En la mayor parte de las ediciones en español la semblanza biográfica de Dick, muerto para cuando yo leí sus novelas más representativas, venía a ser escueta y decía siempre lo mismo: escritor raro, cada vez más reconocido incluso fuera del ámbito de la ciencia ficción, y posiblemente su obra tenía algo que ver con el consumo de drogas y el ambiente jipi. Esta simplificación, sobre todo en el caso de las drogas, parece provenir de la semblanza que de él hizo Harlan Ellison en la breve biografía que incluyó de cada autor en Visiones peligrosas, y que sin embargo no tiene absolutamente nada que ver con la realidad. Dick se fumó de vez en cuando algunos porritos, como todo el mundo, pero por lo que parece sólo probó el LSD en una ocasión, en 1964, y se quedó tan absolutamente acojonado con lo que desfiló por su mente que no se atrevió a volver a repetir la experiencia. Lo más gracioso es que en la contraportada leemos "Se convirtió en un apóstol del LSD, un gurú de la contracultura", lo que demuestra que a veces quien escribe esos resúmenes o no se han leído el libro, o van a lo que van y escriben lo que les apetece, y el morbo vende. De lo que sí que abusó Dick, y mucho, fue de todo tipo de drogas legales, sobre todo algunas que en las décadas de los sesenta y setenta era muy fáciles de conseguir, como anfetaminas, estimulantes, pastillas para dormir y otro tipo de fármacos para conseguir escribir a un ritmo endiablado y ganar dinero, cosa que no conseguía de forma demasiado eficiente, de modo que aunque a veces se exagera diciendo que vivió en el umbral de la pobreza no es cierto: vivió siempre, eso sí, de forma extraordinariamente modesta, casi siempre en pareja y sin darle demasiada importancia a las posesiones materiales, por lo menos a las lujosas, aunque adoraba sus colecciones de revistas, libros y discos.
Este consumo continuado de diversos fármacos afectó seriamente a su salud, tanto a la física como a su equilibrio mental, ya precario desde su juventud y marcado por las obsesiones y todo tipo de experiencias contraproducentes en una sociedad en algunos casos ya hiperpsicologizada donde se veía normal acudir con frecuencia al psiquiatra. No es por ponerse a favor de la cienciología en este particular, pero tener un problema psicológico de verdad y caer en manos de diversos "profesionales" que se dedican a especular sobre la enfermedad y a tratarla con tratamientos que se ha demostrado que son puro cuento es sinónimo de ir de mal en peor, aunque automedicarse y tomar todo tipo de substancias que afectan al sistema nervioso como hacía Dick tampoco ayuda, eso es innegable. Desde luego no puedo diagnosticar lo que realmente le pasaba a Dick, y ni sabiendo se debe diagnosticar a alguien ya muerto, pero por lo que se cuenta en el libro el paso por distintos psicoanalistas fue además de una pérdida de tiempo un elemento más de descontrol en su ya desequilibrada vida, cuando no conseguía él mismo desquiciar a sus terapeutas, cosa que ocurrió en alguna ocasión. Si a eso le añadimos el uso de todos esos fármacos, sobredosis de vitaminas y otros excesos, no es de extrañar que en algunos momentos viese el mundo literalmente en dibujos animados. Como el autor de esta biografía dice muy elocuentemente, y demostrando de paso que es francés, a Dick le pasaba algo parecido a Obélix, que no necesitaba psicotrópicos igual que el galo no necesitaba la poción mágica porque se había caído en la marmita de pequeño y los efectos ya eran permanentes. Por así decirlo, los alucinógenos y una visión poco convencional de la realidad los producía su cerebro naturalmente.
Como en tantos otros artistas, hay circunstancias realmente extrañas, o melancólicamente poéticas, desde el principio de sus vidas. Dick era el gemelo de una niña que murió al poco de nacer, probablemente por negligencia o inexperiencia de la madre. Durante toda su vida habló de su hermanita, y cuando murió lo enterraron con ella, bajo una lápida que lo esperó desde poco después de nacer porque ya tenía su nombre grabado desde que enterraron a su hermana. También llegó a pensar que en otro de los mundos paralelos que a veces creía vislumbrar era él quien había muerto, y su hermana la que había alcanzado la madurez. De joven, Dick no fue especialmente problemático, y en cierto modo, tal como se nos muestra en esta biografía, era incapaz de vivir solo, y dependía de los demás, sobre todo de sus sucesivas parejas románticas, para tener un mínimo de estabilidad mental.
El recorrido por la vida de Dick, bastante amable porque por lo visto a pesar de sus rarezas nunca fue un tipo peligroso, ni violento, produce una gran ternura por el personaje, siempre con sus paranoias y sus debilidades, y siempre al límite de intentar comprender lo que a él mismo le pasaba en su mente. A la vez, si uno conoce un mínimo la obra de Dick, es un recorrido por cómo sus sucesivas crisis intelectuales y sobre todo religiosas afectaban a su obra, y cómo se reflejan en sus obras más conocidas, algo que se puede reconstruir a través de las entrevistas a la gente que lo conoció (la biografía es de 1992, a diez años de su muerte), y también por su abundante correspondencia, donde se explayaba largo y tendido sobre sus monomanías, en ocasiones con algún corresponsal que no se esperaba semejante sarta de desvaríos de alguien a quien acababa de conocer. Imaginaos: conoces a un escritor, charlas algo con él y a los pocos días descubres que ha descubierto tu dirección y recibes una carta con flipadas que lo flipas. Pues esas cosas hacía Dick.
Dick era, según parece, un brasas, un chapas, un tipo encantador en pequeñas dosis pero que terminaba siendo un poco insoportable al no saber comportarse como se esperaba de un adulto mínimamente responsable, y que obsesionado con sus monomanías terminaba por hartar incluso a la gente que lo quería y admiraba. Particularmente curioso es el episodio en el que lo invitaron a una convención en Vancouver y al poco decidió que quería vivir allí, terminó abusando de la amistad de gente que acababa de conocer y, probablemente, solo en un hotel un par de semanas y abrumado por la soledad y la angustia, intentó suicidarse y acabó en una clínica de rehabilitación de heroinómanos, en la que ingresó mintiendo sobre sus adicciones. En uno de sus períodos de soltería vivió también como un verdadero jipi, en una casa que era básicamente un estercolero en el que él y sus kolegas, muchos de ellos verdaderos politoxicómanos, se dedicaban todo el día a escuchar discos, fumar porros y vaguear tirados en los sofás, experiencias de donde tomó las ideas para una de sus novelas más extrañas, Scanner Darkly, donde refleja igualmente su visión de la realidad: policías que se investigan a sí mismos, y un sistema en el que la droga y su cura viene a ser parte del mismo entramado económico. Aunque Dick es asociado en muchos casos al consumo de drogas, terminó siendo un crítico de ellas, algo que no extraña cuando uno descubre que realmente era algo capillitas y en el fondo un tipo bastante conservador. En esto, como en otras cosas, Dick también basculaba de forma un tanto radical, y por ejemplo contaba muy emocionado como Timothy Leary (menudo personaje), puesto de ácido con John Lennon, le llamó desde la habitación de éste después de que leyesen Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de la que querían hacer una película, pero al final terminó renegando de esa subcultura.
Aunque mantuvo relación con otros escritores de ciencia ficción, apenas si realizó una verdadera actividad dentro del fandom de Estados Unidos como otros autores, era reacio a viajar o a salir de casa y sólo se sentía a gusto con cierto tipo de personas. Como Asimov tenía la misma manía, la de no viajar o hacerlo lo mínimo imprescindible, de modo que viviendo cada uno en cada punta del país el encuentro fue poco menos que imposible, aunque estando como estaban uno en las antípodas del otro dentro del mismo género y en la visión de la realidad no tengo muy claro de qué habrían podido hablar entre ellos. Que yo sepa nunca se conocieron ni trataron. Se comenta en la biografía cómo la pobre Ursula K Le Guin, sin conocerlo de nada, recibió una carta en la que se le ofrecía como compañero de piso modelo. En los últimos años de vida trató bastante a su vecino Tim Powers, que posteriormente se convertiría en un autor conocido, y en los últimos años hizo de chófer a Dick cuando éste dejó de conducir porque le daba miedo hacerlo. Pero probablemente el caso más extraño fue su relación, por llamarla de alguna manera, con Stanislav Lem. Como es habitual en algunos casos, y es un juego en el que ambas partes salen ganando, en Europa, particularmente en Francia, nos gusta reconocer lo bueno que aparece en Estados Unidos antes que ellos mismos. Éste fue el caso de Dick, ya que por traducciones y por esa áurea de tipo maldito y contracultural que se apartaba tan radicalmente de algunos de los cánones de la ciencia ficción su fama creció en Europa mucho antes que en el país de origen; me refiero a que ambas partes ganan porque luego, en el efecto rebote, en los Estados Unidos los más esnobs y creídos culturalmente se sienten en el séptimo cielo al reconocer la bondad de lo propio a través de ojos ajenos. Lem, que tiene un discurso analizando la ciencia ficción estadounidense que es de lectura imprescindible, viene a decir que de todo ese caos de pseudoliteratura que sigue unos rígidos patrones sólo Dick es el único que vale la pena y presenta una propuesta original. Tanta era la admiración por Dick de Lem, y por lo visto sus ventas en Polonia así lo justificaban, que bajo la excusa de que los derechos de autor en esos tiempos tenían que cobrarse en los países del bloque del este en el mismo país, Lem lo invitó a dar una conferencia y así de paso que cobraba ese dinero, que nunca viene mal, se conocían.
¿Cómo os lo diría yo? Pues eso: la cagamos. A cualquier otro escritor le habría parecido un honor, una oportunidad de conocer otro país y de probar especialidades culinarias desconocidas, pero Dick... era mucho Dick. Alguien acostumbrado a pensar que el universo lo espía, que tiene asignados varios agentes del FBI para seguirle sus pasos y que cree que el mismo Nixon se levanta cada mañana imaginándose cómo jorobarle la vida... pues tenía que hacer lo que hizo Dick: pensar que todo era una conspiración comunista, que querían lavarle el cerebro cuando estuviese allí y que todo era parte de los planes dentro de la conspiraciones ya que todos estaban contra él, en compló, así que después de enviarle algunas cartas a Lem por las que el polaco debió soltar más de una invectiva, éste dejó de responderle y así quedó la cosa.
Otro de los momentos estelares en la vida de Dick fue el robo que sufrió en su casa, y por el que perdió su amada colección de discos y revistas, que como buen paranoico tenía metida en un archivador que pesaba una tonelada y se cerraba con una cerradura como la de las Puertas de Moria. Este suceso, de 1971, lo obsesionaría toda su vida, y fue uno de los temas centrales de la entrevista psicotrónica que le hizo la revista Rolling Stone en 1974, y que afianzó su fama de excéntrico y aumentó el interés por su obra, aunque ésta empezaba ya a escasear. A la actividad frenética de su primera etapa como escritor, cuando era capaz de escribir una novela en unas pocas semanas, se sucedió una en la que después de varias crisis mentales empezó a cuestionarse lo que podía hacer, y sobre todo lo que había hecho anteriormente. También habría que añadir que, aunque ya sabéis que lo repito a menudo, la división de géneros me la trae bastante al pairo, pero Dick es un escritor de ciencia ficción bastante a su manera. Aunque también leía divulgación científica y no despreciaba la ciencia, su formación científica era nula a diferencia de otros autores señeros del género, y aunque la ambientación es siempre de ciencia ficción, con escenarios en el futuro, robots, drogas exóticas o mutantes surgidos de la radiación de después de la Tercera Guerra Mundial, su formación autodidacta se centraba fundamentalmente en la filosofía y la mística. De hecho, a Dick el futuro le importaba bastante poco en comparación a lo que le preocupaba que el presente no fuese el presente, o que él mismo en el momento en el que hablaba fuese de verdad la misma persona que había sido en el pasado, no una reescritura o nueva versión de sí mismo en la eterna lucha entre la entidad "arregladora" del Universo y la que por otra parte intentaba desordenarlo y destruirlo todo en algo que recuerda la cosmogonía hindú.
En 1974, por decirlo suavemente, se le fue la flapa del todo, y a partir de ahí la misma biografía se torna más confusa, pues las fuentes que son los mismos escritos de Dick se vuelven... complicados de interpretar. Hasta su muerte en 1982 es la "etapa Valis"( SIstema de VAsta INteligencia VIva), en la que se obsesionó con una entidad omnisciente que se comunicaba con él, y que podía ser equiparable al mismo Dios o a Ubik, la entidad que combatía contra la entropía en esa novela. En cierto modo, Dick se adelanta al ciberespacio y a Matrix, pues Valis es también como un ordenador que crea todos los objetos con los que nosotros, las conciencias a las que observa, interactuamos, de modo que creemos que vivimos en uno o varios mundos reales, y los que vislumbran la realidad o el "código Matrix" son los que dicen que han visto lo que hay al otro lado, y que es Dios, o como uno quiera llamarlo. Publicada en 1981 como novela, en realidad no es sino una parte muy pequeña en comparación con los miles de páginas que escribió sobre todo ello. Durante ocho años, y en varios miles de páginas, Dick se enfrascó en un proyecto demencial que venía a ser una Exégesis de todo cuanto sabía, de todo cuanto había vivido y todo cuando había escrito, de modo que analizó sus novelas y relatos no sólo como lo que eran, sino como revelaciones que ese Valis lanzaba al mundo a través de él, desde la existencia de realidades paralelas hasta el hecho de que, igual que en algunos de sus relatos, todo el mundo vivía en una ilusión temporal, de modo que en realidad sólo era el año 70 después de Cristo, muy pocos como él eran conscientes de ello y había que prepararse para la Parusía. Para realizar esta obra en ocasiones Dick llegaba a disociar su mente (de ahí viene el término esquizofrenia), y argumentaba contra sí mismo a través de heterónimos como Amacaballo Fat. Durante un tiempo, creyó tener una doble personalidad que lo guiaba desde el pasado, y con él mantenía larga discusiones, dejando a su pareja de entonces, como comprenderéis, bastante preocupada. En este período su fama creciente, la venta de sus obras anteriores y las traducciones a otros idiomas consiguieron que siguiese ganando dinero, publicó algunas obras más y por fin, cuando parecía que había recuperado en parte la salud física y cierta estabilidad emocional, e incluso tenía más saneada su economía al embolsarse una buena cantidad de cuartos por la famosa Blade Runner, sufrió una embolia cerebral que en pocos días lo mató, sin que volviese a recuperar la consciencia antes de ser enterrado con su hermana.
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Philip K Dick con Ridley Scott. |
Philip K Dick había muerto. Bueno, por lo menos la manifestación de Philip K Dick en esta realidad. En otras... quién sabe.
Sinceramente, Dick me sigue gustando. Reconozco que, igual que él mismo era consciente, su estilo es descuidado y en ocasiones, en sus novelas sobre todo, pasan cosas abracadabrantes, los personajes actúan de maneras extrañas y hay rupturas en el argumento que te dejan con el culo torcido. Como recordaréis, son algunas de las cosas que más critico en algunos autores. La diferencia es que hay gente que hace eso porque no sabe, y en el caso de Dick se producía una extraña armonía entre continente y contenido, e incluso estilo: lo que te cuenta en sus libros es tal ida de olla que lo raro, lo realmente raro, sería que los personajes actuasen de otra manera, o que no hubiese esos golpetazos de argumento de vez en cuando. De hecho, al intentar trasladar al cine sus obras (y tiene un buen puñado, me imagino que por la comprensible idea de sus herederos de ganar un dinero que en vida no pudo dejarles el buen señor) siempre se ve la imposibilidad de llegar a las últimas consecuencias de la obra dickiana, ya que de hacerlo el resultado podría haber sido... inquietante. Quizá Leary y Lennon habrían hecho algo... bueno, algo habrían hecho, pero casi mejor no pensar demasiado qué. De momento, hay un proyecto activo para adaptar Ubik... y les deseo mucha suerte, porque la van a necesitar.
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La única película en la que puede que haya más laca que en Hairspray. |
También hay ocasiones, por lo menos me parece a mí, en las que otros autores se dejan seducir por la idea de imitar el estilo o los temas de Dick, y los resultados suelen ser dispares. Lo auténtico lo es por algo, y Dick me parece, sencillamente, otra singularidad literaria difícil o imposible de reproducir. Igual que lo kafkiano forzado no queda ni medio bien, intentar reproducir como pensaba Dick sin estar en sus meninges no es posible. Ni falta que hace, añado yo. Ya lo hizo él, cada uno que escriba lo que tenga que escribir.
Esta biografía está, además de muy bien escrita y parcialmente novelada, muy bien documentada, y para el conocedor de la obra de Dick seguramente le dará nuevas perspectivas para juzgarla e interpretarla, no como el fruto de una mente perturbada sino como el resultado de un alma sensible que siempre buscó la iluminación aunque se sabía inmerso en las tinieblas de su propia mente, algo que tan bien él mismo explicó en su famoso discurso de 1977 en Metz, donde dejó a todos los que lo oían con un palmo de narices, pues se creyeron que aquello debía ser poco menos que una broma del autor invitado, y el mismo Dick al darse cuenta de la confusión de su audiencia llegó luego a decir a algunos que así era. No, en serio: si no te lo esperas y de repente un tipo te suelta eso como mínimo te quedas... sorprendido.
Dick era un gran entusiasta de la robótica, la informática y la prueba de Turing, en la que se basó para su Prueba Voight-Kampff. Una de sus gamberradas era pensar que en una prueba de Turing consiguiese hacer pensar a alguien que él, un humano, era en realidad la computadora. Hace unos años se construyó un robot con su efigie, un replicante. El robot se perdió en 2006 en un aeropuerto, y nunca se ha encontrado. Yo tengo muy claro que Philip K Dick poseyó a su propio androide, y que vaga por ahí tan tranquilo, disfrutando de la vida.
-SuperSantiEgo