La verdad es que explicar a un neófito lo que es un wargame de los de tablero (juego de guerra) es bastante complicado por varias razones. Una, que cuando se lo empiezas a explicar se les ilumina la cara y dicen: “Sí, hombre, si a eso he jugado yo, el Risk”, y a partir de ahí va uno de cráneo, porque el Risk es a lo que un juego de guerra como Diso manda lo que el juego de los chinos al ajedrez: ambos tienen unas reglas y sirven para pasar el rato entre amigos, pero como que no son lo mismo. Los wargamers avezados tienen un gran respeto al Risk porque muchos son los que empezaron en la afición con él, pero por regla general al resto de juegos simplones se les conoce como gilijuegos, ya que suelen tener una mecánica sencilla, dependen demasiado del azar y, como se suele decir de ellos, “el juego juega solo”.Hace cuarenta años los juegos de tablero se vendían por cientos de miles de unidades, y a día de hoy rara vez superan los pocos miles, por lo que las mismas compañías jugueteras pierden interés incluso en mantenerlos en catálogo o sacar nuevos. Es, claramente, una afición en retroceso. Y si hablamos de los títulos realmente complicados y con reglas elaboradas, y en los que no queda más remedio que romperse los cuernos para diseñar una estrategia y estar pendiente de las intenciones de los demás, ni os cuento.
Como ya se habló aquí de Graal a propósito del homenajillo al fanzine Edda que editaba esa asociación, conviene recordar que su vocación era doble, y por eso se titulaba Asociación Compostelana de Juegos de Estrategia y Rol. Los había más roleros, sobre todo aficionados atraídos desde la literatura fantástica y de ciencia-ficción, y los había más wargamers, atraídos sobre todo por la recreación histórica. Vamos, gente de todo pelaje. El Homo ludens tiene varias subespecies, ya lo sabemos todos.Si uno se documenta un poco sobre los juegos de tablero y los wargames en general podemos ver que en los 60, y antes de la llegada de los juegos de rol y de los videojuegos, era una de las formas predominantes de entretenimiento familiar y entre grupos de amigos sobre todo en lo que a gilijuegos se refiere, favorecido esto tanto por una vida con más tiempo en casa como por una menor oferta televisiva o de otros tipos. Los juegos de tablero elaborados y con reglas complejas tienen hoy día no sólo esos competidores mastodónticos, sino que además la misma naturaleza del juego se da de tortas con la vida moderna: hay que reunirse en un mismo espacio físico, hay que sincronizar horarios y muchas veces la complicación del juego obliga a jugar en más de una sesión, con lo que en ocasiones hay que dejar la partida sin acabar o aplazar su conclusión sin muchas esperanzas de que exactamente los mismos jugadores puedan reunirse pronto. Esto era particularmente escandaloso en juegos como Third Reich y Empires in Arms, que podían requerir muuuuchas
sesiones maratonianas de hostias batidas, refuerzos y batallas hasta saber quién era el más chulo del barrio. Respecto al Advanced Squad Leader, corre el rumor de que algún doctor en matemáticas e ingeniero aeronáutico ha conseguido aprenderse las reglas, que para el que no las haya visto consistían en voluminosas carpetas repletas de fichas escritas en letra minúscula y que parecían tablas de logaritmos. Los juegos de batallas entre figuritas también tienen limitaciones parecidas: buscar el lugar en el que jugar en condiciones un Warhammer puede ser poco menos que una odisea entre jugadores que habiten en zulitos de treinta metros cuadrados, y montar un campo de batalla realista implica otras aficiones como el maquetismo y las Bellas Artes: pintura, escultura, jardinería, etc... Si a eso le añadimos lo mucho que a la gente le gusta pensar y esforzarse, y que en ocasiones yo termino la partida como si acabase de hacer un examen de Análisis Matemático, pues mejor todavía. Lo raro es que estas cosas sigan existiendo.En Graal además teníamos una expresión socorrida para estos juegos casi imposibles de jugar por su complejidad y las muchas sesiones de juego que requerían: juegos para parados, o sobre todo juegos para jubilados, cuando se supone que te sobra el tiempo. Si no, era impensable jugarlos en condiciones. Si a esto le añadimos que casi el 100% de los juegos está en inglés y las reglas son a veces complicadas de entender e interpretar, una minúscula minoría está en francés y en español 0 K, pues en este país encontrar jugadores puede ser además un cachondeo. Si ya puede ser difícil encontrarlos en grandes ciudades no me quiero ni imaginar lo que puede ser desear montar una partida de Republic of Rome o de Civilization en Soria. Y además, aunque haya jugadores, no todo el mundo se lleva bien con todo el mundo, y hay que dar con un grupo de gente maja con la que el jugar sea algo divertido y no una experiencia tensa y desagradable. Vamos, que todo son ventajas.
Pues eso: que de vez en cuando el sábado o el domingo toca partidita a uno de esos juegos en los que uno debe esforzarse no ya por ganar, sino a veces por sobrevivir. Fenecida ya hace tiempo la AvalonHill clásica, recientemente resucitada, los juegos que ahora atraen la atención de los jugadores de estrategia son los de la GMT Games, magnífica compañía cuya excelencia en la calidad de los juegos sólo rivaliza con el poco acierto para elegir el nombre corportativo, que coincide con el conocido GMT (Greenwich Mean Time). Últimamente el grupo con el que yo juego se ha centrado un poco en el Napoleonic Wars, donde nos piñamos a base de bien: en un mapa de Europa se representan las ciudades más importantes conectadas por distintos tipos de acceso, siendo unas las claves y cuyo dominio da el control de la zona y el avance en la partida. Cada jugador recibe una serie de cartas con un valor numérico y un evento a jugar que te favorece o es desfavorable a un enemigo, y con ellas se juega para hacer la puñeta al contrario o para realizar las acciones propias de una guerra, como crear nuevas tropas, moverlas o atacar. Una de las particularidades añadidas de muchos juegos de estrategia es que los bandos no tienen en muchas ocasiones nada que ver unos con otros en sus posibilidades al comienzo de la partida, y la misma evolución del juego y los eventos aleatorios obligan a plantearse de una manera completamente distinta la partida dependiendo de con qué país juegues. Algo parecido ocurre en el juego de tablero de Dune, en el que cada bando (Atreides, Harkonnen, Emperador, Fremen...) tiene unas características especiales y un objetivo distinto a alcanzar si quiere ser considerado ganador al final.


Here I Stand. Si os parece complicado no os dejéis engañar: en realidad lo es mucho más.
Con un sistema de juego similar al de Napoleonic Wars estamos también jugando al Here I Stand, que representa las luchas religiosas y políticas en la época de Carlos V y Lutero. Y éste fue el juego elegido para la partida de fin de año de tres jugadores de los que nos reunimos siempre que podemos para darle al vicio. En este caso me tocó jugar con Francia y el Turco, J se aplicó con el bando protestante e Inglaterra y MA llevó al Habsburgo y al Papa. El comienzo del juego es claro: el Turco invade Hungría, el emperador lo contiene, Inglaterra intenta subyugar a Escocia... y los protestantes y el Papado se lían a debates teológicos, excomuniones, traducciones de la Biblia y malas artes en general hasta que acaba la partida. Las potencias coloniales históricas se lanzan a explorar y conquistar América, ya que el éxito te concede a la larga ventajas y mayor número de cartas que jugar. En general fue una partida tranquilita, y no nos zurramos demasiado. El Turco se estrelló un poco en la invasión de Hungría y aunque al final me recuperé un poco eso me impidió ejercer otra de sus aficiones, que es el noble arte de la piratería en el Mediterráneo. Mi francés se comportó mejor, y cuando dejamos de jugar vencidos por el cansancio era la potencia con más puntos de victoria y muy cerca del número establecido para la victoria definitiva. Me dediqué, pues eso, a hacer de francés: buen rollito con casi todo el mundo, sólo ataqué a ciudades neutrales que no conllevan la declaración de guerra de otras potencias y en general a armarme hasta los dientes por lo que pudiese pasar a la vez que el resto de las potencias se zumban entre ellas. Al final apareció un evento con el que los protestantes se convierten en fuerza militar y empieza la pugna por controlar los electorados imperiales, lo que debilita al emperador, que tiene que ir a imponer orden en casa. Eso aprovechó mi turco, reconquisté Budapest e incluso preparé otro ejército que colar por Yugoslavia camino de Italia, cuyo control por parte del francés me dio durante varios turnos un punto de victoria por el belfo. Afortunadamente también fracasó el intento del duque de Alba de machacar al turco en Argel, lugar desde el que esperaba empezar a piratear a base de bien.


Aprende Bush: así sí que se puede jugar a la guerra. Y luego, tan colegas.
Entre medias, por supuesto, restauramos fuerzas cenando acompañados de zumo de uva Martín Códax, comimos las uvas de lata, brindamos con espumoso también hecho de uva... y volvimos a las hostias batidas.
Manjares con los que restauraron fuerzas los monarcas antes de volver al deporte de los reyes.
Pues eso, que los juegos de estrategia están muy bien. Aquí nada de CPUs coleguitas que a veces hacen cosas raras y parecen que están programadas para perder un 51% de las ocasiones, como HAL jugando al ajedrez. Lo que haces aquí es enfrentarte a la inteligencia y mala baba de los demás jugadores, como aquella ocasión en la que Golias estuvo cual alma cándida en toda la partida de Dune tranquilamente con la Cofradía esperando al último turno, guardando una carta y rapiñando especia para hacer un ataque masivo y conquistar dos ciudades en el último momento. Qué majo... O en esas ocasiones donde uno espera el ataque... pues donde es lógico esperarlo, y el colega de turno ataca a saber dónde y de qué manera, no por genialidad, sino porque se le cruzó la neurona... y le sale bien al muy hijo de puta. Oh, y esas batallas en las que estás tres a uno a tu favor, además gastas cartas de batalla para meter más estopa... y te dejan el ejército temblando mientras el otro se va de rositas. Eso no hay videojuego que te lo dé, sin olvidar los cachondeos, los vaciles y otros detalles simpáticos. ¿Y qué decir de las sesiones de diplomacia donde negociamos lo que sea y como sea, se pactan alianzas y traiciones, o de las subastas del Civilization, en las que todos como en el mercado empezamos ¡Vendo sal, que me la quitan de las manos!, ¡Compro madera!, ¡Vendo pieles buenas, bonitas y baratas!, ¡Sardina y jureeeel!?
Además, me he enterado de que hay gentes que juegan a estas cosas por correo electrónico, igual que se hace al ajedrez. Bueno, eso implica que todos tienen que tener el tablero en su casa, y en el caso de los juegos en los que se emplean cartas habría que tener un giliprograma que las repartiese con el sencillo sistema de generar números al azar y reintegrase en el sistema aquéllas cartas jugadas que no quedan descartadas después de utilizadas. Vamos, sería lo más fácil del mundo hacer un programita así que funcionase on-line, e igualmente se podrían establecer las tiradas aleatorias de los dados de modo que los interesados viesen los resultados a la vez. Incluso con las hojas de cálculo compartidas de Google se podría hacer lo mismo, o eso me imagino. De hecho si los de GMT fuesen un poco listos deberían pensar en ello pero ya. Algunas cosillas ya he visto por ahí, así que cuando me entere mejor quizá diga algo sobre el asunto.
Además, me he enterado de que hay gentes que juegan a estas cosas por correo electrónico, igual que se hace al ajedrez. Bueno, eso implica que todos tienen que tener el tablero en su casa, y en el caso de los juegos en los que se emplean cartas habría que tener un giliprograma que las repartiese con el sencillo sistema de generar números al azar y reintegrase en el sistema aquéllas cartas jugadas que no quedan descartadas después de utilizadas. Vamos, sería lo más fácil del mundo hacer un programita así que funcionase on-line, e igualmente se podrían establecer las tiradas aleatorias de los dados de modo que los interesados viesen los resultados a la vez. Incluso con las hojas de cálculo compartidas de Google se podría hacer lo mismo, o eso me imagino. De hecho si los de GMT fuesen un poco listos deberían pensar en ello pero ya. Algunas cosillas ya he visto por ahí, así que cuando me entere mejor quizá diga algo sobre el asunto.
Pa chulo chulo, mi pirulo
-SuperSantiEgo

5 comentarios:
¿Buen rollito con Francia? Un turno más y verías lo que es ser invadido por dos frentes (o tres) a la vez.
Te salvó el sueño, majete.
Hombre, es que Francia es Francia, y como siempre tiene buen rollito... hasta que se le acaba.
Pueeeeeeeeees, yo no soy mu de wargames de tablero (intenté un par de veces probar el Warhammer, pero no era lo mío), pero online ya es otra cosa... ¿has probado el VGA Planets?
Los juegos online están muy bien como sucedáneo para aquellos que viven en localidades pequeñas y aisladas, y por tanto, no encuentran contrincantes.
Pero si ya es fácil quedarte tirado a mitad de partida porque no consigues que los contrincantes se vuelvan a reunir otro día, ya sea por falta de tiempo, o sencillamente, porque van perdiendo y se han desmotivado, pues peor panorama con los online, porque al no conocer físicamente a los contrincantes, éstos te dejan plantado como una lechuga al primer revés.
Reunirse a jugar alrededor de una mesa no es sólo una fría competición lúdica, es también un acto social, que los juegos online apenas consiguen emular.
Pues anda que no nos hemos reído...
Ya. Era como jugar a rol: los que más se obsesionaban con "ganar" y sacar puntos de experiencia eran los que peor se lo pasaban. Lo chulo era interpretar a un enano tartaja o a un noble venido a menos que a la mínima soltaba una burrada o era capaz de meterse en una alcantarilla por una moneda de oro.
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