[Si quieres leer la crítica detallada de El León de Esparta (The 300 Spartans, 1962), la peli que vio Miller de pequeño y que hizo que empezase a pensar en la Batalla de las Temópilas, la tienes también en este mismo blog.]De veras que cada día me siento más extrañado por lo mal repartido que está el mundo. Cuando se estrenó Troya esperé que la moderna cinematografía pudiese exhibir en toda su gloria a los legendarios aqueos como gigantes, verlos transfigurarse al ser poseídos por los dioses y que se hiciera creíble que el común de los mortales huyesen despavoridos al contemplar a Héctor y a Diomedes, y que Aquiles luciese una armadura hecha por el mismo Hefestos que pareciese líquida como un T1000, ensartando a tres o cuatro con su lanza con cada golpe de brazo. Cada vez que cayese un héroe veríamos cómo la sombra que es su alma descendería al Hades, y sus armas resonarían. Quizá no veríamos a los dioses como tales, pero sí sus sombras en el cielo, o su espíritu al poseer a uno de los héroes y así hacer saber sus designios. Oiríamos abrirse los cielos con el grito de Aquiles al ser herido en el talón, y Ulises fecundo en ardides acabaría la película partiendo en una negra y cóncava nave camino de Ítaca.
¿Y qué es lo que me hicieron? Troya, flojita por donde uno la mire. Me medio historificaron el mito pero ni chica ni limoná sino todo lo contrario.
¿Y qué me hacen con la batalla del paso de las Termópilas? ¿Qué me hacen? ¡Huy lo que me han hecho!
Vamos a partir desde el principio, y es que la obra de Miller es en muchos casos discutible, históricamente un cachondeo y en muchos casos visualmente buena pero rozando a veces el absurdo. Ahora bien: lo que a veces funciona por los pelos en imagen estática en imagen en movimiento es… no sé cómo decirlo, porque me faltan las palabras. Hay cosas que se pueden tolerar, como que los espartanos vayan a pecho lobo, y ya dije en su momento que Miller quizá se inspirase en los cuadros de David y en otras visiones estilizadas de los griegos, pero luego es también muy cuestionable el aspecto totalmente macarra tirando a absurdo de cómo se retrata a los persas, que básicamente no viene a cuento. Paridas como poner a los éforos como “sacerdotes endogámicos” con la piel llena de bubas, cuando en realidad no eran sino los miembros de la gerontocracia espartana, los que conocemos la obra de Miller desde hace tiempo vemos que no es más que una complacencia en el autoplagio y en creerse, como John Woo con las palomas, que repetir la misma parida en distintos sitios es un rasgo de auteur, de ahí que tengamos a tíos raros y pálidos con la piel llena de bubas debajo de las alcantarillas de Nueva York en Daredevil, mendigos caníbales igualitos en Ronin y por fin en 300 a éstos que nos dicen que son los éforos y que yo, la verdad, creo que deben ser primos hermanos del Señor del Fuego.

Por tanto para mí 300, la novela gráfica, me parece en general visualmente bonita, con cagadas de guión más que considerables pero en general pasable dentro de la obra de un autor que cuando quiere hacerlo bien se sale de la escala y cuando está vago o de resaca patina cosa mala.
¿Qué hace esta película? Pues me parece que, aunque pretenda seguir fielmente el cómic, abandona sus hallazgos, que también los tiene, y potencia hasta el paroxismo sus muchos errores, además de aportar otros tantos de su propia cosecha. A medida que se iban sabiendo más cosas de la película y aparecían más imágenes mis temores fueron creciendo, hasta que el sábado me armé de valor y fui a verla esperando que la pérdida de mis vacaciones se viese atenuada un poco por el espectáculo de gente muriendo.
Virgen del Perpetuo Socorro, lo que he visto ahí. Sí, la película sigue más o menos al cómic, y en algo no falla: siempre que se aparta de él la caga estrepitosamente. La verdad es que las escasas 80 páginas de cómic hechas a grandes viñetas había que alargarlas, pero se escoge el peor de los caminos. Nos introduce, ya de paso al principio, a un personaje, un tal capitán, y a su hijo, que la verdad a mí me recordó bastante a Rafa Nadal. Como no podía ser de otra manera, nos dan la vara con el personaje de la reina, cosa totalmente absurda porque Esparta no era una monarquía sino una diarquía (dos reyes), el rey era poco más que el general del ejército y todo el poder real estaba en la gerontocracia, así que dudo incluso que la reina tuviese tal título. Pero no, nos tienen que meter a un personaje femenino por narices en medio de una sociedad profundamente misógina como la griega, y más la espartana. Los campos de trigo, muy bonitos, nadie nos explica luego quién los va a segar porque todos son guerreros, pero muy bonitos.
Por cierto: lo de lanzar a los emisarios persas a un pozo es cierto, pero también lo es que el emisario en la película tiene toda la razón del mundo al decir que es una blasfemia, ya que el carácter sagrado de los embajadores, que nosotros muy civilizadamente hemos heredado con lo de la inmunidad diplomática, era un verdadero tabú en un mundo en el que las noticias llegaban lentamente y se necesitaba estar comunicado con el resto de los vecinos. Ese acto tan de machote de Leónidas, miren ustedes por donde, es una atrocidad que denota bastante bien cómo de brutos eran los espartanos, y más todavía que después enviasen ellos mismos a dos emisarios al imperio persa a ver si se los cargaban y quedaban a la par. A pesar de los muchos desplantes e insultos de los espartanos en la corte de Jerjes, éste se negó a hacerles ningún daño y los devolvió a su casa sin tocarles un pelo. Sí, ese Jerjes que en la película es tan malosote como Sauron. Pero eso sí: los que defendían la civilización eran los espartanos, faltaría más.

Llegado ya al meollo de la batallita, la cosa se pone cada vez mejor. Nuevamente, seguimos con que sólo son 300 y unos cuántos aficionados de otras ciudades. Bueno, eso vamos a dejarlo, aunque en realidad eran varios miles. Lo importante es que al llegar al paso Leónidas se encuentra con Efialtes, el espartano genéticamente in-válido que es rechazado por Leónidas por una razón de peso, ya que debido a su deformidad no puede ser uno más entre los homoioi, los hoplitas, pues cada uno protege con su escudo a su compañero desde el muslo al cuello. Por eso el puesto de honor en la falange, que ocupaba el rey, era el último por la derecha, sin nadie que lo protegiese. Pues bien, esto que le cuenta Leónidas más o menos se sostiene dentro de lo que cabe en el cómic, pues veremos siempre a los espartanos luchando como hoplitas, o sea en formación y con lanza, aunque la interpretación de lo que es una falange para Miller es de por sí discutible:

Como se puede ver, ahí nadie protege el flanco de nadie y se limitan a ir en capas como si fueran una lasaña, pero en fin... Ahora bien, en la película ya es de cachondeo, porque a la mínima... ¡Ajumba! ¡A pecho descubierto, a pelearnos contra la horda que se nos viene encima! ¡No hubiesen durado los 300 ni cinco minutos! ¿Pero qué se puede esperar de semejantes guionistas con el cerebro desnaturalizado que lo primero que nos muestran es una melé como en el rugby o en el fútbol americano, a empujarse? Y los 300 no sólo no mueren aplastados ante semejante marea humana sino que, ¡tócate el nardo, Isaac Newton y la fuerza igual a masa por aceleración!, los espartanos empujan más. ¿Pero cómo van a empujar más, burros, si son muchos menos? Y nada, a pelear en combate singular... a espada. Miller al menos los pone siempre a lanza, pero aquí no, hay que lucirse, y dale a la espadita. Espaditas, por cierto, que deben ser de adamántium como mínimo, porque donde dan el tajo miembro amputado que te crío. ¿Épica? No, ida de olla y chapuza.
¿Qué es lo que pasa entonces? Pues que el argumento da un vuelco completo. Muchas veces, un pequeño cambio en el guión respecto al original implica cambios drásticos. Por ejemplo, en El Prestigio, en la novela la máquina de Tesla creaba una figura fantasmal del original, pero en la película literalmente duplica la materia, y Tesla queda como un retrasado porque no hace otra cosa que duplicar sombreros y gatos, y no se le pasa por la imaginación duplicar... no sé... lingotes de oro, por ejemplo, con lo que podría haber comprado enterita la compañía de su querido Edison. Un pequeño cambio, unas grandes implicaciones. Del mismo modo en cuanto nos descuidamos ya no vemos ni un mal intento de falange, sino que hala, a lo bruto y a lo gañán peleando como vikingos, la explicación que le ha dado Leónidas a Efialtes se convierte... ¡en un puteo de tamaño colosal! "No, mira, chico, que no es nada personal, pero como estás así como mal hecho no puedes tener cabida en el preciso mecanismo de relojería que es nuestra impenetrable falange, je, je." Imaginémonos al pobre Efialtes observando la batalla desde lejos y que ve una vez tras otra que los espartanos van por libre pegando tajos, y luciéndose haciendo filigranas con la lanza como si fuese aquello el circo chino.
"¡Hijos de puta!", me puedo imaginar al pobre deforme, sus gritos ahogados por los de la batalla. "¡Que te den por culo, Leónidas! ¿Qué te costaba dejarme al fondo, y cuando todos salgáis en tropel permitirme ganar la gloria y morir en combate? ¡No me dejáis jugar con vosotros porque soy feo, cabronazos!" Es decir: en la película Efialtes tiene toda la razón del mundo para traicionar a los espartanos, porque son, literalmente, unos hijos de puta que no le dejan jugar con ellos. Qué coño, ni siquiera es una traición, es pura justicia. Además, otra tontería ya de paso, pues en la película Efialtes los sigue desde la misma Esparta, mientras que en el cómic se insinúa que debe ser de la zona, porque o si no, ¿cómo coño va a saber del paso de cabras? ¿Lo leyó en la guía Michelín? Vamos, hombre, no me jodas.
Pero eso no es sino la punta de unos despropósitos sobre otros. La primera vez que todos los espartanos gritan a la vez "¡ahú!" casi me caigo de la butaca. Como ya dije en otra ocasión, poco es en realidad lo que sabemos de los espartanos, así que Miller los pone más o menos como marines pasados de vueltas. Vale, aceptaremos barco. Pero el director y guionista quiere llevar eso un paso más allá. Ya puestos, podían gritar "¡hua!", y ya los ponemos directamente como Rangers. Después, demostrando que el que escribió esa anormalidad de guión debe tener la cultura y madurez mental de un chico de catorce años no muy espabilado, cuando los ejércitos de Jerjes se ponen en movimiento... ¡literalmente se mueve la tierra y creen se trata de un seísmo! ¿Pero vosotros sabéis lo que es una metáfora y una hipérbole, panda de capullos? También podríais haber puesto que se secan los ríos de verdad cuando el ejército bebe. O Leónidas podría decirle a su reina: “Son tus dientes como perlas”, y al sonreír ella que apareciesen efectivamente perlas en lugar de piños.
Aunque lo mejor es cuando, realmente, las flechas cubren el sol. Nuevamente ¿para qué vamos a pensar, si podemos hacer efectos especiales?
Me puedo imaginar la escena, en Esparta, mientras Leónidas les explicaba la estrategia a seguir:
“Ya sabéis muchachotes: siempre para adelante, y matáis a todo lo que se mueva y no hable griego. Formación libre, cada a uno a su bola y el que más mate invita a cervezas, que cuando se es tan machote lo de la estrategia y la táctica es cosa de maricones. Simple, efectivo y eficaz. Se acabó la charla. ¿Alguna pregunta?”
"Eh.... Rey Leónidas, rey Leónidas..."
"¿Sí?""¿Y si nos atacan con granadas?""¿Con granadas? Pero si faltan mil años para inventar eso.""¿Pero y si nos las lanzan?""Hummm... Pues os agacháis, y os cubrís.""¿Y si nos tiran muchas, pero muchísimas muchísimas flechas?""Pues... también. Os agacháis y os cubrís.""¿Y si de repente entra en erupción un volcán?!"¡También! ¡Te agachas y te cubres, pesao!"Y eso es lo que hacen los espartanos cuando les tiran doscientos mil millones de flechas que literalmente cubren el sol. ¡Y no muere ni uno! Al menos Miller nos escamoteaba de dónde venían las flechas, pero aquí lo vemos: del quinto nabo, del otro lado de la bahía, ¡como a tres o cinco kilómetros como mínimo! ¡Vive Diso que me gustaría ver los brazos de los arqueros que lanzan flechas en semejante parábola, porque únicamente ROB! podría ser capaz de semejante fazaña! Más aún: ¿por qué son tan capullos los persas de invadir Grecia, si podían limitarse a lanzarles flechas desde allí en plan V2? No sólo eso, sino que además según esta película parece que toda la historia de la guerra está equivocada. Me pregunto cómo es posible que después de las Termópilas alguien volviese a utilizar arqueros, cuando lo único que tienes que hacer... es agacharte y cubrirte.A todo esto hay que hacer mención especial al escudo, completamente metálico, en el que milagrosamente se clavan esas flechas cuya fuerza al aterrizar desde semejante distancia no me la quiero ni imaginar. ¿Serán también de adamántium? Más extrañado estoy del hecho de que puedan con él, ya que si alguno ha intentado levantar una tapa de alcantarilla, que es bastante más pequeña, no hay dios que la levante, así que el doble de grande y con un grosor considerable para aguantar lo que le caiga como si fuera el escudo del Capitán América... pues échemosle como mínimo entre treinta y cincuenta kilos, así a pulso colgando del antebrazo. Ni estando como Conan se puede llevar eso. Pero claro, eso es lo bonito, que es una película, dirán algunos. Pero es que yo no voy al cine a que me tomen por el pito del sereno.Cuando les tiran granadas tampoco muere ninguno, faltaría más. De hecho es una de las escenas donde uno ve que es completamente falso lo que muchos se limitan a repetir como si fuera una gran revelación, que hereda en gran parte la estética del videojuego. ¿Por qué? ¿Por los colorines de ordenador? Eso es puramente anecdótico. Lo realmente estremecedor de esta película es que exhibe claramente la ética del videojuego, en la que el protagonista es invulnerable, un sobrao, y los malos un conjunto de monigotes sin cerebro que se ponen delante para ser muertos y desmembrados con distintas armas, igual que en la tonta Equilibrium y en la oligofrénica Ultraviolet, a la que 300 intenta duramente disputarle el título de película más idiota de la historia.Algunos considerarán épica esta película, pero no deja de ser una pelea de garrulos contra gañanes, no el enfrentamiento entre un sofisticado imperio y unos hábiles estrategas que hicieron fuerza de su debilidad sacando ventaja de su conocimiento del terreno. Aquí sólo hay una brutalidad que es vencida con más brutalidad. En esa escena de las granadas los persas son sencillamente gilipollas, y no protegen a los granaderos, como haría cualquiera con dos dedos de frente. Hay que ser capullo y simplón, como un muñeco de videojuego que está para que lo mate el sobrao del héroe sin ningún esfuerzo. La ética del videojuego, del arcade clásico y del mata-mata. Obviamente no todos los videojuegos son así, pues hay otros en los que se juega en línea contra otros jugadores, y en el antiguo César al que jugaba yo en monitores de fósforo naranja se debía escoger la mejor estrategia para vencer a los bárbaros. ¿Por qué no aplicar la ética de videojuegos como el Sim City, o el Civilization? Además, la ética de los mata-mata no es sino la traslación al videojuego de la fantasía de poder más elemental, la de la invulnerabilidad y la del jugador de ventaja, que ha existido desde siempre y mucho antes que el primer videojuego.De verdad que llegó un momento en el que uno se preguntaba cuál sería el nuevo despropósito que aparecería ante sus ojos. Como dije, cualquier añadido a la idea original de Miller es una cagada. El capitán y su hijo están para protagonizar uno de los momentos más ridículos de la película, cuando le matan a su niño y entra en cólera. ¡Vaya mierda de espartano! ¿Eso es ser lacónico e imperturbable ante los sufrimientos? Es la tontería más grande que he visto desde que, en la adaptación de El Señor de los Anillos, Denethor, senescal del rey y representante de una raza sabia y fuerte, pierde la razón porque le matan a su hijo, educado como guerrero, en vez de volverse loco al enfrentarse mentalmente a Sauron, con lo que parece poco más que un pusilánime. Del mismo modo, si ya saben desde el principio los espartanos que van allí a morir todos... ¿por qué coge semejante berrinche, si ha tenido una muerte honorable? ¡Hay que joderse! ¡Vaya mierda de espartano! Por cierto que tampoco Leónidas da la talla respecto al cómic, ya que en éste al menos se puede entrever la devoción que sienten los soldados por su rey, siempre imperturbable y con cara de palo, un espartano perfecto, mientras que en la película gesticula y grita, pierde la compostura y está encoñado con su señora.Los otros añadidos, los que se desarrollan en la misma Esparta, tampoco convencen. Sencillamente hay que meter a un personaje femenino en la misógina Esparta, y la verdad es que la solución que encuentra es el topicazo del siglo: se acuesta con uno para conseguir lo que quiere. El malo es de pura traca, se le va a la legua y además, el muy retrasado... ¡lleva encima un montón de monedas de oro acuñadas con el careto de Jerjes! ¡Gran estrategia, pardiez! ¡Como para tropezar por la calle y que se te caigan! Nuevamente, se pregunta uno si al guionista de quince años, no especialmente brillante, le pagaron por semejante churro.De todos modos me guardo lo mejor para el final. Como ya me cachondeé en su momento cuando analicé El león de Esparta, lo de los "inmortales" ninjas es de coña, pero aquí el director quiere ir más allá. Llevan máscara, sí. ¿Qué será lo que quieren ocultar? Pues aquí lo vamos a saber, cuando a uno se la quitan y nos encontramos... un orco. Esto deja de ser históricamente discutible para pasar al viaje psicodélico, que sólo aumentará cuando nos aparezca un troll, que si en El Señor de los Anillos esa escena en Moria tuvo mucho éxito aquí no vamos a ser menos. Pero aún nos falta un detalle para ser perfectos, el cross over con Hellraiser que ya habíamos entrevisto con el árbol lleno de cadáveres grotescamente clavados en él. Pues nos aparecerá también un cenobita como ejecutor de Jerjes, con dos brazos óseos en forma de cuchilla, que me provocó el mismo pensamiento que el tipo con dos cuchillas de acero por antebrazos que sale en Shang Chi: "Debe ser un chou cuando vaya a mear". Si luego es cierto lo que dice la Wikipedia en la entrada sobre la película, que el director dice “los sucesos son correctos en un 90 por ciento. Es sólo en la visualización que se aloca…. Le he mostrado la película a historiadores de clase mundial que han dicho que es impresionante. No pueden creer que sea tan precisa como lo es”, entonces la única conclusión lógica a la que uno puede llegar es que Zack Zinder se droga, o vive en su particular mundo de imaginación y fantasía. Si la película ya había naufragado estrepitosamente llevarla a una dimensión alternativa en la que existen semejantes bichos es tirarse directamente por el precipicio. Si ya uno no sabe en qué mundo está sucediendo lo que ve, apaga y vámonos.No se me entienda mal: a mí me parece de lo más divertido y correcto Hércules y Xena, que hacen mangas y capirotes con la mitología clásica, que siempre se ha utilizado para eso. Del mismo modo siempre se ha tomado la mitología o la historia para desbarres mentales, y de ahí tenemos la Canción de Hielo y Fuego, que más o menos toma su origen de la Guerra de las Dos Rosas, o la serie de Fundación de Asimov que es la Caída del Imperio Romano. En la antigua revista 1984 y Zona 84 se vieron montones de ejemplos de traslaciones de hechos mitológicos e históricos a escenarios de ciencia ficción y fantasía heroica. Y estupendo. Pero esto... esto es tomarnos por idiotas a un nivel como no había visto como mínimo desde El Pacto de los Lobos.Estamos ante una película que no sólo traiciona la fidelidad histórica, sino que traiciona el más mínimo respeto a la inteligencia del espectador. Apela por tanto al Mínimo Común Friki, y se cree que porque veamos a un montón de macarras predestinados a llevarse a todos por delante como si hubiesen metido las claves de invulnerabilidad de un videojuego se nos va a poner gordísima. Esta gente, como los que hicieron El Motorista Fantasma o Supermán IV, se creen que todos los frikis somos gilipollas, con la edad mental de un niño de siete años y que ante cualquier tontería friki aplaudimos con la orejas. Anda, iros a cagar a la vía. Pero cuando pase el tren, ¿eh?Pues me parece muy bien: el que quiera ser tratado como un imbécil puede ir a verla al cine y fliparlo después de escuchar la COPE, y después de verla que no se olvide de escribir Jerjes así: Xerxes, aceptable dentro del español pero que me da a mí que no se utiliza por prurito clásico, sino porque así se escribe en los foros en inglés, del mismo modo que mucho meapilas llama Maximus al protagonista de Gladiéitor. Si ya lo pronuncias Shershes, tiene premio.No es de extrañar tampoco que hoy mismo el ínclito César Vidal, todólogo y grafómano, se nos despegue con una joya de semejante kilataje:"Ignoro cómo será la película y la acogida que reciba, pero que me parecen obvias las causas de la pervivencia del ejemplo de Leónidas con el paso del tiempo. El amor a la patria, la defensa de la ley, la aceptación de que la libertad ha de ser defendida, el rechazo del despotismo oriental, el sacrificio -si es preciso hasta la muerte- por las futuras generaciones, el valor son sólo algunas de ellas. Partiendo de esa base, comprendo que una era que da personajes como ZP no entienda al rey espartano. De personas que siguen a un sujeto en el que no se halla ni una sola de las virtudes típicamente masculinas -ni una que ya es decir- hasta me espero que afirme que los espartanos eran gays o que Leónidas era un fascista. ¿Cómo iban a reaccionar de otra manera gente que cuando ve la bandera nacional se pone como la niña del exorcista cuando la rocían con agua bendita?"Que semejante mendrugo y paria intelectual sea uno de los que vende más libros de Historia en España puede, quizá, explicar también el éxito de esta película, que me imagino que causará infinitas poluciones nocturnas a esos tipos que tanto me gustan a mí, y que escriben sus blogs "en defensa de la Civilización". A éstos tampoco les importará que el imperio aqueménida no fuera ni de lejos más despótico que la mayor parte de las polis griegas, ni les importará el detalle de que el Segunda Guerra Médica no fuese realmente un enfrentamiento entre persas y griegos, ya que parte de los griegos se aliaron de buena gana con los persas. Leónidas no sería gay, pero seguro que en la agojé le petaron más de una vez el kakas, o se lo petó él a más de uno, pues hasta en el más elemental de los manuales de historia se dice que se fomentaban las relaciones homoeróticas entre los camaradas de armas. Por si fuera poco es lo habitual que ocurra en sociedades fuertemente misóginas y en cuerpos exclusivamente de hombres, donde se practican las "virtudes típicamente masculinas", como la milicia y el sacerdocio célibe, instituciones en las que las relaciones homosexuales son mucho más frecuentes que en el resto de la sociedad. Curioso, ¿no? Del mismo modo, está también por verse si el sacrificio de Leónidas fue un acto de generosidad patriótica, de cabezonería o una especie de suicidio consentido para convertirse en héroe, pues si realmente hubiese salido de la ciudad contraviniendo las órdenes de lo éforos a su vuelta a Esparta habría sido juzgado por traición.Muchos diréis: "Tío, si sólo es una película". Pero es que nada es "sólo" una película, ni un libro, ni un cómic. Las simplificaciones, las exageraciones para un lado y para otro no son gratuitas, y lo que quizá podría ser considerado como licencia en un ámbito artístico pasa a otros que no comparten con él esos privilegios. La simplificación y el maniqueísmo hasta el borde de la demonización del enemigo que vemos en 300 la palpamos todos los días en lo que nos rodea, en las opiniones salvajes de algunos que se hacen llamar demócratas, o que lucen orgullosos una brutal y mal informada maurofobia a la vez que insultan a los nacionalistas tibios. Veremos realmente el daño que esta película puede haber hecho cuando dentro de diez años oigamos a alguien de veinticinco decir: "Tío, cómo molaban los espartanos, y qué hijoputas los persas ésos, que además eran feos de cojones. Porque eso pasó de verdad, ¿no?" Me puedo imaginar a día de hoy a los profesores de historia, en estos tiempos donde a los canis no se les ocurre ni de lejos la idea de abrir un libro, hacer un verdadero balance de daños.Hace unos pocos días puse un vídeo estremecedor de unos dibujos animados iraníes, y precisamente Irán se ha quejado de la visión general que se da en 300 del mundo oriental, que efectivamente poco tiene que envidiar a las películas alemanas en las que los judíos eran tipos encorvados de barba de chivo que violaban a rubias muchachitas y maquinaban contra la civilización cristiana. Si en vez de ser lo que son ahora los iraníes hubiesen tomado el camino de apertura que habían empezado pero que han truncado quizá se podrían plantear hacer una película ecuánime sobre las Temópilas, pero me parece que sería pedirle peras al olmo Lo de esos dibujos es estremecedor, sí, pero quizá 300, sobre todo en esta versión en película, no sea sino lo mismo, pero un poco más disimuladamente y con muchos más medios.De todos modos, para terminar, volveremos a la película y a la escena final, que también tiene su miga, cuando el buen Faramir arenga a sus soldados antes del inicio de la Batalla de Platea, que no tengo ni idea de cómo coño lo van a escuchar todos, y tiene una visión de futuro en la que Grecia liderará al mundo y dará paso a nuestra Civilización. Con un par. Vamos, que además es vidente. Que la aportación a la civilización de Esparta sea casi nula, excepto la admiración que por ellos sintieron todos los totalitarismos del mundo, sobre todo los prusianos y los nazis, parece que no le importa. Pero cuando uno los ve al mogollón, treinta mil griegos, dice que están en desventaja de tres a uno, y que le parece bien, lo que le recuerda a uno lo de "¿Que el Búnker está rodeado y sólo me protegen las Juventudes Hitlerianas? ¿Y qué? ¡Un alemán vale por cincuenta rusos!", o "¿Acaso dice usted, Red Butler, que un yankie vale tanto como un caballero del sur?" La ética del sobrao. Sólo le falta decir al Faramir que son 30.000 blancos marcando tableta de chocolate en la tripita contra gitanos, negros, moros y achinados, que no sé por qué no ponen blancos entre los persas, que también los había. Y es que en el colmo de la idiocia se reincide al final de la película, y nos muestra a un ejército superado en número... ¡que va a plantar cara a un enemigo superior en llano! Y no sólo eso, sino que ya no se disimula, ni falange, ni formación ni leches... ¡y se ponen a correr todos como locos como si fueran cimbrios o teutones, lanzándose en una carrera contra un enemigo que está tan lejos que ni se le ve! Los pilla una falange bien plantada, ya no digamos un manípulo romano, y los hace trizas allí mismo.Me puedo imaginar perfectamente la estampa:"Faramir, Faramir. ¿Falta mucho?""¡No!Y un rato después:"Faramir, Faramir. Que digo yo que a este paso vamos a llegar cansados para luchar contra los persas. ¿Falta mucho?""¡No!"Pasa otro rato y los persas aburridos de verlos correr hacia ellos."Faramir, Faramir. Que yo ya no puedo con el culo y el escudo pesa un huevo. ¿Falta mucho?""¡Sí!""Vale. Oye, otra cosa: si ahora que estamos corriendo como gilipollas a descubierto por una planicie les da por tirarnos muchas pero muchísimas flechas, ¿qué hacemos?""¡Fácil! ¡Agacharse y cubrirse!"
"¡Ojú! Digo... ¡ahú!"
Si de verdad hubiesen hecho semejante burrada los historiadores persas habrían escrito la historia del mundo y dirían de los extintos griegos que sólo tenían "dorados campos de trigo, esclavos... y arrogancia."
Reunión del Club de Fans de Ernest Borgnine: "¡Odín! ¡Odííííínnn!!" Otros a los que tampoco les gusta que les tomen el pelo: 1, 2, 3, 4, 5.-SuperSantiEgo