21.5.17

Libro: Dudo Errante, de Russell Hoban, y Er Prinzipito

La verdad es que no tenía ni idea de que esta novela existía hasta hace unas semanas, me picó la curiosidad, y la pedí a iberlibro de segunda mano. Este libro es famoso por varias circunstancias: una, que es una de las más conocidas novelas postapocalípticas, además dentro del género postnuclear, del que ya hablamos cuando tuvimos que comentarla nueva entrega de Mad Max. Y, aunque la posibilidad de una guerra nuclear a gran escala sigue latente, pues las bombas ahí están, son otras las preocupaciones de la humanidad que suelen poblar hoy las pesadillas literarias, como el colapso ecológico o una plaga que diezme a la humanidad, otro subgénero en el que podríamos encajar a las historias zombis. Como ya os conté, hubo un tiempo, anterior a la caída del bloque soviético, en el que las historias de mundos postnucleares eran omnipresentes en relatos de ciencia ficción, películas de bandas que recorrían desiertos y revistas de cómic como 1984 en el que raro era el número en el que no apareciese una historia de ésas, además de que incluso publicó un especial Tercera Guerra Mundial.

En general, las historias de guerra nuclear lo tienen todo, porque dan un mal yuyu realmente espeso. No sólo muere un montón de gente, sino que son genuinamente apocalípticas: es la caída de la civilización, y el regreso a la barbarie absoluta, algo que choca con la idea de progreso que tenemos instalada en la mente como mínimo desde la Ilustración. Por tanto es también la historia de la Caída desde un estado previo de gracia, o al menos de prosperidad, y sobre todo implica que la humanidad tendrá que vivir a partir de entonces sabiendo que ha errado, que lo tenía todo para haber alcanzado el Paraíso o al menos ir mejorando, y que por su necedad ha acabado intentando volver a salir del fango.

Hay cientos de historias, claro, pero sólo citaré algunas que recuerde especialmente: además de la ya citada Mad Max está la película Un muchacho y su perro, basada en un relato de Harlan Ellison en el que existen perros telépatas, Deus Irae de Dick y Zelazny y Cántico de Leibowitz. Es habitual en este tipo de historias que se incida en que, ante la caída y la desgracia, el ser humano se refugie en algún tipo de sentimiento religioso, y un mundo postapocalíptico sería el escenario ideal en el que podrían surgir nuevos cultos religiosos, como el del Dios de la Ira de Dick y Zelazny, mientras que en la bastante beatilla obra de Walter M. Miller es la iglesia católica la que mantiene el tipo y es el último bastión de la cultura, de modo que conserva el saber antiguo a lo Fundación mientras vemos cómo el mundo se recompone, vuelve a pasar por una etapa parecida al Renacimiento y alcanza de nuevo un progreso parecido al del siglo XX, sólo para repetir inmediatamente los mismos errores y completar todo el ciclo.

Dudo Errante, publicada en 1980, es una novela que trata de un mundo similar, sólo que muy posterior a nuestra época, ya que se supone que la guerra nuclear empezó en 1997, año que yo recuerdo como muy tranquilo en general pero que tiene muy mal fario, ya que también es la fecha en la que Skynet toma conciencia de sí misma y decide que debe seguir el Evangelio de Bender y rostizar a todos los seres humanos. Pues bien: más de dos mil años después del holocausto nuclear, en una región que coincide cerca del actual condado de Kent, y no muy lejos de Canterbury, los descendientes de los seres humanos que sobrevivieron viven en una especie de edad de hierro en la que la naturaleza ha vuelto a cubrirlo todo de bosques y peligrosas manadas de perros salvajes son todo lo contrario al mejor amigo del hombre, de modo que acabar muerto por los perros es un destino muy común. El protagonista, Dudo Errante, es un niño de doce años al que al comienzo de la novela se le muere el padre en un yacimiento de objetos del pasado que fundir para crear herramientas, y al que inician como "conexión", pues esa sociedad primitiva tiene una religión que cree en prodigios y profecías, todo dentro de los llamados Ritos de Eusa, una figura mítica a la que se le achaca la llegada del Gran Pum y los Malos tiempos, y que es una mezcolanza de creencias cristianas tomando como base la vida del mártir San Eustaquio (Eustace en inglés), que tiene dedicado un impresionante mural en la catedral de Canterbury. La novela es pues la historia, que abarca unos diez días, que nos cuenta Dudo, y de cómo cambian para siempre esos Ritos de Eusa, que una especie de funcionarios-sacerdotes-titiriteros narran a través de unos guiñoles herencia de los actuales de Mr Punch y Judy.

Pues veréis: no se puede decir que la novela me haya entusiasmado. Ni de lejos. Tampoco me ha parecido mala, y la verdad es que empieza bien y apunta a contar una buena historia, pero llega un momento en el que, por lo menos a mí, me parece que se descalabra un poco. Dudo abandona su poblado e inicia su periplo, y llega un momento en que uno se pierde, además a varios niveles. Para empezar entendamos que esto es una obra literaria internamente, no sólo es una primera persona sino que nos asegura que está eso, escribiendo su historia, Dudo sabe leer y escribir y siente la necesidad de transmitir su historia a la posteridad, así que lo que leemos es su narración, como luego explicaré escrita en una lengua evolucionada o involucionada del inglés actual. Por tanto, su perspectiva de todo lo que ocurre es puramente interna, sólo puede entender lo que está viviendo según su limitada perspectiva de un bárbaro que ha recibido dos mil años de miseria y horror como herencia. De hecho, no se sabe absolutamente nada del mundo exterior a esos pocos kilómetros alrededor de Canterbury, y Dudo parece incluso ignorar qué existe o pueda haber existido más allá. De ahí que confunda o ignore conceptos de ciencia o tecnología básica, y que crea vivir en un mundo de coincidencias y prodigios donde le parece natural creer toda la mitología en la que se basa su sociedad. Lo que ocurre es que nosotros, como lectores, deberíamos entender a dos niveles esos acontecimientos, y me parece que falta uno.


 Como si fuera un alumno aventajado de Jung y de otros autores que lo cifran todo en la pura casualidad, el autor hace que su personaje principal cuente, para empezar, con una jauría de perros que, sin ninguna razón, le sirven de protección y guía, y que lo dirigen directamente a su primer encuentro, el que tiene con el Arsufrispo de Cambri, una forma degenerada de decir Arzobispo de Canterbury y que hace referencia a un componente de "la estirpe de Eusa", los clásicos mutantes contrahechos que son el resultado de las radiaciones, y a los que cría el culto de Eusa para someterlos cada doce años a unos rituales de tortura. Y así sigue más o menos el resto de la novela, sin más explicaciones, del mismo modo que a través de intuiciones y visiones se verá guiado en todo momento. Esto no estaría mal si el autor se aclarase desde el primer momento, cosa que no sucede: o estoy leyendo una narración subjetiva de cosas que el narrador cuenta en primera persona, con sus posibles exageraciones o interpretaciones erróneas que nos despisten, o estamos ante una narración mítica de lo que le ocurrió a Dudo. Para mí ése es el principal defecto de la novela, y que parece ignorar las críticas que he leído y sobre todo el insufrible prólogo de esta edición, que habría que tratar aparte. Si, como repite ese prólogo hasta la saciedad, esa sociedad lo cifra todo en la repetición y la oralidad, ¿por qué alguna gente sabe leer y escribir, aunque sea en esa nueva lengua? En la Edad de Hierro no necesitaban todavía leer y escribir, desde luego, así que tampoco entiendo cómo va a existir una industria que cree el suficiente papel o pergamino para que haya una transmisión cultural escrita, o quién es el posible público de ese escrito. Un ejemplo de esto lo tenemos en la novela, ahora vuelta a poner de moda, de El cuento de la doncella, que vuelve a utilizar el clásico recurso de decir que los hechos de nuestro futuro se analizan desde un futuro más lejano todavía. De ahí mi perplejidad: aunque al final de la novela se insinúa que las aventuras de Dudo pueden empezar a convertirse en una nueva canción que transmita de forma oral, y por lo tanto quedará mitificada y deformada, su historia, ¿por qué y en qué contexto existe esa narración formal y escrita, con ánimo de veracidad por parte de su autor, de contar los hechos acaecidos, y que supuestamente son objetivos por parte de ese autor, aunque yo veo que son una acumulación de casualidades e intuiciones a lo personaje de Paulo Coelho, no el fruto de una forma inocente de ver el mundo? Si se supone que gran parte de la gracia de la novela es recalcar esa forma tribal y primitiva de transmisión cultural lo que no me cuadra de ninguna manera es no ya la conservación de la escritura, sino la misma narración de Dudo. Es como una especie de contradicción interna esencial que no me termina de encajar. Del mismo modo hay una extraña ambigüedad sobre los procedimientos mágicos y de magia simpática por los que, se supone, por medio de esas torturas a la "estirpe de Eusa" se podría llegar a recuperar el conocimiento antiguo, incluso la fisión del átomo, como si se diese por buena que toda esa ciencia estuviese contenida en su ADN modificado. No me quedó claro si es que el autor quería realmente jugar a eso, del mismo modo que se supone que el Arsufrispo tiene poderes mentales y ve aunque esté ciego y se comunica con los perros salvajes, o sencillamente es que estaba amagando donde no sabía si había algo en lo que acertar.

Por otro lado, no lo puedo evitar, algunos mensajes pacifistas propios de El Principito tampoco me entusiasmaron, como cuando en una de sus visiones Dudo recibe la revelación de que "El único poder es no tener ningún poder", o la típica metida de zueco científica que no tiene ni pies ni cabeza. Entiendo y me gusta que en esa lengua futura se confundan y malintepreten algunos conceptos científicos, pero eso poco tiene que ver con que el verdadero autor que escribe el libro, Hoban, nos diga que hay una carrera de armamento implícita por conseguir volver a hacer pólvora (El Pequeño Pum), y que cuando consiguen azufre en una bolsita que cabe dentro de la cabeza de un guiñol la primera vez que consiguen detonar pólvora en cientos de años se produzca una explosión que vuela una cabaña entera, le arranca la cabeza a un personaje y otra persona muera víctima de la metralla, y eso en apenas unos minutos porque Hoban desconoce, y por tanto también su personaje que me lo está contando, que hacer pólvora es algo bastante más complicado que mezclar cosas en un mortero, y que conlleva un proceso de secado y tamizado, no se hace bien en un ratito ni de lejos. Obviamente con tan exigua muestra de azufre, que se nos repite varias veces que se puede esconder fácilmente, la cantidad de pólvora que se conseguiría producir es realmente muy limitada, la suficiente para llevarse uno un susto y hacer mucho humo, pero las cosas no detonan por las buenas y vuelan una cabaña entera tan fácilmente. Si esto estuviese narrado de forma mítica o realmente fuese una narración oral con todo tipo de imperfecciones, funcionaría al menos a ese nivel, pero tal como lo explica es como el caso de Dan Brown que no sabe cómo se transmite un archivo por internet.

Y ahora llegamos a uno de los meollos del libro, y es la forma en la que está escrito. Como es mejor vivirlo que te lo cuenten, lean ustedes los párrafos iniciales:
On my naming day when I come 12 I gone front spear and kilt a wyld boar he parbly ben the las wyld pig on the Bundel Downs any how there hadnt ben none for a long time befor him nor I aint looking to see none agen. He dint make the groun shake nor nothing like that when he come on to my spear he wernt all that big plus he lookit poorly. He done the reqwyrt he ternt and stood and clattert his teef and made his rush and there we wer then. Him on 1 end of the spear kicking his life out and me on the other end watching him dy. I said, ‘Your tern now my tern later.’ The other spears gone in then and he wer dead and the steam coming up off him in the rain and we all yelt, ‘Offert!’
 El dia de mi nombramiento quando cumpli los 12 sali con la lanza en ristre i mate un javali que provablemente era el ultimo javali en las Colinas del Hato de todas formas hazia mucho que no veia ninguno no creo que vuelva a ver ninguno. No hizo temblar la tierra ni nada quando savalanzo sobre mi lanza no era tan grande ademas tenia mala pinta. Hizo lo devido se reuolvio i alli se quedo i rechino los dientes i entento scapar asi que alli stavamos. El en 1 punta de la lanza agonizando i yo en la otra viendolo morir. —Hoy a ti mañana a mi —dije. Le clavaron otras lanzas i murio i el vapor salio de el entre la lluuia i todos gritamos: —¡Ofrenda!
Otra de las características de este libro es que tiene, o tenía, fama de intraducible, ya que está escrito, como se ve, en una especie de transcripción fonética de un inglés futuro donde algunas palabras han cambiado de sentido, la puntuación ni está ni se la espera y los topónimos se han modificado. Tampoco es algo nuevo, y Flores para Algernon empieza y acaba con la ortografía de una mente limitada. Hoban siempre se negó a que se tradujese la obra, aunque al final consintió que se hiciese al español en 2005, por parte de la Editorial Berenice, traducción que ganó un premio. Posteriormente lo reeditaría Cátedra, especializada en ediciones críticas. Como se puede ver, para leer la versión original hay que tener un nivel C2, y a lo mejor ni así, que ya me decía un amigo mío que podía uno haber hablado y leído sólo inglés desde pequeñito, que eso no te garantizaba que fueses a entender El Ulises de Joyce. En su versión original el libro está escrito en ese inglés imposible que se supone que sería cómo habría quedado el inglés de esa región de Enlaterra después de dos mil años de evolución. Obviamente, eso jamás sería así, por eso digo que es imposible. Aunque también os digo un sí es no: del mismo modo que podemos ser indulgentes con que en Brave los personajes hablen inglés moderno con acento escocés, cuando en aquella época no existía nada ni remotamente parecido a lo que llamar inglés, y mucho menos el acento escocés, hay que tener en cuenta que necesitamos una solución de compromiso. Eso está claro: dentro de dos mil años el inglés, si es que conserva ese nombre y si es que existe, será probablemente una lengua tan ajena al inglés actual como el inglés actual es tan ajeno a los dialectos germánicos de los antiguos territorios de Alemania y Dinamarca de los que desciende, y para hacernos una idea es el tiempo que separa al latín clásico de esto en lo que escribo. Obviamente Hoban no quiere hacer ningún experimento filológico real, sino una pirueta literaria específica para este libro, y que por cierto es la inspiración, según cuentan, para la tribu de niños perdidos que sale en Mad Max 3, que hablan raro y han creado un relato oral mítico, algo tampoco muy creíble desde el punto de vista lingüístico porque en tan poco tiempo no hay razones para que esos niños hayan empezado a reintepretar la gramática por su cuenta. De ahí que diga que es una solución de compromiso: si te pones a investigar y a inventarte para una lengua histórica actual nuevos procedimientos de formación de palabras, una nueva ortografía e incluso un nuevo alfabeto seguro que te lo pasas muy bien haciéndolo, pero puedes conseguir poco más o menos unas ventas inferiores al Finnegan's Wake, esa novela que sólo entendía Joyce, y eso sólo hasta quince días después de terminarla. Hay un momento, también, en el que Dudo lee la transcripción de un folleto turístico que tiene dos mil años, escrita en el inglés actual, y parece que lo entiende casi todo, algo que también sería por completo imposible.

Sobre la traducción, se nota que fue un trabajo ímprobo, pero también habría que recalcar que los problemas eran, quizá, incluso mayores de los que se esperaban ellos. Porque, en efecto, el español tiene unas características muy diferentes que el inglés. Para empezar, nuestra ortografía es casi etimológica, y la correspondencia con la fonología muy alta, de modo que incluso escribiendo sin hacer demasiado caso de las normas ortográficas malo es que no se entienda casi todo, algo muy alejado de una lengua como el inglés en el que un altísimo porcentaje de palabras hay que aprender de memoria cómo se escribe. De ahí que se diga muchas veces que leer Duddley Walker conlleva ralentizar el ritmo de lectura, pero yo afirmo que con Dudo Errante eso sólo ocurre en las primera páginas ya que la adaptación es muy rápida en castellano, sólo hay una ortografía diferente aunque regular y no hay que adivinar qué palabra tenemos delante como ocurre en inglés.

No puedo entrar en detalles de otro tipo porque los desconozco, pero sí puedo decir que en todo caso los traductores, o el editor que tomó la decisión, fueron bastante poco valientes o demasiado prudentes y conservadores, ya que se podría haber corrompido todavía más la forma de escribir el español, que vuelvo a decir que en esta versión queda en el fondo muy reconocible y accesible. El español conserva, probablemente por medio de la aportación de un sustrato de habla tipo vasco, las cinco vocales que tenía el latín, perdiendo sólo el rasgo de lengua de mora y las sílabas cortas y largas. Es decir: incluso mal escrito, un texto en español es bastante fácil de leer. A diso gracias, dado la que está cayendo. Y lo que es peor, y gran motivo de reflexión: en éste como en otros muchos casos, se puede decir que el presente ha adelantado al futuro literario por la derecha, y además con desprecio y haciéndose el sobrado. Obviamente en 1980 esa forma de escribir podía levantar ampollas o causar una profunda curiosidad, pero... qué os voy a contar después de lo que hemos visto hasta ahora. La escritura sms y el 133T son en algunos casos, de largo, más radicales que como está escrito este libro y su traducción, y vivimos en un tiempo que a una generación le parecerá más raro ver escrito "adiós" que "A2".

Sobre el prólogo, además de casi innecesario, es absolutamente cultureta e insufrible. Afortunadamente no caí en la tentación de no hacer lo correcto, así que lo leí después, como epílogo, sabia decisión porque es el típico prólogo que no sólo te destripa parte del argumento, además de ofrecerte o casi imponerte ya sus conclusiones y análisis antes de que tú llegues a los tuyos, sino que puede llegar a cabrearte tanto que puede llegar a predisponerte contra el texto. Sinceramente, no se necesita ningún prólogo de ese tipo para un libro editado en 1980, estaría bueno, como mucho una breve introducción. Por si fuera poco ese prólogo se despeña en el sobreanálisis y en la defensa de algunas características de la novela que precisamente fueron las que provocaron en mí más de una queja, y a cuyo favor quieren adoctrinar al lector antes de que empiece el libro. Que cite como fuentes de autoridad a Freud y Derrida, e interpreten mal a Wittgenstein, tampoco ayuda.

En realidad, por muy en una nueva Edad Media o de Hierro en la que viva esa gente, su lengua no tiene por qué ser limitada ni pobre, algo que se afirma acríticamente, ya que sencillamente serviría para expresar su forma de vida, igual que hacemos nosotros ahora con nuestros idiomas, y sus neologismos y nuevos procedimientos lingüísticos serían igualmente válidos en su contexto, por muy dura o miserable que fuesen sus vidas. Es un concepto de antropología lingüística muy simple. Sin embargo otros materiales añadidos al final del libro sí tienen valor y están bien. Causa cierta ternura también que en algunos de los comentarios finales de Hoban, escritos en 1998, hable de pasada, con cierta repugnancia, de fenómenos de impudicia televisiva como el Show de Oprah, a día de hoy una figura santificada por las interpretaciones postmodernas que afirman que cualquier mierda puede ser buena. Hace veinte años, también, la ortografía de este libro habría causado mucha más extrañeza que hoy. Nuevamente, choca un poco la rigidez de algunas interpretaciones de este fenómeno y de este libro: en el futuro esos hablantes de inglés tendrían todo el derecho del mundo a escribir y a hablar como les diese la gana o como hubiese dado en parar la natural deriva lingüística, del mismo modo que poco entiende un chino actual del Chino Medio del que derivan algunos de los dialectos chinos más importantes de la actualidad, e igual que cada lengua latina tomó su camino independiente. Actualmente la estandarización lingüística, el sistema educativo y los medios de comunicación contrarrestan en parte el cambio lingüístico, pero un grupo humano aislado durante dos mil años terminaría hablando a saber qué.

En definitiva, que no me ha terminado de enamorar, aunque sea una propuesta interesante. Siempre queda la duda de si leída la versión original con todos los juegos de palabras y tergiversaciones íntegras es una experiencia religiosa, pero hay cosas que sencillamente no conectan conmigo. Supongo que ésa será la excusa que pondrá más de uno que tampoco lo leerá pero soñará con poder hacerlo, y que por ejemplo nunca tampoco leería por propia voluntad ni dos páginas seguidas de Terra nostra. No, queridos: en inglés Harry Potter no mejora.

Y, como diría Jung y nos confirmaría Sánchez-Dragó, nada pasa por casualidad, sino que... todos estamos conectados y hay un orden subyacente en todo lo que ocurre en el universo. Así que no debe ser casualidad, (o sí, vaya uno a saber), que pocas semanas antes un amigo me prestase para que le echase un vistazo a El libro loco de la guerra nuclear, la versión española editada en los años ochenta del Nuclear War Fun Book.
El libro es un prodigio de humor negro que se presenta como un auténtico libro educativo lleno de dibujos con actividades que llevar a cabo después de la guerra, siempre que hayas tenido la suerte de haber podido esconderte en un refugio del que luego puedas salir para, por ejemplo, vender limonada a tus vecinos a precios desorbitados, ya que el agua será un bien muy escaso. Según parece algunos padres, como suele ser habitual, lo compraban sin mirar y sin tener claro de qué iba, así que más de uno traumatizó a sus hijos de por vida.

También, en fechas muy tempranas, se han dado dos noticias conectadas entre sí y que tienen que ver en parte con el primer libro tratado. Éstas son la traducción al murciano de El Quijote y al andaluz de El Principito.
La primera pregunta que se hará más de uno es: ¿qué necesidad había de hacer esto? Y la respuesta es: ninguna. Claro que podría decirse lo mismo de traducir Astérix al latín, por ejemplo. Son cosas que se hacen porque sí, porque te lo pide el cuerpo o sencillamente, por qué no, por el kek, como la traducción al latín macarrónico del mismo Quijote. Si me apuráis, lo mismo pasa con la traducción de El Quijote al latín del bueno, o la de hace unos pocos años de Hobbitus Ille. Por eso: porque yo lo valgo.
Bilbo quid eueniret intellegebat, et nullo meliore rogando ad quaestionem adhaesit. “quid in sinu meo habeo?” maiore uoce inquit.
“s-s-s-s-s,” Gollum sibilauit. “nobis ab eo dandum est coniecturae tresss, mi pretiossse, coniecturae tresss.”
“esto! conice!” Bilbo inquit.
“manusss!” Gollum inquit.
“falsum,” Bilbo inquit, qui modo manum feliciter iterum extulerat. “iterum conice!”
“s-s-s-s-s,” Gollum commotius quam umquam inquit. de omnibus, quae in sinibus suis tenebat, cogitauit: ossibus piscium, dentibus gobelinorum, conchis madidis, parte alae uespertilionis, saxo acuto quo dentes suos acueret, et ceteris foedis. quid alii in sinibus tenerent cogitare conatus est.
“culter!” postremo inquit.
“falsum!” Bilbo inquit, qui suum tempus nescio quid abhinc amiserat.
“festina!” Bilbo inquit. “sum exspecto!” audax et laetus uideri conatus est, sed non sensit se omnino certum esse quomodo ludus finiretur, num Gollum recte coniceret necne.
“tempus est!” inquit
“coniectura ultima!”
nunc Gollum multo in statuo peiore fuit quam cum Bilbo ouum-quaestionem rogauerat. sibilauit atque balbutiuit atque se rursum prorsum uacillauit, atque pedes in solum tundit, atque se sinuauit torsitque; sed etiam coniecturam ultimam perdere non ausus est.
(Ya, ya, si sé lo que estáis pensando: joer, qué bien se entiende el latín. Pues no, falsum: ¡es que os lo sabéis de memoria, pedazo de frikis!)

Curiosamente no ha habido mucha polémica con el primer caso con El Quijote vertido al murciano. Para empezar, el murciano, aunque víctima como el astur-leonés e incluso el aragonés de ser vecinos directos de una lengua prontamente codificada y vehículo administrativo, el castellano, a las que se parecía demasiado, es, según algunos investigadores, un resto de la antigua habla mozárabe. Esta lengua mozárabe estaba constituida por los dialectos latinos que se hablaban bajo el dominio musulmán en el sur de la península y que estaban en situación de diglosia respecto del árabe, de modo que incluso se llegaba a escribir esas expresiones derivadas del latín con el alfabeto árabe, al contrario que a día de hoy una lengua derivada de un dialecto árabe, el maltés, se escribe con alfabeto latino. Las vueltas que da la historia, ¿verdad? Cuando, completada la Reconquista, se impone el castellano hacia el sur, esas hablas mozárabes serán el sustrato para los modernos dialectos castellanos que se hablan en esas zonas, aunque ya sabemos todos que la influencia del árabe en el español fue constante y afectó también a los dialectos del norte que luego darían lugar al castellano, sobre todo en el léxico. Por qué se ha tomado con cierto respeto la traducción de El Quijote al murciano, una lengua o dialecto más o menos bien estudiado y con pasado literario antiguo aunque conocido, y por qué ha habido tanto cachondeo con la traducción de Er Prinzipito, se explica por una confluencia de factores, tanto culturales como políticos. Mientras que lo primero es un ejercicio cultural tan innecesario como cualquier otro, que se presenta en el Real Casino de Murcia, en el segundo se cargan las tintas por otras razones, entre ellas que los promotores de la traducción haya sido un sindicato agrario afín a Podemos.

Otra cuestión, aparte, es si eso que algunos llaman "andaluz", en tanto que idioma, existe o no. Para eso, fiel a mi estilo, hablaré de una cosa totalmente distinta, que es el esperanto, una lengua inventada y sacada de la nada, aunque tenga influencias y se base en algunas lenguas actuales. Como siempre indico, todos los argumentos que dan los partidarios del esperanto son correctos y muy bien razonados. Sólo que... están profundamente equivocados de raíz. Sí, todo lo que dicen es cierto... pero se equivocan en lo principal, y es que el ser humano sólo va de buen rollo cuando le conviene, así que una lengua artificial de consenso nunca se adoptará, por lo menos de mutuo acuerdo y con una sonrisa mientras compartimos fraternalmente una cocamola en la cima de una colina. Así de simple. En todo lo demás tienen razón, pero en lo fundamental no.

Pues bien: si existe o no el andaluz no se puede explicar sino dando un rodeo. Para empezar, actualmente Andalucía son las ocho provincias andaluzas, pero Al-Andalus era otra cosa, y si por un momento olvidamos las fronteras y divisiones administrativas podremos hacer un ejercicio mental muy simple. Imaginemos dos pueblos limítrofes y separados por apenas unos kilómetros, uno de Badajoz y otro de Sevilla, Córdoba o Huelva. No hace falta ser muy listo para entender que en los dos pueblos hablarán prácticamente igual. A Zafra la llaman "Sevilla la chica" por algo. De hecho, a muchos extremeños del sur en algunas partes se les suele confundir con andaluces cuando hablan. Sin embargo, a los extremeños que viven casi pegados a Zamora eso no les pasa, ¿verdad? Bueno, pues eso se explica con lo más obvio: las fronteras y demarcaciones administrativas bien poco tienen que ver con los continuos culturales y los fenómenos lingüísticos. Os garantizo que en la zona donde viven los arraianos, la frontera entre Galicia y Portugal, a día de hoy la gente habla casi casi exactamente igual, y hace un siglo o cincuenta años ya ni os cuento, y aun así ahora los niños de un pueblo escriben con la ortografía histórica del portugués, cuya última distribución estable del kernel es de 1990, y los del otro lado con una ortografía prestada del español, que es la que se impuso oficialmente para el gallego en 1982, y cuya última reforma es de 2003. Que lo que hablan se refleje perfectamente en cualquiera de las dos normativas... pues tampoco mucho. El portugués estándar refleja las hablas de la mitad del país para abajo, y el gallego se basa fundamentalmente, de forma totalmente arbitraria, en algunos dialectos del norte, así que es lo que en terminología científica se conoce como un pan como unas hostias.
Así pues, ya me puedo mojar: el andaluz, como idioma, obviamente no existe... pero cuidado: podría existir. En efecto: todo es una cuestión política. Una vez uno comprende el marco general, todo es muy sencillo: ¿por qué existen en la Europa central dos claros dialectos con rango de lengua que son el alemán y el holandés y no... yo qué sé... diez idiomas distintos? Pues por eso: por un proceso histórico, porque hubo dos entidades políticas bien diferenciadas (o mejor dicho los Países Bajos lo fueron aparte del resto) y porque mientras que un grupo cultural intentó por todos los medios mantener una compatibilidad cultural y lingüística a pesar de ser un conjunto de reinos y principados independientes... los Países Bajos siempre fueron por libre, y si no que nos lo pregunten a nosotros que durante ochenta años intentamos convencerlos de lo contrario. Se dice a veces que Lutero inventó el alemán y su tradición literaria moderna al traducir la Biblia al "alemán" en 1522, pero la traducción al "holandés" empezó ya en 1526, y también marcó la independencia de esa lengua, cuando era todavía menos clara la diferenciación con sus vecinos del este y unos territorios de un país de entonces pertenecen al otro ahora. A día de hoy, todavía, hay partes de Alemania del oeste cuya forma de hablar es casi más cercana al holandés que al alemán estándar, y podéis encontrar vídeos en yutubo en el que hablantes de distintos dialectos de alemán, que sin embargo todos ellos llaman alemán, pronuncian la misma frase y aquello se parece como un huevo a una castaña. Por eso os digo que cuando algún pollopera vaya diciendo que si el nombre de una ciudad se dice así o asado le sumerjáis la cara un buen rato en nitrógeno líquido y luego se la golpeéis bien fuerte con la encimera. El nombre original de la ciudad o de la persona, ¿en qué dialecto? Porque como veis los muniqueses a su ciudad la llaman Minga (sí, como decir pilila). ¿Por qué esos dialectos, a veces tan dispares, se consideran el mismo idioma? ¿Por qué el holandés no se convirtió sólo en una variedad más de ese continuo lingüístico, con un único dialecto privilegiado y estandarizado? Política, fronteras, tradición. Los alemanes dicen que hablan todos lo mismo porque así lo quieren, o lo consideran útil, y porque reconocen una variedad estandarizada del alto alemán como la literaria y común, igual que los italianos reconocen una variedad norteña como lengua literaria, administrativa y común, basada en los dialectos toscano y romano. Sin embargo un dialecto alemán, no especialmente más alejado del alemán estándar que otros, el luxemburgués, fue adoptado por ese principado como lengua propia y diferenciada en 1984, sin importar que sólo lo hablen 300.000 personas y que, en general, un hablante de alemán no tenga demasiado problema para entender una conversación en luxemburgués. Así pues tenemos tres idiomas oficiales germánicos en Centroeuropa, pero no hay ninguna razón esencial para que tengan que ser tres y no pudieran haber sido uno, o veinte. Sin embargo el napolitano, hablado en buena parte de Italia y con más hablantes que los que hay en Cataluña, no tiene ningún reconocimiento oficial, a pesar de que se puede considerar un habla tan alejada del italiano estándar como podría estarlo el español del catalán, y eso sólo por hablar de un ejemplo bien conocido, porque hay dialectos regionales por toda Italia con gramáticas y léxico bien diferenciadas que podrían definirse, llegado el momento, como idiomas diferentes, y que sin embargo siguen supeditados a ese italiano estándar en el que oiremos hablar a los políticos italianos en su enésima crisis de gobierno, y en el que escribían Sciascia y Calvino. ¿Por qué? Petrarca y Garibaldi.

Y ésa es la cuestión: la propiedad que se suele aceptar para distinguir a un idioma de un dialecto es la condición de transparencia; si no entiendes a alguien, es que habla una lengua desconocida para ti y que no reconoces como tuya. Naturalmente, esto no es algo que decida cada uno por su cuenta. Si hay un asturiano que dice que no entiende a los de Santander, sencillamente no le creeremos. Y aun así, la condición de transparencia también tiene sus limitaciones: hay personas que tienen mejor oído que otras, y aunque daneses, suecos y noruegos, con un poco de buena voluntad y hablando con frases sencillas se entienden a un nivel básico sin demasiados problemas, se considera que hablan tres idiomas distintos, que sin embargo son un continuo con tres tradiciones lingüísticas y literarias conectadas pero diferentes, en las que de nuevo se dará el fenómeno de que un noruego y un sueco que vivan a poca distancia el uno del otro hablarán de forma más similar entre ellos que respecto de un compatriota y supuestamente hablante del mismo idioma. Tres países, tres idiomas nacionales; qué casualidad, ¿no? U otro fenómeno extraño, que también hace esa condición de transparencia más porosa si cabe: el conocimiento pasivo de una lengua no tiene por qué coincidir con el activo, de modo que en algunas regiones fronterizas o "bilingües" se puede dar el caso de que dos personas mantengan una conversación en dos idiomas, cada uno hablando el suyo, aunque no sean capaces de hablar el de la otra persona, y se entiendan perfectamente. Es lo que ocurre, por ejemplo, en regiones fronterizas donde a un lado hablan español y al otro portugués, y lo que ocurre en Galicia con la gente que dice lo de "el gallego no te lo hablo", pero lo entiende, del mismo modo que todavía queda algún anciano que no es capaz de articular una frase completa en español, pero se ve todos los westerns de la tele doblados al español, tan ricamente. En ese caso la condición de transparencia no sería completa ni demasiado útil, ni estaríamos hablando de dos idiomas que en realidad son uno.

Así pues, el andaluz no es ni un idioma, ni un dialecto, sino un conjunto de dialectos, un continuo que comparte fenómenos fonéticos y léxicos con regiones adyacentes y que muestra, como poco, tres grandes variedades. Los intentos, tomados por algunos muy en serio, de crear una estandarización del andaluz como posible lengua independiente, tienen un problema parecido al del esperanto: muchas de las cosas que dicen, y algunos de sus argumentos filológicos, son impecables, pero fallan de base. Andalucía no es un estado independiente como Luxemburgo, y las condiciones para crear una lengua independiente poco tienen que ver con cuatro frikis con buena voluntad que montan unas jornadas constituyentes en las que, como es lógico, nunca llegan a nada y todo se queda en decisiones bizantinas. De ahí las propuestas paralelas, y las bifurcaciones continuas. Porque una lengua histórica, sencillamente, no se funda así. Se funda, en general, como los mismos estados: de forma unilateral. Pongamos también otro ejemplo, que indica lo peliagudo del tema: aunque se considera que el portugués es una lengua unificada, hay una tendencia a pedir que el brasileño, con diferencia el país con más hablantes de portugués, cree una norma propia. Suena muy bonito, pero en Brasil, ni remotamente, tampoco habla todo el mundo igual. De hecho, cuando se oyen algunas de esas propuestas, siempre surgen, aunque con la boca pequeña, expresiones como "basándose en el habla culta de las ciudades de Brasil". Es decir: nuevamente quedarán excluidos los hablantes de las zonas rurales más apartadas, que hablan con fenómenos morfosintácticos muy heterodoxos y una fonética alejada de esa nueva norma. Del mismo modo sería un poco absurdo intentar convertir en lenguas propias el inglés hablado en Escocia o el de Irlanda, que como se suele decir se les tiene que echar de comer aparte y tienen características propias y un léxico especial. En el caso de Escocia sería particularmente gracioso, porque ocurriría algo parecido a lo que ocurrió en España con el aragonés, ya que fue el mismo Rey Católico el que lo hirió de muerte al imponer el castellano como lengua administrativa, exactamente lo mismo que ocurrió cuando en Escocia el inglés substituyó al lallans o scots, una lengua germánica estrechamente emparentada con el inglés y muy similar a él, que obtuvo la misma suerte con el inglés que otras lenguas cercanas al castellano al ser desplazadas. Del mismo modo que el mismo Rey Católico hirió de muerte al aragonés cuando substituyó al aragonés como lengua administrativa en su reino por el castellano, pasó lo mismo con el lallans cuando tuvo que competir con el inglés.





Eso por no hablar de otros fenómenos como el AAVE, el ebonics o inglés afroamericano. Es, por así decirlo, un dialecto del inglés hablado por la comunidad afroamericana, y con desviaciones consistentes respecto del inglés americano estándar. Es, simplemente, un dialecto, aunque con particularidades propias y unido a un grupo social y étnico específico. Aunque es difícil que sea reconocido como una lengua "propia" en algún momento no por eso no merece un respeto, y como es fácil entender su presencia es habitual en algunas películas, en la música e incluso en literatura, igual que en la literatura inglesa se lleva reflejando la particular forma de hablar inglés de los escoceses, con un sustrato gaélico y lallans, desde hace siglos. Los libros escritos en distintas formas dialectales del alemán no son infrecuentes, e incluso un libro escrito en alemán literario por un alemán, un austriaco y un suizo mantendrán ciertas diferencias, incluso en la ortografía de algunas palabras y el uso o no de una letra especial, el Eszett. Respecto al napolitano, lo oiréis continuamente en las películas italianas o extranjeras que se desarrollen en el sur de Italia, aunque un oído poco entrenado lo confundirá con el italiano, y las canciones populares del sur de ese país no se cantan en otro idioma. En España, cuestiones aparte de otras lenguas con reconocimiento oficial, tenemos un fenómeno similar al ebonics con el habla de los gitanos, que mantienen un registro lingüístico y un acento propio coherente en todo el territorio, explicado tanto por la endogamia como por la segregación obligatoria y voluntaria del conjunto de la sociedad como por el sustrato romaní o caló, habla gitana ésta que ha aportado multitud de vocablos al español europeo, sobre todo en el habla coloquial: chaval (chavo, chavalo), cognado con el sánscrito yavan, (joven) y que en inglés da lugar al término despectivo chav. Resumiendo: las lenguas no son monolíticas, ni falta que hace, y eso tampoco afecta al entendimiento entre hablantes de distintas variedades de un idioma. La rigidez de ese tipo, necesaria, mejor la dejamos para el Java y el C++, cuyos cambios se hacen oficialmente en bloque y si te saltas un punto y coma el programa no compila.

En definitiva: a no ser que queramos escribir con un alfabeto fonético con cuatro o cinco docenas de caracteres en vez de poco más de dos decenas, y que la gramática sea un tocho de mil páginas en la que haya más excepciones a la norma que las propias normas, hay que aceptar que una lengua histórica se crea o funda en un momento claramente autocrático. Es decir: alguien, o un reducido número de álguienes que estén de acuerdo, dicen "Esto es así y así se queda", y punto en boca. Luego habrá pequeñas reformas y cambios, pero si no, la labor es imposible. Así, básicamente, se fundaron la mayor parte de las lenguas cuando se codificaron y normalizaron. El francés va a ser lo que hablan los chicos cultos de París, y listo, y se va a escribir con una ortografía semietimológica porque lo manda el Estado, y sanseacabó. A partir de ahora el griego fetén es el que se habla en Atenas. ¿Por qué? Porque mandamos nosotros. No es que haya necesariamente un cuerpo académico que lo establezca, como ocurre en otras ocasiones, y puede crearse una situación de facto en el que colegiadamente una serie de instituciones y personalidades conviertan lo que se percibe en un realidad, pero es lo que hay. Desde un punto de vista lingüístico y neutro el griego ático no era mejor ni peor que cualquier otro dialecto del griego, sólo el que tenía mayor prestigio y el que se estableció como normativo en un momento de influencia y poder de Atenas. En el Paleolítico está claro que cada uno hablaba como le venía en gana y nadie sabía ni recordaba cómo hablaba su bisabuelo, pero al crear una lengua escrita y un registro permanente, sólo una decisión firme y centralizada es capaz tanto de crear una norma lingüística como definir unas fronteras. Por eso no es tan raro que muchas veces coincidan las fronteras políticas y las lingüísticas.

Así pues, si el griego koiné fue el de Atenas por la propia deriva histórica, y el castellano se codificó con Nebrija en un momento histórico muy concreto que es la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos, no pensemos que todo el mundo quedó contento con las decisiones tomadas. España era un continuo lingüístico en el que podríamos distinguir media docena larga de distintos dialectos romances, como mínimo, pero a la hora de establecer el "el castellano es así y punto", seguramente no todo el mundo quedó contento, si no en ese mismo instante sí luego a lo largo del tiempo. Incluso se quedaron cosas fuera: el diminutivo en -ico, que no era sólo propio del aragonés y podría haberse incorporado, no se considera estándar, y eso que su vigencia en el habla es continua y se utiliza también coloquialmente en América. Pero si escribo "momentico", me lo subraya amablemente en rojo el corrector automático. La culpa, a Nebrija y sus herederos. Así pues, a la hora de codificar un hipotético "andaluz", o bien intentamos contentar a todo el mundo, de modo que se origine una ortografía lo bastante laxa en la que quepan todas las variantes, de ahí la recuperación de la cedilla, Ç, para representar el sonido z o s, según el gusto ceceante o seseante de cada uno, o hay quien ha llegado a apuntar a la creación de una norma culta basada en el habla de Sevilla, lo que de nuevo nos lleva a la falta de representatividad de absolutamente todo y todos, se siente pero siempre alguien se quedará fuera. Precisamente, por eso, mucha de la guasa que ha habido en la propia Andalucía con Er Prinzipito, y de ahí uno de sus errores de concepto y base, es que está escrito en una forma con la que no todos se sienten identificados. Imaginémonos una película de Bruce Willes doblada al andaluz: imposible, porque no existe una norma unificada, los continuos lingüísticos son tan ricos y diversos que cada provincia o incluso cada barrio de una ciudad grande podría hacer un doblaje propio con sus giros y formas de expresarse. De hecho, es lo que ya ocurre: cuando vemos una película española hecha directamente en español, o doblada, no es a un español peninsular genérico, sino a una variedad privilegiada, la actual de Madrid, con la que no todos los españoles se sienten íntima y emocionalmente vinculados, aunque el uso y la costumbre ha hecho que se acepte con naturalidad como el habla estándar del país. En cada ciudad, o incluso en cada pueblo, hay un microdialecto propio y hasta se pueden identificar y diferenciar hablas juveniles exclusivas, que aunque copien lo que se oye en la tele también tienen formas propias y diferenciadas, de ahí que algunos foros de vez en cuando haya discusiones sobre cómo se llama en cada lugar a las zapatillas deportivas, a la cinta adhesiva o a algunos productos comerciales, y el clásico de cómo se dice faltar a clase, que puede diferir de una ciudad a la de al lado.



Así pues, no, el andaluz no es un idioma, y mucho menos coincidiría con las fronteras administrativas de la actual Andalucía. Entendemos lo que dicen, así pues es el mismo idioma. Si mexicanos, cubanos y españoles podemos entender los dibujos animados de Pixie y Dixie, por algo será. Lo que no se entiende sólo son localismos, nada más. Si alguien te dice "Me vas a comer los huevos de pucherete" y no sabes lo que es, se lo preguntas y en paz. Ahora bien: ¿el andaluz podría llegar a ser en el futuro una lengua independiente si se llegasen a dar las condiciones adecuadas? Pues claro: por ejemplo, si hubiese una guerra nuclear, se formase después un nuevo estado con capital Sevilla, y esa ciudad terminase imponiendo un nuevo estándar lingüístico sobre sus territorios. Las cosas es así como ocurren, no de otra manera. Para repetir el argumento: el gallego podría haberse convertido en tres idiomas distintos, según la división más habitual en tres grandes dialectos, o bien haber sido reconocido como una variedad más del portugués, pues como ya os digo los gallegos del sur y los portugueses del norte no hablan muy distinto que digamos. Sin embargo se creó, de forma autoritaria y unilateral, una norma única en 1982, avalada por unas instituciones que buscaban con esa decisión amoldar el idioma a un ordenamiento territorial, y que a su vez ese ordenamiento político se viese refrendado por la existencia de esa lengua única y estandarizada. Podrá gustar más o menos el resultado, pero así es como se hacen las cosas: para tomar una decisión, buena o mala, primero hay que tener poder para tomarla, de modo que entre todas las opiniones que había en ese momento, algunas enfrentadas, hubo ganadores y perdedores. Tan autoritaria fue la decisión que se tomó hace más de cuarenta años como habría sido la contraria y que se oponía completamente a ella. Pero esas circunstancias no se dan, ni de lejos, en la constitución de una hipotética lengua andaluza, por lo que en esos congresos se pierden en detalles y discusiones inútiles y bizantinas precisamente por eso, porque no manda nadie. Seguro que se lo pasan muy bien en esos congresos que hacen, pero nunca, jamás, llegarán a un acuerdo, siempre estarán en tablas y les pasará lo mismo que al esperanto. Si hubiese habido un gobierno mundial tipo ONU con competencias reales y capacidad para decir "cada uno habla su lengua en su casa y el esperanto en las relaciones internacionales de todos", el esperanto tendría sentido, si no sólo es una curiosidad filológica más.

Volviendo a lo comentado anteriormente, sobre el inglés afroamericano, y una novela que comentamos hace tiempo, Erasure, habría otro fenómeno a tener en cuenta. Ya que también hemos comentado el acento y la forma de hablar de los escoceses, podríamos considerarla una variante de la falacia del Escocés auténtico. En Erasure se muestra el dilema de los descendientes de esclavos africanos en Estados Unidos a los que parte de los miembros de su comunidad desprecian o critican por ser poco negros o cocos, negros por fuera y blancos por dentro. Un negro, para serlo de verdad, ¿tiene que hablar ebonics, o como se dice también "hablar en ghetto"? Este dilema se refleja sobre todo en críticas a series protagonizadas por afroamericanos, como la de Bill Cosby y otras que la siguieron. Aunque sean negros, y digan estar muy orgullosos de su cultura, ¿por hablar inglés estándar, "hablar blanco", y tener dinero en el banco son menos negros? Si un escocés exacerba y exagera su forma de hablar inglés hasta el punto de que sólo lo entienden los de ciudad o barrio, ¿es un escocés auténtico y habla verdadero escocés, aunque en todo caso el escocés auténtico serían el gaélico y el lallans? ¿Para ser gallego de verdad hay que ejercer como tal y decir un mínimo de diez veces al día la palabra "carallo", y si no te quitan el carné? Del mismo modo ¿un andaluz, con su acento andaluz normal y su forma de hablar propia, en la que dice que las cosas son "chicas" en vez de "pequeñas", y cuando le apetece y le viene bien dice un "mi arma", ¿es menos auténtico que el vejete del cortijo que sólo farfulla y se come la mitad de las sílabas? Porque esto no es una discusión de hace un par de días, sino que escritores y periodistas andaluces ya hace un siglo tenían que oír cosas semejantes de los que eran capaces de decirles que por no mostrar un habla determinada eran menos andaluces que los que sí mantenían fenómenos y rasgos más alejados de la norma reconocida como estándar, y que correspondían con el pueblo llano, el tarrito de las esencias. Este problema es cualquier cosa menos nuevo, y refleja las mismas tensiones: clases populares y analfabetas contra ilustradas, campo y ciudad. Pues eso: con esas idas de olla podemos llegar a la conclusión de que Federico García Lorca, "el mejor intérprete del alma de Andalucía", no sería un andaluz auténtico.

Lo cual nos lleva al último punto de este artículo, que es mi intención de traducir a la lengua pitufa Le Petit Prince. Siempre tuve la ilusión de traducir un libro entero al idioma pitufo, y mi relato El Becratosinok lo traduje íntegramente. No os voy a engañar: en realidad a mí lo que me hacía ilusión era traducir entero El Quijote, El Pitufote, por supuesto conservando la ortografía histórica, pero reconozco que la idea se me hace bola, la segunda opción era traducir una de mis novelas pero me da pereza también, mientras que lo de El Pitufito lo veo más factible para ir haciéndolo así a ratos perdidos.

Claro que ahora la duda que tengo es si utilizar el pitufo del norte, el pitufo del sur, o el kopitufoiné.

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-SuperSantiEgo