4.11.20

Hollywood y Para toda la humanidad. Ucronías bien y mal hechas

Yo ya lo dije en su momento, que algunas cosas me rechinaban en esas películas de la 2GM en las que los negros no están en unidades segregadas y esas películas históricas en las que hacen una exhaustiva recreación del pasado y luego aparece en la Inglaterra medieval marqueses de otras razas. Aunque hay excepciones, claro, dependiendo del tono: en Mucho ruido y pocas nueces Denzel Washington queda bien como duque de Aragón en la comedia de Shakespeare, y en una de las última versiones de Robin Hood aquello era tal sindiós de argumento que el hecho de que la Inglaterra de la época pareciese el actual Picadilly Circus era lo de menos.

En este caso la serie tiene cierto interés porque recrea, hasta cierto punto, el Hollywood de la época dorada, y si te gusta su intrahistoria y sabes lo que aquello fue, una Babilonia como decía el famoso libro que aireaba sus muchos escándalos e hipocresías, pues tiene su gracia. Eso lo sabemos de sobra, así que tampoco nos vamos a sorprender.

El problema es cuando la misma serie aplica en sus últimos episodios la doctrina que ha expuesto en los primeros: Hollywood era un nido de gente "depravada" en la que se consumían cantidades asombrosas de alcohol y drogas, y se sabía que había tremendas orgías hetero, homo o todo a la vez, de ahí que salgan los saraos que se montaban en casa de George Cukor o el comienzo de la carrera de Rock Hudson, y se da por hecho que prácticamente todo el que hizo una carrera en Hollywood, hombre o mujer, tuvo que acostarse con alguien para conseguirlo, incluido John Wayne, así que ríete tú del metoo. Sin embargo, lo que se producía eran películas en las que predominaban los valores familiares y de buen tono, sin nada que pudiese considerarse desafiante ni escandaloso en el aspecto de las buenas costumbres; aunque, añadiría yo, sí había cierta manga ancha en ciertos temas más progres como la libertad de expresión, la corrupción política y algunas reivindicaciones laborales, además de dramones existenciales e historias de mujeres atrapadas en matrimonios asfixiantes e hipócritas. Hay que tener en cuenta que la serie está ambientada en 1947, con Truman en la Casa Blanca.

Siguiendo esta doctrina que ha expresado, que las películas crean fantasías morales de valor didáctico, la serie se toma esto en serio y pasa a ser eso mismo: los personajes son un guionista negro y gay, un director medio filipino que pasa por blanco, una actriz negra y luego un conjunto de personajes aliados que, aprovechando una serie de carambolas argumentales y vacíos de poder en un gran estudio, consiguen rodar y estrenar una película superwoke protagonizada por una mujer negra. La película además gana el Oscar en una ceremonia en la que el guionista negro aparece con Rock Hudson como pareja y contra todo pronóstico, además, se convierte en un gran éxito comercial; y en los estados del sur, pese a la oposición de los gobiernos locales, se consigue estrenar también. En el mundo real películas muy importantes de grandes estudios tuvieron graves problemas sólo porque salían negros en pantalla haciendo de otra cosa que no fuera de serviles criados, así que imaginaos.

1948. Varios estados del sur ven mal que Gene Kelly salga en pantalla bailando con dos famosos bailarines negros como iguales, y censuran la escena. Anteriormente en la misma película una escena entre Kelly y Judy Garland se consideró demasiado erótica y fue eliminada, de modo que no se conserva el negativo.

Vale, bien. Bueno, en primer lugar todo eso es imposible. El Código Hays, que se menciona varias veces en la serie aunque parece que nadie lo aplica, lo habría echado atrás desde el principio y la película no se habría podido estrenar, pues explícitamente se prohibía cualquier escena que pudiese incitar o ver con buenos ojos el mestizaje. El primer beso interracial en una película es de 1957, y dio bastantes más problemas que los que tiene esa película imaginaria diez años antes. Porque es que canta un montón, en esta realidad paralela hay racismo y homofobia, pero como a media voz, un par de abucheos y poco más. Es de una ingenuidad terrible. Por si fuera poco cuando va a acabar la serie empieza el rodaje de una película de temática abiertamente gay, porque el país ya está preparado para ello. En 1947.

El problema es que en este caso no estamos hablando de una fantasía moral, sino que como muchos nos hemos dado cuenta esto es una ucronía o mejor una dimensión paralela en la que una serie de personajes woke existe en un país distinto del que conocemos y en el que el racismo y la homofobia no tenían ni de lejos el poder que en el nuestro. Por eso se puede hacer esa película y el mundo cambia completamente y de forma radical décadas antes que el nuestro, en parte gracias a los mensajes que da la ficción. Pero no es nuestro mundo, es una dimensión paralela donde por lo visto la gente en esa década ya es infinitamente más tolerante y abierta que en nuestra realidad. Cuando el Hollywood que nosotros conocíamos y en el que follaba todo el mundo con todo el mundo creaba sus mentiras morales, lo hacía en paralelo con su propia realidad, y si rodaba películas chanantes sobre el pasado con historias y valores anacrónicos como Ivanhoe o los peplum era algo bastante consciente. El valor didáctico de las películas nadie niega que exista, pero de hecho vemos cómo por mucho que las películas de Rock Hudson y Doris Day fuesen ñoñas hasta el hartazgo la sociedad seguía cambiando inexorablemente a su ritmo. Esta serie lo ha entendido al revés: las películas y series sí pueden afianzar los usos y costumbres ya establecidos, o sencillamente no desafiarlos, pero si intentas crear dentro del sistema de forma abierta algo que sencillamente niegue ese sistema pues te aplastan; y, en el caso improbable de que se hubiese podido hacer un producto de esas características y luego llegar a estrenarlo, la reacción del público desde luego no habría sido una balsa de aceite. A ver, que en España hubo problemas porque en Gilda Rita Hayworth se quitaba de forma sensual un guante. Pones en Alabama en 1947 a un hombre blanco besando a una mujer negra y te queman los cines como poco. Como bien dicen en esta crítica de Vanity Fair, han creado una serie sobre chaperos Disney. Si evitamos el conflicto la potencia dramática se pierde, y sólo queda una fantasía autocomplaciente en la que los buenos han ganado, sencillamente, por incomparecencia del contrario.

Es decir, que la serie es una curiosidad pero no se puede ver como una consciente fantasía colorista del pasado como el Robin Hood de Errol Flynn, sino que transcurre en una dimensión paralela para complacencia de una fantasía moral que no conduce a ninguna parte y de la que no se puede sacar más conclusión que un ingenuo "Si la gente hubiese sido mejor en el pasado no habrían pasado tantas cosas malas y todo el mundo habría sido más feliz". Bueno, pues sí. Qué novedad. El final de la serie es además tremendamente edulcorado y complaciente: todo el mundo termina consiguiendo lo que quiere y todos los objetivos quedan cumplidos, más que nada porque se ha eliminado o suavizado a los malvados, o simplemente se les ha hecho desaparecer de la ecuación. Sí, sí, como lo oís: en 1947 se estrena una peli de temática interracial con autores declaradamente LGTBI... y básicamente no pasa nada. Bueno, sí, vemos unas imágenes muy ridículas de gente racializada y perteneciente a minorías que al ver el triunfo de los suyos en la ceremonia de los Oscar lloran de alegría y a continuación se nos da a entender que se abre un futuro de tolerancia, igualdad y amor flower power. No es por ser cínico ni que uno no quiera que eso sucediera, pero es a todos los efectos un desiderátum sin fundamento alguno, quien dice fantasía moral dice paja mental.

Le queda a uno la duda de si estos esfuerzos no estarían mejor conducidos a contar lo que ocurrió de verdad, cómo fue la lucha de los derechos civiles y cómo la subcultura gay se desarrolló medio de tapadillo en revistas y noveluchas pulp, y cómo el cine sólo unas décadas después también metió, a veces por medio de sofisticados medios o insinuaciones, los temas en películas de serie B o en los primeros circuitos contraculturales y alternativos.

¿La escena más gay de la historia del cine? En todo caso, con permiso de esta otra:

Como curiosidad Henry Wilson, el personaje interpretado por Jim Parsons, y que fue agente de Rock Hudson, está basado como tantos otros de la serie en una figura real. En este caso parece ser que el tipo era igual de despreciable que en la serie, y cuando cayó enfermo y en desgracia, totalmente arruinado, acabó acogido por la beneficencia. Después de muerto el que fue uno de los agentes más poderosos de Hollywood ni siquiera tenía lápida en su tumba.



Y después está esta otra serie, Para toda la Humanidad, que es de forma mucho más declarada una ucronía, ya que el punto en el que diverge esta realidad de la nuestra supone que fue la URSS la que primero llegó a la luna. Para dejar también claro el tono patriótico de la serie, y que los rusos van a ser los malos, el primer cosmonauta en vez de recitar una frase neutra o histórica, como hizo Neil Armstrong, dice que esa gran gesta soviética es un gran hito en la victoria del marxismo-leninismo. No se nos explica cómo es que los rusos llegan antes a la luna, ya que como es bien sabido en nuestro mundo el programa lunar soviético fue un desastre, así que sencillamente es el punto de divergencia con nuestra realidad. Vamos a decirlo claramente: uno de los grandes ejes de esta serie es un explícito: "Contra los rusos vivíamos mejor". Ya que se arranca en el año 1969, donde todavía la Guerra Fría estaba que ardía, se nos muestra un mundo en el que a diferencia de los actuales problemas sociales y culturales, con dudas de todo tipo por parte de los Estados Unidos de cuál es su lugar en el mundo, para ser un buen usamericano sólo tenías que odiar muy fuerte al comunismo y saber que estabas en el equipo de los buenos que terminaría venciendo a los malos, los rusos marxistas. La serie en ese aspecto es de una nostalgia ideológica abrumadora. Los rusos en realidad salen poco, más bien lo justo, pero no hace ni falta, siempre son una amenaza en la sombra. Curiosamente mientras que en lo político parece que la URSS sigue una estela muy similar a la de nuestro mundo, y sabremos que Leónidas Brezhnev es el premier soviético, después de Nixon tendremos de presidente a Ted Kennedy, que no sé si yo si era la mejor opción, la verdad.
No se puede molar más.

La premisa es, siguiendo con la idea de que contra los rusos vivíamos mejor, que una carrera espacial más intensa y competitiva contra la otra superpotencia habría acelerado los avances tecnológicos (probable, dentro de lo que cabe), así como los cambios sociales (bastante más improbable). La serie juega bien sus bazas en el sentido de que la épica del espacio, sencillamente, funciona en prácticamente todas las películas que se han hecho sobre el tema, sean con base histórica como Apolo 13 a inventos como Gravity o esta misma serie. El espacio, la carrera espacial, es algo atractivo por sí mismo, y la épica de personas que se pegan al culo una bomba llena de combustible para adentrarse en un lugar en el que un pequeño error te convierte en átomos o mueres sin poder respirar es innegable. Además, la conquista del espacio es una épica sin víctimas: el ser humano contra la vastedad del espacio, nada más. Tanto es así que los que vivieron los tiempos de la novela y película Elegidos para la gloria quedaron tan marcados por ella que como en el caso de Tom Hanks no sólo protagonizó la película de Apolo 13, sino que produjo una magnífica serie de la HBO en la que se cuenta todo el programa Apollo, De la Tierra a la Luna. La carrera espacial fue un hito cultural de gran impacto en el imaginario colectivo del mundo, pero debemos recalcar que estamos hablando en pasado: por increíble que nos parezca la última misión tripulada a la luna fue en 1972, dentro de nada hará medio siglo de ello, y aunque tenemos una Estación Espacial Internacional y unos transbordadores espaciales muy majos una vez fuimos a la luna, sin duda una proeza impresionante, el siguiente paso se nos ha hecho bola, y por mucho que diga Elon Musk ir a Marte en un viaje que sólo de ida podría durar un año no lo tenemos nada claro si conseguiríamos llegar ni para qué. A día de hoy siguen existiendo los programas espaciales y tienen su popularidad garantizada a cierto nivel, pero hasta que no pisemos otro planeta o nos salude un ET probablemente no conseguirán atraer ni de lejos la atención que tuvieron en los tiempos de los primeros alunizajes, no digamos ya con la locura que fue el Programa Mercury. De ahí ese tono tan nostálgico que se percibe en la serie, como si se viese de forma amable ese mundo más simple en el que todo estaba mucho más claro, cada uno sabía cuál era su lugar en el mundo y a quién había que enfrentarse.

La serie es a todos los efectos, aparte del hecho de que se trate de una ucronía, completamente realista: la NASA sigue siendo un lugar en el que hay trepas y politiqueos varios, los políticos ven todo más que como una empresa científica como una forma de demostración de poder político y a diferencia de despropósitos como Hunters se trata con bastante ecuanimidad a figuras como von Braun. Claro que eso no quita que en parte tenga algo de fantasía buenista, aunque por lo menos lo hace de forma menos escandalosa que la otra serie e intenta darle sentido por medio del mismo argumento, ya que los rusos, como hicieron en su momento con Valentina Tereshkova, en este otro mundo les falta tiempo para mandar también a una mujer a pisar la luna, lo que en los muy progres años 60 de los Estados Unidos merece una respuesta inmediata; de modo que la NASA empieza a toda velocidad un programa de reclutamiento de mujeres astronautas. En realidad existió algo así al mismo tiempo que el Programa Mercury, si bien fue una iniciativa privada, conocida después como Mercury 13th, en la que varias mujeres pasaron las mismos pruebas que los astronautas masculinos. La cuestión es que rápidamente veremos que en la NASA, en lo que canta un gallo, tanto en el personal de tierra como en las dotaciones de los módulos espaciales, se convierte sin más explicaciones desde el proverbial campo de nabos a una casi idílica paridad de género, que además no es por sistema de cuotas sino por méritos, sin que se nos explique de dónde han sacado a principios de los años 70 a todas esas mujeres con entrenamiento de piloto, conocimientos de ingeniería y además capaces de pasar las exigentes pruebas físicas de la agencia espacial, y lo que es más importante: que además quieran participar en un programa espacial muy peligroso. La primera estadounidense que realmente viajó al espacio fue Sally Ride en 1983, y a día de hoy cincuenta años después y con una mayor presencia en el ejército y en campos científicos las mujeres desde luego no son el 50% en las misiones espaciales, así que en esto la serie digamos que nos la mete un poco de rondón, aunque al menos nos pone una buena excusa, que es la necesidad de enfrentarse ideológicamente a los rusos. Así que aunque vemos que hay algún comentario machista que refleja lo que realmente se pensaba en la época, que es que sencillamente no era ni de lejos el momento de mandar a mujeres al espacio o que no estaban capacitadas para ello, esta serie juega un poco la misma carta que la otra, la incomparecencia del enemigo, aunque al menos lo hace de forma más elegante y sin que quede tan inverosímil, y sencillamente a mediados de los años 70, que es cuando acaba la primera temporada, hay un montón de mujeres astronautas, y además una de ellas es negra. Y todos viven en paz y armonía en una minúscula base espacial al lado de un cráter en el que se encuentra un depósito de hielo, y tienen por vecinos un tanto huraños a la base espacial de los rusos.

Desde el punto de vista dramático la serie está bien construida, las escenas del espacio y en la superficie lunar son convincentes y aunque en general todos los personajes, cada uno a su manera, son heroicos y centrados en la victoria final sobre el imperio soviético, contra el que se necesita la fuerza conjunta de ambos sexos, no dejan de ser seres humanos vulnerables con sus prejuicios, aunque son capaces de aprender de sus errores y de reflexionar para llegar a ser mejores personas. La única pega que se le puede poner es que llega un momento, como en casi toda propuesta de este tipo, en el que nos cansa un poco ver cosas tan conocidas como si este le pone los cuernos a esta, si hay un matrimonio lavanda entre dos personajes u otras cosas que quitan tiempo que se podría haber utilizado a resolver preguntas que nos hacemos necesariamente: las consecuencias del abandono adelantado de la Guerra del Vietnam, cómo se está desarrollando la Guerra Fría, o cómo la historia de ese mundo empieza a divergir más del nuestro. Algo se cita, pero de pasada.

También es hasta cierto punto incomprensible, por no aportar nada a la trama principal, toda la historia de la niña mexicana, que hemos visto desde el primer capítulo, y que suponemos que tendrá más sentido y desarrollo en una próxima temporada. De momento esta termina, acabado el último capítulo, con una escena postcréditos que se data en 1983, en la que se ve el apabullante despegue de un Sea Dragon.



-SuperSantiEgo