29.8.13

Serie: Vikingos. Hey, Vickie, hey



Ahora van y se ponen de moda los vikinguitos. Pues muy bien. La expectación se basó, en este caso, en que parte de la producción corría cargo del famoso Canal Historia, aunque eso no nos debe hacer olvidar que también está detrás nada menos que la MGM, la del león y que además hace las pelis de James Bond. Tenemos, nuevamente, el asunto de la "fidelidad histórica". Bueno, pues a las pruebas me remito: va a ser que no. ¿Os acordáis de lo de Roma? Que mucho hablar de fidelidad histórica, pero al más mínimo análisis donde mejoraban los tics de las antiguas películas sobe Hollywood, por otro lado hacía agua por todas partes, además del consabido putiferio que suele introducir la HBO para atraer a los acomplejados que no se atreven a comprar el Penthouse en el kiosco.

El debate siempre es falso en estos casos: por un lado alguna gente se queja de la falta de rigor histórico, mientras que otros defenderán esas libertades por el hecho de que es un producto de entretenimiento. Probablemente los primeros presuponen de más que hay alguna intención de que sea una serie con verdadero contenido documental, mientras que los segundos, como suele ser habitual, sencillamente "quieren de creer".

A ver: las inconsistencias con lo que históricamente se sabe de lo vikingos son palmarias. De eso no hay duda posible. Hay algunos detalles que sí que son históricos, como esos extraños cortes de pelo que llevan algunos personajes, empezando por el protagonista, pero sin embargo con otras cosas se queda uno poco menos que picueto del todo. Para empezar, recordemos que los "vikingos" no dejan de ser sino pueblos germánicos del norte, y que vikingo no quiere decir otra cosa que "incursionador"; es decir: pirata. Algo que tampoco tiene nada de extraño. La piratería era una actividad perfectamente normal durante todo el mundo antiguo, y si nos ponemos finos lo que hizo Europa durante todo el Renacimiento hasta el s XIX, crear colonias y asentamientos, así como cobrar tributos y dominar prácticamente el mundo entero, no fue más que un continuo acto de exploración, piratería y apertura de nuevas rutas comerciales... que es básicamente en lo que consistió la famosa Era Vikinga. Pues bien: estos pueblos germánicos del norte no eran más que eso, unos germanos que hablaban lenguas germánicas y que no estaban tan aislados como se podría creer. De hecho, una de las primeras cagadas en la serie, y que ya indica que se han documentado como han querido, es el aspecto lingüístico: en el primer episodio los personajes intercambian un par de frases en nórdico antiguo, e inmediatamente pasan a hablar en inglés actual, lo que viene a darnos a entender, y no es mal recurso, que estamos oyendo una especie de traducción simultánea, como en Star Trek. Del mismo modo cuando en la primera incursión lleguen a Norteumbria, el actual Reino Unido, los monjes intercambian algunas frases en anglosajón y luego de nuevo pasan a hablar en inglés.

Pues veréis: resulta que el nórdico antiguo, y el anglosajón... no eran muy diferentes, y de hecho lo más probable es que un vikingo y un habitante de las Islas Británicas de origen anglosajón... no hubiesen tenido demasiado problema para entenderse, por lo menos a un nivel elemental, del tipo "somos amigos", "queremos comerciar", "por favor, no me mate", "cuánto me cobras por esto, colega", y cosas así, que tampoco se van a contar su vida ni necesitan mucho más. Si Tolkien, que era especialista en estas lenguas, hubiese visto esta serie, igual le daba un disgusto de los gordos. De hecho, las conquistas de unos pocos siglos antes de las Islas Británicas, pobladas por pueblos celtas poco romanizados en el sur y casi nada en el norte, provinieron de los primos de los vikingos: anglos, jutos y sajones, y los jutos son daneses. Tanto es así que realmente durante un tiempo en Gran Bretaña en una parte lo que se hablaba era danés antiguo, y una de las particularidades de la lengua inglesa actual, un alto grado de uso del género neutro, proviene de los distintos dialectos germánicos que se hablaban, ya que al ser éstos variedades de una lengua indoeuropea con género, que variaba de un dialecto a otro, pues provocó que el género de las palabras se neutralizase, un fenómeno bien conocido. Tanto es así que a día de hoy los hablantes de otras lenguas germánicas tienen una gran facilidad para aprender inglés porque "todo les suena", y en el caso de las lenguas nórdicas (sueco, noruego y danés, con el islandés aparte) todavía a día de hoy entre los estrechos vínculos culturales que mantienen y que son lenguas muy semejantes, a poco que se esfuercen se entienden entre ellos sin problemas. En el caso de esta serie todo eso se lo saltan un poco a la torera para que el personaje del monje tenga algo que hacer, traducir, y para justificar que no lo maten de primeras, porque sabe hablar con ellos.

Otra curiosidad es que esta serie ha tenido, como es lógico, cierto éxito en los países nórdicos, y tanto en ellos como en los propios países de habla inglesa ha habido cierto malestar por otras cuestiones lingüísticas y de terminología. Sí, amigos: los anglófonos a veces también se ponen tontos con el uso de las palabras. Aunque lo he visto en inglés, en español "earl" se ha traducido como "conde", lo que es... correcto... pero no lo es. Earl es un título germánico que significa "caudillo" o "adalid", y que después en Inglaterra se equiparó el título continental de conde, y si alguna vez habéis visto tomar a Picard un té ya sabéis lo que pide: un earl grey. Igual que aquí podríamos protestar por la adaptación de earl por conde, hay quien ha protestado por la adaptación de jarl por earl. Jarl es la palabra germánica original, que según algunos se debería haber respetado porque no sólo suena más vikinga, sino que precisamente no recuerda a los espectadores anglófonos al título al que están acostumbrados, earl, que resulta demasiado moderno. Pero eso no es todo, ya que el earl en cuestión es el Earl Haraldson, lo que ha hecho que a más de uno le dé un soponcio, ya que sería como si a nuestro campechanísimo rey lo llamásemos el Rey Borbón y no el Rey Juan Carlos. En España lo de jarl nos sonaría un poco a chufla por ser la inmortal aportación a la lengua de Chiquito de la Calzada, pero no olvidemos que la pronunciación sería yarl. De hecho, como es una palabra de tan poco uso, de momento no ha sido necesario plantearse la lógica adaptación ortográfica, aunque en una de las novelas de Geralt de Rivia, que utiliza títulos eslavos y nórdicos, sí que aparece, y además con esa grafía, yarl, supongo que por eso mismo que acabo de decir. Podrá pareceros de paleto, pero que la gente no sepa lo básico de cualquier lengua, y que todas han adaptado y seguirán adaptando fonética y ortográficamente las palabras de otros idiomas no sólo es síntoma de ser un verdadero paleto, sino de que en este país se regala el bachillerato. No sé, es como si a estas alturas pretendiéramos también pronunciar Thor como "zor", cuando la pronunciación española es más cercana a las lenguas nórdicas, o podríamos llegar a absurdos por "respeto al original" como decir que en un cómic Marvel "Zor pelea contra Júrculis". Y ahora en serio: ¿hemos sabido realmente muchos hasta hace cuatro días cómo se pronunciaba Mjolnir, o alguna de las pronunciaciones posibles? Pues eso: decíamos Míjolnir y bien que estaba, no vamos a inventarnos ahora que lo sabíamos.

Claro que casi es peor lo que muchos otros no han detectado, pero que a mí me llamó la atención al primer momento: el hermano del protagonista se llama Rollo, lo que no deja de tener su chiste, pues tenemos a un sueco, danés o noruego, eso lo dejan ambiguo, que tiene un nombre profundamente latinizado. Es como si pones a un guerrero germánico que en vez de llamarse Luther, Lothar o Luthor (sí, como el enemigo calvo de Supermán), nombre que significa "guerrero afamado", lo llamases Lutero o Lotario. Tanto es el cachondeo que cuando accede, por compromiso, a bautizarse, lo llaman Rolf, que es nombre germánico, y del que deriva, por ejemplo, Raúl, o si tenéis aversión a las adaptaciones ortográficas que tanto os escuecen, Raoul, que a su vez es una adaptación de ese nombre germánico, Ralph, escrito con el grupo griego "ph" para más coña, y que significa "lobo". Uno de los Rolf más famosos fue Rolf el Caminante, al que llamaban el Caminante no por su afición a darse largos paseos, sino porque por lo visto medía casi dos metros y pesaba tanto que no había caballo de la época que lo soportase sobre su lomo. A los Rolf los encontraréis también con otras variantes. Como sabéis, siempre me ha parecido del género bobo, pero muy bobo, las tonterías y pedanterías de nuevo rico cultural de alguna gente, y no tenéis más que ver el caso de la Wikimierda Wikipedia en español, para comprobarlo, y el cacao mental que tienen compitiendo para ver quién es el más cazurro en esos aspectos y hacerse el mónguer con "lo original", como si estuviésemos hablando de caramelos Werthers. Por eso encontraréis a Rolf el Caminante como Hrolf Ganger, cuando en inglés lo llaman por su latinizado nombre Rollo sin complejos y siguiendo su tradición, al contrario que aquí más de un idiota se cree que se está haciendo un favor a sí mismo o al mundo por decir Elizabeth I (y dicen primera, y no the first, ya ves tú la coherencia), cuando en El Escorial en todos los carteles en inglés a Felipe se le llama Philip y no se vuelve a hundir la Atlántida por ello. Supongo que es la misma gente que cita el título de una ópera alemana y lo hace en inglés, como el paleto que va todo el día arremangado porque no se compra uno un reloj de oro para que no se vea. Lo que llamaba Bourdieu el capital cultural, y dentro de éste el lingüístico, de modo que eso, los nuevos ricos desertores del arado a poco capital que adquieran o se les adhiera al pelo de la dehesa tienen que exhibirlo continuamente ante otros que se creen igual de nuevos ricos como ellos, aunque el verdadero paletismo se lleva dentro y no se cura ni con un rólex ni diciendo chorradas en el idioma que no toca. Es tan gracioso como pensar que es más correcto decir Richard Lionheart que Ricardo Corazón de León, cuando ese señor seguramente en toda su vida dijo muchas más palabras en francés que en inglés, y si El león en invierno tuviese que ser más "realista" para empezar todos tendrían que hablar en francés (medieval, claro, seamos respetuosos con "lo original"), porque seguro que Leonor de Aquitania, el rey de Francia y todos esos Plantaneget utilizarían entre ellos ese idioma. De hecho no sé muy bien cómo serán algunos nombres en el doblaje español de la serie, pero si en la versión en inglés se han utilizado las versiones inglesas de los nombres nórdicos en la española, si han tenido tiempo y ganas de investigarlo, se deberían haber utilizado las españolas, y por ejemplo Knut tendría que ser Canuto, santo de especial veneración en algunas universidades españolas. ¿Que os parece raro? Os lo repito: a un personaje lo llaman Rollo antes de que esa gente conozca a un cristiano ni sepa lo que es el latín: ¿nos vamos a poner exquisitos a partir de eso o qué?





Eso es un poco para que os hagáis una idea. De hecho, lo más seguro es que os encontréis múltiples formas de escribir los nombres nórdicos de la época, y no sólo eso, sino que en muchos casos estarán latinizados. Por varias razones. La primera es que con la abundancia de dialectos, y la dificultad de la pronunciación y su paso a caracteres latinos, cada escriba lo hiciera un poco a ojímetro o "me parece que es así", y no sólo entonces, sino que incluso "Shakespeare" es una de las forma que se fijó definitivamente a posteriori en el s XVII porque había varias formas de escribirlo y no tenemos la más remota idea de cómo ese señor quería que se escribiese su nombre, si es que alguna vez le importó algo. Los nórdicos no eran un pueblo ágrafo, tenían el alfabeto rúnico, pero del mismo modo que durante la Era Vikinga Europa y norte de África recibió esa segunda oleada de germanización, esos pueblos recibieron un impacto mucho mayor por el contacto con la cultura europea romanizada y el cristianismo, en un proceso que es tan viejo como el mundo: los bárbaros conquistan o influyen en un pueblo civilizado, y a su vez son conquistados y absorbidos por la cultura conquistada, ya que las formas culturales más refinadas y eficientes se terminan imponiendo en buena medida, y si no fijaos en lo que pasó con los mogoles en China. De este modo, para chulear, igual que alguna gente ahora se hace llamar Yostin, Yéremi o cosas parecidas, esos vikingos modificaban su nombre o permitían muy orgullosos que se los latinizasen o modificasen para poder asimilarlo al de algún santo cuando se bautizaban (Ingvar, Iván, Juan). Y en cada lengua europea esos caudillos recibieron distintos nombres, y todos son perfectamente válidos en cada una de esas tradiciones lingüísticas, aunque siempre habrá el que querrá creerse más listo que nadie llamando a la serie Vikings y no Vikingos "por respeto al original", y sobre todo por amor al ridículo si no lo pronuncia vaiquins, algo así como pensar que es raro escribir tráiler en vez de trailer, para luego no pronunciarlo bien, "tréiler". Ya sabéis, toda esa gente que defiende la necesidad de utilizar y adoptar con fe ciega palabros como teaser o trailer, pero que los maten si pueden explicar lo que realmente quieren decir esas palabras y por qué se utilizan con esos otros significados

Los vikingos no eran tontos, y en seguida se dieron cuenta que tenían mucho que aprender de los puelos que saqueaban. Obviamente, no lo olvidemos, no todos eran piratas, sino que también se dedicaban a la pesca, la artesanía y el comercio. De hecho, ¿qué iban a hacer si no con todo lo que robaban y cobraban por "pasar de largo"? Pues eso: comprar cosas, revenderlas, y dedicarse al comercio. Lo de la poética barbára y mucho romanticismo vino luego, pero rápidamente se dieron cuenta de que como querían vivir era como la gente a la que saqueaban en los países más meridionales. Me recuerda a la escena de Lawrence de Arabia en la que el beduino se cachondea del protagonista y lo llama "otro blanco loco enamorado del desierto", cuando lo que a los árabes les gustaba, obviamente, eran los oasis con sombras fresquitas y agua, y del mismo modo me imagino al vikingo, que tenía que salir de su país porque allí se moría casi de hambre por la presión demográfica o el acoso de sus vecinos, lo que podría pensar de los actuales frikis, roleros y demás enamorados de una vida llena de aventuras en el drakkar, navegando y dando hachazos por doquier. Pues eso: a los vikingos no les costó demasiado darse cuenta de que lo que realmente molaba era que no se te helase el culo, tener unas buenas tierras y beber vino, no esa cochinada del hidromiel con la que tardas el triple en emborracharte.

Esto nos lleva al problema posterior de la fiabilidad de las fuentes, tanto de sus costumbres como de su religión. En esta serie se basan, en buena medida, en la narración de Ahmad ibn Fadlan, un árabe que dirigió una misión diplomática a los búlgaros, donde conoció a los vikingos del Volga, ya que es bien sabido que estos señores en su afán por saquear el Mediterráneo dieron la vuelta a Europa y casi vuelven a su casa por el otro lado. Fadlan es también interpretado de forma bastante chusca por Antonio Banderas, y es el protagonista de El guerrero número 13. Fadlan y su compañía fueron apresados por esos vikingos, y por tanto su relato es... como mínimo sesgado. Veréis: antes de existir la moderna, de hecho modernísima, disciplina de la antropología social, lo más parecido que había era eso, relatos de viajeros o estampas de costumbres relatadas por las potencias coloniales. A falta de algo mejor, es lo único que tenemos, pero eso no quiere decir que sean fuentes fiables. De hecho, la misma antropología tuvo sus crisis al darse cuenta de que incluso un antropólogo formado, y con la mejor buena fe, podía llegar a conclusiones bastante absurdas después de estar conviviendo por más de un año con un pueblo. Así que imaginaos con el cabreo que llevaba Fadlan con esa gente, las lindezas que dijo sobre ellos, sobre sus costumbres y sobre cómo vivían en general, cuando el señor además era un refinado musulmán que entre otras cosas quería convencer a los búlgaros de que se convirtieran. De hecho, según parece, es la única fuente que existe sobre el famoso "entierro vikingo" por cremación dentro de un barco, así que igual lo que vio pudo ser cualquier cosa o la extravagancia de un tipo que se empeñó en semejante despilfarro, e igual Fadlan al ver eso llegó a la conclusión de que era una costumbre habitual mientras que los vikingos a su alrededor decían que qué locura, y que hay que estar muy jamado para hacer algo tan estúpido. Es serio: ¿quemar un barco? ¿Con lo que cuesta? Del mismo modo de él proviene esa escena de escupir y limpiarse las narices en el mismo cuenco de agua, que vemos tanto en la serie como en esa película, y que nunca me he terminado de creer. El concepto de la higiene varía de unos pueblos a otros, pero dentro de unos límites. Aunque bueno, en los akelarres antiguos del norte de España por lo visto después de drogarse meaban todos en el mismo sitio y luego se lo volvían a beber para colocarse de nuevo, así que cosas más raras y cochinas han existido. Lo dicho: a falta de algo mejor, o que se inventen los viajes en el tiempo, es lo que hay, del mismo modo que del Reino Suevo y de algunas costumbres germanas de la época lo que tenemos es el De correctione rusticorum de Martín de Dumio.

Del mismo modo el conocimiento de la religión nórdica es francamente fragmentario y dudoso, ya que se realizó de forma tardía, y no es fácil saber qué tiene de la verdadera religión wotánica y qué fue un añadido reciente. Mientras que de otras religiones indoeuropeas hay fuentes primarias y antiguas, de la religión céltica y de la nórdica nos tenemos que fiar de textos redactados en un caso en fechas ya muy romanizadas y en el otro en la que el cristianismo ya se imponía como religión mayoritaria. Por un lado el origen común como religiones indoeuropeas explica algunas similitudes, pero queda la sospecha de que se ha podido copiar o reinterpretar según la mitología clásica grecorromana o directamente del cristianismo, y que por ejemplo el famoso Ragnarok o Götterdämmerung, el Crepúsculo de los dioses, sea un añadido moderno que se basa... en el cristiano Apocalipsis. Ya, jode considerarlo después de haber leído la Saga de Surtur de Walter Simonson, pero quizá sea así de triste. Las famosas sagas nórdicas son por tanto un interesante corpus literario, que como todos sabemos ha inspirado óperas y comics y molan un buen cacho, pero como documento fidedigno de la verdadera práctica de esa religión es como mínimo discutible. Los escaldos que se dedicaban a cantar las gestas de los reyes y los dioses, los poetas nórdicos, como se ve también brillan por su ausencia en esta serie, aunque sí vemos a un vidente sacado, no me preguntéis cómo, de la película 300, y que parece poco menos que un mutante radiactivo.
Tampoco nos pasemos.

Los vikingos sufrieron, durante siglos, una verdadera leyenda negra desde que irrumpieron en la historia europea. También es lógico: eran paganos que atacaban sobre todo los lugares santos porque estaban mal protegidos y tenían objetos valiosos que saquear, y que te aparezca de repente unos tipos con muy malas intenciones no es como para además ponerte a hablar bien de ellos. Así que durante mucho tiempo fueron el ejemplo de barbarie sin sentido y de verdadera sed de sangre, y todavía se los trata así en ocasiones. Sobre ellos se instalaron algunos mitos de sencilla explicación. Por ejemplo, no eran mucho más altos que los pueblos a los que atacaban, aunque éstos siempre se referían a ellos como gigantes rubios. La explicación es sencilla: lo que te da miedo lo percibes como algo enorme y amenazador, pero la realidad es que, igual que los chinos en los desfiles de las olimpiadas ponen de abanderados y en primera fila al equipo de baloncesto, en la vanguardia los vikingos ponían, lógicamente, a los tipos más animales y enormes que tenían, y en efecto se han encontrado esqueletos de tipos que eran verdaderos armarios de tres cuerpos, aunque luego la media de la época no pasaba del 1.70 metros. Tanto es así que cuando Richar Fleisher rodó Los vikingos el drakkar no se pudo construir con unas dimensiones históricas reales, porque los modernos noruegos que hacían de extras y remaban no cabían apenas, así que hubo que hacerlo más amplio. Lo de que fueran todos rubios también tiene una explicación mucho más prosaica: aunque en esos pueblos ser rubicundo es habitual, se teñían y decoloraban el cabello, del mismo modo que los guerreros celtas se trataban el pelo con agua caliza de modo que lucían peinados en punta que nos habrían recordado al de Son Goku. Eran tiempos estéticamente muy curiosos.

La reivindicación de los vikingos se llevó a cabo definitivamente, como era de esperar, en la época del Romanticismo y de la recuperación de los nacionalismos europeos, cuando cada pueblo tuvo que basar y justificar su existencia en función de pueblos ancestrales. Las naciones nórdicas obviamente empezaron a estudiar con más seriedad a esos pueblos antepasados, con los que ya poco tenían que ver, y también Inglaterra reclamó como propia su historia, de modo que se reintrodujeron como una opción romántica más: los viajes, la aventura, la conquista, etc. Posteriormente serían también objeto de reinterpretación de la cultura popular moderna.

Volviendo ya a la serie y sobre si es histórica o no, o sólo es puro entretenimiento, hay que ser muy ceporro para no darse cuenta de que es lo segundo, y por si fuera plagado de fanservice. Como casi todas las modernas novelas y series "históricas" termina montando un cirio que pa qué, mezclando cosas que sí, son históricas y antiguas, con interpretaciones completamente modernas, tanto de psicología de los personajes como de hechos históricos. Para empezar, en la serie parece que estos vikingos viven en un paisaje noruego pero dicen "voy al Kattegat" como quien va al pueblo de al lado, y parecen desconocer dónde están las Islas Británicas, cuando el comercio con ellas incluso no era infrecuente antes de la famosa Era Vikinka y el asalto al monasterio de Lindisfarne. Los anglosajones sabían quiénes eran los vikingos y los pueblos del norte tenían buena idea de dónde estaban más o menos en el mundo. Una cosa es ser un pueblo algo aislado hasta aquel entonces y otra vivir en la inopia.

Por otro lado mientras que en el primer capítulo apuntan maneras, y hay un intento de reflejar las leyes y las costumbre vikingas, con sus costumbres (algo brutas, todo hay que decirlo), inmediatamente eso desaparece y el Earl Haroldson se comporta como Vito Corleone, se carga a la gente delante de todo el mundo sin juicio previo porque no cumplen sus caprichos y se conduce como un verdadero autócrata. Esto es otro de los típicos tics de las narrativas pseudohistóricas: que un pueblo sea algo primitivo, o se viva en la Edad Media, no significa que viva en la arbitrariedad absoluta donde el más burro hace lo que le da la gana como si eso fuese una tribu de orcos, que no existiesen garantías legales mínimas o que, hablando mal y pronto, la gente al darse esos casos se encabronase y pasase a más de uno a cuchillo. El que crea que durante mil años Europa fue un sitio oscuro y lluvioso donde el populacho comía mierda los domingos y aun así le daba gracias por ello a los señores y a los monjes obesos, que se repase algún libro y verá que esos mil años están llenos de revueltas, y cuando los señores se pasaban de la raya o no cumplían sus funciones, que las tenían, les temblaba la silla antes de que tuviesen tiempo de reaccionar. De hecho la figura tópica del noble absentista que se dedica al deporte y vive en la molicie aislado entre los lujos de su chateau es totalmente propia de la Edad Moderna, no del Medievo. Pues eso: el earl hace lo que da la gana, comete crímenes odiosos como asesinar a un chiquillo... y allí nadie dice nada. Del mismo modo se sacan de la manga cosas como lo de compartir las esposas, que tiene tela en una sociedad fuertemente patriarcal donde la herencia y el adulterio no se toman ni mucho menos a risa, y desde luego, de ninguna de las maneras, las mujeres iban a la batalla, primero porque es históricamente inexacto y después porque ninguna sociedad está tan loca como para enviar a sus mujeres jóvenes y fuertes en edad reproductiva a que mueran luchando. Para más coña a la mujer del protagonista la llaman "doncella escudera", un término sacado directamente de las sagas y calzado a piñón fijo en la serie sin pensar dos veces en lo que están diciendo, y es que igual es que yo soy un poco tiquismiquis, pero llamar "doncella" a una señora que ya tiene dos hijos es poco menos que chocante. Y por si fuera poco la buena mujer cuando va a la guerra, tras dejar a sus hijos al cuidado de un esclavo al que acaba de conocer, ve que uno de sus compañeros va a violar a una sajona, y le parece mal. Mira, razón de más para no llevar a las mujeres a la guerra: un pobre vikingo va a violar a alguien y se le corta el rollo porque lo mira su prima. Si quieres hacer algún tipo de narrativa histórica, asume que la gente era distinta a nosotros no sólo porque no utilizan smartphones, sino que quizá sus presupuestos morales eran también muy diferentes. Es tan absurdo como esa escena de El rey arturo (2004), en el que el jefe sajón le dice a su hijo que no viole a la británica, que no debe mezclar su sangre con la suya, con lo que ya no sabe uno si es un sajón invasor o un protonazi. Por cierto que la relación de Ragnar con sus hijos es la leche. Seguramente en tiempos antiguos los padres querían a sus hijos y eran cariñosos con ellos, pero aquí sólo le falta ayudarlos a hacer los deberes y acompañarlos a los partidos de baseball. Eso sin contar con la premisa inicial: Ragnar es un joven geek que ha sacado de no se sabe dónde una forma de navegar siguiendo un paralelo, mientras que el tradicionalista Haraldson, cual miembro de la SGAE, intenta boicotear sus ansias de libertad (que consisten es saquear a otra gente, pero bueno). Sobre la utilidad de poder seguir un paralelo cuando partes como mínimo de Dinamarca, para llegar a un lugar misterioso llamado Inglaterra, tampoco me quedé demasiado convencido, aunque para ese viaje no necesitaban esas alforjas: ya os digo que tenían muy claro dónde estaban los demás países y existían ya rutas de comercio, y otra cosa es que hasta ciertas fechas no les hubiese convenido o no se hubiesen atrevido a iniciar esos saqueos.


¿La canción de Gary Moore tiene algo que ver con vikingos? No, pero es un vídeo de Nightwish, y a sus ventiladores les requetemolan lo vikingos vestidos de cuero negro sin venir a cuento.

En definitiva, la serie es una historia que, pese al baño histórico más o menos realista en algunos casos, no deja de ser un montón de eso, de fanservice para el público moderno: vikingos de diseño que no van a la batalla con casco, por ejemplo, y que visten más como las idealizaciones tipo dark metal donde aparecen esos pueblos, de cuero y de negro la mayor parte de las veces incluso cuando están en casa. Los vikingos, aunque de forma modesta, sobre todo si sus saqueos no eran muy fructíferos, vestían de otra manera (artículo largo y coñazo, pero completito). La serie comparte uno de los prejuicios más típicos de la Edad Media: todo era oscuro y la gente vestía de oscuro y gris, y en el caso que nos ocupa, además, iban makeaos como para ir a un concierto, no me jodas. Incluso hay algún momento de trazo grueso más bien ridículo, pues los hemos visto comer con cierta mesura en su casa pero de repente, para reforzar la imagen del vikingo clásico, en la corte del Norteumbría se ponen a comportarse como niños y a comer como cerdos. Del mismo modo cuando se les ocurre ir al santuario de Uppsala, que lo pongan en medio de un bosque en vez de en una llanura donde estaba realmente, bueno, pero que el plano donde aparece se parezca descaradamente a Lorien... me parece que ya estamos dando palos de ciego. Por cierto que la romería es de lo más castiza, allí en sus cabañas y poniéndose ciegos de setas alucinógenas, y a mí me recordó a una que se celebra en Galicia y que también consiste en acampar en las laderas de un monte en Foz, provincia de Lugo: o Bispo Santo. Básicamente consiste en vivaquear por la ladera del monte y estar día y noche de cachondeo y comellada. Yo no he estado, pero algunos amigos míos me lo describieron, tanto en su vertiente diurna como nocturna, como lo más parecido que conocerán a estar en la Guerra de Vietnam. La pertinencia de citar esta romería es que celebra el milagro de San Gonzalo, el Obispo Santo que al llegar las naves vikingas subió al monte a adorar una cruz, y cada vez que se arrodillaba se hundía una de las naves.






Como se puede ver, por Galicia los vikingos hicieron de las suyas y se les recuerda con cariño. Sobre todo en Catoira, donde desde hace más de cincuenta años se celebra la Romería Vikinga, para rememorar el rechazo de una de esas incursiones, con lo que queda claro que los vikingos serían brutos, pero si a un gallego le tocas la leira (su huertecito), mejor piénsatelo dos veces, porque igual che parten o fuciño (te parten los morros).





En definitiva la serie no me ha convencido gran cosa porque además de esos fallos, que más que decisiones dramáticas o de ignorar deliberadamente el registro histórico son sencillamente dejadez, sinceramente a mí esos personajes no han llegado a importarme un bledo. Las cuitas de Ragnar con Haraldson me las han traído un poco al fresco, las relaciones familiares no me han terminado de convencer y no siento la más mínima empatía por unos tipos que básicamente son unos piratas de vida realmente aburrida. Lo peor es que ni siquiera es espectacular, y como suele ser habitual la impresión de que "son cuatro amigos" es continua. Es algo que llevo diciendo mucho tiempo: ponme gente, joder, que si no parece una cutrada. Pues nada, como siempre: cuatro amigos, que pagarle el bocata de chope a más gente sale muy caro. Sinceramente no me han quedado muchas ganas de ver la segunda temporada, y no sé cómo se las arreglarán cuando Ragnar (un rey semimítico en el que se basa el personaje), llegue a asediar París, o si lo hará con cuatro amigos en vez de con 5.000 hombres, aunque como siempre todo depende del presupuesto.
El simbolito del Blutooth son dos runas, H y B.
Por eso a veces no funciona, por haches o por bes.

No me entendáis mal. Realmente, pese a todo lo que he escrito antes, lo que menos mal me ha parecido es todo ese caos y confusiones históricas que se han montado. Lo peor es que después de nueve capítulos, y cada vez digo más en serio lo de hay que pensar con el propio cerebro y no repetir maquinalmente cosas como que vivimos en la era de oro de las series para adultos, mi impresión es que me han contado menos que en Los vikingos (1958), y además me he aburrido bastante más.



Sobre la fidelidad histórica de esta película, pues ahí ahí, no sé si incluso la película está más acertada, aunque lo que importa es el cachondeo y lo bien hecha que está. Además de bonitos planos generales de los fiordos noruegos vemos más de un barco a la vez y... ¡gente! Hay gente, por favor, eso parece un lugar habitado en vez de lo que queda de la raza humana después de una guerra nuclear. El personaje de Ernest Borgine, el de la famosa escena de "¡¡¡Odíííínnnn!!!" es precisamente el mismo Ragnar, y aunque no os lo creáis su "hijo" en la película, Kirk Douglas, en realidad era varios meses más viejo que el propio Borgine. Por cierto: Kirk Douglas sigue vivo con sus 96 añazos a cuestas.

Es decir: si a mí tampoco me causa urticaria la inexactitud histórica, pero al menos cuéntame una historia emocionante y divertida como hace Fleisher. Esta película tuvo mucho éxito, tanto que en la época de oro del cine comercial europeo los italianos hicieron algo que es poco más o menos que un descarado remake, Erik el conquistador, pero con más chicas con menos ropa y mucha noche americana con transparencias que se notan un poco más de lo debido. Bueno... al menos sale... ¡gente!




Ésta del 78 creo que no la he visto, pero los cascos cornudos y los escudos de aluminio de serie son graciosísimos. Remar en el barco con toda la armadura puesta, para cansarte más y en el caso de que te caigas te hundas sin remisión, también muy inteligente. El bigotillo a lo Errol Flynn, emotivo. Sobre la presencia de Gandalf o Panorámix y un vikingo negro con bigote setentero no pienso decir nada.



Más vikingos contra amerindios. En Pathfinder nos encontramos ya ante un truñaco que, además de importarle ya un pito cualquier consideración histórica, sólo quiere agradar a una generación que ha visto nechavikingos, vikingos del caos y en donde hasta el barco, literalmente, tiene cuernos.



En Erik el vikingo al menos tenemos cachondeo, como era de esperar en una película con integrantes de los Monty Python y además basada en un libro infantil. Aparece, aunque tratado de forma chusca, un berserker, guerreros taciturnos que se creían poseídos por un invencible espíritu que los hacía entrar en un éxtasis guerrero en plena batalla, a la que solían ir drogados. A día de hoy en inglés "to go berserk" significa engorilarse de mala manera, ponerse hecho un basilisco. Creo recordar que en la traducción en España no se debieron enterar mucho de lo que decía el señor, que habla de "cuando me ponía hecho una furia".



Eh... no sé lo que decir, la verdad.



Por supuesto muchos nos acordamos de Vickie el vikingo, una serie germanojaponesa (qué mal suena eso siempre, ¿verdad?), basada en unos libros infantiles suecos. La cancioncilla estaba en alemán, pero nos hacíamos la ilu de que era lengua vikinga.



Una de las películas más recientes sobre el tema, 2009. Vikingos fanáticos que buscan unirse a una cruzada, casi na.

Obviamente no conozco todas las películas en las que salen los vikingos pero hay un personaje de cómic que es, ni más ni menos, un vikingo.


Valiente es el hijo del rey de Thule, algo así como Suecia, donde ya están casi completamente cristianizados en el siglo V. Y como ya sabemos, el concepto de "historicidad" para Harold Foster era... que lo importante es que quedase emocionante, y sobre todo bonito. Valiente es un nórdico que tiene arquetípicos amigos vikingos con cuernos y todo, y que en el comienzo de la Alta Edad Media, pues llega a ver la caída de Roma ante los germanos y ayuda al rey Arturo a rechazar las invasiones anglosajonas, vive en un mundo personal casi renacentista, circunnavega África y se asienta una temporada en América, donde nace su hijo. Luego hay gente que te habla de los Reinos Olvidados y claro, te da la risa.



Olafo (Hägar the Horrible), bueno... es Olafo. Mucho antes de que Homer se fuera al bar de Moe para no aguantar a su familia Olafo se iba a saquear Inglaterra para no estar en casa con Helga.

También muy reciente, cancelada sólo hace un año, es Northlanders, que trataba sobre los pueblos nórdicos en distintas historias independientes. Irregular para mi gusto, pero bastante cañera, a veces con cosillas raras, pero interesante. La primera saga trata precisamente de un varego, que después de conocer Bizancio y vivir allí al volver a su tierra lo primero que piensa es qué se ha perdido a él allí entre tanta nieve, con lo a gustito que estaba él allí abajo tomando vinito al sol. La traducción oficial es igual de mala que la que se ha hecho por ahí en plan aficionado, que también es horrorosa, lo que tiene su mérito. Claro que el original también se las trae, porque hablan un inglés muy moderno. Cuando dos guerreros van a luchar uno dice "Fucker", y el otro responde "Motherfucker", lo que le da un aire muy tarantinesco. Lo nuevos ricos culturales en España creen, por cierto, que "fucker" quiere decir lo mismo que "pichabrava".

La verdad es que los vikingos molan bastante. Yo llegué a conocer a alguna gente que participaba en un grupo de recreación histórica, El clan del cuervo.

Sobre lo que fue de ellos, los vikingos... repitamos que sí, algunos eran piratas pero también eran artesanos y mercaderes. Las incursiones vikingas llevaron la cultura meridional a Escandinavia, y eso significa las formas de gobierno y la religión. La religión nórdica nos puede parecer muy chula y friki, pero la penetración del cristianismo fue constante y en pocos siglos fue completa, y ese famoso templo de Uppsala que sale en la serie fue derribado a finales del siglo XI para construir en su lugar una iglesia. Las razones son varias, pero debieron ser las de siempre: el paganismo y en general las religiones no reveladas, por su permeabilidad, son susceptibles de tolerar y convivir con formas religiosas que, precisamente por su intolerancia y exclusividad, terminan haciendo un efecto de cuña cultural. Además, los monjes, al ser los que tenían casi en exclusiva el uso de la escritura, ser políglotas y ejercer de delegados políticos y comerciales, eran el mecanismo por el que los países europeos podían comunicarse con los caudillos y reyes nórdicos, a los que les importaba mucho más amasar riquezas y poder contraer matrimonio con princesas europeas para consolidar su poder que mantener las viejas costumbres, del mismo modo que siglos después el auge del protestantismo se explica más por conveniencias y arribismos políticos de los nobles que por adhesiones individuales de cada ciudadano, que se tenía que mantener en la fe su señor por la cuenta que le traía. Así de simple: el cristianismo era una religión expansiva con amplia experiencia en el ramo y con una eficiente organización burocrática que todavía ahora es una maravilla de la técnica. ¿Te matan a un misionero? Lo canonizas y mandas más, a ver quién se aburre antes. Los vikingos nunca tuvieron una oportunidad de resistir antes semejantes tahúres religiosos, aunque como es habitual el pueblo llano mantuvo muchas costumbres y ritos propios durante mucho tiempo. Sus vecinos del norte, los lapones, sin embargo no se convirtieron hasta el XVIII, en parte porque aquello está muy lejos, se mueven de un lado para otro y supongo que echarían a correr en cuanto viesen a los misioneros. Tan convertidos acabaron que en 1107 el rey Sigrud I de Noruega, aunque con algo de retraso, se unió a la Primera Cruzada en lo que se conoce como la Cruzada Noruega, y para no perder las buenas costumbres vikingas cuando les convino, o no les hacían mucho caso, saqueaban igual que sus abuelos, como por ejemplo en Santiago de Compostela. Como se puede comprobar, todas las banderas de esos países son variaciones del mismo tema de la cruz cristiana, que aparece también en otras muchas, empezando por la Union Jack.
Hermanos, que no primos.
Los países nórdicos, divididos desde siempre más o menos en lo que vienen a ser las naciones actuales, Noruega, Dinamarca y Suecia, entraron poco a poco en la política europea, y en el siglo XIV se intentó crear un supraestado que abarcase a las tres naciones y territorios oceánicos, en la Unión de Kalmar, que fracasó por la el malestar que provocaba la supremacía de Dinamarca, que siempre fue la nación que en el aspecto lingüístico (la primera en codificar su lengua y servir de modelo a las demás), y otros, llevó la primacía entre esas naciones, y la que en mayor contacto ha estado con las otras naciones europeas por pura lógica geográfica. Las uniones y desuniones han sido constantes durante los siglos, y por ejemplo Noruega, que formaba parte del reino de Dinamarca y Noruega hasta principios del XIX, pasó a manos suecas en la era napoleónica, hasta que en una fecha tan reciente como 1905 recuperó su independencia y ofreció la corona a un príncipe danés, que fue entronizado. Islandia por su parte, además de ser cuatro gatos mal contados, fue una dependencia danesa hasta 1944, cuando votó la secesión, lo que la convierte en la única república de los países escandinavos. Groenlandia sigue siendo una región autónoma de Dinamarca y desde 1920 por el Tratado de Svalbard se reconoce la soberanía noruega sobre ese archipiélago, famoso sobre todo por estar en él la Bóveda Global de las Semillas; según ese tratado los ciudadanos de los países firmantes, como España o Venezuela, podríamos asentarnos allí libremente, aunque el hecho de que sólo se atrevan a hacerlo menos de tres mil personas, y que sea prácticamente obligatorio portar armas incluso para dar un paseo, porque a la mínima te ataca un oso polar, es como para hacer que uno se lo piense dos veces.


Encerio: llevad un arma, o podéis convertiros en caquita de oso blanco.

A pesar de su pasado violento, en esos países sigue existiendo los restos de una unión cultural que se plasmó en el Escandinavismo, una especie de "buen rollito y buena onda" entre las tres naciones que se mantiene hasta ahora, pero que como realidad política se vio que era agua de borrajas en 1864 en la Guerra de los Ducados, cuando Dinamarca no tuvo mejor idea que enfrentase a Prusia y Austria y estuvo a un tris de desaparecer, mientras el primo sueco que había prometido ayuda silbaba mirando al techo. ¿Sabéis ese buen trozo de tierra del norte que tiene Alemania, que parece como un flequillo? Pues todo eso hace un siglo y medio era de Dinamarca. Sin embargo, pese a todo este pasado que podría hacer que fuesen naciones que a día de hoy se mirasen con mala leche y resentimiento, dan todo un ejemplo en el sentido de que prefieren exaltar y celebrar lo que los une y no lo que los separa, y por así decirlo los buenos momentos vividos del pasado y de ahora del presente, que no recordar sin parar ese pasado de guerras y conflictos, y sin ir más lejos la Segunda Guerra Mundial, en la que hubo unidades muy activas de daneses en el ejército alemán (Frikorps Danmark), Suecia se declaró neutral, y Noruega fue invadida pese a intentar hacer lo mismo, pero claro, la posición estratégica era demasiado jugosa.

Estos pueblos también han dejado en nuestra cultura española una huella reciente, en la figura de "las suecas", inmortalizadas en la filmografía de los años sesenta y setenta, y que englobaba bajo esa terminología a alemanas y nórdicas en general, que mostraban un fenotipo que no es infrecuente en España, pero que no es tan abundante como en otros lugares, y a las que se conocía como vikingas, teutonas o suecas. El prototipo era el de mujer rubia cañón, alta, sexualmente desinhibida y que se mostraba en bikini en nuestras playas en los tiempos del desarrollo del turismo de chiringuito y playa, para pasmo y alborozo de José Luis López Vázquez y Alfredo Landa, en paz descansen en el cielo rodeados de suecas.





Hace tiempo encontré una tira dibujada por una danesa afincada en Londres, en la que los personajes son los avatares de las distintas naciones, y que se centra en especial en los países nórdicos y en sus particularidades y relaciones entre ellos, aunque también con otros países: Scandinavia and the World. Finlandia es autista, el Rey Europa continuamente intenta seducir a Noruega y particularmente son divertidos los "ataques yaoi" que realizan Dinamarca y Holanda delante del avatar femenino de Japón.



Sobre el cine gamberro danés de animación también hablé hará cosa de un año.

Actualmente, son unos de los países más avanzados del mundo, y pese a ese pasado tan pintoresco unos de los más pacíficos a pesar de que a un loco se le pueda ir la olla de vez en cuando; y, por qué no decirlo, aburridos, ya que por lo menos ése es uno de los sanbenitos que les ponemos desde el sur, sea por desconocimiento o por envidia. Noruega ha rechazado dos veces pertenecer de pleno derecho a la Unión Europea, y en general, como se suele decir, estos países van a su aire sin meterse demasiado con nadie. Ni Dinamarca, ni Noruega, ni Suecia, ni Islandia, han adoptado el euro, aunque Finlandia sí, y además cultural y lingüísticamente va bastante aparte, aunque un tercio de su población habla sueco. Las relaciones entre ellos, después de ese pasado bastante turbulento, son bastante buenas, y como ya os dije con un poco de buena voluntad siguen entendiéndose entre ellos si no hablan demasiado rápido (menos los islandeses, que es como si en un país europeo quedase gente hablando latín). Son países donde el protestantismo caló rápidamente, y que en su momento fueron furibundamente anticatólicos, de modo que el catolicismo estaba perseguido igual que en Italia o España, y a falta de un Edicto de Nantes a la francesa ser protestante era un deporte de altísimo riesgo. Sin embargo, a día de hoy, son también unos de los países más agnósticos o directamente ateos del mundo, e incluso se considera de no muy buen gusto preguntar a alguien sobre sus creencias o sentimientos religiosos.

Por supuesto, también ha habido una cierta recuperación moderna de la religión antigua, conocida como Asatru u Odinismo pero, refiriéndome a lo anteriormente dicho, si en algo se parece a los ritos y creencias de hace mil años debe ser más por casualidad que por otra cosa. Naturalmente no seré yo el que se manifieste en contra de la libertad religiosa y de creer en eso o en Xenu, puesto el caso, pero esa imagen con el Thor de Marvel además de ser el típico ejemplo de confundir ser ateo con ser un ignorante y un gilipollas que no pasa del chascarrillo fácil es arriesgarse a que un cristiano le replique que el dios en el que cree él sigue teniendo importancia política y sigue siendo adorado por millones de personas, mientras que los otros son eso, personajes de tebeo o una forma en la que unos aburridos nórdicos hacen una especie de wicca nacional. Los que se lo toman más "en serio" con tanto maquillaje dark metal y tanto exhibicionismo no han pasado de quemar unas pocas iglesias hace casi veinte años, y alguno ha acabado en la cárcel por matar a un miembro de otra banda, sólo para después de dieciséis años igual darse cuenta de lo contradictorio de poner por nombre a su grupo una palabra de las lenguas inventadas por el ultracristiano Tolkien, sin contar que los neopaganos más pasados de vueltas están también en relación con grupos antisemitas y otra hermosa gente, cosa que ya viene de los mismos tiempos del nazismo histórico.

Gente peculiar, estos escandinavos. Y además Mel Gibson también nos amenaza con una película del género, con berserkes y cosas así, tipo Apocalipto. Que Thor nos encuentre bien borrachos.



Que no, que no me ha terminado de convencer mucho esa serie.


-SuperSantiEgo

24.8.13

El Gran Gatsby, o la ida de olla al servicio de la nada



Cuando de vez en cuando oigo lo de que "dentro de poco todas las películas serán en 3D", siempre me pregunto lo mismo: ¿para qué quiero ver yo una película de Woody Allen en 3D? Que no sé, quizá seguro que se le ocurriría al buen señor hacer algo con ese formato, pero no termino de imaginarme qué.

Propongamos una especie de contrafáctico: imaginemos ahora por un momento que se nos ocurre pensar en hacer un refrito de Bienvenido Mr Mashall, o de Habla, mudita, pero a lo grande, a lo colosal, con megamillones, con cgis a lo bruto. Os lo imagináis, ¿verdad? Pues seguro que más de uno se pregunta: ¿pa qué? Porque si hay que hacerlo se hace, pero hacerlo pa na, igual es tontería. ¿Va a aportar algo a esa historia meterle un renderizado salvaje a todo y que la cámara se mueva como si tuviese parkinson? Pues igual no.

De ahí la estupefacción al ver esta película, esta adaptación de la famosa obra de Scott Fitzgerald. La versión muda y las otras en blanco y negro no las conozco, pero en su momento me vi la hasta ahora más reciente de 1974, con Robert Redford y guión de Coppola, y... no sé. Supongo que tiene que haber como mínimo una similitud de tono entre la obra a adaptar y el resultado final. A no ser, claro, como viene siendo cada vez más habitual, que ya nos dé igual una cosa que otra.



Lo primero que uno detecta en esta película, igual que en el último bodrio que han hecho de Los tres mosqueteros, es que el color canta un montón. Canta a píxel, a color exagerado, en definitiva a mal tratamiento del color. Rodar las películas en digital es una cosa, pero el tratamiento posterior y los filtros a aplicar después pueden generar un efecto de estar viendo una demo de ordenador de hace casi veinte años, cuando no sencillamente una sensación de chapuza que hace que a uno se le caiga la cara de vergüenza al recordar la de años que llevamos ya con el "color verdadero" de 24 bits, con el problema añadido de que al ver la película en 3D se pierde parte del brillo por el tintado de las gafas. Recordadlo siempre: la potencia sin control no sirve de nada. Poseer unas potentes herramientas de procesado de imagen no quiere decir que se sepan utilizar, o que se utilicen con sabiduría y buen gusto. De ahí las críticas, cada vez más habituales, de que casi todas las películas parezcan iguales, que el ajuste de color parezca que se hace con una macro estándar y que, por mucha tecnología que haya detrás, si se emplea a martillazos el resultado parece que sea que toda la película se ha rodado con un mismo filtro o, como se ha dicho en algunos casos, poniendo una bolsa de orina delante del objetivo. En este caso, como en la otra película citada, todo canta a cgi que tira de espaldas, y el color es más recargado y exagerado que en las películas mal conservadas del antiguo Tecnicolor y sus saturados tonos pastel, que sin embargo cuadraban bastante bien con musicales y otro tipo de películas coloristas. El ejemplo más claro es el de la piel de DiCaprio y Toby MaGuire. ¿Os acordáis cuando de pequeños pintábamos con ceras o rotuladores y dibujábamos a una persona, que no había forma humana de encontrar algo que fuese el famoso "color carne"? Acabábamos utilizando algunos de los tonos de rosa, y el resultado era... peculiar. Pues en la película es lo que ocurre: todo el mundo es rosita, las pieles son rosita y se pregunta uno si no les ha dado demasiado el sol. Además se ve todo demasiado definido, irreal, como si hubiesen utilizado algún tipo de exposición múltiple tipo HDR. Que no digo que eso no quede bien en otro tipo de historia, como una de fantasía o de ciencia ficción, pero si lo que quieres es reproducir cómo era una ciudad hace noventa años, quizá el efecto que obtengas sea el contrario.

Respecto a la adaptación... nuevamente uno se pregunta para qué hay que añadir todos estos elementos a un drama que debería sostenerse por sí mismo en referencia a su original literario. Es la historia de un amor imposible y de lo que alguna gente sin escrúpulos está dispuesta a hacer por conseguir lo que quiere. No es que me queje, es muy bonito ver reconstruido el Nueva York de hace casi cien años, pero siempre me pregunto si eso no sería mucho mejor para un buen documental que para narrar una historia, aunque también entiendo que para hacer un documental tampoco hay tanto dinero. Por otro lado utilizar una banda sonora moderna cuando precisamente a este escritor y a su obra se los conoce por retratar lo que es la "era del jazz" en los EEUU no sé, me parece chocante como poco. Que conste que ese tipo de experimentos bien llevados, como la otra película más conocida de este mismo director, Moulin Rouge, pueden quedar muy bien, como fue el caso. Esa especie de pastiche de época con su tono onírico y festivo, la propia historia y su colorido quedaban bien y no tenían que ser, ni falta que hacía, igual a la biografía de Toulouse Lautrec que había dirigido John Houston, y que lleva el mismo título.

Como podréis comprender la película me ha gustado bastante poco, pero no por nada en especial, ya que la historia es buena y tiene sentido, sino por su equivocado concepto estético y sobre todo ético. Da la impresión de que "no han entendido nada". Veréis: hace poco me enteré de que existen las "fiestas Gatsby", que vienen a ser una especie de fiestas temáticas en las que la gente se viste como en los años 20 y se monta unos festorros rememorando las grandes fiestas que el señor Gatsby celebraba para llamar la atención de la prima del narrador, pues la novela se hizo muy popular primero por los ejemplares que se mandaron al frente durante la 2GM y después por convertirse en el típico libro de lectura recomendada en las escuelas secundarias. Festorros éstos que en la novela se perciben como vacíos, artificiales y banales, pura exhibición de poder y dinero de alguien que cree que puede conseguir el verdadero amor de ese modo. Bueno, pues la gente se queda con la copla de "cómo mola ser rico y poder gastar dinero a manos llenas e invitar a desconocidos que te adoran por eso, por ser rico y famoso". El mantra por excelencia del rapero. Como leí en un sitio, hacer una fiesta imitando lo que se ve en El Gran Gatsby es como montar una fiesta infantil tomando como tema Lolita. Pues está claro que desde el primer momento al idear esta adaptación... no terminaron de pillar de qué iba la historia. Es decir: eso de que haya una crítica a los vicios propios del nuevo rico, la ostentación que acabó, en efecto, en la Gran Depresión, los sentimientos hueros y caprichosos... lo interpretamos como... cómo mola ser un rico millonario que se gasta el dinero, habla como un hortera haciéndose pasar por lo que no es, y que se construye una personalidad ficticia en la que además oculta un sórdido pasado y unas más sórdidas ocupaciones a las que debe su fortuna, que intenta utilizar para conseguir lo que desea, aunque ello sea tan falso como él.

Como se suele citar, no hay ética sin estética, y al revés: no hay estética sin ética. Cuando todo se entiende al revés, es lógico que el resultado obtenid, sea el contrario del que se pretende. La misma producción, el uso exhibicionista de recursos técnicos modernos que hacen que en algún momento la película tenga escenas que parecen sacadas de Matrix o de The Fast and the Furious, denotan que no se ha terminado de entender de qué iba la historia en origen, o, lo que quizá sea más terrible, que se entiende e importa un pito, porque lo que importa es eso, la ostentación, dentro de la película en coreografiadas fiestas que se supone nos deben fascinar por el lujo y el exceso, y en la película como producto con esos alardes técnicos, fotográficos y de 3D que se supone nos deben encandilar, y que parece que no tienen más objetivo que distraernos del objetivo principal que es contar una historia que no es ni mucho menos otra versión de "el amor todo lo puede", sino "si en el fondo eres un mierda y un falso, todo lo que toques se cubrirá de mierda y todo lo que hagas será falso". Todo esto se refleja incluso en la publicidad y en cómo se promocionó la película: en Madrid, en la estación de Metro de Callao, donde se concentra la mayor parte de los cines clásicos de la capital, la estación se convirtió por unos días en un lugar publicitario para la película, con los suelos cubiertos por moquetas rojas e incluso los asientos forrados con unos plásticos acolchados que simulaban un tapizado. También se han sacado líneas de ropa retro y otro tipo de merchandise, por supuesto.

Frases sapienciales. Tienes una dura competencia, Paulo Coelho.

Pues eso: puedes forrar las paredes de una estación de metro con vinilos que parecen puertas y los duros asientos de metal con un simulacro de tapicería lujosa, pero en cuanto asientes el culo allí te darás cuenta de que eso es tan incómodo como antes y que no engaña a nadie, porque es falso, un puro decorado. Del mismo modo hay que ser muy burro, o tener las ideas muy poco claras, para que al sentarse para ver esta película ésta lo engañe a uno y no darse cuenta de lo que hay realmente debajo.


-SuperSantiEgo

8.8.13

Lobezno: Inmortal


Como éste es mi blog, hablo en él de lo que quiero. ¿O es que creéis que aquí yo hablo realmente de libros y películas?

Recuerdo cuando compré el Extra Superhéroes nº1. Debió ser en Navidad del 83, o del 84. Era un tomito en el que se recopilaban los cuatro números de la serie limitada que terminó de asentar la fama del personaje hoy día más carismático de los X-Men. Por cierto: como se puede ver perfectamente por esa portada, en principio siempre quedó claro que las famosas garras de adamántium (del griego adamas, "inquebrantable", diamantino) eran unos implantes biónicos, y las "garras" unos cuchillos bien afilados que le salían de entre los nudillos y que se alojaban en los antebrazos. Lo de que fuesen garras de hueso recubiertas y afiladas vaya a saber uno cómo, vino bastante después, porque como sabéis Marvel NUNCA hace retrocontinuidades contradictorias, NUNCA JAMÁS de los JAMASES. Bueno, pero no es eso de lo que que quería hablar, sino del escandaloso precio que se ve ahí en portada, la increíble cifra de... ¡250 cucas! Cuando fui al quiosco, ni me acuerdo a qué, miré donde estaban los tebeos y aunque apenas conocía al personaje en aquel entonces me dije: "Me lo voy a de comprar". ¡250 púas! Ya, ahora es 1,50 lurus, en algunos sitios ni para un café, pero en aquel entonces era una pasta, mucha lana, una plata importante. Como en ese momento llevaba en el bolsillo un billetazo de 1000 pelas todo mío (conocido en aquellos tiempos como Soy el Rey del Mundo), decidí gastar de ese modo una cuarta parte de la fortuna que llevaba encima, aunque tuve la mala suerte de posar mi vista en Dios ama, el hombre mata, el famoso álbum que creo que salió por las mismas fechas, y que costaba la escalofriante cifra de, tiemblo al recordarlo... ¡550 pelas!
Tapa dura (eso es lo mismo que jarcóber, ignorantes), papel couché o como se ha dicho siempre "del bueno" o "satinado", y una escalofriante cifra a pagar en la contraportada, y por si fuera poco unos personajes que por entonces apenas conocía. En total me ventilé 800 maravedíes y volví a casa con los dos bien arropados debajo del abrigo, en parte porque llovía y en parte porque me dije que como me pillase mi madre con el alijo aún iba a haber algún problema. Me pilló, claro, y como comprenderéis argumentos tan liberales como que "si es mi dinero me lo puedo gastar en lo que quiera, digo yo" al decírselos a mi señora progenitora se perdieron en sus oídos como lágrimas en la lluvia, pues como comprendí anonadado tiempo después el estipendio que me daban mis padres no era para que me lo gastase en lo que me saliese del bolo, sino para fomentar en mí desde temprana edad la ejemplar conducta del ahorro. Menos mal que no le dije que era un precio más que asequible para dos meritorias obras del noveno arte, una de ellas además editada en el novedoso nuevo concepto de "novela gráfica", porque mi madre cuando creía que la estaba vacilando no me soltaba un guantazo, pero hacía amago de ello y seguía dándome mucho susto. Poco después ya dejó de decirme nada y me dio por imposible en eso como en tantas otras cosas, y aún ahora cuando me ve leyendo un tebeyo en la tableta la oigo decir por lo bajo: "¿En qué me equivoqué? ¿En qué?"

Bueno, a lo que íbamos. La famosa miniserie, por título Honor, se desarrolla en Japón, y también marca en la frikisma española un primer punto de inicio en la fascinación por una cultura japonesa que se aprende por tebeos y películas estereotipadas más que por leer el Heike Monotagari. Pocos años después, a finales de los ochenta, y con la publicación de Akira y de los primeros mangas traducidos de las ediciones estadounidenses, empezaría el moderno fenómeno otaku en España, y miniseries como Honor, además de los dibujos animados japoneses, los animes que habíamos visto, fueron preparando el terreno. Porque en Honor veíamos el Japón que mola; es decir: el que no existe, el de los tebeos, en el que todo es molón, y los ninjas y otras cosas igual de molonas conforman algo así como el 50% de la población del país. El resto son camareras vestidas de muñecas y cosas por el estilo.
Lobezno divirtiéndose con La Mano (no se pretende que haya segundas intenciones).

La verdad es que como adaptación de Honor la peli... no es muy adaptación que digamos. Se supone que con esa miniserie se descubría por completo el pasado japonés del personaje, y cómo por medio del código del bushido y del autocontrol de las disciplinas orientales intentaba reprimir sus arrebatos animales, o dicho más a la pata la llana, esos prontos que tiene en los que se carga a todo el que se pone por delante. La verdad es que leída después de tantos años sigue siendo un muy buen cómic que ha envejecido muy bien. Lobezno simplementa da miedo: es una máquina de matar que raja a todo el que se le pone por delante. Porque las garras cortan, no sólo pinchan, y como nos recuerda continuamente el personaje "cortan el acero como si fuese papel de arroz". Eso significa, por ejemplo, que si te enfrentas a él con una katana lo más seguro es que al primer intercambio de golpes lo que tengas entre las manos sea, con suerte, un cuchillo de postre. Por supuesto, y eso permitió que a los futuros otakus les gustase ese personaje de Marvel por encima de todos los demás, Lobezno no sólo habla japonés, sino que está profundamente influido por su filosofía de vida y en algunos aspectos es incluso más japonesista que el Japonepapa. En la película cuando a Lobezno le proponen ir a Japón, y eso que ya ha estado allí, sólo le falta decir: "¿Eso por dónde queda?"


(Lean sus mercedes los comentarios del vídeo bajo al advertencia de que pueden dejar de sentir cualquier clase de compasión por el ser humano en el caso de que éste se enfrente a su extinción.)

Pues bien: esta segunda película más o menos toma todos los elementos de esta miniserie y de otras cosas, y como es habitual en Jólibud en los últimos años desaprovechan las posibilidades de lo bueno que había y se dedican a meter otras cosas que no se sabe muy bien de dónde han salido y que no pegan ni con cola con el personaje, con la propia historia, ni con nada en general. Pero bueno, sale Japón y eso. También más o menos todos los personajes de la miniserie, pero porque tienen el mismo nombre, que en todo lo demás nada de nada.

Sale Japón. Nagasaki para ser exactos, pocos minutos antes de que les caiga la segunda bomba atómica. Un joven oficial, que vemos que tiene buen corazón, libera a los prisioneros estadounidenses mientras todo el mundo corre porque detectan que se acercan dos B-29, que por supuesto vemos perfectamente, como si estuvieran a punto de aterrizar en un aeropuerto cercano. A ver, no es por ponernos pejigueros pero hay cosas que ya deben estar en el acervo cultural de la humanidad y que no se deben saltar a la torera así como así. Ahora mismo, como casi no veo la programación normal de televisión, no sé, pero en los tiempos en los que compré esos dos comics, y muchos años después, había una cosa que no fallaba todos los años precisamente en estas fechas, y eran extensos reportajes sobre los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, en los que nos contaban con pelos y señales todo lo habido y por haber, y además a lo largo de los años se fue completando con recreaciones con efectos especiales cada vez más desagradables, además de las filmaciones históricas y reales que ya de por sí son impresionantes. Así que me parece que todo el mundo debería saber, y creo que se repite en Apocalisis Now o en Platoon, que nunca ves al B-29 que te mata, porque precisamente esas fortalezas volantes van a unas alturas muy elevadas, y con más razón si van a lanzar una bomba atómica, unos diez kilómetros de altura. Además, Nagasaki ni siquiera era el objetivo principal, sino el terciario, y les tocó por cuestiones de visibilidad. Así que poco podían esperar un ataque, y menos estar enterados de qué iba todo porque el de Hiroshima había sido sólo dos días antes y como comprenderéis el estado nipón lo último que quería era explicarle a su población, agotada por el esfuerzo de guerra, que de repente les habían borrado una ciudad del mapa. Así que lo de los oficiales japoneses que ven a baja altura a unos B-29 y que deciden practicar sepukku porque les van a tirar una bomba atómica es algo así como lo que me decía un amigo hace poco que en una novela un personaje dice en 1914 lo siguiente: "Temo que vaya a empezar la Primera Guerra Mundial". Y tampoco es que esté yo muy puesto, pero lo de suicidarse por las buenas ante un bombardeo, ¿es muy honorable? No sé, a lo mejor habían visto por televisión lo que les iba a pasar y preferían morir así, es la única explicación que le veo. En estos casos repito que tampoco me quiero poner tonto, pero me parece que por un lado esos bombardeos son de sobra conocidos como para pasarse así por el forro cierta realidad histórica, y aunque no creo que las películas deban ser didácticas, al menos que no jodan la marrana y no contribuyan al desconocimiento, porque ya sabemos cómo está la educación y las lagunas que tiene alguna gente, y después nos echaremos las manos a la cabeza cuando veamos que alguien dice que Hitler murió en un cine, que los neutrinos pueden funcionar como microondas porque les da la gana o que cuando fueron a bombardear Nagasaki la población le hacía fotos a los B-29 con el listófono. Del mismo modo el japonés que luego se hará amigo de Logan mira directamente a la explosión, y no se queda ciego, cosa que de nuevo debería ser de conocimiento más que general, y por si fuera poco vemos que se puede correr más rápido que una onda expansiva, que como todo el mundo debería saber por los más elementales conocimientos de secundaria, es como mínimo la velocidad del sonido, unos 340 metros por segundo, bastante más rápido que cualquier plusmarquista conocido a no ser que se llame Barry Allen o Pietro Maximoff. Y no, repito, eso no son "licencias dramáticas", del mismo modo que tener licencia de armas no es excusa para matar a tiros a tu abuela. Se puede hacer lo mismo, esa misma escena, sin tirar por la calle del medio y sin hacer el burro de esa manera. Sólo hay que pensárselo un poco, y posiblemente quede incluso mejor. La realidad también puede ser ósom, pero para mostrarla así primero hay que conocerla, claro. No le queda a uno más remedio que recordar el genial capítulo de Los Simpson sobre El Hombre Radiactivo y este genial diálogo: "Yo pensaba que cuando te caía encima una bomba atómica, te morías". "Bueno, pues ahora ya sabes lo que pasa de verdad".
¡Khaaaaaaan! ¡Saludos, primo!

La cuestión es que al muchacho japonés lo salva Lobezno, y ya mejor no me meto en diferencias de presión, succión del aire ni nada. Dejémoslo ahí. El joven japonés, sabremos después, se convierte en uno de los hombres más ricos de Japón con sus industrias tecnológicas. Mientras, Logan anda por ahí por el bosque purgando sus pecados después de haber salido en la infame X-Men 3, aunque nos quieren hacer creer que es por haber matado a Famke Jensen, algo que desde luego es una infamia porque no está el mundo sobrado de pelirrojas buenorras como para andar matándolas sólo porque puedan destruir el mundo. De vez en cuando Lobezno tiene unas visiones en las que habla con Jean Grey, que cual Obi Wan lo guía en su periplo. De estas escenas sólo diré que me niego a hablar de ellas a partir de ahora. Como a pesar de su aislamiento Logan quiere estar enterado de las fluctuaciones del Dow Jones, tiene un aparato de arradio en el que oye programas musicales donde por ejemplo ponen el Requiem de Mozart empezado por la mitad, y al bajar a comprar pilas además de hacer la típica escena de "poner en su sitio a los paletos en un bar", conoce a Yukio, la japonesa que a partir de entonces va a ser su amiga y que le quiere dar la espada del señor Yashida, que ya está muy mayor y se muere. Lobezno, que quiere seguir en el monte oyendo la radio, al principio dice que no, pero luego se monta en el avión con la muyaya, que le explica que van a tardar unas quince horas de vuelo, lo que nos hace suponer que como mínimo harán una parada en Rio de Janeiro primero.

Llega a Japón y ahí se quedarán todo el resto de la pelicula. Pero el Japón que mola, en el que todo son ninjas, yakuzas, el más tonto hace relojes (Casio) y el más torpe gana el Kumité de Hong Kong. Aunque no llega a los niveles de absurdo y estulticia de la primera parte, tiene sus buenos momentos de decirse uno "¿Cómorl?" No sé: ninjas que van por el tejado y los ve todo Dios, así ocultándose a lo tonto tras una estatua, menuda mierda de ninja, y frases de despiporre como: "No, donde nos vamos a esconder no nos encontrarán." Ah, ¿y por qué no, si es tu casita la del pueblo y te conoce todo el mundo y todos ven que estás ahí? "Pues... porque no." Ajá, vale, eso lo explica todo. "Oye, que se ha caído un árbol. Necesitamos a alguien que lo corte." Claro, porque en Japón no hay ni un sólo mozo bien plantado que sepa utilizar un hacha como dios manda, por no hablar de un empleado del ayuntamiento con una motosierra, además estás de incógnito pero el gaijin se pone a cortar un árbol delante de todo el mundo para gozo de las espectadoras. Lo raro sería que cuando llegan los malos no los hubiesen detectado por el Facebook. También es precioso el momento en el que el padre de Mariko le dice: "¿Sabes que estudié biología en la universidad?" A eso lo llamo yo una familia desestructurada: no sabes ni lo que ha estudiado tu padre, y te lo tiene que recordar. Sale al menos, para alegría de los adoradores del satanismo arquitectónico, la Torre Nagakin, y para añadir insulto a la herida, ya que está hecha unos zorros y a punto de que la derriben, la ponen como un "hotel del amor" con habitaciones temáticas para encuentros extramaritales. Bueno, a todo esto el japonés desahuciado le propone, así como quien no quiere la cosa, que Lobezno le pase sus poderes de regeneración y tan amigos, mientras una rusa con poderes de contagiar a la gente con enfermedades es la ominosa doctora del ricachón.

Pasan bastantes cosas, hay peleas bastante guapas, y aunque nada termina de casar del todo ni tiene mucho sentido, y el sentido del tiempo lo pierdes por completo, se llega al final. Mientras, vemos escenas sacadas de los comics y que los autores de la película no han terminado de entender. Como ya he dicho antes, el Lobezno de los comics es mucho más letal y sanguinario que el de la película, sobre todo cuando la situación lo merece, que suele ser siempre. Lo de llegar así a pecho lobo, nunca mejor dicho, a ese pueblo lleno de ninjas que lo convierten en un acerico... en fin. En los comics habría entrado sin que nadie lo viese y se habría cargado a los ninjas uno a uno sin que nadie llegase a saber lo que había pasado... mientras se fuma un puro. También los guionistas se quedaron con lo de "flechas con cuerda", y en vez de tres o cuatro, como más siempre es más, ponemos cuarenta y será mucho más ósom. La barrera entre lo ósom y lo ridículo hay gente que nunca la ve, y claro, se da el hostionazo. Sobre todo cuando ves luego que su amiga llega en moto por otro lado, abre la verja sin ningún problema... y asunto solucionado. "No, es que a los ninjas los pusimos a todos en el mismo lado, por la puerta trasera con un candado llega". Vale.

El final... a ver, reflexionemos. Muchos guardamos en altillos y cajas los comics de cuando éramos pequeños, y es lógico que les tengamos aprecio y cariño, pero eso no quiere decir que todos fueran buenos ni mucho menos. Incluso cuando éramos pequeños y aficionados a los tebeos con esa particular inocencia de la infancia sabíamos que ya existía el concepto de "final de tebeo malo". Pues el final es eso, un final de tebeo malo. Lo que en un tebeo de hace treinta años y con un dibujante eficaz podría haber tenido hasta algo de gracia, y no dejaría de ser un final un poco tonto, en película llega al despropósito. Es todo tan retorcido, tan inverosímil, que te tienes que reír. No sólo depende todo de tener a Lobezno con vida, al que después has puesto en peligro de muerte no una sino varias veces empezando por debilitarle su poder de regeneración sin que termine uno de entender en el fondo para qué, sino que además le vas a extraer su poder de la forma más complicada, ineficiente y absurda que se te pueda ocurrir, y por supuesto cuando lo tienes a tu merced no lo haces, no, sino que lo despiertas primero. Todo eso aderezado con otras escenas curiosas cuanto menos, como que el ninja bueno-malo termine dándose cuenta de su error cuando su anterior novia le clave un cuchillo en el muslo, herida que parece que no le afecta lo más mínimo pues inmediatamente se pone a hacer cosas de ninja sin que la herida tenga ningún efecto.

Al final uno dice: bueno, sale Japón, y no es tan mala como la primera, pero porque no se han puesto a ello. En este caso como en la primera parte, siempre se queda uno con la idea de que parece que no se lo toman muy en serio, les da igual porque saben que a gran parte de su público les da también lo mismo, o es que para algunas películas ponen a los que tienen un par de dedos de frente y para otras a los recomendados que no dan para más.

Por favor, esmeraos un poquito más en la próxima.

-SuperSantiEgo