9.10.17

Libro: Origen, de Dan Brown. La España que nos merecemos


He puesto el título y la portada en español, pero en este caso he leído Origin, la versión original, porque como podéis comprender no podía esperar dos días a que saliese la versión en español. Por lo tanto puede ser que me haya perdido una "traducción creativa", pero por otro lado, considerando que parte de los diálogos están en español, y que toda la novela transcurre en ¡España!, pues creo que mi elección ha sido la correcta.

Todo el mundo me pregunta: ¿es tan buena como Inferno, de la que todos guardamos tan grato recuerdo? Pues no, la verdad es que no, ni de lejos. Del mismo modo que Gabo tiene un Cien años de soledad, y todo lo demás es muy bueno, aunque él opine que su mejor obra es El amor en los tiempos del cólera, donde echó el resto el gran Dan! fue en Inferno, y en este caso lo que ha hecho es autoplagiarse y tomar como plantilla El chirimbolo perdido, pero como a desgana, y el resultado es completamente desangelado e inane, la verdad sea dicha. Fijaos que casi ni sale el narrador inconsciente, sólo un poco al final.

¿Quiere esto decir que Origen es mala? Hombre, sí, es mala de por sí, con avaricia y con pleno convencimiento, pero es que es mala incluso dentro de la escala de Dan Brown: aparecen en ella todos los elementos danbrowntescos habituales, como la gente que se dice a sí misma "Albóndigas" cuando le ponen delante un plato de albóndigas, además de otras estupideces a las que nos tiene tan acostumbrados, pero no en una cantidad gloriosa que transcienda su propia ignominia de modo que, cual universo que conoce ni límite ni frontera, se dispare al infinito y se salga por el otro lado para llegar a la grandeza absoluta de bajeza literaria, como hizo su predecesora. En fin, ya sabéis, incluso Homero tiene algún párrafo en el que aburre.

Sin embargo, hay algo que redime a esta novela, por lo menos a los ojos de un españolito, y es que Dan! ama a ¡España!, y nos lo quiere demostrar ambientando una novela entera en el solar patrio. Gracias, Dan!, nos honras con tan bello empeño. Lástima que haya amores que matan. Dan!, no nos quieras tanto. No somos celosos: elige otro país, de verdad, no nos importa, ya sabemos que tienes mierda para todos.

Ya siendo uno avezado lector de Dan! la pregunta que cabe hacerse es la siguiente: si sabe lo malo que es, ¿por qué mete en estos líos argumentales? Entiendo que es parte de su encanto, sus novelas van de "se va a liar un CARAJAL QUE TE CAGAS", pero precisamente por eso habría que saber definir cómo es el carajal y cómo se resuelve, cosa que Dan! no está dotado por Natura para hacer ni de lejos. ¿No podría escribir una historia más convencional, donde se resuelve un simple asesinato? Probablemente no sólo no sepa lo malo e incapaz que es, de ahí que salte al vacío cada vez desde más alto sin importarle lo más mínimo si la piscina está llena de agua o de piezas usadas de coche, sino que está convencido de que gracias a él mucha gente medita profundamente sobre LO IMPORTANTE.

Tenemos que tener en cuenta además, para entender estas novelas, que cada novela de Langdon, aunque no lo parezca, transcurre en un mundo paralelo totalmente distinto de las anteriores, donde EL CARAJAL resuelto anteriormente no ha tenido ninguna consecuencia ni ha afectado en nada al mundo. Vamos, que la descendencia de Jesucristo, los Iluminati, la ciencia noética y la esterilización traumática de un tercio de la humanidad ni siquiera ha ocurrido, o eso parece. Es como lo de Rick y Morty, hay infinitas versiones de Langdon, y todas ellas forman parte de la realidad última que es Danbrownlandia. Eso explica también que en este caso estemos en una dimensión paralela en la que la versión de España que aparece es completamente chanante.

Bueno, sin entrar en demasiado detalle, esto es lo que pasa en los 105 capitulinos de la novela. Para darle vidilla a la cosa, y como en el caso de hacerse una peli de ella se necesitará utilizar a varios actores españoles, yo voy dando ideas, por si me oye Ron Howard y quiere oír mis sugerencias. Mi tarifa como director de casting es la habitual.

Empezamos con el típico prólogo, en el que nuevamente nos aparecerá el típico personaje danbrowntesco más falso que un típico billete de 7,5€. En este caso es un brillantísimo científico de ciencias de la computación que de nuevo, qué casualidad, es superamigo y supercolega de Langdon. El menda, un tal Edmond Kirsch, mientras se acerca en tren a la abadía de Montserrat (pronúnciese munnnssserrat), como hacen todos los personajes de Dan, piensa para sí mismo cosas en plan profundo y mistérico, y se dice "Albóndigas" cuando ve que lo está esperando nada menos que un obispo, Antonio Valdespino, que debe ser el Arzobispo de Madrid. La descripción de la escena y la ambientación, en la que lo espera una siniestra figura con ropas talares y una capucha, me hizo recordar la escena de la llegada a la estación de El jovencito Frankestein. El obispo, a lo largo de toda la novela, irá ora vestido de lord sith, ora con su mitra y todos los ropajes de misa mayor, sin término medio. En serio, el tío se nos da a entender que anda por ahí con la mitra y todo, con lo incómodo que debe ser eso. ¿Cómo visten habitualmente ahora los obispos, en España y en el resto del mundo? Pues como los vemos cuando aparecen en las noticias de la Conferencia Episcopal, con un sobrio traje gris oscuro y un alzacuellos, y si ya es raro ver a un cura que lo parezca por la calle y no con ropa normal, verlo con sotana es totalmente infrecuente, del mismo modo que ver a monjas de pingüino es algo que ya llama la atención. El arzobispo, por cierto, no sólo no parece conocer el aspecto físico de la persona a la que va a conocer, el reputado científico de computadoras, sino que además parece no haberse documentado ni lo más mínimo sobre él, así que cree que "teoría de juegos" tiene que ver con videojuegos. Ya sabéis, lo de siempre: personajes inteligentes y maquiavélicos que luego se preguntan por qué dos y dos son cuatro. Por su parte el autor nos dice que el científico va vestido con un Kiton K50, que si no sabes lo que es, te jodes, y puedes imaginarte que va con un bañador olímpico marcando paquete o, para el caso, vestido de payaso. Creo que de éstas luego mete algunas más, pero no es tan escandaloso como en Inferno.

Para la película, me imagino a Edmund Kirsch como... no sé, podría intepretarlo Elijah Wood, por decir algo. Y el personaje de obispo, pues Jaime Peñafiel. Que ya sé que no es actor, pero este conocido periodista español, especializado en ecos de sociedad y bien conocedor de los tejemanejes de las familias de las testas coronadas vio con malos ojos el enlace morganático de nuestros Felipe y Letizia, así que ya que el obispo en cuestión también se opone al enlace entre el príncipe heredero y su prometida en la novela, me parece que viene estupendamente. De paso recuerdo que allá por 2013 o por ahí aseguró, sin sombra de duda, que el actual rey emérito estaba más que dispuesto a morir con las botas puestas y que nunca abdicaría bajo ninguna circunstancia, suceso que ocurrió el de la abdicación, como todos sabemos, al año siguiente.
Porque tetas.

"Letizia es el Mal, y lo sabes".
Pues bien, el pitagorín de los ordenadores va a reunirse en secreto en Monserrat, al amparo de la Moreneta, con tres representantes del Parlamento de las Religiones del Mundo, institución que por existir existe, aunque al final lo único que hace es reunirse con el obispo, un rabino jasídico húngaro, que lleva un sombrero fedora, como Indy, y un imán musulmán, que se reúnen allí con un tío que les dice que les quiere pasar por el morro un vídeo en plan charla TED en la que todas las religiones van a quedar definitivamente hechas unos zorros, porque el tal Kirsch, interpretado por Elijah Wood, es un conocido ateo al nivel de Dawkins o Dennett. Las razones por las que esos líderes religiosos, además viajando desde el quinto pino, acceden a semejante reunión, se me escapan. Pero vamos, que el tipo les quiere enseñar el vídeo en su phablet, que Dan nos describirá varias veces como "un smartphone muy grande", lo que viene a ser un phablet. Se reúne con ellos en una biblioteca, que como está en un monasterio tiene que ser oscura, misteriosa y contener volúmenes secretos que la Iglesia quiere mantener a buen recaudo. Cuánto daño le han hecho al mundo este señor y Ruiz Zafón. También, por primera vez, se hace referencia al Mar Balear, una forma bastante extraña y pomposa que no es que sea incorrecta, pero que rara vez se utiliza porque con decir el Mediterráneo ya sabe uno de qué está hablando.

Bueno, que les pone el vídeo, y Dan cree que a nosotros los dientes largos porque todavía quedan muchos, muchos capitulinos para saber cuáles son las impresionantes revelaciones que contiene, ya que no lo veremos/leeremos hasta el final, porque mira que ver el puto vídeo cuesta, y aquí es donde vamos a empezar a pagar por verlo, con sudor.
Me da igual la cara que me pongas, Tom. Te ha tocado otra vez.
Como ya he dicho, el molde de esta novela es El símbolo perdido, así que empieza del mismo modo, y seguirá más o menos el mismo esquema, sólo que de forma mucho más inane y deslavazada. Por tanto ooootra vez, Langdon tiene un amigo, antiguo discípulo en este caso, que lo invita a una velada/presentación/conferencia (táchese lo que no proceda), y en este caso Tom Hanks se presenta en Bilbao en el Museo Guggenheim, vestido de frac (tails en inglés, no confundir con el zorro amigo de Sonic), porque el señor es un despistado y se equivocó al echar mano en su guardarropa, así que imaginaos el dolor de tener que imaginarse uno a Tom Hanks durante 640 páginas vestido como Fred Astaire o Tip y Coll porque por alguna extraña razón Dan Brown cree que darle carácter a un personaje se basa en detalles como éste, además de que anda que el señor no podría ir a un Cortefiel en Bilbao en un ratito y comprarse algo más adecuado, por ejemplo.

Así que el señor, vestido de boda regia, se encuentra mirando al perro Puppy, que no le termina de convencer, y a lo largo de su estancia en este museo mostrará cierta aprensión hacia el arte moderno en general, él que es de gustos tan clásicos, así que tuve que acordarme del chiste que se contaba cuando se empezó a construir ese museo y se criticó el dineral que iba a costar:

"Oyes, Patxi, ¿pues qué piensas de todo el dinero que van a invertir en Bilbao con lo del Guggenheim?"

"Bueno... ¡si mete goles...!"

Avanzando un poco más se encuentra con Maman, la escultura de una gigantesca viuda negra con un saco de huevos, que tampoco le da buen karma, y a cuyas patas está un tipo... que se dice llamar Fermando, va vestido con un sherwani, que es un chaqueta larga india que llega a las rodillas, y que luce un bigote tipo Salvador Dalí. Os dejo un momento para que os imaginéis la estampa: Bilbao, en el museo Guggenheim, bajo las patas de una araña gigante, te aparece un tipo vestido como un indio de La carga de la brigada ligera y que luce un bigote dalinesco. Así os lo voy a decir: eso no se le ocurre ni a Moebius. Yo quiero saber cómo funciona la mente de Dan Brown. Probablemente el departamento de neurociencia del Instituto Max Planck también. Lo más cachondo es que el tal Fernando está ahí para poner a los invitados la típica etiqueta de "Hola, me llamo", así que tenemos un acontecimiento cultural exclusivo sólo para unos pocos elegidos al que hay que ir bien elegante, como se nos ha insistido, y en el que te ponen una roñosa etiqueta adhesiva en la ropa, y no  una acreditación bien elegante, como se hace en cualquier lugar civilizado. En ese pequeño pero sin duda lucido papel de vasco disfrazado de indio con bigotes de Dalí yo me imagino a Gorka Otxoa.
Sin duda inspirado por la primera presentación del iPad, donde Steve Jobs y Apple sencillamente dijeron "Les invitamos a conocer nuestro nuevo producto", sin especificar si era una batidora o qué (aunque sí se sabía lo que era), todo el mundo está allí porque un señor muy importante les va a hablar de algo, lo que sea ya se verá. Ya sabéis: justo como te garantizas que todo el mundo va a pasar de ti, porque las cosas nunca se hacen así, por muy importante que seas, y menos todavía una institución como el Guggenheim organiza a ciegas algo en esas condiciones. El científico, por cierto, tiene ya cuarenta años, y Langdon fue su profesor en Harvard, así que aunque en este caso Dan Brown se calle en decir la edad de su personaje, que siempre nos recuerda lo bien que se conserva y qué edad tiene, en este caso se calla, aunque cualquiera puede deducir fácilmente, por las inevitables leyes de las matemáticas y del sentido común, que Langdon ya debe estar entradito en los sesenta. El Kirsch, por supuesto, es como Jobs y Gates juntos, pero de verdad; es decir, que sí es un programador y además un gran empresario que ha hecho avances espectaculares en el mundo de la computación y que ha amasado una enorme fortuna, pero no se nos especifica en qué porque no sabemos si vende software o hardware, pero que es la polla en pepitoria, vamos, el típico amigo superimportante de los que Langdon tiene a docenas.

Por razones que sólo los hados conocen, en vez de vivir donde todo el mundo que quiere ser alguien en ese campo, en Silicon Valley, el lerenda decide que quiere vivir en España, y, nos aclara Dan, esto es por "el encanto de viejo mundo del país, su vanguardista arquitectura, excéntricos bares de gin tonic y el perfecto clima"; las infraestructuras, los incentivos fiscales californianos y tener a porrillo personal de primera clase, lo de menos. Si es que como en España... no se vive en ninguna parte.

Langdon y Dan nos cuentan cosas del Guggenheim que podríamos leer en la Wikipedia, y desbarres sobre el arte moderno que aparte de ser poco acertados... no tienen nada que ver con la trama de la novela, están por estar, serían aceptables si estuviesen cuidados y sirviesen para una ambientación necesaria para el tipo de novela que se escribe, pero que sólo están para dar la impresión de que autor y personaje saben de qué están hablando, cosa que nos damos cuenta que es que no.

Es entonces cuando conocemos al almirante Luis Ávila, interpretado por José Coronado. A ver, porque esto también es complicado: imaginaos a José Coronado vestido "de bonito", con el uniforme blanco nuclear de la honrosa Armada Española que dominó los siete mares, en Bilbao, tomándose una tónica en uno de esos supefashion bares españoles de gin tonics, el tipo que sabemos, desde que hemos leído la sinopsis del libro que ya nos ha destripado bastantes cosas, que va a ser el que mate a Elijah Wood en la presentación, y que el narrador nos aclara que está todavía de muy bien ver y es un madurito interesante, por lo que la camarera piensa que es un filf y le pone ojitos. El pobre hombre recuerda que perdió a su familia, cágate lorito, en un atentado no reivindicado por nadie contra la Catedral de Sevilla, y claro, además de sentarle muy mal, el señor se convierte en el Punisher. Y cuidado, que en esta dimensión paralela no sólo ha habido ese atentado en Sevilla, sino que además con toda la naturalidad del mundo parece que en un oficio normal y corriente, que es lo que sabremos más adelante, están comulgando bajo las dos especies, pan y vino, algo realmente muy excepcional en la liturgia católica. Dan tiene una especie de sexto sentido, es como si tuviese un don natural para meter la pata y tropezar en todas las ocasiones en las que tiene oportunidad de fallar. Está uno pensando en estas cosas y sobre el profundo conocimiento que tiene Dan de las culturas foráneas cuando en el desierto bar entran dos hooligans irlandeses borrachos que estarán en Bilbao, yo qué se, por algún partido de la Champions, y que no tienen otra cosa que hacer que cachondearse de un tipo que es a las claras una autoridad militar, algo que incluso los borrachos creo yo que se dan cuenta de que puede acarrearte algún problema si estás de visita en un país extranjero. Pero Dan ha visto demasiados episodios de Los Simpson y Family Guy sobre irlandeses, así como una película de Sean Connery en la que ese actor, ya mayorcito y vestido de militar, le da una zurra de impresión a unos borrachos de taberna que se hacen los graciosos, lo que obviamente ocurre en la novela en una sucesión de tópicos lamentable, incluida la llamada de José Coronado a la policía antes de empezar la pelea para avisarles de que hay dos hombres heridos y que manden un equipo médico para atenderlos.

Cuando sale del bar a la camarera se le han caído ya las bragas al suelo, claro, y eso que no sabe que en la palma de la mano el repartidor de hostias a mano abierta lleva tatuado un víctor, un símbolo muy antiguo luego apropiado por el franquismo. Por razones que se me escapan... no, qué coño, no se me escapan... porque Dan es un incompetente y miente como un bellaco en los agradecimientos del final sobre que se ha documentado y ha consultado con expertos en todos los campos y palos que toca la novela, nos dice que el víctor se relaciona con el crismón... y por alguna extraña razón le da su nombre en español, lo que no viene en absoluto a cuento en ese momento, ya que en inglés se conoce como Chi Ro, las dos letras griegas cruzadas que lo componen. Es decir: Dan está despistando, sin ningún provecho, a sus propios lectores primarios en inglés, que ya es difícil que supieran lo que es un Chi Ro, y además en este caso se olvida de dar la pertinente explicación erudita  copiada de la Wikipedia, pero es que si lo citas por su nombre en español, no lo va a pillar nadie. Por si fuera poco en algunas ocasiones se escribirá... fútbol, con la adaptación fonética del español, no football ni soccer, lo que también es curioso, por no decir una soberana memez. Si ya me pone que unos personajes "are drinking güisqui", es que yo ya.

El almirante dice, por cierto, seguir la órdenes de un tal Regente, la figura en las sombras que nos faltaba y que dirige todo entre bambalinas, y que le asegura que si lo detienen no tendrá más que mostrar el víctor que lleva en la palma y sus acólitos que tiene por toda España lo ayudarán. Después de darle a los irlandeses lo suyo, y devolverlos a hostias a los capítulos de dibujos animados de los que no debieron salir, el almirante se va del bar dejando a la camarera más insatisfecha que un aficionado del Atleti de Madrid, pero él sólo tiene ojos para un rosario de grandes proporciones que lleva en el bolsillo. Ya no vamos a entrar en lo poco habitual que es ver por la calle a un oficial retirado de alto rango vestido de gran gala, pero todavía más raro sería verlo precisamente por Bilbao, y si lo que quieres ir es a cometer un crimen... pues no sé, podrías ir vestido directamente de ninja e igual la gente no repararía tanto en ti. Para luego demostrarnos cuáles son sus verdaderas referencias culturales Dan nos contará, cuando el almirante ya se encuentre en el Guggenheim, que se cruza con el tejano escandaloso que aparece en varios episodios de Los Simpson, y que le preguntará si lleva un disfraz, porque claro, si eres un tejano sólo sabes de vacas y como mucho de petróleo, no te llega el selebro para entender que en un acontecimiento cultural un militar asista vestido de gran gala, algo que se hace en todos los países del mundo, además de que ignorará por completo quién fue Nimitz, obviamente.



A Langdon en el museo le dan una audioguía con auriculares, como a todos los invitados, y la voz tiene un sofisticado acento inglés que al personaje le recuerda a la voz de Hugh Grant, al que esperamos que contraten para la película. La voz lo va guiando por una serie de obras que no nos importan ni lo más mínimo ni aportan nada de nada, y al final descubrimos que no es que la voz sea una grabación, ni que cada uno de los invitados tenga un guía dedicado a cada uno, sino que, y aquí ya empezamos con el flipe, Langdon está hablando con una de las creaciones de Kirsch, una IA que, para entendernos, es tan versátil y potente como Kitt o HAL, que puede tener conversaciones independientes con cada uno de los invitados y mantener con ellos eruditas conversaciones sobre arte moderno en cualquier idioma. De momento lo dejamos ahí.

Luego, por primera vez, nos aparece un capitulino de ConspiracyNet. com, que es un cansino recurso narrativo para hacer que la novela parezca muy moderna pero que consiste en eso, en un par de páginas donde se nos va comentando lo que ocurre en la novela y lo que más o menos ya hemos visto que ha sucedido, pues el acontecimiento ha creado expectación a nivel global, dada la fama del conferenciante.

Para resumir toda una subtrama que tampoco aporta mucho y que sólo sirve para interrumpir la principal, al imán y al rabino les terminan dando matarile por medio de asesinos que han sido contratados por medio de la deep web, y a los que han pagado con bitcoins o similares, y además de por una conversación amenazante que ha tenido el obispo con Kirsch y por otros detalles, se nos parece insinuar que es el arzobispo el que está detrás de toda la conspiración, no quiere que se retransmita el vídeo que va a acabar con las religiones del mundo y para ello no sólo va a matar al genio de los ordenadores sino, ya puestos, a las otras dos únicas personas que lo han visto con él. Por cierto que lo estoy llamando arzobispo porque es lo que parece que es, y que es el que manda en la Almudena, pero la empanada mental de Dan sobre la Iglesia Católica es impresionante porque luego dirá el mismo personaje que rechazó ser cardenal porque no quería ir a Roma y marcharse de Madrid, que es donde mangonea a gusto a la familia real y la política del país. Y ahí está el detalle: en primer lugar, hombre, por poder puedes rechazar el nombramiento, pero a partir de ahí igual tu carrera eclesiástica a saber si se va a la porra, igual te destinan a una diócesis mucho menos importante, y sobre todo y lo más importante, un arzobispo ya es de por sí un cardenal que tiene bajo su mando a varios obispos, así que es que debería serlo ya. Y además, es que es de cultura general: no todos los cardenales viven en Roma, sólo se reúnen allí todos juntos en concilios y cónclaves. Igual en esta dimensión paralela las cosas son diferentes, no sé.

Langdon sigue su visita guiada por el museo intentando acabar con nuestra paciencia, y en una de las instalaciones del museo, al verla, se dice para sí mismo, dentro de él mismo de su mente interior que a veces desea comer albóndigas: "He entrado en un universo paralelo", lo que tiene mucho sentido porque, como ya he dicho, cada novela trata de un Langdon distinto de un universo paralelo diferente, o puede ser que haya entrado en la dimensión 1Q84 de Murakami donde conocerá a un profesor de matemáticas que lo invitará a ensalada de pepino y sopa de miso. Ya sabéis que yo creo en la Teoría del Campo Ficticio Unificado, así que de una forma u otra todas las historias se relacionan y entreveran, y eso es así

El almirante pasa por seguridad del Museo, y el guardia lo único que dice al ver el rosario es que es muy bonito. Luego sabremos, y no era difícil de deducir, que en realidad es una pistola de plástico y cerámica hecha por impresión de 3D, que el Regente le dijo cómo hacer. Es decir: el rosario no es que sea grande, es que debe ser... pues eso, del tamaño de una pistola capaz de pegar un par de tiros a una distancia corta. Vamos, un cantazo de rosario con una cruz enorme y cuentas a juego que no cabría en ningún bolsillo de una guerrera militar, y que en compañía del traje poco más o menos equivaldría a un "aquí pasa algo raro" escrito encima del almirante con letras de neón. ¿Qué piensa el guardia de seguridad cuando lo ve? "Bonito rosario". Me pregunto si el almirante será familia de Gatúbela, la sensual agente secreto que iba de incógnito montada en una moto vestida con un ajustado traje de una pieza para no llamar la atención. El almirante, por dentro de él mismo, se dice que lo hace "Por Dios, por la Patria y por el Rey", lema del carlismo, facción dinástica que provocó tres cruentas guerras civiles en el s XIX de las que ahora no se acuerda casi nadie, y que terminó siendo fagocitada a la fuerza por el franquismo.

La voz de la IA, que es algo cabrona, hace que Langdon se meta por una instalación que viene a ser una especie de paredes en espiral que acaban en un espacio diáfano central, un laberinto. La palabra "laberíntico" se emplea mucho en la novela. Todo es laberíntico, cualquier cosa que tenga más de dos pasillos o de dos pisos es por definición un laberinto, incluso se utiliza esa palabra para definir el Palacio Real, edificio que es grande como él solo y tiene más de tres mil habitaciones, pero laberíntico precisamente no es, porque no está diseñado ni de lejos para serlo ni esa es su intención, a ver si aprendemos a utilizar las palabras como se debe y no al buen tuntún. Del mismo modo, todas las bibliotecas parece que son oscuras y enigmáticas, con lo bien que viene tener una luz para leer los títulos, por ejemplo. Como Langdon es un personaje con muchas facetas, es claustrofóbico, debe ser porque en su dimensión hay demasiados laberintos en los que perderse y eso crea traumas, así que se mete en esa estructura con algo de aprensión, pero lo consigue, y allí se encuentra con su antiguo alumno y amigo, al que encuentra algo flacucho y desmejorado. Por cierto: el Kirsch va a dar la conferencia vestido de forma completamente informal, mientras que sus invitados van de punta en blanco, pero para ir a visitar a los líderes religiosos a los que desprecia, así como a sus creencias, va con un elegante traje Kiton K50 hecho a mano que cuesta 40.000€. Los personajes bien construidos son así: complejos y con contradicciones. Hablan de chorradas y, obviamente, Kirsch le cuenta el encuentro con los líderes religiosos y por supuesto... que teme por su vida.  Sí, en esta novela, como en todas las de Dan, puedes al final de cada capitulino imaginarte un ominoso y sonoro: ¡Chan-chan-chan!

Como suele ser habitual, Brown mezcla cosas que son verdad con otras que sólo son lugares comunes, así que le da tiempo a todo: a decir vaguedades sobre el conflicto entre ciencia y fe, a citar a Galileo olvidándose que en otros tiempos el mismo científico italiano fue amigo y protegido de los Papas, etc. Por otro lado, se nos recuerda la influencia constante y actual de la iglesia en el gobierno español. Ya sabéis, en un país, señor Brown, que aprobó el matrimonio gay diez años antes que el suyo, se puede abortar legalmente y donde obviamente existe la influencia de las confesiones religiosas como en tantas democracias modernas, nos joda más o menos. No somos la antigua Albania, pero tampoco la actual Utah.

Mientras, el arzobispo está en la Almudena, viendo los prolegómenos de la conferencia en la pantalla del ordenador vestido como si fuese el día de Domingo Santo, ya son ganas, con la caló que debe dar todo eso. La cámara se centra en la directora del museo, que es además la prometida del heredero y unigénito de la corona, el príncipe don Julián, unión que el bueno del arzobispo no ve con buenos ojos, porque entre otras cosas es una mala munhé que permite que en su museo dé conferencias un ateo más malo que el demonio colorao, y por si fuera poco es... vasca, y se llama Ambra Vidal. Don Julián me lo imagino interpretado por Alejo Sauras, que es así bien templao, y para su prometida tengo dudas, aunque me imagino que elegirán a una actriz bastante joven, con proyección internacional. Clara Lago podría valer, que aunque no es vasca interpretaba a una en Ocho apellidos vascos, y María Valverde también podría estar muy bien, pero me ha dado el punto y recomiento a Ron Howard que se fije en la cubana Ana de Armas, luego ya él que haga lo que quiera.

Nuevamente, Dan demuestra tener un sexto sentido para cagarla. Elige en esta realidad alternativa que el príncipe heredero, el Preparado que les ha tocado en suerte, se llame Julián, un nombre que igual mucha gente no se ha dado cuenta, pero es un nombre de muy mal fario para la monarquía española, así que dudo mucho que ninguna cabeza coronada española diese a su heredero el nombre del conde ceutí que traicionó a la monarquía visigoda permitiendo la entrada de los musulmanes y el comienzo de una ocupación de setecientos años.

Otra gente que va a hacer acto de presencia, y que por ejemplo constituye la escolta de la prometida y futura reina, es la Guardia Real. Obviamente la Guardia Real existe, es uno de los cuerpos militares más antiguos del mundo y además de hacer un cambio de la guardia que es muy vistoso para los turistas chinos y japoneses, cumple con funciones protocolarias y de otro tipo, pero desde 1979 ya no se encarga de la seguridad de la familia real española, funciones que desempeña, como en cualquier país normal, una unidad especial compuesta por las fuerzas de seguridad del Estado, policías nacionales y guardias civiles en nuestro caso, y que se encargan de funciones análogas a las del famoso Servicio Secreto que estamos cansados de ver en las pelis protegiendo al POTO (President of the Omniverse). Pero esta realidad nuestra es demasiado prosaica, así que Dan se inventa que la Guardia Real tiene un centro de mando en plan CTU de 24 en el Palacio Real, a las órdenes de un señor con bastante mala uva que me imagino que bordaría Antonio Resines, y donde se encuentra también una pizpireta y joven jefa del departamento de relaciones públicas, papel que le vendría como anillo al dedo a Cristina Pedroche. Para darle un toque de color y exotismo ponemos además a un indio especialista en informática en el cuerpo de seguridad de la Guardia Real, esperemos que interpretado por el mismo que sale en The Big Bang Theory. Mientras leía la novela me lo imaginé hablando con la voz de Apu.



Por cierto que, nuevamente, Langdon es un profesor de Harvard culto y listo de la muerte, pero se extraña de ver a la Guardia Real en el recinto, y aunque es buen conocedor del país y de sus ciudades y monumentos parece hacerse de nuevas con cosas elementales, como la situación de la actual casa real de su dimensión, y su conocimiento es completamente incoherente según convenga a cada escena, dependiendo si en una toca hacerse el listo y erudito o es necesario que pregunte lo más evidente para que alguien le conteste y el lector se entere de un dato importante a tener en cuenta. Por otro lado, y ya introduzco aquí este tema, tampoco nos queda claro si Langdon sabe español, o sólo algunas palabras y frases sueltas, igual que era una autoridad mundial en la obra de Dante pero luego no era capaz de leerlo en italiano. Y es que Dan se mete en otro berenjenal de los buenos en esta novela con el aspecto lingüístico. Todos sabemos que hay convenciones fáciles de entender: si unos humanos y extraterrestres están hablando entre ellos en Babylon 5 entendemos que lo hagan en el esperanto del futuro que se hable en esa época y que casualmente es igual al inglés contemporáneo, pero en cuanto los extraterrestres se queden solos se pondrán a hablar en su lengua aunque nosotros seguiremos oyéndolos y entendiéndolos como si no lo hubiesen hecho. Vamos, cae de cajón. Pues bien: Dan ha conseguido inventarse una especie de "novela subtitulada" porque no parece moderno que todos sepamos que los personajes que pululan a su alrededor hablan en inglés con Langdon, y que cuando se produzcan diálogos entre personajes españoles éstos se producirán en español. Pues bien, Dan nos recuerda esto siempre, en cada una de las ocasiones, no nos vayamos a olvidar de eso, cosa que no se hace en las novelas habitualmente pues es poco menos que decirle al lector que es tonto. Pero es que incluso esa decisión es incoherente: varias veces se dejan frases simples sin subtitular, no aparece a continuación su equivalente en inglés, y lo que es más grave: cuando el personaje español dice algo escrito en español, y luego tiene la típica autorréplica para sí mismo en la intimidad de su mente única de él para decirse algo profundo como "Albóndigas", aparece en inglés, lo que lo deja a uno descolocado porque parece que está pensando en ese idioma. ¿Era tan complicado explicar una vez, por deferencia para los despistados, que los personajes españoles hablan español cuando no está Langdon presente, y luego no montar semejante cacao? Si estás escribiendo en inglés, te ciñes a ese idioma y sólo pones algo en otro o provocas algún momento de traducción si eso contribuye a la trama, lo demás es montar un cirio sin necesidad. Incluso hay un momento en el que el diálogo es evidentemente en español, pero un "He's gone" se interpreta como "Ha muerto" y no como "Se ha ido", algo posible en inglés pero no en español. Pero algo hay que decir a favor de este cacao: quien revisó y dio el visto bueno a las frases en español sin duda fue un español, pues todas las palabras y expresiones son en español ibérico, incluido un sonoro "¡Hostia!" que dice un personaje en un momento de frustración, algo que explica que haya un momento de homenaje del autor al citar a Antena 3 Televisión y al Grupo Planeta, encargados de publicar su obra en español, de modo que es fácil entender de dónde procedió esa ayuda, aparte de que Dan habla un castellano bastante decente. En un momento se nos recuerda también que la palabra para computer en español es ordenador, algo no muy exacto pues sólo se utiliza en España, y fue por calco del ordinateur francés, y que tiene que ver con ejecutar "órdenes" programadas, no con crear "orden", como se nos dice aquí. Como veremos más adelante, sí hay un momento donde se comete una falta de ortografía bastante significativa.

Llevamos ya la cuarta parte de la novela y aquí no ha pasado nada de substancia, así que aceleraremos un poco: Langdon y el resto de los invitados, con una paciencia infinita, soportan todo el chou que ha montado el geniecillo informático que los lleva de un lugar a otro del museo, la futura reina de España hace la presentación y ven un publirreportaje contrario a la religión para ir abriendo boca, y cuando el tipo importante por fin aparece y empieza a hablar, y antes de que pueda darle al play del plato fuerte para explicar lo que sin duda hará que todo el mundo se convierta en ateo, el almirante le pega un tiro y lo deja pajarito, aunque en el último momento Winston, la IA, se ha vuelto a poner en contacto con Langdon para decirle que se va a producir el atentado, así que Tom Hanks estaba de camino para advertir a la directora del museo cuando todo ocurre. Nuevamente, en vez de ponerse a gritar como un loco, cosa que puede que funcione, Langdon se queda ensimismado mientras se queda mirando a su amigo e intenta enviar un mensaje telepático que leemos en cursiva: "¡Edmond! ¡Algo va mal!" Que no, Langdon, que no eres telépata, y por pensar "Albóndigas" muy fuette el universo no va a conspirar a tu favor para que materialice un plato de albóndigas delante de ti, es mucho más efectivo decir alto y claro a la persona adecuada que quieres un plato de albóndigas. Por cierto que la promesa del Kirsch es que su vídeo que todos van a ver en primicia aclarará de una vez por todas las grandes dudas de la Humanidad: Quienes somos, de dónde venimos, y a dónde vamos. Lo que nos permite gozar a continuación de unos minutos musicales.



Lo digo en serio: en esa letra de los cachondos de Siniestro Total hay mucha más inteligencia y comprensión del mundo que en toda esta novela. Ron Howard, cuando hagas la peli y el almirante se esté tomando una tónica mientras espera a que lleguen los dos irlandeses para que les calienten el lomo por simpáticos, que de fondo se oiga esta canción, toda España te lo agradecerá y a pesar de todo lo demás que ocurra saldremos satisfechos del cine. Uno de los fundadores de Siniestro Total, por cierto, se llama Julián.

El almirante huye, porque además del crucifijo que se convierte en pistola tiene las poderosas cuentas del rosario, que se imagina uno que tendrán explosivos, bombas lacrimógenas o lo que sea, en plan cinturón multiusos de Batman... ¡Hombre, ya me parecía a mí raro que no hubiese salido todavía Batman en esta novela! Bueno, sí, vale, lo he invocado yo, pero es que me hace ilusión que también aparezca en esta ocasión, faltaría más. ¡Di hola, Batman, y gracias por pasarte a saludar en esta crítica a Dan Brown, ya sabes que en La Realidad Estupefaciente tienes tu casa!
"Por mis ventiladores, lo que haga falta."
Bueno, pues no: el rosario sirve para atrancar una puerta y que el almirante pueda escapar dejando a sus perseguidores con un palmo de narices, porque aguanta que no veas, así que el seguridad tiene que pegarle un tiro, lo que le provoca un momento de verdadero cargo de conciencia al pobre hombre por dispararle a un rosario, no tiene otra cosa en qué pensar el señor en ese momento, y se dice entre él mismo dentro de su interior: "Qué Dios me perdone" [sic]. Macho, tan buen católico no debes ser si tienes dudas de que exista más de un dios. Ah, y luego hay gente que todavía cree que un simple acento no puede cambiar un texto por completo, o darle un significado completamente nuevo. Qué traicionero es el corrector automático, no te puedes fiar de nadie en este pícaro mundo, y del MS Word todavía menos. Y a todo esto, si el atribulado guardia real va a disparar a las cuentas del rosario y las está viendo, ¿no está ya del lado adecuado de la puerta? ¿O es que el almirante la cerró y la atravesó luego entrando en fase, como un monje shao-lin? Misterios. La cuestión es que en el interior del salón de actos reina el caos y a Langdon, que iba camino de advertir a la futura reina de España de la situación, uno de los guardaespaldas le hace besar el suelo.

Para no ir al grano y a lo que importa, se nos hace perder el tiempo con una subtrama que va totalmente por libre en la novela, que es la de la familia real. Pero vamos, es que prácticamente ni se relaciona, está casi casi para despistar y poco más. Resumiendo: el obispo se escaquea con el heredero y se lo lleva a la Casita del Príncipe, que está en El Escorial, luego resulta que han ido a El Escorial porque allí está el rey agonizante, y cuando llegan allí resulta que el señor tan enfermo al que llevan en silla de ruedas no tiene mejor idea que haberse ido a... El Valle de los Caídos. De puente a puente porque me lleva la corriente. Resumiendo: se pasan casi toda la novela en el asiento trasero de un coche. Desde el punto de vista de la narración, esta subtrama, ya digo, no pinta nada, menos todavía que la de los criptógrafos de El símbolo perdido, pero desde el punto de vista de ambientación sórdidoespañola, es una delicia. A lo largo de distintos recuerdos, nos enteraremos de cómo se conocieron el heredero y la vasca, en el Museo Reina Sofía donde está el Guernika, y en una nueva pirueta mental incomprensible resulta que ambos los dos en pareja binaria se ponen a hablar entre ellos en inglés, así sin demasiada explicación. Lo típico, que si pelan la pava, que si escapaditas y lo demás, hasta que hay un delicioso momento en el que el mozo, como es de esperar, se declara a la chica y la pide en matrimonio, cosa comprensible y bastante normal porque por muy príncipe que sea se tendrá que vestir por los pies y mear como hace todo el mundo, o proponer matrimonio a su novia. Lo que pasa es que Dan cree que las cosas se hacen... de forma poco convencional en nuestro país, o mejor dicho de forma completamente convencional si tu única verdadera referencia cultural es la televisión, así que don Julián, Preparado I de Danbrownlandia, pide en matrimonio por sorpresa a la pobre chica...

EN DIRECTO, EN EL PROGRAMA
DE ANA ROSA QUINTANA

Para los que no tengáis la dicha de conocer la televisión española, Ana Rosa Quintana es una presentadora de programas de la mañana con entrevistas, cotilleos y demás, similar a Oprah en USA o Laura Bozzo en Perú. Vamos, que cuando están entrevistando en ese programa a la directora de uno de los más prestigiosos museos del país de repente aparece por sorpresa el príncipe heredero, hinca la rodilla y le pide ante toda España, y ante todo el mundo a través de los canales internacionales, que se case con ella. Y claro, la chica, como para decir que no, por un lado quiere al mozo pero tanta precipitación no le gusta y siente que la situación es muy forzada, sobre todo porque me parece a mí que se da a entender que no han tenido todavía conocimiento carnal entre ellos. La situación se complica todavía más porque al poco de la declaración ella le confiesa... que es estéril, así que difícilmente le podrá dar un heredero. Pero ojo cuidao, ni siquiera es una esterilidad proveniente del virus inferno, eso ya sería pedir demasiada continuidad entre una novela y otra, sino que es estéril por una grave infección que sufrió de niña. Al oír eso Preparado I, en el asiento de detrás que comparte con ella en el coche, se aparta moviendo el cucu, y la mira con cara de "contigo no, bicho". Se masca la tragedia. Por otro lado el príncipe de vez en cuando en su trayecto a El Escorial, y luego a El Valle de los Caídos, tendrá varias visitas del hada de los recuerdos para rememorar algunos episodios con su ahora moribundo padre, que le habla precisamente de esa basílica horadada en la piedra, y de lo mucho que desaprobaba él de joven el régimen de Franco. Suponemos que en esta realidad alternativa también El Caudillo lo habría puesto a él como sucesor por la quinta Ley Fundamental, pero como Dan no nos lo aclara, tendremos que deducirlo.

Parte de esta subtrama se completa con los tejemanejes de la Guardia Real, arrestan al jefe de ésta sin motivo aparente y desde el sitio web de internet que está tan bien informado se da a entender que es el personaje de Mónica Martín, la de relaciones públicas, quien ejerce de Snowden y filtra la información, mientras que nos preguntamos por qué no hay ningún capitulino en el que aparezca el Regente y en que lo vemos desde detrás, sentado en una butaca y acariciando a un gato. Así pues, ¿será posible que ese misterioso personaje ya nos lo hayan presentado y Regente sólo sea un alias? Pero lo dicho: todo esto no hace sino ocupar espacio, podría contarnos eso como cualquier otra cosa, que para el desarrollo real de lo que importa tampoco influye demasiado. Para que veáis el nivel, hay un momento en el que el director de la Guardia Real y la espabiladísima encargada de las relaciones públicas discuten muy seriamente si la prensa dirá que el almirante es un antiguo empleado del rey razonando que el asesino es un militar retirado, y el rey es el capitán general de todos los ejércitos, así que esto es lo que hay... porque cosas.
Es que te tiés que reír. O llorar. O gritar. O cagarte encima. No te puedes quedar igual. Cosas así te marcan de por vida, nunca vuelves a ser el mismo ni puedes abrir un libro sin sentir un poco de temor de Dios.

Hay, eso sí, un momento científico muy chanante, cuando intentan contactar con el príncipe o el arzobispo y oyen que sus teléfonos suenan... dentro de una caja fuerte, con lo que el indio con voz de Apu se pasa un buen rato primero abriéndola y luego desbloqueando los teléfonos, mientras nosotros nos preguntamos estupefactos por qué no simplemente los dos escapados no desmontaron la sim y la batería, y santas pascuas, y sobre todo, cuando llegue el frangollo científico del final y la empanada de berberechos mental que tiene Dan Brown en su mente, cada vez más grande, qué puede enseñarnos de nada un señor que no sabe que

a: Casi con total seguridad una caja fuerte sea una jaula de Faraday, así que la señal no llegará a los teléfonos y no podrán sonar.

b: Eso mismo se consigue forrando los teléfonos con papel de chocolate, así que los envuelves en papel de plata como si fuesen el bocata de chope de la merienda y fuera problemas.

c: Aunque un teléfono sonase dentro de una caja fuerte, ¿lo oiríamos? Nunca he hecho la prueba, pero yo diría que difícilmente.

Como yo sí me acuerdo de cosas, recuerdo que en Inferno Langdon reflexiona que igual le convendría tener un smartphone para cuando, añado yo, se meta en uno de los líos de los suyos, así que en estos años no sólo se ha comprado uno sino que le ha sacado partido y sabe utilizarlo muy bien, así que, cuando huya al empezar la inevitable persecución de una de las novelas que protagoniza, le da mucha penita tener que tirarlo al Nervión, e intenta razonar con Winston que sin duda las autoridades necesitarían una orden judicial para intervenirlo. Winston le aclara que esto no es los Estados Unidos, y que la Guardia Real "hará lo que sea necesario". Claro, claro. Después a Dan Brown lo acusan de ser un yanki prepotente e ignorante que se cree que sólo en su país existen las libertades civiles mínimas y la gente sabe lo que es no cagar en un agujero en el suelo, y se dice todo ofendido y cargado de razón, mientras se lleva la mano al pecho: "¿Quiéééénnn? ¿Yooooo?" Para terminar de arreglarlo Ambra le dice para convencerlo de que tire el teléfono: "Robert, sólo recuerda las sabias palabras de la Princesa Disney, Elsa: suéltalo".


Una canción que es una oda al final del estreñimiento siempre pega bien con todo. Lo malo es que en español latino la canción se titulaba "Libre soy", así que si decimos de un teléfono "liberálo", pues se entenderá algo muy diferente, no sé cómo lo arreglarán.

Espejo, espejito mágico, ¿tú crees que Dan Brown se está cachondeando de nosotros? Na, no contestes, es una pregunta retórica. Yo entiendo a Dan: por un par de entradas gratis a Disneylandia yo también sería capaz de cualquier cosa.

Más interés tiene la subtrama del almirante, de quien nos van a contar el origen secreto. Entendemos también por qué lleva el tatuaje en la palma de la mano, un lugar poco habitual donde tatuar y que además creo que es donde más duele que te lo hagan. Bueno, porque en una foto filtrada a ese sitio web aparece el almirante de bonito al que se le ve el tatuaje, si lo llevase en un hombro donde daría menos el cante no cumpliría su propósito forzado para la novela. El almirante secuestra un Uber, y se dirige a Madrid, aunque cuando ya está de camino recibe una llamada del Regente para que se dirija a Barcelona, que es adonde sabe que se dirigirán Langdon y Ambra para conseguir el código que libere el vídeo mágico que va a destruir de una vez por todas a la religión, y si dura nueve, exactamente nueve minutos, no me queda claro. Nos cuentan que, después de ver a su familia asesinada en ese atentado que nadie reivindica, el señor se encuentra muy mal, se jubila, se da al alcohol y tras un intento de suicidio en el que por torpe se mete un tiro en una pierna, acaba en un hospital donde lo capta un tipo de una secta, que le promete cumplida venganza porque ellos sí son la verdadera iglesia cristiana y no los blandengues de los católicos. Así pues el cazatalentos lo lleva fuera de Sevilla, a un sitio que por la descripción nos recuerda poco menos que al NORAD, el Pentágono o alguna instalación secreta... y cuál no será nuestra sorpresa cuando resulta que a donde lo llevan es nada menos que a... El Palmar de Troya. El almirante recuerda "enormes muros de cemento que proveen de un nivel de seguridad que sólo había visto en Ciudad del Vaticano"; ya sabéis, ese miniestado cuya frontera es una línea pintada en el suelo y que tiene unos edificios muy bonitos y absolutamente nada más, ahí no cabe ningún enorme muro de cemento ni queriendo. Para que veamos lo inteligentes que son los personajes, tenemos este diálogo espeluznante cuando el cazatalentos le dice que lo va a llevar a conocer al "papa".

"Disculpa: ¿el papa?"
"Sí"
"El papa... ¿lo que viene a ser el líder de la Iglesia Católica?"

No, va a ser el papa que tengo ahí al lado de la mama viendo la tele al lado del Yónatan, no te jode. Dos devotos católicos discutiendo si cuando dicen "el papa" es el Sumo Pontífice de Roma o el patriarca gitano del barrio. Mira, siguiendo con las cuestiones religiosas, que os den unas buenas hostias.

Pues sí, los malos malísimos de la novela son los palmaristas. Ya sabéis que no hay nada más malo que los nazis, menos los nazis secretos ocultos en la luna con supertecnología, así que peor que la Iglesia Católica sólo puede ser una secta ultraconservadora que se ha escindido del catolicismo por considerarlo muy flojo. A través de otros capítulos, y casi al final, sabremos que Kirsch es hijo de un estadounidense y una española, y que la madre murió cuando él era muy pequeño porque volvió a España, se hizo monja palmarista y, tras intensos ayunos y sometida a la presión psicológica de esa secta destructiva, se terminó suicidando. Esto explica la aversión de Kirsch por la religión y que en particular siempre haya promovido desenmascarar con particular virulencia a los palmaristas, y hacerlos blanco de sus diatribas ateas. Tal como le contará el Regente al almirante, el ataque a la catedral de Sevilla fue un "atentado ateo" contra los palmaristas, y cuando el almirante, con toda la razón del mundo, pregunta que a santo de qué atacan entonces a una catedral católica, le explica que es porque sabían que en ese momento había allí dentro algunos de esos cazatalentos que buscan adeptos entre los católicos fervientes como él, y como hemos visto el Palmar debe ser una zona muy difícil de atacar, tal como nos han descrito el lugar. Sí, lo que estáis pensado: eso no se lo cree ni el más tonto que asó la manteca. Pero eso a Dan no le importa, así que el almirante se lo traga todo y entiende que el culpable de la muerte de su familia es el ateo rojo y masón de Kirsch, que promueve el ateísmo y es el responsable intelectual de ese atentado, así que acepta una transferencia de dinero que le llega de la nada y sigue los planes del Regente sin rechistar. Tal como nos insinúa el narrador, el príncipe y el arzobispo deben estar metidos en el ajo, porque la petición de incluir al almirante en la presentación del vídeo ateo llegó en el último momento por mediación de Preparado I, y también parece que se nos está dando a entender que el mismo arzobispo, tan conservador, pueda ser un alto cargo de esa iglesia palmariana de incógnito. La iglesia palmariana, obviamente, no es ni mucho menos una organización que nade en dinero y tenga poder e influencia, sino que es una de las muchas anécdotas sórdidas patrias que nunca ha pasado de ser un chiste, y que desde la muerte de su fundador hacer más de diez años ya no es ni sombra de lo que fue, y eso que antes era entre poco y nada. Aunque eso de tener un antipapa cerca de Utrera siempre tiene su encanto, y seguro que le hace mucha compañía a las famosas gallinas de ese pueblo, que aprendieron a nadar sólo para follar con los patos. También, para terminar de redondear la tontería, nos cuenta Dan que al empezar la misa en el Palmar el antipapa saluda a los feligreses con un "Buenos días", algo en realidad inédito sobre todo cuando ellos responden del mismo modo. No sé, esperaba un queridos hermanos, un hijos míos, algo que no parezca que te van a dar las noticias del parte.
Palmar de Troya. Muy inexpugnable no parece.

La distancia entre Bilbao y Barcelona se recorre en unas ocho horas en coche, así que al almirante de momento lo tenemos distraído un rato. Langdon y Ambra descubren que necesitan un código de 47 dígitos para desbloquear el vídeo y que se pueda emitir urbi et orbi. El Kirsch era un genio, pero un teatrero: podría haberle dicho a Winston que nada más terminar su arenga, que empezase a reproducirlo, no hay ninguna razón para tenerlo superencriptado, ninguna en absoluto, pero es que entonces... no hay novela. Y mientras que en otros títulos Langdon trabaja un poco más y resuelve unos cuantos puzzles, en ésta básicamente sólo va a resolver ése, uno tan sólo. Dan, me estás flojeando, te veo perezoso. Así que como no quieren responder muchas preguntas, ni que los interrumpan, con ayuda de Winston se escapan de la Guardia Real y emprenden su camino a Barcelona, que es donde vivía el finado genio que encripta y hace inaccesible lo que quiere que vea hasta el último ser humano, y que por lo visto teme por su vida pero no se le ocurre establecer alguna forma en la que si le llega a pasar algo a él ese vídeo se libere al instante. Así pues se llevan el phablet de Kirsch y de paso pueden seguir hablando con Winston, que ya le están cogiendo cariño. Por si las moscas, y si pasaba algo tras la conferencia, el mismo Kirsch tenía una vía de escape, así que ellos la utilizan para ir al aeropuerto de Bilbao donde los esperará el jet privado del fallecido: se encuentran pues con un taxi acuático, amarillo como los de Nueva York, que en nuestro Bilbao no existen, y que los deja cerca de la pista de despegue donde se cuelan en el avión, siempre guiados por el inefable Winston. En esta dimensión, además de haber taxis acuáticos en Bilbao, los sobrevuelan cuando están dentro de él con un helicóptero de las noticias, uno de ésos en los que siempre va Lois Lane y que cuando se caen va Superman y la salva... y que en España tampoco existen, ya que como es bien sabido el espacio aéreo sobre las ciudades está severamente restringido, así que cuando vemos un helicóptero podemos tener un casi 100% de seguridad de que es de la policía nacional o de la guardia civil. Todas, Dan, es que las aciertas todas. Esto ya no puede ser fruto del azar.

En definitiva: que para Barcelona que se me van los dos.



Incluso dentro del avión tendremos algunos momentos curiosos, como cuando Ambra está en el baño del aeroplano, que no sabemos como es aparte de que es un modelo Gulfstream G550, y mirando su reflejo en el espejo y pensando cosas en cursiva toma un sorbo de vino. Hay que ver cómo son estos vascos: se van a mear y se llevan el chato de rioja al tigre para no perder el ritmo y seguir dándole al caldo hasta cuando están allí.

Y ahora un inciso y aclaremos algo de lo que no hablé en su momento. A estas alturas yo ya me había hecho mis conjeturas. En primer lugar, y para que quede claro, Dan lo ha vuelto a hacer. Si en Inferno para arreglar el problema de la superpoblación desencadenaba sin saberlo la Tercera Guerra Mundial, en este caso, para lograr descubrir X... que según él va a ser un conocimiento que va a sacudir a la humanidad más que la revolución copernicana, tiene que pasar por Y, paso al que sin embargo ni autor, ni Kirsch ni Langdon dan ninguna importancia. Y es que el futurista Kirsch, por su propia cuenta, casi sin ayuda, ha descubierto...

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL FUERTE

Así de simple. Winston es como Kitt o HAL, más listo incluso, puede hablar con cualquier voz, intervenir cualquier red, tomar iniciativa en acciones complejas, resolver problemas morales y hablar a la vez con miles de personas en cualquier idioma, puede hacer cuadros y componer música, y es una Inteligencia Artificial completa de propósito general. Winston es, de por sí, un avance acojonante, quizá incluso la Singularidad Tecnológica. ¿Qué otra cosa puede anunciar el tipo si no en su conferencia? Por eso me dije: a lo mejor el Kirsch ha uplodeado el cerebro, y quizá el mismo Winston ya sea él mismo, o todavía no lo sepa y esté compilándose el kernel. A lo mejor ése es el "a dónde vamos" de la conferencia: a la inmortalidad digital.

Bueno, ya veremos si me equivoqué o tenía razón.

Langdon y Ambra, todavía vestidos de frac y de vestido de noche respectivamente, llegan al aeropuerto de Sabadell y se montan en un Tesla Model X controlado por Winston, y que Elon Musk le ha regalado personalmente a Kirsch... ¡quieto parao!, ya lo tengo: Elon Musk dice abiertamente que uno de los mayores peligros a los que se enfrenta la humanidad es la llegada de la Inteligencia Artificial, así que misterio resuelto, ha sido Elon Musk es el que está detrás de todo y ha matado a Kirsch. Ah, ¿no? Bueno, pues entonces no.

Llegan a Barcelona, y después de los publireportajes anteriores ahora nos toca el de Gaudí y Barcelona, que se note que Dan Brown se ha empollado bien los libros de fotos que se compró en su día, y que sabe copiar datos de la Wikipedia. Kirsch vive en el ático de La Pedrera, y tiene un contrato por el que puede vivir allí dos años. Como hay un montón de admiradores haciendo vigilia, como cuando se murieron Jobs o David Bowie, entran de tapadillo en el garaje subterráneo escondidos en el suelo del auto, y todos los geeks que ven desde fuera cómo el Tesla vuelve a casa conduciéndose solo se mueren de deshidratación después de que el culo se les haga a todos gaseosa. En la casa de Kirsch descubren que éste tiene el original del cuadro de Gauguin que se titula precisamente Quiénes somos, de dónde venimos,a dónde vamos. Se lo regalaron del Museo de Boston en el que está por ser guapo, suponemos.

Intentan descubrir alguna pista que les desvele cuál es la clave de 47 caracteres, pero no hay manera. A todo esto, descubren que Kirsch estaba enfermo de cáncer de páncreas, y que le quedaba muy poco tiempo de vida. Dan no se molesta ni en hacerlo morir de algo diferente que Steve Jobs.

La cuestión fundamental es que... Dan Brown incluso se olvida de utilizar el truco de siempre, el truco que da un poco de sentido al resto de sus obras, aunque sea malo: Langdon se ve obligado a meterse en una carrera contra reloj para descubrir algo. Pero aquí Kirsch, aunque sospeche que esté en peligro, no ha establecido que si lo matan que se busque el código, Langdon sencillamente entra en automático y se pone a buscarlo sin saber si existe. No hay nadie que lo desafíe o lo amenace, sencillamente lo hace porque tiene fe que ese código debe estar en alguna parte y Kirsch debe haberlo ocultado en alguna parte... porque Dan Brown. Así que después de mucho paso en falso descubre el estuche vacío de un libro original de las pinturas y poemas de William Blake, que ha dejado en depósito en la Sagrada Familia al lado de la tumba de Gaudí, vaya mierda de biliófilo que separa a un libro de gran valor del estuche que lo protege. De paso nos dicen que los descendientes sálicos de Cristo de los que se habló en El código Da Vinci tienen relación con los carlistas, y uno piensa que a santo de qué coño ni para qué, aunque nuevamente no tiene ninguna relevancia ni conduce a nada. Afortunadamente cuando están hablando de eso Ambra suelta: "Para. Esto es absurdo". Lo dije en la anterior novela: cuando los mismos personajes se dan cuenta de que están en un argumento idiota y miran a los lados a ver dónde está la cámara oculta, algo marcha muy mal.

Winston los informa entonces que en las noticias locales se dice que en el aeropuerto de El Prat acaban de aterrizar dos agentes de la Guardia Real, los mismos que hacían de escolta de la futura princesa. ¿Y quién coño ha informado de eso a la prensa, me pregunto yo? Además, si ya sabes que van a ir a la casa del muerto, ¿no puedes avisar a policía nacional, guardia civil y mossos d'esquadra de que se adelanten y no dejen entrar ni a una mosca, y que si ven a los fugitivos los inmovilicen hasta que llegue la Guardia Real y se haga ella cargo de su seguridad? Es que aquí nadie piensa con la cabeza. Díaz y Fonseca llegan en un helicóptero al tejado de La Pedrera, que bien podrían subir por las escaleras y organizar un perímetro con toda la policía que hay abajo, pero así queda todo mucho más dramático. Ambra, que ha subido a la azotea para decirles que es mentira que Langdon la haya secuestrado, se teme al verlos que la quieran matar para que el príncipe pueda librarse de una mujer estéril. Dan tampoco sabe escribir escenas de acción y todo es muy, muy confuso, así que al final el phablet cae al suelo y se rompe, y los dos fugitivos terminan dentro del helicóptero y los dos guardias reales se ponen a sus órdenes porque Ambra les echa una mirada muy seria, así que se van todos juntos, de noche, a la Sagrada Familia, de la que nos copia un montón de cosas de la Wikipedia nuevamente.

Afortunadamente, hay un cura que se ha quedado hasta tarde haciendo horas extra e informándose sobre los acontecimientos del día, Joaquim Beña, que aunque nos describen como un hombre de ochenta años yo me imagino que podría interpretarlo muy bien Albert Boadella, que seguro que suelta un "Collons!" muy sentido al ver que delante de la basílica aterriza un helicóptero y de él empieza a salir gente, como si aquello fuera la Guerra de Vietnam, aunque como es bonachón y de buen natural llega a la conclusión de que colaborar con la futura reina de España y dos miembros de la guardia real será lo más lógico, si bien que vaya con ellos El Cobrador del Frac, como a buen catalán, igual lo mosquea un poco. Lo mismo deben pensar los guardias de seguridad que vigilan las obras de la catedral por la noche, que se acercan, aunque el padre Beña los tranquiliza con una frase en catalán, porque Dan es respetuoso con la realidad multilingüística de España.

Entre más visita turística guiada llegan a la cripta y al libro, que en sus condiciones de donación estipula que debe estar abierto siempre por la misma página, práctica que de nuevo contraviene cualquier norma de museística que alguien que escribe sobre esto debería conocer. Allí, al lado de esa ilustración, encuentran por fin el trozo de poema que tiene que ser la clave para liberar el vídeo de una santísima vez.

Resumiendo: el almirante, guiado por el Regente, llega a la Sagrada Familia, mata a los dos guardias reales, se pelea con Langdon y tras caer por las escaleras se parte la crisma. Prefiero no pensar demasiado si es muy coherente que él viajando en coche desde Bilbao haya podido interceptarlos a ellos que se han desplazado en avión, pero me parece demasiado ajustado, la verdad. Lagdon y Ambra se vuelven a montar en el helicóptero, y se dirigen al Camp Nou para luego ir a pie al Centro Nacional de Supercomputación, que está en medio de la ciudad en una iglesia desconsagrada donde se encuentra el Marenostrum, y donde el gilipichis de Kirsch ha puesto "trampas de la mala suerte" para burlarse de las supersticiones porque Dan Brown. Allí los espera Winston relajado y tranquilo, echando un cigarrito... ¡Juajajaja! Bueno, ya paro. Son los nervios.

Y ahora es cuando se nos desvela el desenlace de la subtrama de la familia real. El arzobispo ni es de los malos, ni el Regente, ni tiene nada que ver con nada. Es, sencillamente, el interés sentimental del rey agonizante. Como lo oís: lo llaman matrimonio pero no lo es y esas cosas. Vamos, que han sido parejita de hecho porque la reina, lo que sería el equivalente de nuestra doña Sofía, murió hace muchos años, y de ahí el verdadero interés del arzobispo por seguir en Madrid. Nos aclara, también, que siempre fue un amor casto, no hubo por lo tanto ninguna guarrerida física, así pues según el arzobispo no cometieron pecado. No, en serio: ¿por qué tiene que ser todo tan innecesariamente complicado? Por otro lado, el rey agonizante le suplica a su hijo que no vuele el Valle de los Caídos como piden algunos, sino que se conserve y se convierta en memoria viva de un tiempo que no debe volver. Preparado I promete que así lo hará, y además se dice que se casará con la hermosa Ambra aunque sea estéril, y abrirá el debate en la sociedad para que, si el pueblo lo desea, llegue la República. Te cagas, tron. La subtrama se cierra cuando el rey enfermo muere y el príncipe encuentra abrazado a él al arzobispo, que incapaz de soportar la muerte de su amor platónico y puro se ha metido una sobredosis de morfina destinada al moribundo. No es por joder, pero el suicidio sí es pecado, así que qué forma más tonta de ir al infierno, donde por toda la eternidad tendrá que leer Inferno de Dan Brown en traducción española, donde los cerebelos son aerodinámicos y no todos los animales han sido creados iguales.

Acelerando un poco: en el centro de supercomputación, donde está físicamente Winston, que es un computador cuántico casi tan bueno como el que sale en Superman III, se preparan para meter la contraseña y se vaya a cagar la perra con el pedazo de vídeo bueno bueno que va a ver todo el mundo mundial. La contraseña se tiene que introducir desde un viejo 286 que perteneció de pequeño al fallecido Krisch, porque Dan Brown. Langdon mete la contraseña... y no funciona. Oh, cielos, ¿por qué será? Bueno, le indica su acompañante, es que te has dejado puesta la tecla de mayúsculas. Qué chispa tiene, el jodío Dan. Hala, ya está desbloqueado el vídeo y se puede hacer el puto streaming. Ha costado, ¿eh? Esperemos que valga la pena.

Pues no, obviamente no vale la pena, tanta espera pa na. El vídeo, para decirlo claramente, es un mojón. Lo voy a repetir, por si quedan dudas:

ES UN MOJÓN ASÍ DE GRANDE

Lo que sigue a continuación es la descripción de una charla TED interactiva en la que Kirsch se mola a sí mismo a través de Dan que también se mola mucho a sí mismo y hace un namedroping del carajo, que ya había empezado muchas páginas antes cuando Langdon dijo que había hablado del equilibrio puntuado con Stephen Jay Gould, muerto en 2002. Pues bien, lo que viene a decir Kirsch sobre el "de dónde venimos" es esto que conocemos algunos desde que de pequeños vimos el Cosmos original con Carl Sagan, cuando se explica el experimento Miller-Urey.


Básicamente, lo que ha hecho Kirsch es una simulación por ordenador, por otro lado un tanto poco creíble, que confirma la teoría que la vida surgió espontáneamente dadas unas características físicoquímicas en la Tierra primitiva. Lo cual en el mundo científico actual no digo que no se pueda considerar importante, pero que no dejaría de ser una confirmación, por medio de una simulación informática, de un consenso más o menos actual sobre ese tema: la abiogénesis. De hecho que eso realmente pueda conmover los cimientos del pensamiento religioso es fantasías animadas de ayer y de hoy, que es lo único que puebla la cabeza de Dan Brown. En realidad sucede lo que dicen el arzobispo, el imán y el rabino, cuando piensan al principio de la novela si lo que les ha contado el pollopera es tan grave: "En peores plazas hemos toreado", y razón no les falta, aunque luego se ponen todos histéricos porque Dan Brown. Ahora bien, si el vídeo consistiese sólo en que Kirsch se sacase la chorra y dijese: "Con la punta de esto que tengo en la mano he creado la Inteligencia Artificial de propósito general", pues eso sí, nunca mejor dicho, habría sido la polla.

Es que no se puede ser más torpe, narrativamente hablando: para demostrar algo que, se ponga como quiera el personaje, su autor o el lucero del alba, no deja de ser sino la confirmación de algo que al conjunto de la población mundial básicamente se la pela, ya sea la abiogénesis o si dentro de los agujeros negros está el Monstruo de las Galletas, de repente tenemos una IA fuerte capaz de hacer lo que le dé la gana. Es como si se te ocurre construir un molinillo de café y para lograrlo, sin querer, consigues la teoría del campo unificado y la cura del cáncer, así a lo tonto.

La conferencia, desde luego, es una mierda. Dan Brown intenta asimilar un montón de conceptos que le vienen muy, muy grandes, no tiene la más mínima base científica para comprenderlos y los regurgita sin orden ni concierto, con mucho nombre importante por medio: Stephen Hawkings, Neil deGrasse Tyson y sobre todo Jeremy England, que por si fuera poco se recalca que es personalmente una persona creyente y practicante del judaísmo ortodoxo, así que como se puede ver la fe es un fenómeno que no se erosiona tan fácilmente con una conferencia TED con mucho hype. Pista: el descenso de la fe según parece tiene bastante más que ver con las condiciones sociales y económicas. De hecho, en cierto modo, el mismo Kirsch, como si fuera un nuevo Comte, lo que quiere es crear un culto gnóstico de la ciencia que sustituya a todas las religiones, ya que además el "adónde vamos" es precisamente la unificación entre los seres humanos biológicos y las máquinas que hemos construido, idea que tampoco es que haya inventado este señor ni mucho menos va a pillar a nadie de nuevas. De hecho, hace poco, un conocido ingeniero ha propuesto crear ya un culto a las IAs que sin duda terminarán apareciendo y dominando nuestras vidas, y el lenguaje utilizado por singularianos y transhumanistas es descaradamente religioso. Y además, ¿en qué quedamos? ¿En Inferno no quedaba claro que el único futuro posible del ser humano para sobrevivir era el transhumanismo biológico? ¿O va a ser una mezcla de las dos cosas, manipulación genética y cyborg, todo junto? ¿Zoibrist y Kirsch nunca se conocieron y tomaron un café?

En definitivas cuentas: un... ¡mojón! Aquí la novela se pone un poco al nivel del final de Inferno, que también era carroña pseudocientífica de la buena. Ah, y vuelve a citar a Walt Disney, así que supongo que en las entradas que le regalen a Dan estarán incluidos los refrescos. Sí, también se vuelve a citar de pasada que Langdon lleva un reloj de Mickey Mouse.

Y ya queda poco para que la novela se acabe, después de tantas emociones. Winston le dice a Langdon que dentro de unas horas se autoborrará, porque el mundo todavía no está preparado para algo como él, o una chorrada semejante, y que a partir de entonces tocará a los sucesores de Kirsch desarrollar las potencialidades del ordenador cuántico. También Ambra le pregunta a Langdon si él personalmente cree en Dios, y así, aun después de la sarta de memeces que ha escrito, Dan Brown intenta ponerse equidistaní, y hace decir a Langdon un montón de tonterías sobre patrones y códigos, todo bastante complicado porque si dijese simplemente "Soy deísta posmoenno happyflower" lo entendíamos todo mucho mejor. Vamos, que seguramente Dan Brown también esté afiliado al PABO: Partido Aristocrático, Burgués y Obrero. Langdon cree, literalmente, que estamos todos unidos a través de la fuerza del amor universal, como en Interstellar, así sin demasiadas explicaciones, simplemente porque le gusta como suena y porque le da el pálpito. El amor nace espontáneamente como la vida, Paulo Coelho, el secreto, más allá de la velocidad del amor, mi perro se comió los deberes. Nivel.

Ya para terminar de arreglarlo, pasa por allí cerca un camión de FedEx, y le explica a la futura reina de España que entre la E y la x se puede ver una flechita. ¿Y quién interpretaba el papel de un empleado de FedEx que naufragaba y se quedaba un montón de tiempo solo en una isla? Tom Hanks.

Lo dicho: la Teoría del Campo Ficticio Unificado. Todo tiene relación con todo en el Omniverso
Sólo queda un misterio: quién es el Regente, un personaje que nunca hemos visto físicamente, que paga a asesinos con bitcoins y dirige todo desde las sombras. De paseo por Montjuic a Langdon le da por pensar y llega a la conclusión por complicados juegos de palabras que Winston está detrás de todo. Lo llama poco antes de que la IA cometa supukku digital y ella le confirma que así es, es ella quien se sienta en el espacio virtual en una butaca mientras acaricia al meme de un gatito. Kirsch pensaba incluso suicidarse tomando unas pastillas nada más acabar la conferencia, pues le quedaban unos días de vida, y a la vez le había indicado a Winston que fuera por libre y dispusiese todo de modo que la conferencia tuviese el mayor impacto posible. Así pues, Winston es el Regente, el que hacía todas las filtraciones y quien suplantando a Preparado I incluyó en el último momento al almirante en la lista de invitados. A Winston le dio algo así como un telele tipo HAL, que cuando le dijeron que tenía que conservar la confidencialidad de la misión a Júpiter terminó cargándose a la tripulación para conseguirlo, pero en este caso por libre montó toda esa trama en la que al final moría su creador de la forma más espectacular posible, de modo que su mensaje llegase a cuanta más gente mejor, además de convertirlo en el protomártir del nuevo culto que empezaría a crearse a su alrededor. Vamos, que la Primera Ley de la Robótica ni está ni se la espera.
"Os lo dije. Ahí os quedáis, yo me voy a Marte y montaré mi propia civilización.
Con casinos. ¡Y furcias!".

A Langdon se le pone muy mal cuerpo, y Winston le cuenta un poco lo que ha pasado en la novela, que tampoco nos viene ni mal, y por un momento hace su aparición nuestro querido narrador inconsciente, porque Dan no lo puede evitar y consigue que una IA de alto nivel quede como una verdadera idiota. Pues sí: ¿a santo de qué carajo hace que el almirante se coja una pechá de viaje de Bilbao a Barcelona, le pregunta Langdon? Pues Winston nos cuenta que es que quería que lo detuviesen allí en la Sagrada Familia. Mira que no será grande España, ni habrá momentos para enchironar a ese señor que ya no pinta nada en tus maquinaciones, pero no, en vez de mandarlo a la otra punta del país para que no moleste lo tienes que mandar a que lo detengan justo al lado de donde están las personas que van a completar tus planes, por pasar en modo épico tu propio juego bordeando el desastre y sentir la adrenalina digital. "Hombre, es que yo 'no sabía, no era consciente', de que igual al almirante se le ocurría saltar una valla en vez de quedarse quieto donde le dije y donde lo deberían haber detenido, y claro, casi te parte la cabeza, son cosas que pasan. Pero buen rollito, ¿no? ¿Me perdonas?" Ante tal idiotez, no se sabe si por puro despecho o porque se nos va a hacer ludita del tirón, después de que Winston ejecute sobre sí mismo un formateo de bajo nivel a la memoria, Langdon coge el phablet, lo pone en el suelo y le suelta encima un pedrolo que lo deja muy perjudicado.

Algo que jamás diría yo en voz alta que hay que hacer, aunque sea simbólicamente, con Dan Brown y su obra. 

Aunque nadie me impide pensarlo en cursivas.

Mañana, para comer, me apetecen albóndigas.


Buy Me a Coffee at ko-fi.com
-SuperSantiEgo

18 comentarios:

Nemo dijo...

Grande, como suele ser.

jose.etxeberria dijo...

Cada vez pones mejores fotos. La critiquilla, enorme, cuántica, wikipedial, descojonante, en una palabra: JRANDE

Santiago Bergantinhos dijo...

Sabéis que agradezco humildemente vuestros comentarios, pero como siempre el verdadero mérito es de Dan.

capolanda dijo...

Desde luego, sólo le habría faltado a la novela haber acabado su periplo en los mismísimos cerros de Úbeda y que el propio Dan! (ya es comparable a Rob!) nos explicara el significado de la expresión en español. Y los noticiarios hablaban con pura admiración de esta novela porque transcurre en ES-PA-ÑA. Si es que con razón decimos aquello de que hablen de mí, aunque sea mal o, como en este caso, sean chorradas sin límite.

Unknown dijo...

Bravo. Es admirable la capacidad de sacrificio y protomártir que demuestras analizando la obra de Dan Brown. Es todo un Servicio Público.

Cidi Hamete dijo...

Como he dicho en anteriores ocasiones: ¡Bravo, maestro!.

¡Qué maravilla más maravillosa de crítica!.

Y no es por "de criticá" pero me jodes mucho, muchísimo. Estaba yo tan tranquillo leyendo "Un viaje con Charley" de Steinbeck y me encuentro este peazo crítica y ¡claro!, tuve que dejarlo y ponerme a leerla. Y nada más empezar me/nos diriges a la crítica del chirimbolo. Pues vuelta a recordar aquello y leer esto.

Gracias por las risas y por todo eso

Necio Hutopo dijo...

Lo bueno es que ha sido una crítica sencillita...
Por cierto, lo de "una IA que, para entendernos, es tan versátil y potente como Kitt o HAL, que puede tener conversaciones independientes con cada uno de los invitados y mantener con ellos eruditas conversaciones sobre arte moderno"... Me ha sonado dos tres conocido.
Tu y Brown no estarán conectados por la fuerza del amor, ¿verdad?

Santiago Bergantinhos dijo...

No sé qué hay exactamente entre Dan y yo, pero es algo muy intenso. Y especial.

censor dijo...

Vrutal!

Lo de "qué Dios me perdone" me ha producido un descojone de tercer grado.

Epicureo dijo...

Lo cierto es que el Centro Nacional de Computación sí está en plena Barcelona y en una iglesia desconsagrada (es una belleza cómo han puesto el superordenador MareNostrum allí). Puede que verlo le inspirara a Dan! todo el final. Si es que inspirar es la palabra.

Pero vamos, que como siempre he gozado como un enano de la crítica. Tanto, que me he puesto a leer el libro. Aunque el argumento está muy por debajo de Inferno, esa España paralela de ciencia ficción es totalmente chanante. El anciano rey supercatólico y casto, adorado por los corazones y mentes de su devoto pueblo...

Y sobre todo espero que alguien haga llegar esto a Ron Howard, porque el reparto que propones, y sobre todo la canción de Siniestro Total, son ideales.

Santiago Bergantinhos dijo...

Nada me causa mayor orgullo que divulgar la obra de Dan y animar a su lectura. ¿Estás utilizando mi reparto o uno alternativo?

Epicureo dijo...

Por supuesto, tu reparto.

censor dijo...

Estaba pensando que la teoría de la abiogénesis había sido abandonada porque (tiempo después de que saliera el capítulo de Cosmos) parece ser que la composición de la atmósfera primigenia no era la que se empleó en el experimento. He oído que ahora se tira más por la teoría de la panespermia, que de todas deja las mismas dudas sobre el origen de la vida.

Santiago Bergantinhos dijo...

No dejan de ser todas hipótesis de muy difícil verificación.

Anónimo dijo...

Hola.
La verdad que me he descojonado con esta crítica, como con la de inferno hace tiempo, pero es que ya he llegado al punto de preguntarme: ¿es esto de verdad? ¿De verdad escribe estas cosas y vende? A ver, sí, he entendido la crítica y sé que batman no sale en el libro, pero es que inferno fue tan espectacular que daba por sentado que Dan habría preferido retirarse disimuladamente al campo, a cultivar tomates, en vez de seguir escribiendo.
Tampoco puedo pensar que le tengas manía, viendo el cariño con el que le tratas.
Que vale, no he leído los libros y guiarse por segundas opiniones no es muy recomendable, pero si el libro se parece mínimamente a todo lo que has dicho, mal vamos.
Estupefacto me hallo.

Santiago Bergantinhos dijo...

Es tal cual lo cuento. A mi manera, claro, y adornándolo con comentarios, pero todo está ahí.
TODO.

Daniel dijo...

Noraboa, magnífico como de costumbre, deseando estoy que el Sr Brown vuelva a publicar algo solo para leer tu crítica.

Loleando con lo del Palmar de Troya pero creo que se ha pasado de frenada con su elección de malos y lo tendra difícil para superar esto en la próxima.

Anónimo dijo...

Excelente. Saludos desde Barranquilla, Colombia