31.3.08

La Crisis y el miedito que me da

La verdad es que siempre que oigo lo de Crisis me acuerdo del álbum de Mike Olfield, Crises, que es uno de los primeros vinilos que compré, pero mucho me temo que ahora hablamos de algo más serio:
Pues eso, que estamos en Crisis, que la cosa pinta chunga y que la cagaste Burt Lancaster, y además de mala manera. Algunos vaticinan que puede ser de órdago, así que quizá estemos viendo el principio del fin de las inevitables contradicciones internas del sistema capitalista, o quizá todo sea un bache como cualquier otro, aunque de los malos.

Podemos informarnos en enlaces como Maketo Power, con el que uno puede llorar a gusto, y tampoco estaría de más pasarse por Materias Grises para ver que es probable que pase lo que pase algunos aplicarán sus bonitos principios de no hacer nada, y en El Daño de Luzbel comprobaremos que esto es lo más probable.

¿Nos iremos todos a tomar por saco directamente y pasaremos más hambre que en Biafra? Pues no lo sé. Hay algunos que vaticinan que definitivamente la gran impostura económica que vivimos desde 1973, cuando se fue al carajo el Tratado de Bretton Woods. Como saben los científicos sociales (bueno, casi todos), la realidad social sólo se puede percibir socialmente, así que no es extraño que hayamos vivido en una ilusión durante más de treinta años, que los tiempos históricos rara vez se miden en menos que unas cuántas décadas.

Por si fuera poco, como ya he comentado alguna vez, un grupo cada vez mayor de científicos se pregunta cómo vamos a afrontar las necesidades energéticas cada vez mayores de una economía desbocada e incapaz de plantear un modelo que no sea depredatorio y expansivo. Hace ya años memoricé las fechas que se proponen en Crisis Energética, y precisamente se proponía 2008 como el comienzo de una crisis que empezaría a ser evidente e innegable en 2012 (ZP, igual no fue buena idea ganar las elecciones), fecha por cierto en la que los mayas predicen el fin del mundo y según Expediente-X nos terminarían por invadir los extraterrestres.

Hace apenas una semana le pregunté a Golias (mi colega, no el personaje), que si la economía soportaría un barril de petróleo a 200$. Con una sonrisita me contestó que "Claro... La economía lo soporta todo..." Y como sé bien de qué pie cojea, le solté: "Bueno, claro, también hay economía en el mundo de Mad Max, pero igual no nos hace mucha gracia."

Ya, ya sé que es la monserga de siempre: en cada siglo, por no decir en cada generación, alguien tiene que ejercer de agorero y decir que todo se va al carajo, pero por eso mismo, porque no se pierda la tradición y porque realmente el mundo y el ser humano está continuamente destruyéndose y reinventándose, alguien tiene que decirlo.

Por lo que a mí respecta sólo puedo pensar que Virgencita, que me quede como estoy...

-SuperSantiEgo

27.3.08

Libro: Platón y un ornitorrinco entran en un bar...


La verdad es que el librito está simpático, pero los de Planeta ya podrían ser un poquito más caritativos. Vale que está muy bien editado, con tapa dura, sobrecubierta, guardas de color púrpura imperial e impreso a dos tintas la letra, pero cuando uno ve que le ha durado poco más que un ratito y traduce a cubatas los 18 leuros que ha pagado por él a tocateja, entre tres y cuatro dependiendo de la ciudad y el grado de colegueo con el posadero, quizá es un capricho demasiado caro.
Como se puede ver por el título, es un libro que trata con cierto pitorreo los asuntos filosóficos. No es que deje en ridículo a la filosofía, que para eso ella se pinta sola cuando quiere, sino que presenta en forma de chanzas algunos asuntos filosóficos. Los autores son ambos licenciados en filosofía, y provienen de un tiempo en el que, como ellos mismos dicen, los alumnos de filosofía se podían contar con los dedos de una mano. Por si fuera poco, en la solapa de atrás aparecen librillos como el último de Dragó y Pilar Urbano, y Cartas a un joven español, del gran José María.
Os pongo el chiste que me ha hecho más gracia: Un irlandés entra en un bar de Dublín y pide tres pintas para él, que se va bebiendo a sorbos. El camarero le razona que mejor sería que se las tomase una a una, para que estuvieran mejor, pero el cliente le explica que tiene un hermano en los EEUU y otro en Australia, y se han prometido que en el pub seguirían bebiendo como si estuviesen juntos. El camarero se emociona por tan bello ejemplo de amor fraternal, y cada vez que lo ve entrar año tras año le sirve las tres pintas, hasta que un día el cliente le dice que no le ponga tres, sino dos cervezas. 'Vaya, te acompaño en el sentimiento. ¿Cuál de los dos ha fallecido?' 'No, si mis hermanos están bien, pero yo me he hecho mormón y ya no bebo.'

Mención especial habría que hacer también a la Historia de la Filosofía escrita por Bertrand Russell, totalmente desaconsejable como libro de apoyo pero absolutamente recomendable para partirse la caja, porque entre la ironía, el cachondeíto que se guarda para tipos como Bergson (Premio Nobel de Literatura, como el mismo Russell), y que se nota que escribe con el puñal en la mano, es realmente gozosísimo.

La verdad es que este libro del que hablo estaría bastante mejor si no hiciese uno la odiosa comparación con un libro que compré hace justo veinte años, Pienso, luego río, del matemático John Allen Paulos, que tomaba el reto de Wittgenstein de escribir una obra filosófica íntegramente compuesta de chistes, y donde el autor tenía la sana osadía que hacer pareja a ese filósofo con Lewis Carroll y a Bertrand Russell con Marx, Groucho Marx. Lo editó Cátedra en su colección Teorema, tamaño bolsillo, y 
no sé lo que me costó, pero seguro que no mucho que no estaba yo por aquel entonces para muchos gastos. Hoy se puede conseguir de segunda mano y el original en inglés. Por si fuera poco, tanto en el título, como en la misma portada de la edición de Cátedra, aparece Renato Cartesio, santo patrón de este humilde blog familiar que se dedica a promover los valores eternos de la monarquía, el liberalismo y los buenos hábitos alimenticios.

No sólo el libro de Paulos es superior y hasta incluye bibliografía, sino que no se corta un pelo a la hora de poner operadores lógicos cuando lo cree necesario (->, ^, P(x), ~), y eso que me puedo imaginar a su editor haciendo el mismo comentario que el que hizo a Stephen Hawkins el suyo: por cada fórmula que pongas, divide por dos las ventas. Paulos también se moja: su posición es claramente excéptica e incluso abiertamente favorable a las posiciones antimetafísicas de la filosofía del lenguaje, y no evita ciertos cachondeos hacia figuras como Heidegger, a quien Rudolph Carnap (rama dura del Círculo de Viena), despachó como “frases que son poco más que galimatías”. Paulos no se corta tampoco al reducir al absurdo la teoría del gen egoísta de Dawkins, aunque con el famoso biólogo es partidario del humanismo secular que busca prescindir del hecho religioso por vía de razón, de modo que no es de extrañar que por analogía del término “irreligioso” uno de sus libros se titule Irreligion, aunque no sabe uno si se estará refiriendo al especial fervor que sienten los macusers o maqueros por el sistema operativo de sus amores, hasta el punto que su logotipo es una edénica manzana.
Bueno, tanto uno como otro están bien para pasar un buen rato, aunque el recién editado es bastante más blandito y mucho menos profundo. Tiene, al menos, algunos chistes realmente buenos con “la cosa en sí”, como la enfermera que le dice al doctor: “Doctor, queda un paciente. Es una cosa en sí.” “Ah. Pues dígale que no puedo verla.”
Hola, soy John Allen Paulos. ¿Habéis visto a mi coleguita, el Luisma?

Naturalmente, os pondré cómo termina el chiste del título: Entran Platón y un ornitorrinco en un bar y el camarero se los queda mirando asombrado. ‘Eh, no me mires así’, dice el filósofo. ‘Cuando lo vi en el caverna parecía otra cosa’. Por lo menos el título está pero que muy bien elegido: como todo el mundo sabe, si Dios existe, que crease al ornitorrinco es la prueba de que tiene sentido del humor.

-SuperSantiEgo

25.3.08

Todo lo que sé de Política lo aprendí jugando al República de Roma

Hombre, quizá sea exagerado, pero en cierto modo el clásico juego de Avalon Hill es la única experiencia que tengo en política.

El República de Roma es un simulador político ambientado en la antigua república romana, más o menos desde la época de la Primera Guerra Púnica hasta el ascenso de las grandes figuras de las guerras civiles que acabaron con ella. Es, probablemente, uno de los juegos con más mala leche que existen, y toda una aplicación práctica de eso, de lo que es la política, el arte de lo posible, cada uno intentando llevar el agua a su molino pero en equilibrio con los demás.

Cada jugador juega una facción liderada por una familia de rancio abolengo, en las que pueden ir saliendo distintos personajes históricos. El objetivo es que alguien de tu facción consiga convertirse en el Primer Hombre acumulando suficiente poder, lo que se refleja en los puntos de influencia, que se ganan desempeñando diversos cargos políticos y participando en guerras victoriosas que además proveen de substanciosos botines al Estado. Hay tres períodos históricos, república temprana, media y tardía, y las condiciones de victoria van cambiando, así como los eventos y personajes que aparecen. No es obligatorio empezar en el primer período, y el juego suele alargarse tanto que pocas veces se acaba y hay que comprobar en el momento acordado de fin quién es el que en ese momento goza de una posición privilegiada para comprobar quién ha ganado. No tiene nada que ver con un juego de rol, pero si los jugadores al hacer propuestas e ir a la guerra adoptan un digno tono de voz y se dirigen al resto de los jugadores como “padres conscriptos”, mola mucho más. Al que juega con Catón el Viejo se le agradece que termine cualquier propuesta con “Respecto a todo lo demás, Delenda est Carthago”, y la única vez que jugué con Julio César hablaba en tercera persona: “César propone que ataquemos las Galias y César opina que César sería el más adecuado para que gane nuevos honores Roma… y César”.
Como digo, es un simulador político. Los jugadores, cada uno liderando una facción o partido, representan al Senado de Roma, y como tales son los encargados de los presupuestos del Estado, de decidir qué guerras se combaten y cómo, de elegir los ansiados cargos políticos y religiosos, de asignar concesiones de construcción de armas y barcos o del preciado grano, combatir la corrupción en esos cargos o concesiones, etc. Las distintas cartas que guarda cada jugador provocan eventos, te protegen de intentos de asesinato, permiten hacer intrigas o chantajes y entre ellas están los valiosos tribunos, que garantizan ejercer el estratégico derecho a veto. Llegado el caso, en el momento adecuado y con la carta que permita promulgar una ley, se pueden acometer reformas agrarias que mejoran el estado de la población, aunque perjudican los ingresos del Estado, así que hay que hacerlas con mucho tiento.

Lo insidioso del juego, y lo que lo hace un buen simulador político, es que los jugadores luchan entre ellos por descollar y dejar a los demás atrás, pero a la vez es inevitable colaborar porque todos son representantes de Roma y el juego, literalmente, puede hacerte pasar las de Caín: la neutralidad es imposible y aparecen guerras aleatoriamente que pueden acumularse de forma catastrófica, aparece escasez de mano de obra que encarece los precios, sequías que soliviantan a la población y mil hijoperradas salidas de la mente enferma de los diseñadores del juego. Si los eventos y cartas aleatorios dan algo de cuartelillo es posible que los jugadores se dediquen a ir un poco a lo suyo, pero en la última partida que jugué no hubo turno que no fuese agónico, todo el mundo incluso tenía que donar dinero privado al erario para poder construir unas pocas legiones con las que ir in extremis a unas guerras inciertas, y siempre había que estar vigilando por el rabillo del ojo un marcador llamado Unrest Level (Nivel de Descontento), que una vez se nos desmadró y provocó desórdenes civiles, de modo que varios de los senadores fueron muertos por la ira de la plebe, que llegado el caso y si el nivel de descontento pasa de un límite puede provocar una revolución, con lo que Roma se colapsa, el juego acaba y todos los jugadores pierden. Lo mismo ocurre si se acumulan demasiadas guerras.
El juego es, sin duda, insidioso: una de las formas de tener contenta a la plebe es organizar con dinero privado, nunca del erario, fastuosos juegos y combates de gladiadores, que además de apaciguar a los ciudadanos reportan popularidad al que los organiza, hasta el punto que el populacho, embrutecido por los espectáculos, puede estar la mar de satisfecho aunque pasa hambre y las guerras continuas amenacen la supervivencia de la nación. La popularidad, el amor que siente Roma por ti, es independiente por supuesto de que seas un verdadero paquete de general o un habil político, y te garantiza un buen puñado de votos extra en el caso de que se procese por alguna corrupción real o imaginaria, hasta el punto de que si eres muy popular, con una tirada realmente exitosa, después de defender tu inocencia ante el populacho que te adora éste puede decidir linchar al fiscal que te acusa.
El juego favorece, sin lugar a dudas, el equilibrio: todo jugador que destaque automáticamente verá cómo los demás se ponen en su contra para evitar que acumule más cargos, e incluso se le negará ir a la guerra aunque su capacidad militar sea superior que la de otros cuya influencia no sea tan peligrosa. Es decir: si de momento ves que no puedes ganar tú, tu objetivo es que no ganen los demás, mientras que agazapado esperas a que llegue tu momento y puedas satisfacer tus legítimas ansias de grandeza y poder. Como caso extremo, se puede llegar incluso al intento de asesinato, pero más te vale que te salga bien, porque si no y te juzgan, es casi la única forma en la que puedes, por completo, quedar eliminado de la partida.
Realmente es un juego maravilloso: es capaz de sacar lo peor de cada uno, favorece la corrupción, la doble intención, el quítate tú pa ponerme yo, la agenda oculta, el cultivo de la medianía y el arribismo. Es decir: es un perfecto simulador político. También es todo un ejemplo de lo que es el equilibrio de poder, y de racionalismo y pragmatismo aplicado a las tomas de decisión: cada uno busca su propio beneficio, pero éste sólo es posible teniendo en cuenta los intereses de los demás. No sólo eso, sino que la falta de acuerdo y el que cada facción mire más por sus intereses que por el bien común y la supervivencia de la República termina invariablemente con la destrucción de Roma.
Y eso no debe consentirse, porque Roma… Roma es eterna.

Y de paso, a ver si es cierto el rumor y lo reeditan.

-SuperSantiEgo

14.3.08

La entrada sobre literatura que confirmará a muchos lo que ya temían - Escenario general de Käander Fåder

Como la primera parte de esta disquisición quedó un poco coja, tendremos que explicar unas cuántas cositas más.

Tal como conté, hay un muy antiguo proyecto que define una, por así llamarla, mitología primitiva, o marco general, además en varias versiones. Eso es La Samdáirast. ¿Sería escribible o recuperable hoy? Indudablemente, no. Pero cuando hice la edición crítica de Becratosinok ya especulé que precisamente era recuperable de un modo fragmentario, o incluso caleidoscópico, no como obra completa sino totalmente reescribible y reinterpetable de forma indefinida, contradictoria y donde podrían competir distintas versiones de lo mismo, como una obra de la que hablaba el mismo Borges donde pasaban cosas completamente contradictorias de un capítulo a otro. De hecho algo así ocurrió en la misma Arantóreth con las intervenciones en ella de los personajes de esa obra, en una mitología o marco general todavía más amplio que engloba a La Samdáirast, que así se convierte en lo que se conoce como mitología pre-aratothérica.

La cuestión es que, aunque la misma Arantóreth es en cierto modo un proyecto acabado en su esencia, pues todo pasa y todo se renueva, el marco general permanece. Sin ir más lejos, en Carmiña Burana está claramente implícito. Cuando los goliardos hablan con fervor de “la llegada del Ente”, aunque no saben interpretar las visiones que tienen de ese Ente y lo que sueñan sobre él no lo recuerdan, no están sino hablando de lo que ocurrirá en La Samdáirast. No sólo eso, sino que Golias en un determinado momento casi hace un catálogo de mitología arantothérica, es consciente de la existencia de la Casta del Abóminon e incluso sabe que hay unos tipos que se hacen llamar los edificiales. Más aún: declara que los goliardos tienen una estrecha relación de amistad con las hadas, así que no sería de extrañar que conociese parte de la mitología arantothérica más misteriosa: Tínkenor. La creación según los ángeles, y Vaseinor. La creación según las hadas.

Por tanto, aunque parezca extraño, Carmiña Burana, Käander Fåder y La Samdáirast comparten una extraña conexión o línea temporal. Pero, naturalmente, el subuniverso goliárdico es independiente, y el mismo desconocimiento de lo que es el Ente para ellos lo garantiza. En cierto modo esto define un tanto lo que son los goliardos, tan intensa su vida como sus sueños y visiones, y sabedores de que tendrán algo que ver en la llegada de ese Ente, que nunca llegarán a ver ni comprender. En el original en gallego además se creaba un juego de palabras, ya que “la llegada del Ente” era “a chegada do Ente”, que es lo mismo que “a chegada doente”. Doente significa “doliente”, y es una forma muy habitual de decir que se está en enfermo, “Estou doente”, y también se puede decir de algo que pica mucho que “está doente”. Por tanto era en el original tanto “la llegada del Ente”, como “la llegada dolorosa”, que desde luego los goliardos identifican con el Apocalipsis que con tanta ansia esperan.
Pero hubo un proyecto más, que tiene un origen un tanto curioso, y que comparte esa “línea temporal”. Respondía al curioso nombre de El Amanecer y el Advenimiento, y su argumento era una generalización y adaptación de una campaña de rol que yo mismo dirigí para algunos de mis amigos de GRAAL. En cierto modo era otra precula de La Samdáirast, pero muy cercana en el tiempo a su comienzo y por lo tanto posterior a Käander Fåder, hasta el punto de que los personajes de ese proyecto eran coetáneos a los agentes que iban a desencadenar la llegada del Ente, y podrían incluso llegar a conocerlos. Tampoco veo muy factible su recuperación más allá de lo anecdótico, pero tenía personajes realmente curiosos, como Hernando Sigfrido de Arbotante y Guevara o Quetzalcóatl Castro. Otra de las particularidades de este proyecto es que tenía lugar en su mayor parte en el escenario de la mitología arantothérica, pues se establece, como se muestra en el Ciclo Becratosíaco de Becratosinok, que una cosa son los hechos que nosotros consideramos reales, y luego la Intrahistoria, la dimensión real donde los hechos ocurren en sí, un dimensión mitopoética de la que nuestra “realidad” no es sino un pálido reflejo. En Becratosinok había referencias a esto por ejemplo a obras imaginarias como Los Bectratonautas a los gritos de ¡Viva el Infante don Carolus! y ¡Viva la Reina Niña!, que narrarían los hechos reales que nosotros vemos deformados y simplificados en nuestra realidad como las Guerras Carlistas. En la Intrahistoria, además, sería el gobierno despótico de los Bectratonautas, tal como se describe en El Bectratos V de Becratosinok, el que desencadenaría los acontecimientos que conducen a la llegada del Ente. Precisamente uno de los temas más curiosos respecto a los Bectatonautas, además de sus desavenencias y conflictos internos, era contemplarlos como una fuerza de la Intrahistoria, y que la armaban allá a donde iban. Esto tiene relación por supuesto con las visiones e impresiones de los goliardos tal como los conocemos: recuerdan vagamente cosas que nunca sucedieron, batallas épicas codo con codo con compañeros que no recuerdan, etc. Como ya se dijo en Carmiña Burana, ni siquiera ellos saben su destino último más allá del Apocalipsis, si existen a la vez en múltiples realidades o si en cada una de ellas los goliardos son siempre lo mismo: una excepcional fuerza de batalla, una fratría impía de guerreros que transcienden a la muerte, más cercanos al mito que a lo humano, criaturas de la hybris.
El Amanecer y el Advenimiento tenía elementos interesantes. Por ejemplo el concepto de “hoja de Trismegisto” que pienso utilizar en Käander Fåder, está tomado de ahí. El Orco o dimensión de refugio en la que viven los goliardos y demás razas de la hybris y que les permite interaccionar con el mundo humano según sus términos y condiciones, es en muchos aspectos algo parecido a la Intrahistoria, y también tiene mucho de eso otro proyecto como el de la novela cachonda que comienza con el descubrimiento del libro de chistes que escribió Schopenhauer, y donde se descubriría no sólo el carácter realmente estupefaciente e irrisorio de la realidad, sino que ésta es absolutamente falsa. Y como dije, Käander Fåder no pretende ser una narración objetiva de lo que ocurrió, sino una aprehensión mitopoética de las hazañas de los goliardos, aunque otra opción es alternar la narración tradicional, la versión mitopoética y la misma odisea personal de Sævin en busca de la comprensión de su ontoteratogénesis.

Mención aparte merece el Ciclo de Valden que aparece en la antología de relatos El hombre y su lágrima, ya que en origen se basa también en la mitología arantothérica. En realidad lo escrito hasta ahora, el Ciclo de Valden protagonizado por Samuel Zain, estaría enmarcado en una posible novela anterior, Bureau, que narraría la caída de los alimes y su expulsión de Valden, y sobre todo La abstracción fuera de la caja, narración independiente de las postrimerías de Valden pero plenamente integrada en la mitología arantothérica hasta el punto de que uno de los protagonistas principales es nada menos que Inok, un edificial, protagonista también de El Becratosinok y uno de los personajes más activos de toda la Arantóreth. Parte de la explicación del ocaso de Valden tiene significado por “la ofensa a la Creación”, y Arantóreth, en tanto que personificación, tiene por uno de sus atributos ser la Creación.

Volviendo a Käander Fåder, proyecto complicado y megalomaníaco donde los haya, me encuentro en una situación peculiar. La evolución de los goliardos como personajes desde que escribí Carmiña Burana es considerable, ya que desde el primer momento se pretendió dejar en la duda todo lo que ellos dijeron de sí mismos. Käander Fåder no corrige, sino que complementa y aumenta extraordinariamente el mundo goliárdico visto en Carmiña Burana.

La primera idea era situarla en 2040, pero al final me he tenido que convencer de que hay que retrasar la acción, me guste o no. Me jode porque la escena entre Sabino y su madre se va al garete, aunque habrá que barajar alguna opción de tipo homérico para que se produzca. Aproximadamente estaremos por tanto entre 2080 y 2090, si bien nunca se dirá claramente, y Sabino, nacido en 1970, tiene más de cien añazos, aunque como casi todos los goliardos aparenta una edad indeterminada entre 20 y 30 años.

El que sí seguirá vivo, aparentando unos cincuenta años menos de los que tiene, será su primo Manolo, algo así como el gobernador general de lo que entonces será Galicia.

Cuando empiece la käander fåder de Golias, Kunta, Sabino (Sævin) y Josh el marco general de lo que es el mundo no tendrá demasiada importancia, pero sí a partir de que Sævin se quede más solo que la una, literalmente en tierra de herejes, aislado de un mundo goliárdico en el que lleva viviendo casi en exclusiva durante sesenta años. Sævin ha vivido muy al margen de los asuntos humanos, aunque las líneas generales de lo que ha pasado sí que las conoce, así como la intervención de los goliardos en los asuntos humanos durante el último siglo. Al tener que completar a solas la käander fåder se verá obligado a conocer muchos de los pormenores de lo que se conoce como la Era de la Tribulación, o sencillamente la Tribulación.

La Tribulación.

Tampoco se dará una fecha exacta de su comienzo, y sólo los más ancianos se acuerdan de cuándo comenzó. Consiste en, literalmente, la caída de la civilización tal como la conocemos ahora, víctima de una crisis energética y económica sin precedentes, que en apenas dos años provocó el colapso de todo el sistema financiero, político y económico, destruyó todas las sinergias. Básicamente es uno de los escenarios previstos por la Teoría de Olduvai y el Die Off.

El resultado fue que estallaron guerras por todo el planeta, civiles y entre distintos países, mientras la merma de recursos provocó una crisis alimentaria como no se pudo imaginar. Además de otros ejemplos que irán apareciendo durante la novela, conoceremos la versión del primo de Sævin, Manolo, que dará el punto de vista de cómo lo viviría uno de nosotros, alguien adulto entre finales del s XX y principios del XXI. La humanidad quedó reducida a una tercera parte, y apenas dos mil millones de seres humanos pueblan el planeta a finales del s XXI. Algunas naciones sufrieron excepcionalmente, como China, y sólo muy pocas consiguieron aislarse de algunos de los efectos más devastadores de la Tribulación, como alguna isla remota.

Existen “países” nuevos, aunque en realidad hay una especie de gobierno mundial informal, que nadie se toma excesivamente en serio, aunque parece que va a más. Se hablará de la Nueva URSS que nació en el Largo Invierno de 2058, de la República Independiente de California, de Bolivaria (la unión de casi toda hispanoamérica), del Imperio Brasileño, y por supuesto se mencionará el conflicto por la posesión de Alsacia y Lorena, faltaría más.. También aparecen los Nuevos Estados Pontificios, pues el Papa se ha convertido en todo un señor de la guerra, está armado hasta los dientes y el papado ejerce de potencia central europea. Se hablará de reinos de los que no se dará más que el nombre, y que cada uno se imagine lo que quiera: por ejemplo el Reino Sueco de Túnez, en guerra con las distintas taifas en las que se han convertido los actuales estados de mayoría musulmana. También existe un nuevo califato que intenta reunir a todos los creyentes e incluso habrá un referencia a la Décima Cruzada. Japón fue conquistado por Corea, Taiwán prohíbe cualquier relación con el exterior y nadie sabe lo que ha pasado allí.

Hay grandes diferencias sociales, la mayor parte de la gente vive en unas condiciones de vida que recuerdan más en algunos aspectos al siglo XVIII y XIX que al XX, aunque han nacido nuevas formas de comunitarismo y altruismo para asegurar la supervivencia y la transmisión cultural. Un reducido grupo de personas, descendientes de los que intentaron preservar la civilización, viven con más holgura, pero en un sistema distinto a la aristocracia o al medioevo: se parece más a un despotismo ilustrado o tecnocrático que busca conseguir un mínimo de orden para salir de la Tribulación, y sus componentes siempre actúan acojonados temiendo cualquier estallido social como los que se vivieron en las décadas pasadas. La esperanza de vida ha descendido considerablemente, aunque los tratamientos geriátricos a una minoría que mantiene el conocimiento garantizan que existan casos como el del primo de Sævin. Hay zonas controladas por ese incipiente gobierno mundial, donde los recursos están racionados, y el resto del planeta es “zona libre”, prácticamente impera la ley del más fuerte, la satrapía más brutal y el anarcocapitalismo.

La idea principal es que el mundo entero está traumatizado por la Tribulación, y el cambio social es permanente, aunque una vez estabilizada la población se considera que los últimos diez años han sido positivos. Realmente la tecnología no ha parado de avanzar en lugares muy específicos y ya están listas las técnicas para un “desarrollo sostenible”, aunque como muchos dicen llegan con un siglo de retraso. Por ejemplo es impensable que un ciudadano común tenga un ordenador en su casa, y Manolo dice escandalizado que “algunos ordenadores llevan funcionando más de sesenta años, y cuando se estropean hay que hacer las piezas a mano”, pero se han vuelto a poner algunos satélites en órbita y hay planes para poco a poco recuperar todo lo perdido. El ejército está extremadamente tecnificado, aunque es poco numeroso, y se dedica fundamentalmente a reconquistar zonas estratégicas, a vencer a bandas organizadas y a integrar territorios donde reina el caos. De vez en cuando algua banda o grupo encuentra alijos escondidos de armas de los antiguos ejércitos, y se montan unos cirios más que considerables.

La sociedad ha cambiado de forma radical, y la Tribulación ha transformado más el mundo y la forma de pensar que lo que pudo hacerlo la Peste Negra, la Guerra de los Treinta Años o las dos guerras mundiales. Mucha gente volvió al campo, y van a su aire, además de ser gente ruda donde las haya; se recuperaron antiguas tradiciones y se han creado otras nuevas. En las ciudades, o lo que queda de ellas pues grandes zonas y barrios son poco más que lugares fantasmagóricos, como mucho la gente se reúne en lugares públicos para escuchar juntos las pocas emisiones de radio, hace sesenta años que no hay emisiones de televisión y apenas si quedan unos cines en activo en los mayores centros de población, que reponen una y otra vez las mismas películas rogando porque no se terminen de estropear los sistemas de proyección digital. Las antiguas obras de arte audiovisual están guardadas a buen recaudo en formatos duraderos esperando tiempos mejores. Los libros antiguos y algunos modernos circulan, pero no dejan de ser objetos casi de lujo que pasan ávidamente de mano en mano, y hay compañías itinerantes de teatro que adaptan desde obras clásicas a argumentos de series de televisión o conocidas películas. Al ver esas cosas Sævin flipa por colores, claro, porque los goliardos no participaron de la Tribulación, aunque en realidad sí indirectamente como luego se expondrá. Además, igual que en la antigüedad, han conservado mucha de la cultura que se cree perdida: del mismo modo que conservan las obras completas de Esquilo, tienen a buen recaudo el arte del Museo del Prado y del Louvre, por ejemplo, y gigantescas bases de datos que se creen perdidas. El propósito de todo ello es diáfano para ellos, aunque por supuesto no lo será para el lector. Por todas estas razones, cuando los goliardos salen a empezar su käander fåder, los cuatro tienen un considerable problema porque van con unas discretas pero inequívocas armaduras ligeras y con un equipamiento básico muy por encima de los posibles de cualquier ciudadano, y literalmente van dando el cantazo.

La Tribulación ha marcado tan profundamente la historia humana que hay una corriente casi mayoritaria que reniega del pasado casi por completo, mientras otros no dejan de recrearse en un pasado que se imagina poco menos que como fabuloso, una era de maravillas y prodigios. Hay por ejemplo “clubs del automóvil”, donde jóvenes y mayores contemplan fotografías de antiguos coches, memorizan sus características y se pasan horas y horas discutiendo sobre las bondades y ventajas de aparatos que casi ya no existen y están al servicio de muy pocos para cosas muy puntuales.
La religión también ha cambiado mucho. Se habla de un cisma en el catolicismo anterior incluso al comienzo de la Tribulación, y de hecho el cura castrense que tienen secuestrados los goliardos en la Centuria VI pertenece a la Iglesia Paleocristiana, que tuvo su origen en México, y que mantiene una interpretación radicalmente opuesta de la Tribulación que la que sostiene el Vaticano. En el sur de España es mayoritario el catolicismo islámico del califato independiente (así, haciendo amigos), y en todo el mundo mucha gente se declara directamente atea porque no conciben que pudiera existir un Dios y consentir semejante desastre. En Australia se comenta que la religión Jedi es la mayoritaria, aunque es un lugar muy alejado y de él se sabe poco. Si queda bien y no se da mucho el cante haré que Sævin se enfrente contra dos misioneros que le saquen una especie de sables de luz de pega. Me puedo imaginar perfectamente lo que exclamaría Sævin en esa circunstancia: “¡Vamos, hombre, no me jodas!” Parte de los Estados Unidos es conocido como la Teocracia Thetan, y que cada uno deduzca de ahí quiénes son.

Los goliardos y la Tribulación

Los goliardos no tuvieron nada que ver con el comienzo de la Tribulación, y como bien dicen “los humanos se lo buscaron ellos solitos”. Lo que nadie sabe es que si el ser humano ha sobrevivido a ella y parece que se puede remontar, es gracias a los goliardos. En Carmiña Burana se explicaba bastante bien el profundo desprecio que los goliardos sienten por los humanos, pero igual de intensa es la misericordia que sienten por su debilidad. Aunque son reacios a reconocerlo, los goliardos saben que su destino es parejo al de la humanidad, y que ambos contribuirán a la llegada del Ente. Además, coincidiendo con la Guerra del Orco, los albéitares declararon la Pax Humana, así que consideran que hay una tregua en su guerra contra la humanidad. Como les recomienda Tiago cuando salen cumplir su misión: "No quiero masacres innecesarias, ¿entendido?" Claro que después de una masacre especialmente salvaje, al recordar la recomendación del albéitar, los cuatro tuvieron que justificar sus acciones: "Realmente... lo necesitábamos."

Tal como se explicó en el blog, Golias comenzó la Guerra del Orco unilateralmente, y se supone que los albéitares goliárdicos hicieron lo propio al romper el pacto Statu Quo que convenía entre todas las razas de la hybris el grado de interferencia en los asuntos humanos. Los goliardos siempre fueron la facción dominante, pero al comienzo de la Tribulación y con la Guerra del Orco la organización conocida como Statu Quo y dirigida por Iohannas empieza a realizar “intervenciones quirúrgicas” que evitaron el desastre absoluto durante la Tribulación: asesinato de líderes, labores de información y contra información, etc. Hay muchas leyendas en torno a la Tribulación, y una de ellas es la de “los hombres altos”, que aparecían en los lugares más insospechados y solucionaban situaciones de alto riesgo para desaparecer sin dejar rastro. Fueron los goliardos, por ejemplo, los que salvaron al Papa que reina en la Iglesia durante Käander Fåder, y cuyo pontificado dura ya más de ciencuenta años, y fueron ellos los que evitaron que hubiese una guerra nuclear. Sólo hubo una explosión de este tipo, que borró del mapa para siempre a Jerusalén y conmocionó completamente a las tres religiones monoteístas más importantes del mundo.

Sævin ignora los pormenores de la intervención goliárdica, pero como todos los goliardos sabe que su motivación no fue precisamente del todo altruista, ya que los goliardos siguen esa vaga noción o profecía que es “La llegada del Ente”, que no podría producirse si la Tribulación acababa con la humanidad. Qué es el Ente en realidad, o lo que supone, ni siquiera ellos lo saben.

En las distintas versiones de La Samdáirast hay un rasgo en común, y es que uno de sus protagonistas, el verdadero artífice de la llegada original del Ente, es un huérfano de padres totalmente desconocidos. En la primera versión era un niño de la guerra salvado de la muerte por un soldado anónimo en la Segunda Guerra Mundial, pero los sucesivos atrasos en la acción de la historia tuvieron que modificar esos particulares, aunque siempre fue el mismo acto en esencia. ¿Y qué mejor soldado o guerrero que un goliardo? Más aún: ¿y si en el cumplimiento de esa catastrófica käander fåder Sævin pone en movimiento, en parte conscientemente, los acontecimientos que van a conducir a la llegada del Ente?
La verdad es que, tal como comenté hace poco, tengo muchas ganas de ponerme de nuevo con una obra completa, pero es más fácil decirlo que hacerlo. Es difícil expresar la cantidad de energía y tiempo que se invierte en ello, y el compromiso mental y emocional. En el caso de Käander Fåder el argumento es particularmente brutal, y pasado el primer momento de cachondeo, mientras están los cuatro goliardos juntos, no es sino el continuo descubrimiento por parte de Sabino de la miseria en la que se ha convertido el mundo, y además por parte de un ser superior, un goliardo, que se siente enfermo ante la debilidad, y que debe enfrentarse a toda su biografía para comprender su propia naturaleza, su ontoteratogénesis, perdido en un mundo donde es mucho más ajeno que cuando renunció a él.

Como se puede comprobar el marco general, La Samdáirast, y el marco más general todavía, la Arantóreth, siguen vigentes, pero como pura base. No tienen por qué ser evidentes, ni aparecer de forma explícita, pero desde luego a mí me reconforta saber que puedo integrar todo en un todo coherente e interrelacionado.

Cualquier comentario o sugerencia bien expresada y bien intencionada será bienvenida.

-SuperSantiEgo

12.3.08

Qué es realmente un geek

-¡No lo dejéis escapar!
-¡¿Cuándo aprenderéis... que no soy una persona violenta?!
(Ya, pero de momento la hostia se la das. ¡Putos hippys!)

Pues si atendemos, a la tradición, nada menos que esto,
un personaje de cómic del año del cachipún (1968), totalmente olvidado. Creado, eso sí, por Joe Simon. El personaje se llamaba Brother Power, the Geek, y como se ve por su origen en principio no era sino un dummy (en cristiano, pelele), al que un hippy puso sus ropas ensangrentadas, le cayó encima un rayo y, como era de esperar, es perfectamente normal, lógico y previsible, cobró vida. Los hippys le enseñan su modo de vida y lo bautizan así, como Hermano Poder. Como diría JC, algún día sabremos qué es lo que tomaban los creadores de cómic durante los sesenta, porque es que esto no es normal. No sé qué te tomaste, Joe Simon, pero desde luego quiero probarlo.

¿Y qué nos dice el diccionario que es un geek? Pues según parece es de origen escocés, geck, y significaba simplemente tonto.

1. a peculiar or otherwise dislikable person, esp. one who is perceived to be overly intellectual. (persona peculiar o incluso desagradable, especialmente la que se percibe como excesivamente intelectual.)

2.
a computer expert or enthusiast (a term of pride as self-reference, but often considered offensive when used by outsiders.) (experto o entusiasta de los ordenadores (término de orgullo como autoreferencia, pero habitualmente ofensivo cuando se usa desde fuera.))

3. a carnival performer who performs sensationally morbid or disgusting acts, as biting off the head of a live chicken. (artista de feria que realiza espectacularmente actuaciones truculentas o desagradables, como arrancarle la cabeza a un pollo vivo de un mordisco.)

Vale. ¿Tienes algo que confesarnos... Ozzy? Y deja tranquilo a Gustavo, que el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo no te ha hecho nada.

-SuperSantiEgo