3.11.22

Serie: El encargado. El horror tiene rostro, y debes hacerte amigo de él

El encargado, el portero como se dice en España, aunque también es común usar ese término en los demás países. Hubo un tiempo en que era una figura casi imprescindible en las casas de pisos, casi siempre ocupaban un bajo y se encargaban del mantenimiento básico de la comunidad, así como de abrir y cerrar las puertas y controlar el tránsito de propios y ajenos del edificio, y abrir de noche en caso de emergencia, pues lo normal era cerrar las puertas al anochecer, lo que explicaba también la figura ya casi completamente desaparecida de los serenos. Por lo menos en el caso español tal como se atestigua en novelas y películas en esos bajos ocupados por matrimonios si él trabajaba fuera era la señora la que se ocupaba de las faenas de portería, y quizá por eso existe la expresión "ser una portera" aplicada a la persona que es en extremo cotilla y que le gusta saber de la vida de los demás, ya que era un vicio o gusto que se le presuponía a quien trabajaba en esa ocupación. Y según parece era un prejuicio con cierto fundamento y del que la policía sacaba provecho, ya que los porteros solían enterarse de todo y por tanto eran la primera opción para informar de cualquier cosa sospechosa, así como de hacer de confidentes de las fuerzas del orden y de los servicios secretos y de contraespionaje.

Poniendo un poco el carro antes que los bueyes, hablaremos primero de la polémica que en su país de origen, Argentina, ha levantado esta serie, ya que los porteros de fincas han mostrado su malestar ya que el turbio personaje principal "no los representa", y en estos tiempos en el que uno sabe que aunque diga "pues sí, pues sí", alguien responderá "pues no, ya me has ofendido" no se podía esperar algo diferente. Pues sí, como explicaremos a continuación el personaje en algunos momentos justifica la frase que he puesto de Apocalipse Now en el título pero es que esto no es ni siquiera nuevo. En cien años de cine y varios siglos de literatura ha habido personajes perversos que han pertenecido a todas las profesiones imaginables, aunque algunas dan más mal rollo que otras. En el caso de los encargados de edificio, dada la naturaleza de su profesión, dan pie a historias de terror psicológico de forma bastante inmediata, como veremos en los dos siguientes ejemplos, que de momento son los que se me ocurren pero seguro que hay muchos más.

Para hacer el chiste fácil, es que en 1993 Sharon Stone estaba como para acosarla muy fuerte, aunque todo tenga un ambiente de irrealidad, como ese salón a lo Ozymandias que se ha montado el psicópata para vigilar a todo el mundo, que eso parece sacado de V de Vendetta o de la NASA. Bueno, en realidad es acosador en esta película es el mismo dueño del edificio, pero estirando el concepto nos puede valer. En España, como somos más modestos de presupuesto y algo más apegados a la tierra tuvimos una versión parecida pero más cañí y con un Luis Tosar que da un mal rollo muy, muy espeso.

Por otro lado, la figura del portero también puede ser, por qué no, entrañable, como el personaje que dio fama a Fernando Tejero en Aquí no hay quien viva, serie que también tuvo un gran éxito en algunos países hispanoamericanos, y el trabajo de portero estrafalario luego volvería a aparecer interpretado por otros actores en su sucesora, La que se avecina. Ahí se podía ver ya que, excepto en casas de mucho postín, la figura del portero físico (término que se acuñó para diferenciarlo del portero automático) era difícil de mantener en las casas de vecinos de clase trabajadora o de clase media baja aspiracional, y menos en un régimen de legalidad laboral.

En un contexto parecido se desarrolla esta ficción argentina, cuya acción transcurre casi en exclusiva dentro de una edificio de pisos de lujo y en su acera o vereda, que escrupulosamente limpia Eliseo, el portero protagonista, cada día. Ha trabajado en esa misma ocupación durante treinta años, y los vecinos llegan a la conclusión de que su puesto de trabajo no sólo es un atraso sino que además deben aprovechar la terraza donde está la casita de Eliseo, lo que sin duda nos recordará a algunos a 13 Rúe del Percebe y el lugar donde vivía el trasunto del Gran Vázquez, y construir allí mismo una pileta o piscina que revalorice al edificio y permita tener a los inquilinos un lugar de ocio exclusivo. El argumento de la serie en sus once episodios es así de simple, y todo girará alrededor de los movimientos y pactos que realizará Eliseo para mantenerse en su puesto y hacer que el proyecto nunca se lleve a cabo. Curiosamente, de forma casi futurista, el confidente y casi confesor de Eliseo en el edificio de enfrente es un portero no ya automático, sino casi virtual, una pantalla desde la que ve y es visto un guardia de seguridad que a saber a cuántos kilómetros puede estar del lugar vigilado, personaje interpretado por otro conocido actor y presentador argentino.

Estamos ante una comedia negra protagonizada por un ser a ratos tierno y a ratos siniestro, capaz de cometer actos abominables y de mentir con la más absoluta desvergüenza pero a la vez de tener comportamientos nobles y generosos. Podemos decir sin equivocarnos lo más mínimo que el éxito de la serie y los muy buenos momentos que nos proporciona se deben a la enorme capacidad actoral de Guillermo Francella, y es completamente cierto, pero lo que él consigue es hacer suyo a un personaje maravillosamente bien escrito que es a ratos un psicópata de manual y a la vez una persona a la que comprendemos perfectamente, tratada con desprecio de clase y de la que se quieren deshacer sin remordimiento alguno. Porque quizá él en muchos momentos es un mierda, un sorete, un buscavidas que cobra comisiones y se aprovecha de su cargo, pero buena parte de los inquilinos de ese edificio de alto standing son verdadera escoria humana. Probablemente si habéis hablado sobre el tema con algún amigo de las repúblicas hermanas del otro lado del océano os hayan dicho que la clase alta u oligárquica es en sus países mucho más descarnada en su desprecio por la clase baja o trabajadora, y que en ocasiones lo expresan con una desfachatez que nos resulta un poco extraña, ya que por lo menos hasta tiempos recientes era algo que aquí causaba cierto pudor decir en voz alta. Si les recuerdas que no es una competición quizá te respondan como a mí que cierto, quizá no lo sea, pero si lo fuera seguro que ganarían ellos. De todos modos aquí están cambiando las cosas y tenemos a figuras como Salvador Sostres y otros, así que mejor no hablar antes de tiempo porque todavía es posible la remontada.

Calificar al personaje principal como psicópata es fácil, pero arriesgado como lo es siempre a la hora de hacer un análisis de un personaje de ficción. Está claro que tiene dos caras claramente diferenciadas, que es un mentiroso compulsivo y un manipulador nato siempre con su actitud servil y siempre dispuesto a hacerse el imprescindible, y muestra en muchos momentos una gran dureza emocional, pero quizá también sólo sea una persona increíblemente solitaria y amargada cuyas únicas satisfacciones y anclas con la realidad sean su trabajo y las breves interacciones sociales con los inquilinos, que dan sentido a su vida. No podemos creer nada de lo que diga, pues no llegamos a saber de verdad si está viudo o no, o si lo abandonó su mujer cuando se dio cuenta de que él estaba como una chota, e igualmente si fuese verdad que tiene ahorrada semejante cantidad de dinero y con su edad podría jubilarse tranquilamente, retirarse a una tranquila ciudad de provincias y vivir plácidamente el resto de su vida. Pero entonces se aburriría y no tendría sentido nada de lo que hace, él se ve a sí mismo como el capitán del barco y los inquilinos son su tripulación que no saben que en realidad están a sus órdenes. Él se ve a sí mismo como el rey del castillo, aunque sólo sea en su imaginación y su castillo sea una simple casa de vecinos, pero es lo único que tiene o que le queda. Si te portas bien con él será tu amigo y se desvivirá por complacerte, pero si de alguna manera te cruzas en su camino pobre de ti, porque probablemente conozca todos tus trapos sucios y además sabrá cómo hacerte todo el daño posible.

Por supuesto, la serie está hablada completamente en recio y viril idioma cervantino, variedad argentina y supongo que subvariedad rioplatense porque a tanto no llego. Como sabéis en este blog familiar siempre hemos sido partidarios del doblaje latino clásico de hace algunas décadas, y de las películas en español de otros países, y sólo nos mostramos contrarios al doblaje latinequis que es poco más que inglés mal traducido. Así que tranquilos, está en un español argentino asequible para cualquier otro hablante de español sin necesidad de saberse al dedillo todos los lunfardismos del mundo, ni siquiera los más elementales como morfar o escabiar, pero sin renunciar a la forma de hablar argentina y a sus peculiaridades: todo el mundo se trata de vos, los abogados son doctores y llaman alcauciles a las alcachofas, como en Conil. Supongo que esto es algo buscado por la misma Disney, y completamente en paralelo con lo que se puede hacer en España, que en muchos productos se evitan los modismos excesivamente localistas o el argot más incompresible incluso para los mismos españoles que no estén al día de las últimas innovaciones léxicas. Por supuesto sale un personaje español que habla con "hostia y joder", y no voy a decir nada por no chafar la sorpresa, pero siendo uno español nada más oírlo decir las primeras frases ya sabes que ahí pasa algo raro.

Lo que más me ha gustado de la serie, además de ser entretenidísima y muy bien realizada, y por supuesto la interpretación de su protagonista, es que los guiones consiguen dibujar una zona tremendamente gris alejada de cualquier maniqueísmo en la que, a pesar de que sabemos que estamos ante un tipo muy peligroso que de ninguna manera querríamos como encargado de nuestras viviendas, no podemos evitar estar de su parte, sin que por otro lado dejemos de entender al resto de los personajes que, aunque por las razones equivocadas, quieren sacarlo de sus vidas.

Al final triunfa el bien. Bueno, o el mal, depende de como uno lo mire. Y tiene un final que bueno, es un final.

-SuperSantiEgo