15.10.06

Leyendas del Mundo Friki: Dark Angel

Las cosas, claras desde el principio: esta serie es un pelín floja en general. Le falta caña y mala leche. Desde luego el James Cameron podría haberse esmerado más en lo que iba a ser su gran apuesta por la televisión. De hecho la serie acabó más o menos como el rosario de la aurora, con una segunda temporada bastante mejor que la primera, por lo menos a mi modo de ver, y se quedó con un final más que abierto porque no se hizo la tercera temporada. Por si fuera poco no tuvieron ni la decencia de hacer un especial ni nada parecido para rematar la faena, de modo que si quieres saber el destino final de los personajes hay que leerse un par de novelas, cosa que no voy a hacer ni aunque me paguen, aunque me he leído los resúmenes.

Pero tampoco olvidemos cuál es el mayor aliciente para ver esta serie, desde el primer al último capítulo: Jessica Alba, probablemente uno de los más perfectos seres de la Creación del Padre Eterno MVE. Y además aquí está con su color de pelo natural, que la verdad creo que le queda bastante mejor que el rubio que ahora luce. Recuerdo que cuando vi de casualidad algunos episodios la historia no es que me llamase demasiado en un principio: soldados genéticamente mejorados por una organización secreta llamada Manticore, unos se escapan y van por ahí perseguidos por sus antiguos amos. Nada que no hayamos visto mil veces en mil tebeos, americanos, españoles y mangas. Pero se pone uno a ver la serie, sale la Jessica Alba con su diecinueve primaveras, a la que ya se le había echado el ojo cuando salió en El diablo metió la mano, y claro, enganchado como un idiota. Los productores saben lo que queremos y nos lo ponen delante de los ojos, para qué nos vamos a engañar. Y eso que en la serie la chica va en general bastante recatada excepto un par de veces que se viste con vestido de noche, pero da igual porque el cuero negro y ajustado en plan comando le sienta de maravilla. También, como se supone que parte de su ADN es felino, a veces entra en celo y al primero que tiene la suerte de que lo pille por banda lo deja hecho un pellejo del tute que le pega.

Pues eso: Jessica Alba es como mínimo el 90% del atractivo de la serie. ¿Quién quiere más? (A estas alturas también podríamos empezar a reconocer que veíamos Buffy por Sarah Michelle Gellar y Charisma Carpenter, y no por todo ese cuento chino de que nos gustaba la serie.)

[Preparándose para destripe de argumentos. Advertidos estáis.]

A pesar de lo que dije arriba sobre la poca originalidad de la serie, también tiene sus puntos. Todo nos suena más o menos conocido, y como la serie termina en 2021 podemos reconocer la tecnología militar y de ingeniería genética como bastante plausible respecto a lo que hay ahora, aunque tendríamos que asumir que los soldados genéticamente mejorados que aparecen en la serie ya habrían sido creados a día de hoy. El mundo que se nos presenta es un escenario bastante típico de ciencia-ficción, un “mundo post”: ha pasado algo muy gordo y todo ha cambiado... para mucho peor. No ha habido una guerra, ni un desastre medioambiental, sino un ataque terrorista con un EMP (pulso electromagnético), que durante un breve tiempo anuló toda la tecnología y la fundió. Sencillamente todos los sistemas informáticos del mundo se resetearon y se perdió la información bursátil y económica recogida en soportes electromagnéticos, así que se produjo un período de caos económico y de desorden social subsiguiente, del que el mundo aún no se ha recuperado. (Sin embargo los dvds sobrevivirían, mira tú.) Y, efectivamente, eso del EMP existe, y por ejemplo es un efecto conocido de las armas atómicas, de momento casi lo único que puede causarlo. Otro ejemplo lo tendríais en Ocean’s Eleven, cuando generan un pulso que crea un apagón de varios segundos en toda Las Vegas, y también se ve lo mismo en un capítulo de Threshold. En Matrix también lo utilizan para luchar contra los pulpos metálicos, aunque luego no me explico cómo seguía funcionando la nave. También algo así se ve en 2013 rescate de Los Ángeles, cuando el bueno de Serpiente devuelve a todos los capullos a la raza humana pulsando un botón, por utilizar sus mismas palabras. La cosa es conocida de lejos, y en Licencia para Matar el bueno de Bond al principio de la peli es perseguido tras recatar un chip especial que es inmune a ese tipo de efecto magnético.

Pues bien: la historia de la humanidad queda así dividida en antes y después del Pulso. Lo más gracioso es que esto no es ciencia-ficción, pues las bombas de pulso, también llamadas bombas Arco Iris por el efecto de luz que causan en la atmósfera, son completamente reales. Una de ellas puede freír, literalmente, todos los componentes electrónicos de un continente, y para que os hagáis una idea las perturbaciones que algunas pruebas nucleares atmosféricas causaron en el campo magnético terrestre y en los cinturones naturales de radiación que existen en la Tierra duraron varias décadas, y las dos superpotencias se apresuraron a firmar un tratado para eliminar esas pruebas, no se les fuese a ir la mano y ellos mismos un día se quedasen a oscuras. Lo que ya es más dudoso es que una sola bomba pudiese crear un pulso que afectase a todo el mundo, aunque quizá sólo media docena lo lograsen. El Pulso afectó sólo a Estados Unidos (y de paso a Canadá, México, Cuba y otros muchos que maldita la gracia que les haría), pero desde luego da la impresión a veces de que en la serie se trata como un fenómeno global.

En resumidas cuentas, que la economía se ha ido a la porra, y ha habido un período considerable de caos que, entre otras cosas, aprovecharon los supersoldados mutados que se escaparon a corta edad y que diez años después del Pulso, en 2019, son jóvenes de apenas veinte años. Del resto del mundo, como siempre, porras: si pasan de nosotros cuando piensan que somos peores que ellos, más van a pasar de mostrar que nos puede ir mejor. Vale, se nos dice que ahora en muchos aspectos los Estados Unidos son como un país del Tercer Mundo, pero no vemos ninguno. La gente emigra cuando puede a Canadá, pero poco más vemos de esos países. La posible especulación de lo que ha sido de la política mundial después de la caída en desgracia de los Estados Unidos, guerras o invasiones... no se ven ni por el forro.

Con lo que tú vales, Jessica mía, y toda la serie enrollada con un geek. Y luego el cabrón del guionista te mete un retrovirus para que nos os podáis tocar y no haya ñaca-ñaca. Como se suele decir: "O follamos todos o la puta al río".


También hay que explicar que esta serie coincidió con los atentados del 11-S de las Torres Gemelas, así que el tono postapocalíptico fue rebajado en la segunda temporada por si se herían susceptibilidades, y quizá por eso también se eliminó al personaje musulmán negro de los de Malcolm X. También eché de menos algún chiste sobre personajes históricos reales, lo que fue de ellos, y hubiese sido glorioso que en esa Seattle ominosa con la Aguja Espacial cubierta de óxido apareciese un personaje rubio con gafas, medio loco, que dijese que hubo un tiempo en el que fue el hombre más rico del mundo, y que sus sistema operativos estaban en los ordenadores de todo quisque, por no hablar del puntazo que podría ser ver una cola de desheredados a Frasier y Niles esperando a que les diesen un poco de sopa caliente. Pero nada de eso vemos, aunque hay detalles simpáticos como el jefe de la empresa de mensajería se llame Reagan Ronald y su héroe existencial sea George Bush padre, o ese momento en el que Max le dice a uno de sus hermanos que la contrataron para robar la única copia de una película que estaba en postproducción cuando llegó el Pulso, por lo que nadie la ha llegado a ver, y que es nada menos que... el Episodio VII de Star Wars, a lo que el otro responde: "¿No es ésa en la que muere el capitán Kirk?"

Como dije, la segunda temporada me parece bastante mejor, porque al ser destruido Manticore los distintos mutantes , a cada cual con unos poderes más extraños, andan por ahí sueltos por el mundo, y empiezan a reagruparse hasta crear una verdadera Freak Nation, que es el título del último capítulo, en el que por fin se descubre el secreto de Max a todo el mundo. Veremos también mutantes para guerra en desiertos fríos y cálidos, niños-murciélago que se comunican por ultrasonidos y el equivalente a un general creado por Manticore, una especie de Mentat capaz de analizar probabilidades tácticas tomando en cuenta todas las variables posibles en una confrontación. Además, hay un chico-perro que es un magnífico pintor de la escuela del expresionismo abstracto. Y durante toda esta segunda temporada, igual que en la primera los perseguía el jefazo de Manticore, los acosará una agencia gubernamental dirigida por un tipo que además en secreto es miembro de una orden supersecreta de superhombres mejorados genéticamente a través de varios milenios de selección artificial, y que practican ritos sacados de Creta, además de hablar en... ¿cretácico?... no, cretense, eso es. Llevan milenios preparándose para un cataclismo al que sólo sobrevivirán los más fuertes, y uno de ellos, renegado, es el que creó el proyecto Manticore, y el que creó a Max como el ser perfecto (¿veis?, os lo dije) con una información vital para la salvación de la humanidad en su código genético.

La verdad es que cuando la serie parecía que iba a empezar a arrancar de verdad y encarrilarse por el buen camino de una ciencia-ficción más potente y cañera, van y deciden que la cancelan, sin un telefilme que cierre el ciclo ni nada, un verdadero series interruptus, como le pasó en su momento a SeaQuest, que también se canceló cuando parecía que tomaba un curso más interesante. Además, en el caso de Dark Angel, querían dejar paso libre para lo que iba a ser otra serie en la que se habían puesto grandes esperanzas y que era nada menos que... Firefly, y que ya sabemos todos cómo acabó. Lo que se dice desnudar un santo para vestir a otro.

En resumidas cuentas, una serie curiosa, un tanto rutinaria y que apuntó maneras justo cuando la desahuciaron. Y, sobre todo, es la serie que descubrió al mundo a Jessica Alba, que ahora va luciendo palmito por las pantallas de cine de todo el mundo.

Ay, Jessica. Si yo quisiera (que sí que quiero), y tú te dejases (que ya sé yo que no vas a dejar). ¡Pero si Bruce Willis podría ser tu padre!


-SuperSantiEgo

10.10.06

El comienzo del ministerio

Tal como comenté en una pasada entrada, he sido jubilosamente ordenado como ministro de la Iglesia Universal de la Vida. Mi vida ha cambiado radicalmente desde entonces, pues noto cómo el nivel de cachondeo hacia mi persona ha crecido en cantidad y calidad entre mis compañeros de trabajo desde que se lo comuniqué. Era mi intención también adquirir los diplomas correspondientes, tarjetas de visita y otras zarandajas, pero como intenté pagar con mi fastuosa VISA y su servidor no se dejó, y soy demasiado vago para mandar un giro internacional, me dije: a la porra, lo importante es la convicción en las creencias, y además ya tengo el recibo y listo.

Mas, cuál no sería ayer mi sorpresa y jolgorio cuando recibí en mi buzón un gran sobre procediente de la
Nación Más Poderosa Sobre la Tierra. Pero si no pagué nada, me dije al ver el remitente. Lo que pasa es que no conté con la generosidad de mi nueva fe, de modo que aunque no pidas toda esa mandanga te mandan un kit básico:

Este kit consta de lo que se ve ahí sobre el cojín de mi sofá, y que es a saber:

1-. Folio plastificado para poner en el parabrisas del coche cuando aparcas donde Dios te da a entender, apresurado al ir a cumplir tu ministerio divino. Para eso está bien resaltada la palabra MINISTRO. Me sería de gran utilidad en el caso de tener coche.

2-. Pegatina para cristal tipo ITV, me imagino que también para poner en el coche. Quizá la ponga en la ventana para que cuando llegue el Ángel Exterminador pase de largo o se quede a tomar unas copas, eso a su gusto.

3-. Pegatina dorada que me será de muy útil cuando me haga un primoroso diploma inspirado en el resguardo que ya tengo, pero escrito en recio y viril idioma cervantino. Que me lo impriman en una imprenta a partir de un pdf o lo que yo vea que quiero hacer, luego le pego la pegata y andando. Mi jefe me ha dicho que a ver si tengo huevos para enmarcarlo y colgarlo en la pared al lado de mi puesto de trabajo. Pues que espere y verá. De avestruz los tengo.

4-. Identificador de tipo congreso que me proclama como clérigo de la Iglesia Universal de la Vida. A ver si convocan pronto el Concilio Vaticano III y lo estreno.

Y ahora, a conquistar el mundo.

Nota del 11/10/2006: Me pregunta un amigo si a partir de ahora tiene que llamarme padre. No, a no ser que se haga como lo hacen los mexicanos: "Órale, qué padre güey eres, mi mano." El término correcto es reverendo. Pero yo soy muy informal, podéis seguir llamándome SantiEgo.

-SuperSantiEgo

9.10.06

¿Perdidos? No. ¡Perdidísimos!

Y entonces, hará cosa como de un año, un colega, Juanjo en concreto, va y me dice, me dice él: "Tío, tienes que ver una serie que se llama Perdidos, y va de unos tíos que estaban en un avión que se cae y se piñan en una isla que es mu rara, y pasan cosas mu raras, y mola un montón."

Pues vale, la veremos. La verdad es que la primera temporada está muy chula y se lo pasa uno pero que muy bien. Los personajes calan en uno y los misterios te reconcomen por dentro. El final de la primera temporada, eso sí, es un crimen de lesa televisión y jura uno en arameo mejor que en la última película de Mel Gibson. Pero se dice uno: bueno, esperaremos a la siguiente temporada. Y cuando uno retoma las peripecias de estos pobrecitos robinsones psicodélicos ya le empiezan a romper a uno los esquemas pero a base de bien. Eso ya no es sólo "narrativa extendida", y uno recuerda lo frágil que se sentía Bilbo, como un pequeño trozo de mantequilla untado sobre demasiado pan. ¡Queremos chicha, joer! ¡Queremos saber! ¡Me vi cagá en vuestras muelas, en la geometría numerativa, en la cábala y en las especulaciones conspirativas!

Al final uno termina llegando a la conclusión de que el título, bien sea en su original inglés (Lost) o en español, Perdidos, no hace referencia ni por asomo al estado de los personajes en esa isla de clima idílico, ¡sino a lo perdidos que estamos nosotros los teleespectadores sufriendo lo que sufrimos y en este estado de estupefacción y zozobra! ¿Qué es el Infierno, me preguntáis? Pensar que quizá después de todo al final esto no sea más que un gigantesco globo hinchado, y que dentro no haya nada. ¿Entonces quién me va a devolver mis proustianas horas perdidas?

Por si fuera poco dicen los inventores del tinglado que no quieren alargar demasiado la cosa, cinco o seis temporadas como mucho. Y entonces dice uno: "Lo vuestro no es normal." ¿Vosotros queréis que me muera de un ataque al corazón? ¿Pero qué os vais a sacar ya de la manga, maldita sea vuestra estampa? Por si fuera poco al final de la última temporada no se desvelaría el misterio, sino que tendríamos que verlo de paganini en el cine. La cuestión es crujir al personal, como siempre. ¿Vamos a tener que esperar a esa peli para saber por qué se quedó paralítico el calvo? ¡Vamos, hombre, no me jodas!

Pues os advierto que mi paciencia tiene un límite. Sí, ya he visto el primer capítulo de la tercera temporada, y lo único que tengo que añadir es:

¡Hay que joderse con los payos!

Contigo sí que me perdía yo en una isla desierta, Evangeline. Y contigo y con tu hermana gemela, ni te cuento.

-SuperSantiEgo

8.10.06

Antes de 300 fue... ¡El León de Esparta! ¡Tiembla, persa perverso!

La verdad es que espero que no se ponga demasiado de moda, porque puede llegar a cansar:

1984, 24, 300, Los 4400, 2001

Recordad, los que sois de letras puras como la blanca nieve: "¡Los números son chungos, los números son chungos!" Así que ya sabéis: de vez en cuando está bien, pero sin abusar.

Para empezar a comentar este asunto debo decir que, en general, a mí la novela histórica me da cien patadas donde más duele. Cincuenta en el derecho y cincuenta en el izquierdo, para ser exactos. Hay honrosas excepciones, pero en general me suele parecer que los autores patinan cosa mala, y muchas veces sienten una chochera insana por lo que escriben. A pesar de sus muchos aciertos sigo pensando que la hexalogía de Colleen Mccullough sobre la República Romana está pasadísima de vueltas con el personaje principal, César, cuyo único defecto es ser demasiado perfecto y carecer de presciencia para adivinar qué día y a qué hora lo van a asesinar, sin contar que deja a la altura del betún a los demás personajes que dieron renombre a esa época. En el caso de Christian Jacq la cosa toma incluso peor cariz, pues los egipcios son tan avanzados y refinados que sólo les falta tener Internet, y tan avanzados están que en una de las novelas la representante de la sublime medicina egipcia le hace una revisión en la boca a Ramsés II, bonito detalle porque como todos sabemos ese señor murió de una septicemia causada por una caries. La mejor medicina del mundo al servicio del tipo más importante y se muere de caries a los 92 años… Anda que… avanzadísimos. Y las pirámides no se caen porque son más anchas por la base que por arriba, no te jode.

Mika Waltari no está nada mal. De chaval me leí todas las novelas suyas que había en casa de mis padres.

Algo parecido pasa con las pelis históricas, que muchas veces son la pera. A veces se llaman de época, como si todas no se desarrollasen en una época u otra. Quizá unas de mis preferidas sean los peplum, las conocidas como pelis de romanos aunque salgan griegos o cualquier otro pueblo antiguo. Era un género bastante abandonado, y la verdad es que si lo van a resucitar así no sé yo si valdrá mucho la pena. Gladiator (pronúnciese gladiéitor para demostrar el autodesprecio por la propia lengua, pronúnciese gladiátor para demostrar que no se merece tener el título de bachiller elemental y pronúnciese gladiatór, como yo hago, por joder) tiene sus cosas buenas, pero otras para echarse a llorar, como la escena de Guerra del Vietnam, los desfases temporales, las travesías por desiertos lunares y los pretorianos que parecen Waffen SS. También recuerdo que me preguntó un amigo si en realidad Cómodo estaba tan loco como en la película, y tuve que sacarlo de su error porque Cómodo estaba infinitamente más loco que en la peli, se paseaba por Roma vestido de Hércules y en el circo le presentaban fieras para que cómodamente las alancease desde su trono; por si fuera poco murió a manos de un tal Narciso, que ya es ganas de hacer el ridículo ir por la vida de emperador romano y que te mate un tipo llamado Narciso, y no como en la peli de Ridley Scott, que lo mata un emeritense echao palante con cara de “te doy una hostia que te mato”.

Vamos, que el género histórico, a veces, me da cien patadas donde ya dije. Por eso muchas veces, cuanto más desfasado está el asunto, más disfruto, y casi prefiero Demetrio y los gladiadores o las películas de Hércules de Steve Reeves, sin olvidar El coloso de Rodas, o una en la que salían unos atlantes con submarinos y vestidos a la griega, pues no olvidemos que dentro de este género se englobarían también las películas que muestran hechos mitológicos, donde es perfectamente legítimo adaptar y recrear, como se lleva haciendo siglos. Cuanto más desfase, mejor. Aquí no hay medias tintas, y si se quiere hacer algo realmente “histórico” se hace con todas las consecuencias, o si no el desmadre, que no se insinúe ni por el forro que lo que se ve en la película es “la verdad”.

Todo esto viene a que muchos esperamos con fervor casi religioso la llegada de 300 (pronúnciese zrijándrid para terminar de arreglarlo), la adaptación al cine de la Batalla de las Termópilas que Frak Miller plasmó en la novela gráfica 300 publicada por Dark Horse. Y según el mismo Miller una de sus influencias y lo que marcó su interés por esa famosa batalla fue el visionado, cuando era chinorrillo, de esta película, El León de Esparta, cuyo título original es incluso más esclarecedor: The 300 Spartans (1962). Pues nada, vamos a verla y que sea lo que Dios quiera, que los peplums suelen ser la mar de entretenidos.

Pues... está bien. Es un péplum correctillo y entretenido, la verdad. Ahora bien, si ya analizamos otros aspectos, la cosa es tremenda. La primera, como siempre, en la frente:
¿Esto qué puñetas es? ¿Atenas? ¿Cómo que Atenas? ¿Esto no iba de Esparta? Pero lo mejor es lo que nos dice pocos segundos la voz en off, cuando nos asegura que después de 24 siglos de silencio, ésta es la historia la esos 300 soldados que protegieron el mundo libre de Grecia. Pues han sido unos 24 siglos realmente clamorosos, me dije, lo que se dice los gritos del silencio, pues es una de las batallas más comentadas y estudiadas de la historia, y casi no ha habido intelectual, historiador o hijo de vecino que no haya dicho algo sobre ella en esos 24 siglos. En fin, que empezamos de rechupete. Por si fuera poco, como siempre nos documentamos mal y permitimos que se pierda vocabulario. En primer lugar el mismo término espartano no es del todo correcto, ya que en realidad es un adjetivo, y el gentilicio correcto es espartiata. Sé que suena raro, pero no lo he inventado yo.

La pinta que tienen los espartanos en esta película es un claro homenaje a un pueblo que aún no existía como tal, los romanos. Por ejemplo el casco de Leónidas debería tener la cimera horizontal, no vertical. Se entiende porque debieron heredar el atrezzo de otra película o se esperaba reutilizar el de ésta para una peli de gladiadores. El escudo sí es del tamaño más o menos correcto, y fijémonos en la tienda de campaña sobre él, la letra lambda pintada, ya que nuestros amigos eran obviamente lacedemonios. La formación que adoptan es la conocida falange gruyere, ideal para morir en masa.
Casco lacedemonio homologado de tipo corintio. Lo chungo es que no se te ve la cara y las fans no te reconocen.
Espartano más chulo que un ocho dispuesto a matar a unos cuantos persas invasores.
Cuadro Leonidas en las Termópilas, de Jacques-Louis David, posible inspiración de Miller para andar poniendo a los espartanos con el pito al aire, a lo que era muy aficionado este autor neoclásico francés.

Volviendo a la película, se nos muestra cómo, frente a la acometida de un gigantesco ejército persa, las distintas polis griegas unen sus esfuerzos para enfrentarse a un enemigo común. En un escenario, demasiado parecido al Senado de Roma, Temístocles el ateniense pone sus naves bajo mando espartano, y después comenta con Leónidas cómo plantear la batalla con un mapa tridimensional y a todo color

que como mínimo debe ser cortesía de la AEGC (Agencia espacial Grecia Clásica), porque de ésos no tenía ni el bueno de Napoleón. Sé perfectamente que los griegos inventaron la trigonometría y eran grandes agrimensores y geógrafos, pero si tenían Lokhead U-2 para las fotos aéreas no me explico cómo no mandaron a los F16 a cargarse a los persas y tan contentos. Por cierto que en la película veremos obviamente que Leónidas muere como un héroe, pero se nos olvidan de decirnos que Temístocles luego de vencer a los persas se enfrentó a los espartanos y luego su propio pueblo lo condenó al ostracismo y acabó exiliado en la misma Persia ayudando a sus anteriores enemigos. Efectivamente, de los griegos lo aprendimos casi todo, pero también lo malo, como por ejemplo cómo ser un hijoputa, la doblez, el desagradecimiento y el oportunismo.

Luego la acción pasa a Esparta y tenemos un pequeño interludio romántico, donde de paso se nos exalta lo muy machos que son los espartanos y se despeja toda duda sobre los rumores malintencionados de los historiadores sobre la proliferación del homoerotismo entre este pueblo:

Pero también tenemos momentos realmente históricos, como cuando esta señora, en ausencia de la madre muerta de un neófito, le entrega su escudo y le dice muy seria algo en griego (¿Y el resto de lo que hablaban en qué era?) La guiri vestida de lila de la derecha le pregunta a la minifaldera que qué le ha dicho, y ella le traduce muy amablemente: "Vuelve con tu escudo o sobre él", porque según parece el escudo pesaba un güevo y no había más remedio que tirarlo para poder escapar. Respecto a las columnas, si lo que querían eran darle un aspecto a lo palacio de Cnossos, hubiese sido un detalle pintarlas de rojo, pero quizá ya sería hilar muy fino, y también se pueden considerar de dórico cutre.La cuestión es que a Leónidas le dicen que no, que no puede ir a la guerra con toda su peña. Aquí el guionista se decanta por la versión que dice que estando Esparta en la celebración de las fiestas Carneas por tanto no podía movilizar su ejército, aunque hay otra versión, más romántica, que dice que un oráculo vaticinó al rey que sólo con su sacrificio se podría ganar a los persas.

Y entonces es ya cuando, de una puñetera vez, se van a las Termópilas a detener a los persas. Es en estos momentos en el que a uno le sale el ateo histórico que lleva dentro y suelta el famoso "caso en sós". ¿De verdad alguien es tan ignorante para pensar que 300 tipos pudieron detener a un ejército de entre 250.000 y 1.000.000 de hombres? (Como se ve las guerras de estadísticas ya existían por aquel entonces). En primer lugar no eran 300, porque con Leónidas al frente debían ser como mínimo 301. Si contamos a las tropas auxiliares y subalternos ilotas que llevaban, son como mínimo 900. Además, allí no estaban ellos solos, pues también estaban otros aliados, hasta un número de 6000. El truco estaba en embolsar a los persas en el paso, hacer como que se retiraban y luego dar para el pelo a los que conseguían meterse. Tiene su mérito, sin duda, pero muchas veces nos lo presentan de la otra manera, y eso no se lo cree nadie, pues incluso posteriormente una fuerza mucho más preparada o tecnológicamente superior, como los ingleses con los zulúes o los rangers contra los somalíes, no hay quien resista una marea humana que se te echa encima. Además, como todo lo que cuentan los historiadores griegos y romanos, hay que cogerlo con pinzas, pues si les hacemos caso deberíamos creernos que tenían una fuerza destructiva mayor que los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial.

Pues bien, una vez en el paso tendremos sucesivas escaramuzas filmadas con cierta fuerza, aunque tal como se nos disponen las tropas nadie se creería que se pudiese sostener la posición:
Aquí vemos a los Inmortales o Athanatoi luchando contra una desangelada falange espartana. Aparte del escudo de mimbre, no se parecen demasiado a las imágenes que hay de ellos. Por cierto que entre los persas nunca se llamaron así, sino anusiya (compañeros), y el buena pieza del Sha de Persia tuvo un regimiento al que puso ese nombre, a ver si colaba.
Como se puede ver Miller no se inspiró demasiado en la imagen de los Inmortales que se puede encontrar en cualquier página de Internete o de los libros de historia, que ésa misma estaba en mi libro de 1º de BUP, me acuerdo perfectamente. Eso sí: se nos quedó con la copla del color negro y lo combinó con esta famosa imagen de la cultura popular francesa:
Por último veremos aquí otro detalle, el burro delante para que no se espante, o sea Leónidas al frente de la falange, para que se le vea bien, error en el que también caerá Miller, pues el puesto de honor de la falange que ocupaba el rey era el último por la derecha, desprotegido su flanco derecho debido a la forma de combatir de los hoplitas. El rey iba a "pecho descubierto", como debe ser, como irán luego nuestros lejías o legionarios.
También tendremos un precioso momento "duelo al sol" entre Leónidas e Hidarnes, en donde se sintetiza dos momentos conocidos de esta batalla. Primero Hidarnes le advierte que les lanzarán tantas flechas que se ocultará el sol, y Leónidas (en realidad fue el soldado Dienekes) le responde: "Pues entonces pelearemos a la sombra". Luego lo anima a que se rinda pues Jerjes está dispuesto a perdonarle la vida si entrega sus armas, a lo que Leónidas responde: "Μολων λαβε", e Hidarnes dice: "Perdón, ¿lo cualo?" "Ven a buscarlas tú mismo", traduce el rey, dejándonos con la duda de en qué idioma transcurrió hasta ese momento la conversación.
Al final, como está mandado, el resto de los griegos huye y los espartanos se quedan en el paso después de ser flanqueados debido a la traición del pastor Efialtes (que significa "pesadilla", y voy yo y me creo que no está inventado), y los héroes mueren "con las grebas puestas".

Y les ponen una bonita lápida en el lugar para que nunca se olvide su fazaña:
Ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε
κείμεθα, τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι
La verdad es que cuando uno ve la peli disfruta bastante aunque sea todo más falso que el beso de Judas. Los espartanos jamás de los jamases lucharon por la libertad, porque era un pueblo de armas tomar, y nunca mejor dicho. Se consideraban a sí mismo como invasores del territorio que ocupaban, y por eso declaraban ritualmente la guerra a sus siervos todos los años, y una forma de hacer la mili para ellos era la kryptia, en la que los jóvenes se ocultaban de día y de noche iban a robar a los ilotas su comida y de paso matar a alguno. Esparta fue también el modelo, en parte, para la República de Platón, que a su vez es el modelo o inspiración de todas las justificaciones que ha habido del totalitarismo. Los espartanos que consiguieron huir fueron considerados deshonrados, y sólo dos de los que estaban con Leónidas consiguieron escapar: uno fue humillado por ello lo que le quedó de vida, y el otro se suicidó después de entregar su mensaje. Ya que para los espartanos, como después para los vikingos o los klingon, era mucho mejor morir en combate que soportar la humillación de la retirada, el sacrificio de Leónidas y sus 300 muchachotes deja mucho que desear como sacrificio altruista y pasa a ser sospechoso de acto fanático. Sin ir más lejos, en la ya citada Hexalogía de Roma, César, cuando pasa por las Termópilas, dice que poco tuvo de heroico, y que fue un sacrificio inútil.

Y ese "espejismo espartano" duró siglos, hasta que se concluyó que sí, fue una polis realmente temible, pero su aporte a la civilización son apenas unos episodios de hazañas bélicas bastante magnificados. Posteriormente se convertirían en una especie de atracción turística para Roma, que igual que a Atenas le concedió una especie de Estatuto de Autonomía, y allí iban a ver lo chulos que eran los descendientes de Leónidas, y cómo se dejaban azotar hasta caer desmayados sin soltar un solo grito. Creo recordar que Nerón los admiraba mucho. Después serían atacados por los hérulos en 267 d.C. (los mismos que luego en 476 finiquitarían lo que quedaba del Imperio Romano), y en 395 por los visigodos, a los que dicen que llegaron a enfrentarse formando una falange, aunque lo más probable es que sea un mito. De todos modos ya antes Epaminondas había vencido a las falanges espartanas en Leuctra (371 a.C.), a pesar de que el mito espartano nacido en las Termópilas aseguraba que los espartanos vencían siempre, incluso en desventaja numérica. Por cierto que Leuctra probablemente sea de pleno derecho la batalla gay más grande de la historia, entre los espartanos y el escuadrón sagrado.

Hoy día casi nadie va a visitar las ruinas de Esparta, porque poco hay que ver aparte de unas piedras, y poco más que monedas de hierro se han encontrado en las excavaciones.

¿Y todo esto a quién le importa a la hora de leer 300 o cuando vayamos a ver la adaptación cinematrográfica? Pues a nadie. Al cine vamos a que nos engañen, qué coño. ¿Que Miller, como no sabe cómo eran los espartanos (poco sabemos de ellos excepto que eran lacónicos, o sea de pocas palabras), nos los pone como marines haciendo flexiones, y combatiendo a pecholobo en taparrabos o con el cinganillo al aire? Pues con dos cojones. ¿Que Jerjes parece una drag queen afroamericana y debería interpretarlo Ru Paul? Pues adelante.
¿Vosotros sabéis de alguna cultura que consiguiese domar a los rinocerontes? Yo tampoco. Pero para eso están las imágenes generadas por ordenador, para poner a rinocerontes con un cuerno el doble de largo de lo normal en un especimen asiático, persiguiendo a un tipo vestido de moro salido de El Guerrero del Antifaz en un remedo de los sanfermines.Lo importante es que, con algo de suerte, nos lo pasaremos como enanos viendo la peli, aunque histórica e ideológicamente sea un horror, si bien eso mismo se puede decir de la Ilíada, sin ir más lejos. Lo único que quizá se echa en falta en estas ocasiones es un cartelito al principio de la película, e igual que se nos avisa a veces que los hechos son ficiticios y que cualquier similitud con personas o hecho actuales es pura coincidencia, en estas películas o novelas "históricas" se nos debía advertir que los hechos históricos se presentan como al autor buenamente le parece y que no tienen ningún valor académico. Por ejemplo el enfrentamiento entre griegos y persas, primero en las Guerras Médicas y luego en las campañas de Alejandro, quiere presentarse a veces como una lucha entre la libertad y un sistema despótico, cuando si mira uno un poco ve que poco había de eso, y sin ir más lejos Alejandro era un autócrata que subyugó al resto de Grecia y luego se aficionó como el que más a las deificaciones en vida, cosa que se suponía que sólo hacían los bárbaros orientales.

Al fin y al cabo, como dicen los periodistas, no debemos dejar que la verdad estropee una buena noticia, y la Historia verdadera es a veces tan aburrida o tan repugnante que no debemos dejar que nos estropee un bello espejismo literario o cinematográfico, siempre y cuando sepamos que estamos delante de uno.

Actualización del 27-03-2007: Crítica de 300 después de su estreno.

-SuperSantiEgo

4.10.06

Moros y chinos. What If…?

La verdad es que no me gusta hacer críticas de libros apenas acabo de leerlos, y prefiero esperar un poco a ver de qué me acuerdo de ellos después de un tiempo. No es la primera vez que, pasado un mes o dos, la máquina Java que tengo integrada en el cerebrillo pasa el recolector de basura y acaba con todo lo que no haya establecido una referencia sólida. Por eso, como hará unos seis meses que leí Tiempos de Arroz y Sal, de Kim Stanley Robinson, paso a comentar algún aspecto de ella que más me llamó la atención.

El autor es sobre todo conocido por su trilogía de Marte: Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul, ciencia ficción de la durilla que obviamente nos evoca automáticamente a Bradbury y sus Crónicas Marcianas. Por eso cuando me encontré la edición de bolsillo de este libro y leí la contraportada me dije: Coñe, una ucronía. Las ucronías son novelas del género fantástico que corresponden al famoso “Que hubiese pasado si…”, y que en los comics por ejemplo crean casi todas las realidades paralelas y alternativas, y que sobre todo se hicieron famosas con el conocidísimo What If…? de Marvel. La primera que leí, cuando estaba en el instituto, fue Cuando el Dragón Despierte, de John M. Ford, que recuerdo que en su momento me costó una pasta. La premisa era sencilla: ¿qué hubiese pasado de salir bien la protección a las antiguas religiones de Juliano el Apóstata? Pues que nos encontrábamos en pleno Renacimiento entre Borgias y Sforza, pero en vez de culto a la Virgen pervivía el culto a Isis, cuya imagen servía para espantar a los vampiros, los militares eran mayoritariamente mitraicos y había por los montes bandas de monoteístas intransigentes llamados jeshitas, que eran más peligrosos que los thugs de la India. En el caso español me acuerdo sobre todo de la ucronía Los rojos ganaron la guerra, de Fernando Vizcaíno Casas, que obviamente especulaba con la idea de una España en la que hubiese vencido la Hidra Roja*, y en la que enlazaba con sana mala leche algunas escenas antológicas, como la de la Pasionaria visitando a Stalin o lo emocionado que se quedaba Carrillo cuando le comunicaban que a partir de entonces Gijón iba a llamarse Gijón del Carrillo.

En este caso nos encontramos con una ucronía que especula con la posibilidad de que la Peste Negra hubiese asolado Europa de tal manera que casi hubiese desaparecido la Civilización Occidental y el cristianismo, relegada a unos pocos grupos a los que nadie hace caso. Quedaban por tanto dos grandes civilizaciones, llamadas a entrar en contacto y al final a luchar por la supremacía: el Islam y el Imperio Chino, de ahí que jamás hubiesen existido las fiestas de Moros y Cristianos, a lo sumo las de Moros y Chinos. La verdad es que si tenemos en cuenta que la novela se publicó a apenas un año después del 11-S es toda una valentía, ya que aunque se le ve el plumero y se ve que sus preferencias son el budismo no deja de presentar a los musulmanes como una potente cultura y una religión elevada, si bien con sus contradicciones e incapaz, como todas, de evitar el verdadero sufrimiento del ser humano. Toda una hazaña, repito, siendo el autor norteamericano, y más en estos tiempos de maurofobia facilona en la que muchos pretendidos defensores de nuestra civilización ponen como ejemplo a seguir los exabruptos xenofóbicos de la malograda Oriana Falacci. En más de una ocasión en la novela se nos insistirá en que Mahoma creó su religión como un proyecto abierto, y que sus creencias deberían ser adaptables a los cambios del mundo.

De todos modos, aunque en el libro se intenta, y se logra, cierto equilibrio, está claro a mi entender que lo que realmente le gusta al autor es la visión budista de la vida, lo cual es muy respetable. En primer lugar, la novela copia un artificio que se utiliza en algunas parábolas y escritos budistas, en los que distintos personajes son diversas reencarnaciones de unas almas. Para que reconozcamos a estos personajes, sus nombres, se nos presenten como personas de distinta raza, nacionalidad o sexo, empezarán por B y K, y serán los personajes centrales de casi todos los capítulos. Además, uno de estos personajes, B, es el espíritu conciliador, reflexivo y constructivo, mientras que K es impulsivo, desafiante, rompedor e iconoclasta. Ni más ni menos que el yin y el yang. El personaje cuya letra empieza por I es el que representa el espíritu científico. Por si fuera poco cuando los personajes mueren a veces se vuelven a encontrar en el Bardo (no, el de Astérix no), un estado intermedio entre la muerte y la reencarnación, y en un caso incluso llegan a hacer un intento de revolución dentro de él. Así que los islamófobos no tienen demasiado por lo que preocuparse: no aparece como hecho objetivo el Paraíso con las huríes.

Lo cierto es que cuando compré la novela lo que me pedía el cuerpo literario era algo de chicha, algo de caña, y me imaginé que aquí la encontraría. Pues no, aunque hay guerras la novela se basa fundamentalmente en el desarrollo espiritual de esas almas que conforman un jati, según el budismo tibetano un grupo de espíritus condenado a volver a encontrarse a lo largo de sucesivas encarnaciones, a la vez que vemos el desarrollo de una Humanidad más que reconocible, pero que resulta también exótica, con una Europa colonizada por los musulmanes y una América y Australia descubiertas por los chinos. Robinson también se muestra poco eurocéntrico: al alcanzar nuestro año 2002, cuando acaba la novela, el desarrollo material y científico del mundo es semejante al nuestro, si bien todavía se está llegando a la fisión del átomo. Tampoco toma el otro camino fácil, el de ponernos un mundo que es mucho mejor que el nuestro pues no ha sido corrompido por los malvados europeos: el mundo que nos muestra en esa evolución paralela, bastante razonable, no es mejor ni peor que el nuestro en muchos aspectos, pero sí completamente diferente. El autor nos cuenta pasajes fundamentales de ese mundo y reconocemos el equivalente al Renacimiento, a una especie de Galileo o Newton, a Madame Curie, y una guerra genocida llamada Guerra Larga que dura sesenta años y que muestra aspectos tanto de la primera como de la segunda guerra mundial, y en la que antes de la derrota parcial de la alianza de naciones musulmanas murieron mil millones de personas.

Quizá lo único malo que se le pueda achacar al libro es que es imposible condensar en 700 páginas quinientos años de evolución humana, además de detenerse en todas las comeduras de tarro de los protagonistas. Hay partes del mundo del que apenas se nos dice nada, como África, y sobre la determinante civilización india que planta cara a las otras dos poco sabemos, lo mismo que de los hodenosauníes (los amerindios), que crean una confederación de tribus para protegerse de las invasiones que los amenazan por este y oeste y terminan creando una democracia. Poco se nos cuenta de ellos, y uno se queda con ganas de más, la verdad. El caso de los japoneses también es particular, pues son invadidos por los chinos y se convierten en un pueblo errante por toda Asia que sueña con volver a su hogar ancestral, como los judíos.

De todos modos se agradece que, en los tiempos tan revueltos que corren donde el que más grita parece llevar la razón, y está de moda la intransigencia cultural y religiosa contra otras intransigencias culturales o religiosas, aparezcan novelas como ésta que sin aspavientos ni salidas fáciles reflexionen de forma profunda sobre la condición humana y sobre sus sufrimientos a lo largo de la historia. En una de las páginas finales, alumbrado por un espíritu ilustrado que ahora tantos intentan sofocar, Robinson vuelve a sacar una de las más poderosas armas de la reflexión budista y uno de sus personajes se dice que la humanidad no se habrá ganado ese nombre y empezará la verdadera historia del auténtico ser humano hasta que el número de vidas vividas en paz y plenitud supere al de aquéllas que han vivido en el miedo y la frustración, y que mientras no desaparezcan las desigualdades y se reparta la riqueza del mundo equitativamente no seremos más que monos parloteando sin sentido, orgullosos de pertenecer a una pretendida humanidad que todavía no existe como tal. Obviamente esto demostraría a tantos “liberales” que andan por ahí a la caza del progre que este norteamericano traidor a su patria es un peligroso agente desestabilizador de la democracia y del libre mercado, y que su obsesión por el planeta Marte y su color ha nublado su juicio.

Y digo yo: y que le dure.
Kim Stanley Robinson

*Heil, Hydra! ¡Corta una cabeza y dos aparecerán en su lugar! (Joder, cada vez estoy peor de lo mío.)

-SuperSantiEgo