26.12.12

Libro: Los rojos ganaron la guerra, de Fernando Vizcaíno Casas

Como es bien conocido por cualquier aficionado a la ciencia ficción las ucronías son historias alternativas a la nuestra en las que un giro de los acontecimientos históricos producen un mundo de nuestro pasado, nuestro presente o incluso nuestro futuro muy distinto a todo lo que conocemos. Hace bastantes años se publicó Cuando el dragón despierte, que creo que fue la primera que leí, que presentaba un mundo renacentista que era el resultado del éxito de las reformas religiosas de Juliano el Apóstata, que había mantenido las religiones paganas fuertes frente al cristianismo, y ya aquí comenté mis impresiones sobre el origen de las novelas de invasión, La batalla de Dorkin, una de las primeras ucronías. En España ha tenido también éxito recientemente Las águilas de Roma, en la que un Alejandro salvado de morir en sus campañas orientales se vuelve contra el Mediterráneo occidental, de modo que choca con el poder emergente de Roma

Probablemente el género tiene una de sus mayores obsesiones, por lo menos en el mundo anglosajón, con las ucronías en las que los nazis vencen en la Segunda Guerra Mundial o en las que ésta no acaba como conocemos. Conocidísima es El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, con los Estados Unidos ocupados por alemanes y japoneses, e incluso un autor que suena casi todos los años para el Nobel, Philip Roth, tiene una ucronía, La conjura contra América, en la que Charles Lindberg, un reconocido filonazi, hace caso a los que lo animan a meterse en política hasta que consigue la presidencia. Michael Chabon escribió también El sindicato de policía yiddish, en la que los judíos consiguen una especie de estado semiautónomo en Alaska, del mismo modo que en la URSS existió el Oblast Autónomo Hebreo. Es muy probable que de todos los subgéneros de fantasía o ciencia ficción las ucronías sean de los más visibles en la corriente general de la literatura.

En el caso español, no es de extrañar, el equivalente es el de "¿Qué hubiese pasado si la República hubiese vencido al Alzamiento de Franco?" Pues hay varias novelas, y aquí analizaré brevemente una de ellas, la de Fernando Vizcaíno Casas. Curiosamente, por lo que he visto, casi todas están escritas desde el lado vencedor; es decir: es gente de derechas que escriben una ficción para poner de manifiesto que el resultado habría sido igual o peor para el país de un modo u otro. Esto puede tener varias lecturas, pero desde luego eso no quiere decir que no haya habido, y mucho, especulación por parte de los partidarios de la República, que en vez de expresar sus anhelos en libros de ficción lo hicieron, y siguen haciendo, a través de sus ensayos, donde además de plantear la historia con su sesgo ideológico correspondiente en no pocas ocasiones deslizan sus proyecciones de qué habría pasado si fracasase el golpe de estado franquista, con un abanico de posibilidades que van desde que nos habría ido bastante mejor en general a atar los perros con longanizas.


Más que analizar la propia obra lo que me ha llamado la atención al releer esta novela que busqué varias veces por casa sin encontrarla, es la figura del autor, Fernando Vizcaíno Casas, uno de los escritores más populares y vendidos en España en los treinta años anteriores a su muerte, lo que lo convirtió en un verdadero escritor de bestsellers en un país que entonces como ahora se decía que no leía ni el tato. Ideológicamente era "un señor de derechas de los de toda la vida", habitual contertulio de programas de radio y de tertulias políticas donde se reunía a decir chascarrillos políticos con otros señores de derecha de toda la vida. La tesis de Vizcaíno Casas, más o menos, se reduce en lo que dijo Mayor Oreja sobre que muchos españoles vivieron el franquismo con extraordinaria placidez, y que fue un tiempo de paz, tranquilidad y buenas costumbres españolas y castizas en las que la gente de bien no tenía nada de lo que preocuparse siempre que, como también solía decirse, "no se metiese uno en política". A su manera, no le faltaba razón: los adeptos al régimen como él no tenían mayor problema para vivir y prosperar. Sería como preguntar a un blanco, anglosajón y protestante en los estados del Sur si alguna vez había sufrido algún tipo de exclusión por razón de raza, color o religión, que se habría quedado perplejo sin saber de lo que le hablabas.

Lo curioso es que aunque un personaje muy conocido, y que incluso llevó a causar la curiosidad de otros escritores como Francisco Umbral, que trató la obra de este autor en su diccionario de literatura, a casi diez años de su muerte no encuentro ediciones vivas de sus libros, aunque desde luego por supuesto encontraremos algunos ejemplares en librerías y en las de segunda mano. Mientras se mantuvo en activo y como un conocido personaje público, dando a la imprenta casi un libro por año, vendió libros por cientos de miles, pero a sólo una década de su muerte parece haber caído por completo en el olvido, o eso parece por lo que he visto. En mi casa había bastantes novelas de este señor, porque obviamente le gustaban a mi padre, y la verdad es que se leen sin sentir, no están mal escritas y en un tarde tonta te ventilas una. Eso sí, no engaña a nadie: su visión de España, hable de la de Franco, de la Transición o la Democracia, es la de un señor de derechas de toda la vida. A pesar de sus sesgos ideológicos tiene su gracia lo que cuenta y cómo lo cuenta, y desde luego es imposible no encontrarle cierta comicidad a lo que expone en Las autonosuyas o De camisa vieja a chaqueta nueva, donde se pitorrea, y mucho, de tantos y tantos que empezaron su carrera política con el brazo en alto y como si se tratase de un degradado de color perfecto hecho con photoshop terminaron de puño en alto en los mítines del PSOE después del Congresos de Suresnes, y sin que, como quien dice, nadie se diese cuenta de la transformación, o no se la quisiese dar demasiada. Según él, y razón no le faltaba en parte, seguir siendo un señor de derechas de toda la vida era mucho más coherente.

Recordar a Vizcaíno-Casas, sus libros y sus muchas intervenciones en la radio y la televisión recuerda también que hay una continuidad entre esa época de hace más de veinte años y lo de ahora, con la TDTParty y las distintas televisiones de la derechona interpretando la realidad como si la viesen desde los ojos de David Lynch. Ya en aquella época, y como se puede ver por la contracubierta del libro, este escritor y algunos de sus correligionarios que siguen en activo o fueron mentores de las actuales estrellas del agitprop "liberal de toda la vida", se presentaban a sí mismos como rebeldes, casi como contraculturales o incluso como luchadores contra lo políticamente correcto, que se suponía era toda la etapa del felipismo (1982-1996), y de ahí vienen los mitos de la Memoria Histórica como némesis a la que combatir cuando las personas de bien a las que ellos representan quieren dejar a los muertos en paz, o el de que en España se hacen única y exclusivamente películas, malísimas, de la Guerra Civil, cuando cualquier análisis estadístico nos demostrará que no, y ya nos gustaría que saliese por año una película como La vaquilla. Sí, eso que la gente ahora repite hasta el hartazgo proviene de esa época, en la que efectivamente se hicieron varias películas sobre la Guerra Civil, porque antes no se hacían, y las que se hicieron como comprenderéis eran Raza y otras donde unos aseados y bien hablados mozos falagistas daban chicharrón a la hez roja borracha y mal encarada acompañada por el resto de la canalla mundial marxista. Pero bueno, ya sabéis: por un perro que maté, mataperros me llamaron, y como hubo unas cuantas películas de ese estilo en una década ahora los indignados del 15M y cualquier intelectual de todo a cien repiten eso como crítica al régimen cultural español, y no hacen sino seguir la moda de estos simpáticos señores con los que seguro que creen que no tienen nada que ver. Felicidades.

La Inflexión Jonbar de esta ucronía, no demasiado explicada, es la ruptura del Frente de la Batalla del Ebro, gracias a un apoyo más claro de las potencias que apoyaban a la República. Tras esto, se gana la Guerra Civil. Vizcaíno Casas, por supuesto, no escribe nada que no se le hubiese oído antes en otras novelas o en sus intervenciones en los medios de comunicación. Aunque tiene razón en que al final de la guerra el Partido Comunista ya era lo único que quedaba con un mínimo de organización y el gobierno republicano daba igual lo que dijese porque ya todo era un sindiós, pasa a deducir de ello que en una victoria republicana inmediatamente España se sovietizaría de modo que pasaría a ser poco más que un gobierno títere de la URSS, con un embajador estalinista que tendría como quien dice casi la última palabra en todo, con Negrín, Dolores Ibárruri y Carrillo riéndole todas las gracias. Azaña, esperándose ya lo peor, terminaría por dimitir de su cargo, con lo que quedaría de presidenta La Pasionaria y de jefe del gobierno Negrín. Ni que decir tiene que para entender mínimamente bien la novela hay que estar familiarizado como poco con los nombres y cargos de los principales protagonistas de la época, aunque a día de hoy si hay algún problema no hace falta más que orar un poco a Santa Wikipedia.

La novela, aunque ágil y con sus puntos de humor, no deja de ser un muestrario ideológico del autor, que cuela sin ningún repato algunos de los tropos más habituales sobre la Guerra Civil y la hidra roja de los de su cuerda, que como ya digo siguen vigentes pero pasados por el tamiz de Internet y el "sin complejos" de esta nueva hornada de hermeneutas históricos y blogueros salvapatrias que todos conocemos, que no tienen las cortapisas de la buena crianza de Vizcaíno Casas, que desde luego tampoco se amparaba en el cobarde anonimato para soltar sus chanzas, en el caso de los actuales pura hiel y odio reconcentrado. Por eso salen cosas como que El Guernica fue pintado antes del bombardeo, tesis siempre apoyada por Federico Jiménez Losantos, y por supuesto se dedica a cachondearse un poco de Picasso y Heminway (no mucho, porque es consciente de que son figuras de mucho peso), y se centra sobre todo en Carrillo y en La Pasionaria, que falleció en el mismo año de publicación de esta novela, 1989. Más grave es sin duda, y donde el autor la caga y mucho, es al ridiculizar la importancia de García Lorca, proponiendo que su fama es, contrafácticamente, un camelo, ya que en su fábula en la que es la República el bando ganador los perdedores elevan a los altares del martirio literario al abuelo de su amigo Alfonso Ussía, el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, cuya obra se traduce y se convierte en objeto de estudio en todo el mundo gracias a su fusilamiento en Paracuellos. No sólo don Fernando cae así, sin saberlo, en la pura defensa de la crítica literaria como constructivismo, sino que además está insinuando que el abuelo de su amigo sencillamente no se merecería esa fama como tampoco se la merece García Lorca, que efectivamente es un mártir del bando perdedor de la guerra. Vamos, una burrada de espanto. Sobre el caso de García Lorca se puede admitir que, después de cierto oscurecimiento oficial por parte del franquismo, que no prohibió su lectura aunque lo ninguneó por completo, de modo que en España circulaban las ediciones argentinas de Editorial Losada, quizá hubo durante unos años un hastaenlasopismo de Federico García Lorca, con homenajes continuos y actores e intelectuales hablando extasiados de "Federico" como si hubiesen compartido con él pupitre, pero a pesar de exageraciones o martirios nadie duda que ese señor fue uno de los poetas y dramaturgos más importantes en español del siglo XX, y su fama internacional es más que merecida, mientras que nadie discute el talento de las astracanadas de Muñoz Seca pero están muy lejos de ser una obra tan transcendente como la del granaíno. Pero a Vizcaíno Casas le puede hacer la broma y le sale por la culata a poco que uno lo piense.

Mucho más grave es cuando se mete en política internacional. En otro requiebro muy propio de su camarilla, y que sigue teniendo sus representantes en "historiadores" como Pío Moa o César Vidal, al llegar la Segunda Guerra Mundial, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, y desde luego a Clío ni de coña, se inventa que los nazis y la URRS de Stalin se alían, pero de verdad, cuando hasta un estudiante de bachillerato debería saber que es inconcebible tal pacto antinatura e incluso a nivel personal cualquiera entiende que jamás podrían ir en el mismo cartel dos prima donnas como Hitler y Stalin, además de que el pacto Ribbentrop-Mólotov es más que sabido que se firmó para romperlo a la primera oportunidad. Así que imaginaos la que le cae al Reino Unido con los nazis y los soviéticos juntos. Eso: las del pulpo. Y os estaréis preguntando: ¿y qué pasa con Japón? Porque los japoneses también existen, ¿verdad? Pues eso debió preguntarse el autor y no supo qué respuesta darse, así que... Japón no existe. La Segunda Guerra Mundial sin Japón, pienso lo mismo que vosotros, es como un jardín sin flores. ¿Habla de algo de la persecución a los judíos, y cómo se habría apañado la Alemania nazi para su Solución Final con los rusos y los españoles de su bando? Pues tampoco, ni palabra, para qué meternos en líos. Con lo cual, los nazis no parecen ya tan malos, sino sólo unos invasores más del montón sin ese hecho diferencial que los hace tan interesantes como villanos despreciables; eso sí, con los trajes más bonitos. Para colmo, la república sovietizada que sale de la imaginación desbocada de Vicaíno Casas hace cosas rarísimas, y como no podía faltar, los nacionalismos empiezan a hacer lo que les da la gana, a la vez que por supuesto poco se hace por los derechos de la mujer y no digamos ya por otros colectivos como los homosexuales. Bueno, aquí es selectivo en sus odios y manipulaciones: la URSS, efectivamente, se significó por pasarse por ahí mismo los derechos de las nacionalidades que quedaron en sus fronteras, de modo que "Habla ruso o que te den" y paneslavismo con los rusos como nación elegida por la Historia, todo quedó supeditado al centralismo de Moscú y desde luego por muchas Teleshkovas y otros elementos propagandísticos la mujer tenía que pintar entre poco y nada en una sociedad que era de un tradicionalista y gerontocráticomachista que tiraba de espaldas, y nuevamente hasta hace cuatro días de los derechos de los homosexuales más de lo mismo. La integración de la mujer al trabajo en la mayor parte de los sectores y centros de poder y los derechos de los homosexuales son fenómenos que se han dado exclusivamente en sociedades democráticas y abiertas, y sólo desde hace unas pocas décadas. Mira, lo de las feminazis y los lobbys gays que quieren mariconear al planeta no se lo podrán achacar al bloque soviético, también es lástima.

En fin, una chapuza de cuidado esta novela. En los dos últimos capítulos ofrece dos posibles salidas a la situación planteada, en dos líneas temporales divergentes. En una los Estados Unidos se mantienen neutrales, con lo que Alemania, la URSS e Italia invaden el Reino Unido de forma análoga a como hicieron las cuatro potencias con Alemania, y España se convierte en un país completamente sovietizado con una economía planificada de mierda, a lo que podría uno responder al ingenioso autor que mira, lo mismo que hizo Franco en el período de autarquía, que nos comíamos los mocos, y eso los domingos, y menos mal que empezó a emigrar la gente y a enviar divisas un tiempo después, y no quiero empezar a comparar esa época con lo que puede que pase ahora porque me deprimo. En cierto modo, con lo que ha escrito anteriormente, ésa sería la única conclusión lógica. Pero no, decide dar otra salida alternativa, todavía más descabellada: los Estados Unidos entran en guerra, y lo primero que uno se pregunta es si John Bellusi en Desmadre a la americana no tuvo un destello de ese mundo alternativo cuando dice que los alemanes bombardean Pearl Harbor, aunque ni siquiera hay esa excusa imposible, simplemente entran en guerra porque sí y porque Churchil se tira con una pataleta por el suelo y amenaza a Roosevelt con dejar de respirar y ponerse morado si no ayudan a su antigua metrópoli, y ellos solitos y con el Imperio Británico ya hecho unos zorros ganan. Como ni siquiera la capacidad bélica de los salvadores americanos, y eso sin tener que preocuparse de Japón, podría medirse con la burrada que sería un ejército alemán casi intacto y el soviético nuevo casi a estrenar, el autor se inventa que, precisamente en el momento en el que los dos dictadores necesitan estar más unidos, cada uno se va por su lado, fíjense ustedes en la gilipolluá, con lo cual McArthur, Ike, Patton, y ya puestos hasta el Capitán América y Bucky ganan la guerra mundial, invaden España y en 1947 se celebran las primeras elecciones libres bajo la férula de los Aliados como reflejo del referéndum que hizo Franco en ese mismo año, y como uno es un hijoputa sin remedio se imagina que, igual que las que hubo en Italia en 1948, para enseñarnos a todos lo que es la democracia, se influyó todo lo que se pudo en el resultado de modo que no ganasen los que no convenían. Ah, y no me olvido del último detalle: los Estados Unidos casi al final de la guerra, y para dar un aviso a los soviéticos de que empezará en esa línea alternativa también la Guerra Fría, lanzan una bomba de hidrógeno sobre Dresde. No, no me he equivocado: de hidrógeno, pasando de A a C sin pararse antes por B, con un par. ¿Que no lo entendéis? Yo tampoco, ni siquiera considerando que es una realidad alternativa.

En definitiva, literariamente hablando, el señor escribía más o menos siempre igual, y era un escritor prolífico que no se complicaba demasiado para sacar puntualmente un libro cada año, por lo que la lectura de sus libros era tan fácil de realizar como de olvidar, de modo que apenas si dejan poso y explican, en parte, la nula vigencia de su obra, por lo menos en lo que yo he visto respecto a ediciones vivas de sus obras. En este caso, al alejarse de su registro más logrado, satírico y de chufla de los advenedizos políticos de los que tanto se reía, y al meterse en un tipo de historia que no sabe llevar a cabo ni tratar con un mínimo de rigor, naufraga completamente para cualquiera que tenga incluso un somero conocimiento de la historia universal, y confirma a mayores las sospechas de que sus correligionarios de entonces y sus seguidores de ahora en esa empresa revisionista o antirrevisionista de la realidad histórica española no tienen en el fondo más que la misma ligereza y frivolidad, aunque disfracen de gravedad y rigor lo que no es sino puro esperpento.


Eso no quiere decir, desde luego, que no haya excesos interpretativos por el otro lado. Como ya he expuesto, es innegable que quizá hubo una excesiva relevancia de películas sobre la Guerra Civil desde el bando del perdedor durante el felipismo, hasta cierto punto algo comprensible porque antes no se pudo, o que la garcíalorcamanía no llegase a ser a veces un poco agobiante, del mismo modo que muchos historiadores y opinólogos en general han especulado a tontas y a locas sobre la potencia mundial en lo cultural y en lo económico que se habría convertido España de no haberse producido el Alzamiento o si de producirse la guerra civil la vencedora hubiese sido una más que debilitada República. Es indudable que los cuarenta años de paz por las malas que trajo Franco después de la guerra civil que ganó sumieron al país en un atraso increíble cuando en el resto del mundo con el que deberíamos habernos relacionado se desarroban movimientos culturales, científicos y filosóficos en los que no pudimos participar más que con los exiliados, y que es una rémora que no hemos sabido superar más que parcialmente, igual que nos quedamos mirando papando moscas la mayor parte del siglo XIX cuando se movían las cosas en Europa y aquí como mucho se terminó haciendo la versión castiza, en el mejor de los casos aprisa, mal y corriendo. Sin Franco habríamos sido otra cosa interactuando económica y culturalmente en el entorno europeo y mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero no está nada claro cómo podríamos haber llegado a esa situación con la que teníamos montada, que era un polvorín, ya que bastante antes de empezar la guerra no sólo había dos bandos que ya estaban en pie de guerra latente y con disparos antes del 18 de julio de 1936, sino que dentro de ellos también se produjeron todo tipo de choques y el quítate tú para ponerme yo, y si no te quitas te quito.

Por otro lado, aunque sea muy atractivo el "qué hubiera pasado si", la realidad es que pasó lo que pasó y porque pasó, no hay vuelta de hoja y si mi abuela tuviera lo que tiene mi abuelo sería mi abuelo, no mi abuela. La República cometió innumerables errores del mismo modo que los cometió la dictadura de Primo de Ribera que la precedió, y nació, por así decirlo, ya herida de muerte y con graves problemas cuya propuesta de hipotética y genial solución es puro afán especulativo después de tantas décadas, y puro ejercicio de fantasía, no de discusión histórica seria. Por si fuera poco en muchas de sus decisiones estratégicas la misma República puso todo a punto, desde luego sin quererlo ni verlo venir, para que un generalote de los que tanto han abundado en nuestra historia diese el consabido golpe de estado, y en este caso el que quedó al final en pie fue Franco, y el resto es historia. De hecho el consenso es que, una vez empezada la guerra civil, y con Europa aterrada ante la idea de otra guerra mundial que al final terminó llegando de todos modos, la República estaba militarmente vencida desde primera hora, aunque como siempre no es difícil llegar a esa conclusión porque eso fue lo que pasó al final.

En definitiva, que la ucronía o historia alternativa sobre la Guerra Civil tiene bastante predicamento en este país, y ya sea por el ensayo o la ficción el pensar qué hubiese pasado si ganan lo rojos tiene cierta solera, como vemos en este artículo que repasa las distintas versiones que varios autores han dado al fenómeno, y que me iré leyendo y comentando aquí si le veo interés.

Por último, hace un par de años, La Sexta, que viene a ser la cadena más progre e izquierdosa de España, hizo un falso reportaje sobre el asunto, donde aparecía esa línea temporal republicana y la bandera era tricolor y no rojigualda. Como curiosidad no está mal, pero también da cierta vergüencita ajena, sobre todo cuando, en una convergencia histórica muy difícil de creer, y en un alarde de nadar y guardar la ropa de aplauso por parte de la cadena tan progre, nos muestra una República Española donde los Borbones son la mar de queridos y el príncipe Felipe fue igualmente abanderado en la Olimpiada del 92. Vamos, que hasta para eso somos unos impresentables los españoles: en Francia, en Italia o en Alemania a los pretendientes al trono los tratan poco menos que como a frikis, de Grecia ya no digo nada, y aquí siguen siendo las estrella del Hola hasta cuando ya no están en el poder, como si los españoles no fuésemos como el resto de la humanidad y como a todos no se nos hiciese el culo gaseosa ante el glamour que conllevan el poder, el dinero y el relumbrón de lo que no es sino oropel. Joder, ni reinventando el país con la fantasía, que no hay límite alguno, sabemos hacerlo bien.



Mamen Mendizábal me sulibeya.

-SuperSantiEgo

23.12.12

Mensaje institucional de La Realidad Estupefaciente por parte del Reverendo SantiEgo con motivo de la Pastua Pastafari

Un año más en estas entrañables fechas me llena de orgullo y satisfacción en mi nombre, y en el de toda la gran familia bloguera, felicitaros por la Temporada de Fiestas en la que celebramos nuestro amor por el Monesvol.

Así que leed el Evangelio de Bobby, celebrad el Festivus, y todas las tracidiones propias que nos unen en ese bello sentimiento que es la piratidad.



Espero que hayáis sido piratas buenos, que os hayáis comido toda la pasta del plato y hayáis bebido mucho grog, y que el Pirata Roberts después de luchar contra los malvados pingüinos vuelva del Polo Sur cargado de muchos regalos para los pastafaris de buena voluntad.

Ah, y recordad que en Fiestas siempre queda muy bien y de buen gusto regalar un libro

-SuperSantiEgo


14.12.12

El hobito, de Peter Jackson

Aunque a estas alturas de sobreinformación probablemente ya no sorprenda a nadie, hubo un tiempo en el que de Tolkien en España se sabía o podía saber poco más que lo que ponía de él en las solapas de sus libros, así que más de uno creyó que sus escritos eran de inspiración pagana, además de en la forma, en el fondo, cuando mira por dónde él y su compadre C. S. Lewis no eran ni siquiera lo que diríamos unos creyentes católicos de lo más normal, sino lo que en España conocemos como unos capillitas.

También supongo que ya casi todo el mundo sabrá que la primera traducción de El Hobbit no fue la que todos conocemos de Minotauro, sino una edición argentina que era precisamente El hobito, que se tomaba una serie de libertades más que considerables a la hora de traducir la obra de Tolkien. Básicamente es lo que ha hecho Jackson, ha "traducido" la obra de Tolkien a su particular dialecto friki tirando por la calle del medio y le ha salido en consecuencia su particular "El hobito".

Para empezar he de decir que la adaptación de Jackson nunca me ha terminado de convener en lo que respecta a El señor de los anillos. En un primer momento, quizá arrastrado por el entusiasmo común, no me parecieron malas, pero con el tiempo y ya pensándolo mejor, sigo pensando que bueno, estar no están mal, pero no deja de ser la adaptación más facilona posible en más de un aspecto, empezando porque siempre nos encontraremos con cuestiones que serán imposibles de trasladar a imágenes en movimiento, y no me refiero a extensiones de metraje imposibles, a poner o no poner tumularios ni a Tom Bombadil, sino que por muy guapa que sea Cate Blanchet no deja de ser una señora muy guapa, pero la beatitud élfica o te la imaginas o nunca la vas a ver por bonito que sea el dibujo o la actriz que te pongan, del mismo modo que Sombragrís es un caballo muy majo y pare usted de contar. Aceptado eso, y que no se puede hacer según qué cosas por muchos CGIs que metas, el problema fundamental es el señor Peter Jackson y lo que tiene en la cabeza, o quizá lo que no tiene. Aunque tiene su mérito haber conseguido llevar a cabo la adaptación cuando muchos otros lo intentaron y se desanimaron, al final ha de preguntarse uno lo que es necesario para ser un buen director, pero de los buenos buenos. No dudo de sus capacidades técnicas, que eso es innegable, como el caso de ese otro enemigo del buen cine que es Zack Snyder, pero tener buen gusto y saber ser contenido cuando es necesario y no hacer ÉPICA de cualquier cosa venga o no a cuento, un poso cultural suficiente para comprender la obra de un verdadero erudito como Tolkien, eso no se aprende en ninguna parte, y se tiene o no se tiene. De ahí que a Jackson a la mínima le salga el frikazo que lleva dentro, y ser un frikazno no estaría mal si lo compensase con algo de sabiduría y comprensión de lo que está haciendo, que no es el caso. De ahí que en vez de dejar hacer a Ian Holm su trabajo no confíe en un su calidad como actor y substituya el mejor momento del personaje por una máscara, o que cuando Galadriel rechace el anillo lo resuelva con un recurso histriónico de luz y de coloooooor, de luz y de colooooor, igual que pasa con Gandalf cuando se queja de que lo tomen por un mago del tres al cuarto, cuando poner voz tronante a lo Fernando Fernán Gómez mandándote a la mierda sí que es un truquillo de tres al cuarto. Marrullerías que luego repertirá, por descontado, en otras películas suyas.



Jackson, eso sí, sabe lo que se hace al manipular un texto que sabe sólido, de modo que aunque cada vez que él mete la cuchara sale algo poco creíble, tiene la ventaja de que camina sobre seguro. Si a eso le añadimos que, tal como se dice claramente en los documentales de la producción de la película, se gastó dinero a porrillo y además se rodeó, como debe hacerse, de los mejores en cada campo, pues la película partiendo de una base buena y con tanto talento reunido, pues tiene que salir algo como mínimo decente, como fue el caso. Pero no deja de ser una adaptación que desde el minuto uno ignora el verdadero sentido y significado de la obra de Tolkien y pasa a ser un desenfreno visual un tanto simplificado para frikis, roleros y jugones en general. Tampoco se lo reprocho: es para hacer pasta y lo mejor es ir a lo seguro y dejarse de sutilezas. Además, tampoco los responsables de la adaptación daban para más ni se les podía pedir otra cosa. Recordemos lo que hizo Jackson antes y después de El señor de los anillos. Es como Snyder: si adapta Watchmen, a pesar de las paridas que consiguió colar, le sale algo que no está mal aunque con reparos, pero cuando quiere reflejar lo que realmente quiere hacer y plasmar su "universo personal", pues le sale lo que le sale. ¿Estoy oyendo por ahí por el fondo que alguien dice Álex de la Iglesia y su Canción triste de Trompeta? También me vale.

Al encararse con El hobbit Jackson me confirma todas las dudas que podría tener sobre las deficiencias y errores de la adaptación de El señor de los anillos. Fijaos que cuando se publicó en un periódico un reportaje sobre esta nueva adaptación aparecía resaltada una frase de Andy Serkis que venía a ser algo así como "El hobbit trata sobre la avaricia", y en un primer momento pensé que menuda andanada le estaba echando al Jackson, pues es lo que todos pensamos desde un primer momento, que El hobbit seguro que daría para una magnífica y trepidante película de dos horas, o algo más, con un final del copón con la batalla y luego el inevitable anticlímax de la vuelta a casa, pero pronto se oyó lo de hacer dos películas y luego tres. Por eso cuando leí aquello pensé que estaba hablando de la avaricia de saber que si hacen tres películas en vez de dos o una, que sería lo lógico, saben que van a ganar muchísimo más dinero. Da igual que el resultado sea realmente discutible, eso es lo de menos, porque el éxito está poco menos que asegurado. De hecho si hubo dudas en ESDLA en pasar de dos a tres películas dado el resultado, vender versiones restringidas y extendidas, y todo lo demás, seguro que más de uno debe haber llorado ante la idea de no haber hecho cinco, siente o veintiocho películas. Resulta que no, que Andy Serkis hablaba de la avaricia de Smaug y de los enanos, no de la de su patrón al sacar argumento de debajo de las piedras como fuera para convertir un libro de unas 250 páginas en tres películas. Pero no, es lo que pensé yo: trata de la avaricia.

Por si fuera poco como hay que remendar y meter más cosas de otras partes, si en ESDLA ya me huele a chamusquina todo lo que mete Jackson y su enfebrecido cerebro de friki, aquí hay mucho más que remendar y que añadir de forma espuria. Pero lo cachondo es que incluso cambia lo que no hacía ni falta ni está en Tolkien.

Pasemos revista:

-Los enanos. Si me decís que estos enanos son de Warhammer y no de Tolkien, me lo creo. Eso de ir tatuado, esos modales de animal y demás creo que habría hecho llorar a Tokien amargas lágrimas. Igual es que la tengo un poco olvidada, pero en la obra de Tolkien los enanos son unos tipos lacónicos, serios, circunspectos y sobre todo muy dignos en todo momento, no se ponen a hacer concursos de regüeldos como en un colegio mayor. Si ya la interpretación de Gimli era pasada de vueltas, aquí ni os cuento. Por cierto: Bilbo parece más bajo que ellos o de la misma altura de una escena a otra. Oiga, aclárese con los trucos ópticos. Y otra cosa: ¿no se supone que las mujeres enano tienen barba? Igual pensaron que una cosa era decirlo y luego atreverse a ponerlo. Además me encanta cómo Jackson se contradice sin pudor: son enanos de Erebor y además muchos de ellos de buena cuna, poseedores de una cultura refinada y avanzada, y en casa de Elrond se convierten en trashumantes sin educación ni maneras que queman los muebles para hacer una hoguera y hacerse una churrascada. En fin, es la diferencia de criterio entre un cultivado inglés y un neozelandés friki.

-Gandalf parece achantarse ante Elrond y Galadriel. Que baje la cabeza ante Saruman lo entiendo, no deja de ser su decano, pero por muy chachipirulis que sean los reyes elfos creo recordar que sabían muy bien que bajo esa apariencia de mago hipioso había un maiar; es decir: alguien que viene a ser un dios menor, y por tanto muy por encima de ellos. Los párrafos en los que Tolkien dice que "hablaban sin palabras" nunca he creído que tengan nada que ver con la telepatía, la verdad, y en esta película no he terminado de entender si Galadriel es una proyección astral y desaparece o cuando dice "Teletranspórtame, Scottie" no la oímos. Yo creo que Jackson ha confundido que un personaje sea mágico y fascinante con que sea tirando a gilipollas.

-Personalizar a los malos: igual que en ESDLA aparece el tumorco (mitad orco, mitad tumor), para ésta se inventa, supongo que influído por la lectura de esa obra maesta que es El código da Vinci, al orco albino malvado, que tiene una vendetta personal con Thorin, como si no fuésemos a entender que los orcos y los enanos no tienen más razón para matarse que ser enemigos de toda la vida. No, Jackson nos explica, como si fuera una película de Steven Seagal, que "Ahora esto es personal", igual que Bárbol y los ents no entran en guerra por una decisión estratégica, sino porque "has matado a mi primo segundo favorito". La escena tipo "los horrores de la guerra" con la muñeca de trapo ardiente y la niña con cara de penita también son de enmarcar, viva el topicazo. Me ha fascinado sin embargo, he de reconocerlo, el concepto orco de "prótesis". Es lo bueno de ser orco, supongo, que le das asco hasta a las bacterias.

-Todo es larguísimo. Todas las escenas son dilatadas, y donde Tolkien lo arregla con un párrafo aquí sale una escena ÉPICA. Larga y más bien tonta, pero ÉPICA. La otra sospecha es que tengan ya en mente la adaptación a videojuego, y que esas escenas estén pensadas ya para luego ser momentos claves de la videoaventura de turno, aunque en la película queden de un exagerado subido. Del mismo modo hay momentos de una ridiculez sublime, que sin embargo se proponen ser tope macarra y ÉPICOS, como cuando llega Elrond con sus muchachos y se pone na  jugar al tiovivo alrededor de los enanos, que ven que van acompañados por su amiguísimo Gandalf, y por supuesto sin que los elfos que están haciendo guardia hayan dado aviso ni nada a los de dentro o se haya puesto en movimineto, que seguro que piensan que "Nosotros sólo estamos aquí para hacer bonito".

-Ahora que lo pienso, todo es ÉPICO. Venga o no venga a cuento o esté totalmente fuera de personaje, como el arranque ÉPICO de Bilbo. Si se lavasen los dientes, también la escena sería ÉPICA. Si hay que vulnerar la lógica elemental, también: cuando se despeñan montados en una endeble estructura de madera, esa estructura, mágicamente, no se desmorona y se lleva por delante lo que sea necesario. Gandalf, al lado de esas "casualidades", un aprendiz.

-Si os soy sincero, a mí los "momentos en élfico" me sobran en ESDLA. Ya sé que es nadar contra corriente, pero de verdad que me la pelan, y no se me hace el culito gaseosa con ellos. Por lo visto, para compensarlo, ahora veremos a los orcos subtitulados, como si ahora sí que fuera necesario y antes no, y por si fuera poco en 3D, que pasan de ser molestos a insufribles. Además el orco se parece extrañamente al élfico, al klingon, al na'vi y en general a cualquier galimatías lingúístico construido para hacer más guayona la película de turno.

-Como la escena de los trolls Jackson debió considerarla demasiado intelectual o aburrida, va y la cambia. Y la jode, claro. Para hacerla ÉPICA pone a trece bregados enanos armados hasta los dientes a pelear con tres trolls tontos del culo... y claro, no pueden con ellos. ¿Y vosotros sois los que queréis enfrentaros a un dragón, piltrafillas? Ya puestos, cambiamos también la escena de los acertijos, cómo no. Jackson ya está desatado y "corrige" lo que haga falta, sin problemas. La escena de los gigantes de roca parece sacada de Terry Pratchett, por ejemplo.

-Lo de la caca de pájaro y Radagast, sinceramente... que se vayan a tomar por culo, no lo puedo expresar de otra manera. No espero que tenga una pinta de que vaya por el mundo oliendo a Ajax Pino, pero un mínimo de decencia la espero de un mago, la verdad. Lo del trineo de tracción lepórida... sin comentarios.

En definitiva, que el dinero luce, no deja de ser el mundo de Tolkien pero en su interpretación más facilona y aunque la película no niega ser un descarado sacacuartos de todos los que iremos como gilipollas a ver las tres partes, al menos tiene una base que nos gusta y no juega en la misma liga de Battleship u otras vergüenzas que hay por ahí. Cumplirá para algunos, y para otros, aunque la veamos con mucho más escepticismo, no deja de ser un entretenimiento que se debe entender como eso, un sacacuartos más que nos toca en el punto débil. Sarna con gusto no pica, etc.

La he visto en 3D, con mis gafas especiales de pinza, que se adaptan a las gafas normales, porque lo de ponerse unas encima de otras además de incómodo es carnavalero, y la verdad es que bien. Lo que pasa es que, igual que cuando vemos una película 2D o una foto sabemos lo que vemos y nuestro cerebro sabe interpretar que la casa al fondo está lejos aunque no lo veamos estereoscópicamente, pasado un rato el 3D es como si no se notase, porque en definitiva así es como vemos siempre, aunque he de reconocer que cuando una de las piñas encendidas salta a la cara sí me dio un poco de impresión. Es decir: cuando el 3D y sus efectos no son agresivos ni exhibicionistas, como es el caso, termina por ser quizá demasiado discreto como para que realmente constituya una verdadera diferencia. Lo del HFR 48, pues bien, quizá noté menos fatiga visual por el 3D y no me dio mala impresión en ningún momento como se había rumoreado, así que por mí vale.


-SuperSantiEgo

29.11.12

El hombre y su lágrima. Ya a la venta.

Pues eso, otro libro. Es mío y está a la venta, con pedidos a het_novela@hotmail.com. Se puede pedir en formato digital por 2 €, en formato papel por 12 €, que incluye copia digital sin DRM, y también se puede comprar en Kindle, igualmente sin DRM. Se puede leer un avance del libro bajándoselo de Kindle, o desde este sitio. La copia digital, y ese archivo de Feedbooks, contienen también unos pequeños ensayos sobre cada uno de los relatos, en los que hablo un poco de ellos, cómo y por qué se escribieron, y doy un poco la tabarra sobre algunas cosas. Naturalmente, no es obligatorio leerlos, y menos si no te han gustado los relatos, así que se podrían considerar un simple extra para el que los quiera leer. No se han incluido en la copia en papel porque no tiene ningún sentido encarecer el producto por las buenas.

Son cartorce relatos, en un total de 312 páginas. Los relatos son de género fantástico en el sentido  amplio del género, más en el que siempre tuvo el término hasta que quizá se empezó a abusar de él en el s XX con delimitaciones excesivas. También hay un par de relatos que se podrían considerar claramente de ciencia ficción.

La editorial es ninguna, así que es lo que se suele llamar un libro autoeditado, o más informalmente y aunque no tengo registrado el nombre ni pienso hacerlo, Ediciones La Realidad Estupefaciente, con logotipo esos corchetes tan majos y cuyo significado se explica en uno de los relatos del libro. Es un libro con todas las de la ley: con sus páginas, su lomo, su índice, y por supuesto su ISBN, que sus buenos 50 euros me ha costado. El libro impreso se envía, por supuesto, firmado y con una carta manuscrita de agradecimiento.

Como expliqué en su momento, lo mío con la autoedición viene de lejos, y también he explicado un poco cuáles son los vicios y los problemas inherentes a la edición por vanidad. También, como expliqué en su momento, aunque no conocí los tiempos heroicos de los fanzines con máquina de escribir y composición por filmina, sí viví lo que fue la última etapa de ese fenómeno.

¿Cómo se autoedita uno mismo un libro? Pues voy a soltar una perogrullada: es relativamente fácil... si se sabe cómo. Después de mis primeros escarceos ya contados con la autoedición, en plan "me curro esto haciendo unas fotocopias chulas", llegué a una segunda parte de la historia, aproximadamente por 2006. Una mi amiga me dijo que en sus cambios de residencia debió perder una de las copias fotocopiadas de una de mis novelas, en concreto Carmiña Burana, y que si podía hacerle llegar de algún modo otra. Podría haberle mandado un .doc y decirle "y ya te lo imprimes tú, maja", pero por aquello de que uno es demasiado bueno para que le pueda ir del todo bien en la vida empecé a mirar por ahí a ver cómo podía hacerlo bonito, y de ese modo descubrí lo que era Lulu, y otras "editoriales virtuales" semejantes.

El funcionamiento de estas "editoriales virtuales" es bastante más sencillo de lo que parece. En primer lugar, como ya he explicado, no son realmente una editorial, pues una editorial tiene un criterio literario sobre lo que publica, y ellos publican cualquier cosa. Básicamente funcionan como intermediarios entre el escritor y una imprenta, o como verdaderas editoriales por vanidad de bajo costo o costo a la carta. Estas "editoriales" básicamente son un sistema de intermediación: tú les sirves dos archivos pdf, uno la tripa del libro y otro la portada, y ellos lo único que hacen, aparte de una conversión automática si no lo mandas en pdf, es una pequeña verificación también automática de que estén las fuentes incrustadas y de que el tamaño sea el correcto, y luego los envían a la imprenta con la que tengan un acuerdo, y que salga aquello como Peich quiera, tú sabrás lo que has hecho. Lulu, por ejemplo, en ocasiones te envía el libro impreso desde Francia, y Bubok de momento trabaja con Publidisa, una bien conocida imprenta de Sevilla. Por otro lado, y donde me imagino que sacarán una mejor tajada, funcionan como un servicio editorial, pero no como una editorial: te corrigen el libro, te lo maquetan, e incluso lo promocionan o montan una presentación, pero no arriesgan su dinero, sino que si quieres satisfacer tu vanidad están dispuestos a que pagues por ello y cumplas tu fantasía; y, desde luego, eso no es imposible, puede que encarriles con ello cierta carrera literaria. La broma te puede salir por unos pocos miles de euros. Como ya expliqué en uno de esos artículos anteriores, no me parece moralmente reprobable, siempre que no se considere lo que no es y sepa todo el mundo a lo que juega.

Aquí está la cuestión: si quieres que te monten un sarao, sentirte "escritor por un día", que tu editor al que pagas te diga que tu novela es "monumental" igual que las putas siempre te dirán lo grande que es tu polla, y sobre todo si no tienes ni idea de pulir tu texto, maquetarlo o hacer una portada simple y resultona, suelta el dinero. Pero si sabes componer de forma digna y correcta esos dos pdfs, sinceramente, lo único que estás haciendo es pagar por nada, porque como digo esos pfds van a ir a una imprenta digital que al final es la que te va a mandar el paquete, no la "editorial virtual". Sólo hace falta ir a una de esas editoriales virtuales, ver los presupuestos que ofrecen, incluso sólo para un ejemplar, y comprobar que efectivamente la broma de realizar la conversión del archivo y luego enviarlo te sale pero que muy cara. Es decir: te puedes saltar un intermediario sin ningún problema a poco que sepas hacer esos dos pdfs, que la verdad es que no hay que ser ningún genio.

Entonces uno se plantea la pregunta: ¿cuántos ejemplares imprimo? ¿28.534, por ejemplo, que es un número que siempre me ha gustado? Bueno, mejor no. Vamos a ser conservadores y sabiendo cómo está el patio nos conformaremos con 50.


Primera, y probablemente única edición.

Si se venden, bien, y si no... bueno, tampoco ocupan mucho espacio y ya tengo regalos para cumpleaños, santos, Navidad y demás. Un libro siempre es un regalo bonito y si además es el tuyo no te van a poner mala cara, ¿no? Además, en las actuales imprentas digitales el producto final, en cuestión de acabado, calidad de impresión, del papel y la portada, no se diferencian prácticamente en nada con una impresión por offset, e incluso las imprentas digitales con las que cualquiera de nosotros podemos tratar trabajan con pequeñas editoriales que no imprimen un gran número de ejemplares y que les sale más a cuenta este tipo de imprentas. Es decir: el libro da el pego, aunque no sea la forma más favorable de decirlo, todo hay que reconocerlo.

Otra cuestión es que cuantos más ejemplares haces, más barato sale, pero sólo se nota a partir de cantidades que suponen mucho riesgo, como doscientos ejemplares. Y eso nos lleva a hablar del otro factor importante: la pasta. ¿Por cuánto sale? Bueno, cualquiera puede consultar los presupuestos de una imprenta digital, pero dependiendo de calidades, encuadernaciones, tamaños y número de páginas puedes imprimir unos cien libros por unos cuatrocientos euros. Que bueno, no es lo que te gastas un día que sales de copas (a no ser que seas futbolista profesional), pero tampoco es para arruinarse. Sé que hay gente que con esa cantidad tira un mes, y eso nos lleva nuevamente a que siempre habrá una brecha insalvable por muchos medios técnicos que haya: aunque la cantidad sea pequeña, siempre será excesiva para alguien. Del mismo modo tampoco es un dinero despreciable para alguien que no tenga ingresos, como alguien joven que no ha accedido al mercado laboral.

Una opción es el crowdfunding, del que también hablé un poco. Pues lo pensé, sí. Miré varias opciones e incluso una de las plataformas me aceptó el proyecto, entre otras cosas porque les pareció muy buena mi actitud: yo me ocupada de todo, hablaba incluso con la imprenta y hacía todo para que el libro saliese ya acabado, como he hecho ahora. Pensaba pedir, por probar, la cantidad de 500 €, de los cuáles ellos se quedaban el 20% por el uso de la plataforma de crowdfunding. Al final, decidí no seguir con el proyecto porque por un lado terminé pensando que si me podía costear yo perfectamente el precio de esa tirada, incluso con la perspectiva de hacer un poco el ridículo y no vender más que una docena a los colegas, ¿para qué andar haciendo por ahí el pedigüeño y pagando un 20%? Eso sin contar que las condiciones del crowdfunding me parecieron sencillamente abusivas en otros aspectos: esa plataforma se arrogaba demasiados derechos, decisiones sobre cuántos ejemplares tendría que imprimir, y otras cuestiones que no me dejaron nada tranquilo. Me parece muy bien que se alegrasen de que fuese un escritor moderno proactivo que no espera que se lo den todo hecho y que se implica, no como otros, pero del mismo modo no entendí cómo si ellos se dedicaban poco más que a poner el sistema de recaudación querían tener también prácticamente el mismo control que una editorial tradicional, que desde el momento que arriesga su dinero en tu producto es lógico que quiera tener algo que decir sobre él.

Por otro lado, lo reconozco, siento una profunda aversión por cómo se organiza este sistema, y me parece profundamente hipócrita. Eso sin contar con la manipulación y perversión del lenguaje, algo que me repugna doblemente como escritor, que trabaja con las palabras y sus significados, y como estudiante que fui de la filosofía del lenguaje, que se dedica a denunciar entre otras cosas esos abusos y desviaciones que confunden la mente y derivan en la disonancia cognitiva y el doblepensar. Eso de que la gente haga "aportaciones" a un proyecto y que a cambio reciba "recompensas", me parece, por decirlo suavemente, una mongolada. Eso de "vamos a hacer un libro / película / disco" sin industria, o sin dinero, es impropio de alguien que no lleve pañales. ¿Es que "preventa" no suena lo bastante hipster / alternativo / 2.0? Porque es lo que es. ¿Por qué no llamar las cosas por su nombre, además de cuestación popular, que siempre ha existido? Lamento tener que sacar a alguien de su sueño digital, pero por cambiar de nombre a algo que ya existía no lo has inventado, ni reinventado, ni nada parecido.

En serio: me parece además, ideológicamente hablando, una tomadura de pelo. Evitamos llamar a las cosas por su nombre, queremos eliminar términos caca y materalistas como "comprar" y "vender", y llamar al dinero no sé, "petromortadelos", por ejemplo, pero luego el sistema de "recompensas" es completamente clasista y hace bueno el toque medievalizante de ese "mecenazgo". ¿Os parece normal eso de que cuanto más pagas (sí, pagar, se llama así, y a la pichita se le dice polla), más recompensado eres? Con cierta mala uva acompañada de algo de mala leche escribí esto de coña hace unos meses cuando estaba investigando el tema:


0 Euros: Empezamos muy mal, ¿eh? De follar ya ni hablamos, entonces.

5 Euros: Mi agradecimiento más insincero, pondré tu nombre (de idiota) en una página web que nunca jamás enlazaré y jamás volveré a pensar en ella, y por supuesto te llevas también mi completo desprecio por una persona que paga por nada. ¿Es que eres mi madre? ¿Tengo pinta de pedir limosna? ¿Qué vas a hacer con esa página en la que aparece tu nombre? ¿Enseñársela a tus nietos para que piensen que ya estabas gagá incluso de joven? Tu nombre aparecerá bajo el epígrafe:

GENTE QUE CREE QUE HACE CARIDAD PERO EN REALIDAD LOS POBRES SON ELLOS.

7 Euros: Por dos euros más te llevas, además de mi desprecio, un .epub o .mobi pelao. Probablemente poco después ponga el mismo archivo a la venta en Amazon a mitad de precio, y con alguna corrección adicional. Pero tú mismo. Tu nombre aparecerá debajo de 
GENTE QUE PAGÓ PARA QUE LE MANDASEN UN CORREO ELECTRÓNICO CON UN ADJUNTO.

12 Euros: El libro en papel y una copia en libro electrónico. Probablemente eche al sobre alguna tontería más, como una tarjeta de visita o unas postales promocionales de algún otro proyecto. En la página de agradecimientos aparecerá tu nombre bajo el epígrafe

CUTRES QUE SÓLO TENÍAN PARA PAGARSE LA EDICIÓN BÁSICA.

15 Euros: Por tres eurillos más, aparte de lo anterior le echo un rayote al libro en una de las primeras páginas, lo que viene a ser un libro firmado. Vamos, ¿por tres euros no vas tener el libro firmado? ¿Qué son tres euros? ¿De verdad te lo estás pensando? Debe ser porque eres muy POBRE. En la página de agradecimientos aparecerá tu nombre bajo el epígrafe
GENTE QUE SE ESTIRÓ UN POCO PARA QUE LE ECHASEN UN RAYAO AL LIBRO Y PODER PRESUMIR DE TENER UN LIBRO FIRMADO.

20 Euros: El libro con dedicatoria personal, no una mierda de firma desangelada que se llevan los que sólo pueden pagar 15 euros. Porque a ti te da igual y sabes que la calidad bien vale cinco eurillos más, que eso no arregla nada. Tu nombre aparecerá bajo el epígrafe

GENTE QUE TIENE EL LIBRO CON DEDICATORIA, NO COMO LOS POBRETONES A LOS QUE SÓLO SE LO HAN FIRMADO.

50 Euros: Todo lo anterior: el desprecio, el libro electrónico y la copia en papel dedicada, y además media hora justita de tertulia literaria por Skype donde podrás hablarme de mi libro, porque yo estará claro que habré ido allí a hablar de mi libro y no de ninguna de tus miserias; si eres tonto te explico lo que no has terminado de entender, y si algo no te ha gustado te haré entender lo erróneo de tu opinión, por llamar de alguna manera a lo que tengas que decir. Si te pones pesado le quito el sonido y me pongo a hacer otra cosa, pero oye, la media hora es tuya mirando cómo juego al buscaminas. Porque la has pagado. Treinta euros por hablar con un escritor, pero oye, es tu dinero y si lo quieres gastar en eso tú sabrás. Hay gente pa to, pero si quieres gastarlo en eso en vez de en cybersexo, nadie te juzga. Tu nombre aparecerá debajo de
PERSONAS QUE NO TIENEN AMIGOS Y PAGAN PORQUE ALGUIEN LES HAGA CASO Y HABLEN CON ELLOS.

250 Euros: Además de lo anterior, puedes sugerir algún párrafo o detalle menor del libro, o proponer con una pequeña sinopsis algún minirrelato. Eh, tú tienes pasta. Como si es una chorrada lo que propones: los demás, los que no han podido pagar lo mismo que tú, no tendrán más remedio que comer tu mierda. Así de claro: estás por encima de ellos. Más todavía: eres mejor que ellos, y tu dinero lo demuestra. Te puedes permitir pagar 250 euros por ello, porque alguien desarrolle una idea que tú no eres capaz de expresar por ti mismo. Los demás no pueden pagar por ello o tienen que rebajarse a hacerlo ellos mismos, pero tú pagas. Eres un mecenas, ¿no? Micro, que quiere decir pequeñito, como lo son tu personalidad o autoestima, pero un mecenas. Tu nombre pasará a la posteridad igual que el de los enriquecidos flamencos que podían pagarse un cuadro orando a la Virgen o a un santo. ¿Quién recuerda los nombres de los que no se hicieron un cuadro y no viven a través del talento de los demás que pudieron comprar? Eres especial, y gracias a tu dinero todo el mundo lo sabrá. ¿Hay mejor forma de emplear tu guita? Para alguien como tú, lo dudo. Tu nombre aparecerá bajo el epígrafe
GENTE QUE SABE QUE CON EL DINERO SE PUEDE COMPRAR LA ATENCIÓN QUE DE OTRO MODO PROBABLEMENTE NO MERECERÍAN.

500 Euros: Nada. No te doy nada. El libro ya te lo consigues luego por tu cuenta. No te doy ni las gracias, porque sería hacer de menos a un puro y desinteresado acto de generosidad y de verdadero patrocinio en algo en lo que se cree, no como todos los pitimecenas a los que podrás mirar por encima del hombro desde la página web en la que no tendrás que pasar la vergüenza de ver tu nombre al lado de todos esos desarrapados que se creen mierda y no llegan ni a pedo. Porque tú no necesitas nada para saber lo que eres, ni te regodeas en vanas satisfacciones materiales o en que pongan el nombre de tu novia a un personaje.

Es bastante exagerado porque no deja de ser satítico, pero es verdad. Mucho "superar el capitalismo", utilizar lenguaje falsamente solidario, economía distribuida, no hablamos de pagos ni de productos, ni de dinero, pero sólo les cambiamos el nombre y al final no deja de ser un "tanto pagas, tanto vales", cuanto mayor es tu aportación mayor es tu recompensa. No moral, no, sino material: te recompenso con más juguetitos o más cosas. Sí señor, cambiemos todo para que todo quede incluso peor que antes.

Así que dije que no al crowdfunding. Y si os digo la verdad, me parece normal que se haga ese sistema de financiación para películas o discos, que tienen un coste de producción elevado que no se puede permitir cualquiera por darse un capricho, pero un libro... joder, es un libro. Ya sé que hay gente que no tiene para un ordenador, pero es que es lo único que se necesita. Hasta con el Notepad se puede escribir una obra maestra, todo lo demás son ya lujos que vienen muy bien pero que no son imprescindibles. No quiero señalar a nadie ni poner ejemplos que podéis buscar vosotros mismos, pero he visto algunos proyectos y las cantidades que piden y sinceramente... creo que se les va muchísimo la olla. Sé que parte irá a promoción, pero me parece un poco de locura esas cantidades. Sobre todo porque el libro ya está hecho, repito que no es una película ni un disco para cuya creación se pide ese dinero, sino que para escribir un libro sólo se necesita como mucho un ordenador si no quieres escribir con bolígrafo y papel, todo lo demás ya son lujos y comodidades modernas, y hay medios por los que publicar y que no cuestan nada.




Por otro lado, está la cuestión del libro digital. Aunque me da tanto miedo como al que más el monopolio en el que se puede converir Kindle, es imposible no reconocer que, con diferencia, son los que mejor tienen montada su plataforma y los que más fácil se lo ponen a los escritores que quieren publicar directamente con ellos. Claro que todo, como siempre, tiene un precio. Si vendes tu libro para Kindle por debajo de $2.60, sólo te da el 30% de los beneficios. Que sigue siendo más del porcetaje que ganarías con una editorial normal (5% en las ediciones de bolsillo, por ejemplo), pero sigue significando que ellos se quedan con el 70%. Eso sin contar con los umbrales de pago, porque hay unas cantidades mínimas por debajo de las cuales sencillamente nunca verás nada. Desde luego yo prefiero que me soliciten a mí directamente el archivo, que aunque nuevamente PayPal se quedará su tajada libro que venda, cuatro duros mal contados que gano, pero ni pago diferido ni cosas raras. Y luego, claro, viene otra risa, el 21% de IVA que calzan al libro electrónico. Si es que vivimos mejor que queremos.

Lo mire uno como lo mire, no hay solución mágica. Aunque el precio por unidad me salga bastante barato, recordemos que la teletransportación todavía no existe, de modo que una vez reciba un pedido hay que mnadarlo por correo, ordinario o certificado, en el primer caso te arriesgas a que el libro se pierda o lo roben porque no cabía en el buzón, como ya me ha pasado en uno de los envíos de prueba que he hecho, y certificándolo sale tan caro enviar el libro como imprimirlo y el beneficio casi desaparece. Las tarifas especiales de envío de libros para librerías y editoriales, obviamente, no están al alcande de un autoeditor pringadillo, así que ése es otro problema. La otra opción es negociar con la propia imprenta digital el mismo servicio de impresión realmente bajo demanda, de uno en uno según pedido, y que ellos hagan el envío a la dirección que les facilites, servicio que por supuesto te van a cobrar, y en ese caso olvídate de personalizar el libro, escribir una dedicatoria con la pluma, que es como realmente queda bonito, etc. No hay soluciones mágicas ni te escapas de pagar por una cosa o la otra.

Por otro lado, pongámonos en lo mejor: imaginemos que por alguna extraña conjunción de los astros no sólo vendo esos cincuenta ejemplares, sino que recibo cien o doscientos pedidos más. Bueno, sólo hay que solicitarlos a la imprenta y que los manden en una semana, pero, si ya es en cierto modo un problema ir después de trabajar una o dos veces a una oficina de correos a mandar unos pocos paquetes, si uno suma todo el trabajo de hacer cientos de ellos, escribir correctamente las direcciones y luego pasar un rato bien largo mandándolos todos, si comparas el poco beneficio que le sacas a cada libro con el trabajo que te da, seguramente estás trabajando muy por debajo del salario mínimo. Si hablamos de mayores cantidades, probablemente el esfuerzo empezaría a ser completamente inasumible para una sola persona, so pena de empezar a mandar los libros con mucho retraso con el comprensible enfado de los compradores. Sencillamente, se muere uno de éxito, y a partir de un cierto volumen no quedaría otro remedio que acudir a distribuidores, librerías y demás, que obviamente cobran por sus servicios, muy lógicamente, del mismo modo que Amazon se queda con su tajada de tu libro, que no montaron la empresa para que te realices como escritor sino para hacerse ricos ayudándote a que lo consigas. Resumiendo: es lógico prescindir de intermediarios cuando no los necesitas o lo que aportan no es significativo o puedes asumir tú el esfuerzo del que ellos te libran, pero por mucho que nos jorobe el precio de las sardinas con todos sus intermediarios siempre nos saldrá más barato ir a comprarlas al supermercado que coger el coche, ir hasta el Cantábrico y pasarnos toda una noche pescando en medio de las olas.

Nada de eso es tampoco realmente un problema porque, bueno, al fin y al cabo esto no se hace exactamente por dinero, desde luego, porque si todo sale de maravilla poco será lo que gane y desde luego no me va a sacar del lumpenliteraturiado. Más que nada es por la gracia de seguir todo el proceso desde escribir el libro hasta publicarlo uno mismo, ver qué capacidad de convocatoria y de resonancia tiene uno y plantearse qué hará con futuros proyectos. Habrá fallos, se podría haber hecho mejor en algún caso, pero desde luego no tengo nada que lamentar ni nadie a quien echar las culpas más que a mí mismo, salga bien o mal.

Por otro lado, si algo me joroba de la proliferación de gente que escribe a lo loco es la ñoñería que se está alcanzando. Una de las primeras normas que se aprende en esto es muy antigua, y dice así: "No se hace buena literatura con buenas intenciones ni con buenos sentimientos", y venía a dar a entender que a pesar de una idea muy extendida hablar de cosas lindas, personajes muy buenos que sufren muchísimo a manos de villanos y meter a calzador mensajes positivos y blandurrios no garantizaba ni de lejos escribir bien, ni hacer buena literatura. Eso en lo tocante al libro propiamente dicho, pero es que ahora se ha implantado el osoamorosismo en un tipo de escritor que dice que escribe "por amor" y tonterías por el estilo, que "quiere hacer feliz a la gente con lo que escribe" y otras zarandajas enervantes. Es decir: ya no sólo hay buenos sentimientos (impostados o no) en lo que se escribe, sino en la actitud y en la declaraciones de quien escribe, que ahora tiene toda la batería de redes sociales para proclamar su buenrollismo desencadenado. "Esto está hecho con amor". Además, el autor nos promete que nos quiere, o algo así. No, mira, por ahí no paso. Para que me quiera ya están tu mujer Diosito y mi familia, no confundamos los términos. Algunas cosas que he leído por ahí, y por algunas por las que incluso he pagado, me importa un pepino que estén hechas con muchísimo amol o con la intención de hacerme feliz cuando no se respeta la ortografía, la puntuación, la gramática elemental y la más mínima lógica, además de ignorar los más básicos preceptos de una buena narración. No me quieras a mí, quiere a la literatura a la que se supone que te dedicas, que es lo que voy a ver en realidad, no a los buenos sentimientos de los que no tengo ninguna prueba, mientras que lo que sí que veo es que tratas a las pobres letras con descarado desprecio y peor que los maltratadores a su familia. Me importan un carajo tu filiación política, tus intenciones o si escribías proyectando tu aura, porque lo que leo es una mierda, y por si fuera poco mal maquetada, mal puntuada y con errores gramaticales o de ortografía que descalifican cualquier cosa de raíz.

También, ya he visto varios casos, algunos crowdfundean o piden que les compres el libro para que puedan completar su objetivo vital: "ayúdame a ser un escritor a tiempo completo para que pueda escribir los libros que te gustan", "ayúdame a cambiar de vida". ¿A santo de qué el sueño de alguien de vivir de la literatura es más importante o debe provocar más simpatías que el de alguien que quiere comprarse un Ferrari o pasar unas vacaciones de lujo en Ibiza? ¿Pero en qué clase de imbecilidad nos embarcamos, hombre ya? En ese sentido no es de extrañar que la ideología internetil, tan reinventadora de la rueda, del trabajo en equipo y del anonimato prescinda siempre de citar las experiencias de Luther Blisset o Wu-Ming, porque precisamente iban en ese aspecto por el lado opuesto y, muy situacionistas ellos, proclamaban que ser escritor no tenía por qué ser demasiado diferente que ser carpintero, y rechazaban las alharacas y los exhibicionismos emocionales e incluso físicos que se supone ahora debe seguir cualquier escritor de internet en la mal llamada "economía de la atención", pues lo fácil para llamar la atención es enseñar el culo o hacer el jackass intentando tragar una cucharada de canela, no llevar a cabo algo realmente meritorio. La civilización como espectáculo, y todo el año es Carnaval. Eso ya por no hablar de cosas que, lo reconozco, me parecen absolutamente despreciables: "dame pasta y a uno de los personajes le pongo tu nombre y me mandas una foto y lo describo como eres tú" y cosas así. Eso: como los libros personalizados para los niños donde insertaban la foto del chiquillo en un libro ilustrado, pero para mayores infantilizados. Sinceramente en esos casos el escritor tiene los lectores que se merece y el lector el escritor que por sus pecados le toca, y desde luego no me interesa nada lo que un escritor de ese tipo tiene que decir, ni sus atracciones de feria que él puede que llame literatura, aunque desde luego no lo son. Y, la verdad, del mismo modo que nunca entraría en un club que estuviese dispuesto a tener entre sus miembros a alguien como yo, me interesan muy poco los lectores a los que lo que les importa no es leer algo bueno que yo pueda escribir ateniéndome a lo que yo creo que es hacer un buen libro, sino la pueril satisfacción de que un personaje lleve su nombre y decida si la camiseta que lleva es del Barça o del Real Madrid. No deja de ser sintomático que en casi todas las discusiones de los futuros del libro y de la literatura sólo se hable de formas infantiloides de atraer a lectores infantilizados (lucecitas, regalitos como en McDonalds o en los Phoskitos, gente haciendo el payasete, etc), y de cómo se vende o deja de vender un algo de cuya calidad ya no se habla ni discute, como si se diese por supuesto que eso ya es lo último que importa, escribir bien o mal, hacer o no algo que valga la pena, porque casi se da por supuesto también que lo que se va a hacer es mierda, y que el comprador / primo de turno la paladea sin quejarse siempre que "la experiencia de compra sea satisfactoria".

"Oye, ¿qué tal el libro que compraste el otro día?"

"Una mierda, pero la web desde la que lo vendían estaba muy bien y el botón de compra se encontraba muy fácilmente". 

Bienvenidos a la Literatura Phoskitos, Recompensas y Pastelerismo.

Por tanto yo no pido ni limosnas ni nada parecido. He escrito un libro, el libro es literatura y como tal, para bien o para mal, es como debe juzgarse. Mis intenciones al escribirlo han sido escribirlo, nada más, he escrito lo que he querido y si a los demás les gusta me alegro mucho, pero es lo que hay. No lo he hecho por la paz en el mundo ni porque crea que voy a hacer feliz a la gente o que se crea que la quiero. Siento demasiado respeto por las personas o posibles lectores para tratarlas de ese modo o presuponer que son ¡gilipollas! Tampoco pido que nadie me ayude a cambiar de vida, ni a completar mis proyectos vitales, y menos a desconocidos. Lo que tenga que hacer en la vida, y el nivel de comodidad o de satisfacción que consiga con mi trabajo o con lo que escriba, dependerá de mí, y de cómo me plantee ese problema. Del mismo modo, el precio es único para cada uno de los productos: uno para la edición digital, otro para la edición en papel. Puede parecer muy seco y muy poco adecuado en estos tiempos de corrupción lingüística, pero es lo que es, una venta de un producto. Ni me van a pagan con dinero del Monopoly, ni yo doy "recompensas" ni satisfacciones emocionales o espirituales de ningún tipo, sino que vendo un producto que creo que tiene una calidad suficiente. Siento demasiado respeto por las palabras, por mí mismo, por la realidad y por mis posibles compradores para no llamar a las cosas por su nombre.

Y básicamente así es como se autoedita uno un libro y lo pone a la venta. Y, como decían en Cantando bajo la lluvia, sin perder nunca la dignidad.


-SuperSantiEgo

16.11.12

Zombis. Piensa globalmente, actúa localmente



Ahora que se nos anuncia ya La guerra mundial Z, con la novedad de los zombis termita o marabunta, y lo que es peor, con niños a la Spielberg, ¡hablemos del Apocalipsis Z, cojones, poque va a yegggarrrr...! Sobre la película, pues puede que esté bien. Aparte de los niños ("Es imposible hacer una película con niños, con animales y sobre todo con Charles Laughton"), parece que no se van a ceñir demasiado a la estructura ni a la idea (pues sólo tenía una, y gracias), de tan pésimo libro. Bueno, al menos con la versión marabunta tendrá algo de sentido la puñetera Batalla de Yonkers.

Excepto en muy contadas ocasiones, se supone que el apocalipsis Z, o extinción Z, es un fenómeno mundial. Si no, no tendría intríngulis. Sea por el azar, por un experimento fallido o una arma biológica salida de madre, la gracia está en que no se tiene a donde escapar. Como decía Kundera, la globalización significa sobre todo que nadie puede escapar a ninguna parte. Está claro que la suma sería mayor que la simple reunión de cada una de las partes, pero cada país lo afrontaría de una forma particular, y por eso sería interesante ver cómo sería la reacción idiosincrática ante el fenómeno. Piensa globalmente, actúa localmente.

De ahí la importancia de películas como Cokneys vs zombis y Juan de los muertos.



La primera está claro: surgen los zombis en el West End de Londres, y unos cockneys que están organizando un atraco para ayudar al asilo en el que vive su abuelito están afanádose en tan digna tarea de expropiación bancaria que, ya es mala suerte, viene a coincidir con la llegada de los zombis. Propiamente, no es que haya muchos cockneys, lo que vienen a ser los castizos o chulapos londinenses que ya son poco más que atracciones turísticas o piezas de museo a estas alturas. En Londres no nos encontraremos a los cockneys de My Fair Lady, sino a sus sucesores, evolución o degeneración de éstos mezclados con un montón de otras influencias y que vienen a ser el equivalente de nuestros canis o poligoneros. De los abuelos, eso sí, hay uno que mantiene las esencias de antiguo cockney, y que nos da una extraña explicación de por qué llama "trafalgares" a los zombis según un complicado sistema de rimas. Por lo demás, una película entretenida, con sus muchos toques de humor, no necesariamente británico, que sólo se ve empañado por un final innecesariamente patriotero y con escena hiperheroica que no viene demasiado a cuento en algo que no deja de ser una comedia. Muy por debajo de su antecesora, Shaun of the Dead.




Bastante más interesante me parece Juan de los muertos, donde vemos el resultado de la plaga global en esa joya del Caribe. Aparte de algunos modismos que me han enamorado, como "Me rechingo en el corazón de tu madre", la película rebosa mala baba de la auténtica. Los zombis, en principio, son tratados como disidentes, y las relaciones entre los distintos personajes son realmente hilarantes, siempre con un sano cachondeo a las circunstancias de la isla y la idiosincrasia cubana, con varias referencias al Período Especial "y lo que sea esto que hay ahora". Además de la pareja protagonista aparece el hercúleo muchacho que se desmaya cuando ve sangre, lo que es todo un problema, y el travesti que llegado el caso mete estopa como el que más. Magistral lo de "¿Alguien puede decirme por qué unos son lentos y otros rápidos?"

Parte de la financiación provino del ICO español, así que la hija del protagonista es la española Andrea Duro, y también hay una escena donde el equipo cubano extermina a un grupo de españoles convertidos en zombis en un prostíbulo, y por supuesto no falta uno de ellos con la camiseta de la roja. Más que recomendable, desde luego. A ver si se animan los italianos o quienes quieran a hacer su comedia sobre el tema, poniéndoles cada uno su toque personal.


También, una vez más, he caído en la trampa y por malas referencias y recomendaciones me he leído esta novelita. En fin, lo que ya tengo claro es que si la literatura termina ahogándose será en ese pozo sin fondo de la literatura juvenil, que últimamente también se viene llamando, copiando mal como siempre, young adult, aunque el término en inglés la verdad es que refleja mucho mejor la mentalidad adultescente tanto de muchos de sus autores como de sus lectores. Es, desde luego, literatura inmadura, pero en el peor de los sentidos imaginables. Es en cierto modo una literatura sin fondo cultural de ningún tipo, ni siquiera de la propia cultura popular moderna, mal cocinada, mal terminada, para mentes adultescentes. Se violan las más elementales normas de la narración, nada tiene relación con nada, todo son elementos sueltos pero no de forma consciente como en algunas narrativas posmodernas, sino por pura dispersión e incapacidad.

Por un lado reconozco que cada uno puede follarse a su gato cuanto quiera que para eso es suyo construir su propio mundo como quiera, y que puede rehacer los mitos a su conveniencia, pero ciertos detalles, como que la gente ande por ahí comiéndose a los zombis descolocan bastante, aunque repito que cada uno rehace la historia como quiera. Del mismo modo, aunque se considera que son muertos vivientes y siguen por ahí moviéndose indefinidamente, luego resulta que sí que parece que comen de verdad y les aprovecha lo comido, y si pasan mucho tiempo sin hacerlo son cada vez más lentos e ineficaces, y tienen un aspecto cada vez más momificado. Ya lo he explicado: uno de los grandes errores del fantástico es intentar explicar lo inexplicable, sobre todo cuando no hace maldita la falta. Efectivamente: los zombis, en meses o unos pocos años, sencillamente se deshidratarían y se romperían a pedazos, sobre todo en climas secos, por no hablar de la erosión en los pies y otros detalles. Vale, pues no intentes explicarlo ni remotamente, ni dar la más mínima lógica científica o de otro tipo al hecho de que haya "muertos vivientes", lo cual es una contradictio in terminis que tira de espaldas y obviamente entrará en conctradicción, a lo bestia, con la más elemental educación científica en cuento intentes darle alguna explicación. Puede ser el arranque para contar una buena historia, pero el hecho de que el lector o el espectador acepte esa premisa totalmente absurda no implica que sea una carta blanca para luego aceptar cualquier situación acadabrante, giros de la trama inverosímiles y comportamientos gilipollescos.

Otra cuestión es que el autor se mete en camisas de once varas. De acuerdo, han pasado ya veinticino años del Apocalipsis Z y la protagonista tiene quince y no conoce más mundo que éste, así que también es una novela postapocalíptica. Hasta cierto punto sí está bien tratado que los supervivientes ya consideren a los zombis, afortunadamente de los lentos, como un elemento más de sus vidas. Cuando se puede se esquivan, y si no se les da duro en la quijotera. Sin embargo, para decirlo claramente, una chica de quince años parece que puede ir con más tranquilidad y sin sobresaltos por ese mundo postapocalíptico que podría moverse por algunas de las zonas conflictivas de nuestro planeta tal como es ahora. De hecho ella misma como personaje no lo comprendo: educada en las alcantarillas, luego con un tipo que la ayudó a sobrevivir a ella y a su hermano, resulta tener unas maneras y un comportamiento de lo más cívico, no demasiado alejado de cualquier chica de instituto actual, cuando en esas circunstancias lo mínimo que esperaríamos es algo tipo Mad Max. Sólo pondré dos ejemplos sobre esto: ya desde la primera escena, el narrador, que aunque sea en tercera persona ve o analiza un poco las cosas desde el punto de vista de la protagonista, habla de la luz en el agua y los pececillos comparándolo con un "efecto de discoteca". Ah, pues mal empezamos, ¿a qué viene esa comparación desde un punto de vista de una chica que nunca ha estado en una? Además, es analfabeta, pero cuando un chico le corrige una frase porque "es gramaticalmente incorrecta" ella dice que no le importa la gramática en absoluto. Lo cual es perfectamente lógico, ya que por un lado después del Apocalipsis Z dudo que nadie esté demasiado preocupado por la correcta expresión gramatical y por otro cuando se es analfabeto el concepto de gramática y el uso de esa palabra es completamente incomprensible. La respuesta lógica habría sido: "¿Gramaqué? ¿De qué coño me estás hablando? ¿A que te rompo lo dientes y entonces vemos quién habla mejor?"

Nada tiene sentido. La protagonista empieza en un faro al que ha llegado hace un tiempo y donde vive tranquila, pero tras la llegada del primer zombi decide irse. ¿Por qué? El mundo está lleno de zombis, lo normal es que te los encuentres en todas partes. Y así todo, aunque lo más grave es que en ese mundo postapocalíptico pasan cosas muy raras. De acuerdo que puedes intentar explicar algunas cosas, a ver si cuelan, pero otras no tienen ninguna explicación de por sí. Una de las gracias de los mundos postapocalípticos es que como civilización, y a escala planetaria, seríamos muy sensibles a un cataclimo global, que afectaría de la noche a la mañana a la economía-mundo de forma brutal. Básicamente, todo se iría a la porra en un tiempo récord. En el s XVIII, curiosamente, estaríamos más preparados para sobrevivir a una catástrofe global, en algunos aspectos, que ahora mismo. Si en ese siglo se va entera a la porra la civilización china, ni nos hubiésemos dado casi cuenta, pero ahora todos los bazares dejarían de estar surtidos al poco tiempo, e incluso, con el 80% de la produccción mundial de ajos en ese país, a lo mejor en pocas semanas no tendríamos cómo hacernos un mal allioli. Ante una pandemia que paralizaría las exportaciones, la industria y el comercio, nuestra civilización interconectada caería en cuestión de semanas o meses, e incluso de durar sólo un año o unos pocos después de ese período de caos volverla a poner al nivel anterior a esa catástrofe sería un trabajo ímprobo.

Pues bien: han pasado veinticinco años, que se dice pronto. Asi que... olvidemos el más mínimo sentido común y la más elemental lógica. Primero: cuando la chica tiene hambre, menos cuando se encuentra con un grupo de amistosos muchachos que la invitan a carne de zombi, práctica que según parece es poco común, simplemente va a una gasolinera y se sirve galletitas o similares. Caducadas desde hace dos décadas, pero se las come. Del mismo modo, hay medicinas, que se toman con cierta liberalidad. Caducadas también, imagino. Y cocacolas, que la chica siempre quiere tomar, por supuesto, con mucho hielo, porque por lo visto todavía hay zonas con suministro eléctrico. Aun aceptando que queden algunos restos de civilización, que el ejército controle alguna central nuclear y que incluso se cita que unos pocos años antes la chica vio la estela de un avión en el cielo, no cuela. Es un mundo postapocalíptico muy poco apocalíptico, la verdad. Veinticinco años después de la pandemia no puede haber galletitas en buen estado en las gasolineras, ni medicinas sin caducar, y desde luego cualquier coche que encuentres por ahí tirado, aunque tenga gasolina, no funciona. Cualquiera sabe que un coche en un garaje abandonado un año no suele arrancar, mucho menos si lo dejas a la intemperie. Las baterías se descargan en poco tiempo, y los surtidores de las gasolineras abandonadas, aun suponiendo que sigan teniendo los depósitos subterráneos con gasolina, no funcionan por arte de magia, sino con electricidad. Diréis: pues en Regreso al futuro dejan setenta y cinco años el Delorean en una mina; efectivamente, pero bien resguardado y con un generador nuclear del siglo XXI, y aun así lo que terminan haciendo es empujarlo con una locomotora, porque no tienen gasolina y, añado yo, me gustaría haber visto la batería que tendría que hacer Doc para que el motor funcionase. Y en veinticinco años sin mantenimiento todo, en especial las grandes infraestructuras, se van al carajo de una manera que no nos podemos ni imaginar, e incluso se comprueba en estados fallidos o con graves crisis económicas que impiden tener un mantenimiento adecuado en esas instalaciones fundamentales: caen rayos sobre torres de alta tensión o se ven afectadas por los incendios, los subterráneos se inundan sin bombas de achique y el deterioro de máquinas y equipamiento básico en pocos años es irreversible. Somos una civilización extremadamente compleja, pero también en algunos aspectos extremadamente sensible a un cataclismo que se extendería rápidamente por toda la economía, producción de bienes de equipo y transporte, de modo que difícilmente se podría sobrevivir a su impacto sin consecuencias catastróficas. Aun resistiendo en un principio una oleada de zombis, al poco tiempo para los supervivientes la escasez de alimentos sería tanto o más dañina que el propio problema de los muertos vivientes, por ejemplo.

Menos en esta novela, que como ya digo veinticinco años después hay cocacola fósil, los alimentos no caducan nunca y las medicinas no se estropean. A lo mejor por eso la gente es tan maja en general, porque no parece haber ninguna competencia por los recursos. Me puedo creer que haya un solitario tren diésel por ahí circulando, como efectivamente sale uno, o algún avión controlado por lo que quede del gobierno en un refugio secreto, pero lo otro no. Fijaos si es exagerado todo que la chica, nada más pasar un sitio lleno de zombis, se encuentra una especie de villa solariega donde ha estado viviendo, como si tal cosa, una familia, comiendo pollo todos los días y, toma ya, incluso con servicio. ¿Qué han comido esos veinticinco años? ¿Hacen la compra desde internet en Wallmarkt? Espera uno que haya algún secreto siniestro, que se coman a la gente o algo, pero no. La casa de punta en blanco, sin problemas. Ninguna explicación. Para terminar de arreglarlo, sin venir a cuento, escena de sexo gratuita. Me recordó a ese tipo de películas en las que hay la típica escena de sexo que no aporta nada a la película, pero hay que poner porque sí, como si fuera tan obligatorio como los títulos de crédito.

A todo esto diréis: hombre, pero si luego a pesar de esos fallos o incoherencias lo que nos cuenta está bien, o los conflictos humanos de los personajes están bien llevados, pues bien, ¿no?. Pues a eso voy: tenemos a una chica de quince años que debería ser poco menos que una niña ferina y con una actitud de boina verde cabreado, pero no, mucha instrucción no tiene, pero educadita más o menos es. Sin saber por qué se va del faro, encuentra a una pequeña comunidad que vive parapetada en unos edificios en los que no les va mal del todo, y uno de sus componentes, otro topicazo, es el típico tío rijoso que desde que aparece sabemos que va a intentar violarla. Cosa que ocurre, por supuesto. Se lo carga en defensa propia pero no se molesta en defender su actuación, sino que se va de allí en un coche, de ésos mágicos que siguen funcionando. Tampoco es que le importe mucho irse, porque la chica tiene un gran pesar en su corazón y se siente una solitaria, y de vez en cuando evoca los tiempos de hace unos pocos años, cuando el "tío" que se encargó de ella y su supuesto hermano murió, y cómo luego ellos dos fueron por ahí solos. Ahora, lo vemos, va sola. ¿Cuál es su gran pesar? Ése es el gran misterio, se supone. A ver, una suposición arriesgada: el niño murió.

La otra cuestión es que el hermano del violador inmediatamente va tras ella para vengar la muerte de su querido familiar, al que sin embargo luego reconoce que no quería demasiado y que efectivamente era más bien mala persona. Porque este tipo, el tal Moses, nos lo quieren poner también como un tío de puta madre y personaje interesante. De hecho los dos en su persecución tendrán una oportunidad de matarse o dejar morir al otro, pero, no, mira, te voy a dejar vivir de buen rollo. Sí señor, eso es lo que yo llamo reacciones lógicas y perfectamente racionales de dos personas que quieren matarse, con caballerosidades a lo Ivanhoe. Para colmo de absurdeces, como la chica se da cuenta de lo bien que consigue dar con ella, en una de esas ocasiones de "no te mato porque si no se acaba ya la novela", le pregunta al tal Moses si el coche que ella robó no tendrá un dispositivo de rastreo, a lo que él termina reconociendo que así es. Claro, porque fue a comprarlo a la tienda de la esquina, siguen funcionando perfectamente, hay pilas de sobra, y una comunidad de desarrapados en medio de un mundo postapocalíptico donde parece que todos los coches funcionan no tienen otra cosa que hacer que, según él mismo cuenta, poner un dispositivo de rastreo a los suyos. Y ella, una analfabeta que no sabe nada del mundo tecnológico que no llegó a conocer, ¿cómo coño sabe o entiende lo que es eso? Por cierto, de vez en cuando la chica no dice su nombre, sino algún alias como si fuera una peli de espías. Como si le importase realmente a alguien cómo se llama o si se pone un nombre distinto cada día la muy chalada, no te digo.

Cuando ya todo se despeña es cuando en su huida la chica se encuentra con un grupo de hillbillies endogámicos (dale más al topicazo), que viven en un pueblucho donde han mutado hasta ser grotescas moles de más de dos metros con excrecencias coriáceas, provocadas por las inyecciones que un Profesor Bacterio de la vida ha conseguido sintetizar de una parte del cerebro de los zombis, supongo que porque estaba aburrido y con el equipo tecnológico disponible en un pueblucho se puso a hacer investigación biológica de alto nivel. Tocotó. En este caso es donde se produce una de las escenas de "no dejo que te maten porque quiero matarte yo".

A todo esto, la muchacha lleva casi toda la novela llevando consigo a un pobre retrasado mental al que se le acaba de morir la abuelita que cuidaba de él, y que supongo que compraba la comida y lo demás con tarjeta de crédito. El retrasado lleva un papel escrito donde aparecía la dirección, y cuando se la leen a la muchacha, ésta se siente obligada a buscar a esos parientes en esa dirección. El mundo se ha ido al guano, a saber dónde está cada uno después de veinticinco años, pero lo más lógico es eso. Vamos, no tiene casi sentido ni en el mundo actual. Pero así, se supone que esto es profundo, quizá sienta algo de alivio de su gran pesar, que termina explicando, no me preguntéis a santo de qué ni quiero saberlo, a una señora que sólo habla español. Pues resulta que dejó al niño un momento solo mientras ella entraba a mirar un sitio, se quedó allí tonteando un poco y cuando volvió los zombis se lo estaban comiendo, porque el niño no sabe correr ni meterse solo en el coche ni nada parecido. Claro, la chica se los carga a todos con furia homicida y desde entonces teme "esa ira interior que a veces la invade". Oyes, pues cargarse a zombis en pleno arrebato berserker me parece que no sólo es una habilidad de lo más útil en un mundo de zombis, sino que incluso debería ser objeto de admiración. Que entiendo que le jodiese que se cargasen a su hermano, pero en semejante mundo hay que tener un poco de callo emocional y entender que esas cosas pueden pasar, ¿no? Si realmente hubiese sido culpa suya, o lo sacrificase para salvarse ella, todavía, pero ni eso, sólo fue un accidente. Eso sin contar que, de vez en cuando, que si Dios esto o Dios lo otro, pero como dejándolo caer, una cosa difusa que parece muy profunda pero que a mí sólo me causó estupefacción, no digamos ya cuando se pone a hablar del tema con el tal Moses, en una competición de a ver quién dice la mayor vacuidad al respecto. Tampoco extraña demasiado, porque como ya os dije el autor quiere convencernos de que el tal Moses en el fondo es un tipo majo y simpático, pero claro, aunque no quería mucho al hijoputa de su hermano, que sabe que ha muerto porque una chica se defendió de que la violaran, pues por alguna extraña razón se ve impulsado a matarla a ella persiguiéndola a través de un mundo lleno de zombis. Pura lógica. Hay un momento, también estupefantástico, en el que la chica reflexiona que "estos sureños parece que estén esperando a que alguien mate a su hermano para así poder efectuar una venganza". Ése es el nivel.

El final es apoteósico. Llegan a la casa de los familiares del retrasado, inexplicablemente en demasiado buen estado después de tantos años, ¿y quién está esperándola? Pues mira, Moses, que casualmente es quien le leyó la dirección. Hija de mi vida, ¿y te sorprende que supiera dónde debe esperarte a que llegues? Y de cómo la chica se orienta por carreteras y calles sin saber leer mejor no digo nada. Después de un diálogo absurdo con Moses, la chica muere a mano de una de niña mutante. El malvadísimo pero buen tío en general que es Moses la utilizó de escudo humano para escapar de los paletos, y como él mismo explicó no la dejó abandonada por ahí a su suerte, sino que en el camino de vuelta espera dejarla en su casa a salvo. Qué comportamiento más humano y cívico en ese mundo postapocalíptico; pero a la chica que mató a su hermano en legítima defensa ni agua, me la quiero cargar a toda costa. Tanto es así que, enfadado por el hecho de no ser él quien se vengue... cose a tiros a la niña mutante, a la que deja pudrirse ahí donde cae, mientras a su némesis le hace una bonita sepultura. Y luego puede uno leer por ahí que "los personajes están muy logrados". Ana Karenina y Raskolnikov, a su lado, planos y sin substancia.

Alucinéibol. A mí estas cosas es que me superan. Que se escriban lo entiendo, pero que luego lo publiquen sólo por ser el género de moda, y que incluso se traduzca, y que luego haya gente por ahí que aplauda tan completo sinsentido, es que me abruma.

Nunca mais.




-SuperSantiEgo