20.6.24

Libro: El muro, de Marlen Haushofer

Probablemente a muchos os sonará la teoría de Borges de que en realidad solo existían unos pocos tipos de historia, y que inexorablemente cualquiera que se contara venía a estar dentro del molde de alguna de ellas: la ciudad asediada, el regreso al hogar, la búsqueda y el sacrificio de un dios. Bueno, ni que decir tiene que don Jorge Luis estaba en parte bien orientado, pero que quizá no sean tan pocas. Otro motivo literario universal es el de "un ser humano se queda solo y aislado". Si el asedio de una ciudad es La Ilíada, y el regreso al hogar es obviamente La Odisea, a todos nos vendrá a la memoria Robinson Crusoe, como arquetipo de esa historia, inspirada en otras historias anteriores: El filósofo autodidacto, de Aben Tofail, en el que un niño pequeño queda abandonado en un lugar desde el que por medio de la razón y la introspección alcanza la sabiduría, la historia real de Pedro Serrano, un marinero español dos siglos anterior a Defoe, y por si fuera poco casi contemporáneo a la novela del inglés se dio el caso real del holandés Leendert Hasenbosch, un empleado de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que fue abandonado en la isla de Ascensión por delito de sodomía, y que escribió allí un diario durante unos dos años hasta que su precaria situación lo condujo a la muerte.

El marco de "una persona se queda aislada" es tan universal que se podría decir que puede ser utilizado por cualquier escritor sin temor a ser acusado de plagio siempre que aporte una dimensión nueva. Algunas variaciones, como Los Robinsones suizos de Johann David Wyss, La isla misteriosa de Verne  o incluso Mecanoscrito del segundo origen participan en parte de este tema literario, pero carecen de su característica esencial: la soledad casi absoluta y cómo reacciona un ser humano al quedarse completamente a solas consigo mismo. Para Defoe la solución es clara: librado de la influencia nociva de la sociedad, a solas con Dios, Crusoe vive en una gran paz interior entregado a los designios de la Providencia, y como vimos en Algo más oscuro que la noche, de Thomas Glavinic, que analizamos en este blog, en completa soledad el ser humano se aliena y tiende a la locura como el Ben Gunn de La isla del tesoro, que lleva en soledad apenas tres años, muy lejos de los veintiocho que se supone que soporta Robinson Crusoe. Por lo que sabemos cómo se vive este tipo de experiencias extremas, como la de la película Náufrago de Tom Hanks, depende mucho de la personalidad de quien la sufre, pero lo habitual de los estados de aislamiento prolongados, si no son voluntarios, es que conducen a que se produzca la disolución del sujeto en ausencia de sus semejantes: no existe el individuo sin la sociedad de la que forma parte, y la sociedad está compuesta de sujetos individuales que la sustentan con sus interacciones. De todos modos los ejemplos de anacoretismo que se han producido en múltiples culturas a lo largo de los siglos también demuestran que hay sujetos que deciden no volver a tener contacto con otros seres humanos y que no por ello se vuelven completamente locos.

El caso más extremo de este tipo de historias es el de la ya citada novela Algo más oscuro que la noche, y también el de El muro, escrita igualmente en alemán, en este caso por la autora austríaca Marlen Haushofer, publicada en 1963 y el trabajo más conocido de esta autora. En El muro una mujer, que ha ido a pasar una temporada en el campo con su prima y el marido de esta, un día se ve aislada en medio de un bosque donde se encuentra la casa de campo a la que la invitaron, sin más explicaciones. Su familia no vuelve y ella descubre que hay una gran extensión de terreno en el que ella se encuentra que parece rodeada por un muro invisible e impenetrable, y que los seres humanos y animales fuera de él parecen haber muerto todos y que están paralizados. No se da ninguna explicación al respecto, ni se apunta a ninguna conjetura por medio de la narración en primera persona de la mujer, aunque se llega a preguntar si se ha producido una guerra. Además por un lado ella se da cuenta de que quizá excavando podría salir al otro lado del muro, pero también le da miedo aquello que parece haber provocado ese extraño fenómeno, y de lo que la protege ese mismo muro.

La novela, de corta extensión, es básicamente el diario de las peripecias de la mujer en su día a día, que siempre está ocupado como en cualquier economía de subsistencia: el cuidado de la casa, el cuidado de los animales que son su única compañía, y que son un fiel perro, una gata vieja y una vaca preñada que le suministrará la imprescindible leche, atender el fuego y apañarse como puede para sobrevivir, cazar y explorar un poco el limitado mundo en el que le ha tocado vivir. A diferencia de Crusoe, que es un ingenioso marino lleno de mañas, que poco le falta para ser Bear Grylls, o de los personajes de La isla misteriosa que fantasean con que cuando sean rescatados tendrán construido poco menos que un ferrocarril, la protagonista de Marlen Haushofer es mucho menos habilidosa y se pregunta qué será de ella cuando le escaseen las cerillas, obviamente no tiene ni la más remota idea de cómo volver a poner en marcha el despertador cuando se le estropea y admite que, en general, bastante bien lo está haciendo poniéndole buena voluntad y sentido común siendo como es una mujer acomodada de mediados del siglo XX. Reconozcámoslo: la mayor parte de la gente perdería las ganas de vivir en un Apocalipsis Z no después de ver cómo devoraban vivos a sus seres queridos, sino después de la primera vez que tuviesen que cagar de campo.

La novela, pues, es ese conjunto de experiencias en unos dos años de esta mujer aislada, sin más compañía que esos animales que le dan cierto propósito a su existencia, a la vez que le procuran alimento como es el caso de la vaca. No hay grandes reflexiones existenciales, filosóficas ni religiosas, aunque sí comentarios y comparaciones con su vida pasada, y tampoco encontraremos refinadas teorías de lo que ha ocurrido fuera del muro, solo la preocupación del día a día que substituye a una vida anterior que cada vez se percibe como más banal y lejana. La mujer se siente liberada del absurdo que ahora ve que era su vida anterior, pero a la vez no deja de observar que vivir como lo hace ahora, preocupada por sus animales y la supervivencia diaria, no deja de ser otro tipo de esclavitud, quizá, eso sí, más elemental y sencilla, y fuera de todo juicio social o de la opinión de los demás.

Es como poco una lectura interesante y a la que desde luego se le agradece mucho su contención, ya que si hubiese tenido cien páginas más de extensión podría haberse hecho insoportable de repetitiva, y de hecho la novela propiamente dicho no acaba como tal, porque la narradora y protagonista pone punto y final sencillamente porque ya ha utilizado hasta la última hoja de calendario o de almanaque que ha encontrado donde plasmar a lápiz sus pensamientos, así que sencillamente... va y se acaba. No sabremos nunca si sobrevivió solo un año más o treinta, si alguna vez cae el muro invisible o si ella hace algún intento por cruzarlo, ni qué es lo que realmente ocurrió el día que se levantó el muro.

La novela se ha analizado de muchas maneras, desde el ecofeminismo hasta otro tipo de interpretaciones que provienen de que pocas páginas antes de acabar su narración aparezca, no se sabe muy bien cómo, un hombre asilvestrado que mata al ternero que tuvo la vaca de la protagonista, y la mujer sin pensárselo lo más mínimo le mete un tiro, sin que se pare después a pensar mucho de dónde ha salido o si eso implica que hay más o menos gente en la misma situación de ella. Bueno, supongo que como siempre cualquier interpretación es posible siempre que se justifique mínimamente, aunque tampoco es tan complicado encajar esta novela en su tiempo y en una tradición literaria que precisamente busca no dar ninguna respuesta, sino todo lo contrario, en una época precisamente donde la literatura del absurdo y de no dar ningún asidero al que agarrarse al lector estaba muy en boga, prácticamente lo contrario de lo que ocurre ahora que si no se lo das todo mascadito y explicado te llora muy fuerte.


Hace no muchos años se hizo una adaptación en película que, como era de esperar, es un poco droga dura, y que obviamente es imágenes de una señora con voz en off hablando en germánico durante hora y media.

-SuperSantiEgo