Precisamente del año 1993 es esta novela sobre mundos oníricos, tecnología de psicoanálisis de intervención directa y pesadillas que invaden el mundo real. Tsutsui tiene formación psicológica, y en la novela aparecen citados algunos autores conocidos, así como el ánimus y el ánima jungianos, el "arquetipo masculino" y el "arquetipo femenino" presentes en todos los seres humanos y que supuestamente nos hablan en sueños o nos comunican una sabiduría ancestral depositada en nuestro subsconsciente a través de incontables generaciones. Casi toda la novela se desarrolla en Tokio, y sobre todo en un instituto de investigación psiquiátrica, y casi todos los personajes también o son investigadores de ese centro o sus pacientes. Dos de estos científicos, la joven investigadora Atsuko Chiba y el orondo Kōsaku Tokita que es el que ha inventado la extraordinaria maquinaria que permite monitorizar e intervenir en los sueños ajenos, son además candidatos al Premio Nobel. Ni que decir tiene que la base científica de la novela está muy alejada de lo que consideramos ciencia psicológica hoy en día, pero para el caso aceptamos que los sueños realmente son un producto de un inconsciente personal y a la vez colectivo, que en el caso de angustias y neurosis reflejan de forma simbólica los transtornos de la mente y que incluso un terapeuta a modo de chamán o espíritu guía puede conducir al paciente en ese sueño hasta descubrir cuál es el origen de lo que le pesa en el alma y de este modo liberarse de ello por medio de la catarsis sanadora. Literalmente hay que aceptar barco como animal acuático, pero aquí hemos venido a jugar y dejamos la incredulidad aparcada un ratito.
El libro está narrado de forma un tanto seca y escueta, de ahí tanto la poca extensión en páginas como una caracterización también muy en los huesos de los personajes. La protagonista es Atsuko Chiba, que sigue ejerciendo como terapeuta onírica ahora que ya se ha autorizado el método, de modo que hubo un tiempo anterior al comienzo de la novela en la que tuvo que actuar de forma clandestina y tomar para ello una identidad alternativa llamada Paprika, que además la obligaba a caracterizarse como una mujer más joven. Los métodos de la doctora Chiba, para ser sinceros, son un poco discutibles, y no digamos ya su código deontológico. Dado que entrar en forma de sueño en el sueño de otra persona es una experiencia muy íntima, y que en los sueños los impulsos sexuales pueden estar completamente desatados digamos que lo de la transferencia y la contratransferencia se lo pasa ella precisamente por la pepitilla del pimiento morrón, así que en algunos momentos la cosa puede ponerse digamos que muy triple X cuando menos te lo esperas. Pero la señora no tiene demasiados escrúpulos morales al respecto, y parece que su lema es: "Lo que pasa en el inconsciente onírico se queda en el inconsciente onírico". Otra dimensión, otras reglas.
Otro elemento que llama un poco la atención, y que se puede explicar tanto por la clara homofobia que siempre ha tenido el psicoanálisis en muchas de sus variantes como por la edad del autor, es que los dos malvados que desestabilizan todo el programa de investigación y terminan desencadenando la dimensión onírica en la realidad de la vigilia, son dos depravados, uno de ellos un joven y atractivo científico que es un narcisista de manual que quiere jincarse a todo lo que se le ponga a tiro, incluida la doctora protagonista, y que es además es el protegido y amante de un señor mayor que perteneció en su juventud de estudiante en Europa a una aristocrática sociedad secreta uranista. Estos antagonistas serán los que abusarán de los últimos inventos de Kōsaku Tokita, y les permitirán actuar a distancia en los sueños e incluso las mentes de personas despiertas, con unos efectos muy poco aconsejables para los que quieran conservar la cordura.
Sobre todo a partir de la adaptación en anime, de 2006, se ha hecho notar que algunas de estas ideas aparecen, de forma muy similar, en una película como Origen, y yo me atrevería a decir también que incluso en la serie Dollhouse, donde la tecnología de suplantar mentes a distancia provocaba también poco menos que el Apocalipsis. La verdad es que como poco sí es creíble que Origen tenga algo de influencia.
El anime está digamos que aceptablemente bien adaptado, aunque la historia y su resolución no son exactamente las mismas que en la novela. Se centra en los momentos de ésta que van a ser más resultones en imágenes, y desde luego prescinde por completo de los aspectos más sexuales o sórdidos de la trama, aunque a cambio ofrece fanservice en el que Paprika, que aquí aparece como una adolescente pizpireta, se convierte en una Campanilla a la que se le ve por debajo de la minifalda. La escena de los títulos de crédito iniciales, además, es brillante, así como notable la banda sonora.
-SuperSantiEgo
