7.10.13

Así sí: Pacific Rim. Así no: After Earth

A veces puede parecer que uno no acepta ciertas cosas por sistema, pero no es el caso. Por ejemplo todo tiene su momento y su lugar. En el cine de barrio de mi barrio al que yo iba de pequeño, que estaba a apenas cinco minutos andando de mi casa, y casi casi enfrente mismo del colegio al que yo iba, es donde me vi yo algunas pelis de monstruos japonesas, más malas que un dolor y que la carne del pescuezo, y que sin embargo como infante nos encantaban a mí y a mis amigos. ¿Qué hacía uno el sábado por la tarde? Pues ir al cine con los amigos, allí te encontrabas con casi la mitad de tu clase y bueno, entre palomitas, caramelos y otras guarradas que te comprabas en el mismo quiosco que había a la entrada del cine, pues echabas la tarde. Entiendo pues que los niños de unos diez años se lo pasen como macacos viendo una película como Pacific Rim, y que los adultos, con cierta condescendencia, ánimo lúdico y muchas ganas de concederle cierto crédito a la película, también.



Aunque no he explicado de forma explícita la teoría, creo firmemente que hay ciertos personajes, estilos o incluso géneros, que sencillamente no se adaptan a la modernidad, o mejor dicho no sobreviven a su propio tiempo. Eso no quiere decir que no tengan validez por sí mismos, considerados en su contexto. La demanda del Santo Graal es una obra bajomedieval muy interesante, pero escribir eso mismo ahora, y con el mismo mensaje, no sólo es imposible, sino que además quedaría... francamente muy raro. Las novelas de aventuras de Salgari son gozosísimas, pero eso mismo, con el mismo bagaje ideológico, sencillamente ahora es intolerable, tanto desde el mismo punto de vista ideológico como el estético. Del mismo modo, si tomamos una película como King Kong, se entiende dentro de su contexto: isla misteriosa, criptozoología, y en definitiva un mono muy grande que en el primer tercio del siglo XX monta cierto cacao en medio de una ciudad como nueva York. Eso sí: montan la escena espectacular con el mono subiendo al Empire State para que lo ametrallen los aviones tipo Primera Guerra Mundial en la escena correspondiente, el equivalente de nuestras escenas superépicas de efectos especiales. King Kong en cierto modo es el el abuelo de las películas de monstruos japonesas, y éstas a su vez en su contexto se comprenden: monstruo grande como un mundo al que nadie puede parar en aquellas décadas no demasiado lejanas, y en las que aparecía siempre alguna extraña organización mundial o semejante, dotada en ocasiones de alguna extraña tecnología medio futurista, con la que dominar al bicho. Oye: despiporre. Del mismo modo el género mecha, el de los robots gigantes, tenía también su lógica interna, aunque desmadrada: mundo más o menos parecido al nuestro, aunque con extrañas tecnologías capaces de hacer robots gigantes, y sobre todo en muchos casos se trataba de dibujos animados, lo que era toda una ventaja si consideramos que cuando el medio es el mensaje esa deformación nos permite alejarnos de nuestra realidad de forma mucho más eficiente que con la imagen real, y aceptar según qué cosas. Por ejemplo a mí las series de dibujos animados de superhéroes siempre me han parecido, incluso dentro de sus limitaciones, como más lógicas y satisfactorias que las películas de imagen real, por la sencilla razón de que por el hecho de ser una representación estilizada de la realidad permiten crear una realidad alternativa completamente irreal y mucho más fácil de asimilar. Da igual lo bien hecho que esté en imagen real: Spider-man, como concepto a aceptar de forma efectiva en nuestro mundo, no deja de ser una ridiculez. En un tebeo, en papel, funciona, y también en un dibujo en movimiento, pero en serio... un tipo en mallas haciendo cabriolas por la ciudad... la gente se partiría de risa cuando lo viese. En tebeo parece la cosa más lógica del mundo que un tipo que quiere convertirse en luchador contra el crimen se vista de rata voladora, pero siempre que uno lo ve con un actor, por bien hecho que esté, hay algo que chirría. Cuando veo a Daredevil en un tebeo que en una de sus imágenes icónicas se lanza al vacío y luego interrumpe su caída con un cable y se balancea, me lo creo, pero si es mismo lo veo en imagen real sólo puedo pensar: "se le deben haber salido los hombros de su sitio pero ya".

Pues algo así le pasa a Pacific Rim. Hemos visto en mangas y pelis anteriores cosas mucho más exageradas, pero el hiperrealismo de los cgis, que ya han llegado a la imagen de síntesis, que consiste en que una imagen generada pueda pasar como una imagen real, no deja de provocar en ocasiones el efecto contrario. También en esta película se constata cómo en ocasiones la potencia sin control no sirve de nada, y cómo, recordémoslo, que una cosa se pueda hacer no significa que se deba hacer. Al trabajar en un entorno virtual se consiguen cosas como que la dinámica de fluidos deje de funcionar por el simple hecho de que nadie se acuerde de ella, y por ejemplo cuando una mole de infinitas toneladas surge del océano a pocos metros de un pequeño barco pesquero éste no se va a tomar por el mismísimo saco por las brutales turbulencia, y que al poco al otro lado surja un robot gigante de infinitas toneladas más una y no pase lo mismo, sin olvidarnos de que el fondo marino en el se tienen que sustentar esas moles para permanecer bellamente de pie básicamente existe o deja de existir según convenga. Eso, con las miniaturas o maxituras, no pasaba. Y es lo que yo digo: si eso mismo lo veo en un manga, o en un dibujo animado, ni me lo planteo, pero cuando el que me muestra eso se empeña en hacerlo parecer real por medio de la imagen de síntesis, en ocasiones el efecto es tan bueno que curiosamente lo que se produce es el rebote paradójico de que me dé cuenta de lo incoherente e imposible que es lo que tengo delante.



Algo parecido ocurre cuando uno piensa, en el colmo del cinismo, que no sabe qué opinar del hecho de si esos extraterrestres transdimensionales harán buen uso de nuestro planeta y sus recursos cuando lo conquisten, pero que desde luego peor que una raza de retrasados mentales profundos privados de la más elemental razón como nosotros, seguro que no. Porque hace falta ser... no sé ni lo que llamarlo. En la mencionada King Kong vemos cómo una ciudad desapercibida de lo que le va a pasar con un gorila gigante suelto por sus calle tarda en reaccionar, pero no deja de ser un mono grande al que un buen envenenamiento de plomo a gran velocidad por vía cutánea lo termina parando en cuanto a la policía y al ejército se les pasa el susto inicial. En años pasados, un bicho gigantesco como Godzilla, que además era el resultado de algo... ¡atómico!, y tenía el aliento ¡atómico!, pues era medio creíble que pasase sin demasiado daño a través de unos tanques que a su lado parecían los nuestros de plástico de juguete, que comprábamos en sobres de papel. Ya empezamos a ver que algo falla cuando en la versión de 1998, que tampoco era tan mala, aquello no tenía mucho sentido: la pedazo de iguana era grande, cierto, yo cerca no la querría tener, pero había ya demasiadas excusas: "Es que va muy rápido", "Es que está muy frío", "Mi perro se comió los deberes". Ya. Por si fuera poco, un buen porcentaje de frikis es además aficionado a saberse de memoria características de mucho material militar, y... sin serlo algo ahí no casa bien, lo ve todo el mundo. Estará frío, se moverá rápido, pero con la moderna tecnología militar un bicho de ese tamaño hecho de carne aguanta... un ratito, un ratito muy pequeño.

Pues por eso mismo vale, se abre una grieta transdimensional en el Pacífico, y no sé. Si hay tecnología para hacer jaegers, ¿no la hay para crear unas rampas de misiles submarinos con explosivos demoledores que aniquilen a todo lo que salga de ahí? Aun en el caso de que terminasen saliendo de ella para atacar ciudades, ¿sabéis lo que es un bombardeo costero con piezas de artillería que lanzan obuses de más de una tonelada? Y qué me decís de un bombardeo desde altura con B 52 que aniquilan desde el cielo a todo lo que se mueve con una precisión increíble? Porque son... bichos. Grandes del carajote, pero bichos que cuando les das de hostias terminan haciéndoles pupa y mueren. Bichos que cagan y cuya caquita, nos cuentan, sirve de abono. Ni siquiera se molestan en poner alguna excusa de tipo lovecraftiana, de que sean de materia transdimensional o algo así, y no les afecte del mismo modo la energía cinética, yo que sé. Pues no: vamos a vencerlos, pero a nivel épico, porque como ya se ha explicado a veces en este blog, la mitad de las cosas en este mundo se arreglan solas y la otra mitad... a hostias. ¿Recordáis cuando en esa peli de Nick Cage evitan el Apocalipsis... a leñazo vivo dándose una chaqueta de hostias con el mismo Satán? Pues aquí lo mismo: vamos a ver quién es el más kíe y los tiene más cuadraos, además de la cabeza, y cuando Idris Elba dice que hoy van a evitar el Apocalipsis sólo le falta añadir la coletilla "¡Y lo vamos a hacer a hostia batida, como en mi barrio de Baltimore cuando me dedicaba a pasar papelinas!"

Es verdad: ¿por qué vas a hacer algo de forma racional y sensata, evitando que la humanidad esté al borde de la extinción (que tampoco entendemos muy bien por qué, pero bueno), cuando puedes hacerlo en nivel LEGEN... espera un momento... DARIO?

La verdad es que a pesar de todo esto, y que son detalles que no consiguen que uno termine de entrar del todo en la película por lo que os he dicho, que todo es supuestamente tan real visualmente que se da de tortas con la más elemental compresión de la realidad, la película me ha gustado. Contagia cierto entusiasmo a pesar de eso y de que, como todo el mundo ha señalado, los personajes tengan la consistencia de una espuma de pimiento de Ferrá Adriá, y los hayamos visto mil veces: "Soy un tipo acabado y golpeado por la tragedia, pero a pesar de eso me dan una segunda oportunidad y podré redimirme", "Me llamo Iniko Monitoya, tú mataste a mi familia. Prepárate a morir", "Soy el piloto chuloputas que desprecia a todo el mundo, pero al final resulta que pese a mis defectos tengo unos cojonazos como sandías, lo que seguramente ya habríais deducido porque me gustan los perros", "Soy el militarote negro con peinado al uno, inflexible pero justo y lleno de nobleza baturra". "Tenemos que ver quién es compatible con quién para montarse en el jaeger, ¿qué tal si hacemos unas pruebas para verlo con esta tecnología neural tan avanzada que tenemos?" "Buena idea, pero podemos hacerlo también a ojo... ¡por ejemplo dándonos de hostias!" El que hizo el guión de esto era vasco, probablemente del Toro es de origen vasco, pues como todo el mundo sabe el chiste de vascos más famoso es "Oyes, Patxi, ¿y por qué vamos a discutir, pues, si podemos resolverlo dándonos de hostias?" A mí me hacen gracia también incluso los dos científicos pasados de vueltas que aparecen, y que son parodias, pues como todo el mundo sabe los frikis, nerds y geeks sueñan con ir montados en robots gigantes de bellos diseños al lado de una hermosa asiática, pero a la hora de la verdad lo que mola en el fondo es ser rarito, coleccionar trozos de bichos y jugar  con hologramas con gráficos 3D, ¡dónde va a parar!
"Tú también eres parte del equipo, pero adivina quién se va a jincar a la japo".
Eso por no contar con momentos gloriosos, como cuando uno de los bichos lanza un impulso electromagnético de los que fríen todo y claro, echa a perder toda la tecnología "digital", pero, oh, hay un rayo de esperanza, porque el Gipsy, el robotijo protagonista... ¡es analógico! No, en serio que es lo que dicen. Y tan tranquilos que se quedan.

Es decir: bien. Es un disparate de mucho cuidado, y sobran un par de momentos de "La humanidad..." ¡Cállate, y ponme más robots gigantes peleando contra mostruos! La motivación de los persona... ¡Vete a cagar! ¡El mundo se va a la mierda, y su motivación es salvar el pellejo, no me jodas! ¡Además, pilotan robots gigantes! ¡Eso es la leche, ¿qué más quieren ya en la vida?! Pero aparte de eso, y aunque, repito, no hay quien se lo trague ni se lo tome en serio, y a pesar de que los personajes parezca en algún momento que se creen lo que está pasando ahí, pues te diviertes dentro de tanto despropósito. Está bien filmada, tiene ritmo, los efectos son de primera a pesar de que todo misteriosamente pasa de noche, las hostias son colosales, como era de esperar, e incluso cuando al final ves que te hacen trampa por todos lados para que se salve quien se tiene que salvar, dices: pos fale. Llega uno a pensar si lo toman por tonto, pero no hay que esforzarse mucho para decir: esto es un pitorreo que no intenta engañar a nadie. Por supuesto, sale una japonesa, que hay que hacer homenaje al género, y sueltan, aleatoriamente, alguna frase en niponés, por aquello de que los otakus también se merecen su fanservice, como en Perdidos, que había un personaje que hablaba en japonés con intérprete aunque sabía inglés, y lo hacía... porque sí.

Es decir: una chuminada como una catedral, pero hecha con desparpajo y con sentido del humor.

Así, sí.



No tengo nada contra Will Smith, de verdad. Hay gente que lo odia, pero a mí si lo que hace está bien, pues me parece bien. Esta película futurista no es una de las cosas que ha hecho bien. Que quiera hacer carrera de su chico, vale, es hasta comprensible, pero que éste no pase de poner cara de "tengo mucho sueño", pues no sé que os diga. Por si fuera poco, nuevamente lo incomprensible, lo extraño, se apodera de uno y ya al principio de la película uno empieza a pensar: ¿me toman por tonto?

La humanidad tiene que emigrar en masa a otro planeta. Fale. Entra en conflicto con otra raza. 'Enga. La otra raza para atacar a los humanos utiliza unos bichos ciegos llamados ursas (eso es osa, que nos hemos dado cuenta), que "huelen" el miedo. ¿Lo cuááááálooooo? Y entonces, en una escena de bochorno máximo, se nos muestra la escena de Will Smith que, tras haber alcanzado la chulería máxima el satori de la conciencia de la propia esencia del valor, desconocedor del miedo, hace el "fantasma" caminando entre las ursas como si se paseara por su casa, a las que mata, a la sazón, con una especie de navaja suiza hecha con un metal inteligente de múltiples configuraciones, lo que viene a ser hacer el "ghost", fantasma, pasar desapercibido ante esos bichos. No sé cómo será en el doblaje, pero en España "hacer el fantasma" o "ser un fantasma" es lo que decimos de alguien que se pavonea, presume o se pone en ridículo intentando demostrar habilidades que en realidad no posee, o que no son ni de lejos tan impresionantes como él cree. Por si fuera poco el guaje está traumatizado y se siente culpable porque su hermana mayor, cuando él era muy niño, le salvó la vida al meterlo en una burbuja mientras ella intentaba, a saber por qué, enfrentarse a una ursa. Mil años han pasado y, nos maliciamos, el caso contrario no resultaría en el mismo sentimiento de culpabilidad: imaginaos a una niña pequeña a la que salva su hermano mayor, y si esa niña una vez crecida albergaría el mismo sentimiento de culpa que parece avergonzar al protagonista de la película ante sus padres. No, ¿verdad? O tempora, o mores!

Bueno, el tráiler es muy clarito: el padre, que pone cara de "soy militar seriote" toda la película se da el piño planetario son su hijo, que tiene que pasar por un videojuego de supervivencia hasta llegar al otro trozo de la nave, mientras conoce a los simpáticos nuevos habitantes de la Tierra que han evolucionado a toda castaña, vaya usted a saber por qué. Un argumento muy sencillo y una ambientación más sencilla y simple todavía. Se nos muestra un mundo militarizado y casi castrense, y a un chaval que tiene que salvar el pellejo propio y el de su padre en una sesión extrema de supervivencia.  A todo esto en una escena del principio el personaje de Will Smith hace gala de su profundo conocimiento de la Fuerza, o de su capacidad de presciencia o algo así, porque detecta por las buenas y poniendo una mano en el casco de la nave, que algo muy malo va a pasar. Es uno con el Todo. Todo lo demás... son coelhadas en las que Will va contando a su hijo cuál es el camino del guerrero y cómo hay que ser un... onvre de verdad, y por supuesto que todo se arregla... a hostias. "Papa, con esta tecnología del carajo que tenemos, ¿y tenemos que matar a nuestros enemigos con cuchillo y tenedor? ¡Por el amor del cielo, papá, esto es el futuro! ¡¿Dónde están los phasers?!" "Ése no es el camino del guerrero que desconoce el miedo, hijo mío. Mira en tu corazón: ahí anida un poder más poderoso que el más potente de los phasers... y cuando lo encuentres... serás un onvre". "¡Papá, esto es una puta mierdaaaaaa! ¡Aquí todo quiere matarme y yo sólo llevo una navaja suiza muy grande!"



Bearn Gryllis dice que quiere visitar esa Tierra del futuro, que él se comería todo lo que le atacase y lo que no se lo metería por el ogt mientras piensa en Inglaterra.

Y así toda la puta película, hasta que el pequeño saltamontes, armado con cuchillo y tenedor, se enfrenta con una ursa, que vemos que es fuerte, y grande, pero si se la puede herir y matar con cuchillo y tenedor no termino de entender cómo rompe las piedras como si fuera gravilla, porque en ese momento parece hecha de adamántium. Lo dicho antes: que algo se pueda hacer no quiere decir que se deba hacer, y de este modo tenemos cgis reales en la apariencia pero luego tan irreales como una imagen en 3D Studio que desafía la ley de la gravedad o de la caída de los cuerpos. Naturalmente, os voy a dejar en la duda de si al final el muchacho, porque sí, por las buenas, alcanza su unicidad mental con la conciencia cósmica, deja de ser un mealacama y se convierte en Casper para enseñarle al bicho extraterrestre lo chulos y fantasmikos que son los humanos, mientras uno se ha estado preguntando desde el principio de la película si no sería más fácil meterse en un traje estanco que no permita oler nada al enemigo, pues hemos visto también que el muchacho se salvó de pequeño porque lo metieron en una simple pecera, aunque también nos preguntamos por qué los extraterrestres han inventado unos bichos tan mal paridos que sólo huelen el miedo, cuando podían oler a humano, como los perros, algo mucho más efectivo ya sin meternos en otras cosas más útiles como, es un decir, ver a esos enemigos que los atacan con armas cortantes. La única explicación que uno le encuentra es que tanto un bando como otro quieren ganar a nivel LEGEN... espera un momento... DARIO.

Así, no.


-SuperSantiEgo