27.12.13

Libro: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrère

Philip K Dick es una de mis debilidades. Siendo un adolescente que leía bastante ciencia ficción, y ya con bastantes lecturas del género a la espalda, sabía reconocer a los que consideraba mis autores favoritos, y desde luego no había que ser ningún genio para entender que Dick "era otra cosa". No necesariamente mejor que otros que te pudiesen gustar más, menos o lo mismo que Dick, pero ahí había algo distinto, raro; pero raro.... raro... raro... Leer Ubik con unos catorce años o así no te deja indiferente, y aunque si de pequeño no creías que había monstruos bajo la cama tampoco te ibas a ponerte a pensar si el mundo era real o no y todos estamos en realidad muertos, pero siempre te quedas un poco con la mosca detrás de la oreja. Apenas unos pocos años después, que creo que volví a releerla, le diría al bueno de Phil: "En realidad, lo que formulas no es sino un pseudoproblema". Naturalmente, al señor Dick eso no le habría solucionado nada, porque para él era un problema de verdad, y muy gordo. También desde muy pronto, y tampoco hacía falta ser un hacha para verlo desde el primer momento, se da uno cuenta de que todas sus historias son más o menos la misma, y que nos está contando lo mismo una vez tras otras. Creo que me leí Ojo en el cielo y Ubik una después de la otra, y no costaba mucho ver que era prácticamente la misma novela. Algo que tampoco es de extrañar: muchos autores tratan una vez tras otra los mismos temas y las mismas obsesiones.

En la mayor parte de las ediciones en español la semblanza biográfica de Dick, muerto para cuando yo leí sus novelas más representativas, venía a ser escueta y decía siempre lo mismo: escritor raro, cada vez más reconocido incluso fuera del ámbito de la ciencia ficción, y posiblemente su obra tenía algo que ver con el consumo de drogas y el ambiente jipi. Esta simplificación, sobre todo en el caso de las drogas, parece provenir de la semblanza que de él hizo Harlan Ellison en la breve biografía que incluyó de cada autor en Visiones peligrosas, y que sin embargo no tiene absolutamente nada que ver con la realidad. Dick se fumó de vez en cuando algunos porritos, como todo el mundo, pero por lo que parece sólo probó el LSD en una ocasión, en 1964, y se quedó tan absolutamente acojonado con lo que desfiló por su mente que no se atrevió a volver a repetir la experiencia. Lo más gracioso es que en la contraportada leemos "Se convirtió en un apóstol del LSD, un gurú de la contracultura", lo que demuestra que a veces quien escribe esos resúmenes o no se han leído el libro, o van a lo que van y escriben lo que les apetece, y el morbo vende. De lo que sí que abusó Dick, y mucho, fue de todo tipo de drogas legales, sobre todo algunas que en las décadas de los sesenta y setenta era muy fáciles de conseguir, como anfetaminas, estimulantes, pastillas para dormir y otro tipo de fármacos para conseguir escribir a un ritmo endiablado y ganar dinero, cosa que no conseguía de forma demasiado eficiente, de modo que aunque a veces se exagera diciendo que vivió en el umbral de la pobreza no es cierto: vivió siempre, eso sí, de forma extraordinariamente modesta, casi siempre en pareja y sin darle demasiada importancia a las posesiones materiales, por lo menos a las lujosas, aunque adoraba sus colecciones de revistas, libros y discos.


Este consumo continuado de diversos fármacos afectó seriamente a su salud, tanto a la física como a su equilibrio mental, ya precario desde su juventud y marcado por las obsesiones y todo tipo de experiencias contraproducentes en una sociedad en algunos casos ya hiperpsicologizada donde se veía normal acudir con frecuencia al psiquiatra. No es por ponerse a favor de la cienciología en este particular, pero tener un problema psicológico de verdad y caer en manos de diversos "profesionales" que se dedican a especular sobre la enfermedad y a tratarla con tratamientos que se ha demostrado que son puro cuento es sinónimo de ir de mal en peor, aunque automedicarse y tomar todo tipo de substancias que afectan al sistema nervioso como hacía Dick tampoco ayuda, eso es innegable. Desde luego no puedo diagnosticar lo que realmente le pasaba a Dick, y ni sabiendo se debe diagnosticar a alguien ya muerto, pero por lo que se cuenta en el libro el paso por distintos psicoanalistas fue además de una pérdida de tiempo un elemento más de descontrol en su ya desequilibrada vida, cuando no conseguía él mismo desquiciar a sus terapeutas, cosa que ocurrió en alguna ocasión. Si a eso le añadimos el uso de todos esos fármacos, sobredosis de vitaminas y otros excesos, no es de extrañar que en algunos momentos viese el mundo literalmente en dibujos animados. Como el autor de esta biografía dice muy elocuentemente, y demostrando de paso que es francés, a Dick le pasaba algo parecido a Obélix, que no necesitaba psicotrópicos igual que el galo no necesitaba la poción mágica porque se había caído en la marmita de pequeño y los efectos ya eran permanentes. Por así decirlo, los alucinógenos y una visión poco convencional de la realidad los producía su cerebro naturalmente.


Como en tantos otros artistas, hay circunstancias realmente extrañas, o melancólicamente poéticas, desde el principio de sus vidas. Dick era el gemelo de una niña que murió al poco de nacer, probablemente por negligencia o inexperiencia de la madre. Durante toda su vida habló de su hermanita, y cuando murió lo enterraron con ella, bajo una lápida que lo esperó desde poco después de nacer porque ya tenía su nombre grabado desde que enterraron a su hermana. También llegó a pensar que en otro de los mundos paralelos que a veces creía vislumbrar era él quien había muerto, y su hermana la que había alcanzado la madurez. De joven, Dick no fue especialmente problemático, y en cierto modo, tal como se nos muestra en esta biografía, era incapaz de vivir solo, y dependía de los demás, sobre todo de sus sucesivas parejas románticas, para tener un mínimo de estabilidad mental.


El recorrido por la vida de Dick, bastante amable porque por lo visto a pesar de sus rarezas nunca fue un tipo peligroso, ni violento, produce una gran ternura por el personaje, siempre con sus paranoias y sus debilidades, y siempre al límite de intentar comprender lo que a él mismo le pasaba en su mente. A la vez, si uno conoce un mínimo la obra de Dick, es un recorrido por cómo sus sucesivas crisis intelectuales y sobre todo religiosas afectaban a su obra, y cómo se reflejan en sus obras más conocidas, algo que se puede reconstruir a través de las entrevistas a la gente que lo conoció (la biografía es de 1992, a diez años de su muerte), y también por su abundante correspondencia, donde se explayaba largo y tendido sobre sus monomanías, en ocasiones con algún corresponsal que no se esperaba semejante sarta de desvaríos de alguien a quien acababa de conocer. Imaginaos: conoces a un escritor, charlas algo con él y a los pocos días descubres que ha descubierto tu dirección y recibes una carta con flipadas que lo flipas. Pues esas cosas hacía Dick.


Dick era, según parece, un brasas, un chapas, un tipo encantador en pequeñas dosis pero que terminaba siendo un poco insoportable al no saber comportarse como se esperaba de un adulto mínimamente responsable, y que obsesionado con sus monomanías terminaba por hartar incluso a la gente que lo quería y admiraba. Particularmente curioso es el episodio en el que lo invitaron a una convención en Vancouver y al poco decidió que quería vivir allí, terminó abusando de la amistad de gente que acababa de conocer y, probablemente, solo en un hotel un par de semanas y abrumado por la soledad y la angustia, intentó suicidarse y acabó en una clínica de rehabilitación de heroinómanos, en la que ingresó mintiendo sobre sus adicciones. En uno de sus períodos de soltería vivió también como un verdadero jipi, en una casa que era básicamente un estercolero en el que él y sus kolegas, muchos de ellos verdaderos politoxicómanos, se dedicaban todo el día a escuchar discos, fumar porros y vaguear tirados en los sofás, experiencias de donde tomó las ideas para una de sus novelas más extrañas, Scanner Darkly, donde refleja igualmente su visión de la realidad: policías que se investigan a sí mismos, y un sistema en el que la droga y su cura viene a ser parte del mismo entramado económico. Aunque Dick es asociado en muchos casos al consumo de drogas, terminó siendo un crítico de ellas, algo que no extraña cuando uno descubre que realmente era algo capillitas y en el fondo un tipo bastante conservador. En esto, como en otras cosas, Dick también basculaba de forma un tanto radical, y por ejemplo contaba muy emocionado como Timothy Leary (menudo personaje), puesto de ácido con John Lennon, le llamó desde la habitación de éste después de que leyesen Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de la que querían hacer una película, pero al final terminó renegando de esa subcultura.


Aunque mantuvo relación con otros escritores de ciencia ficción, apenas si realizó una verdadera actividad dentro del fandom de Estados Unidos como otros autores, era reacio a viajar o a salir de casa y sólo se sentía a gusto con cierto tipo de personas. Como Asimov tenía la misma manía, la de no viajar o hacerlo lo mínimo imprescindible, de modo que viviendo cada uno en cada punta del país el encuentro fue poco menos que imposible, aunque estando como estaban uno en las antípodas del otro dentro del mismo género y en la visión de la realidad no tengo muy claro de qué habrían podido hablar entre ellos. Que yo sepa nunca se conocieron ni trataron. Se comenta en la biografía cómo la pobre Ursula K Le Guin, sin conocerlo de nada, recibió una carta en la que se le ofrecía como compañero de piso modelo. En los últimos años de vida trató bastante a su vecino Tim Powers, que posteriormente se convertiría en un autor conocido, y en los últimos años hizo de chófer a Dick cuando éste dejó de conducir porque le daba miedo hacerlo. Pero probablemente el caso más extraño fue su relación, por llamarla de alguna manera, con Stanislav Lem. Como es habitual en algunos casos, y es un juego en el que ambas partes salen ganando, en Europa, particularmente en Francia, nos gusta reconocer lo bueno que aparece en Estados Unidos antes que ellos mismos. Éste fue el caso de Dick, ya que por traducciones y por esa áurea de tipo maldito y contracultural que se apartaba tan radicalmente de algunos de los cánones de la ciencia ficción su fama creció en Europa mucho antes que en el país de origen; me refiero a que ambas partes ganan porque luego, en el efecto rebote, en los Estados Unidos los más esnobs y creídos culturalmente se sienten en el séptimo cielo al reconocer la bondad de lo propio a través de ojos ajenos. Lem, que tiene un discurso analizando la ciencia ficción estadounidense que es de lectura imprescindible, viene a decir que de todo ese caos de pseudoliteratura que sigue unos rígidos patrones sólo Dick es el único que vale la pena y presenta una propuesta original. Tanta era la admiración por Dick de Lem, y por lo visto sus ventas en Polonia así lo justificaban, que bajo la excusa de que los derechos de autor en esos tiempos tenían que cobrarse en los países del bloque del este en el mismo país, Lem lo invitó a dar una conferencia y así de paso que cobraba ese dinero, que nunca viene mal, se conocían.


¿Cómo os lo diría yo? Pues eso: la cagamos. A cualquier otro escritor le habría parecido un honor, una oportunidad de conocer otro país y de probar especialidades culinarias desconocidas, pero Dick... era mucho Dick. Alguien acostumbrado a pensar que el universo lo espía, que tiene asignados varios agentes del FBI para seguirle sus pasos y que cree que el mismo Nixon se levanta cada mañana imaginándose cómo jorobarle la vida... pues tenía que hacer lo que hizo Dick: pensar que todo era una conspiración comunista, que querían lavarle el cerebro cuando estuviese allí y que todo era parte de los planes dentro de la conspiraciones ya que todos estaban contra él, en compló, así que después de enviarle algunas cartas a Lem por las que el polaco debió soltar más de una invectiva, éste dejó de responderle y así quedó la cosa.


Otro de los momentos estelares en la vida de Dick fue el robo que sufrió en su casa, y por el que perdió su amada colección de discos y revistas, que como buen paranoico tenía metida en un archivador que pesaba una tonelada y se cerraba con una cerradura como la de las Puertas de Moria. Este suceso, de 1971, lo obsesionaría toda su vida, y fue uno de los temas centrales de la entrevista psicotrónica que le hizo la revista Rolling Stone en 1974, y que afianzó su fama de excéntrico y aumentó el interés por su obra, aunque ésta empezaba ya a escasear. A la actividad frenética de su primera etapa como escritor, cuando era capaz de escribir una novela en unas pocas semanas, se sucedió una en la que después de varias crisis mentales empezó a cuestionarse lo que podía hacer, y sobre todo lo que había hecho anteriormente. También habría que añadir que, aunque ya sabéis que lo repito a menudo, la división de géneros me la trae bastante al pairo, pero Dick es un escritor de ciencia ficción bastante a su manera. Aunque también leía divulgación científica y no despreciaba la ciencia, su formación científica era nula a diferencia de otros autores señeros del género, y aunque la ambientación es siempre de ciencia ficción, con escenarios en el futuro, robots, drogas exóticas o mutantes surgidos de la radiación de después de la Tercera Guerra Mundial, su formación autodidacta se centraba fundamentalmente en la filosofía y la mística. De hecho, a Dick el futuro le importaba bastante poco en comparación a lo que le preocupaba que el presente no fuese el presente, o que él mismo en el momento en el que hablaba fuese de verdad la misma persona que había sido en el pasado, no una reescritura o nueva versión de sí mismo en la eterna lucha entre la entidad "arregladora" del Universo y la que por otra parte intentaba desordenarlo y destruirlo todo en algo que recuerda la cosmogonía hindú.


En 1974, por decirlo suavemente, se le fue la flapa del todo, y a partir de ahí la misma biografía se torna más confusa, pues las fuentes que son los mismos escritos de Dick se vuelven... complicados de interpretar. Hasta su muerte en 1982 es la "etapa Valis"( SIstema de VAsta INteligencia VIva), en la que se obsesionó con una entidad omnisciente que se comunicaba con él, y que podía ser equiparable al mismo Dios o a Ubik, la entidad que combatía contra la entropía en esa novela. En cierto modo, Dick se adelanta al ciberespacio y a Matrix, pues Valis es también como un ordenador que crea todos los objetos con los que nosotros, las conciencias a las que observa, interactuamos, de modo que creemos que vivimos en uno o varios mundos reales, y los que vislumbran la realidad o el "código Matrix" son los que dicen que han visto lo que hay al otro lado, y que es Dios, o como uno quiera llamarlo. Publicada en 1981 como novela, en realidad no es sino una parte muy pequeña en comparación con los miles de páginas que escribió sobre todo ello. Durante ocho años, y en varios miles de páginas, Dick se enfrascó en un proyecto demencial que venía a ser una Exégesis de todo cuanto sabía, de todo cuanto había vivido y todo cuando había escrito, de modo que analizó sus novelas y relatos no sólo como lo que eran, sino como revelaciones que ese Valis lanzaba al mundo a través de él, desde la existencia de realidades paralelas hasta el hecho de que, igual que en algunos de sus relatos, todo el mundo vivía en una ilusión temporal, de modo que en realidad sólo era el año 70 después de Cristo, muy pocos como él eran conscientes de ello y había que prepararse para la Parusía. Para realizar esta obra en ocasiones Dick llegaba a disociar su mente (de ahí viene el término esquizofrenia), y argumentaba contra sí mismo a través de heterónimos como Amacaballo Fat. Durante un tiempo, creyó tener una doble personalidad que lo guiaba desde el pasado, y con él mantenía larga discusiones, dejando a su pareja de entonces, como comprenderéis, bastante preocupada. En este período su fama creciente, la venta de sus obras anteriores y las traducciones a otros idiomas consiguieron que siguiese ganando dinero, publicó algunas obras más y por fin, cuando parecía que había recuperado en parte la salud física y cierta estabilidad emocional, e incluso tenía más saneada su economía al embolsarse una buena cantidad de cuartos por la famosa Blade Runner, sufrió una embolia cerebral que en pocos días lo mató, sin que volviese a recuperar la consciencia antes de ser enterrado con su hermana.

Philip K Dick con Ridley Scott.

Philip K Dick había muerto. Bueno, por lo menos la manifestación de Philip K Dick en esta realidad. En otras... quién sabe.


Sinceramente, Dick me sigue gustando. Reconozco que, igual que él mismo era consciente, su estilo es descuidado y en ocasiones, en sus novelas sobre todo, pasan cosas abracadabrantes, los personajes actúan de maneras extrañas y hay rupturas en el argumento que te dejan con el culo torcido. Como recordaréis, son algunas de las cosas que más critico en algunos autores. La diferencia es que hay gente que hace eso porque no sabe, y en el caso de Dick se producía una extraña armonía entre continente y contenido, e incluso estilo: lo que te cuenta en sus libros es tal ida de olla que lo raro, lo realmente raro, sería que los personajes actuasen de otra manera, o que no hubiese esos golpetazos de argumento de vez en cuando. De hecho, al intentar trasladar al cine sus obras (y tiene un buen puñado, me imagino que por la comprensible idea de sus herederos de ganar un dinero que en vida no pudo dejarles el buen señor) siempre se ve la imposibilidad de llegar a las últimas consecuencias de la obra dickiana, ya que de hacerlo el resultado podría haber sido... inquietante. Quizá Leary y Lennon habrían hecho algo... bueno, algo habrían hecho, pero casi mejor no pensar demasiado qué. De momento, hay un proyecto activo para adaptar Ubik... y les deseo mucha suerte, porque la van a necesitar.

La única película en la que puede que haya más laca que en Hairspray.

También hay ocasiones, por lo menos me parece a mí, en las que otros autores se dejan seducir por la idea de imitar el estilo o los temas de Dick, y los resultados suelen ser dispares. Lo auténtico lo es por algo, y Dick me parece, sencillamente, otra singularidad literaria difícil o imposible de reproducir. Igual que lo kafkiano forzado no queda ni medio bien, intentar reproducir como pensaba Dick sin estar en sus meninges no es posible. Ni falta que hace, añado yo. Ya lo hizo él, cada uno que escriba lo que tenga que escribir.



Esta biografía está, además de muy bien escrita y parcialmente novelada, muy bien documentada, y para el conocedor de la obra de Dick seguramente le dará nuevas perspectivas para juzgarla e interpretarla, no como el fruto de una mente perturbada sino como el resultado de un alma sensible que siempre buscó la iluminación aunque se sabía inmerso en las tinieblas de su propia mente, algo que tan bien él mismo explicó en su famoso discurso de 1977 en Metz, donde dejó a todos los que lo oían con un palmo de narices, pues se creyeron que aquello debía ser poco menos que una broma del autor invitado, y el mismo Dick al darse cuenta de la confusión de su audiencia llegó luego a decir a algunos que así era. No, en serio: si no te lo esperas y de repente un tipo te suelta eso como mínimo te quedas... sorprendido.



Dick era un gran entusiasta de la robótica, la informática y la prueba de Turing, en la que se basó para su Prueba Voight-Kampff. Una de sus gamberradas era pensar que en una prueba de Turing consiguiese hacer pensar a alguien que él, un humano, era en realidad la computadora. Hace unos años se construyó un robot con su efigie, un replicante. El robot se perdió en 2006 en un aeropuerto, y nunca se ha encontrado. Yo tengo muy claro que Philip K Dick poseyó a su propio androide, y que vaga por ahí tan tranquilo, disfrutando de la vida.



-SuperSantiEgo

16.12.13

Peli: El Hobito 2: La desolación de ser friki



Primero haré un comentario técnico: igual que la primera parte, vímela como mandan los cánones, con los 48 peichs y en 3D. Mientras que en esa primera parte no me llamó nada la atención el 3D ni la definición, y pese a que yo no detecté ninguno de los defectos o malas impresiones que algunos resaltaron, en esta segunda parte desde los primeros planos sí me dije: Coooooñoooo, esto se ve muy bien. Supongo que habrán afinado el proceso, que habrán puesto a quien deben a tratar esos asuntos o lo que sea, pero la verdad es que sí, menuda definición y detalle. Cosa fina.

Vale. Ahora la peli. Obviamente a estas alturas y conociendo la obra original y los muchos vicios y caminos trillados que son típicos de los argumentos de las películas modernas, no me esperaba ninguna sorpresa, pero hice mal porque las hay, y muchas. Todas terribles como en un juego de survival horror de zombis, pero sorpresas al fin y al cabo.

Básicamente, lo único que tengo que hacer es repetir lo que ya dije sobre la primera película en general: aunque técnicamente es impresionante, es imposible que salga algo realmente bueno cuando la idea principal y el espíritu que anima todo el proyecto desde el principio está tan profundamente equivocado en todas sus premisas artísticas, si es que en algún momento éstas llegaron a existir. Si nos atenemos al interés crematístico y a darle a un público adicto a la molonidad su dosis de molonidad, pues diez puntos sobre diez, eso está claro. Lo único que se puede añadir es que igual que en la anterior trilogía en la primera parte la adaptación ha sido un poco comedida para luego, una vez nos hayamos confiado un poco, pedirnos que le recojamos la pastilla de jabón y clavárnosla bien hasta el fondo.

Ahora hagamos de nuevo un pequeño ejercicio, un experimento mental que sin preparación ni nada lo expongo tal cuál: ¿podemos convertir La Ilíada, inmortal canto épico del aedo Homero, en una comedia musical? Imaginaos: Aquiles y Héctor cantando el uno al otro gracietas, mientras en todo el metraje se hace albur con la extraña amistad que tienen Aquiles y Patroclo, y cosas parecidas. Aun más: ¿se puede transformar, por decir la cosa más extravagante, imposible y absurda que se me pueda ocurrir, una obra de teatro de Shakespeare en un ballet en el que nadie diga ni una palabra y todos se pongan a bailar porque sí como en una peli de Fred Astaire, y Mercucio agonice un buen rato mientras da piruetas? La respuesta correcta es:



Hay hasta versión sobre hielo, en mi casa que no falte de nada a mis amigos:


También conocida como "Me llamo Sergei Prokofiev, y con dos cojones que lo voy a hacer". Ítem más: al principio iban a cambiarle el final, y como el final es que mueren todos (qué raro en Shakespeare, ¿verdad?), pues imaginaos cuál era el cambio, que no morían los que tenían que morir.

Por cierto: ¿que lo queréis todo junto, en plan musical como Annie y además también sobre hielo? Pues para eso siguen estando los rusos, para decir que quién dijo miedo:



De West Side Story casi mejor ni hablamos, ¿verdad?

En todo este debate bastante idiota que ha habido sobre el legado cultural en los últimos años, con guruses de la incultura hablando para indocumentados todavía menos más iletrados que ellos, la reinterpretación de los modelos anteriores y el frangollo mental que han conseguido montar en las mentes de toda una generación, yo sólo saqué una cosa: acidez de estómago. Mire: reinterprete, cambie, modifique usted, lo que le dé la gana. Para eso está, hombre, para eso está. Ahora bien: a ver como lo haces, porque el resultado es lo que se va a juzgar. No, hombre, no es que si tu reinterpretación de Romeo y Julieta en el espacio en clave marxista donde al final no mueren sino que se reencarnan en Matrix y se convierten en tratantes de pieles de foca en un mundo dominado por guisantes superinteligente me parece una mierda esté juzgando tu derecho, cuestiones legales apartes, de interpretar como te dé la gana la obra de Shakespeare, ni mucho menos que no me guste Shakespeare, porque sencillamente quizá lo único que estoy diciendo, aparte de lo legítimo de tu esfuerzo, es que tu reinterpretación de Romeo y Julieta en el espacio en clave marxista donde al final no mueren sino que se reencarnan en Matrix y se convierten en tratantes de pieles de foca en un mundo dominado por guisantes superinteligente me parece un excremento artísticamente hablando. A lo mejor hasta era una buena idea, lo de la interpretación marxista suena interesante en principio y el giro de las focas y los guisantes superinteligentes promete mucho, pero eso no quiere decir que tu reinterpretación de Romeo y Julieta en el espacio en clave marxista donde al final no mueren sino que se reencarnan en Matrix y se convierten en tratantes de pieles de foca en un mundo dominado por guisantes superinteligente me tenga que parecer buena, o que no me parezca la típica idea que ha surgido de una noche de insomnio provocada por una indigestión de chorizo.

Otra cuestión: aparte de que una adaptación sea buena o mala como adaptación, eso no quiere decir que el producto sea bueno o malo per se. Por eso se puede dar el caso de que algo sea una buena adaptación y un mal producto final, o una mala adaptación y un buen producto final, igual que pueden darse igualmente las otras dos permutaciones. Sin ir más lejos en muchos aspectos las dos películas de Conan de Chuachenéguer son una mala adaptación del personaje, pero son buenas películas a su manera, y cada uno que busque los ejemplos que quiera de las otras posibilidades. Es decir: voy a coger una novelita infantiloide con cancioncillas y poemas de unos enanitos que van a reconquistar su tesoro, que ni siquiera es del todo coherente con su más famosa continuación y ya puestos ni siquiera consigo misma porque hay un par de cosas que mal se entienden, y la voy a convertir en unas pelis ÉPICAS QUE TE CAGAS. Pues muy bien, oyes, me parece estupendo, usted mismo, la cosa promete, a ver qué sale de ahí.

Esto.

Ah, vale. ¿El resultado? Repito: es imposible que, con tanta pasta, tanta capacidad de computación y tanto talento apoyando el inexistente que es el que maquina todo desde arriba, no salga algo más o menos decente, e incluso brillante en algunos aspectos. Es lo que tiene la fuerza bruta, en este caso en su modalidad "golpe de talonario", aunque eso nunca podrá ocultar del todo la incapacidad de hacer algo bueno con inteligencia y perspicacia en vez de con grandilocuencia y golpes de efecto. Es lo que viene a ser una de las constantes de este tipo de productos: la caca de lujo. Es caca, pero de lujo. Al que le guste lo lujoso sin importarle que sea caca, está de enhorabuena, porque la hay a montones. Es un concepto parecido al de los millonarios rusos y en general de Europa del Este que posan como gañanes en sus mansiones de nuevos ricos llenas de decoración suntuosa y recargada, en habitaciones con picassos puestos en una esquina de modo que para verlos bien tienes que ponerte de rodillas sobre un diván: acumulación por el simple hecho de acumular, todo muy lujoso pero en conjunto una verdadera mierda que dice del propietario justo lo contrario de lo que él cree, y que para el que no sea otro igual de gañán le parece eso, un montón de fastuosidad cuyo resultado conjunto es la mierda. Es el efecto "tengo bastante dinero para comprarme un Picasso pero no conocimiento y buen gusto para saber dónde y cómo ponerlo". Caca de lujo.

Hace unos años un amigo, estudiante de la Escuela de Cinematografía, me dejó un libro sobre análisis de guiones cinematográficos, donde a través de una serie de ejemplos conocidos se analizaba qué era un buen guión y por qué lo eran esos ejemplos. Una de las claves era que en un buen guión, en realidad en cualquier obra con un argumento sólido, todos los elementos estaban en equilibrio y bien relacionados entre ellos. De ahí, por ejemplo, que no es lo mismo que en Terminator el protagonista sea un cyborg enviado desde el futuro que un churrero con almorranas de la calle de al lado. Cambia un poco la esencia del personaje, así como su motivación para matar a Sarah Connor. El libro incidía claramente en que incluso un cambio menor podía descabalgar por completo un argumento bien construido, o convertirlo en un sinsentido, de ahí la importancia de no jugar frívolamente con los elementos de una historia. Un ejemplo de esto es el de 300, sólo por citar una de sus burradas más evidentes: en la novela gráfica Leónidas le explica a Efialtes que no puede combatir con ellos porque, al no poder levantar el escudo, no puede luchar en formación cerrada como hacen los hoplitas espartanos. La escena se copia tal cual en la película, pero luego en ésta los espartanos no combaten en formación de falange, sino que se molan un kilo y luchan en combate singular a cámara lenta, con lo que Leónidas en la película pasa a meterle un tremendo vacile al tullido porque... es que el club se llama de los no-Homers, ¿sabes? Es decir: ojito con cambiar algo, pues ese cambio puede producir un desequilibrio o perturbación en todo el argumento. El ejemplo más claro de estas adaptaciones en trilogía de la obra de Tolkien es palmario: ¿Cómo que las águilas son así como muy grandes? Sí, jefe, muy grandes pero sin pasarse. ¿Pero no eran gigantes? No, ésas eran las de la Primera Edad, que se peleaban con dragones si hacía falta. Pues yo las quiero gigantes, que son más chulas, y que las llame Gandalf cuando quiera, como ahora con la aplicación del móvil te llamas un taxi. Vale, pero hablan, ¿no? No lo veo necesario. Pues claro que no, majo, qué va a ser necesario. Sencillamente convierte en absurdo todo lo que pasa, de ahí los múltiples cachondeos de por qué en ambas trilogías no se utiliza tan poderosa fuerza aérea a tu servicio para absolutamente todo. De hecho en El Hobbit las águila dejan muy claro, hablando, que no se acercan a la ciudad del lago ni a la montaña ni de blas, que buen rollito pero en ellas no manda nadie, mientras que en la película las águilas mudas los dejan donde les da la gana, y para más inri allá en un risco del que debe costar un buen rato bajar, riesgo de despeñarse incluido, pero lo importante es la imagen molona, todo lo demás es secundario. Cambiamos águilas enormes que hablan de la Tercera Edad por águilas gigantes de la Primera Edad que no hablan y seguro que no pasa nada, todo lo demás no queda afectado. Para la molonidad más siempre es más. Lo grande mola y si es más grande masmola. Mantengamos en memoria caché ese pensamiento.

La primera escena principal de la película empieza con toda una declaración del Principio de la Molonidad: la sutileza, la contención, el dejar entrever, el sugerir, es de PERDEDORES, DÉBILES, AMARGADOS y MENOSMOLA. Lo que no se ve no existe, y lo que no existe no mola. Todo lo que mola es real, como habría dicho Hegel si hubiese dedicado sus esfuerzos a lo único que mola, que es lo que mola. Si no lo veo, no existe, y por lo tanto no puede molar. De la forma  osuna de Beorn en la novela se habla, se intuye, está en las sombras. ¡Qué nenaza! Aquí, desde el primer momento chupando cámara, y más que un oso parece uno de los hombres lobos pintados por Richard Corben. Beorn parece una mezcla entre Larry Bird y Lobezno. De paso, para que podamos entender que odia a los orcos, nos inventamos un pasado de galeote en el que esclavizaron a su pueblo de cambiapieles, como si que se cargasen a su especie no llegara, no vaya a ser que sin ese detalle no entendamos su inquina. En la torta de años que debe llevar libre el buen señor no ha conseguido quitarse un grillete que lleva todavía con un trozo de cadena, ni ha podido encontrar a nadie que lo ayude a hacerlo. Tampoco me termino de explicar cómo el grillete sigue en su sitio de transformación en transformación, aunque después de asimilar a los hombres lobos de Corporación Dermoestética yo ya me creo cualquier cosa. Por supuesto, igual que el resto de las escenas, cambia todo sin atenerse ni a Dios ni al Diablo, pues quien sirve a Molona (también conocida como Guayona, Bacana, Chidamama, Osómica, etc), la diosa de la molonidad, no puede servir a dos señores a un tiempo, y Molona requiere dedicación exclusiva. Esto provoca que la llegada a la casa de Beorn sea algo como la visita del doctor: supermolonidad para que volvemos a ver escena ÉPICA trepidante y luego hola, qué tal, llevaos mis poneys, hasta luego, nos vemos en los bares.

La parte del Bosque negro está bastante apañada. Eso sí: no se pierden por causa de fuerza mayor, como en el libro, sino porque son despistados. En el asunto arácnido se repite, a lo tonto, la broma de las minas de Moria sin venir a cuento, con telas de araña que transmiten una vibración a cientos de metros, por lo visto, y vemos cómo Bilbo al ponerse el anillo oye a las arañas hablar, cosa que mola mucho pero que nos hace preguntarnos lo mucho que habría molado que Ella Laraña hubiese hablado también. Del mismo modo, recordemos, cuando el destino lo crea necesario, aprenderemos kung-fu, de modo que un hobbit rentista ya entrado en años de repente se convierte en un hábil espadachín que le da a las araña lo suyo y lo de sus primas las de Cuenca. Bilbo, el hobbit berserker. Todas las escenas están modificadas, recordémoslo, porque en el libro estaban mal y no eran molonas. En este caso llegan los elfos silvanos, los elfos verdes, los elfos boinas verdes, las fuerzas especiales de los elfos, los elfos SWAT, pues no hay nada más molón que una escena ÉPICA que una escena ÉPICA detrás de otra escena ÉPICA para crear una superescena REÉPICA, más siempre masmola. Es en ese momento en el que uno se imagina a Peter Jasckson recordando el pitorreo que hubo con Legolas con las escenitas del surf sobre escudo y lo del olifante, y cómo al teclado antes de empezar los guiones de esta nueva trilogía dice: "Aquí manda mi polla".

Después de una lección práctica de ninjutsu élfico, y que Legolas aparezca por allí por la misma razón que R2-D2 y C3PO tenían que estar el trilogía-precuela, es decir, ninguna, encierran a nuestros enanitos en las mazmorras del reino élfico del Bosque. Legolas hace más o menos lo mismo que en las otras películas, poner cara de empanao, y aparece con su novia, amiga especial, compañera de armas, posible interés romántico, yo qué sé, Tauriel, una elfa buenorra interpretada por Evangeline Lilly, por la que en este blog siempre hemos tenido una gran debilidad, para qué lo vamos a negar. Lo curioso es que, creo, es también la única elfo que llegamos a ver, porque esto de la paridad de sexos y meter personajes femeninos sí, pero con cuentagotas. Tauriel es la protegida, vaya usted a saber por qué a no ser que empiece ya a pensar cosas raras, del rey y padre de Legolas, Thranduil, personaje que en el libro es quizá demasiado receloso y desconfiado, pero que en la película es... desagradable. Como tampoco podemos poner a un rey elfo que ejerza de verdaderamente malo, pues al final lo que queda es... desagradable. Es otra tendencia que veo últimamente en algún diseño de personaje, algo que se comentó mucho con el interpretado por Charlize Theron en Promiiiizius: personajes que no son exactamente malos... sólo desagradables. Pues de este modo Thranduil es eso, un tipo desagradable porque sí, y que, eso también, tiene un diálogo delirante con la anterior, Tauriel, cuando discuten brevemente la idoneidad de que Legolas pille cacho con ella, la haga su esposa o algo parecido. En ese momento lamenté de verdad no estar viendo la película con el doblaje hispanoamericano, porque habría sido justo lo que hubiese faltado para que la escena pareciese sacada de uno de los culebrones mexicanos que ve mi madre, y sólo le hubiese faltado también que tuviesen nombres compuestos. Entonces, rey Thranduil, ¿no cree que Legolas Alfredo y yo podamos estar juntos? No, Tauriel Alejandra, eso no será posible. Me habría dado un ictus en medio del cine, pero habría muerto feliz.

Al rey desagradable, Thranduil, cuando habla con Thorin, se le vuelve zombi una parte de la cara. No quiero saber por qué, ni qué explicación hay si es que alguien se ha molestado en darla. Me da igual, de veras. Por su parte Tauriel tiene una especie de pequeño miniencoñamiento con uno de los enanos, que se ve más o menos correspondido, parece. Digo parece porque todos sabemos que lo único que puede pasar es que amaguen. Descubrimos entonces por qué nos los han puesto, por lo menos a algunos, con pinta no de verdaderos enanos, sino de personas con una grave deficiencia de vitamina D, porque si no además de resultar totalmente inverosímil habría sido también... desagradable. Lo de elfos y humanos medio lo puede uno entender, pero lo que pueda ver una elfo en un enano y todavía menos un enano en una elfa sin barba, eso me desconcierta y tampoco quiero pensar mucho en tales relaciones contra natura, a no ser que sea verdad lo que dicen de los enanos, vosotros me entendéis, y la elfo quiera descubrirlo. A destacar también que el único personaje femenino en toda la película, aguerrida combatiente en mil batallas, tantas como podemos suponer que son sus años, a la mínima que ve una cara bonita y le ponen ojitos pierde un poco el oremus y se olvida de su importante misión de proteger al reino y dar chicharrón sin piedad a los enemigos de su señor, al que ha jurado lealtad. Por lo que podemos observar las mujeres elfo también están sujetas al dictado de las hormonas que rigen su ciclo reproductivo y a las emociones propias del lado derecho del cerebro. Por supuesto Jackson y sus secuaces se han apresurado a decir que el nombre de la elfo está construido en perfecto sindarin y que nunca crearían un personaje que no fuese coherente con el mundo tolkiano. El pequeño detalle de que las elfos no tengan carreras militares en ese mundo fantástico de relaciones sociales medievales, pues un detalle sin importancia.

Eso sí: eché en falta una escena de despelote. Si ya nos estamos pasando por el escroto todo, quiero ver a la moza en paños menores. De acuerdo, aún estamos a tiempo porque queda una película, pero en habiendo un río y tanta agua no veo razón por la que no ver a la señora, modelo y actriz, enseñando sus encantos como en Perdidos; siempre dentro del buen gusto, claro. Lo cual me llevó inmediatamente a tener un idea genial, una idea de las que se suele llamar de un millón de dólares. Inmediatamente me imaginé una llamada a Victoria's Secret y la creación de una línea de lencería El Señor de los Anillos. Imaginaos a Behati, Candice, Alsessandra, Erin, Karlie, Adriana, y todos los demás ángeles de VS con modelitos inspirados en la cultura élfica, y posando con las orejitas picudas, amén de arcos, espadas curvas y demás. Eso es una idea de un millón de dólares. No sólo comprarían esas prendas las señoras que quisieran vestirlas, sino que además las comprarían minolles y minolles de frikis porque obviamente no se venderían sólo en las típicas cajitas o bolsas, sino también en todo tipo de expositores propios de colección. Por supuesto, habría combos de figuritas de alta calidad y precio hechas en resina de las modelos posando en tan sugerentes prendas y el conjunto en un expositor. Imaginaos la cara de las madres de los frikis cuando viesen a sus hijos con tales colecciones y la pregunta que les podrían hacer: Hijo, no estarás comprando ropa interior femenina para hacer guarreridas con ella, ¿verdad? Y la respuesta airada del friki: ¿Sacarla de su empaquetado original y que pierda valor? Eso sí que sería una indecencia.

Apunte filológico: la coherencia, a tomar por el ojete. Los diálogos son en élfico o en lengua común según sople el viento del norte o no, por lo que parece. Es decir: el traductor universal de Star Trek funciona a ratos. ¿Los elfos no deberían hablar siempre en élfico entre ellos? Pues parece que no, o los oímos en traducción simultánea, vaya uno a saber.

Bueno, pasado los momentos de encierro en el palacio del rey desagradable, escapan con la famosa escena de los barriles. Barriles que están abiertos, ya que suponemos que son mágicos, no les entra agua y por tanto no se hunden con un enano de ochenta a cien kilos dentro, además del agua que entre porque van por unos rápidos. La Molonidad está también, recordémoslo, por encima de las leyes físicas elementales y de la lógica. Bilbo, en medio de los rápidos, va a pecho lobo agarrándose a lo que puede, a lo Chuck Norris, cuyo espíritu lo protege porque sobrevive. Supongo que al ver esta escena Bear Gyllis habrá dicho: "Venga ya, hombre". Cuando llega el momento no sólo entras en berserker, sino que sabes sobrevivir a unos rápidos. Lo importante es que la escena es ósom, y dará muy bien en el videojuego. Es la típica escena hecha no para alguien que siente respeto por su propia inteligencia, sino para roleros pasados de vueltas que en medio del cine se sacarán el asunto y se pondrán a tocar la zambomba mientras ven cómo elfos de décimo nivel con destreza dieciocho sacan un crítico tras otro. Y esto, amiguitos, es ciencia: no hay ninguna ley de la física o de la estadística que diga que no se pueden sacar cien veintes seguidos. ¿Para qué hacer una escena de acción trepidante con un gran momento cuando podemos hacer que TODOS SEAN GRANDES MOMENTOS, que es lo que masmola? Me recuerda a ese personaje de Kirk Douglas en Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952), en la que el productor larga al director porque "no ha visto que esta escena debería ser un punto culminante de la película", a lo que el director le responde que cualquier escena se puede convertir en un punto culminante, pero que así sale un churro que no veas, porque para dirigir hay que tener humildad. No, si la escena es espectacular, eso es innegable, pero un director tiene que dirigir una película considerada como un todo, no un conjunto de escenas sueltas. Pero la humildad es para FRACASADOS y MENOSMOLA. La Molonidad no es humilde porque la humildad no es ÉPICA. A no ser la humildad ÉPICA, claro. Por cierto, a ver si adivináis lo que pasa cuando el personaje de Kirk Douglas dirige él mismo la película en la que todas la escenas son absolutamente osómicas. Que le sale una película como ésta, aunque como eran tiempos menos avanzados que éste en el que la molonidad es la medida de todas las cosas, pues reconoce que la ha cagado pero bien.

A partir de aquí tenemos otro ejemplo, podría parecer de "de donde no hay no se puede sacar". El despropósito inicial de hacer tres películas ya es grave, pero es que además hay que hacerlas de tres horas y pico, como las anteriores que adaptaban un libro de más de mil páginas llenas de acción y personajes. Por lo tanto, tenemos que meter relleno. No es que la idea de expandir personajes y escenas sea mala de por sí, pero es que no está bien hecho. Nuevamente, eso sí, tenemos otra vez el factor friki: del mismo modo que Lucas se "olvidó" de contarnos las historias secundarias de todo cuanto personaje sale en las películas incluso en un único plano, ya que para eso están los Universos Sacacuartos Expandidos, pues aquí nos tienen que contar mucho más de otros personajes, sea necesario o no, el efecto del bestsellerismo que raramente no es un tochaco con relleno y capítulos que no aportan nada, pero que siempre dan empaque para el lector poco exigente. Lo que nos cuentan en el relleno de esta película no es bueno. En primer lugar Bardo se dedica al contrabando y otras trapacerías, cosa que no termina de casar muy bien con que sea un supuesto y honrado revolucionario, y además por muy noble que nos lo quieran poner no deja de ser un tipo en el fondo bastante venal que... Espera, ¿cómo que venal? Claro, porque los enanos lo sobornan con largueza para que los meta en la ciudad a cambio de refugio y armas. Y le pagan con sus bolsas de oro que los elfos no les han requisado. Porque los elfos podrán ser un poco cabrones con los enanos, y privarlos de sus armas, cotas de malla y pipas, de modo que escapan como quien dice en camisa, pero tocarle su dinero a un enano no, eso contravendría completamente la Convención de Ginebra y sería considerado trato cruel e inhumano. Supongo que los frikis jarcor se inventarán la típica explicación ad hoc del tipo "es que la cultura élfica es de otra manera que la nuestra", y claro, ellos la comprenden a la perfección a medida que se la van inventando sobre la marcha para que sea como conviene en cada momento para justificar lo que convenga. Venga, otra explicación que se me ocurre: debido al odio racial entre elfos y enanos los elfos les dejan el dinero para hacerles ver que ellos están por encima del vil metal e insinuarles que su raza puede divertirse indefinidamente contando una vez tras otra las mismas monedas. Ahora más en serio: ¿vosotros dejaríais encerrados en unas celdas a unos enanos, conocidos por ser extraordinarios ingenieros y orfebres, con piezas de metal dúctil? Es decir: a los enanos les dejaron las bolsas bien repletas, a no ser, claro, que se lo saquen del mismísimo ojal a lo Papillón, que no es lo que vemos que sucede. Ya sabéis: podéis cambiar ciertas cosillas sin problema, que seguro que no generáis ninguna inconsistencia ni problema de lógica interna. La ÉPICA lo cubre todo con su manto, y Molona confunde beatíficamente la visión de los que la sirven. Los términos medios son para débiles que no están a la altura de la Edad Hibórea. Fijaos que incluso cuando se diseñó Facebook el botón inicialmente no era "me gusta (like)", sino directamente "ósom". Por culpa de algún cabrón amargado hijoputa cabrón que no es parte de la Molonidad (sí, fue Zuckerberg) las cosas no son directamente ósom como querríamos, sino que simplemente, de forma vulgar y anodina, nos gustan. Como bien dice la noticia, "no hay ninguna palabra más ósom que ósom". Las palabras ósom, molón, guayón, chingón, son absolutamente autológicas, nada puede substituirlas porque lo único que supera a la molonidad es una molonidad todavía más grande.

La escena de la Ciudad del Lago mola mucho también. Nos introduce una subtrama más, otra, y vemos cómo además, nuevamente, las cosas suceden porque sí: la ciudad es una especie de estado policial en el que patrullan parejas de la Guardia Civil continuamente... excepto cuando llegan los orcos de las fuerzas especiales, con Orco Jefe nuevo del trinque, que entonces está vacía para que Legolas pueda lucirse de nuevo con sus cualidades de spetsnaz matando a todo lo que se le pone por delante en un escenario completamente diáfano. Los orcos por definición son una raza ruidosa y que hace imposible el concepto de orco ninja, pero si es necesario para que todo sea molón se suspende la credulidad, la realidad o lo que sea y adelante, porque ninjas deben ser al colarse como quieren en una ciudad con guardas por todas partes. También sale Grima otra vez. Los artífices de esta maravilla se apuntan al pensamiento mágico: si en la primera salía un Grima, aquí tiene que salir otro. No se puede hacer una película sobre Tolkien sin Grima, está claro. Durante un momento me pregunté si era el mismo actor que hace de Gollum, pero no. Pero podrían ser familia.

A todo esto, que casi me olvido... Gandalf deja mangados a los enanos y viaja a Dol Guldur, que son unas típicas ruinas imposibles. Imposibles en el sentido de que nadie puede imaginarse cómo era eso antes de ser una ruina. Para mí que la diseñaron ya para ser una ruina desde el primer momento, porque de haber existido como lo que parece ser de ruina, muy funcional no lo veo, menudo satanazo, y nunca mejor dicho. Lo bueno es que se pelea con el Nigromante, al que se le llama ya por su nombre, Sauron. Esto nuevamente es como las trilogías de Lucas: como hemos hecho las cosas al revés, pues qué más da ya, nunca jamás se podrá saber si hay que ver una primero que la otra o qué orden sería preferible, pues hemos entrado en una paradoja narrativa sin solución posible. Radagast sale, sí, es verdad: para decir "hola" de nuevo, y poco más. Si no hubiese salido no habría pasado nada grave. O sí: no podríamos volver a vender el muñequito, qué tontería la mía.

Por fin llegamos al plato fuerte, que es la llegada a Erebor. Nuevamente alargamos las escenas, como la de abrir la puerta, innecesariamente y añadiendo una nueva capa de incomprensión, pues vemos cómo los enanos son unos mongolos que se rinden a la primera y no conocen su propia cultura y tradiciones. Cambiemos pequeños detallitos para la adaptación cinematrográfica, que seguro que no pasa nada. Hombre, cambia, pero no me vuelvas a los personajes mongolos que hasta el espectador más tonto sabe lo que va a pasar y por qué menos ellos. Mención especial a la escena retórica propia de un fanfiction escrito por un niño de quince años cuando de repente vuelven todos juntos sin saber cómo ni de dónde, con planos majestuosamente grandilocuentes y ÉPICOS con música triunfal. Planos épicos de mongolos que no conocen su propia cultura y tradiciones, pero eh, que estamos haciendo un primer plano en traveling de un tío que junta las cejas. ¿Cómo no va a ser eso ÉPICO?
Tolkien dejando claro que no aprobó Molonidad 101 y que no entendía nada de su propia obra.
Al final, de un modo u otro, Disney se filtra en absolutamente todo.
Y ahora recordad: más siempre es más, y más masmola. Smaug está domido sobre, o cubierto parcialmente de, dependiendo de las interpretaciones visuales que queramos seguir, una montaña de oro y piedras preciosas. Pero eso no es ÉPICO. Tolkien era un amargado, un lúser que no sabía pensar a lo grande y de forma verdaderamente molona. Una montaña de oro con un dragón encima no basta, eso es de gente que no tiene amor propio ni sabe lo que es la GRANDEZA. A ver, compa're: ¿vamos a ser menos que el dragón de Dragon's Lair o el depósito de Tío gilito con sus fantastillones o qué? Más alto, más fuerte, más rápido, ése es el lema de la Molonidad. Así pues que nuestro dragón tenga un tesoro en el que no se alcance el horizonte con la vista, un conjunto no numerable de monedas. Si toda esa masa (incluso en el sentido gravitatorio de la palabra) monetaria se hubiese puesto en circulación en la Tierra Media no quiero ni pensar en lo que hubiese ocurrido en su economía, pero no hubiese sido mucho mejor que lo que le habría pasado bajo el reinado de Sauron. La Molonidad es pensamiento único: si puedo hacer un recinto lleno de oro sin límite ni frontera, ¿cómo no hacerlo? ¿Quién necesita cerebro o buen gusto si tiene CGIs? La potencia sin control no sirve de nada. Eso sí: el dragón hay que reconocer que mola mucho.
Puedes hacer que cada frase y momento de tu vida sea ÉPICO, pero igual termina cansando.

Volviendo al tema principal: ¿se puede hacer una versión absolutamente ÓÓÓÓSOM de El Hobbit? Sí, y de Pippi Calzaslargas, y de Teo va al Zoo. Ahora bien: ¿realmente es necesario, o eso puede salir bien? La Molonidad lo tiene claro: más alto, más fuerte, más rápido, en toda ocasión y momento. Si lo pensáis, es lo que le pasó en cierto modo a la música: ya que no sabemos componer ni tocar, justifiquemos que lo que importa, que lo que mola, es romper los tímpanos y que no se perciban ni las notas. La fuerza bruta y la acumulación como única explicación de todo. También es algo que se ha analizado en teoría general del arte: en tiempos de crisis y de falta de ideas se tiende al gigantismo, a la desproporción, que es una forma de infantilización, de pensamiento pueril: todo más grande, más mejor, más ciclao, siempre en quinta hasta en las curvas, que seguro que no derrapas.
¿Seguro que no estamos intentando compensar otras carencias?

Llegamos al punto culminante de la peli, obviamente el final. Desde el primer momento de la primera película se nos ha dejado claro que Smaug es el equivalente de una arma de destrucción masiva. Ésa es la razón por la que Gandalf, nos explicará luego el mismo Tolkien en otro escrito, quiere sacarlo del juego, porque llegaría un momento en el que Sauron al recuperar su poder podría dominarlo con su voluntad y entonces, como se suele decir, se iba a cagar la perra. Sólo hay que ver lo que pasa en la primera película: llega Smaug a un reino armado y con miles de soldados, y se los merienda, los barre del mapa, los rosbisa como quiere y pocas coñas conmigo que escupo fuego. También entendámoslo: en la novela la misión no está nada clara ni tiene demasiado sentido, ni siquiera con las explicaciones de Tolkien, pero es que aquí menos: es como querer hacer el Desembarco de Normandía con cuatro amigos y flotadores de playa. Por un lado tenemos a unos enanos que ya han demostrado que no pueden ni enfrentarse a tres trolles, pero por lo visto ahora hay que tener la Piedra del Arca para algo, que no termino de entender qué es. Porque así uno puede ser rey de los enanos, aunque en Bree tal como me lo cuenta Gandalf el mismo Thorin debería haber reunido a todas las naciones enanas para reconquistar el reino. ¿Sin la piedra que le otorga autoridad? Coño, otro Aragorn. Me empiezo a perder, la verdad.

La cuestión es que, y eso no estaba en el plan ni se había hablado de ello, los enanos se pelean con el dragón. ¿Por qué? En las inmortales palabras de Chris Peterson: ocho nabos. Nuevamente, incapaces de crear nada nuevo, echamos mano de lo que ya tenemos: no, es que tener la Piedra del Arca, querer poseerla, es como lo del Anillo, que te quema por dentro y te jode la vida. Cuando Thorin motu proprio y sin que le importe un higo que el dragón lo olfatee baja a ver lo que hace su ladrón porque ya se malicia que se la quieren robar, se le pone una cara de Boromir que no veas. Joder, Peter, se te nota que como lo único que crees que te ha salido bien es El señor de los anillos quieres repetirlo todo una vez tras otra sea como sea. ¿Es que también está encantada esa piedra? ¿Mi prima la que está obsesionada con tener un bolso de Gucci también es porque sobre el bolso pesa una maldición? Lo que cuenta es que cómo no vamos a hacer que los enanos se fostien con el dragón. Es imposible, porque si se puede hacer no nos vamos a privar de ello, no sería molón. La molonidad se construye sobre más molonidad, y no tiene dudas ni permite la reflexión: si puede existir debe existir, toda molonidad necesita ser creada. Si un ejército no valió para detenerlo, ¿por qué no iban a triunfar media docena de indocumentados? Pues claro que sí. Además, estamos de enhorabuena, porque ya es casualidad que justo cuando el dragón atacó antaño estaban a punto de hacer una estatua gigantesca de un enano, de modo que ponen de nuevo el proceso en marcha de fundir el zumo de naranja. Digo que es zumo de naranja por su viscosidad, por el hecho de que se puede navegar sobre ella encima de una carretilla sin que ésta se derrita y queme y todo lo demás. Cuando Smaug queda cubierto por el zumo de naranja incandescente, demostrando que a él todo se la pela, y en pleno encabronamiento con unos enanos a los que puede dar matarile en cualquier momento, aunque parece que a éstos nos les afectan las altas temperaturas ni la privación de oxígeno, se lo piensa mejor. ¿Qué es lo que hace un dragón encabronado y lleno de furia que tiene prácticamente a su merced a sus enemigos, y al que incluso después de bañarlo en oro fundido (sí, vale, era oro) no le pueden hacer nada?

Que me aburro de vosotros. Que voy a destruir la Ciudad del Lago porque sí, y luego ya si eso os mato luego.

Hombre, en la novela tampoco es que quede muy claro, pero al menos Smaug tiene una idea razonable de que se los ha pulido a todos, porque básicamente ha convertido el interior y exterior de la montaña en gótico flamígero, pero aquí ni eso: les enseña el culo y va a destruir la ciudad... porque sí, para que veáis lo malo que soy. Ah, no, claro, que en la novela lo matan ahí y eso es lo que pasa.

Ya sabéis: cambias una cosa, un pequeño detalle como que los enanos se enfrenten al dragón o no, y seguro que no queda nada desequilibrado. Muchas veces en estos casos el problema ya no es interpretar una cosa o no, sino sencillamente interpretar demasiado poco. Ante la imposibilidad de alcanzar un equilibrio imposible entre supuesta fidelidad a la novela y la necesaria adaptación a un guión cinematrográfico donde se cambia por completo el tono del original, no hemos tenido tiempo de hacer esa adaptación porque, lo he dicho mil veces, todas las energías se van en hacer escenas molonas sueltas. Que no tienen hilazón ni ritmo entre ellas, pero como si eso importase. El problema lo entiendo: es una novela de corte muy infantil en la que unos enanos desarmados van a intentar robar parte del tesoro que fue suyo y que ahora custodia el dragón que se lo arrebató a ellos, dirigidos por un mago que tiene unas intenciones más o menos difusas que luego Tolkien intentó explicar en uno de lo primeros ejercicios conocidos de retrocontinuidad. Si no digo que sea fácil adaptarlo, pero como ya digo la única adaptación que han hecho es en términos de molonidad pensando en escenas sueltas, algo que se ve también en otros proyectos como King Kong, del mismo director. Si a eso ya le añadimos que hay que hinchar el metraje a tres películas y que éstas sean de tres horas cada una, pues apaga y vámonos. Si realmente quieres convertirlo en un espectáculo más coherente y adulto, pues empieza desde el principio: a lo mejor la motivación de los personajes son otras, mete traidores en la corte enana, explica de forma coherente cómo y por qué se produce esa expedición, y por qué creen que ahora sí pueden destruir al dragón, y si se lo tienen que cargar los enanos y queda bien, adelante. Todo lo demás es ni chicha ni limoná, intentar hinchar el perro y poco más. Si todavía se habla, con cinismo o no, de "adaptación fiel", es por el prestigio que según parece sigue dando al producto derivado, pero por nada más. Del mismo modo que Dangeons and Dragons no era El Señor de los Anillos o el mundo de Tolkien aunque copiase uno a uno todos sus elementos, esto tampoco lo es, pero en cierto modo como si le hiciera falta, con lo molón que es. Con quince años, o con cuarenta pensando como un quinceañero, podría creérmelo, pero sabiendo lo que sé ahora ni de coña. Tampoco me importa, pues mi época de ligera devoción tolkiana es de cuando tenía esa edad y es una devoción que no echo de menos, pero a cada uno lo suyo. Es como cuando te dicen que la peli de Tim Burton es respetuosa con el espíritu de la obra de Lewis Carroll; si, hijo, sí: por eso introduce elementos de racionalidad y lógica en un mundo marcado por el caos y el absurdo, y el Sombrerero Loco tiene estrés postraumático, no te jode. Ha captado el espíritu lo que se dice de dulce.




No me entendáis mal: también es cierto que el mundo está como está y las cosas son como son, así que es normal que parezca que las escenas se hagan ya pensando en su posterior adaptación a videojuego, y que dado el nivel del que emite el mensaje y del que lo recibe bastante nos podemos dar por satisfechos de que no nos hayan hecho ya una adaptación de 1984 en la que Winston Smith se los carga a todos y luego termina matando con sus propias manos al Gran Hermano, cosa que no me diréis que no sería ósom y algo mucho más lógico y coherente, y por supuesto que captaría muy bien la esencia de la novela. No, pensadlo en serio: un personaje que no se sabe quién es y al que nunca vemos: ¿cómo va a dar acojone eso? ¿Quién puede identificarse con un personaje enclenque y pusilánime como Winston Smith, que hasta tuvieron que poner a John Hurt a interpretarlo? Y además lo torturan y achanta, el muy mariquita.

Nuevamente tenemos, también, otro ejemplo de intentar justificar lo injustificable. Los modos de hacer esto son incontables, pero en el fondo vienen a ser lo mismo:

Primero: la parte por el todo. Es decir: la escena de los barriles o la de la cueva de los orcos es la polla. Vale, sí, pero es que eso ya lo he visto hace muchos años, y en algunos centros comerciales hay una especie de montañas rusas virtuales que ya hacen un efecto parecido, y el famoso cortometraje de la mina encantada que era de la atracción de un parque de atracciones también es muy bueno, o las demos visuales que se hacían hace más de veinte años. Pero eso no hace la película buena, es pura disonancia cognitiva e intentar encontrar el monopolo donde se junta lo negativo con lo positivo y conviven tranquilamente sin pelearse. Es lo de "esta novela de Martin es la hostia, pero me salto capítulos y la verdad es que tiene partes muy aburridas". Aahhhh, menuda soberbia y clarificadora descripción de algo que es la hostia. El submarino de color bien, está perfecto pero no flota. ¿Os acordáis que hace mucho que hay que ser muy tonto e indocumentado para no darse cuenta de que un friki no es más que un gafapasta que cambió de raíl? Porque esto me recuerda a los intentos de algunos de justificar una película como El cielo protector: "Sí, es aburrida pero es muy buena". Ah, claro. Y mi preferida de esa película: "A mí me gustó mucho la fotografía". Pues te compras el National Geographic o el Playboy. Estamos hablando de una película y de una progresión dramática, y sencillamente a veces no la hay, o no funciona. Los mismos que alaban la escena de los barriles dicen que luego la de la pelea con el dragón aburre o es demasiado larga, por no decir toda la bajona de la Ciudad del Lago aunque haya hostias, porque todo el relleno es la película es eso, hostias ÉPICAS y molonas. Claro que a alguna gente, por mucho que diga que la peli es la hostia, dice que eso ya aburre: porque ya estamos saturados, y la molonidad es como la mayonesa: por mucho que guste o se crea haber creado tolerancia, sola y sin nada que le dé consistencia termina hartando un poco, pero el friki es así, sigue comiendo mayonesa hasta vomitar y después de hacerlo pide más y si es necesario jura que el amoníaco huele de maravilla, es lo lógico del mismo modo que si quieres matar a tu hijo pequeño sólo tienes que dejarlo a solas en una heladería con cincuenta euros y pasar luego unas horas después a recoger el cadáver, y menos mal que al llegar a las tres horas y pico reglamentarias damos tijeretazo por donde toca y listo, el próximo año nos vemos. Es lo bueno de estar tan sobrado y saber que tienes a un público cautivo, que puedes darte el lujo de hacer como en los culebrones, que van filmando y cuando llegan a los cincuenta minutos del capítulo se corta por donde sea, sin que importe si ese capítulo tiene unidad o consistencia por sí mismo porque al público de los culebrones le importa eso cien gaitas, y además todas las escenas acaban igual con los personajes taladrándose con la mirada, así que da igual una que otra, lo importante es que vean el siguiente capítulo igual de mal estructurado; es algo así como la fabricación de chorizos: primero se hace un chorizo larguísimo y luego ya ponemos la cuerda por donde toque. Pues aquí algo parecido: como en ESDLA la estructura de trilogía venía pretoquelada no hubo problema, pero aquí a la hora de tener que decidir por dónde se corta ya se depende de uno mismo, y el resultado está a la vista.

Abundando en esto, y sin temor a ser polémico, podríamos repasar incluso la historia del cine y encontrarnos alguna sorpresa. Las películas de los Hermanos Marx, por ejemplo, no son precisamente buenas como películas, de hecho son bastante endebles porque excepto en un par de casos son algo tostón y consisten en alguna trama romántica de la que nadie se suele acordar en la que ellos ejercen de supuestos personajes secundarios que meten a calzador sus escenas que, ahí sí, son verdaderas genialidades, pero que en muchos casos serían intercambiables de una película a otra, y de hecho no eran sino adaptación de sus espectáculos de vodevil, y que consistían precisamente en una pieza de duración limitada. Dos décadas después no habrían hecho cine, sino seguramente televisión. Por eso el Flying Circus de los Monty Python funciona tan bien y sus películas menos una adolecen del mismo problema al pasar al formato de largo. O qué decir de cuántas adaptaciones de personajes del Saturday Night Live que al pasar a película no han tenido el éxito del original tanto por error de concepto como de no saber adaptar a largometraje. Estas limitaciones tampoco quitan valor a los ejemplos propuestos: realmente recordamos las escenas importantes de las películas de los Marx por lo que valen, y a los Mony Python les perdonamos que aquello como película no funcione. Pero fijémonos que estamos hablando de comedia, donde un pedazo puede funcionar muy bien por sí solo aunque el conjunto desmerezca, y una película dramática no tiene esa ventaja. Es como decir que la escena del nabo (con perdón) de Lo que el viento se llevó es impresionante pero que la película no vale un churro, acaba como el culo y es aburrida. En el género dramático el submarino además de tener el color correcto debe flotar siempre.

Segundo: la gente. Una de las formas más habituales de defender algo es situarse por encima de "la gente", en su sentido etimológico "la tribu", el "pueblo llano", pero de buenas, algo así como un antielitismo condescendiente pero elitista al fin y al cabo. Es lo típico de decir con suficiencia "Bueno, sí, es una chorrada, pero qué quieres, es que la gente es así, tampoco le puedes pedir más, es lo que entiende y no intentes darle otra cosa que ya no dan para más". Me hace mucha gracia este tipo de captatio benevolentiae, pan y circo para el populacho, que se lo han ganado, buenrrollismo con el resto de lo burros a los que hace gracia ver cómo comen alfalfa, la prueba definitiva, recordemos, de Mortadelo para descubrir si quien tenía delante era Filemón o no porque sólo su jefe podría encontrarla rica en un bocadillo. Me hace gracia porque es el equivalente de "es que... bueno... tengo una amigo que cree que quizá es gay, pero que no soy yo, claro, y este amigo mío..." Pues eso: la gente parece que son los demás, pero nos nos lo vamos a creer. Es una forma de decir "me gustan las chorradas sin sentido, me trago lo que sea sin ningún criterio y sin ser capaz de discernir si algo es bueno o no, ocho es lo mismo que ochenta, pero no puedo decirlo abiertamente (ya llegará nuestro momento, ya), así que intento disimular y adopto una actitud condescendiente respecto a un rebaño del que no sé distinguirme excepto por este truco tan burdo que seguro que me funciona y nadie se da cuenta, y así nado y guardo la ropa". Es la estrategia de intentar separarse del rebaño, pero utilizar como argumento de autoridad la misma pertenencia a ese mismo rebaño.

Dentro de este punto hay un subapartado típico de: Bueno, quizá así la gente leerá el libro y eso es bueno. O no. Yo estoy con Harold Bloom: la mala literatura suele ser la puerta a más mala literatura, no a la buena literatura, y en general el mal arte lo que enseña es la mala apreciación del arte y da paso a más mal arte, no al buen arte. Por eso no dejo de incidir en la responsabilidad de todo el que se expresa de algún modo, y critico la ligereza y la fatuidad de algunas posturas, el laxismo de las traducciones hechas a machetazos y la mala influencia que luego se detecta en personas que con treinta años y expuestos a esa cochambre producen productos infantilizados y técnicamente horrorosos que no deberían ser propios ni de una persona de la mitad de esa edad, y que presentan a sus pares con una candidez propia de alguien que nunca ha tenido un pensamiento mínimamente adulto y coherente en su vida.


Mi barbudo y feo gana a vuestro barbudo y feo.

Tercero: el amor. El amor es el mal. Lav is íbil. La definición del amor que el friki o fanboy profiere es el amor malvado del Gran Hermano por sus súbditos, o el que éstos se ven obligados a sentir por su líder, el amor a la norcoreana, o como decía aquella canción dominicana "lo que tú sientes no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión". El amor da derecho a hablar y a ser el único hermeneuta del objeto amado, y a ignorar todo lo que no sea ese amor o lo contradiga. Es la idea de Wilde de que si amas demasiado algo terminas por destruirlo. Es algo muy propio de esta era: el incapaz de crear un discurso elaborado y sustentado racionalmente o que no sea falsamente erudito sobre algo sólo puede apelar a los sentimientos viscerales, que substituyen y anulan toda oposición racional, y además blindan contra ella. No pienses: siente. El objeto del supuesto amor de aquello que es objeto de devoción se convierte en adoración fetiche, en perversión malsana y sobre todo en creencia de posesión, hasta el punto de que si es necesario se ahoga. “Lo que matas, te pertenece. El mal siempre se presenta a sí mismo como amor: el inquisidor tortura por amor al torturado y para liberarlo, por amor a la patria y al Estado se destruye a la misma Patria o al Estado, y por amor se termina perdiendo a aquello que no se ha sabido amar, porque en realidad sólo había narcisismo y adoración por uno mismo, porque reflejaba la idealidad que tenemos de nosotros mismos. Por eso el frikismo es de inspiración totalitaria y fascista, y del mismo modo que la culminación del capitalismo es el imperialismo la molonidad como forma más pura del frikismo aspira a absorberlo todo, a serlo todo, el Imperio de la Molonidad: Todo dentro de la Molonidad, nada fuera de la Molonidad que es la medida de todas las cosas. No puede existir el frikismo racional, ni el frikismo de rostro humano: su objetivo es el de reinterpretar el conjunto de la realidad en su totalidad y ofrendárselo a Molona. El frikismo es la frikiexplotation del friki por el friki, la alienación del proceso productivo cultural hasta convertirlo en un gigantesco empacho de mayonesa que ahogue al mundo en una ÉPICA vomitona.

En cierto modo, todo friki se proyecta en el objeto de su frikismo. En el fondo los que siguen ciegamente a Jackson lo adoran porque es la culminación de todo friki: la destrucción de aquello que amas, porque en realidad eso no era amor. Porque no puedes consentir que sea como es, porque no puedes aceptarlo, hay que cambiarlo y convertirlo en lo que no es, forzarlo a que sea otra cosa, porque tú sí sabes cómo debería ser. Jackson lo ha conseguido, ha cumplido el sueño friki supremo y lo muestra triunfante al mundo en su versión canónica, su Hobito. “Lo que matas, te pertenece”. Los que abominan de la adaptación en tanto que adaptación son exactamente iguales porque ellos sí saben cuál debería haber sido el camino: el amor que ellos sí es puro y verdadero, y cuando te guía el amor verdadero nunca puedes errar. Deberían ser ellos quien pudiesen decir que aquello que matas te pertenece. Si esto os suena de otras adaptaciones y a lo de "George Lucas me robó mi infancia", sabéis a lo que me refiero. Respecto a lo que piensa de las adaptaciones el mayor experto mundial en Tolkien, su hijo, veréis que cualquier cosa que yo diga se quedará siempre corta en comparación a sus palabras.

A mí lo único que me joroba es que me ofrezcan un resultado tan pobre y facilón, estridente y deslavazado, verdadera caca de lujo en la que se ven todos los fallos, parches y remiendos sin que aquello tenga sentido ni unidad alguna, y por supuesto el poco respeto por el espectador y la nula capacidad de interpretación de un original que si no te gustaba como era, pues no lo termines de jorobar, porque desde luego mejorarlo o interpretarlo con pericia no sabes ni tienes capacidad reconocida. De lo único que se puede alegrar uno es que el orden de adaptación de los libros sea el que es, porque en el caso contrario Jackson ya crecido y desatado a saber lo que habría hecho con El señor de los anillos.


-SuperSantiEgo

12.12.13

Peli: Gravity. En el espacio nadie puede oír tus quejíos



Como sabéis, en ente bloj familiar no hacemos las cosas como en otros sitios, así que no os asustéis.

Hará unos diez años fui con unos amigos al IMAX a ver un documental sobre la Estación Espacial Internacional, la ISS. Ya sabéis: pantalla monstruosamente gigantesca, y un 3D de los buenos. Las formas narrativas pueden presentarse de muchas maneras, y no necesariamente tienen por qué ser contar una historia de ficción. Ejemplo preclaro: los documentales de animalitos dramatizados, en los que se nos cuenta la historia del león Pepito o del cachorro de una especie, de modo que si se sabe contar y narrar puede ser muy divertido e incluso apasionante. En ese documental 3D se veía, pues lo que podéis imaginar: la "apasionante" vida de los astronautas flotando en la estación, la recepción de provisiones, y demás tareas que llevaban a cabo. Oye, estaba bien, buena música, imágenes impactantes y lo que uno podía esperar de un documental así.

Pasemos ahora a hablar de Los Simpson. En un episodio, no sé si por impericia del traductor o por uno de esos momentos de locura donde se produce la genialidad, en la versión española Homer se hace suscriptor de lo que dice es el "Reader's Digestivo". Lo dicho: o una humorada, o sencillamente se desconoce lo que es un "digesto", que sería el término es español, y que nos recuerda inmediatamente al emperador Justiniano. Pues bien: en mi casa el Reader's Digest, versión Selecciones, llegaba puntualmente todos los meses, no recuerdo cuántos años pero varios, y desde luego yo debía ser bastante pequeño. El Reader's Digest es una recopilación de artículos, chistes, listas de cosas divertidas y cosas por el estilo, algo así como lo que hacemos ahora por Internet perdiendo el tiempo todo el día. Uno de los platos fuertes de cada una de las revistas era un artículo sobre intensas historias de superación frente a la adversidad, algunas de ellas realmente truculentas e incluso cercanas al gore, como uno que recuerdo de un bombero que se quedaba atrapado, se quemaba horriblemente y luego lentamente se recuperaba, así como otras historias de parapléjicos que llegaban a pilotar un avión gracias a su fuerza de voluntad, y bueno, qué os voy a contar, ese tipo de historias de superación personal. La revista, por supuesto, es marcadamente conservadora, e incluso un poco meapilas.

Viendo la película, más o menos en el minuto cinco, me dije: "Me van a contar una historia de superación ante la adversidad del Reader's Digest". Al terminar de verla me dije: "Me han contado una historia de superación ante la adversidad del Reader's Digest". No me entendáis mal, la película está bien, visualmente es soberbia y cada imagen vale lo que ha costado, pero aparte de eso... no he conseguido en ningún momento que realmente lo que le pasa a esos personajes me llegase a importar demasiado. Como no había leído nada del argumento más que lo esencial no sabía si se salvarían los dos, sólo uno, o terminarían muriendo todos, aunque por pura lógica y sabiendo a lo que jugamos una vez eliminado uno de ellos ya te haces una idea de que Sandra Bullock por mucho que vaya a pasar las de Caín al final se salvará. Y Clooney está bien, pero anda tan seguro de sí mismo que sólo le falta, ahí en medio del espacio, hacerse tan tranquilo un volluto con la cafetera Nesspresso que lleva a la espalda.

Es decir: todo muy bonito, y la peli es bonita en el sentido mejor y peor de la palabra, en el sentido que es estéticamente muy potente pero el argumento es de un kitsch que espanta. Una vez pasado el primer momento de crisis, cuando vemos que el tercer astronauta ha muerto, y que tiene ahí la foto de su familia... yo lo único que pienso es si estamos de verdad ante una parodia, o sencillamente ya podríamos haber puesto la escena anterior en la que se la enseña a los otros dos esa foto y dice ilusionado que espera "llegar al cumpleaños del pequeño Timmy". Ya, esa escena no sale, pero nosotros la reconstruimos porque sabemos que ha existido: dentro del transbordador enseñó la foto a los demás, hizo ese comentario y el Universo decidió que tenía que morir. Sobre la historia lacrimógena del personaje de Sandra Bullock frente a la profesionalidad chuleta del personaje de George Cloony tampoco añadiré mucho, porque sinceramente no sé muy bien lo que aporta al argumento en el que lo único importante es sobrevivir sea como sea, por muy inverosímil que sea el rescate en unas circunstancias tan extremas. Es como Apolo XIII pero a lo bestia y sin basarse en una historia real para hacerlo más espectacular, e incluso hay la típica escena de "sálvate tú" que ya habíamos visto en Misión a Marte. Después incluso hay supuestas interpretaciones religiosas, lo que encontrarse la estatuílla de Budai en la cápsula china o la visita de un ángel o alucinación que tiene la señora. Pues vale.

Pues eso: muy bonita.

No sé si os habréis dado cuenta, pero es que ese tipo de historias las veo entre el escepticismo y el cachondeo. Por eso no he hecho ni amago de ver Lo imposible, por ejemplo, porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.


-SuperSantiEgo