Si de algo podemos presumir en esta santa casa y blog familiar es que somos fieles a nuestros principios, que es no ser un blog de actualidad, ni siquiera la propia, así que no es de extrañar que pasásemos de celebrar el décimo aniversario en 2016 y que lo celebremos, por medio de este prólogo, en enero de 2018, cuando se emprende el proyecto por el que nadie ha esperado y que nadie ha pedido: la versión en papel de este mismo blog.
«Antes, todo esto eran Blogs», frase que todos hemos dicho alguna vez. En efecto, hubo un tiempo que lo más molón era tener un blog. Sí, por si fuera poco lo de «Antes nosotros molábamos» también es algo que podemos decir. En aquellos tiempos en los que no sólo no sospechaba que existiría la palabra youtuber, sino que Youtube, creado en 2005 en otra era geológica, era todavía una novedad.
Hubo un tiempo lejano, casi podríamos decir hibóreo de tan alejado en el tiempo, en el que aparte de páginas web lo único que existía eran los blogs, que en definitiva no eran sino una clase de páginas web que ya venían de antes, llamadas páginas personajes que incluso se podían hacer en Word, pero que un día empezaron a ponerse de moda bajo el nombre de blogs, una especie de dietario en el que cada uno podía escribir lo que venía a ser una crónica personal de lo que mejor considerase oportuno. Así pues todos empezamos a leer blogs cuando se popularizaron, a principios del nuevo milenio, y el que más y el que menos pensó en algún momento en abrir el suyo. En mi caso, estuve a punto de presentar mi candidatura para ser uno de los chicos de ADLO!, y también tuve mis contactos con La Página Definitiva, ambas de carácter colectivo donde seguro que un loco más no se iba a notar demasiado. Para los segundos, llegué a escribir en 2003, en medio de la desesperación de largas jornadas de trabajo en las que no te daban nada que hacer en espera de que te cayese un marrón curioso, tres artículos bastante chapuceros que también se terminaron enlazando en La Realidad Estupefaciente. Por supuesto, como casi todo el mundo, yo también hacía algún comentario en los primeros blogs que seguía habitualmente, y las conocidas listas de blogs amigos que cada blog presentaba a un lado te daban a conocer a más gente que tenía otras bitácoras, como también se las conocía.
En 2005 este blog estuvo a punto ya de nacer, pero no fue sino hasta abril de 2006 que escribí la primera entrada. En un posit, que no conservo, escribí el nombre del blog y los títulos de los que creía que iban a ser las primeras entradas. En principio, pensé, iba a ser un blog de temática friki, e incluso en los primeros años estuve listado en algunos agregadores de blogs de esa temática, y de ahí también que el lema confeso de La Realidad Estupefaciente siga siendo la consecución de un frikismo cartesiano, racional e ilustrado. Sin embargo, quedó claro desde un primer momento, lo que iba a ser era un blog literario, no porque en él se hablase de lteratura, se hiciesen críticas o el que lo escribiese también publicase libros, sino porque iba a ser un medio literario, con algún toque multimedia, para escribir más o menos lo que me diese la gana, dependiendo del humor de cada día o de aquello que me suscitase ponerme a redactar una nueva entrada.
Como es bien sabido, la era de los blogs duró menos que la de las supermodelos. A día de hoy los blogs siguen existiendo, está claro, pero sería como decir que siguen existiendo los reptiles como recuerdo de que un día hubo dinosaurios. Primero llegaron las redes sociales, que fue el meteorito, y se llevaron por delante a todos los blogs que eran fácilmente substituibles por éstas, conocidos como egoblogs, ya que Tumblr, Twitter o Facebook cumplían mucho mejor esa función de contar en tiempo real la propia vida. Inmediatamente aparecieron los vlogs, blogs en vídeo para aquéllos que no querían escribir y querían que los viesen contactasen con los que no querían leer y querían ver a los demás, y el youtuber nació para quedarse y hacer lo que prácticamente no había podido conseguir casi ningún bloguero: ganar pasta e incluso salir de pobre. La breve pero brillante era de los blogs cuando casi no tenían competencia había acabado para siempre, y según la midamos duró entre una década o un breve lustro. Mucha gente sencillamente cerró su blog, algunos se semiprofesionalizaron o colaboraron con cabeceras de portales y medios webs. Incluso yo, brevemente, colaboré en un intento por crear un portal web de humor y noticias inverosímiles, que no duró demasiado: Banana Tribune, donde algunas entradas de La Realidad Estupefaciente se llamaban 100 Patadas en la Boca, uno de los títulos que quedó finalista al escoger el definitivo para este blog.
Aún a día de hoy, aparte de viejos amigos pre-Internet y familiares, mis interacciones en la web más frecuentes, en Facebook o Twitter, siguen siendo con lectores del blog que me soportan desde su inicio, y blogueros en activo o que se han cortado ya la coleta digital. Quedamos cada vez menos, pero eso es precisamente lo de menos: a cada uno escribir un blog le aportó lo que en ese momento le interesaba, y como toda actividad lúdica o que se hace gratis et amore, sólo se continúa si sigue aportando algo a nuestras vidas. Yo, de momento, aquí sigo, con mayor o menor frecuencia y con constancia variable dependiendo de muchos factores. Funciones que en origen tenían los blog, como hacer una minientrada con la que compartir una imagen o una chorrada cualquiera, ahora no tienen ningún sentido, y para eso están las redes sociales, por su inmediatez y agilidad. Los blogs, se me olvidó comentarlo antes, son tan antiguos que otro de los motivos de su declive, y por ende del auge de sus alternativas, es el listófono, muy alejados ya que estamos de la época en la que para leer tus blogs preferidos tenías que ponerte delante de tu ordenador e ir al añorado Google Reader, donde todas las actualizaciones te esperaban para pasar un buen rato leyendo.
La Realidad Estupefaciente también ha ido cambiando con el paso del tiempo, desde luego. Al principio se consideraba casi una obligación publicar todos los días, de ahí que hubiese muchas entradas tontas o para cumplir expediente, y al principio tampoco estaba claro si era un blog friki, de desvaríos políticos o de comentario social. La única unidad es que lo escribía yo, y que poco a poco fui encontrando un estilo digamos que personal en el que me fui encontrando cómodo, y que supongo que es por la que sigue siendo éste un blog familiar que conocen los cuatro gatos de siempre. Una de las marcas de la casa, conocido es, consiste en alguna entrada de longitud más que considerable, en la que se ha desmenuzado alguna novela o película con bastante detalle. El mismo título es la declaración de intenciones del autor: la sensación de estupefacción que en mí causa la Realidad, y que no sólo no ha disminuido sino que aumenta a cada día que pasa. El mundo es racional y determinista, eso no lo dudo, pero se presenta ante nosotros como un caos mágico, surrealista y alucinado.
Respecto al futuro, y sin ningún compromiso más que conmigo mismo, proclamo que mientras la Realidad siga siendo estupefaciente y yo me aguante a mí mismo, aquí estaré yo para dar crónica exacta de lo que percibo como real, y que lo haré como mínimo once años y diez meses más.