
Si existe el Marlboro Man debería existir el Hombre Abanderado.La camiseta (sucia) mejor lucida de la historia.
[¿Evisceramiento de argumento? Bueno, si insistís...]
Ya decía Federico Guillermo, y luego confirmó Tristan Tzara, que hay en la cultura una necesaria labor de destrucción, de aniquilación. Y para eso tenemos a McClane, la fuerza tanática definitiva, el deletéreo aliento de un avatar de Shiva interpretado por Bruce Willis. Si con Clint Eastwood en El jinete pálido quintaesenciando su papel del Hombre sin Nombre podíamos decir aquello de que "y la muerte iba tras él", con Bruce Willis en la serie Die Hard podemos decir que McClane "es la encarnación de la época de Kali Yuga". McClane está claro que sólo tiene amigos, porque todos sus enemigos no es que estén muertos, sino que los ha matado McClane, y eso cuenta el doble. Perdónenme la blasfemia, pero si a Cristo lo hubiese matado McClane, no lo resucita ni Dios. McClane es más peligroso que la entropía. McClane es como Raid: Los mata bien muertos.
Recuerdo cuando se estrenó la tercera parte, y un compañero y yo contemplábamos el cartel de un cine. Me preguntó si se podía tener la camiseta más sudada y zaparastrosa, y yo le contesté que no, obviamente porque todavía no se había hecho esta cuarta parte, que podría haber heredado sin problemas los lemas de la película de South Park: todo más grande, más ruidoso y sin censura.
Tampoco nos engañemos: el argumento está calcado de la tercera parte, sólo que en vez de robar cantidades ingentes de oro se churimangea la totalidad de los datos económicos de un país, a la vez que se le devuelve a la Edad de Piedra por medio de un Caos Total de naturaleza informática que manda a tomar viento todos los sistemas de información. Lo mismo que hizo Kurt Russell al final de 2013 Rescate en Los Angeles, donde Serpiente, un tipo que alcanza la chulería de McClane, es capaz de hacer surf... ¡en un tsunami! ¿Es el autor de todo este Caos Total un anarcoprimitivista tipo Unabomber? No, obviamente tiene que serlo un geek con cara de estreñido que vio de pequeño Juegos de Guerra y decidió cuál iba a ser su destino en la vida: morir a manos de McClane.
Hay que hacer notar que los malos de la saga de La Jungla de Cristal (Die Hard) están cortados siempre por el mismo patrón: bajo la máscara de la venganza o la convicción política sólo existe el interés crematístico, y todos se enfrentan con la cazurronería de McClane, que por sus santos cojones dice que a él no lo torea nadie. A pesar de ese apellido que parece escocés bajo su pecho debe latir un corazón aragonés, o quién sabe si navarro. McClane es sin lugar a dudas un paradigma de la volición: esto es así porque lo digo yo, y punto, y no me da la gana de morirme aunque me tires encima un misil de crucero. Pa chulo chulo, mi pirulo. McClane, si se le pusiese en la punta, en el Cero Absoluto bailaría una polca.
Si quieres, puedes. Y McClane quiere más que nadie. Como él mismo dice, no es un héroe por elección, sino por accidente, y alguien tiene que serlo porque nadie más quiere. Pocas veces se condensó tanta sabiduría en una sola frase. (Bueno, quizá en la de “Jo jo jo. Ahora tengo una ametralladora”.) Pero no nos engañemos: a McClane le va la marcha. Cuando empieza la película tiene cara de amargado, pero a medida que pasa el tiempo y empieza a acumular escarificaciones, heridas y contusiones se le va poniendo esa sonrisita que sólo sabe poner Bruce Willis, la de “Vais a morir todos como perros y al final sólo yo quedaré en pie”. Porque aunque nos la quieran dar un poco con queso y vendernos el rollito de pobrecito de mí que salvo el mundo tres veces y no soy más que un pobre divorciado al que odia su familia y me va a quedar una mierda de pensión, sabemos que se lo pasa como un enano haciendo esas animaladas. En el fondo él es consciente de que estamos todos allí viéndolo interpretar a un héroe tan absurdo y exagerado como necesario.
Curiosidades: el malo se llama Timoty Olyphant. Lo flipas. Cuánto friki daría la vida por tener semejante apellido. E interpreta a Thomas Gabriel, que por un momento nos deja entrever sus orígenes de terrorista anarcoide o peligroso cuando cita nada menos que a Lenin. Eso hace que uno abrigue esperanzas de tener un original y genuino grupo terrorista que añore los tiempos soviéticos, pero rápidamente se deshace la ilusión, aunque al igual que en la primera parte aparecen malvados mercenarios europeos hablando en francés y en italiano. ¡Desconfiad de los extranjeros y de los que hablan otra cosa que inglés! Hay uno italiano que a mí me recordó a Nick Cravat, y uno franchute que se movía a lo Yamakasi, y al que McClane le da muy mala muerte después de decirle "¡Estate quieto ya, jodío Spider-man!" A la novia china del malo principal, vestida de negro y con botas de cuero para poner bruto al personal, y que se atreve a poner la mano sobre el sacrosanto cuerpo de McClane con eso de las artes marciales, primero le da un recebo de hostias al viejo estilo con arrancamiento de pelos incluido, y luego le proporciona sin recargo una muerte proporcional a la magnitud de su maldad. McClane no es sexista: mata al que le toca las narices sin importarle cuál es su dotación cromosómica.
Detalle trekkie: sale Tuvok.
El geek informático que guía a McClane en este mundo informatizado está interpretado por Justin Long, que realmente se parece a Mathew Broderik en Juegos de Guerra y además tiene la gloria de haber contemplado vestido sólo con gayumbos a Britney Spears vestida sólo con un seductor conjunto de lencería rosa en la incomprendida y gloriosa Crossroads. Hasta el final. E intepretó en Jeepers Creepers al protagonista, al que su hermana dice la frase más famosa de esa película a la que sólo le faltó un final decente: "¿Sabes ese momento de las películas de terror en el que el protagonista hace algo realmente estúpido y todos los espectadores lo odian por ello? Pues estás justo en ese momento." Eso sale en una película francesa y lo llaman metacine. En La Jungla 4.0 tiene un magnífico diálogo con Bruce Willis, justo cuando ya han volado el apartamento del mozo y han salido de un callejón cargándose todo lo había por delante. "¡¿Ha visto eso?!" "¡Jeje! ¡Sí! ¡Lo he hecho yo!"
Obviamente el otro gran momento es el encuentro con Kevin Smith, que aparece en un sótano que seguro que es el paraíso de cualquier friki, y al que nos podemos imaginar corrido de gusto cuando McClane le suelta a bocajarro: "Dime lo que quiero saber o te inflo a hostias en tu propia casa". Reconozcámoslo: ¿quién no vendería su alma por poder decir que McClane le ha dicho a la cara que lo va a inflar a hostias... ¡y además a domicilio!? ¡Qué lujazo! Poco antes McClane ha vacilado al malo preguntándole de dónde saca a los sicarios, y si hay un teléfono al que llamas y te mandan a unos cuántos malos. A mí me pareció un verdadero momento Austin Powers.
La película es un desmadre detrás de otro, y si no fuera tan exagerada sencillamente no funcionaría. La suspensión de la credulidad es también proporcional al carisma del personaje. Si Bruce Willis haciendo de McClane nos pone un camión de cuatro ejes derrapando sólo con las ruedas de un lado mientras se enfrenta a un avión F35 y aniquila los pasos elevados de una autopista (en obras, para que nos creamos que no hay víctimas colaterales), sólo hay que decir una cosa: Nada puede detener al Azote del Cosmos.
El final, ehh... no sé qué deciros. ¿Taquiones?

A la película sólo le podría poner dos peros insignificantes: el personaje de la hija me sobra, tanto por predecible lo que va a pasar con ella como porque introduce un elemento emocional y partidario en las acciones del Avatar del Caos, cuyos actos deberían ser un reflejo puro del principio eterno de la Destrucción. Después, sólo por preguntar: si no funcionan los teléfonos ni nada, ¿cómo es que pueden llamar al servicio de atención en carretera? También he echado de menos una aparición, aunque fuese pequeñita, de Carl Winslow.
Ahora sólo nos queda esperar un poco para que regrese el siguiente John:
Y para acabar os dejo con este vídeo musical:
Y un breve y entrañable recuerdo a la primera de la saga, donde todos aprendimos a apreciar una buena muerte de Al Leong. Fijaos en cómo en uno de los últimos intertítulos se hace una nueva interpretación de la palabra "motherfucker":
[Aquí iba un vídeo en blanco y negro como si la película fuese de cine mudo. Inencontrable a día de hoy.]
-SuperSantiEgo
6 comentarios:
mmm...
Y a mi que la saga de McLane me parece, al menos, mala...
Cuando quiero ver destrucción sin sentido me pongo alguna de Bollywood, en la que además hay absurdos y cancioncitas que nada tienen que ver...
Y pese a todo, he visto las cuatro...
Todavía no me has dicho si a la salida del cine repartían toallitas húmedas para limpiar las salpicaduras de testosterona.
No hay duda, si lo que quieres es destrucción aparatosa y gratuita, gestas heroicas hechas con gesto de "pasaba por aquí" y muchas explosiones, llama a McLane. Y escóndete bien lejos.
Interesante crítica, muy compelta. Estoy de acuerdo en todo, especialmente en la desaparición de Carl y en lo de "Avatar del Caos".
Y gracias por dedicarme el video ¡¡Es la caña!!
La vi ayer, la vi ayer!
Me sobró más que nada el franchute a lo animatrix. ¿Dónde se vio alguna vez semejante (McLane dixit) "puto hamster" en una peli de la saga de sudor y cerveza por excelencia? Sea como sea, McLane ha vuelto: Hondonadas de hostias cubren el cielo. Los ríos desbordan testosterona bañada en sudor. El horizonte se tiñe de rojo...
Bwahahahahahaha!
"no me quedaban balas", oh, yeah. The Man`s back.
Cómo se ve que empieza un nuevo curso, que empezáis a aparecer todos como ratas.
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