Bitácora personal para la investigación exhaustiva de los aspectos estupefacientes de la Realidad.
Observatorio político para el seguimiento de la evolución de la guerra eterna entre el Bien y el Mal.
Foro unipersonal que aboga por la consecución de un frikismo cartesiano, racional e ilustrado
Es para mí motivo de satisfacción y orgullo en estas señaladas fechas en las que celebramos la Natividad Pastafari vestirme de pirata como mandan nuestras tradiciones y hacer una pequeña reflexión en este año que ya casi nos abandona. Fieles a nuestra fe, respetamos todas las creencias, por equivocadas que éstas sean, y nos unimos a los festejos sabiendo que en realidad todas no son sino formas de adorar al Padre Eterno el MVE. Por eso, sin más complicaciones, os deseo, en la más pura tradición de South Park:
¡UN MOJÓN PARA TODOS VOSOTROS!
No, qué coño, que no son fiestas como para estar escatimando:
¡UN MOJÓN ASÍ DE GRANDE PARA TODOS VOSOTROS!
Ya sabéis: seas judío, musulmán, pastafari o cristiano, a todos les sale por el ano. Ya de paso, no pierdo la oportunidad de decir lo que pienso de Papá Noel: Ah, no, perdón, ésta es de mi colección particular. Quería decir esta otra:
"No me llaman míster Machete por nada."
Y es que yo para lo único que soy monárquico es para éstos, y los de la baraja:
Sí, aunque parezca raro hubo un tiempo, no llegó a una década, que el crimen organizado de los Estados Unidos, en concreto el de origen italiano que conocemos genéricamente como Mafia, intentó, y hasta cierto punto consiguió con cierto éxito, marcar cómo iba a ser percibida por el gran público por medio de una campaña de relaciones públicas muy agresiva.
A día de hoy, sin duda, la figura clásica del mafioso de la época de la prohibición, con su traje negro, sombrero y una metralleta Thompson, forma parte de la iconografía popular que proviene de los Estados Unidos, una figura icónica similar a la del vaquero idealizado de Marlboro o los superhéroes. De esto ya discutimos en su momento: el romanticismo del fuera de la ley, del que se enfrenta al orden social y lo vulnera, una idealización que en ocasiones llega al extremo de la hibristofilia, que consiste en la fascinación por las personas malvadas y la inclinación por enamorarse de criminales, incluso aunque sean asesinos en serie. Por supuesto muchas de las representaciones del mafioso son sesgadas, y frente a estilizaciones en las que no falta la violencia, como El Padrino, algunas películas han reflejado de forma más verídica lo que es llevar una vida criminal al margen de la ley, y que no es precisamente un paseo triunfal por la vida sino que suele acabar en la cárcel o en un ajuste de cuentas. Si quieres llegar a viejo o vivir una vida sin mucho estrés, el crimen organizado no es una buena opción profesional. ¿Os acordáis del final de Érase una vez en América, que el personaje de Robert de Niro que había tenido un pasado criminal, después de pasar unos años en la cárcel de joven, decía que las últimas décadas "Me he levantado temprano por las mañañas"? Pues justo lo contrario hizo el protagonista de Uno de los nuestros, Henry Hill, un mafioso real de la Familia Luchesse que tras todas sus tropelías de la película entró en el programa de protección de testigos, y tras salir de él siguió con sus múltiples trapicheos hasta su muerte en 2012. Henry Hill pensaba, como decía él mismo en la película, que levantarse temprano por las mañanas era de gilipollas.
La presencia de este icono en la cultura de masas alejado de sus connotaciones negativas es tan persistente ya que que por ejemplo, en España, e imagino que ocurre lo mismo en otros países, hay cierta tendencia a que algunos restaurantes que sirven cocina italiana utilicen nombres que evoquen esa época idealizada de los mafiosos clásicos a los que dieron vida actores como Edward G Robinson y James Cagney, y que incluso fotos de conspicuos mafiosos adornen sus paredes, o el mismo Marlon Brando caracterizado como don Corleone en una gloriosa confusión entre realidad y ficción. Hay varios restaurantes que se llaman Pasta Nostra, y justo enfrente del banderón de ¡España! que se encuentra en la Plaza de Colón hay un restaurante en una de las zonas más pijas de la ciudad que se llama así directamente, La Mafia se Sienta a la Mesa, se puede decir más alto pero no más claro. Si yo dirigiera uno de esos locales al menos una vez a la semana haría interpretar una matanza en directo con una impresionante balacera de fogueo en la que perfectamente caracterizados Gino, Gennaro y Giuseppe abandonasen este mundo a manos de sus rivales y haciendo lo que más amaban: comer espagueti con albóndigas mientras se reparten el territorio de la ciudad y deciden quién va a ser el próximo alcalde.
Luca Torelli, de nombre artístico Torpedo. Contribución española al mito.
¿Cómo llevan esto los italoamericanos, y también los italianos, que los tenemos más cerca? Pues con cierta resignación, qué remedio les queda, igual que a nosotros nos hablan de los toros a la mínima y hay que explicar al guiri de turno que no sólo no se dice olé para cualquier cosa, sino que la mayor parte de los españoles no lo han dicho jamás ni tienen intención de hacerlo. De todos modos pensemos que a día de hoy en USA los descendientes de italianos son una de las comunidades étnicas completamente integradas en la vida social, económica y cultural de los Estados Unidos, y que la imagen típica del italiano paupérrimo que emigra y pasa por la Isla de Ellis tiene ya un siglo, así que llevan generaciones allí. Uno de los más famosos alcaldes de Nueva York, y que gestionó el 11S, tenía apellido italiano, Rudolph Giuliani, y a nadie le puede extrañar ya que una persona de origen italiano sea científico, artista o político que se postula a la presidencia. Igual que los irlandeses, siguen siendo católicos mayoritariamente, y mantienen vivas muchas de sus tradiciones, pero a día de hoy ya nadie puede negarles que son "estadounidenses de pura cepa", signifique eso lo que signifique. Obviamente esto no siempre fue así, y durante un tiempo sufrieron el racismo de los que en su momento se consideraban a sí mismos los verdaderos "estadounidenses de pura cepa" tal como se veía en Gangs of New York donde los afectados eran los irlandeses recién llegados, que sufrían el desprecio de los autotitulados "nativos", mientras los auténticos nativos americanos si se hubiesen enterado de todo eso en la reserva imagino que se habrían mirado entre ellos sin saber de qué estaban hablando ese montón de blancos indistinguibles unos de otros.
Una de las cosas que importaron los italianos desde la vieja Europa fue, precisamente, la Mafia, una estructura criminal al margen de la ley y enfrentada al Estado que seguía sus propias reglas y que medró espectacularmente gracias a la Ley Seca. Sobre los orígenes de la Mafia hay muchas teorías, incluso una explicación pseudohistórica de que fueron tres españoles, miembros de la legendaria Sociedad de la Garduña, los que crearon una noble "sociedad de ayuda" entre gentes de honor y fundaron respectivamente la Mafia, la Camorra y la Ndrangheta, y que además iban huyendo desde España después de vengar la violación de su hermana, si os fijáis algo sospechosamente parecido al final mítico de la monarquía romana y la instauración de la República por medio de Lucio Junio Bruto tras la violación de Lucrecia. Posiblemente la explicación sociológica más clara es que la existencia de un crimen organizado fuerte, que corre paralelo al poder del Estado, es síntoma de que ese Estado no se ha formado correctamente y no consigue mantener de forma efectiva el monopolio de la violencia, y no olvidemos lo azaroso de la existencia de Italia y cómo no se constituyó en nación unida sino hace cuatro días como quien dice. De ahí que sólo el Duce, cuando obtuvo todo el poder y su Estado Nuevo podía actuar sumariamente y ejecutar por igual y con impunidad tanto a sus adversarios políticos como a los grandes mafiosos, fue el único que estuvo cerca de herir mortalmente al crimen organizado para siempre, y ésta a cambio conspiró contra él y después sería un peón más en la lucha contra el comunismo en Italia, en este caso sacando réditos de su colaboración con los Estados Unidos e incluso con colaboración internacional entre la rama europea y americana, y tampoco olvidemos que en los años en los que ETA mataba en España los que hacían volar coches de magistrados por el aire y asesinaban a policías en Italia eran tanto las Brigadas Rojas como la Mafia, y que a día de hoy si el Estado italiano ha conseguido en parte frenar el poder del crimen organizado y oponerse a él ha sido con unos costes humanos gravísimos, una verdadera guerra interna y sorda que dura décadas. Que la caída de la Unión Soviética y el debilitamiento de sus temibles fuerzas de seguridad del Estado llevasen a que el crimen organizado ruso llegase a convertirse en un poder en la sombra y que sólo el regreso del autoritarismo de Putin les dejase claro que debían adoptar un perfil bajo como el que tenían antes o sufrir las consecuencias, también nos da una pista de por dónde van los tiros, nunca mejor dicho. La comparación con el Estado no es baladí, ya que en cierto modo el crimen organizado es una excrecencia de un Estado que no cumple su función y quiere suplantar sus funciones. De hecho, se ha comparado al Estado con el crimen organizado, y tampoco es algo tan descabellado: el Estado se incauta de parte de tus ingresos en forma de impuestos, te obliga en ocasiones a luchar en sus guerras y crea normas que se deben cumplir so pena de recibir represalias en forma de multas y penas de cárcel, y el crimen organizado es una especie de Estado metastizado, ya que mientras una compleja organización estatal (se supone) debe devolverte esa colaboración forzosa y no negociable en forma de servicios de sanidad, carreteras, educación y seguridad, el crimen organizado te obliga a colaborar so pena de no recibir represalias in absentia: la famosa "protección" que ofrecen como si fuera una compañía de seguros es, para empezar, protección contra ellos mismos, exige en realidad algo a cambio de nada y sólo se beneficia a sí misma, es como un tumor que no tiene verdadera función y se alimenta de la salud del cuerpo. De ahí la genial escena de Los Soprano en la que dos mafiosos de la vieja escuela intentan extorsionar al encargado de una cafetería de una franquicia tipo Estarbacs con la clásica argumentación indirecta de "ofrecemos protección y ahora nos comprarás los productos a nosotros sin preguntar de dónde los sacamos", y se quedan completamente descolocados cuando el gerente, muy joven, les explica que hasta el último grano de café está contado y es imposible que puedan comprar de otro distribuidor que el autorizado, ya que inmediatamente les intervendrían de la central, si les rompen los cristales para hacerles una advertencia lo pagará el seguro, y que si lo amenazan a él en persona la cadena lo cambiará de establecimiento y pondrán a otro tipo con el que tendrán que empezar a negociar desde cero. Los dos señores mayores se vuelven por donde han venido con cara de que la modernidad los ha vencido y pensando que antes todo era mucho más sencillo.
Nuestros antepasados de hace siglos no entenderían que nos disfrazásemos de vikingo o de pirata.
Como toda estructura social la mafia tiene su propio relato y su mística, la historia que se cuentan a sí mismos para justificarse. Sin duda habrá nihilistas entre sus filas que en privado dirán que son unos simples criminales y que viven al margen de la ley porque les resulta más cómodo o se vieron avocados a ello y ya no saben vivir de otra manera y no quieren cambiar, pero igual que los que defraudan con los EREs o roban legalmente suelen justificarse y creer que, aunque la sociedad no los comprenda, que en realidad ellos sólo hacen lo que tienen que hacer, y que en el fondo son buena gente. En el caso de la mafia más tradicional, se presentan a sí mismos como "hombres de honor", los continuadores de una tradición sagrada que protege a las familias de la propia mafia y se dedican a "los negocios", aunque éstos sean la extorsión, el contrabando, el robo, el juego y la trata de blancas. Esta mística de lo criminal y la justificación del crimen es lo que despertó la justa ira de Vizinczey en un ensayo de 1975 en el que montaba en cólera por la publicación de las memorias de un capo mafioso, nada menos que Joe Bonanno, que en ellas explicaba muy orgulloso lo mucho que su padre acojonaba al pueblo en que vivían en Italia, y daba a entender sin tapujos que la persecución policial y de la justicia a empresarios italoamericanos dedicados a "los negocios", y que no eran sino "hombres de honor", sólo era fruto de la xenofobia y el acoso a una comunidad marginalizada. El cabreo del crítico no era realmente por las declaraciones cínicas del mafioso, al fin y al cabo no se podía esperar nada bueno de alguien así, sino porque una editorial importante se aviniese a dejar que un sujeto semejante pudiese contar lo que él consideraba que era "su verdad", y que el prestigio editorial de Simon &Shuster se pusiese al servicio de un criminal justificando sus acciones y poniéndose a sí mismo de víctima y a los jueces y la policía como unos racistas que acosaban a su comunidad, de la que él, pobrecito, sólo era una víctima propiciatoria. Supongo que, pasados ya tantos años, el mismo Vizinczey reconocerá que lo peor estaba por venir y que cosas mucho peores se han publicado. No sé ni cómo sigue vivo, con lo que se le hincha la vena. El artículo, de 1983, tiene un párrafo estremecedor que conecta muy bien con algunas de las críticas a la frivolidad de la cultura pop que yo en ocasiones hago en este blog: "El libro rezuma locura moral, como la mayor parte de las novelas modernas: las víctimas tienden a perder valor e importancia a medida que se matan, y casi todo el espacio de se dedica a la vida interior del protagonista".
En efecto: durante unos años la mafia mantuvo una campaña de victimismo y "antidifamación" que vigiló toda manifestación cultural y opinión que pudiese resultar ofensiva para la comunidad italoamericana, campaña que se utilizó como escudo para tapar las actividades mafiosas, de modo que criticar a la mafia, o utilizar la figura del mafioso de forma supuestamente frívola, equivalía a atacar a toda la comunidad de descendientes de italianos en EEUU. Para esto se fundó en 1967 la Liga Antidifamación Italoamericana, cuya cabeza visible en un primer momento fue Frank Sinatra, aunque el lío empezó inmediatamente porque los judíos protestaron ya que lo de Liga Antidifamación era el nombre que usaban ellos para combatir el antisemitismo, y amablemente dijeron a sus amigos italianos que no les deseaban ningún mal y que todo tipo de prejuicios y xenofobia son malos, pero que no nos jodáis, putos espaguetis, que se os está notando mucho que queréis poneros a nuestra sombra y no nos comparéis las cámaras de gas con que a algunos de los vuestros, que vaya si son delincuentes de verdad con crímenes atroces a las espaldas, los enchironen de por vida en Alcatraz o Sing Sing, o incluso que les den matarile después de un juicio con garantías legales. Así que cambiaron el nombre, y se llamaron Liga Italoamericana por los Derechos Civiles. Los negros dijeron: "Hay que tocarse las narices", pero no los demandaron, y por lo que vemos por las películas de Spike Lee siguieron yendo a comer a las pizzerías de sus barrios regentadas por Danny Aiello, ese conocido actor que siempre hace de italiano, ya sea en películas y series o en videoclips de Madonna.
Durante unos pocos años la Liga Italoamericana fue muy activa y predicó su evangelio: se entrevistaba a ancianos que recordaban los peores tiempos en los que los italianos llegaban al país y vivían en duras condiciones de vida y eran despreciados por los ciudadanos con mayor solera, y apoyaron también a otras instituciones culturales perfectamente legítimas, promovieron que se diesen clases de italiano para que las nuevas generaciones no perdieran el idioma, apoyaron la muy discutible apropiación de la figura de Colón como "italiano" para reforzar la idea de la participación italiana en la creación de los Estados Unidos desde el primer momento, y participaron en campañas de donación de juguetes y comida para los más necesitados, si os fijáis estrategias no muy distintas a las de algunos grupos ultras españoles que también practican la caridad y se ponen como ejemplo de ayuda a la comunidad y a los necesitados, siempre que sean "de los nuestros". Pero el logro más notable de la Liga fue que denunciaron sistemáticamente aquello de lo que hablaba al principio, y compañías como Alka Selzter, o Ford, recibieron boicots por utilizar la figura de mafiosos o gente arquetípicamente italioamericana porque aquello reforzaba los estereotipos de esa comunidad e insinuaba que todos los italianos eran inmigrantes ignorantes o mafiosos. El logro más renombrado de todo esto os sonará por la anécdota de que en El Padrino no se dice ni una sola vez la palabra "Mafia" ni "Cosa Nostra", y que estas instituciones culturales y de derechos civiles vigilaron lo que se decía o no en películas y series, aunque el hecho de que tras el proyecto estuviesen los apellidos Coppola y Puzo alejaba bastante la posible acusación de racismo o prejuicios por parte de un grupo externo. Ya sabéis: Woody Allen puede hacer chistes sobre judíos e invadir Polonia, y si te llamas Coppola puedes hacer una película sobre la Mafia. Si leéis los dos artículos enlazados es estremecedor pensar que hubo un tiempo en el que el crimen organizado alcanzó la potestad de al menos tener un derecho de tanteo en los guiones de series y películas a ver si no se sentían ofendidos por cómo los retrataban.
¿Quién estaba detrás de toda esta campaña bien orquestada? Bueno, la respuesta no es sencilla. La más simple sería decir que la misma Mafia, pero la Mafia no tenía ni tiene un verdadero departamento de relaciones públicas, ni un senado en el que se deciden políticas culturales y estrategias de forma colegiada y por mayoría. De todos modos, la Mafia sí estaba detrás, en particular la Familia Colombo, y sobre todo Joseph Colombo, nada menos que el capo de una de las cinco familias de Nueva York, y una de las que había protagonizado algunas de las guerras mafiosas más sanguinarias durante la década de 1960 que precisamente inspiraron El Padrino, publicada en 1969. Es decir: quien estaba detrás de todo esto no era ni mucho menos un peso ligero, y a diferencia de otros capos que buscaban el anonimato, a Colombo le gustaban las cámaras y andar en boca de todos, y estaba convencido de que por medio del victimismo y de lo que hoy llamamos "poder blando", como podían ser los boicots y los escraches incluso delante de las oficinas del FBI, y por medio de la victimización con campañas de relaciones públicas, se podía lograr que se crease un estado de ánimo en el que criticar a la Mafia y sus crímenes se terminase identificando con la xenofobia y el acoso a una comunidad supuestamente marginalizada. Como un #notallitalians, pero al revés. Un puto genio y un adelantado a su tiempo, el tal Joseph Colombo. El éxito fue enorme en un primer momento y la Liga consiguió las simpatías de artistas y de políticos, que como siempre en estos casos intentan arrimar cebolleta a ver si les cae algún voto. El mismo Colombo y su Liga, como se citó anteriormente, fueron "consultores" en la realización de El Padrino, que quieras que no no deja de ser una versión idealizada, estilizada y algo romántica del crimen organizado, en cuyo interior se dirime una lucha entre gente íntegra pero mafiosa contra otra gente sin honor dentro del esquema de valores de la mafia, como si esos valores tuvieran alguna bondad por sí mismos. Colombo, en su mejor momento, incluso recibió el apoyo de una organización judía de extrema derecha para formar un frente común contra la xenofobia por parte de los... ¿blancos? ¿anglos? Algo así. A día de hoy, me imagino, ningún descendiente de italianos se librará de que lo cataloguen en el equipo de los que poseen "privilegios de blancos", lo que justo o injusto no es sino pura lógica, porque efectivamente son blancos y son una comunidad perfectamente integrada en el país, igual que pocos prejuicios puede haber ya contra los otrora marginalizados irlandeses, que incluso tienen entre los suyos una de las familias más poderosas e influyentes del país, los Kennedy. Y como ya cité en su momento, dentro de los grupos de origen blanco y europeo, el más numeroso en los Estados Unidos no es precisamente el inglés, sino el alemán, y debido a las dos guerras mundiales gran parte de la pujante presencia de ese idioma en las grandes ciudades desapareció casi por completo, muchas familias ocultaron su origen o lo enmascararon, como la de Trump, que se hizo la sueca (doble sentido), y otras muchas renunciaron a sus apellidos o los adaptaron para parecer menos alemanes, como hizo la del general y presidente Eisenhower, en origen Eisenhauer. También hubo, por supuesto, resquemor y prejuicios contra los alemanes hasta los años 1970, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, como también lo hubo contra los japoneses hasta que en los años 80 empezó la admiración y fascinación por todo lo japonés y todos los pecados del pasado pareció que se habían olvidado. Y los ciudadanos de EEUU de origen alemán, pese a ser tantos y tener que recular en muchas cosas, no andaban quejándose ni llorando por ello, y además, reconozcámoslo, tampoco les habría funcionado. Por cierto que las tres armas del ejército de los Estados Unidos estaban dirigidas por generales de origen alemán: Eisenhower, Nimitz y Spaatz, aunque este último intentaba hacerse pasar precisamente como de origen holandés. Al final todo quedaba más o menos en casa.
Colombo en España para nosotros es este señor. El personaje, Columbo en su versión original, debuta en 1968. El típico policía italamericano por los cuatro costados, incorruptible y de fiar. Como se puede ver, se llama igual que el descubridor.
Como otro recuerdo personal sobre lo de ser "blanco" señalaré que de pequeño me llamaba la atención que, como los comics de origen USA todavía se imprimían con unas tramas de puntos que ofrecían colores muy limitados, mientras que se aplicaba el mismo blanco de piel digamos que estándar para todos los personajes de raza blanca, cuando el que aparecía era español, un latino no claramente con sangre india e incluso un italiano proveniente de Europa, se intentaba dar un color diferente a la piel, que supongo que se quería dar a entender que era el de una persona de piel blanca pero bastante bronceado (porque, ya sabéis, en España, Italia y todo lo que esté por debajo de Río Grande sólo hace un sol de justicia todo el año), pero el resultado era una especie de amoratado o rosado intenso que más que bronceado daba la impresión de que sufrían de una insolación considerable, o como dicen por el sur, que estaban más rojos que una gamba. Si esos comics antiguos se reimprimen en papel de calidad y con mayor blancura de la habitual que la que se utilizó en origen, con ese típico papel grisáceo y malo de solemnidad propio de los comics muy baratos hasta principios de los 90, el efecto queda todavía más exagerado. Aunque alguna gente no se lo crea, sí, los blancos pueden ser racistas entre ellos, y buscar diferencias donde sea, hasta el extremo de que los nazis eran extremadamente racistas con los pueblos eslavos, que con el disco cromático en la mano son objetivamente de piel y cabello más claros que los alemanes. A día de hoy no debemos olvidar que los judíos, cuando los acusan de tener "privilegios de blancos" replican que los han hecho "blancos honorarios" sin que ellos lo pidieran hace bien poco, y que no hace muchas décadas algunas conocidas multinacionales anunciaron a bombo y platillo que habían contratado a sus primeros empleados judíos, reconociendo indirectamente que hasta entonces en sus políticas de personal los mantenían vetados, igual que no se les admitía en clubes deportivos, y en efecto algunas etnias como italianos, irlandeses y griegos sufrieron durante mucho tiempo ataques y prejuicios de tipo xenófobo por parte de otros grupos también de blancos que detentaban el poder político y económico, y también es habitual que en algunas discusiones de tono racial los negros acusen a comunidades asiáticas prósperas y bien integradas en la sociedad estadounidense de ser "blancos honorarios", cuando también las pasaron putas en sus tiempos y en algunos casos siguen sufriendo prejuicios. La realidad, que es estupefaciente.
Johnny Cinco. ¿Blanco honorario? Preguntas que no me había hecho hasta ahora.
Si todas estas cosas de la Mafia jugando a hacerse los oprimidos no os suenan y, como se explicó al principio, la figura del mafioso como icono de la cultura de masas ha pervivido sin que asociemos necesariamente a una persona italiana o de origen italiano con la Mafia, es porque todo acabó como el rosario de la aurora. En 1971 Joseph Colombo en uno de los mítines de la Liga recibió varios disparos y quedó inválido hasta su muerte en 1978. Hay diversas teorías al respecto, pero una de las más creíbles es que el resto de la Mafia estaba ya un poco cansada de que se aireasen tanto sus trapos sucios en público y estaban hartos de los aspavientos de Colombo, sospechaban que su estrategia a la larga sería contraproducente y querían por tanto volver a adoptar un perfil lo más bajo posible, algo que es habitual en todo tipo de crimen organizado, cuya máxima divisa suele ser la discreción y pasar desapercibidos. Así que arreglaron las cosas como suele hacerlo la Mafia: a tiros. En muy poco tiempo la parte más radical y beligerante de la Liga se disolvió, y la histeria ante cualquier posible ofensa ante la simple posibilidad de hablar de la Mafia se fue desvaneciendo, de ahí que ese icono cultural mafioso haya sobrevivido hasta nuestros días, igual que sigue existiendo la IACR, mucho más comedida y bastante enfadada por el trato que la figura de Colón, su "compatriota", está recibiendo últimamente. A la Mafia de verdad debió parecerle que el hecho de que saliese un Scarface en una caja de cereales les daba igual, y que les importaba un pito que se hiciesen comedias como Johnny Peligroso, Una terapia peligrosa, La chica del gánster o el desmadre de ¡Mafia! Estafa como puedas. De hecho, según parece, los mismos mafiosos, en el fondo, están más que encantados con ser un icono cultural en un extraño bucle de realimentación realidad-ficción, de ahí que en Los Soprano los miembros de la banda se reúnan periódicamente para ver en recogido silencio El Padrino, como si fuese un ideal al que parecerse, y Roberto Saviano explica cómo los aprendices de la Camorra tienen por ídolos a personajes imaginarios como el cubano Tony Montana interpretado por el italoamericano Pacino, hasta el punto de que incluso reproducen íntegramente su mansión de Miami como homenaje. Paradójicamente la mafia italiana actual idealiza a su homóloga americana, y sus jefes quieren ser conocidos como bosses, mientras que la americana reafirma su tradicional origen europeo y gusta de hacer llamar a sus mandos capos (en italiano cabeza, aunque el plural sería capi, de ahí el título de Capo di tutti Capi, pero bueno). Eso sin hablar del curioso fenómeno de los guidos, una subcultura de italoamericanos popularizada por programas como Jersey Shore que cree que encarna los valores propios de su cultura ancestral y grupo étnico, como un abierto machismo, exhibicionismo sexual y económico y una personalidad volátil y apasionada, mientras que su equivalente femenino es si cabe igual de exagerado e impostado, chicas hipersexualizadas con pelos cardados, personalidad caprichosa y que sólo saben hablar de forma chulesca y gritando. Mil películas sobre mafiosos no han hecho tanto daño a la imagen de los italianos en América como pueda haberlo hecho en la actualidad Jersey Shore, y supongo que ese programa dejará bastante sorprendidos a las también numerosas comunidades de italianos en países como Argentina y Brasil. Estos trasvases de valores y de elementos estéticos entre realidad y ficción es algo que no extraña a ningún sociólogo: el KKK terminó de adquirir su apariencia definitiva copiando la iconografía de El nacimiento de una nación, y la subcultura motera se inspira en dos películas que definen su estética y su ética, El Salvaje y Easy Rider.
Además, sinceramente, quizá en los años 1970 eso del racismo ante los italianos ya no colaba, y los jóvenes oían con cara de circunstancias a sus abuelos cómo éstos les contaban lo mucho que los curtían trabajando en los muelles y que los insultaban por ser extranjeros, pero era difícil hablar de verdadera discriminación dos o tres generaciones después cuando la mayor parte de los crooners adorados por la nación durante décadas eran de origen italiano, uno de los padres de la bomba atómica es un italiano nacionalizado, Enrico Fermi, y el jugador de beísbol más grande del mundo y que se casó nada menos que con Marilyn Monroe respondía al nombre de Joe DiMaggio, o cuando jóvenes actores como De Niro y Pacino acaparaban premios y reconocimientos sin que su apellido u origen fuesen ningún impedimento; por aquellas fechas Stallone ganaba el Oscar narrando la épica de un boxeador que se llama El Semental Italiano y Madonna estaba a punto de convertirse ella misma en un icono mundial, sucedida después por Lady Gaga, que presenta el mismo origen étnico. Y aunque las comparaciones son odiosas y esto no es una competición el posible remanente de racismo o prejuicios que pudiese haber contra los italianos era ya entonces bastante ridículo en comparación con el que todavía sufrían los negros o los latinos, rechazo hacia estos últimos que crecía a la vez que su población en los EEUU. Y por si fuera poco el prejuicio sobre lo mafioso, repito, estaba teñido de romanticismo y características en muchos casos positivas: honor, fidelidad a la familia, y "respeto", un mantra que luego se copiará por otros colectivos y que forma parte del ideario rapero; y bueno, la Mafia también se asociaba a matar a gente y enterrarla en los cimientos de una casa, también va en el paquete, no lo podemos olvidar. Además los acercamientos cinematográficos a una verdadera vida criminal, como Uno de los nuestros, Johnny Donnie Brasco, hasta cierto punto Los Soprano y por supuesto The Wire reflejan un mundo muy lejano del glamour y transcendencia de El Padrino, muestran que en realidad los errores se pagan muy caros y la competencia interna es brutal y despiadada, mucho más que en cualquier empresa legal, y muchas veces tanto esfuerzo sólo sirve para llevar una forma de vida que no pasa más allá de miserable, estresante hasta grados malsanos y con un futuro incierto. Pensad en Tony Soprano al principio de la serie, y su nivel de vida: ¿realmente es superior al de un tipo que tiene una ferretería exitosa, pero sin ninguna de las ventajas de cumplir con la ley y sin tener a la policía encima continuamente? Por no hablar de los mafiosillos de clase baja de Johnny Donnie Brasco, obligados a entregar la mayor parte de sus ganancias a sus jefes en un sistema poco menos que feudal, y que viven en condiciones de vida muy humildes y muy lejos de los lujos que de forma poco reflexiva asociamos a cualquier persona que vive al margen de la ley. De todos modos, joder, si la Mafia tiene hasta un Museo, un puto museo en el que sólo aparecen los "mejores" mafiosos. Tienen un puto museo, un Salón de la Fama como el del baseball y el Rock & Roll, donde se celebran las capacidades deportivas y artísticas de gente que se ha esforzado por convertirse en los mejores de sus disciplinas. Y es que a falta de uno tiene dos, uno en Nueva York y otro en Las Vegas. Ni que decir tiene que los raperos han heredado en buena medida el glamour mafioso, y se ensalza el pasado criminal de algunos de ellos, incluso aunque sea inventado y no haya existido jamás, hasta tal punto que se confunde el star system criminal con el artístico, algo que también se veía en la novela Erasure, donde el autor afroamericano se tenía que disfrazar de escritor con pasado patibulario para que a sus lectores se les hiciese el culo gaseosa. No sé lo que John Colombo habría pensado de esto, la verdad, o si se habría sentido orgulloso de su legado. Y eso ya sin entrar en la glorificación del narco en algunos países latinoamericanos, hasta el punto de que se convierten en santos laicos en vida o después de sus muertes, y que incluso han dado origen a subgéneros musicales como los narcocorrios.
Me recuerda también todo esto de los prejuicios, y cómo cambian con el tiempo, a las dos versiones de la película La huella. En la primera, de 1972, se enfrentan Lawrence Olivier y Michael Caine, el personaje del segundo el amante de la mujer del primero. El aristócrata escritor que interpreta Oliver no sólo está picado porque le han puesto la cornamenta, sino que además se siente particularmente ofendido porque Milo sea descendiente de un país meridional, y a pesar de que Michael Caine tiene una pinta de ario puro se percibe el disgusto racista del personaje de Olivier, un inglés que ha vivido de joven la máxima expansión del Imperio Británico y para el que Italia o España no se debía diferenciar mucho en su mente de Uganda o la India. En 2007 se hizo un remake de la película, con Michael Caine en el papel de Oliver y Jude Law en el que Caine había interpretado previamente, y además de otros errores de gravedad en la nueva versión no se cambió el origen del personaje más joven. Mi madre vivió en Londres entre 1958 y 1961, y le quedó muy claro que los ingleses a veces eran muy racistas con europeos como españoles, griegos e italianos, a los que veían como blancos de segunda categoría, pero ahora, incluso con el Brexit, igual que hace diez años, esas comunidades están completamente integradas y la opción lógica no era que el personaje de Jude Law, que tampoco desentonaría en ningún papel de miembro de las SS, hubiese seguido siendo italiano y provocase el racismo del escritor traicionado por su mujer, así que para mantener la coherencia de la obra al traerla al presente el papel debería haber sido para un paki o un jamaicano. No es imposible que a día de hoy un británico albergue sentimientos racistas contra un compatriota de origen italiano, obviamente, pero es muchísimo más inverosímil que hace casi cincuenta años. Me recuerda a su vez un poco a lo de Rebelde sin causa, en la que los padres están escandalizados porque sus hijos vistan con vaqueros y unas pulcras cazadoras, ya que muchos padres de hoy estarían encantados de que sus hijos vistiesen de forma tan sobria y elegante y no como van algunos ahora con los pelos teñidos y ropas que no se pondría ni un zombi: a día de hoy el atuendo de James Dean y sus amigos, que expresaban en esa película sus inquietudes personales por medio de una forma rompedora e inconformista de vestir, es más clásico ya que una columna dórica. El tiempo implacable, que arrasa con todo.
Pasados ya tantos años desde ese intento de victimización, y con algunos fenómenos parecidos en marcha, podemos recordar que, en efecto, no hay nadie que se libre de sufrir el azote del crimen organizado, y que hoy nos da mucho más miedo el término "mafia rusa", que hace décadas parecería un oxímoron, que la referencia a la mafia original que ha dado nombre genérico a toda forma de crimen que actúa de forma coordinada para saltarse la ley y obtener beneficios de actividades ilegítimas. Además las investigaciones criminales y periodísticas han ido destapando que el crimen organizado no opera realmente al margen del la ley y de los negocios legítimos en paralelo como si nunca se fuesen a intersecar con ellos, sino que del mismo modo que existe la deep weeb hay una economía profunda en la que las empresas legales, los negocios paralelos, la economía sumergida y los beneficios provenientes de actividades delictivas van a un fondo común financiándose los unos a los otros y blanqueando ganancias, y que todo está entretejido con todo de forma que a veces es difícil distinguir unos elementos de otros: negocios legales, política y actividad criminal más o menos consentida. Es también difícil no llamar criminales a los directivos, que se fueron de rositas, responsables del Desastre de Bhopal, o las empresas que provocan y consciente de forma muy consciente la contaminación masiva de lugares del Tercer Mundo (Saviano en Camorra explica muy bien las relaciones entre crimen organizado y contaminación), y cuando se dice de algunos partidos políticos que son en algunos casos poco más que clanes cuya principal motivación es obtener de forma fraudulenta rentas a partir de los fondos del Estado, quizá no estemos sino definiendo una realidad incontestable. En la exitosa serie Fariña de este año se puede ver también cómo unos "honrados empresarios" apenas si son perseguidos en sus negocios de contrabando de tabaco que están reconvirtiendo en tráfico de estupefacientes, y que incluso las autoridades al más alto nivel pueden llegar a intervenir a su favor o hasta a protegerlos para favorecer otros intereses económicos o recibir ayudas indirectas en campañas electorales que los mantengan en el poder. También es conocida la relación de las organizaciones criminales con los asuntos de estado al más alto nivel, y hay constancia de que diversas organizaciones criminales han desempeñado papeles de correo, espionaje y delación en el Juego de los Espías de la Guerra Fría, y en el caso italiano nada más caer el régimen fascista el gobernador militar estadounidense asignado al país recibió ayuda y apoyo por parte de la mafia que durante el gobierno de Mussolini llegó a recibir un duro castigo, y que tenía muy claro que en el futuro quería un país muy distinto al que había perdido la guerra.
Madurar es en parte comprender que si uno quiere vivir en un mundo de blancos y negros puros, lo único que puede hacer es vivir como un anacoreta metido en una cueva y acompañado sólo por una cabra que te dé alimento y cariño, porque en el mundo real todo es bastante gris y es difícil a veces juzgar algunas acciones como intrínsecamente buenas y malas. El mundo del lumpen, incluso el del crimen organizado, es bastante más complejo de lo que parece, y muchas veces indistinguible de las partes de la actividad social que consideramos perfectamente legal y aceptable. Como decía aquella obra de Poncela, Los ladrones somos gente honrada, y tal como vimos en M, el Vampiro de Dusseldorf, son los mismos criminales "normales" los que quieren juzgar al monstruo interpretado por Peter Lorre para dejarle bien claro y demostrarse a ellos mismos que incluso aunque vivan al margen de la sociedad que les da de lado, no son como él, un ser depravado. Una de las razones por la que los miembros de ETA o GRAPO vivían en pisos bajo estrictas normas por las que no debían llamar lo más mínimo la atención no era sólo por miedo a que los detectase la policía, sino precisamente a los confidentes de la policía que sin duda los delatarían, como décadas anteriores ocurría por ejemplo con los propagandistas evangélicos, muchas veces delatados por el mismo elemento criminal de cada ciudad, pues afanar relojes o gallinas no está reñido con ser buen español y buen católico. Del mismo modo iguales aliados tenía el FBI en el elemento criminal básico de cada ciudad, entusiastas "patriotas" que distinguían entre ser un vulgar chorizo, algo en el fondo medio inofensivo y que no vulnera gravemente a la sociedad, y ser un espía comunista que quería destruir América y su modo de vida, como se ve en la película de propaganda anticomunista Pickup on South Street, en la que un cínico carterista interpretado por Richard Widmark roba sin saberlo a un espía lo que no puede sino ser un microfilm que intentaba pasar a Rusia, y aunque tiene un montón de dudas y odia a la policía con todas sus fuerzas, odia más... ¡al comunismo! Esto explica también por qué los presos de bandas terroristas en ocasiones los mantenían lejos de los presos comunes, ya que éstos no los consideran ni de lejos de los suyos: una cosa es robar en un Corte Inglés, abrir una tragaperras y si se te cruza un día un cable matar a alguien, que eso le puede pasar a cualquiera, y otra muy distinta poner con toda la premeditación del mundo una bomba en ese mismo Corte Inglés para matar indiscriminadamente a todo el que se encuentre en él. Por eso también resultó tan hilarante cuando El Solitario, el famoso atracador de bancos y asesino de policías, se declaró a sí mismo como "un anarquista que luchaba contra el Estado". Nadie se lo creyó.
Es decir: el mundo es gris, pero puede gris oscuro que hasta se lo pondría Batman o blanco roto, que aunque esté roto puede pasar por blanco, y no es lo mismo un Estado corrupto en el que política, economía y crimen formen un todo donde sea difícil distinguir una parte de otra que ser un país que mantiene al mínimo posible la actividad delictiva y tiene capacidad y contramedidas de transparencia que conviertan a esa actividad fraudulenta en algo poco apetecible y que no compensa el riesgo de llevarla a cabo. Del mismo modo es bueno combatir los estereotipos, la xenofobia y las ideas preconcebidas, y tratar y juzgar a las personas por sus acciones personales y no por su pertenencia a un colectivo que en otros de sus individuos puede presentar un comportamiento deplorable, pero del mismo modo ejemplos como éste de jetismo extremo en el que nada menos que la Mafia quiso hacerse la víctima e identificarse con toda una nacionalidad que puede decir con orgullo que ha dado grandes cosas a la Humanidad, y convertirla en su escudo personal para conseguir poco menos que impunidad en sus actividades ilegales, deben hacer también que estemos en guardia frente a ese tipo de estrategias.