30.7.12

Libro: Las aventuras del buen soldado Svejk


La historia de mi relación con este libro y personaje tiene su intríngulis, y como es lógico, paso a contarlo. Allá por 1985 se emitió en Televisión Española (recordemos: la única que existía) una serie austríaca por título Las aventuras del bravo soldado Schweik, que no era sino la adaptación en una serie austríaca de esta famosa obra, la que más de la literatura checa, sobre un papanatas y pícaro soldado checo durante la Primera Guerra Mundial. Después de tantos años, aún recuerdo muchas de las escenas de sus particulares aventuras, que ahora he leído en su versión literaria. Poco después, lo recuerdo bien, vi en el escaparate de la librería en la que compraba a mi padre el periódico la versión de editorial Destino de esta novela, en dos volúmenes, y aunque me llamó la atención por aquella época no era exactamente el tipo de libros que leía ni se me pasó por la imaginación comprarlo. Esa edición tenía en la portada las ilustraciones que un amigo del autor había realizado para la novela, y que constituyen el canon con el que interpretar físicamente al personaje. Bastantes años después, en 2007, creo, vi en el escaparate de otra ciudad la edición en tapa dura de la misma novela, en este caso con traducción directa del checo por parte de Galaxia Gutenberg y con el nombre del protagonista no germanizado, aunque el título original es nada menos que Las maravillosas aventuras del buen soldado Švejk durante la Guerra Mundial. Pues no lo compré, tanto porque en ese momento no me dio por ahí como porque probablemente me pareció algo caro, 35 luros del ala, y que conste que yo no soy de los que lloriquea por el precio de los libros. Hace un par de semanas me lo encontré en una gran librería, de la misma editorial pero ya con el precio a un tercio del original, y comprémelo, leílo y ahoro reséñolo. Al final, todo llega.


Conociendo la literatura española, no es de extrañar que se considere a su autor, Jarsolav Hasek, un sucesor de Cervantes, y que en seguida nos evoque el personaje y sus peripecias el género picaresco. Aunque, no sé cómo, mucha gente entendió por las clases de literatura que el género picaresco es esencialmente humorístico o de carcajada, y luego que se lleva una decepción cuando lo leen años después, lo particular de la picaresca, además de un humor negro que rara vez lleva a reírse sino a llevarse las manos a la cabeza, es una visión irónica y despiadada del mundo, donde no hay ninguna intención heroica y cada uno, como se suele decir, si no corre vuela. Svejk es un pícaro, un vago y un borrachín hedonista, pero también una persona inocente y, en cierto modo, de una pureza elemental que lo separa de la figura del pícaro. Su limitada cultura e inteligencia se ven compensadas por el voluntarismo, la lealtad y una visión del mundo totalmente desprovista de mala intención. Es una figura literaria que se ha convertido en símbolo nacional en la República Checa, y que también es conocida a nivel mundial, aunque su mayor popularidad se encuentra en las naciones que constituyeron el Imperio Astrohúngaro, cuyo desastre narra, en cierto modo, esta novela, y cuya decadencia y caída ha inspirado algunas de las novelas centroeuropeas más importantes, además de ser referencia en casi todas las películas de Berlanga. Curiosamente, es un personaje también muy querido en Austria, cuando precisamente el autor era un nacionalista checo que entre otras cosas desertó para unirse a los rusos, y que pone a los austríacos de chupa de dómine, aprovechando que estamos hablando de picaresca para utilizar esta expresión. Supongo que esta popularidad en Austria se deberá a que, aunque tangencialmente, forma parte casi de su literatura nacional y trata en cierta medida de ellos, y sobre todo porque los austríacos en el último siglo necesariamente tienen que tomarse las cosas con humor, pues pasar de ser un imperio que se mete en una guerra acompañando al primo prusiano, perderla por culpa de éstos, que te desmiembren, que veinte años después esos mismos primos te anexionen, perder con ellos otra guerra y convertirte en un bonito país centroeuropeo conocido por sus postales, pues eso, o te lo tomas con calma y sentido del humor, o te vas del pueblo. "Con lo que nosotros fuimos..." Tranquilos, Austria. ¿Os acordáis de nosotros, que también hemos tenido lo nuestro en común con vosotros? Nosotros os entendemos.

Svejk es, en cierto modo, el trasunto del propio autor, un tipo bohemio (qué poco clara queda esta palabra al hablar de checos), anarquista y vividor que participó él mismo en la Gran Guerra en el frente de Galitzia igual que Svejk, de donde sacó todas las experiencias para escribir este libro, y en el que emplea, sin disimulo, el nombre de algunos oficiales a cuyas órdenes sirvió, cosa que como es de suponer los enfadó bastante. La misma apariencia del autor, tipo pícnico, apoya la idea de que escribió el personaje de Svjk tomándose bastante como modelo, aunque obviamente no deja de ser una construcción literaria, si bien los paralelismos son muchos: escritor y personaje se dedicaron a vender perros callejeros como si fueran de pedigrí, uno desertó para pasarse al enemigo y el otro se puso un uniforme ruso y lo confundieron con un espía, y así tantas cosas más. Después de acabada la guerra, y con la formación de Checoslovaquia como república en 1918, pudo escribir las distintas partes del libro cachondeándose al por mayor del desaparecido imperio, su ejército y sus instituciones, algo que apenas unos años antes habría sido causa de juicio sumarísimo por alta traición. Debido a su forma de vida poco saludable (glogloglogló), y otros problemas de salud, murió en 1923 por tuberculosis dejando su obra inacabada, de modo que incluso dictó las últimas páginas desde su lecho de muerte. Está considerado como uno de los autores checos más renombrados, y recientemente se le hizo de esta guisa una "estatua ecuestre":


(Haciendo un inciso, recordad que, dada mi altura literaria, a mí se me entierra en Montparnasse, o nada, que las cosas se hacen bien o no se hacen. Si no es posible o los gabachos se cierran en banda, pues cualquier cosilla me vale, como que mis cenizas se mezclen con el cemento que se utilice para construir una pirámide de cuarenta metros de alto cubierta de lapislázuli en medio de un parque. Y por supuesto, si se me hace una estatua, ecuestre o nada. Pero tampoco soy exigente. Con que sea ecuestre me vale; es decir, que me vale cualquier équido, ya sea mula o asno, que si para Nuestro Señor Jesucristo fue bueno un pollino por montura no ha de ser peor para un simple pecador, e incluso dejo abierta la posibilidad exótica de una cebra y hasta en una interpretación más laxa todavía no me desagradaría ser inmortalizado a lomos de un camello, o si el presupuesto fuese especialmente oneroso, a los de un paquidermo de bronce, siempre y cuando los colmillos fueran de marfil auténtico. Y para demostrar hasta qué punto llega mi humildad y soy amplio de miras, diré que incluso me sirve un caballito de los de juguete, adecuado a mi tamaño de adulto, y que me vale lo mismo que sea de ruedas o el más sencillo que consiste en un palo y una cabeza de tan noble bruto, y que incluso admitiría que no fuese yo el que estuviese encima del caballo, sino que lo llevase yo en brazos, o nunca mejor dicho, a caballito. Vamos, que poniéndolo tan fácil, si no me la hacen creo que ya no sé qué excusa van a poner, la verdad. ¿Qué van a decir? ¿Que no soy lo bastante importante? Como si fuera a colar...)
Svejk
Recordando un poco a Bajtín, hay narraciones que tratan de lo que hay por encima y debajo del diafragma: por arriba está el habla, el cerebro, la respiración, el corazón, todo ello espiritual, pues se refiere al pensamiento, el habla, actos sociales como la comensalía, el pneuma, los sentimientos, etc, mientras que por debajo del diafragma se encuentra lo escatológico, las funciones intestinales y el sexo, lo propiamente material. Esto no quiere decir que haya obras que no mezclen o contrapongan estos dos aspectos, como hace el mismo Quijote con el señor Quijano y Sancho, o que otros autores como Papini en Gog hagan decir al protagonista que no entiende cómo la gente no come en privado, pues la misma acción de comer recuerda a su escatológica e ineludible consecuencia. Pues bien: en al obra de Hasek nos encontraremos, sobre todo, con esa parte inferior del cuerpo: la gente come, bebe, habla de sexo aunque no hay ninguna escena explícita, tiene disentería, vomita por borracheras y todo es terrenal y material. Svejk, un tipo simplón, igual que otros personajes, piensa fundamentalmente en comer, echarse unas cervezas, descansar e incluso holgar si es posible, y a pesar de las continuas afirmaciones de Svejk de sus deseos de morir a mayor gloria del emperador, su innata torpeza lo aleja continuamente de todo cuanto peligro se le ponga delante. Svejk es un brasas, un pesado, un tipo que en su ramplonería inocente saca continuamente de quicio a sus superiores, a los que cada vez que intenta obedecer o servir les provoca un ataque de ira, mientras es incapaz de comprender que está a menudo al borde de ser enviado a un pelotón de fusilamiento, ya que él cree que en realidad lo quieren mucho y lo aprecian. Del mismo modo, Hasek evita el lenguaje florido y por decisión bien meditada hace hablar a sus personajes como se espera que lo haga gente que vive buena parte de su vida en tabernas y que en medio de la guerra no puede andarse con finuras. Por eso, aunque sin exagerar ni que quede recargado, la gente se amenaza con darse hostias, dice mierda y joder con cierta liberalidad, y se expresa de forma muy popular. Esto quizá a nosotros no nos llame mucho la atención, pero desde luego hace un siglo la situación era muy diferente.
Svejk
Es una lectura bastante divertida. No de reírse uno solo a carcajadas, pero sí de quedarse encantado con las barbaridades que pasan, una detrás de otra. En ocasiones, se le compara a su compatriota y también víctima de la tuberculosis, Kafka, éste sin embargo escritor en alemán aunque también de nacionalidad checa, pues en Svejk vemos también un mundo absolutamente absurdo, aunque cotidiano y alejado del simbolismo del Kafka. Sobre todo porque los dos tenían algo en qué inspirarse: la administración pública de Austria-Hungría era, sencillamente, demencial, algo que se colige de cualquier lectura de la época con sus funcionarios, sus cargos a dedo cuya función es imposible de deducir, etc. La administración de la gran potencia centroeuropea, con sus múltiples lenguas, funcionarios en estructuras militares copiadas por los cuerpos civiles, su papeleo inacabable y una lentitud exasperante es algo que está presente en casi todas las novelas de la zona hasta la caída del imperio, y que se refleja igualmente en la literatura rusa, cuya administración no era mucho mejor, y según tengo entendido también en la turca, algo que también se ve de reflilón en la ya comentada Los cuarenta días del Musa Dagh, donde la lentitud para reaccionar contra los rebeldes y la ineptitud de las autoridades permitió a éstos resistir más tiempo y salvarse. La intendencia, los libros de claves que no aparecen, las órdenes contradictorias y los mandos incompetentes son el escenario en el que Svejk se desenvuelve con despapajo, cortando casi siempre por la calle del medio para exasperación de sus superiores, que en cierto momento lo dejan ya por imposible.


Otra cosa, que me llamó vivamente la atención, es algo que me hizo preguntarme si Orwell llegó a conocer esta obra, pues hay algo que me recordó mucho a Mil novecientos ochenta y cuatro. Una de las funciones de Winston Smith en el Ministerio de la Verdad es inventarse hazañas bélicas de héroes inexistentes que sólo hablaban del Ingsoc y que lucharon contra Eurasia / Estasia (táchese lo que proceda según lo que vea en la columna derecha de este mismo blog) hasta la última gota de su sangre. El ambiente de la novela recuerda también un poco a la paranoia orwelliana, con sus continuas sospechas de espionaje e investigaciones sobre la fidelidad de hasta el último ciudadano, de modo que en principio todo el mundo es sospechoso de traición, y hay un soldado designado en cada compañía que se dedica a escribir la crónica de ésta para la posteridad, y que de vez en cuando toma por banda a uno de sus compañeros y le explica la forma heroica en la que ha escrito su muerte, siempre con vivas al emperador y agradeciéndole el honor de haber podido morir por su causa, casi una parodia del fantismo samurai. Como dice Svejk, no puede haber nada más bonito para un soldado que pisar un mina y antes de morir ver su cuerpo destrozado a mayor gloria del imperio y el emperador. Orwell, obviamente, tenía constancia de que exagerar o incluso inventar hazañas bélicas y muertes valerosas era una práctica habitual para alentar a la tropa, especialmente en los regímenes con mayor control de la prena y en el que el comisariado político era más fuerte.


La única pega que se le puede poner a la novela es que, pasada la novedad de las trastadas de Svejk, éstas se vuelven un tanto previsibles a medida que avanzamos en un libro que en la edición que yo tengo tiene algo más de setecientas páginas. También hay que recordar que, aunque se suele vender en un único volumen, o en dos, en principio iba a ser una serie de seis novelas que al final quedó en cuatro, y quizá no sea necesario leerlo todo de un tirón porque puede llegar a cansar. Es lo mismo que diría por ejemplo de las novelas de Maqrol el Gaviero de Álvaro Mutis, por no hablar de la locura que puede ser leer dos novelas juntas de Mundodisco. Ahí cada uno como vea.


La traducción, bien, es la primera vez que se ha realizado directamente del checo al español y parece que supera mucho a la que existía. Sólo he encontrado las típicas aperturas de interrogación mal puestas de vez en cuando, y un insólito "la guerra de los boxeadores" que se le coló al hipotético corrector. Por otro lado, se conserva la ortografía original de absolutamente casi todo, excepto lo que tiene nombre bien conocido en español, de modo que Pragra, Austria, Viena y otros nombres aparecen como los conocemos, y todo lo demás escrito con las para nosotros exóticas ortografías del checo, húngaro o polaco en toponimia y antroponimia. Como no tengo mi pajolera idea de cómo se pronuncia todo eso, batalla perdida como las letras especiales de las lenguas nórdicas, lo leo como me da el Mev a entender y no sufro innecesariamente. En la traducción, inevitablemente, se pierde también parte del cachondeo lingüístico en el que incide el autor, pues el ejército austríaco era una babel en el que se hablaban varias lenguas, aunque la koiné fuese el alemán, sobre todo entre los oficiales, y el mismo Svejk habla el alemán de forma bastante macarrónica, lo que conduce a más de un malentendido o diálogo de besugos. El personaje es conocido en alemán como Schweik, cuya pronunciación aproximada en español (esveic) no sé si coincidirá mejor con leer Svejk a la española, donde esa j se supone que debería ser para nosotros una i.


Svejk es muy querido en los países de la Europa Oriental, hay estatuas suyas en Rusia y Polonia, es una figura habitual en la decoración de tabernas tradicionales e incluso en Estocolmo una conocida cervecería lleva su nombre. Ha inspirado también la creación de otros personajes parecidos, aunque el soldado torpe y bobalicón, pero voluntarioso, es una figura universal, y las parodias o sátiras de la vida en el ejército son algo común en todas las literaturas y cinematografías del mundo donde esas cosas se permiten, e incluso donde no se permiten porque en plena época soviética el escritor Vladimir Voinovich tuvo el valor de escribir el equivalente de Svjk en el Ejército Rojo, La vida y extraordinarias aventuras del soldado Iván Chonkin (editado por Noguer en 1976 y reeditado en 2006 por Libros del Asteroide), y circuló en sus primeros tiempos como samizdat, copias clandestinas de obras censuradas o cuya publicación se desestimaba por motivos ideológicos. Voinovich acabó por exiliarse, y le cabe el honor de que Breznev le retirase la nacionalidad soviética por disidente y menoscabar el prestidio de la URSS, a lo que el escritor ruso respondió: "Yo no he socavado el prestigio del Gobierno Soviético. El Gobierno Soviético, gracias los esfuerzos de sus líderes y a su propia contribución personal, no tiene ningún prestigio. Por lo tanto, en justicia, debería usted retirarse a sí mismo la ciudadanía soviética". Svejk, además, tuvo su propio fanfiction, pero de altura, y nada menos que Bertold Bretch escribió sus aventuras en la Segunda Guerra Mundial, donde llega a dar la chapa al mismo Hitler. Arthur Koestler también dejó a medio escribir una continuación de sus aventuras, porque el partido comunista que se la había encargado se dio cuenta de que le estaba quedando antibelicista ¿Y qué esperabais, lumbreras? Para cine y televisión hay varias adaptaciones, por supuesto.


Por último, una pequeña reflexión sobre las distintas ediciones y precios de los libros. Esta obra, por narices, tiene que estar ya en dominio público después del porrón de años que han pasado después de la muerte del autor, e incluso he encontrado de rebote en archive.org una traducción nada menos que al idish, de 1930. Además de la versión de Destino hay una de Editorial Austral, a poco más de 10 €, y una del 2000 de la para mí desconocida B4P al precio de 7 €, cuya traducción desconozco, así como si es obra completa o no, cosa que dudo. Centrándonos en esta edición cuidada de Galaxia Gutenberg hay que reconocer que su precio original, 35 €, no es demasiado alentador. Pero esto me recuerda las reflexiones de Horacio Váquez-Rial sobre la publicación del clásico Vida y destino de Vassili Grossman por parte de esta misma editorial, y recordaba en estos términos sus intentos de recomendarla a editoriales grandes y pequeñas: "Los editores pequeños, acogotados por la distribución y el miedo al error, ven horrorizados la extensión de la novela, calculan en segundos la inversión que requeriría y se retiran a un rincón a secarse el sudor de la frente. Los grandes, que no se asustan por nada, se apartan como de la lepra de un libro que no va a vender más que cinco mil ejemplares, tal vez el doble en unos años: para eso hay que tener fondo, catálogo y coraje. Mejor hacer frangollos históricos de rentabilidad rápida." Galaxia Gutenberg le echó huevina y la publicó, y según las últimas noticias que tengo vendió 125.000 ejemplares gracias a lo cuidado de la edición y que rápidamente cundió la noticia de que había por las librerías una novela que merecía muy mucho la pena leerla. Salió a un precio elevado, lo sé bien porque se la regalé a mi padre, que esos tochacos históricos le encantaban, y poco tiempo después salió en rústica a un precio mucho más que aceptable. Del mismo modo ahora mismo podemos encontrar en las librerías estas aventuras de Svejk en tres formatos de la misma editorial: la de 35 €, la de 23 €, y la de 12 € en ese formato que nunca he entendido por qué llaman de bolsillo, a no ser que se refieran claramente al bolsillo de un abrigo. Galaxia Gutenberg, está claro, ha tenido éxito con el libro, pues si no no lo habría editado, primero en una edición menos lujosa y luego en formato de bolsillo y barato, por cierto en ese papel grisáceo y que recuerda un poco al de periódico que ya conocemos bien de las ediciones cutrebaratas en otros idiomas, y cuya endeblez explica entre otras cosas su reducido precio. Por cierto: tampoco vale la argumentación, también bastante habitual, de que la editorial debería poner los distintos formatos a distintos precios desde el principio, y que cada uno elija lo que quiere pagar. Pues no, por simple economía de escala: en una pura impresión bajo demanda se puede plantear porque no es demasiado oneroso hacer una que tres maquetaciones distintas, pero precisamente la impresión bajo demanda es tan cara por su escala, un libro de cada vez y sin stock con gastos de envío individuales, mientras que una impresión de varios miles de ejemplares en offset baja drásticamente el precio por ejemplar. Hacer el mismo libro en tres formatos de ese modo, sin saber siquiera si va a funcionar bien, no sólo sería multiplicar el riesgo por tres, sino una idea de una mente no demasiado equilibrada. Ya, a alguna gente se le ocurre, pero eso no quiere decir que la ignorancia no deje de ser muy atrevida.


Veréis: vivimos en un mundo donde todo el mundo sabe de todo, o cree saberlo porque lo leyó en internet o porque escribió él mismo lo primero que se le pasaba por la cabeza, y una vez le dio a Enter y lo vio en internet llegó a la conclusión de que lo que había acabado de poner ahí era verdad. Por eso es habitual que ante la publicación de un libro traducido al español más de un lechuguino, porque ni a idiota llegan, ponga el grito en el cielo sacando que si en Amazon o en el coño de la Bernarda está a mitad de precio, que si sólo buscan enriquecerse con nuestro dinero, que qué ladrones, y ya conocéis la cantinela de siempre de los intelectuales de todo a un leuro de internet que buscan la aquiescencia y el aplauso fácil de los que son tan menguados mentales como ellos, y que no entienden ni lo más básico: que para empezar lo igual debe ser comparado con su equivalente. Es decir: comparar un libro acabado de publicar en España, y que empieza su ciclo editorial, con su equivalente en el idioma original, donde ya ha completado ese ciclo, es propio de un imbécil, o sencillamente de alguien que sólo quiere meter cizaña y lo único que le interesa es ver arder el mundo. Y esto es lo mismo con el negocio editorial que con el cine que con todo: iluminados que se han hecho cuatro cuentas de la vieja y plantean con toda la desfachatez del mundo estrategias inverosímiles o grotescas a gente que lleva décadas en esos campos y que tienen que soportar que niñatos que han leído las cuatro gurusadas de cuatro indocumentados les digan que "no tienen ni puta idea de cómo se hacen las cosas". De hecho es habitual hablar de la baratura de los libros extranjeros casi siempre del mass-market, libros que salen muy baratos en ediciones muy cutres y que están más cerca de lo que fueron nuestros bolsilibros que de otra cosa, o de libros que han sido grandes éxitos y cuyas ediciones en rústica son tan amplias que pueden salir a precios muy atractivos, mientras que las ediciones en España, condicionadas siempre por una población menor y un hábito de lectura escaso, se encarecen por la más elemental lógica de producción que al iluminado internetero o se le escapa o no le interesa entender no vaya a ser que se encuentre con que su mala baba está poco fundamentada. ¿Creéis que los libros son caros en España? Mirad en Portugal, con la cuarta parte de población que nosotros, y os vais a reír de los precios. Del mismo modo algunos libros de ensayo, que en inglés tienen tiradas mucho más notables que aquí, salen en origen y en tapa dura a precios realmente caros, y sólo en el caso de que sean rentables y hayan tenido éxito se plantean después hacer una edición más barata que reporte menos beneficios (el debe y el haber es una constante del universo), y si no es el caso al poco queda descatalogado y luego lo encontrarás a precios desorbitados como libro de segunda mano o mucho más barato, depende como siempre de la demanda que tenga. Comparar eso incluso dentro del mismo mercado en inglés con las múltiples ediciones de El código Da Vinci es de traca, cuando incluso las tiendas de segunda mano y las librerías de ocasión con fines de caridad que se nutren de donaciones de libros se quejan de que el desproporcionado número de ejemplares de ese libro, así como que muchísima gente se desprenda de él (vaya, qué curioso, parece que pocos quieren mantenerlo en su biblioteca personal o piensan releerlo) hace que se tenga que vender a precios realmente ridículos. Es lo básico: lo igual debe ser comparado con su equivalente, y lo contrario es pura mala fe. Y no, no es que las malvadas editoriales quieran publicar muchos ejemplares de un bestseller y muy pocos de un ensayo científico porque quieran volvernos más estúpidos y no quieran promover el conocimiento, sino que reaccionan ante las preferencias del público de la única manera que existe.


Por eso que alguien llegue a pensar que Galaxia Gutenberg, que se dedica a publicar, con un considerable riesgo editorial como explicaba muy bien Vázquez-Rial, son unos ladrones o unos lo que sea por tener que ajustar los precios a un mercado que no permite muchas alegrías sólo puede hacer recordar que en la definición orteguiana del hombre masa una de sus principales caracterísiticas es el desagradecimiento, provocado fundamentalmente por el ombliguismo, una soberbia sin límites y la complacencia en la propia burricie. El hombre masa digievolucionado es mucho más radical que su antecesor y pide mucho más, y por supuesto quiere dar a cambio todavía menos, a ser posible nada, ni un euro y ya puestos ni el saludo, y sobre todo sin dar nunca las gracias por el esfuerzo de los demás, que le hace más daño si cabe si además tiene éxito, porque entonces a sus ojos son todavía más ladrones y su beneficio más injusto en tanto que él se cree merecedor de él aunque no sólo no haya contribuido en nada a su consecución, sino que vio ese esfuerzo con indiferencia o enojo. Yo me alegro un montón de que a Galaxia Gutenberg le vaya bien dentro de lo que cabe en este lento caer económico a la mierda en el que estamos todos metidos, y que venda no 125.000, sino el doble de Vida y destino, y que haya podido hacer varias ediciones de Las aventuras del buen soldado Svejk, pues eso compensará otros títulos que a pesar de su calidad no hayan ido demasiado bien y seguirán ofreciéndonos estas obras. Desde luego prefiero pagar 12, o 35 €, por una buena obra, que no por un frangollo por muy barato que sea o me lo pueda bajar a 1 € desde Amazon en unos segundos, pero que me dan profunda vergüenza ajena ya desde la primera página. Otra gente, ya lo sé, piensa exactamente lo contrario. 

Por cierto: ¿os acordáis de esa edición ultracarísima de la quinta parte de Canción de Fuego y Hielo que muchos clamaron que nadie compraría, que era un robo y tal y cuál? Pues dicen que ya está agotada. Con crisis y todo. 

Svejk será tonto, pero al menos no tiene malicia.

-SuperSantiEgo

7 comentarios:

Miguel dijo...

Svejk es uno de los dioses principales de mi panteón particular. Y la frecuencia con que aparece este tipo de personajes en su literatura hace que los checos me caigan la mar de bien, yo que quiero ser así de mayor. Supongo que ya le conocerás, pero por si acaso te recomiendo otro autor checo, Bohumil Hrabal, que parece un continuador de la tradición de Hasek. Una de mis mini-reseñas: http://personales.ya.com/mic-culturilla/libros/hrabal_trenes.htm

Respecto a la última parte de tu artículo, aunque soy un ser poco amigo del gasto, tengo que reconocer que estoy de acuerdo, especialmente con los ejemplos que utilizas: las traducciones buenas son caras, más aún si son de idiomas del Este de Europa, para los que no hay muchos traductores especializados. Si alguien quiere saber las consecuencias de ahorrar en eso, que intente leer alguna edición barata de "Guerra y paz", traducida malamente del francés: se enterará muy malamente del argumento de la novela, y no entenderá por qué hay gente que dice que es un clásico de la literatura universal, etc.
Mi opción para leer 'Vida y destino' fue recurrir a la biblioteca del barrio, gratis total. Menos mal que los de Galaxia Gutenberg se esmeraron en la calidad de la edición, porque ese ejemplar había pasado ya por muchas manos.

Con un poco de vergüencita pongo un enlace a mi reseña del soldado Schwejk.
Supongo que los alemanes prefieren usar la 'j' porque si escribiesen 'Schweik' habría que pronunciar el diptongo 'Shvaik' y entonces ya no se enteraría ni dios.

He disfrutado mucho leyendo tu artículo, gracias.

Santiago Bergantinhos dijo...

No sólo es una cuestión de la traducción, que también, pero la gente no entiende que un libro no es un objeto al peso, ni en papel ni electrónico, y que hay razones muy de peso (ahora sí), para que dos libros con el mismo número de páginas y formato cuesten dos precios muy distintos.

Si no se entienden los conceptos básicos de tirada, de edición y de precio unitario, además de otros gastos impepinables que permiten que un proyecto sea viable o no, y que incluso si de establece como viable tenga que ser a un precio más elevado, mal empezamos a entender cómo funcionan las cosas.

Afortunadamente sigue habiendo gente que sabe apreciar la labor de los demás sin olvidar que su trabajo conduce no a satisfacer sólo nuestros deseos y necesidades, sino que los suyos son tan legítimos como los nuestros. A ver si dejamos claro que lo de "no me publican tal novela, son malos", o "no estrenan esta película cuando yo quiero, debe ser que me odian" es de un infantilismo que espanta.

La razón por la que en alemán el personaje tenga una transliteración propia, así un poco por intuición y sabiendo cómo funciona en otros casos, es sencilla. En nuestro caso como son países y lenguas con los que hemos tenido pocos contactos culturales, nunca ha habido necesidad de transliterar sus nombres propios o de lugares, excepto los más importantes, mientras que la cultura alemana, en continuo contacto con ellos, lo ha ido haciendo desde siempre, de modo que para ellos es fácil, además de que incluso pequeñas ciudades o pueblos tengan nombre en alemán aparte del autóctono, e incluso en sus tiempos población germanohablante, y que utilizarán con la misma naturalidad en la traducción al alemán como nosotros decimos y escribimos Viena y no Wien.

Miguel dijo...

Volviendo a la carga con los precios de los libros: es un debate viciado, que los propios editores han propiciado, a mi juicio erróneamente. Nunca he oído a nadie quejarse de que un iPad sea caro: si cuesta mucho, no lo compras, y a otra cosa, pero eso de "debería ser más barato porque cuesta X hacerlo" no se suele oír. Pero con los libros, todo son comparaciones y estimaciones de costes de barra de bar. Quizá si los editores y libreros no hubieran tratado de justificarse basándose en costes, pedir un tratamiento especial por tratarse de un bien cultural, etc, el público no se sentiría con derecho a discutir cada céntimo.

En fin, qué día más tonto, a ver si trabajo algo :)

capolanda dijo...

Sobre la(s) novela(s) en sí, pues nada, habrá que apuntarla(s). Aparte de Kafka y de Čapek, del que leí hace poco La guerra de las salamandras, apenas sé de autores de aquellos lares y parece claro que conocer algunos más no me vendrá mal.

Sobre tu conclusión, en el caso concreto de Danza de dragones es posible que se haya agudizado por el hype seguido a la adaptación televisiva de la HBO. Los libreros llegaron a pedir un número de ejemplares que, según la editorial, superaba con creces los vendidos para cualquiera de las anteriores entregas. Aparte, véase esto:

http://lectoriracundo.blogspot.com.es/2012/07/los-libros-de-juego-de-tronos-valen-el.html

También en esa página se quejaba alguien de los precios elevados de "tó" en España, no sólo lo restringía a la literatura. Tuve que recordarle el hecho de que, en número de lectores (y en otros tipos de consumidores) el mercado español era poquito, muy poquito al lado del mercado anglosajón, que es bestial.

Y como comentaste en un post de Imperator, la gente puede ser muy repipi para según qué cosas. Desde los que se compran dos ediciones casi seguidas del mismo tebeo y se excusan con que "deben comprarla", hasta los que no compran nada porque no lo traducen como su fanslator favorito.

Nachop dijo...

En el mundo anglosajón sacan mucha antes la edición rustica y de bolsillo, incluso muchas obras las sacan directamente en el primer formato, incluso el premio Philip K. Dick se da a la novela de Ci-fi así publicada...
En España estiran mucho más la tapa dura y muchas veces saltan de esta al bolsillo sin pasar por la rústica. Digo yo que si es una apuesta arriesgada sería mucho más normal hacerlo al revés, una tirada en rústica a ver como va el mercado y luego la tapa dura para gente más "coleccionista".
Y que conste que "Estiramiento sin sentido y sin tapujos de trama de dragones" me la he comprado en edición 54€. Como he descubierto que el GRR Martin es fan de los Jets y que contesta todo picado en su "bloj" a ese temas en cuando comience la temporada de la NFL va a pagar todas mis frustraciones...
Por cierto, yo también me acuerdo de la serie, creo recordar que la echaban los viernes por la noche...

Santiago Bergantinhos dijo...

Son mercados muy diferentes y con público muy diferente. La tapa dura en España es más bien escasa, salvo excepciones, y las primeras ediciones suelen ser en rústica gran formato, tamaño 6"X9" y precios elevados, una especie de "quiero y no puedo". Pero es algo de hace muchos años, siempre se ha dicho que en España el libro está para hacer bonito o regalar, no para leer.

Las primeras ediciones en bolsillo sencillamente no serían rentables, porque los márgenes son muy pequeños. En otros países las novelas charcuteras tipo Warhammer o de otro tipo se publican baratitas y en mass-market, con ediciones muy cutres y baratas porque el público es enorme y quiere mucho maturrango y muy barato, y con esas tiradas salvajes se pueden abaratar costes de manera que aquí es impensable. Eso mismo aquí se vende en ediciones por lo menos materialmente buenas y salen mucho más caras, pero si intentas venderlo de la otra manera no sólo te puede salir más caro, sino que además incluso puedes sufrir el rechazo del público.

Necio Hutopo dijo...

o que son las cosas... Y yo al personaje ni lo había oído mencionar nunca...