28.11.07

Libro: Todo un hombre, de Tom Wolfe

Hace pocos días, hice una apasionada defensa, con coñas pero de veras, sobre el gran tocho literario, la titanovela. Eso no quiere decir, ni remotamente, que desprecie las novelas de una longitud más normalita, o los relatos cortos, y ha habido autores que han demostrado lo que valían en relatos, novelas extensas y otras que no lo son tanto. Pero obviamente si una novela nos hace pasarlo como enanos durante trescientas páginas, si son seiscientas el gozo no es linealmente el doble, sino que puede aumentar en varios órdenes de magnitud. Lo bueno, si titánico, exponencialmente bueno.

La inferencia puede llevarse también al otro extremo: si me vas a dar el coñazo, al menos acaba lo antes posible. Todos hemos leído relatos que son flojillos, pero como sólo hemos perdido un rato, pues no nos enfadamos demasiado. Si uno lee una novela mediocre de doscientas páginas… pues bueno, se olvida y se busca algo mejor, pero si te das cuenta de que no se está yendo a ninguna parte en la página cuatrocientas, el cabreo puede ser mayúsculo. Vale más un trocito de chocolate del bueno que toda una tableta del más perro.

En el caso de Todo un hombre, igual que en Yo soy Charlotte Simmons, da la impresión de que podríamos estar ante unas novelas más que interesantes si en vez de ser mamotretos reiterativos de mil páginas, fuesen, al igual que la estupenda La hoguera de las vanidades, algo más manejable de unas trescientas y pico, que dan más que de sobra para contar lo que Tom Wolfe quiere contar. Si hay que escribir una titanovela, se escribe, pero escribirla pa na es tontería. De hecho la titanovela no se define sólo por el número de sus páginas, sino también por el alcance de lo que cuenta, ya sea por el calado de su argumento o por la épica narrativa que contiene, como toda una saga familiar. No es lo mismo una novela muy larga que una titanovela.

El argumento tampoco está mal, aunque luego las buenas ideas hay que plasmarlas: Charlie Crooker, el típico sureño fanfarrón y echado para adelante en los negocios, enfrenta su decadencia física y vital, mientras sus últimos negocios amenazan con dejarlo en la ruina. El personaje es un poco plano: el típico chulo de los negocios, antiguo deportista, que especula más que habla, y en el fondo un patán sin cultura que sólo cree en el poder y el dinero, y que a la mínima empieza a farfullar en dialecto sureño. Ha abandonado a su primera mujer que lo ayudó a crear su fortuna, y se ha casado con una joven a la que le dobla la edad. El otro protagonista, que merece el título de la novela tanto como el gran empresario, es otro arquetipo: Conrad Hensley, un joven inteligente criado con pocos medios, y que a los veintipocos se ve ya con dos hijos, que tiene un trabajo miserable en una de las empresas de Crooker y que vive en los suburbios de San Francisco, sin demasiadas posibilidades de mejorar su vida. Para sanear sus cuentas Crooker empieza a hacer despidos masivos, el joven muchacho se queda sin medio de vida y así los dos irán dando tumbos hasta que sus destinos se encuentren: uno será acosado por sus acreedores cada vez de forma más implacable mientras otros intentan liarlo para que sirva de ejemplo en un lío político de la ciudad, y el otro acabará en la cárcel, de la que se escapa por un providencial terremoto.

No tiene nada que ver, pero mola.
Aparecen también otros temas recurrentes en los libros de Wolfe: el mundo de los negros, en este caso de Atlanta, con la desconfianza y la sospecha racial funcionando en ambas direcciones, y el mundo corrupto de la política municipal, además de otro disparador del argumento que es una posible violación de una hija de una de las más nobles familias de la ciudad por parte de un deportista universitario negro que ha coseguido salir del ghetto, y que se cree que en su posición privilegiada de estrella del deporte se le debe consentir todo. Ésta es una coincidencia con la novela posterior, Yo soy Charlotte Simmons, así como alguna referencia a las tarántulas de Nietzsche, o la música estridente y sin contenido que oyen las clases populares de los Estados Unidos, y que se ve que a Wolfe le debe sentar como patadas en los timpanillos.

Igual que en Yo soy Charlotte Simmons, muy poco pollo para tantísmo arroz. Vueltas y más vueltas, capítulos con reuniones y más reuniones, descripciones de muchas páginas explicando cómo se hace un desayuno, el plan de uno de los directivos del banco acreedor de Crooker para hacerse con un buen pedazo del pastel cuando le embarguen todo, y un final que sabe a poco o nada. El muchacho en la cárcel se convierte en un estoico por lo que lee en un libro, y cuando se termina encontrando con el empresario lo convierte en un santiamén, hasta el punto de que al final de la novela se sabe el destino final de Crooker por los comentarios de otros personajes, y se dice de él que ya arruinado se ha convertido en una especie de predicador del estoicismo. No sólo es inverosímil, por lo menos de la forma en que se nos expone, sino que además esa conversión se ve como extraordinariamente precipitada.
Para chulo chulo...
En algunas críticas que he leído por ahí se abunda en esta impresión: Tom Wolfe está ya afianzado en su posición de autor y sabe que aunque escriba novelas infladas y sin pulir se forra con ellas y hace ganar una barbaridad a sus editores. Éstos, mucho más preocupados por la cifra que ganan que por la calidad de lo que publican, le dejan hacer lo que quiera. Pues desde luego a mí no me va a volver a pillar. Me leeré en todo caso Quién teme a la Bauhaus feroz porque me aseguran que es muy divertida, pero desde luego me tendrán que convencer con muy buenos argumentos para que vuelva a leerle otra novela.

Como dije antes, se nota que quizá estas obras están por pulir. Aunque no es algo que me atraiga, y estoy muy lejos de sufrir sus efectos, la figura del editor está en algunos casos para algo. En Europa se sigue dando en general el modelo de autor que presenta una obra ya terminada al editor, que decide si publicarla o no, aunque también puede solicitarle cambios. Como gracias a Hollywood hemos visto y conocido mucho más del mundo editorial de Nueva York que el de Barcelona, mucha gente se cree que el mundo editorial funciona de forma análoga al musical, donde hay un productor que conoce los gustos y tendencias y crea productos de alto impacto en el mercado, fáciles de vender y rápidamente olvidables para dejar paso a otro nuevo con el que seguir haciendo caja. Así buena parte del público piensa que del mismo modo el autor va entregando capítulos a un editor que se los lee, le hace críticas, lo guía según unos criterios de comercialidad, etc. Eso ocurre muy a menudo en el mundo editorial anglosajón, y cada vez más en el nuestro, que también conoce la figura del agente literario, actualmente ya imprescindible para editar en el extranjero. Lo que está claro es que cuando el autor tiene poder, puede hacer lo que le dé la gana, y si un editor no está de acuerdo con lo que hace, siempre encontrará a otro que quiera publicarle su obra de mil amores. Es todo un mundo, el editorial, y la verdad es que yo pagaría, y mucho, por ver la cara de Nabokov cuando un reponsable de una editorial de mala reputación le dijo que por supuesto que le publicaría Lolita, pero a ver si era posible cambiar a la niña protagonista por un niño, y que hubiese una escena de violación en un pajar.
Lo que sí parece más que olvidada es la figura del editor legendario que además de detectar el posible valor comercial de una obra tenía visión y sensibilidad para reconocer el verdadero talento literario en un autor, se convertía en su primer crítico y lo encabronaba hasta obligarlo a pulir su obra, además de ayudarlo a ponerse en relación con otros autores y con el ambiente literario. Serían otros tiempos más inocentes, supongo.

-SuperSantiEgo

27.11.07

Los zombies ya no son lo que eran

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23.11.07

Por fin el Pastafarismo obtiene el reconocimiento que se merece

Como se puede leer en este enlace escrito en esa lengua que todos os podéis imaginar, el Pastafarismo empieza a tener el reconocimiento que se merece, y ya está siendo reconocido en seminarios de estudio de las distintas religiones, aunque desde el punto de vista de "parodias de la religión". Qué atrevida es la ignorancia cuando habla de la única religión verdadera. Gracias, Maiko, por ponerme en la pista de esa noticia reveladora. Bendita seas entre las muhere pastafari. Te debo un abordaje
No empecemos con la bulas pastafaris, que cualquier día de éstos nos aparecen las 95 tesis.


Saboread estos momentos, porque estamos ante el albor de una nueva era que disfrutarán nuestos hijos. ¡Aaaaargh!
Calvino siempre fue muy devoto.

-SuperSantiEgo

22.11.07

Cómo elegir una buena novela (para de leé)

¿Que cómo se elige una buena novela para leer? Bueno, es una pregunta importante la que me hacéis, pero intentaré estar a la altura. Lo primero y fundamental, aunque no nos lo queramos creer: EL TAMAÑO IMPORTA. Aún recuerdo cuando leí, hará unos dos años o así, a un tipo, no sé ya si escritor, crítico o periodista, de cuyo nombre afortunadamente he conseguido olvidarme, que decía que los libros de quinientas páginas serían muy bonitos, pero que no pensaba leer ninguno y que él sabía que el futuro de la literatura eran los libros de como mucho ciento cincuenta páginas, y que ni él ni nadie tenían ya tiempo para nada más. Hace falta ser hijolagranputa, además de tarado, menguado y villano. Que yo sepa una página es una página, así que a ver qué diferencia hay entre leer un libro de 1000 páginas y leer cinco de 200. ¿Fardar de que se han leído cinco libros en vez de uno? Porque yo, mis cuates, soy, como he dicho en más de una ocasión, partidario de la titanovela, de la novela tocha. El tamaño importa. Hay que tener mucho callo en la córnea para ser un lector de fondo, eso sí. [Modo Legionario On] ¡La literatura de verdad no es sitio para débiles ni para flojos! [Modo Legionario Off] Y una aclaración: no valen las novelas por sagas ni entregas, ni de coña. El Señor de los Anillos es una sola novela de más de 1000 páginas aunque se publique en tres tomos, pero no tantas otras cosas que se ven por ahí. Otros intentos titánicos, como Los Episodios Nacionales, también son dignos de la más alta consideración. Por eso he ido a mi librería favorita y me he dicho: ¿quién dijo miedo? Me pone usted un Vida y destino, de Vasili Grossman. El título puede ser un buen indicador para saber que estamos ante un buen libro. Vida y destino, así, sin florituras ni nada. No Gatitos y nenucos, sino dos universales fundamentales: vida y destino, igualico que escribir un libro de hermenéutica y titularlo humildemente Verdad y método. En estos casos o el autor es un suicida literario o sabe lo que se hace. Además la comparan con Guerra y Paz, lo que no es muy difícil, porque el título se parece y en ambos casos se trata de la historia de Rusia cuando la invade un dictador de corta estatura. Cachondeos aparte, tiene una pinta del carajote. Y sólo son unas 1100 páginas de nada a letra no precisamente grande, y en una bonita edición en tapa dura con cubierta que muestra esa imagen. Se la voy a regalar a mi papa por Navidad, y obviamente la leeré antes. Y diréis: pero qué cutre eres, lo que quieres es leerla y luego se la regalas a tu viejo. Pudiere parecer ello, pero nada más lejos de la realidad. ¿Creéis que voy a dar a leer un libro a mi papa, con lo que yo lo quiero, sin saber si es bueno o no? ¿Y qué diferencia hay entre esto y otros libros que le pueda llevar a lo largo del año? Pues... que es Navidad. Está claro, ¿no? Se afirma que es una de las mejores novelas del siglo XX, pero cuando la lea ya os contaré. El autor fue un escritor de los muchos que fueron acallados por el stalinismo, y esta novela está basada en sus vivencias de la invasión nazi de su país, que narró como periodista, e incluso estuvo en Stalingrado. De hecho esta novela existe de milagro, y el único "original" que se ha conservado fue una copia microfilmada que Sajarov consiguió sacar de la Unión Soviética. Era de origen judio, y nada más conocer un par de detalles de él me parece que pudo ser una de las inspiraciones a la hora de crear el personaje del Camarada Comisario Político Danilov que aparece en Enemigo a las puertas, aunque sólo es una impresión e igual sea una coincidencia. Por cierto que este personaje es esa magnífica película hace una de las críticas más demoledoras del sistema comunista: "Incluso en el paraíso comunista seguirá habiendo pobres y ricos en amor."
Camarada Comisario Político Danilov in Love

En España hace más de veinte años se publicó una edición, pero no era directamente del ruso sino del francés, y no ha sido sino hasta 2007 que tenemos una traducción directa. Os recomiendo, si tenéis tiempo, leer
este artículo, (sí, es de Libertad Digital, pero...), de 2006, donde se habla de la edición anterior, y donde el autor no se extraña de que todavía no haya en España una edición como diso manda de esta señalada novela, y resume la situación de esta manera: "Después de aquello, dediqué muchos esfuerzos a convencer a todos los editores con los que he trabajado, y han sido muchos, de la conveniencia de reeditar Vida y destino. Sin éxito. Los editores pequeños, acogotados por la distribución y el miedo al error, ven horrorizados la extensión de la novela, calculan en segundos la inversión que requeriría y se retiran a un rincón a secarse el sudor de la frente. Los grandes, que no se asustan por nada, se apartan como de la lepra de un libro que no va a vender más que cinco mil ejemplares, tal vez el doble en unos años: para eso hay que tener fondo, catálogo y coraje. Mejor hacer frangollos históricos de rentabilidad rápida." Vamos, que explicar de forma más clara y sucinta cómo funciona el mundo editorial español sería bastante difícil. Lo de "frangollos históricos de rentabilidad rápida" me ha hecho soltar una lagrimilla de emoción. "Frangollos históricos". Ésta me la apunto. Además a mí la literatura rusa me mola. Probablemente mi animadversión hacia los existencialismos o a jetaduras como Bergman proviene de que todo, absolutamente todo, lo plantearon mucho mejor, y mejor escrito, las dos torres gemelas de la literatura rusa, que obviamente son Tolstoi y Dostoyevski. Que uno sea capaz de escribir un tocho de 800 páginas sobre el asesinato de una vieja por parte de un desequilibrado y el otro haga que uno se lea las casi mil de la historia de una gilipollas mal casada que ya verás a mí qué coño me importa que le ponga los cuernos a su marido con un pollopera, pues es que hay que saber. La literatura rusa mola, y no hay duda de que su tradición literaria es colosal. Ellos mismos especulan sobre la posibilidad de que sea porque son un pueblo acostumbrado a sufrir, y muchas veces el arte y la belleza surgen como una respuesta al sufrimiento. Si después de terminarla me siento muy saturado, quizá lea algo de Ortega, para montar en justa cólera antinacionalista. (Y que cada uno lo entienda como quiera.) Luego, me pondré con otra. Porque si hay algo que me guste tanto como la literatura rusa, es la literatura alemana. Algunos me preguntan por qué yo escribo como escribo, y otros me animan a escribir alguna novela ligera, o de no mucha extensión, para darme a conocer. Imposible. Los que nos hemos leído a Kafka, Mann y Musil antes de empezar la universidad estamos tan contaminados por el virus de la densa literatura expresada en alemán como Dilbert sufre de "el toque" de los ingenieros, y ya no podemos pensar en escribir "una novela", sino "LA novela". Hagan la prueba: coges La montaña mágica y te la lees de un tirón. Tiene uno de los finales más encabronadores que se pueda uno imaginar, le dan a uno ganas en un primer momento de sacar sus huesos de Mann de la tumba y hacer un sacrilegio, pero por lo menos en mi caso al momento comprendí que semejante novela en la que la gente se retaba a duelo por la existencia de Dios, no podía terminar de otra maldita manera. Mann también escribió Señor y perro, que es como Platero y yo pero con chucho en vez de pollino, y Alteza Real, que no exagero nada si digo que el argumento es como el de una peli de Disney... pero en literatura alemana. Acojona, ¿eh? Mann también estuvo una corta temporada en Hollywood para hacer guiones, pero no se terminó de entender con la industria. Normal. A quién se le ocurre... Pues la novela que me voy a leer es ésta, Los Cuarenta días del Musa Dagh, de Franz Werfel, y como no ha habido manera de encontrar una imagen decente de la edición en español de Editorial Losada, os lo pongo en rotundo y racional idioma germánico occidental. Éste es mucho más cortito, apenas 840 páginas. Que conste que todavía no obra en mi poder porque claro, si pide uno Las cuarenta noches de... en vez de Los cuarenta días de..., pues es lógico que no la encuentren. Bueno, cuando la compre seré 36 euros más pobre e inconmensurablemente más rico en lo literario. Como veis es un "roman", pues el español con el inglés y el francés llaman "novela" a lo que en muchas otra lenguas se llaman "romance", "roman" o "romanzo", pues es un género literario que nació con la expansión de las lenguas romances. ¿Que de qué va? Pues del genocidio de los armenios en Turquía durante la Primera Guerra Mundial, cuando Gabriel Bagradian sostuvo el ataque turco durante cuarenta días en el Monte Moisés o Musa Dahg. La ironía del caso es que la novela fue muy popular en la comunidad judía europea justo antes de que les llegase a ellos el turno. Sí, el ruso de antes y este checo de lengua alemana eran judíos. Lo que sí me ha sorprendido un poco es que además éste sea el autor de La canción de Bernadette, hermosa pastelada en su versión cinematográfica dirigida por King Vidor Henry King. En el caso de acabar saturado de esta novela tengo en recámara el compendio de todas las narraciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis. Esto me lo voy a leer en versión original, mira. Y por último, y en seguida sabréis por qué, me leeré una novela más antigua, un clásico de las letras inglesas del s. XVIII. Qué bonito es el s. XVIII, el Siglo de las Luces. Y la novela en particular está escrita por Henry Fielding, y editada por la Ediciones Cátedra, especializada en ediciones críticas de las letras españolas (cubierta negra), o universales (cubierta blanca). ¿Puede haber una editorial más grande y colosal que Ediciones Cátedra? Bueno, vale, me habéis pillado: Castalia. Os las sabéis todas, cabrones. Y si creéis que las portadas de Austral son anodinas, comparadlas con las de Castalia. Pues la novela en concreto es: ¿Qué pasa? ¿No se puede llamar una novela del XVIII Tom Jones? ¿Algún problema? ¿Y de qué va? Pues ahí está lo gracioso: es una novela picaresca. Sí, esa misma cara se me puso a mí. ¿Es que esta gente en la Pérfida Albión no respeta nada y no sabe que para escribir picaresca hay que ser ¡español!, vivir a principios del s. XVII y llamarse Cervantes, Mateo Alemán, Quevedo o Anónimo? Pues como no me plazcan sus 1200 páginas tomo el primer vuelo a Londres y me va a oír Isabel. ¡Por éstas! Supongo que tendrá algo del género Bildungsroman, que también comparte Las Confesiones de Félix Krull del ya citado Mann o Demian de Herman Hesse (yo creo que no es una casualidad ni de coña que el niño de La profecía se llame Damien, pero también puede ser una especulación mía), o incluso Michael, la novela que escribió Goebbles (sí, ese Goebbles). Yo es que leo cosas muy raras. (Por cierto que así investigando me he encontrado con la Metapedia, versión... bueno, qué coño, las cosas por su nombre, la versión nazi de la Wikipedia.) Y, para los que hayáis llegado hasta aquí, y por haber sido tan buenos tengo que... no, en realidad necesito compartir con vosotros esta imagen:
Hombre sin pelo en pecho, más que un hombre, es un desecho.

Porque en este blog, lectores míos (me consta que tengo más que dos, así que el plural es legítimo), se ama a la Literatura CON MAYÚSCULAS.
 


-SuperSantiEgo

12.11.07

El Evangelio Según el Mayor Superhéroe del Mundo

Que sí, que lo estáis viendo. Y existe. Vedlo aquí y aquí. A que mola. Bueno, siempre hemos sabido que el muchacho tenía no poco de Moisés y parte de algunos mitos judeocristianos, un héroe solarizado en la tradición indoeuropea y otros tantos detalles, empezando por la famosa muerte salvando al mundo y su resurrección "al tercer mes". Como he dicho en alguna ocasión, muchos son los autores que en las historias de un futuro lejano lo ven como un ser que va a acceder a la inmortalidad y a la transcendencia. En la saga de su muerte, al menos, vimos cómo surgían cultos a un Supermán deificado. Lo que no se atreven en la actualidad es a poner los cultos que sin duda deberían existir a día de hoy en el Universo DC. Vamos, que si existe ahora un culto a Elvis, o a los extraterrestres sin pruebas de su existencia, imaginaos lo que ocurriría de haber en el mundo un alienígena de metro noventa, guaperas y capaz de volar que va por ahí con los gayumbos de por fuera desfaciendo entuertos... No sé vosotros, pero en mí tendrían un convencido adepto de por vida.

Afortunadamente algunos conocemos cuál es la verdad, y con ilusión y fe inquebrantables proclamamos la buena nueva a donde vamos. Ramén, hermamos. ¡Ramén!
-SuperSantiEgo

Pensando seriamente en cambiar de religión

Que quede claro que mis convicciones pastafaris son tan fuertes como el primer día, y que sigo siendo un clérigo consagrado por la Iglesia Universal de la Vida, pero es que a veces encuentra uno unas cosas tan chulas...

La religión Cao Dai es una de ellas. Es de origen vietnamita, y apenas llega a cien años. La creó un funcionario (esa gente tiene mucho tiempo libre para darle al coco), y es fundamentalmente sincrética, ya que aúna elementos de varias religiones monoteístas. Pero lo que más mola es que es emanantista (Joooo, cómo me mola el emanantismo. ¡Plotino! ¡Plotino! ¡Ra-ra-ra!), y que además admiten a unos santos de lo más peculiar:

De izquierda a derecha, Sun Yat-sen, Victor Hugo y Nguyễn Bỉnh Khiêm. Los otros dos si os apetece os miráis los enlaces, pero Victor Hugo, que sí, coño, que es Victor Hugo. Por si fuera poco aceptan que se puede recibir revelaciones de grandes hombres, como Lenin o Shakespeare. Vamos, que la tentación es muy grande. ¿Os imagináis irse a la cama todos los días encomendándose a Cervantes, o que en los grandes momentos de la vida uno pudiese decir: "Ilumíname, Tolkien, como la luz de Eärendil dio fuerza y ánimo a Frodo en el cubil de Ella-Laraña"?

¿Y qué me decís de esos hábitos, de esos colores primarios que da gloria verlos y quitan el sentío? Además, en el caso español, podríamos adaptar la ceremonia a nuestra particular idiosincrasia:




Y lo que es mejor: no habría que hacer ningún templo nuevo. Cualquier Hogar del Pensionista valdría para echar una partidita.

(Jo, la que he tenido que montar y las vueltas que he dado para meter en el blog un vídeo de Parchis, con la ilusión que me hacía.)

De todos modos, aunque quizá adopte elementos Cao Dai a mi predicación, sigo siendo un fervoroso practicante del Culto a la Razón y al Ser Supremo y a la única religión verdadera del único dios verdadero: el Pastafarismo.
Y por ello me he hecho con mi ejemplar del Evangelio del Monstruo volador de Espagueti. Aquí podéis ver mi ejemplar y detrás a Golias (mi colega, no el personaje), que se ha dejado tocar por Su apéndice tallarinesco y ahora vive como un perfecto pastafari.
Tengo que hablar con Bobby Henderson a ver si hay planes para hacer un versión en recio y viril idioma cervantino, y si no presentarme voluntario.

-SuperSantiEgo

Vamos a ver si nos llevamos bien

Sí, OsQar, no te hagas el despistado que te estoy hablando a ti. ¿Qué es eso que has escrito en un comentario de que parece mentira que alguien crea en el MVE estando los Primigenios ahí?

Desde luego, parece que se os tiene que explicar todo con un dibujo.

Éste es el MVE:
Éste es Azathoth:

No sé, me parece que queda claro. ¿Acaso por dejar de llamarse rosa la rosa dejaría de ser lo que es y de tener su aroma?

Así que no me vuelvas a tocar las albóndigas. Vamos a llevarnos bien, ¿eh?



-SuperSantiEgo

MVE - ¿Espagueti o tallarines?

Extraído de La legión del espacio. Esto puede acabar peor que la Herejía de Horus.

Gracias,
-SuperSantiEgo

Los pastafaris acudimos piadosamente al templo a celebrar nuestra fe

Muchos son los que me preguntan por el pujante credo Pastafari, y he de reconocer que no es porque yo pertenezca a ésta la única fe verdadera, pero hay que reconocer que todo son ventajas. ¿Dónde se reúnen los pastafaris para celebrar la gloria del MVE? ¿Pues dónde sino en los mismos lugares que nuestros antepasados los piratas, donde cantar, beber ron, cerveza y grog, y tomar de la cintura a buenas mozas, mientras se planea el próximo asalto a Maracaibo? En caso de no existir templo especialmente preparado, se puede improvisar en cualquier establecimiento decadente o taberna mal iluminada, pero por suerte empiezan a proliferar locales que abiertamente y sin tapujos manifiestan su adhesión al Profeta Bobby y al MVE.

Verbigracia: No os pongo las imágenes de dentro porque espero a ocasión más propicia en la que ir bien acompañado, pero sólo os diré que las luces simulan trémulas llamas de velas, todo es de madera como en la mejor sentina y tienen un Capitán Sparrow a tamaño natural que seguramente hará las delicias de las admiradoras de Johnny Deep.

En el caso improbable de que saliésemos con hambre, al lado está el Burger Kuin:
Este país es la leche

En esto habrá que hacer una aclaración, ya que podría parecer poco menos que un sacrilegio santificar un templo pastafari a la honra de un pirata imaginario como Jack Sparrow. De todos modos hay que ser tolerantes, y comprender el mucho bien que los piratas de ficción han hecho por difundir nuestro credo. Sin ir más lejos, Long John... No, John Holmes "El Largo" no, viciosos. Me refería a Long John Silver, el de
La isla del tesoro. Pero si nos fijamos mejor veremos un detalle en este establecimiento, y es la particular forma que adopta la Jolly Roger, nombre de la bandera pirata, y símbolo sagrado entre los pastafaris: Efectivamente, es la bandera de Jack Rackham (1670-1720), conocido también como Cálico Jack, al que obviamente está consagrado este templo para el que sepa mirar con los ojos del verdadero creyente. Lo de Jack Sparrow, simpático personaje, es de gancho, nada más. Naturalmente siento la mayor de las devociones por Jack Rackham, pirata y mártir, cuyas máximas aficiones eran la bebida y las mujeres, lo que lo define como santo varón y ejemplo a seguir, pues no olvidemos que el paraíso pastafari consiste en un volcán de cerveza rodeado de bellas strippers. Sin embargo mi santo patrón pastafari es otro: Efectivamente, Sir Henry Morgan. Hasta nos parecemos en la elegancia y el porte. Su apasionante vida la podéis consultar aquí, aquí y aquí. Por si fuera poco fue el protagonista de la primera novela de John Steinbeck, La taza de oro, autor de la ya citada Las uvas de la ira y del que sólo puedo decir que de él me gustan hasta los andares. Como ya dije hace poco una de mis novelas favoritas es El Corsario Negro, donde aparece el Olonés, pirata histórico, y el segundo de abordo del protagonista se llama... Morgan. Incluso El Capitán Blood, la novela de Sabatini cuya adaptación cinematográfica tanta fama dio a Errol Flynn, está basada en parte en el Capitán Morgan. Como curiosidad, también el Pirata Roberts que aparece en La princesa prometida existió: Bart Roberts. Más sobres estos honrados comerciantes y hombres de honor, en Age of Pirates. Bueno, y una de mis películas favoritas desde que la vi por primera vez es El temible burlón (The Crimson Pirate, 1952). De hecho creo que no he visto ninguna película de piratas que no me haya gustado. Sí, incluso la de La isla de las cabezas cortadas. Incluso uno de mis diálogos favoritos de los comics Marvel es éste: Mujer Invisible: "Creo que es lo más hermoso que he visto". La Cosa: "¿Sí? ¿Y dónde te metes cuando ponen una de piratas?"

Volviendo al Capitán Morgan, por si fuera poca su gloria, ha alcanzado la más alta cota de la santidad al haber dado su nombre... ¡a una bebida alcohólica!
Casi na: ron de Jamaica. ¿Que si está güeno? Güenísimo, vive el MVE. Y no sólo eso, sino que
en su sitio web podréis encontrar nada menos que eso, las Morganettes.
¿Qué más le puede pedir a la vida un pastafari, sino vivir según el ideal del pirata, nuestros antepasados que vivían en gracia del MVE?
Fijaos cómo es de fuerte mi fe que la única canción que me gusta de Sabina es ésta:



Y para terminar como el MVE manda, La canción del pirata, de José de Espronceda.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.


La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:


«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.


Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.


Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.»


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.


En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.


Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.


Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



-SuperSantiEgo

8.11.07

El FriQuiXote: Proyecto frikicartesiano que expongo a la consideración de mis lectores

Y que es lo siguiente:

Lectura y comentarios fenoménico-frikis de la más insigne obra en prosa de las letras españolas: el FriQuiXote

(Y no me estoy refiriendo precisamente a las traducciones de las de Harry Potter.)

Que vivimos en un país atípico es algo que casi no merece discusión a estas alturas, porque es como decir que el cielo es azul. Que los países a los que por ventura o por desgracia dimos origen y que hablan la misma lengua que nosotros son también de lo más lucido de las naciones que en el mundo han sido, tampoco es discutible. En este país / ámbito lingüístico-cultural, algo pasa. Quizá, como dijo Napoleón, apenas si somos una chusma de aldeanos dirigida por una chusma de curas, aunque ya ves lo que puede importarnos la opinión de un gabacho avergonzado de su origen italiano, y acomplejado por su corta estatura y poco vigor sexual, que compensaba con un complejo de superioridad alarmante. Pero incluso eso no explica el autodesprecio de algunas de nuestras particularidades, que debemos actualizar y recuperar si no queremos perder no ya nuestra identidad, sino el oremus.

El autodesprecio chachiguay de lo más granado de nuestra juventud por los orígenes de nuestra cultura no tiene comparación con ningún país europeo, y parecemos un montón de acomplejados que tienen que hipercompensar de cualquier manera el no haber nacido gringos. Si comparamos esto con la cultura anglosajona dominante, se nos pueden caer los palos del sombrajo: si a algún escritor español se le ocurriese la osadía de hacer lo que Dan Simmons, dar la vara con Keats, un poeta romántico del s XIX, durante cuatro novelas de muchas páginas, sería quemado en la plaza mayor. ¿Os imaginais a un escritor en lengua española de c/f poniendo de protagonista en el futuro a Lorca, a Neruda o a Gil de Biedma? No hay cojones, así de simple.
Aun así, y continuando para bingo, ¿os imagináis a un francés diciendo que Moliere, Proust y Camus son un coñazo, o a un alemán soltando alegremente que se cisca en Goethe, Rilke, Mann y Kafka? Yo sí, pero necesariamente me imagino a todos los de su alrededor mirándolos con cara de “alguna gente no se merece vivir, no digamos ya aprobar un bachillerato”, y sobre lo que le pudiese pasar a un ruso por decir que pasa como de la mierda de Tolstoi, Gogol y Pushkin mejor no decir nada porque igual cualquier día se desayunaba con unas sopitas de talio o le enriquecían el vodka con uranio. Sin embargo eso no es sólo lo que dice ésta nuestra juventú, que se está echando a perder con el botellón y el endrogamiento, sobre nuestras letras, sino que además parece que no se merecen la reprensión pública ante semejante exhibición de lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia de algunos que consumen alegremente sus raciones de literatura prefabricada, ya sea de origen nacional o foráneo, felices y fuertes en su ignorancia sin llegar siquiera a tener la posibilidad de exclamar algún día el famoso ¡No me puedo creer que no sea literatura!

Llegado a este momento, necesario es, entonar también un mea culpa. No por mi parte, que nada tengo que ver, sino por reconocer que buena parte del desaguisado es resultado de una educación literaria en España, que sólo se puede imaginar uno que es resultado de los diseñadores del comportamiento de los niños gammas de Un mundo feliz o del Ministerio de la Verdad de 1984. De hecho, la labor en las clases de literatura no era sino el complemento perfecto de las desastrosas clases de lengua española, lo que ya se discutió en su momento en este mismo bló. Ciertamente, lo que se hacía en las clases de literatura no difería a veces mucho de poner pinzas electrificadas en los genitales, y la concepción de las letras patrias que se quiso imponer a varias generaciones de lectores echados a perder, traumatizados por el pensamiento único de Lázaro Carreter y sus miles de discípulos, puede haber hecho un daño irreparable en la percepción que los españoles tienen de su propio legado literario, entendido éste como un coñazo infumable, escrito por autores cuyo único objetivo era mirarse al ombligo y tocar las narices a las generaciones venideras, modelo que sin duda explica, por ejemplo, la situación del cine nacional. Qué equivocados estamos todos. Las cotas de chunguez y mala uva que se pueden obtener de nuestra literatura clásica son difícilmente comprensibles para el que no las ha degustado en todo su esplendor, y el potencial de interpretación y gozo que se puede encontrar en estas obras puede dejarlo a un patidifuso, cuando no directamente estupefacto.

Es hora ya de devolver la literatura al pueblo, de deshacerse del yugo tiránico tanto de academicismo estéril y estreñido como del desprecio facilón de la postmodernez que se cree molona por decir que “El Quijote es un coñazo”. Devolvamos su lustre original al Siglo de Oro, empañado tras siglos de papanatismo y lecturas desviadas de su verdadero espíritu. Seamos protestantes de la literatura y establezcamos la tesis de la libre interpretación de los textos que nos hablan a través del tiempo, sin mediación posible entre el Espíritu del Pueblo que se objetiva a través del Arte para hablarme a mí, no a un hagiógrafo o crítico posterior que después me tiene que explicar las cosas como si fuera tonto. ¡Cervantes me habla a mí directamente por medio de la Escriptura, no a ningún pontífice de la Academia que luego me traduce su mensaje! Instauremos, de una vez por todas, la interpretación friki, frikicartesiana, del Quijote y de otras obras del Siglo de Oro. Y para ello podemos guiarnos por estas simples normas:

1. En estos tiempos que corren, la única forma de leer el Quijote es en su versión original. Basta ya de adaptaciones burdas y estériles a la moderna ortografía mediogabacha. Si los académicos y los profesores de literatura son idiotas y no dan más de sí, es su problema. Vivimos en un mundo en el que los muyayos se tragan series japonesas donde todos hablan como histéricos y los subtítulos van desincronizados sin que nadie se dé cuenta, así que… ¡el Quijote hay que leerlo con la ortografía histórica! ¡Cuán mejor entenderemos a Cervantes con sus “yua” (iba), y sus “aver” (haber)! Porque, señores, don Quijote no se encaminó a Zárágózá, ¡sino a Çaragoça! De hecho habrá que hacer una distinción entre los que nos lo hemos leído de verdad, y los que sólo han disfrutado de un sucedáneo. Así podremos decirle a alguien: “¿Cómo que te has leído el Quijote con la ortografía adaptada? ¡Tú no te has leído el Quijote ni te has leído na, pringao!” Porque ni de lejos el Quijote es el Quixote. Aún hay clases, cage-ná. Comparemos:

Capítulo Primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, y algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa un ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín corno tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad."

Capitulo Primero. Que trata de la condicion, y exercicio del famoſo hidalgo don Quixote de la Mancha

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en aſtillero, adarga antigua, rozin flaco, y galgo corredor. Vna olla de algo mas vaca que carnero, ſalpicon las mas noches, duelos y quebrātos los Sabados, lantejas los Viernes, algun palomino de añadidura los Domingos: conſumian las tres partes de ſu hazienda. El reſto della concluìan, ſayo de velarte, calças de velludo para las fieſtas, con ſus pantuflos de lo meſmo, y los dias de entre ſemana ſe honraua cō ſu vellori de lo mas fino. Tenia en ſu caſa vna ama que paſſaua de los quarent a, y vna ſobrina que no llegaua a los veynte, y vn moço de cāpo y plaça, que aſsi enſillaua el rozin, como tomaua la podadera. Friſaua la edad de nueſtro hidalgo con los cinquenta años. Era de complexiō rezia, ſeco de carnes, enjuto de roſtro, gran madrugador, y amigo de la caça. Quieren dezir, que tenia el ſobrenōbre de Quixada, o Queſada, q en eſto ay alguna diferencia en los autores que deſte caſo eſcriuen: aunque por conjeturas veroſimiles ſe dexa entender que ſe llamaua Quexana. Pero eſto importa poco a nueſtro cuento, baſta que en la narracion del, no ſe ſalga vn punto de la verdad."

¡O la edición de Juan de Cuesta, o hostias! ¡Y no es una manera de hablar!


De hecho esta reflexión me ha llevado a pensar en lo extraño de que no haya grupos de recreación de la ortografía del Siglo de Oro. En una entrada anterior hablaba de los grupos de recreación histórica, así que, ¿por qué no podría haberlos también para la lengua, escribir como a principios del s XVII e incluso hablar de esa manera en reuniones de amigos, o escribir blós enteramente en español áureosecular? (de Siglo de Oro, áureosecular, no tiene ningún misterio.) Porque, auqnue ya sé que no os lo vais a creer, no he encontrado ni un solo foro donde sea obligatorio expresarse en español del Siglo de Oro. E igual que el latín se va actualizando en sus diccionarios y se puede decir “guerra nuclear” o “compilar un programa” en ese idioma que no se sabe si está vivo, muerto, no-muerto o zombie, podríamos inventarnos términos para las nuevas realidades que han ido surgiendo en estos siglos descarriados en lo político y lo lingüístico. Obviamente sería un divertimento, ya que la ortografía mediogabacha, a pesar de su vulgaridad, se ha convertido en el estándar de facto de la lengua española, como ha ocurrido con los productos Microsoft en la informática, y a estas alturas no la vamos a cambiar, aunque quién sabe si se podría llegar a la cooficialidad. Más aun: quizá se debieran perfeccionar algunas obras modernas adaptádolas a la ortografía histórica. ¿Os imagináis La familia de Pascual Duarte en orthografia del Siglo de Oro, y por supuesto con un tipo de letra acorde a ella? Más aun: ¡me declaro dispuesto a hacer una prueba piloto yo mismo con alguna de mis obras! De hecho no me extrañaría que no fuese muy difícil crear una macro para el Word que permita realizar automatizadamente gran parte del trabajo.

(A pesar de lo que pueda parecer no estoy loco, ¡no, no lo estoy!, y ni mucho menos soy un ignorante de la vida que no sabe que no existía ni por el forro durante el Siglo de Oro una ortografía estándar y consensuada, ya que había distintos criterios, desde los más etimológicos a los puramente fonéticos, y cada autor o editor hacía un poco lo que se le antojaba. Pero si los filólogos alemanes fueron capaces de “inventarse” el latín y el griego, y Violet le Duc “mejoró” el gótico, bien podemos ahora desde el s. XXI establecer la correcta ortografía áureosecular del s. XVII “tal como debería haber sido”, y por supuesto basándonos fundamentalmente en el ejemplo cervantino.)

2. Y lo que es más importante: debemos reconocer a don Quijote como lo que es: ¡El primer y más grande friki de todos los tiempos! ¿Quién no se siente identificado con alguien a quien su familia critica por leer demasiados tebeos y ver demasiado anime libros de caballería, y que lo amenazan con tirárselos a la basura quemárselos? El Quijote es la realización de todo lo que un friki aspira a ser, y que en su pasión, que no locura, se atrevió a ser Caballero Jedi, superhéroe y Sailor Moon, todo a la vez. ¡Reclamemos como nuestra la figura del FriQuiXote! (Obviamente esto se pronuncia “friquijote”, no me hagáis cosas raras que os conozco.)

No sólo eso, sino que sólo una dimensión crítica basada en la experiencia friki puede desvelar algunos aspectos hasta ahora ignorados de los estudios cervantinos. El Quijote de Avellaneda no es, como muchos suponen, un Quijote apócrifo, sino un Quijote de una realidad alternativa. Eso es lo que realmente sabía Cervantes, y por eso luego el Quijote suyo, llamémoslo el de Tierra Uno, en la Segunda Parte es consciente de la existencia de su contrapartida de Tierra Dos. Obviamente don Alonso Quijano en Tierra Tres era un caballero andante que se volvía loco de tanto leer novelas costumbristas e intentaba convertirse en un pacífico hidalgo que paseaba por el campo con sus perros. Hay constancia de que Cervantes tenía planeado escribir Crisis en las Manchas Infinitas, donde todas las distintas versiones se encontrarían, o incluso se fusionarían en el Quijote Eterno, cada uno aportando una de las piezas del legendario Yelmo de Mambrino esparcidas a lo largo del Multiverso por el malvado mago Cide Hamete Berenjeli.

¿Y qué me decís de los cross-overs que podríamos escribir entre don Quijote y Amadís de Gaula, o con el Buscón de Quevedo? ¿No sería apasionante un paseo de don Quijote por la Edad Hibórea, combatiendo al lado del Rey Kull o del mismo Conan? Eso sin contar con el juego que el personaje daría en una robusta formación de la JLA o de los Vengadores, con sus raptos de locura y sus períodos heroicos, las muchas galanterías que podría decir a tan cumplida doncella como Power Girl, y sin olvidarnos de ese momento cumbre en el que le dijese al Doctor Muerte: “¡Teneos, villano, o probaréis mi acero toledano!” ¿Y para cuándo el libro de recetas de Sancho Panza?


Reconocedlo: ¿Quién no ha pensado más de una vez “Esa frase es tan buena que merecería escribirse en español áureosecular”? Admitamos que todo sabe mejor cogido a lazo y todo se ve y suena mejor mejor en la legítima y genuina expresión que de suyo es propia del recio y viril idioma cervantino.

Por lo tanto éstas son las encuestas que someto a la consideración de mis lectores:

1. ¿Desea usted que el SuperSantiEgo se embarque en el proyecto de la interpretación hermenéutica del FriQuiXote, leyendo y comentando cada uno de sus capítulos en su forma prístina de español aúreosecular o Lengua Auténtica?


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2. ¿Apoya usted la creación de la Real Academia de la Lengua Española Auténtica, cuyo objetivo será promover el estudio y recuperación de la antigua y legítima ortografía castellana y de la Lengua Auténtica (la LA), y cuyo objetivo último sea la recuperación plena a todos los niveles del recio y viril idioma cervantino?


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Como siempre no sólo se pide su participación en las encuestas, sino que además justifiquen razonadamente sus respuestas.

Mientras, os dejo estos dos elementos que podéis incorporar a vuestras páginas o blogs para difundir la buena nueva. ¡Comentadlo y enlazadme para que todo el mundo sepa de esto!

Y algunos me dirán: pero SuperSantiEgo, ¿para qué lo sigues intentando, si luego naide te hace caso? Cuando dijiste lo de los Hombres Libro, como quien oye llover, y seguramente pasará lo mismo cuando intentes crear la Sociedad de Amigos del Apocalipsis.

Ya... Quizá es que entiendo mejor de lo que creía el que es el mensaje fundamental de don Quijote.
-SuperSantiEgo