Bitácora personal para la investigación exhaustiva de los aspectos estupefacientes de la Realidad.
Observatorio político para el seguimiento de la evolución de la guerra eterna entre el Bien y el Mal.
Foro unipersonal que aboga por la consecución de un frikismo cartesiano, racional e ilustrado
Obviamente la única forma de empezar a hablar de esta serie es poniendo la canción que se ha convertido en el himno que la define y que ya es inseparable de ella: Carry On My Wayward Son, de Kansas.
Quince temporadazas. Nada menos que quince temporadas ha durado esta serie, y la han terminado porque en algún momento había que hacerlo.
Básicamente la serie era un poco Embrujadas (Charmed, 1998), pero con más monstruos, con hermanos en vez de hermanas y sobre todo con mejor banda sonora. Por lo demás, en su esencia eran un poco lo mismo al principio, con un repertorio bastante habitual de seres que representan el bien y la luz peleándose con los seres que representan a la oscuridad y el mal. Sactamente lo mismo, sólo que con cámaras digitales y mejor definición porque habían pasado ya unos años. Y hubo algo en lo que se asemejaron todavía más, con la serie más moderna tomándoles la delantera de largo porque una duró sólo ocho temporadas y la otra casi duplicó esa cifra: son ambas un ejemplo claro del principio de inflación friki, que ahora paso a definir.
El principio de inflación friki se entiende perfectamente porque es un subproducto del molonismo, y no hace sino redefinir algunos de los excesos de la molonidad, sin entrar en juicio moral alguno de momento si esos excesos nos gustan o no. Es a su vez una reformulación de algo bien conocido en las ciencias sociales y en la psicología: la ley de los rendimientos decrecientes, o cómo una persona se insensibiliza a un estímulo cuando este no para de crecer. En el mundo del frikismo esto lo podemos ver representado en ejemplos bien conocidos como Dragon Ball, en la que se produce una inflación, aumento o hipertrofia de los enemigos a derrotar, de modo que el enemigo imbatible de hace X episodios es una mierda pinchá en un palo en comparación con el nuevo que se nos presenta, y así ad náuseam, hasta que se nos acabe la paciencia a los espectadores o los creadores se aburran. En cierto modo es casi un problema matemático, que ya expresamos en su momento cuando dije aquello de que si tus enemigos no se contaban necesariamente con numeración exponencial entonces es que la batalla no era realmente épica, y por otro lado cuando haces que algo o alguien, limitado, se enfrente a aquello que por su propia naturaleza es infinito, y lo venza, ¿luego qué queda? Pues nada, no se puede sumar una cantidad discreta a infinito, así que entonces tenemos que pasar a matemáticas todavía más complicadas y difíciles y eso ya no funciona en el campo de la ficción.
De esta quema sólo se salva, en parte por defecto o virtud del diseño, los universos superheroicos, que en una fecha ya tan alejada como 1985 con Crisis en Tierras Infinitas y Secret Wars se pasaron de rosca, y hasta hoy así siguen; después han aparecido sucesivas catástrofes cósmicas supuestamente igual de gordas y apocalipsis de la Realidad con mayúscula que no son más que la repetición de ese mismo suceso de extinción de todo lo que existe. Pero dado que los universos superheroicos en papel, su medio original, se conciben desde el principio como una gigantomaquia atada al ciclo del eterno retorno y sujeta a un tiempo mítico y cíclico en el que unos personajes están fijados con una edad casi determinada, y en la que todo está condenado a repetirse, por extraño que parezca, esa llegada cíclica de cataclismos que termina en el enésimo enfrentamiento cósmico a todo o nada es incluso un recurso más que forma parte del género, y que se acepta o no dependiendo de los gustos de cada uno.
Cuestión aparte, por supuesto, es una serie de televisión de carácter lineal. En el caso de Embrujadas, se vio desde el principio: una vez le ganabas a "El Principio de Todo Mal", ¿qué te queda por hacer? Pues se inventaron alguna temporada más en la que luchaban con "El Principio de Todo Mal" al cuadrado, el mal que existía antes del mal, el servicio de correos, o lo que se le ocurriese a los guionistas. Bueno, pues Supernatural venció al Demonio Colorao, o Lucifer si lo queréis llamar así, en la quinta temporada, que es lo que tenía pensado el creador y chouráner de la serie. Los dos hermanos conseguían su objetivo, que no era poco, de vengarse del Infierno y de las muertes de su madre y novia, y en principio eso era todo. Pero como la serie tenía mucho éxito, pues le damos una vueltita más, total alguna historia más se puede contar, algo se nos ocurrirá, y del mismo modo que un día quieres salir de tranqui y volver temprano a casa, pero te lías, te lías y vuelves a las siete de la mañana, pues así con lo de "venga, vamos a hacer una temporada más", pues resulta que hicieron nada menos que diez. Le podría pasar a cualquiera.
Y esto es lo que hace que la serie sea un ejemplo clarísimo de lo que es el principio de inflación friki. El desarrollo del mundo y de sus reglas está bastante bien definido desde el principio: existe lo sobrenatural en el mundo y los monstruos, aunque la gente no lo sepa, y hay cazadores de esos monstruos, que se entregan a una especie de cruzada por haberse encontrado de bruces de forma traumática con ese peligroso mundo sobrenatural. Al principio estos cazadores, entre los que se encuentran los protagonistas, se cargan a las criaturas típicas como vampiros, hombres lobo y otros seres propios del folklore europeo, con algunas criaturas de otras culturas. Luego están las palabras mayores, que son los seres realmente demoníacos, que no se mueren por mucho que lo intentes y parecen invulnerables a las armas humanas, así que buena parte de los primeros episodios de la serie consisten en buscar fundamentalmente armas que puedan matar a demonios o incluso a príncipes del Infierno. La serie va construyendo de esta manera, in crescendo, una mitología en la que terminan apareciendo ángeles y arcángeles, con el ángel Castiel convirtiéndose casi en la tercera pata del banco de los Winchester, así como otros seres sobrenaturales en un esquema maniqueo que sin embargo se vislumbra ya algo turbio en la línea de algunos juegos de rol y sagas de novelas en las que el Bien, o lo divino, se intuye no como algo extraordinariamente luminoso sino como una parte de un equilibrio de fuerzas cósmicas en el que el común de los mortales no son en muchas ocasiones sino víctimas colaterales.
Todo esto, sin embargo, tiene un límite, y aunque en las últimas temporadas aparecieron innovaciones como los Hombres de Letras y la Winchestercueva, la goma ya había dado de sí: lo que en principio se veía como una misión imposible, matar definitivamente a un demonio o un ángel, terminó siendo pecata minuta o algo que sencillamente se hacía de forma rutinaria. Por supuesto aunque cada capítulo tenía entidad propia cada temporada tenía su propio arco narrativo y una especie de enemigo o cometido principal, y estos se fueron haciendo cada vez más y más gordos y absurdos. Una de las temporadas donde todo empieza a inflacionar ya gravemene, la 7, tiene por enemigos a los Leviatanes, algo así como los demonios que son más que demonios, y que se mueren cuando les echas bórax, y... mira, me voy a cagar en vuestra sombra. Cuando tienes que poner semejantes chorradas es que estás perdiendo el norte muy gravemente, y todavía quedan por delante ocho temporadas más.
¿Cómo solucionaron esto? Bueno, por un lado aceptando el absurdo y que la única forma de salvar la serie era correr más que las incoherencias y sinsentidos que les pisaban los talones. Por otro lado la serie y su productora, e incluso los actores, se convirtieron en entusiastas partidarios del fandom que estaba creciendo alrededor de la serie, de las wikis sobre ella y de los fanfictions que aparecían por todas partes, incluso los slash en los que Sam y Dean protagonizaban un relación homosexual e incestuosa. ¿Se quejaron los productores de esto? No. Crearon un capítulo sobre eso en la que aparece una de esas escritoras obsesionadas con las novelas pulp que un profeta de Dios escribe sobre los dos hermanos, de modo que los personajes asisten a una convención de frikis vestidos como ellos dos.
Aunque el principio de inflación se sigue manifestando, e incluso en las últimas temporadas se enfrentan nada menos que a la hermana de Dios, que es la Oscuridad, la serie oscila entre la transcendencia que impone la temática del argumento, la salvación del mundo y la lucha entre el bien y el mal, con verdaderos despiporres en los que a los guionistas les dejan uno o dos capítulos por temporada para dar rienda libre a la locura. Como muestras los capítulos en los que los personajes cambian de dimensión y se encuentran en nuestro mundo, en la que no son cazadores de monstruos sino dos actores de una serie de televisión de título Supernatural, que ni siquiera se rueda en EEUU, sino en Canadá, y otro mucho más reciente en el que se convierten en dibujos animados y comparten aventura con Scooby Doo y el resto de personajes animados.
Por otro lado, Supernatural es en muchos aspectos una fantasía perfecta masculina: los personajes principales son hermanos así que sienten el uno por el otro una lealtad sin límites como dos soldados o cruzados que están inmersos en una misión épica que, los dos aceptan con fatalismo, sólo puede acabar como su propio padre que les enseñó el oficio y como todos los demás cazadores que han ido conociendo: muertos tarde o temprano a manos de algún monstruo. Esas relaciones de camaradería se irán haciendo extensivas a un conjunto cada vez mayor de personajes, prácticamente todos ellos masculinos: el ángel Castiel, el demonio Crowley que casi termina siendo como de la familia, Bobby que ejerce de padre putativo, Jack que termina siendo casi el tercer hermano e incluso durante un tiempo el mismo Dios parece que en cualquier momento puede pasarse para tomarse unas cervezas con ellos. Esto ya se veía, a la inversa, en la citada Embrujadas, donde el núcleo uxorilocal y matriarcal eran las tres hermanas herederas del poder mágico, y en donde sus parejas orbitaban en función de sus intereses. Mientras que ellas vivían en la casa ancestral de la familia y comían todas juntas en pijama el desayuno de cereales los Winchester viven a salto de mata de motel en motel hinchándose a comida basura y bebiendo de la botella una cerveza tras otra, lo que milagrosamente en su caso no parece incompatible con tener los cuerpos danone que se gastan, y en esos cuartuchos preparan la documentación para su próxima partida de rol en vivo de D&D matando monstruos, a las que acuden en un Chevrolet Impala del 67, su verdadero hogar, mientras suena rock clásico. El puto sueño de cualquier friki: epicidad, amigos que te siguen literalmente al infierno, encontrar el sentido de la vida matando cosas, el destino de una muerte gloriosa al morir en santidad. ¿Cómo coño no iba a triunfar esta serie como lo hizo?
Y eso que también la serie era enormemente popular entre las mujeres, y por supuesto existían las partidarias del equipo-Dean y del equipo-Sam. Entre los seres de luz y de oscuridad había indistintamente seres femeninos y masculinos, y no pocos personajes femeninos se presentan de forma positiva. Por supuesto el arranque de la serie tiene algo que ver con el "cadáver en la nevera", la familia Winchester empieza la tradición familiar de cazar seres malvados por la muerte de la madre de los protagonistas y Sam, que en principio había abandonado el negocio, se reincorpora cuando uno de esos seres mata a su novia, y los dos jóvenes y viriles muchachos tienen sus escarceos amorosos y se sienten tentados algunas veces a sentar cabeza con una buena moza que siempre aparece como la ideal chica sana y sincera de un pueblo del medio oeste, pero al final les puede el deber y la responsabilidad, se saben obligados a llevar encima todo el peso del mundo y deben desaparecer en el horizonte con la puesta de sol, no a lomos de un caballo sino conduciendo el Impala. Esto es también un poco el típico mundo preadolescente masculino: eso de follar regularmente suena muy bien, pero poder matar a machete monstruos todos los días consultando manuales y documentos mientras comes ganchitos y pizza es un valor seguro; Dean es una idealización friki: está bueno, no tiene problemas para ligar cuando se lo propone, se atiborra de comida basura y bebe como un cosaco sin que le afecte a la salud, mata a todos los monstruos que quiere y en su mucho tiempo libre ve la tele o pasa el rato en internec viendo páginas porno. Por otra parte la serie, sin demasiadas alharacas y sin forzar las cosas cuando pudo siempre intentó dar el mensaje de que cualquier forma de amor es válida, salen algunas parejas gays y personajes lésbicos como el de Felicia Day, el mismo Castiel se lo dice a un grupo de fanáticos religiosos en una iglesia, y cuando Dios decide vivir como un humano un tiempo le dice a Dean que ha tenido una novia y un novio, y por supuesto sin hacer de ello bandera y sin que mucho indocumentado que habla de lo que no sabe parezca haberse enterado en pocas series han aparecido tantos personajes cishetero abrazándose para demostrarse el afecto que sienten unos por otros, y decirse emocionados que se quieren y que contigo, breo, a muerte, tú eres mi colega y si te mueres no sé lo que sería mi vida sin ti.
La serie abraza por completo, eso también, su propio frikismo, y además lo hace a lo bestia: los que se conocen como los episodios "meta", en principio una anécdota pero que luego terminan siendo esenciales, son aquellos en los que la misma serie se hace consciente de sí misma para crear todo un juego metanarrativo y de ficción posmoderna. Ya desde la quinta temporada sabemos que, sin ellos ser conscientes todavía, los dos protagonistas son en su propio mundo los protagonistas de unas noveluchas que en el mercado anglosajón se llaman mass market paperback, novelas que salen directamente en rústica, pequeño formato y papel de mala calidad, en contraposición a la literatura seria de calidad que primero sale publicada en formato grande y tapa dura; el mass market es lo que en español se suele abreviar de forma mucho más sintética como "novelas baratas", haciendo referencia tanto a su precio como a la baja calidad que se supone a lo publicado. Pues bien: un escritor de este tipo de novelas, llamado Chuck, sin que él tampoco sea consciente de que lo que escribe no es producto de su imaginación, sino que está inspirado por Dios ya que es un profeta, está transcribiendo en ese tipo de novelas lo que para nosotros son capítulos de una serie de televisión. Esto será más grave si cabe cuando el mismo Chuck se dé cuenta de que en realidad él es Dios, lo cual nos deja con la idea de que Dios es un escritor de novelas neopulp y sus seguidores incondicionales una panda... de frikis.
Y esto es lo que nos lleva a hablar del otro punto del título de esta entrada, cuando podemos por fin analizar la serie en su conjunto porque ya ha acabado, de modo que estas quince temporadas se pueden ver como un arco narrativo completo cuyo alcance es algo más que un enfrentamiento maniqueo entre principios opuestos del bien y el mal, la luz y la oscuridad. Porque en ese aceleracionismo friki en el que se embarcó la serie, en ese universo ficticio inflacionario donde el enemigo final de temporada es cada vez más goooordo y poderoso, el último adversario de la serie es el mismo Dios, el creador de todo, el guionista supremo, el friki definitivo. Cuando temas que el espectador está a punto de no creerse lo que ve haz que tu personaje salte de un helicóptero a un tren impulsado por la onda de choque de una explosión, o que surfee sobre la cresta de la ola de un tsunami.
Os dejo las dos versiones. La del Pato Lucas y la original, que es casi igual de buena.
Dios -a partir de ahora Chuck que es como se le llama en la serie, para seguir la broma- siempre había sido en el resto de temporadas, cuando salía, un ser presentado en parte como un tanto colega aunque con sus momentos distantes, y sobre todo con su aura de incognoscibilidad, que es lo que se suele interpretar también por ejemplo en la parábola del santo Job: Dios Chuck tiene todo controlado en su inmensa sabiduría y un limitado ser humano no es capaz de entender por qué se consiente el mal, por qué mueren niños pequeños de hambre y frío y por qué el mundo está lleno de monstruos. Básicamente cuando los protagonistas o el mismo ángel Castiel intentaban plantear este tipo de cuestiones la respuesta era: "A ver, que soy Dios. No lo vais a entender, así que a callar". En la línea de esa fantasía oscura ya mencionada de juegos de rol como Kult o el Universo Vértigo de DC, Chuck aparece ya como un ser no esencialmente benévolo o caritativo en todos los casos, y en muchos momentos no parece preocuparse demasiado por el sufrimiento de las criaturas que pueblan el multiverso que ha creado. Tanto es así que incluso los ángeles tienen que tener fe al creer en su existencia, sólo lo han visto algunos arcángeles y Metatrón, la Voz de Dios, y cuando el escriba de Dios se reúne con su patrón se produce un momento tan hilarante como cruel en el que Chuck le revela que lo eligió para ese cargo, sencillamente, porque en ese momento era el ángel que estaba más cerca de la puerta.
Esa tensión dramática y las últimas temporadas en las que los protagonistas se enfrentan a amenazas cósmicas cada vez más exageradas detona al final de la decimocuarta temporada, en la que se resuelve hasta cierto punto el misterio: la base que sustenta toda la serie, aunque probablemente sea una interpretación con retrocontinuidad y por supuesto no estuviera ni de lejos en la idea original, es una cierta forma de malteísmo. Es decir: Dios existe, pero no es infinitamente bondadoso ni siente realmente amor por sus criaturas. Dios, literalmente, se alimenta de nuestras lágrimas, y el mundo es su televisión en la que teje con una inteligencia infinita complicadas tramas y argumentos elaborados. Es el diablo cartesiano que nos engaña y hace ver lo que no existe, el que cambia las reglas del juego cuando lo necesita para aumentar la carga dramática, hace trampa a los dados de veinte caras y los arroja donde no podemos verlos o permite que el protagonista triunfe contra todo pronóstico si es eso lo que a él le produce goce estético en ese momento, tal como hemos visto en todas las temporadas pasadas. La razón por la que se encabrona al final de la penúltima y hace que se convierta en el villano de la final y definitiva es precisamente esa, que dos de sus criaturas le terminan estropeando lo que iba a ser la culminación de la tragedia, con la que se completaría perfectamente el círculo narrativo tal como empezó con Caín y Abel, y que nuevamente un hermano matase a otro. Cuando esto no sucede Chuck termina revelando su verdadera naturaleza caprichosa y cruel, un friki narcisista de la peor clase. Dios no es malvado, sino algo peor: gilipollas. Muy gilipollas.
La lectura de este final apoteósico, por supuesto, tiene bastantes niveles. Por un lado Dios resulta ser un escritor como mucho mediocre, según el juicio crítico de Metatrón, y además un escritor de novelas baratas, por un lado un homenaje al mismo género de la serie con sus aciertos, exageraciones y errores, y por otro lado podríamos interpretar el reflejo más oscuro de la grey friki en sus peores momentos: caprichosa hasta el delirio y que exige que sus personajes preferidos vayan en una dirección determinada porque ellos sí los entienden y son verdaderos fanáticos, y si no amenazan con desatar sus iras. Claro que al friki medio se le va obviamente toda la fuerza por la boca y su pataleta no suele tener consecuencias, mientras que Chuck es literalmente un ser todopoderoso y omnisciente.
"Veréis, toda la mitología superheroica tiene un precepto ingenuo y encantador...
y es que al final los 'buenos' nunca, ¡jamás de lo jamases, pierden!"
Pero, un momento: ¿cómo se vence entonces a un ser que al final de la serie ha recuperado todo su poder y se define a sí mismo como omnisciente y todopoderoso? Bueno, pues muy sencillo: no olvidemos que esto es una serie de televisión, y aunque Sean y Dean terminan sabiendo que todas sus aventuras, en realidad todo lo que existe en el mundo, es parte de la imaginación de Dios, eso no los hace menos reales para ellos mismos, pues ya sabemos que el idealismo subjetivo en el que todo es parte de la mente de Dios no es incompatible con la realidad, sólo la redefine. Lo que no saben Sam, Dean y Chuck, y hasta ahí no llega el juego posmoderno de la serie aunque exista ese capítulo en el que llegan a nuestro mundo, es que todos son realmente personajes de una serie de televisión, y nosotros sí sabemos que están sujetos a las leyes narrativas que rigen en este tipo de ficciones, y una de ellas es, como se decía en Titanes: Piedra Papel Tijera, que los buenos nunca pierden. En este caso, y como dije antes, cuanto más corrían a toda velocidad hacia el abismo y la serie aceleraba más, y más se hinchaba todo con el principio de inflación friki, más tenían que correr con la esperanza de llegar a velocidad de escape y en vez de despeñarse ponerse a orbitar, frenar no era una opción, y si hay que morir que sea como Telma y Louise con un josconcionazo gigante que haga temblar el suelo.
Y aquí es cuando se debe hablar de cómo la serie es, si así queremos verla, un poco atea o al menos irreverente con el hecho religioso... pero con mucho cuidado. Aunque han salido seres míticos y dioses menores de otros panteones, todos siempre subordinados a la verdadera divinidad, y la nómina de los ángeles es más que reconocible pues salen Rafael, Miguel y Gabriel, y por supuesto vemos algunas iglesias con crucifijos, tampoco podemos decir que Chuck sea exactamente el dios judeocristiano tal como lo conocemos, y es también un chiste recurrente en muchos episodios decir que "En la Biblia viene todo mal y eso no ocurrió así". Por eso Chuck me recuerda, hasta cierto punto, al Dios de Jardiel Poncela en La tournée de Dios, un libro en el que Dios hace eso, una gira por el mundo y se convierte rápidamente en una estrella mediática. Aunque publicado durante la Segunda República, y sin dejar de tirar con bala, don Jardiel se guarda un as en la manga, ya que quien nos visita es, por así decirlo, el Dios inflexible y distante del Viejo Testamento, de modo que cuando le preguntan cuál sería el sistema de gobierno ideal para los seres humanos responde que una dictadura absoluta en la que cualquier transgresión de la ley se castiga con la pena de muerte, un reflejo de la idea de que morir en pecado, cualquiera de ellos, es garantía de acabar en el Infierno. Cuando le preguntan que entonces dónde queda el mensaje de redención del cristianismo y la infinita capacidad de perdón del Dios cristiano el señor que ha llegado al mundo simplemente responde: "Mi hijo y yo no solemos estar de acuerdo". En efecto: eso es herejía. Recordemos como frikis que la religión lleva definiendo lo que es el canon, y lo que está inspirado o no por la Frikidez Absoluta, desde mucho antes de que nosotros discutiésemos si las películas de los ewoks son textos sagrados o no, y los problemas de continuidad e interpretación entre el Viejo y Nuevo Testamento datan de mucho antes de que se estrenase Star Trek Discovery. Pues bien, en esta serie puede que Chuck sea en cierto modo el Dios de "no te paso ni una y conmigo no se discute" del Antiguo Testamento, pero desde luego no hay ninguna referencias histórica ni doctrinal a Jesús ni su muerte en la cruz, porque como se suele decir si ya alguna gente se habrá sentido ofendida por la interpretación de Chuck que ofrecen, sólo les faltaba tener que meter al cristianismo en serio por medio. Así que la serie en ese aspecto no se moja o intenta pasar de puntillas, y eso que en algunos momentos tira cargas de profundidad, como nuevamente en ese capítulo en el que visitan "nuestro mundo", definido como un lugar sin magia ni espíritus, en el que debajo de los pies no está el infierno sino sólo tierra y por encima sólo el cielo azul, y al morirse no hay nada sino polvo. El ángel que visita "nuestro mundo" se siente asqueado por él, y define a los seres que lo habitan como "un conjunto de cuerdas y poleas" en referencia a una realidad gobernada por la pura causalidad mecánica y física, y sin libre albedrío.
Al final, tampoco nos sorprende lo más mínimo, los hermanos Winchester terminan venciendo nada menos que a Chuck, Dios. Cómo lo hacen es irrelevante, pero es de la misma manera que ganaron en las otras ocasiones en las que de forma interna Chuck para su propio deleite les concedió la victoria, y en este caso en la última temporada serán los mismos guionistas humanos cuyos nombre leemos en los títulos de crédito los que hagan que en un proceso de eucatástrofe Sam y Dean vuelvan a vencer con la enésima triquiñuela final salpimentada de "no contabas con nuestra astusia", un deus ex machina final que precisamente vence a Dios. Chuck es derrotado, o mejor dicho queda privado de todos sus poderes y reducido a un ser humano más como aquéllos que él sólo consideraba útiles para su diversión, y queda condenado a envejecer y morir. Es entonces cuando uno recuerda temporadas pasadas en las que Metratón se encara con su jefe y le dice que los seres humanos son mejores que quien los creó, o cuando la Muerte, uno de los seres que existen desde el principio de los tiempos, dice que al final acabará con todo lo que existe, incluido el mismo Dios, y que será Dios el que irá hacia él para morir. Al final todo encaja.
Desde este punto de vista la serie se puede entender a este respecto como una defensa del humanismo secular, aunque pueda parecer paradójico que lo haga a través de unas parábolas fantasiosas en las que existe lo transcendente, los hechizos y los seres sobrenaturales. Pero sí es el caso si atendemos a que a través de un producto de entretenimiento se presentan a unos personajes cuyo comportamiento ético y moral, aunque plagado de dudas y sufrimiento, es muy superior, a la postre, al de aquél que, como es el caso de Chuck, sólo ve a todo lo que existe como un medio para un fin, pasárselo bien y utilizarlo para desarrollar su vena creativa, mientras que Sam y Dean, así como muchos otros personajes o un Castiel ya completamente humanizado por el contacto con sus amigos, son los que se preocupan por el bienestar de los demás e intentan luchar por lo que creen que es justo, incluso más allá de toda esperanza. Frente a la crueldad, narcisismo y egolatría de un Dios emborrachado de poder, los valores humanos de la decencia y de preocuparse por los demás. Esto se puede interpretar como una superación final de los dioses mitológicos y personales: primero existieron esos tan divertidos y literarios de los panteones antiguos, sometidos a las pasiones humanas como las criaturas inferiores, y posteriormente se substituyeron en la Era Axial por una reflexión del ser humano sobre sí mismo, algo que incluso influyó en las religiones abrahámicas donde un único dios transcendente sirve de paso a una etapa posterior en la que se supone que deberíamos estar ahora, y en la que incluso esas religiones están a un paso de entender lo que entendió el budismo, la idea de que si existen seres superpoderosos tan por encima de nosotros seguramente no les importaríamos un pito, y no necesitarían para nada de nuestras plegarias a no ser que tuvieran algún problema de personalidad como Chuck. Y como decía Descartes, si Dios es un tipo con mala follá, apaga y vámonos porque entonces sí que no hay nada que hacerle. A no ser, claro, como en este caso, en el que todo es una fantasía y los guionistas en el último momento hacen que como siempre al final ganen los buenos.
Sobre si la serie es recomendable, después de quince temporadas, desde luego estaríamos hablando de droga dura empujárselas todas, y habría que pensar en evitar la enorme cantidad de capítulos de relleno y en los que matan a los monstruos de siempre con los métodos de siempre. Aunque la serie no tiene una producción cutre tampoco es que les sobre el dinero, los efectos son tirando a decentes cuando son imprescindibles y en muchos casos optan por la solución más sabia, como que los personajes que se teletransportan lo hagan fuera de cámara. También hay capítulos sencillamente muy malos, algo que incluso los mismos creadores y actores han comentado sin cortarse un pelo con el ya mencionado fandom de la serie. Supongo que se podría hacer una lista de capítulos buenos y además que contengan lo que sería el arco completo de la serie hasta enfrentarse al jefe final, Chuck. Yo dejo la idea ahí, seguro que ya hay alguien que lo habrá hecho.
Otra característica de esta serie es que no tiene uno, sino dos capítulos finales. El primero es el que cierra digamos la saga mítica, vemos la derrota final de Chuck y el advenimiento del Dios 2.0, y como era de esperar sin nadie que a partir de ese momento rija sus vidas ni les escriba los guiones de lo que deben hacer los dos hermanos se alejan por última vez hacia el horizonte siguiendo una carretera polvorienta con su Impala. Vamos, esa escena se escribió sola porque era como el 99% de los frises quería que acabase la serie. Y luego hay un segundo último capítulo que quizá abunda en una de las incoherencias del anterior, ya que vemos que con su nueva libertad siguen haciendo exactamente lo mismo que antes, matar monstruos, porque esto es una serie friki y ya hemos establecido que el ideal de vida es tener un montón de manuales, grimorios y diccionarios de monstruos en un lugar como la Winchestercueva, e ir a cazarlos con armas con +5 de bonus al daño. Así que en este segundo episodio final es cuando vemos por así decirlo el destino definitivo de los dos protagonistas, en particular Dean, que durante toda la serie ha sido reconocido por distintas entidades cósmicas y sobrenaturales como un arquetipo humano, el héroe incorruptible y de voluntad excepcional que, como muchos esperábamos, tiene que cumplir con la máxima aspiración de un héroe, y del mismo modo que sólo los toreros alcanzan la gloria completa si mueren en la plaza, en este caso Dean tiene que morir todavía joven y de forma épica (dentro del presupuesto) para alcanzar ese estado de perfección heroica. Eso a su vez libera a su hermano para que pueda cumplir una de sus aspiraciones desde el principio de la serie, que es encontrar moza casadera, haber con ella descendencia y aburguesarse, mientras nos tiramos de los pelos al ver lo mal que van maquillando al actor para reflejar el paso del tiempo.
Y esta es mi interpretación de esta longeva serie que hizo surf a lomos de la onda de choque de su propio principio de inflación friki.