Bitácora personal para la investigación exhaustiva de los aspectos estupefacientes de la Realidad.
Observatorio político para el seguimiento de la evolución de la guerra eterna entre el Bien y el Mal.
Foro unipersonal que aboga por la consecución de un frikismo cartesiano, racional e ilustrado
Ahí tenéis la obra de micockringnomedejapensar, que tiene el siguiente origen: Kanif, después de su conversión al pastafarismo, me envió unos escaneos de un pokémon de su hijo, que efectivamente nos dio la pista sobre el posible paradero del Niño MVE. Comentándolo con mi amiguete Golias surgió la idea de hacer un Belén Pastafari.
Mas lo del retoque fotográfico y todo eso no es uno de mis escasos talentos, así que le propuse a Rinzewind subcontratarle la ejecución de la obra, que declinó amablemente dada su poca pericia en estos temas de su consultoría, aunque ya sabéis cómo es esto que todo el mundo conoce a alguien que conoce a alguien, de modo que propuso hablar con micockring, a ver lo que opinaba. Hechas las reuniones y las propuestas de trabajo correspondientes, y satisfecho el cliente con el cumplimiento de sus especificaciones iniciales, además de la conversión al pastafarismo del susodicho... aquí tenéis esta POM con la que enviar felicitaciones pastafaris y tener bonitos fondos de pantalla. Lo que ya no sé es cómo le voy a explicar al Profeta Bobby lo del tipo con la chorra en la mano, pero algo se me ocurrirá.
Por si hay dudas, obviamente el meteorito es el que se cargó a los dinosaurios, el angelote es Darwin, los papás de la criatura son Dawkins y Dawkins (anda, mira, como uno de los metabarones), y los animalejos la eMula y un kiwi. Además, queda resuelto un misterio: el actual proveedor de cerveza que consiguió la concesión para el volcán del paraíso pastafari es Duff.
Si algo se puede decir de Erik Larsen es que, a diferencia de algunos de sus impresentables amigos de fundación de Image, tiene las cosas bien claritas: lo suyo es hacer comics, ya sea como editor o como dibujero, y ahí está la colección de sus amores que ha ido sacando casi cada mes desde el principio.
Sobre la colección hay muchas anécdotas, pero cada número nos depara una u otra sorpresa, como el 134 que ahora pasamos a analizar. Como suele ser habitual, el héroe se encuentra con su antagonista:Sí, yo pensé exactamente lo mismo: ¡Vaya par de...! ¿Pero Jack Kirby no había muerto hace años?La chica parece reflexionar sobre su actitud, o bien se ha dado cuenta de que sus... aparatos no funcionan adecuadamente.Y ahora es cuando tiene uno que imaginarse a King África gritando ¡Booooommmmbaaaaa!, porque llega la Reina Bomba, que viene de un lugar realmente frío por lo que podemos apreciar de sus... prominentes... botones.¿Que quién es la Reina Bomba? Pues es una de las malas, y vive en una ciudad imaginaria en la que se ha cargado a todos los superhéroes, y donde gobierna como bondadosa tirana. Quizá nos recuerde el argumento de Empire o el de Wanted.Lo de bondadosa... vamos a dejarlo.Pero todo personaje tiene un pasado, y en un primer momento la jamona malosa lució un traje......que parecía no inspirar mucho respeto, con consecuencias como ésta:A todos nos gusta que nos laman el... que nos hagan la pelota, pero a la señora no le debió hacer gracia y decidió ponerse a la moda con los pantalones de cintura baja más extremos que se puedan imaginar, y que abrían un montón de posibilidades y diversiones:Su popularidad desde entonces fue tan grande que incluso Apple requirió sus servicios:Todo le iba viento en popa, de modo que se dedicó a gozar de la vida, aunque en este caso no sé qué me da más mal yuyu, si lo que puede haber estado haciendo con un cartucho de dinamita, o por qué hay una mordaza al lado de un Pikachu extenuado vestido con un minitanga:
Os diría que mente limpia, pero sería imposible en estos casos.
Pero claro, se enfrentó con Savage Dragon, que interrumpió su excelente entrada en escena placándola de forma completamente ignominiosa.Por si fuera poco la llama nada menos que bimbo, palabra de origen italiano a la que corresponde el retroacrónimo "Body impressive, brain optional" (Cuerpo impresionante, cerebro opcional), y la arroja de mala manera contra el duro y frío suelo, con lo que se le ve... Sí, sí, ampliad, que la vista no os falla: se le ve... el mismísimo ojete.Y no mires así, Frederic, que a estas alturas ya sabemos todos que tenías razón.
Fiel al espíritu frikicartesiano fundacional de este blog, y pese a la incomprensión que suscita la interpretación friki de la cultura y la interpretación culta de lo friki, me adentro en el arriesgado proyecto de emprender la interpretación marxiana de Soy leyenda, de Richard Matheson, adaptada dos veces al cine y en breve una tercera que a ver lo que nos depara.
En primer lugar diréis: ¿marxiano? ¿Acaso es ello lo mismo que marxista? Pues, aunque no es un término aceptado por la RAE, así es ello. La única diferencia es que es el término es menos habitual, suena parecido a marciano, se puede jugar con él un poco al despiste, se tira uno el pegote culto, y además así ya sabéis una nueva palabra con la que hacer divertidas rimas consonantes. A estas alturas los que no hayáis huido escopetados como alma que lleva el Diablo seguramente estaréis entusiasmados ante el análisis que se avecina sobre la alienación, el vampiro-zombie como metáfora del proletariado y la enfermedad tratada como rasgo esencial de algunos de los comportamientos humanos, lo que nos podría encaminar rumbo a una deriva foucaultiana que seguramente haría las delicias de más de uno.
Si os imagináis eso es que sois unos enfermos, y os jodéis porque de lo que voy a hablar es… de la teoría del salto cualitativo. Y entonces diréis: jo, SuperSantiEgo, ¿nos vas a hablar del materialismo histórico? Me ofendería y decepcionaría que pensarais eso de mí, porque obviamente de lo que os voy a hablar… es del materialismo... repitan conmigo...di-a-léc-ti-co. Y entonces diréis: pero nos quieres engañar, SuperSantiEgo, el materialismo dialéctico se supone que fue desarrollado fundamentalmente por Engels, aunque en realidad nunca lo llamaron así ninguno de los dos bien barbados señores, y tú dices que vas a hacer un análisis marxiano. Bueno, sí, ahí me habéis pillado, lo reconozco, pero, cuando oís hablar de los Beatles, ¿pensáis en Ringo? Seamos serios.Jo, qué recuerdos con el materialismo dialéctico: fue lo primero que me enseñó mi maestro en mi periplo para convertirme en intelectual, más que nada para tener una base. En esencia el salto cualitativo es un cambio brusco en la materia: la copa resiste la vibración, soporta el cambio cuantitativo de que aumente su intensidad, pero hay un momento crítico en el que se produce el salto cualitativo, la cantidad se convierte en cualidad, y se quiebra. Aunque sea un concepto filosófico un tanto complicado, a veces la materia, la naturaleza, funciona así, y no demasiados años después de Engels, Plank descubrió que algunos fenómenos de la materia no se producían de una manera continua, sino por saltos o quantos, y en esencia el famoso efecto fotoeléctrico que le valió a Einstein el premio Nobel es eso, que las cosas no pasan hasta que se llega al momento clave en el que tienen que pasar. En Historia también se suele decir la máxima de: "En la historia nunca pasa nada... hasta que pasa". La famosa frase “es la gota que colma el vaso”, no es sino una explicación popular del salto cualitativo: la última gota, por pequeña que sea, hace que se derrame el líquido que antes estaba en estado de equilibrio. Aplicado esto a los fenómenos humanos, aguantas una vez tras otra las tonterías de tu pareja, hasta que llegado un momento, quizá un detalle mínimo, te vas a comprar tabaco y ya no vuelves. En los movimientos revolucionarios, se supone, la tensión social y las contradicciones del sistema social y económico llegan a un punto de no retorno, ocurre un hecho decisivo que nadie esperaba y que nadie pensaba que tuviese ese efecto (Nunca pasa nada hasta que pasa), y se arma la marimorena de un día para otro, sin posibilidad de vuelta atrás. Para Marx, la evolución de la Historia se produce por cambios revolucionarios, en muchas ocasiones violentos o traumáticos, que crean un cambio cualitativo en la evolución de la historia, y de ahí la frase “La violencia es la partera de la Historia”, por regla general también muy mal interpretada. Parte de su razón tenía, aunque también hay que entender que estos dos señores vivieron en un siglo, el XIX, que empezó como consecuencia de una revolución que cambió Europa de arriba abajo, derribó imperios y creó países nuevos, y luego cada pocos años en un lugar u otro tuvieron la suya y aquello era un no parar que parecía que no iba a detenerse nunca.
[Comienzo de evisceramiento de argumento de la novela. Vosotros mismos.]
Pasando ya a la obra en cuestión Richard Matheson es un conocido escritor de terror y ciencia-ficción, cuyas obras más conocidas son Soy leyenda y el guión de El increíble hombre menguante, que vi de pequeño un sábado por la mañana cuando todavía ponían películas en blanco y negro a esas horas los fines de semana, y que vista de mayor me dejó si cabe más sorprendido, sobre todo por esa escena final de la pelea contra la araña armado el protagonista sólo con un alfiler, que pone los pelos como escarpias, y por supuesto el final metafísico. Matheson es el típico currante de la literatura: nada de florituras ni cosas raras, sino trabajo constante durante un montón de años. Esta novela es de 1954, y se ambienta en el futuro, unos años 70 en los que se habla vagamente de que hubo una guerra y que algunas formas de vida se han visto afectadas de formas extrañas.
De este modo una enfermedad que podía darse en casos excepcionales, tanto que sólo era una leyenda reflejada en la literatura, renace con fuerza hasta afectar a casi toda la humanidad: el vampirismo. Sólo queda un único ser humano no afectado, Robert Neville, asediado cada noche por una turba de muertos vivientes de escasa inteligencia. La casa, convertida en un fortín y rodeada de ajos, es su refugio y su cárcel por la noche. De día se dedica, además de a buscar alimentos, herramientas o gasolina, a matar a todos los vampiros que se encuentra durmiendo en estado de coma. Neville, entre episodios de depresión y algunos errores que casi le cuestan la vida, termina decidiéndose a comprender cómo es posible que esa pesadilla haya saltado de las novelas de terror a una realidad que acabó con su mujer y su hija, cuyo recuerdo lo atormenta. Ése es el único punto un poco endeble del argumento, pues parece un tanto inverosímil que un hombre que se supone que no posee demasiada formación y trabajaba en una fábrica llegue a desentrañar el vector de la enfermedad y otras muchas de sus particularidades, cuando hubo bastante tiempo por parte de científicos competentes para descubrir lo mismo. En la primera adaptación de la película, para evitar esto, lo primero que hacen es que Vincent Price sea uno de los científicos que empezó a estudiar la enfermedad, rasgo que heredó luego el personaje de Charlton Heston en The Omega Man, y que vuelve a aparecer en esta nueva versión por estrenar. Con lo cual, por cierto, se aseguran una puerta a una posible cura, y de paso, a un final más o menos feliz dentro de la tragedia. En la novela no hay cura posible, y si me lo permiten esa imagen de debajo de "el hombre y su mejor amigo", con el perrito a lo Robinson Crusoe, en la novela es tratada con una gran profundidad psicológica por el hecho de Neville de intentar conectar con un ser capaz de darle afecto y con el que comunicarse, aunque sea un animal. Además el capítulo del perro vagabundo termina con una crueldad terrible.
Neville se adapta a su situación de último hombre vivo, mientras sigue aniquilando a todos los muertos vivientes que se encuentra, y llega a la conclusión de que unos están ya muertos, y otros siguen vivos, pero infectados. También constata el carácter absolutamente asocial de los muertos vivientes, y que aunque aparezcan en manada no tienen ninguna estrategia conjunta, ni se comunican o colaboran entre ellos, e incluso devoran a los más débiles si no encuentran otra cosa a la que vampirizar. Lo que ignora Neville es que aunque toda la humanidad esté infectada, y él sea inmune por algún azar biológico o la mordedura de algún animal, hay algunos seres que siguen realmente vivos. O bien la bacteria ha mutado de modo que no evolucionan a ese estado último de vampirismo, y se mantiene en el organismo en una forma de simbiosis, o realmente como ellos dicen han conseguido un fármaco que evita que la enfermedad llegue a sus últimas consecuencias, aunque los mantiene como criaturas fundamentalmente nocturnas y pálidas, y psicológica y físicamente distintas a los seres humanos que una vez fueron, además de estar traumatizados por ser los supervivientes se semejante apocalipsis. Estos nuevos seres que han sobrevivido a la plaga han comenzado el germen de una nueva civilización, poco a poco están aniquilando a los verdaderos vampiros no-muertos, y se plantean qué hacer con el que probablemente sea el último representante de una raza ya desaparecida.
Cuando capturan a Neville con el truco más viejo del mundo, éste, malherido, mantiene un tenso diálogo con el representante de ese nuevo linaje que lo ve como un atavismo, una reliquia de un pasado que ya no existe. Si él los considera monstruos infectados, seres que ya no son humanos, ellos lo llaman leyenda, un ser del pasado que aprovecha su debilidad durante el día para caer sobre ellos y matarlos despiadadamente, sin compasión e indiscriminadamente, por mucho que se escondan. Neville, al sentir que se acaba su vida, no sólo acepta ese final, sino que termina admitiendo que, en cierto modo, es él el que sobra en el nuevo estado de las cosas, el resto perdido de un mundo que ya no existe y que pronto no será sino el pasado mítico de la nueva raza que poblará la tierra. El círculo (¿hermenéutico?) se ha cerrado. Es leyenda.[Fin de evisceramiento de argumento de la novela.] Como sabréis, aquí en este blog se ha hablado mucho y muy a favor de algunas películas, pero también en otras se ha dejado claro la primacía de lo literario. Las dos adaptaciones que ha tenido esta novela son una buena muestra. Matheson habla para un público acostumbrado a leer cosas que terminan mal, como por ejemplo Las uvas de la ira: la adaptación está pero que muy bien, no podía ser de otra manera siendo el director John Ford, pero el final, uno de los más demoledores de la literatura universal, se cambia por un discursito alentador de la mamá de la familia diciendo que ellos son fuertes, buenos ciudadanos que trabajando duro y con la ayuda de Dios, saldrán adelante en esa gran nación que los ha visto nacer. Vamos, igual que el final de tragedia griega de la novela, lo que se dice una adaptación gloriosa. En España el final de Ladrón de bicicletas no se cambió, y como el original consistía en el niño conteniendo las lágrimas y andando junto a su padre, humillado y vencido por ese día catastrófico que él esperaba que iba a ser el primero de una vida mejor, pero aquí se añadió una voz en off que nos aclaraba que en realidad la vida era maravillosa y que había que tener fe y resignación. En general parece ser que uno puede acabar muy jodido después de terminar un libro, pero debe salir feliz y satisfecho como unas castañuelas al salir del cine, aunque esto mismo parece que se está filtrando últimamente a la literatura.
La primera adaptación de Soy Leyenda, El último hombre en la Tierra, tiene varias cosas a su favor: es muy fiel al libro, por lo menos en su primera parte, y sobre todo sale en ella Vincent Price. Se rodó en Europa, creo que nunca se estrenó en España ni se llegó a doblar, y los derechos de explotación no se llegaron a renovar, así que ahora es de dominio público y se puede encontrar entera en Youtube. Aun así, se aparta al final de la intención original de Matheson.
The Omega Man, titulada en España El último hombre vivo, no sólo se aparta más si cabe de la novela, sino que abunda en incoherencias. Lo mejor y más notable es ver a Charlton Heston al principio deambular por una ciudad completamente desierta, cosa que parece que va a copiar punto por punto la nueva versión con Will Smith, y poco más, porque luego todo deriva a la típica épica campbelliana en la que el héroe sirviéndose de su voluntad y raciocinio vence y consigue crear un antídoto que será la salvación de la humanidad. La versión que está por estrenarse… pues parece un mezcladijo de todas las anteriores, y aparecen unos bichos mutados creados por ordenador que… yo qué sé. Veremos cómo está.También hay una versión de aficionados, fiel al primer capítulo de la obra de Matheson. Es una curiosidad, nada más. (Actualización escrita en abril de 2020, Año del Covid19: hay una versión de la Escuela de Cine española de 1967, un cortometraje muy ajustado a la historia original.)
Básicamente, como se puede ver, las versiones cinematográficas se quedan un poco en la anécdota del argumento, no citan que al principio Neville está caliente como un burro y lo mal que lo pasa cuando las vampiresas quieren provocarlo sexualmente, se deriva a un final esperanzador y pasan de puntillas por su mensaje fundamental: el pasado queda barrido por el punto de vista de la mayoría cuando ésta da el santo cualitativo y toma conciencia de que es eso, mayoría, relegando al pasado a la condición de recuerdo o leyenda. Se ha producido, pues, un salto, una ruptura en la realidad, que conduce a un cambio revolucionario. Como se suele decir, bienaventurado el que es consciente de que ese cambio va a llegar, pues no lo cogerá de improviso, o como se dice más castizamente, en el váter y sin papel. Como en este blog no vamos de visionarios o futurólogos, sino de simples agoreros, podríamos repasar algunos de los cambios cuantitativos que estamos observando a día de hoy, y que pueden convertirse en cambios cualitativos pasando el tiempo. Uno de ellos es el profundo cambio cultural que experimenta la sociedad, hace sólo un par de décadas lentamente y cada vez más a un ritmo acelerado. La cultura, tal como la conocíamos, agoniza sin darse cuenta de que a este paso será poco más que leyenda: la sociedad la rechaza cada vez con más fuerza en favor de productos estandarizados que conllevan una fácil asimilación y un rápido reconocimiento social, y se decanta por el camino más rápido, más fácil, más seductor, aunque por supuesto más poderoso él no es. Por su parte los mismos educandos reclaman cada vez con más fuerza la necesidad de que el bachillerato y la universidad no sean más que escuelas de capacitación profesional para llegar lo antes posible a un mercado de trabajo que los explote de forma efectiva gracias a su ignorancia en todo lo que no sea su particular ámbito de la razón instrumental, y para esto afirman que hay que sacrificar lo antes posible, en orden de la eficacia y el máximo rendimiento, toda rémora cultural que huela remotamente a historia y filosofía, esas asignaturas "que no se utilizan nunca", excepto todos los días a todas horas: cada vez que se intenta comprender qué es lo que pasa en este convulso mundo donde las consecuencias del pasado se manifiestan sin descanso en el presente, y donde existe una continua discusión política, económica e ideológica sobre qué es preferible hacer respecto a otras opciones, por qué algo es bueno o es malo y por qué la gente se mata por un quítame allá esas divinidades, esa bandera o ese ideal del futuro. Nunca ha sido tan cierta aquella frase de "Una reforma educativa es siempre peor que la anterior, pero mejor que la que vendrá". De momento la tendencia es ésa, a la creación del ignorante que no sólo está orgulloso de serlo, sino que además desconoce su propio estado y su indefensión ante el que no lo es, lo que lo deja incluso en desventaja del analfabeto del pasado que era consciente de su carencia. A poco que esperemos tendremos al perfecto "idiot savant" universitario.
Para terminar de arreglarlo algunos afirman que "lo que nos deberían enseñar bien es el inglés", la lengua de la modernidad, lo chachipiruli, la ciencia y los negocios, pretendiendo dejar a la recia y viril lengua cervantina poco menos que como una asignatura optativa para los muy viciosos de lo retro. Por eso me hace a mí tanta gracia que algunos vean sólo al catalán, el gallego y el vasco, como los ogros enemigos de los nobles hablantes del castellano, cuando el mismo vulgo pueblo reclama más y más colegios bilingües, más y más horas y asignaturas impartidas exclusivamente en la lengua del futuro, y buena parte de la élite cultural y universitaria española, no hace falta más que leer unos cuántos blogs, proclama orgullosa su completa desafección por la lengua y literatura española, y que no lee más libros que los que compra en Amazon, mientras juega con sus amigos a ver quién es el que deconstruye con más facilidad el español introduciendo términos innecesarios y arbitrarios en inglés en unas frases cada vez más incomprensibles. En cierto modo tiene su parte cómica, pero que se cuelen de la mañana para la noche términos como mug en la humilde cocina de cada uno substituyendo a la taza, o que en el colmo de la estulticia los comentarios en los blogs sean comments, y no comentarios, cuando hasta el más cenutrio puede ver qué idioma copió al padre de cuál, da para pensar, recordar lo que uno sabe de sociolingüística, y empezar a temblar no poco sino mucho. De momento sólo hay que constatar que el verbo "accesar", derivado de "to access", ha desplazado, por lo menos para muchos en Hispanoamérica y en páginas de Internet creadas allá, a "acceder", al que se aplica la misma norma de copia que el caso antes citado. Lo mismo reza para "membresía" (membership) y "privacía" (privacy), barbarismos salvajes por reflujo lingüísticogastroesofágico que tanto dolor causan al escucharlos del otro lado del océano, aunque lo de "comment" me da más dentera si cabe porque me parece que es idiocia cien por cien española, con lo que a poco que nos apliquemos destruiremos más y mejor la lengua que con ellos compartimos, que a ver quién se han creído que son para tomarnos ventaja en tan noble empeño. Si a esto añaden lo del párrafo anterior de "para qué vamos a estudiar asignaturas de letras o perder más el tiempo con el español, que ya se aprende sólo viendo la tele", ya tienen la fórmula magistral para el holocausto del idioma. Y si no me quieren creer a mí, pregúntenle a su sociólogo de guardia, y les explicará cómo cuando las "clases élite" se dirigen a un sitio, el resto de la sociedad no duda en ir detrás de cabeza, y en ocasiones incluso sobrepasa las más altas aspiraciones que se marcaron quienes la dirigen. De todos modos sobre esto habría que escribir algo mucho más elaborado y complejo. ¿Y qué decir del cine? Hace apenas un año o dos un amigo que de vez en cuando comenta en este blog me preguntaba, entre la broma y la angustia, si no seríamos nosotros los equivocados, y realmente películas como Van Helsing o las excrecencias que salieron de la Matrix original que tanto hacen entusiasmarse a parte del público pese a ser grandes nadas vacuas que se apoyan en su propia nadería, son realmente buenas, se han invertido los valores y las pelis de John Ford, Berlanga y Orson Wells son coñazos sin color y sin ritmo en las que no pasa nada. Pues yo que sé. A mí me parece que no, pero si como decíamos en la anterior entrada incluso con el tiempo la muerte puede morir, tampoco sería tan extraño que un poco antes de diñarla la parca 300 o bodrio similar fuese proclamada como la más excelsa obra que ha dado el Séptimo Arte. La teoría del salto cualitativo, sin que ello implique dar respaldo por completo a todo el análisis social e histórico de Marx y Engels, es sin duda una perfecta metáfora o marco con el que comprender muchos de los cambios que estamos viendo acelerarse y cuyas consecuencias sólo podemos entrever, algunos aco(ngoja)(jona)dos y otros tan tranquilos y como si nada. De momento el español se comba ante el huracán de cambios, pero es posible que llegue un momento en que se rompa y quede dividido entre un spanglish de los EEUU en vías de desaparición, el del resto de Hispanoamérica y el español, mutuamente ininteligibles entre sí, y entonces expresándonos en nuestros dialectos separados nos preguntaremos cada uno cándidamente cómo ha podido pasar ese desastre. Quizá dentro de unos años, no muchos, los muchachos que ahora afirman sin sombra de duda que Harry Potter es la cumbre de la literatura universal cierren con una sonrisa de suficiencia una novela de Goytisolo o de Torrente y digan con autoridad "no me puedo creer que a esto alguna vez lo llamasen literatura". Respecto a asuntos tan controvertidos como el cambio climático, o el lento declive de la producción de energía, sobre todo el petróleo, quizá estemos todavía en el período de acumulación cuantitativa, hasta que llegue el momento en que la cadena se rompa por su eslabón más débil y tengamos que enfrentarnos a verdaderos cambios cualitativos, violentos e irreversibles, que nos obliguen lo queramos o no a cuestionar de forma revolucionaria nuestra forma de entender el mundo y el modo en el que nos relacionamos con la naturaleza, sin garantías de que la civilización tal como la conocemos pueda sobrevivir.Como dije, aquí no somos videntes y apenas si pasamos de agoreros, y.como se suele oír la vida es eso que pasa mientras haces planes o te imaginas lo que te va a pasar en ella. Yo tampoco sé lo que va a pasar realmente, pero cuando se ven nubarrones no está de más pensar que puede llover. Quizá dentro de una generación algunos vaguemos por la calle creyendo que lo que vimos, todo lo que aprendimos, no fue más que una ilusión, pensando que los muertos cerebrales vivientes que nos superan en felicidad en su inacabable visionado de sombras en la caverna que es Mátrix, siervos de otros que los mantienen en ese estado sin posibilidad de rebelión e incluso de saber que la rebelión es posible, moran en una nueva y verdadera realidad a la que ya no pertenecemos y en la que no podemos, no sabemos o no queremos ser incluidos. Puede que cuando les hablemos nos miren como a un atavismo, seres extraños con más de quinientas palabras de vocabulario, cenobitas capaces de entender lenguas muertas como el español clásico del siglo XX y de hacer que los libros hablen y expliquen cosas de un mundo ya pasado donde todo era absurda e innecesariamente complicado, nadie sabía cuál era realmente su sitio y se pensaba que las cosas podían cambiar. Quizá entonces nos tocará reconocer que ya no pertenecemos a ese mundo donde nuestro lugar es incierto, que no hemos sabido dar continuidad natural a aquél que conocimos, y que no nos queda más meta que la extinción y el olvido dejando paso a una raza que a partir de entonces se verá a sí misma como más sana y pura. Así pues, carpe diem. Cosechemos lo más posible de los días que nos ha tocado vivir, pues no tenemos otros, y quizá en los que no viviremos y no nos pertenecen todo lo que ahora sabemos, todo lo que somos, no será sino leyenda.