Bitácora personal para la investigación exhaustiva de los aspectos estupefacientes de la Realidad.
Observatorio político para el seguimiento de la evolución de la guerra eterna entre el Bien y el Mal.
Foro unipersonal que aboga por la consecución de un frikismo cartesiano, racional e ilustrado
El viernes por la noche, por aquello de que tal, hubo miniquedada bloguera en Madrid entre Rinzewind, Maiko y yo mismo en Madrid. Muy guapo él y muy simpática ella... o al revés, que ya no me acuerdo. Yo les caí como el culo, pero qué se le va a hacer: suele pasar. Después de quedar en Ópera con el famoso sistema de cita a ciegas que todos hemos aprendido de nuestro pasado como narcotraficantes fuimos a cenar a un japonés y luego a tomar algo por ahí. Después ella se fue caminando por la calle Huertas y Rinze me dejó tomar a mí el primer taxi para ir a casa, con lo que no me quedó duda alguna: disimularon y esperaron a que yo me fuese para ir juntos a un hotel. Vamos, que a estas alturas me van a engañar a mí.
El sábado como suele ser preceptivo cuando viene de Ciudad Real un graaleiro de la vieja guardia, jugamos una partida de estrategia, de las que ya he hablado en otras ocasiones. En esta ocasión jugamos los cuatro habituales al Napoleonic Wars, que, recordémoslo, se juega con esta chulada de tablero, que será mejor que ampliéis para verlo mejor: Como es tradición, se sortean los bandos, aunque para mí que las cartas tienen memoria, como algunos dicen que tiene el agua, así que casi siempre nos tocan los mismos países. En este caso MA jugó con el inglés, Alejandro con el francés, Javier con el Austríaco y yo mismo con el ruso. Los demás países en principio son neutrales mientras no los lleves a tu facción, y España empieza siendo controlada por el francés, que la jugadita de Carlos IV nos la sabemos todos.
Tablero con todas las fichas dispuestas, cartas y lo demás. La Santa Madre Rusia. Ojito con entrar en ella porque se puede salir escaldado.
Vamos a ver: el juego no engaña a nadie. Son las Guerras Napoleónicas, ¿no? Pues a matarse por la predominancia en Europa a sangre y fuego. No hay otra opción. La diplomacia suele consistir en atraer a las potencias menores para que entren en la guerra de tu bando. Hay toda una serie de acontecimientos y desastres que endilgar al contrario y cosas así. No es un juego de buen rollito, precisamente.
La mano del destino moviendo la voluntad de los pueblos. Si lo viese Omar Khayyám le daba algo.
La figura de Napoleón erguida sobre Europa como un gigante. Peor que los borg, oiga.
Kutuzov y Napoleón en Viena dispuestos a discutir quién lo tiene más grande (el ejército.)
La verdad es que el juego puede salir por donde menos uno se lo espera y poco se suele parecer una partida a otra, pero podríamos resumirlo con que Francia es una apisonadora desbocada que casi siempre se dirige a conquistar Austria, el ruso va a socorrer a su aliado e Inglaterra se dedica a controlar los mares, a que Francia no tenga poder marítimo (lo que le faltaba, vamos), y a hacer la puñeta todo lo que pueda en España. Pasado el tiempo puede ser que algún país sea conquistado, o que llegue a cambiar de bando persiguiendo sus propios intereses. El objetivo del juego es dominar una serie de casillas clave en detrimento de las posesiones de los demás, para llegar en las mejores condiciones favorables a una tirada al final de cada turno que decide si has conseguido la dominación de Europa. Cuanto más avanza el juego, peor se ponen las cosas para todos.
"Prepágguense a seg asimilados. Toda guesistensia es fútil."
Afortunadamente la primera incursión francesa en Austria fue infructuosa, porque a partir de ahí chupamos las del pulpo casi siempre. Al inglés no le fue mal, atacó con sus llanitos de élite desde Gigraltar y dio bastante por saco a nuestros antiguos compatriotas. Aquí se puede ver la capital invadida por la Pérfida Albión. Los españoles contestan levantando contingentes de partisanos y practicando unas guerrillas que a veces son letales.
Registro de las alianzas, turnos y puntos de victoria.
La partida fue, más o menos, típica. No hubo apenas movimientos diplomáticos, excepto cuando yo incluí al turco dándoselo al austriaco, que estaba muy malito, y todas cuantas tropas llegasen nuevas bienvenidas fuesen. En parte así se consiguió que el francés tuviese que dividir sus gigantescos ejércitos, aunque no por eso deja de ser letal. Por regla general mientras avanza el juego la posición francesa, aunque fuerte, se le complica al tener que mantener todas sus conquistas, por el famoso sistema de "el que mucho abarca poco aprieta", que es el destino de todo imperio. El francés también en esta ocasión atrajo al holandés al lado gabacho de la fuerza y con su flota intentó disputar el dominio del Mar del Norte, pero el inglés no se dejó. El ruso, sabiamente, desplegó su flota del Báltico para evitar cualquier tentación de invasión de San Petersburgo, una de las dos capitales. Que nos conocemos.
Como en esta ocasión el juego se demoró mucho apenas si pudimos jugar unos pocos turnos, así que no quedó otro remedio que interrumpirlo, y no ganó nadie.
Qué título más redundante, ¿no? Leyendas del Mundo Friki: Leyenda. Por si las moscas, como siempre, avisamos de que si todavía queda alguien que no haya visto la película, que hay spoilers. De todos modos creo que a estas alturas todos sabemos ya de qué va: el Bien se enfrenta al Mal... y al final el Bien gana.
Uno de los fenómenos más curiosos desde la llegada de fenómenos como La Guerra de las Galaxias fue que todo el mundo quiso apuntarse al carro de ganar dinero con géneros que hasta entonces, salvo excepciones como 2001, se consideraban más bien de serie B. La C/F ya había obtenido su visado como espectáculo de muchos millones y grandes beneficios, mientras que el otro género específicamente friki, la fantasía heroica, aún no había tenido su gran reconocimiento. Siempre hubo películas de lo fantástico, desde luego, algunas magníficas, y las películas mitológicas como la fastuosa Furia de Titanes o Jasón y los Argonautas dejaban bastante claro que el género daba para mucho. Conan el Bárbaro abrió también la veda e hizo a muchos pensar que las espadas, la brujería y los tíos de orejas puntiagudas podían dar mucho que hablar. El mismo Boorman estuvo en conversaciones con Tolkien para ser él quien llevase El Señor de los Anillos al cine, y parecía que su visión la aprobaba el maestro, pero al final la cosa no cuajó y el director británico se desquitó haciendo Excalibur a partir de las leyendas artúricas, en una gozada de película tan excesiva y grandilocuente como el mito en el que se basa.
Sin embargo el género de fantasía propiamente dicho ha dado bastantes tumbos, y no se ha puesto de tiros largos por completo hasta la reciente adaptación de El Señor de los Anillos, tan brillante en lo general como discutible en algunos puntos. A pesar de todo, y quizá por lo excesivo de su metraje y de su presupuesto, no ha generado una moda que se atreva a darle réplica, y sólo han surgido algunas películas de no muy alto presupuesto y pocas ambiciones. Lo de Eragon, casi mejor olvidarlo. La verdad es que es un género bastante complicado que parece no conocer el término medio: o produce algo alucinante, o el churrete a veces muy divertido pero churrete.
Abriendo vías de especulación, podríamos también decir que a la fantasía en sentido propio le hizo la competencia desleal el mismo subgénero de la C/F que participa de la mayor parte de los lugares comunes con ella: el space opera, donde aparecen, sin que a nadie le tiemble el puso, princesas, señores oscuros, dragones, espadas mágicas y lo que sea, sin olvidar a los extraterrestres que hacen de razas humanoides. Star Wars en general es un ejemplo clarísimo, y sobre todo Flash Gordon. El cine de C/F, recordémoslo, ha triunfado especialmente con el space opera, más que con obras que recuerdan a la C/F literaria.
La fantasía de la que bebe Legend, además, está bastante alejada de otras expresiones del mismo género con las que está emparentada, como la gran saga al estilo de El Señor de los Anillos y los millones de plagios que surgieron después. Precisamente a mediados de los ochenta en España se publicaron muchas obras del género, y todos recordaremos la colección de Martínez Roca de Fantasía, la de los lomos amarillos, con la que conocimos a Moorcock y a otros. Precisamente el nº1 de esa colección era Volkhaavar, de Tanith Lee, autora británica que lucía tal que así cuando la mayor parte de los que ahora se hacen llamar góticos no habían nacido:
Pensáoslo bien, góticos: ¿es así como queréis acabar dentro de unos años?
La otra obra que se publicó en esa colección fue precisamente El Señor de la Oscuridad, que cuando la leí hace veinte años me recordó a aspectos tanto de Legend como a Dentro del Laberinto, ya que el señor de las tinieblas es un sofisticado y retorcido demonio, y por supuesto tiene que volver a toda prisa a sus palacios subterráneos antes de que amanezca, igual que sus servidores.
Este tipo de novela fantástica, más poética y reposada, con toques míticos y simbólicos y zonas grises entre el bien y el mal, no tiene mucho éxito si lo comparamos con las que siguen las convenciones épicas, la caña y las batallas grandilocuentes. Y en España me parece que todavía menos.
Trailer de Legend.
Dos ejemplos más para que veáis el estilo visual de la película, por si no lo recordáis.
Los 80 tuvieron sus buenos intentos de llevar por buenos cauces al género. Casi todas se han convertido en piezas de culto, en mayor o menor medida. Desde la malograda versión de Ralph Bashki de El Señor de los Anillos, a Willow, La Princesa Prometida, Lady Halcón, Dentro del Laberinto y Cristal Oscuro. Cada una levantó grandes expectativas y el entusiasmo de cierto sector del público, pero sigo sin ver claro que marcasen realmente una tendencia. Todos los años hay alguna película de renombre y gran presupuesto dentro de la C/F que se estrena en cines con apoyo de los grandes estudios, pero no pasa lo mismo con las películas de este tipo de fantasía, dejando aparte otros géneros como el de terror que a veces podrían ser consideradas dentro de este género, tan amplio y con fronteras tan poco definidas.
¿Y qué pasó con Legend? Desde luego fue uno de esos intentos de hacer "la" película fantástica, y para eso contaron con un director que en principio llevaba todas las papeletas de conseguirlo, pues venía de dirigir dos clásicos de la C/F como eran Alien y Blade Runner, éxitos tanto de crítica como de público. Bueno, pues lo metieron en un embolao del quince. A mí la película me gusta bastante, incluso mucho, pero reconozco que a mucha gente es lógico que se le atragante. La mejor forma de definirla, creo yo, es como película excesiva, retórica, visualmente apabullante sobre todo en su principio, barroca y ante todo... recargada como un capitel corintio o un friso rococó.
Ejemplos de la primera parte del metraje: Años después descubrí que había algo igual de recargado, apretujado y redundante: un dibujo de Todd MacFarlane. A ver si adivináis dónde está Spider-man: Legend es muy recargada. Excesivamente recargada. Y menos mal que lo es, porque si no se despeñase directamente por ese delirio visual desde el principio, con ese bosque encantado lleno de insectos y polen, esos planos psicotrónicos de unicornios que se comunican con sonidos de ballenas a punto de ser sacrificados entre una tormenta de pétalos de flores, dudo que la película fuese mínimamente soportable. Y es que, cuando uno toma ese camino, o lo toma con todas las consecuencias o mejor no empezar por ahí. Por si fuera poco, casi más que una película fantástica es ni más ni menos que un cuento de hadas, con sus tonos pastel, sus princesitas raptadas, y un enfrentamiento puro, simple y a tumba abierta del Bien, que es puro, inocente y heroico, y en Mal, que es muy malo, oscuro y feo, y no piensa en otra cosa que oscurecer el mundo para siempre. El argumento, quizá, y ahí coincide casi todo quisque, es lo que falla: no es del todo una película infantil, aunque por momentos lo parece, y a pesar de que los niños estén ya casi curados de espanto de casi todo hay imágenes como la de abajo que no se adecuan demasiado a lo que se consideraría una película para críos. Para adultos, se queda corta también.
A ti tu novia te querría mucho, pero a todos los demás... mucho más.
Aunque siempre se ha dicho que el guión es flojucho, y lo comparto, analicemos algunos de los arquetipos que se nos muestran. Desde luego está la princesita, la muchachita virginal que en las leyendas europeas puede llegar a tocar a una criatura pura y mágica como es el unicornio. El bosque, tal como se nos muestra, es un lugar mágico, edénico, al que la pizpireta de la princesa acude sin escolta ni nada a mezclarse con un vulgo pueblo idealizado: una figura maternal que hace pasteles y un señor que dormita al lado de la chimenea; lo que se dice una casita de chocolate. El protagonista masculino es una figura primigenia, un habitante del bosque que conoce las lenguas de los animales, y que vive una vida pastoral y sin malicia. Un hombre y una mujer, un jardín del Edén, se viola un tabú al tocar al unicornio, y al romperse el equilibrio del Universo se desencadena el mal en el mundo... ¿Necesito decirlo más claro? Aun así, que el argumento tenga en origen una forma que recuerde al Génesis bíblico no quiere decir que todo vaya a ser igual, ni mucho menos. A nuestra buena amiga Pandora también habría que citarla. La cuestión es echarle siempre la culpa de todo a las mujeres.
El número de personajes es reducido, así que tendremos sólo a dos humanos, aparte los de la casita de chocolate que salen en un par de escenas. Los demás personajes serán los habitantes del bosque, duendes y hadas sacados de un tiempo mágico y original, que ayudarán al héroe a que no se cumpla la profecía de oscuridad eterna, pues nada más morir uno de los unicornios empieza un invierno nuclear que da gloria verlo. Tendremos también a un invitado que se toma prestado del floklore germánico y de las inmortales obras del Bardo, porque si éste no es Puck, que me lo demuestren: Estos personajes del bosque encantado, que representan las fuerzas de la naturaleza, eligen, por supuesto, al personaje humano como paladín para restablecer el orden interrumpido, y se encargarán de guiarlo y protegerlo, de conseguirle armas y de conducirlo al enfrentamiento final contra el gran jefe de los malos. El héroe, siempre una figura sola, luminosa y solarizada, cubierto además de material brillante como su blanca dentadura, se deberá enfrentar así a la misma personificación de las tinieblas, tanto físicamente en un combate singular como con su ingenio.
Reconozco que también siento debilidad por el trío calavera que forman los malos: uno que va con un casco inverosímil, el que parece un cruce entre Alf y un cerdito, y Blix, un trasgo feo como él solo y que presenta una característica muy propia de algunos personajes de los cuentos de hadas y del cuento popular: la manía de hablar haciendo rimas, que también nos puede recordar al demonio Etrigan. Por cierto: Blix está interpretado por una mujer. Este trío será el que rapte a la princesa para conducirla al Inframundo, con lo que la misión del héroe es doble: vencer a Oscuridad, salvando al unicornio que queda vivo, y rescatar a la princesa. Tópico donde los haya, pero a la vez un nuevo tema mitológico que nos vuelve a la memoria, pues siempre que un joven muchacho viaja a los infiernos a recuperar a su novia deberemos recordar el mito de Orfeo y Eurídice, que acabó como el rosario de la aurora, y nunca mejor dicho. También Beowulf entra en las profundidades de la tierra cubierto de metal para enfrentarse a la madre de Grendel.
El personaje que guía a los seres malvados, y que vive encerrado en el submundo oscuro en el que la única luz es la de un fuego eterno, es Oscuridad (Darkness), que luce así de taurino como recién salido de las peores pesadillas de Fra Angelico. Se podría haber optado por una visión del personaje más sutil o más sofisticada, como el inquietante y ambiguo David Bowie de Dentro del Laberinto, pero con toda la lógica del mundo y según la imaginería elegida de la película la maldad tiene cuernos (superlativos) como los antiguos dioses orientales que después demonizó el cristianismo, y luce colmillos y un color de piel completamente antinatural, que si no le pusieron rabo y pelea con una espada en vez de con un tridente fue de milagro. Por si fuera poco más que ser él mismo el Señor de las Tinieblas parece ser un emisario o un mesías oscuro, ya que al ser derrotado, igual que otras veces antes, hablará de "su Padre".
El actor que lo interpreta es el polifacético y aquí irreconocible Tim Curry, un tipo que se apunta a un bombardeo y que parece pasárselo pipa disfrazándose, travistiéndose o actuando bajo una gruesa capa de maquillaje, como en Legend o en It, pues también daba vida al payaso maléfico en la adaptación de la novela de Stephen King. En Legend su voz distorsionada para hacerla extremadamente grave realmente acongoja. Al final, al pobre, lo matan con una especie de rayo láser casero, qué se le va a hacer.
Tim Curry en su salsa. Curry... salsa... ¿lo habéis pillado?
Dentro del reparto habría que destacar a Mia Sara, guapísima, que da réplica a Tom Cruise. Un año después de Legend el zagal ganaría la fama completa con una película del hermano de Ridley Scott, o sea Tony Scott, conocido entre alguna gente con muy mala uva como "el hermano listo de Ridley". Obviamente me refiero a Top Gun. A la chica tampoco le fue del todo mal y sale en otro hito friki como es Todo en un día (la que tiene la musiquita que siempre se oye en los Simpson cuando aparece Duffman), si bien luego se precipitó al abismo en Timecop.
Otra mención aparte es el personaje de Meg, un bicho del pantano que permite admirar lo mucho que se trabajaron los efectos de maquillaje: La escena en cuestión no es que sea especialmente memorable, aunque vemos cómo se recicló otro mito clásico, ya que muere de forma parecida a la Gorgona, lo que me parece muy bien porque los clásicos para eso están, para saquearlos. Lo más curioso es que este personaje, se supone que además femenino, está interpretado por Robert Picardo, nombre que quizá no os diga nada si no lo acompaño con esta imagen: Pues sí, es el médico holográfico de Star Trek: Voyager. No me preguntéis cómo llegó a interpretar a ese personaje en Legend, porque no lo sé.
Aquí un cachondo se hizo un videoclip de Simpathy for the Devil con imágenes de Legend, y está muy gracioso.
Por si fuera poco Legend es una película con leyenda negra incluida. Parte de los decorados de los estudios Pinewood se quemaron, y las últimas escenas se tuvieron que rodar como se pudo. Para colmo de desgracias luego algún lumbreras decidió que la película no estaba bien, le hicieron un montaje que, reconozcámoslo, hace que no se entiendan algunas escenas, sobre todo la del final, y la música original fue substituida por una compuesta por Tangerine Dreams y otros. Nada tengo yo en contra de esa gente, líbreme el cielo, pero cuando la música original te la ha compuesto nada menos que Jerry Goldsmith, uno de los más conocidos heterónimos de Diso, es como para plantearse si no se debería exigir un test de alcoholemia y drogas a los productores y gente similar antes de tomar semejantes decisiones. Sin embargo en Europa sí vimos la versión con la música original, mientras que la otra versión fue la que se dio el batacazo en los USA. La edición con el montaje del director de 2002 con las dos versiones no está disponible en Zona 2. En el montaje del director se añaden escenas, porque la versión que anda por aquí es la de 89 minutos y no la de 113 minutos, que deberemos suponer que estará bastante mejor. El final alternativo está en este youtube, que no puedo incrustar porque el simpático del que lo subió no lo permite. Tampoco es que sea muy alternativo, y es de un pasteleo entre los dos enamorados que empalaga.
En definitiva, una obra más que meritoria, llena de referencias y que pese a sus defectos y problemas para llegar a los cines es sin duda una buena película y en muchos aspectos única en su género, pues se distingue de todas las demás por sus excesos y sus virtudes.
-SuperSantiEgo
Más información de la película y detalles sobre las diferencias de los distintos montajes, aquí.
No, no os habéis vuelto daltónicos de repente. Que no. En la búsqueda incansable de lo estupefaciente a veces nos encontramos cosas así. Es inevitable. La poliédrica y multifacética realidad estupefaciente puede ser abordada desde muchos ángulos diferentes, y por tanto son muchas las aristas que nos encontraremos. Años atrás, recordémoslo porque alguna vez lo he mencionado, me encontré con la página del Centro de Estudios Indoeuropeos, que iba de rollito investigador, antropológico y cosas de ésas, pero que en realidad, pues sí, era lo que era. Lo que más me llamó la atención, aparte de sus peregrinaciones a Santiago de Compostela y el tufillo místico tan habitual en esa ideología, era el lema, que rezaba más o menos “Por un Nacionalsocialismo moderno, no sé qué más y democrático”. Fue un verdadero mazazo en mi conciencia de lo estupefaciente.
Pero se ve empequeñecido ante esto: Partido Libertariano Nacional Socialista Verde. Me imagino que muchos de vosotros, como todos, habréis inventado las siglas de algún partido político imaginario. Unos amigos y yo fundamos el PFUP, Partido Falocentrista Unificado Polivalente, y otro amigo mío es miembro del POE, Partido del Orgasmo Esmerado. En el Debate del Estado de la Nación en la radio teníamos con Luis del Olmo el PABO, Partido Aristocrático, Burgués y Obrero, y el PIS, Partido Independiente Según. Pero esto es realmente superperolífico. Yo creo que intento hacerlo y no me sale.
Seguro que habéis visto más de una vez uno de estos esquemitas, que se pueden hacer en páginas como ésta. Aquí tenéis el ejemplo de un gráfico hecho como divertimento por los mismos creadores de la página en el que sitúan a los distintos compositores de la música clásica en ese sistema de coordenadas.
Se supone que son unas coordenadas en las que un personaje o movimiento se sitúa dependiendo de su mayor o menor autoritarismo y según sus concepciones de la economía. Por cierto, y ahora que me acuerdo, este tipo de coordenadas llevan un nombre bastante característico en honor a su creador:
Me caes tan bien que hasta te perdono que te llamases Renato, fíjate bien.
El partido en cuestión que ahora nos ocupa, creo yo, habría que representarlo así: Lo que se dice nadar y guardar la ropa en todo momento. Analicemos los conceptos uno a uno.
Libertariano. Esto es más complejo de lo que parece, porque es un neologismo reciente en español. Empezando porque en español, para variar, decimos las cosas al revés. “Liberal” en inglés significa rojete, así como socialdemócrata, aceptar el matrimonio de los homosexuales, separación entre iglesia y estado y cosas así. Lo opuesto a un “liberal” en inglés sería más o menos un neocón. En español “liberal”, sobre todo los últimos años, corresponde al tío de derechas de toda la vida, a los que no quieren que los llamen conservadores, y a los que sí que son “libertarianos”, también conocidos con el chusco nombre de “anarquistas de derechas”, un término tan imposible como “nacionalsocialismo democrático” o “Rob! mediocre”. Muchos se identifican con posturas minarquistas o anarcopapitalistas. Ésta es una aproximación un poco burda, pero para hacernos una idea llega. Si queréis más, aquí, y a partir de ahí bajo vuestra responsabilidad.
Nacional Socialista. Esto parece no tener ningún secreto, pero últimamente también nos reímos mucho con cómo utilizan algunos el término. Seguramente muchos habréis visitado blogs e incluso portales de información que pasan por ser serios donde se dice que por ejemplo el actual gobierno de España está compuesto por socialistas y por nacionalistas, así que obviamente son, nacionalsocialistas. Vamos, una lógica impepinable, aristotélica, precisa, perfecta, y tan acertada como decir que 2 + 2 = 22. Detalles como que el nombre fuese más una tapadera que otra cosa no suele amilanar a estos sabios de la filología, ni tampoco que en realidad el nazismo no fuese más que Pangermanismo 2.0 aderezado con las ideas mal asimiladas de la época, desde el socialismo al neopaganismo de madame Blavatsky por medio de la Sociedad Thule, algunos de cuyos seguidores también fueron el germen de tan simpática ideología. Curiosamente a los creyentes en lo paranormal no les están sacando continuamente filiaciones con el nazismo. Debe ser que es un negocio demasiado rentable.
Verde. O sea ecologista. Naturalmente, no os quepa la menor duda, otra de las simpáticas modas que ahora vivimos es decir que los movimientos ecologistas también están estrechamente emparentados con el nazismo, que también poseía un "pensamiento ecológico". Y se quedan tan tranquilos, los tíos. Lo veréis en cienes y cienes de blogs y de sitios de éstos ahora tan de moda que van de liberales. A ver, almas de cántaro: ecologistas, o panteístas, o lo que puñetas quieras llamarlo, ha habido desde siempre. Hay religiones enteras que son "ecologistas" y entienden a todo lo vivo, e incluso a todo el universo, como un todo. Es como decir que ya que Hitler era vegetariano, y tampoco bebía ni fumaba... igual que Gandhi, pues Gandhi era nazi.
Más aun: no sé si alguien se atrevería a decir semejante barrabasada en el Reino Unido, donde los primeros movimientos ecologistas (así como el ludismo), nacen como reacción económica y a la vez del movimiento romántico en la misma Inglaterra. Algunas de sus más destacadas figuras literarias de la época se revuelven contra la industrialización salvaje, la destrucción del paisaje y la alienación del ser humano encerrado en fábricas inmundas alejados del sol y en condiciones infrahumanas. Vamos, que D. H. Lawrence, debía ser un nazi de cuidado. ¿Y qué me decís de Walt Withman, poeta nacional de los EEUU y que no paraba de cantar "a las hojas de hierba"? ¡Menudo facha! ¿Y Thoreau, siempre citado por los liberales como uno de sus ídolos? ¿No es también el padre de los movimientos medioambientalistas? No, eso es llamarlo poco. ¡Era un hippy! Y recordemos lo que piensa de ellos Cartman, fututo neocón de pro y declarado admirador de Hitler y de Mel Gibson: "Cómo loz odio. ¡Odio a ezos híjoz de puta que no zaben máz que eztar drogándoze todo el día!" En ciertos aspectos, sí, el ecologismo se desarrolla en paralelo con los movimientos sociales del XIX, hasta el punto de que ahora se habla por parte de algunos del socialismo como "ecología de lo humano". Pero profundizando un poco más en el asunto preguntémonos en qué sentido eran socialistas y ecologistas los nazis, unos señores que soñaban con conquistar, como derecho natural e inalienable de la raza aria, el este de Europa, y sobre el que gobernar en una estructura política y económica que no se molestaban mucho en ocultar que era calcada del feudalismo. Su modelo era, efectivamente, una sociedad de iguales, pero en el sentido de los espartanos, últimamente tan de moda: iguales entre ellos, pero superiores a todos los demás. Para vivir esa vida de señores, de filósofos artistas y guerreros entregados a una vida plena de sentido como diría el buenazo de Heidegger, necesitaban a un gran número de servidores, que se suponía que iban a extraer de esos países de "razas inferiores", que por algo eslavo etimológicamente significa esclavo. Como medida cautelar, por ejemplo, se proponía que el sueldo más bajo de un alemán fuese siempre superior al sueldo más alto de un polaco. Lo que se dice una aplicación directa de "la tierra para el que la trabaja", "proletarios del mundo uníos", y "el estadio superior del capitalismo es el colonialismo y el imperialismo".
Desde el punto de vista "ecologista" por supuesto que querían convertir Alemania en un vergel, una Arcadia donde la naturaleza sólo fuese interrumpida por obras de arte imperecedero, y en la que jóvenes muchachuelos vestidos con el uniforme de las SA retozarían con ninfas rubicundas, como se veía en el arte que se promociobana en la época. Convertir al resto de los países dominados en un lodazal lleno de contaminación no se veía mal. De hecho el actual nacionalcapitalismo es lo que hace: recomienda sin tapujos mandar la mierda a los países pobres, porque los países ricos obviamente no la quieren y no desean sufrir en carne propia "los costes inevitables de los beneficios de la industrialización", como dicen nuestros buenos amigos los liberales, que no dejan de repetir que "para hacer una tortilla hay que romper un par de huevos".
Nuevamente, si acudimos a la actualidad, los países donde más dinero se gasta en animales de compañía, donde tienen más derechos e incluso con triquiñuelas legales pueden llegar a "heredar" dinero, son los países que se suponen más liberales del mundo. Recordemos lo que decía Camilo José Cela para ilustrar las diferencias culturales entre varios países: "El animal sagrado en Inglaterra es el perro, en Francia el escritor y en España el cura". Don Camilo es que era la leche.
Vamos, que los nazis en sus tiempos eran socialistas y ecologistas... lo que yo les diga. Lo que me podría reír al ver a un libertariano de los de ahora visitando esa página para ver cómo utilizan éstos la palabra que define la ideología de sus amores. Que estos graciosos de Partido Libertariano Nacional Socialista Verde se atrevan a llamarse así... pues que lo hagan. Viendo esa banderita con ese color que tanto descoloca no puede uno sino pensar que más verdes las han segado.
Por último otra cosa que llama poderosamente la atención es que estos nazis tan chapiguays y postmodernos van de "nazis buen rollito", o sea "cada uno en su sitio", y no olvidemos que incluso algunos nazis veían estupendamente el movimiento sionista, o sea "que se vayan todos a ese desierto y estén allí todos juntos". Es el neonazismo de "cada nación en su espacio propio", lo que justifica las políticas segregacionistas y prohibir la inmigración. Como vemos, entre los "amiguetes" está el PNV. Ha pasado más de una semana desde que entré y sigue ahí. ¿Nadie se ha dado cuenta? ¿O es que no les importa? Porque a mí incluso sabiendo lo que sé del simbolito y lo que ha significado durante miles de años antes de que en occidente lo corrompieran y fuese con toda la lógica del mundo un tabú me daría mal rollo que me asociasen con algo así hasta explicándolo.
Esvástica india. Ésta es de las de buen rollo.
Sin embargo, por fortuna, es de lo más habitual hoy en Galicia el uso popular de los trisqueles y tetrasqueles, y en el País Vasco del lauburu, que en definitiva no son más que esvásticas con similares significados que las que vemos en la India.
De verdad que cuando veo cosas como la de ese PLNSV tan curioso no sólo me reafirmo en la epifanía de lo estupefaciente, sino que veo con toda claridad que, como dice el Eclesiastés, infinito es el número de los necios, que su necedad no conoce límite ni frontera, y que como afirmaba Platón la necedad y la maldad al final vienen a ser una y la misma cosa.
[En la Wikipedia hay también un artículo sobre ellos, donde se llega a especular con que en realidad sean poco más que una broma. Se les relacionó también con la matanza de Red Lake High School en 2005, parecida a la de Columbine de 1999.]
A raíz de algunos comentarios que he recibido, y de tantas cosas que he escuchado blogosfera adelante no tengo sino que decir que vivimos tiempos tumultuosos donde muchos no saben dónde está el norte y dónde tienen la punta de la nariz, además de asaltarme las dudas de si yo seré una de las pocas personas cuerdas sobre el manto terrestre. Algunas de las opiniones son, sin lugar a dudas, de juzgado de guardia, y que haya gente con la veintena bien pasada, se supone que algunos estudiantes universitarios, que repitan según qué cosas, es poco menos que alarmante. Por ejemplo, la defensa del "cine palomitas", del "cine entretenimiento", "cada tipo de película tiene su público", y cosas parecidas.
Yo por mi parte sólo distingo dos clases de películas: las que están hechas con amor, arte, sentido del humor, integridad y buen hacer, y las que están hechas con soberano desprecio por el público que las va a ver y por su inteligencia, sin distinguir si por otro lado las podemos categorizar como bodrios pseudofrikis que últimamente han asaltado las carteleras o como rollos supermegametafísicos de interminables onanismos mentales en el que una pareja en un café, mirando por la ventana en la que se ve llover, habla de la alienación inherente a toda relación amorosa. Tampoco cuenta nada la tecnología con la que se hayan hecho, pues si no todo el cine mudo sería una mierda, ni que en origen el producto fuese catalogado como película de serie A o Z. Del mismo modo se pueden hacer maravillas con los nuevos efectos especiales, primando los aspectos visuales y técnicos... o no. Esto tampoco es nada nuevo: en el siglo XIX los teatros de ópera tuvieron que hacerse más grandes por la revolución de la escenografía, que se hizo suntuosa y espectacular, y de la acústica, con orquestas enormes, algo que nada tuvo que envidiar a las actuales revoluciones de los efectos digitales o del 5.1. Pero coño, estamos hablando nada menos que de Wagner y Verdi, o sea que había con qué llenar de contenido esa nueva y aparatosa escenografía y una acústica perfecta. A pesar de que la ópera era también "entretenimiento" o "diversión", hace falta ser muy bestia para pensar que Wagner "sólo" era valquirias y seres mitológicos, o Verdi pasajes bíblicos, cuando la lectura ideológica y política ya se discutió sobradamente en la época. Naturalmente tampoco el minimalismo es garantía de excelencia: en el teatro unos buenos actores con un buen texto, vestidos con ropas actuales en un escenario desnudo, pueden hacernos creer que eso es la Grecia antigua o las calles de Italia, y que a los cinco minutos nos creamos que un tío vestido de Armani es Romeo o el rey de Atenas... o puede salirles un churrete. Se puede hacer una película japonesa de monstruos divertidísima o un bodrio, y del mismo modo no todas las películas de Van Damme o de Steven Seagal son iguales a pesar de que básicamente todas sean historias de buenos contra malos llenas de hostias. Por si se quiere ver más sobre mi opinión al respecto recomiendo de este mismo blog mi análisis de Amanecer Rojo, a la que no pongo nada mal a pesar de que su intención doctrinal es más que evidente.
Un artista de verdad ama a su público, incluso cuando juega con él a despreciarlo, y tanto nos puede estar tomando por el pito del sereno un tipo que se llame George Lucas como si se llama Visconti o Almodóvar. Si algo tengo claro en esta vida es que no he nacido para que me tomen por el pito del sereno (bueno, en el trabajo no queda otro remedio, pero es más triste de robar que de trabajar), y que cuando entro en un cine o abro un cómic o libro una cosa es admitir voluntariamente la suspensión de la incredulidad, y otra muy distinta firmar un cheque en blanco para que el autor haga lo que le dé la gana y yo me quede callado sin rechistar. No sólo no "apago el cerebro", sino que lo activo más si cabe de lo que suelo tenerlo para poder caminar y mascar chicle al mismo tiempo y así abrirme a la experiencia artística y disfrutar con todo lo que un músico, un novelista o un cineasta tienen que ofrecerme.
Ya sé que a alguna gente le pueden parecer poco menos que risibles este tipo de reflexiones, que se supone que deberían de estar más que asumidas a estas alturas del nuevo siglo, pero si entendemos la experiencia artística, sea cual sea su nivel y su naturaleza, en una dimensión aturdidora de la mente y de la capacidad de razonar y sentir, de captar detalles y vivencias... es que hemos estado haciendo algo terriblemente mal durante todo el siglo pasado. Si vamos al cine o leemos un libro para embrutecernos, para anestesiarnos, debe ser que efectivamente el tiempo de la religión como opio del pueblo ha pasado, mucho ha llovido desde los tiempos en que Marx dijo su famosa frase y desde el siglo XIX la famacopea cultural ha inventado muchas nuevas formas de tener estupidizado al pueblo que se cree soberano.
Argumentos del tipo "da lo que promete" tampoco los he entendido nunca. ¿Por avisar de que es mierda deja de serlo o no se lo podemos echar en cara? ¿Si le prometo darle a alguien dos hostias prima el hecho de que cumpla mi promesa o el de que quiero pegarle dos hostias? Es como el argumento de "Yo es que soy muy sincero, así que te digo que eres un hijoputa". La sinceridad es una virtud, nadie lo niega, pero se empaña bastante cuando andas llamado hijoputa a la gente. Del mismo modo avisar de que vas a hacer un cómic/libro/película que es una porquería no quita que sea eso, una porquería. Tiene más delito si cabe. El chopped es chopped, y porque lo declare en la etiqueta eso no lo pone a la altura del jamón. Y precisamente eso es de lo que se trata hoy día, que no sepamos ni siquiera distinguir el chopped del jamón y hacernos pagar lo mismo por uno que por otro. Yo no tengo nada en contra del chopped.
Otro agumento, si cabe más estrafalario, es el de "al fin y al cabo es una película que han hecho para ganar dinero". Cierto, sacándolo de nuestros bolsillos y sin posibilidad de reembolso. Ojalá se extendiese la costumbre de "si no queda satisfecho le devolvemos su dinero, porque entonces sí que se iban a espabilar. A eso sólo puedo responder lo que dijo una vez un crítico literario: "No hay nada malo en ser un pesetero y querer ganar dinero con lo que se escribe. Lo que pasa es que siendo un pesetero Faulkner escribía Luz de agosto, y otros escriben La pasión turca."
Cada vez que decís una giliburrada de ésas hacéis llorar a Walter Benjamin en su tumba, de verdad.
"Dame entretenimiento, distráeme, y puedes llamarme tonto y tratarme como tal", parecen proclamar algunos haciendo no sólo bueno, sino extremadamente suave, todo lo que decía Ortega en La rebelión de las masas, lo que me jode más que me pisen un callo porque el chache no es orteguiano, pero a este paso para algunas cosas me van a obligar a serlo. Ni siquiera el dicho romano debe ser tomado a la ligera: "Pan y circo". Parece una bobada, pero no debemos olvidar los rebotes que se pillaban los ciudadanos de la Urbe cuando les daban mal pan o mal circo, porque los temían los emperadores más que a una invasión de germanos. La Plebe cabreada era de temer, y sólo pedía dos cosas, pero que tuviesen un mínimo de calidad.
A todo esto, como dilucidaron algunos de los sabios a los que debemos todo el aparato teórico para hacer las más variadas críticas de los fenómenos culturales más diversos, tampoco hay una distinción clara entre los "culto" y lo "popular", como algunos quieren hacernos creer, ni es tan complicado dominar algunas de las más elementales técnicas de exégesis de las manifestaciones culturales más comunes. Incluso tomando la terminología "del enemigo" podríamos obtener resultados más que curiosos.
Por si fuera poco, si invocamos a dos fuentes de autoridad como son Orwell y Huxley podremos recordar que en sus monumentales distopías la alienación de lo humano se conseguía también por parte de la alienación estética. En 1984 los miembros del partido aullaban su furia a la telepantalla y escuchaban sofisticadas narraciones de heroísmo barato que por medio del poder performativo del Partido se convertían en Historia, de modo que el último héroe de pacotilla acabado de inventar por Winston Smith se convertía en alguien tan real como César o Alejandro Magno. Por otra parte gracias a la simplificación del lenguaje, pronto nadie sería capaz de entender las antiguas novelas o todo el legado cultural anterior al Partido, que expresadas en neolingua perderían todo significado.
Escuchemos lo que sobre estas cosas decía Orwell: "En cierto modo la visión del mundo inventada por el Partido se imponía con excelente éxito a la gente incapaz de comprenderla. Hacía aceptar las violaciones más flagrantes de la realidad porque nadie comprendía del todo la enormidad de lo que se les exigía ni se interesaba lo suficiente por los asuntos públicos para darse cuenta de lo que ocurría. Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles. Sencillamente, tragaban todo, y lo que tragaban no les hacía mal porque no les dejaba residuos lo mismo que un grano de trigo puede pasar, sin ser digerido y sin hacerle daño, por el pequeño cuerpo de un pájaro". Como muchos dicen ahora con orgullo de esas películas que tanto les gustan: "A los quince días ni te acuerdas de qué iba".
Más brutal era si cabe Huxley en Un mundo feliz, donde las expresiones artísticas eran reducidas a películas en las que se combinaba la acción y el erotismo, en una simplicidad poco menos que ridícula, y donde se incitaba a los seres de ese nuevo mundo más valiente y eficaz a sentir emociones y sensaciones sin la más mínima tentación de reflexionar sobre ellas. Mientras, las clases bajas eran condicionadas a sentir repulsión por la cultura y la belleza, lo que nos puede hacer recordar un poco la ideología dominante de algunos grupos de jóvenes, entre los que tener el más mínimo deseo de conocimiento o salirse de cuatro estereotipos y esquemas simples de pensamiento lo convierten a uno "en un triste". Ser un ceporro parece que está más de moda que nunca.
Y tomando ya el curso principal del artículo, ¿puede haber más "cine comercial", "cine palomitas" o "cine de entretenimiento" que lo que se conocía como una Super Colosal? Ése era el término que se utilizaba para un tipo de películas de altísimo presupuesto, los mejores medios técnicos y todo lo que uno se quiera imaginar que los grandes estudios de Hollywood se inventaron para, dicen, volver a traer a los clientes al cine y competir con la televisión, ofreciendo un espectáculo visual y sonoro que la pequeña pantalla del salón no podía ofrecer en aquellos tiempos de televisores en blanco y negro.
Pensando en muchas de las cosas que se oyen, de las flipadas y de los exabruptos, sólo quedan dos opciones: la gente no tiene memoria, no sabe de lo que está hablando, o una peligrosa combinación de las dos. Incluso de películas meritorias y de impecable factura se dicen, a veces, verdaderas chorradas. Pulp Fiction está muy bien, pero causa sonrojo oír al flipado de turno decir que Tarantino "inventa una forma nueva de narrar rompiendo la línea temporal". Que el que se atreve a decir eso no conozca los infinitos casos en los que directores que llevaban una seria carrera a sus espaldas antes de que naciera Tarantino hicieran cosas incluso más complicadas, no quiere decir que no existan. También es de vergüenza ajena escuchar que de la estupenda Canción de Fuego y Hielo todo quisque repita como un lorito lo listo y buen escritor que es RR Martin por poner a los "personajes de punto de vista", pues lo que hace no es sino el estilo indirecto libre de toda la vida o una versión muy floja de lo que en la novelística del siglo XIX se llama "foco de conciencia", y lo que hace Martin poniendo al principio el nombre de cada personaje protagonista en cada capítulo es más un guiaburros que otra cosa. Después los frikis se quejan de que diciendo cosas de ésas algunos los miren espantados y se hagan cruces diciendo: "Qué atrevida es la ignorancia".
Así pues vamos a fliparlo un poquito menos por lo burro y aprendamos a fliparlo un poco menos por lo legal y como se debe. Tomemos un caso para desmenuzarlo un poco. Podríamos tomar algunas de las supercolosales que tanto abundaron en los 50, pero me voy a centrar en una, porque yo así lo quiero, porque es una de mis películas preferidas y porque yo lo valgo: Como toda película que uno ha visto varias veces y es de sus preferidas siempre hay un recuerdo especial de la primera vez que la vio. Pues yo, para ser más original todavía, explicaré cuál es el recuerdo de la primera vez que no la vi. Me explico: estaba yo con unos quince años un verano en el pueblo de mi señora madre cuando la pandilla se dividió una noche en dos. Unos se fueron al parque a ver por la patilla una película que proyectaban en plan cine al aire libre y otros nos fuimos al río a darle al jarabe de litrona. Como la película es larga de narices cuando volvimos al parque estaba terminando, así que recuerdo perfectamente que en el momento en el que Charles Laughton le hacía entrega a Peter Ustinov de la nada despreciable suma de dos millones de sextercios, le pregunté a mi primo Sergio: "¿Qué película es?" "Espartaco." "Ah." Y ésa fue la vez que no vi Espartaco.
La primera vez que vi Espartaco es también digna de mención, pues a uno de mis tíos que tuvo la estrafalaria idea para un gallego de irse a trabajar a un país extranjero, en particular Inglaterra, se le ocurrió hacerse una casita de uso estival en la tierra de sus mayores, y entre otras se trajo un montón de cintas de VHS. Fui a casa de uno de mis compañeros, creo recordar que entonces cursando COU los dos, y nos vimos Espartaco completamente a cappella, o sea en inglés y sin subtítulos. Y con dos cojones, debería añadir. En ese momento, aparte de mi entrenamiento en la lengua de Shakespeare, y tener que hacer de traductor simultáneo entre mis tíos guiris y mi padre sin recibir a cambio estipendio alguno, llegué a una conclusión precipitada y dije a mi colega: "Joder, tío, sé inglés de puta madre". Falso, Flanagan: entendías a sir Lawrence Olivier de puta madre, lo que tiene tan poco mérito como saber reírse en una película de Chaplin. Al día siguiente me vi una película de Gary Cooper y comprendí que mi dicha era precipitada, y tanto es así que incluso a día de hoy, y como consecuencia del trauma sufrido, no soy capaz de entender un pijo a ese actor, esté o no solo ante el peligro.
Espartaco es la caña. Pero la caña sin paliativos de ningún tipo. Claro que si uno no sabe hacer un peliculón con un actor-productor carismático como pocos que además de estar cachas sabía actuar, con un director que ha pasado a la historia entre los más grandes, con un reparto de lujo con tantas estrellas por celuloide cuadrado como pocas veces se ha visto, con pasta a dolor, con un guionista de la Lista Negra basándose en un best-seller de un buen escritor y por si fuera poco en 70 milímetros, es que es para matarlo.
[Aquí se supone que empiezan los spoilers o destripes de argumento, por si queda alguien que no la ha visto.]
Lo primero que a uno le llama la atención es que la gente haga tantos chistecillos con lo "guay" que parece ser 300, cuando para guay sin medida es Espartaco, que no en vano es "la película de gladiadores" por antonomasia. En pocas películas las féminas y los aficionados al homoerotismo pueden disfrutar, castamente eso sí, de semejante profusión de torsos y muslos varoniles sudorosos y bien formados por un ejercicio físico constante. En el fotograma de arriba, Kirk Douglas peleando con un amigo de John Ford, también conocido como El sargento negro. Aquí se llama Draba, y es una pena que la palme al principio de la película.
Pero no sólo eso, sino que esta película tiene algo de la que tanto 300 como muchas otras otras películas carecen: ¡una escena de sauna! ¿Jugamos al frigidarium? Hum, no, mejor al tepedarium. O si no al teto. Ante la imagen de arriba sólo puede pensar uno una cosa. No, mejor dos. Primero, recuerda uno lo que decía Alfred Hitchcock:"Es imposible hacer una película con perros, con niños y sobre todo con Charles Laughton", y después se fija en el señor de la izquierda, John Gavin, que a pesar de ser moreno interpreta a Cayo Julio César. Y os recuerdo que los romanos llamaban siempre al finiquitador de la República "el divino Julio", a pesar de que nunca vivió en Miami.
Eso sin contar que en la versión restaurada de 1991 se añadió la escena del baño de asiento en la que Craso confiesa a Antonino su pasión culinaria tanto por bivalvos como por gasterópodos. Qué pillín el Craso, lo calladito que se lo tenía.
Añadida esta escena, tiene pleno sentido que cuando Craso se ponga a desbarrar sobre lo mucho que hay que amar a Roma, estar a su servicio y arrodillarse ante ella, y viendo el panorama de que el mismo Craso se identifica a sí mismo con Roma, que entusiasmado dice que ante la poderosa urbe todos se deben inclinar, nadie puede negarse a lo que ella pida... y mucho menos un muchacho... pues no es de extrañar que el pobre Antonino (Tony Curtis), llegue a la conclusión de que su amo lo que quiere es hacer de sus posaderas una bandera de Japón, y tome las de Villadiego a una velocidad que dejaría al hermano de la Bruja Escarlata avergonzado de por vida.
Así que me da la risa floja cuando oigo lo de que 300 es gay. Cuando la guía internacional del ambiente gay se llame 300 y no Spartacus, hablamos. Por si fuera poco, yo viví durante más de medio año en Chueca, en la calle Pelayo, y aunque no le eché en cara a uno de mis compañeros de piso (el que conté en una entrada anterior que se casó en una iglesia recientemente clausurada), que lo encontrase precisamente en Chueca, sí que no le perdonaré que estuviese a escasos cincuenta metros de la sede de la SGAE, de la que se desprendían malas vibraciones por doquier, y alrededor de la que a veces se veían en lo alto a figuras amortajadas volando sobre reptilianas monturas aladas.
Para que nos hagamos una idea de cuándo se hizo esta película, 1960, la Guerra de Corea estaba tan reciente como para nosotros la invasión de Irak, y Vietnam era un país exótico del que habían llegado rumores de que los franceses tenían algunos problemas, y apenas si se entreveía lo que estaba por llegar. Fidel Castro era joven, y los coches de esa época hoy día son considerados clásicos. Faltaban tres años para que Stan Lee y Jack Kirby creasen Los 4 Fantásticos. Desde el punto de vista tecnológico, ENIAC había sido desconectada definitivamente sólo cinco años antes, en los tiempos en los que se creó el Fortran, y en el mismo año 1960 se creó el Cobol. Dicho de otra manera, que fue hace cuarenta y siete años. Va a ser que sí, que ha llovido bastante desde entonces.Y sin embargo eran capaces de hacer esto:Vale, es una imagen estática, pero cuela perfectamente, como el Senado y las calles adyacentes a él. Nos creemos que estamos en Roma. Más de cuarenta años después en Alatriste, no vemos ni una mala panorámica general de cómo era Madrid en la época, para hacernos una idea siquiera. El progreso, amigos míos, claramente no es lineal en lo que al arte se refiere.La humilde morada de Craso. Joder con Craso. No es de extrañar que su nombre pasase a nuestro idioma como sinónimo de tipo forrado de dinero: "Es un Craso". Qué cabrón, el Craso. Además el tío luce un torque durante casi toda la película, recuerdo de sus campañas en Gallaecia, donde amasó parte de su fortuna gracias al saqueo. Julio César siguió luego sus pasos por las mismas latitudes. Posteriormente en la película Graco admitirá que Roma ha desposeído de las dos terceras partes del mundo a sus legítimos propietarios.El Photoshop no se sospechaba ni que algún día llegaría a existir, pero se conseguían cosas como ésta sabiendo lo que se quería hacer y cómo conseguirlo, y convirtiendo el revelado en un arte:Naturalmente, también se cometían algunas inexactitudes históricas. Según cuentan en una de las escenas se ve a Tony Curtis luciendo un precioso peluco de oro. Y aquí veremos a Espartaco consultando un mapa mejor incluso que algunos de los que se utilizaban en el s XVIII. Tiene hasta representadas las principales cadenas montañosas. Eso sí, dibujado en una gran piel:La película tampoco renuncia en ocasiones a las imágenes más elementales con las que despertar la emoción del espectador. Aquí una pareja de esclavos liberados entierra a su hijo recién nacido que no ha soportado la larga marcha y lo duro del clima. Sin embargo, aunque no digan ni una palabra su actitud dolida pero digna nos dice que les queda el consuelo de que murió no siendo esclavo.El cine de chancletas, de romanos o péplum es, por necesidad y por pura lógica, primo hermano del cine bíblico. Espartaco es un Moisés guiando a su pueblo a la libertad, a una tierra prometida que no conocen pero que cada uno guarda en sus corazones con el recuerdo de la tierra de sus padres o con el recuerdo que unos padres que fueron libres les legaron, y de ahí la frase "El mejor vino del mundo es el que cada uno hace en su casa". Aquí está Espartaco en su particular versión del Sermón de la Montaña, en el que sólo puede prometer a sus seguidores sangre, sudor y lágrimas si es que alguna vez quieren ver cumplido su sueño de alcanzar la libertad:Llegado el momento de la batalla nos encontramos con esto:Y sobre todo con esto:No sólo eso, sino que el montador nos alterna las evoluciones en el campo de batalla de las cohortes de las legiones con las caras de congoja de los lugartenientes de Espartaco, que sienten cómo de repente hay algo en la garganta que les impide deglutir correctamente. Viendo semejante tablero de ajedrez que se mueve por ese campo de batalla con una precisión milimétrica obedeciendo a unos simples toques de corneta comprende uno que pudiesen vencer una tras otra a las distintas hordas de bárbaros que los superaban ampliamente en número. Por qué no se hacen ya estos magníficos planos largos donde vemos realmente cómo era una batalla y tenemos que flipar con chapucillas como la escena inicial de Gladiéitor, que en algunos momentos parece poco más que la riña de un bar o una manifa estudiantil con cócteles molotov, es algo que no comprendo, porque medios sobran. Incluso se ve en algunas ocasiones en El Señor de los Anillos, donde a veces todo es confusión y planos cortos que ocultan la incapacidad de crear una escena coherente, cuando de toda la vida se supo poner a dos tipos en un duelo a espada y se entendía todo lo que pasaba. Cuanto más rápido y confuso sea todo, menos se notan los fallos o que no hay más que tajos dados sin sentido. Y si no, la cámara lenta, que debería ser un recurso extremo a utilizar en casos realmente justificados, y que a este paso se va a convertir en el anticine. Por si fuera poco nos alarga las escenas, así que visto cínicamente es una forma de dar menos al espectador por el mismo dinero.Respecto a la violencia, podríamos decir que en la actualidad se le da sopas con honda a todo lo que se hizo antes, y en cierto modo es algo que hay que reconocer, pero con matices. Es innegable que a día de hoy hay una cantidad de violencia explícita como nunca antes se vio. Que la violencia tal como se muestra actualmente tenga el poder y la significación de la violencia administrada por alguien que sabe manejar el medio cinematográfico o literario es algo muy distinto. Sin entrar en tecnicismos, un elemento dentro de un conjunto que lo integra es tanto más relevante cuanto menor sea su presencia. Desde un punto de vista lingüístico el nexo "que", utilizado cientos de veces a lo largo del día, tiene una relevancia casi nula, se pierde en lo común del lenguaje, e igual podríamos decir de los artículos que apenas son muletas de los sustantivos. Las palabras consideradas poéticas, o hermosas, de un contenido léxico específico y único que se refiere a algo especial, tienen relevancia por lo exclusivo de su uso y su rareza. En España, por ejemplo, nos llama la atención el uso común que muchos sudamericanos hacen de la palabra "bello", que en nuestro canon particular reservamos para casos realmente extraordinarios. Dicho en términos más puramente económicos, el oro y las piedras preciosas tienen de mágico no sólo su brillo y sus propiedades, sino la escasez. Una palabra o elemento estético es tanto más relevante cuanto menor sea su presencia en el conjunto. Un sólo "joder" dicho en el momento justo y con la entonación deseada en una película es infinitamente más relevante y decisivo que los cien "joder" que pueden aparecer en otras.Del mismo modo en una película como Espartaco que ha mantenido un nivel de violencia relativamente normal, con grandes intermedios románticos y de discusión política y filosófica sobre lo que es la libertad, nos encontramos con una escena de batalla realmente violenta, en la que fueron censuradas varias escenas por su crudeza, y donde vemos que bastante antes de que naciéramos ya se cocían habas, desde mutilaciones hasta imágenes truculentas y estremecedores gritos de agonía que ponen los pelos de punta:Más aún, ésta es una violencia creíble, e incluso algo nos dice que se queda corta y que la carnicería de una batalla a espadazo limpio debe ser si cabe más brutal. Kubrick nos mostrará también que la violencia tiene su coste: muertos hasta donde alcanza la vista, como en Lo que el viento se llevó. Viendo esto no puede uno sino recordar que por mucho que se entregue uno a la épica, ésta se cobra un alto precio, y que como diría Wellington la única tragedia mayor que la victoria... es la derrota.Por eso me hace tanta gracia que algunos flipen con lo violentas que son algunas películas de ahora, cuando en 1981 en Excalibur, de la que espero hablar mucho y para bien en una próxima entrada, se nos ofrecía un espectáculo visual y efectista lleno de violencia sublimada, tipos con armaduras relucientes agonizando en el barro, escenas gore de cuervos arrancando ojos a los cadáveres, sangre que mana de las junturas de las armaduras, incesto, visiones apocalípticas, paganismo panteísta, religión pasada de vueltas, la búsqueda del Grial... y todo ello en medio de música de Orff y Wagner, de modo que los planos retóricos y la grandilocuencia desbordaban la pantalla.Cuando la violencia no está para cumplir su objetivo, que es sorprender al espectador y clavarlo a la butaca en el mejor momento, ¿para qué está? Perdida su relevancia por medio de la superposición de escenas violentas, y anulado su efecto por la falta de contraste, ¿qué queda? Si a los quince minutos ya hemos visto mutilaciones, chorros de sangre y más muertos que en un cementerio, ¿qué nos queda por ver en las dos horas que quedan? ¿Más de lo mismo? ¿Lo mismo pero con distinto fondo porque el protagonista ha cambiado de pantalla? Sí, Quentin, estoy hablando contigo, no te hagas el despistado.Llega un momento en el que la violencia cinematográfica alcanza el efecto de paradoja, y se convierte en negación de lo que pretendía afirmar. El drama, lo heroico, provoca la carcajada como todo lo que es ópera bufa, que se basa en la hipérbole y la exageración pomposa y sin límites. Algunos lo hacen queriendo, como Jackie Chan, y otros lo hacen sin proponérselo y creyendo que están alcanzando lo sublime. La violencia, sin medida y sin un objetivo a cumplir dentro de un argumento al que anula por completo, de puro absurda se convierte en parodia de sí misma, y llega un momento en que deviene superflua. Si un cuadro es todo rojo... es que es no pasa de ser una pared pintada.Recuperada la memoria visual con estas bonitas instantáneas de la película (stills, para los que hablen espánglico), entraremos en los aspectos realmente centrales de Espartaco.¿Es Espartaco un película histórica? Pues... ya le gustaría saberlo a los mismos historiadores, la verdad. Lo que nos cuenta la película es ni más ni menos que la Tercera Guerra Servil, del 73 al 71 a. C. No sólo se sabe muy poco de ella y obviamente sólo lo que los romanos quisieron contarnos, sino que muchas de las cosas que se saben están en tela de juicio. Quizá el mismo Espartaco antes de ser gladiador sirvió en las legiones romanas y de ahí que supiese organizar a un ejército de eslavos con cierta eficacia, e incluso no se sabe si realmente Espartaco era el jefe de todos los esclavos sublevados o había varios cabecillas al mismo nivel, lo que podría explicar la división del ejército de esclavos en varios grupos y su derrota. Como nunca lo entrevistaron para la radio o la televisión, tampoco sabemos a ciencia cierta cuáles eran sus intenciones: escapar como fuera él y los suyos y que al resto del mundo le dieran morcilla, acabar con Roma o abolir la esclavitud por todo el Mediterráneo e instaurar un régimen basado en los soviets. A saber lo que quería ese buen señor en realidad.Por tanto, Espataco la película queda un poco perdida en lo que es el limbo de lo histórico, y sólo podemos analizar a ese nivel los otros aspectos accesorios, como son los personajes que aparecen en ella. Craso quizá no fuera tan políticamente ambicioso como nos lo ponen, ya que lo suyo eran los negocios, y ni mucho menos era un personaje que buscase ser un nuevo Sila y hacer purgas. Graco, el magnífico personaje interpretado por sir Charles Laughton, sencillamente no existió, aunque lleva el nombre de los dos hermanos reformadores que acabaron muy malamente cincuenta años antes de los acontecimientos que se narran en la Tercera Guerra Servil. Si nos ponemos un poco tiquismiquis, las togas son de juzgado de guardia, pero por lo demás, y si lo comparamos con algunas libertades que se tomaban otra películas de romanos de la época, es muy respetuosa con el contexto histórico. Quizá lo más grave es la ocultación del personaje de Pompeyo, en ésa época de una gran relevancia política y militar, y del que apenas si se dice nada.¿Es por tanto Espartaco una película histórica? Sí en tanto que nos muestra un contexto histórico bien claro y una sublevación de esclavos que en realidad ocurrió. Respecto a todo lo demás es una película de gran espectáculo, una superproducción, grandes decorados, extras a montones, música espectacular... y fundamentalmente la gesta, inventada literaria y cinematográficamente, de un Jesucristo laico, de un superhombre que desde la esclavitud se levanta contra la alienación y la injusticia y se atreve a gritar a sus amos que no es un animal y que tiene tanto derecho como ellos a vivir plenamente su vida en libertad. Casi na.Espartaco fue siempre, desde que empezaron los movimientos sociales, un símbolo para esas luchas. A día de hoy la esclavitud no es reconocida por ningún Estado, y sólo existe como fenómeno residual y escondido en algunos lugares. La Revolución Francesa abolió completamente la esclavitud... y Napoleón la reinstauró para las colonias. Qué majo, Napoleón. Aunque nos parece muy lejano, no hay que olvidar que el último país americano en prohibirla, Brasil, lo hizo en 1888. Hoy se habla de fenómenos como el tráfico de prostitutas y el trabajo infantil como modernas formas de esclavitud, y muchos cuestionan que nuestra pretendida libertad en realidad no es más que una forma de esclavitud encubierta. El s. XIX vio la paulatina erradicación de la esclavitud, y es a la vez el siglo donde surgen con fuerza todos los fenómenos de emancipación de la clase trabajadora. Pero en el caso del esclavo, éste está privado incluso de la propiedad de su propio cuerpo y de su vida, y no dispone de ella en absoluto. Ni siquiera posee la riqueza básica del proletario, su descendencia, su prole, que automáticamente pasa a ser propiedad de su amo. El marxismo ve también un continuo en la relación de explotación de los seres humanos por los seres humanos desde la esclavitud, la máxima expresión de la alienación del trabajador, pasando por la servidumbre y por fin al proletariado, que terminará liberándose de sus últimas cadenas para alcanzar la verdadera libertad por medio de la propiedad colectiva de los medios de producción. Quizá algún día os cuente también cuál es la explicación de la esclavitud y su superación según los liberales más despendolados, y ya veréis como nos reímos todos. No es de extrañar por tanto que Espartaco se convirtiese en un símbolo de la integridad del ser humano por la lucha de su libertad. En cierto modo, también, Espartaco es una figura moralmente superior a muchos niveles, pues otras rebeliones pueden ser puestas en cuestión, como hicieron y hacen algunos con la misma Revolución Francesa, pero la deuda moral que tiene un amo con su esclavo es poco menos que infinita, pues lo priva del hecho elemental de ser persona, y desde nuestro punto de vista actual nada justifica la esclavitud. En las luchas de liberación o resistencia de unos pueblos sobre otros puede haber discusiones, quién empezó primero, cuál es la reacción proporcional a la injusticia o quién ha perdido la superioridad moral, pero en el caso de Espartaco, a pesar de lo poco que sabemos de su lucha, se puede decir que tenía la razón al cien por cien. Incluso en las rebeliones de esclavos de Haití y Jamaica, por muchas burradas que hiciesen los amotinados, ¿cómo podrían compararse al hecho de esclavizar a alguien, llevárselo de su tierra y mandarlo a medio mundo de distancia para ser poco menos que ganado humano? Como ejemplo reciente en el cine tenemos el caso de la película Amistad de Spielberg, que se toma alguna licencia aunque básicamente cuenta una historia real. Y, recordémoslo, también hubo duras críticas desde el momento en que, aunque los hechos fueron así, quizá no se eligió la mejor forma de presentarlos, y una cosa es que Isabel II no fuera una señora muy espabilada y otra que fuese una niña tonta del culo. Como algunos recordarán, la película de la que hablo está basada en la novela Espartaco, de Howard Fast, un conocido escritor de la época. Antes de decir nada sobre él, leed los últimos párrafos de la novela, que nos aclaran un poco más de lo que ocurre después de que Varinia, la mujer de Espartaco, escap con el hijo de ambos. A ver qué os parecen:"Este tipo de vida fue el que vivió el hijo de Espartaco y vivió y murió como su padre... Murió luchando y en medio de la violencia en que había hallado la muerte su padre. Los relatos que hizo a sus hijos fueron menos claros, menos precisos. Los relatos se convirtieron en leyendas y las leyendas se convirtieron en símbolos, pero la guerra de los oprimidos contra los opresores continuó. Fue una llama que se propagó hacia las alturas o decayó, pero nunca se extinguió, y el nombre de Espartaco pervivió. No era ya cuestión de descendencia a través de la sangre, sino de descendencia a través de la lucha común. Llegaría un día en que Roma sería arrasada, no solamente por los esclavos, sino por esclavos, siervos, campesinos y bárbaros libres que se les unirían. [¿? Este párrafo reconozco que no lo entiendo.]
Y en tanto que el hombre trabaje y otros hombres tomen y usen el fruto de los que trabajan, el nombre de Espartaco será recordado, susurrado algunas veces y proclamado en voz alta y clara otras veces."
¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo serrano? Alguno estará pensando: Este Howard Fast debía ser un rojo de cuidado. Y tanto. Como que pertenecía al Partido Comunista. Porque, efectivamente, durante los primeros decenios del s XX hubo una importante presencia de los partidos socialista y comunista en los USA, como se ve en la película Reds, del rojeras Warren Beatty. Pero los años cincuenta fueron también los años del famoso macarthismo, la Caza de Brujas y el Comité de Actividades Antiamericanas. Howard Fast fue rápidamente localizado y llamado a declarar, se negó a colaborar y en los tres meses que pasó en la cárcel, siguiendo una tradición tan antigua como la literatura misma, se puso a escribir la que sería su obra más conocida, Espartaco. Mientras, sus obras fueron retiradas de las bibliotecas públicas, y cuando terminó de escribirla le resultó casi imposible encontrar editor, por lo que tuvo que autoeditarse. A pesar de ello alcanzó un éxito como no podía imaginar.
Aunque el macarthismo es uno de los episodios más vergonzosos de la cultura estadounidense, diez años después se había relajado mucho el asunto, entre otras cosas por la chulería de estrellas como Humphrey Bogart que retaron a las autoridades a que tomasen represalias contra ellos, con lo que a ver cómo habría reaccionado el público. De todos modos muchos de los que estaban en las listas negras siguieron trabajando con pseudónimos o por medio de testaferros, como se ve en la divertidísima La Tapadera, de Woody Allen. Uno de ellos fue Dalton Trumbo, autor de Johnny cogió su fusil, considerada como una de las novelas más antibelicistas que se han escrito. Trumbo fue al fin reconocido por su labor como guionista en los créditos de Espartaco y Éxodo, lo que se considera oficialmente el fin del macarthismo. Como detalle de justicia poética el senador McCarthur acabó siendo él mismo purgado y dejado en el olvido.
Siguiendo con la película, y considerando que el argumento se las trae, podríamos decir que es casi imposible que salga algo como mínimo más que aceptable. Afortunadamente se juntaron los talentos de un escritor, un guionista y un director, Stanley Kubrik, al que todavía no se le había subido del todo la megalomanía. Yo soy de los que prefiere la obra del primer Kubrik.¿Quién puede olvidar el diálogo entre el pirata cilicio y Espartaco, cuando el primero le pregunta si en realidad sabe que van a perder? Espartaco replica que no pueden perder porque no tienen miedo a la muerte: para el hombre libre la muerte es el fin de la vida y de su alegría, pero para un esclavo es el fin del sufrimiento, y por eso son invencibles. Si eso no es una paráfrasis de la frase final del Manifiesto Comunista, "Proletarios del mundo, uníos, pues lo único que tenéis que perder son vuestras cadenas", que me lo demuestren. En su segundo encuentro, cuando se ve que todo está perdido, el pirata se ofrece a llevarlo a él, a su esposa y a sus capitanes a lugar seguro con parte del tesoro, y cuando le insta a que le dé una respuesta a su ofrecimiento, Espartaco sencillamente le responde con desprecio absoluto: "Vete", sin mirarlo siquiera. El pirata cilicio, obviamente, se queda perplejo y no es capaz de comprender la postura de Espartaco.El enfrentamiento con Craso es explotado también a todos los niveles. Craso es la figura del aristócrata que sólo consigue por el miedo y el soborno lo que Espartaco recibe por ser quien es: el amor de Varinia y la adhesión de sus soldados. La cara que humillación que pone sir Lawrence Olivier en la inmortal escena de "¡Yo soy Espartaco!" es como para ponerle marco, y es donde entiende que incluso vencido el antiguo esclavo es mejor que él, todo un patricio romano. Como diría V, el protagonista de V de Vendetta, en ese momento se da cuenta de que se puede luchar contra un hombre y matarlo, pero no destruir la idea que representa.
En la escena de "¡Yo soy Espartaco!" a Kirk Douglas se le escapa una lagrimita. Yo tengo preparado siempre el paquete de pañuelos, igual que al final de Doce del patíbulo. En realidad, según las fuentes romanas, el cuerpo de Espartaco no fue identificado en el campo de batalla, y se le dio por muerto.El posterior encuentro entre los dos es si cabe más brutal, cuando Espartaco, identificado por fin, se niega a dirigirle la palabra a pesar de que Craso le insiste que debe responderle. Un nuevo paralelismo: Jesucristo guardó silencio ante los que lo juzgaban. La cara de desprecio de Kirk Douglas dice más que cualquier contestación, y justifica la reacción desesperada de Craso, nuevamente humillado, que le cruza la cara de un tremendo hostión que llega de improviso y que el espectador siente como si lo recibiese él mismo. La Historia también le pasaría factura a Craso, y en su temeraria incursión contra los partos Roma sufrió la pérdida de los estandartes de su ejército, Craso murió y su cabeza cortada, a la que se derramó oro derretido en la boca para burlarse de sus ansias de riqueza, fue exhibida en la corte del rey, muy orgulloso él de que sus tropas venciesen a un ejército romano mucho más numeroso que el suyo. De esa expedición surge el mito de la Legión Perdida, que dicen algunos que pudo llegar hasta China. Las siguientes escenas son también de un dramatismo exacerbado para acentuar la tragedia de los vencidos y hurgar despiadamente en la herida. Primero, Espartaco y Antonino deberán luchar a muerte, y el que sobreviva será crucificado. Los dos personajes se enfrentan a la paradoja de hacerle un favor a la persona que tanto quieren matándola, y así ahorrarle el suplicio de la crucifixión.El final no corresponde exactamente con el de la novela de Howard Fast pues se decide acabar la película con una imagen que une a la vez el lirismo y la tragedia más cruel, cuando Espartaco en la cruz ve por primera y última vez a su hijo, que vivirá libre, y Varinia le suplica que se dé prisa en morir para que así sea más corto su sufrimiento.Espartaco, necesario es recordarlo una vez más, ha sido contemplado como el protorevolucionario, igual que en el cristianismo San Esteban es el protomártir. No es de extrañar que Fast, y luego en la película lo mismo, se decida a hacerlo morir en la cruz con el resto de los esclavos, como un Cristo laico cuyo sufrimiento marca el punto de partida de todos los oprimidos hasta la "lucha final".También deberíamos acordarnos entonces de que no muchos años antes que Fast otro conocido autor, Arthur Koestler, en origen tan rojo como él, había escrito Espartaco y la Rebelión de los gladiadores:
Menudo morro los de Salvat. Y ponen a Kirk Douglas en la portada tan tranquilos.
Koestler, después de una juventud en la que apoyó los primeros pasos de la Revolución Soviética, se opuso al stalinismo, como haría el mismo Howard Fast al criticar la invasión de Hungría en 1956. Su obra más conocida es Darkness at Noon (traducida al español muy creativamente como El cero y el infinito) sobre las purgas stalinistas, y también es de destacar Ghost in the Machine, que sí, como os podéis imaginar influyó en que Ghost in the Shell se llamase así. De hecho yo debo ser de las pocas personas en el mundo que cuando vieron eso escrito en inglés en el manga pensó: "¿El espíritu que mueve la máquina? ¿Como en el Tratado del hombre de Descartes?"En Espartaco de Koestler nos podemos encontrar joyitas como ésta, dicha por un miembro de los esenios, secta judía en la que muchos dicen ver los antecedentes del cristianismo: "-Bienaventurados aquéllos que cogen la espada en su mano para acabar con el poder de las bestias, los que construyen torres de piedra para ganar terreno a las nubes, los que suben la escalera para enfrentarse al ángel, porque ellos son los verdaderos hijos del hombre." Tanto Howard Fast como Arthur Koestler eran judíos, e igual que todos los que nos hemos educado en el mundo católico hablamos queramos o no a veces en términos de expiación o retribución, los judíos no pueden escribir nada sin que les salga el mesianismo que impregna toda su cultura. Ambos proponen a Espartaco como a un salvador, un ejemplo, un Mesías de los esclavos y a pesar de su fracaso una promesa de libertad futura. El continuo fracaso contra la opresión no debe verse como algo que desanime, sino como un paso más hacia un objetivo que por duro que sea no se debe entender inalcanzable. La visión de Koestler, por cierto, es bastante más sombría.Tanto es así que Espartaco fue el símbolo elegido por el grupo de los espartaquistas o Liga Espartaquista, fundada entre otros por Rosa Luxenburgo, y que en 1918 apoyó en intento de revolución en Alemania tomando como ejemplo la de Rusia. Poco después se rebautizaron nada menos que como Partido Comunista Alemán. El Levantamiento Espartaquista fue desmantelado por lo que quedaba del ejército alemán recién vencido, los Freikorps que luego serían en parte el germen del movimiento nazi y, quién nos lo iba a decir, el Partido Socialdemócrata Alemán. No, si ya decía Marx por algo que el socialismo burgués lo cargaba el Diablo.Como dije en el anterior artículo sobre La carga de la Brigada Ligera, el progreso en las artes, si es que existe, es errático, nunca lineal, y puede parecernos que a veces da pasos hacia atrás. Espartaco ha resistido la prueba del tiempo, y es un ejemplo de equilibrio de forma y contenido, una gran superproducción con los mejores medios y la mejor tecnología para contar una historia grandiosa, una epopeya que no es verdad ni mentira sino todo lo contrario, y que aspira a llegar a una verdad profunda por medio de la invención de una visión coherente dentro del hecho artístico. Y todo eso, por supuesto, sin renunciar en ningún momento a llenarse los bolsillos.Sin llegar a los extremos de los wagnerianos, que esperaban que el espectador de la ópera saliese renovado y conmocionado del teatro después de ver una obra total que compendiase todas las artes y que expresase por completo una Weltanschauung (cosmovisión), creo que los modernos sistemas técnicos pueden, y sobre todo deben, ponerse al servicio de una concepción del arte y del espectáculo como elevación y superación, no como aborregamiento y, en suma, como poderosa alienación dirigida contra un sujeto que cada vez está más indefenso ante los mecanismos de manipulación de la realidad. Si no, estaremos ante un nuevo y grave caso de desbordamiento de la razón instrumental, que ya no sólo se postula a sí misma como único saber posible, sino como única estética posible, y nos amenaza con el totalitarismo de una realidad distorsionada por los intereses de los que nos quieren hacer pasar por oro el simple latón, y que quieren hacernos confundir las luces del abismo con las huellas estrelladas que dejan en el barro blando de un lodazal las patas de los gansos.Las modas pasarán y se supone que, si tenemos suerte, veremos avanzar nuevamente lo estético, que dejará de ser considerado como un mero sistema más de producir ideología, aquiescencia ante el poder y dinero. Mientras, en estos tiempos tan extraños y turbulentos que corren, y que a veces nos dejan tan extrañados al ver y oír cosas que se suponían más que superadas, no nos deberá extrañar que muchos se entusiasmen con el famoso "espejismo espartano", que aunque algunos no se lo crean ha dado que hablar mucho a lo largo de los siglos, y nuevamente los ilustrados, aunque hijos bastardos de Atenas, tendremos que combatirlo. Viendo el renacimiento de algunas ideas que ya se tenían por periclitadas tampoco es de extrañar que "a estas alturas de la película" algunos se entusiasmen ante las pisadas de los gansos y griten "¡Viva Esparta!" sin saber lo que gritan , y nos hagan recordar a muchos que lo que hay que gritar es que no somos animales, y que todos somos Espartaco.
-SuperSantiEgo
[Nota: Este artículo es un estudio preliminar para la glosa que estoy preparando sobre las críticas de David Brin a Star Wars y la concepción homérica de la épica. Pronto en las pantallas de sus ordenadores.]