La base de todo el argumento, que intenta substituir al imposible de adaptar del cómic, es no sé qué de una hermandad de asesinos que es instrumento del destino para eliminar a gente muy mala, con lo que aunque matan a personas no son ni buenos ni malos sino todo lo contrario. Todo se basa, por cierto, en descifrar código binario desde hace mil años de unos telares mágicos que no se sabe de dónde coño salen. Lo cachondo es que el código binario, sin una equivalencia analógica, no lleva muy lejos, para empezar. El guión parece escrito por Zafón, con eso os lo digo todo.
¿Semejanzas con el cómic? Pues apenas, en realidad. Simplemente aquí todos tienen más o menos el mismo poder que tenía el personaje de Wesley en el cómic, disparar certeramente, y listo. El arranque es parecido, hay un par de frases que están extraídas literalmente de los diálogos del tebeo, y poco más. En la última escena el protagonista también se dirije al lector rompiendo la cuarta pared, pero... pffff.
¿Escenas de acción confusas y delirantes? A montones. La peli entera es como la introducción de un videojuego, sólo que dura dos horas.
Sin embargo hay cosas que uno aprende incluso de películas como ésta:
Se le puede imprimir efecto a una bala, más que Pelé dándole una patada al balón. Vamos, que así la bala puede dar todo un giro completo de 360º dentro de una habitación grande sin problemas.
Oliver Stone es un majadero y JFK ciencia ficción. Las balas mágicas existen, pueden pasar a través de varios cuerpos humanos sin deformarse y por tanto Lee Harvey Ostwald actuó en solitario y fue el que mató a Kennedy. A ver si nos dejamos de tonterías y aceptamos el mundo como es.
Las ratas son peligrosas. Ah, ¿que ya lo sabíais? Pues a partir de ahora lo vais a saber más.
-SuperSantiEgo


