31.3.07

Heroes, menudo pedazo de cacho de serie

Como habrán comprobado los más observadores desde hace unos días tengo un nuevo animador sociocultural en la bitácora: el tito Stan, que os anima a todos amablemente a hacer vuestro comentario sobre las opiniones que un chache tiene a bien escribir cuando la medicación se lo permite.
Yo seré malo por hacer el cartelito, pero tú, Stan... A ciertas edades hay que dar ejemplo.

Como al tito Stan le va la marcha, y se apunta a un bombardeo si hace falta, ya sea aparecer en Mallrats o presentar un Gran Hermano con superhéroes, tampoco nos debe extrañar que aparezca de busero en el capítulo 16 de Héroes.
[¿Spoilers? Nada del otro jueves, pero un poco sí. Vosotros sabréis.]

A pesar de mi fama de excesivamente crítico, lo que me gusta me gusta. Héroes es una pasada de serie, y lo más gracioso es que no nos cuenta absolutamente nada nuevo. Pero qué bien lo cuentan los muy jodíos. A ver, recuento:

Tía buena, Ali Larter, que es Hulk lo mire uno por donde lo mire: superfuerza que aparece en situaciones de tensión o peligro, y además doble personalidad. Niño tecnófilo. Afroamericano un mundo de grande que entra en fase y atraviesa las paredes. Un tío que vuela, un tío nuclear, una tía flamígera, una rubita que se regenera, señora con superoído, tío invisible, tío que ve el futuro y de paso tiene el detalle de pintarlo para que todo el mundo lo vea (en realidad son dibujos de Tim Sale), buenorra con poderes camaleónicos, tipo que anula los poderes de los demás, un telépata... y los más desfasados, que copian los poderes de los otros y por si fuera poco parece que se los quedan para siempre, sin olvidarnos del más espectacular, el que posee poderes para moverse en el espaciotiempo.

Vamos, que si esto no es más o menos el Universo Marvel pero en light, lo disimula muy mal. Si se fija uno, incluso parece que fuerzan la desemejanza con los personajes que conocemos: el pedazo negro poco recuerda a Kitty Pride, la rubia superfuerte en nada se parece a Hulk y la animadora rubia con Lobezno guarda un parecido más bien escaso. No sé si es premeditado o no, pero funciona.
Como digo novedoso, lo que se dice novedoso, y que no se aparte de lo que ya hemos visto en tantos y tantos tebeos... no hay nada: la misión para salvar el mundo, la profecía que se cumple a sí misma, el mensaje que llega desde el futuro para advertir de lo que va a pasar, estamos en el umbral del siguiente paso de la evolución, científico que ha descubierto todo por sí mismo y amenaza con destaparlo todo, malos que en el último momento descubren que no lo son tanto, corporaciones o seres poderosos en la sombra que han sido las mentes maestras desde el principio, y un malo psicópata que tiene más peligro que hacerse uno mismo la circuncisión. Como mucho, podríamos decir que se aparta claramente de la estética que tenemos de los universos superheroicos, y ni aun así, porque también en cómic hemos visto muchos mundos poblados con tipos con poderes que van siempre de civiles y sin uniformes marcando tipito.
También otro elemento hasta cierto punto nuevo es la figura de Hiro, un tocayo y paisano del emperador japonés, que con semejante cara de pan quemao, bajito, con gafas, pinta de empollón, geek, friki con galones y lo que uno quiera decir de él... se erige no sólo como protagonista absoluto de una serie claramente coral, sino que además tiene carné del club de fans de comics Marvel, cita a Star Trek, se despide de su colega con el saludo vulcaniano... y cuando sabemos quién es su padre resulta ¡que es Hikaru Sulu! Es en esos momentos en los que uno alza los puños al cielo y dice: "¡Dios, cómo me mola esta serie!" Pero no sólo eso, sino que además, el tipo se llama Hiro, y por eso alguna vez que dice su nombre, "I'm Hiro (Soy héroe)", después de soltar el rollo de salvar el mundo, el que lo oye le responde: "Ah, claro." Hay que hacer también mención, obviamente, al sidekik, Ando, sin el que Hiro sería bien poca cosa, y con el que mantiene delirantes diálogos sobre el destino, la misión de sus vidas y el sentido heroico de la existencia. Verlos a los dos enfrentando con inocencia a una situación que los supera, y a veces más desorientados que un pulpo en un garaje, es poco menos que glorioso.

El nivel de admiración por semejante personaje sólo puede crecer cuando sabemos que el actor que lo interpreta, Masi Oka, es un currito de la ILM, y que ha participado en la creación de los CGI de Piratas del Caribe y La Guerra de los Mundos.

Obviamente es mi personaje favorito, como el de casi todo el mundo. Semejante dosis de frikismo en vena es un gozo impresionante.

¿Puntos en contra? Hummm... difícil me lo ponéis, pero se puede intentar: Es absurdo que Hiro sea un niño rico japonés y no hable inglés perfectamente. Claro que entonces nos perderíamos los cachondeos de ver cómo intenta expresarse. Ah, sí: y nadie se cree que a su edad Stan Lee pueda seguir teniendo carné de conducir, o sea que menos va a conducir un autobús. Ahora en serio: lo único que me da miedo de verdad es que se les vaya la olla, tenga tanto éxito que lo quieran alargar todo más de la cuenta como parece que quieren hacer con Perdidos, o que el final y explicación de todo no esté a la altura de lo que nos han prometido hasta ahora.
Eso sí: si al final el que está detrás de todo es el Doctor Muerte, prometo que me suicido.

Otro dato curioso, que a saber cómo acaba, es que Salman Rushdie, el autor de Los Versos Satánicos, ha demandado a creador pues dice que la serie es un plagio de Hijos de la medianoche, una novela cuya sinopsis desde luego recuerda bastante al argumento de la serie. Si así es, ¿tanto costaba darle un dinerito por los derechos, o es que el condenado se esconde tan bien que no hay manera ni de hablar con él?


Por cierto: Jeph Loeb está también de productor ejecutivo y otras tareas. O sea que lo de Smallville no debe ser sólo culpa de él.

Por cierto, Stan, hay aquí algunas de tus antiguas compañeras de clase que quieren decirte algo:

Qué juventud ésta, Dios mío. Es que está echada a perder.

-SuperSantiEgo

29.3.07

300. Interpretación según los mitos de Warhammer Fantasy Battle. "Por Jasucristo y la Democrasia, ¡Aserejé!"

Pues sí, un buen colega de la vieja guardia nos ilumina con su sapiencia y nos ofrece una exégesis esclaredora con la que mirar esta película desde una nueva perspectiva: la del Warhammer Fantasy Battle, o incluso Warhammer 40K.

Desde Ferro Veritas y para todos ustedes:


Si se hace el bestia, se hace con todas las consecuencias, y sin complejos.

Aún no se me ha pasado la risa, y eso que hace un buen rato que lo he leído.

Si hubiesen optado por cantearse del todo y hacerlo a lo bruto, pero bruto bruto de verdad en plan Warhammer, mira, a lo mejor casi me habría gustado. ¡No, qué coño, me habría gustado! Pero entonces sí que sin cortarse, sin medida: ejecuciones de psíquicos para alimentar al Emperador, Eldar genocidas exterminadores de planetas, el Caos invadiéndolo todo y masas de carne amorfa reptando por los campos de batalla.
¿Épica 300? ¿Sangrienta y violenta? ¡Se nota que hasta ayer os limpiaba vuestra madre el culito, y que no conocéis los universos de Warhammer!

¿Queréis batallas aburdas, al mogollón y en las que las bajas se tienen que contar con notación exponencial? ¡Pues venga!
Ahí, como debe ser: con la sangre hasta las rodillas y más muertos en una sola batalla que en toda la Segunda Guerra Mundial. Ahora entiendo realmente por qué no me ha gustado 300: porque son una panda de blandengues, unos siesos, unos cortaos y unos medianenas. ¿Cuándo veremos, aunque sea de otro universo, a Elric gritando lo de "¡Sangre y almas para mi Señor Arioco!", y cómo el solito, ¡con dos cojones!, se baja a todo un ejército sin que le tiemble el pulso, que hasta la pobre espada cogió un empacho?
Además es necesario reconocer una cosa: dentro de la escala de los frikismos, ser friki de Warhammer es probablemente el más alto grado. Sólo leer los manuales y que no se le vaya a uno la olla completamente es todo un logro. Además, si la gente se hubiese leído mi relato Éramos pocos y... se habría dado cuenta de que hay un momento en el que hay una descripción de batallita espacial que es Warhammer 40K puro.

Y, por supuesto, en Warhammer también puedes ser... especial.
Definitivamente, en este mundo hay gente pa to.

-SuperSantiEgo

27.3.07

300 patadas en la boca. La ética, que no la estética, del videojuego. El Mínimo Común Friki.

[Si quieres leer la crítica detallada de El León de Esparta (The 300 Spartans, 1962), la peli que vio Miller de pequeño y que hizo que empezase a pensar en la Batalla de las Temópilas, la tienes también en este mismo blog.]

De veras que cada día me siento más extrañado por lo mal repartido que está el mundo. Cuando se estrenó Troya esperé que la moderna cinematografía pudiese exhibir en toda su gloria a los legendarios aqueos como gigantes, verlos transfigurarse al ser poseídos por los dioses y que se hiciera creíble que el común de los mortales huyesen despavoridos al contemplar a Héctor y a Diomedes, y que Aquiles luciese una armadura hecha por el mismo Hefestos que pareciese líquida como un T1000, ensartando a tres o cuatro con su lanza con cada golpe de brazo. Cada vez que cayese un héroe veríamos cómo la sombra que es su alma descendería al Hades, y sus armas resonarían. Quizá no veríamos a los dioses como tales, pero sí sus sombras en el cielo, o su espíritu al poseer a uno de los héroes y así hacer saber sus designios. Oiríamos abrirse los cielos con el grito de Aquiles al ser herido en el talón, y Ulises fecundo en ardides acabaría la película partiendo en una negra y cóncava nave camino de Ítaca.

¿Y qué es lo que me hicieron? Troya, flojita por donde uno la mire. Me medio historificaron el mito pero ni chica ni limoná sino todo lo contrario.

¿Y qué me hacen con la batalla del paso de las Termópilas? ¿Qué me hacen? ¡Huy lo que me han hecho!

Vamos a partir desde el principio, y es que la obra de Miller es en muchos casos discutible, históricamente un cachondeo y en muchos casos visualmente buena pero rozando a veces el absurdo. Ahora bien: lo que a veces funciona por los pelos en imagen estática en imagen en movimiento es… no sé cómo decirlo, porque me faltan las palabras. Hay cosas que se pueden tolerar, como que los espartanos vayan a pecho lobo, y ya dije en su momento que Miller quizá se inspirase en los cuadros de David y en otras visiones estilizadas de los griegos, pero luego es también muy cuestionable el aspecto totalmente macarra tirando a absurdo de cómo se retrata a los persas, que básicamente no viene a cuento. Paridas como poner a los éforos como “sacerdotes endogámicos” con la piel llena de bubas, cuando en realidad no eran sino los miembros de la gerontocracia espartana, los que conocemos la obra de Miller desde hace tiempo vemos que no es más que una complacencia en el autoplagio y en creerse, como John Woo con las palomas, que repetir la misma parida en distintos sitios es un rasgo de auteur, de ahí que tengamos a tíos raros y pálidos con la piel llena de bubas debajo de las alcantarillas de Nueva York en Daredevil, mendigos caníbales igualitos en Ronin y por fin en 300 a éstos que nos dicen que son los éforos y que yo, la verdad, creo que deben ser primos hermanos del Señor del Fuego.

Por tanto para mí 300, la novela gráfica, me parece en general visualmente bonita, con cagadas de guión más que considerables pero en general pasable dentro de la obra de un autor que cuando quiere hacerlo bien se sale de la escala y cuando está vago o de resaca patina cosa mala.

¿Qué hace esta película? Pues me parece que, aunque pretenda seguir fielmente el cómic, abandona sus hallazgos, que también los tiene, y potencia hasta el paroxismo sus muchos errores, además de aportar otros tantos de su propia cosecha. A medida que se iban sabiendo más cosas de la película y aparecían más imágenes mis temores fueron creciendo, hasta que el sábado me armé de valor y fui a verla esperando que la pérdida de mis vacaciones se viese atenuada un poco por el espectáculo de gente muriendo.

Virgen del Perpetuo Socorro, lo que he visto ahí. Sí, la película sigue más o menos al cómic, y en algo no falla: siempre que se aparta de él la caga estrepitosamente. La verdad es que las escasas 80 páginas de cómic hechas a grandes viñetas había que alargarlas, pero se escoge el peor de los caminos. Nos introduce, ya de paso al principio, a un personaje, un tal capitán, y a su hijo, que la verdad a mí me recordó bastante a Rafa Nadal. Como no podía ser de otra manera, nos dan la vara con el personaje de la reina, cosa totalmente absurda porque Esparta no era una monarquía sino una diarquía (dos reyes), el rey era poco más que el general del ejército y todo el poder real estaba en la gerontocracia, así que dudo incluso que la reina tuviese tal título. Pero no, nos tienen que meter a un personaje femenino por narices en medio de una sociedad profundamente misógina como la griega, y más la espartana. Los campos de trigo, muy bonitos, nadie nos explica luego quién los va a segar porque todos son guerreros, pero muy bonitos.

Por cierto: lo de lanzar a los emisarios persas a un pozo es cierto, pero también lo es que el emisario en la película tiene toda la razón del mundo al decir que es una blasfemia, ya que el carácter sagrado de los embajadores, que nosotros muy civilizadamente hemos heredado con lo de la inmunidad diplomática, era un verdadero tabú en un mundo en el que las noticias llegaban lentamente y se necesitaba estar comunicado con el resto de los vecinos. Ese acto tan de machote de Leónidas, miren ustedes por donde, es una atrocidad que denota bastante bien cómo de brutos eran los espartanos, y más todavía que después enviasen ellos mismos a dos emisarios al imperio persa a ver si se los cargaban y quedaban a la par. A pesar de los muchos desplantes e insultos de los espartanos en la corte de Jerjes, éste se negó a hacerles ningún daño y los devolvió a su casa sin tocarles un pelo. Sí, ese Jerjes que en la película es tan malosote como Sauron. Pero eso sí: los que defendían la civilización eran los espartanos, faltaría más.

Llegado ya al meollo de la batallita, la cosa se pone cada vez mejor. Nuevamente, seguimos con que sólo son 300 y unos cuántos aficionados de otras ciudades. Bueno, eso vamos a dejarlo, aunque en realidad eran varios miles. Lo importante es que al llegar al paso Leónidas se encuentra con Efialtes, el espartano genéticamente in-válido que es rechazado por Leónidas por una razón de peso, ya que debido a su deformidad no puede ser uno más entre los homoioi, los hoplitas, pues cada uno protege con su escudo a su compañero desde el muslo al cuello. Por eso el puesto de honor en la falange, que ocupaba el rey, era el último por la derecha, sin nadie que lo protegiese. Pues bien, esto que le cuenta Leónidas más o menos se sostiene dentro de lo que cabe en el cómic, pues veremos siempre a los espartanos luchando como hoplitas, o sea en formación y con lanza, aunque la interpretación de lo que es una falange para Miller es de por sí discutible:

Como se puede ver, ahí nadie protege el flanco de nadie y se limitan a ir en capas como si fueran una lasaña, pero en fin... Ahora bien, en la película ya es de cachondeo, porque a la mínima... ¡Ajumba! ¡A pecho descubierto, a pelearnos contra la horda que se nos viene encima! ¡No hubiesen durado los 300 ni cinco minutos! ¿Pero qué se puede esperar de semejantes guionistas con el cerebro desnaturalizado que lo primero que nos muestran es una melé como en el rugby o en el fútbol americano, a empujarse? Y los 300 no sólo no mueren aplastados ante semejante marea humana sino que, ¡tócate el nardo, Isaac Newton y la fuerza igual a masa por aceleración!, los espartanos empujan más. ¿Pero cómo van a empujar más, burros, si son muchos menos? Y nada, a pelear en combate singular... a espada. Miller al menos los pone siempre a lanza, pero aquí no, hay que lucirse, y dale a la espadita. Espaditas, por cierto, que deben ser de adamántium como mínimo, porque donde dan el tajo miembro amputado que te crío. ¿Épica? No, ida de olla y chapuza.

¿Qué es lo que pasa entonces? Pues que el argumento da un vuelco completo. Muchas veces, un pequeño cambio en el guión respecto al original implica cambios drásticos. Por ejemplo, en El Prestigio, en la novela la máquina de Tesla creaba una figura fantasmal del original, pero en la película literalmente duplica la materia, y Tesla queda como un retrasado porque no hace otra cosa que duplicar sombreros y gatos, y no se le pasa por la imaginación duplicar... no sé... lingotes de oro, por ejemplo, con lo que podría haber comprado enterita la compañía de su querido Edison. Un pequeño cambio, unas grandes implicaciones. Del mismo modo en cuanto nos descuidamos ya no vemos ni un mal intento de falange, sino que hala, a lo bruto y a lo gañán peleando como vikingos, la explicación que le ha dado Leónidas a Efialtes se convierte... ¡en un puteo de tamaño colosal! "No, mira, chico, que no es nada personal, pero como estás así como mal hecho no puedes tener cabida en el preciso mecanismo de relojería que es nuestra impenetrable falange, je, je." Imaginémonos al pobre Efialtes observando la batalla desde lejos y que ve una vez tras otra que los espartanos van por libre pegando tajos, y luciéndose haciendo filigranas con la lanza como si fuese aquello el circo chino.

"¡Hijos de puta!", me puedo imaginar al pobre deforme, sus gritos ahogados por los de la batalla. "¡Que te den por culo, Leónidas! ¿Qué te costaba dejarme al fondo, y cuando todos salgáis en tropel permitirme ganar la gloria y morir en combate? ¡No me dejáis jugar con vosotros porque soy feo, cabronazos!" Es decir: en la película Efialtes tiene toda la razón del mundo para traicionar a los espartanos, porque son, literalmente, unos hijos de puta que no le dejan jugar con ellos. Qué coño, ni siquiera es una traición, es pura justicia. Además, otra tontería ya de paso, pues en la película Efialtes los sigue desde la misma Esparta, mientras que en el cómic se insinúa que debe ser de la zona, porque o si no, ¿cómo coño va a saber del paso de cabras? ¿Lo leyó en la guía Michelín? Vamos, hombre, no me jodas.

Pero eso no es sino la punta de unos despropósitos sobre otros. La primera vez que todos los espartanos gritan a la vez "¡ahú!" casi me caigo de la butaca. Como ya dije en otra ocasión, poco es en realidad lo que sabemos de los espartanos, así que Miller los pone más o menos como marines pasados de vueltas. Vale, aceptaremos barco. Pero el director y guionista quiere llevar eso un paso más allá. Ya puestos, podían gritar "¡hua!", y ya los ponemos directamente como Rangers. Después, demostrando que el que escribió esa anormalidad de guión debe tener la cultura y madurez mental de un chico de catorce años no muy espabilado, cuando los ejércitos de Jerjes se ponen en movimiento... ¡literalmente se mueve la tierra y creen se trata de un seísmo! ¿Pero vosotros sabéis lo que es una metáfora y una hipérbole, panda de capullos? También podríais haber puesto que se secan los ríos de verdad cuando el ejército bebe. O Leónidas podría decirle a su reina: “Son tus dientes como perlas”, y al sonreír ella que apareciesen efectivamente perlas en lugar de piños.

Aunque lo mejor es cuando, realmente, las flechas cubren el sol. Nuevamente ¿para qué vamos a pensar, si podemos hacer efectos especiales?

Me puedo imaginar la escena, en Esparta, mientras Leónidas les explicaba la estrategia a seguir:

“Ya sabéis muchachotes: siempre para adelante, y matáis a todo lo que se mueva y no hable griego. Formación libre, cada a uno a su bola y el que más mate invita a cervezas, que cuando se es tan machote lo de la estrategia y la táctica es cosa de maricones. Simple, efectivo y eficaz. Se acabó la charla. ¿Alguna pregunta?”

"Eh.... Rey Leónidas, rey Leónidas..."

"¿Sí?"

"¿Y si nos atacan con granadas?"

"¿Con granadas? Pero si faltan mil años para inventar eso."

"¿Pero y si nos las lanzan?"

"Hummm... Pues os agacháis, y os cubrís."

"¿Y si nos tiran muchas, pero muchísimas muchísimas flechas?"

"Pues... también. Os agacháis y os cubrís."

"¿Y si de repente entra en erupción un volcán?!

"¡También! ¡Te agachas y te cubres, pesao!"

Y eso es lo que hacen los espartanos cuando les tiran doscientos mil millones de flechas que literalmente cubren el sol. ¡Y no muere ni uno! Al menos Miller nos escamoteaba de dónde venían las flechas, pero aquí lo vemos: del quinto nabo, del otro lado de la bahía, ¡como a tres o cinco kilómetros como mínimo! ¡Vive Diso que me gustaría ver los brazos de los arqueros que lanzan flechas en semejante parábola, porque únicamente ROB! podría ser capaz de semejante fazaña! Más aún: ¿por qué son tan capullos los persas de invadir Grecia, si podían limitarse a lanzarles flechas desde allí en plan V2? No sólo eso, sino que además según esta película parece que toda la historia de la guerra está equivocada. Me pregunto cómo es posible que después de las Termópilas alguien volviese a utilizar arqueros, cuando lo único que tienes que hacer... es agacharte y cubrirte.

A todo esto hay que hacer mención especial al escudo, completamente metálico, en el que milagrosamente se clavan esas flechas cuya fuerza al aterrizar desde semejante distancia no me la quiero ni imaginar. ¿Serán también de adamántium? Más extrañado estoy del hecho de que puedan con él, ya que si alguno ha intentado levantar una tapa de alcantarilla, que es bastante más pequeña, no hay dios que la levante, así que el doble de grande y con un grosor considerable para aguantar lo que le caiga como si fuera el escudo del Capitán América... pues échemosle como mínimo entre treinta y cincuenta kilos, así a pulso colgando del antebrazo. Ni estando como Conan se puede llevar eso. Pero claro, eso es lo bonito, que es una película, dirán algunos. Pero es que yo no voy al cine a que me tomen por el pito del sereno.

Cuando les tiran granadas tampoco muere ninguno, faltaría más. De hecho es una de las escenas donde uno ve que es completamente falso lo que muchos se limitan a repetir como si fuera una gran revelación, que hereda en gran parte la estética del videojuego. ¿Por qué? ¿Por los colorines de ordenador? Eso es puramente anecdótico. Lo realmente estremecedor de esta película es que exhibe claramente la ética del videojuego, en la que el protagonista es invulnerable, un sobrao, y los malos un conjunto de monigotes sin cerebro que se ponen delante para ser muertos y desmembrados con distintas armas, igual que en la tonta Equilibrium y en la oligofrénica Ultraviolet, a la que 300 intenta duramente disputarle el título de película más idiota de la historia.

Algunos considerarán épica esta película, pero no deja de ser una pelea de garrulos contra gañanes, no el enfrentamiento entre un sofisticado imperio y unos hábiles estrategas que hicieron fuerza de su debilidad sacando ventaja de su conocimiento del terreno. Aquí sólo hay una brutalidad que es vencida con más brutalidad. En esa escena de las granadas los persas son sencillamente gilipollas, y no protegen a los granaderos, como haría cualquiera con dos dedos de frente. Hay que ser capullo y simplón, como un muñeco de videojuego que está para que lo mate el sobrao del héroe sin ningún esfuerzo. La ética del videojuego, del arcade clásico y del mata-mata. Obviamente no todos los videojuegos son así, pues hay otros en los que se juega en línea contra otros jugadores, y en el antiguo César al que jugaba yo en monitores de fósforo naranja se debía escoger la mejor estrategia para vencer a los bárbaros. ¿Por qué no aplicar la ética de videojuegos como el Sim City, o el Civilization? Además, la ética de los mata-mata no es sino la traslación al videojuego de la fantasía de poder más elemental, la de la invulnerabilidad y la del jugador de ventaja, que ha existido desde siempre y mucho antes que el primer videojuego.

De verdad que llegó un momento en el que uno se preguntaba cuál sería el nuevo despropósito que aparecería ante sus ojos. Como dije, cualquier añadido a la idea original de Miller es una cagada. El capitán y su hijo están para protagonizar uno de los momentos más ridículos de la película, cuando le matan a su niño y entra en cólera. ¡Vaya mierda de espartano! ¿Eso es ser lacónico e imperturbable ante los sufrimientos? Es la tontería más grande que he visto desde que, en la adaptación de El Señor de los Anillos, Denethor, senescal del rey y representante de una raza sabia y fuerte, pierde la razón porque le matan a su hijo, educado como guerrero, en vez de volverse loco al enfrentarse mentalmente a Sauron, con lo que parece poco más que un pusilánime. Del mismo modo, si ya saben desde el principio los espartanos que van allí a morir todos... ¿por qué coge semejante berrinche, si ha tenido una muerte honorable? ¡Hay que joderse! ¡Vaya mierda de espartano! Por cierto que tampoco Leónidas da la talla respecto al cómic, ya que en éste al menos se puede entrever la devoción que sienten los soldados por su rey, siempre imperturbable y con cara de palo, un espartano perfecto, mientras que en la película gesticula y grita, pierde la compostura y está encoñado con su señora.

Los otros añadidos, los que se desarrollan en la misma Esparta, tampoco convencen. Sencillamente hay que meter a un personaje femenino en la misógina Esparta, y la verdad es que la solución que encuentra es el topicazo del siglo: se acuesta con uno para conseguir lo que quiere. El malo es de pura traca, se le va a la legua y además, el muy retrasado... ¡lleva encima un montón de monedas de oro acuñadas con el careto de Jerjes! ¡Gran estrategia, pardiez! ¡Como para tropezar por la calle y que se te caigan! Nuevamente, se pregunta uno si al guionista de quince años, no especialmente brillante, le pagaron por semejante churro.

De todos modos me guardo lo mejor para el final. Como ya me cachondeé en su momento cuando analicé El león de Esparta, lo de los "inmortales" ninjas es de coña, pero aquí el director quiere ir más allá. Llevan máscara, sí. ¿Qué será lo que quieren ocultar? Pues aquí lo vamos a saber, cuando a uno se la quitan y nos encontramos... un orco. Esto deja de ser históricamente discutible para pasar al viaje psicodélico, que sólo aumentará cuando nos aparezca un troll, que si en El Señor de los Anillos esa escena en Moria tuvo mucho éxito aquí no vamos a ser menos. Pero aún nos falta un detalle para ser perfectos, el cross over con Hellraiser que ya habíamos entrevisto con el árbol lleno de cadáveres grotescamente clavados en él. Pues nos aparecerá también un cenobita como ejecutor de Jerjes, con dos brazos óseos en forma de cuchilla, que me provocó el mismo pensamiento que el tipo con dos cuchillas de acero por antebrazos que sale en Shang Chi: "Debe ser un chou cuando vaya a mear". Si luego es cierto lo que dice la Wikipedia en la entrada sobre la película, que el director dice “los sucesos son correctos en un 90 por ciento. Es sólo en la visualización que se aloca…. Le he mostrado la película a historiadores de clase mundial que han dicho que es impresionante. No pueden creer que sea tan precisa como lo es”, entonces la única conclusión lógica a la que uno puede llegar es que Zack Zinder se droga, o vive en su particular mundo de imaginación y fantasía. Si la película ya había naufragado estrepitosamente llevarla a una dimensión alternativa en la que existen semejantes bichos es tirarse directamente por el precipicio. Si ya uno no sabe en qué mundo está sucediendo lo que ve, apaga y vámonos.

No se me entienda mal: a mí me parece de lo más divertido y correcto Hércules y Xena, que hacen mangas y capirotes con la mitología clásica, que siempre se ha utilizado para eso. Del mismo modo siempre se ha tomado la mitología o la historia para desbarres mentales, y de ahí tenemos la Canción de Hielo y Fuego, que más o menos toma su origen de la Guerra de las Dos Rosas, o la serie de Fundación de Asimov que es la Caída del Imperio Romano. En la antigua revista 1984 y Zona 84 se vieron montones de ejemplos de traslaciones de hechos mitológicos e históricos a escenarios de ciencia ficción y fantasía heroica. Y estupendo. Pero esto... esto es tomarnos por idiotas a un nivel como no había visto como mínimo desde El Pacto de los Lobos.

Estamos ante una película que no sólo traiciona la fidelidad histórica, sino que traiciona el más mínimo respeto a la inteligencia del espectador. Apela por tanto al Mínimo Común Friki, y se cree que porque veamos a un montón de macarras predestinados a llevarse a todos por delante como si hubiesen metido las claves de invulnerabilidad de un videojuego se nos va a poner gordísima. Esta gente, como los que hicieron El Motorista Fantasma o Supermán IV, se creen que todos los frikis somos gilipollas, con la edad mental de un niño de siete años y que ante cualquier tontería friki aplaudimos con la orejas. Anda, iros a cagar a la vía. Pero cuando pase el tren, ¿eh?

Pues me parece muy bien: el que quiera ser tratado como un imbécil puede ir a verla al cine y fliparlo después de escuchar la COPE, y después de verla que no se olvide de escribir Jerjes así: Xerxes, aceptable dentro del español pero que me da a mí que no se utiliza por prurito clásico, sino porque así se escribe en los foros en inglés, del mismo modo que mucho meapilas llama Maximus al protagonista de Gladiéitor. Si ya lo pronuncias Shershes, tiene premio.

No es de extrañar tampoco que hoy mismo el ínclito César Vidal, todólogo y grafómano, se nos despegue con una joya de semejante kilataje:

"Ignoro cómo será la película y la acogida que reciba, pero que me parecen obvias las causas de la pervivencia del ejemplo de Leónidas con el paso del tiempo. El amor a la patria, la defensa de la ley, la aceptación de que la libertad ha de ser defendida, el rechazo del despotismo oriental, el sacrificio -si es preciso hasta la muerte- por las futuras generaciones, el valor son sólo algunas de ellas. Partiendo de esa base, comprendo que una era que da personajes como ZP no entienda al rey espartano. De personas que siguen a un sujeto en el que no se halla ni una sola de las virtudes típicamente masculinas -ni una que ya es decir- hasta me espero que afirme que los espartanos eran gays o que Leónidas era un fascista. ¿Cómo iban a reaccionar de otra manera gente que cuando ve la bandera nacional se pone como la niña del exorcista cuando la rocían con agua bendita?"

Que semejante mendrugo y paria intelectual sea uno de los que vende más libros de Historia en España puede, quizá, explicar también el éxito de esta película, que me imagino que causará infinitas poluciones nocturnas a esos tipos que tanto me gustan a mí, y que escriben sus blogs "en defensa de la Civilización". A éstos tampoco les importará que el imperio aqueménida no fuera ni de lejos más despótico que la mayor parte de las polis griegas, ni les importará el detalle de que el Segunda Guerra Médica no fuese realmente un enfrentamiento entre persas y griegos, ya que parte de los griegos se aliaron de buena gana con los persas. Leónidas no sería gay, pero seguro que en la agojé le petaron más de una vez el kakas, o se lo petó él a más de uno, pues hasta en el más elemental de los manuales de historia se dice que se fomentaban las relaciones homoeróticas entre los camaradas de armas. Por si fuera poco es lo habitual que ocurra en sociedades fuertemente misóginas y en cuerpos exclusivamente de hombres, donde se practican las "virtudes típicamente masculinas", como la milicia y el sacerdocio célibe, instituciones en las que las relaciones homosexuales son mucho más frecuentes que en el resto de la sociedad. Curioso, ¿no? Del mismo modo, está también por verse si el sacrificio de Leónidas fue un acto de generosidad patriótica, de cabezonería o una especie de suicidio consentido para convertirse en héroe, pues si realmente hubiese salido de la ciudad contraviniendo las órdenes de lo éforos a su vuelta a Esparta habría sido juzgado por traición.

Muchos diréis: "Tío, si sólo es una película". Pero es que nada es "sólo" una película, ni un libro, ni un cómic. Las simplificaciones, las exageraciones para un lado y para otro no son gratuitas, y lo que quizá podría ser considerado como licencia en un ámbito artístico pasa a otros que no comparten con él esos privilegios. La simplificación y el maniqueísmo hasta el borde de la demonización del enemigo que vemos en 300 la palpamos todos los días en lo que nos rodea, en las opiniones salvajes de algunos que se hacen llamar demócratas, o que lucen orgullosos una brutal y mal informada maurofobia a la vez que insultan a los nacionalistas tibios. Veremos realmente el daño que esta película puede haber hecho cuando dentro de diez años oigamos a alguien de veinticinco decir: "Tío, cómo molaban los espartanos, y qué hijoputas los persas ésos, que además eran feos de cojones. Porque eso pasó de verdad, ¿no?" Me puedo imaginar a día de hoy a los profesores de historia, en estos tiempos donde a los canis no se les ocurre ni de lejos la idea de abrir un libro, hacer un verdadero balance de daños.

Hace unos pocos días puse un vídeo estremecedor de unos dibujos animados iraníes, y precisamente Irán se ha quejado de la visión general que se da en 300 del mundo oriental, que efectivamente poco tiene que envidiar a las películas alemanas en las que los judíos eran tipos encorvados de barba de chivo que violaban a rubias muchachitas y maquinaban contra la civilización cristiana. Si en vez de ser lo que son ahora los iraníes hubiesen tomado el camino de apertura que habían empezado pero que han truncado quizá se podrían plantear hacer una película ecuánime sobre las Temópilas, pero me parece que sería pedirle peras al olmo Lo de esos dibujos es estremecedor, sí, pero quizá 300, sobre todo en esta versión en película, no sea sino lo mismo, pero un poco más disimuladamente y con muchos más medios.

De todos modos, para terminar, volveremos a la película y a la escena final, que también tiene su miga, cuando el buen Faramir arenga a sus soldados antes del inicio de la Batalla de Platea, que no tengo ni idea de cómo coño lo van a escuchar todos, y tiene una visión de futuro en la que Grecia liderará al mundo y dará paso a nuestra Civilización. Con un par. Vamos, que además es vidente. Que la aportación a la civilización de Esparta sea casi nula, excepto la admiración que por ellos sintieron todos los totalitarismos del mundo, sobre todo los prusianos y los nazis, parece que no le importa. Pero cuando uno los ve al mogollón, treinta mil griegos, dice que están en desventaja de tres a uno, y que le parece bien, lo que le recuerda a uno lo de "¿Que el Búnker está rodeado y sólo me protegen las Juventudes Hitlerianas? ¿Y qué? ¡Un alemán vale por cincuenta rusos!", o "¿Acaso dice usted, Red Butler, que un yankie vale tanto como un caballero del sur?" La ética del sobrao. Sólo le falta decir al Faramir que son 30.000 blancos marcando tableta de chocolate en la tripita contra gitanos, negros, moros y achinados, que no sé por qué no ponen blancos entre los persas, que también los había. Y es que en el colmo de la idiocia se reincide al final de la película, y nos muestra a un ejército superado en número... ¡que va a plantar cara a un enemigo superior en llano! Y no sólo eso, sino que ya no se disimula, ni falange, ni formación ni leches... ¡y se ponen a correr todos como locos como si fueran cimbrios o teutones, lanzándose en una carrera contra un enemigo que está tan lejos que ni se le ve! Los pilla una falange bien plantada, ya no digamos un manípulo romano, y los hace trizas allí mismo.

Me puedo imaginar perfectamente la estampa:

"Faramir, Faramir. ¿Falta mucho?"
"¡No!
Y un rato después:
"Faramir, Faramir. Que digo yo que a este paso vamos a llegar cansados para luchar contra los persas. ¿Falta mucho?"
"¡No!"
Pasa otro rato y los persas aburridos de verlos correr hacia ellos.
"Faramir, Faramir. Que yo ya no puedo con el culo y el escudo pesa un huevo. ¿Falta mucho?"
"¡Sí!"
"Vale. Oye, otra cosa: si ahora que estamos corriendo como gilipollas a descubierto por una planicie les da por tirarnos muchas pero muchísimas flechas, ¿qué hacemos?"
"¡Fácil! ¡Agacharse y cubrirse!"
"¡Ojú! Digo... ¡ahú!"

Si de verdad hubiesen hecho semejante burrada los historiadores persas habrían escrito la historia del mundo y dirían de los extintos griegos que sólo tenían "dorados campos de trigo, esclavos... y arrogancia."
Reunión del Club de Fans de Ernest Borgnine: "¡Odín! ¡Odííííínnn!!"

Otros a los que tampoco les gusta que les tomen el pelo: 1, 2, 3, 4, 5.
-SuperSantiEgo

13.3.07

Gallegos trabajando en la CNN

Estará... o no estará. Subirá... o no subirá. Choverá... ou non choverá. O A, o -A, otra cosa no te puedo decir, que a mí la lógica difusa me aflije.

Bin Laden, según los expertos, está o bien vivo, o por el contrario bien muerto. Eso, claro, siempre que no se encuentre dentro de una caja de Schrödinger, que es en lo que parece haberse convertido el planeta entero, ya que no está ni vivo ni muerto, sino todo lo contrario.¿Cómo se dirá en árabe "vivo sin vivir en mí"?

-SuperSantiEgo

2.3.07

Nueve Reinas. “El Golpe” a la porteña.

Vaya por delante que soy un incondicional de las películas en las que se produce un atraco perfecto, en las que hay un plan perfectamente articulado y preciso que se cumple hasta en su más mínimo detalle, y que incluso en sus errores es impecable. No sé si es porque soy un liberticida contrario al único derecho posible del ser humano que es la propiedad privada, o porque me parece un ejercicio brillante de inteligencia el construir semejantes guiones como un canto a la inteligencia misma, ya que los atracadores consiguen su objetivo no por la violencia, sino por tener una aptitud mental superior. De este modo pueden ser presentados como héroes ante el espectador, sin olvidar que las víctimas suelen ser otros criminales peores que ellos y que no van a despertar del mismo modo nuestras simpatías. Si el golpe/estafa perfectos se desarrollasen contra una pobre viejecita, no tendría la misma gracia.

Probablemente el caso más famoso de este tipo de películas sea El Golpe (The Sting, 1973), dirigida por George Roy Hill y protagonizada por dos de los actores más famosos que ha producido Hollywood para deleite visual de las féminas: Paul Newman y Robert Redford. Aunque se produjeron otras antes que ella con similares argumentos El Golpe ha quedado como prototipo de este tipo de películas de golpe/atraco/timo perfecto, tanto por un guión que funciona como un reloj suizo como por las interpretaciones y absolutamente todo lo demás. No sólo se le pasa a uno como un suspiro el metraje completo, sino que la cara de tonto que se te queda al final es de antología.

El caso más notorio de la actualidad es Ocean’s Eleven, que a su vez es remake de La cuadrilla de los Once (Ocean’s 11, 1960), y por tanto anterior a El Golpe. También es de señalar A italian job, remake de Un trabajo italiano de 1968, lo que demuestra lo poco avanzado que estaba nuestro país, y el bajo nivel cultural que teníamos entonces, ya que había que traducir los títulos para que el vulgo los entendiese. ¡Cuánto más avanzados estamos ahora! En la segunda la versión actual además de estar la mar de entretenida tiene los alicientes de ver a Donald Sutherland y a Charlize Theron, y en la antigua, cuyo argumento y final poco tienen que ver con la otra, sale nada menos que Michael Cane. Vamos, qué más quiere uno en esta vida para ser feliz.

También como película de este género tendríamos Un golpe maestro (The Score, 2001) que además de un guión que nos muestra un atraco planeado al milímetro nos permite ver una de las últimas interpretaciones de Marlon Brando, y disfrutar de las presencias de Robert de Niro y Edward Norton. No es ni mucho menos tan redonda como las otras, pero no está mal, y no acabó como el rosario de la aurora de milagro porque Brando se negaba a ser dirigido por Frank Oz, y debía substituirlo el mismo de Niro.



En la película argentina en cuestión, Nueve Reinas, no tendremos una preparación tecnológica y una logística impecable como en los ejemplos más modernos, sino que volvemos a un tipo de plan más sencillo en sus detalles, pero igual de enrevesado en su ejecución, como El Golpe, ambientada en los años treinta del s. XX, y en la que los objetos tecnológicos más avanzados que salen son un tiovivo y un tren. Obviamente no me puedo meter en detalles sin cargarme la película, pero trata de dos estafadores de pequeña monta (no son constructores, ni políticos ni líderes religiosos, por ejemplo), que se conocen y a los que les llega como caída del cielo la oportunidad de intervenir en una estafa de grandes proporciones a un gallego (un español), vendiéndole nueve sellos únicos y de extraordinario valor, que es de donde toma el nombre la película. Y no digo más, el que quiera que la vea.

El guión es magnífico, y de hecho la película se rodó, para alegría de todos nosotros, gracias a un premio que éste ganó. Como no es una película hecha en Hollywood, y raro me parecía que no hubiesen hecho todavía allí una versión hasta que escribiendo esto me entero de que la hay, Criminal (2004), es muy distinta a las anteriormente mencionadas. Desde luego la impresión es mucho más natural: a pesar de lo inverosímil del argumento, como en todas las de este género, los personajes no son refinados y estilizados criminales internacionales que sólo piensan en magnitudes de seis cifras, sino dos simples embaucadores o timadores de bajos vuelos, que no pasan de hacer pequeñas estafas o engaños en bares y pequeños negocios. Son, a todas luces, dos cutres, y nunca nos imaginaríamos a George Clooney o a Edward Norton haciendo lo que Ricardo Darín, que después de levantarse cien dólares estafando en un bar le echa morro incluso para robarle el periódico al quiosquero delante de sus narices. Por su parte también Hollywood nos enseñó la vida de estafadores más creíbles que los de esas otras películas en Los timadores (The Grifters, 1990), basada en una novela de Jill Thompson.

Además, casi toda la película se desarrolla en lugares cotidianos, y continuamente los veremos en la calle. Aquí quizá se pasan un poco de realistas, porque con el sonido directo a veces cuesta entenderlos cuando pasa por su lado una moto o un camión. También los veremos en vulgares bares de barrio y en casas particulares, y el gran hotel en el que se hospeda “el gallego”, aunque de lujo, está muy lejos de la magnificencia rococó de los de Las Vegas. En Nueve Reinas la ciudad es un protagonista más, y es continua su presencia y la sensación realista que tenemos de que los personajes se mueven rápidamente de un lugar a otro de esa gigantesca urbe que es Buenos Aires.

Mención aparte habría que hacer del aspecto lingüístico. La película entera se desarrolla en puro argentino, y por si fuera poco entre dos criminales que hablan en su propio argot callejero. Para vergüenza de mi país, hay gente a la que estas cosas la echa para atrás y se atreven a decir que es difícil entenderlos. Pues se hace el esfuerzo, qué coño. No vayamos a hacer como en los USA, que cuando se estrenó en el trailer no se oía ni una sola palabra, ni en español ni en ningún otro idioma, me imagino que para no dar a entender que estaba con subtítulos.

Respecto a los dos protagonistas, también merece que nos detengamos en el interpretado por Ricardo Darín, que hace de estafador veterano que guía al otro, más joven e indeciso. Darín retrata sin concesiones a una persona inmoral sin el más mínimo atisbo de decencia, cuya única adhesión es a sus valores como estafador, y en él recaen los diálogos y expresiones más brillantes de la película, en los que expone su visión nihilista del mundo y su concepción del ser humano como el ser vivo que continuamente está engañando a sus semejantes. A mí me llamaron la atención sobre todo la frase del principio, “Este país se va a la mierda”, y la demostración de que “Lo que sobran es putos. Lo que faltan es financistas”. Sin querer meterme en honduras excesivas los países en situaciones continuas de anomia social y económica como la que lleva viviendo Argentina hace décadas provocan precisamente que el comportamiento de muchos individuos se vuelva errático y refleje este estado de anomia, pues sin ningún referente moral o ético al que referirse en la sociedad que lo rodea su visión del mundo se convierte en el manido “sálvese el que pueda” o “después de mí el diluvio”.

Volviendo a un caso más general estas películas son un claro ejemplo de “ilusiones de control”. Sea el escenario y la estafa más o menos realista, así como su ejecución, responden a la necesidad que tenemos de creer que las cosas van a salir exactamente como nosotros las planeamos. A esto los psicólogos lo llaman precisamente así: la ilusión de control. No es algo malo, pues todos tenemos la necesidad de pensar que en mayor o menor medida tenemos control de nuestras vidas, y de lo que va a pasar. Pero es falso: cada vez que salimos de casa no sabemos si volveremos a ella, o si acabaremos vivos el día. De ahí el impacto que tiene en la psique el verse implicado en un accidente de coche o un atentado terrorista incluso saliendo ileso, pues se desmorona esa ilusión de control, y de ahí la profunda transformación personal que experimentan los que han vivido una guerra o situaciones parecidas. Todo lo contrario ocurre en estas películas en las que el plan, creado por una mente brillante, calcula todas las contingencias, tiene planes alternativos y presenta una estrategia perfecta y sin fisuras para conseguir un objetivo: la situación está bajo control en todo momento, e incluso cuando va a fallar todo no es más que parte del engaño que ayuda a conseguir el objetivo. Todo es como una hermosa y compleja partida de ajedrez, en la que el adversario es el que cree en su momento que tiene todo bajo control, y es conducido a una celada que le demuestra que hay un orden, un control superior que lo domina, y que ha sido manipulado incluso cuando creía ser el manipulador.

Ni que decir tiene que estas películas, por mucho que me apasionen, no tienen ni pies ni cabeza si las analizamos fríamente. Son el típico producto que pueden agradar a un racionalista como yo, pero si las miramos de forma desapasionada vemos que es la mano del autor la que va creando pequeños deus ex machina que aseguran el éxito de la empresa, mientras la víctima se va tragando sin darse cuenta el cebo, el anzuelo y el sedal. Obviamente la realidad es mucho más compleja, y no hay control que valga, pues nunca se sabe por dónde te puede salir la gente. Pero ése es también el mérito de estas películas y de sus guiones tejidos con la delicadeza de una alfombra, pues con una mínima suspensión de la credibilidad podemos disfrutar con un argumento de robo perfecto ejecutado por una mente maestra. Que no os extrañe tampoco que muchos de los que se dedican a perseguir las pseudociencias y engaños parecidos sean luego conocidos magos profesionales o aficionados, como James Randi o el propio Houdini. Una cosa es disfrutar con la magia y la fantasía, y otra creer en ella en el sentido estricto de la palabra.

Sin embargo, contradiciéndome con lo dicho en el párrafo anterior, sí hay gente que no vive en una ilusión de control, pues realmente lo tiene. Como dije al principio, los verdaderos estafadores sí que suelen llevar las de ganar casi siempre, y los grandes beneficiarios de los armazones económicos e ideológicos sí que tienen el control sobre la realidad, igual que poseen las herramientas y mecanismos para perpetuarse en ese control. Ellos lo saben y parte de su control es que los controlados no lo sepan. No es un control perfecto, ni absoluto al cien por cien, pero casi: de vez en cuando un país que parecía controlado se rebota, como pasó en Irán cuando derrocaron al Sha, o cuando la gente está tan hasta las narices de todo que pasa a cuchillo a sus gobernantes y aristócratas que hasta ese momento vivía cómodamente, y con toda la razón del mundo, felizmente en su ilusión de control. En el caso de Argentina, por supuesto, la estafa que quieren protagonizar estos dos infelices queda muy empequeñecida frente a engaños reales de proporciones colosales como la famosa dolarización y el subsiguiente corralito.

En esta vida se suele decir que lo único seguro es la muerte y los impuestos, y también que no hay nada realmente seguro.

Por eso que no os extrañe que una de mis películas favoritas de siempre sea La fuga de Alcatraz, y que esté disfrutando como un enano con Prison Break.

De todos modos hubo alguien que hace ya años expresó todo esto con una genial frase:
“Me encanta que los planes salgan bien.”

Todos te echamos de menos, Aníbal Smith.

-SuperSantiEgo