20.4.15

Ned Rifle, y el cine independiente

Hubo un tiempo, todavía cercano, en el que el cine se dividía en comercial y culto, o de arte y ensayo, o experimental. Un tiempo en el que nadie, para darse pote, decía que se quedaba hasta las tantas de la mañana para ver la ceremonia de los Óscareses, y en la que ver cine fuera de los taquillazos de turno era sinónimo de ver cine iraní, un termino que todavía se conserva.

Sinceramente, nunca entendí ninguno de esos concetos. Ni ahora. Las películas de Bergman se estrenaban en cine para ganar dinero, como las de Hitchcock, así que comerciales también son, y seguramente el cineasta que ha dirigido lo que le ha salido de los mismísimos con total libertad y sin que a nadie le importase lo que hacía, porque de un modo u otro iba a ser una lluvia de millones, haya sido George Lucas en los Episodios I-III, que por tanto podríamos calificar como la labor de un cineasta completamente independiente, porque literalmente a nadie le importaba lo que fuese a hacer, todo el mundo iba a verlo, y en cierto modo también las hizo independientemente de lo que es un guión bien estructurado, sabia contención y respetar su propio trabajo en el que en definitiva se estaba basando. De verdad, son conceptos que se me escapan.  Por otro lado recordad que estuve presente cuado Jodorowsky dijo que iba a hacer una película con la idea de perder dinero, “no como ese degenerado de Spielberg”, según sus palabras literales. Después de ver La danza de la realidad espero de todo corazón que don Alejandro haya conseguido plenamente su objetivo con esa película totalmente independiente de la razón, de la lógica, la coherencia y cualquier otra calidad que hace que una película merezca la pena verse. Pista: supongo que sabréis que todo eso de la psicomagia va mucho de pis y caca así que sólo os diré una cosa: sin efectos especiales.

Cuando yo estudiaba en Santiago, Distrito de Columbia, había un ciclo de cine todos los años, a bajo precio, y que todavía continúa, llamado CineEuropa, donde te podías poner hasta las trancas de ver cine que de ninguna otra manera conseguirías ver en las salas comerciales al uso. Así vi No amaras, de Krzysztof Kieslowski, a la que siguió una charla coloquio en la calle con varios compañeros y un profesor con el que allí coincidimos, y donde conocimos a un portugués que nos contó que había trabajado en las minas de uranio de Sudáfrica y era un apasionado de Pavarotti, y recuerdo también una película alemana bastante surrealista que querría volver a ver pero que no hay manera porque no consigo dar con el título, para empezar. Con la película de Kieslowski también comprobé la veracidad de que viendo películas con letreritos se aprenden idiomas, y por eso se ahora que en polaco botella se dice butelka. La única palabra que sé en polaco, claro.

También me acuerdo cuando se empezó a hablar de Sundance, y que empezó a ser más conocido y comentado a principios de los 90’s (naitentas). Venía a ser, comercialmente hablando, la Segunda Division del cine usaco, y la demostración de que aun así, y con todo, la colonización cultural sólo tiene un sentido, de modo que era infinitamente más probable que una película “independiente”, o raruna, sea eso lo que signifique, llegase a estrenarse en otro país si salía de Sundance, que un gran éxito chino o indio, aparte de alguna película de hostias o título cuyo mayor atractivo era únicamente su exotismo. Una o dos películas indias o chinas al año, bien, pero no más. Igual que a mediados de los noventa las discográficas se inventaron el fenómeno indie y supuestamente alternativo, que no era sino más de lo mismo hecho por los mismos de siempre, del mismo modo que al final los distintos cereales del super parecen de distinta marca pero son todas filiales del mismo tronco corporativo, el cine independiente americano va protegido bajo el ala de los grandes éxitos que nos vienen de esa otra categoría cada vez más nebulosa de cine de Jólibud. Por eso no es de extrañar que un éxito como Pequeña Miss Sunshine debutase en Sundance, para luego ganar varios Oscar y ser un éxito internacional. Para algunos, eso es una traición al espíritu original de ese festival y del cine independiente, signifique eso lo que signifique, y para otros, yo incluido, simple lógica de cómo funciona todo el tinglado, y que si uno quiere puede hacerse el escandalizado y chillar que acaba de enterarse de que en este local se juega, porque queda muy gracioso, pero cuando a continuación te metes tus ganancias en el bolsillo, pues muy creíble no vas a parecer. Por supuesto, si queréis entender un poco más del asunto, acudid a la Autoridad Máxima de Todo lo que Existe, y al episodio en cuestión que trata del tema

Mi primer encuentro con Hal Hartley debio ser a principios de los noventa cuando vi Trust en Canal Más, la peli que le empezó a dar fama internacional tras su estreno en el Festival de Cine de Toronto, otro de esos sitios de donde salen la mitad de las pelis gafapastosas del planeta, película ésta que por cierto hace un análisis bastante mas gracioso y ajustado de lo que es una verdadera persona inteligente e inadaptada que toda la impostada subcultura nerd o geek que viene dando la matraca desde hace años. Desde entonces las pelis de Hartley son… raras en el buen sentido de la palabra. No niego que ver una peli de acción de las de sota caballo rey en la que sabes desde el minuto uno quien es el bueno y quien el malo, quién va a morir al final y que el héroe se salvará de todas todas, no sea divertido, pero de vez en cuando está bien que alguien te rompa los esquemas y no sepas del todo a qué carta quedarte ni qué es lo que esta pasando o lo que va a pasar en la siguiente escena. Muchas de las películas de Hartley las veremos catalogadas como comedias dramáticas u otras combinaciones entre comedia, drama u otros géneros. Son, en el buen sentido de la palabra, películas que podríamos catalogar dentro del movimiento posmoderno en tanto que artificios, en este caso culturales, que crean una realidad propia en la que se nos invita a entrar o participar, uno es muy dueño de hacerlo o no, y al final de opinar si lo que ha visto le ha gustado o ha visto una gena. Para que os hagáis una idea en 1998 Hartley dirige la comedia The Book of Life, en la que Jesucristo vuelve a la Tierra a ver si se la termina de cargar o no, lleva un portátil de Apple y a Maria Magdalena la interpreta una estrella del pop. Un año después, con mucho más presupuesto y polémica, Kevin Smith (también independiente, a su manera), estrena Dogma. Digamos que este carácter moderno de las películas de Hartley, esa cierta sensación de parodia y juego, es lo que diferencia a su obra de otros movimientos "independientes" anteriores, como el cinéma vérité con sus digresiones y argumentos a ninguna parte y otras especias, u otros fenómenos recientes con regulaciones y distintos postulados técnicos desperdigados que luego unos chicos muy simpáticos terminaron resumiendo en unos puntos para ponerle nombre a lo ya inventado, Dogma, y que a continuación se los saltaron a la torera.

Pues bien, la cuestión es que Hartley tiene una trilogía, por llamarla algo, que constituyen los títulos Henry Fool (1997), Fay Grim (2006) y Ned Rifle (2014). Como si fuera una galería de personajes almodovarianos, cada uno de los protagonistas va a ser si cabe un poco más raro que el anterior. Todo empezará con un recogedor de basuras llamado Simon Grim, interpretado por el actor James Urbaniak, un tipo de físico un tanto peculiar que le permitiría interpretar al Espantapajaros sin demasiado problema, y que mantiene durante toda la primera película no solo una cara de palo considerable, sino un tono de voz realmente extraño. Como se suele decir, su vida cambiará radicalmente el dia que conozca a Henry Fool, un extraño individuo que quiere alquilarle el piso del sótano a su familia. Henry Fool esta interpretado por Thomas Jay Ryan, el típico actor que no nos sonará de haberlo visto demasiado porque su carrera se ha desarrollado fundamentalmente en el teatro. Ejemplos de “actores desaparecidos” (es decir: no los veo en películas, asi que estarán muertos o debajo de un puente) hay varios, como el protagonista de Clerks ,Brian O'Halloran, y Nicol Williamson, el Merlín de Excalibur, que aunque tuvo una carrera considerable en el cine, bastante menos si lo comparamos a otros actores de su generación. Eso: el teatro también existe, y hay actores que o bien no se sienten demasiado atraídos por el cine, o pasan gran parte de su carrera sin que los llamen. Pues bien: Henry Fool, además de ser un tipo bastante extraño que irrumpe en la vida de una familia poco estructurada, compuesta por Simon, al que de pequeño tomaban poco menos que por anormal, su hermana, la un tanto ligera de cascos Fay, interpretada por la bellísima Parker Posey, y la madre de ambos, que vive en un estado de depresión constante, no tiene mejor idea que decirle a Simon que se ponga a escribir sus pensamientos y que los exprese poéticamente; de hecho, él mismo es escritor, y lleva vagando bastantes años, desde que salio de la cárcel, dedicándose a su Opus Magnum, La Confesión, una novela que se supone monumental y definitiva, una verdadera titanovela.





Sea usted un icono del cine independiente para esto.

Henry Fool es una película bastante divertida y por momentos un tanto inquietante. Henry Fool ejerce como una especie de demiurgo que despierta el genio creativo de Simon, que se pone a escribir un larguísimo poema que algunos califican de pornográfico, y que para una parte de los que lo leen está a la altura de El paraíso perdido, mientras que para otros es una obra que apunta maneras, pero poco más. Como, muy sabiamente, nunca oiremos ni un solo verso de todo el poema, nosotros no tendremos ningún elemento de juicio para poder adoptar ni una posición ni la contraria. Por otro lado, la película en algunos aspectos es profética en tanto que ocho años antes de la salida del primer ereader de tinta electrónica, el Librié de 2004, y que en ese momento se recibió con total tibieza, se da por hecho que en el futuro cercano el negocio editorial tendría que enfrentarse a la revolución digital, y que los contenidos se descargarían por internet, en aquel lejano 1997 ya existente pero que todavía en la película tiene un cierto valor de novedad.

Ya que no quiero contar demasiado, la película trata sobre el talento, la falta de talento, o como uno u otro pueden ser intercambiables o incluso irrelevantes ante la cuestión principal, que es si el libro a editar va a ganar o no dinero. El éxito de Simon, que se pone a escribir porque sí y porque su nuevo amigo se lo sugiere, contrasta con la oscuridad del trabajo de Henry, que tampoco sabemos si es tan genial como él cree o por otra parte un fárrago incomprensible y pretencioso. Al final, el mismo Henry se ve relegado a la posición que mantenía Simon al principio de la película, se ha casado a la fuerza con Fay, con la que ha tenido un hijo, y todo termina un poco a la manera de una tragedia griega: Henry se redime del crimen por el que estuvo en la cárcel varios años, al menos a los ojos del destino si no a los de la ley, y Simon se hace perdonar su éxito y olvido de su antiguo amigo al ayudarlo a escapar hacia un futuro incierto.

La segunda película, Fay Grim, tiene por protagonista a la hermana de Simon, Fay, cuando el hijo que ha tenido con Henry es ya un adolescente. La película es en cierto modo una continuación, pero no tiene nada que ver con la primera parte en el sentido de que el tono y argumento poco o nada tiene que ver con lo que hemos visto. En el juego posmoderno de subvertir géneros y de ir por donde uno menos se lo espera, la película se convierte en la “típica” película de espías que transcurre en habitaciones de hotel y escenarios clásicos o exóticos, como las calles de Paris y Estambul. La CIA, con un Jeff Golblum interpretando a un agente realmente peculiar, quiere encontrar a Henry y hacerse con La Confesión antes que los franceses, ya que por lo  visto en sus páginas se encuentran cifradas todas las operaciones negras de las últimas décadas del gobierno USA, en las que de un modo u otro Henry Fool (si es que ése es su verdadero nombre) ha participado. La película en cierta manera se convierte en una parodia de las películas de Jason Bourne y similares. Al igual que en éstas, al final no se entiende nada y los gambitos y contragambitos son totalmente inverosímiles, todo parece demasiado forzado, los agentes mortales con sensuales acentos aparecen de la nada y la pobre Fay, vestida la mayor parte del metraje con un arrebatador vestido-abrigo que se abre por delante para dejar ver sus muslos, va de un lado a otro recolectando los distintos cuadernos en los que su desaparecido esposo ha escrito lo que puede ser uno de los mayores peligros para el gobierno. Hay de todo: persecuciones, tiroteos, mensajes cifrados escondidos en los sitios más inverosímiles y muchos de los topicazos de ese tipo películas. Vamos, lo que hace Dan Brown pero Hartley sin creérselo y mucho más divertido, dónde va a parar.


Esta segunda películatambién es divertida, Parker Posey está guapísima e interpreta a una Fay más madura y centrada metida en un lío de mil narices, y el tono de parodia es encantador, aunque se echa un poco de menos la presencia del personaje tan carismático de Henry. También sale Simon, que ha estado en la cárcel por haber ayudado a Henry a escapar, y que una vez consigue salir no tiene mejor idea que vestir su antiguo uniforme de basurero. Otra particularidad de la película es que está rodada casi íntegramente con “planos holandeses” (ahora habrá que decir neerlandeses para satisfacer el tontocool’ismo de algunos, supongo), que consisten en inclinar ligeramente el eje de la cámara respecto al horizonte, y que causaron tanto cachondeo en Campo de Batalla la Tierra.




Por ultimo tenemos la reciente Ned Rifle, que cierra, de momento, el ciclo, a la espera de que al director, productor, guionista y compositor de la musica (debe ser primo de John Carpenter, otro que se lo guisa y se lo come todo él) le dé por hacer una cuarta parte. En este caso el protagonista es Ned, el hijo de Henry y Fay, cuando ya ha llegado a adulto y puede irse del hogar de acogida en el que se ha criado, pues su madre acabó por ser acusada de terrorismo y está viviendo, parece que muy relajada y sin demasiada complicación ni estrés, en una cárcel para mujeres. Ned esta interpretado por el mismo actor que vimos con unos cinco años en la primera película y catorce en la segunda. Igual que antes ya os dije que algunos no han hecho mas que coger algo que ya existía y ponerle un sombrero nuevo a algo que era de sobra conocido, tenemos aquí el mismo truco que en la sobrevalorada Boyhood (que no es caca de lujo, sino nada de lujo, otra categoría cinematográfica que merece un análisis), del mismo modo que Truffaut ya había hecho lo mismo con las películas de Antoine Doinel. Repito: nada nuevo, Hartley utiliza a los mismos actores y personajes en tres películas y ves que han envejecido en casi veinte años, pero al menos se molesta en contarte algo. El joven actor, por cierto, tiene el sambenito de que pudo haber sido el protagonista de El sexto sentido y fue candidato también para ser Harry Potter, pero en ambos casos pasaron de él. El personaje que interpreta en este caso, y que ha tomado el apellido de soltera de su abuela para que no lo relacionen con su familia, un afamado escritor y una terrorista internacional, ha vivido bajo la tutela de un reverendo, y cuando alcanza la mayoría de edad emprende la misión de encontrar a su todavía desaparecido padre y cantarle las cuarenta, o sencillamente vengarse de él por todo el sufrimiento que ha causado a su familia. Ése es el trasfondo dramático, aunque siguen apareciendo los momentos de comedia, como los nuevos derroteros profesionales que quiere seguir el laureado poeta Simon, que sigue vistiendo el mismo puto uniforme de basurero, y otros detalles irónicos.

La novedad en este caso es el personaje de Audrey Plaza, una estudiante de literatura que ha escrito una tesis sobre el famoso poeta Simon Grim y a la que conoce Ned, el sobrino de éste, cuando empieza su búsqueda de pistas para encontrar a su padre. La película trata por tanto de esa búsqueda del padre, un elemento bien conocido desde la Odisea, y el descubrimiento de la relación entre ese nuevo personaje y Henry Fool. No soy yo el que se queje, pero esta claro que Hartley hace trampa en cuestiones de edad, ya que el cálculo más conservador, por lo que sabemos de las películas anteriores, nos dejaría con que ese nuevo personaje debería tener casi cuarenta años. Por otro lado, Hartley aprovecha el erotismo de la actriz, que además viste de forma bastante provocativa durante toda la película. Reconozcamoslo: Sarah Michelle Gellar y Charisma Carpenter estarán muy buenas, pero al final la que daba mas morbo es Alyson Hannigan, y en Parks and Recreation Rashida Jones es guapísima, pero la que pone más burro al personal es April. Las raras siempre ganan al final.

En cierto modo, de nuevo, vuelve a aparecer la tragedia y el ciclo que se cierra, y se presentan nuevos paralelismos entre unas situaciones ya vistas, otras a las que solo ha habido referencia, y lo que ocurre en este tercer título. Según mi interpretación, en cierto modo se rompe el círculo, la maldición familiar o lo que uno quiera llamarlo, al negarse el hijo a seguir los pasos de su padre y perpetuar sus errores.

Como ultimo detalle sobre esta tercera película, la han financiado por medio de Kickstarter, y Hartley intento poner como una de las recompensas los derechos de explotación de la película, aunque al final tuvo que retirarla porque entraba en conflicto los términos de ese tipo de microfinanciacion.
Entrada del año del chimpún, y además con el precio desactualizado.

Otra cuestión es cómo y de qué manera he visto Ned Rifle, en un cine en miniatura en Cambridge, Machachuches, a doscientos metros escasos del Harvard Yard. El Brattle Theatre se encuentra en un callejón, eso sí, muy mono y recoleto, como lo es todo en esa zona de Cambridge, que no diré yo que sea un sitio jipterioso y jipioso que esté pidiendo una bomba termobárica a gritos, aunque lo piense. En la taquilla, adecuada como mucho para que trabajase allí Bilbo Bolsón, estaba encajonado un señor de talla XL tipo jugador de la NBA, que apenas si se podía mover en tan angosto espacio. La entrada la había comprado por internet, 9$ y 1$ por gastos de gestión, que viene a ser que pagué para llegar a la taquilla, dar mi nombre y que el señor comprobase en una libreta que estaba allí escrito a lápiz y dármela, y que así pudiese acceder al recibidor del cine, que no tenia grandes techos ni dorados sino que era un reducido espacio donde continuaba la angosta taquilla hacia una pequeña discoteca de vinilos y a un reducidísimo bar o ambigú en donde se vendían las inevitables chocolatinas, palomitas de maíz hechas, nos dicen, con una mezcla de aceite de oliva y girasol. También se nos anuncia en una pizarra que venden todos los días cerveza y vino, algo poco habitual en un cine, pero no olvidemos que estamos en un sitio de ambiente kwel, universitario, alternativo, y que por la calle hay perroflautas tocando la ídem por cada esquina, gente pintando y jipis en general. Yo creo que la chica que estaba sirviendo palomitas (con mantequilla de verdad, nos aclaran) sintió una conmoción en la Fuerza cuando mi espíritu se vio alterado al posar mi mirada sobre una de las botellas que tenían sobre la barra de modo que incitasen a su consumo al publico. Porque la botella era de marca… Elegido.
Elegido, ¡te elijo a ti!
Como decía Alfredo Landa en aquel anuncio: Desde que tomo Elegido, ¡cómo como!

Elegido. ¡Tienen vino Elegido! Para los que no lo sepáis, el vino Elegido es solo un escalón, no mucho mas alto, que el vino en tetrabrick, y en algunos casos puede que incluso se sitúe por debajo. No sé a qué precio venderían la copa, pero si el cartucho pequeño de palomitas era 4$, y aquí el alcohol es caro de narices, no quiero ni pensarlo. Ítem mas: dado que dudo que te den una copa de verdad para acceder con ella al cine, deduce uno que puedes tener la jipstérica experiencia de tomarte a precio de oro un culín de Elegido en un vaso de plástico. Ahora que lo pienso, me arrepiento de no haberlo hecho. Es algo que contarle a tus nietos, para que comprendan el absurdo de la vida y la futilidad de todo sentimiento vanidoso. La realidad es estupefaciente, y al que no le guste que se eche droja en el colacao o que escape de ella emborrachándose a vinazo. La próxima vez que vaya, si hace calor, les preguntaré si me lo pueden poner en un cubalitro con gaseosa, muchos hielos y un chorrito de vermú, a ver qué cara me ponen.

Todavía conmocionado por la visión de esa butelka de Elegido me encontré con la duda de por dónde seguir, y como sólo había unas escaleras deduje que lo peor que me podía pasar era que no fuese el camino y que tuviese que darme la vuelta. Para mi gozo, era el camino correcto que me llevo a un cine de corte bastante clásico en el sentido que no se parece a una moderna sala de multicine, sino que tiene el aspecto de un cine pequeño de toda la vida, de los que casi ya no quedan, y de capacidad, con suerte y echando por lo alto, para unas ochenta personas. En una columna que cruza transversalmente la sala hay posada la estatua de un búho o lechuza, que a saber la de pelis que se ha tragado. En resumen, y como era de esperar porque para eso había ido hasta allí, me vi la peli. En esos mismos días proyectaban también las dos anteriores, pero tampoco hay que abusar, digo yo.

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-SuperSantiEgo