Pues sí, voy a hablar de esta cuarta entrega de Matrix, pero más que nada como excusa para hablar de las anteriores, algo que nunca había hecho en el bló porque no se había presentado la ocasión y porque, la verdad... me da perezote, no lo oculto. A mí me pilló ya muy mayor, con la carrera terminada y con mucha ciencia ficción de todo tipo vista y leída entre las orejas, así que nada de lo que allí vi me pilló de nuevas. Eso no impide que reconozca su impacto cultural, y que sepa que algunos de los términos usados en la película llevan camino de aposentase de forma definitiva en el lenguaje cotidiano de varias lenguas vivas: "vivimos en Matrix" para dar a entender que el mundo es una ficción o fantasmagoría de la mente, "esto es un fallo de Matrix" para los déjà vu y otros fallos de la percepción, "tomar la pastilla roja" por abrir los ojos a la auténtica verdad del mundo, o incluso que salir de Matrix se entienda como una alegoría similar a la de la caverna de Platón o que se te caiga la venda de los ojos y entiendas una verdad que hasta ese momento no eras capaz de aceptar.
Mucho se ha hablado también de la "filosofía de Matrix", y ahí es donde pinchamos un poco en hueso. Se comenta que las directoras daban a leer a todo el mundo Cultura y simulacro, de Baudrillard, editado en 1981, y además Neo tiene un ejemplar también sobre su mesa, algo que me importa tan poco como que en un capítulo de Supergirl aparezca sobre la mesa de café un libro para que podamos leer su título, White Fragility. Cuenta la leyenda que el que podía haber sido el protagonista de la película, Will Smith, sencillamente no entendió de lo que le hablaban las dos directoras, y eso tampoco es de extrañar: igual que un actor no tiene por qué entender exactamente lo que pinta en una película, sólo debe saber decir bien sus frases y hacer lo que mandan, tampoco es imprescindible que un guion sea del todo coherente o tenga sentido para que la película funcione. Si repasamos la filmografía de las Wachowski tampoco es que vayamos a ver una consistencia de altos vuelos intelectuales que digamos, ni falta que les hace. Por ejemplo a mí me gusta Speed Racer porque sigue siendo Matrix, fuegos artificiales y montañas rusas, y cero tonterías conceptuales. Cuando se ponen a pensar es cuando la cagan, a no ser que acierten por casualidad como les ocurrió con Matrix.
A veces se dice que Matrix supone la irrupción en la cultura de masas (no, yo no utilizo el término "cultura popular" para esto) de la filosofía posmoderna, y eso también es discutible. De hecho ni siquiera entiendo por qué las Wachowski andaban por ahí con ese libro de Baudrillard, ya que su concepto de hiperrealidad u otras reflexiones parecidas a las de La sociedad del espectáculo de Debord no tienen que ver nada con el meollo de lo que es el argumento de Matrix: vivir en un plano de realidad ficticio y simulado, algo que en realidad sería competencia de la filosofía de la mente y de experimentos mentales como el del cerebro en la cubeta, que a su vez es la reformulación de las mismas dudas que tenía Descartes sobre el asunto, y que también nos llevan al eterno debate del idealismo / realismo-materialismo. En realidad el universo de Matrix desdeña por completo el concepto de hiperrealidad en tanto que nos muestra lo que se supone que es una realidad objetiva, un futuro cochambroso en el que las máquinas vencieron en la guerra a los seres humanos, y un mundo simulado que es finales del siglo XX, pero tan prosaico como el que conocemos, y sólo al final cuando Neo entiende (eso sí, muy parcialmente y con truco), que vive en un mundo completamente virtual no atado a ninguna ley fija, es cuando parece que va a haber verdadero despiporre... pero eso luego no lo vemos apenas en las dos entregas posteriores porque entonces se tendría que cambiar por completo el tono de la película.
Obviamente todos sabemos ya de sobras que en cuanto a la historia de ciencia ficción que se nos cuenta en Matrix, ya estaba todo inventado. Se suele citar a Dark City, y por supuesto tenemos Virtuosity (1995), la misma Tron en la que ya había programas y mentes humanas digitalizadas que interactuaban como si fuesen videojuegos, Nirvana (1997), eXistenZ (1999) y por supuesto Desafío Total (1990) todas ellas donde se juega con la dualidad realidad/irrrealidad e identidad/recuerdos. De hecho si queréis droja muy, muy dura, y no le tenéis miedo a una peli de tres horazas de Fassbinder podéis ver El mundo conectado (Welt am Draht, 1973), basada en la novela Simulacron-3 de Daniel F. Galouye. Por supuesto también es anterior el concepto de holocubierta de Star Trek, y en varios capítulos se vio que había gente viviendo en simulaciones, o se especula con la idea de que las mismas creaciones de la holocubierta tomen conciencia de su naturaleza de simulación. Incluso Richard Corben, en una historieta de ocho páginas, Cuidado con el mundo real, Howie, ya nos contaba una historia por la que por medio de la toma de fármacos en forma de pastilla los habitantes de un mundo devastado creían vivir en un paraíso. Por supuesto ya, para tirar la bomba y matarnos a todos, recordemos que Philip K Dick, aparte de otros juegos de simulación como los mundos de Perky Pat, escribió Sivainvi, donde se aborda de forma definitiva la monomanía del autor sobre la esencia de la realidad. En definitiva Matrix viene a ser un poco la idea de Terminator, perder contra unas máquinas que se rebelan contra sus creadores, mezclado con esos otros conceptos que como ya vemos estaban presentes en el género de ciencia ficción, sobre todo el cyberpunk, desde hacía bastante tiempo. En algunos aspectos, de hecho, Matrix las expone de forma mucho más limitada y con mucha menos profundidad. Para hacernos una idea y compararlo con algo reciente, quizá a alguna gente lo de distintas versiones de un mismo personaje, todas ellas igual de válidas, les parecerá algo genial que ha inventado la última peli de Spider-man, pero a poco que conozcas el mundillo de donde sale todo esto sabes que eso tiene más años que el hilo negro. Y si os parece muy original lo de las mismas máquinas se monten a un elegido para luego darle matarile y así encauzar la inevitable rebeldía humana una vez tras otra de forma recurrente de eso mismo trata el relato Laberinto de Xosé Luis Méndez Ferrín.
Y eso no le quita mérito ni en lo más mínimo a Matrix, sino al contrario. Porque recordemos el mensaje de la canción: "Lo importante no es llegar primero, sino saber llegar". Nos puede gustar más o menos, pero no siempre los pioneros se llevan el mérito de algo, e igualmente las Oreos y las M&M's no son los productos originales, sino las copias que triunfaron. Efectivamente Matrix tiene una relevancia cultural mucho mayor que los referentes a los que copia y a los que aporta más bien poco en el aspecto digamos que doctrinal, pero consiguió que estos elementos pasasen al imaginario popular de forma relevante hasta el punto de que más o menos todo el mundo entiende las referencias de las frases que antes cité. Y eso lo consiguió no por lo arriesgado o bien planteado de esas ideas, que ya vemos que estaban presente en películas fantásticas de la época hasta el punto que podríamos decir que eran incluso más que comunes y conocidas en el género, sino porque Matrix se convierte en una orgía audiovisual que envuelve esas ideas con hallazgos propios, una estética tan facilona como efectiva (tos maqueaos de cuero negro y con gafas de sol hasta dentro de una cueva), musiquita a toda máquina perfectamente elegida dentro de la de la época y efectos especiales desarrollados específicamente para apoyar la historia. Lo que se resume en algo que ya estaréis más que cansados de oírme decir en este blog: todo se resuelve a hostias. Es decir: Matrix es sin lugar a dudas una piedra angular, un epítome de los pocos que se dan cada década de
Efectivamente: Matrix en casi todos los niveles se sale de la escala del molonómetro. Eso es así, compadre. Porque lo que no se arregla a hostias, se arregla a tiros, así de simple. El entramado que sostiene a todo en realidad es mucho menos profundo de lo que a muchos les gustaría creer, pero la cuestión es que sostiene a una orgía de violencia desatada con gente haciendo el cafre de maneras nunca antes vistas, y que tienen una justificación, aunque un poco cogida por los pelos: el tiempo bala, el aprendo kungfú por usb, etc. Por supuesto, eso no debemos olvidarlo, y pese a estar en medio de semejante aparato de pirotecnia, los personajes tienen cierta enjundia: Neo te lo crees, Morfeo tiene su encanto, Trinity además de "la chica del pause" encarna la fe en la victoria y por supuesto el Agente Smith es la caña absoluta, interpretado por un Hugo Weaving en estado de gracia. De hecho, os lo voy a decir ya, a mí el único personaje que realmente me interesa e importa es el Agente Smith, y por supuesto me parece una injusticia que no ganase al final. En este blog siempre estaremos del lado de los perdedores y desposeídos injustamente por la H/historia.
| ¿De verdad llegasteis a pensar que no iba a poner este gif? ¿Tan mal me conocéis? |
Todo lo demás es filfa, así de claro. Lo del Elegido es una chorrada y funciona medio regular, primero porque es una historia de "el elegido" y desde hace tiempo sabemos que cualquier historia que utilice en serio ese concepto, o el de "destino", nos va a hacer el trile y nos engañará cuando menos nos lo esperemos, o saldrán con un deus ex machina para solucionarlo todo. Por supuesto nos querrán hacer el mismo truco varias veces, y de ahí esa escena en la que Neo parece tener fuera de Matrix los mismos poderes que dentro... y ahí quedó la cosa, nunca más se supo. Cuando ya aparece el Oráculo o el Arquitecto, y nos quieren vender una historia más compleja, recursiva y, se supone, coherente, vemos que coherencia no hay ninguna. Porque Matrix se hace trampas al solitario desde el minuto uno, y eso tampoco es malo, siempre que no lo olvidemos y que las trampas están al servicio de contarnos un relato épico de acción desenfrenada, pero dentro de unos cauces muy determinados. De ahí que nos tengamos que creer que los daños corporales en el entorno simulado tengan consecuencias reales y puedas morir, porque lo contrario, el daño cero o las vidas infinitas, no tendrían ningún sentido narrativo, pero por alguna extraña razón se empeñan en darse puñetazos y dispararse balas convencionales, no píldoras de antimateria o misiles, y los agentes al ser programas y no tener realmente cuerpo estarían exentos de todo daño, Matrix se puede reprogramar como le dé la gana a sí misma. Eso sin contar que las máquinas, dado el uso que tienen de los humanos, no construyan la Matrix más lógica de todas en la que los seres humanos nunca tendrán opción de escapar, una en la que se simule el Paleolítico. ¿Por qué creas una simulación de mentes humanas que están capacitadas para entender lo que es Matrix, para empezar?
Por supuesto estoy hablando un poco en general de la primera trilogía, pero no me olvido que la primera película termina con cierta coherencia, que es cuando Neo obtiene, por así decirlo, los poderes plenos para controlar Matrix, que es algo con lo que sí se juega de forma más o menos lógica en la primera película: si vivo en un mundo simulado, en el que en realidad todo son píxeles ultrarrealistas, no hay ningún límite más allá de la imaginación, y se adquiere una especie de poder performativo: todo lo que piense se hará realidad. No sólo puedo pegar patadas molonas desafiando a la ley de la gravedad, sino que puedo volar, teletransportarme, traspasar las paredes, detener las balas en el aire o lo que yo quiera; no es ya que la cuchara no exista realmente, es que nada existe, para empezar la ley de la gravedad o la limitación de la velocidad de la luz. El señor Anderson, Neo, recordemos, es un programador, un hacker, y una vez ha obtenido acceso al código fuente de la realidad, o de ese plano de realidad que es Matrix, digamos que puede reprogramar todo lo que sucede a su alrededor en tiempo real y en código-matrix porque su cerebro está conectado a la red, y por eso al final de la película, igual que a Buda que el mismo Keanu Reeves interpretó unos años antes, se le retira de los ojos el velo de Maya, y por fin ve la realidad tal cual es, en código-matrix. Adquiere, por tanto, poder absoluto, puede hace cheats no en un juego bajado de Steam, sino sobre la esencia misma de un plano de realidad. Sin embargo, veremos, esas consecuencias no se explotan en toda su profundidad en las entregas posteriores, porque obviamente eso crearía tal pitote argumental que de ahí no habría continuación posible.
Por supuesto, y en el sentido de la revolución que supuso en algunos aspectos Matrix para el cine más palomiterio, comercial y de alto presupuesto, su sombra es más que alargada, y como todos sabemos algunos de sus hallazgos visuales se han incorporado como un estándar de las películas de acción, lo que quizá puede hacer que nos olvidemos ahora de lo rompedores que fueron en su tiempo, por mucho que ahora casi vengan de oficio en los programas de hacer efectos especiales, igual que dentro de unos años haremos como si nada los deepfakes que ahora son bastante complicados de conseguir. Esta estética y recursos incluso permearon en películas de temática tan distinta como Cidade de Deus, y por supuesto se convirtieron en el referente de muchas otras del cine de acción. Por eso a mí me encanta Ultravioleta, una película con un argumento delirante y absurdo que sólo es una excusa para ver a una supermodelo haciendo cabriolas rodeada de cgi que parecen salidos de una PlayStation, porque básicamente se va pasando pantallas de videojuego. Nicolas Cage o The Rock son un género cinematográfico propio, como Milla Jovovich.
Lo cual nos lleva a hablar de otro melón: al final de la primera película, cuando todavía nadie sabía si eso sería un éxito o un fracaso, se da una solución claramente imperfecta al conflicto contra las máquinas. Se supone que los humanos pasan, de alguna manera, a controlarla, o eso se nos da a entender, pero el mundo real y objetivo es una mierda postapocalíptica en el que ni siquiera luce el sol, probablemente por culpa de los mismos seres humanos. ¿La idea es despertar a toda la humanidad? Vemos que incluso sería complicado, porque la misma existencia de Matrix depende de que la gente esté conectada tanto como para producir electricidad como para, se supone, crear una red neuronal que soporte a la misma matriz. En la secuela actual veremos que hay cierto entendimiento entre los seres humanos y parte de las inteligencias artificiales, y que el grueso de la población humana sigue en el limbo de la simulación. El problema moral de esta continuidad, o la que se planteaba al final de la primera película tampoco es que se explore mucho, y la verdad es que tiene mala solución. Lo que nos lleva a pensar que Matrix, como alegoría que viene a competir o a substituir a la de la caverna, plantea el mismo problema del que ya se dio cuenta Platón: ¿y si la gente no sólo no te agradece que la liberes del mundo de la simulación y las sombras proyectadas, sino que incluso puede que te maldiga por ello? Lo que nos lleva a hacer la siguiente declaración:
Huy, perdón, universo equivocado. La pregunta es: ¿tenía Cifra razón?
Cifra es el Judas de esta historia, porque por supuesto, si tenemos un mesías elegido que nos va a salvar a todos, necesitamos también un traidor. No, meter a calzador referencias religiosas más o menos evidentes o que la máquina superjefa que sale en la tercera parte se llame Deus ex Machina tampoco garantiza que tu narración sea más profunda o tenga más sentido, sólo significa que tiene referencias religiosas metidas a calzador; sí, Zack Snyder, te estoy mirando a ti también. Pero a lo que vamos: ¿y si Cifra tenía razón, o al menos entendía, como él muy bien dijo, que por qué coño no eligió la pastilla azul con lo tranquilito que estaba él siendo el kioskero de la esquina o algo así? No hace falta que yo responda, porque me estoy guardando un buen cartucho final: en 1995, cuando las Wachowski todavía estaban moliendo la harina, alguna gente que recibió posteriormente el nombre de "aceleracionistas", se estaban comiendo ya el pan y respondiendo a esa pregunta. Semejante batiburrillo de ideas y autores que actualizan el ideario de los futuristas es difícil explicarlo incluso someramente y ni de lejos soy un especialista en la materia, pero para salir del paso digamos que es una mezcla de algunas ideas posmodernas con, he ahí lo original, otras sacadas literalmente de la ciencia ficción y la fantasía, en especial Lovecraft, Leiber u otros, escriben de forma bastante críptica o incluso en poemarios, los hay muy izquierdosos o muy fachosos y suelen exponer especulaciones de alto nivel en las que como poco se habla del tranhumanismo y la llegada de la Singularidad. Son también cercanos, a su manera, a la weird fiction de autores como Ligotti y su Conspiración contra la especie humana, y a muchos pensadores tecnofílicos del credo del californismo y de la tecnocracia. Los aceleracionistas son algunos de los que hablan de lo de subir cerebros a la nube de datos y de hecho para algunos su solución para lo del cambio climático sería dejar hacer a los científicos lo que les dé la gana y a las empresas contaminar a gogó, de modo que se acelerase el progreso científico que nos permitiría revertir no ya el cambio climático, sino alcanzar alguna supertecnología que nos permitiría controlar por completo el clima. Hasta cierto punto es asimilar como cierto aquello que ellos mismos predican, el concepto de hiperstición, la ficción que se convierte en realidad, y por supuesto como todos sabemos en series y películas de acción lo épico siempre es conseguir salvarse por los pelos y en el último momento arriesgándolo todo a una carta. Son absolutamente adorables. A veces dan mucho miedito, pero son divertidísimos.
Este ejemplo de los aceleracionistas es un poco extremo, pero no nos debe hacer olvidar que Matrix ha permitido que alguna gente, aunque más como una opinión porque de ahí no pasa, declare tener cierta creencia o certeza de que en realidad sí que vivimos en algún tipo de simulación de carácter informático, y ahí tenemos a gente como Elon Musk o Neil deGrasse Tyson que un modo u otro apoyan esa hipótesis, en el segundo caso algo bastante cachondo porque ese señor aunque muy simpático es de los que dicen que lo de la filosofía que vale para el pasado pero que los científicos ya tienen todo eso superado... sólo para meterse él en eso que es un debate puramente metafísico. Bueno, la verdad es que uno puede pensar sobre ello lo que quiera, pero es una idea a la que le ocurre un poco como a lo de que si todos somos no más que parte del pensamiento de Dios: un poco difícil de demostrar, de hecho imposible. Pero tampoco es eso a lo que quiero ir, sino a la cuestión inicial, que seguro que os sonará, y es que sin duda habréis oído a alguien decir básicamente lo mismo que a Cifra: "¿Y qué tendría de malo vivir en Matrix?" En el guion para hacerlo más bonito dicen la tontería de que "no quiero acordarme de nada", lo que generaría otro problema de identidad porque básicamente sería matar a tu yo original para crear a un yo feliz que ya no serías tú mismo, pues al fin y al cabo el "yo" empieza por la identidad y el recuerdo que ese yo tiene de sí mismo, pero atendamos a toda esa gente que dice estar más que dispuesta a vivir de manera muy consciente en un simulacro o entorno virtual en el que jugar a ser dios o a una infinita partida de videojuego en la que como Neo seas dueño y señor de todas las leyes que gobiernen ese mundo de ilusión y fantasía, la versión digamos más chachipiruli e infantiloide, mientras que probablemente un aceleracionista sueñe con convertirse en una conciencia sin cuerpo físico que viva en un espacio ℜ⁵ y sólo hable con versos alejandrinos compuestos en sánscrito.
Porque, y aquí se explica mi extrañeza de las Wachowsi al poner incluso ese libro ya citado en pantalla, ¿qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? La hiperrealidad, la realidad como simulacro cultural, dudar si estoy viendo en realidad las cuevas de Lascaux si veo una reproducción casi tan perfecta que no puedo distinguirla de la auténtica, es en realidad una cuestión muy distinta a que vivamos en una simulación que afecte a la realidad misma. Son dos planos totalmente distintos: incluso dos personas viviendo en Matrix podría una ser un flipao que cree que por darle mucho a los videojuegos ha conquistado reinos y matado a gente, y otra ser un aburrido contable que pesca en el río para divertirse, y estarían en el mismo plano de realidad. La hiperrealidad operaría, por así decirlo, en horizontal, y la cuestión metafísica de si todos somos programas de ordenador en una simulación es eso, una cuestión metafísica y completamente vertical. Noslomismo. Y es a lo que voy: alguna gente, apoyándose en la creencia de esa virtualidad del mundo, o incluso sin ese apoyo, dice estar más que dispuesta a sacrificar, por lo menos en teoría, su desaborida vida real y anodina por las infinitas posibilidades de una vida virtual, ya sea estar metido en una cama enchufado a alguna forma de Matrix o, ya puestos, uplodeando el cerebro entero y la mente (si es que realmente tal cosa existe, que tampoco está del todo claro) a ese entorno virtual, y de forma muy órfica liberarse de las limitaciones de la materia, o por lo menos de las más engorrosas. Dicho de otra manera: si nuestra vida ya en cierta manera es un simulacro, un puro bombardeo de sensaciones que nos provee nuestro entorno y no hay nada realmente sustantivo y real, ¿por qué no crear un entorno, una realidad completamente artificial y hedonista, si es que ni siquiera nos vamos a dar cuenta de la diferencia? La misma película, Matrix, intenta dar una explicación a esto al decir que la primera versión de la simulación intentó crear una forma de utopía pero que la gente notaba que algo no estaba bien y aquello de ser todos felices a la vez no funcionaba, pero nuevamente es una buena frase en el guion y funciona muy bien para ahondar en el desagrado que el Agente Smith siente por la humanidad, pero tampoco se sostiene demasiado y se basa en dar por seguro que sólo el tiempo en el que se filma la película es el mejor de los tiempos posibles para simular en Matrix: puedes crear, como ya dije, una simulación en la que vivamos en el Paleolítico, analfabetos y haciendo deporte mientras ocupamos la mayor parte del día cazando antílopes, y ya verás como la gente no se preocupa de mucho más que comer carne a la parrilla, hacer sano deporte al aire libre y jincar. Esto se veía en una película del mismo año de Matrix, otra adaptación de Simulacron-3, Nivel 13 (1999), en la que se producía una simulación dentro de la simulación, porque desde el futuro (curiosamente el que ahora es nuestro presente), se recreaba un pasado (el que entonces era el presente), donde ya existía tecnología para hacer simulaciones. Y si no, la otra opción sería crear un entorno Matrix para cada individuo, y problema resuelto.
En cierto modo lo que expresan los que dicen que esto en lo que ya vivimos es una ilusión, y que estarían dispuestos a cambiarla por otra igual de real o falsa que la anterior, y vivir una partida de rol en vivo en lo que les quede de vida, no hacen sino hacerse una de las preguntas centrales de la experiencia humana: ¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena?, ¿por qué hay niños que mueren de cáncer?, ¿por qué Michael Bay sigue haciendo películas?, ¿por qué hay que trabajar todos los días para poder ingerir x calorías que permitan que nuestro cuerpo viva un día más? Si todo es una ilusión, ¿por qué la ilusión es tan cutre, y por qué no todos podemos ser felices en ella? Bueno, eso ya lo explicó Epicteto, un filósofo estoico, hace más de dos mil años, y luego nada menos que Quevedo glosó su pensamiento en una poesía: a cada uno se le asigna al nacer un papel que representar en la vida, y no te queda otra que representarlo con dignidad, un motivo este, el de theatrum mundi, bastante habitual en la literatura y que en el fondo no viene sino a ser lo mismo que Matrix, sólo que Epicteto como era un estoico sólo decía "Esto es lo que hay, así que ajo y agua". En cierto modo, siempre apelaremos a la imposibilidad de encontrar el sentido último y transcendente a todo lo que ocurre, el porqué que dé explicación a la existencia: el ciego hado, los planes inescrutables de Dios o que somos los elaboradísimos SIMS de una raza extraterrestre de otro plano de realidad, y que nos hacen sufrir mil penurias y enfrentarnos en guerras para que ellos sí puedan decir que han vivido.
De todos modos, respecto a la cuestión metafísica de la realidad, y pensar que por muy anodina y triste que sea nuestra vida en realidad somos código que corre en tiempo real en un SIstema de VAsta INteligencia VIva, no deja de ser eso, una discusión metafísica, y por tanto muy divertida pero que nos llevará mil y una veces a los mismos contrasentidos y a no poder demostrar lo que decimos. La hiperrealidad y la hiperstición de los aceleracionistas sin embargo sí que es algo real y que podemos comprobar que existe en nuestro mundo. No es que no hayan existido desde siempre: como seres que nos comunicamos por símbolos y sistemas de creencias eso siempre ha sido así, y si no imaginaos lo que era creer que existía un rey hasta no hace demasiado tiempo, cuando incluso viviendo en la capital como mucho quizá lo vieses de lejos, y si vivías en provincias sólo era alguien de quien oías hablar, y en el caso de América ninguno de nuestros reyes que lo fue efectivamente de esas posesiones llegó a poner un pie allí, y eso por no entrar en otras construcciones mentales como los conceptos de patria, o las creencias religiosas. Sin embargo, y en eso es difícil no estar en parte de acuerdo con Baudrillard, Eco o Debord, aunque vivir creyendo en ilusiones y representaciones puede que no sea algo nuevo quizá se nos está saliendo de madre, y quizá simplemente todos esos casos que tanto nos llaman la atención ya existían, sólo que ahora se publicitan y se estudian más; ahí tenemos las estrellas de rock virtuales de Japón, los otherkind, el fenómeno de las waifus y husbandos, los incels que se casan con una almohada y lo que nos espera cuando lo que aparece en películas como Her pueda ser una realidad, o sea factible que un holograma de Ana de Armas se convierta en la novia de alguien sólo con pagar una cuota. Sí, hay gente que dice que si se pudiera poner en lista de espera para algo así, que sin dudar lo haría. En 1996 en una serie B como Terminal Justice ya un personaje le decía a Lorenzo Lamas: "¿Cómo? ¿Follar de verdad? Quita, quita, el sexo en realidad virtual siempre sale bien, para qué meterse en líos". Por así decirlo la realidad a ese respecto hace mucho tiempo que ha adelantado por la derecha a cosas que la ficción proponía como distopías, y la respuesta a ellas no ha sido el horror, sino "¡Cállese y tome mi dinero!" Mucha gente se encoge de hombros y afirma: "Decís alienación en un tono de voz... que cualquiera pensaría que es algo malo". Si os parecen raras las discusiones en las que la gente dice que sus canhijos son parte de la familia, esperad a lo que se nos viene encima.
Ah, ¿que queréis saber si el Siglo de Oro tiene su propia versión de Matrix? Hombre, por favor... qué pregunta.
Bueno, y hasta aquí más o menos lo que había que contar de la primera hornada de películas de Matrix. En conclusión:
-La primera película está bien, las otras menos pero tampoco son tan malas con algunos dicen.
-En realidad filosofía tienen poca, no demasiado buena y la poca que tiene ni la termina de entender ni de aplicarla en toda su extensión.
-El punto anterior no tiene nada que ver con el impacto cultural de esa película en el moderno imaginario colectivo. En el país de los ciegos el tuerto es rey, y el que no conoce a Dios a cualquier santo el reza.
-El éxito de la película se basa, aparte de en la pátina un poco pretenciosa de reflexión sobre la esencia misma de la realidad, y que ya casi se ha disuelto con el paso del tiempo, en ser una combinación nunca antes vista de película de acción desenfrenada, orgía de violencia y combinación de elementos estéticos, música y ambientación. Que eso tiene también mucho mérito, pero como hemos visto toda la supuesta profundidad de la película está mejor expuesta en obras incluso bastante anteriores. Sencillamente no se habían presentado envueltas en forma de taquillazo que acaba con una canción de Rage Against de Machine a todo volumen.
Y entonces llega esta cuarta película porque, como ya hemos dicho en más de una ocasión en este blog: "Pedimos una nueva secuela, y por nuestros pecados nos fue concedida". ¿Era necesaria? Pues como siempre: quizá no sea la pregunta adecuada. ¿Era necesaria esta última secuela de Los Cazafantasmas? Pues necesaria no, pero está potita y es muy ochentera en el mejor sentido, y no le hace daño a nadie. Respecto a Matrix Resurrections, pues podríamos decir que, objetivamente, tiene muchas cosas malas y son bastantes más que las buenas: Keanu Reeves no se sabe si está haciendo un cosplay de John Wick, Carrie Ann Moss me da igual que me da lo mismo, el nuevo Morfeo es tan interesante como hacerse una endodoncia y el nuevo Agente Smith no pega ni con cola y no está a la altura. A ese nivel es una continuación tan extemporánea, innecesaria y un pegote como la que han hecho con El principe de Zamunda o las nueva película de Bill y Ted, ejemplos de algo que quizá habría tenido sentido hace diez, o mejor hace quince años, y sólo si se hubiese hecho con interés y ganas, no sólo por alargar el chicle innecesariamente, y que parece que existen ahora en la era de las plataformas de streaming sólo porque ya se le da la luz verde a casi cualquier cosa. Y este es el caso de esta nueva de Matrix... pero no del todo, porque yo soy de los que en parte la salva de la quema por el espíritu de "para lo que me queda en el convento me cago dentro" o sencillamente "os voy a decir un par de cositas y qué a gusto me voy a quedar", hasta el punto de que parece hecha un poco por el trasunto de Stanley Kubrick que interpretaba Christopher Walken en La pareja del año.
Era imposible que muchos no llegásemos a la misma conclusión: en la película hay bastante choteo con la misma existencia de la propia película y con la inevitabilidad de que, hubiese razón para hacerla o no, llegase a las pantallas. De ahí que todos sospechemos también cuál es la verdadera razón de que sólo la firme una de las hermanas, y que nos olamos que hay bastante de que "si alguien tiene que hacer esta puta mierda, mejor que sea yo y al menos nos echamos unas risas". Por eso lo que la película tiene de parte "meta", de racconto o reescritura o reinterpretación de la obra anterior es lo más interesante. Vuelve a existir Neo, está en una nueva Matrix, y según su biografía es un exitoso programador de videojuegos famoso por la trilogía que lleva ese nombre, y que es lo que nosotros conocemos como películas. Todo lo que había, por así decirlo, de críptico en la versión anterior, si se me permite en este caso es "código abierto" que aparece en la misma pantalla ante nosotros: "Vamos a hacer una nueva entrega porque Warner Brothers nos obliga", "Ya somos muy viehos y nuestro tiempo de gloria pasó, ahora todo el mundo conoce esto y no nos pueden pedir a estas alturas que nos inventemos un nuevo tiempo-bala que deje a todo el mundo flipando", y sobre todo la cara de hastío de Keanu Reeves mientras a su alrededor su equipo se pone a pontificar y discutir sobre las profundas interpretaciones de la trilogía original, lo que nos viene a decir "Si has pagado la entrada piensa lo que quieras, es un país libre. A mí me da igual".
Todo hay que decirlo: en esta nueva entrega hay que reconocerle que se adentra, aunque no del todo, dentro de un melón que las otras no habían abierto, y es el de la metaficción, algo muy querido por las formas narrativas posmodernas: "el personaje contra el autor", algo no tan nuevo porque nos lo encontramos incluso en Niebla de Unamuno pero sí es algo que tiene cierto predicamento y que bien llevado queda bastante bien, como se ve en Más extraño que la ficción. En este caso tenemos la variedad "el personaje y el autor contra los intereses corporativos de la industria del entretenimiento y la capacidad infinita del público para tragar lo que le echen como cerdo en la cochiquera". Hay un momento incluso en el que la película, y eso no lo he oído comentar demasiado... se destripa a sí misma el argumento; sí, sí, la película se hace spoiler a sí misma por medio de visiones de escenas que todavía no han ocurrido, como el del bombardeo de personas-bots, un momento al límite de la comedia involuntaria. Sólo faltaba que Trinity hubiese dicho "Es que me he leído el guion entero y ya sé lo que va a pasar". No, en serio, es que no sé verlo de otra manera, podéis llamarlo que tiene visiones del futuro, pero para mí es que la película literalmente en medio del metraje te hace un trailer de la última escena épica.
A este respecto el mismo conjunto de premisas iniciales da sin problemas una excusa excelente para reiniciar la saga, pero como siempre a costa de cargarte todo lo que habías contado antes, igual que hace la segunda entrega con la primera trilogía. Por razones varias, a no ser que... patatas, a las máquinas no se les ocurre mejor cosa que reconstruir a Neo y Trinity, porque aquí, nuevamente, tenemos que hablar de algo recurrente en este blog, la teoría de la píldora. No, no la píldora azul ni la roja, sino esa píldora que os dan que si está cubierta de una capa de azúcar bien gustosos tomaremos, como decía Mary Poppins. Porque en Matrix podríamos decir también aquello de "en esta historia de pasteleo romanticoide se les ha colado un poquito de ciencia ficción". Nuevamente porque patatas, igual que en la trilogía original pero todavía más, resulta que nos tenemos que tragar por enésima vez la existencia de un poder que tenemos que suponer que existe y todo lo controla, y que debe ser el destino, o a saber qué: no sólo hay un elegido que pese a ser un falso elegido controlado por los malos resulta luego que es el elegido de verdad, sino que además hay una fuerza universal que todo lo puede y que transciende toda explicación, el tropo más querido por cualquier escritor o guionista que se sienta perezoso porque da igual la de veces que lo pongas que siempre funciona: de pagua of lof, como en Interstellar, así que el profundo amor, el amor heterosexual entre Neo y Trinity, es más poderoso que la fusión fría, porque sí. Lo que a mí sí me permite aplicar una de las posibilidades del pensamiento posmoderno e interpretar lo que veo como me da la gana sin encomendarme a nadie, así que para mí esta cuarta película es un claro ejemplo de alegoría del mundillo informático, y nunca mejor traído que con Matrix: el nuevo Arquitecto, el Analista interpretado por Neal Patrick Harris en su registro de interpretarse a sí mismo de cachondeo, tiene la gran idea de "Vamos a hacer, sin ninguna necesidad y para nada, el mismo proyecto que hace veinte años salió como el orto y casi nos manda a todos al carajo, y lo vamos a hacer con el mismo personal y siguiendo la misma metodología. ¿Qué puede salir mal?" No sé, José Luis, ¿a ti qué te parece?
| "No, no, la fecha de entrega no se puede tocar. Iremos con lo que ya esté acabado, probaremos en Real y que pase lo que tenga que pasar." Y claro: pasa. |
La verdad es que la película tiene momentos muy cachondos e incluso memorables, pero a costa de ser un autohomenaje que en muchos casos es indistinguible de la parodia, y que sin embargo resultan divertidos por cómo están ejecutados. El Merovingio cuando dice "antes nosotros molábamos" y "os pasáis todo el día con el móvil en las redes sociales, a ver si veis una buena película o leéis un libro" nos ha encantado a todos, eso es así. Justo en el momento en el que dice "¡La originalidad importaba!" mira a cámara, y por tanto al espectador, para decirle: "Aquí tienes la mierda que has pedido, buen provecho". Todo lo demás... pues eso, hostias en estilo Matrix pero a desgana, ni siquiera al nivel de lo que habíamos visto hace ya veinte años, y cuando ya hemos contemplado a una ciudad doblarse sobre sí misma en Origen y al Doctor Extraño haciendo mangas y capirotes con todo lo que lo rodea. Podríamos pedir que, ya que esto tenía que suceder, que intentase crear algo realmente nuevo o dar un verdadero giro de tuerca, o que intentase crear una película de arte y ensayo sin cabriolas, para recorrer el camino de la sesudez que en realidad sólo se llegó a amagar, pero me imagino que eso tampoco habría sido una posibilidad real. Como decía Homer "No queremos canciones nuevas, y pasad a tocar ya el estribillo", así que nos han dado algo de más de lo mismo, pero sin ganas y ya demasiado tarde.
No hago más que pensar en que la película, igual que las antecesoras estaban ambientadas en la época 1999-2003, está ambientada en la nuestra, por lo que veremos que existen móviles y por tanto... puntos de acceso móviles a Matrix, cuando en realidad se supone que estarán ya por el siglo XXII. Podrían haber optado incluso por volver a ambientarlo todo a finales de los años 90, pero hay que justificar que los actores estén más viejos, y otros detalles. Aun así por eso mismo me imagino a un padre joven que ve con su hijo adolescente o ya de veinte años la primera de Matrix y que este le comente que qué curiosa la peli antigua en la que todos para escapar de la simulación y volver a la realidad cochambrosa tengan que buscar una cabina telefónica, y que en la escena final con la que se comunica Neo para darle el ultimátum a las máquinas que lo haga igualmente desde una cabina, cuando a día de hoy prácticamente ya no existen y se está hablando de que llevan camino de desaparecer por completo.
Al final siempre tienen razón los estoicos: cada año que pasa te hace más viejo, y el último te mata.
-SuperSantiEgo
