25.11.13

Película: Elysium. Obamacare para todos



Voy a empezar al revés, con las conclusiones. Como pinícula de acción, piños, hostias como panes, naves chulas y robots, pues está bien. Pasan cosas, sientes cierta simpatía, inevitable, por los personajes principales, y... bien. Si la tomamos así, pues vale.

En todo lo demás, como película de supuesta crítica social, distopía, o profunda instrospección sobre el ser humano, por favor, dejad de tocarme los cojoncillos.

Aclarado que la película como espectáculo convencional de acción y tiros, efectos especiales y demás, pues cumple sobradamente aunque sepamos a cada minuto lo que va a pasar (oh, mira, pelea final en un puente con plantitas, no sé quién va a ganar, qué emoción), pues en todo lo demás... en fin.

Lo primero que vemos es que, como siempre, en vena y sin cortar, el mensaje es estrictamente maniqueo: sólo existen los buenos buenísimos y los malos malísimos. Mucho se ha hablado del zeigeist, o sencillamente oportunismo, de una película así, pero el análisis es igual de lamentable: en muchos aspectos, la película es tan simplona como muchos de los argumentos para analizar nuestra actual realidad, que no son mucho más profundos. Como ya expliqué en otra película que tal bailaba, In Time, todo amago de hacer una crítica real sobre algo se ahoga en la subordinación a hacer una película destinada a un amplio público. Y lo que es más: al final, está hecha así para hacer dinero, el más posible, así que al final hay algo que no casa en todo esto, cierta incoherencia entre una película de alto presupuesto para ganar dinero que sin embargo se supone critica los excesos de los beneficios ilegítimos. Igual que en In Time no vemos ni de lejos todas las clases medias que sabemos que existen porque se cruzan las "zonas horarias", aquí sólo vemos dos clases sociales, la baja bajísima arrastrada, y los aristos, algo que vuelve a recordar los mundos futuros salidos de madre de Jodorowsky, aunque sin la mala uva y el cachondeo que les mete el chileno. Si alguien quiere ver una verdadera historia distópica, que se vuelva a leer 1984 o Un mundo feliz, sin la obligación de que haya un final feliz.

Aunque nuevamente estamos ante una historia que llamaremos de ciencia ficción, sólo se trata de una ambientación. Porque la coherencia científica no aparece por ningún lado. No, no me refiero, como han indicado algunos, que la atmósfera de esa estación espacial no sepamos cómo se mantiene ahí, aunque aparecen otros campos de fuerza así que podemos suponer que algo así será, ni al hecho de que tienen una preciosa gravedad por rotación como en Babylon 5. A mí eso me da igual. Lo que me llama la atención en que a mediados del siglo XXII, con una tecnología que te repara de manera que casi puedes conseguir la inmortalidad y en la que se puede construir tal prodigio tecnológico de estación espacial el protagonista trabaje en la Peugot-Citröen de Vigo de 1962 montando piezas de robots. Eso es lo que me cuesta de creer. Ah, y que luego en el poblado chabolista, de favelas o ranchitos en los que viven, tengan varias habitaciones, pantallas de plasma y cierta holgura de espacio. Eso es el infierno para el actual ciudadano europeo o usamericano, pero cuando esta película la vean en sitios donde "lo que a algunos llaman infierno nosotros le decimos hogar", con gente viviendo en barriadas pobres sin fin, brutalidad policial, trabajando en fábricas inseguras e insalubres y con un ejército protegiendo una parte de la ciudad donde vive gente podrida de dinero, exactamente lo mismo que se ve en Elysium, me imagino a esa gente mirándose extrañada y diciéndose: "¿Pero esta película no iba del futuro?" A partir de ahí se demuestra la impresión inicial: se han gastado la mayor parte del tiempo, y obviamente del dinero, en hacer explosiones chulísimas con las que regodearnos a cámara lenta, pero lo que se dice armar un guión donde, como siempre, las cosas no estén cogidas por los pelos, pues en eso no se han molestado demasiado.
Citröen C-Elysée que se produce actualmente en Vigo con mejores fábricas que las del siglo XXII.

Después de lo de la planta, las cosas van a peor. Suponemos que Elysium está en órbita geoestacionaria sobre Los Ángeles, que no veo ninguna razón para que sea de ese modo pero tampoco ninguna en contra. Descubrimos después que, y ahí ya no sabe uno dónde esconderse, que hay "emigrantes ilegales" que intentan entrar en manada a la estación, pero no para quedarse, porque obviamente no tienen donde esconderse ni donde adaptarse, sino para utilizar las mesas de fierabrás que lo curan todo como por arte de magia, desde un uñero hasta cáncer terminal. Para ello engañan a la máquina hackeando el sistema de un modo bastante burdo que los de arriba parece que no saben corregir, lo que hace que uno piense que menuda chapuza y qué mal debe estar el mundo de la programación en esos días para que nadie consiga arreglarlo. Eso sin contar que si tan malos y crueles son los ricos para desalentar esa práctica simplemente habría que decir que el que aun así consiga curarse será ejecutado, así que no le va a servir de nada. Pero no, ni piensan en ello. Por si fuera poco, y nuevamente uno no entiende nada, cuando esos espaldas mojadas asaltan Elysium, la estación no tiene forma de defenderse de ellos hasta que no han aterrizado y aparecen los robots pelecías a detenerlos. Tanto es así que hay que llamar a la superficie, tener suerte de que en ese momento tu operativo no esté cagando o en el cine donde no hay cobertura, y pedirle si hay suerte y no está tampoco muy lejos, que saque de un armario de por ahí un misil mágico de autonomía casi infinita y derribe a los ilegales. Vuelvo a repetir: si te lo cargas en vuelo, déjales claro que te los cargarás luego uno a uno cuando aterricen, y ya verás qué medida disuasoria más eficaz tienes para que ni piensen en hacer eso de nuevo. Si son los malos, que lo sean con todas las consecuencias y de verdad. Entonces recuerda uno lo que ponen incluso en el avance: "¿Vamos a colarnos en el lugar más vigilado del Universo?" "Claro." Eso es lo que se llama una incoherencia de guión palmaria: lo que piensan y sienten los personajes luego no tiene nada que ver con lo que ocurre y vemos, que es que ahí se mete cualquiera más o menos como le da la gana.

En comparación con el sistema sanitario del espacio en la superficie, sin embargo, tienen hospitales del siglo XX, con suerte, atestados y con poco personal y recursos. El prota, de turbio pasado criminal pero ahora convertido en honrado trabajador del metal, recibe una dosis letal de radiación en un horno que ya me explicarás por qué coño tiene que ser radiactivo. La exposición a muchas otras substancias es igual de letal, pero parece que sólo la radiactividad da canguelo. Para hacer más verosímil lo que pase después, le dan unas pastillas mágicas que harán que no tenga síntomas ni molestias hasta que la palme, de modo que el envenenamiento por radiación se convierte en "el toque de la muerte". Ante eso a mí me parece lo de menos que no veamos claramente cómo se escapa o no la atmósfera de Elysium, la verdad. Eso por no hablar de cuando le reconstruyen la cara al malo y lo hacen con la misma barba que tenía antes de que se la volaran, lo que me pareció tan divertido como esos hombres lobo de Crepúsculo que al recuperar su forma humana siguen estando depilados. Y eso sin contar que si te vuelan la cara, aunque el cerebro quede intacto (venga, nos lo vamos a creer), el perder la cara además de tener un desagradable efecto estético... cómo lo diría yo, digamos que es bastante útil para respirar, y con tener un tubo abierto al exterior que seguro que además se llena de sangre no llega.

Bueno, lo que todos sabemos: el prota decide ir a Elysium a curarse, y para ello se apoya en una conspiración de los que hacen los viajes ilegales, mientras la ministra del interior de Elysium prepara su propio golpe de Estado así en un rato que está aburrida. Del mismo modo que en Elysium cada uno entra como Pedro por su casa, algo así como si uno entrase como le da la gana ahora en el Pentágono, tampoco tienen medidas de seguridad mínimas, sistemas de redundancia de espionaje ni nada parecido: la Jodie Foster le dice a un tipo un par de frases, el otro dice que sí, y listo, golpe de Estado preparado. Así da gusto. No sé, pero para mí que esta gente del futuro en medio de la diplomacia de la Primera Guerra Mundial no daría mucho la talla.

Ahora hablemos de un aspecto que ya sabéis que me es muy querido, que es el de los idiomas. Ay, los idiomas. Para que veamos lo futurista que es todo en ese poblado chabolista en el que se ha convertido Los Ángeles oiremos hablar en español, Matt Damon chapurrea algunas palabras en español y las monjitas que lo educaron y la niña de la que se enamoró de pequeño hablan en español. Qué futurista sería, si no fuera por el hecho de que a día de hoy caminando por Los Ángeles seguramente oirás hablar español mucho más que en esta película, y sobre todo que el personaje protagonista, que debe llevar viviendo en un entorno bilingüe más de treinta años, y pone cara de entender a las monjas cuando le hablan de pequeño, ya de adulto no consigue más que hilar un par de frases con un acento abominable que recuerda al de cualquier guiri medio cocido de sangría en Benidorm que pide otra jarra de lo mismo. Que luego se dirá que si a los españoles les cuesta mucho aprender inglés, pero este tipo ahí en inmersión lingüística toda su vida, y ni flagüers que tiene de castellano. Claro que, bueno, al menos en este caso a los hablantes de español les toca ser de los buenos y de las clases oprimidas al lado de los hablantes de inglés, porque resulta que Jodie Foster... se suelta un par de parlamentos en francés allá en las alturas. En estos casos duda uno si el listo del director sencillamente se enteró de que la Foster efectivamente habla francés perfectamente y decidió darle un toquecillo al guión que no viene a cuento, o por otro lado si ella misma lo propuso para divertirse un rato. El industrial malvado, por cierto, lleva escarificado en la cara "riche". No "rich", sino "riche", en francés, que se vea ese orgullo de clase. Luego está el malo malísimo, Kruger, el cyborg que habla con acento afrikaner y que, a mí esa impresión me dio, va teniendo más y más acento a medida que se va encabronando. Por cierto: el presidente de Elysium, que tiene menos presencia que Dan Brown talento, le pide a la ministro de defensa que no defiende nada que se deshaga de ese operativo tan problemático "por violaciones de los derechos humanos". Claro: tienen a la gente en el planeta muriéndose de hambre, les importa un carajo si revientan o no, pero todavía le preocupan a alguien los derechos humanos. Tócate los pieses, Mari Pili. En este frangollo multirracial sale el mexicano Diego Luna y el brasileño Wagner Moura, conocido en este blog por una peli de viajes en el tiempo que también comentamos.

No, en serio: para hacer esas cosas, mejor ponéis a todo el mundo hablando en inglés, y nos dejamos de tonterías como ésas y las de Firefly. Para hacerlo así, mejor no hacer nada. Ah, y nuevamente nos encontramos en España con la idiotez de dejar el título originaloide, no por respeto al supuesto original ni nada por el estilo, sino por simple unificación de marketing, no os creáis cualquier otra explicación espuria que contradiga el principio de parsimonia. Eso también nos ha dado grandes momentos de risas al ver cómo la gente intenta pronunciarlo: ilísium, elisíum, y por supuesto como siempre al final se llega a la conclusión de que cuanto más se alargue la vocal, más requetefino que se es, y se llega a eliiiiiiiisiuuum. Antes se coge a un guanabí que a un cojo.

Al final, bueno, lo que os podéis imaginar: la "resistencia", esos tipos que quieren que "Elysium sea para todos", pero que luego bien que agarraban el dinero de los que iban allí en misión suicida, ayudados por Matt Damon reconvertido en medio transphormer no se sabe muy bien para qué excepto para molar, consiguen tomar el poder y convierten a todos los habitantes del planeta en ciudadanos de Elysium o algo así, mientras el protagonista paga el más alto precio por convertirse, como diría Coelho, en "el salvador de la humanidad". ¿Por qué? Porque sí, porque le ha tocado en la lotería cósmica, porque era su destino como dijo la monja. De verdad que es fascinante cómo los frikis se tragan esos mensajes paracristianos y reaccionarios como un pelícano una merluza terciada, entera y sin sentir. El final de la tiranía llegará en su momento, por medio del Elegido, cuando éste se encabrone porque le tocan la moral y sea el canal elegido para conventirse en la Ira de Dios. Cambios graduales, ir a la huelga, sindicatos, eso no, que es de rojos y masones. Que llegue el Salvador, eso sí. Imaginaos el siguiente experimento mental: a un director, por poner lo más cercano a nosotros, mexicano, peruano o brasileño, que propone una película en la que un héroe, que vive en los ranchitos o favelas, se encabrona por su mala situación y de los suyos y armado hasta los dientes con ayuda de un grupo terrorista intenta tomar el poder a la oligarquía de su país y "que todo sea de todos y a cada uno según sus necesidades" Escójase de las siguientes opciones una: A) El productor le da cien millones de dólares para que cuente su emocionante historia. B) Lo echa de allí a patadas llamándolo comunista, y le dice que pida financiación en Cuba.

Una vez conseguido todo esto, controlar Elysium, y tras una frase de antología "No podemos detener a los ciudadanos" (Ah, ¿no? ¿Entonces cometer un crimen o dar un golpe de Estado allí sale gratis? Eso explica que Jodie Foster vaya a dar uno, a ver qué tal), el sistema informático de Elysium, que es muy listo y proactivo, implanta el Obamacare universal y empieza a mandar naves llenas de esas cápsulas reparadoras que ríase uno de las de Stargate, para sanar a todo el que lo necesite en la superficie. Que es curioso: las tiene ya preparadas y todo.

Nanananiá, suena el violín, termina el tercer acto y todo acaba sin explicar nada excepto el triunfo abstracto del Bien. ¿Los recursos de Elysium realmente pueden paliar todos los problemas de un planeta contaminado y superpoblado? ¿Los amables piratas informáticos no pueden simplemente volver a instalar la versión anterior de Windows y convertirse en los nuevos amos, el califa en lugar del califa? ¿Por qué los aristogatos son tan lerdos de no compartir, aunque sea puntualmente, esa tecnología maravillosa que parece que no consume tantos recursos, si luego se empeñan en tener a la gente trabajando en factorías decimonónicas, y como todo el mundo sabe la gente sana es más productiva? Ah, no, es que son malos, son malos porque son ricos, son ricos porque son malos y son malos con dedicación plena y por pura dedicación a la maldad. Y además, idiotas. Y montan un sistema de seguridad dirigido por una hijaputa que aparte de ser hijaputa no vemos que haga nada más que ser hijaputa porque ese sistema de seguridad es la nada, y ¡tres! tipos encabronados, si quieren y tienen el día tonto, te pueden poner todo patas arriba sin que nadie pueda hacer nada para detenerlos.



Volviendo al principio: la propuesta es tan maniquea, tan carente de ningún matiz y con una resolución tan ramplona, que uno prefiere ignorar todo lo que se supone que es el núcleo de la película, con niñas contándole cuentos de hipopótamos al Damon y el malo que, como todos los malos, no entiende que alguien pueda no estar diciéndole la verdad y se lleve al personaje, curiosamente, al sitio al que debe estar. Naturalmente, cuando tienen al prota atado a la camilla, tienen también a la exnovia y a su hija allí sentadas en el suelo. No había otro sitio mejor donde llevarlas, no. ¿Por qué Jodie cuando agoniza parece que no quiere ayuda de la lumpemproletariat? ¡Yo qué sé! Será por hablar en francés, que esa gente es muy desagradecida. Pero para mí que es por esto:


Pero eso sí: luego en lo que han gastado las energías y el dinero, que es en hacer que todo quede espectacular y bonito, con cosas que explotan a cámara lenta, eso les ha quedado muy bien. El resto es relleno y una excusa para lo otro, no al revés.


-SuperSantiEgo

11.11.13

Libro: Ciudad Embajada, de China Miéville

A Zafón le ha gustao.
Después de oír rumores dispersos me he decidido a leer este libro, del señor China Miéville. Como es sabido sus padres, muy jipis, le pusieron ese nombre, que tiene bastante coña tanto por ser el nombre de una superpotencia en ciernes como por ser como se dice "porcelana" en inglés, de ahí que en la película de Sam Raimi de Oz hay un juego de palabras con "China Crisis" cuando el mago pasa por la Ciudad de la Porcelana.

El libro, y ya sabéis que a mí lo de la distinción de géneros me importa poco, es ciencia ficción bastante clasicota, pero también moderna. Se sitúa, como también otras sagas famosas, en "el futuro a tomar por saco", y aunque no se dice la fecha se entiende que es unos varios cientos de años en nuestro futuro, después de una Diáspora Humana, otro término ya conocido que supone que ha llevado a la raza humana a expandirse en planetas muy lejanos, y en ocasiones ha dado lugar a culturas tremendamente exóticas. La explicación de esta diáspora y de que las distancias interplanetarias sean tan relativas se debe al modo de viajar, que es a través de una especie de subespacio llamado immer, que cual océano de la Tierra puede ser en unas regiones turbulento o excesivamente peligroso, lo que hace que dos planetas separados por una distancia euclídea muy pequeña luego en realidad estén muy lejanos en la práctica. El immer, se nos dice, es eterno, mientras que el universo conocido o Manchmal se supone que es la tercera iteración en un modelo de universo cíclico o pulsante. Ahí lo deja, y también se pregunta uno qué pasará en la traducción al alemán de la novela de esos dos conceptos, ya que en realidad son dos palabras en ese idioma que quieren decir, respectivamente, "a veces" y "siempre". La protagonista es una astronauta capaz de permanecer consciente y lúcida en ese immer, que parece ser una especie de dimensión del caos que sin embargo sienta muy malamente a los demás seres humanos, hasta el punto de que tienen que viajar sedados.

La ambientación, bien captada por esta ilustración, es la de una ciudad profundamente barroca en un mundo dominado por los Anfitriones, unos extraterrestres nativos del planeta que tienen una avanzada biotecnología, y que permiten que los humanos vivan incrustados en su urbe en esa ciudad embajada. A la Ciudad Embajada le proporcionan una atmósfera respirable para los humanos, y en ella deambulan todo tipo de seres bastante curiosos, desde algún que otro extraterrestre de otros mundos a inteligencias artificiales que van por ahí a su aire porque nadie las ha reclamado. La dificultad de las comunicaciones y lo escaso de los intercambios económicos dan lugar al típico modelo de reminiscencias feudales. Recuerda, hasta cierto punto, al Jodoverso, con sus tecnologías exóticas y tecnoorgánicas, sus extrañas sociedades y religiones y otros excesos, aunque en el caso del Jodoverso todo mucho más visible al tratarse de un cósmic.

La cuestión es que esos Anfitriones, una especie de insectos con una especie de abanico a lo pavo real que les hace de pabellón acústico, hablan en estéreo con dos bocas, lo que impide que ningún ser humano pueda pronunciar su idioma. Éste es uno de los supuestos clásicos que encontraréis en cualquier foro de los fanáticos de la creación de lenguas exóticas, artificiales y alienígenas. De hecho, incluso dos seres humanos puestos de acuerdo para hablarlo, o una recreación por medio de ordenador, tampoco permiten entenderse con los Anfitriones, que por si fuera poco también carecen de escritura. La excusa para esto, y ahí empezamos a adentrarnos en el terreno del misticismo, es que los Anfitriones, al no detectar una conciencia detrás de esos sonidos que se supone que son su lenguaje, no comprenden lo que se les dice, sólo es un sonido incomprensible, mientras que los humanos, con cierto entrenamiento, pueden llegar a entender sin demasiados problemas la lengua de esos Ariekei o Anfitriones, lo que es una curiosa excepción en los conceptos de significante y significado. En estos alienos el Idioma parece estar en su mismo código genético, ya que cuando pasan del estado de pupa al de adulto no tienen que aprenderlo, sino que ya lo hablan, y es éste un idioma único para todo el planeta y que no cambia con el paso del tiempo. La única forma de entenderse con esos alienígenas es cultivar a gemelos idénticos y entrenarlos de modo que piensen y hablen con una sola voz a la vez, de modo que por así decirlo se pueda "engañar" a los Anfitriones y que piensen que se trata de una única entidad. La lengua de los Ariekei es por tanto tremendamente rígida, cada palabra o acción tiene un referente único y por tanto es imposible el concepto de mentira, de pensamiento metafórico o nada que nos recuerde a las lenguas humanas. Yo, sinceramente, creo que una lengua así no sólo sería inútil para el desarrollo de la inteligencia, sino además imposibilitaría crear verdadero pensamiento simbólico, y por lo tanto de dar lugar a una civilización, y menos sin ninguna forma de escritura. Pero bueno, el señor China lo define así, así que habrá que aceptarlo, aunque creérmelo no me lo creo.

La novela se centra pues en aspectos lingüísticos, y también antropológicos, pues el autor tiene formación en esa última disciplina. De ahí que la protagonista nos cuente su peculiar sistema familiar, que quede en el aire cómo se reproducen habitualmente los humanos, y que existan diversas formas de matrimonio a la carta, como hace ella misma con su marido al volver a su ciudad natal. Éste resulta que es un consumado lingüista que quiere estudiar la lengua de esos Ariekei. La verdad es que desde el primer momento se ve un poco el plumero de la novela, aunque también reconozco que al fin y al cabo es su juguete y lo monta como quiere, aunque es imposible que uno no se haga algunas preguntas. Por una lado es incongruente que los Ariekei no entiendan a una computadora que hable en estéreo y que luego terminen por entender grabaciones.

Aparte de estos detalles de intentar crear lo imposible, una lengua que no sea humana pero que podamos entender un mínimo cómo funciona para poder seguir lo que nos cuentan, la novela está bien como novela de aventuras en las que ocurren cosas y hay una especie de conspiración o complot que además tiene lógica respecto al marco de ese universo tan estrafalario que nos describen, y no hay ñoñerías ni cosas demasiado raras narrativamente hablando, aparte de lo extraño de la ambientación, que está conseguida. Lo único, que tampoco entiendo mucho por qué una facción humana bastante fanatizada se enfada tanto porque el Idioma de esos seres parezca que va a cambiar y dejar de ser lo que es, porque sinceramente, ya lo he dicho, me parece una filfa de lenguaje de mucho cuidado, y sobre todo porque al final, aunque nos quieran vender esta obra como muy moderna y de una ciencia ficción muy avanzada, terminamos cayendo en el más descarado startrekismo.

Por startrekismo entiendo esa tendencia de la ciencia ficción en la que, si de lo que hablamos es de relaciones humanas con los extraterrestres, los humanos terminan siendo la única y exclusiva vara de medirlo todo, una especie de humanoombliguismo bastante ingenuo del que raramente se ha escapado esa serie y, por qué no decirlo, el género entero, algo por un lado comprensible porque al fin y al cabo humanos somos y nosotros somos la medida de todas las cosas, pero también no sé, se puede intentar no caer siempre en los mismos tópicos, ¿no? Probablemente el momento más vergonzoso de esta tendencia en esa serie es el momento en el que Worf se va de la Enterprise y Picard le dice lo superguay que es él Worf como klingon por lo muy humano que es, y otros muchos ejemplos de ese tipo que hay. Es decir: al final, por mucho buen rollo y ganas de entender al Otro, el Otro o bien se enfrenta a los humanos y sale escaldado, o se da cuenta de lo mucho que tiene que aprender de esa raza tan pujante, dinámica y emprendedora que ha nacido en la Tierra.
Picard en el momento de celebrar que le ha tocado la lotería de la vida y que es humano.

En este caso, los Anfitriones, además de tener unos problemas del copón que no voy a explicar y que desencadenan los acontecimientos más aventurescos de la novela, "no piensan ahora como antes de conocer a los humanos", de modo que el contacto con ellos los ha hecho modificar su forma de entender su propio Idioma. Esto no estaría del todo mal si no fuera porque al final, de forma bastante teatral, cuando con mucho esfuerzo consiguen empezar a tener (gracias al contacto con los humanos, recordémoslo), un lenguaje realmente articulado, les da una especie de telele al sentir la revelación, se ponen a temblar como si estuviesen en medio de un viaje de peyote y por supuesto a las nuevas crías empiezan a instruirlas en la nueva tecnología lingüística nada más nacer, a la vez que aparece casi de forma espontánea la escritura y, comenzando la casa por el tejado, llegan a la representación por deixis al inventar los demostrativos al señalar algo, "esto", lo que me hace pensar que el bueno de China ha leído algo de Russell o de Quine, muy partidarios de ese tipo de explicaciones.
Parece que hay gente que le tiene algo de manía por cómo escribe.
Por lo menos a mí en este libro no me ha parecido demasiado recargado.

En definitiva, aunque algo mosca por esos vericuetos de los que no sabe salir demasiado bien después de adentrarse en ellos, el libro está entretenido y está bastante bien.


-SuperSantiEgo