24.9.12

Dredd. El sueño fascista que sólo se salva porque es un completo cachondeo

Supongo que no os extrañará que mi imagen preferidérrima de Dredd sea la siguiente:


Lo único que puede uno pensar ante esto es: ¿pero cómo se puede ser tan bestia? Pues siéndolo. El personaje de Dredd es una de las cosas más burras y animales que ha parido el mundo de la historieta. Y su única salvación es precisamente que, aunque sea un personaje y unas historias opresivas, ominosas, postapocalípticas y lo que uno quiera decir de lo malo que haya en el mundo, es que no deja de ser un cómic profundamente gamberro hecho en el Reino Unido por un guionista que luego siguió teniendo una fructífera carrera, y por Carlos Ezquerra, así que si nos gustan las reivindicaciones patrias el invento es casi casi medio español.

Reconozcámoslo: si alguien va a escribir uno de los comics con un transfondo más fascista y totalitario que se pueda imaginar, mejor que lo hagan un par de hipies, y tomándoselo con mucho sentido del humor. Cuando más bestia, lapidario y estricto es Dredd, más queda ridiculizados la intransigencia, el totalitarismo y la brutalidad. Como todos sabemos, Mega City 1 es un espacio sobresaturado de personas que han sobrevivido a una guerra nuclear, la democracia no existe y lo más parecido a un gobierno es el Sistema de Justicia, donde se ha unido en un único funcionario las capacidades de policía, fiscal, juez y verdugo. Si nos quejamos de que nos ponen una multa y la declaración del policía que la impone tiene valor de prueba, imaginaos lo que sería vivir en una de las simpáticas barriadas de ese futuro. En estos casos, la ciencia ficción juega con ventaja y tiene todas las de ganar. Como discutí en su momento sobre mi admirada figura del Doctor Muerte, en ese mundo tan horroroso probablemente nos importaría más bien poco la libertad de expresión o que el mundo fuese regido por unos jueces fanatizados, porque lo realmente importante sería llegar vivo al día siguiente. La democracia, en ocasiones, y por desgracia, es un lujo que no todo el mundo se puede permitir, y en situaciones de emergencia o desastre una ley marcial y gente que no se ande con coñas puede ser la diferencia entre la supervivencia y el caos.
Respecto a las películas que se han hecho sobre el personaje, que es de lo que trata esto un poco, la primera intenta reflejar un poco el abigarrado y barroco mundo que todos conocemos de Dredd, con sus jueces, personajes pintorescos de la Tierra Maldita y la típica ciencia ficción desatada que es marca de la casa de 2000 AD, revista que sigue apareciendo puntualmente cada semana. El resultado... pues no fue demasiado apetecible, la verdad. Concebida para ser un vehículo de lucimiento de Stallone cargando a cuestas a un acompañanete cómico, podría haber quedado mucho mejor, pero se deja ver. Tampoco es que la combinación de acción y humor hubiese quedado mal, y es algo que está en el original de papel, pero lo que vemos no termina de cuajar.


Esta nueva versión es una película de acción francamente trepidante y divertida. No se mete en berenjenales extraños y da lo que promete, aunque no sea demasiado. La cuestión es: ¿es una buena adaptación de Dredd? Sí y no. Obviamente no se puede condensar un personaje y su trayectoria de más de treinta años, con tantos guionistas e historias desde lo más serio al absoluto despiporre argumental, en una película. La película es tremendamente seria en su planteamiento: mundo apocalíptico, hacinamiento, una sociedad en continua decadencia al borde del caos... y pinceladas de humor muy, muy negro, pero sin el desenfado del cómic original. Es decir: sólo refleja un aspecto de esos muchos años de historia del personaje, en concreto el de justiciero implacable que no se amilana ante nada ni nadie, y que con una determinación fanática impresa en su mismo código genético cumple la ley caiga quien caiga y sin ningún miramiento. Me parece una buena opción, aunque eso convierte a la película, más que en una verdadera adaptación del universo Dredd, en una película de acción futurista de misión imposible en un entorno urbano. El guión, con las adaptaciones necesarias, podría haber servido igual para una película en el mundo actual o en otro escenario futurista con un par de policías bien entrenados que se meten en exactamente el mismo lío. Y habría funcionado lo mismo, con o sin Dredd. Para los que conocemos el universo Dredd nos puede llegar, porque sabemos cuál es el transfondo, pero para el que no, pues sólo ha visto una película de acción, creo yo que notable, en un entorno apocalíptico y futurista, disfrutable pero que dejará muy poco poso.

Por otra parte, eso sí, hay momentos que son "puro Dredd", eso hay que reconocerlo; como cuando, después de la balacera apoteósica, sale de entre medio del polvo, tira a uno de los mafiosos por el hueco del edificio y, sin decir ni media palabra, se da la vuelta y se va, pero acaba de dejar claro que "voy a acabr con todos y moriréis entre horribles sufrimientos".

Por lo menos a mí, a pesar de cierto planteamiento un poco típico, con cárteles de la droga haciendo de malos como en cualquier película ambientada en la actualidad o como en Robocop 2, me ha gustado en conjunto, porque se atiene a su objetivo original, lo cumple y no se aparta de él ni divaga por donde no debe. Quedan, siempre, algunos interrogantes, como a santo de qué un edificio de ese tamaño sólo tiene unas barandillas de una altura ridícula, o cómo a nadie le parece realmente raro que la megatorre permanezca aislada tanto tiempo, pero tampoco nos explican cómo comen esos 800 millones de personas ni cómo sobreviven con una tasa de más del noventa por ciento de paro, ni esperamos que lo hagan.

La película, precisamente por ese planteamiento en un entorno urbano cerrado en un edificio donde hay tiros y todo parece un laberinto, ha sido comparada con otras películas como The Raid, por supuesto La jungla de cristal (Die Hard), Attack the block y La horda, pero yo la compararía también con la película de 2004 Breaking News, que transcurre en una típica macrourbanización de Hong Kong y en la que además se analiza de forma muy crítica la labora amarillista de los medios de comunicación, que convierten todo en un espectáculo.

Si alguien quiere leerse, literalmente, todo todito Dredd, se están publicando en tomos todas sus aventuras de forma cronológica. Para hincharse.
-SuperSantiEgo

21.9.12

Tomad y leed todos de él...

...porque en verdad os digo que éstas, y no otras, son las auténticas Sagradas Escrituras del Profeta Bobby, que nos trajo la revelación del Monesvol.

Publicadas por la Iglesia Pastafari de España, de la que soy humilde miembro. Aquí está su anunciación de esta buena nueva.

Lo tenéis en español y en gallego, para bajar en un paquete donde vienen todos los archivos, incluso en pdf especial para libro electrónico, y todo lo necesario para poder imprimirlo y tenerlo al lado del Corán y la Biblia.

También, por supuesto, se puede leer en línea.



-SuperSantiEgo

11.9.12

Peli: La décima víctima



Leí La séptima víctima, el conocido relato de Robert Sheckley, no tengo ni la más remota idea de cuándo ni en qué recopilación de relatos. Siempre me ha caído muy bien Robert Sheckley, porque era un tremendo cachondo mental, y recuerdo la lectura, y la relectura de Dimensión de milagros, como una deliciosa experiencia estupefaciente. Eso de que a un tipo llamado Carmody lo abduzcan de repente para llevarlo al centro de la galaxia para hacerle entrega de un premio que en realidad no le corresponde, y que luego tenga que volver por su cuenta a casa es una de las historias más rocambolescas que pueda uno leer. Por si fuera poco en uno de los comics Disney hechos en Italia, y que nos llegaron en España bajo el sello Don Miki, había un plagio-homenaje de esta novela, en la que al Pato Donald le tocaba un premio cósmico que también hablaba y lo metía en una serie de problemas parecidos a los de la novela.

El relato en cuestión, además de otro suyo llamado La caza, en la que dos aristócratas de un futuro lejano se persiguen hasta matarse en un acontecimiento deportivo, recuerdan también a todas las visiones futuristas de deportes violentos en los que las personas deciden liberar sus instintos agresivos. Es además un típico asunto de las discusiones libertarianas: dos personas que libremente deciden arriesgar sus vidas en un duelo mutuamente consentido y que tiene que terminar necesariamente en la muerte de uno de los dos, igual que el espectáculo de lanzamiento de enanos que consentían en ser arrojados en una discoteca, y que también armó revuelo. La moralidad nos diría que andar por ahí matándose es algo que no debe consentir la sociedad, mientras que se puede argumentar por el lado contrario que, si no ponen en peligro la vida de los demás, cada uno que haga lo que quiera. Algo parecido a la conducción temeraria: si quieres hacerlo en una vía pública es un delito, pero si lo haces en un circuito privado es cosa tuya y de tu compañía de seguros.

Cuestiones de ese tipo aparte, desde que leí ese relato supe que existía una adaptación cinematográfica, que conservaba la idea original pero cambiaba el título a La décima víctima, suponemos que porque es un número mucho más redondo. Creo recordar que vi algún fotograma en un número de la revista Nueva Dimensión de los que yo tenía después de hacer una buena limpia en las librerías y quioscos de mi ciudad, pues cuando yo los buscaba hacía tiempo que había desaparecido esa publicación. Nunca la he visto programada en ninguna televisión, ni sé si se estrenó en España en su día, tanto por su tema como porque en aquella etapa algunas imágenes se considerarían demasiado atrevidas en el Reyno, y además, para qué vamos a mentir, tampoco es que la película sea demasiado buena ni haya dejado un imborrable recuerdo en el mundillo cinematográfico de la ciencia ficción.

Sin embargo siempre me quedó la curiosidad de verla, y un día hace no mucho me puse a ello y he conseguido verla, en italiano con subtítulos en inglés por si algo se me escapaba. Reconozco que soy un entusiasta del cine italiano, no lo puedo evitar. Además esa mezcla de entender la mitad de lo que dicen con palabras de un efecto impresionante hace que el visionado de cualquier película italiana sea como mínimo algo divertido. Una lengua que utiliza “bello!” o “bellissimo!” para decir que algo es agradable o estupendo demuestra que hay un fondo cultural milenario bien sólido.

Los protagonistas son nada menos que Marcelo Mastroiani y Ursula Andress. El primero estaba a sus cuarenta años de entonces en la cima de su carrera y acumulando gran prestigio, mientras que la suiza políglota era uno de los sex symbols de la década, y aquí se la ve muy rica. Ah, esa década... No sólo es que la película sea de los sesenta, sino que rezuma sesenterismo por los cuatro costados, tanto en la estética como en el descaro de hacer una película semejante. Igual que en 2001, Odisea del Espacio, descubrimos que el futuro es estéticamente idéntico al presente de entonces, igual que en ese otro delirio visual y de guión que es Barbarella. Mastroiani, además de lucir un pelo rubio que le sienta como a un Cristo de Medinaceli un par de pistolas, interpreta a un concursante de esa particular competición que es bastante pasota, dirige una secta religiosa que adora al sol y es aficionado al personaje de comic El hombre enmascarado porque, según sus palabras “es un romántico”. Ella es una estadounidense buenorra que busca conseguir su décima víctima, y de este modo conseguir una especie de apoteosis y fama universal a la que llegan los que consiguen sobrevivir a diez rondas como cazadores y diez como víctimas en ese juego que, se supone, ha pacificado por completo la sociedad y evita toda guerra futura.

Aquí tenéis a Ursula Andress en el Club Masoch dando candela al respetable. Pues no, en España en aquella época esas cosas como que no. De hecho el título en España fue La víctima número 10, y no he podido descubrir si se estrenó en cines, o si luego se exhibió en televisión años después, pero me extrañaría que con tal despiporre de sexo y violencia en la época hubiese pasado la censura, y más de diez años después por menos Mad Max se clasificó como "S", la "X" de aquellos tiempos.



Sí, yo pensé lo mismo que vosotros: Afrodita A y su "fuego de pecho". Esas cosas nos las ponían a los niños en la tele, y así ha salido nuestra generación.

La película empieza medio en serio, e incluso hay algunos amagos de mostrarnos ese mundo como una distopía, se nos deja ver fugazmente el trato a los ancianos y hay otros detalles un tanto ominosos que, sin embargo, quedan rápidamente solapados por cierto tono de comedia, a la vez que se produce una anticipación, en este caso sí bastante acertada, de la moderna televisión con sus realities y demás, ya que los patrocinadores y convertir esa caza en un circo televisivo está plenamente desarrollado, más incluso que en Los juegos del hambre. Pero de verdad, las escenas de locura se suceden sin que en ocasiones uno pueda dar crédito a lo que ve, como cuando don Marcelo visita una futurista casa de lenocinio y al salir se encuentra a doña Úrsula haciéndose pasar por periodista americana que está estudiando el comportamiento sexual de los italianos, y él le da puerta de mala manera. No digamos ya la escena de “le voy a poner una multa por haber aparcado mal” y otra en la que unos americanos se quejan de que en los bares y hoteles europeos no se puede uno poner a pegar tiros alegremente y si lo haces te echan a la calle, mientras que en su país uno es libre de hacerlo donde le dé la gana.

Así más o menos todo, hasta que nos vamos acercando al final y no sé si el guionista, el director o el meritorio que ponía los cafés se da cuenta de que todo eso no hay por dónde cogerlo, y el pitorreo se vuelve realmente denso en una huida hacia delante. No sólo eso, sino que cuando ya se han marcado un par de vaciles de los gordos al final, queda el último con el que uno ya se dice: pues si no os lo tomáis vosotros en serio, yo menos, y claro, te tienes que reír.

Si buena no es, pero como documento de cómo se hacía el cine hace casi cincuenta años tiene su interés. Y de cuando la ciencia ficción no era siempre, como es ahora casi en todos los casos, sinónimo de exceso de efectos especiales y altos presupuestos. Además, tiene cierto valor también como arqueología del futuro. En Star Trek Voyager uno de los personajes era un estudioso de la ciencia ficción como documento sociológico de la percepción del futuro en los tiempos pasados, y esta película tiene también valor por esa misma razón. Nos presenta un futuro violento y distópico, ma non tropo, muy en la línea también de las películas catastrofistas de las dos décadas siguientes, todas ellas que toman como base algunos de los clásicos de la ciencia ficción literaria que siempre han tratado de una manera u otra esos temas. Pero a la vez es una película muy yeyé en las formas y en su estética, e incluso la banda sonora nos recuerda a las películas españolas de la época y a las españoladas de Paco Martínez Soria con sus coristas y sus boîtes donde sonaba una música similar, en la época de lo más in.

Por si fuera poco el cachondeo, el mismo Robert Sheckley adaptó la película en formato literario, en una novela de poco más de cien páginas. Sobre cómo terminó una productora italiana haciendo esta adaptación, no tengo ni idea, pero desde luego les salió algo más raro que un perro verde. Como curiosidad filológica, la película comparte el más elemental de los principios de “lógica cinematográfica”, que es no complicar aquello que no tiene necesidad de ser complicado, de modo que todos los personajes en todas las partes del mundo hablan italiano, y a correr millas, igual que en Scarface por una extraña razón que nadie podría alcanzar a comprender un cubano y un colombiano empiezan a discutir de drogas en inglés, y aquí paz y después gloria. Algo así como cuando, si recuerdo bien la anécdota, Peter Henry Fonda en Guerra y paz interrumpió una escena y se quejó de que aquella escena no era “real”, y King Vidor se lo quedó mirando y le dijo: “¿Ah, sí? ¿Ahora te das cuenta de que esto es una película?”

En España hubo a principios de los ochenta un grupo musical llamado Décima Víctima, supongo que inspirado en la película.

-SuperSantiEgo