21.1.21

Libro: Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari

 He releído, con bastante curiosidad y gran placer, la que creo que fue digamos la primera novela gorda o digamos "seria" que leí en mi vida. Aun así esta afirmación no deja de ser un barrunto, porque seguro, lo que es seguro, tampoco lo sé.

Reeditada en español innumerables veces, es una de las más famosas novelas históricas de todos los tiempos, además de por su calidad por tratar una de las etapas históricas que más atraen en ese tipo de productos, el Antiguo Egipto. Esa portada es la de Círculo de Lectores basada en el cartel de la adaptación cinematográfica y en tapa dura, que es la que estaba en mi casa, y si la memoria no me falla la leí dos o tres veces, así que esta última lectura que ahora he terminado será, si no la tercera, la cuarta.

¿La primera vez que la leí? Pues si la memoria no me sigue fallando, como a los diez u once años, me parece, pero no estoy seguro. Lo que sí os cuento es que quizá me convertí en lo que se supone que soy, un ávido lector, por una circunstancia personal y familiar que ahora os explicaré, y que entronca con aquello que ya os conté en una ocasión, cuando me leí unos tochazos de Stephen King y las continuaciones espurias de Dune: para llenar lo mejor posible las interminables horas de unos viajes en bus que duraban la friolera de dieciséis horas, sin contar alguna que otra espera en las estaciones. Ya, se puede quedar uno mirando al aire mientras medita sobre el sexo de los ángeles, pero mejor pasar el rato con un buen libraco de los que sabes que te van a entretener. Por si fuera poco, igual que en su momento os expliqué que de tanto leer a Astérix raro es que unas pocas veces al años no suelte algún "¡Por Tutatis!" o "¡Por Belenos!", desde la primera vez que leí este libro, aunque no lo digo porque me tomarían por loco, sí que a veces lo pienso, y cuando alguien me da la turra sobre algo o escucho algún galimatías emitido por un político me digo a mí mismo que "Sus palabras son como zumbido de moscas a mis oídos", una expresión que se repite bastantes veces en la novela cuando un personaje le dice a otro "habla mucho que no te escucho" o "me importa un pimiento lo que me digas y no te voy a hacer ni caso".

Pero de esos viajes en bus estaríamos hablando de 2007-2008, cuando este bloj familiar era joven y alocado, y yo me leí a Waltari mucho antes, cuando me chupaba con toda mi familia cada verano, desde muy pequeño, un viaje de unas treinta y tres horas en tren entre Ferrol y el pueblo de mi madre en Castellón. Por aquel entonces para divertirse sólo tenía uno mirar por la ventanilla, importunar a mis padres, que rápidamente me mandaban al carajo siguiendo el método pedagógico tradicional, e, ingenuo de mí, las primeras veces, uno o dos álbumes de Mortadelo y Filemón que me llevaba de casa y otro que me compraban para el viaje. Y eso, básicamente, me daba para un rato, y después de leídos un par de veces de cabo a rabo te dabas cuenta de que el viaje no acababa sino de empezar. Luego el resto del tiempo sólo quedaba mirar por la ventana el paisaje y, como ya he dicho, dar por saco. Mis padres, además de comprar la prensa del día y alguna revista, se llevaban consigo el libro que entonces estuvieran leyendo, aparte de algún otro en la maleta para el período de vacaciones. La verdad es que el viajecito se las traía, incluía el coche cama de los antiguos, los que tenían seis literas por compartimento que aquello parecía un entrenamiento por si algún días acababas en un chabolo de Alcalá-Meco, y luego de madrugada tenía uno que levantarse para bajar en Zárágózá y realizar una amenísima espera de varias horas, tras las que teníamos que subir a un tren de los llamados ómnibus, con unos departamentos de unas ocho personas con unos asientos de similpiel o escay azul que se pegaban a las piernas sudadas cosa mala, porque por supuesto el viaje era en pleno verano y el aire acondicionado ni estaba ni se le esperaba, y así gloriosamente después de salir un día a media mañana de una casa llegábamos a la otra a media tarde del día siguiente, con ganas de no hacer nada sino de morirnos. Tanto es así que hará sólo unos tres o cuatro años que yo fui el primer héroe de mi familia que ha llegado a estar en las dos casas en el mismo día, y por supuesto gracias a la magia de los vuelos aéreos.

Así que no puedo estar del todo seguro, pero quizá uno de mis primeros acercamientos a los libros fuera precisamente para tener algo que hacer en casos como este de los viajes interminables, así como otras esperas bastante largas a las que a veces se veía uno sometido, que a día de hoy se solventan con el móvil y sus muchas posibilidades, pero en otros tiempos lo de matar el tiempo era bastante más limitado. Y la verdad es que funcionó, porque cuando me leí Sinuhé el egipcio el viaje se me hizo francamente muy llevadero, y desde entonces, ya sea porque llevas en el bolsillo del abrigo un libro en formato árbol muerto o en la aplicación del móvil, sabes que en los andenes de estaciones de todo tipo, asientos de aeropuertos o ya puestos incluso la cola del supermercado en los tiempos del covid, esos minutos de tedio se pueden convertir en tiempo de lectura.

También hay una ópera reciente sobre el período histórico en cuestión, de Phillip Glass:

Respecto al resto de las novelas de Mika Waltari, creo que en mi casa estaban todas las que tenía el señor publicadas en España, porque a mis padres les gustaba mucho, así que me las fui leyendo una a una. En relación al noble pueblo finlandés al que este autor pertenecía, ya sabéis: son nórdicos pero ni siquiera indoeuropeos, ya que su idioma, el finés o suomi, está lejanamente emparentado con el húngaro y con otras lenguas urálicas habladas por la zona, y sólo el estonio se le parece realmente. El finés es altamente flexivo, y si ya a la gente le suele echar para atrás los casos del latín y del griego, con su acusativo y dativo, el finés tiene otros como adesivo, esivo y traslativo, hasta llegar a quince casos en total. Igual que su lejano primo el húngaro, carece por completo de género gramatical, incluso en los pronombres, y por regla general si intentas aprender finés los mismos habitantes del lugar te dicen que tú mismo, pero te terminarás haciendo daño. Respecto a las novelas de Waltari, desconozco por completo si las traducciones que se hicieron en su momento fueron realizadas a partir del original o a través de una lengua intermedia. Actualmente, igual que en el resto de los países escandinavos, en Finlandia hay una gran producción literaria per cápita, así que aunque sus poblaciones sean escasas tienen un número notable de literatos conocidos, sobre todo de género de novela negra, con autores como Leena Lehtolainen y Antti Tuomainen. Como es bien sabido y acabamos de ver, los nombres finlandeses sueles ser fácilmente reconocibles: Tommi Mäkinen, o Ilkka Niiniluoto. Los finlandeses son un pueblo orgulloso de su historia y de su cultura, y de su lengua, aunque prácticamente se empezó a escribir en ella en el siglo XVI, y a día de hoy se conmemora como una fiesta nacional la fecha de la primera edición de El Kalevala, que compila su mitología precristiana. A principios de los años 1980 la televisión pública finlandesa realizó una adaptación, que se vio en España. Tolkien en 1912 descubrió el finés, y con ayuda de un diccionario y una gramática consiguió leer El Kalevala, que no sólo influyó en la creación de su propia mitología, sino que el mismo idioma quenya tiene una notable influencia de esa lengua que lo dejó fascinado.

La novela la podemos analizar a dos niveles. Uno, como una novela histórica al uso, que también lo es, y muy buena, y por otro lado los temas universales que trata y los valores que tiene como puro artificio literario.

Como novela histórica, ya lo he dicho, se considera una de las mejores que se han escrito, y se le atribuye haber despertado la vocación de historiador en mucha gente, en especial a los especialistas en el Antiguo Egipto, o simplemente como aficionados a leer sobre Historia. El mismo Waltari era un gran aficionado a ese período histórico, y se documentó ampliamente para escribir su novela, publicada en 1945, poco más de dos décadas después del descubrimiento de la tumba de Tutankamón. Waltari en esa época había puesto sus capacidades como escritor a servicio del gobierno durante la Segunda Guerra Mundial, y para el que no lo sepa para Finlandia esta tuvo unas características bastante especiales: primero se produjo la Guerra de Invierno después del comienzo formal de la guerra como tal, cuando la URSS dijo que, aprovechando que el Nevá pasa por San Petersburgo, que me quedo con estos territorios tuyos porque yo lo valgo, y claro, los finlandeses dijeron que nones, aunque de poco les sirvió porque en marzo del 40 tuvieron que llegar a una paz y ceder unos territorios donde se centraba buena parte de su economía, pero eso no fue el final porque quince meses después, y coincidiendo con la invasión alemana de la URSS, Finlandia contraatacó en la Guerra de Continuación, con los finlandeses de más o menos buen rollito con los alemanes hasta 1944, cuando llegaron a otro armisticio con los soviéticos para que las cosas quedasen como estaban antes, pero con la condición de que echasen a los alemanes de Finlandia, lo que condujo a la Guerra de Laponia, ahora ya contra los alemanes, perseguidos por los finlandeses en su huida hacia la Noruega ocupada. Pues bien, Waltari en esos años trabajó en los servicios oficiales de propaganda del gobierno finés, lo cual con semejante quilombo político en su país podemos imaginarnos que lo marcó profundamente y lo hizo sospechar a partir de entonces de toda "verdad" que proviniese manufacturada por el poder, y supongo que si alguna vez llegó a sus manos un ejemplar de Mil novecientos ochenta y cuatro de Orwell cuando leyese lo de "No estamos en guerra con Eurasia, en realidad siempre hemos estado en guerra con Asia Oriental" seguramente sólo musitó: "Tal cual". Es decir: esta novela debió escribirla, en gran medida, durante el desarrollo no sólo de la Segunda Guerra Mundial, que ya sabemos que fue un baño de sangre de proporciones apocalípticas, sino además en unas circunstancias personales muy duras en las que su país las pasó poco menos que canutas, y eso se refleja en el texto.

¿Que si los finlandeses eran unos tíos muy duros en la guerra?
Si los rusos te apodan "La muerte blanca", debe ser que sí.

Ahora bien: ¿es exacta la novela en cuanto a su contenido histórico? Aquí la respuesta podría variar mucho de una persona a otra, así que en este caso voy a ejercer mi derecho inalienable de galiciano y responderé: lo suficiente. Aunque es un período histórico bien conocido, con todos los peros que queramos, obviamente hay que inventarse mucho para hacer una novela, incluso de un tiempo cercano, así que más todavía de uno tan alejado con documentación incompleta. La interpretación de ese período histórico, conocida entre otros nombres como "la herejía de Atón" (dependiendo de para quién, claro) es personal, pero no chirría nada especialmente. Es decir: Waltari era un apasionado de la época y lo deja ver, se documentó lo que pudo, pues obviamente nuevos datos e hipótesis han surgido desde la publicación de la novela hace ya unas cuantas décadas y por lo que sabemos desde luego no ocurrió lo que se nos cuenta en la novela tal como se nos cuenta, pero sí nos cuenta una historia coherente.

Para empezar, Sinuhé es un personaje inventado, y a su vez, y en la misma novela se hace referencia a ello, el protagonista de su propia historia dentro del canon de la literatura egipcia, lo que algunos personajes le recuerdan: La historia de Sinuhé, una narración que se dataría en unos seiscientos años antes de los tiempos de Akhenatón, y que también trataría de intrigas palaciegas y conspiraciones regias. Sinuhé es un médico, y por tanto un sacerdote de Amón con las órdenes menores, hijo de una pareja anciana que lo encontró en una canasta bajando por el Nilo, un tema recurrente en la literatura egipcia y que llegó a ser la base de la historia de Moisés, que luego también comentaremos. Por la factura de la canasta, y tras investigar el suceso, el mismo Sinuhé llegará a sospechar que puede estar emparentado con la realeza, y que el faraón puede que sea su hermano. Todo muy novelesco, como se puede ver.

Sin embargo, y esto es lo importante, la reconstrucción de la época es verosímil, y lo que es muy importante y en muchas novelas que se sitúan en el pasado ya parece que da igual una cosa que la otra: todos los personajes son hijos de su tiempo y no se salen del guion de forma absurda ni presentan ideas o dan discursos completamente fuera de su época, intentando reflejar ideas modernas. Incluso Sinuhé, un médico al que podríamos llamar un humanista y una persona compasiva en grado sumo, no tiene ideas extrañas en las que denuncia realidades sociales que en su época nadie cuestionaba, y si lo hace es en términos casi absolutos, que no desentonan con la misma herejía de Atón. La forma de vida de los egipcios y sus creencias, el pensamiento mágico, está presente en toda la novela, y aunque el viajero personaje principal haga gala de cierto escepticismo y relativismo al conocer la existencia de otros dioses y de otras costumbres, nunca llega a conclusiones impuestas por una mentalidad del siglo XX. La sociedad egipcia se refleja por tanto como lo que sabemos que era: profundamente desigual, pero en la que se vivía con una cierta holgura, ya que también sabemos que excepto en malos tiempos o crecidas del Nilo desastrosas, Egipto fue el granero de casi todo el mundo conocido de la época, uno de los países más poblados y capaz de generar unos excedentes de comida más que considerables, de tal modo que se considera que el nivel de vida de esta etapa de la historia, conocida como el Imperio Nuevo Egipcio, se mantuvo en unos estándares que sólo se igualaron pocas veces en la historia antigua, y que no fueron claramente superados como media hasta el siglo XVIII, pero de nuestra era. Sobre sus hallazgos en los campos de la ingeniería, la medicina, etc... bueno, no nos flipemos demasiado, importantes sin duda pero tampoco tan impresionantes si vemos la simplicidad (colosal, eso sí) de algunos de sus monumentos, y que probablemente el mismo Tutankamón murió de una septicemia por un hueso roto y Ramsés II murió quizá por una infección provocada por una caries, aunque eso sí, con más de noventa años, y que los médicos actuales dicen que sin duda trepanar a alguien en aquella época y que sobreviviera era un gran logro, pero no tanto si analizas lo que realmente es en el fondo, y desde luego los egipcios no hacían operaciones a corazón abierto ni tenían la más remota idea de cómo curar muchas enfermedades, aunque sí las reconocían y sabían describirlas. Los griegos y romanos, que no eran tontos y en cierto modo sabían que también ellos eran antiguos a su manera, eran igualmente conscientes de que la zona oriental del mundo conocido, donde estaban los egipcios y babilonios desde muchísimo tiempo antes, tenían mucho más recorrido que ellos en lo de ser pueblos civilizados.

Históricamente la novela abarca desde la muerte de Amenofis III, de largo y próspero reinado, al período monoteísta, o henoteísta, de Atón, una deidad ya existente que representaba al disco solar, y que había sido promovida ya por el mismo Amenofis III porque el clero de Amón ejercía como poder paralelo en Egipto dada su influencia y riqueza; el culto al sol, conocido es, es uno de los más importantes en Egipto a través de distintos dioses, y también fue recuperado para hacerle la competencia a Amón, deidad local de Tebas, la nueva capital, y se había revitalizado el culto a Ra, con quien el mismo Amón se solía identificar, de ahí lo de Amón-Ra. Esta facilidad para fusionar dioses, y para no tener problemas en aceptar que en cada parte de Egipto había un dios supremo distinto que había creado el universo en cosmogonías que en principio podían ser excluyentes, y ya que esto no se consideraba contradictorio ni había dogmas de fe según el pensamiento mágico y politeísta, ha hecho pensar que hasta cierto punto el henoteísmo, la creencia de que todos los dioses participaban de la esencia de un único ser divino con múltiples facetas, siempre fue algo común a la sociedad egipcia, y que en principio tampoco debería haber causado tanto problema: donde comen cinco castas sacerdotales comen seis, ya entendéis por dónde quiero ir. Sin embargo, aunque al principio parecía que el nuevo no tan nuevo culto iba a ser una manía más del nuevo faraón, en realidad era un verdadera obsesión de un auténtico fanático que se lo creía y que además estaba un poco hasta la coronilla del poder acumulado por los sacerdotes de Amón, así que el enfrentamiento terminó produciéndose y según la novela el fanatismo por ambas partes produjo escenas y enfrentamientos que poco habrían tenido que envidiar a los peores momentos de tropas católicas quemando aldeas protestantes, y viceversa, en la Guerra de los Treinta Años. La cuestión es que Amenofis IV, rebautizado ya como Akhenatón, después de hacerse con las riquezas de Amón, se montó su propia capital con casinos y furcias, a su gusto personal, Akhetatón, hoy Amarna, y allí se tiró lo que le quedó de vida mientras, dependiendo de las distintas interpretaciones, su nueva religión convirtió al país en un lugar poco apetecible en el que vivir o sencillamente las cosas siguieron un poco como estaban porque aparte de en la nueva capital todo el mundo siguió adorando a los dioses que les apetecía.

Fuese sencillamente un henoteísmo avanzado, o un monoteísmo con todas las de la ley, desde el principio que se empezó a estudiar se pensó si no habría sido esta nueva religión la que de algún modo habría dado lugar al judaísmo, ya que sólo unas pocas generaciones después se situaría la supuesta esclavitud de los judíos en Egipto y los tiempos de Moisés, es decir, el judaísmo ya reconocible como lo conocemos y con las Tablas de la Ley. Lo de "supuesto" se entiende porque no hay ninguna prueba de peso que permita saber que hubo tal esclavitud, lo que hace especular a algunos que el judaísmo habría sido en origen un grupo de guerreros a las órdenes de los egipcios desde los tiempos de los hicsos, o incluso, si se acepta que huyeron de Egipto después de la caída del la XVIII dinastía, un grupo religioso represaliado que quería huir de su propio país, y que Moisés realmente habría sido un miembro de la casa real que había permanecido fiel a Atón, y que el culto se radicalizó y fue mutando en los tiempos de clandestinidad, lo que explicaría también las similitudes entre el Himno a Atón y el Salmo 104. Esta era la idea preferida de Freud, que en eso como en todo le echaba muchísima imaginación, si bien hay que reconocer que costumbres como la circuncisión son de origen egipcio, así como la prohibición de comer cerdo, aunque para los egipcios era estacional. A día de hoy todo esto sigue abierto a debate, las fechas son muy difíciles de casar y lo que sí sabemos es que la religión de Atón no se parecía gran cosa a la ecclesia original del cristianismo, un conjunto fraternal de creyentes, sino que era un culto personal en manos de Akhenatón, su mujer Nefertiti y sus hijos, de modo que era algo realmente exclusivo y una continuación del culto divino al faraón, algo que ya existía desde siempre. Del mismo modo el mismo reinado de Akhenatón no parece haber sido por su parte tan pacífico como se nos da a entender en la novela, donde al faraón sólo le falta hacerse fotografías con John Lennon y Yoko Ono, sino que también se promovieron matanzas y se ha encontrado a gente enterrada de mala manera después de morir de agotamiento en la construcción de la nueva capital.

Desde el punto de vista internacional, el período de la novela es convulso por decirlo suavemente: el imperio hitita está en su apogeo y los amorritas, un estado que sirve de amortiguador entre ellos y los egipcios, se ponen de parte de los belicosos indoeuropeos que ocupaban la Península Anatólica y que además de dominar la metalurgia del hierro conducían unos temibles carros de guerra. El faraón, de tendencias pacifistas, se va a ir dejando comer la tostada hasta que el general Horemheb consigue ponerse al mando del ejército con todo el poder en sus manos y vence a los hititas. En la novela se incide mucho en que Horemheb habría sido no más que un palurdo que por su genio militar habría salido de la nada hasta llegar a ser general y luego, finalmente, faraón, pero en realidad era un miembro de la aristocracia egipcia, e igual que en la novela debía tener en realidad bastante mala uva y ser un tipo de genio encendido, ya que cuando accedió al poder se encargó de borrar de todas partes a todos los sucesores de Amenophis III, de modo que él habría sido sucesor directo de ese gran faraón. Así pues el contexto histórico que aparecerá en la novela será la pugna de Siria por parte de Egipto y los hititas, el doble juego de Aziru, el rey de los amorreos, e incluso en un breve párrafo se hace mención de que han llegado a Creta barcos de forajidos de piel blanca y que hay rumores de que se están produciendo movimientos de pueblos por el Mediterráneo, lo que sería un primer indicio de que las invasiones de los Pueblos del Mar están empezando, y cuando uno se da cuenta de que ha entendido la referencia se siente muy bien consigo mismo, un verdadero connoisseur. Sí, ¿qué pasa?, en las novelas históricas también hay fanservice.

Desde el punto de vista histórico, y a pesar de algunas inexactitudes fruto de la imaginación del autor y de encajar algunos hechos para que cuadren, como que Nefertiti era hija del sumo sacerdote Ay, cosa que tampoco se sabe a ciencia cierta, la novela es irreprochable, y tampoco se le puede pedir que conociera hipótesis posteriores o datos que se han conocido recientemente y que contradicen cosas que leeremos en este libro. Lo importante es que recrea una sociedad antigua en la que nadie pensaba en términos modernos, comprendemos las relaciones sociales, el modo de vida y los valores de esas gentes tan alejados en el tiempo de nosotros, pero por otro lado reconocibles perfectamente como nuestros semejantes porque los guían las mismas pasiones: el amor, el odio, la venganza, la fidelidad, el idealismo y el principio de realidad.

Lo que hace realmente grande a esta novela, y que permite que la pueda leer uno varias veces como en mi caso a distintas edades, y que en cada caso la haya comprendido y apreciado de distinto modo, es que podríamos decir que, aparte de su calidad como novela histórica que tantas vocaciones despertó en esa disciplina, el título del libro podría ser perfectamente L'Étranger en Egipto. No estoy diciendo que pudo haber influencias, y las fechas de edición, 1942 y 1945 con la guerra mundial de fondo, son demasiado cercanas, además de que los temas de la obra de Camus ya se trataron de forma semejante en otros autores, pero es innegable que a su manera Sinuhé es eso, un hombre desgajado del mundo, incapaz de comprender la maldad humana, y resignado a sobrellevar su propia existencia en una continua angustia y sufrimiento ante la miseria moral propia y ajena. Digámoslo claramente: Sinuhé es un penas, un agonías, un amargao de la vida.

Razones no le faltan, desde luego. Pese a todo, eso no lo hace un personaje antipático, ni mucho menos. Tanto su dudoso origen, como una sensibilidad especial y de algún modo saberse ajeno al país que lo vio nacer, marcan su infancia y su temprana vocación por ser médico de pobres. Waltari, que era un hombre creyente y estudió teología en su juventud, no cae en el error de convertir a Sinuhé y el atonismo en un remedo temprano del cristianismo, pero sí crea una metáfora histórica en la que si a los seres humanos se les da la oportunidad de reconocerse los unos a los otros como iguales, puede reinar cierta armonía y paz, y ello a pesar de la misma tendencia del ser humano hacia el mal. El autor, sin embargo, no se refrena lo más mínimo a la hora de hacer cometer al personaje principal unas acciones tan egoístas y aterradoras que conducen a la muerte prematura de sus padres en la más absoluta miseria, y estos antes de morir no sólo no lo maldicen ni lo condenan, sino que lo bendicen y le piden que siga con su vida y que esperan que esta sea feliz y plena, lo que en cierto modo marca el futuro del personaje, obligado por ese último acto de generosidad de sus padres a seguir viviendo y a comportarse como una persona decente, aunque eso a veces le cueste mucho porque, de nuevo, el mundo está lleno de maldad. Continuamente Sinuhé hará mención a "colmar su medida" o "mi medida todavía no estaba llena", una referencia sin duda a un concepto que permeaba toda la cultura egipcia antigua, en la que el Cosmos estaba regido por la diosa Maat, la medida, el orden y la justicia, que repartía a cada ser humano aquello que le deparaba el destino, y por eso Sinuhé acepta con resignación todo aquello que le ocurre, pone lo mejor de su parte pero el mundo lo supera por muy buenas que sean sus intenciones.

Como también se ha señalado, y se nota sobre todo cuando Sinuhé está ya anciano y ve cercana su muerte y que va a sufrir su último exilio, algunas de sus frases sapienciales y derrotistas recuerdan al Eclesiastés, pues entiende al final de su vida que en esta no hay más felicidad que comer el pan amasado por unas manos honradas, beber el agua del Nilo y gozar de cada breve instante de reposo que concede un mundo caótico lleno de crueldad y muerte, y que en cualquier momento el infortunio puede salir a tu paso y quitarte todo cuanto tienes. Sinuhé tampoco cae en un ateísmo fácil, pero es un desencantado de todos los dioses, comprende que estos sólo son proyecciones de los anhelos humanos y una forma de manipular a los ignorantes, aunque en la locura de Akhenatón, a la que sigue refiriéndose así en ocasiones, ve al menos un intento de romper la degradación a la que se enfrenta el ser humano con su miedo a la muerte y a las desdichas, y en sus últimos años, aunque ya es un culto prohibido, él sigue preguntándose en voz alta si aquello no debería haber salido bien, y que su amigo el faraón, quizá su hermano, estaba en lo cierto y los seres humanos podrían ser hermanos. Sin embargo, igual que en la novela de Koestner sobre Espartaco, son también los mismos pobres los que lo sacan de su error, y si los propios seguidores de Espartaco no entendían que un hombre trabajando sus propias tierras no era un hombre libre, sino esclavo de sí mismo sin otros hombros en quien delegar sus duras labores, los pobres de Egipto se burlan de Sinuhé, que pide a los tebanos que respeten y amen a sus vecinos y los consideren sus hermanos, pues le replican que ellos sólo se sienten bien cuando poseen lo que no tienen, y cuando además no lo disfruta ese vecino, cuya envidia les resulta deseable.

Pero todo esto no quiere decir, ni mucho menos, que la novela sea un coñazo. Ni de lejos. Pasan un chingo de cosas, hay hasta algún momento de humor, e incluso, para terminar de redondear el aspecto histórico, un par de momentos "mágicos": Sinuhé será un escéptico o un agnóstico en muchos aspectos, pero no deja de ser un hombre de su tiempo y cree en la magia y en poderes que están más allá de su comprensión, así que asiste a curaciones milagrosas que no es capaz de entender pese a sus muchos conocimientos médicos, y en Creta se encontrará con el cadáver de un monstruo marino que tampoco alcanzamos a entender lo que puede ser. De forma análoga al original egipcio en el que se inspira, Sinuhé recorre en calidad de espía los reinos vecinos que amenazan a Egipto, y es testigo de cómo funcionan otras sociedades, entabla amistad con el rey Aziru y allá por donde va gana fortunas que tarde o temprano termina dilapidando, pues como él mismo se dice a veces "para mí nada es el oro". Como contrapunto al idealismo desatado de Sinuhé tendremos sin embargo a su Sancho Panza particular, Kaptah, un buscavidas tuerto que se arrima a Sinuhé y que como bien dice lo protege de su propia estupidez, pues sin él su amo es como un chiquillo descarriado. Kaptah es materialista, completamente mundano y, termina reconociendo Sinuhé, mucho más sabio que él mismo, pues vive despreocupadamente sin más inquietud que satisfacer sus deseos y sencillos apetitos, pero a la vez es una persona fiel y de palabra, y cuando acaba la novela, gracias a su inteligencia práctica y a su habilidad para los negocios termina amasando una gran fortuna con la que protege a su antiguo amo.

Cuestión aparte es el mundo femenino que presenta la novela. Afortunadamente, no encontraremos en ningún momento un discurso feminista del siglo XX, y ninguna se preguntará por qué no pueden ser sacerdotisas de algunos dioses o dedicarse a la aeronáutica. De todos modos, en contraste con la actualidad, en la que el 90% de las mujeres egipcias han sido sometidas a mutilación genital, hace tres milenios se las consideraba iguales ante la ley, el matrimonio era un rito rutinario que ratificaba que una pareja pasaba a vivir junta por propia voluntad, existía el divorcio y el sexo se consideraba como parte natural del comportamiento humano tanto de hombres como de mujeres. Esto no quiere decir que hubiese una igualdad absoluta, pero hubo mujeres ocupando altos cargos civiles y religiosos a lo largo de toda la historia antigua, empresarias, incluso una faraona, y por supuesto la situación de la mujer en Egipto, y en otras sociedades orientales, causaba pasmo y estupor entre griegos y romanos, acostumbrados a sus gineceos y matronas. Pero esto no quiere decir, ni de lejos, que las mujeres se callen y no protesten en la novela, y de igual modo que Sinuhé admite no entender el hecho de vivir la vida como una mujer, ni aspira a comprender del todo el vínculo de una madre con sus hijos, las mujeres dicen en voz alta y con fatalismo que el mundo está gobernado por los hombres, y que sólo hay violencia y ansia de conquista en sus corazones, siempre ha sido así y siempre lo será. El mismo Sinuhé protestará también al darse cuenta de que quienes más sufren la violencia son aquellos que menos son capaces de defenderse de ella, como las mujeres y los niños.

Mucho se ha hablado de los tres personajes femeninos principales de la novela, cada uno más dispar que el anterior. El primero, más fascinante y a la vez más siniestro es la cortesana Nefernefernefer (la tres veces bella), que seduce al joven Sinuhé de una forma totalmente cruel por el simple placer de ver hasta dónde puede llegar el inexperto médico para saciar con ella su lujuria, con los efectos ya comentados de condenar a una muerte prematura a sus ya ancianos padres por medio de una acción abominable. Sinuhé conseguirá años después vengarse de ella de una manera también atroz, pero en un giro inesperado de los acontecimientos que recuerda al peligro de enviar a Bart Simpson al Infierno, porque puede que termine usurpando el poder del mismo Diablo, lo único que consigue es que Nefernefernefer no sólo no reciba su merecido, sino que prácticamente salga de rositas y más rica de como empezó, así que Sinuhé termina aceptando que "mi venganza me había roído el corazón sin haber podido perjudicarla, y esto me demostró que la venganza no procura ninguna satisfacción, sino que su dulzura es efímera y se vuelve contra su autor, abrasándole el corazón a fuego lento." Así pues, sencillamente, se olvida de ella, y como decimos ahora "que el cielo la juzgue", no la vuelve a citar nunca más y nunca sabremos qué habrá sido de ella. En sus viajes como informante del general Horemheb conocerá en Babilonia al que será otro de sus grandes amores, la cretense Minea, que sólo aspira a volver a su patria para cumplir su destino y entregarse en el laberinto del Minotauro al dios marítimo que protege a la isla en la que en ese momento florecía la civilización minoica. Este amor entre los dos es casto, ya que ella quiere mantenerse virgen para su dios, y acaba cuando por fin consiguen llegar a Creta y se cumple el ritual y Minea entra gustosamente en el laberinto, para nunca volver a salir. Sinuhé, incapaz de no saber qué es lo que ha ocurrido, violará el santuario para descubrir que como en su patria todos los dioses son falsos, y todos los sacerdotes se aprovechan de los miedos y de la credulidad de la gente. Por último, ya de vuelta en Egipto, Sinuhé se encuentra con Merit, una tabernera con la que mantendrá una relación intermitente a lo largo de los años, y que por así decirlo será el amor de su vida, aunque ella nunca querrá "romper una jarra con él", metáfora que se inventa Waltari para referirse al matrimonio. Lo más parecido que vivirá Sinuhé a una vida normal en sus idas y venidas a Amarna durante los convulsos años del reinado de Akhenatón será su relación con Merit, que además ha adoptado a un niño por el que Sinuhé desarrolla gran afecto. Waltari, sin ninguna preparación ni aviso, como en la vida real, hace que Sinuhé se entere de que, en uno de los numerosos altercados religiosos de Tebas, Merit y el pequeño Thot han muerto asesinados, y Sinuhé se entera también de lo que ya sospechaba, igual que el lector, que el niño era en realidad su hijo.

Pero, siguiendo la terminología del libro, la medida de Sinuhé tampoco se había colmado con esto. Cada vez más viejo y valetudinario asiste a la muerte de Akhenatón en una emotiva escena en la que se apiada del sufrimiento físico y moral del faraón, y es testigo de la lucha de poder entre Ay y Horemheb, y la entronización de un niño, Tutankamón, que posteriormente pasaría a la historia no por la importancia de su reinado, sino por tener la suerte de que su cámara funeraria realizada a toda prisa quedase inviolada durante milenios. Por último, Horemheb, su antiguo amigo, termina sus exitosas campañas militares y se convierte en faraón como padre de la patria, y en su nuevo Estado, en el que va a reescribir la historia por completo, le incomoda un testigo de primera mano de todo lo ocurrido, como Sinuhé, así que lo exilia, y el antiguo médico se dedica a hacer lo que nos ha dicho que ha estado haciendo desde el primer párrafo de la novela, escribir sus memorias no para que nadie las lea, sino para su propio solaz, ya que está convencido de que sus rollos no se enterrarán con él como es su deseo, sino que arderán nada más llegar su muerte. Esto añade, por supuesto, una capa metaliteraria al texto, que aunque sabemos que es falso en tanto que una novela moderna al menos nos puede consolar con la idea de que si lo estamos leyendo es que de algún modo Sinuhé consiguió hacer oír su voz a través de las eras para contar su historia y asegurarnos al final que "Porque yo, Sinuhé, soy un hombre, y como tal he vivido en todos los que han existido antes que yo, y viviré en todos los que existan después de mí. Viviré en las risas y en las lágrimas de los hombres, en sus pesares y sus temores, en su bondad y su maldad, en su debilidad y su fuerza. Como hombre, viviré eternamente en el hombre, y por esta razón no necesito ofrendas sobre mi tumba ni inmortalidad para mi nombre. He aquí lo que ha escrito Sinuhé el egipcio, que vivió solitario todos los días de su vida."

En 1954 se hizo una adaptación en glorioso Cinemascope que qué os voy a contar... A ver, como adaptación del texto literario es muy mala, horrorosa porque desaprovecha todo lo bueno y grandioso del original, e incluso admitiendo que como película por sí misma tiene cierto mérito varios problemas en la producción, como la espantá de Marlon Brandon, que iba a ser el protagonista, y un guion algo inane, pues no es ni de lejos uno de los trabajos más meritorios de Michael Curtiz. Victor Mature, a pesar de su fama de mal actor, no queda mal como el hierático y malencarado Horemheb, Jean Simmons está bien como siempre, aquí haciendo de una amorosa Merit, y sobre todo brilla, interpretando a Nefernefernefer, Bella Darvi, una polaca bisexual que se enrolló a la vez con el productor Zanuck y su mujer, cuando Hollywood no era ni mucho menos Egipto, pero sí Babilonia. Además de quedar todo muy descafeinado y difuminar todo el erotismo explícito e implícito de la novela, se permite hacer cambios mojigatos como que Nefernefener acuda a Sinuhé enferma, se supone que de sífilis u otra enfermedad de transmisión sexual, y él a pesar de todo se apiade de ella y la trate, pero dejándole claro que "Puedo restaurar tu salud, pero no tu belleza", con lo que queda insinuado un "Esto te ha pasado por puta", que se supone que debe poner el espectador de su cosecha, y además veremos también cómo los papiros de Sinuhé arden después de que este muera. La película con su encanto antiguo se deja ver sin ser demasiado memorable, y como yo solía decir, es imposible hacer una película de egipcios que no sea buena. Luego vi la versión de 2014 de Exodus: dioses y reyes y ya me callé la boca. Todavía tengo pesadillas.

Otra curiosidad de esta película es que es del mismo estudio que el que hizo Los diez mandamientos, la buena de 1956, situada en los tiempos de Ramsés II, y parte del vestuario y de los objetos de la película de 1954 se reutilizaron, así que podemos decir que hay cierta coherencia estética entre las dos.

En definitiva, una grandísima novela que mejora cada vez que la vuelve a leer uno, aunque sea en la cola del supermercado en los tiempos del covid.

-SuperSantiEgo

13 comentarios:

Cidi Hamete dijo...

Joder, ahora tengo que volver a leerla.
;-D

La he leido tres veces, aunque la última fue hace más de 20 años.

Por mi parte, tengo el mismo cuelgue con Shogún de James Clavell. La conocí con apenas 14 años y me impactó sobremanera (que es lo mismo que decir: un abismo insondable). Tanto que con 18 años la leí en inglés y descubrí que la versión española de Círculo de Lectores que tenían mis padres había sido expurgada de varios incidentes sexuales. Nada importante pero sí descriptivo de lo que era España a fines de los 70.

Santiago Bergantinhos dijo...

Huy, James Clavell también era otro de los preferidos de mis padres, y Shogun también cayó cuando yo era chaval. Cuando los bestsellers eran eso, no Dan! Brown.

A veces me pregunto de dónde sacaba tiempo para leer sin sentir aquellos tochos, porque me duraban una semana como mucho.

capolanda dijo...

Es uno de esos libros que, aunque los he visto en casas de familiares, no me he animado a leer. Sí he leído así El Decamerón, por ejemplo.

Por otro lado, Finlandia no es estrictamente un país nórdico. "Nórdico" hace referencia entre otras cosas a la subfamilia de lenguas germánicas que recibe precisamente ese nombre. El finés no es, como mencionas, ni siquiera indoeuropeo, aunque el sueco sea cooficial. Y escandinavo tampoco, porque una vez más estrictamente es la península donde se hallan Suecia y Noruega. Otra cosa es que tengan rasgos culturales compartidos, entre ellos vivir donde, como dice la esposa del actor ambulante de El séptimo sello, "me gusta el verano porque no hace frío". Además, no van a hacerles ese feo si incluyen a Islandia y Dinamarca como "Escandinavia"...

Santiago Bergantinhos dijo...

Geográficamente Finlandia se considera uno de los países nórdicos y pertenece al Consejo Nórdico. Es a eso a lo que me refería.

Jacinto Barallobre dijo...

Abundando un poco el hilo de cosas monoteístas, no habría que romperse mucho los cuernos con el tema de los judíos en Egipto, pues arqueólogos de la universidad de Tel Aviv como Filkenstein o Silberman dicen que ni Abraham ni Moisés ni ná. Todo esto serían invenciones de los reyes y sacerdotes de la Judea del siglo VII a.C. que estaban agobiadísimos por la supervivencia en medio de la imparable expansión del imperio asirio de la época; la biblia es fundamentalmente propaganda nacionalista de guerra. Con esto en la ecuación los hechos de la historia antigua y la aparición del monoteísmo se vuelven más comprensibles.
Claro, ahora hazle entender esto a los bibliados.

capolanda dijo...

Jacinto: no creo que nadie mínimamente bien informado intente afirmar la historicidad de la historia del cautiverio en Egipto. Incluso se discute la historicidad de Jesús, así que ya ni te cuento respecto a cualquiera de los relatos del Antiguo Testamento.

Lo que sí parece tener cierta base es que los judíos vivieron algún tiempo en Egipto, no como un pueblo sometido, por pruebas históricas como las comentadas por SuperSantiEgo. Dicho eso, esto no quita que el judaísmo tenga similitudes también obvias con el zoroastrismo y MUCHO de la religión de Babilonia, así que acaba siendo un rompecabezas de dónde viene cada elemento.

Jacinto Barallobre dijo...

Durante mucho tiempo arqueólogos e historiadores tomaban la Biblia como una mitologización de hechos históricos con base real, algo análogo a la Ilíada, y aún debe de haber bastante de eso, al menos a nivel popular.
Dado que los habitantes de Palestina son vecinos de Egipto y están en mitad de las rutas de paso de este hacia Oriente Medio, sí, se documenta la presencia de unos y otros en las tierras de sus vecinos y períodos de control directo de Egipto sobre estas tierras; eso no lo discuto.
Las tesis de estos autores que menciono vienen a decir que el Antiguo Testamento crea en una época muy posterior, concretamente desde los tiempos del rey Josías (S. VII a.C) hasta el "cautiverio" de las élites "judías" en Babilonia, donde tomarían prestados elementos de aquellas mitologías para construir la suya propia. Esto acotaría mucho la localización espacial y temporal la cuestión de los orígenes.

Aryeh Capella dijo...

Mi Esposa es Finlandesa y quiere enseñarme ese idioma, el Suomi.


Es completamente imposible para mí

Antonio dijo...

¡Qué emoción! Leí por primera vez ese libro como a los 13 años (que en ese tiempo yo leía todo lo que había en el librero de mi abuelo, que era vicioso de la lectura) y después otra vez a los 33, en una edición que compré para mi, y que no he vuelto a leer. Ahora tengo 51 y acabas de despertarme el apetito de leerlo de nuevo.

Recuerdo que cuando lo leí por primera vez, me llamó la atención una parte, cuando Sinuhé hace su servicio militar, que menciona que el avance del ejército es identificado como de día como una nube, por el polvo que levantan los soldados al caminar, y de noche como una columna de fuego, por las antorchas que llevan, y en ese momento eso me hizo pensar en el GPS divino del éxodo que guiaba a los hebreos con una columna de fuego por las noches y con una nube en los días.

Un abrazo.

Martin Aguerrebere dijo...

Espartaco o Los Gladiadores, gran novela de Koestler( la tengo frente a mis ojos,sobre la pc).
A Waltari ,lo he eludido durante años, quizas ha llegado su hora. Gracias por su critica.

Cristiam Ayala dijo...

¿Conoces alguna novela apócrifa acerca del mundo del Señor de Los Anillos? Lo que quiero decir es que si existen novelas apócrifas sobre Sherlock Holmes y El Mago de Oz, dos franquicias literarias muy longevas, extendidas a lo largo de muchos relatos y novelas, y tremendamente populares, pues deben de existir novelas apócrifas acerca de unos de los trabajos más reconocibles, influyentes, aclamados, imitados y consolidadores de la literatura de fantasía épica a secas. Ya hablaste de las adaptaciones fílmicas, unas mejor hechas que otras, pero como que es tiempo de que te expreses al respecto de los libros de Tolkien.

Como no tengo otra cosa qué decir me despido deseándote un feliz día. Hasta luego, señor Santiago, y espero que la pase de maravilla en estos dos últimos meses de este año.

Se despide: un amable y humilde lector.

Santiago Bergantinhos dijo...

Bueno, básicamente la mitad del género high fantasy copia a Tolkien en todos los aspectos: construcción de mundo, personajes, conjunto de razas. Casi todo lo que publicaba en su día Timun Mas, por ejemplo.

Luego ya había casos escandalosos, como la Torre de Hierro, de Dennis Lester McKiernan, que era una especie de continuación-plagio con los nombres cambiados.

Cristiam Ayala dijo...

Si puse de ejemplo a la Saga del Mago de Oz es porque, hasta donde tengo entendido, causó el mismo impacto que la obra de Tolkien pero en el terreno de la literatura fantástica infantil, subgénero de la fantasía clásica con su propia historia, su propia evolución a lo largo de los años, sus propios autores insignia y hasta con sus propios trapos sucios, algunos más que otros. Se puede afirmar con total seguridad que un poco más de la mitad de la literatura fantástica infantil proveniente de tierras de habla inglesa, y producida después de la primera mitad del pasado siglo, agarra muchas cosas que primero se vieron en los libros de la Saga del Mago de Oz o directamente plagia la trama principal, muchos personajes y hasta el mismo mensaje de la obra de Baum.