8.8.19

Libro: El Vivo, de Anna Starobinets

El capitalismo es maravilloso. Bueno, o por lo menos lo es a ratos y para alguna gente, ya profundizaremos en ello si tengo tiempo y ganas de comentar el libro sobre la Escuela de Frankfurt que he acabado recientemente. En particular nos da a veces grandes alegrías la economía de mercado, porque está pendiente de darnos lo que queremos siempre que tengamos dinero para pagarlo. De ahí que, creo que incluso lo he contado en alguna ocasión, hace años en una de mis visitas a la FNAC me encontré con una mesa entera, enterita, llena de libros de zombis, pocos años después de que se pusiesen de moda otra vez cuando ya nadie esperaba que el subgénero levantase cabeza. A partir de entonces se han escrito incontables novelas sobre ellos, y ha habido series y películas de gran éxito. Del mismo modo cuando se hizo una película de Hipatia aparecieron como de la nada dos o tres novelas sobre ella, y en cuanto triunfó una historia sobre seres anormales, digo paranormales teniendo romances insulsos faltó tiempo para que, como en un terremoto, se produjesen cientos de réplicas y clones de combate. El público lo quiere, el público lo tiene. Unos compran, otros venden, y la teoría dice que todos salimos ganando.

Desde hace unos años, no os descubro nada nuevo, está bastante en boga el subgénero de la distopía, con distintas variantes: la distopía adolescente, en el que un grupo de jóvenes vencen al aparato represor del Estado, o también distintas copias de la distopía de género de Margaret Attwood, que ya tiene treinta años, y aunque no es la única que existe en los últimos años ha tenido multitud de copias al volver a ponerse de moda.

La distopía corre en paralelo con la Utopía, ya desde los tiempos de Tomás Moro cuando ideó una isla mágica en el que todo funcionaba perfectamente, los gobernantes eran justos y sabios y nadie pasaba necesidad o sufrimientos que no se pudiesen evitar por medio de la correcta organización de la sociedad. La distopía (lugar penoso, como dispepsia es digestión pesada o incómoda), es por definición para Moro el mundo real que le tocó vivir, y en el que por cierto acabó perdiendo la cabeza. Literariamente, es el género literario, que se suele asociar a la ciencia ficción, en el que se describen sociedades opresivas e inequitativas, o en las que el grueso de la sociedad suele está sometida a una élite que la explota o controla férreamente. Ni que decir tiene que el objetivo de la distopía es satírico o de advertencia en el sentido de que, si seguimos por el actual camino, acabaremos muy malamente, no necesariamente como se nos cuenta en la novela pero sí mal.

Las dos distopías más famosas, y que han sido copiadas hasta el hartazgo, son sin duda 1984 y Un mundo feliz, seguidas no muy de lejos de Nosotros de Zamiatin y de Farenheit 451 de Bradbury, sin olvidar a otros títulos como El talón de hierro u otras sociedades de pesadilla que han creado otros muchos autores. Películas de este estilo también las hay a montones, y distopías podrían considerarse también a Rollerball o Naves misteriosas, comentadas en este su mismo blog familiar y amigo.

Para que una distopía sea realmente aterradora, por supuesto, tiene que huir de aquello en lo que caen sistemáticamente muchas de sus copias menos afortunadas, y es negar toda esperanza. Nosotros acaba de forma un tanto irónica y humorística con la consolidación de esa misma sociedad, en Un mundo feliz el Salvaje sólo es la conciencia a través de la que vemos un mundo extraño que no ha cambiado ni una pizca después de que él desaparezca y 1984 acaba con una de las frases finales más lapidarias de la historia de la literatura, cuando Winston Smith comprende por fin que ama al Gran Hermano y acepta que el futuro es un eterno pisoteo de una bota en un rostro humano. En Farenheit 451 en todo caso, con el final abierto, podemos pensar o soñar que las personas-libro terminarán por reconstruir la sociedad, pero es algo que tampoco queda nada claro. Por supuesto puedes crear una narración en la que esa sociedad distópica se hunda a partir de las acciones, intencionadas o fortuitas, de unos héroes o antihéroes al uso, pero entonces estamos ya ante una historia en la que de alguna manera el bien vence al mal, la luz a la oscuridad, o sencillamente no hay mal que mil años dure y tarde o temprano el despliegue de la historia y del espíritu humano hará que ese espíritu prevalezca.

El vivo, de Anna Starobinets, por desgracia, aunque con algunas cosas buenas, tiene mucho más de novela de consumo que sigue una moda y puede ocupar su sitio en una mesa de la FNAC entre otros muchos títulos parecidos y bastante poco de distopía realmente aterradora con un mensaje claro sobre nuestro presente. Nuevo, lo que se dice nuevo... no vamos a encontrar casi nada en este título. Es una sociedad como hemos visto varias en otros títulos, como La fuga de Logan, se mantiene una población estable por medio de la supresión de los individuos a partir de una cierta edad, en nuestro caso a los sesenta años, a partir de los cuales todo el mundo tiene la obligación de "entrar en pausa", y según cuenta el credo en el que todos creen, se reencarnarán inmediatamente en otro individuo que conforman El Vivo, el conjunto de los tres mil millones de seres humanos que quedaron después de un cataclismo del pasado, según parece de carácter biológico. A continuación de esto se creó El Vivo y el Socio, una especie de Facebook omnipresente instalado en la mente de todos sus miembros, de modo que existe lo que se llama la primera capa, lo que vendría a ser el mundo físico, y luego una segunda y posteriores capas de mundo virtual cada vez más profundas, aunque eso, sinceramente, nunca lo llegué a entender. Porque se entiende entre poco y mal. De hecho en algunas críticas que se deshacen en elogios de este título, y que repiten sin más la publicidad de la editorial, nos dicen que por ejemplo los personajes hablan con palabras inventadas propias de ese Socio, como hacemos ahora con LOL y demás. Se espera uno poco menos que exista un nadsat como en La naranja mecánica, pero lo que te encuentras es CUATRO palabras únicamente, lo que creo que no da para comentarlo demasiado, la verdad.

Y es que a mi juicio esta novela tiene dos problemas fundamentales. El primero es que no aprende la lección fundamental de la novela de Huxley, que sí, es una distopía, pero lo es a ojos de El Salvaje, y quizá para los nuestros, pero internamente para ellos no lo es en absoluto ni nadie parece sufrir por ello con sus pastillas de soma, su porno sensorial, relaciones sexuales continuamente y una completa armonía entre las distintas castas, de modo que tan feliz y necesario se siente un delta como un alfa. Precisamente el final, que tampoco te coge por sorpresa, es la aceptación de El Salvaje de que está de más en ese mundo, y nunca podrá comprenderlo. Si a alguna distopía genuina le intentas meter cualquier forma de épica, lo que conseguirás es tener una distopía muy coja, o una épica que aparece a destiempo cuando la obra parecía que iba de otra cosa.

El segundo problema es la forma en la que está narrado el libro, de forma fragmentada e intentando en ocasiones reproducir cómo son las relaciones sociales y la comunicación de los personajes a través del Socio. Es decir: se intenta una técnica literaria no lineal y con múltiples fuentes que nos informan de lo que está ocurriendo, y el resultado no es óptimo ni mucho menos, no por la técnica propiamente dicha sino porque la ejecución no consigue lo que pretende. No sólo a veces los supuestos mensajes de Aceptar o Cerrar se terminan convirtiendo en algo muy tedioso, sino que además a medida que uno avanza en la trama, que también descubres que es bastante endeble, eres más consciente de lo que te estás perdiendo, pues esos recursos narrativos son bastante incompatibles con mostrarte cómo es realmente ese mundo, y tienes la sensación de que te estás perdiendo lo mejor. Como además estamos en una novela hodierna en la que desde luego no vamos a deleitarnos con vigorosas divagaciones poéticas ni con una prosa de frases primorosamente construidas, ni siquiera se nos da a cambio la suficiente información para que cada uno se monte en su cabeza su correspondiente película, y los diálogos de los personajes, algunos de ellos a veces un poco de besugos, no sostienen todo el andamiaje. Vamos descubriendo, eso sí, cómo se organiza esa sociedad, pero tampoco es algo realmente malvado ni particularmente desagradable, porque incluso la élite que gobierna ese mundo parece creer las mismas idioteces que todos los demás. Es un sistema cruel, sin duda, pero es una sociedad que da más pena que verdadero miedo o que produzca desasosiego. Lo que terminan sospechando algunos de los personajes, que eso de la clave que se repite a través de las encarnaciones de modo que hay alguna esencia que sobrevive a la pausa, es una chorrada, lo sabemos todos desde la primera página, así pues que tu futura encarnación herede lo más probable tu ocupación profesional o tu estatus es algo tan injusto como aleatorio, y por lo tanto cae más dentro del absurdo que de lo aterrador. 

Dicho de otra manera, en esa sociedad distópica no hay nadie al volante, y como tampoco se nos explica cómo surgió realmente el Vivo, cuyo origen es más mítico que otra cosa, tampoco vemos que nadie se aproveche sistemáticamente de ese mundo injusto. Eso sí: a los que tiene bien jodidos es a los disidentes o personas con un grado de violencia que los obliga a permanecer en reformatorios una encarnación tras otra, supuestamente para curarlos. En uno de estos reformatorios está Cero, un ser que nació sin clave, y por lo tanto es una excrecencia del sistema, ya que se podría considerar un ser originario. Su madre, que tuvo que separarse de él a los siete años como le ocurre a todo el mundo, lo concibió en una especie de orgías multitudinarias y obligatorias en la primera capa, obligatorias para que se produzca descendencia porque lo que la gente hace habitualmente es practicar cibersexo fantasioso y extravagante en luxuria por medio del Socio. Algo que tampoco queda demasiado claro es el nivel tecnológico del mundo, en informática e integración entre el cerebro y la máquina desde luego están muy avanzados, pero a veces se insinúa que hay otros campos en los que no han alcanzado al mundo anterior a la Gran Reducción. Llama la atención que los métodos anticonceptivos por tanto estén prohibidos, y que no existan formas alternativas de reproducción asistida, porque la gente parece poco contenta ante lo de esas orgías, y las mujeres menos. La autora tampoco explora demasiado esto. La cuestión es que el niño sin clave termina en uno de esos reformatorios, en los que conoce a Cracker, la reencarnación del ingeniero original del Socio, y también contempla en su celda a El Hijo del Carnicero, una figura legendaria de la que se siguen haciendo series de televisión que te proyectan en el cerebro, y que viene a ser una especie de Freddy Krueger.

Casi dos terceras partes de la novela serán las descripciones de varios personajes relacionados con Cero y el propio Cero, que años después se termina por escapar gracias a la ayuda de Cracker, que lleva años encerrado en una especie de meditación profunda para hacerse uno con la red o algo así, ya que se considera el mejor hacker que ha existido. Es todo bastante confuso. Si a esto añadimos que los personajes andan por ahí deambulando un poco de forma aleatoria y cuando te has acostumbrado un poco a ellos desaparecen o mueren, tampoco es que les termines de coger demasiado cariño ni empatices mucho con ellos, y un par de trucos un poco sucios como seguir definiendo a una persona con un nombre cuando otra la ha suplantado tampoco me hicieron demasiado feliz. Ya cuando la novela emprende su recta final, como ya he dicho, desaparecen muchos de los personajes a los que medio nos habíamos acostumbrado y en algo que prácticamente es un deus ex machina de manual a Cero no sólo no lo ejecutan o vuelven a encerrar sino que los Ocho, los gobernantes bastante incapaces de ese mundo, lo eligen para ser uno de ellos. Sin demasiadas explicaciones. A partir de ahí se vuelve drogadicto, lo manipula uno de esos gobernantes y todo termina de forma bastante abierta por si fuera poco. Hay también una explicación prácticamente mística que podría dar algo de sentido, pero se queda en nada porque por lo visto nadie sabe realmente lo que es el Vivo y el Sistema, ni siquiera los que lo vieron nacer. Al final, si no sabes o no quieres explicar algo que has dado a entender que ibas a explicar, siempre puedes decir que es un misterio.


Quizá lo peor es que juega a dos barajas continuamente, y no se sabe si te está engañando o no. En principio parece que eso, el sistema de reencarnaciones es eso, una paparrucha, la gente acepta que no se acuerda de sus vidas anteriores como de hecho los auténticos sistemas de creencias que tienen en consideración la reencarnación ya hacen, pero por otro lado, ¿por qué Cracker puede hacer lo que hace e, incluso, hacerse uno en la red para seguir desde allí luchando contra el mundo que supuestamente ayudó a crear en otra vida? Otra de las cosas que apenas si se ve es que hay pobres o trabajadores de muy baja cualificación a los que se llama sencillamente robots, hasta que luego te das cuenta de que en realidad son personas, lo que también te da mucha alegría, y que éstos tienen mujeres videntes que se supone ven tus encarnaciones pasadas y futuras, y también se habla continuamente de un experimento con el que se pueden ver, aunque precisamente lo que parece es que se ve eso, que no hay nada, y por eso se tapó rápidamente. Todo muy confuso y contradictorio. También muy al final, por un par de apuntes, parece ser que todo ese mundo que te has imaginado es infinitamente más cutre de lo que pensabas, pero difícilmente te lo podías imaginar así si no tenías datos: casi todo el mundo está obeso porque se quedan mirando idiotizados las capas sin moverse, y viven rodeados de basura que no ven porque sencillamente la tiran a su lado sin darle importancia, y aunque han pasado cientos de años desde la caída del mundo antiguo todavía hay zonas abandonadas de las antiguas ciudades, y no se sabe por qué los animales, como los perros, son temerosos del ser humano integrado en el Vivo, aunque no de Cero. Obviamente hay un par de pinceladas sobre cómo funcionaría la economía de ese mundo y de dónde sale la comida, pero desde luego tampoco se para mucho en eso, y si no lo va a explicar de forma satisfactoria mejor que ni se haga.


Lo dicho: todo muy confuso, sobre todo al final, bastantes buenas ideas pero quizá por algunas decisiones estilísticas y argumentales todo queda embrollado, y si la autora no sabe a qué carta quedarse, tú como lector todavía menos, está claro. Sobre todo cuando aunque también se ha intentando jugar la baza de El Elegido, al final todo tiene como transfondo la enésima resolución de porno para geeks en la que un tipo con su propia fuerza de pensamiento desde su Palacio Mental ha planeado su venganza desde hace generaciones.


Al final es un relato épico solapado, con anticlímax incluido, en el que se derriba una sociedad más triste y lamentable que distópica.



-SuperSantiEgo