24.12.14

Mensaje institucional de La Realidad Estupefaciente por parte del Reverendo SantiEgo con motivo de la Navidad Pastafari


[Navidad vintage: copiar la felicitación de 2006 y dejarla programada para el día oportuno.]

Es para mí motivo de satisfacción y orgullo en estas señaladas fechas en las que celebramos la Natividad Pastafari vestirme de pirata como mandan nuestras tradiciones y hacer una pequeña reflexión en este año que ya casi nos abandona. Fieles a nuestra fe, respetamos todas las creencias, por equivocadas que éstas sean, y nos unimos a los festejos sabiendo que en realidad todas no son sino formas de adorar al Padre Eterno el MVE.

Por eso, sin más complicaciones, os deseo, en la más pura tradición de South Park:

¡UN MOJÓN PARA TODOS VOSOTROS!
No, qué coño, que no son fiestas como para estar escatimando:

¡UN MOJÓN ASÍ DE GRANDE PARA TODOS VOSOTROS!

Ya sabéis: seas judío, musulmán, pastafari o cristiano, a todos les sale por el ano.

Ya de paso, no pierdo la oportunidad de decir lo que pienso de Papá Noel:
Ah, no, perdón, ésta es de mi colección particular. Quería decir esta otra:
"No me llaman míster Machete por nada."

Y es que yo para lo único que soy monárquico es para éstos, y los de la baraja:
-SuperSantiEgo
Ministro ordenado por la ULC (Iglesia Universal de la Vida)

20.11.14

Peli: Interstellar. Más rápido que la velocidad del amor



Por regla general empiezo a hablar de una película poniendo el avance oficial, pero además de que cada uno ya es mayorcito para buscarlo por su cuenta, me ha parecido mucho mejor empezar por ese vídeo en el que con un autotuning un poco cargante algunos conocidos científicos nos dicen que "Todos estamos conectados".

Aunque tengo pendiente una entrada sobre los géneros, sus ambivalencias y cómo puede que ni siquiera existan por una simple reducción al absurdo, pensemos un momento lo que es y no es ciencia ficción. Ardua tarea, ya que recordemos cómo de a cuadros se quedó el Buen Doctor cuando le dijeron que ahora preferían llamarla "ficción especulativa", con lo que al menos en inglés se conservaban las siglas. Mala idea no es, pero entonces El Quijote sería ficción especulativa: "Digamos que un tipo lee demasiadas novelas frikis y se le pira la flapa cosa mala". Pues eso, especulativa. Algunas obras, claramente relacionadas con la ciencia ficción, sin embargo sólo presentan una ambientación futurista, como podría ser el caso de Alien, que podría haber funcionado con casi idéntico guión en un gran navío mercante y con un monstruo desconocido de las profundidades del océano, ya que estamos ante una obra que en lo fundamental es de suspense y terror psicológico. Quitándole la vitola de "ciencia ficción auténtica" tampoco avanzaríamos nada, ni se haría ningún tipo de justicia. Del mismo modo, como bien sabemos, Star Wars es una obra de fantasía convertible como un jersey, y la space opera puede mezclar con salero naves espaciales, princesas y dragones, y si se hace bien no pasa nada.

Baste con acordar que porque salgan naves espaciales, no tiene por qué ser ciencia ficción. Los ejemplos son claros: Apolo XIII es una película sobre la carrera espacial basada en hechos reales, hay algo de ciencia pero poca ficción aunque se ficcionalicen y dramaticen los hechos que realmente ocurrieron, y del mismo modo Gravity, aparte de algunas idas de olla científicas como que la tercera ley de Newton funcione sólo los martes a las tres de la mañana pues tampoco lo convierten en una obra del género, es gente sobreviviendo en situaciones extremas, da igual que sea en una estación espacial actual que en una plataforma petrolífera.

Otra cuestión peliaguada es por ejemplo el asunto de cuál es la base por así decirlo ideológica en la que se fundamenta cada autor. Como diría Mario Bunge, la ciencia parte de una serie de postulados materialistas y naturalistas, que guían toda buena investigación científica que merezca llamarse así. Esto no es tan cierto en un género, constelación de géneros emparentados o como queramos llamarlo, donde cada autor puede partir de un conjunto de ideas o creencias totalmente diferentes y dispares los unos de los otros. De ahí que, a pesar de lo que algunos desinformados crean de que "todo es sólo entretenimiento sin pretensiones" encontraremos que desde el fabiano Wells al libertariano Robert Heinlein o el creyente de la semántica general que fue Van Vogt, todos ellos metieron en sus obras sus ideas o creencias, de modo que muchas de sus obras más conocidas son verdaderas parábolas de aquello que constituía su ideología. Y eso no es malo; de hecho es inevitable. Por eso en muchos casos se ha llegado a decir que, por su carácter abierto y especulativo, la ciencia ficción en realidad trata de realidades humanas que se relacionan con los campos más abstractos de la filosofía y la teología: la escatología humana y su fin último, la antropología filosófica que responde a la pregunta de qué es en su verdadera esencia el ser humano, o la misma naturaleza íntima de la realidad, la metafísica. O se supone que eso hace la buena ciencia ficción, y que además lo hace con una calidad literaria notable, o en el caso del cine con películas bien hechas.

Como ya sabéis, aquí mismo comenté una de esas obras con claro contenido filosófico o ecológico, con sus aciertos mejores o peores, Silent Running, y DarkStar, otra obra que pese a ser fundamentalmente de cachondeo y contener el germen del argumento de Alien trataba cuestiones como aplicar la fenomenología en la discusión con una IA sobre la visión cartesisana de la realidad, lo que conduce a una psicosis solipsista de mucho nabo. Durante la década de los setenta y en la posterior abundaron también todo tipo de películas postapocalípticas y distópicas que reflejaban la inquietud de unos años en los que se acaba la Guerra Fría y los escándalos políticos como el Watergate y el fin de la Guerra de Vietnam que hunden a los Estados Unidos en cierto desánimo. Sobre esas historias futuristas y distópicas se construye la actual recreación de sagas parecidas que se copian las unas a las otras descaradamente y que consisten en novelas juveniles con personajes que se pasean por alargadísimas trilogías que terminan convirtiéndose en películas, sólo que sin un ápice de la mala leche y el ingenio de sus antecesoras.

Pero antes de todas éstas, estuvo 2001, Odisea del espacio. Aunque hubo películas famosas y conocidas que son inequívocamente del género, como Planeta Prohibido, se considera, quizá con algo de injusticia, que es la primera película de ciencia ficción que jugó en la gran liga de las películas importantes y de las de pensar, y que por supuesto intentaba transcender su propio género. Estamos en una época muy distinta también, y en la que quizá en algunas cosas eran mucho menos pacatos, por lo menos mentalmente, ya que ahora igual creemos que lo transgresor es la pornotortura de Saw, pero la droga dura sigue siendo La comilona, que dudo que ahora se exhibiese en ninguna sala. Además, 2001 es una de las primeras películas con efectos especiales verdaderamente apabullantes y creíbles, que a día de hoy todavía se sostienen, y que en la época debieron dejar a la gente poco menos con la boca abierta.

Los artífices principales de 2001 son nada menos que Arthur C Clarke, considerado en su momento como uno de los tres nombres más grandes de la literatura de ciencia ficción, y Kubrick, uno de los más meticulosos y obsesivos cineastas que han existido. Interstellar la han hecho Cristopher Nolan con su hermano, que ahora amenaza con llevar a serie de televisión la Saga de la Fundación. Como se ha dicho en este mismo blog utilizándolo como ejercicio extremo de retórica, es como comparar a Dios con un cochino. Respecto a la película, recordemos que Clarke y Kubrick terminaron discrepando sobre cuál era la idea principal de ésta, de modo que la novela no es una adaptación de la película, sino por así decirlo como a Clarke le hubiese gustado que fuera, ya que como es lógico el criterio que se impuso fue el del cineasta, que era quien dirigía el proyecto. Esto lleva a que haya notables diferencias entre las dos obras, y para empezar en la novela adonde van es a Saturno. Clarke es un escritor bastante cerebral y frío y obviamente su prosa no tiene el impacto brutal de las imágenes de la película, pero es una lectura más que interesante para entender algunos de los aspectos de la película que quedan un poco en el aire, y que a Kubrick no le interesó explorar demasiado. Clarke se "vengó", por llamarlo algo, siendo el que continuó la historia de la película en las siguiente novelas. Yo recuerdo que tenía la primera novela en la edición de la colección Reno, ésa de papel malísimo y con la caja de la página tan pegada al centro que era imposible no terminar cargándose el lomo, además de que a los pocos años el papel terminaba siendo marrón y la cola del lomo se caía a pedazos, con lo que teníamos una típica "encuadernación otoñal". La película la vi por primera vez en un cine de reestreno, y luego la segunda vez que lo hice casi seguro cuando un día de fin de año no se les ocurrió otra cosa que poner un maratón de cine en la tele, y era la segunda o tercera película que ponían, con lo que recuerdo que entre el sueñecito guapo y los tientos que le pegaba a la botella de coñá, fue una experiencia de lo más divertida. Ahora tengo en el disco duro del ordenador desde donde escribo esto una copia de seguridad en mkv de mi dvd, por supuesto.




También, sin duda, recomiendo la desopilante "adaptación" que hizo Jack Kirby de la película. Adaptación por decirle algo, porque al Rey le dio una sobredosis de molonidad e hizo lo que le dio la gana, así que en cierto modo tenemos tres versiones de la historia: la de la novela, la de la película y la del cómic. Triple diversión.

Ya sabemos todos que las comparaciones son odiosas y en muchas ocasiones malintencionadas, pero por eso mismo si quiere uno que no las hagan con tu obra, quizá la mejor estrategia para empezar es no arriesgarte a que las hagan. Y está claro que en algunas cosas la segunda película ha tomado a la primera como plantilla, y además con intención de igualar o incluso superar al original. Cosa que merecería el mayor de los elogios si lo hubiese conseguido, o incluso de haberse quedado cerca. Obviamente no es un plagio, pero todo canta mucho: aparece algo en un planeta que manda señales, se envía una nave con un carrusel, gente criogenizada, inteligencias artificiales, enfrentarse a lo incognoscible, y final. Digamos que sí, se parecen como mínimo. Bueno, desde luego como maniobra económica y de publicidad les ha funcionado. Al poco de estrenarse la película de forma limitada, y cuando como mucho podría haber circulando alguna copia pirata sacada de los cines, ya tenía mejor nota que 2001 en la IMDB, y supongo que no bajará. Como diría Stephen Vizinszey, somos poco conscientes de cómo algunas manifestaciones culturales han ido substituyendo en algunos casos a ciertos sentimientos de adhesión y de fe inquebrantable que hasta ahora parecían patrimonio exclusivo de la religión, y que ya conocíamos de algunos espectáculos deportivos y del fanatismo por un grupo o estilo de música en el que algunas personas basan gran parte de la propia identidad personal. Puntuar una película después de haber visto poco más que el trailer o una sinopsis del argumento, y guiándose sólo por el más que discutible carisma del auteur es tan ridículo como toda esa gente que se hace llamar monstruitos y van detrás de Lady Gaga gritando yaaaaaaaas... Este fenómeno, que ocurre tanto en la Imdb como en sitios de crítica de novelas como Goodreads, donde ya se califican con puntuaciones perfectas a libros que todavía no han sido publicados, es realmente curioso e incluso ya traté de él un poco de pasada.



De todos modos para comprender la relación entre una y otra película nos quedaría mucho hueco que llenar, para empezar temporal. Ha habido intentos anteriores de hacer una película que trate estos temas como 2001, y que especule sobre el contacto con una auténtica especie alienígena. Cuestiones aparte de novelas como La voz de su amo, de Lem, tenemos la película y novela Contacto, la única novela que escribió Sagan. Por supuesto la leí cuando se editó en España, y aunque por aquel entonces no tenía yo un gusto literario demasiado refinado no me pareció gran cosa. En principio iba a ser el guión para una película, al final se convirtió en libro y por fin luego se hizo la película, aunque Sagan para entonces ya estaba muerto. Ni el libro ni la película han sido unos grandes hitos, pero vemos cómo se trata un tema parecido: el contacto con unos seres extraterrestres que poseen conocimientos muy por encima de los nuestros, una especie de viaje a través de dimensiones y unos seres ultrapoderosos que sólo se pueden comunicar con los humanos en los términos de éstos, pues están en un plano superior que no podríamos comprender. La película en última instancia termina aceptando la idea de "magisterios no excluyentes", en la que se reconoce que los campos específicos de la religión y la ciencia no tienen por qué entrar en conflicto ni contradecirse. También colaboró en la película Kip Thorne, amigo de Sagan y también consultor en Interstellar, algo que se ha publicitado a bombo y platillo como luego veremos. Curiosamente sale también Matthew McConaughey cuando hacía poco más que papeles de guaperas. Igual que en Sinopsis de cine se dice que Stallone interpreta siempre a personajes que tratan de mantener un ojo abierto, Matthew McConaughey es ese actor que siempre interpreta a personajes que muestran una épica lucha por hacerse entender mientras no dejan de comer polvorones. También lo quieren mucho en Padre de Familia.



Para comprender que esta película es quizá el eslabón perdido entre las otras dos entendamos que el mismo Sagan dio algunas ideas para 2001 y se da por hecho que fue uno de los que insistió en la idea de que nunca se llegase a ver a los extraterrestres, y que como mucho apareciesen como formas abstractas, que es lo que se ve, una especie de poliedros cambiantes que podrían ser los alienígenas que abducen a Bowman. Recordemos también que Sagan ha quedado como un santo patrón del movimiento escéptico, pero sus posturas estaban bastante alejadas del ateísmo radical de Dawkins, no digamos ya de los fedora-ateos y sus aspavientos tipo skinheads pasados de vueltas. Su interés era fundamentalmente luchar contra las pseudociencias y promover el pensamiento crítico y, aunque se consideraba a sí mismo un agnóstico y crítico con la religión organizada, igual que muchos de sus compañeros científicos postulaba alguna forma de espiritualidad basada en la comprensión del cosmos y el respeto por la vida, así como el interés ético de avanzar como especie y acabar con el sufrimiento humano. Aparte de grandes científicos que fueron profundamente religiosos, a partir de la Ilustración muchos han mantenido alguna postura más o menos ambigua tipo deísta, o han disuelto el problema en alguna forma de visión poética cercana al panteísmo o el emanantismo, y por supuesto hay un porcentaje muy alto de ateos o de irreligiosos, que tampoco son exactamente lo mismo.

Así pues llegamos a la actual película de Nolan. Han pasado más de cuarenta años, los efectos especiales son la recontraleche y lo que queramos, tenemos internet aunque en 2001 se cuidan mucho de poner sólo elementos fácilmente asimilables como futuros, incluso tienen algo parecido a las tablets, pero como ya discutimos en otras ocasiones el progreso de las artes, si lo hubiere, nunca sería lineal, y en ocasiones hay pasos atrás. Interstellar es, o intenta ser, el 2001 de nuestra época, pero recordemos que estamos en la era de películas como Noé, El Hombre de Acero o Lucy que pasan como películas aceptables o incluso buenas, y que estamos en manos de cineastas que con herramientas de precisión no son capaces de igualar lo que se hizo en el pasado. Puede tener uno una tableta de dibujo y millones de colores a su disposición, pero eso no te hace Velázquez; puedes poner programas asistentes para escribir novelas, pero eso no te hará un Balzac, y aunque todos llevemos en el bolsillo un aparato con el que se podrían hacer en principio películas tan buenas como las que hubo en la edad dorada de Hollywwod, eso no nos convierte en George Cukor.

La película es en gran medida caca de lujo, que repitamos es ese tipo de películas vistosas, visualmente indiscutibles en algunos aspectos, y que, repito una y mil veces, eso a esas alturas ya casi no tiene ningún mérito. Después de cien años de cine, de desarrollo tecnológico y de gente que sabe hacer su trabajo por el manual, de un modo u otro tienen que salir bien en ese sentido. Lo que falla es como siempre lo importante: qué quiero contar, por qué y a quién. Si las respuestas son respectivamente "no tengo ni la más mínima puta idea", "para ganar dinero sin importarme una mierda todo lo demás" y "a una panda de idiotas que se tragan cualquier cosa sin cuestionársela", entonces empezamos a comprender no sólo como existen ésta y otras películas, sino además cómo la moderna maquinaria propagandística de crear consensos, en este caso culturales, tiene un poder mastodóntico que empieza a dar miedo. Que una película consiga colar algunas cosas sin que nadie las cuestione, y que consiga hacerlo incluso antes de que se estrene, como poco acojona bastante, o por lo menos a mí.

Como crítica general, la película es profundamente engañosa en su planteamiento, y no me refiero sólo al argumento. Desde el principio quiere crear un doble discurso, muy habitual cuando lo que se quiere es aprovechar la confusión. Igual que en su momento 300, con el jeta de Snyder, quiso jugar la baza de "históricamente correcta", y vuelvo a decir que en la medida de lo posible yo ayudé a desmontar esa burda patraña que insultaba al más lerdo, del mismo modo alquilar a un prestigioso físico teórico para que te ayude a diseñar cómo podría visualizarse (es un decir) un agujero negro suena más a maniobra de promoción y de poner la venda antes que la herida, sobre todo cuando se ve que da resultados y que puede uno leer artículos vergonzosos como éste al que sólo le falta decir "Nolan, fóllame". Probablemente parte de la "ciencia" que veamos en la película es puntera, no lo voy a negar, pero eso será mérito del consultor científico, del departamento de arte o de lo que uno quiera. Las películas son un conjunto, la suma de todas la partes. Las películas caca de lujo pueden ser lujosas en más de un aspecto, eso es innegable. Llegado a este punto diré pues que la exactitud o inexactitud de esa parte científica (del resto hablaremos luego), me importa un higo respecto al resultado final de la película. Si Lucy hubiese sido un espectáculo de acción correcto en vez de un canto a los asesinatos indiscriminados, y los poderes de la chica no creciesen de modo que nada ni nadie del planeta constituyeran una verdadera amenaza para la protagonista desde el minuto diez, podríamos perdonarle la tontá del 10% del cerebro, no pretendemos que nos den una clase magistral de neurociencia, pero lo grave es que la película naufraga como lo que pretende ser, una historia de ficción, y en última instancia es por eso por lo que se la juzga.

El engaño de la película es manifiesto en ese planteamiento desde el momento en el que se presenta con dos conjuntos de ideas o argumentos, claramente incompatibles y contradictorios. Ojo, no estoy diciendo, ni mucho menos, que una película no pueda tocar varios palos, o que no pueda presentar conflictos o contradicciones y tratarlos. Lo que digo es que la forma en la que pretende convencernos de que la historia es buena y está bien contada es totalmente contradictoria en su forma y fondo, y a medida que avanza la película esto se hace manifiesto. Como decía Carnap al hablar de la metafísica, los metafísicos utilizan dos tipos de discursos: cuando ven que van perdiendo en uno, saltan al otro, y cuando allí les rebates, vuelven al primero, aunque los dos sean incompatibles, una parte supuestamente racional y lógica y otra de tipo narración mitológica o poética. Del mismo modo aquí tenemos una parte supuestamente científica y racional, y otra absolutamente misticoide más vieja y gastada que pa qué. Vivimos en el tiempo en el que Paulo Coelho vende decenas de millones de ejemplares de sus pseudomisticismos de cocina aptos para todos los públicos, en que alguien puede leer El Secreto sin echarse a reír y en que una de las peores y más estúpidas novelas jamás escritas o publicadas ve cómo se le hacen ediciones lujosas e ilustradas sin que además nadie se moleste en arreglar las burradas de traducción ni nadie proteste por ello, así que ya cualquier cosa es posible.

Si 2001 es quizá para algunos una obra pretenciosa e incluso pedante fruto de una época, y eso es innegable pues se ven los intereses de ese tiempo, la influencia de la psicodelia y el misticismo oriental penetrando en occidente, al menos está detrás un verdadero científico como Clarke y un cineasta mítico como Kubrick. Que muchos afirmen ahora que Interstellar sea la que vaya a destronar a la anterior sólo se puede entender en este contexto cultural en el que cualquier cosa puede pasar por genial si tiene un apoyo publicitario suficiente, y en donde, repito, alguien puede leer a Coelho y no sufrir un aneurisma sino pensar que ahí debe haber alguna profunda sabiduría que nos ofrecen amablemente para nuestro crecimientos espiritual. Como diría Finkielkraut en La derrota del pensamiento, el sujeto posmoderno lo centra ya todo en la sentimentalidad y en las sensaciones inmediatas y hedonistas, no hay que razonar por qué algo es mejor que otra cosa sino simplemente declararlo, simplemente hay que sentirlo así sin cuestionar, en este caso, qué nos están contando y cómo. Es como la letra de My generation de The Who: no tengo que explicar nada, hablo para mi generación y ellos ya me entienden, chispún. Se acepta acríticamente, incluso desde antes de que se estrena la película, que va a ser colosal y trascendente, nos acostumbramos a pensar que lo cuestionamos todo pero ya no hay capacidad para analizar lo fundamental, los mecanismos de mercado que nos presentan productos para el consumo, en este caso cultural, que tenemos que aceptar por sí mismos en su intención de halagar nuestro ego, sin preguntarnos más allá, y con nuestro propio conocimiento, si eso tiene verdadero valor o es una filfa, si el hype que se consigue crear tiene una capacidad de atracción que ríase uno de la que genera un agujero negro. El posmodernismo llevado a sus últimas consecuencias es como el nihilismo extremo: como todas las opiniones son iguales y valen lo mismo, al final siempre tiene razón quien puede ejercer una violencia mayor e imponer la suya. En este caso, la publicidad, el aparato propagandístico y la formación de consensos a los que el sujeto posmoderno se pliega perfectamente porque todo es líquido y flexible, aunque a su vez él se cree profundamente crítico, contracultural o rompedor, y acepta esa jerarquía de hierro sin cuestionarla siquiera, declarándose al mismo tiempo profundamente anarquista y librepensador. Una vez aceptada la derrota del pensamiento, el que más chifle, capador. La posmodernidad es tan maravillosa porque es perfecta para ahorrar tiempo, y estamos en la era de la eficacia: debates de siglos en los que para participar hay que tener unas categorías y conceptos sólidamente formados en años de estudio se terminan zanjando con una sola frase, "Para gustos colores", u otra semejante. Deja de existir el conflicto porque éste tiene que expresarse por la palabra y las posturas deben defenderse por la razón, pero una vez aceptada la derrota del pensamiento los problemas desaparecen desde el momento que existe la libertad absoluta de ponerse la última camiseta de moda comprada a precio de caviar.


Do you want some exposition?

Pasando ya a la película, como se suele decir empezamos bien, con una exposición narrativa en toda regla: unos yayos empiezan a contarnos su pasado, que es el presente de lo que vamos a ver en la peli. Eso está muy bien, porque la película ya, como si no lo esperásemos ni lo tuviésemos claro viviendo en la era cinematográfica que nos ha tocado, nos libra de toda emoción y problema. Ya lo intuíamos, que todo iba a salir bien y la humanidad tendría una forma de salvarse, pero desde el minuto uno se nos libra de toda zozobra, y además en el tono en el que hablan precisamente es ése, el de unos abueletes contando los malos tiempos de su infancia, que ya pasaron. En ese aspecto la película no se esconde desde el minuto inicial: parece una cosa, juega a serlo durante todo el metraje, pero desde el principio evita todo conflicto, problema o duda reales. Podemos relajarnos en las casi tres horas siguientes porque todo va a acabar bien. Cuidadito, no vayamos a estresar a los espectadores: con que crean que la película es profunda llega, luego ya veremos lo que les contamos. Pues eso, como si nos pudiesen quedar dudas, nos lo dejan claro desde el principio. Por si fuera poco de los yayos que hablan se entiende que una es la hija del protagonista, así que todavía con más razón.

Nos enteramos también que ese prota fue un antiguo astronauta, y que ahora casi todo el mundo es granjero, que el mundo se ha ido al guano por varias causas medioambientales y que ha habido por lo menos un elevadísimo número de muertes por hambre, aunque parece que no se ha desatado un guerra global totalmente destructicva por los recursos. Yo hasta ahí me lo creo aparte de lo forzado de la situación. Sin embargo, y aquí empiezan los sinsentidos, encontramos ya incoherencias notables de ambientación. Estamos en un futuro más o menos cercano, pero no sólo todo el mundo sigue vistiendo como ahora y todo es más o menos lo mismo, sino que utilizan portátiles que son del año de la tana y con los que se controlan drones militares extranjeros por las buenas. Se nos dice que no existe ni siquiera la televisión, pero todo el mundo parece que sigue yendo en los mismos coches de ahora y que van a gasolina. Un mundo sin recursos en los que sigue habiendo gasolina, eso está bien. Podría ser biodiésel, pero en un mundo con carestía de alimentos lo dudo. Podemos poner de nuestra parte y pensar que han reciclado lo que han podido, pero todo lo que no sea un futuro de dentro de cinco o diez años qué menos que parezca un poco futuro, algún detallito que nos ponga en situación. En el caso de su antecesora 2001 ya era curioso que el maquillaje de las mujeres y el corte de los trajes de los hombres coincidiese con el de finales de los años 60, pero como he dicho antes la tecnología futurista, en su austeridad y pureza de líneas, sigue siendo bastante aceptable a día de hoy, con interfaces sencillas y sin ningún adorno que se utilizan ahora en los ejércitos y en programas espaciales. Sin embargo en la continuación, 2010, rodada quince años después, de repente todo el mundo vestía como en 1984, y el protagonista trabaja en un ordenador portátil que hoy día se nos antoja ridículo, aunque al menos no tenemos que verle la pantalla monocroma, y cuando entrena corriendo por la carretera con su hijo vemos que los adelanta un silencioso coche eléctrico vagamente futurista que nos puede recordar a un moderno Tesla.

Se ha dicho por alguna gente de esta película, Interstellar, que tiene "grandes agujeros de guión". Ése no es el verdadero problema, aunque también los tenga. Es que el guión parece hecho por un alumno de Guión Cinematográfico 101 al que se le han pegado todos los trucos más cutres y salchicheros de la profesión, y que nos quieren presentar como algo original y nuevo cuando estamos no sólo hartos de verlos, sino que se pillan a la legua. Repito: no niego lo lujoso del diseño de producción, cierta verosimilitud científica o de lo vistoso de la película, pero eso sólo envuelve lo que Juan Manuel de Prada ha definido con bastante mala uva como una impresionante empanada mental de berberechos. Para empezar, el recurso de los abuelos contando el pasado, y después nada más empezar la hija del astronauta habla de que tiene un fantasma o poltergeist en su habitación, y por si fuéramos tontos ya se nos dice o insinúa que parece como si "quisiera decirnos algo". Recordemos que en inglés es ghost, que es espíritu, como el Holy Ghost, traducido en alguna ocasión como Fantasma Sagrado. Como no tengo cinco años, ni es la primera película que he visto, y aunque uno sólo sepa del argumento lo que le ha contado el trailer, me dije: "Eso es que es ella misma o el padre que desde el futuro se mandan un mensaje a sí mismos". Es que cae de cajón, es imposible no verlo.

Descifrado el mensaje del "fantasma", que se expresa en binario, sacan unas coordenadas a las que se dirigen a ver lo que hay ahí. Por supuesto el padre no quiere que vaya su hija, pero ella se esconde bajo una manta en el asiento de copiloto, y como el protagonista viene a ser lo que es ciego, no se da ni cuenta. Utilizar uno o dos clichés de este estilo por película, vale, pero es que, en serio: ¿quién no sabe que la niña se ha escondido? ¿Cómo no se da cuenta el padre, con lo que abulta una niña de esa edad? Que no es un hamster, oiga. En vez de dejarla en el camino, que no se habrán alejado ni un kilómetro, o dar la vuelta y llevarla otra vez a casa, 'enga, que se apunte a la excursión. Hace un momento no, ahora por demostrar tanto desparpajo y ser desobediente, sí. En las películas buenas los personajes pueden tomar una decisión u otra, cambiar de idea o lo que sea, según sople el viento. Por supuesto, llegan a una instalación supermegasecreta, que es el NORAD, lo hemos visto cienes y cienes de veces en otras películas y series. La seguridad en vez de decirles: "Largo de aquí, a tomar por culo", los meten dentro. Ya es suerte. A continuación tenemos una escena totalmente superflua en la que se nos presenta al robot, y digo superflua porque es pa na ya que al momento llega Anne Hathaway y por lo visto ya no es importante interrogar a ese señor que ha aparecido por ahí de repente, y pasa a hablar con otros señores que le preguntan cómo ha descubierto el secreto mejor guardado del mundo, básicamente el que ellos le han descubierto abriéndole la puta puerta. ¿Qué pasa, que cada vez que un tipo despistado llega allí por casualidad de noche le contáis todo?

A continuación tenemos un buen rato más de exposición, sabemos que ha llegado a lo que queda de la NASA en ese mundo futuro en el que todos tienen que vivir más o menos como los amish y Michael Caine le dice que esa misteriosa plaga que está destruyendo la producción de alimentos del mundo acabará con el maiz, lo único que queda, y además terminará haciendo la atmósfera irrespirable, de modo que la generación de su hija será la última que sobreviva. La que ya sabemos que ha sobrevivido porque la hemos visto hablar, así que no nos preocupamos demasiado. A continuación hay un momento glorioso en el que el mismo Michael Caine le dice que no le puede contar nada más a no ser que acceda a ser el piloto de la expedición. Si a alguien le parece normal, me parece muy bien, me alegro por él, pero no deja de ser la típica escena chanante y estúpida que vemos en tantas novelas y películas mal escritas y pensadas: llega un tipo de la nada al que no esperan, les cuenta que mágicamente ha llegado allí por una señal que viene de no sé dónde, y le ofrecen comandar la misión crucial para la supervivencia de la humanidad. Es decir: se supone que en la NASA ya han debido pensárselo y tener en cuenta de todo su anterior personal con quiénes van a contar, pero de repente hala, es una señal, un designio divino o algo así, y venga, premio, te ha tocado, chaval. Ya, ya sé que estas cosas, estas decisiones de repente o de última hora sin considerar ninguna jerarquía ni nada son comunes, como por ejemplo en las nuevas de Star Trek donde la Federación parece una casa de putas donde también cualquier decisión es cosa de dos minutos y firma la autorización el portero, pero que sea común no quiere decir que no esté hecho como el culo. Eso sin contar con efectismos baratos como que de repente se abra una de las paredes y al otro lado estén las toberas de un cohete, y que en general las instalaciones se nos escamotee cómo son, no vaya a ser que haya que mostrar algo o arriesgar algún plano un poco fuera de lo habitual. De hecho, como si fuese una escena de una novela de Dan Brown, el mismo prota le recuerda a Michael Caine que, pese a que le acaba de decir éste de que fue su mejor piloto, en realidad nunca salió de la estratosfera. Si era el mejor, ¿por qué no lo habéis reclutado ya? ¿Cómo sabéis que es el mejor piloto, si como él mismo reconoce nunca pudo demostrar nada realmente en su carrera profesional? El diálogo sigue siendo de besugos hasta que por fin se llega al meollo de la cuestión: "Algo o alguien te ha elegido". Como sabemos que al final todo va a salir bien, y que de un modo u otro la humanidad se salvará viviendo en otra galaxia, hay distorsiones temporales y todas esas cosas, hasta el más lerdo se dice: "A que va a ser que esa gente tan simpática que nos está ayudando es la misma raza humana desde el futuro; es decir: los descendientes de esa diáspora humana de cuyo principio trata la película". Como la peli no toca ya bastantes palos y se mete en pocos fregados, metemos una paradoja temporal causal, por si nos quedamos cortos, y que así el espectador hodierno no tenga ya dudas de que está ante una obra maestra.

¿Quién nos está ayudando? Nueva tanda de exposición. Hace cincuenta años apareció una anomalía en Saturno, con un agujero de gusano que da a otra galaxia. "Justo cuando lo necesitábamos". Al otro lado hay doce planetas candidatos para ser el próximo hogar de la humanidad, y ya se ha mandado a doce valientes a explorar. No quiero insistir demasiado en el tema, pero como vemos son cincuenta años, debemos estar casi a finales del siglo XXI, y existe tecnología para ir a Saturno. Igual que en Oblivion se tiraban el moco y de repente como en 2017 o por ahí la Tierra tiene capacidad para ir a Saturno, os hago un pequeño recordatorio: a día de hoy todavía es discutible si seríamos capaces de enviar una misión tripulada de ida y vuelta a la Marte, que por decirlo suavemente está en "a tomar por saco", 1,52 UA del sol, mientras que Júpiter está a 5,20 UA, lo que se dice en "allá a tomar por culo", y Saturno a las acojonantes 9,55 UA, lo que viene a ser "en casadiós". El desfase tecnológico entre la época actual, donde nos acojona ir a 0,52 UA, y el de esta película en el que tranquilamente recorren 8,55 sencillamente no se refleja de ninguna de las maneras. En 2001 sí te crees que unos tipos que montan estaciones espaciales con un hotel Hilton y bases en la luna y tienen ordenadores HAL 9000 puedan llegar a Júpiter. Pues éstos, con naves y diseños no muy distintos de los actuales, a Saturno que se van, a 1.427 10^6 km del sol. Marte está a 0,52 UA de la Tierra y Saturno a 8,55 UA, un viaje 16 veces más largo. Mucho asesor científico pero luego esas cosas no se piensan. Sobre todo porque importa un higo para la película, la anomalía podría estar por ejemplo "al doble de distancia que la luna", y daría exactamente lo mismo, así que mira, va, venga, me lo voy a creer y llegáis a Saturno. Tampoco quiero incidir mucho, pero si la Tierra está falta de recursos, es que está falta de recursos, y eso significa que unos proyectos de semejante categoría, y los que están en camino, consumen una cantidad ingente de esos recursos: energéticos, humanos, materiales y de todo tipo. De esta cuadratura del círculo, también se pasa de puntillas: el mundo ha quedado diezmado, la gente poco menos tiene que sacar los ordenadores del abuelo para hacer algo, pero por otro lado se construyen proyectos megasecretos tipo Estrella de la Muerte. Eso sin contar que la película se mete en dilemas éticos que simplemente apunta y que tampoco resuelve: por un lado el gobierno modifica los libros de texto en plan Ministerio de la Verdad para que la gente no crea en la carrera espacial, y por otro mantiene una carrera espacial secreta que debe consumir gran parte de los impuestos que paga la gente, que vemos que se citan específicamente, así que debe haber todavía alguna forma de gobierno. Un poco esquizofrénico, por decir algo suave. La NASA aparece así como una especie de gobierno en la sombra de tecnócratas y científicos al que los poderes públicos, en secreto y prescindiendo del pueblo aunque pensando en su bien, han confiado ciegamente la última esperanza de la humanidad, la típica fantasía cienciaficcionera de un despotismo ilustrado tecnológico o tecnocracia a lo Jacque Fresco, y del que también habló Wells como solución a las guerras. Del mismo modo que sabemos por la Ley de Sturgeon que el 90% de la ciencia ficción es basura, probablemente un porcentaje incluso superior de ese género es en buena medida pornografía existencial para geeklipollas.

Pero eso no es lo mejor, no. Mientras pasean por esa instalación supersecreta de la que no nos dejan ver demasiado, el físico teórico y suponemos que jefe de todo eso, Michael Caine, le explica el Plan A y el Plan B. El A es crear una peaso de nave en la que quepa un montón de peña y escapar del planeta, y el B ir con una pequeña nave como las que ya han mandado a uno de esos planetas y utilizar otro viejo conocido de la ciencia ficción: las naves semilla en las que en úteros artificiales se hace crecer embriones congelados, y que ya vimos también en obras conocidas como Cánticos de la lejana Tierra, nuevamente de Clarke, que trata precisamente de una diáspora humana realizada por ese medio. Pero lo del Plan A sí que es bueno: construirán una nave gigantesca del copón que no saben cómo van a hacer despegar, porque claro, la gravedad es muy puta para esas cosas. Pero no hay problema, porque Michael Caine tiene Un Plan para que salga bien el Plan A: basándose en las observaciones de la anomalía, va a crear una base teórica o nueva concepción de la ciencia física que permita que la nave pueda despegar, y que "está trabajando en ello". Os dejo unos segundos para que lo reflexionéis.

Así que esta película es muy respetuosa con la ciencia, el agujero negro, vamos a pasear el nombre de un científico famoso que se deja querer y además le soltamos una pasta. Sólo hay un problema: que me meo. Me desorino de la risa al pensar que alguien después de esta escena (y algunas anteriores ya tienen tela) pueda tomarse en serio la película y no empiece a verla, como es cada vez más habitual, como una comedia involuntaria. A ver, vamos a explicarlo: esta película entiende tan bien lo que es la ciencia que me está diciendo que primero, repito: primero, van a construir una nave la hoxtia en verso de grande, y luego, si luego ya tal, sabremos cómo moverla, si eso, si en las próximas décadas en las que vamos a gastar los pocos recursos del planeta se le ocurre a Michael Caine cómo hacerlo. Ajá. Efectivamente: así es como funciona la ciencia y la ciencia aplicada. Justo así. En Danbrownlandia. La confusión mental que hay que tener para proponer algo de ese calibre sólo es comparable con el de que vea aquello y se pueda creer no sólo que eso funciona de ese modo, sino que además, como luego veremos mientras avanza la película, eso es lo que sucede: básicamente es un señor que es un cliché de físico teórico que trabaja solo durante décadas, con ocasionales ayudantes como la propia hija del prota, escribiendo en la proverbial pizarra ecuaciones tras ecuaciones. Mientras, en esas décadas, se sigue construyendo una nave que nadie sabe si alguna vez podrá despegar porque están esperando por una especie de motor gravitatorio o cacharro anulador de la gravedad que levante eso, y que depende de que un señor, básicamente, resuelva la Teoría del Campo Unificado. Aun así, pensadlo: aunque funcionara así, el tipo resuelve el problema teórico y puramente de investigación científica, y la aplicación práctica, ¿surge de inmediato? ¿Y ya tienen la nave hecha y va a funcionar con lo que inventen luego? ¿Van a esperar a hacerla a que el señor se aclare? Anda no me jodas. Pero como si eso fuese lo más grave. Luego es peor, se pone más interesante.

A partir de aquí empieza la parte digámoslo así de relaciones humanas, que es la que soporta en definitiva toda la película. En un principio no es un desastre, pero ya apunta maneras. Entendamos para ello nuestra circunstancia cultural: somos una generación que no ha vivido una guerra, no hemos sufrido verdaderas carestías, ni hemos visto cómo grandes contingentes de población han tenido que emigran en masa dejando atrás casa y familia sin saber si algún día iban a volver. Sí, la cosa está mal, y hay gente que se va, pero hoy día emigrar a otra capital europea o a Estados Unidos es menos traumático y alienante que hace sólo cincuenta o sesenta años irse de Murcia a Madrid. Los Nolan, por supuesto, ni saben ni quieren meterse en la piel de una sociedad que apenas han abocetado y que es un mundo que básicamente ya se ha ido a la mierda, y que primero el padre, y luego su hija cuando se una a la NASA, saben que se va a ir definitivamente a la mierda. Para vivir en un mundo que ha pasado por tantas penalidades y que está a punto de ver cómo se destruye la raza humana la verdad es que ahí todo el mundo tiene la piel un poco fina. Mientras la hija es una niña, de acuerdo, se puede entender que coja un berriche porque se va su padre, pero éste toma la decisión correcta: aunque puede que perezca, si se cumple la misión de un modo u otro habrá hecho por sus hijos y por sus posibles descendientes, o por la humanidad en abstracto, más que si se queda en casa a ver cómo ni siquiera termina creciendo el maíz. Y si el Plan A no puede funcionar, bueno, todo se habrá ido al carajo para todos. Además, tampoco es que los deje en el arroyo: están con su abuelo y con la promesa de que la gente de la NASA cuidará de ellos.

Inmediatamente se pasa a la misión, que vemos que está compuesta por prota masculino y femenino, y dos minorías raciales: un negro y un tío con barba. Se ponen a dormir y van a Saturno, adonde tardarán en llegar dos años (y un jamón, pero vale, cuela), y ya de paso empiezan a filosofar un poco así en plan barato, cosa que se repetirá durante toda la película. Pasados esos dos años la niña sigue sin querer saber nada de su padre, y uno empieza a pensar que igual le hacen falta un par de bofetás bien dadas para quitarle la tontería. Nuevamente, momento de exposición chanante en el que el negro le explica al prota con una hoja de papel lo que es un bujero de gusano, escena que se nota de relleno porque mira si no habrán tenido tiempo antes de explicárselo al buen piloto, sino que además el tipo es ingeniero y tiene su cultura científica, suponemos, y por si fuera poco cuando le dijeron lo de la anomalía en Saturno fue él mismo quien dedujo que eso que le enseñaban en pantalla era un agujero de gusano. Se le ha debido olvidar, piensa uno. Después de cruzar y ya en el otro lado deciden ir a un planeta tan cerca de un agujero negro que se producen efectos relativistas y cada hora que pasen allí serán siete años en la Tierra. Básicamente se utiliza como excusa para que haya un desfase temporal y además veamos un planeta acuático, y que muera ya uno de la tripulación, en este caso el barbas, que tampoco nos hacía mucha falta, y que muere porque sí y porque Anne Hathaway es un poco tonta. Como el que muere no es prota, muere así a lo tonto y además hay un plano de recochineo con el barbas flotando como una merluza muerta. Poco antes tenemos la típica escena de "no pero sí". El prota pregunta al robot cuánto tardarán en drenar los motores del agua que se les ha metido con la ola gigante y le responde que de 45 a 60 minutos, una tragedia de pérdida temporal. Discuten los protas un ratito, yo no me di cuenta de que hubiese ninguna elipsis, y justo cuando viene otra ola gigante ya sólo queda uno o dos minutos, y despegan a las bravas. Ahí me perdí un poco. Ahora un poco más en serio: ¿a quién se le ocurre ir a semejante planeta? El mundo se va a la mierda contra reloj, y lo único que se les ocurre es ir a un planeta donde, visto está, a lo tonto y por un descuido, pierdes un par de décadas, se les estropea la nave y tardan unas horas en arreglarla y en el mundo no quedan más que cadáveres. Entre asar la manteca y eso no sé yo lo que elijo, la verdad. Eso sin contar con que si ese planeta fuese el elegido, sería una risa, la nueva humanidad tendría que estar sufriendo en cada viaje que hiciese al espacio unos efectos relativistas del copón, y sólo con que unas naves colonizadoras llegasen unos días después que otras sería el despiporre. ¿Pero a quién se le ocurre ir ahí, hombre? Ya, es el mecanismo principal de la película para que pase lo que tenga que pasar, pero es que no hay por dónde agarrarlo. Reflexión: el mundo se va a la mierda a ritmo creciente, así que... vamos a un sitio donde vamos a perder el tiempo como idiotas. Ole.

En definitiva: que cuando se reúnen con el negro en la nave, para éste y en la Tierra han pasado más de veintitrés años. El negro tiene pinta de haberse resignado, y se le ve bastante cómodo en bata con la idea de pasar lo que le quede de vida viendo Friends. Así se entera el prota de lo que ha pasado con su hijo el mayor, y con su hija, que ahora ya no hay excusa, tiene la misma edad que su padre, trabaja en la NASA sabiendo todo el pitote que hay armado, y sigue resentida con él por haberse ido. No, por ahí ya no paso, a cagar a la vía. ¿Esto qué es? ¿Un canto a la inmadurez personal y emocional? ¿Tu padre es un héroe que pone en peligro su vida y que por el bien común y sin ningún egoísmo renuncia a estar con su familia, que a él también le jode, y tú sigues lloriqueando más de veinte años después porque has tenido en general una vida bastante mejor que la mayor parte de la población de un planeta que agoniza y que ese mismo padre tuyo está intentando salvar como mejor puede? Mira, no. Vemos así que ella se ha convertido también en física teórica, y que es la mano derecha de Michael Caine, muy envejecido y que sigue erre que erre buscando esa solución que nada, que no llega.

Es entonces cuando ya la película se despeña completamente, con el discursito de la prota, que defiende que del resto de planetas que deberían visitar, hay que ir al del tipo del que casualmente ella estaba o estuvo enamorada, que el amor es una fuerza poderosa que no alcanzamos a comprender y que quizá es la que explica a todas las demás. Algo muy bonito cuando lo lees en alguna cosmogonía hindú que te explica muy poéticamente que al principio sólo existía amor y calor, y que de ahí surgió el universo, pero que aquí da una considerable vergüenza ajena. El amor, nos dice, es capaz de transcender el espacio y el tiempo. Como los otros dos son unos machirulos que no se conmueven ante el llanto de la mujé, se van al otro planeta posible. Aquí es cuando hay que hacer un inciso sobre cómo en este tipo de obras y películas, como siempre, a poco que rasque uno empieza a salir el pelo de la dehesa de más de uno, y aunque vayan de una cosa luego a poco que los dejes sueltos muestran lo que llevan dentro. Efectivamente: los dos personajes que muestran comportamientos irracionales, misticoides y caprichosos son de momento los dos personajes femeninos que llevan el mayor peso narrativo.

También ha habido el que ha dicho que bueno, aparte de estos momentos vergonzosos o salidas de tono con concesiones al coelhismo extremo, que no descalifican la película, sólo son un par de detalles. No, ¿eh? Pues para ello, y completando la teoría de la caca de lujo, tendré que enunciar la teoría del ñordo en la sopa. Imaginemos que tenemos una pota de cincuenta litros de nuestra sopa preferida, y que a alguien se le ocurre meterle un ñordo de cánido. Hay que tirar la sopa, ¿no? ¿O por el contrario razonamos que como el ñordo sólo representa una cantidad minúscula del contenido del puchero sólo hay que hacer como que no estuvo ahí y tomarnos la sopa? Podríamos hacer otros cincuenta litros, mezclarlos con los anteriores y así diluir más el porcentaje de ñordo en la sopa, y quién sabe, quizá incluso le dé un toque más que interesante. Pues bien: yo, como todo el mundo, cada vez que voy a un restaurante o casa de comidas, hago el famoso salto de fe, me como lo que me dan y confío en que lo han hecho como es debido, y que no es uno de esos lugares que salen en Pesadilla en la cocina. Por eso es por lo que Gordon Ramsey o Chicote comen antes de ver la cocina, porque en algunos casos si lo hicieran al revés luego no comerían. Y eso es porque una vez visto el ñordo, ya no se puede hacer como que no se ha visto. Y en el caso de esta película no es que esa parida que nos suelta la señora sea un hecho aislado, sino que, como veremos a partir de ese momento, es la esencia y explicación última de todo desde el primer momento. Hay que estar muy ciego para, una vez visto el ñordo, olvidar o negar que se ha visto, y más cuando vemos que el saborcillo que nos va entrando por los ojos en las escenas siguientes se explica por ahí.
Una vez has visto el ñordo, ya no puede salir de tu mente.

La explicación es ésa: más rápido que la velocidad del amor, como decía el libro de Brian Giffin. El amor lo mantiene y cohesiona todo, es el éter que hace que todo esté conectado a través del espíritu más allá del espacio y del tiempo. En ese momento me acordé de esta escena:



Si ya me costaba tomarme la película en serio hasta ese momento, imaginaos a partir de entonces.

A partir de aquí la escenas morrocotonudas se suceden en cadena. Michael Caine va a morir de viejo, y en su lecho de muerte confiesa a la hija del prota lo que ya empezábamos a sospechar y que ella misma empezaba a dudar: en realidad no tiene ni pajolera idea de cómo terminar la teoría de marras porque le faltan los datos esenciales que se obtendrían de la observación directa de la singularidad de un agujero negro, y lleva décadas y décadas mareando la perdiz, así que sabe que el Plan A es imposible, y que el B es el único posible. Es decir: ha estado engañando a todo el mundo unos cuarenta años, y nadie, absolutamente nadie, se ha dado cuenta. Porque claro, así es como funciona la ciencia, no te jode. Después de cien años los físicos teóricos trabajan así, por separado y con una pizarra, y nadie les pide cuentas, ni nadie cuestiona nada. Yupi. A la chica, cuando le dice que, básicamente, el mundo se va a extinguir en unos pocos años y que toda su carrera profesional ha sido hacer el julai, sólo piensa que su padre la dejó allí sabiéndolo, es en lo único que se le ocurre pensar a la muy egoísta. Es una escena que me gustó mucho, como el malentendido entre Edward y Bella en Luna nueva. Tía, tú eres una loca del coño, aunque hay que reconocer que el mérito es de los guionistas, que quieren sacar psicodrama de donde sea y a cualquier precio. Esto ya no es complejo de Electra, o como dicen ahora los horteras, daddy issues, sino que eres eso, una loca del coño que en caliente no sólo se va derechita a un videofono para decirle a la prota que su padre ha muerto, sino que a continuación, y aunque se ha negado a mandarle más mensajes a su padre, ahora sí lo hace para llamarlo de todo por haberla dejado sola sabiendo que no había esperanza para el planeta, cosa que ni siquiera le ha confirmado el viejo, lo ha deducido ella porque tiene ya el alma podrida de tanta mala leche. Y aunque así hubiese sido, ¿qué? Como si lo que ha elegido su padre fuese una maravilla: ir en una misión poco menos que suicida, e incluso es posible que esté ya muerto. Está tomando daiquiris con los marcianos, no te jode... Y si le sale bien, pues recrearán a la humanidad en un planeta extraño con esos óvulos fertilizados, pero no, tus problemas son más importantes, guapa.

La siguiente escena también es de mucha risa, no sólo porque salga Matt Damon. Llegan al planeta helado donde está uno de los doce expedicionarios originales. Y, a poco listo que sea uno, sabe ya lo que va a pasar. ¿Por qué? Porque este guión se ha escrito con el culo, aunque pueda parecer lo contrario. Veréis: desde la primera vez que se cita al doctor Mann, y luego en las sucesivas, se nos resalta siempre, sin falta, lo valeroso, lo íntegro, lo magnífico que es, el mejor de todos, el que inspiró a los demás, un ejemplo en esos malos tiempos. Es decir: sabemos que de un modo u otro se la va a jugar a los que han ido a rescatarlo. Es de manual: recalcas continuamente lo noble y elevado que es alguien, y entonces resulta que... ¡es malo! Qué sorpresa, qué giro de guión que no se esperaba nadie... ¿me estáis tomando el pelo o qué? Es que se ve venir, coño. Si sólo hubiesen dicho eso una vez igual colaba, pero es que lo han hecho todas las veces, lo ponen por las nubes continuamente. Se ve lo que va a pasar por un lado por eso, por ser un truco tan viejo y malo que es imposible no verlo, y luego por otro problema del mismo cine como medio, la ley de economía de personajes: si a mitad de película aparece un personaje en principio importante y además interpretado por un actor famoso, su rol queda determinado rápidamente en un muy reducido abanico de posibilidades. Ya que no va a ser el héroe, porque para eso ya está el prota, tiene que ejercer un papel antagonista, y además no ha aparecido ninguno todavía. Por si fuera poco, y para añadir más cachondeo, nada más abre la boca, vemos que estamos ante otro ejemplo, más, de Argumento Idiota. El Argumento Idiota ya ha aparecido varias veces en la película, ahí nadie duda de nada ni hace un par de preguntas lógicas, o se toma la peor opción sin que nadie se dé cuenta, pero en cuanto Matt Damon abre la boca y dice un par de cosas sobre el planeta que le tocó en suerte se acuerda uno de una película, Los ríos de color púrpura; ya sabéis, esa película que en el minuto cinco, y teniendo el espectador probablemente incluso menos información que los policías que están allí mismo, todos sabemos que eso es un refugio de una secta nazi, menos los protagonistas de la película, que esperan casi al final para darse cuenta. Pues aquí parecido: Matt Damon empieza a explicar lo chula que va a ser la vida en un sitio que parece la parte adonde mandan a los presos rebeldes en Rura Pente, y los otros lumbreras van y se lo creen. Tú al minuto uno ya sabes que hay gato encerrado, pero ellos están en ese infierno helado y tan campantes.

En este planeta además comprueba uno algo de lo que ya se había dado cuenta. El diseño de los robots intenta ser original y apartarse de una forma humanoide, pero se comprueba que la forma elegida es más bien poco funcional, a pesar de su modulidad. Es por eso por lo que en muchos planos se nos ha escamoteado la forma que tienen de andar y de moverse, y en un terreno tan anfractuoso unas formas tan rígidas se ven bastante inoperantes. A mí no me terminaron de convencer. Se nota sobre todo en la escena en la que el robot entra en la nave a toda prisa, queda tan chapucera que no sabe uno ni cómo se atrevieron a dejarla en el montaje final, como la del "hijo fantasma" de Arwen en El señor de los anillos que hay una transición espantosa cuando el niño pasa de un escenario a otro.

Bueno, lo que esperábamos: Matt Damon se vuelve malo y pretende dejarlos tirados, ocultar su vergüenza, ya que reconoce que es un cobarde que no quería morir allí solo y falseó los datos para que fueran a por él, y quiere al menos continuar la misión por su cuenta para redimirse. Aquí vemos lo típico de estas películas, en las que la elección de personal en misiones críticas la hacen sacando nombres de un sombrero, porque de momento ya tenemos a una tía con delirios extraños y encoñada, a un tipo que han elegido porque es... el elegido, aunque dice que en cuanto acabe su misión se vuelve a casa para estar con sus hijos, que por cierto ya no lo necesitan porque son incluso mayores que él, y un tipo que ha conseguido engañar a todos con una pátina de heroísmo pero que en realidad es un cobardón. Los únicos que parecían medio normales son los de las minorías étnicas, y como vemos el segundo de ellos también muere de forma tonta y poco heroica, cuando le estalla la bomba que el loco ha puesto para que nadie recupere los datos verdaderos. Tenemos otra escena de las de filosofía de baratillo, cuando Matt le pregunta al prota si cuando muera lo último que verá será las caras de sus hijos o qué, éste se resiste a morir cuando lo quiere matar y por fin hay una especie de persecución de naves en dirección al módulo principal donde tienen la mayor parte del equipo. Matt Damon llega antes y como está tan enajenado no sabe ni acoplarse bien, se flipa solo y muere como un perro además de llevarse por delante parte de la nave. A continuación tenemos una escena tipo Flash Gordon en la que el intrépido piloto prota consigue acoplarse a lo que queda de la nave igualando el giro.

Como la nave ya no tiene combustible suficiente deciden ir sólo al último planeta al que ya pueden ir, el del noviete de la prota, y por ello para impulsarse orbitan peligrosamente cerca de Gargantúa, ese agujero negro con un brillante disco de acreción que suponemos que es lo que da luz a esos planetas tan inverosímiles que andan por ahí como quien dice unos al lado de los otros girando alrededor de un bujero negro, porque se llega en poco más que un ratito de uno a otro. Como tampoco nos dicen lo grande que es el bujero, y los hay de todos los tamaños, y no tenemos ni idea de cuál es el radio de Schwarzschild de su horizonte de sucesos, pues lo único que podemos decir es: "Vale, pa ti la perra gorda". Eso implica, por supuesto, más efectos relativistas, de modo que hay una considerable distorsión temporal y digamos que en el mundo exterior, la Tierra y demás, el tiempo pasa más deprisa. A reseñar que esta gente es la mar de lista y aunque le tienen que explicar en un hoja de papel y un bolígrafo lo que es un agujero de gusano luego calcula de memoria que "Esta maniobra nos costará 51 años". Eso no lo hacía ni von Neumann, que tenía fama de hacer complicados cálculos de caletre. Spock sí puede, pero es caso aparte. Que sí, que está bien, pero aquí nuevamente se fija uno en la maquinaria propagandística de este tipo de productos y cómo la gente se lo traga todo sin sentir. Llevamos muchas décadas leyendo novelas de ciencia ficción dura en la que se habla con detalle de estos fenómenos cosmológicos, lo de que se ralentiza el tiempo cerca de un agujero negro lo sabíamos de sobra, e incluso aparece en una cutreserie como Andrómeda, en la que dejan una nave cerca de un agujero negro y cuando vuelven ha cambiado por completo la historia porque ha pasado mucho tiempo. Pero nada, lo hacen los Nolan, y parece que han inventado algo, y a las revistas jípstéricas se les hace el culito pichicola, igual que de repente el mundo por lo visto se dio cuenta de que había algo que era menear el culo a partir de que lo hiciera una princesita disney. El resto de las barbaridades científicas, los otros bujeros de argumento y los típicos personajes intensitos e histéricos ya no importan. Esta película es una contribución fundamental a las artes, a la ciencia y a la paz mundial. Y a los bolsillos de algunos ni os cuento. De hecho todo lo que sale en la peli en asuntos científicos, así como otros temas tratados, no sólo los hemos visto ya en otras obras anteriores, así que no son ninguna novedad, sino que además incluso la parte del ñordo también nos la colaron hace tiempo en Hyperion, cuyo mensaje final a toda la saga era "all you need is love".

Como la película ya ha entrado en quinta, pasan más cosas todavía. Por lo visto para que la prota llegue a su destino hay que ir soltando lastre, que es lo que hacen en plan cutre aunque lo justifican llamándolo tercera ley de Newton, que queda más bonito. Primero sueltan una de las secciones con uno de los robots, y a la prota eso durante un momento le parece moralmente reprobable. A buenas horas: se supone que son robots militares y ya hemos visto que se utilizan para exploraciones arriesgadas y que son eso, máquinas aunque hablen. Menos mal que el prota, que para eso es un onvre, le recuerda a la cortita munjé que el robot es sólo una máquina y para eso está, y de hecho al robot le parece estupendo sacrificarse igual que a HAL en 2010 le termina pareciendo bien que lo dejen atrás para salvarse los humanos. Recordad: aunque la nevera pite por dejarla abierta, no significa que tenga alma. De hecho el robot dice que de paso que intenta recabar los famosos datos; esos mismos que se tiró 23 años el negro intentando buscarlos y que tampoco habría podido enviar luego de vuelta porque nos dicen que la comunicación en ese sentido no funciona, y ya me dirás qué vas a retransmitir desde un horizonte de sucesos. Ajá. Las películas buenas hacen eso: establecen una premisa, lo que es perfectamente válido, y cuando les conviene la olvidan o la ignoran. No sólo eso, sino que parece que el robot, no me preguntéis cómo, parece como si supiera que va a pasar algo que no sea que su masa va a quedar espachurrada en el agujero negro. Aparte de que retransmitir otra cosa que no sea un haiku funerario cerca de un agujero negro, que es un infierno de radiación, pues me parece poco menos que temerario. De hecho si uno tiene un poco de idea de ciencia general sabe que ahí fuera prácticamente todo te mata, el universo es un lugar absolutamente inhóspito para la vida humana, y la Tierra es una especie de excepción única hasta donde sabemos, una burbuja con condiciones muy especiales que permiten que nuestro ADN no quede rustido a la mínima. La radiación nos sienta muy malamente y el puto universo está lleno de radiación. Bueno, eso es lo que hace el prota: se deja caer también en el agujero negro para que la Hathaway se salve y pueda llevar a cabo in extremis el Plan B. Ya sabéis: ese padre tan malvado y cruel que se ha ido a otra galaxia a darle una última esperanza al ser humano.

Rebobinemos un poco. En paralelo, por llamarlo algo porque cuando estamos hablando de tiempos dilatados eso es un poco difícil, nos regalan otra escena en la que la hija del prota intenta convencer a su hermano de que abandone la granja, pues como vemos las condiciones se están poniendo de mal en peor. Como el chico dice que no, y como ya hemos visto es en general una mala mujé y una loca del coño, saca la lata de gasolina y le empieza a quemar la plantación. Amor duro y tal. Eso es lo que te enseñan en la NASA en esos días: a engañar a la gente y a las prácticas terroristas del fascio. La escena es muy en plan suspense, porque mientras la mala mujé mira en su antiguo cuarto buscando iluminación se supone que en cualquier momento va a volver el hermano más cabreado que una mona, y debería irse cuanto antes. Mientras (?) el padre ha entrado en el bujero, donde además de estar ya el robot se encuentra en un teseracto que representa todos los momentos de la habitación de su hija. El teseracto se supone que lo han construido esos supuestos seres humanos del futuro que han transcendido las dimensiones, como los seres que vivían en el agujero de gusano de Espacio Profundo Nueve. Que ésa es otra: lo serán... porque lo dice él, podrían ser cualquier otra cosa, pero por lo que vemos, y por lo que ve él, es una inferencia tan buena como que son una inteligencia alienígena, aunque ni en un caso ni en otro terminamos de saber por qué saben lo que tienen que hacer y le presentan precisamente esa habitación en forma de teseracto. Efectivamente: él era el fantasma de la habitación de su hija, nos calzan la paradoja temporal sin sentir y es él quien se da las coordenadas a sí mismo de la localización de la base secreta, y el que luego le manda el mensaje que tanto traumatizó a la niña cuando lo descifró, que es "Quédate". ¿Se lo dice a ella para que lo convenza de no irse entonces? Pero si no se va, no viaja y no llega al teseracto. Vale que ya no ven la tele, ¿pero nadie ha visto Regreso al futuro? Ay. Como puede acceder a cualquier punto del tiempo, termina comunicándose con su hija ya adulta, la que acaba de quemarle el campo de maíz al hermano, mientras alguien desde fuera le grita a ella que se apresure, que se tienen que ir. Qué emoción, qué suspense de escena. En ese momento entiende el prota que lo que le dijo la otra es totalmente cierto, puede comunicarse con su hija más allá del espacio y del tiempo, comprende que lo que le dijo la Anne Hathaway es cierto
, de modo que empieza a mandarle los datos necesarios para completar la teoría de marras, con la ayuda del robot que debe tener unos sensores de los que tampoco sabíamos mucho hasta ese momento. Menos mal que mandaron al robot al final, ¿eh? Por fin la hija se da cuenta de todo, entiende la conexión cósmica del universo y se resuelve su complejo de Electra, y de paso la escena de suspense que se ha construido... para na de na, pues cuando llega el hermano con cara de "tú me has quemado el campo de maíz pero aquí lo que va a arder es Troya" la hermana dice: "He hablado con papi, Nos va a salvar". En ese momento no sabe uno si la escena es una absurdidez completa o incluso tiene lógica, porque claro, el hermano ante eso no sabe lo que decir, se deja abrazar y pone cara de "Ninguna duda: está loca del coño".

Obviamente, con los nuevos datos, la hija completa la teoría del copetín. Mientras, el prota vuelve a incidir en que eso, deben ser personas humanas del futuro que los ayudan, y que por lo visto ya no saben comunicarse con las versiones 1.0 de la humanidad, porque mira que han dado vueltas y complicado las cosas. Utilizando la magia, que ya de paso podrían haber usado también antes, por qué ayudar a medias, digo yo, meten al prota por el gujero de gusano para que vuelva al sistema solar. Como ya nos da igual ocho que ochenta en su viaje de vuelta se encuentra con la nave en la que él mismo se encontraba en el viaje de ida hace ya un montón de años. En la escena del viaje de ida habíamos visto cómo todo se hace líquido y maleable, cual gusto del espectador posmoderno que a todo se pliega, y que la Hathaway se da la mano con una entidad exterior, que obviamente vemos ahora que es el mismo prota en su viaje de vuelta. Todo eso abre las puertas de la percepción a ella y en ese momento a él 

Después de eso, que es muy bonito y emotivo, el tipo aparece en medio del espacio al lado de Saturno. Como han pasado un porrón de años vemos que el Plan A ha funcionado, y que está en un cilindro de O'Neill, como Babylon 5 o la nave misteriosa de Cita con Rama. Yo doy por supuesto que empezaron a construirla ya desde que partió la misión del prota, aun sin tener la base teórica con la que hacerla despegar de la Tierra, más que nada porque si no, ¡¿qué coño ha estado haciendo la NASA todas esas décadas?! ¿Mirar cómo trabajaba Michael Caine en su pizarra? Bueno, lo importante es que en ese tiempo y en el posterior han construido ese bicho grandérrimo y la humanidad se ha salva... espera para quieto. ¿Se ha salvado la humanidad? No, hijo, no. Se ha salvado Estados Unidos, así que sí, qué tontería la mía, la humanidad que cuenta y es importante. Tanto es así que nada más despertar el prota al mirar la ventana lo primero que ve es una cancha de basebol, lo que simboliza la supervivencia de la especie y de la cultura. Aquí tampoco voy a ser muy malo, así que presupongo que la NASA ha comunicado los avances tecnológicos al resto de la humanidad, los que queden, y que cada uno arree como pueda y construya esos pedazos de naves en un mundo agonizante y sin recursos si les da tiempo, y de hecho hay referencias a que hay otras estaciones. Pero bueno, de momento esa estación tiene muy buena pinta, y creo recordar que no se ve más que a blancos, y no hay asiáticos ni otras minorías raciales, como negros o tipos con barba. Por supuesto, aunque no llega a los extremos de una película de Michael Bay, han aparecido las barras y estrellas no una sino varias veces, de modo que se da por hecho que todo lo que hemos visto son programas y proyectos estadounidenses, así que en cierto modo estarían en todo su derecho, y al fin y al cabo si se ha hecho con los impuestos de los americanos, al resto que los/nos follen. Es de justicia: después de tantas películas en las que los useños han salvado ellos solos a la humanidad sin pedir nada a cambio, es justo que ahora sean los únicos que se salven.

La escena de la reunión familiar también es muy buena. Entiendo que esté emocionado por ver a su hija, que ya es una venerable anciana y sabemos que es una de las líderes de esa emigración humana, pero el prota no siente la más mínima curiosidad por el resto de la gente que está en esa habitación y que poco menos que deberían mirarlo a él como a un dios. Ni un puñetero plano en el que él mira a sus bisnietos y otros familiares, qué menos que un poco de curiosidad. Pues nada, sólo importa el momento lacrimoso entre él y la hija en la que comparten íntimamente su comprensión de que hay algo más allá, algo trascendente

En este tipo de historias, ya sea novelas o películas, la gente siempre se comunica por medio de procedimientos telepáticos, por miradas cargadas de trascendencia que en el caso de un libro siempre se marca con un "entonces supo que", o "en ese momento fue consciente de" eso, algo importante, trascendente, inmediato, sublime. En este caso, sin saber muy bien cómo ni por qué, y aunque en toda la película no ha habido ningún momento que lo indique, parece que el prota y la prota están destinados a estar juntos, echamos el resto y con el último cartucho embutimos una especie de amor o relación predestinada de la que la hija, ahora que ya ha comprendido las verdades últimas del universo, también es totalmente consciente

Pero no sólo eso, sino que como si estuviese en pleno trance de especia vemos que la buena señora sigue hablando y cuenta exactamente lo que vemos en pantalla como si lo estuviese viendo ella también, en un momento de presciencia, 

Así que sólo es un pecadillo de la película, pero todo lo demás está bien. Pues no, mira: del mismo modo que todo orbita alrededor de ese gujero negro en esta película, todo el argumento desde el minuto uno gira alrededor de ese ñordo, que es lo que da explicación de todo lo que ha pasado. Pero nada, podemos repetirnos que la cuchara no existe, y que el ñordo no está ahí delante de nuestras narices flotando, ahí allá cada uno consigo mismo y nunca mejor dicho: a mí películas. Una de las formas más idiotas de defender una película indefendible es con la falacia de la parte por el todo. Las películas son un todo, y que algo sí esté bien hecho no quiere decir que el ñordo deje de estar presente. Es como esa gente que te dice que le da igual que una peli sea mala porque sale tal actor o actriz, o porque en un momento se oye el fragmento de una canción que le gusta mucho. Pues te quedas en casa viendo una foto o oyendo un disco, por ejemplo. Si me preguntáis si el plano en el que el prota y Matt Damon hablan está perfectamente encuadrado, por supuesto que sí, faltaría más; lo malo son las tonterías que dicen. Yo por supuesto que veré una posible segunda parte de Los tres mosqueteros (2011) por el simple hecho de que salga la Jovovich, pero no espero ver otra cosa que una comedia involuntaria. Como ese momento en el que el protagonista dice que que vaya, le han puesto su apellido a la estación espacial y el médico y la enfermera se ríen y lo miran con cara de "Si total sólo fuiste a una misión suicida, te te dejate absorber por un agujero negro y conseguiste los datos esenciales para que esta estación existiese, ¿qué méritos son ésos para ponerle tu nombre?"

A todo esto, un detalle ya para ir acabando, y es que como sabemos, el prota y su hija son los Cooper, así que la Teoría el Campo Unificado se va a llamar Teoría Brand-Cooper, aunque no sé yo si al personaje de Michael Caine le van a conservar el nombre por aquello de haber estado dándole vueltas al asunto y no llegar a ninguna parte, aunque tampoco era del todo suya la culpa. Sea como fuere vemos que esa estación espacial se llama Estación Cooper, y por lo tanto no sé si seré al primero que se le ha ocurrido pero está claro que el prota es el resultado de la inseminación artificial que se realizó entre estos dos, y tanto el personaje de la serie como el de la película son de Texas:
Tú no lo conseguirás, Sheldon, pero tu nieta sí.
Entendemos que esos cilindros tienen como objetivo último cruzar el agujero de gusano, y por eso se han movido hasta Saturno, pero al prota le entran las prisas, así que de repente se pone un traje de Galáctica, y además roba sin que nadie lo note un viper que hay por ahí, y se va; entendemos que a reunirse con la prota, a la que vemos en el planeta del que fue su amorcito; está, suponemos, poniendo en marcha el Plan B, imaginamos que complementario del A, que una cosa no quita la otra. El que fue interés romántico de la prota vemos que ha muerto, así que no hay impedimento para que llegue a buen término esa relación que no hemos visto insinuada en ningún momento durante la película pero que bueno, ya de paso la metemos. Es decir: por si faltara poco, la Hathaway tenía razón desde el principio, su intuición mágica era la correcta y ése era el planeta bueno, porque ella lo vio a través de la fuerza del cariño y se dejaba guiar por su chichi al que quería que le diese mandanga aquel tipo. Son esas escenas que la hija ya anciana nos narra mientras ella misma las ve a través de la Fuerza, o algo así. Menos mal que nos lo explica, la señora, porque igual si no ni entendemos lo que estamos viendo. ¿Sabéis cuántos minutos pasan en 2001 hasta que alguien dice la primera palabra? Veinticinco, y luego tampoco es que rajen demasiado en lo que queda. Por otro lado el prota ha estado sometido más tiempo a la distorsión temporal del agujero negro que la otra, así que, ¿seguirá ella siendo tan joven como antes de ese episodio o le habrán caído también unos cuantos años encima? Ni idea.

¿Que la película tiene imágenes bonitas y los chicos que hacen los cgis se ganan el sueldo como casi siempre en estos casos? Pues sí, también lo hacían en 2012, y las risas que era esa película. ¿Que tiene algunos detalles científicos correctos, que por otra parte ya han salido en muchas ocasiones en otras obras de ciencia ficción dura, aunque no se les haya dado tanto bombo? Pues también. De hecho lo de "muchos científicos han dicho lo exacta que es" me recuerda a la típica manipulación de estos casos. Probablemente algunos de los historiadores citados que dijeron "lo acertada históricamente" que era 300 quizá sólo dijeron que sí, las Termópilas ocurrieron y hubo griegos por allí, y el resto es añadido del departamento de prensa. Del mismo modo quizá alguno se sorprenda, pero si en tantos premios amañados colaboran en el jurado conocidos académicos y catedráticos por algunos pequeños favores tampoco es de extrañar que algunos científicos, además sin jugarse nada porque al fin y al cabo sólo están hablando de una película, digan a cambio de dinero o favores de otro tipo que la película sí es respetuosa con algunos conocimientos científicos actuales, algo que por otra parte es verdad. A mí sinceramente eso no me impresiona ni lo más mínimo. Y tampoco está de más que una películas de ficción muestre algún aspecto científico correcto, pero cuando el resto se lo salta una cosa anula la otra, y para ver documentales hace nada que hemos visto la nueva Cosmos con el señor del bigote, y bien bonita e interesante que era, y también salían agujeros negros e imágenes muy chulas.

Pero, en realidad la película no es sólo profundamente misticoide, sino radicalmente anticientífica en su esencia, lo que viene a ser el ñordo que lo absorbe todo y no deja escapar la luz. El ñordo de esta película tiene una cursilería de densidad infinita y todas sus explicaciones carecen de la más mínima elegancia. ¿Os suena la expresión "el universo elegante"? Pues por algo decía Gómez de la Serna que la cursilería es el fracaso de la elegancia. De hecho, utiliza la ciencia como excusa para lo místico, y hasta se ríe de ella. El mismo prota dice en un momento que el amor tiene como función la unión social y la reproducción, pero al final termina aceptando que es un no se qué que empieza no se sabe cómo y termina no se sabe cuándo, el éter sutil que explica todo lo demás; algo, dice "cuantificable", cuando lo único que hace es aceptar la derrota del intelecto que se tiene que rendir ante el sentimentalismo y la pura irracionalidad sensiblera. Y tan ancho se queda. Por eso he puesto el vídeo de esos científicos al principio, diciéndonos que "todo está conectado". Pues sí, son ejemplos de que, como ellos mismos han dicho y defienden otros científicos y divulgadores actuales, se pueden encontrar ideas de belleza y transcendencia en la contemplación del cosmos, y que la comprensión de nuestra propia naturaleza nos hace entender que somos, de un modo u otro, parte de ese universo, polvo de estrellas o como queramos decirlo, y que en ese sentido estamos conectados a través de las leyes de la naturaleza que intentamos comprender con todo lo que existe. Del mismo modo podemos sentirnos, tanto genética como históricamente, unidos a todas las generaciones pasadas, y a través de la transmisión cultural "hablar con los muertos", como dirían Quevedo o Unamuno. Son ideas poéticas, o como queramos llamarlas, que no contradicen a la ciencia, y que además son sentimientos humanos nobles y poderosos, pero que poco tienen que ver con el espiritismo o con que dos almas se miren a los ojos y... de repente sepan, o la idea providencial de que el destino siempre por alguna pirueta extraña hará que la humanidad sobreviva no por su verdadero esfuerzo, sino por una paradoja temporal sin solución en la que todo encaja como si un poder superior que vela por nosotros moviese todos los hilos. Esta película, su éxito y su aceptación acrítica, sólo puede entenderse en una coyuntura cultural en la que triunfan los libros de autoayuda, se impone el misticismo light de cafetería que no provoca ningún conflicto ni ruptura, y donde incluso los supuestos movimientos escépticos caen en el irracionalismo al pasarse de rosca o proponer demarcacionismos científicos extremos que con su esnobismo terminan aceptando sin saberlo los principios del relativismo absoluto y el constructivismo. En las inmortales palabras de Fermín Trujillo: "Yo no sé lo que hay pero algo hay. Llámalo Dios, llámalo energía, pero algo hay".



Terminando ya, y volviendo a 2001, nuevamente me reafirmo, no hay progreso lineal. Obviamente en el aspecto técnico Interstellar es irreprochable, pero no deja de ser una película más que no sobresale en absolutamente nada de las películas que se hacen ahora y que, insisto, sólo suelen demostrar que los que hacen cgis se ganan su sueldo. De hecho tiene cosas un poco extrañas, como la profusión de planos que simulan las famosas imágenes de despegue de los verdaderos cohetes espaciales, y que se emplean también para una furgoneta o lo que sea, además del uso de la música tipo hardcasio, que termina siendo un poco machacona. También se percibe que, entretenidos en otros quehaceres, apenas se nos muestran otras cosas como el taller de la NASA, o el torpe movimiento en algunos casos de los robots. Por lo demás, sí, imágenes muy bonitas, pero que sólo cubren el ñordo del mismo modo que el agujero negro está cubierto por una corona de luz muy brillante mientras se lo traga todo. Yo es que hace unos años fui al IMAX a ver en 3D un documental realmente acojonante sobre la estación espacial internacional, en superalta definición y con un 3D del bueno y no el sucedáneo que se ha terminado imponiendo en los cines actuales, y ni Gravity, ni Interstellar ni nada, todavía no he visto nada ni que se acerque a eso, así que sí, algunas imágenes muy chulas pero con eso no llega. Es más de lo mismo, pero con más publicidad para que parezca otra cosa al que va despistado por el mundo.

Por último, volviendo a la comparaciones odiosas y las puntuaciones de la Imdb, no hay que ser un lince para comprender que aunque quizá decir que estamos comparando a Dios con un cochino es algo exagerado sí es la diferencia entre alguien que conoce la técnica pero apenas si tiene que aportar algo más que un par de tonterías bien empaquetadas para epatar a un público ya rendido de antemano, y otro que cada vez que se ponía detrás de una cámara inventaba una nueva forma de hacer cine. Lo arriesgado de cada plano de 2001, las composiciones cuidadas al milímetro, los contrapicados imposibles, la iluminación, esos reflejos en los cascos, y un guión escueto y quizá pretencioso, pero en el que al menos no hay ninguna trampa vergonzosa, y donde las conclusiones las saca cada uno en vez de esperar a que te las expliquen como a un idiota, me parece que son argumentos suficientes. Y que conste que tampoco soy un fanático de esa película.

Y ésas son más o menos mis opiniones, que supongo que satisfarán a algunos, y a otros no, divertirán a unos cuantos y a los demás quizá los cabreen. ¿Sabéis por qué lo sé?


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