18.3.11

En tiempo de brujas. Meigas fóra!

La verdad es que en general coincido con la crítica que de Season of the Witch ha hecho Kike. Pues sí, se deja ver para echarse unas risas y como suelo decir yo para ver un domingo tonto por la tarde puede valer si la toma uno con sentido del humor: tiene una trama previsible pero aceptable, espadazos, magia y un final más o menos épico.


Lo que no se termina uno de explicar es dónde se fundieron los 40 millonazos que dizque se gastaron en hacer esto, porque como se suele decir, el dinero no luce. Si le dijeran a uno que costó 10 millones pelaos, te lo creerías igual. También la crítica se ha ensañado con ella por lo lógico: si pones a un actor conocido como Nicholas Cage, respaldado por Ron Perlman de secundario de lujo y coprota, y además lo estrenas en cines, pues es normal que la crujan. Si esto mismo nos lo hubiesen colado como pura serie B en el canal SciFi, pues nadie se habría cebado tanto.

Una vez dicho lo importante, divirtámonos un poco despellejándola, pero sin acritud, sólo por las risas, como con Centurión. En primer lugar Nicholas y Ron nos son presentados como dos cruzados en el siglo XVI. Cruzados, todo hay que decirlo, que de caballeros tienen poco, y no me refiero a sus modales sino que van a patita, a puro pinrel cruzando el desierto bajo un sol de justicia con sus cotas de mallas y todo eso. Algo así como la escena de El señor de los anillos o la de La momia en medio del desierto. Y luego se ponen a correr como en 300 contra el enemigo, y hala, a despanzurrarse a gusto. Ni estrategia, ni dosificar las fuerzas ni nada, todo a hostias (detalle a retener). Fijaos en el avance a la distancia a la que están los dos ejércitos, que es que deben llegar ya cansados. Y ni un sólo caballo, que son caros, y sigo sin entender dónde han ido los 40 millones. No sólo eso, sino que van pasando los años y seguimos viendo a los dos muchachos siempre de infantería pasando por distintas batallas y asedios, cada vez con el truqui de vista general donde se ve a una multitud que huele a píxel que tira para atrás y luego al acercarse la cámara ya son los cuatro gatos a los que enfoca la cámara.

Nicholas tiene una crisis de identidad y religiosa cuando sin querer mata a una víctima colateral. Un cruzado, en el s XIV, se carga a alguien sin querer y le da la neura. Tócate los pies, Mari Pili. Y "desertan", y cuando llegan a Europa, a un lugar indeterminado que supondremos que es Inglaterra porque hablan inglés, aunque tampoco pondría la mano en el fuego, los detienen por desertores en una ciudad donde los reconocen (les llegaría la noticia por correo electrónico, supongo), ciudad ésta asolada por una plaga que es algo así como la peste negra pero que parece un cáncer fulminante creado por ingeniería genética. Ahí ya la cosa se pone un poco dura, porque mucho quejarse de que en España en las películas la gente del s XIII habla igual que un muchacho de Vallecas, y cierto es, pero es que aquí tampoco cuidan mucho las formas que digamos, ni siquiera un poco de disimulo con cierto tono arcaizante, tampoco pedimos más, y cuando pactan con las autoridades religiosas que los liberen a cambio de llevar a una bruja a un monasterio, piden literalmente que "se retiren los cargos". Claro, y apelar a la quinta enmienda, ya puestos. Luego nos enteraremos que la gente iba a las Cruzadas por tres, cinco o diez años.

Siguiendo con el aspecto lingüístico, que ya os digo que no sé muy bien en qué país se supone que es todo esto, ya que los nombres son más bien centroeuropeos, empezando por el protagonista, Behmen, nos vuelven a descolocar cuando oímos que todos, incluido el cura, rezan en inglés, pero luego los exorcismos los hacen, como está mandado, en latín, supongo que por influencia de Supernatural.

Bueno, al final llegan al monasterio de marras que según la Wikipedia está lleno de "monjes de élite", lo que lo deja a uno ojiplático, y se monta un cirio pascual que pa qué, con monjes zombis con habilidades ninjas, y donde siguiendo fielmente la teoría de la molonidad, todo se arregla con el suficiente número de hostias de canto, y si es necesario haciendo lucha libre con el mismísimo Satán. Escena final pasada de rosca, pero qué queréis, ya con el despropósito que es todo si te lo tomas con humor hasta tiene su gracia.

Lo dicho: para un día tonto y pasar un rato tonto, pues puede valer.

-SuperSantiEgo

2 comentarios:

capolanda dijo...

Es bueno ver que el molonismo sigue vivo. Según tú, ¿Rob! podría considerarse el fundador involuntario de esta corriente artística?

Santiago Bergantinhos dijo...

Rob! es la fuente de la que emana toda molonidad.