30.1.08

Este (idioma) muerto está muy vivo

Aunque lo que es o deja de ser una lengua muerta es más que discutible, quizá mucha gente ignore que se puede decir "guerra nuclear", o "protocolo TCP/IP" en latín, pues de eso se encargan los que siguen desarrollando e inventando palabras para la lengua de Cicerón y Virgilio.

Si bien esta entrada está escrita desde hace algún tiempo coincide con esta maravillosa noticia que sólo me puede hacer pensar que el mineralismo va a yegaaaaar... Si ya no respetamos ni a los padres... apaga y vámonos.
Aquí tenéis una lista de lo que podéis encontrar en este libro, y aquí una página imprescindible que encamina a otras. A continuación os pongo una pequeña selección de ellas en recio y viril idioma cervantino, lengua que surgió de los poderosos flancos del padre latín.
Cave quid dicis, quando, et cui.Cuida lo que dices, cuándo y a quién.
Nihil curo de ista tua stulta superstitione.No me interesa ésta tu estúpida religión.
Vescere bracis meis.Cómete mis gayumbos.
(Aquí empieza uno a sospechar si el libro no tendrá mucho de "From lost to the river", porque esto es la típica bordería para mandar al carajo, como se ve en Futurama cuando es lo que le dice el muñeco de Bart Simpson a Bender: "Eat my shorts".)
Vacca foeda!¡Vaca estúpida!
Te audire non possum. Musa sapientum fixa est in aure.No puedo oírte. Tengo un plátano en la oreja.
Pistrix! Pistrix!¡Tiburón! ¡Tiburón!
Hostes alienigeni me abducxerunt. Qui annus est?Los alienígenas me abdujeron. ¿Qué año es?
¡Ni se te ocurra borrarme el disco duro!Ne auderis delere orbem rigidum meum!
Nena, cariño mío, ¿sería yo capaz de mentirte?Amicule, deliciae, num is sum qui mentiar tibi?
¿Qué pasa?Quid fit?
Salvemos a las ballenasBalaenae nobis conservandae sunt
Si puedes leer esta pegatina has tenido una esmerada educación y estás demasiado cerca.Si hoc adfixum in obice legere potes, et liberaliter educatus et nimis propinquus ades
Eso no rima.Nullo metro compositum est.
Ni hablar (No way)Nullo modo
GRACIAS POR NO FUMARTIBI GRATIAS AGIMUS QUOD NIHIL FUMAS
Disney no se libra. El nombre en latín de los Siete Enanitos:

  • Fatuus
    Mudito
  • Medicullus
    Sabio
  • Severus
    Gruñón
  • Beatus
    Feliz
  • Somniculosus
    Dormilón
  • Verecundus
    Tímido
  • Sternuens
    Mocoso
Star Trek podría ser traducido al latín sin problemas:
¡Teletranspórtame, Scotty!
Me transmitte sursum, Caledoni! (Lo de Caledoni es lo que se dice una muestra de estilo.)
O Harry el Sucio:

Make my day. (Alégrame el día.)
Fac ut gaudeam.
Ya estaba así cuando yo llegué.Ita erat quando hic adveni.
Se te va a escapar el pajarito / Tienes la farmacia abierta.Braccae tuae aperiuntur.
Nucleo predicus dispella conducticus.Retire el plástico ante de meter en el microondas.
Bueno, el que fue mi poco latín está más que oxidado, pero en general creo que está bastante conseguido todo. Mi única aportación a la causa, precisamente para Carmiña Burana, fue ésta, y la gente que sabe dice que está bien, así que me arriesgo a ponerla. Ya, a veces la capacidad de síntesis del latín asombra. El "May the Force be with you / Que la Fuerza te acompañe" queda en dos palabras cuya traducción lieral sería "Fuerza contigo", ya que el latín no tenía artículos.
En la Wikipedia hay toda una lista de frases latinas bastante maja, y entre ellas me quedo con ésta:
Primas sum: primatum nil a me alienum puto.
Primate soy, y nada de lo primate me es ajeno.
Y por supuesto:
Extra Ecclesiam nulla salus.
No hay salvación fuera de la Iglesia.
(O aceptamos que Susan, el Papa Tudesco, es nuestro Líder, o terminará siendo nuestro casero Pedro Botero.)

Y sobre todo no lo olvidéis:
Quidquid latine dictum sit, altum videtur.
Todo lo que se dice en latín suena más profundo.
Isn't it?

-SuperSantiEgo

29.1.08

All-Star Batman 1-8. De veras que a veces me das miedo, Frank. Mucho miedo

Aunque es ésta una serie que se ha hecho famosa a su manera, hay varias cosas que la lastran, y una de ellas es el ritmo cansino de publicación, ya que en dos años y medio apenas si han salido 8 míseros números. Si a esto añadimos que comparten la actual tendencia de “narrativa descomprimida”, os podéis imaginar que nuestros amiguitos Frank Miller y Jim Lee tampoco nos han llegado a contar demasiado. Entre que uno está con la cabeza en más sitios, y el otro también tiene sus negocios y lo de dibujar no debe ser ni mucho menos su principal fuente de ingresos… si esto alguna vez acaba será a paso de buey cojo, con suerte.

¿Qué hacen estos dos señores juntos? Pues nos cuentan la precuela del Dark Knight Returns, la famosa miniserie en el entonces llamado formato Prestigio que conmocionó el mundo del cómic en 1986 junto a Watchmen, y que se consideró por algunos como la versión definitiva de Batman, y en algunos aspectos cierto es. Se supone por tanto que el Dark Kight Returns (DK o DKR), el Dark Knight Strikes Back (DK2), el Batman Año 1 y este All-Star Batman and Robin the Boy Wonder forman el universo batmaniano de Frank Miller, fuera de la “continuidad oficial” con la que sólo tiene en común precisamente el Año 1, con guión de Miller y dibujos de Mazzuchelli. Según la nueva y cachonda realidad creada después de Crisis Infinita, se supone que es lo que llamaríamos Tierra-31.
Declaración de intenciones de DK2, conocida también como Frank, ¿pero nosotros qué te hemos hecho para que nos trates así?: "Adivinad lo que os voy a hacer con este puño. Y no es pegaros un meco."

¿Que cómo está esta nueva serie? Puf, buah… ¿yo qué queréis que os diga? Como ya dije en otra entrada sobre su guión de Robocop 2, Frank Miller está fuera de control, para mí que ya no se lo toma en serio y está en pleno experimento psicológico a ver cuánta paciencia tienen las editoriales y los lectores, y cuanto más tragamos más se pitorrea. En el DK2, que yo encargué religiosamente al Previews, Miller ya nos dio una del derecho y una del revés, hubo gente que se rasgó con toda la razón del mundo las vestiduras, pero oye, que no aprendemos.

¿Que si es divertido de leer esto del All-Star? Hombre, eso sí: se plantea uno ver cuál es la nueva burrada que va a hacer Batman en cada episodio y si se lo toma uno así hasta tiene su gracia. Además Miller y DC no son tontos, así que el dibujante es nada menos que el siempre espectacular Jim Lee, y al decir eso no puede uno sino hacerse la pregunta fundamental: ¿sigue teniendo el coreano ese je ne se quoi para pintar mozas más allá de los límites de la realidad? Porque recordemos que entre otras cosas el dibujero en cuestión ganó fama por sus viñetas en las que aparecía el malo de turno que se iba a hostiar con los x-men, y detrás lo acompañaba una cohorte de gogós vestidas, hablando en plata, en plan burdel y con ligueros de cadenas, escotes imposibles y minitangas que nos dejaban claro que se habían hecho las ingles brasileñas aun cuando ese término todavía no se había popularizado. No venían a cuento, pero yo todavía no he oído a nadie quejarse. Pues bien: ¿sigue conservando Jim Lee ese je ne se quoi?
Pues sí, es Vicky Vale. Ya, es que ya no se respeta nada. El semidesnudo es completamente gratuito e innecesario, no lo dudéis.


Pues parece que sí. Obviamente Jim Lee es un autor lo bastante importante como para no andar copiando el estilo a nadie, y antes bien al contrario fue uno de los autores más clonados durante todos los 90, así que no imita el estilo de Miller como dibujante, aparte de que Miller a veces parece que va de mal en peor en ese aspecto. Lo que sí que hace Lee es copiar algunas poses y actitudes del Batman de Miller vistas en Dark Knight, y algunas viñetas son claro homenaje. También nos pinta, como Miller, a un Batman mazacote, tipo armario, de los que te crees que le da una patada a un chorizo y lo deja listo para peregrinar a Lourdes. La pinta es además desaseada, con barba de varios días, y un continuo rictus de maníaco en los labios. Yo no se lo presentaría a mi hermana, desde luego.
Toma del frasco...


...carrasco.

Ahora bien, son otras muchas las cosas que han cambiado. Como decía Denny O’Neil en su trabajo para La Sombra, seguir ciegamente a un hombre es fascismo, pero seguir ciegamente a un semidiós no es sino sentido común. Naturalmente eso implica saber quién es un semidiós, identificarlo y seguirlo, pero sin olvidar también que el destino de los que siguen a esos semidioses en sus hazañas suele ser las más de las veces tremendamente trágico. En Dark Knight tenemos a un Batman claramente pasado, pero lo que se dice muy pasado, de vueltas. Sin embargo, la excusa estaba clara: en un mundo tan cochambroso, perdido en la arbitrariedad y hundido en la miseria y la corrupción como el que nos planteaba Miller, al borde del colapso social y el Apocalipsis termonuclear, lo que más se necesita es un Batman que no se corta un pelo y que lo mismo deja a alguien tullido que si es necesario se lo carga sin movérsele un músculo de la cara. Jugar con estos conceptos, y con esos escenarios tan apocalípticos es lo que tiene, además de permitirnos tontear con la pura tentación del fascismo y la autocracia, como ya dije en su momento al analizar la figura del Doctor Muerte 2099, donde el futuro del universo Marvel era una dictadura corporativa tipo cyberpunk tan agobiante y opresiva que un antiguo supervillano clásico con ansias de dominación mundial terminaba siendo el bueno, y su régimen constituía un alivio frente a lo que había. Frank Miller juega con eso en su clásico Dark Knight y sale victorioso, aunque analizando posteriores obras suyas no puede uno sino darse cuenta de cierta admiración soterrada por las figuras fuertemente autoritarias y las medidas expeditivas.

Si en Dark Knight Batman es una figura pasada de vueltas en un mundo todavía más extremo, ésta su supuesta versión más joven es un psicópata fuera de control en un mundo que todavía no nos han definido, y que tenemos que suponer cómo es por lo que ya sabemos de antes, así como imaginarnos que sigue existiendo la Unión Soviética y que Reagan es el presidente, aunque no descartemos graves problemas de continuidad dentro de este subuniverso pues ya el mismo Miller se encargó de hacer en Daredevil dos versiones contradictorias de Elektra, personaje creado por él. Su Batman de 1986 es un tipo implacable, frío, que ya anda sin contemplaciones de ningún tipo e incluso mata a gente cuando es inevitable porque están en plena guerra por la supervivencia, pero aquí tenemos poco menos que a un sádico obsesivo que nos va diciendo en los típicos cartuchos de texto lo bien que se lo está pasando saltando dientes, dejando tullidos a su paso y, aunque con eufemismos, queda bastante claro que algunas veces realmente está ejecutando a algunos sin pensárselo dos veces. De hecho hay momentos que parecen de parodia, como cuando se dice varias veces a sí mismo “Me encanta ser el maldito Batman”, lo que no pudo sino recordarme al personaje entre abierto plagio y parodia que es Midnighter, que como todos sabemos es un Batman muy pasado de vueltas y gay del universo Wildstorm (fundada por Jim Lee), que tiene la famosa frase de “Me encanta ser yo”, pronunciada cuando pasa con una nave espacial por encima del edificio donde se encuentra el malo acojonado por lo que se le viene encima. A veces, efectivamente, este Batman All-Star parece una parodia más que otra cosa. La verdad es que es difícil casar a este Batman, repitiéndose siempre “Nunca abandonaré mi misión. La misión lo es todo”, con su versión más madura del Dark Knight, que lleva años retirado o incluso con el del Año 1. Pero bueno, tampoco era muy coherente el mismo DK2 con el Dark Knight, así que… De hecho el Batman clásico, el de toda la vida que conocimos durante los años 70 y 80, sí que era lógico que en un mundo al borde del Apocalipsis se convirtiese en el personaje que vimos en Dark Knight, pero éste de All-Star es que ya parte con mucha ventaja en el camino a la celda acolchada.
Authority #4 (1999) "Me encanta ser yo."


All-Star Batman #5 (2007). Primero se ríe solo porque se acuerda de un chiste muy bueno y luego añade: "Me encanta ser el maldito Batman."

Por lo demás, pues eso, un desfase detrás de otro. Batman secuestra a Dick Grayson justo después de que maten a sus padres, y lo deja tirado en medio de la batcueva. Si tiene hambre, que cace ratas, que las hay en abundancia, y como el pobre Alfred se apiada del chico y le deja algo de comer, en pleno abuso de autoridad en una alienante relación empleado-patrono, Batman casi le parte la cara ahí mismo a su mayordomo. Hala, así, haciendo amigos y conservando a los antiguos. Los demás personajes, qué queréis que os diga. Sale Canario Negro, como se pudo ver más arriba, en una presentación que dura casi todo un número y que reconozco que apenas entendí, aparte de que Miller hace a la chica irlandesa, no me preguntéis por qué. A la buena mujer le da por volverse luchadora contra el crimen, se encuentra con Batman, y como se pone muy perraca al verlo romper huesos se lo cepilla allí mismo, pero que conste que muy poéticamente bajo la lluvia, lo que explica quizá el encono entre el personaje murciélago y Flecha Verde, tal como vimos en Dark Knight. Después, imparable, Miller se carga todo el trabajo de hace veinte años: yo siempre he sido de la opinión de que poca gente entendió al personaje de Superman en Dark Knight, un ser que se enfrenta al comienzo de su inmortalidad y de una trascendencia que lo supera por su educación humana, y que se aferra a lo único que puede darle un poco de seguridad. Bueno, pues ahora resulta que Batman es algo así como Dios, lo sabe todo, conoce la identidad secreta de todos pero nadie la suya. Superman es todavía un héroe bisoño que no ha desarrollado del todo sus poderes y tiene que correr por encima del agua y dar grandes saltos (como el de la Edad de Oro), pero Batman ya sabe que en el futuro podrá volar. Linterna Verde, nuestro viejo amigo Hal Jordan, es pintado como un tontolculo, poco menos. Lo de Wonder Woman también es de nota: es una verdadera amazona, mira a los hombres por encima del hombro, no hace sino despreciarlos y decirse lo débiles que son, ríase usted de la portada fetichista de Hiketeia, y particularmente curiosa es la frase que le suelta a Linterna Verde: “Jordan, sé de alguna utilidad y ocúpate de mi abrigo”, a lo que el muy tontolculo accede solícitamente creando una percha con su anillo, faltaría más. Yo creo que si no la pone directamente de dominátrix bollera es porque eso contradiría lo que luego aparece en DK y DK2, pero aún faltan números, así que no desesperemos. De los malos, bueno, Catwoman sale un poquito de nada, y el Joker, en el último número publicado hasta la fecha, sí que es un personaje que recuerda al de Dark Knight: frío, cruel, un verdadero psicópata que vive en su propio mundo. A ver cómo prospera el asunto

Lo más sobresaliente, desde luego, el trabajo de Jim Lee, que aunque a mí nunca me ha apasionado como a algunos, sí me parece meritorio. Gotham es como muchos nos la imaginamos, la visión de la batcueva es impresionante, los personajes femeninos ya se puede ver que se la animarían incluso a un muerto, y el diseño del batmóvil convertible es realmente cuco, aunque hay un grave error de continuidad o a mí me lo parece: en DK Batman atribuye ese nombre al espíritu infantil de su compañero, que así lo bautizó, mientras que en All-Star es el futuro Robin, Dick Grayson, el que le pregunta el nombre del vehículo, Batman le responde y el niño replica “Vaya mariconada de nombre”, chiste que luego se repite con Canario Negro. Del mismo modo todos recordamos que cuando en DK sale el batmóvil-tanque que parece extraído de algún manual de Warhammer 40K, se especifica que lo creó “después de unos disturbios realmente graves” (¿quizá Batman The Cult?), mientras que en All-Star vemos que ya se está construyendo. Hombre, no digo yo que Miller se tenga que estar leyendo continuamente su propia obra, pero si va a hacer la precuela de una de ellas como mínimo debería repasársela, ¿no?

En definitiva, que nuevamente no sé si Miller se está pitorreando de nosotros como en DK2, se le ha ido la flapa definitivamente, o qué. Muchas críticas lo han puesto a caer de un burro por intentar hacer una nueva historia de Sin City sin importarle las consecuencias ni violentar la más elemental naturaleza establecida de unos personajes más que conocidos, y otros no pueden sino mostrar su estupefacción al verlo intentar parecerse a Tarantino, o por lo menos a lo peor de Tarantino.

Yo, la verdad, opino que hay un poco de estas dos cosas: por un lado una considerable falta de vergüenza propia y ajena, puro ánimo de hacer caja, y después lo que ya dije sobre lo del experimento psicológico. Tanto Miller con su Dark Knight como Alan Moore con su Watchmen, recibieron presiones por parte de DC para hacer secuelas de esas obras que marcaron un hito, y en ambos casos la editorial se guardó bastante de hacerlas al margen de sus creadores originales pues sabían que el más mínimo desliz en la calidad desataría la furia de los lectores. Como el tito Alan es de armas tomar y para suerte de todos nosotros está como una cabra, se negó en redondo a continuar lo que no tenía continuación posible, y eso que la miniserie de los Minutemen hubiese sido una precuela más que aceptable, y de la que nunca más se volvió a hablar. Exactamente pasaba lo mismo con una obra cerrada y acabada como Dark Knight, coherente y lógica, con un pasado conocido (el Batman de toda la vida), y un futuro que cada uno podía imaginarse como mejor quisiera, dejando un final abierto que puñetera la falta que hacía continuarlo. Durante algún tiempo se especuló con la posibilidad del quinto tomo del Dark Knight, y no sé si por problemas mentales, ansia de ganar pasta o ver hasta dónde podía embaucar al respetable, Miller accedió a hacer el famoso DK2, que a mucho friki fundamentalista hizo exclamar lo de "Si tus ojos te ofenden... ¡si tus ojos te ofenden!" Pues si no hacía falta una secuela, la precuela menos todavía, la verdad.
A ver si adivináis a quién le pareció mal su caracterización en la última película de Batman e hizo que lo de Heath Ledger pareciera un "suicidio involuntario".


-SuperSantiEgo

25.1.08

The man from Earth - Cine fantástico hecho con cuatro duros y buenas ideas


Se quejaba mi amigo Golias, y algo de razón no le falta, de que los mismos aficionados suelen poner a caer de un burro a las películas de género fantástico, y que así no hay manera. Puede que sea cierto, pero que aprendan a hacerlas mejor o sin insultar la inteligencia del respetable, y que conste que aunque abunden las críticas por un lado siempre hay gente que las defiende y en el caso de Soy Leyenda se han puesto las botas en taquilla, así que por eso tampoco pueden quejarse.

Claro que de vez en cuando surgen películas como mínimo interesantes dentro del género fantástico o de ciencia-ficción, hechas con cuatro duros mal contados y que se centran exclusivamente en un guión bien montado. Un caso claro es el de esta película, El hombre de la Tierra, hecha con un presupuesto ridículo, y sin un solo efecto especial ni nada parecido. De hecho la película es completamente teatral, que es lo que se suele decir cuando transcurre en apenas un escenario, que en este caso es la casa de un profesor de Historia en Stanford que se reúne con sus amigos profesores para despedirse de ellos. Entre bromas y veras, termina confesándoles que tiene unos 14.000 años de edad, y que nació siendo un Cro-Magnon en algún lugar indeterminado de Europa.

A partir de ahí, siguiéndole unos el juego y otros más incómodos por lo que les está contando, se desarrolla la película. Y la verdad es que a pesar de esta naturaleza teatral (el guión podría ser reconvertido como obra de teatro sin ningún problema) no se hace pesada, y todas las reflexiones sobre la inmortalidad están muy bien llevadas. John Oldman es en muchos aspectos un ser excepcional, pero como él mismo repite la suya es sólo la experiencia de un ser humano, desde un punto de vista, a lo largo de las eras, y la perspectiva de la historia que tiene la ha adquirido leyendo las reflexiones de los demás, como cualquier otra persona. Eso me volvió a recordar el fantástico relato ¿Qué le ocurrió al cabo Cuckoo?, de Gerald Kersh, donde se hacía también una magnífica reflexión sobre la inmortalidad: un soldado gravemente herido, tratado por Paracelso, se vuelve inmortal, pero en sus cientos de años de vida no ha cambiado demasiado, ni obtenido una gran sabiduría, sino que sigue siendo básicamente el mismo, y una vez tras otra se ha ido alistando en distintos ejércitos porque eso es lo que sabe hacer, ser soldado.

La película trata algunos aspectos polémicos al identificar al protagonista con algunos personajes históricos reales, pero no voy a decirlo para no destripar nada, y lo que he contado antes está en cualquier sinopsis promocional de las que se encuentran por ahí. El final, aunque en algunos aspectos previsible, no deja de ser también el más lógico para semejante historia. Si veis la película ya lo comprobaréis.

Como datos curiosos, el guión es la última obra de Jerome Bixby, terminada poco antes de morir y en colaboración con su hijo, aunque era un proyecto que llevaba preparando durante décadas. Bixby es un conocido autor de ciencia ficción, y algunos de los episodios más conocidos de la serie original de Star Trek los escribió él, así como otros de Dimensión Desconocida (sí, hubo un tiempo en el que se sabía adaptar y traducir.) También la película se ha ganado simpatías por la actitud del director, que ha animado a todo el mundo a descargársela de forma gratuita. Esto, por un lado, no es sino pura lógica, ya que además así se gana publicidad gratuita de su obra, como la que le estoy haciendo yo ahora mismo.

Entre los actores, el buen friki reconocerá enseguida a Tony Todd (Candy Man), a John Billingsley (el doctor Phlox de Star Trek Enterprise) y a William Katt (Ralph Hinkley de El Gran Héroe Americano), al que también podremos ver, si tenemos estómago para ello, en el mockbuster de Alien vs Predator 2, Alien vs Hunter, aunque dicen que es el original tal cutroso y malo que su copia de bajo presupuesto seguro que lo tiene difícil para ser peor.

Aunque a nadie le amarga una película espectacular de vez en cuando está más que bien ver una historia que está más cercana a las reflexiones propias del género fantástico más literario y trata al espectador con inteligencia. A muchos, no se puede negar, les parece una película bastante gafapasta, pero es lo que hay.

-SuperSantiEgo

23.1.08

Relato: Seré Leyenda

Seré Leyenda

Hace seis meses que permanezco encerrado en mi casa, que es mi prisión y mi refugio, de ellos, de los que huyo la mitad del día. El mundo es suyo durante la mitad de las horas del paso del tiempo, pero mientras duermen su plácido sueño de la alienación la ciudad es mía, mía para hacer lo que quiera, para saltarme todos los semáforos que quiera, para andar por las calles vacías por las que nadie transita, para recuperar los pocos vestigios, cada vez más escasos, de lo que fue la civilización que me vio nacer, y que ahora se desvanece.


Cuando salen permanezco en mi escondite, aunque ellos, todos, saben que aquí es donde vivo, donde permanece el último atisbo de un mundo que ellos han substituido creyendo en su locura que es mejor que el que existió y ya nunca volverá. Malditos seáis todos. A veces veo películas de ese mundo desaparecido, o antiguos programas de televisión, y me embarga la pena y el dolor al saber que yo soy probablemente el último de mi especie.

Obviamente, tenía que salir un perrito.

Todos los días, a la misma hora, lo veo venir. Primero veo su sombra en la ventana, y que se detiene un momento a ver a través de las cortinas si estoy. ¿Dónde voy a estar si no? ¿Entre ellos, a los que tanto odio y desprecio, los que no me dejan ni respirar? Luego se acerca casi con timidez a la puerta, llama quedamente con los nudillos y con voz amable, nunca lo bastante alta como para resultar ofensiva, dice lo que todos los días.

-¡Sal, SantiEgo! ¡Sal!

Las primeras veces le contestaba a través de la puerta y le decía: "Lo siento, cabronazo! ¡No me queda! ¡Y a vosotros menos! ¡Sosos, que sois unos sosos!" Así fue como les puse nombre, a la nueva raza: los Sosos. Después dejé de contestarle, y fue peor, porque ya no sólo llamaba a mi puerta para pedirme que saliese.

-¿Estás bien, SantiEgo? ¿Te pasa algo? Si necesitas algo ya sabes dónde estoy, no tienes más que pedírmelo.

Cómo los odio. Y a él más, mi vecino. Lo odio más incluso que antes de la plaga, cuando lo denuncié dos veces por tener la música demasiado alta por la noche, o porque su puto caniche se meaba ante mi puerta. Primero amenacé de muerte al caniche, luego a él, y menos mal que una vez vino la policía y nos separó, porque o si no me lo cargo con las manos desnudas.

Una vez al mes o así me monto un buen homenaje, y se me levanta el ánimo. Me preparo un buen chuletón de los que tengo congelados, abro una botella de vino de las que conseguí salvar y me pongo fino mientras veo Grupo Salvaje y Braindead, una detrás de otra. Luego me tomo un buen lingotazo, y duermo como un bendito, aunque después me entra el bajón cuando pienso que cada vez está más vacía la nevera, y más solitarias las botellas de alcohol que quedan. Tengo que economizar, y por eso no me queda más remedio que comer lo que todos los días me dejan en un carrito a mi puerta, comida sana y nutritiva cocinada al vapor por no sé qué soso anónimo, y siempre sosa, como ellos.

Afortunadamente, calculo, tengo sal almacenada para mucho más de lo que dure mi vida, eso sin contar que un día no se me terminen de hinchar las narices y me pegue un tiro con las pocas armas que quedan, las que yo conservo como oro en paño y limpio y engraso de vez en cuando para que me duren.
A veces acaricio el Dragunov, y me imagino parapetado en una azotea, matándolos uno a uno, borrando de sus caras esa expresión de gilipollas. Sería tan fácil... ¡Toma, soso de mierda! ¡Muere, tontolculo! ¡No pongas esa cara porque haya matado a tu hijo, que ahora vas tú! ¿Pero para qué? No acabaría nunca. Hay tantos gilipollas, y tan pocas balas… Los explosivos serían una solución, cierto, pero la idea se me ocurrió después de que desaparecieran.
El tiempo pasa, y no he encontrado a nadie en la ciudad como yo. Si nos hubiésemos organizado antes, cuando todo empezó... Al principio nadie se dio cuenta de que había cada vez más infectados, sólo unos pocos nos percatamos de que pasaba algo raro pero no hicimos nada para evitarlo. El día que me crucé en el portal con mi vecino, y no me miró con cara de asco sino que me saludó cordialmente, supe que algo realmente malo estaba sucediendo. Se habían escuchado comentarios, algunos veíamos indicios, pero no sospechábamos la magnitud del desastre. Aquel día me dije que hacía mucho tiempo que el gilipollas de mi vecino no ponía alta la música aunque a veces de día creía oír algo que me recordaba a las canciones de Enrique y Ana, y de noche por la ciudad comprobé que las calles parecían más solitarias que nunca, aunque era verano y hacía buena temperatura, y además era viernes. Los locales de siempre estaban medio vacíos, y apenas si se veía circular coches por la calle.

Lo peor fue el día que le pregunté a Pepe en un bar casi vacío:

-Pepe, ¿por qué tienes esa cara de gilipollas? Sonreír tan continuadamente no debe ser bueno, seguro.

Y en vez de soltarme una de sus borderías de siempre, de las de enmarcar, sonrió afectuosamente, echó un trago y dijo:

-Queridos amigos, me siento feliz con vosotros. Y de verdad, os quiero. Os quiero mucho. Pero... he pensado que... ¿dónde mejor voy a estar que con mi mujer, en casa?

-Hombre, si es por follar... se entiende que te vayas.

-No, queridos amigos. Creo que es mejor no salir de noche. Las personas decentes se acuestan temprano y permanecen con su familia, que es donde deben estar.

Se fue tras abrazarnos a todos, y supe que algo iba muy mal al darme cuenta de que estaba tomando una sin alcohol. Me gustaría poder decir que no volvimos a saber de él, pero no fue el caso. Hasta que desconecté el teléfono ya desesperado no dejó de llamarme para invitarme a comidas familiares y sanas excursiones por el campo con sus hijos.

A veces es inevitable que me vean. Deambulo por la ciudad de calles impolutas, derribando papeleras y meándome por las esquinas, y me ve alguien que vuelve de un viaje, ilusionado por estar cuanto antes en su camita, y veo cómo me señalan con el dedo, o me saludan amablemente con la mano al reconocerme. Pasada la primera sorpresa, se acercan con esa sonrisa de gilipollas, con esos ojos tan abiertos en una franca mirada, pero antes de que me ofrezcan nada o me pregunten por mi salud salgo corriendo, y nunca me cogen. Después voy a un supermercado, abro las puertas que nunca están cerradas, y robo sin pudor la lechuga, los tomates, el pescado blanco, el arroz y los brotes de soja que son la base de la dieta de los sosos. Al principio buscaba las cámaras de seguridad para hacerles un calvo antes de irme, pero poco a poco fueron desapareciendo cuando se dieron cuenta de que ya no servían para nada y no había nada que vigilar. A los videoclubs ya no voy, ni a las librerías, porque ya no hay películas de Tarantino, ni discos de AC/DC, ni novelas de Sven Hassel sino en el reducto del mundo antiguo en el que se ha convertido mi domicilio.
¿Cómo hemos podido llegar a esto?, me pregunto. Quizá estuvimos a tiempo de detenerlo, debimos ver las señales y actuar. Recuerdo con horror la cara de uno de mis compañeros cuando me dijo que los palestinos y los israelíes firmaron la paz perpetua, para juntos construir un futuro de prosperidad basado en el mutuo respeto y el amor al prójimo. En ese momento sólo pude exclamar: "¡¿Pero en qué clase de mierda se está convirtiendo el mundo?!" La chica que trabajaba a mi izquierda me miró primero compungida, como si le afectase el tono violento de mi voz... y luego me sonrió como una gilipollas. Supe que no había esperanza cuando todos juntos se levantaron en la ONU y cantaron "Al mundo entero quiero dar un mensaje de paz..." A todos les hubiese dado yo una patada en la boca. Pocos días después tuve que empezar a huir de ellos cuando la enfermedad alcanzó su estadio más virulento e intentaban abrazarme al ver que mi ceño estaba fruncido y no sonreía como ellos. A duras penas conseguí llegar a mi casa, e incluso dos veces no pude evitar una invitación a tomar un zumo de zanahoria, mientras me enseñaban las fotos de sus hijos y me hablaban de algunos asuntos familiares que a ellos les parecían del máximo interés.

Desde entonces no salgo de noche, cuando ellos duermen bien rectos en su cama, las manos cruzadas sobre el pecho y la sonrisa seráfica disfrutando de los más hermosos sueños, y cada mañana el vecino llama a mi puerta para animarme a salir y ser uno más de ellos en un nuevo y precioso día del Señor. Al principio temí que asaltarían mi casa, y entrarían en ella como una horda incontenible, hasta encontrarme sollozando en el más escondido rincón para presentarme a su familia y decirme lo hermoso y azul que es el cielo, pero luego comprendí que no había ningún peligro. Son demasiado educados como para hacer algo así.

Algunas veces pienso si no sería mejor hacer lo que algunos de los últimos miembros de la Asociación Nacional del Rifle, que se suicidaron todos juntos al lado de una pancarta que ponía “De mis manos muertas y frías, caraculos”. Decid que sí: antes muertos que gilipollas. Cuando se me acabe la carne roja que tengo en los refrigeradores, los helados, el tabaco, se me caduquen los últimos cartones de leche entera que conservo y haya visto y leído todas las películas y libros que conservo, ya veré lo que hacer.

Mientras, aquí sigo, todas las mañanas oigo a mi vecino tocar en mi puerta y preguntarme preocupado si necesito algo, y como siempre dice “¡Sal, SantiEgo! ¡Sal!” Pero no saldré. Vi en la televisión, cuando todavía podía verla, lo que les pasó a algunos que, inmunes como yo a esta cruel plaga, intentaron vivir entre ellos y adaptarse. Uno terminó lanzándose desde el último piso de Torre Picasso gritando “¡No hay quien os aguante, hijos de putaaaaa…!”, y un antiguo rapero se colgó por el cuello hasta morir delante de un cuartel de la Guardia Civil reconvertido en área de recreo para ancianos, en donde hay lista de espera para hacerles compañía y atenderlos. Aun así, lo que me estremece, lo que me horroriza, es pensar que quizá haya algunos sin infectar que sí vivan entre ellos, viendo todo el día esas sonrisas de oreja a oreja, recibiendo cien abrazos o más a lo largo de la jornada, todos dándose cortésmente las gracias por nada, y que luego en el comedor se traguen el panaché de espinacas y las sardinas al vapor, una fruta de postre y luego la infusión de té blanco o manzanilla, siempre obligados a forzar una sonrisa amplia para que los de alrededor no se empiecen a preocupar por ti y te pregunten si estás bien. Y sobre todo tendrán que mantener los ojos completamente abiertos hasta que se les reseque la córnea, y hablar como ellos, decir que todo es genial, ideal, maravilloso y perfecto, y me imagino también que cuando estén solos los dominará el llanto incontrolable, y que preferirían ser enterrados vivos antes que permanecer un día más entre los putos sosos.

A veces me preocupo, creo que yo mismo estoy infectado porque me lleno de fantasías y pensamientos positivos imaginando que todo será temporal, la infección será pasajera y remitirá, y por fin las cosas volverán a ser como antes. Mi vecino se cagará en mis muertos a través de la puerta mientras la aporrea, volverá a haber atascos en los que la gente se insulte, la gente jurará en arameo por lo mierda que es su trabajo… y… Y entonces miro el router apagado al lado de este ordenador en el que escribo para una posteridad que ya no existe, y recuerdo cuando lo desenchufé desesperado. Recuerdo los cientos, miles de emilios que recibí en los últimos días, de conocidos y gente anónima preocupándose por mí, mi jefe diciéndome que me tomase todo el tiempo que fuese necesario, que mi puesto de trabajo estaría allí esperándome cuando me sintiese mejor. Recuerdo que respondí a todos con la misma frase, “Os odio, sosos de mierda”, y que todos me contestaron más o menos lo mismo: “Pero nosotros te queremos, SantiEgo. Nosotros te queremos”. Pero eso no fue lo peor, sino unos días después, cuando mirando y mirando, después de ver cientos y cientos de galerías de flores y vídeos de hermosas puestas de sol, me di cuenta de algo terrible, no me lo quise creer pero al final me rendí a la evidencia y el grito inhumano que salió de mi garganta sólo tuvo rival en potencia con lo que después exclamé, con tal fuerza que casi rompo las cuerdas vocales, y me consta que desperté a todos los sosos de mi edificio: “¡¡¿Pero qué ha pasado con toda la puta pornografía, joder?!!”

Una vez al mes, me lo impongo a mí mismo, me acerco a la televisión y me obligo a encenderla, aunque sudor frío corre por mi cuello y mi espalda. Me impongo también no romper la pantalla de una patada, como sucedió las primeras veces, sino que estoicamente me siento con el mando a distancia en la mano, que tiembla cuando pulso el botón de encendido, y trago saliva cuando veo la cara de la locutora, con una sonrisa de oreja a oreja, con esos ojos demasiado abiertos que los hacen parecer a todos un puto dibujo manga al decir: “Hoy todo va perfectamente”. No me he enterado de muchas de las cosas que han ocurrido, pero he visto programas donde explican que ya no hay mendigos por las calles, algunos han vuelto a ser productivos gracias al apoyo de todos y su propia voluntad de dejar hábitos tan perjudiciales como el alcohol y las drogas, y a los irrecuperables se les ha garantizado una vida digna ayudados por el conjunto de la sociedad. Se anuncia la limpieza de la atmósfera y de los campos contaminados, patronos y trabajadores compiten entre ellos para ser los que más contribuyan a la prosperidad de todos, y se retratan juntos gustosamente dándose fraternalmente la mano, mientras en la última campaña electoral los líderes de cada partido político pedían con educación exquisita el voto para los demás partidos, que seguro que lo harían tan bien o mejor que ellos. Los nuevos proyectos de salud pública, financiados con los recursos que antes se empleaban para la industria bélica y de los vicios (¡oh, Dios, los vicios!), proclaman la curación de todas las enfermedades en apenas una década, lo que llevará a una mayor felicidad para todos.

El fraude fiscal es cero. ¡¿Pero os queréis ir todos a cagar a la vía cuando pase el tren, hombre?!
Pero aún quedaba lo peor, una vez que encendí la televisión y vi que hablaban de mí, el último hombre irascible, capaz de ser violento, y que ponían la foto que me hicieron cuando exasperado le solté un bofetón a un niño que se ofreció compartir conmigo su apio. Ya, ya sé que no hay que pegarle una hostia a un niño, ni siquiera si es un soso, pero que conste que me aguanté y no lo ahogué allí mismo cuando me pidió perdón por si había hecho algo malo y me preguntó si quería que cantase algo o que bailase un poco para levantarme el ánimo. Sí, a los niños pequeños les hablan de mí, y los escritores se inventan historias sobre el último hombre capaz de estar enfadado, aunque luego en las adaptaciones cinematográficas el actor que me interpreta tiene que ponerse una máscara que simule unas emociones que ya no puede fingir, o lo retocan después por ordenador. Se han creado clubs de Apoyemos a SantiEgo por todo el mundo, se organizan vigilias para pedir a los bondadosos dioses que me una a la nueva humanidad, y por todas partes hay pancartas con mi imagen, que les recuerdan a todos el orgullo de lo que ya no son. Me consta, porque las he visto, que algunos lucen chapitas con mi rostro, y que los niños esperan ilusionados que sus padres les compren un póster mío que pegar en su habitación al lado del de la Abeja Maya. He llegado a oír rumores sobre un parque temático, pero me he negado a investigar más sobre el asunto.

Pero no lo haré. No pienso unirme a ellos. Permaneceré aquí encerrado de día, mientras ellos crean un hermoso mundo feliz, un admirable mundo nuevo que será una gigantesca gominola. Sea por mi propia mano, sea vencido por la enfermedad o la vejez, espero que un día se den cuenta de que hace mucho tiempo que no salgo, ni saben nada de mí, hasta que su preocupación sea tan grande que venza a su natural timidez y decoro y tengan que derribar la puerta, sólo para encontrarme sentado en el sillón, no más que unos huesos blancos como su limpia conciencia, mi sonrisa rígida y enorme en una mueca tan sin descanso como la suya, y las cuencas de los ojos tan grandes y vacías como su casi impárpada mirada.

Sólo espero que en el estertor postrero que acabe con mi especie recuerde levantar un solitario dedo corazón en una de mis manos como última despedida, y así confirmarles que, por siempre para ellos, seré leyenda.

FIN
*
Pozí, ayer fue un día realmente productivo en el trabajo.

Como veis éste es un pequeño y humilde homenaje-parodia a Soy leyenda, de Richard Matheson, a raíz de una pequeña parida que incluí en el comentario de la actual adaptación de la novela: ¿y si en vez de convertir en vampiros o peligrosos mutantes a la gente, el virus o bacteria las convirtiese en seres insoportablemente amables, preocupados por su salud y la de los demás? Bueno, algo así se vio también en Demolition Man, donde todos eran de lo más empalagoso, y casi sin quererlo una de las escenas que describo parece sacada de La invasión de los ultracuerpos, en el que alguna gente intentaba pasar desapercibida entre los nuevos seres que substituyeron a los humanos.

Acojona, ¿eh?
-SuperSantiEgo

16.1.08

Cogitatio Caeca III: Iohannas

Introducción: En Carmiña Burana el gran desconocido es sin duda Iohannas, Xan en la novela. Él es el tercer goliardo, uno de los tres Conspicuos y el coautor del Hoc Lieber con Tiago y Golias. En cierto modo Iohannas es el protagonista oculto de Carmiña Burana, hasta que se descubre quién es en realidad. Aunque he dudado si dotarlo de algo más de contenido, se puede aprovechar lo que se insinúa en la misma novela: Iohannas es el principal autor de la teología goliárdica por medio del Hoc Liber, mientras que Tiago es el autor de la parte “científica” y arcana, y Golias es el autor de los tratados militares y el que conforma la ética goliárdica.
Esta Cogitatio, probablemente la última, empieza diez años después de los hechos de Carmiña Burana, que se supone que tuvieron lugar aproximadamente entre 1997 ó 1998. Aquí aparece Iohannas como director de Status Quo, un concepto que está de forma implícita en Carmiña Burana, y que explica un poco cuál es el breve pero importante papel que tiene Iohannas en Kaänder Fåder.
Cogitatio Caeca III: Iohannas.
Al tibio sol de la mañana que enciende mi rostro contemplo el cielo azul del padre Júpiter que todo lo ve, sentado en un banco de la Alameda, mirando a la gente, los humanos, caminar delante de mí, y sorprendidos de mi tamaño ven que abarco con la envergadura de mis brazos el ancho del asiento como si insinuase que nadie se debe sentar conmigo.
El niño juega a la pelota solo, haciendo cabriolas con el balón mientras muestra una coordinación extraordinaria, luciendo orgulloso el chándal oficial de su equipo favorito, ensimismado en la perfección de su arte. En una de sus patadas el balón de reglamento viene hacia mí, y lo detengo sin problemas hasta que queda atrapado contra el suelo por una de mis recias botas militares.
¿Me devuelve la pelota, señor?
Es un niño muy guapo, y tan alto que no parece que sólo tenga diez años. Diez años ya. Se ha acercado más de lo que muchos otros se habrían atrevido, y me mira sin miedo y sin inquietud con unos grandes ojos claros tras los que percibo el resplandor de un espíritu inflamado que en pocos años volverá a arder con fuerza irrefrenable.
¿Esto es tuyo?
Y le señalo el libro que hay a mi lado.
No.
Entonces es que alguien lo ha dejado aquí. Puedes llevártelo si quieres. Yo ya lo tengo. El niño se acerca tranquilamente y se sienta a mi lado para mirar la cubierta del libro. Frunce el ceño y me mira con disgusto.
Jo, está en inglés.
¿No lo estudias en el colegio?
Sí, pero… todavía no sé bastante.
Bueno, tú inténtalo.
Se quedó con el libro y sin pedirme permiso le pega una patada al balón para liberarlo de mi bota.
Eh, niño. ¿Cómo te llamas?
Nito.
¿Nito? Cago en la… ¿Pero de dónde has sacado ese nombre, y ya de paso ese acento?
Mi madre es de aquí, y yo nací aquí. Luego se fue de profesora a Almería, y se casó con mi padre. Mis abuelos me llaman Nito. A veces venimos de vacaciones.
¿Y no te han dicho tus padres que no debes hablar con desconocidos?
El niño se quedó callado, dio un tremendo patadón a la pelota y la hizo rebotar contra la pared detrás del banco en el que estaba sentado para que llegase a sus manos.
No me das miedo.
¿Hay algo que te lo dé?
¡Ja! Bueno, me voy. Adiós.
Adiós. Oye, Juanito…
El niño se dio la vuelta y me miró extrañado, pero no dijo nada.
Lee el libro, ¿vale?
Vale.
Y cuando ya se había marchado me dije para mí mismo que el alma no aprende, sino que simplemente recuerda, y luego estallé en carcajadas al pensar la de bromas que en las décadas por venir tendría que soportar por lo de Nito.
Entre todos los hombres el más amado. Simplemente, así es. Sé que a mí mis hombres me aman, más allá de toda devoción, y sé que del primero al último, incluso los que no me conocen personalmente, derramarían su icor por mí, y entre todos los seres de la hybris es sabido que para provocar a un goliardo no hay más que insultar delante de él a mi persona. A mi paso surgen los saludos y loores, y sé que mi legión me ama como yo a ella, afinada a la perfección para acometer cualquier gesta de guerra. Me seguirían al Infierno sin preguntar y sin importarles que las puertas del Averno se cerrasen a nuestro paso. También el otro conspicuo es amado, obedecido más allá de toda medida, y el respeto y admiración que provoca nace de la misma fascinación del poder sin medida que emana, y tal es así que lo que Tiago dice, así es y así se hace. Aman a Tiago porque saben que nada es imposible si él está a tu lado.
Pero Iohannas es entre todos el más amado: allá donde él esté, allá donde vaya, se extiende la alegría, los fistores elevan al cielo un canto más perfecto y nuestra clara visión de goliardos se agudiza. Oírlo disertar durante horas sin descanso sólo es penoso por el momento en el que acaba, y no hay goliardo que no se haya hecho una foto con él. Entre todos el más amado porque todos sabemos que no hay sufrimiento como el que soporta Iohannas, y que ni siquiera nuestro amor fraterno sin límites puede sofocar del todo. Tal es nuestro amor por él que comprendemos lo que hace, y por qué a veces nos abandona y priva del resplandor de su existencia.
Nos lo advierte cada vez, pero aun así nos resulta imposible. Nos lo suplica, pero es superior a nuestras fuerzas. No podemos evitarlo.
Nadie puede olvidar a Iohannas. Nadie puede olvidar lo que es, lo que hace y lo que ha hecho. Nadie ignora que es el enlace goliárdico de la comisión multilateral de Status Quo, y que en las reuniones con el resto de los representantes de la Hybris cuando habla nadie se atreve a contradecirlo, y que sus argumentos son inapelables, hasta el punto de que la multilateralidad es apenas un hecho formal y Status Quo es en la práctica una institución goliárdica donde apenas si se informa a los demás de las decisiones tomadas. Mientras Iohannas dirija Status Quo, las cosas serán como deben, y cada cosa será y estará en su sitio hasta que llegue el momento en que todo estará llamado a dejar de ser. De veras que lo siento, Yuri. De veras que lo siento.
Bueno, en realidad no lo sentía tanto, pero Yuri había servido bien a nuestros intereses, y hasta el momento había cumplido aceptablemente con sus entregas y funciones para ser uno de los mafiosos rusos de la peor calaña. Nos tomamos nuestras copas juntos y nos corrimos nuestras juergas en sus garitos de Moscú, así que en cierto modo me desagrada verlo atado a la silla enfrente a la que yo estoy sentado a horcajadas en este séptimo sótano de un aparcamiento abandonado donde hace más frío si cabe que allá arriba donde todo lo cubre un grueso manto de nieve. Apenas un neón medio cascado nos permite ver, y se desdibujan las formas y los contornos en distintos tonos de gris.
¿A qué estás esperando, Sixto? Mátanos ya de una vez y acabemos con esto.
Yuri me conoce como Sixto. Miro hacia atrás y veo al guardaespaldas de Yuri, un tipo tan grande que casi parecería goliardo, flanqueado por dos miembros de Status Quo, y que ha comprobado que no sólo se mueven más rápido de lo que puede ver, sino que tienen una fuerza inhumana contra la que la suya, hercúlea, nada puede. Tanto él como Yuri se preguntan cómo no nos congelamos con lo ligero de nuestra ropa, ahora que no tenemos que disimular bajo pesados abrigos como los que ellos utilizan.
Esperamos a alguien, Yuri. Alguien que está de camino.
Oímos la campanilla del ascensor al detenerse, y vi acercarse a Iohannas despojándose de su abrigo y la bufanda para quedar vestido sólo con un elegante traje oscuro. Saludó con una mirada a sus hombres, que le contestaron con un levantamiento de cejas, y se dirigió a donde yo seguía sentado.
Ave, Golias.
Tal como estaban las cosas, ni se molestó en no hablar en goliárdico. Yo hice lo mismo.
Ave, Iohannas. ¿Has leído el informe?
He.
Y al mirarlo comprendí lo que iba a hacer, y volví a sentirlo por Yuri. Me levanté de la silla, y me situé a su espalda, sin olvidarme de dar una palmada amistosa en el hombro del mafioso. Mientras Iohannas se quitaba los guantes, yo me tapé los oídos con las manos, e hice un gesto a los otros dos hermanos para que hiciesen lo mismo. Al momento se conmovió mi alma y apreté tanto los dientes que temí que se me fuesen a romper.
Volví a donde antes había estado sentado, y miré a Yuri, que con el rostro desencajado contemplaba la figura inmóvil de su guardaespaldas tendido en el suelo como si lo hubiese fulminado la cólera de Zeus. Me miró con los ojos espantados, y después apartó la vista de Iohannas, que volvía a calzarse lo guantes.
Supongo, Yuri, que ahora mismo en el radio de un kilómetro estarán llorando todos los niños, y los perros ladrarán desesperados. Lo que acabas de oír es el grito de un hombre cuando, literalmente, le rompen el alma. Ahora te explicaremos lo que debes olvidar, y lo que nunca más deberás hacer, que es preguntar e investigar lo que no debes donde no debes. Y así será, y así nos cuidaremos de que sea, por el resto de tu mortal vida.
A mi espalda Iohannas recitó el principio fundamental de Status Quo:
Lo que no sepan no podrá hacerles daño. Y a nosotros tampoco.
Una vez le pregunté a Iohannas si ese principio se aplicaba a nuestro Argumento Escatológico, y a la demostración sobre la existencia de Dios. Él lo meditó brevemente, y dijo que no con la cabeza.
No, Golias. No así. No es necesario cegar al que no está dispuesto a ver donde nosotros no queremos que mire. No hay que crear estruendo allí donde los que no quieren oír podrían enterarse de lo que no deben. Ellos son así. Es para ellos la necedad la medida de todas las cosas.
Ella lo es, completé educadamente como debe hacer todo goliardo.
Y así fue como se le ocurrió el Disputatio Universal, cuando permitió que durante años todos nuestros sacerdotes castrenses intercambiasen información y conocimientos para enfrentarse a él no por separado, sino todos juntos. Iohannas contra todos. La única imposición, como siempre, que el debate fuese en latín, mejor clásico que eclesiástico. Construimos un foro para la ocasión, y el primer grupo de debate entró a disputar con Iohannas mientras otro escuchaba para preparar las refutaciones de lo que Iohannas dijera, un tercero preparaba nuevos argumentos y el cuarto descansaba o dormía. Iohannas no lo necesitaba.
Barrió el suelo con el primer grupo, y apenas si se le pudo enfrentar el segundo. Cuando llegó el tercero empezó lo bueno, y en sucesivos turnos durante tres días y medio los goliardos asistimos en directo o por imagen de televisión al espectáculo de Iohannas hablando sin parar, amonestándolos con palabras perfectamente elegidas y argumentos que partían de lo general a lo particular y nuevamente a lo general, sin fisura alguna por donde pudiese atacar el adversario, sin posibilidad de réplica la mayor parte de las ocasiones. Algunos de los sacerdotes, ya viejos, pidieron dispensa para retirarse por motivos de salud, y otros, abatidos, dejaban de hablar. Fue algo tan hermoso como triste, y tan injusto como si cualquiera de nosotros combatiese con los puños desnudos contra veinte gladiadores. Desde el primer momento hasta el más inexperto entre los goliardos más jóvenes se dio cuenta de a hacia dónde los conducía sin que se diesen cuenta, el resquicio que iba dejando cada vez más grande hasta que en el último receso de una hora prepararon el último argumento, mientras Iohannas memorizaba el libreto de La cantante calva, que estrenó una semana después con clamoroso éxito de público y crítica.
Volvieron los doctores en teología al foro y arremetieron con furia gastando sus últimas municiones, las que creyeron más mortíferas, y Iohannas los escuchó con paciencia aunque ya sabía lo que iba a oír. Después se levantó, se dirigió a la pizarra y lentamente, como si fuera a unos infantes, explicó la Primera Tesis Formal en notación monádica, y pasó a su demostración utilizando desde el primero al último de los argumentos que sus contrincantes habían utilizado, incluidos los propios. Sólo le contestó el silencio, hasta que escribió la Primera Tesis en notación noética, repitió la demostración y se oyeron los primeros sollozos. No pudo terminar de explicar la Tesis en notación nouménica porque el llanto de sus adversarios apagaba su voz.
Depositó la tiza sobre la mesa y lo último que oyeron de él es que no íbamos a tener con ellos la piedad de ejecutarlos. Esa misma noche se suicidó más de la mitad, otros se quedaron quietos y callados hasta que murieron de hambre y sed, y pocos fueron los que no acabaron dementes. Tuvimos que reaprovisionarnos de curas castrenses a toda velocidad.
No quiero ni pensar lo que habría ocurrido si les hubiese demostrado quién es en realidad.
De entre todos los goliardos, no sólo es el más amado, sino que probablemente sea el más implacable y cruel de todos, el que más y mejor aprendió de aquél que es más implacable y cruel. Iohannas el Conspicuo, amanuense del Libro.
Por eso, aunque él nos lo pide, aunque casi lo suplica, no nos es imposible obedecerle en lo que nos pide, pues lo amamos. Cada vez que vuelve a nosotros, cada vez que ilumina nuestro ser con el suyo, lo hacemos.
A altas horas de la madrugada, cuando no está tan concurrida la centuria y muchos permanecen fuera o duermen en el establo, Tiago escribía a una de las grandes mesas de roble, alejado del escenario, y cada hora aparecía un aprendiz de albéitar para retirar los folios escritos. A su lado yo, Golias, apoyaba la espalda en la pared, y uno de los pies sobre el banco corrido en el que todos nos sentamos como iguales en la comensalía. Uno de nuestros chuchos reposaba la cabeza entre mi muslo y el vientre, y me miraba con ojos tiernos a la vez que echaba miradas de vez en cuando a las rodajas de chorizo que tenía sobre la mesa.
Tienes un morro que te lo pisas, Benedicto. Di “guau” y te doy una rodajita.
¡Guau!
Muy bien. Rodajita para el perrito. Oye, Tiago: ¿por qué no entendemos a los animales y podemos hablar con ellos?
Ya te lo he explicado muchas veces, Golias. El lenguaje animal no es articulado, así que difícilmente podríamos “hablar” con ellos. Nos comunicamos, eso sí, a un profundo nivel empático y emocional.
Va a ser por eso que se dice lo de que “Cuanto más conozco a los humanos, mejor me cae mi perro”.
Tiago dejó de escribir y alzó la mirada a la puerta de la centuria. No me dio tiempo a preguntarle, porque yo sentí lo mismo, Benedicto gimió en mi regazo y una a una las conversaciones y cantos de la centuria cesaron. Josh, que dormía sobre una de las mesas, se despertó, se frotó los ojos y sonrió alegre como un niño.
Iohannas bajó las escaleras, poco más que un muchacho imberbe al que le quedaba todavía por terminar de hacerse y ganar en fuerza, habilidad y estatura, pero Iohannas, pues el espíritu goliárdico arde con tal intensidad que no se extingue y se reaviva más allá de la muerte. Caminó entre sus hermanos silenciosos que lo miraban con respeto, y él tampoco dijo nada hasta que llegó a la mitad de la taberna, donde desde hace siglos se encuentra un tablón de anuncios al lado de una hornacina que llevaba cerrada dieciséis años. En una de las hojas a disposición de cualquiera escribió: “Audiciones para representar Hamlet. Hablad con Iohannas”. Luego abrió la hornacina, sacó la calavera un momento para comprobar la marca de las fisuras y lo bien que la habían reconstruido los albéitares. La dejó en su sitio y llegó a donde estábamos sentados Tiago y yo.
Tiago…
Chaval…
A veces me llama así incluso a mí, y sabemos que lo hace con cariño.
Golias…
Iohannas…
Sacó un libro del bolsillo, y me golpeó con él en el hombro.
Gracias, Golias. Siempre es bueno haberlo leído antes de recordarlo. Bueno, me voy a la cocina a saludar a Miguel si está despierto, y que me dé de comer, que estoy famélico.
No había dado ni dos pasos cuando el primer aedo empezó a entonar una nota a la que pronto se unieron varias más en un profundo canto de deo gratias que nacía de nuestros espíritus, y Josh los acompañó con su flauta. Del establo salieron los primeros que estaban durmiendo, y de la Academia llegaron los discípulos de Tiago que dejaron de hacer lo que estaban haciendo por importante que fuera. Todos sentimos que lo mismo ocurría en todas las centurias repartidas por el mundo, y que en todas estaba a punto de empezar una fiesta que duraría varios días.
Uno a uno los componentes de la Centuria VI, y los de otras que nos visitaban, abrazamos y besamos a Iohannas, uno a uno le hicimos sentir que es la nuestra una fratría forjada en el más violento dolor de nuestras almas, y que aunque el suyo sea insoportable aquí seremos para él, y que cuantas veces sea necesario lloraremos de alegría al ver regresar al hermano amado.
No puedo seguir escribiendo. Que hable ahora el fuego.
-SuperSantiEgo

15.1.08

Soy legen... dario

Bueno, ya bastante peña ha puesto a caer de un burro la peli por varias razones, así que yo no voy a ser menos, aunque he visto cosas más graves que la mayoría. ¿Que tiene algún momento espectacular? No lo niego, pero a mí no me llega.

Para habernos matao.

En la novela original se insinúa que la plaga es causada por las radiaciones de la guerra nuclear en una bacteria que ya existía, en la versión de 1971 con Charlton Heston tiene origen en una guerra biológica entre otras dos potencias (así a lo tonto los USA dejan de ser responsables), y en definitiva en los dos casos era la violencia del ser humano la que se volvía contra él. En ésta... tachán, un malvado científico, mujer tenía que ser, intenta desafiar la Ley de Dios y llena de orgullo pretende curar el cáncer, que si está en el mundo por algo será. Acertada elección para el papel como hija de Satanás de Emma Thompson, que además le da un adecuado aire europeo al origen de la destrucción de la humanidad, aunque ya puestos podrían haber puesto también que la culpa de todo fue de la experimentación con células madre. Como me encuentre algún día en persona a Mariano Barbacid le voy a dar una somanta de palos que se va a cagar, por genocida.

Por lo demás... es un remake clarísimo de The omega man, y sigue sin tener mucho que ver con la novela de Matheson. Neville vuelve a ser un científico, y como en la película de Heston es un militar del glorioso ejército de los Estados Unidos de América, y como vemos al principio de la película devoto padre y fervoroso creyente del Dios verdadero. Cuando se encuentra con la otra superviviente deja también muy claro que "Esto no lo hizo Dios, sino nosotros. Dios no existe". Ciencia e investigación = caca, aunque si no se respetan los más elementales protocolos médicos no es extraño que pase lo que pase. Y oh, ha perdido la fe. Para más inri, la señorita que lo encuentra dice que sabe que en Vermont hay una colonia "Porque me lo ha dicho Dios. Él tiene un plan." ¿Sólo a mí me pareció una línea de diálogo de Granujas a todo ritmo?

Lo de los bichos fotofóbicos... pues sí, opino lo que casi todos: dan considerablemente el cante y son poco creíbles. Nuevamente me pregunto por qué la gente enferma tiene una salud envidiable y pega unos saltos de escándalo que ni Carl Lewis en sus mejores tiempos, e igualmente me pregunto qué han comido en estos tres años, si además tienen el metabolismo hiperacelerado. ¿Latas, como Neville? ¿Los unos a los otros? ¿A todo bicho que se mueva? ¿Por qué no se atacan entre ellos? A ver cuándo se hace una película donde hay un virus que hace buena y agradable a la gente, y los pocos no afectados huyen de ellos por lo melosos que son y lo mucho que los ponen de los nervios. ¡Apártate, cansino, no quiero que me invites a tu casa, y no me vuelvas a hacer más regalos!

"¿Son amigos o enemigos?" "Yo creo que amigos, porque vienen todos juntos".

El final es malo pero de los de pegar a un padre (si te ha llevado él a ver la peli), y más o menos como el de la de 1971 pero peor. Por lo visto se filmó un final alternativo que me imagino que se incluirá en el DVD, y que no tiene mejor pinta que digamos. Soy nuevamente de los que cree que qué casa tan mal protegida, que su blindaje sólo funciona cuando no sabe el enemigo dónde atacar, y luego se ve que el muchacho es científico y no experto en demolición, porque cuando hace explotar todo el maturrango de fuera (típica escena macarra para poner en el avance de la peli, aunque mucha lógica no tenga), mata a un montón de peña pero casi se lleva su propia casa por delante y la desmonta. ¿Y por qué no se dieron cuenta los monstruitos que pasaba algo raro por la zona cuando montó los focos de luz, que eso parece el Bernabeu? Y pudiéndote encerrar en un portaaviones aislado por el agua e imposible de escalar con su altura de varios pisos de liso acero, o en una base militar, ¿para qué te metes en una casa, alma de cántaro?

Cuando llegan a la ciudad preciosa y edénica de Vermont, ojito, que tienen hasta molinos de viento para generar electricidad. Lástima de referencia a Al Gore.


-SuperSantiEgo