[¿Destripes de argumento? Haylos.]
Por fin me he leído la última parte de la trilogía de la Yihad Butleriana que se supone nos debería esclarecer sobre el pasado remoto que dio lugar al universo de Dune tal como lo conocimos de mano de Frank Herbert, y lo único que puedo decir de ella es que no sólo es el timo de la estampita, sino que además a mí no me vuelven a pillar. Bueno, no me quedará otro remedio que leerme las dos partes de las que Frank Herbert dejó notas, Cazadores de Dune y Gusanos de Dune, pero después sí que abandono el barco como cualquier rata cobarde.
Lo de novela ad hoc viene a que, como ya expliqué en su momento, parece que cuando les da la gana ignoran el corpus fundamental del universo de Dune, o se inventan sobre la marcha lo que les apetece. Ejemplo:
-Oye, Kevin: ¿hemos explicado ya por qué el símbolo de los Atreides es un halcón?
-No sé, Brian. ¿No lo habíamos puesto en un pósit en la pantalla del portátil?
-Coño, sí. Anda, mira, si está aquí. Se había caído.
-Eso se arregla en seguida. Ahora va Vorian Atreides y dice: "Pues mira, por eso mismo voy a convertir al halcón en el símbolo de mi casa".
Sólo un pequeño detalle: en ese momento Vorian no es noble, ni tiene idea de que alguna vez vaya a serlo él o alguno de sus descendientes, así que fantasear con la heráldica está un poco fuera de lugar.
La verdad es que resumir todos los despropósitos del libro es complicado, y la tarea titánica, pero habrá que intentarlo. Baste decir que estos dos caballeretes se han currado en apenas diez años ocho novelas sobre Dune, mientras que papá Frank en veinticinco hizo sólo seis y la parca se lo llevó mucho antes de tiempo. Como se puede entender, así les han salido a estos dos tunantes, que han conseguido llenar cientos y cientos de páginas alargando un par de malas ideas poco elaboradas y de paso dinamitando la labor previa de uno de los que con todo merecimiento es considerado uno de los autores fundamentales de la ciencia ficción. Por si fuera poco, han dejado para esta novela final muchas de las claves para entender cómo aparecen algunos de los elementos claves del universo de Dune tal como lo conocimos en su momento. Porque la Batalla de Corrin, último episodio de la Yihad Butleriana contra las máquinas pensantes, transcurre casi un siglo antes de la constitución de la Cofradía Espacial, algo tan importante que se convierte en la nueva referencia temporal de la humanidad. Paul Atreides nace nada menos que en el 10.175, DC (Después de la Cofradía). Y es que en el Universo de Dune estamos hablando de una dimensión temporal tan salvaje que los últimos hechos de los que se tienen noticia es aproximadamente el 25.000 después de Cristo.
"¿El Capital? Creo que me confunde con otra persona, aunque lo mío también eran los mamotretos."
A ver por dónde empiezo. Pues resulta de que a las malvadas máquinas pensantes (seamos generosos y admitamos que sí, porque muchos ejemplos de ser listas no dan), han recibido un golpe considerable desde que los humanos les filtraron una versión realmente perniciosa del virus iloveyou. Como las máquinas no son muy originales que digamos, copian la estrategia y lanzan un ataque biológico contra los planetas humanos, de consecuencias devastadoras. A buenas horas se les ocurre, por cierto, pero tampoco le pidamos peras a semejantes CPUs. Cuando la plaga ha hecho de las suyas el Omnius de Corrin decide que debe dar un golpe maestro y se le ocurre la peregrina idea de concentrar todas sus naves en Corrin y arrasar el planeta capital de los humanos, Salusa Secundus... y ya de paso dejar completamente desprotegidos al resto de los planetas robóticos, en una decisión de pata de banco que me hace dudar de que el tal Omnius pudiese ganarle una partida al Panzer General que corría mi Pentium de hace doce años, y que tengo por ahí criando polvo.
En este momento hay que recordar que hay por ahí unos personajes de los que ya hablé, una especie de "filósofos" que son cerebros metidos en líquido, y que no sabe uno para qué están más que para el topicazo y decir que son "neutrales". ¿Neutrales? Estricnina con ellos, por capullos y poco definidos. En esta novela descubrimos para qué están: para la solución ad hoc de turno.
La cuestión es que los seres humanos se enteran de los planes de Omnius, y graciosamente van planeta por planeta abandonado a su suerte lanzando bombas nucleares con liberalidad, hasta que todo quede bien churruscadito y brille incluso en la cara oscura. ¿Que si hay esclavos humanos en esos planetas? Muchíííísimos, dato a recordar y a tener en cuenta. Vorian Atreides, general en jefe de todas las tropas humanas, asume sin problemas la responsabilidad del genocidio de miles de millones de seres humanos a cambio de acabar de una vez por todas con las máquinas pensantes. El resto del plan es evacuar en lo posible Salusa Secundus, aguantar la invasión y aniquilar Corrin cuando la flota de los robots haya partido.
Mas, no, alguien avisa a Omnius (a ver si adivináis quién), que hace volver la flota, y el último paso de la guerra se empantana durante veinte años de asedio de las tropas humanas sobre el último enclave de las máquinas, por así llamarlas, pensantes.
A todo esto, recordémoslo, se supone que se tiene que dar una explicación más o menos plausible al origen de las distintas escuelas de pensamiento que tendrán que substituir a la tarea de las máquinas pensantes, tengan conciencia o no.
Mentats: en las novelas anteriores aparece gente dedicada a tareas semejantes que parecen insinuar que son el origen de los mentat. En esta novela de la manga se nos inventan que el "hijo adoptivo" del robot Erasmo, Gilbertus, es el primer mentat. Así, por la cara.
Benne Gesserit: está claro que el origen son la brujas de Rossak, pero ya de paso nos inventamos porque sí a una nieta de Vorian Atreides, que es la primera Reverenda Madre que pasa por la agonía y accede a la memoria racial de la especie, aunque extrañamente sólo por línea femenina. ¿Qué pasa, que en el futuro ya no saben lo de XX y XY? Como la humanidad ha quedado diezmada con tanta guerra y con el último ataque biológico de Omnius, se proponen preservar las líneas genéticas, y todo eso. Al día siguiente se ponen a intrigar por las buenas, a hacer planes en modo CIA-KGB, y tienen la intuición de que deben preservar la verdadera historia de la humanidad.
Doctores Suk: Un señor que se llama Suk y que es el marido de esa Atreides primera Reverenda Madre. Hala, problema resuelto. ¡Siguiente!
Cofradía Espacial: Norma Cenva, hija de una bruja de Rossak, personaje ya pasado de vueltas que sigue con su manía de hacer lo de plegar el espacio. Para ello se pone ciega a especia, hasta que literalmente se la mete en vena y la respira, empieza a mutar y, está claro, se convertirá en el primer navegante de la Cofradía. De la nada aparecen unos voluntarios que se someten al mismo procedimiento. Así da gusto escribir, coño.
Bene Tleilax: No queda nada claro. Los tleilaxu son unos malnacidos y poco más, nadie los aguanta y no se explica cómo pudieron sobrevivir. Mi sospecha es que el mismo Frank Herbert nunca tuvo muy claro quiénes eran o de dónde habían salido, y estos dos mendas lerendas que se dedican a juntar letras obviamente menos todavía.
Espadachines de Ginaz: sobran en toda la trilogía, y en esta última novela mucho más.
A todo esto, el fin de los cymek, que por cierto empezaron todo el lío. Pues topicazo tras topicazo. Sí, obviamente les dan matarile, en unas escenas de verdadera vergüenza ajena. Si uno es tan tonto y se traga todo lo que le dicen, lo mínimo que se merece es que le pase cualquier cosa menos algo bueno. Lo que no entiendo es que con tal falta de entendederas pudiesen hacer algo en la vida. ¡¿Pero con lo listos que se supone que sois no veis que os están engañando, tontolabas?! Qué paciencia...
Último personaje ad hoc, totalmente ridículo: la sobrina del primer emperador, un Butler que se renombrará a sí mismo como Corrino. Como lo de la misma Yihad está mal planteado desde el principio, sabemos que como mucho hay cierta aprensión contra las máquinas pensantes, pero fundamentalmente sobre las que tienen conciencia, no sobre las que soportan bases de datos y cosas así. La Yihad es contra las máquinas pensantes, no contra los cortacéspedes o las palancas de primera especie. Pues la niña de marras inicia un movimiento tipo ludita donde se cargan toda máquina, desde tostadoras a secadores de pelo, yo qué sé, y parece que es tal su éxito que, así por las buenas, se cambian las leyes humanas para dar gusto a semejante panda de fanáticos, y se dice por primera vez lo de "No construirás una máquina a semejanza de la mente humana". Naturalmente, todo bajo pena de muerte, que aquí no nos andamos con chiquitas. Llega un momento que la sociedad pre-Yihad parece bastante más tolerante y abierta de lo que se obtiene luego, la verdad, aunque hay que reconocer que la amenaza de Omnius se las trae. Por cierto que también, ya puestos, estos luditas terminan echándole la culpa a una minoría religiosa llamada judíos, y empiezan a perseguirlos. Como recordarán los lectores de Herbert papá, en la era después de la Cofradía los judíos existen y son prósperos, pero viven completamente en la sombra y su existencia sólo es conocida por la Bene Gesserit. La verdad, no sé si los muchachos querían irse de irónicos o intentar conectar eso con lo que ocurrirá más de diez mil años después, pero vuelve a estar cogido de los pelos.
Bueno, y llegamos al plato fuerte que es la famosa Batalla de Corrin, donde los seres humanos se creen ya en posición de atacar y los robots han agotado todos los recursos de su último planeta para crear defensas y nuevas naves. Como último recurso, ponen en contendores rodeando al planeta a los escasos tres millones de seres humanos que quedan en el planeta y advierten que si reciben un ataque esos humanos serán los primeros en sufrir las consecuencias. De ahí surge el nombre de Puente de los Hrethgir, que ni es puente ni es nada, en todo caso una barrera de escudos humanos. Y, oh, surge el gran dilema moral. ¿Atacamos o no?
¡¿Os queréis ir a cagar todos juntos, hombre?!
¡Pero si os habéis cargado a miles de millones de inocentes sin pestañear y sin que os tiemble el pulso! ¡En la misma novela, además, apenas cincuenta páginas antes, como quien dice! ¿Qué más os dan ya unos milloncejos que añadir a la cuenta?
Ahora recapitulemos: los Atreides y los Harkonnen empiezan siendo amigos al principio de la Yihad. Vorian Atreides tiene más de cien años pero sigue pareciendo joven porque su padre cymek le hizo un tratamiento que retrasaba el envejecimiento. Xavier Harkonnen fue el marido de Serena Butler y padre de Manion el Inocente, y cayó la infamia sobre él cuando se cargó a Iblis Ginjo, algo así como el papa de la Yihad, que en realidad era muy malo. Su nieto, Abulurd Butler, se obsesiona con recuperar su memoria y vuelve a adoptar su apellido, para pasmo de sus dos hermanos, uno el padre de la niña ludita insoportable y otro un político venido a más que de un día para otro se proclama emperador hereditario del nuevo imperio de la humanidad sin que a nadie parezca que le moleste gran cosa. Vorian y Abulurd son amiguetes, así que la amistad entre las dos familias continúa.
Y llega la Batalla de Corrin. Vorian, porque es retrasado, otra explicación no hay, le da los códigos de la desconexión de las armas a Abulurd, como detalle de amistad y confianza, y ya puestos podría añadir: "Y por si te apetece traicionarnos y tal, que lo tengas más fácil". A Abulurd, que en realidad hasta ese momento parecía un tipo bastante normal, se le va la flapa cosa mala, anula el sistema de armas para "proteger a los inocentes" y la batalla se complica más que la declaración de la Renta de Cachuli. Hay otros detalles más por ahí, pero de verdad que ni los menciono porque no quiero ni recordarlos, que me pongo malo.
Pimpán, pimpún, Omnius se muere no sin antes proyectarse al espacio por Blutooth (no, no es coña), Gilbertus se hace pasar por un esclavo humano sin olvidarse llevar la memoria de su papi en una tarjeta SD... y se acaba tanta tontería. A Abulurd no lo ejecutan sino que Vorian intercede por él para que lo exilien a un planeta en el quinto pino, donde sus descendientes se supone que se enriquecerán y llegarán a obtener una baronía, mientras les reconcome el odio hacia los Atreides, y aquí paz y después chistorra.
Vamos, lo que se dice una novela ad hoc: todo aprisa mal y pronto sin la más mínima visión de conjunto, con explicaciones cogidas por los pelos en cada momento y sacándose las cosas de la proverbial manga.
Continuaciones posibles, las que uno quiera: estos muchachos pueden vivir el resto de su vida del cuento. La Trilogía del comienzo de la Cofradía, las Grandes Aventuras de Vorian Atreides por los Mundos Inexplorados, los Comienzos de la Bene Gesserit, Ponga un Mentat en su vida, o lo que a uno le apetezca. En realidad ya han empezado, y ahí tenemos la nueva tetralogía Héroes de Dune, que empieza con Paul de Dune, así a lo Lawrence de Arabia. ¡Esto puede acabar peor que la Dragonlance!
Recordadlo: La especia (er mardito parné) debe seguir fluyendo.
-SuperSantiEgo