El cachondeo a la hora de acercarse a la filosofía no sólo suele ser necesario en ocasiones, sino que además puede llegar a ser poco menos que imprescindible. Además, es una tradición que viene de muy lejos. Una forma de descalificar a los filósofos opuestos a uno siempre ha sido llevar al ridículo las tesis contrarias, algunos filósofos como Russell hicieron bandera de su ironía y a día de hoy si a Zizek lo llamas payaso y chouman probablemente no lo ofendas lo más mínimo, sino que además te echará un tueste importante sobre cómo probablemente ésa es la única forma de llegar hoy día a alguien para tratar un tema importante.
En este mismo blog, recordémoslo, ya reseñamos ensayos que cumplían una misión parecida, Platón y un ornitorrinco entran en un bar, y ha habido otros intentos muy divertidos de mezclar filosofía con humor, como Action Philosphers! Yo, por mi parte, algo de eso hice en mi interrumpido pseudowebcomic A la sombra del melocotonero en flor, que va a quedarse así de interrumpido mientras no haya de nuevo algo tan versátil como fue Bitstripes.
En el cómic en cuestión publicado ahora en un estupendo tomo en español, cuando no veo por ahí ni que haya sido publicado en inglés, nos encontraremos un ácido sentido del humor que, para entenderlo necesitaremos, eso sí, al menos una mínima cultura filosófica, aunque sólo sea a nivel de bachillerato, así como cierta cultura general: saber que Simone de Beauvoir es una destacada figura del feminismo, que Camus en su época era un rompecorazones que las volvía loquitas a todas y que los estoicos predicaban la imperturbabilidad de ánimo, lo que como veremos en una de las páginas es muy importante si quieres darte de baja del servicio de internet. Los chistes, como el mismo autor reconoce, van desde el juego de palabras fácil a exponer de forma sistemática el problema de la identidad con el experimento mental de la teletransportación, explicado aquí en el blog de un coleguita. Aparecerán por estas páginas el inevitable Nietzsche, los existencialistas clásicos, los jóvenes hegelianos y Marx haciendo de las suyas en no pocas viñetas, y también Wittgenstein, los positivistas y los analíticos, con pullitas a los posestructuralistas, como cuando se dice que se calcula lo profundo que es un pensamiento por lo incomprensible que resulta. Si algún día tengo ganas reseñaré La séptima función del lenguaje, una novela en parte paródica de esos posestructuralistas con Foucault, Bourdieu y otros afanándose por encontrar una fórmula milagrosa del lenguaje, con Umberto Eco por medio y enredados todos en una conspiración con órdenes secretas.
Ejemplos de Comics Existenciales:
El tomo está magníficamente editado a todo color en papel del bueno y a un tamaño que sin ser el Absolute de Watchmen puede ayudar a hacer un poco de músculo, y en las páginas finales hay una explicación de algunas de las páginas más complicadas, pero sin caer en la pedantería. Una buena adquisición para añadir a tu colección de comics de tema filosófico.
-SuperSantiEgo








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