16.8.24

Libro: El corsario negro, de Emilio Salgari

Esto es algo que tenía idea de hacer desde casi que abrí el blog, pero mira, sólo hemos tardado más de quince años. A mí me gusta hacer las cosas sin prisa, sin meterme presión.

Y la idea era hacer un comentario de este libro, El corsario negro de Emilio Salgari. ¿Por qué? Pues porque es uno de los primeros libros leí en mi vida. No recuerdo la edad, sería a los diez años o así, y después lo releí unos pocos años después, con igual resultado, que fue que gustóme mucho.

En los tiempos en los que yo era guacho este tipo de novelas, a las que se consideraba clásicos juveniles, eran omnipresentes en cualquier casa española, donde nunca faltaban algunos ejemplares de novelas de Emilio Salgari y Julio Verne, casi sin excepciones. En realidad era una estrategia editorial clarísima de exprimir lo más posible los títulos libres de derechos, o incluso saltárselos sin problemas, además de otras jugarretas que se hacían entre ellas, como plagiarse las traducciones. Por eso se abusaba tanto de los dos autores ya citados, de Karl May, Stevenson, etc, de modo que en todas las casas había ejemplares, a veces en ediciones resumidas e ilustradas, de La flecha negra, Los robinsones suizos, Un capitán de quince años, La isla del tesoro, y tantos y tantos títulos que se suponían recomendables para iniciar en la lectura a los niños de la época, mientras en la televisión era habitual ver a los principales escritores patrios, como eran Delibes, Torrente Ballester, Umbral, Terenci Moix, Cela y tantos otros. También era muy populares las adaptaciones en historieta de esas mismas novelas, e incluso de las más famosas había varias versiones.

La única constante en tal batiburrillo de autores de tan distintas épocas y nacionalidades era claramente una: todas eran novelas de acción y aventuras, en ninguna había sexo y se suponía que eran de fácil digestión para los menores de edad, aunque en realidad esos autores en su época no siempre escribiesen esas novelas para ese público, ya que algunas se consideraban obras para adultos o para todos los públicos. Algunas, como Los viajes de Gulliver, una obra sesuda y profundamente filosófica, se adaptaban para resaltar solo sus aspectos más fantasiosos o de aventura, igual que ocurría con Robinson Crusoe.

En el caso de El corsario negro yo leí la edición para Círculo de Lectores con traducción creo que de Editorial Molino, otra editorial con solera y ahora perteneciente al grupo Pingüino, y que mucha gente recuerda por sus conocidas ediciones en rústica de las novela de Agatha Christie y otras de misterio en el mismo formato, y que yo siempre asocio a los viajes en tren porque no faltaban en ningún kiosco de prensa de las estaciones. Tan antigua debe ser esta traducción que ni siquiera está acreditada, aunque hay una más moderna que se utilizó en las ediciones de Anaya y que creo que es la se sigue utilizando ahora en las actuales. La portada de la edición que leí yo, que la verdad es que está bastante bien, y que debe seguir por casa en algún altillo, es esa que he puesto arriba, con el Corsario Negro vestido de lo propio y agarrado a la flechadura del barco mientras blande la espada de cazoleta en la mano y se dispone al abordaje.

Esta novela es la primera de un ciclo de cuatro en la que Salgari nos cuenta la venganza a sangre y fuego de Emilio de Ventigmilia, un noble italiano que participó en la Guerra de los Treinta Años donde su familia fue traicionada por el noble flamenco Van Guld, quien mató a su hermano mayor y después, cuando los otros tres se convirtieron en corsarios para vengarse y perseguirlo hasta América, dio muerte a los conocidos como el Corsario Verde y el Corsario Rojo. Emilio, el único superviviente de la familia, jura matar a Van Guld y a todo cuanto pariente del traidor se cruce en su camino. Se masca la tragedia.

La verdad es que como novela de aventuras es un no parar, siempre tira hacia delante y no dejan de pasar cosas. A diferencia del modelo actual de bercele, donde parece primar la idea de rellenar con escenas redundantes y diálogos que no conducen a ninguna parte ni resuelven nada, aquí es todo chutar a puerta, nada de remolonear. La novela empieza con dos marinos, Carmaux y Van Stiller, que han escapado de la muerte tras ser apresado el Corsario Rojo, ahorcado en Maracaibo, la actual Venezuela. Los recogen desde El Rayo, el barco del Corsario Negro, pasan a ser parte de su tripulación y de inmediato con el nuevo capitán van a rescatar al cadáver de su hermano, y de paso entra en juego un nuevo personaje que también se unirá a ellos, Moko, un negro al que también llaman compadre Saco de Carbón. Como digo, un no parar: el Corsario Negro captura un barco y en él va una muchachita que obviamente es rubia y angelical, e inmediatamente quedan prendados el uno del otro, en la Isla de la Tortuga se prepara una expedición para saquear Maracaibo y después Gibraltar, hay tiros y cañonazos a gogó, saquean la ciudad pero Van Guld escapa a través de la selva y buena parte de la novela se ocupa de la persecución a través de semejante jungla llena de animales salvajes y antropófagos, hasta que bordean casi todo el Lago de Maracaibo, llegan a Gibraltar y allí se monta otra buena balacera. Van Guld escapa, que si no no tenemos continuación posible, y el Corsario Negro se entera, pocas páginas antes de acabar la novela, de que la muchachita, Horonata, es la hija de su odiado enemigo. Así que hace lo lógico: la monta en una chalupa y deja que sea el mar quien acabe con ella.

Bigotón. Respeto.

Aquí podríamos hacer un inciso, porque recordemos que esta novela está editada en 1898, y como se suele decir pocas bromitas con el siglo XIX, que viene cargadito con cositas. Lo primero que hay que notar es que obviamente aquí no hay el más mínimo atisbo de corrección política, ni se le espera. A Moko raramente se le cita por su nombre, sino que se habla de él como "el africano" o "el negro", y por supuesto matar es matar y tonterías las justas. También por otro lado aunque el Romanticismo propiamente dicho sea un fenómeno esencialmente de finales del XVIII y principios del XIX eso no quiere decir que no siguiese en plena vigencia en algunas expresiones culturales y que incluso llegue a nuestros días, donde todavía se publican, y vaya que con éxito, las novelas románticas. Todas estas novelas de aventuras clásicas suelen estar henchidas de romanticismo: el odio y las emociones son arrebatadas, el hombre se enfrente de forma heroica contra la Naturaleza, la fuerza del destino se manifiesta de forma diáfana y hace que amigos o enemigos se encuentren irremediablemente, el amor es una llama y los enamorados se sienten inmediatamente atraídos de forma irracional como los polos de los imanes, etc. También la amistad y la lealtad se definen como absolutos, igual que casi todo se expresa de forma extrema. Dicho de otra manera: las medias tintas como que no, todo es recargado y se expone de forma más que clara, no hay demasiado espacio para los matices. Esto se ve claramente en los diálogos, que aparte de ser en la mayor parte muy poco naturales son pasto de exclamaciones y de arrebatos, así que nos encontraremos continuamente signos de exclamación y personajes que exhortan al otro a hablar, por no mencionar el uso de los vocativos, así que nos encontraremos continuamente con líneas como un "¡Habla!" "¡A las órdenes de mi comandante!", o "¡Decidme, señora, si vos también me amáis!"

Otra cuestión que me ha llamado la atención ahora que la he leído de adulto ya al cuadrado es que al igual que en tantas otras novelas y películas, la cuestión lingüística brilla por su ausencia, y no, no me estoy refiriendo a lo que estáis pensado. Muchos de estos autores no han pasado a la historia de la literatura por el refinado uso y conocimiento de sus respectivas lenguas o por el uso de sutiles técnicas literarias, eso es cierto, pero también resulta que en aras de que la narración fluya y todo vaya como la seda se prescinde de ciertas incoherencias, y en mi caso me di cuenta precisamente por un error de traducción, o mejor dicho por un pequeño anacronismo en ella, que me hizo plantearme una cuestión muy a tener en cuenta. Veréis: durante la persecución por la jungla palúdica del Lago de Maracaibo, que dura varios extenuantes días, los filibusteros deben apañárselas para poder subsistir, y al igual que en todo el libro nos encontramos con continuas descripciones de animales y plantas... sacadas de la Wikipedia. Bueno, obviamente de las Enciclopedias de la época, otra cosa que siempre se le ha achacado a Julio Verne, que rellenaba páginas haciendo descripciones geográficas y etnográficas sacadas de la Larousse. Porque obviamente Salgari, que siempre vivió a la cuarta pregunta, no fue un gran viajero muy a su pesar, si bien fue marino un tiempo por el Mediterráneo, así que todos esos escenarios exóticos de América y de Asia los conocía por gente que le contó sus viajes, por los libros y  por las fotografías. Pues bien, en un determinado momento en su persecución hablan de un "árbol de la leche", y que al cortar una de sus ramas sale un néctar blanquecino, muy nutritivo, que sabe como la leche, y otro de los piratas, de broma, dice que a ver si encuentra una vaca y así de paso que le cocine un beefsteak, escrito así tal cual. Ahí fue cuando yo me puse algo mosca y decidí consultar la versión original en italiano y la nueva traducción: en italiano dice bistecche, y en la nueva versión en español, filete. Cuestiones aparte del absurdo de que en español con el cambio semántico podamos decir cosas como bistec de pollo o de cerdo, y que dado que filete es palabra de origen francés que desplazó a otra palabra más antigua como era tajada, rebanada o loncha de carne, esto me hizo pensar en lo que las películas y novelas no quieren que pensemos, ya que es una de las bases de la suspensión de la incredulidad.

A ver: ¿en qué idioma está hablando toda esta gente? Porque, eso ya lo sabemos, la novela se escribió originalmente en italiano, pero ¿en qué idioma hablan los personajes? Desde el primer momento que salen Van Stiller y Carmaux no tenemos ni idea, y sobre todo es grave porque en aquel tiempo en el Caribe, y más en esos ambientes marineros, había un batiburrillo considerable en todas aquellas plazas y también en los barcos, una mezcla completa de nacionalidades: Carmaux es francés por su apellido, Van Stiller sabemos que es hamburgués, el Corsario Negro es de Italia, de una zona limítrofe con Francia, Van Guld es flamenco, así como su hija, el Olonés y Michel le basque franceses, Henry Morgan es inglés y los personajes que moran en Maracaibo y Gibraltar obviamente españoles, solo hay una pequeña referencia a cuando aparecen los indios que saben hablar en español, pero nada más. ¿Hay alguna referencia al idioma en el que hablan entre sí los personajes, o que se utilizase como sí era el caso alguna lengua franca? ¡En absoluto! Igual que en las novelas de ciencia ficción de los años 50 todo el mundo habla el mismo idioma en la Tierra y los extraterrestres no tienen ningún problema para entenderse con los humanos, aquí todo el mundo habla básico como si fuera Star Wars, todo el mundo se entiende a la primera y a nadie le extraña que los demás puedan tener un fuerte acento italiano, francés u holandés, tira para adelante que eso no importa. Y que no se me entienda mal: me parece estupendo; a Salgari eso le importaba un pito como tampoco se lo importaba a sus lectores, y exactamente igual nos da en la mayor parte de las películas, la gente se entiende y ya, igual que en una caverna profunda en el fondo de una montaña milagrosamente siempre hay luz suficiente para que podamos seguir viendo a los personajes, que no paga uno la entrada por ver la pantalla completamente en negro.

Respecto a los personajes y la narración ya hemos comentado que está todo impregnado de romanticismo e hipérboles, todo es exaltado. Los personajes tienen poca o nula vida interior, y solo sabemos de ellos a través de sus acciones, de sus parlamentos vehementes y de las decisiones que toman heroicamente, siempre con desprecio por el riesgo o por poner en peligro su vida. Carmaux y Van Stiller, por ejemplo, son totalmente intercambiables, y pese a lo anteriormente dicho a Moko, al que el narrador se refiere como el africano o el negro en muchas ocasiones, es uno más del grupo sin que haya sombra de racismo, aunque claro, como es el más fuerte siempre es el que está cargando cosas, ahí ya cada uno que lo interprete como quiera. Al Corsario Negro de vez en cuando le da la depre, se queda callado y "se hunde en profundos pensamientos", y ahí se acaba la explicación. Aun así hay algunos casos reseñables: al principio de la novela los bucaneros se encontrarán con un soldado español, un catalán, al que luego consistentemente se referirá así el narrador, el catalán, un tipo enjuto de hechuras algo quijotescas que luego se unirá a los piratas en su persecución de Van Guld, pues tiene una cuenta pendiente con él por haberlo castigado a veinticinco bastonazos, aunque cuando llegue a Gibraltar pedirá unirse a los españoles y defender la ciudad frente a los que hasta ahora habían sido sus amigos, porque allí todo el mundo es muy caballeroso y todos se hacen grandes panas, pero la Patria es lo primero. La verdad es que hacen cierta gracia las continuas afirmaciones del personaje conocido como "el catalán" de que es muy español y mucho español, y que quiere morir bajo la bandera de España. Es gracioso además porque solo unos diez años antes de los hechos de esta novela los catalanes no eran españoles, sino franceses, y solo al final de la Guerra de los Treinta Años España recuperó esos territorios a los que habían echado mano los vecinos del norte. También es curioso que una de las localidades venezolanas se llame Gibraltar, como la de Cádiz, pues entonces claro que lo era, española, y todavía faltaban unos cincuenta años para que pasase a ser inglesa. Así que sí, hay un lugar en el mundo que se llama Gibraltar y casi todo el mundo habla español en vez de inglés o llanito, pero está en Venezuela.


Lo que nos lleva a hablar de la historicidad de esta novel... ¡juajajajajajajaja! No, en serio: cero patatero, así para resumir. Y que conste que en realidad sí se puede datar la novela, exactamente en 1666 cuando el Olonés, Michel le basque y otros piratas desde la Isla de la Tortuga enviaron una expedición al saqueo de Maracaibo y Gibraltar. Pero ahí se acaba todo parecido con la realidad. El lugarteniente del Corsario Negro es nada menos que Henry Morgan, corsario inglés que solía operar más al norte y que acabó siendo gobernador de Jamaica; Maracaibo y Gibraltar no estaban tan bien fortificadas como nos cuenta Salgari, que no pudo documentarse correctamente o bien se inventó lo que le apeteció, y sobre todo... los piratas de la época no eran así. Como alguna vez hemos discutido en el blog, el mismo Romanticismo creó para la cultura de masas potentes imágenes y discursos para romantizar figuras como puedan ser los vikingos y los piratas, vistos como gente aventurera y en oposición al poder establecido, ya sea como resistencia a los Estados modernos y sus leyes asfixiantes o como desafío a las convenciones sociales. Y sí, son fascinantes en parte, como el caso de los piratas, como estudios de sociedades e instituciones creadas al margen de la sociedad imperante, pero no dejaban de ser UNA PANDA DE PSICÓPATAS. El Olonés, que en esta novela aparece como un tipo simpático y noblote, del que Salgari nos destripa el final de su vida cuando fue devorado por la tribu kuna, en realidad era un demente que para que sus prisioneros vieran que no iba de broma arrancaba a uno de ellos el corazón y luego le pegaba un bocado delante del resto, y Henry Morgan dizque a sus hombres les soltaba sermones impíos en los que substituía la palabra Dios por el Diablo. Estaban todos como regaderas. Excepto casos contados, como el del mismo Morgan que llegó a ser gobernador, la vida de un pirata de la zona no solo era incierta, sino que siempre acababa del mismo modo: muerto en un abordaje, o colgando de una soga. Los piratas estaban por definición condenados a muerte, y en el caso de que una embarcación pirata fuese apresada el capitán de turno del barco español, francés o inglés colgaba sin más juicio a casi todos, y dejaba al capitán pirata con vida y a unos pocos más para luego colgarlos en la ciudad correspondiente y así dar escarmiento público, como ocurre al principio de esta misma novela. Por tanto, pese a la fascinación que alguna gente siente por ellos, como los ancap, su comportamiento es el lógico en un grupo humano que se sabe condenado y que no tiene prácticamente ninguna expectativa de futuro: pese a rígidos códigos de conducta que regulaban algunas prácticas como el reparto del botín o las normas dentro de los barcos que garantizaban cierta supervivencia, el nihilismo moral era la norma, todo valía y relaciones sociales como el matrimonio gay estaban admitidas, igual que no importaba la bigamia o cualquier otro comportamiento mal visto en una sociedad civilizada, lo que reforzaba la idea del resto del mundo de que eran todos unos hijos de Satanás dedicados solo al mal y a la depravación. Algo que no estaba en algunos casos muy lejos de la realidad: aunque los saqueos de ciudades nunca fueron precisamente espectáculos edificantes cuando los piratas de este siglo estaban por medio la tortura y los abusos contra la población alcanzaban proporciones de guerra civil africana, y están más que bien documentados episodios de sadismo y de exterminio de poblaciones enteras, una práctica que garantizaba que en algunas ocasiones algunos lugares se llegasen a rendir ante la amenaza de que si no lo hacían los convertirían en una versión en imagen real de uno de los cuadros de Fra Angelico sobre el Infierno.

El Corsario Negro a espadazos con alguien que parece salido de Eternia.
No quiero saber cómo ni por qué.

Sobre las adaptaciones cinematográficas, por lo que he visto son casi todas italianas, aunque hay una versión mexicana de 1944 muy interesante si bien se toma todas las libertades del mundo. Hay una de 1971 italiana muy poco fiel al original que tiene como curiosidad que salen Terence Hill y Bud Spencer, pero fuera de la fórmula que hizo popular a esa pareja de actores, y luego otra de 1976 que toma elementos de las dos primeras novelas de la serie Piratas del Caribe refundiéndolas, y en la que Kabir Bedi, quien también sería Sandokán, interpreta al Corsario Negro, mientras van Guld es Mel Ferrer.

Por otro lado encontré que sí hay una versión en dibujos animados que es más fiel a la secuencia aventuresca que marca la novela, pero que tiene una animación malísima que no invita mucho a verla que digamos, aunque al menos hay una versión resumida en película.

Y para acabar os voy a hacer un pequeño Ford Fairlane y os voy a preguntar: "¿De verdad creíais que íbamos a matar al koala a Honorata?" Porque sinceramente, en fin, hay que ser un poco hijoputa, mucho soy supercaballeroso e íntegro, ¿y luego dejas a una adolescente a su suerte en el mar para que muera ahogada y se la terminen comiendo los cangrejos en el fondo del mar? Pues sí, lo hace, pero porque Salgari ya tenía pensada la continuación en la que la chica se salva, no me preguntéis cómo, así que es rescatada por una tribu de caribes que la consideran una diosa del mar, y todo continúa hasta que Honorata, que tiene un Síndrome de Estocolmo de los de manual, se termina casando con don Emilio y se vuelven a Italia después de que el buen señor consume su venganza contra el padre de su amada. Menudas anécdotas familiares podrán contar todos juntos en la cena de Navidad.

Aun así sigue siendo una historia de amor más bonita que la de Crepúsculo y la relación es menos tóxica que muchos de los bercerles contemporáneos de enemies to lovers.

Y ya para terminar, y como hemos hablado de Salgari, pese a su fama y la cantidad de ejemplares que vendían sus libros, siempre sufrió apuros económicos por las condiciones leoninas que le imponían sus editores, penurias económicas que además de otros problemas personales y tragedias familiares lo condujeron a bajarse de la vida con solo cuarenta y ocho años. La nota de suicidio dedicada a sus editores se ha convertido en uno de sus párrafos más célebres, y un clásico de las letras universales:

"A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. -Emilio Salgari."

-SuperSantiEgo