Como he indicado en más de una ocasión, a este paso este idioma se va a la mierda. Lenta, pero inexorablemente.
Lo de esta novela publicada por una editorial importante, y además de una autora conocida, de las más famosas de novela histórica, es la constatación de que hace ya tiempo que las editoriales, excepción hecha de alguna que sigue manteniendo el tipo, han renunciado a ser lo que eran, editoriales, y se han convertido en puros impresores de papel. Y de paso reconocen que no tienen vergüenza, ni la han querido tener nunca.
En primer lugar, estamos ante una novela de romanos. Y novelas de romanos hay desde hace siglos y en español hay una forma de adaptar y poner todo lo que es en latín, lengua muerta con la que mantenemos una relación de parentesco lingüístico que explica esa familiaridad al adaptar las palabras. Por tanto, Cato es Catón, no Cato, pero eso tampoco sería tan grave si al menos fuera una decisión equivocada, aunque coherente, pues en ocasiones aparece de una manera y luego de otra. La incompetencia e incultura del traductor, y la irresponsabilidad del que debería haber supervisado su trabajo, se hace evidente cuando vemos que se ponen algunos nombres y topónimos en su versión latina que se deja tal cual lo hace el inglés, pero otros en su forma tradicional española. Así se habla de la Galia, o de algunas partes de Italia, pero también de Illyricum, no de la Ilírica como sería lo lógico. Vamos, un mezcladijo.
El despiporre llega cuando leemos sobre los Muros Servian (Servian Walls). Una forma bastante idiota de llamar a las Murallas Servianias, la verdad. Pero eso no es nada cuando Octavio amenaza con mandar a su mujer a Ox Heads. Así, Octavio hablando en inglés. Porque si la novela está en inglés todos sabemos que existe la convención de que los diálogos se producen en latín o en griego cuando se nos indica, y en la versión traducida pasa lo mismo en español, pero eso ahí en medio sólo indica que el traductor se quedó con el culo torcido sin saber interpretar la frase y que no tuvo ni tiempo de visitar la Wikipedia, donde se habría coscado de que no es sino un barrio del Palatino, Cabezas de Buey, como quien dice hoy "Te mando a la Moraleja". Pero no, así en medio, si él no lo entiende se deja y listo, o lo dejó para luego y ni se acordó. Y luego nadie se da cuenta en la editorial y llega así a manos de los lectores. Y seguro que muchos ni se dan cuenta, o no les importa demasiado. Todo tiene explicación.
Luego hay otras que también claman al cielo, como "facilidades" por instalaciones, o la burrada de clientes-reyes, cuando eso siempre ha sido reyes cliente, más fácil imposible, y como siempre ni coherencia, en el caso de singular a veces aparece "rey cliente". Incluso en algo tan simple como cuando Octavia se acuerda de cuando llamaba a su hermano menor "pequeño Cayo". Vamos a ver: ninguna hermana mayor llama a su hermano menor "pequeño Pepe", o "pequeño Juan", sino Pepito o Juanito, mientras que el francés y el inglés lo hace de forma analítica, "petit Nicolas", o "little John". Así que en todo caso sería Cayito.
Y es que es una detrás de otra. Un señor dice que no puede "cambiar las mentes" de su tripulación, y en otro momento Antonio dice que el pueblo romano es "pragmático y sensible". Vamos, que llora en la ópera, pero con mucho sentido común. El traductor no controla ni los más elementales falsos amigos. En otro momento Octavio extiende la mano hacia su interlocutor y dice "Ahí". En inglés quizá "There" tenga cierto significado como "hecho" o "ya está", pero si a nosotros nos dicen un "Ahí" sin venir a cuento responderemos: "¿Ahí? ¿Ahí dónde?" Ay.
También hay verdaderas innovaciones. Se ponga el vulgo empoderado como quiera, lo de "quince años atrás" no es correcto, como no lo sería "it does fifteen years", pero el traductor se cura en salud y pone las dos juntas, y que cada uno elija: "hace quince años atrás". Y tan pichi. Que conste que lo del traductor tiene delito, es indudable, pero más lo tiene si cabe el que lo contrató seguramente pagándole una mierda, que ni tiempo le dejó a repasar lo que había hecho, y sobre todo el que mandó eso a imprenta sin hacerle el mínimo análisis de calidad. Y después los lectores, que deberíamos empezar, sencillamente, a devolver esos libros como objetos defectuosos, y que salga el sol por Antequera.
Pero lo mejor me lo guardo para el final. Aunque mucho acémila defiende esas traducciones directas como evoluciones de la lengua o dicen estupideces parecidas en argumentaciones completamente ad hoc, basta no ser un imbécil integral para darse cuenta de que esas traducciones a las bravas no están mal hechas por un prurito purista, sino porque son malas traducciones, y son malas traducciones porque la frase resultante no quiere decir lo mismo que la original, a veces ni se acerca, con lo que el significado original queda trastocado y deformado, cosa poco recomendable. No es lo mismo un pueblo sensible que un pueblo sensato. Traducir "all the time" por "todo el tiempo" no expresa el sentido original de la frase, que no es "todo el tiempo", sino "en toda ocasión / muy a menudo /continuamente". "Usually" no suele ser usualmente y "absolutely" no es absolutamente, sino "por supuesto / indudablemente", dependiendo de lo que quede mejor en cada momento. Esa doctrina del "todo vale", curiosamente, no hace sino defender la interpretación literal, que es algo totalmente superado, y lo hace únicamente porque así quedan permitidas todas las falencias e ignorancia tanto de la lengua de origen como de la de destino por parte del que eso defiende. Defender semejantes burradas no es sino admitir que uno no sería capaz de hacerlo mejor, y total qué mas da.
Por eso es de traca cuando un rey cliente habla con el triunfante Octavio y le dice haciéndole la pelota que siendo como es tan joven, sin duda gobernará Roma durante muchas décadas, y Octavio responde:
-Absolutamente.
Yo sé de qué va, pero me pregunto cuánta gente creerá que en ese momento Octavio lo que está haciendo es insinuar que su régimen va a ser absoluto, como un buen rey del s XVII. No puede ser que para entender bien una traducción al español uno tenga que tener un buen nivel de inglés para saber dónde están los errores y que no te la metan doblada.
Ésos eran los errores más graves, pero había más. Claro, luego los muchachos empoderados ven eso y diles tú que no son unos magníficos traductores paladines de la cultura, pues basta con con tomar los subtítulos en inglés, pasarles un traductor automático e incrustarlos para subirlos luego a seriesyonkis, mientras el mongolo de Amador Savater les aplaude como una foca amaestrada y los llama héroes de la cultura. Ahora todo el mundo, gracias a la tecnología, intenné y la doctrina 2.0, puede ser si quiere un traductor, dicen los empoderados culturales. Cierto, y ya no se necesitan cosas como saber el idioma del que traduces ni nada, ni siquiera tampoco muy allá aquél al que traduces tampoco Tanta inteligencia colectiva y no da ni para hacer una traducción decente de un capítulo de Los Simpson. Ignorancia para todos, que ningún niño se quede atrás.
Y ya que estoy, hablaré un poco de la serie de Masters of Rome de la señor McCullough, que se supone se cierra con este séptimo volumen, aunque después del sexto había prometido no continuar.
Para empezar haré un pequeño comentario filológico que me parece curioso, y es que las novelas obviamente están escritas originalmente en inglés, y por lo tanto suponemos que todos los diálogos se producen en latín, como es lógico, y cuando no lo son se nos dice que hablan en griego, arameo u otras lenguas, pero obviamente todo aparece en inglés o en cuyo caso la lengua a la que se haya traducido el libro. Sin embargo la autora se toma la licencia de dejar algunas palabras o expresiones en latín, como meum mel (mi cariño, honey), y sobre todo algunos tacos o exclamaciones, como las inocuas edepol! o ecastor!, y algunas algo más fuertes como cacat! (mierda), mentula (polla, gilipollas), y cunnus, (coño, idiota). En sentido estricto es una licencia no demasiado correcta, ya que sabemos que hablan en latín, así que los tacos tendrían que salir siempre en inglés, del mismo modo que Tolkien apenas definió el oestron porque éste ya estaba representado por el inglés. Como hipótesis, creo que la autora no sólo lo hace porque le apetece poner algunas palabras en latín, sino porque así cuela, a lo tonto, unas cuantas palabrotas que si las pone en inglés podrían resultar ofensivas para algunos, ya que mentula y cunnus serían más o menos los equivalente de dick (pito, nabo, estúpido), y cunt (coño, y que como insulto suena bastante fuerte), y así puede darse el lujo de poner a César arengando a sus tropas llamándolos de ese modo, mientras sus legionarios se enorgullecen de que su general los trate con tanta familiaridad.
Como ya he dicho en alguna ocasión, a mí la novela histórica no me tira demasiado, porque veo inevitable que el autor termine escorando y, o bien ya ni siquiera intente recrear de algún modo a los personajes de la época, o bien más o menos lo haga pero termine metiendo más de lo que debe de su cosecha, haciendo decir a los personajes históricos lo que no deben. En este caso el punto flaco de nuestra amiga Colleen es la chochera declarada que tiene por el personaje central de César, que hay momentos en los que uno sospecha que le va a dar una tarantinada y va a salvarlo y que se cree una línea temporal alternativa en la que gobierna cien años. De hecho, a mi modo de ver, los tres primeros volúmenes son los mejores, pues narran el comienzo de la descomposición de la república y el enfrentamiento entre Cayo Mario y Sila, de los que hace un buen retrato literario: personalidades complejas, llenas de ambición, ambivalencias y a la vez capaces de verdaderas canalladas por conseguir el poder, y ambos consumidos al final por la vejez y la enfermedad y asumiendo que el tiempo los había vencido. En cuanto aparece el personaje de César, la cagamos, porque César es perfecto, una verdadera Mary Sue en ocasiones insoportable, todo virtudes como si realmente fuese un elegido de los dioses, de modo que reconozco que cuando llega el momento que todos sabemos que va a llegar recordé que en latín la definición de justicia es: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi, o sea la constante y perpetua voluntad de darle a cada uno lo suyo, y al César, lo que es del César: veintisiete puñaladas. Era de justicia.
Para que os hagáis una idea llega un momento en que resulta bastante cargante la insistencia de la autora de asegurarnos que a César por detrás ni el bigote de una gamba, e incluso reconoce que su interpretación de que César decidiese llevar botas altas, propias de la realeza etrusca, no correspondía a sus posibles deseos de ser proclamado rey, sino porque tenía varices, es algo puramente inventado. Hay algún momento en el que César parece que está a punto de empezar a soltar la declaración de derechos humanos, aunque le queda a uno claro que sí que lo piensa, y cuando decide, pues nada, una gracieta como mutilar a miles de galos en plan terrorismo absoluto para dejarles claro que así se las gasta Roma, parece que le duele a él más que a ellos y que en el fondo lo considera una barbaridad, para que veamos lo bueno y humanitario que es. Pues hijo, si tan mal te parece y tanto cargo de conciencia te da... ¡no lo hagas, joder!
Otra pequeña pega, cuando se llega ya a la época de César, es que si él es perfecto, todos los demás personajes son un poco burros. Cicerón, un pusilánime, Pompeyo un engreído, Antonio un bandarra y Catón el joven un impresentable. Poco a poco se van perdiendo los papeles, aunque desde luego el conjunto es realmente magnífico, y si uno obvia un poco esos detalles o no le molestan demasiado puede disfrutar realmente estas novelas, pues el aspecto histórico y social está perfectamente reflejado, así como la religión numénica, la organización del ejército, las relaciones sociales y familiares, etc. La serie Roma (2005), sigue un poco esa línea, aunque se toma muchísimas licencias más. Por su contribución a la difusión de la cultura clásica y al conocimiento popular del mundo antiguo se le otorgó a Colleen McCullough un doctorado honoris causa.
Esta última novela quizá ahonda en una de las pequeñas fallas que tiene el ciclo completo, y es que no debemos olvidarnos que la obra que dio fama mundial a esta autora es El pájaro espino, la historia de un cura que se enamora de una... y ya sabéis cómo sigue. Vamos, que las relaciones amorosas entre los distintos personajes sí que están un poco modernizadas, ya que por lo que sabemos lo más probable es que casi todas las uniones que se produjeron entre esas familias patricias obedecieron fundamentalmente a motivos estratégicos y políticos, y que tanto ellos como ellas tuviesen la idea de que el amor romántico era poco más o menos que una locura mental transitoria, y que Octavia estuviese enamorada o no de Antonio no importaba ni lo más mínimo. De todos modos el tratamiento de esos matrimonios y amoríos es inevitable, y no sólo le gustará a ella escribirlos, sino que también tienen una legión de lectores partidarios de leer eso de esa manera. Vamos, que abundan ciertos momentos de "quedarse fascinado con", que quizá sean más adecuados en la época de La dama de las camelias que en el siglo I a C. Aun así la escritora lo hace bien, de modo que al menos no se cae en el ridículo, aunque un par de veces lo bordee en este último libro con la relación de Antonio y Creopatra y de Octavio con Livia Drusila.
Mención aparte merece el personaje de Cesarión, porque es tan parecido a su padre, tan listo, tan guapo y con tan grandes ideas para hacer feliz a todo el mundo en Alejandría y en Egipto, que uno llega a preguntarse si la autora tiene una manía especial en crear a personajes perfectos que luego van a ser vilmente asesinados, cosa que sabemos que terminará ocurriendo. Además según se cree, fue uno de los tutores de Cesarión el que lo convenció de que fuese a entrevistarse y pedirle clemencia a Octavio, mientras que en la novela va de suyo propio, con lo que demuestra que muy listo no es, porque obviamente su primo le da lo suyo de él como a su padre de él se lo dieron.
Al final gana Octavio, se queda con todo y le ponen su nombre a un mes. Y parecía tonto cuando lo cambiamos por un botijo.
Qué mono, Roddy McDowall, ¿verdad?
Claro que, como todos sabemos, en realidad debería haber sido así, todo mucho más molón:
-SuperSantiEgo

13 comentarios:
Esto se nos ha ido de las manos. Supongo que es un superventas en inglés. ¿Lo es en español?
En inglés supongo que sí, porque la señora es muy popular y conocida.
En español que yo sepa se vende bien, pero ni idea de hasta qué punto.
Madre mía del amor fermoso, qué gran pieza acaba usted de perpetrar. Gracias por alegrarme el viernes, y duro con ellos.
Batalla perdida la de las malas traducciones: mis hijas me miran raro cuando corrijo en voz alta y cabreada lo que están oyendo mientras ven la televisión, y la mayor todavía tiene cinco años. Tiemblo al pensar lo que se llegará a escuchar en las series para adolescentes.
Aunque no sea problema de la traducción (más bien directamente de burremia), dejo un hermoso ejemplo de cómo cuidan el lenguaje para que nuestros hijos tengan buenas referencias: 'La Honda-Nada de las Hadas'.
Escucharlo en Playhouse Disney me indignaba, encontrarlo como título de un libro fue estupefaciente.
Dejando de lado lo de la traducción... Se ha fijado que la serpiente de la portada es una coralillo?... Sí, de esas que NO existen en África y que son originarias de la región de Sonora, acá en México, por lo que podríamos suponer que en siglo I a.C. poco o nada tendrían que estar haciendo en Alejandría... Que por qué lo digo... Por nada en particular, sólo para agregar un dato a la lista de fallos...
Sí, ahí ya no es problema del traductor, pero es otro detalle a la edición cacosa.
En el caso de las traducciones de los libros de Stephen King, hay un punto y aparte a partir de la publicación del 7º volumen de la saga La Torre Oscura, cuya primera edición se publicó con multitud de errores de traducción y corrección. Los seguidores del foro de la página web ka-tet-corp los recopilaron y los enviaron a la editorial. Esta tomó nota y las siguientes ediciones se publicaron corregidas. Además, dos de los administradores de dicha web vienen acreditados desde entonces como asesores o traductores de los siguientes libros de Stephen King.
Más información:
http://www.stephenking.com.ar/revista/101/traducciones.htm
http://www.ka-tet-corp.com/portal2.0/reediciones-lto-pandj-and-creditos-vf3-vt5253.html
Pues me alegro por ellos y sobre todo por los que luego vengan detrás, aunque si se tiene una actividad comercial qué menos que exigirles que hagan un producto lo más acabado posible.
La traducción canónica de ESDLA también tiene algunos fallitos y omisiones que se han recopilado hace tiempo. Ignoro si esas correcciones se han incorporado a las ediciones actuales.
En la misma novela donde leí lo de la mirada apologética, tradujeron la serigrafía del coche de un personaje muy macarra como NAIPE SALVAJE (en mayúsculas). Sé que en inglés existe un sentido figurado con "wild card" (comodín) para hablar de alguien imprevisible, y además se une al hecho de que el propietario de este coche se llama Ace (el as en inglés). Pero claro, traducir literalmente la frase no da ese sentido ni hará entender estos juegos de palabras a quien no sepa cómo se llaman los naipes en inglés. ¿Qué es un naipe salvaje? ¿Uno que te muerde en los dedos cuando vas a cogerlo?
Para recreaciones chanantes de personajes históricos, un libro llamado Puertas de fuego. En él salen espartanos dando conferencias feministas, entre otras lindezas. Yo, he de decir, me reí un montón.
En esos casos hay que reconocer que el juego de palabras se pierde, y listo. Si se puede se pone en una nota a pie de página para que el lector lo sepa, aunque ya sabemos que si lo explicas, deja de tener gracia.
Lo de esa novela no sé. Tiene fama de ser la mejor sobre las Termópilas, y lo del feminismo quizá se refiera a que las espartanas tenían un nivel de libertad y autonomía escandaloso para la Grecia de entonces, que hacían deporte en público y podían engañar a sus maridos si era con otro hombre más fuerte o con mayor fama en la batalla, ya que era para tener hijos más fuertes.
Tuve la misma impresión que tú con las novelas estas. Se salvan un poco hasta que aparece Él. La admiración por el tipo resulta risible por extrema. Lo peor de esas construcciones de personajes es que matan las hisotrias: si tu prota es la requetehostia, y los malos son requetetontos ¿qué mérito tiene ganarles? ¿cómo puede justificarse el que sea tan épico, tan difícil?
Lo peor fue cuando se amotinan los de la ¿sexta? legión y ante el discurso de César, que es ridiculísimo, se ponen a llorar y vuelven con Él. No leí más.
Muy pertinente la crítica a la traducción de la séptima y el comentario general de toda la saga. He creído leer mis pensamientos. Me precio de haber reescrito toda la saga en formato digital, para complementar los siete tochos en papel, siendo el origen de ello el querer sustituir los mayestáticos de la primera novela por segundas personas, o "Meneítos" por "Cerdito", para hacer más gratificante su relectura. Pero al llegar a Antonio y Cleopatra, hubo párrafos enteros de contenido incierto, no mejorable. Un verdadero horror.
¿Cómo que has reescrito la saga? ¿Traducción propia o has amañado las que ya existen?
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