consciencia del no decir, y presumir de lo metaliterario que eres, pues pasado el momento de las grandes narrativas ya no tiene sentido contar nada sino hablar del propio hecho de que no hay nada que contar, sino regüeldar y ventosearse a gusto para reconocer el aroma de lo mucho que has leído y bien o mal digerido. Son en muchos casos claros hijos del mundillo de Internet, y han comprendido que más importante que escribir o que la gente hable de sus obras es ser conocidos y comentados, estar en el candelabro y darse vidilla en las redes sociales, pues al fin y al cabo la verdadera narración no es lo que hacen en los libros, sino el diálogo abierto y fluido con los lectores, seguidores, beliebers, como sea que los llamen ahora y con los que comparten una experiencia multimedia 2.0. (Seguimos en el 2.0, ¿verdad? Es que no quiero que se me pase el arroz.) Ah, y también saben de la importancia de posar como un profesional, a solas o en grupo, con cara de alma atormentada o de "no me caben todas las ideas que tengo en la cabeza", eso también es fundamental. Que eso a la larga les dé realmente frutos o sirva para algo, todavía está por verse.
En el caso del autor de esta novela, Rubén Martínez Giráldez, del que apenas sabía nada, sabremos por su reseña biográfica en el propio libro que ha traducido algún libro y que entre su obra está un ensayo en Alpha Decay sobre Pynchon, con lo que ésta viene a ser su primera novela a no ser que me haya informado mal. Bien, me da igual. ¿Y este libro qué?
Eso digo yo: ¿qué? Pues en claro no sé muy bien qué decir, excepto que objetivamente cuando terminas de leerlo, dada la misma naturaleza lineal del tiempo, no vas a ser más joven. Todo lo demás, supongo, es discutible laxamente en el paradigma de la no linealidad de la realidad que se yuxtapone a sí misma.
El argumento viene a ser éste: Bolzano, protagonista, participa en un programa de radio en el que lo sigue un verborreico locutor en una era posterior a la electricidad (sic), locutor éste que como el de El quinto elemento nos va contando frenéticamente lo que pasa, aunque después llegará incluso a hablar el caballo del concursante en ese programa, que se llama El peinado de Calígula. Bolzano tiene la peculiaridad de que su padre, suponemos que después de convertirse al post-mortem-after-posmo credo literario de Vicente Luis Mora o alguien equivalente, decidió educar a su hijo de la siguiente manera: le daba a leer libros de los buenos de verdad, ésos que se titulan El Quijote o Guerra y Paz, pero había arrancado las tapas de modo que su hijo en realidad sólo creía leer eso, cuando en realidad leía novelas de pega como Raíces, alguna de Dan Brown o cosas así. A partir de ahí se habla de cosas como "matar al padre", pero no en sentido literal sino psicoanalítico, cosa que siempre divierte mucho porque aunque es una doctrina pseudocientífica que todo el mundo debería saber identificar como tal a estas alturas demuestra que ciertas cosas perviven indefinidamente en el tiempo, y que por desgracia la literatura es donde encuentran su última morada. Bolzano en ese concurso "acaballina" a mitos culturales que se va encontrando, los humilla o algo así montándolos como si fueran un caballo. Al final termina su participación en el concurso, y vuelve a su casa. Y bueno, así termina, después de 126 páginas.
Como se puede ver el juego metaliterario empieza ya con la misma confección del libro. Si quitamos la sobrecubierta (ahora la llaman dustjacket, y el perro se dice dog), de este paperback en rústica, veremos que el libro que en realidad estamos leyendo se titula precisamente El peinado de Calícula, y que es un Roman, lo que tiene sentido porque en la página de acreditaciones se nos informa de que el título original es en francés, y que supuestamente está traducido aunque sabemos que no es verdad, lo que aporta, suponemos, un layer más de interpretación, otra capa de pintura como quien dice. Lo de "roman" me hace gracia porque si el libro está traducido al español, ¿no debería poner novela? No sé: desde el momento en que más de un cenutrio editor o traductor cree que "A novel" se traduce como "Una novela" en la portada, cuando hasta ahora habíamos vivido tranquilamente sin ese artículo indefinido, todo es posible. Por otro lado si ya da bajón que la editorial que nos promete que publica books y de repente te cuele un libro, y en el universo simbólico que crea la novela el padre del protagonista le colaba libros mediocres y de juja a su hijo, ¿me está indicando esto que lo que realmente tengo en la mano, que no es Menos joven sino El peinado de Calígula, es un libro de juja? Ahí me empiezo a perder un poco en el juego metaliterario. ¿Que si funciona esto? Bueno, sería cruel compararlo con El Quijote, eso está claro, incluso si estuviese bien hecho, pero podríamos compararlo también con La princesa prometida, que es mucho más reciente y tiene mucho menos prestigio, y la verdad es que Goldman lo hace mucho mejor antes de que el autor de esta innovadora novela naciese, dónde va a parar, y sin pasar por novela posmoderna ni nada parecido. Y si el libro pierde la sobrecubierta, ¿cómo sé cómo se titula, si lo que leo en la portada y el lomo es otro completamente diferente? Sin embargo, el libro se comercializa como Menos joven. ¿Esto es siquiera legal, o igual que cuando uno es rico no tiene que cumplir las leyes de la física cuando uno es posmo no tiene que seguir las leyes de...? Ah, menuda tontería estaba diciendo, está claro que cuando eres posmo te resbala todo y tú eres la ley y la justicia, como Charles Bronson.
En la novela también nos encontraremos, además de algunas ilustraciones de ciertos mitos literarios que se va encontrando el protagonista, anotaciones a lápiz que no son tales sino otro juego literario en el que alguien nos comenta la propia novela. Aparte de que se leen como el culo, cosa que es muy de agradecer y no interrumpe ni molesta en la lectura de la obra que no sabemos si es la de juja o no porque ya me he empezado a perder con tanto trile, no he terminado de entender exactamente lo que aportan al conjunto, o por qué esos comentarios tan irónicos sobre la ironía son importantes. Por si fuera poco en una de las páginas, como suele ser habitual, había una pequeña imperfección o sombra en el papel, y me tiré un buen rato decidiendo si no era más que una sombra o un subrayado que ocultaba un profundo significado que me podía perder.
En dos o tres páginas, también, tendremos esos recuadros que parecen, en su vacuidad, decirnos algo, o expresan el desplazamiento de significados (palabras) en la desquiciada sociedad ultramoderna. ¿Quizá representan la pantalla que en realidad ya lo es todo, y que como lectoespectador ansiamos? Eso, o que el libro se ha compuesto con Word 6, que a veces montaba unos líos curiosos al meter imágenes. Me quedo con la duda. Eso sí: de pasar esto a libro electrónico, mejor ni hablamos.
Por último, como os comentaba antes, los libros posmo llevan "extras" como los deuvedeses, que a algunos sólo les falta estar escritos con letra en 3D y que los tengamos que leer con gafas, o cosas asina, y en este caso en concreto nos regalan al final unas calcomanías de algunos de los personajes que aparecen en la novela. También me queda la duda de si son para ponerlas de verdad o no, o si el precio de reventa se verá seriamente afectado si el ejemplar carece de ellas, lo que se sabrá dentro de unos años cuando el libro se convierta en pieza de coleccionista: si el ejemplar conserva las calcomanías, X, y si no Y. También me imagino la presentación del libro con el autor o conferenciante de turno, y quizá los dos con las calcomanías en los brazos. Me ha recordado mucho a un libro que vi una vez de Gerónimo Stilton, que nos prometía que sus páginas tenían "aroma a chocolate". Por cierto: yo llevo en mi cartera (que en inglés se dice wallet), y desde hará unos cuatro o cinco años, unas calcomanías de Superman y Batman que me dieron con unos pastelitos o así, y que creo que todavía huelen un poco a chocolate. A lo mejor soy posmoderno y no lo sé. A lo mejor es que mi cartera es posmoderna y yo no lo sé, o somos los dos los que lo ignoramos por el abismo que nos separa: que yo sea un ser humano y ella una pieza de cuero que compré en El Corte Inglés después de que me chorizaran a su predecesora en el Metro.
Por otro lado, cuando uno lee este breve libro, donde se apelotonan en poco más de cien páginas las referencias culturales cultas de alta cultura mezcladas, aunque no mucho, con otras de eso que nunca he terminado de entender que es la cultura popular, lo primero que uno se pregunta es: ¿realmente significan algo, o están al azar? ¿Es citar por citar (namedroping, para el que no entienda el término), o bien realmente viene a cuento? Porque aparte de eso, una exhibición de citas de nombres y oscuras referencias literarias para lucirte con los amigos, no he visto otra cosa, aunque quizá me equivoque porque con tanta metaliteraturidad ya he perdido el norte. No sé por qué debe encontrarse con Anton Webern, y no con otro músico, ni qué sentido tiene que persiga a un personaje tan poco conocido como Lucia Joyce, la hija bailarina de James Joyce que estaba como una chota y a la que que llegó a tratar Jung, otro viejo conocido de este blog a la hora de meter cosas a cascoporro y porque sí. Tampoco termino de entender por qué es importante que se equivoque y que a quien termine confundiendo con Lucia Joyce sea Kim Basinger, y si daría exactamente igual que fuese Kim Catrall o Sophia Loren. Por supuesto, también hay letras enteras de canciones sin traducir, porque, recordémoslo, esto aspira a ser un book y no queremos mariquitas en nuestro regimiento. También el autor nos deleita con su conocimiento del inglés coloquial, y aparecen términos como weirdo hairdo, que si sabes lo que es bien y SI NO TE JODES, no queremos mariquitas en el regimiento. No sé: Not coolio, friendo. Not coolio.
Sinceramente, igual que no termino de entender por qué algunos ateos o escéticos creen que se merecen alguna medalla por serlo, sigo sin entender cómo alguna gente se cree que por saber inglés (si es que lo saben, porque recordemos que "Todo se puede fingir") se ve poco menos que como una aristocracia, y como tal con derecho a despreciar al populacho que no es de su misma alcurnia, pues como decía el noble malvado de Scaramouche refiriéndose al pueblo, "éste ha nacido en el arroyo, y ése es su estado natural". Es lo que siempre me ha hecho sentir la máxima de las penas, y conmiseración, por la pobre gente que habla inglés. Debe ser la leche ir a por la ídem a la tienda de tu barrio y cuando lo hagas que el dependiente se eche las manos a la cabeza y chille: "¡Joder, usted sabe inglés! ¡Qué bien lo habla!" "¡Pues anda que usted!", habrá que responderle. "¡Pero bien de verdad!" No sé cómo los escritores en ese idioma pueden soportar que cualquier frase sea cool'o, genial, intensa, inspirada, por el simple hecho de escribir en inglés. Cada día lloro y se me abren las carnes al pensar en los pobres escritores en inglés que no pueden echar mano de la única técnica literaria que dominan algunos escritores en español, y que es meter un inglesajo para arreglarlo todo y demostrar que son cool'os. ¿Qué sentido tiene hablar una lengua en la que cool es una palabra que tiene su propio significado y en la que cooler no es un tipo enrrollado sino el ventilador de un ordenador, una nevera de playa o un tipo gafe? Si cualquier frase en español, no digamos un libro, mejora considerablemente por poner latiguillos y morcillitas en inglés, imaginaos, no sé, me da vueltas la cabeza sólo pensarlo, un libro entero escrito en ese idioma. De hecho, ¿por qué no lo hacen, toda esta gente que se contenta con escribir en editoriales que son Chocho Books, y que ponen títulos a sus books como Night blues street dark omen? Si Joseph Conrad y Nabokov pudieron, ¿por qué no ellos, que además se pasaron ¡tres meses enteros! en Londres? Bueno, igual es que han descubierto lo que descubrió Borges mucho antes que ellos: que es mucho más divertido quejarse. Y por supuesto:
No semos dignos.
Naturalmente, en toda la novela no hay ni una sola referencia a ninguna obra española ni autor español, ni siquiera hispanoamericano, lo que le da un tono mucho más glamuroso y cosmopolita. Hay un momento en que se dice "como como como", que no sé si será una referencia a este meme que es más viejo que la tos y de cuando no se llamaban ni memes y se extendían por correo electrónico. Después dice algo de qué estamos haciendo con el idioma que se legará a las generaciones futuras, pero como el libro se supone que se ha escrito originalmente en francés, pues no sé a qué idioma se refiere, si al nuestro o al de los vecinos. También me ha quedado la duda de si utilizar de forma errónea "honesto", como la gente que ha leído demasiada literatura y subtítulos mal traducidos, es algo espontáneo, u otra ironía del autor que se superpone a todas las demás ya que nos está demostrando lo elevado de sus muchas lecturas. Asumiendo que es el primer caso, honesto, y como dije más arriba, de verdad que no es malo saber idiomas, por ejemplo español.
Quizá toda la clave está en la la contraportada, donde se cita algo que luego aparecerá varias veces en la novela: "El peinado de Calígula, el primer espacio radiofónico de entretenimiento infantil protagonizado de manera exclusiva por adultos que se dirigen a menores de edad como si fueran adultos". A que va a ser eso: a lo mejor, como todo es un juego, el único sentido es jugarlo, como un niño, y no hay ningún sentido, sólo hay sentido en comprender que no hay sentido, que da igual ocho que ochenta, Webern que Torrebruno, Billy Warlock que Marlon Brando, un libro bueno que uno de juja, sólo hay que proponérselo y tener fe en la comprensión de la realidad cuántica. Así pues, al no haber entendido la novela, ¿la he entendido realmente, o por el contrario creo estar tan lleno de conocimiento que no puedo entender nada más, igual que en una taza que ya está llena de agua no cabe ni una gota de té? Cuando el padre de Bogdano entrega por puro afán antielitista esas obras tergiversadas e híbridas, ¿qué relación tiene que luego el autor real de este libro que existe físicamente, y por el que me sajaron casi veinte lurus, se las dé precisamente de ese prurito elitista de hablar de esas referencias culturales tan refinadas y se dé a la vez el gustazo de poner entre los dibujos de Antonin Artaud y Ezra Pound a Billy Warlock, oscuro y desconocido actor recordado sólo, por quien lo recuerde, por haber salido en algunas temporadas de Los vigilantes de la playa? No sé, quizá la novela está escrita con un espíritu infantil por parte de un adulto que va a tratar a los lectores, que se supone adultos, como si fueran niños. Ojalá todos fuéramos tan abiertos de mente y tan limpios de espíritu... como los niños.
Como dije justo al principio, imaginaos en esa reunión de amigos y que no os enteráis de lo que pasa, y no sabéis ni de lo que hablan. Pues aquí pasa algo parecido: a lo mejor el autor les ha dado a sus amiguitos de generación con los que se intercambia dones, o a sus seguidores en las redes sociales, un montón de indicaciones y pistas de las que los demás carecemos, y ya incluso antes de publicarse la novela fue preparando el terreno y los huevos de pascua (easter eggs) que jalonan la obra y le dan sentido. No digo que haya ocurrido así, sólo especulo que podría ser el caso. No sé: es como meterse en una conversación de 4Chan, no te enteras de nada y además a la mínima te llama noobie, eres un puto muggle que no entiende el lenguaje de las flores, de la magia o lo que sea, no me hagáis mucho caso porque no me he leído las de Harry Potter. A lo mejor es que hay que ser de la pandi para que te expliquen si el huevo tiene algo dentro o no, y esperar ilusionado a que te digan que sí puedes participar de la broma y hacérsela tú también a los demás. Porque a veces, cuando no entiendes el chiste y no sabes por qué, no está de más preguntarse si es a uno al que quieren convertirlo en el chiste, y que la broma es tu confusión o posible postureo haciendo como que sabes de lo que los demás están hablando. A lo mejor es que hay que ver esa película mala ochentera a la que se hace referencia en la novela varias veces, protagonizada por un jovencísimo Billy Warlock, para entender el fondo de la cuestión, lo que también resulta muy irónico, híbrido y turbulento según la teoría fractal de la literatura del caos, porque para entender una experimental novela posmoderna hay que ver una peli carne de videoclub de hace treinta años, del mismo modo que en un mismo párrafo se nos cita a un clásico del cine y a Los fantasmas atacan al jefe, dónde está la bolita, dónde está la bolita, adivine dónde está la bolita y gane el doble de lo que ha apostado. Vamos, que para entender lo que ha escrito alguien, según parece, hay que tener exactamente las mismas referencias culturales que tiene esa persona, por oscuras o recónditas que éstas sean, ni una menos y probablemente ni una más porque podría llevar a confusión o error, lo que nos demuestra la incapacidad inherente del ser humano de relacionarse con sus semejantes, todo muy bergmaniano. Como se ve este tipo de literatura tiene muchas layers en su profundidad: todas las que quieras ponerle encima de tu cosecha. Nos demuestra también que la literatura perfecta, del mismo modo que el guerrero perfecto es el que no ha luchado nunca, es la que es tan pura que sólo la entiendes tú, de modo que puedes extasiarte con todas las referencias culturales y personales por crípticas que sean sin nadie que juzgue lo que surja de tu fantasía, por raro o estrambótico que sea lo que incluyas en tu autosatisfacción mental, del mismo modo que si todo el mundo no sólo se hace pajas y además folla es porque así además se conoce a gente. Llamadme desconfiado, pero este grupo de amigos me parece un club de bukkake en el que el lector está siempre invitado, pero nunca para ser de los que está de pie en la gran apoteosis de la modernidad líquida, sobre todo porque sin esos lectores se notaría demasiado que a lo que en realidad están jugando estos chicos entre ellos es al legendario juego de la galleta, no sé si me explico.
También me recuerda todo a las experiencias multimedia de sagas tan famosas como Star Wars, y en las que sus académicos nos dirán que no es que las películas estén cojas o tengan más agujeros que un gruyere, sino que es que no has jugado a los videojuegos, no te has leído todas las novelas y comics y durante años no has estado participando activamente en los foros donde se comenta por el conjunto de los starwies creyentes las distintas interpretaciones del Universo Expandido y de la teología jedi, y así del mismo modo si no has compartido esa experiencia total de seguir al autor, ser su
Hay que ver cómo avanzan las ciencias, y la literatura. Antes, para leer una novela sólo tenías que tener una cultura previa más o menos sólida, empezar por la primera página y acabar por la última (se me calle, señor Cortázar, ya sabemos de lo suyo), y ahora para leer cualquier cosa se necesita, parece, como mínimo un telefóno móvil para andar a la caza del tesoro de las referencias perdidas, y un postgrado en narrativa de cuerdas y branas en variable compleja de gradientes de espacios de Hilbert escarchados para no ahogarse y chapotear intentando sacar la cabeza por encima de la realidad líquida que viene a ser un gigantesco lago de mierda producto de diversas diarreas mentales. Porque la realidad, ya se ve, es mazo complicada, inestable y movediza, blandita que se diría no tiene huesos y parece de algodón, e interpretarla tan laxamente con el pensamiento débil tiene efectos laxativos importantes. Ya sabemos que si lees mal una novela, la jodes, la culpa es tuya porque la has roto, pero si me la haces de papel de fumar, o de miráme y no me toques, pues mal empezamos.
De verdad que es algo que me supera. Esto y los blogs de autores que no dejan de hablar del fin del mundo editorial, del libro y de la llegada de una nueva realidad futura en la que todos los conocimiento serán gratis... realidad que puede usted conocer comprando este libro por 20€. Su tabaco, gracias. ¿Eh, cómo? Compre usted mi libro en sólido y permanente papel donde analizo memes y la voluble realidad internetil, ejemplar que se va a quedar obsoleto y va a ser una pieza vintage en menos de seis meses. Pero, pero... Es algo como si el cura, en Viernes Santo, se comiese mientras da misa un bocadillo de chorizo delante de los feligreses, ni más ni menos. Del mismo modo todos estos adalides de "el autor no existe", "el libro no existe", "el texto no existe sino la lectura que cada uno hace de él", para los que todo es fluido y la novela es cambiante y pulsante, ¿por qué siguen hablando de libros, autores y demás, y por qué los "escritores" de la pandilla siguen publicando volúmenes físicos como tales, si luego todo se desborda en la multiplicidad narrativa? No se puede estar en misa y repicando, y no se puede uno comer un bocata de chorizo mientras hace la misa de Viernes Santo. Si fueran coherentes con sus postulados, pasarían a analizar al líder de la secta Moon también como "novelista", al fin y al cabo es la suya la creación de una narración en la que mucha gente aporta su propia experiencia y crean un significado colectivo en una performance global, podríamos empezar a admirar a Ron Hubbard porque sus novelas han creado una religión, cosa que el pobrecito Tolstoi no fue capaz de hacer, el muy inútil, y sobre todo reconoceríamos como la única novela verdadera y creativa, donde todo el mundo participa en pie de igualdad creando una narración compleja y multimedia en la que los significados son múltiples y polifacéticos, a 4Chan, ni más ni menos, donde todo el mundo es lector, autor y partícipe de una narración multimedia fluida y multiplicadora de significados por medio de una libertad absoluta, no hay principio ni fin, ni caducos argumentos, ni personajes propiamente hablando, todo el mundo construye y deforma el lenguaje y la ortografía, el L33T impera, y las referencias cruzadas son constantes respecto a la propia realidad, a la curtura populá, a la transformación tecnológica y al multitexto que es el propio 4Chan como metatexto autorreferencial, y si no se quieren ir tan lejos, ahí tienes The Mongoliad. Claro, pero entonces se nos estropea el negocio: líquidos, pero no tontos, porque queremos seguir hablando de autores coleguitas, vender libros, y sobre todo montar congresos y acumular sinecuras mientras decimos que ya no comemos chorizo porque eso ya está demodé, pero a la vez sin pudor nos estamos empujando el bocadillo de cantimpalos delante de todo el mundo. Que sí, que la realidad es fragmentaria, problemática y compleja, pero al final del día todo se resume en que la pela es la pela, los pesos son duros en emolumento líquido contante y sonante y la especia debe seguir fluyendo. Si todo es líquido, y más que líquido etéreo, luego no podemos pretender que lo que digamos sobre ese todo sea algo sólido, o que te lo tomen en demasiada consideración.
En definitiva a todos estos moennos, posmoennos y demás hierbas hace mucho que la realidad en cuyo análisis ellos creen que están tan avanzados los ha adelantado, a toda velocidad y por la derecha, y por eso está ya tan por delante de ellos que lo único que ven de ella es el cool'o, pequeño y a lo lejos, y desconocedores de la parábola del elefante se creen que eso, la realidad, empieza y acaba en la liquidez de la diarrea mental de-l(o) cool'o. Premio Nobel de Literatura para 4Chan ya. Encerio: para estar naneando y procrastinando a nuestra bola en interné en un entorno multimedia, participando en la creación, comentario e intercambio de contenidos, no nos hace falta ningún MC que se haga pasar por escritor y nos venda un libro hecho de árboles muertos lleno de chistes privados que sólo entiende él, sus compis y sus beliebers, y mucho menos todavía nos hacen falta ninguno de sus exégetas críticos metaliterarios. Están emprendiendo un viaje iniciático y de descubrimiento a un lugar donde hace ya hace mucho que alguna gente recibe las facturas de la ADSL, y adonde todos sabemos ir sin necesidad de que nadie nos señale con el cayado el camino ni necesitemos alforjas para recorrerlo, con el profeta delante de nosotros guiándonos a la vez que nos deleita con la visión de su cool'onidad.
A ver, lo que me pide el cuerpo es zanjar esto con lo que dijo Moe al describir con bastante acierto el posmodernismo:
Cosas raras porque sí. Que está muy bonito eso de deconstruir, pero la entropía nos dice que por mucha voluntad que pongamos el jarrón roto en mil pedazos no lo vamos a poder restaurar, y menos todavía si faltan trozos, y si se consigue es a un gasto energético escandaloso, ¡sin contar que coño, si no lo he roto yo, no tengo por qué arreglarlo! Y si no tenemos el modelo de como era antes, menos, y si lo que han hecho es coger trozos al azar de una fábrica de macetas para reírse en nuestro jepeto, ni os cuento.
Sin embargo prefiero otra versión, ateniéndome a la primera idea de este artículo: bueno, son un grupo de amigotes que se lo pasan muy bien entre ellos, no sé si de buena fe o riéndose de los demás a mala idea, y por lo visto una de sus diversiones es ver cómo los demás, en este caso los lectores, hacemos del proverbial convidado de piedra mientras ellos se hacen los interesantes y los chicos populares del instituto, porque son tope molones, todo el mundo quiere conocerlos a ellos y a sus interesantes actividades que son todas muy cool'as, la molonidad emana de ellos como la luz y la vida del astro rey y cualquier esfuerzo vale la pena para recibir su influencia y su aliento. Mi mamá me dijo que si no te tratan con respeto, que en realidad no son tus amigos ni nunca lo van a ser, que no valen la pena, y probablemente el chiste que comparten y no te quieren contar, si es que existe, igual ni siquiera es tan bueno.
Sinceramente, en este tipo de literatura, los primeros que sobran y están de más son los lectores. Como dijo John Rambo: "Ser prescindible es como si alguien te invitar a una fiesta, no vas... y a nadie le importa". Pues eso: no creo que yo los eche de menos, y ellos a mí tampoco.
-SuperSantiEgo