Ya, ya sé: ya está el SuperSantiEgo flipándolo solo. Pues sí, es lo que hay. Igual que lo cortés no quita lo valiente lo friki no excluye lo erudito. Una cosa es gozarlo como un enano mientras lo ves, y otra que te deje con encefalograma plano. Y la razón por la que he metido estas dos series y la película en el mismo saco es porque todo el mundo ha entendido, con razón, que la película, además de ser magnífica y pasarlo uno estupendamente mientras la ve, tiene una importante carga política, y una crítica y mala leche de las que ya no quedan: los saudíes son retratados como unos pijos que no saben del todo bien el poder que poseen con tanto petróleo en sus manos,
que se está acabando y ellos tienen la mayor parte del que queda, el hijo aperturista y posible futuro heredero es presentado en Occidente como un terrorista porque con sus planes de modernizar y democratizar el país es el verdadero peligro, el misil que desaparece al principio de la cinta reaparece al final como todos vemos y un personaje enfurecido saca al liberal hobbesiano que lleva dentro y suelta una diatriba incendiaria en la que defiende el capitalismo como máxima expresión de la rapacería, sin olvidarse de citar a Milton Friedman, recientemente fallecido y del que sólo diré que tenga tanta paz como aquí dejó, o sea ninguna, sin olvidarme de un recuerdo al gilipollas descerebrado de su hijo y suscribiendo este artículo de Crisis Energética, sin olvidar aquel otro en el que se decía que si hubiese justicia en este mundo este señor debería haber comparecido en un juicio por crímenes contra la humanidad. Me imagino que a respecto de Syriana los muchachos del Instituto Carmen de Mairena, digo... Juan de Mariana con Ramón Rallo a la cabeza, nos expondrán, con la misma claridad de ideas con la que nos explicaron que V de Vendetta era el tarrito de las esencias del liberalismo, que esta película es un producto hediondo del irreflexivo antiamericanismo liberticida propio de los núcleos irredentos de progres islamofascistas que todavía inundan las alcantarillas de Hollywood, donde se debería clonar a John Wayne de una vez para que volviese a haber películas de las buenas, donde se hace apología del hombre merecedor de estar sobre la tierra, armado hasta los dientes y libre en su voluntad para doblegar con la fuerza de su talento una tierra salvaje e inhóspita y hacer apropiación originaria de sus infinitos recursos. El neocón Charles Krauthammer lo tiene bien claro: "Osama Bin Laden no habría escrito el guión con más convencimiento". Sobre lo que pudiera decir el Instituto Ayn Rand casi prefiero no imaginármelo, ya que están demasiado ocupados explicando el bombardeo nuclear de Hiroshima como uno de los actos más éticos de la historia de la humanidad.
Vale, todos vemos que Syriana es una película, además de muy bien hecha y con un gran guión, con una fuerte carga e interpretación política. Como me dijo un amigo mío, básicamente es un documental. ¿Pero acaso 24 no es lo mismo, aunque de distinta manera y a distinto nivel? La diferencia es que en 24 hay una de cal y una de arena, con el agravante de que hay muchísima cal y muchísima arena en precario equilibrio. Jack Bauer, protagonista absoluto de la serie a excepción de su móvil y el sistema operativo que funciona en
Jack Bauer es un héroe, sí, pero sólo porque reacciona ante situaciones extremas. Y, recordémoslo, las situaciones extremas dan lugar a muy malos sistemas éticos. Bauer suele verse en el dilema de: torturo a este tío para que me diga lo que sabe o me hago el bueno y dejo que ocurra la catástrofe, que básicamente es de lo que va esta serie en cada una de las temporadas. El juicio moral a Bauer, por tanto, se ve dificultado precisamente por lo extremo de la propuesta de la serie: o la acción extrema, o la destrucción. Bauer y sus compañeros son antiterroristas, pero como siempre el que lucha con monstruos debe cuidarse mucho de no convertirse él mismo en monstruo. El mismo presidente Palmer, el que se supone que es tan bueno y tan gran político, tampoco duda a la hora de ordenar torturas o acciones brutales si la ocasión lo requiere. Esto podría, por ejemplo, servir de apoyo a la defensa de la tortura en casos extremos, como hace el antes citado Charles Krauthammer.
Por tanto podemos decir, sin temor a equivocarnos, que a pesar de la excelencia técnica y la perfecta urdimbre de los guiones que nos mantienen en vilo, y la pericia de convertir cada episodio en algo independiente con su inicio, desarrollo, nudo y desenlace, ésta es una serie indescriptiblemente facha, reaccionaria y todo lo que uno quiera ponerle encima. Oh, nos atacan, qué malos son los demás países del mundo que mira lo que nos hacen, está justificado todo lo que hagamos para protegernos, pobrecitos de nosotros, tengamos un sistema de información que nos diga hasta si al niño del vecino le han hecho un empaste. De hecho, la serie se estrenó apenas dos meses después del 11-S, y con lo que se supone en la serie que ya puede hacer el gobierno, ríase usted de la famosa Acta Patriótica aprobada después del atentado. Ésa es la cal de la serie.
Pero tiene la misma carga de arena. Todo lo que se les viene encima a los USA parece ser el reflujo de decisiones políticas del pasado. Igual que en Syriana el misil que no era más que un señuelo y que debía explotar en los morros de los terroristas desaparece para volver al final de la película y atacar los intereses USA, en 24 siempre hay un pasado de intervenciones desafortunadas que vienen a buscar su revancha. Todos se estrellan contra la mala leche de Bauer, de acuerdo, pero la carga política está ahí, hasta el punto de que en algunas de las conspiraciones que amenazan la paz de la patria de las libertades tienen a sus traidores en lo más profundo de la administración estadounidense, hasta el punto de que algunos de ellos colaboran con esas conspiraciones para crear el caos y la destrucción y que así el pueblo reaccione como es debido ante los problemas de seguridad de la nación. Es decir: 24 apoya, hasta cierto punto, la teoría de que sus gobernantes pueden llegar a ser cómplices de las calamidades que los acechan, y que son capaces de sacrificar a unos inocentes a cambio de “un bien mayor”. No sólo eso, sino que el presidente que sucede a Palmer es, por decirlo de una manera suave, un verdadero gilipollas sin paliativos, un pusilánime sin carácter que no cuesta mucho imaginarlo como la interpretación que los guionistas nos dan de George W. Bush, y que al final de la quinta temporada se revela nada menos él mismo como el peor traidor de todos. En la serie los que más veces dicen la palabra “patriotismo”, y los que la dicen más alto, suelen terminar siendo los peores de todos.
24 es una serie éticamente muy gris, y dentro de la fantasía que encierra y los desbarres de argumento, refleja perfectamente las gigantescas zonas grises que conforman la realidad. Y todo esto lo cuela acompañándolo de una pericia técnica impresionante y creando un suspense detrás de otro, manteniéndote en vilo y presentándote a un personaje que causa admiración y a la vez repugnancia. No sé cómo evolucionará la serie ni lo que ocurrirá en las siguientes temporadas, o si explicarán por fin de forma coherente cómo recarga el móvil y por qué no desfallece después de veinticuatro horas sin dejar de moverse y sin haberse alimentado, pero si me pidiesen a mí idea de cómo rematar la serie, lo tendría claro: a Bauer se le hinchan definitivamente las narices y ya no aguanta que lo dejen tirado, tanto salvar el país de sí mismo y luego ni una palmadita en la espalda. La última temporada sería por tanto la persecución definitiva de Jack Bauer, totalmente desencadenado, y obviamente al final el cazador definitivo sería cazado y moriría a manos de uno que se insinuaría que va a ser su sucesor, con lo que se cerraría el ciclo de la vida, como se decía en El Rey León.
Con lo cual comprobamos nuevamente que Hollywood es en realidad un think tank de izmierdosos enemigos de la libertad que bajo la apariencia de un producto que exalta la necesidad de la defensa contra los enemigos de la más poderosa de las naciones en realidad por debajo nos cuela un discurso progre que intenta crear el disenso entre los ciudadanos y hacerlos partícipes de la peligrosa idea de que los engañan, los manipulan y los estafan, cuando en realidad no hay necesidad alguna de guardarnos de nuestros guardianes y deberíamos tener una infinita fe en los excelentes líderes políticos y económicos que nos protegen en un mundo lleno de peligros... en los que ellos no han tenido nada que ver.
Obviamente después de esto se preguntará más de uno qué pinta Galáctica en el título, y la verdad es que aquí el mensaje político es bastante más complejo, porque la realidad que describe es mucho más alejada de la nuestra. Syriana es casi un documental, 24 es una alegoría de cosas que podemos ver como reales y Galáctica es pura fantasía, pasado pseudolegendario, batallitas de naves espaciales y malos cromados con pinta de tostadora. Mas... una vez visto lo que hay y si reflexiona uno sobre lo que ha visto... se puede entresacar más de una cosa. Los malos, los cylones, son verdaderos fanáticos religiosos, y por si fuera poco monoteístas, mientras que los diezmados habitantes de las doce colonias son politeístas de un panteón que esperemos que alguna vez nos expliquen de forma coherente por qué es el de la antigua Grecia. ¿Son a este nivel los cylones un trasunto de la fe islámica? Pues podría entenderse así si uno quiere, pero como los guionistas tienen la necesidad y el deber de exponernos el fanatismo de estos personajes en términos culturales reconocibles para ellos y para nosotros su discurso recuerda más al del integrismo cristiano tipo telepredicador, así que pueden representar a la intransigencia religiosa propia de todo monoteísmo, mientras que la exuberancia de las mitologías antiguas siempre fue más dada a la fusión de elementos culturales y al sincretismo, cuando no al puro cachondeo y al relajamiento de los dogmas, cuando existían. La verdad es que los cylones lo tienen todo para ser unos malos buenísimos: fanáticos religiosos, genocidas y por si fuera poco máquinas sin alma, pues a nadie se le escapa que uno de los mejores hallazgos de esta reinterpretación del clásico es reconvertir a las tostadoras con brillos de la serie original en unos fríos cyborgs que copian descaradamente tanto de Terminator como de los replicantes de Blade Runner, pues las idas de olla de los cylones y sus dudas existenciales recuerdan bastante a los discursitos pasados de vueltas de Rutger Hauer.
En el caso de esta serie estamos, además, en una situación mucho más extrema que las que vemos en 24. Aquí nos encontramos nada menos que ante el exterminio de la humanidad, y los protagonistas se encuentran con una misión de proporciones bíblicas: han sobrevivido al Apocalipsis y se encuentran en pleno Éxodo en busca de la tierra prometida, y perseguidos por sus pecados, pues los seres humanos crearon a los cylones para ser sus sirvientes.
Pero lo mejor estaba todavía por llegar. La segunda temporada se cierra con la llegada de los cylones al planeta que habían ocupado los humanos y en los que querían reemprender su civilización. La tercera temporada, hasta donde he visto, es la historia de un país invadido por una fuerza de ocupación que intenta imponerles su forma de vida y de pensar. Los humanos, qué desagradecidos, se rebelan. Los cylones, para controlarlos, deciden crear con voluntarios un cuerpo de policía humano, y es entonces cuando uno dice: "Ay". Y luego la resistencia humana, los que nosotros sabemos que son los buenos, los chicos de Adama, los de la Estrella de Combate Galáctica, van a la ceremonia de entrega de diplomas de la primera promoción de esos policías... y un politeístafascista se inmola con un chaleco bomba y mata a todos los que se encuentran allí, con lo que los cylones deciden recrudecer su represión. "¡AY!", dice uno en ese momento. Joooder... Y es que no estamos hablando de una serie que se haya hecho hace diez años, sino que empezó en 2003, el mismo año de la invasión de Irak, donde no sé si a ustedes les suena lo que acabo de contar. Ocupación, policía títere, hombres bomba... Demasiadas coincidencias como para ser una casualidad, ¿no? Vale, el jefe de la resistencia es Saul Tigh que es tirando a bruto y quizá el teniente Castillo le termine echando la bronca, pero la cosa es preocupante.
Como siempre, sólo hay que saber buscar un poco en la Realidad para que ésta nos revele su naturaleza estupefaciente.

-SuperSantiEgo









