7.5.18

Serie: Karate Kid: Cobra Kai. La nostalgia al servicio del cachondeo y la inversión de valores



Que Karate Kid, la original, es uno de los ejemplos más claros de la cultura pop ochentera que todavía ahora colea, y que incluso expresiones suyas como "dar cera, pulir cera" se siguen oyendo, no sorprende a nadie. Vamos, lo tiene todo: chico que aprende a ser un hombrecito de bien por medio de una sabia figura paterna, superación personal, valores del juego limpio, respeto a las tradiciones, y todo lo que uno quiera sacar de ahí. También se pueden detectar ecos de Rocky, y además el director es el mismo en las dos películas. Aunque tuvo dos entregas más con el mismo protagonista, una cuarta con Hillary Swank y un supuesto reboot con el hijo de Will Smith, como si no hubiesen existido porque ya nada aportaron a la idea principal.



Después de esto, tampoco es que se supiera mucho de los actores principales, y Pat Morita murió hace ya algunos años. Curiosamente la que hacia de chica florero/interés romántico del muchacho, Elizabeth Shue, es la que ha tenido una carrera con papeles más interesantes. De hecho una de las apariciones más recientes de la saga ha sido a través de otra serie, Cómo conocí a vuestra madre, en la que Barney es un rendido admirador de Karate Kid, pero se adhiere a la interpretación de Copenhague de su argumento: el bueno es Johnny y los Cobra Kai, y el verdadero abusón es LaRusso. Incluso en un episodio, precisamente a través de Barney, veremos reunidos de nuevo a los contendientes originales de la película, interpretándose los actores a sí mismos, e incluso sabremos qué fue de sus vidas y se dice, suponemos que exagerando, que William Zabka, el rubio abusón, sigue recibiendo abucheos cuando lo reconocen. De hecho él y su maestro, Kreese, aparecen en ocasiones en las listas de los mejores villanos de películas de todos los tiempos. Y merecidamente, digo yo.

Karate Kid ha permanecido como una referencia desde entonces, hasta que en esta oleada de recuperación de antiguas franquicias a toda costa hace poco se anunció una nueva serie por título Cobra Kai, con los protagonistas originales. Igual que, se dice, la aparición de Tom Jones en El príncipe de Bel Air reanimó la carrera del cantante hace veinte años, no me extrañaría que los repetidos chiste de Karate Kid en CCAVM influyesen en que se haya hecho esta nueva serie, y que incluso marcase en parte cómo iba a ser. Como siempre, al principio uno piensa que para qué y a saber lo que va a salir de ahí, pero rápidamente al ver los primeros avances se entendió que eso pintaba como mínimo realmente bien y que iba a haber como mínimo algún buen chiste por medio.

Así que el veredicto es:


La serie, de diez episodios de media hora cada uno publicados en TouTube, tiene dos partes diferenciadas pero conectadas: la de la anterior generación, Johnny y Daniel, y la de los jóvenes que son sus hijos, nuevos discípulos, etc. No voy a decir que la segunda sobre, se comprende que tiene que estar ahí, pero desde luego es bastante menos interesante para mi gusto que la primera, y no deja de caer en ciertos tópicos, pero no están mal llevados.

La cuestión fundamental es que asistimos al reencuentro de dos antiguos enemigos que no se han visto en más de treinta años, y la última vez que lo hicieron uno le plantó un pie en la cara al otro. Ahora, ya cincuentones, se vuelven a encontrar, y sus vidas han sido un poco lo que uno esperaría que podría haber pasado: LaRusso es un próspero hombre de negocios con dos hijos adolescentes que lo quieren lo normal, está casado con una compañera perfecta y Johnny es un fracasado divorciado, vive alejado de su hijo delincuente, se gana la vida como puede haciendo chapuzas en casas ajenas y bebe demasiado.

En cierto modo, aunque el resto de los personajes tengan cierto peso, Johnny es de lejos el personaje más interesante y el que roba el protagonismo a todos los demás. Lejos de ponerlo como una figura trágica o patética, o de hacerlo seguir el camino de la iluminación, la serie es completamente no maniquea, porque Johnny SIGUE SIENDO MALO. Entendamos que no un malo lineal y plano, aunque se nos dé una cierta explicación de cómo y por qué se torció su camino en la vida al buscar referentes personales equivocados, pero básicamente sigue siendo el mismo abusón, si bien bastante baqueteado por la vida y lógicamente con algo más de autocontrol y sabiendo cómo funciona el mundo. Todo esto sería un error si no se equilibrase con el hecho de que, alejado ya de la influencia constante del señor Miyagui, Daniel LaRusso, bajo esa máscara de afabilidad, buen padre y honrado comerciante, oculta a un verdadero pedazo de mierda de ser humano capaz de cualquier truco sucio para hacer morder el polvo a su rival; mucha deportividad en el tatami pero luego fuera de él es peor que una hiena.

Un tratamiento similar es el que se da a los personajes adolescentes, donde la frontera entre abusador y abusado no queda nada clara. El hijo delincuente de Johnny es manipulado por sus dos amigos violentos, y los dos muchachos que son el hazmerreír del instituto en cuanto adquieren algo de poder por medio de la posibilidad de administrar violencia gracias al conocimiento de las artes marciales se dedican a abusar de ese poder y a sembrar el terror a su paso, y aunque actúen en principio en legítima defensa no dejan de regodearse y sacar partido personal de su nuevo estatus. Es como si la filosofía del Dojo Cobra Kai, golpear primero, golpear duro, sin piedad, fuese realmente efectiva.

Hasta cierto punto, sólo hasta cierto punto, Cobra Kai es una lectura irónica y paródica de su referente cinematográfico que a su vez es un ejemplo palmario de cómo el mundo ha aprendido a entender eso que conocemos como abuso escolar, o bullin ahora que ya hemos aceptado como dogma cultural que algo sólo es relevante si lo decimos en inglés y si ocurre en Estados Unidos. Precisamente por eso siempre ha sido enorme mi sorpresa al oír a gente de mi edad o inferior hablar de sus años escolares en términos que parecen sacados de la sitcom de turno o de las películas que por lo visto tienen que definir cómo son nuestras experiencias vitales. Desde luego no niego la importancia o gravedad del acoso escolar, y desde luego como conocí un par de casos realmente duros me extraña que por puro victimismo, tan de moda ahora como horizonte existencial, alguna gente se defina como víctima del acoso porque alguna vez le dieron una colleja o le dijeran gilipollas; porque por esa regla de tres todos, absolutamente todos, hemos sido víctimas y verdugos del abuso. Por mi propia experiencia, y muchas otras que he oído, mis años escolares se parecieron entre poco y nada a una sitcom, y mucho menos a las useñas en un campus de California con el césped impoluto. Desde luego nada era tan diáfano, y la gente era gente con sus más y sus menos, no tropos televisivos con claras etiquetas puestas en el pecho: el malo, el héroe, el amigo del bueno, etc. De ahí también el escándalo de Johnny al enterarse de las nuevas formas de acoso, como el ciberacoso, que le resultan altamente ofensivas en su dignidad de antiguo abusivo: "¿Qué clase de mierda es ésa? En mis tiempos teníamos honor, un código, y si tenías que insultar y humillar a alguien, ¡al menos se lo decías a la cara!" Por supuesto a Johnny no le habléis de los copitos de nieve, corrección política, lenguaje no sexista o inclusivo o lo de ser triggered, porque le resbala todo: él es de la vieja escuela y lo que suelta por esa boquita a sus alumnos criados de una manera muy distinta los deja con los ojos como platos en momentos de mucha risa y jolgorio. No dice "No quiero mariquitas en este dojo" de milagro. A Johnny me gustaría verlo en un campus de Yale dando estopa y explicándo a la gente que cuando salgan al mundo real se los van a comer con patatas hijos de puta como él.

Aunque esta serie no escapa del todo de utilizar esos tópicos en parte, como la niña rica y creída que se dedica a insultar a todas las chicas en un claro ejemplo de competencia intragénero, los personajes adultos quedan definidos con muchos más grises, y eso es algo que enriquece enormemente a la serie al explotar rasgos que ya estaban presentes en la película original: Daniel ya tenía un pronto muy malo y arrebatos que hacían torcer el morro al señor Miyagui haciendo su papel de "anciano sabio oriental", y Johnny al ser vencido tiene un momento de nobleza, reconoce su derrota y es quien entrega el trofeo a Daniel. En esta serie veremos que Johnny, sin dejar de ser básicamente un tipo poco recomendable y con una ideología prestada de Gengis Khan, es capaz de preocuparse, muy a su manera, por sus discípulos, para los que intentará ser un mejor sensei de lo que fue Kreese para él, y aunque Daniel sea un pilar de la sociedad y buen tipo en general también es un vanidoso enamorado de sí mismo y cuando se le cruza el cable se comporta como un verdadero hijolagranputacabrón que mejor apartarse de su camino. En esto la serie es real como la vida misma: nadie es malo hasta que no le tocan las narices, y tarde o temprano hay algo que a todo el mundo le toca las narices.

Otro punto fuerte de la serie es su sentido del humor, sobre todo cuando se ríe de las convenciones del mismo género que Karate Kid ayudó a crear, además de, como ya he indicado, crear un área gris donde no se sabe quién es el verdadero bueno o el malo, aunque sí hay comportamientos nobles o rastreros. Al final los personajes no se redimen realmente ni alcanzan una verdadera iluminación de último minuto, aunque todos aprenden una amarga lección personal, cada uno la suya. Vamos, como en la vida misma.

Supongo que habrá segunda temporada, el final queda abierto y en la última escena aparece otro personaje de la primera película que puede abrir nuevas vías para que la historia continúe.

-SuperSantiEgo