16.2.12

Inmortals. El problema ya no es que sea mala, sino que casi ni nos sorprende

En primer lugar habría que recordar que seguramente el motivo de conservar el títalo original sea para no liarse con Los inmortales, que fue como se llamó en España Highlanders, porque hace más de veinticindo años ni el tatoide sabía lo que era un habitante de las tierras altas de Escocia, además de que si uno se fija sólo es uno, y sólo un rato.


Así que inmortales. Bueno. Como todos sabemos, es de los productores de 300, pinícula que en este blog dio bastante que hablar y con la que nos reímos mucho. Probablemente ésta tenga menos valores cinematográficos, si es que su antecesora tenía realmente alguno, pero bueno, hay cosas que en cierto modo la salvan, si no de sí misma porque eso es imposible, por lo menos de la ridiculez absoluta. En primer lugar no tiene la pretenciosidad de 300 al reescribir, como le sale del cinganillo, un hecho de la historia bien conocido, sino que reintrepeta en clave molona al estilo del Jólibud esteroideo de la actualidad unos cuantos mitos. Diréis que los destroza y se mingita y defeca en ellos, y no os podría llevar la contraria, pero oye, son mitos, historias ancestrales que, aunque se merecen un respeto, están en cierto modo para ser reinterpretadas y reescritas. En este caso no muy bien que digamos, pero al menos no ponemos a los espartanos en cueros proclamando la democracia representativa, algo sólo a la altura de que en la versión de Robin Hood de Ridley Scott nuestro buen arquero fuese hijo de Pablo Iglesias.

Eso sí: como no se pueden reprimir, nos dicen que estamos allá como por el 1200 a C, en Grecia. A qué decir ninguna fecha, digo yo que qué falta hacía, pero bueno, casi es lo de menos si tenemos en cuenta que Grecia es Mordor. Así: Mordor. Porque eso parece Mordor, no nuestra amada Hélade. Feo, desierto y agreste, y como siempre, no sabemos si es al amanecer, al anochecer ni nada, iluminación tenebrosa que de paso nos permite hacer avanzar el guión como nos dé la gana. Por supuesto, todo esto se debe a la famosa "corrección de color", que viene a ser una chapuza infame que, a estas alturas, dudo mucho que vaya a abandonar este arte. Efectivamente: todo plano parece rodado a través de una bolsa de orina, porque todo tiene un color ocre; vamos, como a meao. Todo es color pipí: la tierra, el cielo, las caras de la gente, y las Puertas de Mordor, Morannon, que también salen en la película. Igual que Gondor tenía que cruzar las Puertas de Mordor si quería invadirlo, por lo visto para entrar en Grecia hay que cruzar una muralla similar que casualmente está al lado del Tártaro donde tienen en cana a los titanes. Cuidadín con los griegos micénicos.

Todo, absolutamente todo, está en un precipicio, o caída de muchos metros. En un momento, sin saber muy bien cómo, el mar está lleno de petróleo, y en una violación flagrante de la dinámica de fluidos una ola del copón hace que el barco no se mueva mientras sí lo hace el resto del mar, y no afecta apenas a los protagonistas, que, eso sí, terminan cubiertos de petróleo, que al momento se sacan con una duchita a tiempo. Después de la escena del pozo de brea de El último gran héroe no sé cómo alguien tiene vergüenza de poner algo así, pero nuevamente ya ni nos damos cuenta, con el callo que estamos haciendo en nuestra maltratada sensibilidad estética de ver tales cosas. Eso sin contar que, en el colmo de la sutileza, el amigo Poseidón, para hundir un único barco, se marca un tsunami en una acción que deja pequeño lo de "matar moscas a cañonazos", sin olvidar que debió suponer, y es mucho suponer, que la gente a la que iba a salvar iba a salir indemne de tal burrada. Es como se hacen los guiones ahora: primero nos imaginamos las escenas molonas, luego ya les buscamos hueco en la trama.

Empezando un poco por el principio: los titanes, que no son los titanes que conocemos sino unos tipos con quemaduras de tercer grado, se encuentran encerrados en una especie de cubo con rayos láser atrapados por unas barras cual muñequitos del futbolín, con la peculiaridad de que muerden la barra. Hasta cierto punto tiene algo de original, pero nos percatamos de que muerden nada menos que una barra de hierro corrugado. Hierro corrugado, colega. Con todos ustedes, una inanimada barra de hierro corrugado:

En esta pinícula van a pasar cosas muy graves, deduce uno ya desde la primera escena. En fins: que Teseo vive en un sitio inverosímil que son... tres casas, más o menos, allá en un precipio para que se maten los niños cuando jueguen a la pelota, y la entrada a un templo protegido por una laberinto, siendo el templo un sitio la mar de raro en el que cuatro escaleras elevadas confluyen, cual si fueran diseñadas por un arquitecto satánico, de modo que ocultan y protegen una cabeza enorme hecha de poliexpán blanco, sobre la que ponen velitas, que como eso arda la que se va a montar. La madre de Teseo, como es madre soltera, es puteada por el resto de las acólitas (¡Puta!, le dicen sus compañeras cuando la empujan), mientras su hijo corta leña, adivinadlo, al borde de un precipicio, mientras charla animadamente en medio de una bruma de orina con John Hurt, que tiene cara de necesitar pagar el alquiler de ese mes aceptando cualquier papel sin importar lo abyecto que éste sea, y que cual Obi Wan ha entrenado al muchachote para que sea un ninja jedi de provecho el día de mañana.

La cuestión es que hay un rey muy malo que, por aquello de que le ha ido muy mal en la vida, dedice vengarse del mundo liberando a los titanes, momento el cuál en el que los dioses podrán volver a intervenir en los asuntos humanos. ¿Por qué? ¿Dónde está la lógica de todo esto? Porque el guionista dice que es así y pa chulo chulo, su pirulo. Nuevamente, aquí casi nadie parece griego, sino que como suele ser habitual desde hace muchos años, todo tiene un extraño parecido con la Era Hibórea o de la panda de Humungus: gente con armas chungas, máscaras y armaduras sacadas de la portada de un disco de Meat Loaf o de Manowar, y a correr. Para su vengativa venganza, como suele ser habitual, reúne objetos mágicos que busca en templos, todos ellos al borde de un precipicio, y busca también al oráculo para que le diga dónde está el arco superpoderoso de la muerte, que son cuatro muchachas que hablan en algún idioma desconocido, vaya usted a saber por qué, y que son cuatro porque sólo una de ellas es la verdadera y las otras están para despistar. Todos en la película ignoran las verdades del mundo más elementales, porque está claro como el agua que sólo puede ser... la más guapa.

Mike Rourke hace de tipo arrastrado, acabado y amargado. Vamos, de sí mismo. Lo borda. Sale un traidor, y lo capan como se solía hacer en la Era Hibórea, otra cosa no os puedo decir. La peña del rey Hiperión, ése tan malo, son conocidos como los heráclidas, aunque que yo recuerde en ningún momento los llaman dorios, y sobre todo porque su comportamiento y apariencia es más bien propios de aesir o cimmerios, o la panda de Humungus. Para que sepamos lo malo que es Hiperión, no tiene perros, sino hienas. Hienas. Cágate. Ya es moral. Aunque quizá sea una reivindicación de una animalico tierno y cariñoso que ha tenido una inmerecida mala fama.

La cuestión es que llegan a la inverosímil aldea o templo de Teseo, al borde de un precipicio, ay que han matado a mi mamá, y los mandan a unas no sé si minas, penitenciaría o qué coño en medio de uno de los desiertos de Mordor, o del Nuncanada de Corben, que consiste en una especie de minipatio nazarí con piscina y un refugio nuclear, además de estación metereológica; es la explicación más razonable que se me ha ocurrido. A todo esto ya nos hemos enterado de que John Hurt es Zeus, y hemos visto que el Olimpo y los dioses están diseñados por John Galiano o alguien por el estilo. Ridículos a más no poder, pero si me comparas esto con los olímpicos que parecían poco menos que Los Caballeros del Zodíaco casi que los prefiero así.

Tampoco voy a contar mucho más. Destaquemos lo bueno que aunque no mucho lo hay. Hay un par de escenas que quizá ofrecen algo novedoso, y es cuando los dioses se piñan. En primer lugar aparece Ares, disfrazado de Moctezuma, para ejercer un ilegal deus ex machina, y se pone a dar candela con una maza a unos pobrecitos humanos a los que hace algo que sólo se puede expresar con un verbo en gallego: los esmendrella. Los hace fosfatina, los revienta, no deja de ellos casi ni el recuerdo. En cierto modo, aunque la escena tiene la sutileza de limpiarse el ojete con papel de lija, muestra cómo sería el hipotético enfrentamiento entre un ser humano y un dios: que te esmendrella. Y, como Ares ha intervenido cuando no debe, Zeus lo castiga. Vale. ¿Y por qué no hizo lo mismo con Poseidón cuando se lanzó a una aceleración de 5g contra el mar? La única explicación es que hecha la ley hecha la trampa, y que ante el juzgado del Destino o del Caos podría alegar que sólo estaba dándose un chapuzón, y que sus consecuencias indirectas no importan. Por ejemplo.

Posteriormente, cuando los dioses ataviados con unas armaduras de plástico a las que han echado spay dorado se enfrentan a los titanes, se muestra esa dimensión de violencia extrema con los titanes, a los que dan matarile de forma bastante gore. No es que sea gran cosa, pero oye, algo es algo. Del mismo modo la escena de lucha en ese inverosímil corredor de Morannon tiene un par de planos logrados, así como hacen gracia los demócratas griegos, que están allí como unos siete siglos antes de su hora y que "quieren parlamentar", cuando todo el mundo sabe que en esta vida la mitad de las cosas se arreglan solas, y la otra mitad, a hostias, y sobre todo que en el segundo caso los efectos especiales molan mucho más. Teseo se marca un discurso patriótico sobre la tiranía y el modo de vida grecoamericano, se nota que el chico ha ido a clases de coaching de motivación de personal, y consigue que los patriotas griegos, que habían escapado como gallinas a la primera de cambio un rato antes, vuelvan a sus puestos como guardianes de Mordor.

El final es de mucha vergüenza ajena pero se redime un poco cuando el hijo de Teseo, que ha tenido con la oráculo a la que de repente le picó el chichi y decidió perder la virginidad con el héroe, oye hablar sobre su padre de boca de John Hurt, y vemos cómo el mito tal como lo conocemos ahora es en realidad una deformación de "lo que realmente sucedió", artificio narrativo plenamente legítimo que en este caso es además todo un canto al progreso, pues comprobamos cómo de una historia sin pies ni cabeza ni por dónde cogerla sin embargo se evoluciona a una serie de mitos de alto contenido simbólico que han inspirado a la humanidad desde hace más de dos mil años. Por cierto que la leyenda del Minotauro y el laberinto se supone que deriva del enfrentamiento que acabamos de ver, con Teseo peleando en ese laberinto con un fulano que luce un alucinante y disfuncional yelmo en forma de cabeza de toro y que... bueno, no ha visto nadie para luego contarlo, así que me imagino que la leyenda nacería de ver luego las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Por último, también sin venir a cuento, veremos esa escena a cámara lenta en la que aparecen un montón de titanes y dioses peleándose en los cielos. Su sentido es claro: a alguien se le ocurrió que molaría un montón, sobre todo para ponerla en el tráiler, y luego ya se buscaría un sitio donde ponerla en la película.

Por si os ha gustado, aquí tenéis la crítica de El País y la de Fotogramas.

-SuperSantiEgo

6 comentarios:

Anxo Varela dijo...

Estaba hojeando esto con prisa, y he leído: "Efectivamente: todo plano parece rodado a través de una bolsa de orina [...]".

Esto promete. A ver si hoy acabo pronto, tengo ganas de pasarme un buen rato leyendo esta entrada, pero aún sin leérmela entera, ya sé que puedo ponerme a recomendarla en el feisbu y hasta de viva voz si hace falta.

drgonzo dijo...

Muy gracioso lo del mito del minotauro basado en la grabación de las camaras de seguridad , de verdad , por cierto "los inmortales" era "highlander" no "highlanders" el título siempre tenía en cuenta solo al protagonista

capolanda dijo...

Lo de la estética de Caballeros del Zodíaco en el remake de La furia de los titanes era intencionado, pues el director es un otaku de Saint Seiya.

Manuel Ángel dijo...

He leído las críticas de El Pais y Fotogromas. Tras reflexionar detenidamente creo que esos... entes han debido tomar algo que les ha sentado mal a su cuerpo y les ha hecho ver cosas que realmente no estaban sucediendo. El ... ente de Fotogramas ha trascendido en el visionado directamente.

Necio Hutopo dijo...

Pues yo, la verdad, es que de ver el avance me dieron aracadas... Así que pasé olímpicamente de su visionado en cine (o bajoperfilismo, da igual... Yo no la veo ni por documentación)

Acuática dijo...

Hola!
Llego a tu blog por recomendación de un lector y sólo quería decirte que llevo una hora de trayecto en transporte público riéndome como una loca. Lo dicho, tienes una nueva seguidora. Respecto a la peli, creo que lo mejor que tiene son esos torsos desnudos aceitados que apenas se cubren en dos horas de metraje.
Saludos :)