Pero los tiempos de Enver Hoxha ya hace mucho que pasaron, y Albania, uno de los más firmes seguidores de las doctrinas expresadas en 1984, por fin ha abandonado los senderos sinuosos de la Hidra Roja y camina firme y decidida por la senda diáfana y gloriosa de la liberalización y el libérrimo mercado, aunque inexplicablemente sigue yendo de culo y con una corrupción política espantosa, cosa que sólo podemos atribuir al poso intervencionista y colectivizador. La verdad es que el grado de aislamiento del país y las extrañas ideas que consiguió inculcar en su pueblo, paranoias de invasiones incluidas, sólo son comparables con las de la actual Corea del Norte. Y sí, Albania con su régimen fue puesto más de una vez como ejemplo de lo que era un "Estado ideal socialista", en algunos casos por intelectuales que siguen en activo.
Volviendo al asunto religioso que nos ocupa, recuerdo con fervor un reportaje en el que se contaba la primera visita del Santo Padre Juan Pablo II a Albania en 1993, con los testimonios de creyentes que recordaban los malos tiempos en los que tenían que ocultar sus convicciones y ocultar los símbolos religiosos, y cómo se cotizaban los relojes suizos no por su valor ni por la perfección de su maquinaria, sino por la crucecita en la esfera que les permitía lucir un símbolo religioso que sólo los ignorantes confundían con glamour.
Pues eso: por fin en Albania todos los verdaderos creyentes pueden hacer gala de su fe. Ya podemos exhibir con orgullo lo que somos. ¡Y lo que somos es pastafaris!
¡En Tirana por fin ser celebra la Navidad Pastafari con un árbol hecho de espaguetis! ¡El hermano Xhovani Ziu (nombre claramente pastafari), no se avergüenza de sus creencias y puedo imaginármelo haciendo la foto vestido como sigue:¡Ramén, hermanos! ¡Ramén en el nombre del MVE! ¡Atreveos todos a sentiros tocados por su apéndice tallarinesco!
-SuperSantiEgo









